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Lo que viene esta semana | ElCapitalFinanciero.com

Lunes, 11 de diciembre de 2017
¡Comienza la semana con buen pie! Aquí te dejamos una selección de lo que se espera para que te mantengas al día en información.

* A partir de este lunes 11 de diciembre comienza la entrega de los Certificados de Pago Negociables de la Segunda Partida del Décimo Tercer Mes (Cepadem) a los jubilados que cobran por transferencia bancaria (ACH). Estos beneficiarios deben verificar en la plataforma que habilitó el MEF: http://cepadem.mef.gob.pa/, si su Cepadem está listo y el lugar de cobro.


* Este martes 12 de diciembre la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa y su Comisión de Actualización Ejecutiva y Gestión Empresarial  (Apede) realizará el taller "Cómo diseñar metas con propósitos para 2018". La actividad se realizará de 12:00 p.m. a 2:00 p.m. en el salón presidencial de Apede.

* La Encuesta de Expectativa de Empleo de ManpowerGroup será lanzada este 12 de diciembre de 2017 en Panamá. En el evento se detallarán las perspectivas de la actividad del mercado laboral para el primer trimestre de 2018.

* Panamá concluirá su Presidencia Pro Témpore del Sistema de la Integración Centroamericana (Sica), con una serie de foros y reuniones técnicas, la LXXII Reunión del Consejo de Ministros y la Reunión de Jefes de Estado y de Gobierno del organismo regional, que se llevará a cabo del 11 al 14 de diciembre.

A tener en cuenta
  • Salario Mínimo || Del 12 al 14 de diciembre la Comisión Nacional de Salario Mínimo sesionará de manera permanente para definir el porcentaje de aumento del salario mínimo que se recomendará al Ejecutivo y que empezará a regir de 2018 a 2019.
OMC || Del 10 al 13 de diciembre se realiza la 11va Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en Buenos Aires, Argentina. La conferencia se celebra cada dos años y es el máximo organismo de decisión de OMC. La delegación de Panamá la encabeza el ministro de Comercio e Industrias, Augusto Arosemena. 

Classical Music for Winter




CLASSICAL WINTER A classical music collection for the winter season, perfect for relaxing by the fireplace! Get cosy and enjoy a playlist of classical music pieces inspired by the coldest time of the year & the most uplifting pieces of classical music composed for the Christmas festivities.

ARCANGELO CORELLI Concerto Grosso No. 9 Op. 6 00:00 (Kiev Chamber Orchestra, Liviu Buiuc) ANTONIO VIVALDI The Four Seasons, Concerto No. 4 in F minor, RV 297 "Winter" 08:19 (Metamorphose String Orchestra, Pavel Lyubomudrov)

ALEXANDER LITVINOVSKY Suite for Strings « Le Grand Cahier »: III. L’hiver 16:36 Suite for Strings « Le Grand Cahier »: I. La foret et la riviere 20:13 (Metamorphose String Orchestra, Pavel Lyubomudrov) GEORG PHILIP TELEMANN Viola Concerto in G Major, TWV 51:G9 22:59 (Warmia Symphonic Orchestra, Giovanni Antonioni, Silvano Frontalini)

PYOTR ILYICH TCHAIKOVSKY The Nutcracker Suite: No. 2a, March of the Toy Soldiers 37:32 No. 2b, Dance of the Sugar Plum Fairy 40:00 No. 2c, Russian Dance 41:56 No. 2f, Dance of the Mirlitons 43:02 (Metamorphose String Orchestra, Pavel Lyubomudrov) STRAUSS II Waltz, Op. 443: Be Embraced, You Millions! 45:33 Waltz, Op. 354: Viennese Blood 55:32 (Stettino Philharmonic Orchestra, Stefan Marzcik) In Humility, Our Savior (trad.) 1:04:49 Ave Maria (Franz Schubert) 1:09:25 Because I Have Been Given Much (trad.) 1:11:31 More, Savior, Like Thee (trad.) 1:15:51 (Constantin Moscovici)

