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El nuevo gran juego (de amenazas) en Eurasia

www.rebelion.org/190314

En Ucrania, Occidente apoyó un golpe inconstitucional contra un gobierno elegido perpetrado, entre otros, por guardias de asalto fascistas / neonazis (Svoboda, Sector Derecho) instrumentalizado por la inteligencia estadounidense. Después de un contragolpe ruso, el presidente Barack Obama proclamó que cualquier referendo en Crimea “violaría la constitución ucraniana y violaría el derecho internacional”. 

Es solo el último ejemplo en la violación serial del “derecho internacional”. El registro diario es enorme, e incluye: Los bombardeos de Serbia por la OTAN durante 78 días en 1999 para permitir la secesión de Kosovo; la invasión de EE.UU. en 2003 y la subsiguiente billonaria ocupación y creación de una guerra civil en Iraq; los bombardeos de Libia de la OTAN/AFRICOM en 2011 invocando R2P (“la responsabilidad de proteger”) como cobertura para provocar un cambio de régimen; la inversión de EE.UU. en la secesión del Sur de Sudán, rico en petróleo, para que China tenga otro dolor de cabeza geopolítico; y la inversión estadounidense en una perenne guerra civil en Siria.

No obstante Moscú sigue creyendo (¿desatinadamente?) que hay que respetar el derecho internacional presentando al Consejo de Seguridad de la ONU información clasificada sobre todas las acciones occidentales de inteligencia/operaciones psicológicas conducentes al golpe en Kiev, incluyendo “entrenamiento” asegurado por Polonia y Lituania, para no mencionar la participación de la inteligencia turca para la realización de un segundo golpe en Crimea. Diplomáticos rusos pidieron una investigación internacional imparcial. Esta nunca tendrá lugar; la narrativa de Washington sería totalmente desenmascarada. Por ello habrá un veto de EE.UU. en la ONU.

El ministro de Exteriores ruso Sergei Lavrov también pidió que la Organización por la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) investigue objetivamente a los francotiradores que dispararon a todos los que tenían a la vista en Kiev, como lo reveló el Ministro de Exteriores de Estonia a la jefa de política exterior de la UE, Catherine "I love Yats" Ashton.
Según el embajador de Rusia en la ONU, Vitaly Churkin, “aparecería un cuadro totalmente diferente en comparación con el que presentan los medios estadounidenses y, por desgracia, algunos políticos estadounidenses y europeos”. Sobra decir que no habrá ninguna investigación.

Hola, soy su buen neonazi

Todos recuerdan al “buen talibán”, con el cual EE.UU. podía negociar en Afganistán. Luego aparecieron los “buenos” yihadistas de al Qaida, que EE.UU. podía apoyar en Siria. Ahora son los “buenos neonazis” con los cuales Occidente puede cooperar en Kiev. Pronto habrá los “buenos yihadistas que apoyan a los buenos neonazis”, que pueden ser desplegados para apoyar las intenciones de EE.UU./OTAN y contrarias a los rusos en Crimea y más allá. Después de todo, el mentor de Obama, Dr. Zbigniew “el Gran Tablero de Ajedrez” Brzezinski es el padrino de los buenos yihadistas, totalmente armados para combatir contra la ex Unión Soviética en Afganistán.

Tal como van las cosas en el terreno, los neonazis vuelven definitivamente como los buenos muchachos.

Por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, fascistas y neonazis están al mando en una nación europea (aunque Ucrania podría ser caracterizada sobre todo como la nación fluctuante crucial en Eurasia). Parece que pocos en Europa se han dado cuenta.

El desfile de personajes incluye al ministro interino de defensa ucraniano y ex estudiante en el Pentágono Ihor Tenyukh; al primer ministro adjunto para asuntos económicos e ideólogo de Svoboda, Oleksandr Sych; el agro-oligarca ministro de agricultura Ihor Svaika (Monsanto, después de todo, necesita un agente en jefe); el jefe del Consejo Nacional de Seguridad y comandante en Maidán de neonazis del Sector Derecho, Andry Parubiy; y el jefe adjunto del Consejo Nacional de Seguridad, Dmytro Yarosh, fundador de Sector Derecho. Para no mencionar al líder de Svoboda, Oleh Tyanhybok, amigo cercano de John McCain y de Victoria Nuland, y proponente activo de una Ucrania libre de la “mafia moscovita-judía”.

