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Totó la Momposina Meets Berklee-El Pescador, Aronde me Meto yo, Tres Golpes

Resistencia democrática, unidos por la justicia y paz


Estamos viviendo tiempos difíciles en el Brasil. Males que pretendíamos haber dejado atrás nos vuelven a atormentar y hacen sufrir a nuestro pueblo. Pobreza absoluta, miseria y hambre, desempleo y subempleo, mortalidad infantil, restricción y empeoramiento de los servicios públicos de educación y salud, aumento de la violencia urbana y rural son algunas de las plagas que soñábamos estarían acabando. 

Tiempos moldeados por los intereses del capital financiero y sus principales aliados, que se aprovechan de los grandes medios de comunicación e intentan ejercer una hegemonía ideológica sobre el conjunto de la sociedad.  

En 2016 ocurrió un golpe de Estado en el Brasil. Se votó el “impeachment” de la presidenta Dilma, por argumentos hoy reconocidos como falaces. Después de eso, se implantó un gobierno sin legitimidad alguna que ha implantado un programa económico que destruye las políticas sociales y elimina derechos, sirviendo a una agenda neoliberal, siguiendo plenamente los dictámenes del capital, a contramano del proyecto aprobado por la población en las elecciones mayoritarias de 2014. 

Ese “gobierno” disminuyó substancialmente la participación de la Petrobras en el Pré-sal, vinculó los precios de los combustibles al mercado internacional, cortó el gasto público en inversiones sociales por dos décadas, aprobó la tercerización de la mano de obra, hizo una reforma laboral a imagen y semejanza de los intereses patronales, disminuyó drásticamente el número de beneficiarios del Bolsa Familia, redujo los presupuestos para educación y salud, desmontó la fiscalización del combate al trabajo esclavo, estancó la demarcación de tierras indígenas y quilombadas, aniquiló la Reforma Agraria en nuestro país y busca llevar la compra-venta de tierras para el mercado internacional, inclusive de tierras de fronteras. 

Desde 2016, el presupuesto federal sufre cortes sustanciales en políticas sociales: universidades e institutos federales dejados a la deriva; hospitales universitarios e institutos de encuestas siendo desmontados; reducción presupuestaria de la CAPES (1), impidiendo la formación continuada de profesores; la agricultura familiar abandonada, la industria nacional, especialmente la construcción civil, naval y la petrolera, lanzada al ocaso. 

Los resultados de ese horror repercutirán en las mayorías sociales. Hubo un gran aumento del desempleo, precarización del trabajo y la renta media de las familias de los trabajadores cayó, dejando a millones en el desaliento. 

En medio de esa barbarie social, Itaú-Unibanco, Bradesco y Santander tuvieron en 2017, lucro líquido de R$ 53,9 billones. Valor concentrado, fundamentalmente, por cuatro familias, libre de cualquier impuesto o contribución social. O sea, casi dos veces el valor del Bolsa Familia para todo el año 2018 que atendería a 39 millones de familias beneficiarias. 

Además de eso, está en curso en Brasil un proceso agresivo de transferencia de renta del Estado hacia sectores, por medio de exoneración de impuestos, de perdón de deudas y del sistema de deuda pública.  

El insaciable mercado muestra su voracidad infinita dictando reformas que aumentarán aún más sus escandalosos lucros, sin importarle la escalada de sufrimiento humano. 

El énfasis que se da al combate a la corrupción se disocia del enfrentamiento a las brutales desigualdades sociales. Florece un discurso que instrumentaliza esta lucha contra la corrupción, que se tornó mecanismo para subvertir la agenda pública nacional de la Constitución de 1988, cuyos objetivos fundamentales son: construir una sociedad libre, justa y solidaria, garantizar el desarrollo nacional, erradicar la pobreza y la marginalización y reducir las desigualdades sociales y regionales. 

En este cuadro, los dueños del poder hacen verdaderos malabarismos jurídicos y políticos con la intención de hacer perdurar en el tiempo el actual modelo: judicialización de la política y politización de la justicia cono notoria selectividad y persecución. El autoritarismo y la parcialidad de nuestro sistema judicial atropellan el Estado democrático de derecho. Ejemplo de eso es la sustitución de la voluntad popular por un proceso casuístico que encarceló al ex-presidente Lula e intenta inviabilizar su candidatura a la Presidencia de la República.

Las elecciones de 2018 serán una de las más decisivas de la historia brasilera, pues en ellas se enfrentarán proyectos de país y sociedad, representados por partidos y candidaturas a los Ejecutivos y a los Legislativos. Por un lado, estarán aquellos identificados con el actual gobierno buscando legitimarse, por el otro, aquellos genuinamente portadores de los anhelos más profundos del pueblo brasilero en su incansable saga por soberanía y derechos universalizados.

En esas elecciones, otro gran desafío para las fuerzas de la resistencia democrática y popular es enfrentar las candidaturas con fuerte contenido neofascista.

En este momento dramático, en que están en riesgo el presente y el futuro de nuestra nación, no podemos “lavarnos las manos”, omitirnos, ni buscar refugio en la neutralidad. 

El momento exige solidaridad con los empobrecidos, oprimidos y e marginalizados.

Por tanto, proponemos construir un programa que sea referencia y orientación para nuestra gente en las elecciones y que pueda movilizar la espiral de ciudadanía y de bien común. 

Entre esos puntos, las entidades firmantes proponen:

-Revocación de los cambios aprobados en la CLT (Consolidación de las Leyes del Trabajo) que retiran derechos de los trabajadores.

-Reversión de las privatizaciones ejecutadas y fortalecimiento de las empresas públicas. 

-Revocación de la Enmienda Constitucional 95, que congela las inversiones sociales por 20 años.

-Realización de una Auditoría Ciudadana de la Deuda Pública, que consume aproximadamente mitad de todo el presupuesto público brasilero.

