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Kennedy y el cuento de la bala mágica

José Steinsleger
www.jornada.unam.mx/201113

En el vertiginoso y largo documental JFK (1991), el cineasta Oliver Stone muestra que el asesinato del presidente con más glamour de la historia estadunidense fue el resultado de una conspiración de la CIA, la FBI, la mafia, los cubanos anticastristas, los proveedores de armas interesados en atizar la guerra en Vietnam, y el presidente Lyndon B. Johnson, quien actuó como encubridor.

El filme coincidió con lo manifestado hace medio siglo por Fidel Castro, el establishment progre occidental y las conclusiones del Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre asesinatos (1979). Negando implícitamente la tesis del asesino solitario de la Comisión Warren (1964), el comité se adhirió (sin pormenorizar) a la hipótesis de una conspiración.

Recordemos los hechos acaecidos en Dallas (Texas). El 22 de noviembre de 1963, a las 12.30 pm, el cerebro del presidente Kennedy estalló en mil pedazos. Horas más tarde, un oscuro personaje llamado Harvey Oswald (ex miembro del cuerpo de marines), fue detenido como principal sospechoso del magnicidio. Oswald estaba casado con una rusa, y era amigo íntimo de Carlos Marcello, jefe de la mafia de Nueva Orleáns.

En el interrogatorio de la FBI, Oswald negó rotundamente su culpabilidad. No obstante, sus declaraciones no fueron grabadas ni transcritas en su totalidad. Dos días después, mientras era conducido de una prisión a otra por 70 policías, fue asesinado frente a las cámaras de televisión por Jack Ruby. Los policías no movieron un dedo para impedir el crimen.

Dueño de varios clubes nocturnos en Texas, Ruby había estado días antes del magnicidio con Marcello, el jefe de la mafia de Florida, Santo Trafficante, y el líder del poderoso sindicato de camioneros Jimmy Hoffa, asediado en aquellos años por el procurador Robert Kennedy, hermano de John.

Al año de la muerte de JFK, el presidente Johnson estableció al más alto nivel la llamada Comisión Warren. Entre sus miembros figuraban el ex jefe de la CIA Allen Dulles (1953-61), y el futuro presidente Gerald Ford. La comisión ofreció un informe desconcertante sobre el asesinato.

En efecto, Oswald habría sido un desequilibrado solitario que desde el sexto piso de un depósito de libros, disparó tres veces contra la limusina que transportaba al presidente y su esposa Jackie. Del informe se deduce que un solo proyectil, uno solo, habría recorrido la trayectoria en zig-zag (sic), atravesando la garganta del presidente, el pecho y la muñeca del gobernador John Conally, quien estaba en el vehículo de la comitiva.

Ruby murió en prisión de un cáncer vertiginoso en 1967, y nunca pudo ser entrevistado por la prensa. Y luego, empezó una increíble cadena de asesinatos, desapariciones y suicidios de aproximadamente un centenar de personas vinculadas al caso. Entre estas Marcello, y el propio Robert Kennedy.

A finales de los años 60, el abogado y fiscal del distrito de Nueva Orleáns Jim Garrison reabrió el caso. Sin embargo, no consiguió reunir todas las pruebas exigidas por el jurado para que el fallo de conspiración le fuera favorable. En todo caso, Garrison realizó una investigación exhaustiva, y su libro En la pista de los asesinos sirvió de base para el filme de Stone.

Garrison terminó convencido de que la razón más importante del asesinato de Kennedy habría sido su deseo de terminar con la escalada militar del imperio en el sudeste asiático. De hecho, una semana después, los secuaces de la CIA en Saigón asesinaron al presidente Ngo Din Diem, quien al parecer andaba negociando con el Frente de Liberación Nacional de Vietnam.

En las primeras semanas de exhibición, el discurso de barricada y sin sutilezas de Stone conmovió a 15 millones de espectadores. Pero dejó impávido al sistema político yanqui. Sólo el New York Times encontró lugar para publicar una veintena de artículos adversos a la película, y un columnista del Chicago Tribune acusó a Stone de amenaza a la historia nacional.

Para el cineasta, “…la Comisión Warren nunca descubrió los lazos de los asesinos con la mafia porque la mayoría de los miembros de esta comisión estaba involucrada en el complot de la CIA para asesinar a Fidel Castro… El asesinato fue el primer golpe de Estado en Estados Unidos, y funcionó porque nunca supimos qué había ocurrido” (Página 12, Buenos Aires, 5/9/92).

La interpretación de los hechos en torno a lo que realmente ocurrió hace 50 años en Dallas continúa creciendo en forma exponencial. Miguel Marín Bosch, por ejemplo, apuntó en días pasados que la bibliografía sobre John F. Kennedy asciende a unos 40 mil libros (JFK+50, La Jornada, 31/10/13). Un dato que lleva a imaginar que si cada una de esas obras contara con 300 páginas promedio, se necesitaría, a razón de 2 mil páginas por investigador, un equipo de 6 mil personas…


¿Tiene sentido seguir conjeturando acerca del asesinato de JFK? ¿O sus causas profundas estaban ya configuradas en la distópica novela futurista Un mundo feliz (1932), de Aldous Huxley, fallecido también en aquel fatídico 22 de noviembre de 1963?

En el comienzo estaba el pueblo de Dios.

Las víctimas deben estar siempre en el centro

Con estas dos frases quisiéramos poner algo de luz en la confusión, y en muchos casos indignación, que se generó el 30 de septiembre.

Sin previo aviso y sin tener en cuenta la dignidad de las personas, el arzobispado clausuró Tutela Legal. Desde entonces ha habido comunicados de quienes despidieron y de quienes fueron despedidos, más publicitados los de aquellos que los de estos. Muy pronto hubo también comunicados de instituciones internacionales de renombre, de la UCA y de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de El Salvador. Más recientemente, el arzobispo y la fiscalía intercambian opiniones sobre los derechos de ambas instituciones con relación a los archivos.

