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En la escena del crimen...

En la escena del crimen. La verdadera historia de Estados Unidos es la de sus pueblos indios

Por: Hermann Bellinghausen
www.jornada.unam.mx/ojarasca/enero2015

Al narrar la historia del subcontinente con el punto de vista de los pobladores originarios, Roxanne Dunbar-Ortiz redimensiona de manera radical la historia de Estados Unidos desde la perspectiva más insoportable, la más negada (“el relato oficial está equivocado no por sus hechos, fechas o detalles, sino en su esencia”); también la más real. Bien podríamos, ironiza, tender un cerco de cinta amarilla alrededor de todas sus fronteras para investigar la escena del crimen.

Con severidad y rigor, la historiadora funge como detective de un caso aparentemente “frío” y sigue los rastros de sangre, que son miles y aparecen por donde uno rasque. Pone nombre y apellido a los asesinos (aventureros, militares, presidentes, predicadores).

En Una historia de Estados Unidos de los pueblos indios (An Indigenous People’s History of the United States, Beacon Press, 2014), documenta a qué grado dicho país fue fundado y construido por auténticos indian killers; los que no fueron autores materiales lo fueron intelectuales, en Washington o donde fuera. El resto de los colonos y ciudadanos resultaron beneficiarios directos del despojo, el exilio, la tortura y el exterminio de los pueblos originarios que poblaban a sus anchas praderas, montañas, costas y desiertos en el pródigo norte que hoy ocupan Estados Unidos y Canadá.

Las calles, las ciudades, las plazas, los billetes, los discursos patrióticos están abrumadoramente dedicados a la memoria de generales y políticos que mintieron, traicionaron, engañaron, persiguieron y aniquilaron por millones a los hombres y mujeres que iban encontrando a su paso de la costa atlántica a la pacífica, en lo que llamaron “la conquista del Oeste”.

La construcción épica de los hechos ha sepultado la verdad: aquella fue la experiencia de colonización más brutal y vasta jamás emprendida por seres humanos, que se consideraban racionales, bajo el subterfugio de presumirse “superiores”, distinguidos por Dios mismo con derechos ilimitados y un destino manifiesto.

Dunbar-Ortiz deja claro que la experiencia de los indian killers provenía de los exterminios de musulmanes y judíos en España, y en particular el de irlandeses en Gran Bretaña por parte de mercenarios “escoceses-irlandeses” empujados por Inglaterra para adueñarse de Irlanda; estos mismos conformarían los primeros grupos colonizadores de América del Norte y marcarían la senda y el método. No aprendieron a arrancar cabelleras en el “nuevo mundo”, los enviaron al continente porque ya sabían hacerlo.

“La historia de Estados Unidos es una historia de ocupación colonial; el Estado fundacional se basa en la ideología de una supremacía blanca, la práctica extendida de la esclavitud de africanos, y una política sostenida de genocidio y robo de tierras. Quien busque una historia con final optimista, de redención y reconciliación, puede mirar alrededor y observar que una conclusión así no es posible, ni siquiera en los sueños utópicos de una sociedad mejor”.

Una de las características más notables (y abominables) de la civilización capitalista, encarnada quintaescencialmente en Estados Unidos, es su abismal capacidad de olvido. En el resto del mundo es del dominio público, casi lugar común, el hecho de que la actual Unión Americana se fundó sobre una masacre histórica que duró más de dos siglos.

Esa cadena fríamente calculada de “guerras indias” que desde la colonización británica asolaron al “continente” del norte, convierte a dicho país en la escena del crimen masivo más atroz: el exterminio deliberado de cientos de naciones y tribus, una entera civilización, distinta y no menos humanista que la de los invasores. Pueblos con frecuencia más sutiles y sabios, a la manera oriental. Culturas preñadas de significados que las burdas y codiciosas mentes europeas fueron incapaces de comprender, ni se interesaron.

Gore Vidal expresaba en alguna entrevista que la principal característica estadunidense es la negación automática de los hechos incómodos para sólo mirar adelante. “Llega el lunes y todo lo que hicimos la semana anterior queda en el olvido”. Aquí se trata de un pasado inconfesable, aunque haya tenido sus fisuras este pacto nacional de olvido.

El fenómeno editorial que desató en 1971 el descorazonador recuento Entierré mi corazón en Wounded Knee, de Dee Brown, alcanzó los cuatro millones de copias. ¿Despertó cuatro millones de memorias? No fueron suficientes. Quedaba más cerca del fatalismo estilo La visión de los vencidos de Miguel León Portilla, digamos que de la combativa y revitalizadora historia que ofrece ahora Dunbar-Ortiz.

Casi nadie se salva, ni siquiera Vidal, del bisturí de Dunbar-Ortiz, quien desde la primera página deja claro de qué habla. Su libro debate incluso con el pensamiento progresista, que tampoco está a salvo del olvido y la negación del colonialismo que define la esencia misma de Estados Unidos; no accede a la conciencia de que, más allá del pasado esclavista y el racismo contra la población negra y las “minorías”, el mayor pecado de ese país de fanáticos cimientos calvinistas es lo que sus antepasados hicieron con los indios (ellos lo siguen haciendo con leyes y políticas, y la reticente magnanimidad que se concede a los vencidos).

De origen fue muy fácil: los indios nunca fueron ciudadanos, nunca tuvieron derechos. Sólo se les reconocerían algunos cuando el despojo quedó consumado. Fueron señalados simpatizantes y propagandistas del genocidio autores como James Fenimore Cooper y Walt Withman, pero hasta nuestros queridos Woody Guthrie (“Esta tierra es mi tierra”) y Howard Zinn resultan aquejados del Alzheimer nacional.

El título ya alude al admirable trabajo de Zinn A Peoples’ History of the United States (1980), torpemente llamado en castellano La otra historia de Estados Unidos. Maestro y amigo de Dunbar-Ortiz, no por ello deja Zinn de participar en el olvido; a ese pasado colonial, tan determinante, no le otorga mucha importancia, en un implícito “lo caído, caído” del que tampoco se salvan la izquierda tradicional, los hijos de Acuario, los defensores de los derechos civiles, la generación beat ni los new age.

En México, José Agustín señala que mientras los jipitecas nacionales se identificaron con el pasado indígena y las prácticas espirituales vivas, los hippies del norte nunca miraron hacia sus pueblos indios.

Nada de eso quita que Estados Unidos, la “tierra de los libres”, sea de raíz un país mal habido, de la peor de las maneras. Sí, todo empieza con Cristóbal Colón y el rosario de incontables crímenes coloniales que despoblaron el Caribe y están en el origen de todas las naciones americanas modernas. Lo relevante del libro de Dunbar-Ortiz es que sistematiza, por primera vez, la ruta completa de esa destrucción en Estados Unidos. ¿Qué importancia tiene hoy? ¿Mero examen colectivo de conciencia? ¿Denuncia retrospectiva como las del holocausto judío, la locura de los Jemeres Rojos, el descontrol salvaje en la antigua Yugoslavia o cosas así?