CLAUDE DEBUSSY - Children's Corner, L. 113: No. 4, The Snow Is Dancing 1:20:06

FREDERIC CHOPIN - Berceuse in D-Flat Major, Op. 57 1:22:13

ROBERT SCHUMANN - Kinderszenen, Op. 15: No. 7, Traumerei 1:27:51

JOHANN SEBASTIAN BACH - Orchestral Suite No. 3 in D Major, BWV 1068: II. Aria 1:31:10

FREDERIC CHOPIN - Nocturnes, Op. 9: No. 2 in E-Flat Major, Andante 1:37:31 (Giovanni Umberto Battel)

El carbón sigue extendiendo su contaminación por América Latina

Emilio Godoy
www.cpalsocial.org /161117

Tales planes contradicen las metas climáticas adoptadas voluntariamente por las naciones de la región y el compromiso de incrementar las fuentes limpias y renovables, que forman parte del Acuerdo de París sobre el clima, aprobado en diciembre de 2015.

“América Latina no tiene un gran peso global en el sector, pero este sí tiene influencia regional. Además, Colombia exporta mucho carbón. El problema es que hay varios proyectos en planeación para explotar el mineral y eso amenaza con mantener esa dependencia por años”, dijo a IPS en esta ciudad alemana de Bonn, Heffa Schuecking, directora de la no gubernamental Urgewald.

La Lista Global para el Abandono del Carbón (GCEL, en inglés), elaborada por la organización alemana, exhibe la situación regional del mineral, en el marco del contexto global.

Urgewald presentó el reporte durante la 23 Conferencia de las Partes (COP 23) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), que se desarrolla desde el 6 y hasta el 17 en Bonn, parte de la que fue la franja industrial alemana, movilizada precisamente por la piedra negra.

El listado abarca unas 770 corporaciones extractivas, comercializadoras, prestadoras de servicios y generadoras termoeléctricas dentro de la cadena de valor del sector y señala que en América Latina y el Caribe, la capacidad termoeléctrica instalada con fuente carbonifera asciende a 17.909 megavatios (MW), de los cuales la mayoría opera en México (5.351 MW), Chile, (5.101 MW) y Brasil (4.355 MW).

Empero, los proyectos en marcha que contemplan el uso de carbón suman 8.427 MW, de los cuales Chile aportaría 2.647, Brasil 1.540, República Dominicana 1.070, Venezuela 1.000, Jamaica 1.000, Colombia 850 y Panamá 320. Esos emprendimientos anclarían aún más el contaminante mineral en la región y dificultarían su retiro para combatir el cambio climático.
La GCEL identifica 14 empresas originarias de la región, de las cuales cinco son brasileñas, otras cinco colombianas y una por país de Chile, Perú, República Dominicana y Venezuela.

Además, empresas transnacionales como las estadounidenses AES y Drummond; la italiana Enel, la francesa Engie, la anglosuiza Glencore, la angloaustraliana BHP Billiton y la británica Anglo American también que operan en el sector del carbón en la región.

En la COP 23, cuya electricidad proviene parcialmente de la mina de lignito de Hambach, en las cercanías de Bonn, el reclamo en contra del carbón ha resonado, debido a la responsabilidad del mineral en la generación de gases contaminantes que recalientan el planeta.
Durante la marcha climática de los pueblos, el sábado 11, por las principales calles de la ciudad alemana de Bonn, los manifestantes pidieron el alejamiento del carbón de la generación eléctrica, especialmente de las empresas alemanas, como la compañía RWE. Crédito: Emilio Godoy/IPS

Colombia extrae el mayor volumen de carbón en la zona -90 millones de toneladas en 2016-, en un sector dominado por las empresas transnacionales Drummond, Glencore, BHP Billiton y Anglo American.

Desde 2013, la extracción carbonífera colombiana ha oscilado entre los 85 millones y los 90 millones de toneladas, obtenidas principalmente en excavaciones a cielos abierto y destinadas principalmente a la exportación.

Mientras, la generación termoeléctrica de carbón ascendió a 1.369,5 MW en 2016.
Brasil produce unos ocho millones de toneladas de carbón al año y opera 21 turbinas termoeléctricas con el mineral que generan 3,71 millones de kilovatios, equivalentes a 2,27 por ciento de la capacidad instalada nacional.