Muchas otras cosas han ocurrido. Algunas son conocidas por el pueblo de Dios, y la mayoría, como suele ser normal, le son desconocidas. Recientemente el arzobispo ha nombrado una comisión de sacerdotes connotados para velar por los archivos, para hacer las cosas bien en el futuro -y para reparar la imagen del Arzobispado, ahora deteriorada como cuando se retiraron los dibujos de Fernando Llort de la fachada de catedral. Un campesino ha formulado cómo ve lo que ha ocurrido con estas palabras: "Triste. Vergonzoso”.

1. Los laicos. El pueblo de Dios y el Socorro Jurídico. "Pueblo de Dios” es expresión abstracta, y su contenido concreto no es muy conocido por los salvadoreños. Sin embargo, hace 50 años un concilio universal definió lo más real de la Iglesia de Jesucristo con las palabras "Pueblo de Dios”, y no con las de "Iglesia jerárquica”. Esto quiere decir que obispos, curas, seglares, los llamados laicos y laicas, todos son primordial e igualmente, miembros de la Iglesia. Las diferencias vienen después. Son diferencias de naturaleza funcional, y nada dicen de la calidad de vida cristiana de sus miembros.

Pues bien, en los años setenta en El Salvador, laicos fueron los que se preocuparon por la violación de los derechos humanos en el país y los que se pusieron a defender a las víctimas. Surgió el Socorro Jurídico. Muchos salvadoreños llevaban ya siglos sufriendo la muerte lenta de la pobreza, la violencia originaria. Pero en los setenta a esta muerte se unió la muerte rápida de la represión. Clamaba al cielo, y el grupo de laicos citado, en el que había abogados, es decir gente del derecho, se movieron en su defensa con la gran novedad de defenderles también en el ámbito de los derechos humanos, que eran groseramente violados. De ahí el adjetivo jurídico [del Socorro] y después el adjetivo legal [de la Tutela].

Un jesuita, el Padre Segundo Montes, a quien Benjamín Cuéllar recuerda en el artículo que publicamos a continuación, acompañó y aglutinó al grupo en el Externado San José. Después, Monseñor Romero reconoció que el Socorro Jurídico era importante colaborador suyo en la defensa de las víctimas y en la denuncia de los victimarios. De hecho, en la primera página del Diario de Monseñor [que tal como se ha conservado comienza el viernes 31 de marzo de 1978] aparece la referencia al Socorro Jurídico. Menciona algún nombre de sus miembros y habla de tareas concretas… Y añade: "Les agradecí y les manifesté mi satisfacción por la acogida que prestaron al llamamiento y por la buena voluntad que han manifestado como abogados de conciencia cristiana”.

Más tarde, surgió Tutela Legal. Hasta el día de hoy, con Tutela han trabajado otros obispos, otros sacerdotes y otros laicos. El nombre de María Julia Hernández es entrañable e inolvidable. En esos treinta años ha habido cooperación y han existido tensiones entre ellos. Históricamente suele ser lo normal.

Ahora entramos en un nuevo período. Pero sea cual sea su novedad insistimos en que los derechos humanos es responsabilidad de "todo el Pueblo de Dios”. Lo recuerdo porque no es ninguna sutileza teológica rutinaria, sino una necesidad cristiana e histórica. Los laicos son responsables como lo son otros miembros del pueblo de Dios, ministros y jerarcas. Tienen la misma dignidad. Unos y otros deben tratarse con el mismo respeto.
2. La jerarquía al servicio de todo el Pueblo de Dios, no por encima de él. En la Iglesia católica hay laicos y hay jerarquía. El Vaticano II dijo que, antes que las diferencias, hay que enfatizar que ambos forman parte por igual del pueblo de Dios. La potestas, el poder ministerial de la jerarquía, sin duda ofrece posibilidades para hacer el bien, pero como lo muestra la historia, como todo poder tiene siempre peligros. "Que me lo digan a mí que soy rector de una universidad”, decía el Padre Ellacuría.

En democracia se da por sentado que ese peligro hay que superarlo o al menos limitarlo. Y por eso se insiste en la obligación de "rendir cuentas”, en lo que insistía el padre Dean Brackley, a quien acabamos de recordar estos días. Hablaba mucho de la necesidad de "accountability”. Y en cosas de Iglesia, además de la democracia, siempre queda el evangelio, su exigencia y su utopía: los que están arriba, que se abajen dice Jesús.

Ante acontecimientos públicos que generan grave confusión, como ha ocurrido con el cierre de Tutela Legal, la historia, la democracia y las tradiciones evangélicas ofrecen otros modos de actuar: la disponibilidad a explicar las decisiones de antemano y con argumentos convincentes, el diálogo previo, el rendir cuentas y la actitud acogedora.

Siguiendo con la utopía, el ideal es que el Pueblo de Dios sea ejemplo de solidaridad. Ciertamente como ayuda y defensa de quienes lo necesitan. Pero dentro del pueblo de Dios debiera existir, además, otra forma de solidaridad, que no empequeñece la mencionada, sino que la incrementa: "llevarse mutuamente los unos a los otros”, ministros, laicos, jerarcas. Y cuando hay agravios, reales o supuestos, que exista la disponibilidad al diálogo sincero y al perdón. Con relación a la jerarquía es una forma que toma la utopía evangélica de abajarse para servir. Y no se debiera esperar a que comience a abajarse el otro. Cuando se dé esa solidaridad, el pueblo de Dios será una gran ayuda para el país.

3. Al menos de palabra, también en la presente coyuntura conflictiva parece haber coincidencia en que lo más importante son las víctimas. El Socorro Jurídico primero y Tutela Legal después promovieron en este país "la memoria histórica”. Durante años han derrochado amor hacia los miles de perseguidos, asesinados, desaparecidos, los que tienen que emigrar para poder vivir, especialmente mujeres y niños. Ambas instituciones han mantenido con vida y con dignidad a miles de víctimas.
El padre Ellacuría las llamó el "Pueblo Crucificado”. Y Monseñor, después de que el ejército hubiese asesinado a más de un centenar de campesinos, el 19 de junio de 1977 dijo en Aguilares: "Ustedes son el Divino traspasado”. Y no solo les dio dignidad con estas palabras, sino que confesó ante ellos, indefensamente, cómo entendía él su misión arzobispal: "A mí me toca ir recogiendo cadáveres”. Esa era ex officio tarea fundamental suya por ser arzobispo. "Recoger cadáveres” es una forma vigorosa de expresar lo que todo el Pueblo de Dios debe hacer con las víctimas. Las pueden hacer suyas el Socorro Jurídico, Tutela Legal, el IDHUCA y todas las instituciones de derechos humanos. Y todos los miembros de todas las iglesias salvadoreñas de la confesión que fuere.

