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El diálogo, sus reglas y la verdad

Un viaje cariñoso y entrañable

Bartomeu Melia, sj
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Centenares de miles de personas en la última misa del Papa en Paraguay
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Francisco I, en Paraguay
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El Papa, en Paraguay

El viernes 10 llegó el Papa Francisco al Paraguay. El tiempo estaba feo e inestable. Los primeros actos protocolarios que incluían cantos y escenificaciones -nada folklóricas por cierto, al distanciarse tanto de lo realmente popular- se desarrolló bajo una fina y persistente lluvia.

La voluntad del pueblo paraguayo, en este caso casi exclusivamente asunceno, mostró su aguante proverbial. Venía el padre y el hermano y había que verlo cuanto antes, con lluvia aunque fuera.

Pero se notaba en pequeños detalles subrepticiamente aflorados aquí y allá, que dos voluntades habían caminado paralelas en su preparación: un programa protocolario -ciertamente necesario- y la esperada visita espontánea y confiada como si fuera la llegada de un ser querido en la propia casa, en el barrio o en la capilla; y de hecho, ya en la calle, lugar sin paredes que cortan el intercambio; donde se oye y se ve la alegría de todos los gritos de los niños, los suspiros de la personas mayores, las palabras a media voz, más fuertes al fin que el grito. Una recepción cariñosa y entrañable, como parece no haya tenido otra igual en otros lugares visitados.

Desde hacía días había sospechas de que el diálogo sincero y abierto sería difícil que pudiera abrirse paso. Los organizadores, con excusas varias, no habían dado paso a varias peticiones de indígenas y campesinos. Se había hecho un barrido superficial por las calles por donde pasaría el Pontífice, que aparecerán sucias y con baches el día siguiente.

Hubo el consabido intercambio de regalos en el Palacio de los López, y después los discursos de rigor en una elegante carpa en el jardín. El telón de fondo semejaba una tupida selva, con plantas y flores. Es el Paraguay todavía se proyecta hacia el exterior, cuando en realidad el Paraguay está hoy deforestado y calvo, sólo cubierto por inmensos latifundios de cultivo de soja.


El sábado la primera visita fue en el hospital pediátrico, donde están niños con algún tipo de cáncer, algunos pacientes neurológicos y otras enfermedades de difícil curación y los familiares que les acompañan en un camino humanamente sin salida. La emoción y la devoción estableció entre los enfermos, sus familiares, médicos y enfermeras un sentir común de dolor y esperanza que el Papa asimiló por completo como propio.

La visita al santuario de la Virgen de Caacupé, en el contexto de María como modelo de aceptación del plan de Dios y el acompañamiento de la fe que cree y espera contra toda esperanza, sería la ocasión de insistir en un lugar común del Papa Francisco, que le hace repetir y reivindicar que la mujer paraguaya es la más gloriosa de América por haber tenido que soportar las guerras inicuas y terribles, más faltas de sentido común por ser fratricidas, y por las consecuencias de desamparo y hambre con que tuvo que luchar esa mujer para que la patria no muriera.

Después de bajar del cerro de Caacupé, el encuentro con la sociedad civil fue uno de los momentos altos de la visita. Era la ocasión de la ciudadanía más independiente y libre. El Papa antes de hablar, escuchó. Escuchó a representantes de la sociedad civil elegidos por sus propias bases, no digitadas desde otra instancia, que aunque habían dado un texto al Santo Padre, era la expresión libre de la situación y problemas de cada uno de esos sectores: un joven, dos indígenas, una campesina, y una empresaria. Después de escuchar, habló, improvisando la mayor parte de su charla. Esto permitió salir de la rigidez del programa, aunque quedaron silencios sobre temas de los cuales no se le había informado, al parecer, y que sin embargo, están gravando pesadamente en la reciente historia del Paraguay, sobre todo desde 2012.

El primero: ¿Qué pasó en Curuguatý? Una masacre de once campesinos y seis policías, en junio de 2012, que desde el inicio se vio embarrada por graves falencias de la fiscalía, y que no se ha logrado todavía juzgar, después de tres años, a pesar de que siguen presos algunos imputados. Fue pretexto y causa del golpe de Estado, disfrazado de juicio político, que depuso en 24 horas al presidente democrático Fernando Lugo. Siguieron gobiernos de facto, donde el robo de las arcas del Estado y la corrupción aumentaron desvergonzadamente. Mientras este capítulo no se cierre, la historia del Paraguay quedará en estado de injusticia.
Abogó por la solución de un secuestro que continúa por más de un año, y que por providencial desinformación -o información certera-, atribuyó al ejército nacional. ¿Hay justicia en el Paraguay? Preguntó y la repuesta fue un atronador ¡no! de parte del público.

