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Siete preguntas incómodas sobre ISIS y las guerras contra el terrorismo

Siete preguntas incómodas sobre ISIS y las guerras contra el terrorismo

www.rebelion.org/171115

¿Es el terrorismo yihadista el más peligroso?

Sí, para los musulmanes. Hace unos días, ISIS asesinó a 37 civiles en Beirut en una zona habitada en su mayoría por chiíes. En nuestros países, nadie puso en circulación hashtags o campañas de homenaje. Incluso muchos medios titularon que el atentado se había producido en una “zona controlada por Hizbolá”. No se hacen hashtags por Hizbolá.

En las guerras de Irak y Siria decenas o centenares de miles de musulmanes han muerto en esas guerras civiles cuyo punto de arranque fue la invasión norteamericana de Irak. No lo olvidemos. El derrocamiento de Sadam Hussein tenía como objetivo no ya acabar con una dictadura, sino rediseñar las fronteras políticas de Oriente Medio e iniciar una nueva era. “Seremos recibidos como libertadores”, dijo Cheney en marzo de 2003.

Fue uno de los grandes errores históricos de siempre, a la altura de la invasión soviética de Afganistán o la decisión de Hitler de lanzarse sobre la URSS. Reforzó a Irán al llevar a sus aliados al poder en Bagdad y alentó una paranoia creciente en los regímenes suníes sobre el creciente poder de los chiíes. La campaña de bombardeos saudíes en Yemen debe mucho, casi todo, a esa confrontación que se repite con distintas formas en varios puntos de Oriente Medio y ha creado suficientes monstruos como para que nos atormenten durante años. Siempre estamos a tiempo de crear más.

¿Es ISIS, como antes Al Qaeda, una amenaza real e inminente para los habitantes de Europa y EEUU?

La horrible carnicería de París nos lleva a pensar que el terror tiene en este planeta la forma de un joven musulmán fanático que hará lo que sea para matar a un europeo o norteamericano. La realidad indica que eso no es cierto. En EEUU, es más fácil acabar tiroteado por un compatriota.

Pero hay muertes que no exigen lanzar una guerra universal.
Evidentemente, si el que comete una matanza es un ultra cristiano, no hay que profundizar demasiado. Es sólo un loco. Su odio no representa a nadie y aquí no hay nada más que ver.

¿Nos enfrentamos a una guerra que hay que afrontar como tal y sin contemplaciones?

Ese es el punto de vista de los halcones y de los que piensan que no hay problema estratégico que no se pueda solucionar matando gente. Son los que creen que cada año nos enfrentamos al dilema de Neville Chamberlain y que ignoramos que siempre hay que luchar contra el mal absoluto con las armas en la mano.

Desde 2001, los países occidentales han invadido Afganistán e Irak. Han lanzando sus drones sobre Pakistán, Yemen y Somalia en una campaña permanente que nunca tendrá fin. Han impuesto en Libia una zona de exclusión aérea que propició el derrocamiento de Gadafi. Han tolerado la invasión saudí de Yemen. Han reconstruido ejércitos como el iraquí que se han revelado como una banda mediocre y corrompida. Han anunciado que el régimen sirio debía desaparecer, ayudado a algunos grupos insurgentes y tolerado que saudíes y turcos armen a los más peligrosos de los enemigos de Asad. Han lanzado una campaña de bombardeos contra ISIS que lleva ya 8.125 ataques aéreos hasta el 12 de noviembre (con un coste de 5.000 millones de dólares, una media de 11 millones diarios), a la que ahora se ha sumado Rusia.

No parece que en catorce años la ideología oficial de Occidente haya sido el pacifismo. Sarkozy ha dicho que “nada puede ser como antes, debe ser una guerra total”. Entonces, ¿cómo definiría lo que ya ha ocurrido desde 2001?

¿Es una guerra contra el Islam en la que todos los musulmanes son sospechosos?

Nada gustaría más a los yihadistas que se extendiera esa idea en Europa. No hay que negar que muchos europeos piensan así, de lo contrario Marine Le Pen no insistiría tanto en ello. Para ISIS, sí es una guerra de civilizaciones frente al Occidente de los “cruzados” en la que pretenden reclutar a los musulmanes para convencerles de que la “yihad” que les exige su religión no consiste en esforzarse en vivir bajo sus preceptos, sino embarcarse en una guerra permanente contra los infieles.

Precisamente, eso es lo que sostenía una y otra vez Al Qaeda. Pensemos en todos los artículos tras el 11S que nos alertaban de que la organización de Bin Laden pretendía llevar el Islam al corazón de Europa, recuperar “Al Andalus” y sus glorias del pasado. Era la guerra definitiva en la que la típica pusilanimidad europea hacía prever un futuro oscuro.

Nada de eso ocurrió. No hubo ningún Al Andalus yihadista. Los musulmanes de Francia, Reino Unido y España no se rebelaron contra sus amos paganos. Bin Laden acabó escondido en un chalé viendo cintas de vídeo, fue eliminado a sangre fría y su cuerpo, tirado al mar. Su organización en Irak fue aniquilada (aunque resucitaría con otro nombre, el de ISIS, gracias a ese Estado fallido que es Irak y a la guerra siria).

Hay otra forma de ver lo que Bin Laden consiguió por si nos da alguna pista sobre lo que pasará con ISIS. En una época en la que a los líderes europeos les cuesta dejar su huella, podríamos preguntar si no es cierto que Bin Laden tendría razones, si siguiera vivo, para presumir de sus logros.

En cierto modo, esa guerra permanente ha tenido en Occidente un precio terrible en términos políticos, económicos y morales. Nuestros inmaculados valores se defendieron en la prisión de Abú Ghraib desnudando a los presos y colocándoles una correa en el cuello; en Haditha, Irak, asesinando a sangre fría a hombres, mujeres y niños; y en las prisiones ocultas de la CIA aplicando el ‘waterboarding’ a los sospechosos de terrorismo.

Me pregunto de dónde sacarán algunos que la prosperidad de Occidente nos ha vuelto blandos.

¿Cómo se alimenta la base ideológica del yihadismo?

La superioridad racista y xenófoba que sienten los yihadistas tiene uno de sus principales orígenes contemporáneos en el wahabismo saudí. A partir de aquí, no es necesario escribir más. En estos momentos tan dolorosos sería de mal gusto destacar que los valores republicanos franceses tienen un precio, eso sí, muy alto. Francia venderá a Riad todas las armas que necesite, por ejemplo para sostener futuras guerras como la actual de Yemen. Quizá esas armas vuelvan para despertarnos de nuestros sueños dentro de unos años, aunque habrá quien diga que somos inocentes. Lo nuestro sólo eran negocios.

¿Existe una amenaza interior en Occidente, una quinta columna yihadista?

Si fuera así, hace tiempo que atentados como los de Madrid, Londres y París se habrían repetido con una frecuencia insoportable. Pero es cierto que Francia tiene un grave problema. Cualquiera que conozca Londres y París conoce las diferencias entre ambas ciudades, sabe que en la capital francesa una generación de jóvenes, hijos y nietos de inmigrantes, ha crecido en su rechazo al Estado y el odio al único organismo público con el que tienen relación, la Policía. No conocen nada de la égalité y fraternité que aparecen en las grandes declaraciones de los políticos.

Los poderes públicos sí hacen promesas, muchas, sobre la necesidad de que el Estado no abandone a las banlieues. Diez años después de los disturbios de 2005, “nada ha cambiado”.

Muchos de esos jóvenes se conforman con una cierta violencia de baja intensidad con la que responder a las injusticias, sean reales o exageradas. Algunos pueden ir más lejos y el Estado empieza a temer que sean demasiados como para controlarlos.

¿Significan los atentados de París que ISIS está más fuerte que nunca?

En los últimos días, los yihadistas han sufrido claras derrotas en la guerra siria. Una, ante los kurdos de las milicias del YPG, con el apoyo norteamericano, en la localidad de Sinjar, y la segunda en la provincia de Alepo, donde el Ejército ha levantado el sitio de la base de Kuweiris.

No está más fuerte que hace seis meses. No tiene ninguna posibilidad de avanzar hacia Damasco, mucho menos con el apoyo aéreo ruso a Asad. EEUU está aumentando sus suministros a los kurdos, su única manera de debilitar a ISIS sin fortalecer al mismo tiempo a Al Qaeda o Asad.

Pero hay que aceptar que mientras haya una guerra en Siria y el Estado iraquí sea incapaz de controlar su territorio, ISIS seguirá existiendo.

Cabe una posibilidad muy preocupante, que los yihadistas decidan que su “califato” no verá aumentar el territorio que controlan en Siria, y que su próximo campo de batalla está en Europa. Que quieran emular a la Al Qaeda de Bin Laden y su proyecto de atacar al “enemigo lejano”. Causarán mucho dolor, pero correrán el mismo destino.



Cómo surge el ISIS, cómo se financia, quiénes hacen la vista gorda

Cómo surge el ISIS, cómo se financia, quiénes hacen la vista gorda

Olga Rodríguez
www.atrio.org/171115

Los inicios de lo que después sería el ISIS

Los antecedentes que dieron lugar al ISIS surgen en el contexto de la ocupación de Irak. Tras la toma del país por las tropas británicas y estadounidenses (y españolas hasta 2004), se formaron diversos grupos armados para luchar contra los invasores. Entre ellos aparece la autodenominada organización de la base yihadista en Mesopotamia (procedente de Jamaa al Tawhid wal-Jihad, nacida en 1999), conocida en la prensa como Al Qaeda en Irak. Posteriormente se uniría a otros grupos bajo el nombre primero de Consejo de Muyaidines y después, en 2006, Estado Islámico de Irak. 

El contexto en Irak

Miles de iraquíes fueron detenidos en cárceles secretas estadounidenses, donde recibieron torturas diarias. Algunos arrestados desaparecían para siempre. Otros reaparecían años después devastados por las torturas, y con una sobrevenida, inquebrantable y extremista fe religiosa. 

Tras la ocupación EEUU desarticuló inmediatamente las Fuerzas Armadas iraquíes, criminalizó el partido Baaz e integró a milicias sectarias en las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes para luchar contra la resistencia. Fomentó las divisiones y entrenó a integrantes de milicias policiales que sembraron el terror.