No, Dunbar-Ortiz es demasiado sagaz, y su compromiso no es sólo ético. Está en su experiencia la defensa de los territorios y los derechos vigentes de las naciones indias que viven actualmente dentro del país que les arrebató todo. En obras anteriores como Raíz de la resistencia: la tenencia de tierras en Nuevo México (1980) y sobre todo La gran nación sioux (1977), presta un servicio histórico-legal a los pueblos despojados.

El segundo fue un documento fundamental para la primera Conferencia de los Pueblos Indígenas de América en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra, y la influencia de sus ideas alcanzó la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que la ONU por fin logró parir en 2007.

Así, Una historia de Estados Unidos de los pueblos indígenas no queda en el responso por los indios muertos y los búfalos aniquilados. Se trata de una herramienta de lucha y reivindicación objetiva para los 554 pueblos vivos en sus 310 reservaciones, una población cercana los cuatro millones de personas.

El relato, exhaustivo en apenas 230 páginas, resulta fascinante y sobrecogedor, mueve a la indignación y abona la simpatía por esos pueblos sabios y libres que cayeron doblegados con crueldad “iluminada” de los blancos. Registra las fuentes más sólidas para demostrar la uniformidad sistemática en las políticas expoliadoras y genocidas de los gobiernos estadunidenses. Todo, para fundamentar que los derechos de los pueblos indios siguen vigentes, al igual que los más de cien tratados que el Estado firmó con dichos pueblos sin la más mínima intención de cumplirlos.

Una historia... no está escrito en clave de derechos humanos como haría una ONG, sino de derechos históricos, territoriales, culturales (en paralelo con la que Guillermo Bonfil llamaba “la civilización negada” de Mesoamérica). La historiadora discute la “doctrina del descubrimiento”, todavía vigente en Estados Unidos, por más que en Latinoamérica haya perdido toda credibilidad tras el fallido “Quinto Centenario” celebrado por la corona española y los gobiernos nacionales en 1992.

No obstante, Dunbar-Ortiz ve “disolverse” esta doctrina en Norteamérica “a la luz de profundos actos de soberanía” ejecutados por los pueblos indios contemporáneos. En términos mexicanos, el libro equivale a la exigencia de cumplir muchas decenas de Acuerdos de San Andrés. “Que sobrevivan los pueblos roba el aliento, pero no es un milagro”, reconoce la autora. Más allá de la desesperación, no han dejado de resistir como pueblos verdaderos que ya no quieren renunciar a su futuro.

Otro asunto grave emerge en esta obra. El modus operandi del arrasamiento norteamericano prefigura, al detalle, las políticas imperialistas y contrainsurgentes de Estados Unidos (Filipinas, Vietnam, Irak y Afganistán ya fueron indian country, y el terrorista Osama Bin Laden era “Gerónimo” para el Pentágono). En algún momento, la historiadora describe la abusiva anexión de la mitad de México como una “guerra india” más. Para colmo, el método yanqui inspiró las políticas de dominación y apartheid en Australia, Sudáfrica e Israel (los dos últimos países nacieron casi al  mismo tiempo, en 1948).

La muy estadunidense ausencia de sentimientos de culpa la repiten hoy los israelíes todos los días. Los bloqueos y los ilegales asentamientos en Palestina, siempre apoyados por Washington, materializan una extensión a modo de su “doctrina” del “derecho divino” al despojo. La Constitución estadunidense habría sido dada por Dios, así como se promueven los presuntos derechos de Israel para ocupar su “tierra prometida” en el Oriente Medio, en detrimento de los “no ciudadanos” que la pueblan ancestralmente. Una voluntad militar, teocrática y supremacista alimenta ambas experiencias coloniales. Por eso Israel y Estados Unidos son tan descaradamente compadres.


La argumentación de Dunbar-Ortiz desemboca en el renacimiento del movimiento indígena a partir de la década de 1970, la creación del American Indian Movement (AIM), y con el tiempo, la reactivación de las exigencias territoriales, económicas y de autonomía de las naciones indígenas. Las traiciones del pasado determinan las estrategias del presente de manera objetiva y legal, en plenitud justiciera.

No estamos ante un panfleto inflamatorio o romántico, sino un documento basado en hechos. Escueto, amplio, bien documentado, es mucho menos ideológico que las motivaciones, justificaciones y falsificaciones que sostienen la historia oficial; en el libro hablan los invasores a través de sus actos y de sus propias palabras: ellos inventaron, y no los nazis, la limpieza étnica a gran escala. Dentro de lo irreversible del genocidio ya ocurrido, la obra aspira a cuando menos servir de espejo para una nación incapaz de mirar de frente su propio pasado y decirse la verdad sobre sus “padres fundadores”, sus “héroes” y su propio patriotismo.


“La ausencia de la más mínima nota de arrepentimiento o tragedia en las celebraciones anuales de la Independencia revela una profunda desconexión en la conciencia de los estadunidenses”. El provincialismo y el chauvinismo de los historiadores “dificulta una revisión efectiva, con autoridad reconocida”, admite Dunbar-Ortiz.

Más allá de la denuncia, este volumen legitima a los pueblos actuales y redignifica su pasado. El capítulo inicial, “En la senda del maíz”, plantea la existencia en la norteamérica precolombina de una civilización diversa, plural y democrática, tan avanzada como las de meso y sudamérica. No simples cazadores-recolectores neolíticos ni bandas dispersas. Agricultores sofisticados, artistas, gobernantes. “En 1492, América del Norte no era una tierra virgen sino una red de naciones: los pueblos del maíz”, que en el siglo XXI permanecen colonizados por una nación que los niega desvergonzadamente.

La caída del precio del petróleo y los tres escenarios posibles

Por: Roberto Bellato
www.cpalsocial.org/220115

El precio del petróleo de referencia mundial está en caída hace seis meses. Esta situación de desplome, que acumula un 57%, genera movimientos en todo el mundo ya que afecta no solo a los países productores, sino que arrastra economías locales, disputas comerciales y acentúa enfrentamientos históricos.

En el cierre del día jueves, el crudo tipo West Texas Intermediate (WTI) en Nueva York cerró a 46,25 dólares el barril y en Londres el Brent (de referencia para Europa y gran parte del mundo) cerró en 47,67. Ambos están por debajo de los 50 dólares y eso no sucedía desde 2009. Las alarmas que todavía no se habían encendido, lo están haciendo.

Hay una gran coincidencia entre analistas, organismos internacionales, economistas, gobiernos y hasta empresarios petroleros respecto de que la baja del petróleo es consecuencia de una sobreoferta a nivel mundial y una desaceleración de las economías de Europa y China.

