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Grecia no es Argentina


Raúl Zibechi
www.alainet.org/030715

Dos destacados economistas y premios Nobel, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, coinciden en que los griegos deben decir No a la propuesta de la troika de continuar con la política de austeridad. El ejemplo del default argentino en 2001 es una de las razones esgrimidas.

Krugman sostiene que “Grecia debe votar "no", y su gobierno debe estar listo para, si es necesario, abandonar el euro”, entre otras razones porque todo el caos imaginable con una salida del euro ya está hecho y la desvalorización de la moneda puede ser el primer paso comenzar la recuperación de una economía que se achicó un 27 por ciento desde que comenzó la austeridad, cinco años atrás. Además, es la única forma de que Grecia recupere su independencia como nación (El País, 29 de junio de 2015).

Stiglitz se enfoca en la experiencia argentina, que conoce de cerca. “Después del default, Argentina empezó a crecer a una tasa del 8 por ciento anual, la segunda más alta en el mundo después de China. La experiencia argentina prueba que hay vida después de una restructuración de deuda, y después de dejar un sistema cambiario”. Por el contrario, considera que el euro fue exitoso sólo ocho años y ha fracasado (BBC Mundo, 30 de junio de 2015).

Aunque el análisis de fondo es plenamente compartible, ya que urge salir de la austeridad impuesta por el FMI y el Banco Mundial, lo sucedido en Argentina no admite comparaciones con el caso griego, por lo que convendría separar el default (ya sucedido) de la salida del euro (harto improbable).

Tres son las diferencias que separan Grecia de Argentina.

La primera es la calidad de los gobiernos. El default argentino se produjo bajo el gobierno neoliberal de Fernando de la Rúa, luego de una década de neoliberalismo salvaje, bajo los dos gobiernos de Carlos Menem (1989-1999), que llevaron a la privatización de las empresas estatales, la destrucción de la industria y altos niveles de pobreza y desocupación. El default fue un doble y simultáneo quiebre: de las políticas económicas privatizadoras y de los gobiernos que las sustentaron. En Grecia no existe la descomposición política que se produjo a fines de 2001 en Argentina.

La segunda es el fuerte protagonismo popular. Aunque el default fue declarado formalmente por el presidente interino Adolfo Rodríguez Saa, que estuvo apenas siete días en el cargo, en realidad fue la calle la que impuso la suspensión de pagos. En medio de una amplia insurrección nacional, en la que confluyeron los sectores populares y las clases medias (piquete y cacerola), y una dura represión que se cobró la vida de 39 personas en dos días, el presidente debió abandonar precipitadamente la Casa Rosada en helicóptero.

En los días de las insurrecciones se produjeron miles de cortes de rutas y calles, cientos de manifestaciones espontáneas, cientos de escraches y cacerolazos, se crearon infinidad de asambleas barriales (unas 300 sólo en Capital Federal) y las calles y plazas fueron ocupadas por la población. El Estado y las fuerzas policiales fueron completamente desbordadas y neutralizadas por la masividad de las protestas.

En este punto, debe recordarse que los trabajadores argentinos tienen una larga experiencia de desborde de los cuerpos represivos. Sin remontarse a las memorables jornadas de principios del siglo XX, y circunscribiéndose sólo a las cinco décadas anteriores, encontramos: la insurrección del 17 de octubre de 1945, los dos Cordobazos (1969 y 1971), el Rosariazo (1969), una decena de puebladas en Mendoza, Cipolletti, Corrientes, Tucumán y Casilda, entre las más conocidas. A esa tradición deben sumarse los levantamientos de la década de 1990: las 76 acciones de protesta con ataques a edificios públicos o viviendas de dirigentes políticos, registradas desde el motín popular de Santiago del Estero en diciembre de 1993 hasta el fin del gobierno de Menem. (1)

En tercer lugar, la realidad geopolítica global es bien diferente de la que se vivía en 2001. Eran los años finales del mundo unipolar centrado en los Estados Unidos, cuyo declive se aceleró en los años posteriores con las fracasadas invasiones a Irak y Afganistán; declive precipitado con la crisis de 2008 cuyo epicentro estuvo en Wall Street. En 2001 aún no se había formado la alianza BRICS que reúne a los principales países emergentes; Rusia y China no significaban un desafío para la hegemonía de Washington y el dólar no contaba con la competencia que hoy le oponen divisas como el yuan. Argentina no tenía alternativas a la financiación del FMI y del Banco Mundial.

La situación de Grecia es completamente diferente. El primer ministro Alexis Tsipras ha viajado en varias ocasiones a Rusia donde ha estrechado lazos diplomáticos y económicos. En el reciente Foro Económico de San Petersburgo, fue firmado un memorándum para la construcción del gasoducto Turkish Stream que unirá Rusia y Grecia a través de Turquía. China, por su parte, tiene grandes inversiones en Grecia, en particular en el puerto de El Pireo y en metales raros.

Grecia es una pieza geopolítica clave para la OTAN. Una eventual alianza entre Atenas y Moscú sería un dolor de cabeza para el Pentágono y una grieta en bloqueo occidental a Rusia. En síntesis, Grecia tiene a la mano opciones con las que Argentina no podía soñar en 2001. Eso mismo hace que una salida de Grecia del euro sea muchísimo más grave para Occidente que el default argentino, en un escenario global cargado de tensiones y de amenazas para la paz.

Nota:
(1) María Celia Cotarelo, “La protesta en la Argentina de los '90”, revista Herramienta N° 12, marzo de 2000.


- Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada.  Integrante del Consejo de ALAI.

Irán y el reordenamiento global



El acuerdo sobre el programa nuclear iraní fue recibido como una bomba en varias capitales del Próximo y Medio Oriente, particularmente en Tel Aviv y Riad, los dos mayores enemigos de Irán. Tanto Israel como Arabia Saudita consideran el acuerdo como una catástrofe para sus intereses y razones no les faltan. Con el acuerdo, la República Islámica sale del ‘club de los malditos’, legitimada políticamente, fuerte militarmente y con un abanico extenso de posibilidades económicas, comerciales y científico-técnicas, fundamentadas en los enormes recursos energéticos del país.

Apenas terminadas las reuniones, los gobiernos de Rusia e Irán anunciaban la puesta en marcha de decenas de proyectos conjuntos, desde la construcción de centrales nucleares al desarrollo de yacimientos de hidrocarburos, pasando por construcciones ferroviarias y un incremento exponencial del comercio. Producción de maquinaria pesada, aviación, generación eléctrica, astilleros, productos agrícolas y alimenticios, etc.

A todo ello habría que agregar el sustancioso mercado militar, que empezaría con la entrega –al fin-, por Rusia de los sistemas de defensa antiaérea S-300, congelada por el embargo. Los intereses mutuos de Moscú y Teherán son tan grandes que Vladimir Putin había declarado, semanas atrás, que alcanzar el acuerdo nuclear era “importante para grandes proyectos de cooperación entre Rusia e Irán”.

Rusia no es el único país que se volcaría en Irán. China está también interesada en realizar grandes inversiones en un país que es imprescindible para su megaproyecto de comunicar China con el golfo Pérsico y el mar Mediterráneo, en lo que ha llamado “las nuevas rutas de la seda”.

Se trata de un proyecto estratégico donde los haya, a través del cual China se garantizaría rutas y recursos en caso de conflicto con EEUU y, en cualquier caso, abriría una colosal ruta comercial transcontinental. Una ruta con la que espera completar su plan, ya en marcha, de construir una inmensa red de autovías y ferrocarriles que comuniquen China con casi toda Asia, Europa y África, acortando distancias y sustituyendo vías marítimas históricas como rutas comerciales. La posición geoestratégica de Irán hace de este país una pieza esencial del proyecto chino.

Para Irán, el tema nuclear había dejado de ser tabla de salvación ante un posible ataque de Israel y EEUU para convertirse en el mayor obstáculo para su desarrollo económico y científico-técnico. El cambio drástico de circunstancias en Oriente Medio -tras los fracasos estrepitosos de la OTAN y EEUU en Afganistán e Iraq, la extensión del terrorismo de raíz suní y el surgimiento del Estado Islámico-, había situado a Irán en una posición de fuerza.

Su alianza con Iraq y Siria y el resurgir del chiísmo en Bahrein, Yemen y la misma Arabia Saudita, ampliaban su margen de maniobra y, mejor aún, de seguridad. Era, pues, posible transigir en el tema nuclear –ya secundario- para dar paso a un acuerdo estratégico y de mayor alcance sobre la cuestión nuclear, sobre un trueque: Irán garantizaba a Occidente la no construcción del arma atómica, a cambio del fin de las sanciones y del reconocimiento del derecho iraní al desarrollo pacífico de la energía nuclear. Un acuerdo que abre a Irán una autopista a un portentoso desarrollo económico.

Pese al feroz bloqueo económico Irán se había convertido en la decimoctava economía mundial, según datos proporcionados por el FMI, superando a Australia y Taiwán. A pesar de las sanciones, el bloqueo científico y técnico había obligado a Irán a desarrollar su propio potencial científico y centros de investigación. Este esfuerzo le llevó a convertirse en la mayor potencia científica y técnica del mundo islámico, lo que sacó a relucir la Royal Society británica en 2011, publicitando el dato del número de publicaciones científicas iraníes, que había pasado de 736 en 1996, a 13.238 en 2008. Tal dato ilustraba el sorprendente desarrollo científico alcanzado por Irán, superior al de cualquier otro país musulmán.

Con el acuerdo nuclear, Irán, de entrada, recuperará 100.000 millones de dólares que tiene congelados en el extranjero, a causa de las sanciones. Una cifra respetable que le permitiría inyectar dinero fresco a su economía y empezar su reactivación, sin tener que esperar a inversores extranjeros o a fondos provenientes del exterior.

Lo económico, con todo y tener una importancia mayúscula, no es la única cuestión que el acuerdo nuclear ha puesto en solfa. Israel ha recibido ese acuerdo como una derrota estratégica, pues considera a Irán el único adversario de envergadura que le queda en Oriente Medio y Próximo. Si, aún bajo el duro sistema de sanciones, el poderío militar de Irán era una obsesión, un Irán reconstruido económicamente y fortalecido militarmente es percibido como una amenaza más que formidable.