Fue lo que se llamó los escuadrones de la muerte, comandos que arrestaron a miles de jóvenes suníes, muchos de los cuales aparecían semanas después muertos en las calles de ciudades como Bagdad, con orificios de bala en la cabeza, pies o pulmones, con huesos rotos, cráneos aplastados, piel quemada o arrancada, signos de descargas eléctricas u ojos fuera de sus órbitas.

Cientos de miles de familias huyeron del país. En tan solo unos meses más de cinco millones de iraquíes se convirtieron en refugiados. Dos millones y medio de ellos se instalaron en Siria.

En poco tiempo Irak, que había sido un país donde muchos chiíes y suníes convivían juntos, donde un elevado porcentaje de los matrimonios eran mixtos, donde no había grandes tensiones sectarias, se convirtió en un infierno. Muchos antiguos integrantes de las Fuerzas Armadas desmanteladas compartieron celda con miembros de grupos religiosos que iban radicalizándose a medida que aumentaba la violencia y la represión.

El grupo de la cárcel de Camp Bucca

Abu Baker Al Bagdadi, que se convertiría en 2010 en el líder del Estado Islámico de Irak, fue arrestado por los estadounidenses en 2004 en la ciudad de Faluya, duramente golpeada por las fuerzas de ocupación, que bombardearon viviendas, mercados, escuelas, hospitales y emplearon fósforo blanco, un armamento letal que abrasa la piel de sus víctimas. El dolor provocado en aquella ciudad es recordado hasta día de hoy por sus habitantes.

Al Bagdadi fue enviado a la cárcel de Camp Bucca, donde las torturas estaban a la orden del día. Algunos se empaparon allí de las doctrinas más extremistas y desvirtuadas del Islam, como el wahabismo. De aquella prisión saldrían muchos hombres listos para integrar las filas del Estado Islámico (ISIS o Daesh).

Las revueltas en Irak

En 2010, en un Irak totalmente roto, irrumpió un movimiento pacífico de protesta contra el gobierno central, que tomó fuerza tras el estallido de las revueltas en Túnez o Egipto en 2011.

Entrevisté por aquel entonces a uno de los organizadores de aquellas manifestaciones iraquíes, Udai Al Zaidi, hermano del famoso periodista que arrojó un zapato a George Bush y fue encarcelado por ello. Al Zaidi, chií, se manifestaba en Irak con miles de suníes y chiíes más, contra un gobierno al que tachaban de corrupto y sectario.
El gobierno de Al Maliki, aferrado al poder, reprimió aquellas multitudinarias protestas empleando balas contra los manifestantes, y apoyado por el Ejército estadounidense. Murieron cientos de personas y miles fueron encarceladas.

El 'Estado Islámico' en Siria

La represión gubernamental iraquí contra todo tipo de queja o protesta aumentó y llevó al extremismo a algunos sectores de la oposición.

Lo mismo ocurrió en Siria, donde las revueltas habían estallado en marzo de 2011. El 'Estado Islámico' de Irak envió una delegación a Siria en agosto de 2011, cuando la guerra civil siria ya estaba en marcha, tras el aplastamiento de las revueltas por Bashar al Assad. 

El líder del 'Estado Islámico' de Irak, el clérigo Al Bagdadi, formateado tras su paso por la cárcel de Camp Bucca y la guerra, anunció en 2013 la creación del 'Estado Islámico' de Irak y Levante (Siria). 

El auge del ISIS 

En 2014 el 'Estado Islámico' se hizo fuerte en Siria e Irak. Miles de hombres del ISIS, armados y protegidos con humvees y tanques, tomaron varias ciudades iraquíes sin apenas resistencia.

Contacté entonces con algunos antiguos efectivos de las fuerzas armadas iraquíes desmanteladas por EEUU y de varios grupos de la resistencia iraquí. En un momento en el que ellos mismos habían ganado posiciones en territorio iraquí, se hacían la siguiente pregunta:

¿Interrumpimos nuestra lucha contra nuestro enemigo, el gobierno de Al Maliki [apoyado por EEUU], para luchar contra el Estado Islámico, superior en número y fuerza a nosotros, o nos unimos al Daesh, a pesar de nuestras diferencias, para evitar ser derrotados?

La respuesta elegida por muchos fue la segunda. Prefirieron ser cómplices que enemigos.

Quién les iba a decir a algunos oficiales de las fuerzas del laico Baaz iraquí en 2003 que años después combatirían mano a mano con yihadistas extremos que proclamaban un califato y dictaban las normas más violentas y medievales en nombre de un distorsionado e instrumentalizado Islam.

La toma de más territorio

Grupos suníes de diversa procedencia, solo unidos por un enemigo común, terminaron integrando las filas del Daesh.  Tomaron varias ciudades iraquíes y llegaron  muy cerca de Bagdad. Apenas encontraron resistencia por parte del ejército iraquí, marcado por la corrupción:

“Los militares se fueron corriendo, no había aviones, no había nada que los parara. Para ser sincero, los únicos que hicieron algo para detener [al Daesh] fueron los militares iraníes y las milicias chiíes”, confesaba recientemente el exministro de Defensa iraquí Ali Allawi en un documental de Al Jazeera.

Desvincular Irak como contexto y desarrollo del Daesh sería hacer un análisis cojo de su evolución. En 2014, tras la toma de un amplio territorio en Irak, el Daesh proclamó el Califato del Estado Islámico de Irak y Siria, controlando un espacio similar al de Jordania. A sus filas se unieron chechenos, musulmanes procedentes de los Balcanes, del norte de África y de Asia. 

En agosto de 2014 llegó la respuesta internacional. Obama prometió acabar con el Daesh, y una alianza militar integrada por EEUU, Arabia Saudí, Emiratos o Jordania empezó a bombardear focos supuestamente controlados por el grupo terrorista.

La vista gorda y la financiación

El Daesh ha sido visto por algunos actores regionales -Israel, Turquía, Arabia Saudí, etc- como un arma potencial contra Irán. Ha mantenido débil al régimen chií de Irak y ha tenido ocupados a grupos enemigos de Israel, como Hezbolá, que lucha en Siria contra diversos grupos de la oposición, entre ellos el Daesh.

Turquía ha hecho la vista gorda ante el Daesh. El primer ministro Erdogan ha querido ver en movimientos islamistas radicales una forma de detener tanto la influencia chií en la zona como a los kurdos. Ha permitido el paso de yihadistas por su frontera, ha bombardeado a las YPG kurdas -unidades de protección popular- cuando se suponía que esos ataques tenían que dirigirse al Daesh, y ha permitido el flujo de camiones que cruzan la frontera cargados de petróleo procedente de los campos sirios controlados por el ISIS.

De ese modo cree evitar la posibilidad de una soberanía de los kurdos -que están luchando contra el Daesh- junto a su territorio.

La compra de petróleo en el mercado negro turco ha sido uno de los modos más eficaces de financiación para el Daesh, junto con el cobro de grandes sumas de dinero por el rescate de algunos secuestrados.

También recibe apoyo económico de individuos saudíes ante los que el régimen de Riad hace la vista gorda. Esas personas entregan dinero al Daesh y hacen lobby por él, presionando para que otros lo apoyen.

La guerra contra el terror

Los aliados de EEUU en Siria en la coalición que bombardea el país han sido entre otros la monarquía absolutista de Arabia Saudí, que sigue consintiendo el apoyo al Daesh desde su país.

Washington y los saudíes también operan juntos, con Emiratos, en la coalición que bombardea Yemen, donde están creando más caldo de cultivo para el terrorismo con ataques como el que el pasado septiembre mató a 131 personas e hirió a cientos más.

Las matanzas como la de París son habituales en Oriente Próximo y Medio, ya sea por ejércitos o por grupos terroristas. La llamada guerra contra el terror, la estrategia de las bombas y las intervenciones, se ha mostrado ineficaz: lejos de menguar, el terrorismo y la violencia crecen. 

François Hollande decía el sábado que la masacre de París es un acto de guerra. En realidad Occidente participa en una contienda desde que se involucró en Afganistán armando a los muyaidines que devinieron en los talibanes. Luego llegarían Irak, Libia, Siria, Yemen… Pero al ser guerras que se libran lejos de nuestras fronteras, solo nos acordamos de ellas cuando algún macabro eco llega a nuestros territorios.


París: la sombra de Argelia

París: la sombra de Argelia

Robert Fisk
www.jornada.unam.mx/171115

No sólo uno de los atacantes se esfumó después de la matanza en París. Tres naciones cuya historia, acción –e inacción– ayudan a entender la carnicería cometida por el Isis han escapado en gran medida a la atención entre la casi histérica respuesta a los crímenes de lesa humanidad en la capital francesa: Argelia, Arabia Saudita y Siria.

La identidad franco-argelina de uno de los atacantes demuestra de qué modo la salvaje guerra francesa de 1956-62 en Argelia continúa infectando las atrocidades de hoy. La absoluta negativa a contemplar el papel de Arabia Saudita como proveedora de la forma más extrema del islam, la wahabita sunita, en la que cree el Isis, muestra de qué manera nuestros líderes aún rehúsan reconocer los vínculos entre el reino y la organización que atacó a París. Y nuestra falta total de voluntad de aceptar que la única fuerza militar regular en combate constante con el Isis es el ejército sirio –que lucha por el régimen que Francia desea destruir– nos impide aliarnos con los inmisericordes soldados que están en acción contra el Isis con mayor ferocidad aún que los kurdos.

Siempre que Occidente es atacado y nuestros inocentes perecen, caemos en borrar el banco de memoria. Por tanto, cuando los reporteros nos dijeron que los 129 muertos en París representaron la peor atrocidad perpetrada en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, omitieron mencionar la masacre en París de hasta 200 argelinos que participaban en una marcha ilegal contra la salvaje guerra colonial francesa en Argelia, en 1961. La mayoría fueron asesinados por la policía francesa; muchos fueron torturados en el Palais des Sports y sus cuerpos arrojados al Sena. Los franceses sólo reconocieron 40 muertos. El oficial de policía a cargo era Maurice Papon, quien trabajó para la policía colaboracionista de Petain en Vichy en la Segunda Guerra Mundial y deportó a más de mil judíos hacia su muerte.