La sobreoferta se debe a dos factores: por un lado, el “boom del shale” (yacimientos no convencionales) en Estados Unidos produjo un aumento exponencial de su producción, que hizo que la principal potencia mundial (y el mayor consumidor de hidrocarburos del mundo junto con China) redujera las importaciones de gas y petróleo.

En 2005 el país del norte importaba 12,5 millones de barriles, mientras que en 2013 sólo seis millones. Hoy, el shale representa el 49% de la producción total de hidrocarburos de EEUU (según la Administración de Información de Energía de ese país). Un verdadero fenómeno de la principal potencia hegemónica del mundo.

Por otro lado, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en su reunión semestral de noviembre del año pasado, definió mantener los niveles de producción para 2015. El efecto inmediato fue favorecer la sobreoferta y, así, ayudar a la caída del precio del crudo.
Donde no hay coincidencia es en los por qué a algunos le conviene el desplome del “oro negro” y a otros no. El sube y baja del petróleo genera fuertes movimientos (basta recordar “La crisis del petróleo” de 1973 o la histórica caída del 67% del crudo en 1985). Pero estos corrimientos parecieran tener una explicación geopolítica más que comercial.

Según lo que dejan ver las declaraciones de los protagonistas, se plantean tres escenarios posibles. Estos son totalmente distintos, aunque puede que ocurran al mismo tiempo.

Frenar al gringo

El primero tiene que ver con una disputa entre la OPEP y Estados Unidos. El costo de producción del shale es mucho más caro que la producción convencional y un petróleo barato perjudicaría al país del norte sin verse afectada la OPEP, ya que extrae los hidrocarburos principalmente de manera convencional. Además, con un petróleo en caída, la OPEP de todas maneras mantendría su cuota en el mercado.

La voz determinante en materia petrolera es la de Arabia Saudita. Su ministro de Petróleo, Ali al-Naimi, dijo: “No está en el interés de los productores de la OPEP el recorte de producción, sea cual sea el precio, ya sea de 20 dólares, 40 dólares…”. Y agregó que “ellos serán heridos mucho antes que nosotros sintamos algún dolor”, refiriéndose a la producción no convencional.

Arabia Saudita tiene un costo de 4/5 dólares por barril, por eso puede sostenerse inclusive con el barril a 20 dólares. En cambio, el costo de producción no convencional en Estados Unidos es enormemente superior, por eso el desplome petrolero perjudicaría al “boom del shale” norteamericano.

Halcones, palomas y Estados Unidos

El segundo escenario tiene que ver con una disputa interna dentro de la OPEP, con la mano de EEUU en las sombras. Los 12 miembros de la organización no tienen los mismos intereses. Venezuela necesita un barril caro ya que el petróleo representa el 95% de sus exportaciones. Como afirmó Rafael Ramírez, ministro de Relaciones Exteriores: “El precio deseable serían los 100 dólares por barril”.

Casi en respuesta al canciller venezolano, el príncipe y empresario petrolero de Arabia Saudita, Alwaleed bin Talal, dijo a la prensa: “No tengo dudas de que el petróleo nunca volverá a costar 100 dólares”. Arabia Saudita junto con Emiratos Árabes Unidos y Kuwait integran un sector en la OPEP que es histórico aliado de Estados Unidos.

Por su parte, el presidente iraní, Hasan Rohani, en coincidencia con Venezuela afirmó sin muchas vueltas que “quienes han planificado la baja de los precios del petróleo contra ciertos países lo lamentarán”.

Este escenario tiene a los países históricamente aliados de EEUU, en detrimento de otros de la OPEP, como Venezuela, Ecuador, Irán y Nigeria, que promueven un petróleo elevado. Pero también en este escenario de petróleo barato se ve afectado Rusia, históricamente enfrentado a EEUU.

Quizá por ese motivo es que Nicolás Maduro, presidente venezolano, está de gira mundial con un sólo tema en su agenda: buscar apoyos y acuerdos para elevar el precio del petróleo. Arrancó 2015 reuniéndose con Xi Jinping, presidente de China, estuvo por varios países de Asia y África. Ayer estuvo en Moscú con el presidente Putin y en breve se reunirá con Peña Nieto, de México.

El grande se come al chico

El tercer escenario es el de menor peso según analistas y la prensa especializada, ya que no tiene que ver con una cuestión geopolítica, sino con una disputa interna dentro las petroleras de los EEUU: las grandes se quieren comer a las chicas borrándolas del mapa del shale con un precio bajo del petróleo para provocar su quiebra.

El ”boom del shale” comenzó en 2008 (justo al mismo tiempo que se declaraba en quiebra Lehman Brothers y daba inicio a la crisis económica de 2008/2009) y tuvo como protagonistas a las grandes petroleras Chevron y Exxon Mobile, entre otras. Por el otro, los empresarios medianos y chicos que, tentados por la nueva fiebre del oro, llegaron con capitales desde otros sectores económicos ajenos a los hidrocarburos.

Pero estas empresas se endeudaron para acceder a las inversiones no convencionales. Se calcula que el total de la deuda de las petroleras medianas y pequeñas de shale en EEUU es de 200 mil millones de dólares.

En 2015 podrían correr el riesgo de no poder afrontar sus deudas con un precio bajo del petróleo, como ya le sucedió a la empresa WBH Energy, una de las primeras estadounidenses exitosas del “boom del shale”, que el 4 de enero de este año se declaró en quiebra.

Es probable que no estemos en presencia de un solo escenario y haya múltiples factores superpuestos bajo la lógica de que el grande se come al chico. También se espera que a mitad de 2015 el precio suba. Pero el petróleo mueve montañas y todo puede pasar.

El 13 de enero, la agencia Reuters informó de una reunión que mantuvieron la subsecretaria de Energía de Estados Unidos, Elizabeth Sherwood-Randall, y el ministro de Petróleo de Arabia Saudita, Ali al-Naimi. No se conocen los detalles de lo conversado, pero se sabe que amigos son los amigos.

Fuente: ALAI, América Latina en Movimiento

Tensión en la península arábiga: EEUU prepara un asalto a Yemen

Por: Nazanin Armanian
www.publico.es/270115

Cronología del diseño de otra intervención militar:

9 de enero: ataque terrorista a la revista Charlie Hebdo en Francia que deja 12 muertos y conmueve a Occidente.

14 de enero: la CNN emite un vídeo en el que un hombre, a pesar de tener colgada la bandera del Estado Islámico, dice ser de Al Qaeda de la Península Arábiga (AQPA) y admite la autoría del atentado. Francia aprovecha la situación y envía un portaaviones al golfo Pérsico para luchar contra el terrorismo en Irak y Siria. Pero, ¿los terroristas no eran de AQPA?

19 de enero: El grupo fundamentalista yemení Ansarullah (Partidarios de Dios) vence con sus dagas y rifles a un ejército entrenado y equipado por EEUU y Arabia Saudí desde hace tres décadas y consigue rodear el palacio presidencial.

