"Quórum Teológico" es un blog abierto al desarrollo del pensamiento humano y desea ser un medio que contribuya al diálogo y la discusión de los temas expuestos por los diferentes contribuyentes a la misma. "Quórum Teológico", no se hace responsable del contenido de los artículos expuesto y solo es responsabilidad de sus autores.

Ya puedes traducir esta página a cualquier idioma

Déjanos tu mensaje en este Chat

COCIENTES

Guillermo S. Edelberg DBA

Profesor Emérito, INCAE Business School                                     

www.guillermoedelberg.com.ar


Un artículo que leí en un diario antes de escribir estas líneas tenía título y subtítulo atractivos. Decía así: “Científicos teen. Son chicos, pero ya investigan a lo grande. Cada vez son más los chicos que participan en ferias nacionales e internacionales, concursos, expediciones, clubes; algunos desarrollan tecnologías que atraen la atención de profesionales”. El artículo señalaba que “…muchos se tientan en las escuelas; otros simplemente dan rienda suelta a su curiosidad y al gozo de seguir un impulso interior que los lleva a explorar temas desconocidos para dar con la solución a un problema,” y finalizaba así: “una organización sin fines de lucro… ofrece a un grupo de adolescentes la posibilidad de combinar los experimentos con el placer de la exploración, la diversión con el rigor analítico, la curiosidad con el pensamiento crítico, la imaginación y la creatividad”. (N. Bär, diario La Nación de  Buenos Aires, 2 de septiembre de 2014).

Terminada la lectura del artículo me llamó la atención el hecho de que su contenido no incluyera la inteligencia ─o el talento─ de estos jóvenes. Su curiosidad, en cambio, era mencionada dos veces, tal como se observa en la cita anterior. ¿Conduce esto a afirmar que la curiosidad es más importante que la inteligencia?

Para aclarar mi duda releí otro artículo, escrito con más orientación hacia lo académico que el anterior, en el que su autor se ocupaba de responder por qué algunas personas son más capaces que otras para enfrentar las complejidades de nuestra época. El artículo en cuestión señalaba que existían tres cualidades psicológicas clave que mejoraban el enfrentamiento, a saber:

CI, cociente de inteligencia, llamado también cociente intelectual o coeficiente de inteligencia (en inglés: IQ, intellectual quotient). Éste se refiere a la habilidad mental que influye en aspectos tales como el desempeño en el puesto de trabajo y el éxito en una carrera por cuanto niveles importantes de IQ le permiten a las personas conocer y resolver problemas nuevos en forma más rápida.

CE, cociente emocional (EQ, emotional quotient). Se refiere a la habilidad de percibir, controlar y expresar emociones. Las personas con un importante cociente emocional son menos susceptibles al estrés y la ansiedad.

CC, cociente de curiosidad (CQ, curiosity quotient). Se refiere a una mentalidad “hambrienta”. Las personas con un importante cociente de curiosidad son más inquisidoras y abiertas a nuevas experiencias. El autor del artículo señala que si bien este cociente no ha sido estudiado tan profundamente como los anteriores existen evidencias de que es igual de importante. Quienes ostentan un importante cociente de curiosidad son más tolerantes a la ambigüedad y a lo largo de los años acceden a mayores niveles de conocimientos. El autor del artículo cita a Albert Einstein, quien dijera lo siguiente: “no poseo ningún talento especial. Sólo soy apasionadamente curioso”. (T. Chamorro-Premuzic, Curiosity is as important as intelligence. Harvard Business Review Blog Network: 27 de agosto de 2014)

¿Se debe concluir por lo tanto que la curiosidad es tan importante como la inteligencia tal como indica  el título del artículo recién citado?

Parecería que sí. En otro artículo publicado en The New York Times su autor se pregunta cómo adaptarse a los frecuentes cambios que tienen lugar en la actualidad y dice lo siguiente:

              Sabemos que será vital contar con más y no con menos educación “correcta”, desarrollar habilidades que se complementen con la tecnología y no las que ésta pueda reemplazar fácilmente, hacer que todos innoven en lo relacionado a productos y servicios nuevos para emplear a la gente a las que la automación y el software han liberado de trabajos rutinarios. Los ganadores no serán sólo aquellos con más CI. También lo serán quienes tengan más CP, cociente de pasión (PQ, passion quotient)  y CC, cociente de curiosidad, como para influir en las nuevas herramientas digitales. Esto servirá no sólo para encontrar trabajo sino también para inventarlo o reinventarlo, tanto para aprender como para reaprender a lo largo de la vida. (Thomas L. Friedman,  It’s PQ and CQ as much as IQ, 29 de enero de 2013).

          Este último autor, en un trabajo anterior, presentó su tan citada “fórmula”: CQ + PQ > IQ y dijo lo siguiente: “dadme un muchacho con pasión para aprender y curiosidad para descubrir y lo haré sobrepasar todos los días a un muchacho con un gran CI; pero con menor pasión”.

            ¿Respondimos el o los interrogantes planteados más arriba? No está tan claro. Hay quienes dicen que en lugar de un cociente de pasión convendría introducir un cociente de tecnología. Otros mencionan, por ejemplo, cociente de liderazgo, cociente de carisma y cociente de creatividad. ¿Son demasiados cocientes?

Para terminar: si alguien sufre por no alcanzar un determinado cociente es posible que le venga bien recordar los versos de Martín Fierro que dicen así: Junta esperencia[1] en la vida / hasta pa dar y prestar / quien la tiene que pasar / entre sufrimiento y llanto; / porque nada enseña tanto / como el sufrir y el llorar. (José Hernández, Martín Fierro. Versos 121-126)

Usted, lector, ¿qué opina?







[1] Experiencia