Similares razones han sacudido a Arabia Saudita, con el agregado de la rivalidad religiosa y la pugna por la hegemonía política en la región. Irán está lejos, relativamente, de Israel, pero Arabia Saudita lo tiene enfrente. Y dentro, pues en el país de la familia Saud hay una relevante minoría chiíta (14% de su población), que se ha convertido en blanco del terrorismo del Estado Islámico –fanáticos sunitas-, que es apoyado por los Saud.

Un Irán fortalecido dispondría de más recursos para apoyar a los gobiernos de Iraq y Siria en lucha contra los radicales suníes y el Estado Islámico. De hecho, el gobierno sirio ha celebrado el acuerdo nuclear, manifestando que dicho acuerdo “repercutirá de manera positiva sobre Siria, ya que le permitirá prestar una gran ayuda al pueblo hermano” de Siria. La consolidación del eje Irán-Iraq-Siria, con sus aliados en Líbano (Hezbolá y la mayoría chiíta), Palestina (Hamás) y Yemen (los hutíes, atacados por Riad), quita el sueño a Israel y Arabia Saudita, además de hacer poco feliz a Turquía, un tercer damnificado del acuerdo nuclear, aunque no haga protestas al respecto.

Hasta ahora, Turquía se ha presentado como el modelo musulmán a seguir y como la única potencia regional capaz de contener a los enemigos de Occidente. No obstante, la implicación descarada de Ankara en el atroz conflicto sirio y su apoyo solapado al Estado Islámico –unido a su temor a un fortalecimiento del movimiento kurdo- ha mermado considerablemente su papel en la región.

El sueño turco de convertirse en el líder del ‘pan-turkismo’ y de los árabes suníes ha naufragado en el torbellino de guerras religiosas y sectarias, que, sin el apoyo turco y saudita, no habrían alcanzado la magnitud que tienen en el presente. En la realidad de las cosas, los tres grandes aliados de EEUU y la OTAN en la región –Israel, Arabia Saudita y Turquía- se han convertido en los grandes desestabilizadores de la misma y, por lo mismo, en una amenaza real a la paz. En medio de ese caos, la República Islámica ha emergido como el Estado fundamental, el más estable y prudente y, en resumen, el aliado inevitable si se quiere cortar de raíz el extremismo islamista apoyado por israelíes, saudíes y turcos.

EEUU, por su parte, expresa con el acuerdo nuclear el descenso relativo de su interés por Oriente Medio. Si antes su dependencia del crudo de la “zona del petróleo” justificaba su despliegue militar y político, en el presente la técnica del fracking le ha convertido en el primer productor mundial de petróleo y, por tanto, independiente de las vicisitudes de esa región. Esto no significa que la ‘abandone’; simplemente la sitúa en un nuevo marco, donde la zona prioritaria para Washington es China y el Pacífico.

Una muestra de realpolitik, en un mundo donde EEUU pierde peso aceleradamente, en tanto lo ganan China y Rusia. El acuerdo es otra muestra del inexorable reordenamiento de poder en la sociedad internacional. Los fracasos en Afganistán e Iraq hicieron ver que EEUU no puede mantener dos conflictos al mismo tiempo. También, que necesitaba de Irán, Rusia y China para sostenerlos. Un mundo complejo donde los futuros rivales no serán Estados pobres y mal armados, sino potencias de la magnitud de Rusia y China.

La historia suele dar infinitas vueltas. La que ahora estamos presenciando es una de las más sorprendentes, pero no inesperadas. Irán renuncia al uso militar de la energía atómica a cambio de ser reconocida y admitida como la potencia hegemónica en Oriente Medio y Próximo.

Podrá Israel y Arabia Saudita maniobrar en el Congreso de EEUU para que se rechace el acuerdo pero, en tal caso, quien quedaría en evidencia serían Obama y EEUU. Un posible –pero no probable- rechazo del acuerdo nuclear en el Congreso estadounidense liberaría al resto de potencias de cualquier compromiso con EEUU, que sería responsable del fracaso del acuerdo.

El Consejo de Seguridad validará el histórico convenio en pocos días, dándole legitimidad internacional. Frustrar el acuerdo sería un desastre político para Obama y para la OTAN. Irán, pase lo que pase, ha ganado ya. Lo habíamos afirmado hace varias semanas. La afirmación sigue siendo válida. Deberían tomar nota en Europa, que será la zona siguiente en ser abandonada por EEUU, cuya única preocupación real es su propia supervivencia. Lo dijo el presidente Ronald Reagan en noviembre de 1983: “Nosotros no estamos en el mundo para defender los intereses de los demás. Estamos para defender nuestros intereses”. Que tome nota quien desee.

Augusto Zamora R. es Profesor de Relaciones Internacionales.


Bolivia y Chile: la historia, la caja de Pandora y el mar


Santiago Villar/Cidob
www.cpalsocial.com/090715

Durante la primera semana de junio tuvieron lugar los alegatos de la causa que enfrenta a Chile y Bolivia frente a la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Esto no ha hecho más que devolver el tema de la mediterraneidad, o falta de acceso al mar, de Bolivia a las primeras planas de los periódicos de ambos países y también de la región. Si bien la Corte aún no se ha pronunciado acerca de su competencia para entender en la cuestión, es interesante realizar un comentario acerca de la causa en sí y sobre los escenarios que se podrían plantear en un futuro.

En abril de 1884 se firmaba el Pacto de Tregua entre ambos países como acuerdo provisorio “mientras llega la oportunidad de celebrar un tratado definitivo de paz”, el cual (tras una serie de acuerdos de mediados de la década del 1890 que no entraron en vigor) llegaría recién en 1904. En esa oportunidad se delimitó de manera precisa la nueva frontera entre Chile y Bolivia quedando reconocido de manera absoluta y perpetua el dominio chileno sobre los territorios ocupados.

Por otro lado se establecieron una serie de contraprestaciones para Bolivia, tales como la construcción de un ferrocarril que uniese La Paz con Arica, el reconocimiento por parte de Chile de derechos de libre tránsito comercial por territorio y puertos chilenos, así como también el establecimiento de agencias aduaneras bolivianas en los puertos designados al efecto y un pago monetario en efectivo.

Años más tarde Bolivia comenzó a expresar la necesidad de recuperar una salida libre y soberana al Pacífico. En 1910 el canciller boliviano propuso -sin éxito- a sus pares de Perú y Chile la cesión de las provincias de Tacna y Arica, ocupadas en ese momento por Chile.
Diez años más tarde, en enero de 1920, los cancilleres de Chile y Bolivia suscribieron en La Paz el Acta Protocolizada, en donde, reconociendo la validez del Tratado de 1904, se establecía que “Chile está dispuesto a procurar que Bolivia adquiera una salida propia al mar, cediéndole una parte importante de esa zona al norte de Arica y de la línea del ferrocarril que se halla dentro de los territorios sometidos al plebiscito estipulado en el Tratado de Ancón” (art. IV).

Sin perjuicio de ello, a finales de ese año, Bolivia decidió plantear la revisión del Tratado de 1904 ante la Sociedad de Naciones, que al año siguiente rechazaría la demanda argumentando que la modificación de los tratados es competencia exclusiva de los Estados contratantes.

En junio de 1950 mediante un intercambio de notas, Bolivia reiteró la necesidad de establecer negociaciones directas con Chile para “obtener una salida propia y soberana al océano Pacifico”. En la respuesta chilena se aceptó entrar en negociaciones directas destinadas a buscar “la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al Océano Pacifico, y a Chile obtener las compensaciones que no tengan carácter territorial y que consulten efectivamente sus intereses”.

Hacia febrero de 1975 los presidentes de facto, Augusto Pinochet y Hugo Banzer, firmaron un acta en el cual se expuso la necesidad de solucionar la situación de mediterraneidad que afecta a Bolivia. A finales de ese mismo año Chile expresó formalmente que estaría dispuesto a negociar con Bolivia la cesión de una franja de territorial norte de Arica hasta la línea de la Concordia, sujeta a una serie de delimitaciones precisas. A cambio de tal cesión, Chile recibiría una superficie compensatoria equivalente al área de tierra y mar cedida a Bolivia.

A su vez, a partir de la década del 70, Bolivia decidió también plantear el tema ante organismos multilaterales como la OEA o la Asamblea General de las Naciones Unidas, obteniendo resultados positivos que recomendaban a Chile a negociar de manera directa una solución con su país vecino. A partir de los años 2000 y hasta nuestros días, la cuestión se mantuvo abierta, realizándose una serie de reuniones y agendas de trabajo entre las máximas autoridades de cada país, aunque sin obtener resultados concretos. Tal es así que en abril de 2013, Bolivia presentó su demanda ante la CIJ.
En lo que se refiere a la petición en sí, Bolivia no ha dirigido directamente su reclamo a pedir la nulidad del Tratado de 1904 sino que optó por solicitar a la Corte que declare que “Chile tiene la obligación de negociar con Bolivia un acceso plenamente soberano al Pacífico”. Para establecer la existencia de esa obligación Bolivia se basa fundamentalmente en uno de los tres Tratados firmados con Chile en 1895 y en los instrumentos suscritos en 1920, 1950 y 1975 anteriormente referidos, así como también en las resoluciones obtenidas ante organismos multilaterales.

Chile ha argumentado en su objeción de competencia ante la CIJ que la petición de Bolivia implicaría una revisión implícita del Tratado de 1904, posibilidad excluida de competencia de la Corte según el artículo VI del Tratado de Bogotá y que de ser aceptada se convertiría en un precedente para la revisión de tratados limítrofes en todo el mundo. Suponiendo que la Corte se considere competente (en base al artículo XXXI de ese Tratado) para entender en el fondo del asunto, debería aceptar la existencia de la obligación de negociar de Chile y su falta de cumplimiento.

En caso que ello quede probado en virtud de las alegaciones bolivianas, tendría que declarar que Chile tiene esa obligación y conminarlo a retomar las negociaciones. Jurisprudencia anterior de la Corte ha reconocido el valor jurídico de los actos unilaterales (y hasta de promesas) con lo cual los instrumentos mencionados por Bolivia podrían dar lugar al reconocimiento de tal obligación.