Importantes son archivos con nombres, inventarios, que estén bien protegidos. Importantes son ONGS, y sus aportes. Pero eso no sustituye al "recoger cadáveres” de Monseñor Romero y de otros en este país, mártires muchos de ellos.

4. Dios sabe cuál será el futuro de Tutela Legal. Los acontecimientos de estos días no debieran llevar a que disminuyan y se empobrezcan sus tareas, sino a que crezcan y mejoren. Que las discusiones existentes sirvan para llevar luz al pueblo de Dios. Y que no lleven al deseo, comprensible pero no muy cristiano, de "tener más razón que el otro”.

Las reflexiones que acabamos de hacer pueden resultar excesivamente conceptuales, incluso complicadas aunque quisieran ser sencillas y dar alguna luz. Termino ahora con las palabras de Pedro Casaldáliga, estas sí breves y claras: "Todo es relativo menos Dios y el hambre”. En El Salvador bien podemos decir: "menos Dios y las víctimas”.

[Publicado en Carta a las iglesias 642. Centro Monseñor Romero, UCA San Salvador].


Veneno a la carta: Coca, Kellogg’s, Nestlé…

Juan Pablo Proal
www.adital.com.br/251013

Las refresqueras, impías máquinas de matar, sacaron su chequera para financiar una campaña en la que pretenden hacerle creer a su presa, la sociedad mexicana, que es su benefactor.

El incremento al impuesto en nuestras bebidas afectará empleos, los ingresos de los tenderos y a las familias mexicanas, argumentan quienes han respaldado el homicidio de sindicalistas, han despojado de agua potable a millones de personas y utilizan agentes cancerígenos en sus venenosos productos.

Con su interminable perversión e inconmensurable poder, boicotearon la campaña de la Alianza por la Salud Alimentaria, coartando la libertad de información, derecho indispensable del consumidor. Esta asociación denunció que Televisa, Televisión Azteca y Milenio Televisión se negaron a reproducir propaganda contra el daño que provoca la industria refresquera:

"Las televisoras Televisa, TV Azteca y Milenio TV, por más de un mes, se han negado a pautar un anuncio que expone los riesgos del refresco y los beneficios que puede traer para la población un impuesto a estas bebidas y el destino de lo recaudado a la introducción de bebederos de agua en todas las escuelas y espacios públicos, mientras, transmiten una publicidad intensa de refrescos y bebidas azucaradas que dañan la salud y los buenos hábitos de alimentación”.

El líquido de la muerte de las refresqueras no tiene redención, más en un país desinformado, enfermo terminal de obesidad y diabetes. México, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, ocupa el segundo lugar de sobrepeso en todo el mundo y los primeros en obesidad infantil. En un solo sexenio la diabetes se disparó de 6.4 a 13 millones de personas, de las cuales el 85 por ciento no cuenta con acceso a tratamiento, según un estudio del Instituto Nacional de Salud Pública.

Las refresqueras responden con vergonzoso cinismo. Las calorías contenidas en nuestras bebidas, pretextan, se pueden utilizar para "ser más felices”. La Procuraduría Federal del Consumidor obligó a Coca Cola a suspender su campaña "Una Coca-Cola = 149 calorías para usar en actividades felices”, por no comprobar que sus consumidores podrían quemar las calorías de su producto con pasear a su perro, bailar o sonreír, como presumía la trasnacional.

La principal alerta es que las mórbidas refresqueras penetraron hasta lo más íntimo de la sociedad mexicana. El refresco acompaña la más precaria comida de una familia; está presente en entierros, bodas, graduaciones, quince años, ferias… "Cuando una cultura integra refrescos a lo más sagrado, que es su relación con los ancestros, entonces estos forman parte de su identidad” reflexiona el antropólogo Joaquín Praxedis Quesada en el texto "México lanza golpe a la obesidad al estilo Bloomberg”.

Las depredadoras refresqueras y trasnacionales de los alimentos expandieron sus adictivos venenos a muchas más industrias. En México, Danone, Coca Cola y Pepsi acaparan el 82 por ciento de las ventas de agua embotellada, mercado valuado en alrededor de diez mil millones de dólares.

Y no son los únicos que engrosan sus arcas comercializando drogas alimenticias letales. Bimbo, por ejemplo, ganó un promedio de 173 mil 139 millones de pesos el año anterior con sus venenosos panquecitos. Su popular producto Mantecadas es un coctel de muerte equivalente a ocho y media cucharadas de azúcar, diez de grasa, alto sodio y colorantes que inducen hiperactividad en los niños, de acuerdo con un análisis de El Poder del Consumidor.

Basta entrar a una tienda Oxxo -por cierto, propiedad de Femsa, el mayor embotellador de Coca Cola en el mundo y enemigo número uno de los tenderos populares- para advertir que los anaqueles están repletos de productos nocivos hasta el quirófano. Y no sólo se trata de chatarra perjudicial para nuestra salud, sino de empresas gigantes que pagan cabilderos, engañan a un pueblo desinformado, inciden en las políticas públicas de la sociedad y, sobre todo, son actores protagónicos de una silenciosa masacre colectiva.

En la tercera edición de su informe "Y tú… ¿sabes lo que comes?”, difundido en septiembre de 2012, Greenpeace presentó un enorme listado de empresas y productos que se negaron a demostrar que están limpios de los nocivos alimentos transgénicos. Están incluidos Kellogg’s, Nestle, Pepsi, Bimbo, Hershey´s, Lala, Herdez y muchísimos más.

