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¿Por qué Arabia Saudí utiliza el yihadismo terrorista en Europa?

Nazanin Armanian
www.publico.es / 070917

En una escena de El Padrino (1972), el director de cine que se había negado a dar un papel a un miembro de la familia de Don Corleone, se rinde tras recibir un contundente “mensaje”: la cabeza cortada de su caballo amado Khartom en su cama.

Así resuelven sus desavenencias las “familias” que nos gobiernan en medio mundo: Según The Guardian del 15 de febrero de 2008, Bandar Bin Sultán, jefe de la inteligencia saudita, había amenazado al gobierno de Tony Blair de sufrir “otro 7/7”, si no se detenía la investigación sobre la corrupción en sus acuerdos de armas, en los que el saudí había recibido unos 1.000 millones de libras en pagos secretos de BAE Systems, una de las mayores contratistas militar del mundo.

En junio pasado, la Premier Theresa May impidió la publicación del informe de la inteligencia británica sobre la financiación de la extrema derecha sunita por Arabia Saudi. ¿Qué es lo que vale más para el poder que la vida de los ciudadanos?

Bandar también amenazó a Vladimir Putin en 2013 a lanzar ataques terroristas en Rusia, utilizando a los chechenos, para destruir los Juegos Olímpicos de Sochi del febrero del 2014, si Moscú seguía apoyando en Siria a Bashar al Asad, el aliado de Irán. Putin se negó y una bomba mató a 15 personas en la estación de trenes de Volgogrado en diciembre de 2013.

Algún día sabremos quienes eran los autores intelectuales de los atentados de España o Francia y qué pretendían, aparte de provocar odio entre los nativos e inmigrantes, militarizar la sociedad, o arrebatar los derechos y libertades conseguidas durante siglos de lucha.

La verdad, la primera víctima de la guerra

La guerra global contra el terror ha sido una criminal farsa geopolítica organizada por Estados que utilizan el terror y hacen de bombero pirómano: ¿Por qué después de 15 años, la CIA afirma que fue el gobierno de Arabia Saudí el responsable de los atentados
del 11S que no el grupúsculo de Bin Laden? La OTAN no se equivocó de país: años antes había preparado la ocupación de Afganistán, el país más estratégico del mundo. ¿Y qué había detrás del atentado del 2015 de París, el de Boston, o el que dio pretexto a la agresión israelí a Gaza en 2014?

“Pretenden destruir nuestra civilización” es la frase que repiten los líderes occidentales ante los atentados de bandera islámica en sus países. Frase hueca que revela la hipocresía de dichos estados –pues matan a mayor cantidad de civiles inocentes de “otras civilizaciones” en un solo bombardeo en Libia, Irak, Afganistán, Libia, Yemen, Mali o Siria-, y también pone en evidencia su fingida ignorancia acerca de la naturaleza de este fenómeno.

Las consignas como “no tengo miedo” coreada tras los atentados en Cataluña minimizan la extrema gravedad de la situación a la que desafía con esta ingenuidad, y a la que pretenden neutralizar con “la vuelta a la normalidad”. Pues, hay que tener miedo, este mecanismo imprescindible en los seres vivos para seguir viviendo.

No estamos frente a lobos solitarios o pandillas de desagradecidos fanáticos, nihilistas e inadaptados, ni de jóvenes que así se vengan por sufrir la exclusión social.

Estamos ante una organización militar privada al estilo de “Camisas Pardas” y de naturaleza fascista, protegida por poderosos estados y que desde hace cuatro décadas está desmontando estados enteros, destrozando decenas de millones de vidas y avanza sin parar. Es así como Barak Obama vetó la ley que permite a las familias de cerca de 3.000 ciudadanos de su país asesinados en 11S denunciar a los verdugos.

Los objetivos de Arabia Saudí

La Casa Saud ha recurrido al terrorismo religioso por los siguientes motivos:

1. Contribuir a los proyectos de EEUU en el marco de la lucha contra el comunismo, y fue cuando Washington trasladó el modelo de los escuadrones de la muerte, los Batallones de Reacción Inmediata y la Contra nicaragüense de América Latina a las fronteras de la Unión Soviética:

En 1978-79 Jimmy Carter apostó por la extrema derecha religiosa en cuatro escenarios: en Afganistán creó el “yihadismo” con el dinero saudí, para derrocar al gobierno marxista de Afganistán y desestabilizar la URSS; en Irán facilitó (en colaboración con el presidente francés Giscard d’Estaing que acogió a Jomeini) la instalación de una teocracia chiita anti-comunista; en la Polonia socialista apadrinó al ultra-católico Lech Walesaj, y en Vaticano elevó al cardenal eslavo Karol Wojtyła, para desestabilizar los países “cristianos” del espacio soviético, y acabar con la Teología Cristiana de Liberación[C1] .