Ansarullah está compuesto mayoritariamente por los houthis, creyentes de la rama zaidí del chiismo (profesada por el 35% de los 24 millones yemeníes) y que habitan el norte del país.  El lema principal de Ansarullah es “Muerte a EEUU”. Se habían hecho, desde septiembre pasado, con el control de la capital Saná ante la presencia masiva de los militares de EEUU para exigir que la reforma de la Constitución no incluya la división del país en seis regiones (que es el plan de Washington), el reconocimiento de sus derechos religiosos y una mejora en las condiciones de la vida de esta comunidad, discriminada y sumida en una pobreza extrema.

20 de enero: los “rebeldes” se niegan a dar un golpe de estado y a pesar de las afirmaciones de la CNN siguen reconociendo a Abdrabbo Mansur Hadi como presidente, exigiéndole el cumplimiento de sus promesas de reforma.

23 de enero: tras el anuncio de la muerte del rey Abdullah de Arabia (se desconoce cuándo falleció en realidad), el presidente Hadi y su gabinete sorprenden a Barack Obama y dimiten: ¿Querían dejar la puerta abierta a una intervención extranjera en vez de buscar una salida negociada con los opositores?  Empieza la guerra entre las tribus sunnitas y la milicia chiita, dejando decenas de muertos.

24 de enero: Mientras los medios de comunicación republicanos, proisrailíes y prosaudíes implican a Irán en la revuelta de los houthis (aprovechan también el contexto del asesinato del fiscal argentino del caso de AMIA, atentado atribuido a Teherán), la Casa Blanca contraataca: no hay ninguna prueba de ello. Cierto, el chiismo duodecimano iraní deslegitima la fe zaidí considerada un sunismo disfrazado. Además a Irán le interesa más en estos momentos mejorar sus relaciones con Arabia y con EEUU que apoyar a una minoría religiosa sin ninguna posibilidad de triunfo en Yemen.

25 de enero: Washington, en lugar de evacuar a los cerca de 250 de sus  militares y civiles de la embajada en Saná e  impedir otra tragedia como la de Bengasi, solo repatría a parte de ellos. El embajador sigue en Saná.

25 de enero: EEUU envía a las costas de Yemen a dos buques militares (Iwo Jima y Fort McHenry). Según el general Daniel Bolger es para evitar que los houthis “pro iraníes” amenacen el control del estratégico estrecho de Bab el Mandeb, por donde pasa el 10%  del petróleo del mundo. Aunque hay más motivos para que los marines de EEUU estacionados en Omán, Arabia Saudita, Bahréin y Djibouti, además de los que ya estaban en Yemen desde 2001, estén esperando órdenes. La ocupación de Yemen sería otro golpe de los sectores más belicistas de EEUU a la política de “usar drones en vez de mandar tropas” del presidente de EEUU: ¿Conocía Obama lo que iba a ocurrir en Yemen y por eso ni él ni ninguno de altos cargos de su gobierno participaron en los actos de Paris por el atentado que fue vinculado con Yemen?

El impacto de la caída de Yemen

Desaparece en medio del caos el país que era modelo de la “lucha anti terrorista low cost” de Obama. La principal ventaja de su forma de actuar era impedir bajas entre sus soldados, además de reparar la imagen dañada de su país como invasor. La principal desventaja es que cierra los ojos para no ver a los miles de civiles muertos, sepultados bajo las bombas, y las miles de vidas destrozadas al tiempo que se incrementa el odio hacia el agresor occidental entre las poblaciones atacadas.

Obama debería oír las confesiones entre sollozos de Brandon Bryant, exoperador de drones. En ellas explica cómo mató a, al menos, 1.600 “sombras de gente” solo en Pakistán e Irak. Es más, Obama ha pisoteado en Yemen incluso las propias leyes “antiterroristas” del Congreso que le autorizan solo a atacar las posiciones de Al Qaeda en otros países (¡imagínense si todos los países del mundo tuviesen este derecho!), al bombardear las posiciones de los simples opositores, matando a los combatientes de a pie y los jefes milicianos locales, que no representan una amenaza para la seguridad de EEUU, con el fin de sujetar al régimen títere de Saná. ¿O es que los zaidies chiitas también pertenecen a Al Qaeda wahabita?

*Con el fin de la era antiBush en EEUU, vuelve a aplicarse la táctica de “poner las botas sobre el suelo”, o sea, ocupar países estratégicos, bajo la bandera de la supuesta lucha contra el terror. En Yemen, al menos de momento, los intereses de EEUU no han sido atacados.

* El protagonismo de los chiitas yemeníes no solo cambiaría el equilibrio del poder en el próximo Oriente,  sino que sería un golpe duro al “orgullo” de los saudíes –quienes permitieron el avance de los houthis,  pretendiendo así debilitar a los Hermanos musulmanes sunitas del partido Islah (Reforma). Ahora Riad pretende devolver a Ali Abdullah Saleh, el ex presidente exiliado en Arabia, al mando de Yemen.

A la ONU, Europa, EEUU y al Consejo de Cooperación del golfo Pérsico, sin estrategias en un Yemen a la deriva, les es indiferente la catástrofe humanitaria que están sufriendo unos 10 millones de yemeníes desde  septiembre, o que un millón de niños pueden morir en breve.

Arabia, en incertidumbre

Con Bahréin y Yemen en tensión, el inquietante escenario de la península Arábiga se completa con la muerte del rey Abdelá Saud, sin que su sustituto, Salman bin Abdulaziz, de 79 años (y al parecer muy enfermo), consiga tranquilizar a quienes se preocupan por el equilibrio de potencias en esta sensible región del planeta.

Entre otros, decenas de líderes del mundo “democrático” asistieron en el funeral del monarca de un reinado del terror, Abdelá, para rendir homenaje a otro dictador que murió en la cama sin ser juzgado por crímenes cometidos dentro y fuera de su país (financiando el terrorismo sunnita-wahabita en Afganistán, Pakistán, Irak, Siria, Libia, Sudán, Nigeria, Chechenia, etc.). El mismo rey que tenía grifos de oro en sus lavabos mientras millones de sus compatriotas pasaban calamidades quiso jugar a la falsa humildad y ser enterrado en una tumba sencilla.

¿Qué Dios querría ver igualdad en la  riqueza de sus criaturas cuando están muertas pero no cuando están vivas?

Abdolá, el aliado imprescindible del imperialismo occidental contra el socialismo y el progreso, el quinto importador de armas del mundo, el que aplica sin rubor el apartheid contra la mayoría de la población, o sea, las mujeres y las minorías étnicas y religiosas –sin que el país fuese sancionado por la ONU-, enemigo de  la libertad, de la tolerancia, de la alegría y de los colores vivos, pudo ver unos días antes de morir cómo sus agentes decapitaban a la joven birmana Laila Basim en plena calle (al igual que a otros 87 seres humanos en 2014). También pudo ver cómo los latigazos arrancaban la piel del cuerpo del bloguero Raif Badawi y cómo la última ley aprobada por la “familia” Saud consideraba terroristas a los ateos y disidentes políticos. Aquellos que en Occidente se quejan de su  “islamización”, no se atreven confesar que en realidad se refieren a la “saudización” y “wahabización” del Islam exportado, la versión de la religión que considera perverso hasta hacer muñecos de nieve.