En 2015, México produjo unos 7,25 millones de toneladas anuales, el nivel más bajo de los últimos años debido a que la estatal Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha contraído la compra del mineral.

En paralelo, la generación carboeléctrica totalizó 30.124 millones de MW/h en 2015, 34.208 millones en 2016 y 24.274 millones en 2017 proveniente de tres plantas de CFE.

Chile pertenece al lote de los mayores generadores termoeléctricos de la región, con un parque a carbón constituido por 29 unidades eléctricas que aportan 14.291 MW, equivalentes a 61,5 por ciento de la capacidad instalada nacional.

Carlos Rittl, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima, una red de organizaciones ambientales brasileñas, criticó aquí que su país carezca de una política clara hacia el carbón.
“Hay metas de energía renovable para 2030, pero se sigue subastando capacidad eléctrica para combustibles fósiles y se construyen plantas termoeléctricas. No hay un vínculo entre la agenda energética” y las metas voluntarias de reducción de gases contaminantes de Brasil, subrayó Rittl.

El ecólogo brasileño es uno de los 20.000 asistentes, entre delegados gubernamentales, académicos, de la sociedad civil, organismos internacionales y empresarios, a la COP 23.
La GCEL incorpora 88 por ciento de la producción mundial de carbón y 86 por ciento de la capacidad termoeléctrica instalada con base en el mineral.
En la cumbre climática de Bonn, el carbón es especial objeto de críticas por ambientalistas y académicos. En la imagen, una pancarta sentencia “el carbón al museo”, durante las audiencias del Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza, que sesionó los días 7 y 8 en la ciudad alemana. Crédito: Emilio Godoy/IPS
Además, la base de datos identifica 225 compañías que planean la expansión de la minería del carbón y 282 que proyectan más plantas eléctricas.

De las 328 empresas mineras enlistadas, 30 cargan con más de la mitad de la producción mundial de carbón y de las 324 operadoras termoeléctricas, las mayores 31 poseen más de la mitad de la capacidad instalada global.

La campaña busca que los inversionistas retiren los fondos del sector carbonífero, a modo de cancelar nuevos proyectos y clausurar progresivamente los vigentes.

Colombia posee reservas carboníferas por 16.540 millones de toneladas. Mariana Rojas, directora de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente del país, reconoció ante IPS la dificultad de abandonar ese fósil.

“Se trabajan diferentes estrategias para los diferentes sectores. Queremos incentivar el incremento de las renovables en la matriz energética, ha habido más competitividad por los bajos precios de las renovables. Pero no podemos llegar y sacudir a todos los sectores”, declaró la funcionaria.

El carbón quedó fuera del impuesto al carbono creado por la reforma tributaria de diciembre de 2016, prueba del poder de esa industria.

El informe “El carbón de Colombia: ¿Quién gana? ¿Quién pierde? Minería, comercio global y cambio climático”, elaborado en 2015 por el no gubernamental Centro de Estudios para la Justicia Social Tierra Digna, ya alertaba de que en el país andino se proyecta mantener la explotación minera de carbón hasta al menos 2079.

Brasil ya autorizó al menos otra planta en construcción por 340 MW, pero hay avales para al menos seis instalaciones más para generar 804 MW.

México afronta una situación similar, pues los permisos mineros vigentes expirarían a 2062 sobre reservas que superan los 700 millones de toneladas.

La estatal CFE de ese país ha recurrido desde 2015 a subastas electrónicas de carbón, para controlar el abastecimiento de más de dos millones de toneladas anuales y regular la actividad.

Schuecking, de Urgewald, instó a cerrar el grifo financiero a esos proyectos. “Un alejamiento veloz de las inversiones para el carbón por el sector financiero no es solo una cuestión de evitar activos devaluados, sino también de mantener un mundo habitable”, pidió.

Alemania ya le puso fecha de caducidad a ese material -2018-, mientras Canadá ya anunció que en 2030 dejará de quemarlo e Italia se comprometió a hacerlo en 2025.

“El primer paso es eliminar los subsidios al carbón” y redirigirlos a energía solar y eólica, propuso Rittl.