Desde la fundación de la URSS en 1917 y la aparición de los partidos comunistas en los países musulmanes, la élite clerical chiita y sunnita, temerosa a perder su poder político-social y propiedades, ya cooperaba con el “imperialismo cristiano” contra los ateos marxistas. Afganistán fue el segundo país “musulmán” gobernado por los comunistas; el primero se instauró en 1967 en la mismísima península arábiga: la República Popular de Yemen. Luego, en 1991, Arabia participó con sus miles de ”yihadistas” en la desintegración de Yugoslavia.

El actual rey de Arabia y el entonces alcalde de Riad, Salman bin Abdulaziz les enviaba a través del Alto Comité Saudí para el Auxilio de Bosnia y Herzegovina (SHCR), introduciendo el wahabismo en los Balcanes. SHCR construyó mezquitas y escuelas y ayudó sólo a las familias musulmanas. Tras finalizar la guerra, EEUU convirtió Kosovo en una gran base militar (Camp Bondsteel) con un mini Guantánamo incluido. Kosovo “por casualidad” es otra cantera del Estado Islámico: Blerim Heta, el kosovar que el 24 de marzo de 2014 mató en un atentado a 52 chiitas, trabajó en esta base.

2. Contener a Irán: Richard Dearlove, ex director del MI6, recuerda que antes del 11S, su homólogo saudí, Bandar bin Sultán, le había dicho: “No falta mucho para que en Oriente Próximo los chiitas tengan que pedir ayuda a Dios. Más de mil millones de suníes están hartos de ellos”. A pesar de que los chiitas son sólo el 15% de los musulmanes del mundo, el impacto de la caída del Sha en Irán y la instalación de la República Islámica sobre Arabia Saudita fue múltiple, y muy preocupante para los jeques, porque:

La revolución iraní había derrocado a una de las monarquías más poderosa y antiguas del mundo, implantando una república. Antes de Irán, Afganistán (1973), Libia (1969), Yemen (1962), Irak (1958) y Egipto (1952) acabaron con la monarquía y la Casa Saud temía el efecto mariposa de la republica iraní, y eso a pesar de que ha sido un califato disfrazado de república, y la pérdida de su estatus: ya había alternativa a una teocracia monárquica. Que en Irán existiesen elecciones, mujeres universitarias, un buen cine, etc. fortalecía esta idea, aunque pocos sabían que: en Irán hay un poderoso movimiento feminista desde el 1920 que consiguió en 1935 ser el primer país del mundo en prohibir el velo; y tenía en 1964, mujeres parlamentarias y una ministra, o que los comunistas, muy poderosos, tenían un ministro en 1923. Al ser una sociedad avanzada, sus fundamentalistas también son menos fanáticos que los de Arabia. Por todo ello, le resultará más difícil a los Saud luchar contra el chiismo iraní que contra el nacionalismo árabe o el socialismo.

Los Saud pierden su monopolio del liderazgo sobre la umma «la comunidad musulmana» incluida la sunnita, ya que los ayatolás presentaban su invento como una república “islámica” que no “chiita” y tachaban a los saudíes de “infieles”, “peones de Israel y de EEUU”, “corruptos y criminales”. Jomeini se convirtió, para millones de “musulmanes sunnitas” (palestinos y libaneses sobre todo) en su héroe. Que la teocracia chiita naciera (de forma anti-natural) de una gran revolución popular anti estadounidense, otorgaba mayor legitimidad a las posturas anti-saudíes de Teherán.

La carga “social” de la revolución iraní, recogida por Jomeini, quien en un principio prometió justicia a los “desheredados”, también sunnitas, rompiendo con la idea de la “comunidad musulmana”, que oculta la lucha de clases, juntando al banquero y el desahuciado. Aunque al final no hubo una teología chiita de liberación, los millonarios jeques se pusieron a temblar.

Por lo que Riad y Teherán, mientras evitan un enfrentamiento directo, patrocinan, a medida de sus posibilidades, a grupos político-militares que actuarán en terceros países (guerra proxy).