Los desafíos del nuevo rey

En el interior de la casa Saud dirigida por el Rey Salman –que pertenece a la poderosa familia de “siete hermanos Sudairi” (apellido de la Princesa Hassa, una de las 22 esposas del fundador del reino Abdul-Aziz Ibn Saud), y de los que cuatro ya han sido reyes-, hay una dura lucha entre hermanos e hijos, sobrinos y primos que reclaman su parte del trono.

Desde su fundación en 1932, el poder ha ido cambiando en Arabia entre los hermanos varones de la misma generación que hoy tienen entre 70 y 80 años. Los jóvenes de la élite y también los del pueblo llano (que constituyen la mitad de la población del país),  piden ya en voz alta la modernización tan aplazada. En este país sin instituciones ni partidos políticos, todo el peso de cambio cae sobre la Casa Saud.

Por si fuera poco, Salmán también debe entenderse con varias corrientes político-religiosas aún más duras y oscurantistas que la casa Saud, como el movimiento totalitario Al-Sahwa Al-Islamiyya o “despertar islámico”. Sin ser opositores (pues consideran que Arabia es el único régimen musulmán verdadero del mundo), se presentan más estrictos en cuanto al respeto a los códigos de conducta de la Shari’a y combinan las ideas religiosas wahabitas con las políticas de la Hermandad Musulmana egipcia. En 1990 Al Sahwa encabezó las protestas contra la presencia de tropas estadounidenses en el suelo saudí durante la guerra contra Irak.

En el exterior, el nuevo rey, que en calidad de ministro de Defensa desde el 2011 cooperó con EEUU en aplastar primaveras árabes, sigue distanciado del presidente Obama por acercarse a Irán y no derrocar a Assad, mientras vigila la creciente tensión en Bahréin (país de mayoría chiita, gobernado por una minoría), al rebelde hermano menor catarí y el caos reinante en los dos países vecinos: Irak y Yemen.

Aunque su majestad pensó que los miles de millones de dólares que pagó a los militares egipcios bastarían para acabar con la revolución y también con los Hermanos Musulmanes, se ha encontrado con malas noticias: los egipcios han decidido conseguir la democracia económica y política cueste lo que cueste y han ocupado las calles del país conmemorando el aniversario de la revolución abortada. Estas movilizaciones impidieron que un asustado presidente-general Al Sisi acudiera al funeral de Abdelá.

Hay más. Pronto Salmán verá que hacer ‘dumping’ con el precio del petróleo con la complicidad de EEUU, que ha tenido como objetivos ganar nuevos mercados, presionar a Irán, Rusia y también a Venezuela (Arabia financió a los contras nicaragüenses) y proteger el dólar; es también tirar piedras a su propio tejado. No podrá seguir “comprando lealtad” de los políticos occidentales y árabes, ni seguir financiando a miles de yihadistas en Irak y Siria, ni cumplir las promesas sociales de su antecesor sobre paliar la pobreza (construir 500.000 viviendas sociales, por ejemplo) debido a que ya sufre de un déficit presupuestario de 39 mil millones de dólares para el 2015.

No habrá cambios progresistas en un régimen teocrático. Por lo que ante el aumento de disidencia, Riad seguirá aumentando la represión.

La península Arábiga, como el resto del Oriente Próximo, va a la deriva. En el horizonte, ante el estupor e impotencia de sus gentes, solo se ven más guerras infernales.

Atentado de Paris: mucha hipocresía y tres hipótesis

Por: Nazanin Armanian
www.publico.es/130115

En vano esperábamos que la Corte Penal Internacional abriese un expediente contra los dirigentes de EEUU y sus cómplices después del informe del Senado sobre las torturas de la CIA. Por supuesto que la “excepcionalidad de EEUU” y por ende de la OTAN –la de tener el monopolio de cometer atrocidades, presumir del terrorismo de Estado y presumir de “democracia”, descarta que el castigo colectivo a millones de iraquíes y afganos (lanzándoles durante más de dos décadas, no pequeñas granadas y cuatro balas, sino toneladas de bombas) algún día sea juzgado.

La misma impunidad que ha llevado a Hilary Clinton a admitir que ha sido su país “occidental-cristiano” –el representante de la civilización judeo-cristiana”-, quien reclutó, armó y entrenó a miles de delincuentes, lumpen proletariado y extremistas de unos 40 países creando la organización de Muyahedines afganos (luego con otros alias: Al Qaeda, Rebeldes iraquíes-libios-sirios, Estado Islámico, Khorasan, etc.), autores de asesinatos en masa . Nunca hubo ni un solo cartel que pusiera “yo soy iraquí, afgano y paquistaní”, ni un minuto de silencio en memoria de sus víctimas. Tampoco han sido rehabilitados los difamados “por divulgar teorías conspirativas”.

Muchos de los que hoy, tras el vil atentado contra ‘Charlie Hebdo’, se desgarran las vestiduras por la “libertad de expresión”, se callaron cuando los soldados de EEUU mataron al cámara José Couso en Irak, o bombardearon las estaciones de la TV pública en Bagdad, Belgrado y Trípoli; ni tampoco protestaron por el despido del dibujante Maurice Sinet en 2008 de esta misma revista por haber comentado la relación interesada del hijo de Sarkozy, sin estudios ni oficio, con una mujer empresaria judía. Fue acusado de antisemitismo al conectar el ascenso social con la influencia del lobby judío.

Mucha “libertad de expresión” pero algo o alguien encubre las noticas sobre, por ejemplo, las decapitaciones y latigazos en Arabia saudí –amigo del alma del Occidente y el principal valedor del terrorismo sunnita, según H. Clinton, con reportajes sobre sus osadas conductoras o los millones que gasta el país en la cosmética. ¿Alguien ha oído el nombre de Raif Baddawi? 

Detrás del atentado

1. La versión oficial, llena de agujeros, ha dado lugar a que incluso personalidades como Paul Craig Roberts, ex subsecretario del Tesoro de EE.UU., atribuyeran la autoría del sangriento asalto, al DGSE (los servicios de inteligencia francesa). La sospecha  está justificada  no solo por el timo y mentiras de las recientes guerras, sino porque los gobernantes han perdido su credibilidad por falsear realidades de forma tan burda e insultante como que en España, por ejemplo, se diga que millones de niños que viven con menos de dos euros al día, sufren de sobrepeso que no de hambre, o porque sus madres no saben o no quieren cocinar.