De epulones y lázaros

José Ignacio González Faus,
www.religiondigital.com / 061117

(N.B. Estas líneas son una parodia del evangelio de Lucas, 16, 19-31. Hay que conocer ese pasaje para poder entender la parábola que sigue)

Como la vida da vueltas impensadas, un buen día, por una coalición tácita entre Trump, Putin y Arabia Saudí, el Daesh dominó Europa. Nacionalizó todos los Bancos y prometió matar a cualquier jefe de estado o de gobierno que no fuese musulmán.

Tras varios intentos fallidos de huida por Occidente (pues Gran Bretaña cerraba el paso irritada por la falta de acuerdo sobre el Brexit), alguien recordó desde París que “siempre nos quedará Casablanca”. Así fue como Frau Merkel, Mariano Rajoy con su ministro del interior, Macrom, Orban, el presidente polaco, los señores Renzi y Gentiloni y una larga lista más que ocuparía todo el espacio de que dispongo, se encontraron en una patera inversa, vía Marruecos, para desde allí volar a diversos países de América Latina o Canadá…

Acostumbrados a los asientos VIP de los aviones en que solían viajar, se sentían ahora muy prietos. Pero sabían que la distancia de Algeciras a Marruecos es muy corta. Y he aquí que, a la mitad del camino, se quedaron sin gasolina. Y eso que el señor que les proporcionó la patera, aseguró haber llenado bien el depósito y, además, se lo hizo pagar a cada uno de ellos.

En ese momento, como una desgracia nunca viene sola, se levantó un tremendo oleaje que les llevaba por donde no sabían, amenazando con volcar la embarcación. “Tranquilos”, dijo alguien. “Somos gente muy importante y el primer mercante o crucero con que tropecemos nos recogerá”. Pero he aquí que los barcos que cruzaban el Mediterráneo habían acordado desconectar los radares para no recibir ningún aviso de embarcaciones migrantes perdidas. Así lo aclaró el primer ministro italiano que lo sabía de buena fuente. Confiaron entonces en la ayuda de alguna ONG de ésas que con tanta solidaridad rescatan a los perdidos en el mar. Pero el ministro de interior español les advirtió que él había recomendado a las ONGs abstenerse de recoger a esos presuntos náufragos porque así no hacían más que crear problemas…

Tranquilos no obstante. Gracias al progreso tecnológico y a las cláusulas secretas de algún tratado comercial, resulta que los gobernantes alemanes habían obtenido de Silicon Valley un último modelo de teléfono inteligente, aún no comercializado, pero que permitía conexiones con el más-allá. No con el mismísimo cielo, que eso aún no se había logrado aunque pronto llegaría. Pero sí con eso que el evangelio llama “el seno de Abrahán” donde, por lo visto, es más fácil conectar desde la tierra.

La señora Merkel, porque tenía la conciencia más fina o porque recordaba que, cuando Alemania tuvo deudas, ella hizo subir el tope de deuda de la UE hasta el 6% y luego volvió a bajarlo al 3, no quiso hablarla y encomendó la tarea al ministro español de gobernación. Éste explicó humildemente a Abrahán la situación en que se encontraban: varios días perdidos, con hambre y sed cada vez mayor, porque bebían agua salada. Si al menos cayeran unas gotitas dese el cielo, ellos las recogerían y si algunos peces pequeños saltaran sobre la barca, tendrían algo que comer…

– Hijo, ya sabes que entre vosotros y nosotros hay un abismo inmenso. Desde el cielo no intervenimos en el funcionamiento de la tierra a la que hemos dado su autonomía. Sólo procuramos llamar al corazón de los hombres, como hicimos varias veces con vosotros, pero sin éxito… Además, vosotros comíais y bebíais suculentamente, cuando os reuníais para proteger vuestras fronteras, mientras muchos inocentes morían en ese mar en que ahora estáis. Y tu país no acogió ni el 10% de los que se había comprometido a acoger…

– Pero disponemos de fondos para recompensar bien a quien nos ayude, o para ofrecer una ristra de misas gregorianas que llegue hasta casi el fin del mundo…