La iranofobia de Riad, que es respaldada por otros regímenes árabes, Israel y EEUU, ha intentado contener a Irán de mil y una maneras: financiar la invasión de Irak a Irán (1980-1988); fundar el Concejo de Cooperación del Golfo en 1981 como sistema de seguridad, y ahora pretende crear una “OTAN sunnita”; baja el precio del petróleo, para dañar su economía, y exportar al mundo el wahabismo- takfiri (que considera apostatas a los chitas). En Irak, intenta corregir el “error” de Bush quien, tras derrocar a Saddam Husein, no sólo instaló en Bagdad una república islámica-chiita, sino también creó escuadrones de muerte chiitas para acabar con los basistas y las tribus sunnitas rebeldes. Junto con Israel y Turquía, Arabia no permitirá la estabilización de Irak hasta que los chiitas abandonen el poder.

Riad, que no perdona a EEUU (de Obama) el levantamiento de las sanciones contra Irán en 2015, ni su negativa a derrocar a Bashar al Assad, y su decisión de trasladar parte de sus tropas de oriente Próximo a la frontera de China, decidió apostar más fuerte por el ejército de “yihadistas” en Siria e Irak contra Irán. Paralelamente, está desarrollando su propio programa nuclear en Pakistán, y gracias a su impunidad, es posible que Arabia disponga de armas nucleares antes de Irán.

Los reyes saudíes que temen ser sacrificados por Washington (como Mubarak y a Bin Ali) y ser “pañuelos de usar y tirar”, elaboran su propia agenda: enviaron tropas a Bahréin, de población chiita, para aplastar su primavera, y han arrastrado a EEUU a su criminal guerra contra la milicia chiita huthies de Yemen, provocando la mayor crisis humanitaria del mundo, matando a sus gentes con balas y misiles, con hambre, sed y cólera.

3. Enviar al extranjero a los jóvenes excluidos saudíes como terroristas a otros países, y así deshacerse de una bomba de relojería en casa; paralelamente implanta el wahabismo en Occidente, al servicio de dichas acciones, así como detener la creciente simpatía hacia el chiismo (e Irán), -no entre los inmigrantes sunnitas- sino entre los nativos, como sucede en España.

Yihadismo: el Frankenstein

El apodado “El Cordobés de Daesh” que reclama al-Andalus, amenazando a 46 millones de españoles, no dice nada sobre la Palestina ocupada por tan solo 5 millones de israelíes. Efraim Inbar, el analista estratégico israelí, afirma que es un “error” y una “locura” acabar con el Estado Islámico por servir “a nuestros intereses estratégicos” y a su guerra contra Irán, que es el “gran enemigo” de Occidente, afirma. El equipo de Trump cree lo mismo. Para los padrinos del “yihadismo” – la CIA, Mossad, MI6, la GID saudí y la MIT turca-, miles de mujeres, hombres y niños asesinados por este Frankenstein no son más que “daños colaterales” ante sus macabros intereses.



 [C1]Esto me parece un poco exagerado. Creo que es darle demasiado poder y capacidad al tal Carter. 

Qué se sentirá al ser el último…


“En este momento la cosa más desechable del mundo es el ser humano”.
José Saramago, Premio Nobel de Literatura

¿Qué sentirá aquel que sea el último de su especie ante la certeza de la extinción eterna?, pregunta Eduardo Gudynas al concluir una reflexión clara y profunda, como le caracteriza. Sin duda una sombría inquietud que alude al último rinoceronte blanco, que se encuentra en un parque nacional en Kenia, y cuya reproducción está severamente amenazada. El mundo quedó impactado por la foto de “Sudán” (nombre del último e imponente ejemplar de esta especie) acompañado de guardia armada para protegerlo de los cazadores furtivos.

La foto de “Sudán” trae a la memoria otras imágenes, como los miles de tiburones capturados en el mar aledaño a las Islas Galápagos por parte de una enorme flota pesquera china que está depredando los océanos. Semejantes ferocidades del extractivismo, desde la búsqueda de aletas de tiburón a la de cuernos de rinoceronte, se debería -en palabras de Gudynas- a “la mezcla entre supersticiones y la destrucción ecológica (que) lleva a uno de los grandes mamíferos del planeta al borde de su desaparición.”