Lo más tenebroso es que la mayoría de estas firmas generalmente invierte millones de dólares en limpiar su imagen. Los mismos patrocinan actividades culturales que competencias deportivas, e incluso se dan el lujo de financiar campañas sobre ética y civismo. Jamás veremos en sus anuncios un ápice de veracidad: El Tigre Toño ya habría muerto hace años por diabetes y Ronald McDonald no habría llegado a los cincuenta años, aniquilado por un paro cardíaco.

Son crueles estrategas del engaño. Maestros en manipular a un pueblo que tiene una precaria escolaridad promedio de 8.2 años y sólo lee 2.9 libros al año. Una nación presa de una televisión pública tóxica y vomitiva, ametralladora de hipnóticas falacias.

No tienen reparo en engañar a nadie, incluidos los menores de edad. En julio pasado la Profeco impuso una multa a McDonald’s de 684 mil pesos por mentir a los niños con el contenido de su producto "Cajita Feliz”.

Las trasnacionales de las bebidas y la chatarra penetraron y con profundidad. Ahí están presentes en la campaña del gobierno federal "Cruzada contra el Hambre” y libres para apoderarse de las escuelas públicas gracias a la privatizadora reforma educativa.

El incremento al impuesto a las bebidas azucaras y la chatarra aprobado la semana pasada por el Poder Legislativo está lejos de ser el principio del fin de esta industria de muerte; por el contrario, la sociedad debe comenzar a fortalecer las iniciativas para acabar con este temeroso poder.

La juez federal (de EEUU) Gladys Kessler ofreció un ejemplo certero de cómo mermar a las compañías que merman nuestra salud. El año pasado obligó a las tabacaleras estadunidenses a admitir "la verdad sobre sus mortales y adictivos productos en una serie de anuncios”. En tanto, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos multó a Reebok con 18 millones de dólares y a Skechers con 31 millones de dólares por vender zapatillas para adelgazar sin presentar evidencias de sus resultados.

En Japón, China y algunos países de la Unión Europea, las compañías dedicadas a los alimentos están obligadas a etiquetar sus productos en caso de utilizar transgénicos.

El derecho a una alimentación sana está contenido en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, así como en el título primero de la Constitución mexicana. Es obligación del Estado poner un alto a esta vorágine de alimentos basura.

El reinado de los refrescos y la chatarra atenta contra nuestra salud, el campo, la educación, la libertad, el derecho a la información, el desarrollo económico y la democracia del país. Por nuestra propia sobrevivencia, es tiempo de desterrar a Coca Cola y similares de los hogares mexicanos. La felicidad que nos quieren imponer no es otra cosa que la mentira que ofrece la peor de las drogas: una lenta y dolorosísima muerte (que, por cierto, no será individual).


La guerra secreta de Australia contra los aborígenes


Los pasillos del parlamento australiano son tan blancos que uno tiene que entrecerrar los ojos al mirarlos. El ambiente es silencioso, el olor que desprende es de abrillantador. Los suelos de parqué brillan tanto que parece que reflejen caricaturas de los retratos de los primeros ministros y las filas de pinturas aborígenes, suspendidas en las blancas paredes, cuyas lágrimas y sangre no son visibles.

El parlamento se encuentra en Barton, un suburbio de Canberra cuyo nombre rememora al primer ministro de Australia, Edmund Barton, redactor de la Política Blanca de Australia en 1901. “La doctrina de la igualdad del hombre”, dijo entonces Barton, “nunca fue pensada para” aquellos que no fueran británicos ni de piel blanca.

La preocupación de Barton provenía más bien de los chinos, conocidos como el Peligro Amarillo; nunca mencionó la presencia más antigua y perdurable de la tierra: los primeros australianos. Para él éstos no existían. Su cuidado sofisticado de la áspera tierra no detentaba interés alguno. Su épica resistencia nunca había ocurrido. En 1838, el Sydney Monitor dijo sobre los que habían combatido a los invasores británicos de Australia: “Estaba determinado que se exterminara por completo la raza de negros en aquel lugar”. Hoy, los supervivientes de aquella guerra son un secreto nacional vergonzante.

La ciudad de Wilcannia, en Nueva Gales del Sur, resulta doblemente conocida. Es la ganadora del premio nacional Tidy Town (ciudad pulcra) y sus habitantes indígenas tienen una de las esperanzas de vida más bajas que se ha registrado. Por lo general, mueren a los 35 años. El gobierno cubano está llevando a cabo un programa de alfabetización con ellos, de igual manera que hace con los más pobres de África. Según el informe sobre la distribución de riqueza global Credit Suisse Global Wealth, Australia es la región más rica del planeta.

Los políticos de Canberra se encuentran entre los ciudadanos más acaudalados. Sus donaciones endógenas son legendarias. El año pasado, la entonces ministra de asuntos indígenas, Jenny Macklin, reformó su oficina a costa de 331.144 dólares para los contribuyentes.
Hace poco, Macklin reivindicó que, cuando estaba en el gobierno, había marcado una "gran diferencia". Es cierto. Durante su ejercicio, el número de aborígenes que vivían en chabolas creció en casi una tercera parte y más de la mitad del dinero empleado en proyectos de viviendas para aborígenes se la embolsaron los contratistas blancos y la burocracia de quienes ella era en gran medida responsable. Hoy, una vivienda típicamente ruinosa en las zonas despobladas donde habitan las comunidades indígenas da cobijo a hasta 25 personas. Los servicios sanitarios tardan años en llegar a las familias, muchas a cargo de ancianos o discapacitados.

En el 2009, el profesor James Anaya, respetado relator de las Naciones Unidas sobre derechos de los pueblos indígenas, describió como racista el "estado de emergencia" que había despojado a las comunidades indígenas de sus ya endebles derechos y servicios bajo el pretexto de que entre ellos se encontraba un número "inconcebible" de bandas pedófilas –una acusación que la policía y la Comisión Australiana del Crimen desmintieron-.