Por otro lado es importante destacar que la Corte no podría obligar a Chile a ofrecer un resultado concreto en las negociaciones en tanto que la demanda solo indica la obligación de negociar y además en tal caso estaría implícitamente obligando a la modificación del Tratado de 1904.

Por ello, aun aceptando los argumentos bolivianos, la Corte debería emitir una sentencia que tendría un carácter meramente declarativo, pero no resolvería el fondo de la cuestión. Al respecto, la Corte se ha abstenido de resolver cuestiones que carezcan de efecto práctico, como en el Asunto relativo al Camerún Septentrional en donde estableció que si bien su función era declarar el derecho, sus fallos debían tener consecuencias prácticas.

No obstante, la Corte podría en última instancia decidir en base al principio de equidad y apartarse del Tratado de 1904. Esta interpretación podría fundamentarse en la doctrina que sugiere que el juez no debería aplicar una convención que considera nula. Así lo expresó el juez Schücking en su voto en disidencia en el Asunto Oscar Chinn (CPJI – 1937) mencionando que jamás “la Corte aplicaría una convención cuyo contenido fuera contrario a las buenas costumbres (…) el juez se encuentra en la misma situación si, a consecuencia de un vicio de origen, una convención invocada por las partes es en realidad nula y sin efecto. Es la idea de orden público la que debe determinar la actitud del juez en un caso así, a pesar de que la competencia de la Corte esté fundada en un compromiso.” Sin embargo podría ser una apuesta demasiado arriesgada para la Corte.


La cuestión debatida genera un sinnúmero de dudas ya que si se acepta el reclamo boliviano debería verse en qué ámbito podrían desarrollarse esas negociaciones, sobre qué parámetros de base, qué papel podría jugar Perú si se acordase un corredor al Pacífico para Bolivia, cómo afectaría a la estabilidad regional, entre otras consecuencias. Por lo pronto habrá que esperar que la Corte declare si es competente o no, y en base a ello plantearse éstos y otros interrogantes. Lo que sin duda sabemos es que, sea cual sea el resultado del litigio, sentará un precedente para el futuro de las relaciones políticas en el Cono Sur.

El contrasentido común

Boaventura de Sousa Santos
www.publico.es/040715

En 1926, el poeta irlandés W. B. Yeats lamentaba: “A los mejores les falta convicción, mientras que los peores están llenos de intensidad apasionada”. Esta afirmación resulta más verdadera hoy que entonces.

Supongamos, hipotéticamente, que los mejores en el plano personal, moral, social y político son la mayoría de la población y que los peores son una minoría. Como vivimos en democracia, no debería preocuparnos el hecho de que los peores estén llenos de convicciones que, precisamente por ser adoptadas por los peores, tenderán a ser peligrosas o perjudiciales para el bienestar de la sociedad. Al fin y al cabo, en democracia son las mayorías las que gobiernan.

La verdad es que hoy se viene generalizando la idea de que las convicciones que dominan en la sociedad son las suscritas apasionadamente por los peores, y que esto es la causa o consecuencia de estar gobernados por los peores. La conclusión de que la democracia está secuestrada por minorías poderosas parece ineludible. Pero si a los mejores les falta convicción, probablemente también no están convencidos de que esta conclusión sea verdadera, por lo que les será difícil movilizarse contra el secuestro de la democracia. Es, por tanto, urgente averiguar de dónde viene en nuestro tiempo la falta de convicción de los mejores.

La falta de convicción es la manifestación superficial de un malestar difuso y profundo. Surge de la sospecha de que lo que se difunde como verdadero, evidente y sin alternativa, de hecho, no lo es. Dada la intensidad de la difusión, se vuelve casi imposible para el ciudadano común confirmar la sospecha y, a falta de confirmación, los mejores acaban paralizados en la duda honesta.

La fuerza de esta duda se expresa como aparente falta de convicción. Para confirmar la sospecha, el ciudadano común tendría que  recorrer a conocimientos a los que no tiene acceso y no ve divulgados en la opinión publicada, porque también está al servicio de los peores.
Veamos algunas de las convicciones que se están convirtiendo en sentido común y que, por ilusorias y absurdas, constituyen el nuevo contrasentido común:

La desigualdad social es la otra cara de la autonomía individual.
Por el contrario, más allá de ciertos límites la desigualdad social permite a quienes están en los niveles más altos cambiar las reglas del juego con el fin de controlar las opciones de vida de quienes están en los más bajos. Sólo es autónomo quien tiene condiciones para serlo. Para el desempleado sin prestación de desempleo, el jubilado empobrecido, el trabajador precario, el joven obligado a emigrar, la autonomía es un insulto cruel.

El Estado es por naturaleza mal administrador.
Muchos Estados (europeos, por ejemplo) de los últimos cincuenta años demuestran lo contrario. Si el Estado fuera por naturaleza mal administrador, no sería invocado tan a menudo para resolver las crisis económicas y financieras provocadas por la mala gestión privada de la economía y la sociedad. El Estado es considerado mal administrador siempre que pretende administrar sectores de la vida social donde el capital ve oportunidades de beneficio. El Estado sólo es verdaderamente mal administrador cuando quienes lo controlan consiguen ponerlo impunemente al servicio de sus intereses privados por medio del fanatismo ideológico, la corrupción y el abuso de poder.

Las privatizaciones permiten eficiencia que se traduce en ventajas para los consumidores.
Las privatizaciones pueden o no generar eficiencia, siendo siempre cuestionable lo que se entiende por eficiencia, qué relación debe tener con otros valores y a quién sirve. Las privatizaciones de los servicios públicos casi siempre se traducen en aumentos de las tarifas, sea en el transporte, el agua o la electricidad. Las privatizaciones de los servicios esenciales (salud, educación, seguridad social) se traducen en la exclusión social de los ciudadanos que no pueden pagarlos. Si lo privado fuese más eficiente, las sociedades público-privadas deberían haberse traducido en beneficios para el interés público, al contrario de lo que ha sucedido.

El engaño de la proclamada excelencia del sector privado en comparación con el público alcanza el paroxismo cuando una empresa del sector público de un Estado es vendida a una entidad pública de otro Estado, como ocurrió recientemente en Portugal en el sector eléctrico, vendido a una empresa pública china; o cuando la adquisición de un bien público estratégico por parte de un inversor extranjero puede ser financiada por un banco estatal de ese país, como ocurre en el caso de la venta en curso de la compañía aérea TAP (Transportes Aéreos Portugueses), con la posible financiación de la compra del inversor brasileño por parte del banco estatal brasileño BNDES (Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social).

La liberalización del comercio permite crear riqueza, aumentar el empleo y beneficiar a los consumidores.
Tal como se ha venido negociando, la liberalización del comercio concentra la riqueza que crea (cuando la crea) en una pequeñísima minoría, mientras que los trabajadores pierden empleo, sobre todo el empleo decentemente remunerado y con derechos sociales. En las grandes empresas norteamericanas que promueven la liberalización, los directores ejecutivos ganan 300 veces el salario medio de los trabajadores de la empresa.

Por otro lado, las leyes nacionales que protegen a los consumidores, la salud pública y el medio ambiente serán consideradas obstáculos para el comercio y, sobre esa base, cuestionadas y probablemente eliminadas. Hay en marcha tres importantes tratados de libre comercio: el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), el Acuerdo sobre Comercio de Servicios (TiSA) y el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (conocido como TTIP). Por las razones expuestas crece en Estados Unidos (y en Europa, en el caso del TTIP) la oposición a estos tratados.

La distinción entre izquierda y derecha ya no tiene sentido porque los imperativos globales de gobernanza son inevitables y porque su alternativa es el caos social.
Mientras haya desigualdad injusta y discriminación social (y ambas han aumentado en las últimas décadas), la distinción tiene pleno sentido. Cuando se dice que la distinción no tiene sentido, sólo es puesta en cuestión la existencia de la izquierda, nunca la de la derecha. Sectores importantes de la izquierda (partidos socialistas) cayeron en la trampa de este contrasentido común, y es urgente que se liberen de ella. Los “imperativos globales” no permiten alternativas hasta verse obligados a ello por la resistencia organizada de los ciudadanos.

La política de austeridad busca sanear la economía, disminuir la deuda y llevar el país al crecimiento.
En los últimos treinta años, ningún país sujeto al ajuste estructural consiguió tales objetivos. Los rescates se han hecho en interés exclusivo de los acreedores, muchos de ellos especuladores sin escrúpulos. Por eso los ministros que aplican “con éxito” las políticas de austeridad son frecuentemente contratados por los grandes agentes financieros y las instituciones a su servicio (FMI y Banco Mundial) cuando abandonan las funciones de gobierno.

Portugal es un caso de éxito; no es Grecia.
Este es el mayor insulto a los mejores (la gran mayoría de los portugueses). Basta leer los informes del FMI para saber lo que le está reservado a Portugal después del saqueo de Grecia. Más recortes en las pensiones, más reducción de salarios y mayor precarización del empleo serán exigidos y nunca serán suficientes. Las “arcas llenas”[1] pregonadas por el actual gobierno conservador portugués son para vaciarse ante el primer estornudo especulativo.

Portugal es un país desarrollado.
No es verdad. Portugal es un país de desarrollo intermedio en el sistema mundial, condición que tiene hace siglos. Esa condición hizo que Portugal fuese simultáneamente el centro de un vasto imperio y una colonia informal de Inglaterra. Debido a esa misma condición, las colonias y excolonias tuvieron a veces un papel decisivo en el rescate de la metrópoli. Así como Brasil rescató la independencia portuguesa durante las invasiones napoleónicas, la inversión de una excolonia (Angola) viene hoy tomando a su cargo los sectores estratégicos de la economía de la exmetrópoli. En los últimos treinta años, la integración en la Unión Europea creó la ilusión de que Portugal (también España y Grecia) podía superar esa condición semiperiférica.