Omar Ismail Mostafai, uno de los atacantes suicidas en París, era de origen argelino, y acaso también lo eran los otros sospechosos identificados. Said y Cherif Kouachi, los hermanos que asesinaron a los periodistas de Charlie Hebdo, eran descendientes de argelinos. Procedían de la comunidad argelina en Francia, integrada por más de 5 millones de personas, para muchas de los cuales la guerra en Argelia nunca terminó, y que hoy viven en los barrios bajos de Saint-Denis y otros enclaves argelinos en París. Sin embargo, el origen de los asesinos del 13 de noviembre –y la historia de la nación de la que proceden sus padres– ha sido casi borrado de la narrativa de los horribles sucesos del viernes. Un pasaporte sirio con un sello griego es más emocionante, por razones obvias.

Una guerra colonial de hace medio siglo no justifica un asesinato en masa, pero ofrece un contexto sin el cual cualquier explicación de por qué hoy Francia ha sido tomada de blanco tiene poco sentido. Al igual que la fe sunita-wahabita saudita, que es fundamento del califato islámico y sus asesinos, presuntos practicantes de ese culto.

Mohammed ibn Abdel al Wahab fue el clérigo y filósofo purista cuyo implacable deseo de purgar a los chiítas y otros infieles de Medio Oriente condujo a las masacres del siglo XVIII, en las que la dinastía original al Saud estuvo profundamente involucrada.

El actual reino saudita, que con regularidad decapita a supuestos criminales tras someterlos a juicios injustos, construye un museo en Riad dedicado a las enseñanzas de al Wahab, y la furia del viejo prelado hacia los idólatras y la inmoralidad ha encontrado expresión en la acusación del Isis contra París como centro de prostitución. Gran parte del financiamiento del Isis proviene de los sauditas, aunque, una vez más, este hecho ha sido borrado de la historia terrible de la matanza del viernes.

Y luego viene Siria, cuyo régimen Francia demanda destruir desde hace mucho tiempo. Sin embargo, el ejército de Assad, rebasado en número y armamento –aunque ha recapturado algún territorio con ayuda de los ataques aéreos rusos–, es la única fuerza militar entrenada que combate al Isis. Durante años, estadunidenses, británicos y franceses han dicho que los sirios no combaten al Isis. Pero esta es una falsedad palpable: en mayor, las fuerzas sirias fueron echadas de Palmira cuando intentaban evitar que los convoyes suicidas del Isis se abrieran paso hacia la ciudad... convoyes que podían haber sido atacados por aviones estadunidenses o franceses. Unos 60 mil soldados sirios han perecido en Siria, muchos a manos de islamitas del Isis y de Al Nusra, pero nuestro deseo de destruir el régimen de Assad tiene prioridad sobre nuestra necesidad de aplastar al Isis.

Ahora los franceses alardean de haber golpeado 20 veces la capital del Isis en Siria, Raqqa: un ataque de venganza por donde se le mire. Porque, si fue un asalto militar serio para liquidar la maquinaria del Isis en Siria, ¿por qué los franceses no lo hicieron hace dos semanas? ¿O dos meses? Una vez más, por desgracia, Occidente –y Francia en especial– responde al Isis con la emoción, más que con la razón, sin ningún contexto histórico, sin reconocer el sombrío papel que nuestros moderados y decapitadores hermanos sauditas representan en esta historia de horror.


Y así creemos que vamos a destruir al Isis...

Minería a la baja


Minería a la baja

 


www.rebelion.org/281015

 

Por primera vez en muchos años, la minería retrocede en América Latina. A la caída de los precios internacionales y al aumento de los costos de producción, con la consiguiente disminución de las ganancias, se le suma la creciente resistencia de la sociedad por los impactos ambientales y sociales. “El modelo extractivo minero es un problema de poder y por tanto político”, dice en su último informe el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL)[1]. A pesar de la caída de los precios internacionales de los minerales, la región sigue recibiendo la mayor parte de la inversión en exploración minera a nivel mundial.


El informe agrega: “El extractivismo minero es un problema de derechos humanos”, ya que las grandes empresas multinacionales aprovechan la desatención de las obligaciones del Estado “para promover una imagen de responsabilidad social que satisface necesidades de la población”. El OCMAL llega a esta conclusión luego de constatar que “es falso que las empresas mineras desarrollen infraestructura para las comunidades, ya que hacen obras para que transiten los equipos y el personal de las empresas mineras; que atiendan el derecho a la salud o educación de las comunidades, cuando lo que hacen es mercadeo con la pobreza, deducible de impuestos, contaminando el ambiente y desmejorando a corto, mediano y largo plazo la salud y las condiciones de vida de la gente”[2]. El 15 de octubre de 2015 la CEPAL informaba que la región latinoamericana ha visto descender las entradas de inversión extranjera directa en un 21% en el primer semestre del año, por “la caída de las inversiones en minería y en hidrocarburos por la reducción de los precios internacionales, la desaceleración de China y el crecimiento económico negativo de la región”[3].


La inversión extranjera ya había caído en 2014 un 16%, lo que muestra que no se trata de un descenso coyuntural sino que el tipo de inversiones centradas en la extracción de materias primas tiende a deteriorarse. Por países, Brasil concentra el mayor descenso, una caída del 36%, en gran medida por la crisis que afecta el mercado interno. En Chile, Colombia y Perú la caída se concentró especialmente en el sector minero.


Tres son las razones que explican esta caída: la consistente baja de los precios internacionales de los minerales, el aumento de los costos de explotación y la fuerte oposición que enfrenta la minería por parte de las comunidades indígenas y campesinas, que está llevando a los gobiernos a ser más exigentes con las multinacionales del sector.


¿Un paso atrás?


Muchos gobernantes y analistas lamentan el retroceso en las inversiones mineras, pero en realidad se trata de una nueva oportunidad para alcanzar un crecimiento sostenible. El informe anual de la CEPAL sobre inversión extranjera señala que la caída de los precios de los minerales comenzó en 2012, dos años antes que la caída del petróleo y que eso se refleja en menores inversiones a partir de 2014.


El índice del precio de las commodities elaborado por Bloomberg, que incluye oro, petróleo y soya, ha caído a la mitad desde su máximo histórico del primer semestre de 2011. La multinacional Glencore-Xstrata, que controla la mayor parte de la producción de minerales y de granos en el mundo, registró pérdidas en la Bolsa de Londres superiores al 30% a fines de setiembre, totalizando una caída del 74% en lo que va de este año [4].


No es el único caso. “En la misma tendencia estuvieron, entre otras transnacionales, AngloAmerican, con pérdidas del 10% en septiembre y de 60% en el año, BHP Billiton con caídas del 40% anual y Antofagasta Minerals con bajas del 33%” [5]. La crisis del sector minero implica cierre de minas para reducir la producción con el objetivo de recuperar los precios, y masivas pérdidas de puestos de trabajo.


En octubre el grupo Goldman Sachs informó que los precios de los minerales seguirán bajando. En el caso del cobre, la principal producción mineral latinoamericana, en agosto el precio cayó a 4.968 dólares la tonelada, el mínimo en varios años, pero se espera que a fines de 2016 sea de apenas 4.200 dólares. Según los especialistas, los precios de mercado se acercan cada vez más al precio de producción (4.000 dólares la tonelada en el caso del cobre) pero las empresas no están pudiendo frenar la caída [6].


“Los presupuestos de prospección experimentaron una reducción del 26% entre 2013 y 2014, y del 47% respecto a 2012” [7]. Otros datos del mismo informe, confirman la caída: en 2010 se había alcanzado 389 “hitos mineros” mundiales, como la apertura de nuevas minas, pero en 2014 sólo se produjeron 96 hitos.


Por otro lado, los costos de producción en el mundo se vienen incrementando. El costo medio mundial de extraer una libra de cobre creció de 1,37 dólares en 2009 a 2,11 dólares en 2012 [8]. Se trata de un aumento del 54% en los costos, lo que sumado a la caída de los precios provoca una situación de crisis. Ambos datos confirman que no estamos ante un descenso coyuntural, sino ante un ciclo a la baja de precios, inversiones y producción.


América Latina casi triplica la media mundial de inversiones mineras. El porcentaje de inversión extranjera directa que llega a los recursos naturales del mundo no pasa del 10%, pero en la región es del 26% y en países como Bolivia y Chile supera el 50%. Cuanto más industrializado es un país, menos inversión llega a los recursos naturales.


En Bolivia, de las 17 empresas privadas registradas en trabajos mineros, sólo tres tienen utilidades, según el analista Héctor Córdova, de la Fundación Jubileo, mientras que la minería en general tuvo una caída del 50% en sus ganancias en ese país [9]. En Chile, la estatal Codelco hizo este año sus menores aportes en décadas a las arcas del Estado, siendo la mitad que los de año 2014.


Un mar de conflictos


Pero la crisis del sector minero no se debe solamente a la caída de los precios. Un factor decisivo son las resistencias de las poblaciones que muchas veces consiguen cerrar o frenar las minas. Según la CEPAL, los conflictos mineros se producen en todo el mundo, “pero América latina concentra una cantidad desproporcionada” [10].


En cada país los conflictos se procesan de modos diferentes. En Uruguay y Chile, por ejemplo, suelen canalizarse a través de la justicia. En abril de 2013 la canadiense Barrick Gold debió suspender indefinidamente la explotación de la mina de oro Pascua Lama, en la frontera entre Argentina y Chile, por un fallo judicial que recogió la demanda de las comunidades indígenas que acusaron a la empresa de perjudicar su acceso al agua.


Es el mayor proyecto minero suspendido en el continente, que supuso pérdidas para la empresa de 5.000 millones de dólares. En Colombia el gobierno paralizó las exportaciones de carbón de Drummond, de los Estados Unidos, por contaminación marina, mientras otros proyectos fueron retrasados por las protestas. En Uruguay sucedió algo similar con el proyecto de mineral de hierro de la india Zamin.


En Perú las comunidades han debido apelar a la acción directa, que ha conseguido paralizar la mina Yanacocha, así como otros proyectos en el norte y el sur del país. Este país se ha convertido en el epicentro de la conflictividad minera. Regiones enteras, con decenas de alcaldes involucrados y miles de campesinos, han sido arrastradas a graves conflictos con un rosario de heridos y muertos.


El fuerte crecimiento de las inversiones y la multiplicación de los proyectos no alcanzan para explicar el aumento vertiginoso de la conflictividad. Hay tres razones adicionales.


La primera es que las comunidades afectadas tienen mayor acceso a información y muestran una renovada capacidad para hacer escuchar sus voces. Campesinos e indígenas han tejido redes de solidaridad con ONGs ambientalistas y organizaciones sociales, tanto rurales como urbanas, y cuentan con apoyos institucionales en organismos de derechos humanos, alcaldes afines y autoridades estatales de todos los niveles, así como con medios de comunicación.