Entonces el portavoz de la oposición de asuntos indígenas, Tony Abbott, le espetó a Anaya, "ocúpate de tus asuntos" y no "escuches únicamente a la vieja brigada de las víctimas". Abbott es hoy el primer ministro de Australia.

He conducido hasta el corazón rojo de Australia central y preguntado yo mismo a la Dra. Janelle Trees sobre la "vieja brigada de las víctimas". Trees es una médico de cabecera cuyos pacientes indígenas viven a pocos kilómetros de diversos centros vacacionales que cuestan 1.000 dólares la noche, en la formación rocosa de Uluru (Ayers Rock).

Ella dijo, "sabemos que hay asbesto en las viviendas de los aborígenes y [al gobierno] no le importa en absoluto que uno de ellos inhale una fibra de asbesto y desarrolle un mesotelioma pulmonar. Los niños contraen infecciones crónicas y acaban sumándose a las increíbles estadísticas de indígenas que mueren por enfermedades renales, batiendo además récords mundiales de enfermedades reumáticas cardíacas, y no se hace absolutamente nada. Cuando veo esto me pregunto: ¿por qué no se actúa? La malnutrición es un mal común. Una vez quise dar a una paciente un anti-inflamatorio por una infección que podía haberse evitado si las condiciones de vida fueran mejores, pero no pude tratarla porque no tenía suficiente comida para llenar su estómago y no podía injerir las tabletas. A veces me siento como si estuviera tratando a mis pacientes en condiciones similares a las de la clase obrera inglesa a principios de la revolución industrial".

En Canberra, en las oficinas ministeriales que exhiben arte aborigen, los políticos expresaron repetidamente lo “orgullosos” que estaban de lo que “hemos hecho por los indígenas australianos”. Cuando pregunté a Warren Snowdon —ministro de sanidad indígena en el gobierno laborista, recientemente substituido por la coalición conservadora de Abbott— por qué después de casi un cuarto de siglo representando a los australianos más pobres y enfermos no había llegado a una solución, éste respondió, “vaya pregunta más tonta. Vaya pregunta más pueril”.

Al final de la calle Anzac Parade en Canberra, se erige el Memorial de la Guerra Nacional de Australia, cuyo historiador, Henry Reynolds, denomina el "centro sagrado del nacionalismo blanco". Me denegaron el permiso para filmar en este enorme espacio público. Cometí el grave error de expresar mi interés en las guerras de frontera en las que los negros australianos combatieron la invasión británica sin armas de fuego, pero con gran ingenio y coraje –arquetipo de la "tradición Anzac".

Pese a su importancia, en un país plagado de cenotafios, ni uno solo conmemora a aquellos que cayeron en la resistencia frente a "una de las mayores expropiaciones de tierra en la historia de la humanidad", escribió Reynolds en su libro más conocido Forgotten War (La Guerra Olvidada). Mataron a más aborígenes australianos que nativos americanos en las guerras de frontera americanas y que maorís en Nueva Zelanda. El estado de Queensland se convirtió en un verdadero matadero. Un pueblo entero fue hecho prisionero de guerra en su propio país, mientras los colonos llamaban al exterminio. La industria ganadera prosperó empleando hombres indígenas prácticamente como trabajadores esclavos. La industria minera hoy en día obtiene beneficios de miles de millones de dólares a la semana en tierras indígenas.

Obviar estas verdades y venerar el papel servil de Australia en las guerras coloniales de Gran Bretaña ha cobrado hoy en día casi el estatus de culto en Canberra. Reynolds y las pocas personas que lo cuestionan han sufrido calumnias abusivas. Consideran a los excepcionales aborígenes de Australia sus Untermenschen (sub-humanos). Al entrar en el Memorial de la Guerra Nacional, uno puede ver rostros de indígenas representados por gárgolas de piedra junto a canguros, reptiles, pájaros y otras formas de "vida salvaje autóctona".

Cuando comencé a rodar sobre esta Australia secreta hace 30 años, había en marcha una campaña global contra el apartheid en Sudáfrica. Como ya había realizado un reportaje en Sudáfrica, quedé impresionado por las similitudes de la supremacía blanca y la docilidad y actitud defensiva de los liberales. Ningún oprobio internacional, ningún boicot, había alterado la epidermis de la Australia "privilegiada". Hoy se puede ver a los guardas de seguridad de los centros comerciales expulsar a los aborígenes en Alice Springs; si se recorre la corta distancia que hay entre los suburbios de Cromwell Terrace y el campamento de Whitegate, se ven las chabolas de hojalata que no disponen de luz ni de agua. Eso es apartheid, o lo que Reynolds llama "un rumor en nuestros corazones".


(La película de John Pilger Utopia sobre Australia se verá en los cines a partir del 15 de noviembre y en la Televisión Independiente en diciembre. En Australia se verá en enero).

John Pilger, nacido en 1939 en Australia, es uno de los más prestigiosos documentalistas y corresponsales de guerra del mundo anglosajón. Particularmente renombrados son sus trabajos sobre Vietnam, Birmania y Timor, además de los realizados sobre Camboya, como Year Zero: The Silent Death of Cambodia y Cambodia: The Betrayal.


Sabotear las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán

www.rebelion.org/121113

"Los grupos que desarrollan políticas en favor de Israel, como el AIPAC, trabajan con fondos ilimitados para desviar la política de EE.UU. en la región (Oriente Medio)". (Jack Straw, Miembro del Parlamento y exministro de Asuntos Exteriores del Partido Laborista británico).

"Estados Unidos debe dejar caer una bomba nuclear sobre Irán para impulsar al país a acabar con su programa nuclear". (Sheldon Adelson, mayor donante del Partido Republicano y gran recaudador de fondos para los comités de acción política pro Israel, discurso en la Universidad Yeshiva, de Nueva York, 22 de octubre de 2013).