2. Las petromonarquías del golfo Pérsico, cuyos intereses chocan con la agenda de sus aliados occidentales, titubean en acabar con el gobierno de Bashar al Assad, aliado de Irán y de Rusia (a los que está ahogando al bajar el precio del petróleo). Están invirtiendo miles de millones de dólares financiando el terror para cambiar el equilibrio de fuerzas en la región en su favor, y puede que así hayan pretendido acelerar la invasión de la OTAN a la región. Sería una guerra no religiosa: por lo pozos y rutas de gas y petróleo.

3. Que estos terroristas “solo y llanamente” eran como el noruego Anders Breivik, que mató a 77 chavales de un partido social demócrata. Ambos representan una ideología totalitaria uniformadora que no soporta ver la pluralidad ni en el pensamiento y discurso, ni en el color de piel, ni siquiera en la vestimenta, con la ardua necesidad de crear un mundo de espejos donde pueda ver en los demás su propia proyección.

El fundamentalismo religioso, que avanza sin parar por Oriente Próximo, es la versión sureña del totalitarismo norteño, y está unido estrechamente con él: comparten no solo el mundo de los símbolos y representaciones sino también la esfera de lo “tangible”, la de la financiación y la que mueve sus hilos. ¡Si se pide la expulsión de los yihadistas franceses de Francia se debe pedir la expulsión de los neonazis noruegos de Noruega!

*Este tipo de actos no son “acto de venganza por las invasiones imperialistas” que han destrozado la vida de al menos 100 millones de personas (y se dice pronto) en siete países en los últimos años. El asesinato de occidentales atribuido a la “omnipresente y superorganización de Al Qaeda” no solo está muy lejos de guardar proporción con la matanza cometida por la OTAN, sino que “extrañamente” el 99,9% de las bombas que coloca Al Qaeda han tenido como objetivos a los civiles “musulmanes” en bodas, mezquitas o escuelas. Durante la última masacre israelí, el Estado Islámico en vez de ayudar a los palestinos, se dedicó a venderle a Israel, y vía los hermanos musulmanes turcos, el petróleo que robaba de Irak.

Unas preguntas y algunas dudas

Sorprende que la poderosa Al Qaeda haya tardado tres años en matar a los caricaturistas de Mahoma. ¿Por qué no ha mencionado en su nota explicativa el papel actual de Francia en el desastre y drama que sufre el oriente “musulmán”?

*El fundamentalismo es ciego, no tonto. Si los “cerebros” de Al Qaeda son capaces de desafiar a la OTAN, aun estando su jefe en el fondo de algún mar, ¿no han pensado que el 7E puede tener la misma consecuencia que el 11S: nuevo asalto de la Alianza a la región, y la masacre de sus gentes, a cambio de, encima, más Guantánamos.

A ver, diseccionemos la noticia oficial sobre el atentado: “varios musulmanes franceses de origen inmigrante han matado a 12 empleados de una revista de humor de izquierdistas, y a una tienda judía en Paris”:

a. Insinúan que la barbarie está en los genes y en la religión “tercermundista” de estos bárbaros, a pesar de haber nacido y vivido en la tierra de las “luces”. ¿O es que los 5 millones de nacidos musulmanes están dedicándose en Francia a matar y asaltar a otros 60 millones de compatriotas? Las ideas teocéntricas –versión fina del racismo-, no solo alimentan los fascismos, sino que son alimentadas por visiones pseudo científicas que recurren a la información alojada en los ADN para explicar la conducta humana, con el objetivo de desacreditar el enfoque marxista de apuntar como determinante los factores “de entorno”, y por ende para conservar el sistema.

b. ¿Por qué en vez de atacar a la sede de la ultraderecha —enemiga férrea de los inmigrantes y de los musulmanes—, se asaltó a una revista izquierdista, siendo la izquierda la única fuerza que defiende a las minorías étnico-religiosas? ¿Divide y vencerás?

c. ¿Por qué los terroristas llevaban Kalashnikov en vez de Fama, el fusil de asalto francés? ¿Para que nadie sospeche que las armas que Francia envía a los terroristas en Siria pueden volver para matar a los franceses?

d. El factor “supermercado judío” ha sido la guinda: semanas antes, la Asamblea Nacional francesa pidió al Gobierno reconocer el Estado Palestino. Israel ha sido el principal beneficiario de la “guerra contra el terrorismo islámico”.

e. El humor y la sátira también forman parte la literatura del oriente “musulmán”, a pesar de la imagen de “estreñidos” que se les da en Occidente. El sexo y la religión han sido los dos temas recurrentes -justamente por ser tabús-, en la fina poesía persa, con grandes autores como Omar Jayán, el exquisito Hafez, Saadi, o el rey de los poetas obscenos Obeyd Zakani. La bufa y los bufones aparecen cuando el sistema impide la crítica constructiva: “Un día en el que el monarca subía por la escalera del palacio su bufón le tocó el trasero. La furia del soberano por tal atrevimiento fue tal que le mandó matar. “¡Clemencia señor! –pidió el bufón-, yo pensaba que era la reina”. Así de “intocables” eran y son los mandatarios, en Persia, en Washington, París o Madrid.

*El “renacimiento” en el  Oriente musulmán, donde lo mágico y la ilusión se fusionan con la razón, tiene sus rasgos aunque no detectables para ojos poco entrenados: allí, nada es como parece, y al contrario del Occidente, lo nuevo se disfraza de viejo, para engañar a los mil demonios: unos están alojados en sus imaginarios y otros muchos andan sueltos.

Yihadistas “propios”

La profunda crisis multidimensional del capitalismo, que no tuvo reparo en desmantelar el escaparate del Estado de bienestar nada más desaparecer la Unión Soviética, y la ausencia de una izquierda poderosa capaz de organizar a los trabajadores en torno a un programa viable y generador de entusiasmo, ha llevado a la desesperación a miles de excluidos sociales sin perspectiva: si no se convierten en “emprendedores” es que “no valen para nada” como decía una jefa de empresarios españoles, y por ende no tendrán derecho de acceso a alimentos, vivienda, y sanidad. La crisis económica, sin embargo, les deja una puerta abierta: ir a la guerra, en las filas de la OTAN o en la del yihadismo. Cobrarán entre 250 a 1000 euros mensuales, además de lo que arranquen a otros con el fusil en el hombro.

Parece increíble, pero es Europa quien exporta yihadistas al Sur y no al revés. Allí habrá mucho “curro”: Turquía y EEUU acaban de llegar a un acuerdo para entrenar y equipar a 15.000 mercenarios, durante tres años, para conquistar Siria y algo más. Recibirán, si sobreviven, parte del beneficio del gran negocio de armas-seguridad, petróleo, y droga que hay detrás de este tinglado.

Cierto que algunos chavales parten hacia Siria desde la confusión: “Si Qatar y Arabia financian el terrorismo sunita, que es algo malo, ¿Cómo los ídolos deportivos lucen los nombres de estos países en sus camisetas? ¿Por qué los wahabitas disponen no de un piso franco, sino de decenas de edificios oficiales y son dueños de los medios de comunicación e incluso de las deudas de los estados europeos? ¡Manda dinero!