– Recuerda hijo que ahora el Daesh se ha incautado de los Bancos. España cambió solapadamente la Constitución para que el primer destino de todo dinero fueran los acreedores. Y ellos dicen que les debéis mucho dinero por el tráfico de esclavos, por el reparto de África que se hizo Europa en el s. XIX; incluso porque subvencionáis vuestros productos agrícolas mientras a ellos les imponéis el libre comercio…

– Sí, padre Abrahán, pero mira: tenemos hijos y nietos en Europa. No queremos que tengan que pasar lo que estamos pasando nosotros. Si bajara a avisarles un ángel o, quizá mejor, alguno de esos que murieron ahogados en el Mediterráneo y ahora están ahí arriba. Porque me temo que eso de las llamadas al corazón no es suficiente en el mundo rico.

– Ya tienen al papa Francisco, a Amnistía Internacional, a Caritas, a Ecologistas en acción y a otras muchas voces que no paran de decir lo que deberíais hacer. No tienen más que escucharlos.

– Sí, padre Abrahán, pero tememos que no los escucharán. En cambio, si viniera alguien del más-allá sí que le harían caso.


– Pues no querido ministro. Si no hacen caso a Francisco ni a Amnistía Internacional…, tampoco escucharán a uno por más que resucite de entre los muertos…

La recolonización de África por medio de la guerra interminable


Hace exactamente seis años, el 20 de octubre de 2011, Muammar Gaddafi fue asesinado, con lo que se unió a la lista de revolucionarios africanos martirizados por Occidente por osar soñar con la independencia del continente.

Temprano aquel día la ciudad natal de Gaddafi, Sirte, había sido ocupada por las milicias respaldadas por Occidente después de una batalla de un mes de duración durante la que la OTAN y sus aliados “rebeldes” destrozaron con artillería los hospitales y casas de la ciudad, cortaron el agua y la electricidad, y proclamaron públicamente su deseo de “someter [a la ciudad] al hambre hasta que se sometiera”. Los últimos defensores de la ciudad, incluido Gaddafi, huyeron de Sirte aquella mañana pero los aviones de la OTAN siguieron el rastro de su convoy, lo bombardearon y mataron a 95 personas. Gaddafi escapó de los restos del convoy pero fue capturado poco después. Les ahorraré los detalles truculentos que los medios de comunicación occidentales se regodearon en difundir por todo el mundo como una triunfal película snuff (1). Basta decir que fue torturado y finalmente murió de un disparo.

De creer el testimonio del aliado clave libio de la OTAN, Mahmoud Jibril, ahora sabemos que fue un agente extranjero, probablemente francés, quien disparó el tiro fatal. La muerte de Gaddafi fue la culminación no solo de siete meses de agresión de la OTAN sino también de una campaña contra el propio Gaddafi y su movimiento que Occidente había mantenido durante más de tres décadas.
Sin embargo, también fue el pistoletazo de salida de una nueva guerra, una guerra por la recolonización militar de África.

El año 2009, dos años antes del asesinato de Gaddafi, fue un año fundamental para las relaciones entre Estados Unidos y África. En primer lugar, porque China pasó por delante de Estados Unidos como principal socio comercial del continente y en segundo lugar porque Gaddafi fue elegido presidente de la Unión Africana.

No podía ser más clara la importancia de ambos hechos para el declive de la influencia estadounidense. Mientras Gaddafi enbezacaba los intentos de unir políticamente África y empleaba enormes cantidades de la riqueza producida por el petróleo libio para hacer realidad este sueño, China destrozaba sigilosamente el monopolio de Occidente sobre los mercados de exportación y la financiación de inversiones. África ya no tenía que recurrir como un mendigo al FMI para obtener préstamos ni aceptar los términos contraproducentes que se le ofrecieran sino que podía acudir a China, e incluso a Libia, para conseguir inversiones. Y si Estados Unidos amenazaba con cortarle el acceso a sus mercados China compraría encantada cualquier cosa que se ofertara. La dominación occidental de África estaba amenazada como nunca lo había estado antes.