La cuestión de la guerra o la paz con Irán recae en las políticas adoptadas por la Casa Blanca y el Congreso de los EE.UU. Las propuestas de paz que hizo el recién elegido presidente de Irán, Rohani, han resonado favorablemente en todo el mundo, excepto en Israel y sus acólitos sionistas en EE.UU. y Europa. La primera sesión de negociación procedió sin recriminaciones y dio lugar a una evaluación optimista de ambas partes. Precisamente a causa de la respuesta inicial favorable entre los participantes, el Gobierno israelí intensificó su guerra de propaganda contra Irán. Sus agentes en el Congreso de los EE.UU., en los medios de comunicación y en el poder ejecutivo pasaron a socavar el proceso de paz.

Lo que está en juego es la capacidad de Israel para emprender –como apoderado- guerras con los ejércitos de los EE.UU. y sus aliados de la OTAN contra cualquier gobierno que desafíe la supremacía militar de Israel en el Medio Oriente, su anexión violenta de los territorios palestinos y su capacidad para atacar a cualquier adversario con impunidad.

Para entender lo que está en juego en las actuales negociaciones de paz hay que prever las consecuencias de un fracaso. Bajo la presión de Israel, EE.UU. anunció que su "opción militar" podría ser activada, resultando en ataques con misiles y una campaña de bombardeos contra 76 millones iraníes con el fin de destruir su Gobierno y su economía. Teherán podría tomar represalias contra tal agresión apuntando a las bases militares de Estados Unidos en la región y a las instalaciones petroleras del Golfo, lo que redundaría en una crisis global. Esto es lo que Israel quiere.
Vamos a comenzar por examinar el contexto de la supremacía militar de Israel en el Medio Oriente. A continuación, se procederá a analizar el increíble poder de Israel sobre el proceso político de EE.UU. y cómo se da forma al proceso de negociación de hoy, con especial énfasis en el poder sionista en el Congreso de los EE.UU.

El contexto de la supremacía militar de Israel en el Medio Oriente

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Israel ha bombardeado, invadido y ocupado más países en el Oriente Medio y África que el poder colonial anterior, excepto los EE.UU. La lista de víctimas de Israel incluye: Palestina, Siria, Líbano, Egipto, Irak, Jordania, Sudán y Yemen. Si se incluyen los países en los que Israel ha lanzado ataques y asesinatos terroristas casi clandestinos, la lista se ampliará considerablemente para incluir una docena de países de Europa y Asia, incluyendo los EE.UU. a través de su red terrorista sionista.

La proyección de la fuerza militar de Israel, su capacidad de librar guerras ofensivas a su antojo, se corresponde con su impunidad casi total. A pesar de sus reiteradas violaciones del derecho internacional, incluidos crímenes de guerra, Israel nunca ha sido censurado por un tribunal internacional o sometido a sanciones económicas debido a que el gobierno de EE.UU. utiliza su posición de vetar resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y de presionar a sus aliados de la OTAN y la UE.

La supremacía militar de Israel tiene menos que ver con el "resplandor" tecno-industrial nacional de sus traficantes de guerra y más con las transferencias y robo descarado de la tecnología y las armas nucleares, químicas y biológicas de los EE.UU. (Grant Smith “Ten Explosive US Government Secrets of Israel” IRMEP -Diez secretos explosivos del Gobierno de los EE.UU. que posee Israel-). Los sionistas en los EE.UU. y Francia han jugado un papel estratégico (y traidor) en el robo y transporte ilegal de tecnología nuclear y componentes de armas a Israel, de acuerdo con una investigación realizada por el exdirector de la CIA, Richard Helms.

Israel mantiene enormes arsenales de armas nucleares, químicas y biológicas mientras niega el acceso a los inspectores internacionales de armas y no está obligado a cumplir el Tratado de No Proliferación, debido a la intervención diplomática EE.UU. Bajo la presión de "configuración de poder sionista local (ZPC, por sus siglas en inglés), el gobierno de EE.UU. ha bloqueado toda acción que pueda limitar la producción de armas de destrucción masiva de Israel. De hecho, EE.UU. sigue proveyendo a Israel de armas estratégicas de destrucción masiva para que las utilice contra sus vecinos, en violación del derecho internacional.

La ayuda militar de EE.UU. y la transferencia de tecnología a Israel supera los 100.000 millones durante el último medio siglo. La intervención de EE.UU. por las vías diplomática y militar fue crucial en el rescate de Israel de la derrota en la guerra de 1973. La negativa del presidente de EE.UU. Lyndon Johnson de defender la desarmada nave de inteligencia, el USS Liberty en 1967, después de haber sido bombardeado y quemado con napalm por aviones de combate y buques de guerra israelíes en aguas internacionales, constituye una tremenda victoria para Israel gracias a los asesores sionistas de Johnson. Debido a su impunidad, incluso en matar soldados estadounidenses, Israel se ha dado vía libre para hacer guerras de agresión para dominar a sus vecinos, cometer actos de terrorismo y asesinar a sus adversarios en todo el mundo sin temor a represalias.

La indiscutible superioridad militar de Israel ha convertido a varios de sus vecinos en colaboradores cuasi-clientes: Egipto y Jordania han sido aliados de facto, junto con las monarquías del Golfo, ayudando a Israel a reprimir los movimientos nacionalistas y pro palestinos de la región.

El factor más decisivo en el ascenso y la consolidación del poder de Israel en el Medio Oriente no ha sido su valor militar, sino su alcance e influencia política a través de sus agentes sionistas en los EE.UU. Las guerras de Washington contra Irak y Libia, y su actual apoyo al asalto mercenario contra Siria, han destruido a tres grandes oponentes nacionalistas seculares de las ambiciones hegemónicas de Israel.

En la medida en que Israel acumula más poder en la región, se extiende la colonización de los territorios palestinos hacia el este, hacia la destrucción del último obstáculo a sus políticas coloniales: Irán.

Durante al menos dos décadas, Israel ha conducido a sus agentes en el extranjero - (la ZPC) - para destruir el Gobierno de Irán por medio de la desestabilización de su sociedad, el asesinato de sus científicos, bombardeando sus establecimientos militares y laboratorios y estrangulando su economía.