La segunda, es el Convenio 169 de Organización Internacional del Trabajo (OIT), un importante instrumento legal aprobado por 15 países de la región, que obliga a los gobiernos a consultar a los pueblos indígenas cuando los proyectos afecten a las comunidades [11]. Casi todos los pueblos indígenas apelan a este mecanismo en su proceso de empoderamiento ante los gobiernos.


La tercera se relaciona con la percepción de fuertes daños ambientales en los lugares donde ya existen emprendimientos mineros y la certeza de que las multinacionales del sector tienen enormes ganancias. Por un lado, están los fuertes pasivos ambientales y la grave contaminación de las aguas. Por otro, las industrias extractivas consumen mucha energía. Hay un “uso más intensivo de la energía porque los yacimientos en explotación tienen cada vez menos cantidad de mineral por volumen de material extraído” [12].


Las Bambas: el último gran conflicto


Cuando aún no se han apagado los ecos del conflicto entre la población de la sureña región de Arequipa y la minera Tía María (Perú), con su secuela de muertos y heridos, con la ocupación militar de pueblos y ciudades, en la región de Apurímac, en el centro-sur andino, se produjo una nueva masacre con la muerte de cuatro personas en medio de un paro de protesta contra la mina Las Bambas.


Los hechos sucedieron en la tarde el 28 de setiembre, cuando la policía reprimió a balazos a los pobladores de la provincia de Cotabambas, donde se registraron además doce heridos de bala.


Las Bambas es el mayor proyecto minero del país, con una inversión de 10.000 millones de dólares que a partir de enero de 2016 producirá 400 mil toneladas de cobre al año. Sólo la producción de esa mina elevará el PIB anual del país en 1,5%. El 60% de las exportaciones peruanas provienen de la minería que es la principal fuente de ingresos del Estado. Los numerosos emprendimiento mineros se localizan en las regiones más pobres del país, habitualmente en la sierra andina. En la región de Apurímac la pobreza supera el 40% de la población.


La mina Las Bambas fue comprada en abril de 2014 por el consorcio chino-australiano MMG a Glencore-Xstrata por 6,5 mil millones de euros, una de las transacciones más importantes en la historia del Perú. El complejo minero comenzó a construirse hace diez años con la promesa de mejorar las condiciones de vida de la población local. Durante la construcción de este colosal complejo, se necesitaron 10 mil trabajadores que ahora quedarán cesantes, ya que el funcionamiento de la mina necesita dos mil empleados de elevada calificación.


Pero la vida de la población no mejoró. Un informe de la página Lamula.pe destaca que luego de una década “la mitad de la población no puede cubrir sus bienes y servicios esenciales, la tasa de analfabetismo alcanza al 24%, el 40% de los niños menores de 5 años tiene anemia y la desnutrición crónica afecta al 27%, según datos oficiales” [13].


Pero la rabia de la población se disparó por un grave incumplimiento de la empresa. El estudio de impacto ambiental consultado con la población y aprobado por ésta, preveía la construcción de mineroducto bajo tierra de 206 kilómetros que trasladaría el cobre hasta la vecina provincia de Cusco, donde Xstrata tiene un complejo de procesamiento. Pero al ser vendida a MMG, ésta decidió cancelar el ducto y construir un planta procesadora en las proximidades de la mina Las Bambas.


Esta decisión no fue consultada con las poblaciones afectadas. El problema es que cada año circularán camiones trasladando miles de toneladas de cobre por carreteras que atraviesan decenas de comunidades campesinas, generando impactos que no estaban previstos en el estudio original. Además la mina consumirá 800 litros de agua por segundo del río Chalhuahuacho. Las comunidades se sintieron burladas y lanzaron la protesta.


La respuesta del gobierno fue declarar el estado de emergencia, como lo ha hecho decenas de veces ante conflictos mineros, lo que supone la militarización de provincias enteras. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos recuerda que ya son 49 muertos en los cuatro años de gobierno de Ollanta Humala en la represión de conflictos sociales. Desde 2006 son ya 125 civiles muertos, la inmensa mayoría en conflictos mineros.


El “Informe Anual 2014-2015” de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, difundido en agosto pasado, asegura que “el 95% de las víctimas fallecieron por impacto de proyectil de arma de fuego”, lo que le permite asegurar que “nos encontramos por lo tanto ante una práctica de carácter sistemático, que involucra responsabilidades al más alto nivel del Estado” [14].


Alguna de las conclusiones del capítulo dedicado a la criminalización de la protesta social, revelan un patrón común: “El gobierno de Ollanta Humala ha desplegado una estrategia frente a la conflictividad social que combina la criminalización de la protesta social, junto con otra estrategia llamada de “diálogo”, pero que está orientada a disminuir el nivel de movilización de los ciudadanos, sin dar una salida de fondo a los problemas estructurales, esto es, la vulneración de derechos” [15].


Durante la presentación del informe, la entonces secretaria ejecutiva de la Coordinadora, Rocío Santisteban Manrique, aseguró que en todo el continente “se sigue usando el derecho penal para desmovilizar a los sectores de vanguardia, deteniendo a los dirigentes, hostigando y desprestigiando a los defensores de derechos humanos y defensores ambientales”. Es posible que la crisis de la minería sea una oportunidad para los pueblos, si se consiguen sentar las bases para un modelo económico diferente: menos volcado a las exportaciones de commodities y más inclinado hacia el mercado interno y regional; menos agresivo con la naturaleza y las comunidades; con más trabajo especializado involucrado en la elaboración de productos de alta calidad.


Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales.


Notas:
[1] “Conflictos mineros en América Latina: extracción, saqueo y agresión. Estado de situación en 2014”, OCMAL, abril de 2015, p. 7.

[2] OCMAL, p. 7.

[3] “Inversión extranjera directa en América Latina disminuye 21% en el primer semestre de 2015”, CEPAL, 15 de octubre de 2015.

[4] El Economista, 28 de setiembre de 2015.

[5] Paul Walder, “Crisis del cobre golpea a los trabajadores”, Rebelion, 12 de octubre de 2015.

[6] The Wall Street Journal, 15 de octubre de 2015 en
http://www.wsj.com/articles/glencore-plans-more-debt-cuts-to-help-win-upgrade-in-credit-rating-1444932487

[7] “La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2015”, CEPAL, p. 24.

[8] “La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2013”, CEPAL, p. 27.

[9] Sputniknews.com, 7 de octubre de 2015.

[10] “La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2015”, CEPAL, p. 120.

[11] “La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2013”, CEPAL, p. 27.

[12] “La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2015”, CEPAL, p. 119.

[13] Lamula.pe, 30 de setiembre de 2015.

[14] “Informe Anual 2014-2015”, p. 41 en
http://derechoshumanos.pe/2015/08/informe-anual-2014-2015/

[15] Idem, p. 39.

http://www.cipamericas.org/es/archives/17216

 

Hacia un nuevo ciclo de luchas


Hacia un nuevo ciclo de luchas

 

Raúl Zibechi

www.jornada.unam.mx/021015

 

La estrepitosa caída en los precios de las materias primas cierra un ciclo económico, pero también político. La ilusión de que se tratara de un declive momentáneo va cediendo ante la convicción de que los bajos precios pueden arrastrarse durante un buen tiempo, hasta 20 años según especialistas citados por Bloomberg (http://goo.gl/fAFktC).

 

Las razones de tal declive son discutibles. Hay quienes atribuyen la caída del precio del petróleo a una maniobra de Estados Unidos para afectar a Rusia, Venezuela e Irán, mientras otros sostienen que es impulsada por la monarquía saudita para inviabilizar la extracción por fracking en aquel país, que amenaza desplazarla como primer productor global. La menor demanda de China es la explicación más plausible sobre la caída de otras mercancías, sin descartar la impronta de la especulación financiera con todas las commodities.

 

Lo cierto es que el índice del precio de las commodities elaborado por Bloomberg, que incluye oro, petróleo y soya, ha caído a la mitad desde su máximo histórico del primer semestre de 2011. La multinacional Glencore-Xstrata, que controla la mayor parte de la producción de minerales y de granos en el mundo, registra pérdidas en la bolsa de Londres superiores a 30 por ciento en las últimas semanas, totalizando una caída de 74 por ciento en lo que va de este año (http://goo.gl/HTi1Wu). Otras multinacionales del sector enfrentan situaciones similares.

 

En América Latina este cambio de ciclo anticipa graves problemas y algunas oportunidades. Todos los países enfrentan dificultades fiscales y comerciales que los llevan a reducir los presupuestos del Estado y el gasto público. En algunos países, como Ecuador, se contempla una reducción de 5 por ciento del gasto, y el presupuesto del próximo año se calculará con una base de 40 dólares en el precio del petróleo.

 

Como señala el economista ecuatoriano Carlos Larrea en reciente entrevista, todo esto está bien, pero el problema es que es insuficiente. Esto sería una muy buena estrategia si es que tenemos una recuperación de los precios del petróleo pronto, pero si eso no se da, como es bastante probable, entonces esta estrategia no funciona (http://goo.gl/LFzxYV).

El nuevo ciclo económico ya está afectando las políticas sociales que fueron posibles gracias a los superávit por los altos precios de las exportaciones. En varios países, como el propio Ecuador, ya hubo reducción de funcionarios estatales. En Brasil se aplica un ajuste fiscal que, en opinión del economista Eduardo Fagnani en la revista IHUOnline de septiembre, está provocando una grave regresión social (http://goo.gl/D9D4oq).

 

En opinión de muchos economistas la mejor política social es el empleo. En Brasil el salario mínimo creció 70 por ciento por encima de la inflación en la última década y el desempleo llegó a mínimos de 4.8 por ciento en diciembre de 2014. Pero hoy ya se sitúa en 7.5 por ciento (8.6 millones de desocupados) y se estima que finalizará el año en 9 o 10 por ciento. En los demás países comienzan a erosionarse los índices sociales, aún de forma lenta, con aumentos en los niveles de desocupación y pobreza.

 

Estos son, muy someramente, algunos de los problemas derivados del cambio en el ciclo económico que se agudizarán si, como todo indica, la Reserva Federal de Estados Unidos eleva las tasas de interés en los próximos meses. Estamos ante una crisis que puede tomar dos direcciones: ajustes fiscales o cuestionamiento del modelo extractivo.