-Realización de Reforma Tributaria que combata la desigualdad, tasando las grandes fortunas, las grandes herencias, los dividendos de las grandes empresas y del sistema financiero.  

-Reversión de las exoneraciones fiscales y del perdón de deudas y cobranza de los impuestos adeudados por grandes empresas. 

-Retomar los programas sociales en los moldes anteriores a 2016, reforzándolos y universalizándolos.

-Denuncia de la partidización y la selectividad del sistema judicial. 

-Respeto a la presunción de la inocencia y a la Constitución que garante que la prisión solamente debe ocurrir cuando todos los recursos necesarios e instancias se hayan agotado. 

-Movilizar la sociedad para una amplia Reforma del Estado, que estimule mecanismo de participación directa, promueva la democratización y la pluralidad de los medios de comunicación y garanta el pleno respeto a los derechos humanos.

-Implementación del derecho a la demarcación de tierras indígenas y quilombadas y realización de una reforma agraria amplia y popular, con incentivos a la producción agroecológica e agroforestal y la comercialización de alimentos saludables para toda la población brasilera. 

Cáritas Brasileira
Comissão Brasileira Justiça e Paz
Comissão Pastoral da Terra
Conferência dos Religiosos do Brasil
Conselho Indigenista Missionário
Conselho Nacional do Laicato do Brasil
Conselho Pastoral dos Pescadores
Fórum de Mudanças Climáticas e Justiça Social
Observatório Nacional de Justiça Socioambiental Luciano Mendes de Almeida (OLMA)
Pastoral Carcerária
Pastoral Operária
Serviço Pastoral do Migrante 

Notas 

1) Comunidades quilombadas o quilombolas, se refiere a diferentes situaciones, por ejemplo: donaciones de tierras realizadas a partir de la desegregación de monocultivos; compra de tierras por los propios moradores para liberarse de la esclavitud; tierras obtenidas a cambio de la prestación de servicios; o tierras ocupadas en el proceso de resistencia contra el sistema esclavista. En todos los casos, el territorio es la base de reproducción física, social, económica y cultural de la colectividad. En 2016 había más de tres mil comunidades en todo el país. (Redacción Correspondencia de Prensa)  
2) Coordinación de perfeccionamiento de personal de nivel superior (CAPES, por su sigla en portugués), organismo bajo la dirección del Ministerio de Educación. (Redacción Correspondencia de Prensa)


Neoindigenismo versus autonomías de los pueblos indígenas


Gilberto López y Rivas

Si la antropología, como ciencia, nace con el pecado original de estar estrechamente ligada al colonialismo, y a los esfuerzos por imponer en el ámbito mundial las relaciones capitalistas, la disciplina antropológica en México surge de su vínculo fundamental con el indigenismo. El indigenismo tiene sus orígenes en los años posteriores al movimiento armado revolucionario de 1910 a 1917, cuando la escuela mexicana de antropología, encabezada por Manuel Gamio, empieza a elaborar los contextos conceptuales que darían contenido a la política del Estado para con los pueblos indígenas.

A partir del primer Congreso Indigenista Interamericano que tiene lugar en Pátzcuaro, Michoacán, en abril de 1940, el indigenismo, particularmente integracionista, se extiende a escala latinoamericana a partir de su influencia en países como Perú, Ecuador, Guatemala y Bolivia, con la creación de institutos nacionales indigenistas, cuya función fue idear y poner en práctica la acción indigenista gubernamental. En rigor, el indigenismo trata de borrar las diversidades étnico-culturales e incorporar a los indígenas al mercado laboral, en el campo y en la ciudad.

Precisamente, una de las conquistas del movimiento indígena encabezado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Congreso Nacional Indígena ha sido identificar en el debate nacional la naturaleza paternalista, autoritaria y enajenante del indigenismo.

Antagónico a los autogobiernos de pueblos y comunidades, el indigenismo se desarrolla a partir de contradictorias y complementarias políticas desde los aparatos estatales y grupos dominantes nacionales y regionales que –de acuerdo a necesidades y coyunturas económicas y políticas– afirman un integracionismo asimilacionista de las entidades étnicas diferenciadas a la nacionalidad mexicana, o establecen un diferencialismo segregacionista, siendo ambas políticas, negadoras de las culturas y los pueblos indígenas.

La constatación de esta tesis en el movimiento indígena y la traición a los Acuerdos de San Andrés provocan una ruptura con el Estado mexicano que da cauce a procesos autonómicos de profundidad histórica, como los Municipios Rebeldes-Juntas de Buen Gobierno zapatistas, y experiencias muy diversas en Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Jalisco, Chihuahua, entre otras entidades. Con toda razón se consideró que, en el diálogo de San Andrés, habían tenido lugar los funerales del indigenismo. El reconocimiento a la libre determinación mediante la autonomía rompe con el cordón umbilical del indigenismo y con las políticas corporativas del régimen de partido de Estado que, por muchos años, sometieron política e ideológicamente a los pueblos originarios.

Los antropólogos contribuyen al desarrollo teórico y práctico de estas políticas, desde que Gamio definió a la antropología como la ciencia del buen gobierno, iniciándose una relación orgánica entre antropólogos y Estado mexicano cuya ruptura inicia con el movimiento estudiantil-popular de 1968, que creó las condiciones para que las corrientes críticas antropológicas se manifestaran y denunciarán los procesos etnocidas contenidos en el indigenismo, definido por el entrañable Rodolfo Stavenhagen como un “aparato de control burocrático y político de los pueblos indígenas por parte de las autoridades estatales… (y una) forma de recrear sistemas jerárquicos, autoritarios, estatificados de clientelismo”.
El desarrollo del indigenismo ha pasado por diversas fases y sus ideologías se adaptan y persisten en el tiempo; sin embargo, su especificidad es que se trata de una política de Estado criollo-mestizo para con los pueblos indígenas y, en consecuencia, en todas sus variantes, ha sido por naturaleza autoritario y jerárquico y constituye un sistema teórico-práctico que se impone a los pueblos desde aparatos burocráticos, como una fuerza objetivamente opresiva, manipuladora y disolvente. El indigenismo se caracteriza por el uso de una retórica de respeto a las lenguas y costumbres indígenas, con una práctica de destrucción de las estructuras étnicas de los pueblos indios.