El modo en el que está siendo “resuelta” la actual crisis económica y financiera muestra que la ilusión se deshizo. Portugal está siendo tratado como un país que se debe resignar a su condición subalterna. Los portugueses deben contribuir al bienestar de los turistas del Norte, pero deben contentarse con el malestar del trabajo sin derechos, de la creciente desigualdad social, de las pensiones públicas desvalorizadas y sujetas a constante incertidumbre, y de la educación y la salud públicas reducidas a la condición de programas pobres para pobres. El objetivo principal de la intervención de la troika fue bajar el nivel de protección social a fin de crear las condiciones para un nuevo ciclo de acumulación de capital más rentable, o sea, un ciclo en el que los trabajadores ganen menos que antes y los grandes empresarios (no los pequeños) ganen más que antes.

La democracia es el gobierno de las mayorías.
Ese es el ideal, pero en la práctica nunca fue así. Primero, se impidió que la mayoría tuviese derecho al voto (restricciones al sufragio). Después, se intentó con varios mecanismos que la mayoría no votase (restricciones fácticas al ejercicio del voto: voto en día laborable, intimidación para no votar, costos de transporte para ejercer el derecho al voto, etcétera) o lo haga en contra de sus intereses (propaganda engañosa, manipulación mediática, inducción al miedo por las consecuencias del voto, encuestas sesgadas, compra de votos, interferencia externa).

En los últimos treinta años, el poder del dinero pasó a condicionar decisivamente el proceso democrático, especialmente a través del financiamiento de los partidos y de la corrupción endémica. En algunos países la democracia ha sido secuestrada por plutócratas y cleptómanos. El caso paradigmático es Estados Unidos. ¿Y alguien puede afirmar de buena fe que el actual Congreso brasileño representa los intereses de la mayoría de los brasileños?

Europa es el continente de la paz, la democracia y la solidaridad.
En los últimos ciento cincuenta años, Europa fue el continente más violento y aquel en el que los conflictos causaron más muertes: dos guerras mundiales, ambas provocadas por la prepotencia alemana, el holocausto, y los genocidios y masacres cometidos en las colonias de África y de Asia. El prejuicio colonial con el que Europa continúa mirando al mundo no europeo (incluyendo las otras Europas dentro de Europa) vuelve imposibles los diálogos verdaderamente interculturales, generadores de paz, democracia y solidaridad. Los valores europeos del cristianismo, de la democracia y de la solidaridad son en teoría generosos (pese a ser etnocéntricos), pero han sido frecuentemente usados para justificar agresiones imperiales, xenofobia, racismo e islamofobia.
El modo en el que la crisis financiera del sur de Europa ha sido “resuelta”, el vasto cementerio líquido en el que se transformó el Mediterráneo, el crecimiento de la extrema derecha en varios países de Europa, son el desmentido de los valores europeos. En Europa, como en todo el mundo, la paz, la democracia y la solidaridad, cuando son apenas un discurso de valores, buscan ocultar las realidades que los contradicen. Para ser vivencias y formas de sociabilidad y de política concretas, tienen que ser conquistadas por la vía de las luchas sociales contra los enemigos de la paz, la democracia y la solidaridad.

[1] Se refiere a la expresión de la ministra de Estado y de Finanzas de Portugal, Maria Luís Albuquerque, quien recientemente afirmó que su país tiene las “arcas llenas” para honrar compromisos en la eventualidad de que surjan perturbaciones en el funcionamiento del mercado (nota de los traductores).


Golpe de Estado en Grecia



En Grecia ganó las últimas elecciones Syriza con un programa que pretendía sacar a la economía griega de la crisis en la que estaba sumida con una receta distinta a la de la austeridad, que es la que se ha venido aplicando en todos los países de la UE.

La austeridad -en forma de privatizaciones, recortes salariales, y desregularización del mercado de trabajo- se ha mostrado como una vía completamente ineficaz para resolver los problemas que amenazan a la población europea (el creciente paro, la desigualdad social, la deuda), problemas que están teniendo consecuencias catastróficas inmediatas sobre la vida de las personas.

Los gobiernos anteriores al de Syriza aplicaron disciplinadamente las recetas dictadas por la Troika, (BCE, FMI y CE), una alianza de organismos que se encuentra fuera del control democrático, y que vela por los intereses de los llamados mercados -los poderes económicos y financieros. La Troika pone una serie de condiciones a los gobiernos a cambio de recibir los rescates financieros que impiden que la banca pierda liquidez y evitando que la economía del país llegue a una situación de bancarrota.

Así ha sucedido en Grecia durante los últimos años. Pero, hay que tener muy en cuenta que no se trata de rescates que favorezcan a la población, por mucho que nuestros dirigentes políticos estén intentando vender la idea de que los países de la UE hemos sido muy solidarios con Grecia, un país, al parecer, lleno de vagos y de funcionarios multimillonarios, que han estado viviendo a costa de los trabajadores europeos.

Lo que se ha rescatado en Grecia ha sido a las entidades financieras, y en realidad, a los bancos alemanes y franceses, principales tenedores de deuda pública griega. Así lo ha reconocido en una carta Olivier Blanchard, principal economista del FMI, quien dice expresamente que la mayor parte de los rescates ha ido a parar a bancos con sede en Francia y Alemania. La increíblemente grande deuda griega tiene su origen no en el gasto público, sino en la transformación en deuda pública de la deuda privada generada por la banca.
El problema de la deuda es una especie de espiral infinita, pues para impedir la quiebra de la economía se acude a nuevos rescates financieros, cuyos intereses se suman a la deuda ya existente, deuda que tiene que pagar el Estado, es decir, la gente. Sin duda, la deuda funciona como un eficaz instrumento de chantaje político: tu economía se está hundiendo y estás en peligro de dejar de ser solvente. Te puedo prestar dinero para salvar tu sistema financiero, pero a cambio tienes que hacer lo que yo te ordene, con independencia de lo que quieran tus electores. Así funciona en este momento la UE.

¿Cómo salir de la espiral? Syriza ganó las elecciones con un programa en el que se comprometía a emprender un camino distinto. Para solucionar los problemas de la economía griega Syriza planteaba la necesidad de llevar a cabo una serie de reformas en la economía que favorecieran los intereses del pueblo griego, obedeciendo así el mandato principal de todo gobierno democrático.

Para ello es imprescindible buscar una solución al problema de la deuda pública, que actualmente representa el 180 % del PIB. La solución pasa por una reestructuración de la deuda, que puede llevarse a cabo de distintas maneras: en forma de quita, a través de moratorias o a través de una rebaja de los tipos de interés. Que la solución pasa por la reestructuración lo han dicho muchos economistas, e incluso el FMI ha hablado de la necesidad de una quita.

Lo que el gobierno de Syriza ha planteado desde el principio es, pues, algo de sentido común, como han declarado muchos economistas, algunos de ellos premios nobel en economía, y no la ocurrencia de unos fanáticos, como quieren hacer pensar a la opinión pública las elites europeas, empresa a la que están contribuyendo eficazmente los medios de comunicación, y algunos intelectuales, como por ejemplo en nuestro país Fernando Savater que ha escrito hace unos días un repugnante artículo en El País en el que acusa a Syriza de haber apelado a la “bestia sarnosa del nacionalismo” por haber convocado un referendum democrático. La única salida posible pasa por una reestructuración de la deuda griega, porque el pago de la deuda y de los intereses mantiene a la economía griega completamente ahogada.

Para poder llevar a cabo reformas en la economía e incentivar el crecimiento económico, el Estado tiene que poder invertir en gasto público, pero si todos sus ingresos se dedican al pago de los intereses de la deuda difícilmente va a poder hacerlo. La solución económica existe. Porque ante lo que estamos no es ante un problema técnico o económico, sino ante un problema de orden político, en el que se está jugando, nada menos que la posibilidad de la democracia. Y es un problema que no sólo afecta a Grecia, sino que afecta a toda la UE.

El Eurogrupo, que en un momento de las negociaciones llegó a expulsar al anterior ministro de finanzas griego Yannis Varoufakis de una reunión, comportándose como un verdadero cártel mafioso, ha estado jugando con la amenaza de la expulsión de la zona euro a Grecia si su gobierno no capitulaba y cumplía obediente las condiciones impuestas por Alemania, condiciones que de ser aceptadas suponen renunciar a las medidas con las que ganó las elecciones.

Ante el chantaje el gobierno griego convocó un referendum -algo insólito en la UE, donde los gobiernos nos tienen acostumbrados a una disciplina militar frente a los mandatos de la Troika- para preguntar a su pueblo sobre el acuerdo que en aquel momento estaba sobre la mesa. El No ganó de manera rotunda, a pesar de que desde el anuncio del referendum se emprendió la guerra mediática más salvaje que se pueda imaginar a favor del Sí.

De nuevo hemos visto a los medios de comunicación, a los políticos y a los intelectuales menospreciar, insultar y acusar de falta de responsabilidad al primer ministro griego Alexis Tsipras. Por poner tan sólo un ejemplo, la que fuera ministra de sanidad del último gobierno del PSOE, Trinidad Jiménez, en el programa de Ana Pastor en el que se analizaban los resultados del referendum griego, se permitió decir públicamente, en la televisión, que lo que había que exigir a Tsipras para que se llegara a un acuerdo era sentido de la responsabilidad, y enterarse de cómo funciona la maquinaria europea.

¿Y cómo funciona la maquinaria europea? ¿A base de golpes de estado encubiertos, como lo fue la reforma del artículo 135 de la Constitución española que acordaron el PP y el PSOE, y que obliga al Estado a priorizar el pago de los intereses de la deuda frente al gasto social? Trinidad Jiménez insinuaba que la celebración del referendum no iba a resolver el problema de Grecia, y que más bien iba a servir para tensar aun más la situación. Desde luego ella sí sabe cómo funciona la maquinaria europea: como una mafia.

Pero entonces en lugar de exigir responsabilidad a Tsipras lo que debería hacer es denunciar con todas sus fuerzas que en la UE nos gobierna una banda de mafiosos, y que no es posible, por mucho que se ganen unas elecciones o un referendum, desobedecer a los mercados. Hace poco en una entrevista, Varoufakis contaba que cuando se le ocurrió preguntar por el funcionamiento del Eurogrupo, por la vigencia de la norma de la unanimidad en la toma de decisiones, la respuesta que recibió fue que el Eurogrupo no existe. Aunque es el organismo que toma las más importantes decisiones dentro de la UE que afectan a la vida de todas personas que viven dentro de la UE, el Eurogrupo no existe. Y como no existe no tiene reglamentos de funcionamiento interno, no tiene normas, ni mucho menos actas. Pues bien, un organismo inexistente es la institución con mayor poder de toda la UE.