La respuesta de Occidente fue, por supuesto, militar. La dependencia económica que tenía África de Occidente, que China y Libia estaban destrozando a toda velocidad, se sustituiría por una nueva dependencia militar. Si los países africanos ya no iban a mendigar préstamos, mercados de exportación y financiación de inversiones de Occidente, habría que ponerlos en una posición en la que acudieran a mendigar ayuda militar de Occidente.

Para ello se había lanzado AFRICOM (el nuevo “comando africano” del ejército estadounidense) el año anterior, pero para humillación de George W. Bush ni un solo país africano quiso albergar su sede, con lo que se vio obligado a abrirla en Stuttgart, Alemania. Gaddafi había liderado la oposición africana a AFRICOM como dejaron claro unos exasperados memorandos diplomáticos estadounidenses revelados por WikiLeaks. Y las peticiones de Estados Unidos a los líderes africanos a unirse a AFRICOM en la “lucha contra el terrorismo” cayeron en oídos sordos.

Como había explicado el jefe de la seguridad libia Mutassim Gaddafi a Hillary Clinton en 2009, a fin de cuentas el Norte de África ya contaba con un sistema de seguridad eficaz gracias a, por una parte, las “fuerzas de reserva” de la Unión Africana y, por otra, el CEN-SAD [Comunidad de Estados de Sahel-Saharianos], una organización de seguridad regional de los Estados del Sahel y saharianos con un sistema de seguridad que funcionaba bien y cuyo eje fundamental era Libia. La sofisticada estructura antiterrorista dirigida por Libia significaba que simplemente no se necesitaba la presencia militar estadounidense. Por lo tanto, la tarea de los planificadores occidentales fue crear esa necesidad.

La destrucción de Libia por parte de la OTAN logró simultáneamente tres objetivos estratégicos para los planes de Occidente de expansión militar en África. El más obvio, eliminó al mayor obstáculo y oponente a esa expansión, el propio Gaddafi. Una vez eliminado Gaddafi y con un inactivo gobierno títere pro-OTAN al cargo de Libia ya no había ninguna posibilidad de que este país actuara como una fuerza poderosa en contra del militarismo occidental. Todo lo contrario, el nuevo gobierno de Libia dependía totalmente de dicho militarismo y lo sabía.

En segundo lugar, la agresión de la OTAN sirvió para provocar el colapso total del delicado aunque eficaz sistema de seguridad norteafricano que había sido respaldado por Libia. Y, por último, la aniquilación de Libia por parte de la OTAN puso al país en manos de los escuadrones de la muerte y los grupos terroristas de la región, que entonces pudieron saquear los arsenales militares de Libia y establecer a su antojo campamentos de adiestramiento, que utilizaron para operar por toda la región.

No es casual que casi todos los atentados terroristas recientes cometidos en el norte de África, por no mencionar Manchester, se hayan preparado en Libia o los hayan perpetrado combatientes adiestrados ahí. Boko Haram, al-Qaeda en el Maghreb Islámico, ISIS, Ansar Dine de Mali y decenas de otros grupos se han beneficiado extraordinariamente de la destrucción de Libia.

Al garantizar que se propagaban los grupos terroristas por toda la región, las potencias occidentales habían creado mágicamente una demanda de su ayuda militar que hasta entonces no existía. Literalmente, habían creado una “red de extorsión a cambio de protección (2)” para África.

En un excelente artículo de investigación publicado el año pasado Nick Turse afirmaba que el aumento de las operaciones de AFRICOM en todo el continente guardaba una correlación precisa con el aumento de amenazas terroristas. Este aumento, afirmaba, había ido acompañado de “cantidades cada vez mayores de atentados terroristas letales en todo el continente, incluidos los de Burkina Faso, Burundi, Camerún, República Centroafricana, Chad, Costa de Marfil, República Democrática de Congo, Etiopía, Kenia, Mali, Níger, Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y Túnez.