Con el próximo Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) y sus 132 coordinaciones regionales, ahora, a cargo de integrantes de las propias etnias, los viejos fantasmas del indigenismo regresan como formas de mediación del apoyo asistencialista del Estado, impuestas desde arriba y desde fuera. Estas coordinaciones dividirán a los pueblos y difícilmente podrían apoyar las luchas autonómicas contra la recolonización de sus territorios por parte de las corporaciones capitalistas petroleras, mineras, eólicas, hídricas y turísticas, dado que jerárquicamente dependen de un organismo de gobierno.

¿Qué posición tomara el flamante INPI si tienen lugar movilizaciones en contra de los anunciados megaproyectos del nuevo gobierno? ¿Se escucharán las voces de los pueblos indígenas o se impondrá el neoindigenismo de Estado?

Desinflando la “burbuja biomédica”: causas y consecuencias. Apuntes para ministros novatos.


Abel Novoa

Supongo que en esto se diferencian los países hegemónicos de los que son meras colonias. Hablo naturalmente en el aspecto intelectual y social. Las colonias van a rebufo, llegan tarde, son incapaces de sacudirse el yugo de la inercia y, por supuesto, del poder económico. Los países hegemónicos establecen políticas a largo plazo, estrategias para seguir liderando el mundo, sobrevivir económicamente y mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos.

La Fundación Nesta acaba de publicar un impresionante informe en Reino Unido titulado “La burbuja biomédica: Por qué la investigación y la innovación en Reino Unido necesita una más amplia diversidad de prioridades, políticas, localizaciones y personas”

Lo firman dos prestigiosos académicos, investigadores y gestores de investigación. Richard Jones es profesor de Física en la Universidad de Sheffield y ha participado como asesor y gestor en múltiples proyectos y comisiones, además de tener una amplia experiencia como investigador en materiales y nanotecnologías aplicadas a la biomedicina. James Wilsdon es profesor de Política de Investigación y Director de Investigación e Innovación en la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Sheffield. Escribió The Metric Tide, una crítica a los sistemas de evaluación de la productividad de los investigadores.


http://chartsbin.com/view/e1h

Antes de describir la envergadura de este documento crítico es necesario recordar que el Reino Unido es el segundo país del mundo con más Premios Nobel en medicina y fisiología (29, tres veces más que Francia y el doble que Alemania, que son países de igual número de habitantes y semejante riqueza). Tiene dos de las mejores universidades del mundo, Oxford y Cambridge, y una estructura de investigación básica en biomedicina, poderosísima. Dos de las principales multinacionales farmacéuticas son británicas: AstraZeneca y GlaxoSmithKline.

El Reino Unido es el país de un genio como James Black, quien no solo desarrolló el betabloqueante propranolol para la empresa ICI en la década de 1960 y después la cimetidina para Glaxo, consiguiendo que Reino Unido dominara el mercado mundial farmacéutico en la década de los 80, sino que puso las bases del paradigma químico en el que se basó toda la innovación farmacológica en los siguientes 30 años en todo el mundo. Por ello se le dio el premio Nobel en 1988.

El Reino Unido fue el segundo líder mundial del Proyecto Genoma Humano tras EE.UU. y en sus laboratorios de investigación básica, sobre todo en el Laboratorio de Biología Molecular de la Universidad de Cambridge, se descubrieron mecanismos fisiológicos tan importantes para la terapéutica antiviral como la interferencia del ácido ribonucleico (ARN) (Andrew Fire y Craig Mello recibieron el Nobel en 2006). Venki Ramakrishnan, que compartió el Premio Nobel de Química 2009 con Thomas Steitz y Ada Yonath, desentrañó los detalles de cómo se construyen y cómo operan los ribosomas en el mismo laboratorio. Paul Nurse y Tim Hunt, del Imperial Cancer Research Fund, compartieron el Premio Nobel 2001 de medicina (con Leland Hartwell) por sus descubrimientos sobre el control del ciclo celular. En 2017 Richard Henderson, también de Cambridge, recibió el Nobel por el desarrollo de técnicas de microcopia (cryo-TEM.1)

En Aberdeen, Philip Cohen identificó las redes de señalización que controlan la respuesta inflamatoria del sistema inmune innato. Avances para la medicina regenerativa tan importantes como la posibilidad de reprogramación de las células madre se han producido en laboratorios británicos (lo que llevó a la concesión del Nobel de 2012 a John Gurdon y Shinya Yamanaka). O el descubrimiento de los mecanismos por los cuales las células recuperan el ADN dañado, tan importante para el desarrollo de algunos antineoplásicos como el olaparib de AstraZeneca (Tomas Lindahl, del Cancer Research en Clare Hall ganó el Nobel en 2015, compartido con Modrich y Sancar).

En 1975, César Milstein y Georges Köhler sentaron las bases, de nuevo en Cambridge, de una clase completamente nueva de medicamentos con su descubrimiento de un método para fabricar anticuerpos monoclonales (premio Nobel de medicina en 1984 junto con Niels Jerne). La primera gran empresa de biotecnología del Reino Unido, Celltech, se creó en 1980 para capitalizar el descubrimiento de los anticuerpos monoclonales, con una participación inicial del 44% en el gobierno del Reino Unido. Greg Winter, que “humanizó” los anticuerpos monoclonales, en 1989 fundó otra compañía de biotecnología –Cambridge Antibody Technology– que desarrolló el mítico Adalimumab (Humira).
En fin, esta larga introducción es para que los lectores sean conscientes de lo que implica la investigación biomédica básica y traslacional para el Reino Unido en términos no solo académicos y científicos sino también económicos y humanos, con su poder de atracción de los mejores investigadores de todo el mundo y las palancas industriales que existen. España no llega a ser ni un niño de teta en investigación biomédica básica y traslacional comparada con la madurez, tamaño y capacidad de retornos económicos que tiene el Reino Unido.