 

En el primer caso, los gobiernos sufrirán una fuerte erosión de sus bases de apoyo, ya que buena parte de los sectores populares que los llevaron al gobierno comenzarán a desertar. Unos pueden intentar retomar la movilización para presionar por sus demandas, pero otros pueden apostar por partidos conservadores y de derecha. Algo así parece estar sucediendo en Brasil, donde el ajuste que impone el gobierno de Dilma Rousseff ha provocado un agudo descenso de su popularidad, que cayó hasta 7 por ciento del electorado.

 

Una situación semejante no puede saldarse, en el mediano plazo, sino con un triunfo electoral de las derechas, que también pueden conseguir el desplazamiento de la presidente por la vía parlamentaria.

 

Estamos ante una oportunidad para salir del modelo actual, o sea un crecimiento basado en la exportación de commodities. Para ello es imprescindible romper con la política de inclusión a través del consumo, para encarar reformas estructurales que hasta ahora no se han realizado o han sido demasiado tímidas: reformas tributaria, agraria, urbana, de la salud y del sistema político, esta última pendiente aún en Brasil.

 

Pero la salida del modelo extractivo presenta, en esta coyuntura, dos grandes desafíos.

 

El primero es que el escenario mundial camina en una dirección opuesta. Por un lado, las clases dominantes parecen estar empujando a las sociedades de retorno hacia el siglo XIX, a través de la desmodernización y la desdemocratización, como apunta Aníbal Quijano, de la mano del capital financiero que está promoviendo una fuerte reconcentración del poder global. Por otro, las potencias emergentes como China apuestan al mismo modelo extractivo que el imperio.

 

El segundo desafío se desprende del primero: no hay salida del modelo sin crisis política. Salir del modelo supone derrotar al capital financiero que lo sostiene y a las élites locales que lo implementan. Será un conjunto de duras batallas, como lo demuestra el caso de Perú, donde se produjo estos días una nueva masacre contra comunidades que resisten la minería, en la región andina de Apurímac.

 

Los sujetos de la derrota del extractivismo serán los pueblos y comunidades organizados en movimientos. Los gobiernos y los partidos están más preocupados por mantener sus privilegios que por encarar la batalla contra el modelo. Los hechos dicen que el nuevo ciclo de luchas que derribará el modelo está siendo protagonizado por los campesinos y las comunidades indígenas, seguidos por los pobres de las periferias urbanas, los jóvenes y las mujeres de los sectores populares.

El hombre que le susurra al poder (y viceversa)


El hombre que le susurra al poder (y viceversa)

 

Entrevista a José Rubén Zamora

www.plazapublica.com.gt/270915

 

La prensa en Guatemala, hoy

 

¿Cuánto poder tienen los medios de comunicación hoy día en Guatemala?

 

Con  honestidad creo que es un pequeño “contrapodercito” el que tenemos. Es bastante limitado. Posiblemente por la ausencia que hay en Guatemala de partidos políticos, y por la falta de balances institucionales, de contrapesos, de instituciones que con independencia realicen una rigurosa revisión de cuentas del poder público, los medios de comunicación independientes, o que tratan de ser independientes, de alguna manera tienen que sustituir a esos contrapesos.

 

Medios independientes, ¿a cuáles se refiere? ¿Qué medios de comunicación son independientes y cuáles dependientes de los poderes económicos y políticos del país?

 

Habría que clasificarlos de muchas maneras. La televisión abierta, por ejemplo, es un monopolio que nació de la mano del poder paralelo: los militares que integraron y dirigieron La Cofradía, el  Grupo Salvavidas, la Red Moreno, lo que ahora se conoce como “La Línea”. Ese poder paralelo ha cogobernado con los gobiernos de turno desde 1982 y otros poderes como los contratistas y proveedores del Estado, gente que tiene privilegios económicos, aranceles, protecciones, y sobre todo con el crimen organizado y los carteles de las drogas. Hay una gran mesa corporativa y el único de los medios que ha estado ahí sentado con voz y con voto ha sido Ángel González. Ha estado con un pie en el poder paralelo y el otro en el estatus quo legal.

 

Pero la configuración de los medios de comunicación en Guatemala ha cambiado. Han surgido nuevos medios y la agenda informativa se ha democratizado. ¿Aun así considera que Ángel González tiene el mismo poder de hace una década?

 

Sí, lo tiene todavía. Ahora mismo hay una pugna, una lucha gigante, entre Ángel González y las empresas que controlan las frecuencias de telefonía celular, que a su vez controlar el internet y la televisión por cable: Tigo, Claro y Telefónica. Estamos hablando de grandes monstruos, del Olimpo. Es la primera vez que Ángel González tiene adversarios casi de su dimensión.

 

Y muy significativo porque estas tres compañías de telecomunicaciones representan los principales poderes económicos de Guatemala: Telefónica al capital tradicional, Tigo al capital emergente, y Claro a las transnacionales...

 

Exacto. Estamos hablando de un monopolio que está enfrentando a un oligopolio; ese es el Olimpo de los medios, en términos de poder. Pero (Ángel González) también tiene una cadena de radios (Central de Radios) vinculada a sus canales, que compiten con otras cadenas como las de los Archila (Emisoras Unidas) y la del señor González Gamarra (Nuevo Mundo) que son las tres más grandes del país. Estos grupos tienen la ventaja de haber obtenido concesiones (de frecuencias) con usufructo a perpetuidad. Las obtuvieron sin que el Estado las haya subastado ni recibido recursos por asignarlas.

 

Un modelo creado por los empresarios con la complicidad de los políticos y militares…

 

El caso de Emisoras Unidas, de los Archila, que fue antes de Ángel González, viene del tiempo de Lucas (general Fernando Romeo Lucas García, presidente de Guatemala 1978-1982), cuando uno de los hermanos Archila fue su vocero. La familia (Archila) venía con una pequeña radio de suroccidente, y durante el gobierno de Lucas pidieron y consiguieron un gran conglomerado de frecuencias (radiales) y se convirtieron en la segunda cadena radial del país. El 85% o 90% lo consiguieron de forma gratuita. El Estado les otorgó el usufructo perfecto.

 

Empresarios que se aprovecharon del Estado…

 

De su tránsito por un gobierno de turno. Un hermano era el vocero del presidente, y el otro era el responsable de (la aduana) de Santo Tomás de Castilla. El fenómeno del que hablamos hoy sobre el surgimiento del Estado paralelo, la defraudación tributaria, de “La Línea”, siempre ha pasado por los puertos y las aduanas. No sólo les dieron las frecuencias sino también la administración de un centro neurálgico de ingresos tributarios que les permitió recursos para crecer su conglomerado de medios.

 

¿En qué le afecta a la democracia el hecho de que los medios de comunicación estén concentrados en esas corporaciones que privilegian sus intereses políticos y económicos?

 

Ayudan a que no tengamos una democracia genuina, vigorosa, porque esos medios forman parte del estatus quo al recibir concesiones perpetuas y gratuitas, además de recibir anuncios, propaganda de las instituciones del Estado.

 

¿Recibir pauta del Gobierno los compromete de alguna manera?

 

Yo lo he escrito muchas veces: en Guatemala cada cuatro años elegimos a un cleptodictador, un Presidente ladrón, que cogobierna con proveedores y contratistas. Estos medios, al recibir publicidad del Estado, se convierten en contratistas del Estado, y por lo tanto son parte de la alianza del Gobierno con las mafias criminales y los poderes establecidos. Al preservar el estatus quo en su agenda noticiosa e informativa, esos medios hacen prevalecer los intereses del régimen de turno, de ese “sindicato criminal” que está a cargo de la administración del poder, y dejan de lado y se olvidan de los estratos pobres de la población del país.

 

¿Es perversa la forma en que el Gobierno utiliza la pauta publicitaria y propagandística para manejar sus relaciones con la prensa?

 

El mercado publicitario más grande del país es el Estado y sus instituciones. Se gastan entre Q850 millones y Q950 millones al año, en su mayoría destinados para mantener la buena imagen del gobierno de turno. La evidencia histórica nos muestra que esa plata ha sido un desperdicio porque la mayoría ha salido mal. Los partidos no sobreviven los siguientes cuatro años. Hemos tirado a la basura esa plata. Si vemos el costo de oportunidad entre hacer propaganda para preservar una imagen sin ningún resultado y comprar la voluntad de los medios, es mejor usar ese dinero en medicinas, pupitres, camas de hospital. Hay mil opciones mejores, que tirar la plata del Estado.

 

En otros países se ha legislado para que la pauta del Estado se distribuya de forma equitativa entre todos los medios…

 

Por convicción, yo creo que el Estado no debería de publicitarse. Los medios de comunicación estamos obligados a divulgar las acciones del Estado, y el Estado no debería de pagar porque los medios informen de sus acciones.

 

¿Qué responsabilidad tienen esos medios de comunicación con el asalto que los gobernantes corruptos han hecho al país?

 

Son cómplices. Cómplices activos, cómplices conscientes.

 

"Pero no nos susurramos, nos hablamos recio"

 

¿Incluiría en esa categoría a medios tradicionales como Prensa Libre, el diario considerado como el más influyente del país?

 

En los últimos 29 años, sin ser periodista profesional, me ha tocado pasar por Siglo XXI y después por El Periódico, y he sido observador y actor de esto. En la complicidad y colaboración que han tenido esos megagrupos, en los ingresos que perciben por publicidad del Estado y en su conducta de contenidos en su agenda noticiosa, la diferencia con Prensa Libre es astral. Prensa Libre es el medio que se ha enfrentado con mayor independencia y por lo tanto es menos vulnerable a boicots públicos y privados. Si Prensa Libre se va por un lado es porque no tiene una estrategia consciente y deliberada del apoyo al poder o de estar contra el poder.

 

Ellos (Prensa Libre) se consideran una institución de prensa, mientras que nosotros hemos sido más militantes, hemos tomado causas, luchas contra la corrupción, contra la impunidad, contra el enriquecimiento ilícito. A ellos (Prensa Libre) no les gusta esas cosas porque tratan de ser más equidistantes, de tomar menos partido y de alguna manera ser independientes a las militancias y a las causas. El Periódico, en cambio, en su momento decidió ir contra el machismo, pelear para que haya una lucha frontal para lograr más ecuanimidad de género. Eso a Prensa Libre, de manera deliberada no le gusta porque siente que es ir en contra de su práctica periodística.