Mientras el Kremlin se niega a tratar con esta pandilla y el referendo del 16 de marzo en Crimea es prácticamente dado por hecho, el equipo de “Yats” está plenamente legitimado, con honores, por el equipo de Obama, con su líder incluido, en Washington.

Para citar a Lenin, ¿qué hacer? Una lectura cuidadosa de las acciones del presidente Putin sugeriría una respuesta: nada. Como ser solo esperar, mientras se subcontrata a la UE el futuro inmediato de la espectacular bancarrota de Ucrania. La UE es impotente incluso ante la tarea de rescatar a los países del Club Med. Inevitablemente, más temprano que tarde, con o sin amenazas de sanciones, volverá arrastrándose a Moscú a la busca de “concesiones”, de modo que Rusia también podría pagar la cuenta.

Mientras tanto, en Ductistán

Mientras tanto, el Nuevo Gran Juego (de amenazas) en Eurasia progresa sin tregua. Moscú llegaría gustosamente a un compromiso respecto a una Ucrania neutral, incluso con neonazis en el poder en Kiev. Pero una Ucrania ligada a la OTAN es una línea roja absoluta. A propósito, la OTAN está “monitoreando” Ucrania con aviones AWACS desplegados en el espacio aéreo polaco y rumano.

Por lo tanto el tan alabado “reajuste” entre el Kremlin y el gobierno de Obama ha sido enterrado para todos los efectos prácticos (sin que se pueda esperar un renacimiento al estilo de Hollywood), lo que queda es el peligroso juego de amenazas. Desplegado no solo por el Imperio, sino también por sus acólitos.

Esa colección monstruosa de burócratas sin cara al estilo de Magritte en la Comisión Europea (UE), agregada a la interminable amenaza de sanciones de la UE, ha decidido retardar una decisión sobre si Gazprom podrá vender más gas a través del gasoducto OPAL en Alemania, y también retardar las negociaciones sobre South Stream, el gasoducto bajo el Mar Negro que debería entrar en operación en 2015.

Como si la UE tuviera algún Plan B factible para escapar a su dependencia del gas ruso (para no hablar de evadir el muy lucrativo juego financiero entre capitales europeas clave y Moscú). ¿Qué van a hacer? ¿Importar gas en vuelos de Qatar Airways? ¿Comprar GNL de EE.UU. algo que no será factible en el futuro previsible? El hecho es que desde el minuto en que comience una guerra del gas, si llegara a ocurrir, la UE estará bajo intensa presión de una serie de naciones miembros para mantener (e incluso ampliar) su solución con el gas ruso –con o sin “nuestros bastardos” (neonazis) en el poder en Kiev-. Bruselas lo sabe. Y sobre todo, Vlad ‘el Martillo’ [Putin] lo sabe.


Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y de Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su libro más reciente es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Contacto
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El arca de Noé se hunde en el mercado financiero

Alejandro Nadal
www.jornada.unam.mx/120314

En los últimos tres años se han multiplicado las iniciativas para crear mecanismos de compensación sobre pérdidas de biodiversidad. Se trata de sistemas que permitirían, en principio, remediar la pérdida de biodiversidad por algún proyecto económico al recrear condiciones ambientales similares en otros sitios. A veces se le llama a este sistema, un esquema en el que no hay pérdidas netas. La comunidad financiera está feliz con esta idea.

Los esquemas de compensación de pérdidas de biodiversidad descansan en la idea de que la destrucción de un ecosistema en una cierta localidad puede ser compensada con la preservación de un ecosistema idéntico o comparable en una otra localidad. Por ejemplo, un proyecto de desarrollo urbano que tuviera que destruir una parte de un bosque podría reparar el daño construyendo las condiciones para que otro bosque pueda subsistir. De este modo, argumentan los promotores de los esquemas de compensación de biodiversidad, se pueden obtener los beneficios del desarrollo y, al mismo tiempo, los de la conservación de la naturaleza.