De hecho, los datos del Consorcio Nacional para el Estudio del Terrorismo y de las Respuestas al Terrorismo de la Universidad de Maryland muestran que los atentados se han disparado en la última década, lo que viene a coincidir con el establecimiento de AFRICOM. En 2007, justo antes de que se convirtiera en un comando independiente, hubo menos de 400 incidentes de este tipo en el África subsahariana. El año pasado la cantidad llegó a los 2.000. Según los propios criterios oficiales de AFRICOM es, por supuesto, un enorme fracaso. Sin embargo, visto desde la perspectiva de la “red de extorsión a cambio de protección” es un éxito rotundo en el que el poderío militar estadounidense reproduce sin problemas las condiciones para su propia expansión.

Esta es la política respecto a África que Trump ha heredado ahora. Pero dado que esta política raramente se ha entendido como la “red de extorsión a cambio de protección” que realmente es, muchos comentaristas han creído erróneamente, lo mismo que respecto a muchas de las políticas de Trump, que en cierto modo este “ignora” o “revoca” la estrategia de sus predecesores. De hecho, lejos de abandonar esta estrategia Trump la está intensificando con fruición.

Lo que está haciendo el gobierno Trump, como está haciendo en prácticamente cada área política, es despojar a la política anterior de sus sutilezas de “poder blando” para mostrar y extender el puño de hierro que de hecho ha llevado las riendas todo el tiempo. Con su patente desdén por África, Trump ha acabado con la ayuda al desarrollo estadounidense a África al reducir a un tercio la ayuda africana y transferir la mayor parte de la responsabilidad lo que queda desde la Agencia de Desarrollo Internacional al Pentágono, al tiempo que vincula abiertamente la ayuda al avance de “los objetivos de seguridad nacional estadounidenses”.

En otras palabras, Estados Unidos ha tomado la decisión estratégica de dejar la zanahoria a favor del palo. No es sorprendente dada la abrumadora superioridad de la ayuda al desarrollo china. Estados Unidos ha decidido dejar de tratar de competir en este terreno y en vez de ello continuar implacable e inequívocamente el criterio militar que ya habían trazado los gobiernos Bush y Obama.

Para ello Trump ha aumentado los ataques con drones eliminando las (limitadas) restricciones establecidas durante la era Obama. Esto ha tenido como resultado un aumento de las víctimas civiles y, a consecuencia de ello, del resentimiento y el odio que alimentan en reclutamiento de milicianos. Por ejemplo, no es probable que sea una coincidencia que el camión bomba de la organización al Shabaab que mató a más de 300 personas en Mogadiscio el fin de semana pasado lo llevara a cabo un hombre de una ciudad que en agosto había sufrido un importante ataque con drones a civiles entre los que había mujeres y niños.

De hecho, un detallado estudio de la ONU concluía recientemente que en “la mayoría de los casos la acción del Estado parece ser la causa fundamental que lleva en última instancia a los individuos al extremismo violento en África”. De los más de 500 ex miembros de organizaciones violentas entrevistados para el estudio, un 71% indicaba que una “acción del gobierno”, incluido “el matar a un miembro de la familia o a un amigo” o “la detención de un miembro de la familia o a un amigo” había sido el incidente que le llevó a unirse a un grupo. Y así el ciclo continúa: los ataques con drones generan reclutamiento, que produce más atentados terroristas, lo que hace que los Estados implicados sean más dependientes del apoyo militar estadounidense. Así es como Occidente crea la demanda de sus propios “productos”.

También lo hace de otra manera. Alexander Cockburn explica en su libro Kill Chain [Cadena de muerte] que la política de “asesinatos selectivos” (otra política de Obama que se multiplicó con Trump) también aumenta la militancia en los grupos insurgentes. Al informar sobre una discusión con soldados estadounidenses acerca de la eficacia de los asesinatos selectivos Cockburn escribía: “‘Cuando el tema de la discusión se centró en las formas de derrotar las bombas [en la carretera] todos estaban de acuerdo. Tenían gráficos en la pared en los que se mostraban las células de insurgentes a las que se enfrentaban, a menudo con los nombres y las fotos de los tipos que las dirigían’, recuerda Rivolo.  ‘Cuando preguntábamos acerca de ir detrás de individuos muy valiosos y qué efecto tenía, decían: ‘Sí, matamos a ese tipo el mes pasado y estamos consiguiendo más IED [artefactos explosivos improvisados] (3) que nunca’. Todos decían lo mismo, categóricos: ‘Cuando acabas con uno, al día siguiente tienes a otro tipo que es más listo, más joven, más agresivo y con ganas de vengarse’.”