Tenía razón Trinidad Jiménez al augurar que el resultado del referéndum no iba a ayudar a Grecia. Eso sólo podría pasar en una UE en la que se respetara la soberanía de los Estados y la democracia. El “acuerdo” al que se ha llegado entre Grecia y Alemania, o más bien el resultado de un chantaje despiadado tras 17 horas de negociación supone asumir unas condiciones absolutamente inaceptables, mucho peores que las que se planteaban en un principio.

Es indudable que lo que se está buscando es humillar al pueblo griego, y hundir al gobierno de Syriza, el primer gobierno de toda la UE que se ha atrevido a enfrentarse a la Troika y decir No. Entre las durísimas condiciones imprescindibles para que se recupere la “confianza” perdida por la irresponsabilidad del gobierno griego se incluye entre otras la financiación de la deuda a través de la privatización masiva, y recortes en las pensiones.

Pero además se obliga a dar marcha atrás en las reformas emprendidas en estos meses de gobierno, y la imposibilidad de emprender reformas sin el visto bueno de las instituciones europeas: “Para normalizar completamente los métodos de trabajo con las instituciones, el Gobierno deberá consultar y acordar con las instituciones –la Troika- cualquier iniciativa legislativa en áreas relevantes y con la debida antelación en consultas públicas o parlamentarias”.
Lo que tenemos delante por tanto es, como correctamente se ha nombrado desde las redes sociales, un golpe de estado, porque se está quitando a Grecia -y a todos los países de la UE la capacidad de legislar. Cuando se le arrebata a una nación el poder de legislarse a sí misma, se le ha arrebatado la soberanía. A Grecia se le están imponiendo unas condiciones para el rescate que suponen no sólo incumplir su programa electoral, sino anular la capacidad legislativa del Parlamento.

Se trata de un golpe de estado en toda regla, y no sólo en Grecia, sino a toda la UE. El mensaje que están enviando los poderes financieros a la población europea es que aquí no hay alternativa, que las decisiones no se toman en los Parlamentos, que no hay democracia que valga. Lo que se puede o no se puede hacer no lo decide el poder político. Lo que nos están diciendo es que no seamos ingenuas, que los mecanismos democráticos europeos, en realidad, son una farsa, porque las decisiones importantes no se toman ahí.

Y es que si realmente se tomaran en los parlamentos sería un desastre, porque al pueblo, ignorante y pobre, a veces le da por votar a opciones políticas como Syriza, un partido de ignorantes y de pobres, que no saben nada de economía y que pretenden poner por encima de los intereses de los ricos y de los poderosos los intereses de los pobres e ignorantes. A Syriza se le ha olvidado que cada uno ocupa el lugar que le corresponde, y que los pobres e ignorantes -y aquí pueden entrar países enteros como Grecia, como España o como Portugal- lo vienen siendo históricamente.

El único gesto político que los mercados están dispuestos a aceptar es de ponerse de rodillas frente a Alemania, y si pretendes no arrodillarte y mantenerte en pie, reclamando tu soberanía, entonces te vas a enterar de lo que vale un peine: no sabes con quien estás hablando. Te van a retorcer el brazo hasta que grites de dolor y hasta que te arrepientas de haber pronunciado en algún momento que no eras una colonia de Alemania. Y van a seguir retorciéndole el brazo a Grecia mientras el resto de países miran cómo se lo retuercen, para que olviden definitivamente, si es que alguna vez se les pasó por la cabeza, votar de manera equivocada, es decir, votar a una opción que no esté dispuesta a aceptar los chantajes de una banda de gangsters.

Lo que se está jugando en este momento es nada menos que la soberanía de los pueblos europeos, y no es la primera vez que sucede en Europa. Lo que se está disputando es que la democracia y el Estado de Derecho tengan alguna posibilidad, o que por el contrario sean los intereses de los poderes económicos, por encima de los intereses de las personas, los que dictaminen el funcionamiento de las instituciones.

Como lleva diciendo desde hace muchos años el filósofo Carlos Fernández Liria, cuando las reglas del juego las ponen los mercados, los Parlamentos sólo tienen una posibilidad de existir: siempre y cuando no sirvan para nada. En cuanto un Parlamento pretende cambiar mínimamente las reglas del juego, entonces se da un golpe de estado, más o menos encubierto, para poner los puntos sobre las íes, y así se le enseña al electorado lo que tiene que votar.


Capitulación


www.rebelion.org/150715

Al amanecer del lunes 13 de julio, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, capituló. Se rindió bajo las increíbles presiones de Alemania, pero también de Francia, de la Comisión Europea y del Eurogrupo. El hecho es que ha capitulado. Porque no hay otra palabra para designar el acuerdo que el Eurogrupo y los diversos dirigentes europeos le han impuesto a punta de pistola o, para ser más precisos, con la amenaza de la expulsión de Grecia de la Eurozona.

Esta capitulación tendrá consecuencias dramáticas en primer lugar en Grecia, donde seguirá imponiéndose la austeridad, pero también en toda la Unión Europea. Las condiciones en las que esta capitulación se ha arrancado hacen añicos el mito de una Europa unida y pacífica, una Europa de la solidaridad y del compromiso.

Hemos sido testigos de cómo consiguió Alemania de Grecia lo que los antiguos llamaban paz cartaginesa. Se sabía que esa era la posición desde el principio de Dijsselbloem, el presidente del eurogrupo [1]. Hemos visto con tristeza, pero también con cólera, que Francia ha acabado por plegarse a la mayor parte de las exigencias alemanas, a pesar de lo que diga nuestro presidente.

Este 13 de julio quedará señalado en la historia como un día de luto, tanto para la democracia como para Europa.

Un acuerdo detestable
Este acuerdo es un acuerdo detestable, por varias razones. En el ámbito económico, sangra de nuevo la economía griega sin proporcionarle la necesaria y verdadera bocanada de oxígeno que necesitaba. El crecimiento de la presión fiscal sin contrapartidas tendrá consecuencias desastrosas para la economía griega. Se trata de imponer la austeridad en la más pura lógica de un Pierre Laval en Francia, pero sobre todo de un Brüning en Alemania o de un McDonald en Gran Bretaña, esos personajes trágicos de los años treinta que agravaron con sus políticas las consecuencias de la crisis de 1929.
El incremento exigido de la presión fiscal, los nuevos recortes en el gasto, no van acompañados de un plan de inversión masiva que hubiera podido compensar sus efectos, al menos en parte. Nótese asimismo que el Gobierno griego está obligado a emprender: “ambiciosas reformas en el ámbito de las pensiones y a definir políticas que compensen plenamente la incidencia presupuestaria del fallo del Tribunal Constitucional relativo a la reforma de las pensiones de 2012 y a aplicar la cláusula del déficit cero o medidas alternativas mutuamente aceptables de aquí a octubre de 2015”. En resumen, se proclama que la lógica de la austeridad es más importante que la Constitución de un Estado soberano [2].

Este acuerdo es también detestable en el ámbito financiero. Asume el Mecanismo Europeo de Estabilidad, o MES. Pero ese compromiso tendrá que ir creciendo de forma regular. En efecto, la economía griega va a continuar hundiéndose en la depresión. El monto de los recursos fiscales va a estancarse o a disminuir y eso va a ser así aunque se aumente la presión fiscal que el acuerdo prevé.

Por tanto la deuda, en proporción a la riqueza producida, será cada vez más pesada. Acerca de esta deuda, la "reperfiladura" –palabra bárbara que designa la prolongación de los retrasos en el pago del principal y el aplazamiento de los intereses- no resuelve nada. Se sabe que el Fondo Monetario Internacional ha dicho que es preciso reestructurar, es decir, anular, una parte de la deuda griega. Pero Alemania se niega siempre obstinadamente. Dentro de poco será necesario encontrar más dinero para Grecia. Una de las razones por las que este plan es detestable es porque no resuelve nada, ni a nivel económico ni a nivel financiero.

Un acuerdo de tipo neocolonial
Por último, este plan es detestable por una tercera razón. Porque políticamente acaba poniendo a Grecia bajo tutela, asimilándola en la práctica a una colonia privada de todo poder real. No sólo se convoca al Parlamento griego a votar con máxima celeridad determinadas reformas con dos fechas topes, el 15 y el 22 de julio [3], sino que primero deberá someter las diferentes medidas a adoptar al control y arbitrariedad de las instituciones europeas. Hay un párrafo del acuerdo especialmente significativo. Dice lo siguiente: “El Gobierno debe consultar con las instituciones y acordar con ellas cualquier proyecto legislativo en los ámbitos afectados en un plazo adecuado antes de someterlo a consulta pública o al Parlamento”. [4]
Se trata del restablecimiento de lo que los griegos llaman el “régimen de la troika”, el régimen que habían rechazado desde las elecciones del 25 de enero último. Y ahí está sin duda el resultado más inaudito de este acuerdo. Equivale a anular unas elecciones libres y democráticas, a afirmar que las normas que Bruselas establezca tienen más peso que el sistema democrático.

Es necesario recordar que desde este punto de vista este acuerdo no afecta sólo a los griegos, sino que también amenaza a todos los pueblos de la zona euro. Así pues, nos amenaza también a nosotros, los franceses. Y el hecho de que nuestro presidente, François Hollande, se haya prestado también al crimen, porque no hay otra palabra en el ámbito político para calificar este acuerdo, debería llenarnos de pavor. Al poner su firma al final de este acuerdo, al aceptar que de aquí al fin de semana tiene que votarse en el Parlamento francés, François Hollande no sólo es culpable de connivencia en el estrangulamiento de la democracia en Grecia, sino también en el conjunto de la zona euro.

Yendo aún más lejos, este acuerdo prepara el expolio de la población griega en el leonino párrafo que concierne a las privatizaciones y que proviene directamente de lo que en el siglo XIX se denominaba “políticas de cañonera”.