Pues bien, Richard Jones y James Wilsdon (en adelante JW) han justificado en este exhaustivo informe, glosado en un editorial del Lancet, por qué todo esto se acabó: la investigación biomédica es hoy en día una gran burbuja. JW dicen que el Reino Unido no puede seguir apostando por la investigación biomédica básica y traslacional porque es un desperdicio económico que es necesario redirigir: hay que pinchar una burbuja que está basada en gran medida en la corrupción del sistema científico y el fracaso del paradigma farmacológico dominante.

Según JW todo el sistema se haya dominado por unos vectores comerciales, académicos, industriales, políticos, clínicos y sociales que están contribuyendo a la sobrevaloración de la investigación biomédica en términos de riqueza económica, salud y progreso social, produciéndose una burbuja que, en Reino Unido, al parecer, están intentando desinflar.

Este informe, y el editorial del Lancet, tiene gran importancia para un país sin investigación básica biomédica competitiva como España: no hay que seguir apostando por ella si en Reino Unido están levantando el pie del acelerador. Además, debe ser un toque de atención para aquellos todavía deslumbrados por la innovación biomédica: es un bluff que nos está costando muy caro y está evitando que podamos dedicar esfuerzos a otras áreas de investigación y desarrollo con mayor capacidad para generar retornos, bienestar y salud.

Los autores aplican la metáfora de la burbuja a la investigación biomédica en varios sentidos:

+hay una “burbuja especulativa”, por la sobrevaloración artificial de muchos productos farmacéuticos;

+hay una “burbuja epistémica”, por una asistencia y una investigación “farmacologizadas” que actúan como tractoras de los gigantescos presupuestos públicos y privados sin ánimo de lucro que el Reino Unido ha dedicado al sector (ver imagen arriba);

+una “burbuja valorativa”, porque se sobreestima la aportación a la salud de los medicamentos;

+hay una “burbuja social”, ya que se crean “redes de refuerzo y circuitos de retroalimentación más allá de cualquier racionalidad costo-beneficio”;



+y hay una “burbuja de atención”, ya que se excluye espacio político, público y de inversión para cualquier apoyo a alternativas.

¿Qué argumentos utilizan estos dos científicos para determinar que existe una burbuja, es decir, que la investigación biomédica está sobredimensionada y sobrevalorada en un país con 29 premios Nobel, dos de las mejores universidades del mundo, dos de las multinacionales farmacéuticas más poderosas y un secor que da empleo a más de 3 millones de personas y supone un porcentaje importante de su PIB? Porque hace falta valor y, sobre todo, madurez cívica para escribir esto. En España, con una investigación biomédica bastante mediocre, se estarían comiendo a los autores por los pies y acusándoles de magufos y anticientíficos 

Análisis de la burbuja biomédica

(1) Hay un grave desacoplamiento entre la inversión actual en investigación y las necesidades en salud de las personas

El informe cita el archiconocido artículo de Chalmers y Glasziu del Lancet donde señalaban que el 85% de toda la investigación biomédica está siendo desperdiciada.



https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3106713

También citan un trabajo que señala un desacoplamiento a nivel mundial entre las necesidades en salud y la producción científica (es especialmente relevante la inflación científica en áreas como el cáncer, las enfermedades genitourinarias, las neurológicas y las dermatológicas)

Los autores concluyen:
“Es difícil oponerse a más investigación en salud. Pero los recursos son limitados. Las políticas públicas tienen que considerar los costos de oportunidad de las inversiones no realizadas, así como los resultados de las inversiones que se realizan, y concentrar los esfuerzo donde se consiguen más beneficios”

Y se preguntan:
“Si el objetivo es mejorar los resultados generales de salud de nuestros ciudadanos, ¿cuál es el equilibrio entre la ciencia biomédica que actualmente domina los presupuestos y otros enfoques?”

Su respuesta es que hoy en día los objetivos de investigación son marcados por las empresas farmacéuticas y no coinciden con las necesidades sociales:

…los esfuerzos de investigación de la industria farmacéutica están en gran parte dirigidos por las condiciones económicas y de mercado que obviamente no se ajustan a los objetivos sociales. Más en general, un enfoque en encontrar nuevos medicamentos puede cegarnos o distraernos de la posibilidad de intervenciones más rentables.”

¿No hacen falta más medicamentos?

(2) No hacen falta más medicamentos sino invertir en mejorar los cuidados y atender los determinantes sociales de la salud

El Informe repasa, someramente, las evidencias que hablan de otros condicionantes distintos a la atención sanitaria farmacológica y tecnológica como determinantes de la salud. Por ejemplo, los aspectos sociales, nutricionales o de salud pública. También, condicionantes como la variabilidad de la atención o las inequidades en salud deben ser atendidos por la investigación. O temas tan relegados como los cuidados, sobre todo para enfermedades como la demencia, ante la que la biomedicina está dando respuestas tan deficientes, o la calidad de vida de las personas enfermas. Los autores escriben:

“La investigación sugiere que tan solo 10 por ciento de los resultados de salud de la población están determinados por el acceso a la atención médica: la política o factores sociales, económicos, ambientales y culturales pueden ser mucho más significativos. Esto sugiere que los problemas de salud pública que subyacen a estos factores necesitan recibir mucha más atención de lo que lo hacen actualmente.”

Todos estos aspectos están casi olvidados en las agendas de investigación debido a la preeminencia de los medicamentos. Pero desde el punto de vista de la efectividad, dice el Informe, esta hegemonía del fármaco no está justificada.