Después de que la ZPC presionó con éxito a los EE.UU. a la guerra contra Irak en 2003 triturando literalmente su sociedad secular compleja y matando a más de un millón de iraquíes, giró su visión hacia la destrucción de Líbano (Hezbolá) y el Gobierno secular de Siria como una forma de aislar a Irán y prepararse para un ataque. Mientras miles de civiles libaneses fueron asesinados en 2006, el ataque de Israel al Líbano falló, a pesar del apoyo del gobierno de EE.UU. y la campaña de propaganda salvaje de la ZPC. Histérico frente a su fracaso y para "compensar" su derrota a manos de Hezbolá y "levantar la moral", Israel invadió y destruyó gran parte de Gaza (2008-2009), la mayor prisión al aire libre del mundo.

A falta de capacidad militar para atacar a Irán por su cuenta, Israel dirigió a sus agentes para manipular al gobierno de los EE.UU. para iniciar una guerra con Teherán. Los líderes militaristas de Tel Aviv han dado rienda suelta a sus enviados políticos de la ZPC en todos los EE.UU. para que trabajen en pos de destruir Irán, el último adversario significativo para la supremacía israelí en el Medio Oriente.

La estrategia israelí-ZPC está diseñada para establecer el escenario para una confrontación de EE.UU con Irán, utilizando sus agentes en el poder ejecutivo, así como su continua corrupción, el soborno y el control del Congreso de EE.UU. El control del ZPC sobre los medios de comunicación refuerza su campaña de propaganda. Cada día, el New York Times y el Washington Post publican artículos y editoriales que promueven la agenda de guerra de Israel. El ZPC utiliza el Departamento de Estado de EE.UU. para obligar a otros estados de la OTAN para que también se enemisten con Irán.

La guerra de Israel con Irán. La presión política a los EE.UU., las sanciones económicas y las amenazas militares

En soledad, la "guerra" de Israel con Irán no va mucho más allá de su sabotaje cibernético, los asesinatos periódicos de científicos iraníes utilizando sus agentes a sueldo que proliferan entre los grupos terroristas iraníes y los continuos golpes por parte de los políticos israelíes y su multitud de prosternados. Fuera de Israel, esta campaña ha tenido poco impacto en la opinión pública. La guerra de Israel contra Irán depende exclusivamente de su capacidad para manipular la política de EE.UU. con sus agentes locales y los grupos que dominan el Congreso de EE.UU. ya sea través de los nombramientos de funcionarios en puestos clave en los departamentos del Tesoro, Comercio y Justicia, y como “asesores” sobre el Oriente Medio.

Israel no puede organizar una campaña de sanciones efectivas contra Irán, ni puede influir en cualquier gran potencia para cumplir dicha campaña. Sólo los EE.UU. tiene ese poder. El dominio de Israel en Oriente Medio proviene enteramente de su capacidad para movilizar a sus representantes en los Estados Unidos que tienen asignada la tarea de asegurar la total sumisión a los intereses de Israel de parte de los funcionarios públicos electos y designados especialmente en lo que respecta a los adversarios regionales de Israel.

Estratégicamente colocados, los ciudadanos que tienen doble ciudadanía, de EE.UU. y de Israel, "han utilizado su ciudadanía de los EE.UU. para asegurar altos cargos de seguridad en el Gobierno directamente implicados en las políticas que afectan a Israel. Como israelíes, sus actividades están en consonancia con los dictados de Tel Aviv.

En la administración Bush (2001-2008) ocupaban altos cargos en el Pentágono las personalidades con ideología "primero Israel", como (Paul Wolfowitz, Douglas Feith), seguridad para Oriente Medio (Martin Indyk, Dennis Ross), la oficina del Vicepresidente ('Scooter' Libby), Hacienda (Levey) y el Departamento de Seguridad Nacional (Michael Chertoff). En la administración de Obama los cargos con la misma ideología, "Israel primero", incluyen a Dennis Ross, Rahm Emanuel, David Cohen, el secretario del Tesoro de Jack "Jake la serpiente" Lew, el Secretario de Comercio Penny Pritzker y Michael Froman como representante comercial, entre otros.

El poder concreto de Israel dentro del poder ejecutivo se corresponde con su dominio del Congreso de los EE.UU. A diferencia de algunos críticos, Israel no es un "aliado" ni un "cliente" de los EE.UU. La evidencia de la gran asimetría en la relación abunda en el último medio siglo. Debido a estos poderosos representantes en el Congreso y el poder ejecutivo, Israel ha recibido más de 100.000 millones de dólares como tributo de los EE.UU. durante los últimos 30 años, algo así como 3.000 millones de dólares más al año. El Pentágono de EE.UU. ha transferido la tecnología militar más avanzada y actualizada y participó en varias guerras en nombre de Israel. El Tesoro de EE.UU. ha impuesto sanciones contra el comercio potencialmente lucrativo y socios de inversión en el Oriente Medio (Irán, Irak y Siria) privando a agricultores, exportadores de los EE.UU. de manufacturas y a las compañías petroleras de más de 500.000 mil millones en ingresos.

La Casa Blanca sacrificó la vida de más de 4.400 soldados estadounidenses en la guerra de Irak, una guerra promovida por los apoderados de Israel y a requerimientos de sus líderes. El Departamento de Estado ha rechazado relaciones de amistad y rentabilidad con más de 1.500 millones de musulmanes, apoyando la colonización ilegal de Jerusalén y Cisjordania por más de medio millón de colonos judíos en territorio palestino ocupado militarmente.

La pregunta estratégica es cómo y por qué esta relación unilateral entre los EE.UU. e Israel persiste por tanto tiempo, incluso cuando va en contra muchos de los intereses estratégicos y de élite de Estados Unidos. La cuestión más inmediata y apremiante es cómo estas relaciones históricamente desiguales tienen efectos actuales en las sanciones Estados Unidos - Irán y en las negociaciones nucleares.