En efecto, este párrafo estipula que el Gobierno griego debe: “elaborar un programa de privatización mucho más sustancial con una mejor gobernanza; los activos griegos más valiosos se transferirán a un fondo independiente que los monetizará a través de privatizaciones y otros medios. La monetización de los activos constituirá una fuente que permitirá el reembolso programado del nuevo préstamo del MES y generará durante la duración de ese nuevo préstamo un montante total fijado en 50.000 millones de euros, de los cuales, 25.000 millones se utilizarán para reembolsar la recapitalización de los bancos y otros activos y el 50% de cada euro restante (es decir, el 50% de 25.000 millones de euros) se utilizará para que disminuya la ratio de la deuda, mientras el otro 50% se utilizará para inversiones” [5].

Eso quiere decir que Grecia no podrá utilizar más que el 50% de 25.000 millones, es decir, 12.500 millones procedentes de las privatizaciones para inversiones. Ahora bien, estas sumas no estarán disponibles –suponiendo que lleguen a estarlo algún día- antes de dos o tres años.
Cuando en la mañana de este 13 de julio escuchamos a François Hollande afirmar que se había preservado la soberanía de Grecia, habría podido decirse que nuestro presidente tiene un gusto más que dudoso para las bromas. Es añadir el insulto a la herida. Porque la soberanía de Grecia ha sido de hecho bien pisoteada por el Eurogrupo y Alemania, con la ayuda y el consentimiento de Francia. Por esta razón, este 13 de julio será en adelante un día de duelo para todos los que defienden la democracia, la soberanía y la libertad de los pueblos.

La cuestión del euro
François Hollande afirma que su acción ha salvado al euro. Está claro que si Alemania hubiera impuesto la expulsión de Grecia fuera de la zona euro, habría desencadenado el proceso de disolución de dicha zona en un plazo relativamente corto. Sin embargo, mantener a Grecia en la zona euro no salva en absoluto al euro. Por una parte, porque los problemas económicos y financieros de Grecia no se han resuelto. Por otra, porque hay otros países que en estos momentos pasan por grandes dificultades, especialmente uno de nuestros vecinos, Italia.

El euro está indisolublemente ligado a la política de austeridad, y de eso hoy mismo hemos tenido la prueba. La política económica emprendida en la zona euro, fortalecida por el papel desempeñado por los diversos tratados, y en particular por el último Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza ratificado en septiembre de 2012, no puede conducir más que a la austeridad.

Si todavía no se había comprendido así, hoy ha quedado ya perfectamente claro: el euro es austeridad. Por supuesto que puede haber políticas de austeridad sin el euro. Pero el euro implica realmente políticas de austeridad, y cualquier política que se desarrolle en el marco del euro conduce a la austeridad. Es necesario comprender el sentido profundo de esta afirmación. Hoy en día, mientras sigamos en la zona euro, será imposible poner en marcha otra política económica que no sea la austeridad. Al no haberlo comprendido así, Alexis Tsipras se ha puesto él mismo la soga al cuello.

Esta constatación está llamada a convertirse en el verdadero punto de fractura de la política francesa en los meses y años venideros. Así pues, lo que realmente ha salvado François Hollande ha sido la austeridad. Sabemos que esa elección la hizo ya en 2012. Y que no ha cambiado. Por ello deberá ser juzgado en las próximas elecciones.


Notas:

[1] Varoufakis: Pourquoi l’Allemagne refuse d’alléger la dette de la Grèce: http://blogs.mediapart.fr/blog/monica-m/120715/varoufakis-pourquoi-lallemagne-refuse-dalleger-la-dette-de-la-grece
[2] Declaración de la cumbre de la eurozona, Bruselas, 12 de julio de 2014, pág. 3.
[3] El texto del acuerdo precisa que esto último no será válido más que en las condiciones siguientes: “No será sino después –e inmediatamente después- de que las cuatro medidas antes mencionadas se hayan puesto en práctica en el plan jurídico, y de que el parlamento griego haya aprobado todos los compromisos contenidos en este documento, con la verificación de las instituciones y del Eurogrupo, cuando se pueda adoptar una decisión que dé un mandato a las instituciones para negociar un protocolo de acuerdo”. Declaración de la cumbre de la eurozona, Bruselas, 12 de julio de 2015, pág. 2.
[4] Declaración de la cumbre de la eurozona, Bruselas, 12 de julio de 2015, pág. 5.
[5] Declaración de la cumbre de la eurozona, Bruselas, 12 de julio de 2015, pág. 4.


Jacques Sapir dirige el grupo de investigación Irses en la FMSH y coorganiza con el Instituto de Previsión de la Economía Nacional (IPEN-ASR) el seminario franco-ruso que estudia los problemas financieros y monetarios del desarrollo de Rusia. Sus artículos pueden leerse en el blog RussEurope

Democracia es: quien gana más, paga más


Emir Sader
www.jornada.unam.mx/090715

En la era neoliberal, como parte de los intentos de descalificación del Estado, se ha desatado una campaña sistemática en contra de pagar impuestos. Total, el Estado despilfarra, alimenta a burócratas inúti­les para la sociedad, es fuente de corrupción, no devuelve a la gente lo que recauda. Pagar impuestos, desde ese punto de vista, es ser extorsionado por el Estado, es entregarle una parte de lo que uno conquista con su propio trabajo.

Además de que el Estado haría mal uso de los recursos que extraiga de las personas, incentivando el que la gente no trabaje y viva de los beneficios de las políticas públicas, subsidiando el consumo de las personas en lugar de impulsarlas a ganar su vida con el sudor de su propia frente.

Generado y fortalecido ese razonamiento, la gente reacciona mecánicamente frente a cualquier impuesto: rechazarlo, con agresividad, con odio, reforzando los mecanismos de defensa frente a una nueva ofensiva del monstruo Leviatán.

Sin embargo, la forma del Estado de obtener recursos para sus políticas es mediante la recaudación, un mecanismo que en lugar de desconcentrar la renta, contribuye para concentrarla más. Porque las estructuras tributarias son socialmente injustas: el que gana más, paga menos; el que gana menos, paga más.

Gran parte de los impuestos son indirectos, es decir, el pobre y el rico pagan lo mismo. Pero las grandes empresas gozan de subsidios y exenciones tributarias de parte del Estado, se valen de la abogacía tributaria para burlar los impuestos, engañan, envían plata a paraísos fiscales (de los que el HSBC de Suiza es sólo un ejemplo). Como resultado, en lugar de redistribuir la renta, la estructura tributaria concentra todavía más la renta en nuestros países.

Pero cada vez que un gobierno –a escala nacional, provincial o de las ciudades– intenta corregir esas deformaciones, se enfrenta a una brutal campaña mediática y política, llevada a cabo por el gran empresariado –el más grande beneficiario de la estructura tributaria actual–, el monopolio de los medios de comunicación, los partidos de derecha y fuerzas que, aun bajo el manto de intereses populares –ONG y otras–, se oponen al Estado y a la búsqueda de recursos de los sectores más pudientes para sus políticas.

La experiencia sobre intentos de hacer aprobar reformas tributarias socialmente justas, donde la gran mayoría de la población sea beneficiaria –sea porque deja de pagar, sea porque pasa a pagar menos–, suelen frustrarse. Ello se da no sólo porque los congresos suelen estar dominados por distintos lobbies vinculados a empresas, a las que no les gusta nunca una justicia tributaria, sino también porque el gran empresariado –al cual le tocaría ser el único sector que pagaría más– aliado a los medios monopolistas, logran movilizar a sectores de clase media, así como incluso de sectores populares, en contra de esas iniciativas.

Es decir, sectores que serían beneficiados directamente por una reforma tributaria socialmente justa terminan siendo dirigidos por los grupos que tendrían que pagar más impuestos, para oponerse a una iniciativa que va en la dirección de sus intereses.

Ello ha pasado en varios gobiernos, en distintos niveles y circunstancias, en muchos países, en que los medios de comunicación lideran campañas para defender a los más ricos.

El caso de Ecuador es solamente el más reciente. Dos proyectos de ley del gobierno, uno de elevación de los impuestos a las herencias, otro a la plusvalía, que afectarán a apenas 2 por ciento de la población –los más ricos–, encuentra resistencia en sectores medios y hasta populares, llevados por el engaño y la mentira. Increíble el milagro –o, mejor, la alienación– de sectores medios que van a pagar menos con la nueva estructura tributaria, que va a recaer sobre los más ricos, de salir a defenderlos.

Es un mecanismo alienado que reposa en el prejuicio general de que el Estado actúa contra la gente, contra las personas, contra los individuos. Como si el Estado no fuera responsable por toda la estructura pública de educación y de salud, de que puede disfrutar toda la población. Como si el Estado no fuera encargado de atender a los sectores perjudicados por los mecanismos de concentración de la renta, con políticas sociales que benefician a los sectores más marginalizados y fragilizados.

Pero la ideología individualista y egoísta, que se pregunta siempre: ¿cuánto gano yo?, ¿cuánto voy a perder?, impide a esos sectores hasta darse cuenta de que van a ser beneficiarios de una estructura tributaria más justa.

Se alían entonces sectores del gran empresariado –donde el financiero tiene un papel importante–, de partidos de derecha, de los monopolios privados de los medios de comunicación, que arrastran a sectores de clase media y de algunos sectores populares, así como a grupos de ultraizquierda, para oponerse a reformas tributarias socialmente justas.

Se trata de un frente político que, por distintos intereses, se enfrenta a gobiernos populares. Se valen del sentimiento contra los impuestos, forjado cotidianamente por los monopolios privados de los medios, en su campaña de criminalización del Estado, para movilizar a sectores diferenciados en una pelea en que buscan inviabilizar las políticas gubernamentales.


En democracia, el que gana más, debe pagar más. El que gana menos, debe pagar menos, o nada.

Grecia-Unión Europea: de derrotas humillantes y victorias pírricas

www.rebelion.org/170715

Muy curioso que las cúpulas políticas de la Unión Europea (UE) y sus tradicionales voceros, los políticos, economistas y la gran prensa que durante décadas han sostenido y defendido ese proyecto, no hayan saludado con muestras de alegría y de confianza que el orden irreversible ha sido mantenido con la derrota humillante infligida al gobierno y el pueblo de Grecia.