 

Eso demuestra que están a favor del estatus quo: no hacen nada para que las cosas cambien y para que el sistema se mantenga…

 

No lo sé. Pero de la poca gente que coopera conmigo es Prensa Libre. Estoy seguro de que el tipo de trabajo que hacemos no les hace felices; sin embargo, no opinan y lo respetan, aunque ellos jamás lo harían. Nosotros tomamos causas y militamos, y ellos piensan que su única causa, su único dogma es su práctica periodística que guarda distancia de todo.

 

El periodista y el militante

 

¿Cuáles son las causas en las que milita José Rubén Zamora y El Periódico?

 

Contra la corrupción, contra la impunidad, contra los abusos. Contra sentirse aplastado, sentirse humillado. Por eso somos más combativos.

 

¿Se puede ser periodista y militante a la vez? ¿Es ético librar batallas en las páginas de un diario?

 

En Estados Unidos (los medios de comunicación) asemejan más sus patrones de conducta (periodística) a los de Prensa Libre. Por eso es que Jorge Ramos es atacado y acusado por los periodistas de allá de ser un militante. En Guatemala uno de sus ejes dominantes es la impunidad, y yo creo que los periodistas no podemos ser equidistantes: tenemos que ser anti-impunidad.

 

Es decir que el periodista debe tomar partido a favor o en contra de las cosas que considera injustas e incorrectas…

 

Eso pienso yo, porque nuestra situación es dramática y siniestra. Entiendo que en Estados Unidos, donde hay más equilibrio de poderes, más balances, más contrapesos, el papel de la prensa debe ser examinar la realidad con una visión crítica pero con la misma dosis. Sin embargo, yo creo que aquí debemos ser militantes. Si estuviera en Estados Unidos, sería militante contra la forma en que tratan a los migrantes. Jorge Ramos es militante pro los derechos de los migrantes.

 

Con mirada de periodista-militante, ¿cómo analiza el papel que desempeñó la prensa en la crisis política que afronta Guatemala desde abril pasado?

 

Hay una evolución muy favorable. Desde que me tocó a mí la bendición de trabajar en medios, he publicado cosas como La Cofradía, de cómo se inició esto en 1982 con el general (Manuel) Callejas, que lo heredó de (general David) Cancinos, ellos heredaron a (Francisco) Ortega Menaldo, este a (Roberto) Letona Hora, etcétera. Cuando yo lo decía, en 1990, pensaban que estaba loco, que eran inventos míos, que no era correcto. Ahora hay medios como Plaza Pública que han retomado esos temas; periodistas jóvenes, más preparados, más profesionales, con fuerza, con vigor, con independencia, que hacen esas investigaciones, que profundizan.

 

¿Cómo interpreta lo que ha ocurrido en Guatemala en los últimos cinco meses?

 

Esto es algo que no pudo pasar antes porque no había condiciones para demostrar que las cosas que han salido a flote no eran leyendas urbanas ni mitos ni inventos. Ahora se ha demostrado con pruebas documentales, con investigaciones criminales. En 1990 tomó posesión (Jorge) Serrano Elías, y su jefe de Estado Mayor era Ortega Menaldo. A partir de entonces empezamos a denunciar dos temas centrales: la existencia del Grupo Salvavidas, al cual identificamos como un poder paralelo, y una práctica de terrorismo de Estado que culminó con el atroz asesinato de Myrna Mack. Cuando empezamos a publicar los nombres y apellidos de los implicados, la gente no me creía; decían que estaba chiflado. Ahora se ha demostrado con evidencias y pruebas que decíamos la verdad.

 

¿De qué ha servido esto? ¿Se ha derrotado la inercia de la impunidad o sólo se le ha propinado un golpe?

 

Creo que sólo se le ha dado un golpe fuerte, pero hay que terminar de dárselo. Hay que fortalecerlo, pero eso depende de la ciudadanía y del buen trabajo que hagan los medios de comunicación. Generalmente los guatemaltecos pensamos más en nuestras diferencias que en nuestras coincidencias, pero creo que es vital que, al menos durante una década, pensemos más en las cosas en las que coincidimos y dejemos de lado las cosas en las que disentimos.

 

Históricamente eso ha sido imposible, ¿por qué cree que ahora se puede lograr?

 

Porque hay mucha juventud, y porque vimos que es posible. En el parque vimos a los estudiantes de la Universidad de San Carlos con los de la Universidad Rafael Landívar, con los de la Del Valle y de otraos universidades, tomados de la mano, abrazados, con mucha emoción. En el pasado, el mismo poder de siempre se han encargado, cuando avanzamos un poquito, de politizar e ideologizar nuestras batallas, y de que caigamos en nuestras trincheras de siempre. Debemos dejar de lado nuestras ideologías, y preocuparnos por el respeto a los derechos humanos y la subordinación del Estado de Derecho, de cosas que no son de izquierda ni derecha, sino de seres humanos dignos. Si logramos eso, después tendremos tiempo para las diferencias.

 

Además tenemos que apoyar institucionalmente a la CICIG (Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala), pero principalmente a Iván Velásquez, un hombre que por venir de un país (Colombia) con semejanzas, similitudes y paralelismos con Guatemala, ha comprendido lo que sucede en el país.

 

También apoyar y comprometerla con nuestro apoyo a la Fiscal General, Thelma Aldana, que aunque fue electa por los partidos tradicionales, por la cleptocracia que tenemos, es evidente de que ella rompió con eso y va adelante con la CICIG y con Velásquez. Estoy convencido también de que el Procurador de los Derechos Humanos (Jorge de León), también puede apoyar en este proceso. La prensa independiente, esas tres instituciones y personajes, y lo más importante que es la ciudadanía, lo podrán hacer.

 

El periódico y el poder

 

El primer medio que visitó Alejandro Palmieri, el nuevo Secretario de Comunicación de la Presidencia, al nomás tomar posesión del cargo fue El Periódico, y según dijo, hacerlo era “una prioridad”. ¿Qué significa esa visita? ¿Se puede interpretar como un borrón y cuenta nueva respecto a las relaciones entre el Gobierno y el diario que usted preside?

 

El Estado de Guatemala ha estado administrado por diferentes grupos, pero todos con vasos comunicantes. Las relaciones con todos ha sido la misma, nunca ha variado para bien o para mal. Quizá este gobierno esté cambiando su mensaje, pero nosotros vamos a seguir igual, en la misma línea de siempre.

 

¿Qué fue lo que generó la relación tensa y el enfrentamiento permanente que mantuvieron José Rubén Zamora y El Periódico con Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti?

 

La relación con (Jorge) Serrano fue tremenda y muy peligrosa para Siglo XXI y para mí que estaba al frente. Con Ramiro (De León) tuve una amistad personal, pero cuando publicamos que el general (Mario) Enríquez (Ministro de la Defensa de entonces) estaba involucrado, junto con (José Luis) Fernández Ligorría, en la protección de operaciones de narcotráfico, en venderle inteligencia al narco y ayudarlos con estrategia, y que estaban involucrados en las aduanas, un 19 de agosto, el día de mi cumpleaños, me tiraron 30 tiros en la zona 10, enfrente del Hospicio del Tío Juan.

 

(Alfonso) Portillo, que trabajó en Siglo XXI durante cinco años, el día que tomó posesión me cayeron seis demandas criminales, porque publicamos que (Manuel) Maza Castellanos era el tecnócrata de La Cofradía. Después allanaron mi casa, mis hijos tuvieron que irse al exilio, pensamos que nos iban a asesinar a todos; tuve alrededor de 80 demandas penales, y tuvimos personal permanente de la SAT (Superintendencia de Administración Tributaria) en El Periódico. Lo que no hizo Portillo fue forzar un boicot comercial.

 

(Álvaro) Arzú sí lo hizo; puso un grupo de gente del sector privado a persuadir a nuestros anunciantes de que se retiraran. Con (Álvaro) Colom, (su jefe de seguridad, Carlos) Quintanilla, me mandó a dejar tirado a El Tejar (Chimaltenango). Las campañas y estrategias del Estado para desacreditarme comenzaron diciendo que yo era el líder de la guerrilla, y que yo iba del 1 al 5 de cada mes a Tapachula (México), para coordinar la desestabilización del mes. ¡Y yo ni siquiera conozco Tapachula!

 

Luego, cuando le abrí las puertas de las páginas editoriales de Siglo XXI a Mario Payeras y a Miguel Ángel Albizures, confirmaron que yo era el líder de la guerrilla. ¡Son muy tontos! Arzú decía que yo era parte integral de las estructuras del narcotráfico, que era el portavoz y que eso hacíamos en El Periódico. Portillo, en un programa anónimo en la televisión, sacaba que yo era drogadicto y borracho. Mi situación con Pérez Molina no fue peor que con los otros.

 

Pero en el gobierno de Pérez Molina ha sido en el que más se han hecho públicas y destacado esas diferencias con el poder político…

 

Lo que pasa es que Pérez Molina y Baldetti, desarrollaron una relación muy fuerte con poderes tradicionales del país, que tienen influencia en los anunciantes. De inmediato me quitaron Claro, que eran Q2 millones; Tigo que eran otros Q2 millones; los azucareros que eran Q800 mil… Nosotros vendíamos al año (publicidad por) Q55 millones y bajamos a Q28 millones.

 

Fue un boicot efectivo…

 

Tanto que hubo empresas como Claro que no fueron invitadas para participar del boicot, porque seguramente se les olvidó, y ellos mismos fueron a Casa Presidencial a ofrecerse. Y después, en diciembre del año pasado, la gente de Claro quiso poner anuncios en El Periódico, y les dije que no, que ni por un millón de dólares, porque además prestaron su infraestructura tecnológica para botar nuestra página web 14 veces. En uno de esos ataques terminaron con nuestro archivo digital y fotográfico. Y no se trata de rencor, de enojo ni de odio. Es por dignidad que no puedo recibir anuncios de ellos, ni de los azucareros ni de los grandes grupos.

 

El Gobierno también quitó la pauta del Estado a El Periódico como parte de ese boicot…

 

Pero eso no fue significativo. El Periódico tenía ingresos anuales de Q55 millones, de los cuales sólo Q1.5 millones provenían del Estado.

 

Pero según las cifras de Guatecompras entre 2009 a 2011, El Periódico le facturó al Estado cifras anuales de entre Q9 a Q3 millones, y en 2012 bajó a Q1.5 millones…

 

No. Del Estado sólo teníamos una pauta de Q1.5 millones del IGSS (Instituto Guatemalteco de Seguridad Social), y que fue por decisión de ellos, no porque nosotros hubiéramos ido a vender.