La corrupción y el narcotráfico son los grandes problemas del momento, por lo que suponen de polilla y gangrena del Estado y de la sociedad que se ve expuesta a esa pestilencia por amenazante contagio que puede invadir todo el ambiente. Fue una de las frases que tardará en morir, y ojalá así sea, que la corrupción es la polilla y gangrena de los pueblos.

En una gran lección de pedagogía, que habla después de escuchar, con humildad y con entereza también, sin dar lecciones, y menos atizando prejuicios de "eso lo dijo por ti", y nada por mí ; un diálogo que respeta los condiciones de sincera neutralidad, que no quiere decir relatividad, pero que no tiene juicios previos partidarios, que acepta jugar limpio y por algo que valga la pena, sin "jóvenes jubilados" antes de haber empezado a trabajar, que no se queda en las ideologías sin llevarlas al campo duro y real de lo concreto. Las referencias al Paraguay no fueron directas, pero cada uno las asumía como certeras y la refrendaba con repetidos aplausos. En esa sesión y hubo un extraordinario compartir y connivencia con las palabras del Papa.

Nadie lo dice abiertamente, porque es doloroso, pero el Paraguay está pasando por una grave crisis de identidad debido a un rumbo de desarrollo económico que lo sacrifica todo, cuerpos y almas, a un supuesto progreso basado en términos de rentabilidad inmediata. La deforestación de este país de selvas se hace con una rapidez y amplitud que ya ha puesto en riesgo la salubridad del suelo, del agua y del aire.

Esta deforestación y degradación del ambiente corren paralelas con el vacío de una producción agrícola familiar, que en términos generales es todavía lo más sustentable a largo plazo. Lo más inadmisible es que este progreso monetario se traduce en desplazamiento de las poblaciones rurales a las periferias de las ciudades, donde la cultura, la convivencia pacífica y hasta el uso de la lengua guaraní como signo de identidad se están resquebrajando, y aún así con muestras de fuerte solidaridad entre los pobres, de quienes en fin de cuentas depende el futuro.

Una de las expresiones que llegó al corazón de todos los que quieren al Paraguay fue que la corrupción es la polilla y la gangrena de los pueblos. En el grado de ahora el Paraguay nunca había pasado por esta situación.

La visita a un sector de los Bañados -la capilla de San Juan-, que se extienden por la costa inundable del río Paraguay y donde se ha ido concentrando la mayor pobreza y miseria de quienes aquí vinieron porque ya no encontraban otro lugar, ha tenido lugar hoy, sábado. El pueblo, con verdad y humildad, ha expuesto el abandono en que el Estado los deja, sin medios de transportes, con puestos de salud precarios y sobre todo en situación de tener un suelo donde levantar un techo propio.

La segunda y última misa en el Paraguay ha sido en una gran explanada, cuyas partes más bajas eran un lodazal para los que no tenían credenciales de puestos fijos.

El retablo del altar donde se ha celebrado la misa está inspirado en arte de las Reducciones de los Guaranís, realizado con amarillas mazorcas de maíz, columnas de calabazas y fondo de verdes cocos sobre fondo azul. En la casi totalidad de los cocos una firma de adhesión de los que de antemano ya quisieron estar presentes en esta celebración. Las figuras de IHS, San Francisco y San Ignacio, pintadas realísticamente, a modo de mosaico, con semillas de diversas especies vegetales.

Esta misa ha retomado explícitamente el sentido de que, conforme al Evangelio del día, se trataba de una visita de fe.

La población ha visto al Papa pasando por avenidas y calles, la mayoría sin embargo ha escuchado sus palabras gracias a diversos medios de comunicación. En la despedida una comunidad de indígenas guaranís le ha dicho adiós con un ritual guaraní. Tal vez, la nostalgia por las raíces, de una nación que habla guaraní mayoritariamente, pero que no es guaraní ni quiere serlo, y que sin embargo podría aprender tanto de sus saberes muy vivos, pero también tan amenazados.