El primer ministro Alexis Tsipras fue derrotado y sometido a un “sacrificio ritual” por el ministro alemán de Finanzas Wolfgang Schauble, quien actúa como el “guardián del templo” de un fundamentalismo de mercado que es la verdadera naturaleza de la UE, que no tolera la más mínima desviación o interpretación del dogma.

Salvo esos guardianes del templo, nadie en la UE parece realmente feliz o satisfecho con esta victoria aplastante. Basta echar un vistazo a lo que muchos euro-creyentes han escrito en la “gran prensa” –lo que haremos más adelante- para comprender que ésta ha sido una victoria pírrica, y que si Syriza y el pueblo griego han sido derrotados y humillados, eso ha sido al elevadísimo precio de exponer a la luz del día el antidemocrático sistema de la UE, su rigidez institucional y el insensato dogmatismo que ha llevado incluso a crear un mecanismo de negociación sin existencia legal -el Eurogrupo-, para “asfixiar mentalmente” (mental waterboarding) a los representantes gubernamentales disidentes, en este caso de un gobierno que únicamente buscaba proteger a su pueblo de las brutales políticas de austeridad que viene sufriendo día tras día, año tras año, y de renegociar una deuda pública ilegal e impagable.

No menos curioso es que en estos momentos la derrota humillante de Syriza no sea vista por muchas fuerzas de izquierda como lo que en realidad es: una compleja y difícil experiencia que más allá de sus consecuencias negativas está cargada de enseñanzas positivas y de objetivos políticos a corto y largo plazo tanto para las dirigencias políticas del campo popular como para los pueblos.
La trágica experiencia vivida por Syriza confirma que el sistema del fundamentalismo de mercado de la UE no puede ser cambiado jugando sus reglas del juego, y en ese sentido esa experiencia política debería ser vista como el parteaguas político e ideológico de las luchas populares por recuperar la soberanía nacional y popular, para luchar contra el sistema neoliberal totalitario de la UE y del imperialismo en general, un sistema que ya muestra los primeros signos de que va hacia el colapso.

En este momento tan difícil, quizás porque en el caso griego hay una insoportable humillación frente a la “mafia” de la UE, es que personalmente no puedo sacar de mi mente que después de la terrible derrota en el asalto al Cuartel Moncada, que muchos interpretaron como el fin de la experiencia “aventurera” para derrocar a la dictadura mafiosa y proimperialista de Fulgencio Batista en Cuba, Fidel Castro no solamente se defendió con su alegato La historia me absolverá, sino que con él proporcionó las armas políticas e ideológicas para proseguir y ampliar la lucha para recuperar la soberanía y dignidad del pueblo, hasta alcanzar la victoria final pocos años más tarde.

No se trata de seguir el ejemplo de Cuba, sino de saber que hay derrotas que bien asimiladas conducen a victorias reales de los pueblos.

¿Cómo se ve la “victoria” de la UE en los grandes medios de prensa?

La capitulación del primer ministro griego Alexis Tsipras ante la Unión Europea fue inevitable desde el momento en que el Eurogrupo, bajo la batuta de Schauble, puso sobre la mesa que si no había rendición total e incondicional Grecia sería expulsada de la zona euro. Fue a partir de ese momento, y en condiciones de dudosa legalidad como veremos más adelante, que el dictado de condiciones sustituyó a la negociación y que se selló tanto el destino inmediato del gobierno y el pueblo de Grecia, pero también el de la UE.

Prueba de que el “catalizador” griego funcionó, acelerando el proceso de poner a la luz del día la verdadera naturaleza de la UE, son las nunca antes vistas reacciones en los medios de prensa, agencias y diarios de gran tiraje.

En el Irish Times, por ejemplo, un artículo expresa que atormentar a Grecia es como enviar un mensaje de que ahora estamos viviendo en una nueva UE. La UE como la conocimos se acabó durante el fin de semana. El proyecto de la UE era sobre todo una gradual convergencia de naciones iguales hacia una ‘más cercana unión’. Eso ha terminado () Y en tanto que institución coercitiva ha llegado a un estado de divisiones profundas. No hay mayor división que (la existente) entre quienes con castigados y los castigadores (1).

Sobre la amenaza de una expulsión de Grecia de la zona euro el diario irlandés señala que “a largo plazo importa menos que esta amenaza no haya sido llevada a cabo que el hecho de que haya sido hecha y considerada como aceptable. Una vez sucedido esto, todos los proyectos europeos irreversibles devienen reversibles, y lo irrevocable deviene revocable”, y sobre la “disciplina financiera” basada internacionalmente en que todas las deudas deben ser pagadas, el diario apunta que eso es dudoso, “considerando que en marzo el FMI, casi sin alboroto, anunció un paquete financiero para un país europeo (Ucrania) que es de lejos más corrupto, inestable y oligárquico que Grecia”.

En “Puntos de vista”, de la agencia Bloomberg, Clive Crook escribe que “este desastre le pertenece a Europa”, que el “acuerdo” al cual tuvo que someterse Grecia, y la manera como fue obtenido, pone en tela de juicio la totalidad del proyecto europeo: “la salida del sistema euro ha sido ahora contemplada por Alemania y otros países, y no como una horrible posibilidad, sino como un remedio para ser aplicado deliberadamente. Esto no puede ser desaprendido. Seguirá como una amenaza tácita para mantener a Grecia en la línea. Por un tiempo, seguramente, puede funcionar. Y no solo con Grecia: también pour encourager les autres”, como se dice.

Y Crook añade que “esta crisis ha demostrado la impresionante incapacidad de la UE para gobernar. El disfuncionamiento de los últimos meses ha sido una educación, al menos para mí. La indecisión patológica ha sido institucionalizada () La UE está atascada en un insostenible terreno medio. La moneda común hace necesaria una más estrecha unión política; la manera como el sistema funciona hace imposible una más cercana unión política. No hemos escuchado el último de los ‘exit’ (2)

“Ya es suficiente: Grecia debe dejar el sistema del euro”, expresa una nota de los editores de la agencia Bloomberg, en la que señalan que “los términos impuestos al primer ministro Alexis Tsipras el pasado fin de semana tienen pocas posibilidades de ser aceptados, aplicados y sostenidos por este gobierno griego o el de sus sucesores. El Parlamento griego quizás los acepte porque piensa que la alternativa es peor –y a corto plazo eso es quizás verdad. A largo plazo, un acuerdo impuesto bajo una dureza extrema, y amargamente resentido por los griegos, no será un éxito.

La confianza ha colapsado al punto que se le dijo a Grecia que debe convertirse en una colonia de la UE, que no es un Estado soberano () No importa lo que suceda en las próximas semanas, Grecia puede terminar saliendo del sistema del euro. Una salida ahora será dolorosa, seguramente. Los riesgos para el resto de Europa no son pequeños. Pero Grecia estará al menos comandando su propio futuro, sin tener que culpar a alguien por sus problemas. Mientras más rápido suceda esto, mejor será” (3).

Un editorial del diario canadiense Globe and Mail titulado “Culpen a Berlín: ¿Por qué el acuerdo con Grecia está condenado al fracaso?”, señala que una de las más preocupantes enseñanzas de lo sucedido en las negociaciones es que “la zona euro, ahora lo vemos, no es realmente una unión monetaria. Su miembro más fuerte, Alemania, puede amenazar a los miembros más débiles con impedirles el uso (del euro) y quitarles la protección. Si sus políticas fiscales no le gustan a Berlín, puede empujar a esas economías al caos.

La pérdida de miembros de la zona euro era hasta hace poco un peligro que los políticos europeos querían evitar a toda costa; ahora se ha convertido en una oportunidad que no se puede dejar pasar para chantajear. Esto parece una victoria completa para Alemania, para la canciller Ángela Merkel y el ministro de finanzas Wolfgang Schäuble. A largo plazo la destrucción económica de Grecia quizás sirva de basamento a una más unificada Europa, dirigida por Alemania. O quizás marque el momento cuando empieza a deshacerse el largo movimiento hacia una integración de Europa. Alemania tuvo su gran victoria sobre Grecia; es muy probable que tarde o temprano se probará que fue pírrica” (4).
Por su parte, nada menos que el FMI, uno de los miembros de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y el FMI), reconfirma que la receta aplicada a Grecia es insustentable. En su resumen “Análisis preliminar sobre la sostenibilidad de la deuda” del 14 de julio 2015 (informe 15/186), que sigue al documento similar del FMI de junio pasado, se dice lo siguiente: La deuda pública de Grecia se ha convertido en insostenible. Esto se debe a las políticas de alivio del último año, a lo que contribuyó la reciente deterioración macroeconómica en el plano domestico y en el ámbito financiero por el cierre del sistema bancario (corralito), lo que contribuyó significativamente a una dinámica adversa. El financiamiento necesario hasta finales del 2018 es ahora de 85 mil millones de euros y la deuda llegará al 200 por ciento del PIB en los próximos dos años, siempre que haya un temprano acuerdo en un programa. La deuda de Grecia solo puede ahora ser sostenible a través de medidas de alivio de la deuda que van mucho más allá de lo que (la UE) está dispuesta a aceptar hasta el momento”.

Guardián del templo y director de orquesta

La capitulación era previsible, así como la humillación y presiones a las que Tsipras fue sometido en las reuniones después que el “director de orquesta” del Eurogrupo, el ministro alemán Schäuble, exigiera para continuar las “negociaciones” que el ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, fuese sustituido (5).

Uno a uno los velos que protegían de los ojos europeos la fea desnudez de la UE fueron cayendo en esa “negociación” en la que Grecia fue obligada a capitular bajo la amenaza de ser expulsada de la zona euro, y el primer velo en caer fue el de que todos los países son iguales y se negocia en respeto: “nos pusieron un cuchillo en la garganta”, dijo Alexis Tsipras, mientras que Varoufakis dijo que “negoció con una pistola” en la sien. Para que Tsipras aceptara “rendir la soberanía” de su país –dijeron “regocijadamente los funcionarios de la UE, fue sometido a un mental waterboarding” (una asfixia mental), reporta el diario Irish Time (nota 1).