(3) Las políticas públicas de apoyo industrial a las empresas farmacéuticas son ineficientes

El Informe se muestra crítico con las estrategias políticas que siguen dando preeminencia a las ayudas a la industria farmacéutica.

¡Atención políticos españoles!

En un país con dos de las más importantes multinacionales del mundo los expertos piensan que hay que dejar de privilegiar las políticas públicas de apoyo a este sector industrial. Y allí se investiga de verdad.

En nuestro país los políticos siguen con una actitud servil cuando llama a la puerta una multinacional prometiendo más inversión en I+D, es decir, más ensayos clínicos en los hospitales públicos (nada de investigación básica o traslacional: esa se queda en Cambridge).

De hecho, la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos (CIPM) del Ministerio de Sanidad que evalúa los fármacos y su precio antes de su comercialización es España puntúa este apartado: si la empresa demuestra una inversión mínima en I+D en España entonces el sistema nacional le pone más precio al medicamento. Así.

Los autores del informe británico reclaman más atención para otros sectores económicos como la asistencia social:
“¿Tenemos el equilibrio correcto entre el apoyo a la industria farmacéutica y de biotecnología y fomentar la innovación y la productividad en sectores más amplios relacionados con la salud como la asistencia social? Nuestra opinión es que esta pregunta aún no ha sido claramente planteada y mucho menos respondida.”

Este es un claro aviso a navegantes: para mejorar la salud mediante estrategias industriales y de fomento, “menos farma y más servicios”. Pues tranquilidad con las farmacéuticas la próxima vez que llamen a su puerta Sra. Ministra de Sanidad y Sr. Ministro de Ciencia. Son fanfarrones con pies de arena y han comenzado a moverles el suelo en uno de sus países maternos.



(4) El modelo de negocio de la industria farmacéutica está roto

La industria cada vez tiene menos productividad en su inversión: gasta mucho dinero en producir nuevos fármacos, muchos fallan y los que finalmente introduce en el mercado son bastante malos. Por eso la industria está tan desesperada; es un animal herido a la que solo le quedan las estrategias comerciales (que como sabemos están basadas en la investigación comercial sesgada, la publicidad engañosa y la compra de voluntades) para seguir colocando sus productos en el mercado.

Esta disminución de la productividad es debida a dos razones muy importantes y que son destacadas en el informe:
a) Error en el enfoque metodológico: el modelo clásico ha consistido en la creación de conocimiento básico en biología celular y genómica que después se traduce en el descubrimiento de nuevos medicamentos. Este es un modelo defectuoso; es el modelo de la “bala mágica” (un fármaco para cada enfermedad) que choca con la complejidad de los fenómenos biológicos.

b) Avances cada vez más residuales: los autores lo resumen en la frase “ya hemos recogido toda la fruta fácil de alcanzar”. Esta frase describe varios problemas:

+ El problema ‘Mejor que los Beatles’: Un medicamento nuevo tiene que ser mucho mejor que los medicamentos existentes (los genéricos cuestan muy poco). El repertorio creciente de medicamentos existentes (muchos ya genéricos) reduce el valor potencial de las drogas no descubiertas hasta el punto de que no vale la pena gastar dinero para desarrollarlos. Esto explica, por ejemplo, el bajo nivel de inversión en hipertensión, a pesar de su importancia clínica. Las nuevas medicinas tendrían que desplazar a los genéricos existentes, que son muy baratos y generalmente efectivos.

+ ¿Hemos curado todas las enfermedades fáciles? Hay un argumento que defiende que ya hemos curado todas las enfermedades para las cuales teníamos buenos patrones de detección y tratamiento. Hemos hecho un buen progreso con enfermedades basadas en defectos genéticos únicos. Pero para muchas enfermedades multifactoriales, como la mayoría de los cánceres sólidos y las enfermedades neurológicas como el Alzheimer, el progreso ha sido lento o inexistente.

+ Los medicamentos no funcionan. Tal vez la conclusión más trascendente del informe es que la suposición de que hay un medicamento para curar todas las enfermedades, incluso si aún no se ha descubierto, es incorrecta. Esta cierta visión pesimista acaba con la antigua idea del diseño racional de medicamentos que, es posible, haya dado de sí todo lo que tenía que dar.

El problema es grave: el 81% de los candidatos a medicamentos fallan, la mayoría en la fase III. Los nuevos medicamentos sencillamente no funcionan y, si finalmente son aprobados, lo hacen bajo unas condiciones de fragilidad científica cada vez más cuestionadas (de hecho, la industria no atrae precisamente las simpatías ni de ciudadanos ni de profesionales clínicos: en Reino Unido menos de uno de cada cinco ciudadanos piensa que la industria es confiable o que tiene elevados estándares éticos; el 67 % cree que los ensayos clínicos financiados por la industria están sesgados; un 82% de médicos generales también piensa que los ensayos clínicos financiados por la industria son parciales)
Esta crisis de innovación y confianza social está siendo acusada por el sector farmacéutico que, por ejemplo, en Reino Unido, ha perdido un 20% de inversión por parte de los mercados desde 2011 (ver tabla):



“La industria farmacéutica está en serios problemas. Nuestra apuesta política por la investigación biomédica depende en gran medida de la industria farmacéutica para poder traducir sus resultados en beneficios clínicos. Pero la capacidad de la industria para cumplir con estos objetivos es cada vez más dudosa.”

(5) Existe una importante pérdida de credibilidad de la ciencia biomédica

Este es otro de los argumentos fuerza del informe. La ciencia biomédica no es creíble porque muchos de sus mecanismos de auto-regulación no funcionan y sus organismos de producción apuestan por el low-cost.

a) Problemas de reproducibilidad: la ciencia avanza más rápidamente cuando los investigadores pueden probar y verificar los resultados de los demás y no desperdician esfuerzos en pistas falsas. En la última década, ha crecido la preocupación por la gran cantidad de investigaciones que no se puede reproducir. Este problema es generalizado, pero es particularmente visible en la ciencia biomédica.