 

¿Es cierto que Juan de Dios Rodríguez, el expresidente del IGSS, hoy detenido y procesado por actos de corrupción le pidió a usted que intercediera por él ante la CICIG antes de ser capturado?

 

Juan de Dios Rodríguez vino a buscarme aquí para entregarse, porque no lograba entrar en comunicación con la CICIG. Un domingo vino a tocar la puerta de mi casa una persona en su nombre, a preguntar si podía venir. “Dígale a José Rubén que me urge hablarle, que tengo una bomba”, dijo. Le pregunté que “para qué me quiere dar una bomba a mí”, y respondió: “Porque quiero salvar mi vida, y sólo entregándole la bomba puedo salvarla”. Le dije que lo podría recibir sólo si había un testigo, y aceptó. Llamé a Gonzalo Marroquín (su primo, director de la revista Crónica). Cuando llegó pidió que le abriera el garaje para entrar con su carro. Nos sorprendimos mucho porque no lo conocíamos. Me dijo: “Hermanito, estoy aquí, me vengo a poner en tus brazos para que me saques cargado de este gran problema”. Le pregunté por qué venía conmigo. “Sos el hombre de más principios, más valores, más convicciones, el único en el que creo”, me respondió. Después de unos minutos fue al baño, y Gonzalo y yo nos quedamos perplejos. Me dice Gonzalo: “No puedo creer que te haya dicho eso a vos, si siempre ha dicho que sos un delincuente”.

 

Al regresar, le pregunté qué era lo que me iba a dar. “Te vengo a entregar la cabeza del Presidente y la Vicepresidente. A cambio, necesito que la CICIG me ayude con una buena respuesta para mi futuro judicial”. Me ofreció una memoria USB. Al día siguiente nos juntamos en un hotel, siempre con Gonzalo de testigo. Me entregó un documento con información detallada sobre cómo del día 1 al 365, cuánto (dinero) entregaban al Presidente y la Vicepresidente de lo defraudado en cada una de las aduanas. Según recuerdo, el 57% era para el Presidente y la Vicepresidente, y el 43% para la estructura. Al día siguiente, fui a dejarle esa información a Iván Velásquez.

 

Hay una fuente que asegura que Juan de Dios Rodríguez le entregó una computadora portátil propiedad de Salvador Estuardo González, alías “Eco”, y no una USB.

 

Sí, la computadora era de “Eco”, pero no me la dejó. Yo sólo me preocupé que me entregara la información importante. Creo que ese era su patrón de conducta (de Rodríguez) porque cuando llegó a la Presidencia del IGSS, lo primero que hizo fue secuestrar la computadora de Luis Reyes Mayen, donde encontró unos vídeos privados, que convirtió en una gran arma en su contra.

 

Hablé con Iván (Velásquez), quien me dijo que ese señor tendría que estar pensando en devolver todos los bienes que tiene indebidamente y que son de los guatemaltecos. Le dije que lo vería al día siguiente, que me daría más información, y que le haría ese planteamiento. A las seis de la mañana (Rodríguez) me empezó a escribir para preguntarme por qué lo estaban capturando, pero yo no sabía nada. Luego recibí otro mensaje (de la CICIG) para que siguiera chateando con él porque ya se había huido, y esa comunicación permitía que lo pudieran rastrear y encontrar.

 

Por esos días también se reunió con Otto Pérez Molina. ¿En qué contexto se encontró con el expresidente?

 

Él me buscó.

 

¿Cuándo? ¿En medio de la crisis de su Gobierno?

 

Como dos meses antes de su desenlace final. Me localizó un viernes en la noche. Estaba yo cenando en casa de un amigo. Una persona me llamó para preguntarme si podía recibir al Presidente en esa casa. Le pregunté al anfitrión si era posible y me dijo que sí. Al rato llegó el Presidente. Hablamos de siete de la noche a tres de la mañana. “Me hiciste un gran daño”, me reclamó. “Y vos nos tenés en trapos de cucachara; nos acabaste”, le dije yo. “Cuando fui a tu casa me di cuenta de que esto iba a pasar”, me dijo.

 

A principios de su Gobierno (en 2012) almorzamos en mi casa, y en esa oportunidad le dije: “así es nuestro trabajo, lo has visto toda la vida, y más de alguna vez me felicitaste por este trabajo, sobre todo en tiempo de Arzú, cuando lo botó de una manera fea, y en El Periódico se te defendió”. También le dije que la gente que había escogido en su Gobierno hacían parecer “babucha” a los Niños Cantores de Viena. “¿Cómo así?”, me preguntó. Le dije: “ya son tres las personas de alto nivel de tu Gobierno que se acercan a entregar tu cabeza para librarse”. (El Presidente) se quedó sorprendido, se puso pálido.

 

Juan de Dios Rodríguez fue uno de ellos, ¿quiénes fueron los otros dos?

 

Juan de Dios no me pidió reserva y no vino conmigo como periodista, sino como alguien que se quería entregar, por eso puedo revelar su nombre. Pero las otras personas se acercaron como fuentes para darme información. No me pidieron que hablara con la CICIG, pero me contaron barbaridades. Civiles y militares. A los dos días volvimos a juntarnos (con Pérez Molina). Platicamos sobre su futuro. Le sugerí, con sinceridad, que saliera en la televisión, que aceptara que no supo escoger a su equipo, que no tenía proyecto nacional ni políticas públicas, y que ofreciera devolver todo lo indebido. “Si lo haces —le dije— creo que se puede conseguir un buen arreglo judicial para vos”. Pensando en recio, sin tener mayor conocimiento jurídico, se me ocurrió que podía conseguir unos cinco años de cárcel domiciliar. Creo que eso era factible. En un primer momento le pareció la sugerencia, pero luego sus asesores lo convencieron de que no era una buena idea.

 

¿Cómo entender esa conversación tan amigable —como la cuenta— después de casi cuatro largos años de feroces críticas, denuncias y señalamientos?

 

Amigable, pero yo no estaba transigiendo en nada. Nuestro trabajo es institucional, no es personal. No tenemos amores ni odios. No es por anuncios. El trabajo tiene que ser así.

 

Muchos analistas han asegurado que El Periódico apoyó, editorial e informativamente, las candidaturas presidenciales de Alfonso Portillo, Óscar Berger y Otto Pérez Molina, ¿es eso cierto?

 

Jamás. Nuestra posición crítica contra (Vinicio) Cerezo (en 1990), se tradujo en que la gente pensara que íbamos a favor de (Jorge) Serrano o (Jorge) Carpio. Arzú nos acusó de que le hacíamos daño porque apoyábamos a Portillo, y Portillo nos acusó de que queríamos que ganara (Óscar) Berger.

 

Luego decían que íbamos a favor de Pérez Molina cuando perdió y también cuando ganó. Pérez Molina jamás me pidió apoyo y yo jamás se lo ofrecí. Con quien estuve más cerca (de apoyar) en el plano personal, mas no en el profesional, no como El Periódico, fue con Berger. Lo hice ad honorem y fue por la sobrevivencia de la gente de El Periódico. Creo que si el general (José Efraín) Ríos Montt se hubiera elegido, nos matan a todos. Y Berger ni siquiera anuncios nos dio.

 

¿Es El Periódico un medio de comunicación independiente de los poderes políticos y económicos de Guatemala?

 

Políticos, sí. Económicos, somos frágiles, y escogemos qué batallas pelear. No tenemos afinidad ni defendemos ningún interés económico, pero no nos podemos pelear con todos al mismo tiempo. Pero en el poco o mucho tiempo de vida que tenga El Periódico, no veremos un anuncio de Claro, aunque tenga que cerrar mañana. O del azúcar o del cemento. No los quiero conmigo.

 

Eso es enfrentar a los grandes poderes económicos de este país…

 

No los estoy enfrentando. No estoy en guerra. No les voy a hacer daño. Simplemente no quiero tener ingresos que provengan de ellos.

 

¿Por qué?

 

Si fuera un pragmático pervertido, como son los políticos de este país, me hago el loco y recibo anuncios de ellos. Sería muy cómodo hacerlo, pero no podría vivir conmigo mismo.

La ética, el método y "El Peladero"

 

Hablemos de periodismo, de ética de periodística, de método periodístico. ¿Cómo concibe “El Peladero”, la sección dominical de El Periódico, donde se publican informaciones no contrastadas ni verificadas?

 

El Peladero” tiene como antecedente “Las Cartas de Güicho Cantoral”, una sección similar que publicábamos en Siglo XXI, que manejábamos Carmen Aída Ibarra y yo. Hay mucha información en Guatemala que no se puede documentar; rumores a gritos de cosas que están pasando, pero que no se pueden publicar formalmente porque no se tienen evidencias documentales, pero se sabe que son ciertas. “El Peladero”, como su nombre lo dice, y como fue “Güicho Cantoral” en su momento, son hechos que en un 90% son reales. Tratamos de verificarlas todas. El ideólogo de “El Peladero” no fui yo. Lo hizo y lo manejó durante 14 años Juan Luis Font (exdirector de El Periódico, hoy director de la revista ContraPoder), pienso que lo hizo muy bien, contrastando y confirmando con dos o tres fuentes esas informaciones.

 

¿Después de la salida de Font de El Periódico, continuaron con la rigurosidad de la verificación y el contraste de la información?

 

Se hace. Por lo menos consultamos tres fuentes, y cuando encontramos a la persona (aludida) la contrastamos. Pero hay casos, como por ejemplo, Julio Rivera Clavería (recién nombrado Secretario Técnico del Consejo Nacional de Seguridad), a él lo he seguido desde tiempos de Vinicio Cerezo, desde la década de los 80. Sé quién es él, conozco sus vinculaciones con el crimen organizado y las mafias de las estructuras del Ejército. Entonces cuando me viene alguna información sobre él, ya tengo experiencia. Y aun así, llega con cinismo a El Periódico a decir que todo lo que decimos es mentira, pero no lo es. Me consta lo que publicamos.

 

La falta de rigurosidad periodística de “El Peladero” le resta credibilidad al trabajo profesional que hacen los periodistas de ese diario y que se ciñen a la metodología periodística…

 

Seis de cada diez trabajos que publicamos en “El Peladero” se convierten en investigaciones periodísticas rigurosas, por parte del equipo de investigación que tiene El Periódico. El 60% de esas informaciones se convierten en investigaciones, hay otro 20% que estamos segurísimos que son reales, pero no tenemos capacidad de investigar por falta de recursos. Y habrá un 10% en el que metemos la pata, y cuando eso ocurre, con la mayor humidad pedimos excusas y perdón. No tenemos vergüenza en hacerlo.