Otro de los velos que cayó es la respuesta que Varoufakis recibió cuando pidió que el Eurogrupo le dijera cuál era la base legal de la amenaza de expulsión de Grecia de la UE, que había recibido un poco antes. Varoufakis, en entrevista con NewStatesman (ver nota 5) dijo que no tuvo una respuesta porque los expertos de la UE le dijeron que el Eurogrupo no tiene existencia legal, puede decir y hacer lo que se le dé la gana y no quedan rastros porque no conserva las minutas de las discusiones.

Tsipras, o sea el gobierno de Syriza amparado en un referendo bien rotundo, había osado pedir cambios sensatos a ese fundamentalismo neoliberal de la UE: reducir las políticas de austeridad y renegociar parte de la deuda externa que justifica tales políticas para aliviar el fardo de desempleo y pobreza aguda que está aplastando al pueblo griego, y poder tener desarrollo económico para pagar las deudas.

En artículos anteriores decíamos (6) que con ese pedido, Grecia sería el catalizador que aceleraría la toma de decisiones y profundizaría el sistema de “gobernanza” destinado a aplicar a rajatablas las políticas de la Troika y eliminar definitivamente cualquier vestigio de soberanía nacional y popular. Que Syriza y el referendo del 5 de julio pondrían al desnudo la verdadera y horrible naturaleza de la UE, y así sucedió.

Esto es ahora ampliamente reconocido y sujeto de análisis, comentarios y opiniones de los grandes diarios del mundo occidental, la imagen de la UE es ahora clara, precisa y aterrorizante, lo que de paso es bueno saber en nuestra América a la hora del persistente retorno de iniciativas de ciertos países para celebrar acuerdos de libre comercio con la UE.

¿Por qué era importante desnudar a la UE? Porque la victoria humillante y típicamente imperial de la UE contra Grecia, pequeño pueblo en una región de muchos pueblos también aplastados por la austeridad del dogma neoliberal y la utopía monetaria del euro (que tanto se parece al patrón oro de triste memoria) demuestra de manera clara y precisa lo que ya muchos alertaban, que no hay ni habrá alternativas económicas, sociales y políticas favorables a las mayorías populares dentro de la UE en su formato actual, que fue cuidadosamente creado para ser lo que es, y no otra cosa, y que “el sueño europeo” se ha transformado en “la pesadilla europea”.

Las posibles consecuencias de las derrotas humillantes

Frente a la capitulación de Tsipras, las primeras reacciones fueron bastante decepcionantes y no faltaron quienes lo calificaron de traidor, como si hubiese tenido otra alternativa que salir al ruedo y torear. Pero no tardaron en surgir en los movimientos populares, sindicales y partidos políticos de muchos países europeos un fuerte sentimiento de repudio generalizado a las políticas de la UE, un llamado a la solidaridad con Syriza y el pueblo griego, a la resistencia y al combate contra las políticas de la UE.

Sobre la visión que el pueblo griego tiene ahora de la UE, Stathis Kouvelakis, de la Plataforma de Izquierda –uno de los componentes de Syriza-, dijo a Jacobin (7) que había recibido un mensaje de un camarada, diciendo que “era verdad que el gobierno de Syriza había logrado en hacer que la UE sea mucho más odiada por el pueblo griego que todo lo que (otras formaciones de la izquierda) habían podido lograr en 20 años de retorica contra la UE”.

En realidad Syriza, como la mayoría de las izquierdas en la UE que nacieron del “eurocomunismo” de los años 80, jugaban (ahora creo que hay que escribir ese verbo en tiempo pasado) a un “posible” cambio de la UE “realmente existente” por vía de negociaciones, presiones políticas y elecciones nacionales, para convertirla en una “Europa social” con economías capitalistas reguladas.

Por eso no figuraba, en el programa de Syriza, una salida del euro, y también porque el pueblo griego no favorecía esa opción ¿Han cambiado las opciones? Los próximos días y semanas nos lo dirán, aunque ese paso no es una simple declaración que pueda hacerse sin antes un largo, extenso y bien planificado preparativo.

¿Por qué? Por la simple razón de que la UE, vía los Tratados, la presión del Bundesbank y del BCE, de Alemania para decirlo más corto, y de las directivas de los burócratas para completar el control total, diseñó la creación del euro a partir de la monopolización de la emisión de moneda y de la política monetaria de los países miembros, o sea demoliendo todo lo que pudiera hacer posible un “retroceso” a las soberanías nacionales y populares. La imprenta que imprimía los dracmas no existe más, como dijo Varoufakis.

Dicho en términos más militares, la UE bajo la dirección de la Alemania de Ángela Merkel, al aplastar al pequeño e inofensivo pueblo griego ganó una batalla que sembró dudas sobre la dirección la “guerra” y los medios utilizados para aplastar a Grecia. Dos aliados importantes de Berlín, Paris y Roma, están endeudados y políticamente asfixiados por las políticas de austeridad, y pueden verse sometidos a la “asfixia mental” del Eurogrupo. Al mismo tiempo Alemania creó más enemigos potenciales en otros pueblos europeos que también se pueden ver dentro de poco tiempo en la situación actual de Grecia ¿Qué es esto sino una “victoria pírrica”?

Inversamente, la humillante derrota que en esta batalla sufrió Syriza por la ineludible tarea de buscar cómo aligerar el fardo de medidas de austeridad y comenzar a renegociar la impagable deuda, es quizás el catalizador del proceso de toma de consciencia popular y nacional que lleve a que el sufrido pueblo griego se decida a resistir mientras continúa luchando por un retorno a la verdadera soberanía nacional y popular.

Por último, quizás valga la pena reproducir aquí algunos párrafos de lo que dos canadienses de la izquierda radical, Leo Panich y Sam Gindin, escriben desde Grecia y para la izquierda internacional, con el título “Tratando a Syriza de manera responsable”:

“A pesar de las caracterizaciones que en los últimos días algunos de la izquierda radical han hecho de Syriza, “los disciplinarios del neoliberalismo han dejado en claro que ellos creen que Syriza no era un típico partido socialdemócrata que pudiera confiarse se acomodaría con el neoliberalismo. En realidad, ellos ven claramente que Syriza es un partido de izquierda con el socialismo en sus genes, y uno que a pesar de todas las limitaciones de seguir perteneciendo a la UE, continuará desafiando el capitalismo europeo y global.

“El contenido exacto de lo acordado entre Syriza y la dirigencia de la UE será examinado en los próximos días, y la reacción del partido y de quienes lo apoyaron en el referendo será evaluada. Esperamos que Syriza pueda mantenerse unido en tanto que la más efectiva nueva formación política surgida en la izquierda europea en las décadas recientes.

El papel responsable de la izquierda internacional es apoyar esto, mientras continúa señalando las debilidades del partido en términos de capacidad para construir redes de solidaridad de manera a crear planes económicos alternativos a nivel local y regional, para que (los griegos) puedan trabajar en relaciones sociales transformadas. Esto es lo que realmente importa, y que será no menos crucial incluso con una salida del euro. El potencial de esto será abordado en el futuro. Dada nuestra propia debilidad en este sentido y mientras presenciamos cómo todo este drama se desenvuelve, llamamos a una considerable paciencia y modestia de parte de la izquierda internacional. (8)

Pregunta: ¿Cuál es el mayor problema con la manera general del funcionamiento del Eurogrupo?
Varoufakis: (como ejemplo) hubo un momento cuando el Presidente del Eurogrupo decidió actuar contra nosotros y efectivamente silenciarnos, e hizo conocer que Grecia estaba esencialmente en la vía de salida de la eurozona… Hay una convención de que los comunicados deben (obtener) la unanimidad, y que el Presidente no puede convocar una reunión de la Zona Euro y excluir a un Estado miembro. Y él me dijo “Oh, no estoy seguro de eso”. Entonces pedí una opinión legal. Eso creó un poco de nerviosismo. Por unos 5 a 10 minutos la reunión se paró, con empleados y funcionarios hablándose unos a otros, por teléfono, y eventualmente un funcionario, algún experto legal, se dirigió a mí, y dijo las siguientes palabras, que “bueno, el Eurogrupo no existe en la ley (de la UE), no hay Tratado en el cual se haya convenido (la formación de) este grupo”. Entonces, lo que tenemos es un grupo no existente que tiene los mayores poderes para determinar las vidas de los europeos. No debe reportar a persona (u organismo alguno) porque legalmente no existe; no se levantan minutas; y todo es confidencial. Entonces ningún ciudadano podrá jamás saber lo que se dice en el interior (del Eurogrupo)… Esas son decisiones de casi vida o muerte, y ningún miembro tiene que responder a alguien.

NewStatesman: ¿Y este grupo está bajo el control de las actitudes de Alemania?
Varoufakis: Completa y absolutamente. No de las actitudes (sino) por el ministro de Finanzas de Alemania. Es como una muy bien acordada orquesta y él es el director. Todo sucede de manera acordada. Habrá momentos en que la orquesta está desacordada, pero él la reúne y la pone en acorde nuevamente.
NewStatesman: No hay un poder alternativo dentro del grupo ¿puede el (ministro) francés oponerse a ese poder?
Varoufakis: Solo el ministro de Hacienda (francés) hizo ruidos que fueron diferentes de la línea (bajada por) Alemania, pero esos ruidos fueron muy sutiles. Uno podía sentir que él debía utilizar un muy juicioso lenguaje, para no parecer que se oponía. Y en el análisis final, cuando el Doc Schäuble respondía y efectivamente determinaba la línea oficial, el ministro francés siempre se plegaba y aceptaba.

6.- El catalizador Griego http://www.alainet.org/es/active/80771 ; La lección de democracia del catalizador griego http://www.alainet.org/es/articulo/170722 ; El pueblo griego puso al desnudo la verdadera naturaleza de la UE http://www.alainet.org/es/articulo/170941

7.- https://www.jacobinmag.com/2015/07/tsipras-varoufakis-kouvelakis-syriza-euro-debt/

8. - Leo Panich y Sam Gindin: Treating SYRIZA Responsibly http://links.org.au/node/4507

Alberto Rabilotta es periodista argentino - canadiense.