Que vuelvan a sus países si no aceptan nuestros valores occidentales”, se oye a menudo. Lo cierto es que los 8 millones de afganos, o los 6 millones de iraquíes refugiados victimas de parte de esos “valores”, no solo no han recibido ninguna indemnización, sino que en vez de ser acogidos en los países de la OTAN  (responsables de su drama, de la destrucción de sus casas, de sus negocios, escuelas y  universidades) están esparcidos por los países vecinos que tampoco los quieren. ¿En qué escalón de esos “valores” se coloca el envío de miles de mercenarios “sin papeles” y hasta los dientes armados, para adueñarse de países enteros en el Sur?

No es islamofobia, es xenofobia

Tras el atentado, se está advirtiendo sobre el peligro de islamofobia; algunos para proteger al sector más vulnerable de la sociedad que son los inmigrantes y otros, desde el rechazo a la presencia política de la iglesia, han encontrado en el apoyo al Islam (que no hay que identificarlo con los inmigrantes musulmanes) un contrapeso, ignorando que las élites religiosas suelen unirse ante el enemigo laico, ateo, y su lucha por mayor cuotas del poder es ajena a los intereses de los “desheredados”. A la “religión”, al igual que la “nación” no le interesan las brechas entre los ricos y los pobres, los géneros y entre los grupos étnico-religiosos.

Cierto, el odio hacia el Islam es para los fanáticos como el antisemitismo para la ultraderecha israelí: el agua bendita, la razón de su ser. Pero, igual de peligroso es subrayar la afiliación religiosa de los inmigrantes, y tratarles como “comunidad musulmana”.

Además de ser un atentado contra la intimidad y “datos personales” de los ciudadanos, conlleva otras implicaciones en estos tiempos de crisis:

*Separa la población “nacional” de la “intrusa” por su fe, y luego divide a los propios “intrusos” por su credo.

*Oculta el problema común de todos los inmigrantes que es su estatus legal y real de inferiores.

*Echa a perder todo el intento de las fuerzas progresistas de los países musulmanes para que la religión se separe del poder político.

* Obama y Hollande dicen la verdad al firmar que no luchan contra el Islam. Tienen magníficas relaciones con los representantes de esta fe. Son conscientes de que en las sociedades laicas las guerras religiosas no tienen cabida y la islamofobia no producirá conversiones hacia otros credos, sino el rechazo al trabajador inmigrante de Oriente Próximo, aunque no sea practicante. Pasan así el trabajo sucio de negar la igualdad de derechos, a la sociedad, manteniendo el control sobre ella.

¿Y ahora qué?                                      

François Hollande que estaba viviendo los momentos de más baja popularidad de su presidencia, respira. La “nación” se ha unido contra el enemigo de fuera, que encima se ha infiltrado dentro.

Su fracaso en Mali y en Siria, los escándalos de corrupción, desobediencia de sus ministros, y las tensiones sociales, han sido causa de que perdiera las elecciones municipales. Con el mega plan de Obama para una larga guerra en Oriente Próximo, pretende ocupar el lugar de EEUU, firmar contratos de armas y echar fuera los balones de la crisis interna: como Napoleón y el rey Sol. El portaaviones De Gaulle está listo para partir hacia el golfo Pérsico.

“Trabajadores de todo el mundo uníos “, es la única salida a esta locura y amenaza global. No son suficientes los debates pequeñoburgueses de sofá sobre “¿Cuántos ángeles se pueden sentar sobre la punta de una aguja, camarada?

Lo más peligroso es la islamofobia

Por: Santiago Alba Rico
www.rebelion.org/080115

El atentado fascista en París contra la redacción del semanario Charlie Hebdo, que ha arrebatado la vida a 12 personas, entre ellas a los cuatro dibujantes Charb, Cabú, Wolinsky y Tignous, deja una doble o triple sensación de horror, pues está agravada por una especie de eco amargo y sucio y por una sombra de amenaza inminente y general. Está sin duda el horror de la matanza misma por parte de unos asesinos que, con independencia de sus móviles ideológicos, se han situado a sí mismos al margen de toda ética común y por eso mismo fuera de todo marco religioso, en su sentido más estricto y preciso.

Pero está también el horror de que sus víctimas se dedicaran a escribir y a dibujar. No es que uno no pueda hacer daño escribiendo y dibujando -enseguida hablaremos de esto-; es que escribir y dibujar son tareas que una larga tradición histórica compartida sitúa en el extremo opuesto de la violencia; si se trata además de la sátira y el humor, nadie nos parece más protegido que el que nos hace reír.

En términos humanos, siempre es más grave matar a un bufón que a un rey porque el bufón dice lo que todos queremos oír -aunque sea improcedente o incluso hiperbólico- mientras que los reyes sólo hablan de sí mismos y de su poder. El que mata a un bufón, al que hemos encomendado el decir libre y general, mata a la humanidad misma. También por eso los asesinos de París son fascistas. Sólo los fascistas matan bufones. Sólo los fascistas creen que hay objetos no hilarantes o no ridiculizables. Sólo los fascistas matan para imponer seriedad.

Pero hay un tercer elemento de horror que tiene que ver menos con el acto que con sus consecuencias. Ahora mismo -lo confieso- es el que más miedo me da. Y es urgente advertir de lo que nos jugamos. Lo urgente no es impedir un crimen que ya no podemos impedir; ni tampoco condenar asqueados a los asesinos. Eso es normal y decente, pero no urgente. Tampoco, claro, espumajear contra el islam.

Al contrario. Lo verdaderamente urgente es alertar contra la islamofobia, precisamente para evitar lo que los asesinos quieren -y están ya consiguiendo- provocar: la identificación ontológica entre el islam y el fascismo criminal. La gran eficacia de la violencia extrema tiene que ver con el hecho de que borra el pasado, el cual no puede ser evocado sin justificar de alguna manera el crimen; tiene que ver con el hecho de que la violencia es actualidad pura, y la actualidad pura está siempre preñada del peor futuro imaginable. Los asesinos de París sabían muy bien en qué contexto estaban perpetrando su infamia y qué efectos iban a producir.

El problema del fascismo y de su violencia actualizadora es que se trata siempre de una respuesta. El fascismo está siempre respondiendo; todo fascismo se alimenta de su legitimación reactiva en un marco social e ideológico en el que todo es respuesta y todo es, por tanto, fascismo. El contexto europeo (pensemos en la Alemania anti-islámica de estos días) es la de un fascismo rampante.

En Francia concretamente este fascismo blanco y laico tiene algunos valedores intelectuales de mucho prestigio que, a la sombra del Frente Nacional de Le Pen, llevan calentando el ambiente desde púlpitos privilegiados a partir del presupuesto, enunciado con falso empirismo y autoridad mediática, de que el islam mismo es un peligro para Francia.