Hay seis prácticas que contribuyen a la irreproducibilidad: p-hacking (o “torturar la p”), omisión de resultados negativos (sesgo de publicación), estudios con poca potencia, errores técnicos, métodos de baja especificación y diseños experimentales débiles.

Los autores piensan que la crisis de reproducibilidad está haciendo daño a la innovación farmacéutica y podría explicar en parte su baja productividad. Las soluciones hasta ahora propuestas no están consiguiendo grandes cambios.

b) Problemas de las estructuras de incentivos y recompensas a los investigadores

El sistema actual de incentivos y recompensas a los investigadores está desalineado con las necesidades de la sociedad y desconectado de la evidencia sobre las causas de la crisis de reproducibilidad. Para la mayoría de los investigadores mantener fuentes de financiación depende de poder demostrar un flujo regular de resultados exitosos, a pesar de que la investigación solo puede evaluarse en el medio y largo plazo. A falta de mejor información, los financiadores, las instituciones y los legisladores a menudo buscan métricas disponibles pero inadecuadas: el factor de impacto de una revista en la que se publica una investigación o el historial previo de un solicitante de fondos, son usados como aproximaciones de la calidad de la investigación y su potencial futuro. Estos incentivos alientan a los científicos a buscar el “éxito a corto plazo”.

c) Excesivo número de investigadores 

Todo el sistema funciona bajo una premisa falsa: la innovación biomédica va ser capaz de expandir el mercado constantemente. Según los autores esto ha creado una inflación de investigadores (hay tantos que la mayoría tiene trabajos muy precarios) y de instituciones de investigación que pelean por la financiación en una atmósfera hipercompetitiva, imponiendo continuas restricciones presupuestarias para mejorar la eficiencia. El sistema biomédico se ha vuelto extremadamente ineficiente y está asumiendo las premisas del low cost lo cual va claramente contra la fiabilidad de sus resultados. 
d) Problemas de sostenibilidad financiera de las instituciones de investigación

Además de las demandas competitivas que impone a los investigadores, el tamaño y la escala de las instituciones de investigación que han crecido bajo la premisa de la expansión sin límites ahora es insostenible. Son los problemas que tienen las burbujas. 

Propuestas de soluciones

(1) Participación ciudadana en el establecimiento de las agendas de investigación públicas, advirtiendo del peligro del sesgo de los expertos

(2) Redirigir fondos hasta ahora dedicados a la investigación biomédica básica y traslacional con el sesgo farmacológico hacia la generación de conocimiento para mejorar la atención sanitaria, especialmente ante el reto del envejecimiento, y determinar las mejores vías para que los aspectos sociales impacten en el bienestar y la salud de las comunidades:
“La innovación en salud en el futuro vendrá tanto del ámbito de las ciencias físicas lo físico, lo digital, lo social y lo ambiental como de lo biomédico”

(3) Aceptar que un fuerte sector farmacéutico es importante para la economía del Reino Unido, pero va en contra de las necesidades reales del país y sus prioridades en salud.

Curiosamente en este aspecto todas las esperanzas de los autores están en que no sea posible reformar el irracional sistema norteamericano de precios de medicamentos, su principal mercado. Asumen que gran parte de estos fármacos no se venderán en el Reino Unido gracias a su NICE.

Mientras haya americanos pagando tantos dólares por esta porquería de ciencia habrá negocio, vienen a decir. Para tranquilizarlos hemos de decir que, no se preocupen, que también habrá españoles comprando sus moléculas basura.

(4) Apostar por la innovación en la atención sanitaria y social:
“Cada vez más, la innovación que importa no será biomédica: será digital, física, social, ambiental y conductual.”

Habrá nuevos dispositivos y tecnologías digitales que obligarán a reorganizar la atención sanitaria y social.

La clave de esta estrategia industrial debe ser el uso del poder adquisitivo de los sistemas públicos de salud para crear y nutrir mercados que impulsen el desarrollo de estos nuevos productos, sistemas y servicios. Esto implica la necesidad de claridad sobre el impacto que se está buscando y logrando, la evidencia que se necesita y transparencia en la toma de decisiones.

El poder, para el sistema de salud y el sistema social:
“Los “dueños de los problemas” son el NHS y las autoridades locales responsables de la asistencia social. La selección del problema a solucionar mediante innovación debe venir de clínicos, grupos de pacientes y cuidadores. Las empresas son importantes, tanto como potenciales proveedores de soluciones como de beneficiarios de nuevas oportunidades de negocio que las innovaciones deberían generar, pero no pueden señalar los problemas que son relevantes, como tampoco lo pueden hacer los investigadores académicos.”

Apuntes para ministros novatos

No nos atrevemos a dar consejos, pero sí a hacer unos apuntes / reflexiones para los ministros recientemente nombrados:

(1) La investigación biomédica ya no mejora la salud: que la investigación mejoraba la salud era el mantra de la industria y de las políticas de apoyo a las farmacéuticas. Pues este informe lo desmiente. Hoy por hoy nos encontramos ante los límites epistémicos, sociales e industriales del paradigma biomédico de investigación centrado en los fármacos y la tecnología. No da más de sí. A otra cosa por favor.

(2) La innovación debe centrarse en las necesidades de los profesionales asistenciales (sanitarios y sociales) y las personas. El reto es cómo mejorar la atención sanitaria y social mediante estrategias no farmacológicas o tecnológicas sino educativas, sociales, medioambientales, nutricionales, laborales, residenciales, etc. 

