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Bienaventurados aquellos que cuidan a su prójimo…


Por: Rev. Manning Maxie Suárez +

Dichosos los que sufren, porque serán consolados”, “Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos”, “Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos”.

En la Jerusalén del tiempo de Jesús, ciudad esta tomada por el imperio romano y gobernada con mano fuerte por el gobernador Poncio Pilato, donde sus autoridades exigían con mano fuerte, tributos personales y territoriales para el Emperador, y muchos otros aportes en especie para el mantenimiento de sus tropas de ocupación.  Los judíos eran una nación sometida, oprimida y dividida por muchos grupos internos adversos entre sí, y que vivían en constante situaciones de injusticia social.  Solo un grupo pequeño y socialmente exclusivo, constituidos en la casta sacerdotal, los fariseos y los súbditos de Herodes Antipas, y que solo se preocupaban por ellos, vivían una vida de reyes, onerosa y de privilegios dentro de esta situación paupérrima y de opresión de la nación judía.  El resto del pueblo padecía y vivían día a día su lamentación.

En un contexto como este, es que Jesús de Nazareth, viendo a su pueblo como “ovejas sin pastor”, se sienta en la cima de una loma y declara sus “bienaventuranzas de esperanza” para todo hombre y mujer que sufre, llora y no encuentra consuelo a sus pesares en este valle de lágrimas y muerte, por el pecado social de la humanidad apartada del Dios de la Vida.  Las bienaventuranzas son, de parte de Jesús, una exhortación hacía la esperanza que produce permanentemente un estado de alegría y felicidad, y son para todos los cristianos, una regla a seguir en los caminos que conducen a ella.  Ante la adversidad que vive su pueblo él, proclama “Esperanza” en medio de tantas situaciones de pecado y de muerte.

Mi querida Panamá, es una nación desigual, pero una nación con muchos recursos económicos pero muy, muy desigual.  La Pandemia ahora ha acelerado más estás desigualdades a todos los niveles.  El desempleo en el país es escandaloso y es obvio, por la situación que vivimos… Tenemos más de cinco mil panameños contagiados en toda la nación y más de 150 muertos producto de la misma, sin contar con las otras muertes que no dejan de ser importantes como por otros casos de otras naturalezas.  Es un país que se debate en medio de la enfermedad y de la muerte de sus conciudadanos.  Pienso hoy en aquellos familiares que han tenido que pasar su dolor en el anonimato a causa del Covid-19.  Sumemos a esto, el stress causado a todos, por el desempleo y las cuentas por pagar… ¿de dónde? Si no hay ingresos, es una situación muy deplorable.

Sin embargo y a pesar de estas “situaciones dantescas”, hay un grupo de personas, ciudadanos y residentes extranjeros en Panamá, que día a día luchan constantemente para ayudar a aquellos que sufren, a aquellos que sufren angustias y desesperanzas y que sus mentes están angustiadas y al límite, a aquellos que sufren por la muerte de familiares, amigos y vecinos.  Ellos son nuestros “Héroes Anónimos”: las enfermeras, los médicos, los técnicos de la salud, todo el personal de apoyo de los hospitales, los paramédicos, los estamentos de seguridad del estado, los bomberos, las administraciones generales del MINSA, la CSS, el MIDES, los que recogen la basura diaria, miles y miles de personas que exponen sus vidas a diarios y se hacen solidarios con las necesidades de todos los que residimos en esta nación.

A ellos, solo estas palabras caben en el corazón de todos y se la transmitimos desde este artículo: “Bienaventurados”, “Dichosos”… A ustedes van dirigidas estas palabras del Señor Jesús, que hace más de dos mil años dijo, por esa atención a nuestros compatriotas que tanto sufren y lloran en estos momentos de aflicción.  A ustedes que han mostrado “Compasión” por todos, ofreciendo sus vidas a cambio de las nuestras.  A ustedes que por sus sacrificios diarios se sacrifican trayendo paz a las almas y corazones de todos, convirtiéndose en trabajadores de paz.  Es por ello, que “Dios los llamará hijos suyos”.

Nos queda un largo camino por recorrer, ojalá que este testimonio de estos miles de panameños y residentes extranjeros “Bienaventurados”, que día a día dan sus vidas, para que todos tengamos salud y vida, sean imitado por todos los que residimos en esta hermosa nación.

Ofrezco esta oración por todos los que sufren a causa del Covid-19 y otras enfermedades:

Oremos: Oh Dios de poder celestial, que por la fuerza de tu mandato ahuyentas de nuestro cuerpo toda dolencia y enfermedad: Hazte presente, por tu bondad, con tus siervos, para que sus debilidades sean desvanecidas y su vigor restaurado; y que, recuperada su salud, puedan bendecir tu Santo Nombre; por Jesucristo nuestro Señor, Amén.