En el fondo, la compensación de biodiversidad introduce el supuesto de que los ecosistemas y la biodiversidad son bienes fungibles: pueden ser usados en cantidad y calidad equivalente para extinguir obligaciones contractuales (una tonelada de trigo rojo de invierno es igual a otra del mismo trigo). Pero es evidente que este principio de equivalencia tiene muchos problemas cuando se habla de ecosistemas. Algunos problemas se relacionan con las características de los ecosistemas y las especies. Otros están vinculados con la parte económica y legal de estos mecanismos.

Aun asumiendo que es posible encontrar ecosistemas equivalentes resulta imposible presentar un cálculo certero sobre lo que se pierde cuando se destruye un ecosistema. Aquí no se trata de calcular el valor de un ecosistema en términos monetarios. Eso ya es un problema mayúsculo que no ha sido resuelto, por más que se ha invertido en el estudio de metodologías para ‘determinar el valor de la biodiversidad’.

La razón es que hay que tomar en cuenta el valor de los servicios ambientales que se perderán, el valor de uso directo y, finalmente, el valor de no uso (el valor para las personas que no lo usan pero que disfrutan de saber que ese ecosistema perdura y está bien conservado). Todo eso debe ser proyectado hacia el futuro para tomar en cuenta el valor presente del flujo de beneficios que generaría el ecosistema en cuestión. Las dificultades son insuperables (la selección de la tasa de descuento no tiene una solución ‘técnica’) pero aquí el problema no es calcular un valor monetario.

En materia de biodiversidad la idea de que su pérdida puede repararse con la conservación de ecosistemas equivalentes es aberrante. Los ecosistemas son organizaciones complejas cuya evolución depende de miles de factores internos y externos. Alteraciones infinitamente pequeñas en las condiciones iniciales de dos ecosistemas comparables llevarán irremediablemente a grandes diferencias estructurales al pasar el tiempo. Es decir, aunque sea pensable tener dos ecosistemas idénticos su evolución no será idéntica. La destrucción de uno de estos ecosistemas implica anular esas vías evolutivas alternativas y nada puede compensar esa pérdida. Las técnicas de restauración ecológica no pueden y no podrán resolver estos problemas.

Por eso es imposible determinar las pérdidas y tampoco es posible identificar lo que deben constituir las compensaciones. Por cierto, en la práctica, los responsables de un proyecto económico tenderán a subestimar la magnitud de pérdidas y a sobreestimar la de las ‘compensaciones’.

Los esquemas de compensaciones buscan escapar a las regulaciones que deberían prohibir la destrucción ambiental. La idea es determinar un precio para todos los ecosistemas (o sus componentes) para así hacer innecesarios los controles públicos: las fuerzas del mercado harán más improbable la destrucción de los ecosistemas más ‘valiosos’ porque será más costoso asegurar la compensación en esos casos.

La idea de un mercado de biodiversidad ya es objeto de planes y transacciones. Los promotores inmobiliarios están felices porque los costos de sus proyectos hoteleros y comerciales pueden siempre incorporar un rubro adicional para compensación. Sus proyectos pueden ser llevados a la práctica sin que se interpongan molestas organizaciones civiles o no gubernamentales. Y esos gastos pueden ser objeto, además de transacciones en un mercado de biodiversidad.

Los obstáculos para alcanzar buenos resultados a partir de los esquemas de compensación de pérdidas de biodiversidad (cero pérdida neta) no son insuperables para el capital financiero.


Si Noé hubiera tenido un consejero financiero, éste le habría aconsejado admitir en su arca sólo a los que pueden pagar. O como se dice hoy en la jerga de estos mercados de biodiversidad, lo que paga se queda. Noé le habría preguntado a cada especie: Y tú, ¿cuántos recursos puedes generar en los próximos años?