(3) Si tienes un sector biomédico flojito, como tenemos en España, no te empeñes en potenciarlo (tampoco sabotearlo, por supuesto): es tirar el dinero e impedir utilizarlo en investigación e innovación dirigida a la asistencia y los determinantes sociales

(4) Hacer muchos ensayos clínicos no es hacer investigación sino alquilar a bajo precio nuestros hospitales y pagar a clínicos para que convenzan a sus enfermos para que participen de manera altruista en investigaciones con ánimo de lucro que pueden o no ser publicadas (según salgan los resultados, oiga)

(5) Es estúpido financiar públicamente todo nuevo fármaco introducido en el mercado. Las actuales condiciones de la investigación biomédica y clínica y el elevado nivel de corrupción institucional de agencias reguladoras y sociedades científicas hacen que, cuanto más apoyado este por los expertos más probable es que un nuevo producto sea caro, inútil y peligroso. Si hay mucha presión Ministra, es que no vale. Los fármacos buenos no necesitan lobbies.

(6) La industria farmacéutica está desesperada y cada vez más basa sus ventas en la distorsión de la ciencia y la corrupción institucional. Los profesionales sanitarios y sus instituciones profesionales y científicas no pueden seguir apoyando e ignorando una burbuja biomédica que va contra la salud y los presupuestos públicos. Es necesaria una revolución cívica o democrática entre los profesionales sanitarios y sus instituciones para colaborar en el establecimiento de otra agenda para el sistema.

(7) Hay que hablar claro a los ciudadanos y para eso se necesita la colaboración de profesionales, académicos, políticos y organizaciones civiles. Hay que desinflar la burbuja biomédica porque es un bluff basado en mala ciencia y en corrupción institucional y porque se está llevando por delante la posibilidad de invertir la riqueza del país en las cosas que verdaderamente pueden hacer mejorar las vidas de las personas: mejor asistencia (sanitaria y social) y avances en los determinantes sociales de la salud (educación, medio ambiente, pobreza, trabajo, viviendas, nutrición, cultura, etc.)


Abel Novoa es presidente de NoGracias  


Anarquía al volante: ¡vamos de mal en peor!


Jorge L. Prosperi
www.elblogdejorgeprosperi.com / 08-08-18

Luego de más de tres años de estar escribiendo sobre el tema de la seguridad vial y la anarquía al volante en nuestras calles, observo con tristeza que “vamos de mal en peor”. Sigue imperando la ley del más fuerte, la desconsideración, la irresponsabilidad, el juega vivo impune que nos caracteriza a la mayoría de los panameños en nuestro quehacer cotidiano. Y también persiste la muy limitada presencia de las autoridades de policía, quienes en su mayoría optan por no detener a los infractores y ponerles su merecida boleta, pues no hay suficientes efectivos de la policía, y si se interrumpen para discutir con cualquier conductor, se forma el despelote en el semáforo o donde sea que estén parados. Tampoco parece que las autoridades de salud hayan tomado conciencia efectiva de este grave problema que muestra una clara tendencia al ascenso y provoca más de 15,000 heridos y más de 400 vidas cada año.

Situación nacional

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censo, durante el año 2017 se registraron 56,847 accidentes de tránsito, provocando 16,273 heridos y 422 defunciones. El 94.3% de los accidentes de tránsito fueron colisiones, seguido de los atropellos y los vuelcos que representaron el 5%. La mayor parte de estos ocurrió entre viernes y lunes. Por tal razón, los días con mayor riesgo de suceder un accidente fatal son los fines de semana, especialmente los viernes. Todos los accidentes muestran una clara tendencia al aumento.


Con respecto a las víctimas, las cifras registraron un total de 16,273 de heridos (¡37 por día!), de los cuales 12,581 correspondieron a colisiones, 1,447 a atropellos y 1,469 a vuelcos. En este caso las cifras también evidencian una clara tendencia al aumento.



En el período comprendido entre 2012 al 2017 un total de 2,533 personas perdieron la vida en un accidente de tránsito (¡una persona fallecida cada día!). El 44% correspondieron a atropellos, 43% a colisiones y 13% a vuelcos. Estas cifras, que también muestran una tendencia al aumento, son el más descarnado reflejo de la anarquía en la calle de nuestra ciudad. De hecho, a excepción de los domingos, no hay un día ni una hora, en la cual no estemos en riesgo de ser atropellados o participar en una colisión.



A pesar de las leyes y reglamentos, siguen siendo las principales causas de accidentes y muertes: el exceso de velocidad, las distracciones como chatear frente al volante, el estrés cotidiano, manejar bajo los efectos del alcohol, la impericia y el incumplimiento de los reglamentos de tránsito, como el no usar el cinturón de seguridad o, en el caso de los motociclistas, no usar casco. Muy preocupante es el hecho de que el año pasado, las muertes por atropello y fuga se incrementaron en el país un 20 por ciento, lo que implica, además de lo anterior, una falta de solidaridad y humanidad. Esta situación constituye un grave problema que es prevenible y debe evitarse. Estamos obligados, sociedad y gobierno a tomar conciencia y detener esta espiral de sufrimiento nacional.

En el mismo período la cantidad de vehículos en circulación registrados en la república pasó de 616,854 a 900,000, lo cual implica casi un millón de conductores cuya capacidad, responsabilidad, pericia, educación, y solidaridad humana debe ser garantizada por ellos mismos recuperando los valores cívicos, éticos y morales que hemos perdido. Y por las autoridades nacionales, exigiendo el cumplimiento de todos los requisitos para la circulación de vehículos en excelente estado y para obtener una licencia de conducir, sin contribuir a la anarquía al volante.



Finalmente, es importante subrayar que de acuerdo al Plan Nacional Para el Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2011-2020 de la República de Panamá, los costos de la atención de un paciente proveniente de un accidente de tránsito (heridos) le cuesta al Estado Panameño aproximadamente 9,800 balboas y un tiempo promedio de recuperación de 43 días. Por lo tanto, la atención de 15,000 heridos anuales nos cuesta alrededor de 150 millones de balboas anuales. Eso sin contar los gastos de las familias, el costo de 43 días de recuperación y el costo de las reparaciones y pagos de seguros de los vehículos accidentados.

¿Existe anarquía al volante en América Latina y el Caribe?