  

Leyes de una moratoria: una de cal y otra de arena

Polo Ciudadano

Leyes de una moratoria: una de cal y otra de arena

El presidente Laurentino Cortizo, forzado por la presión popular, que realizó más de 50 protestas callejeras en comunidades la última semana de abril y el pailazo generalizado del domingo 3 de mayo, por un lado; por otro, por las denuncias de corrupción sobre compras de respiradores y otros insumos para combatir la COVID-19, en las que la ciudadanía pedía la renuncia del vicepresidente José Gabriel Carrizo; se vio obligado a firmar parcialmente la moratoria de deudas y pagos a servicios públicos que exigíamos las organizaciones populares para aliviar un poco la crítica situación económica de miles de familias trabajadoras afectadas por la pandemia de la COVID.
Ha sido una victoria parcial porque Cortizo sancionó el proyecto de Ley 295, relativo a la moratoria en el pago de servicios públicos, como agua, luz, telefonía y la cancelación de los lanzamientos de familias que no puedan pagar sus alquileres de vivienda en estas circunstancias. Todo lo cual es un alivio que la gente celebró con justificada razón, pero que no ha sido un regalo del gobierno, sino producto de la presión popular.
Pero el presidente NO firmó el proyecto de Ley 287, relativo al pago de hipotecas, préstamos, tarjetas de créditos, etc. Al contrario, Laurentino Cortizó anunció su veto a este último proyecto de ley para regocijo de los banqueros que controlan la economía panameña.
En lugar de sancionar la Ley 287, Cortizo agachó la cabeza frente al poder económico del sector financiero, que en todo momento se negó rotundamente a ser regulado por el estado bajo ninguna forma. Lo que se presentó al país, en vez de una ley, fue un “acuerdo” de la Asociación Bancaria Nacional que establece una moratoria hasta diciembre próximo.
La moratoria acordada por los banqueros, sin duda es un alivio para asalariados que han perdido sus empleos, para profesionales y PYMES que se encuentran paralizados. Pero este alivio de las deudas es momentáneo, parcial y controlado por los propios bancos ante los cuales hay que acudir a negociar individualmente las nuevas condiciones.
Conviene tener presente que, a partir de enero, los deudores deberán enfrentarse a los pagos correspondientes a 2021 más el acumulado del capital e intereses de 2020, al margen de si han conseguido recuperar sus empleos o restaurado sus negocios a la normalidad.
El regalo para los banqueros ha sido enorme, porque el presidente anunció que los “sacrificios” que supuestamente harían con la moratoria hasta diciembre sería resarcido con 500 millones de dólares de un préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual terminaremos pagando todos los panameños y panameñas.
Tómese en cuenta que ya el gobierno de Cortizo, a inicios de la crisis del COVID-19, permitió a los banqueros usar B/. 1,300 millones del fondo de reserva para responder por los depósitos de los ahorristas dejando a estos sin ese respaldo y que, además la banca panameña había anunciado que el año 2019 había obtenido utilidades por más de B/. 1,800.00 millones. Es decir, sacrificio para los banqueros ninguno, para el pueblo todo.
Ante las protestas barriales por el ineficiente y politiquero manejos de las ayudas del Plan Panamá Solidario, con bonos y bolsas mal repartidas pese a que no alcanzan para una canasta básica de alimentos, el gobierno agilizó el pago del “vale solidario” mediante la cédula personal a decenas de miles de personas, aunque sigue sin llegar a otras decenas de miles que lo necesitan. Una de cal y otra de arena.
No olvidamos que estos logros parciales son una victoria de miles de pobladores que se echaron a las calles, pese al temor al contagio, a exigir al gobierno una respuesta acorde con el drama del momento que se vive. No olvidemos que varias de esas protestas fueron duramente reprimidas y sus participantes judicializados, lo cual va a requerir una campaña de solidaridad para que se levanten los procesos.

Se evidencia que un sistema de explotación de clase como el capitalista es incapaz de practicar la solidaridad humana ni siquiera en situaciones trágicas como las que está padeciendo la humanidad en estos momentos con la pandemia. Los capitalistas siempre buscan sacar ventajas y hacer negocios a costa de la salud pública, ya vendiendo con sobrecostos medicinas y equipos médicos, ya sea pasando la factura a los salarios de la clase trabajadora.

Una vez más queda demostrado que solo tendremos una sociedad solidaria y humana si sacamos a los oligarcas corruptos del poder e instauramos un gobierno que responda a las demandas de los explotados.
¡La lucha continúa!


Panamá, 8 de mayo de 2020.