Pensemos, por ejemplo, en la última novela del gran escritor Houellebecq, Sumisión (traducción literal del término árabe “islam”), en la que un partido islamista gana al Frente Nacional las elecciones de 2021 e impone la “sharia” en la patria de Las Luces. O pensemos en el gran éxito de las obras del ultraderechista Renaud Camus y del periodista político del diario Le Figaro Eric Zemour. El primero es autor de Le grand remplacement, donde se sostiene la tesis de que el pueblo francés está siendo “reemplazado” por otro, en este caso -obviamente- compuesto de musulmanes extraños a la historia de Francia.

El segundo, por su parte, ha escrito El suicidio francés, un gran éxito de ventas que rehabilita al general Petain y describe la decadencia del Estado-Nación, amenazado por la traición de las élites y por la inmigración.

Hace unos días en Le Monde el escritor Edwy Plenel se refería a estas obras como depositarias de una “ideología asesina” que “está preparando Francia y Europa para una guerra”: una guerra civil- dice- “de Francia y Europa contra ellas mismas, contra una parte de sus pueblos, contra esos hombres, esas mujeres, esos niños que viven y trabajan aquí y que, a través de las armas del prejuicio y la ignorancia, han sido previamente construidos como extranjeros en razón de su nacimiento, su apariencia o sus creencias”.

Este es el fascismo que estaba ya presente en Francia y que ahora “reacciona” -puro presente- frente a la “reacción” -pura actualidad asesina- de los islamistas fascistas de París. Da mucho miedo pensar que a las 7 de la tarde, mientras escribo estas líneas, el trending topic mundial en twitter, tras el tranquilizador y emocionante “yo soy Charlie”, es el terrorífico “matar a todos los musulmanes”.

La islamofobia tiene tanto fundamento empírico -ni más ni menos- que el islamismo yihadista; los dos, en efecto, son fascismos reactivos que se activan recíprocamente, incapaces de hacer esas distinciones que caracterizan la ética, la civilización y el derecho: entre niños y adultos, entre civiles y militares, entre bufones y reyes, entre individuos y comunidades. “Matad a todos los infieles” es contestado y precedido por “matad a todos los musulmanes”.

Pero hay una diferencia. Mientras que se exige a todos los musulmanes del mundo que condenen la atrocidad de París y todos los dirigentes políticos y religiosos del mundo musulmán condenan sin excepción lo ocurrido, el “matad a todos los musulmanes” es justificado de algún modo por intelectuales y políticos que legitiman con su autoridad institucional y mediática la criminalización de cinco millones de franceses musulmanes (y de millones más en toda Europa).

Esa es la diferencia -lo sabemos históricamente- entre el totalitarismo y el delirio marginal: que el totalitarismo es delirio naturalizado, institucionalizado, compartido al mismo tiempo por la sociedad y por el poder. Si recordamos además que la mayor parte de las víctimas del fascismo yihadista en el mundo son también musulmanas -y no occidentales- deberíamos quizás medir mejor nuestro sentido de la responsabilidad y de la solidaridad. Pinzados entre dos fascismos reactivos, los perdedores son los de siempre: los inmigrantes, los izquierdistas, los bufones, las poblaciones de los países colonizados. Una de las víctimas de los islamistas, por cierto, era policía, se llamaba Ahmed Mrabet y era musulmán.

Del yihadismo fascista no espero sino fanatismo, violencia y muerte. Me repugna, pero me da menos miedo que la reacción que precede -valga la paradoja einsteiniana- a sus crímenes. El “matad a todos los musulmanes” está de algún modo justificado por los intelectuales que “preparan la guerra civil europea” y por los propios políticos que responden a los crímenes con discursos populistas religiosos laicos.

Cuando Hollande y Sarkozy hablan de “un atentado a los valores sagrados de Francia” para referirse a la libertad de expresión, están razonando del mismo modo que los asesinos de los redactores del Charlie Hebdo. No acepto que un francés me diga que defender los valores de Francia implica necesariamente defender la libertad de expresión. Por muy laica que se pretenda, esa lógica es siempre religiosa.

No hay que defender Francia; hay que defender la libertad de expresión. Porque defender los valores de Francia es quizás defender la revolución francesa, pero también Termidor; es defender la Comuna, pero también los fusilamientos de Thiers; es defender a Zola, pero también al tribunal que condenó a Dreyfus; es defender a Simone Weil y René Char, pero también el colaboracionismo de Vichy; es defender a Sartre, pero también las torturas de la OAS y el genocidio colonial; es defender mayo del 68, pero también los bombardeos de Argel, Damasco, Indochina y más recientemente Libia y Mali. Es defender ahora, frente al fascismo islamista, la igualdad ante la ley, la democracia, la libertad de expresión, la tolerancia y la ética, pero también defender la destrucción de todo eso en nombre de los valores de Francia.

Da mucho miedo oír hablar de “los valores de Francia”, “de la grandeza de Francia”, de “la defensa de Francia”. O defendemos la libertad de expresión o defendemos los valores de Francia. Defender la libertad de expresión -y la igualdad, la fraternidad y la libertad- es defender a la humanidad entera, viva donde viva y crea en el dios que crea.

La frase de “los valores de Francia” pronunciada por Le Pen, Hollande, Sarkozy o Renaud Camus no se distingue en nada de la frase “los valores del islam” pronunciada por Abu Bakr Al-Baghdadi. Son en realidad el mismo discurso frente a frente, legitimado por su propia reacción asesina, que bombardea inocentes en un lado y ametralla inocentes en el otro. Pierden los de siempre, los que pierden cuando dos fascismos no dejan en medio ni el más pequeño resquicio para el derecho, la ética y la democracia: los de abajo, los de al lado, los pequeños, los sensatos. De eso sabemos mucho en Europa, cuyos grandes “valores” produjeron el colonialismo, el nazismo, el estalinismo, el sionismo y el bombardeo humanitario.

Mal empieza 2015. En 1953, “refugiado” en Francia, el gran escritor negro Richard Wright escribía contra el fascismo que “temía que las instituciones democráticas y abiertas no sean más que un intervalo sentimental que preceda al establecimiento de regímenes incluso más bárbaros, absolutistas y pospolíticos”.

Protegernos del fascismo islamista es proteger nuestras instituciones abiertas y democráticas -o lo que queda de ellas- del fascismo europeo. La islamofobia fascista, en Europa y en las “colonias”, es la gran fábrica de islamistas fascistas y una y otro son incompatibles con el derecho y la democracia, los únicos principios -que no “valores”- que podrían aún salvarnos. Buena parte de nuestras élites políticas e intelectuales están más bien interesadas en todo lo contrario.

Descansen en paz nuestros alegres y valientes compañeros bufones del Charlie Hebdo. Y que nadie en su nombre levante la mano contra un musulmán ni contra el derecho y la ética comunes. Esa sí sería la verdadera victoria de los fascismos de los dos lados.