Si esa barbarie nos sacude hasta las raíces, qué decir cuando la sombría duda de la muerte alude a seres humanos, que con toda seguridad y ansiedad sienten… que sus últimos pálpitos conllevan la desaparición de su cultura y quizás de su etnia. No me refiero a pueblos ya desaparecidos hace tiempo, ni a grupos como los tetetes y sansahuaris que sucumbieron en el siglo pasado por el hambre de la bestia extractivista petrolera en el nororiente de la Amazonía ecuatoriana. Tampoco planteo la cuestión vital de los taromenane, tagaeri, oñamenani…, amenazados por la misma bestia extractivista en el Yasuní, pues al ser pueblos no contactados es imposible entender directamente su sentir frente a la amenaza -cada vez mayor- a su existencia.

Hoy deseo alzar la voz por los sáparas, una nación declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, cuya existencia es amenazada -de nuevo- por el extractivismo petrolero. El 25 de julio pasado falleció Cesario Santi, uno de los cinco ancianos que dominaba la lengua sápara. Quedan cuatro: Mukutsawa y Anamaria Santi; y Alberto y Malaco Ushigua, que tienen entre 70 y 95 años, según Manari Ushigua, presidente de la nación sápara del Ecuador. Esas cuatro personas son las únicas que conservarían el sonido original de su lengua, la cual es cada vez menos hablada por miembros de este grupo y, quienes lo hacen, tienen una mezcla que incluye kichwa y español. Ya solo quedan dos dialectos de los más de treinta que existieron.

Con la muerte de Cesario se agudiza la preocupación por la extinción de esa cultura y quizás de esa nacionalidad. Y de lo que sabemos no está prevista una protección especial para garantizar su existencia… todo lo contrario.

A lo largo de la historia, como narró en 2013 el Servindi -Servicios en Comunicación Intercultural-, la población sápara sufrió el colonialismo enfrentando enfermedades desconocidas, efectos de la deforestación, trabajo forzado, desplazamiento obligado, maltrato de colonos y autoridades. A su vez, su territorio es amenazado por la permanente incursión y ampliación de los extractivismos, a través de la voracidad de petroleras, mineras, caucheras, madereras. Así este pueblo, como otros de nuestra América y de todo el planeta, sucumben a la voracidad capitalista que sofoca la vida y todo entorno: naturaleza y seres humanos.

El caso de los sáparas es emblemático. Según el SERVINDI, en 1680 la población sápara habría bordeado los 98.500 miembros. A principios del siglo XX la cifra se había reducido a 20.000. Y actualmente existirían unos 400 sáparas en Ecuador y 500 en Perú; aunque otras fuentes son más pesimistas, indicando que quedarían alrededor de 100 sáparas en Ecuador y 200 en Perú. Semejante reducción hace que la lengua sápara camine al olvido: un tema de mucho cuidado.

La esencia de la cultura sápara, como sucede en las poblaciones ancestrales, se concentra y expresa en el lenguaje. Así, la pérdida de ese lenguaje extinguiría su identidad, como primer paso para su extinción eterna. Su cultura oral profundiza y transmite su sabiduría sobre su entorno natural tanto en el aprovechamiento cotidiano de flora y fauna de la selva, así como en el uso de plantas medicinales. Aquí está presente la memoria e historia milenaria de esta nación, que está en un grave peligro de extinción.

Manari Ushigua cuenta que en sus territorios están los bloques petroleros 79 y 83, que afectarían el 74% de su hábitat. La empresa china Andes Petroleum -participe de la voraz expansión extractivista en el correísmo- tiene ya firmado un contrato desde 2016 para explorar y explotar esos bloques con una inversión inicial de 72 millones de dólares. La incursión de esta empresa ya ha dividido a las comunidades indígenas que allí habitan. Ushigua asevera que mientras los sáparas no quieren la explotación petrolera, los quichuas y achuar la han aceptado. El conflicto incluso ha dejado 2 muertos. Y esto continúa… el extractivismo se impone a sangre y fuego, como se ve con los mapuches en el sur del continente o los shuar en la provincia de Morona Santiago del mismo Ecuador o todas aquellas comunidades indígenas en el TIPNIS, en Bolivia, para mencionar apenas un par de casos.

Muchos pueblos indígenas, como los sáparas, están por extinguirse. Es dramático saber que estamos frente a los últimos miembros de esa cultura. Es como contemplar toda la decadencia de la modernidad concentrada en la extinción humana. Y más aún si tal vez nada podrá salvarlos, cumpliéndose la terrible advertencia del Premio Nobel José Saramago. Ante el desdén de la extinción solo nos queda la lucha. Debemos dar pasos fuertes y firmes para superar al capitalismo, en tanto civilización depredadora de la vida, sustentada en el antropocentrismo, el patriarcado, el racismo e incluso en la muerte.