Alex de Waal ha escrito acerca de lo cierto que es esto en Somalia donde, afirma, “a cada líder muerto sigue un sustituto más radical. Tras un intento fallido en enero de 2007, Estados Unidos asesinó al comandante de al Shabaab, Aden Hashi Farah Ayro, en el ataque aéreo de mayo de 2008. El sucesor de Ayro, Ahmed Abdi Godane (alias Mukhtar Abu Zubair), era peor y unió su organización a al-Qaeda. Estados Unidos logró asesinar a Godane en septiembre de 2014. Godane, a su vez, fue sucedido por un extremista aún más determinado, Ahmad Omar (Abu Ubaidah). Es de suponer que fue él quien ordenó el reciente atentado de Mogadiscio, el peor de la historia reciente del país. Si los asesinatos selectivos continúan siendo una estrategia fundamental de la guerra contra el terrorismo”, escribió De Waal wrote, “va a ser una guerra sin fin”.

Pero la guerra sin fin es precisamente el objetivo ya que no solo obliga a los países africanos, libres al fin de la dependencia del FMI, a depender del AFRICOM, sino que también mina las florecientes relaciones de China con África.

El comercio y las inversiones chinas en África siguen creciendo a toda velocidad. Según la China-Africa Research Initiative de la Universidad John Hopkins, las existencias chinas de Inversiones Directas Extranjeras (FDI, por sus siglas en inglés) en África han aumentado desde solo el 2 % de valor de las estadounidenses en 2003 al 55 % en 2015, cuando sumaron un total de 35.000 millones de dólares. Es probable que esta proporción aumente rápidamente dado que “entre 2009 y 2012 la inversión directa de China en África aumentó a una tasa anual del 20.5%, mientras que el nivel del flujo de FDI estadounidense a África disminuyó 8.000 millones de dólares tras la crisis financiera global”. Mientras tanto, el comercio entre China y África superó los 200.000 millones de dólares en 2015.

La aprobación por parte de China de la política “One Belt One Road” (4), a la que el presidente Xi Jinping ha prometido destinar 124.000 millones de dólares para crear rutas de comercio global destinadas a facilitar un comercio anual por valor de 2 billones de dólares, también contribuirá a mejorar las relaciones de África con China. La política de Trump respecto al proyecto fue resumida por Steve Bannon, su mentor ideológico y ex estratega jefe, en solo siete palabras: “Vamos a cargarnos One Belt One Road”. La política de Occidente, que desestabiliza profundamente África y consiste en crear las condiciones para que prosperen los grupos armados al tiempo que se ofrece protección contra ellos, se encamina en cierto modo hacia la realización de este ambicioso objetivo. Eliminar a Gaddafi solo fue el primer paso.

Notas de la traductora:

(1) Las películas snuff (del inglés snuff out, que significa “morir” en sentido figurado) son grabaciones de asesinatos, violaciones, torturas, suicidios, necrofilia, infanticidio, entre otros crímenes reales (sin la ayuda de efectos especiales ni de cualquier otro truco) con la finalidad de distribuirlas comercialmente para entretenimiento.
(2) El término en inglés es “protection racket”, esto es, “un sistema criminal de obtener dinero de unas personas a cambio de comprometerse a no hacerles daño a ellas o a sus propiedades”.
(3) Los artefactos explosivos improvisados (en inglés Improvised Explosive Device) son bombas caseras construidas y utilizadas de formas no convencionales de acción militar.
(4) “Una franja, una carretera”, más conocido como “La nueva ruta de la seda”.

Dan Glazebrook es un periodista freelance que colabora con RT, Counterpunch, Z magazine, The Morning Star, The Guardian, The New Statesman, The Independent y Middle East Eye, entre otros medios. Su primer libro, Divide and Ruin: The West’s Imperial Strategy in an Age of Crisis, fue publicado por Liberation Media en octubre de 2013.