De acuerdo con el informe de la OPS titulado La seguridad vial en la Región de las Américas, “los traumatismos causados por el tránsito en la región de las Américas se cobran la vida de unas 154.089 personas al año y representan un 12% de las muertes ocasionadas por el tránsito a escala mundial. La legislación es fundamental para las iniciativas destinadas a mejorar el comportamiento de los usuarios de las vías de tránsito y disminuir el número de víctimas. La mayoría de los países de la Región tienen que aprobar leyes más estrictas para abordar los factores de riesgo y los de protección relacionados con la seguridad vial, a fin de armonizarlas con las mejores prácticas internacionales”.

El informe, cuya lectura completa recomiendo, presenta información actual de seguridad vial de 31 Estados miembros (Panamá entre ellos). Incluye la tasa regional, así como información específica por país sobre el manejo de la seguridad vial. El documento también proporciona un análisis legislativo de los factores prioritarios: “conducción bajo los efectos del alcohol, velocidad, uso del casco, uso de cinturón de seguridad y sistema de retención infantil”.

Datos más relevantes que nos proporciona el documento para ALC, complementado con comentarios sobre nuestra situación.

La tasa de mortalidad debida al tránsito en toda la región es de 15,9 por 100.000 habitantes, cifra inferior a la tasa mundial de 17,4. Sin embargo, tras este promedio regional se ocultan marcadas diferencias de un país a otro, ya que las tasas nacionales varían mucho, desde una cifra baja (6,0) en el Canadá a una muy alta (29,3) en la República Dominicana. En Panamá fue de 10.55 en 2017.

Del total de defunciones ocasionadas por el tránsito en la región, un 45% correspondió a peatones, ciclistas y motociclistas, considerados como usuarios vulnerables de las vías de tránsito. Las defunciones de motociclistas aumentaron en 5% entre el 2010 (15%) y el 2013 (20%), lo que destaca la necesidad de proteger aún más a estos usuarios de las vías de tránsito. Similar situación a la nacional.

La legislación es fundamental para las iniciativas destinadas a mejorar el comportamiento de los usuarios de las vías de tránsito y disminuir el número de víctimas. La mayoría de los países de la región tienen que aprobar leyes más estrictas para abordar los factores de riesgo y los de protección relacionados con la seguridad vial, a fin de armonizarlas con las mejores prácticas internacionales.

La legislación en materia de seguridad vial es eficaz solo cuando se acompaña del cumplimiento eficaz; de acuerdo con los informes presentados por los países, es necesario mejorar el cumplimiento de estas leyes. Aquí tenemos leyes, pero muchas no se aplican igual para todos, pues, como es del dominio público, nuestra justicia además de ciega es muchas veces selectiva.

Las normas relativas a los vehículos representan una parte importante de la seguridad vial. Sin embargo, actualmente solo siete de los países de la región aplican alguna de las siete normas internacionales prioritarias sobre la seguridad de los vehículos recomendadas por las Naciones Unidas y ninguno aplica las siete. En el país circulan muchos vehículos en mal estado, ya sea particulares, taxis y buses piratas. Eso sí, todos con su revisado del año.

Doce países (39%) informan de que disponen de políticas nacionales para separar a los usuarios vulnerables de las vías de tránsito de gran velocidad. Hacen falta pasos peatonales y policías que hagan cumplir la

Dieciséis países han aprobado políticas que incentivan a las personas a caminar o andar en bicicleta. Estas políticas pueden aportar otros beneficios para la salud y son compatibles con las actividades destinadas a luchar contra la obesidad y reducir las enfermedades no transmisibles, como las cardiopatías y la diabetes. No existe tal política, mucho menos los espacios apropiados para ir en bicicleta. Es un riesgo que pone en peligro la vida de los ciclistas.

El mejoramiento de la infraestructura de las vías de tránsito es un mecanismo eficaz para reducir los traumatismos causados por el tránsito; 23 países exigen inspecciones para verificar la seguridad de las vías de tránsito nuevas y 20 evalúan regularmente las vías existentes. Sim comentarios…

Ciertas medidas, como poner a disposición un número centralizado de acceso para situaciones de emergencia, pueden mejorar la atención médica recibida tras una colisión y ayudar a reducir el número de muertes y traumatismos causados por el tránsito. Actualmente, 25 países de la región han establecido un número de acceso para situaciones de emergencia. Sin comentarios…

Las muertes causadas por el tránsito han aumentado levemente en la región. Los países tienen que acelerar el ritmo de aplicación de medidas eficaces de seguridad vial para lograr el objetivo de desarrollo sostenible adoptado recientemente en materia de seguridad vial, a saber, reducir a la mitad las muertes y los traumatismos causados por el tránsito a nivel mundial para el 2020. Sin comentarios…

Y eso es todo, como he señalado en casi todas mis publicaciones previas, reitero ahora que, los panameños tenemos que comprometernos con revertir esta tendencia, comenzando por la recuperación de nuestros valores cívicos y morales, y cuando nos subamos a un vehículo o seamos peatones; tomemos conciencia de los factores de riesgo que influyen en la posibilidad de un accidente y en la gravedad del mismo. Cumplamos con las leyes y normativas de tránsito, y seamos responsables, cuidándonos y protegiendo las vidas de los demás conductores y peatones.

Por su parte el gobierno debe honrar su compromiso, desarrollar una política real de prevención vial y fortalecer el la aplicación efectiva de las intervenciones propuestas en nuestro Plan Nacional para el Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2011-2020, el cual lanzamos con bombos y platillos, confirmando nuestro compromiso nacional con el Plan Mundial de Naciones Unidas para el Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2011-2020.

El desarrollo exitoso del plan requiere que gobierno y sociedad construyamos una cultura de trabajo intersectorial, para que la participación de los sectores gubernamental, la sociedad civil y privado se consolide y profundice.

Nos toca a los panameños superar la anarquía al volante y cuidar nuestras vidas en las carreteras, ¡Hagámoslo!