 

La forma en que se maneja la información en “El Peladero”, además de atraer mayores lectores a El Periódico, otorga poder al diario y a quienes lo dirigen. El que tiene información tiene el poder, ¿no?

 

Si se usa para tener poder, sí. Pero nosotros no tenemos ningún interés en eso. A mí y a El Periódico siempre se acercan todo tipo de personas. Así como llegó a la redacción (Alejandro) Palmieri, (el presidente) Alejandro Maldonado ha tenido la deferencia de llamarme, hemos hablado cinco veces de diferentes temas; él preguntando y yo con todo respeto dando mi punto de vista. (El vicepresidente Juan Alfonso) Fuentes Soria me estuvo buscando la semana pasada;  mañana lo voy a recibir (en mi casa) con amabilidad. El Ministro de la Defensa (Williams Mansilla) también viene mañana.

 

¿Es ético “El Peladero”?

 

Tengo consciencia de que puede tener inexactitudes y de que puede cometer errores. Desde el domingo al miércoles estoy vigilando si hay alguna reacción. En varias ocasiones, cuando nos equivocamos hemos pedido disculpas, eso no nos da pena. Pero ahí publicamos el robo de granadas del Ejército en Petén, las cuales fueron vendidas a Los Zetas y al cartel de los Huistas. Ahí denunciamos todo lo que hizo Claudia Méndez Asencio en las aduanas; los desmanes de Roxana Baldetti que hasta se convirtieron en un suplemento que se llamó “Un cuento de hadas sin final feliz”. Se ha contribuido a cosas que valen la pena.

 

Con todo y los riesgos y los errores que me dan vergüenza, pienso que “El Peladero” es importante en un país donde tenemos miedo. Venimos de una guerra intensa de 36 años, donde el que hablaba se moría, donde toda la prensa era contrainsurgente. Ahora nadie se acuerda, pero en 1990 el Ejército no existía en la prensa tradicional, no se le mencionaba, era invisible, impune e inmune, y en Siglo XXI le faltamos el respeto. Hoy en día se ve natural, pero antes no era así, nos podíamos morir. Hasta 1996 se habló de bancos y financieras que quebraban, antes no se podían tocar.

 

Pero no se cumple con los requisitos básicos del método periodístico…

En los últimos años he visto con frecuencia una tendencia de los medios y los periodistas a querer decir cómo debe ser la práctica periodística pero creo que ignoran que la prensa es un ser vivo. Nadie puede implementar un patrón de periodismo en una sociedad donde hay pensamiento único, verticalista y dictatorial. ¿Quién tiene el paradigma? ¿Quién soy yo para decir cuál es mejor o peor o cómo deben hacerse las cosas? No podemos criticar el quehacer periodístico de ningún medio; yo no tengo autoridad profesional, moral o estética para ello. No puedo decir cómo deben ser ni hacerse las cosas. Hay diferentes discursos y formas; no hay un sólo patrón ni un sólo modelo.

 

La información que nutre “El Peladero” proviene de fuentes privilegiadas como la CICIG, la Dirección de Inteligencia Militar, la embajada de los Estados Unidos, ¿cómo se hace para cultivar ese tipo de fuentes?

 

Son años de trabajo. Hay gente muy institucional que está cerca de poderes malignos, gente decente.

 

En las escuelas de periodismo, en el primer año, se les enseña a los estudiantes de que “no hay almuerzo gratis”. Es decir, que las fuentes no dan información a cambio de nada. ¿Qué piden sus fuentes a cambio de la información que le proporcionan?

 

En su mayoría mis fuentes son personas indignadas, con ansiedad, encabronadas, que se siente marginadas, que los han hecho a un lado porque no son parte de los poderes.

 

Pero también hay gente que tiene intereses espurios, ¿cómo identificar a esas fuentes?

 

Preguntando. Hay fuentes que no puedo identificar porque las arruino. Pero hay mucha gente que no tiene ideología, que lleva muchos años de manera descuidada (cerca del poder), y con quienes por accidentes de la vida he tenido relación de amistad y cariño. Es gente que se entera de cosas y me las informa. Por ejemplo, el 5 de marzo del año pasado, Juan de Dios Rodríguez planificó mi asesinato. Gente que lo cuidaba y lo escuchó, le pidieron a otros que me informaran.

 

¿Por qué si Rodríguez planificó su asesinato, usted lo recibió tiempo después en su casa y lo puso en contacto con la CICIG?

 

Porque lo mío no es personal; es institucional. Mis hijos, mi esposa, mis amigos, todos se molestan, porque hay gente que me ha hecho daño y que de repente me pide cita, y yo la recibo. Por ejemplo, Carlos Quintanilla (exjefe de seguridad de Álvaro Colom) contrató a una banda delincuencial que me secuestró y me fue a tirar a El Tejar. Creo que Colom no lo sabía, pero creo que Sandra (Torres) sí lo sabía. En estos años que ella ha estado fuera del Gobierno ha venido cinco veces a mi casa: viene a las cinco y se va a las 12 de la noche. Si me vienen a buscar los recibo, me pueden traer una buena información.

 

Hablando de Sandra Torres, el “El Peladero” del 20 de septiembre parecía una declaración de intenciones de El Periódico en contra de su candidatura presidencial.

 

Yo no voy por ninguno. Este sistema es perverso y siniestro, creo que debió cambiarse antes de votar. Yo no voy ni por Jimmy (Morales) ni por Sandra.

 

El Periódico se cuidó de publicar informaciones negativas sobre Manuel Baldizón, ¿Por qué? ¿Tenían tratos, alianzas, negocios?

 

Jamás. Yo he desafiado a las personas que me han preguntado eso, a que me enseñen dos líneas, desde que nació El Periódico, donde se hable bien de Baldizón, yo agacho la cabeza y pido disculpas (si las enseñan). No tengo ningún arreglo. Ahí están los libros de acciones de El Periódico para que cualquier persona que quiera ver las acciones pueda hacerlo.

 

En el contexto de la crisis política que atraviesa el país, medios e instituciones locales e internacionales le atribuyen un protagonismo importante como impulsor del despertar ciudadano a partir del trabajo de El Periódico, ¿cómo recibe ese reconocimiento?

 

Me halaga y emociona que me vean con una estatura que no tengo. Yo soy una persona interesada en el periodismo pero no soy periodista profesional, escribo columnas pero eso no me hace periodista. Yo valoro eso. Las cosas que se destaparon en esta crisis fueron publicadas a principios de los 90, desde que este sindicato criminal llegó al poder, y nunca hubo reconocimiento por ello porque no había ciudadanía desbordada ni había una CICIG que tomara con seriedad nuestras publicaciones, que las investigara hasta convertirlas en casos judiciales. Si no hubiéramos tenido CICIG ni una Fiscal General que se desmarcara de quienes la eligieron, seguirían diciendo que yo soy un loco.

 

¿Cuál es su relación con los grupos de poder de Guatemala?

Desde siempre he tenido, y no me da pena decirlo, animadversión a los militares. He conocido unos cinco militares en mi vida que me han parecido la excepción a la regla, con quienes he tenido amistad. Con el capital emergente, no tengo muchos conocidos. Del lado del capital tradicional, trabajé en la Shell durante seis años; luego pasé a Cementos (Progreso) donde fui gerente, y eso me llevó a la Cámara de Industria, representé al sector en la Junta Monetaria. Pensaron que yo hacía un buen trabajo y por eso me ayudaron en el proyecto de Siglo XXI. Sin embargo, toleraron mi independencia seis años. El Periódico, de esos capitales no tiene anuncios.

 

¿Quiénes son sus enemigos?

 

Yo siempre he dicho que si Baldetti y Pérez me hubieran matado, hubieran estado muy contentos, pero las fiestas donde hubieran celebrado más mi muerte y la de El Periódico no hubiera sido en Casa Presidencial, sino en las casas de gente muy importante del capital tradicional, y en las de los algunos capos.

 

¿Por qué identifica a muchos de los personajes sobre los que publica informaciones en “El Peladero” con apodos y no por sus nombres?

 

Para que no me demanden. Al poner apodos me cuido de que no me demanden y eso sólo se puede publicar en “El Peladero”.

 

En círculos feministas le han señalado de misoginia por el tipo de apodos con el que identifica a las mujeres: la gruesa; la doña, Roxandra…

 

Las palabras y las definiciones tienen un contexto local. ¿Qué es grueso en Guatemala? Alguien que es tremendo en los negocios. Es algo que tiene doble connotación. Además, mi rentabilidad espiritual es hacer que se retuerza el hígado de los que abusan. Eso me llena de alegría, no lo puedo esconder. Sé que “La Gruesa” se ponía molesta.

 

¿Teme por su vida por el trabajo que hace en El Periódico?

 

En 1991 publicamos un suplemento en el que por primera vez se denunciaba la existencia de una oficina donde nació La Cofradía, que estaba ubicada en el edificio del Ministerio de Finanzas. Lo sacamos con nombres y apellidos. Una semana antes de esa publicación, compré un seguro de vida. A partir de entonces empecé a caminar en otra dimensión y un poco irresponsable; todos los días corro ocho kilómetros, solo. Da miedo, claro. Pero tengo tantos enemigos que ya me viene del norte. Todos los días rezo dos Padre Nuestros y dos Ave Marías.

 

¿El poder le susurra a José Rubén Zamora y José Rubén Zamora le susurra al poder?

 

Pero no nos susurramos, nos hablamos recio.

 

¿Qué le augura al periodismo guatemalteco en los próximos años?

 

Buena salud. Veo gente joven, vibrante, excelente, vigorosa, muy profesional.

 

¿Y a El Periódico?

 

El Periódico está muy maltrecho. Estoy haciendo muchos esfuerzos y considerando todas las opciones, incluyendo la posibilidad de venderlo. Me han hablado algunas gentes y lo he considerado para que subsista. Sobre todo porque hay algunos anunciantes que ya no aceptaré, entonces no sé si yo soy viable para seguir al frente. No lograron que lo cerrara; pero al final, si no logro venderlo, preferiría cerrarlo con dignidad, honrando las deudas y compromisos que tenemos.