Irán y las negociaciones de paz

Sin duda, el presidente de Irán, recientemente elegido y su ministro de Relaciones Exteriores están dispuestos a negociar el fin de las hostilidades con los EE.UU., haciendo grandes concesiones que garanticen el uso pacífico de la energía nuclear. Han declarado que están abiertos a la reducción o incluso poner fin a la producción de uranio altamente enriquecido, reduciendo el número de centrifugadoras, e incluso permitiendo inspecciones intrusivas, no anunciadas, entre otras propuestas prometedoras. El Gobierno iraní propone una hoja de ruta con objetivos finales, como parte de los acuerdos iniciales. La secretaria de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, Lady Ashton, ha comentado favorablemente la reunión inicial.
El Gobierno de los EE.UU. ha dado señales contradictorias a raíz de las propuestas de Irán y de la reunión de apertura. Algunos comentarios individuales se muestran moderadamente positivos, mientras que otros son menos alentadores y rígidos. La plana mayor sionista, como Jack 'Jake' Lew, el Secretario del Tesoro, insiste en que las sanciones permanecerán hasta que Irán cumpla con todas las exigencias de los EE.UU. (léase "israelíes"). El Congreso de EE.UU., comprado y controlado por la ZPC, rechaza las propuestas prometedoras y flexibles iraníes, insistiendo en "opciones" militares o el total desmantelamiento del programa nuclear legal y pacífico de Irán, posiciones de la ZPC diseñadas para sabotear las negociaciones. Con ese propósito, el Congreso ha aprobado nuevas sanciones económicas, más extremas para estrangular la economía petrolera iraní.

Cómo los comités de acción política de Israel controlan el Congreso de EE.UU. y preparan la guerra con Irán

La Configuración del Poder Sionista, ZPC, utiliza su poder de fuego financiero para dictar la política del Congreso sobre el Oriente Medio y para asegurarse de que el Congreso de EE.UU. y el Senado no se apartan un ápice de servir a los intereses de Israel. El instrumento que el sionismo utiliza es la compra de los funcionarios electos en los EE.UU. en el comité de acción política (PAC).

Gracias a una decisión del año 2010 de la Corte Suprema de EE.UU., la super PAC-ligada a Israel, gastó enormes sumas de dinero para elegir o destruir candidatos en función de su labor política a favor de Israel. Mientras estos fondos no vayan directamente a manos del candidato, estos super comités no tienen que revelar cuánto gastan y cómo se gasta.

Se estima que el ZPC derivó fondos directos e indirectos vinculados a los legisladores estadounidenses por un monto aproximado de 100 millones de dólares en los últimos 30 años. El ZPC canaliza estos fondos a los líderes legislativos y miembros de los comités del Congreso que se ocupan de la política exterior, especialmente presidentes de los subcomités que se ocupan de Oriente Medio. Como era de esperar, los mayores receptores del dinero de ZPC en el Congreso para quienes han promovido agresivamente las políticas de la línea dura de Israel.
En otras partes del mundo, tales sobornos a gran escala para los votos legislativos serían considerados como soborno flagrantes y serían perseguidos por delito grave, y con prisión para ambas partes. En los EE.UU., la compra y venta de voto de un político se llama lobby y es legal y abierta. La rama legislativa del gobierno de los EE.UU. ha llegado a parecerse a un prostíbulo de alto precio o subasta de esclavistas blancos que juegan con la vida de miles de ciudadanos.

La ZPC ha comprado la alianza de las personas y senadores del Congreso estadounidense a gran escala. De 435 miembros de la Cámara de Representantes de EE.UU. (sic), 219 han recibido pagos de la ZPC a cambio de su voto a favor del Estado de Israel. La corrupción es mucho mayor aún entre los 100 senadores, 94 de los cuales han aceptado dinero del pro israelí PAC y del super PAC por su lealtad a Israel.

El ZPC derrama dinero tanto para los republicanos como para los demócratas, consiguiendo votos increíbles (en esta época de estancamiento del Congreso), casi votaciones unánimes (de ambos partidos) a favor del "Estado judío", incluyendo sus crímenes de guerra, como el bombardeo de Gaza y Líbano, así como los 3.000 millones dólares anuales más de los EE.UU. que paga el contribuyente como tributo a Tel Aviv.

Al menos 50 senadores estadounidenses han acumulado individualmente entre 100.000 y 1 millón de dólares en dinero del ZPC en las últimas décadas. A cambio, han votado por más de 100.000 millones en pagos de tributo a Israel... además de otros "servicios y retribuciones". Los miembros del Congreso de EE.UU. son más baratos: 25 legisladores han recibido entre 238.000 y 50.000 dólares, mientras que el resto tiene cacahuetes.

Independientemente de la cantidad, el resultado final es el mismo: los miembro del Congreso recogen el guión de sus mentores sionistas en las PAC, super PAC y AIPAC, respaldan todas las guerras de Israel en el Medio Oriente y promueven la agresión EE.UU. en nombre de Israel.

Los legisladores más abiertos e influyentes obtienen la mayor parte del soborno sionista. El Senador Mark Kirk (¡Bombas sobre Teherán!) encabeza la lista de los "cerdos en el canal" con 925.000 dólares en pagos del ZPC, seguido de John McCain (¡Bombas sobre Damasco!) con 771.000 dólares, mientras que los senadores Mitch McConnell, Carl Levin, Robert Menéndez, Richard Durban y otros políticos filosionistas no se muestran tímidos al momento de poner sus pequeños cuencos para la mendicidad cuando llega el repartidor del dinero del PAC pro Israel.

La congresista de Florida, Ileana Ros-Lehtinen, encabeza la lista de la "Casa", con 238.000 dólares por su récord de 100% a favor de Israel, así como por ser más belicista que incluso el mismo Netanyahu. Eric Cantor recibió 209.000 dólares por defender las "guerras de Israel" con vidas estadounidenses al cortar los pagos de seguridad social a las personas mayores de Estados Unidos con el fin de aumentar la ayuda militar a Tel Aviv. El representante por las minorías Whip Steny Hoyer, consiguió 144.000 dólares por "fustigar a los pocos vacilantes" demócratas para devolverlos al "campo israelí". El líder de la mayoría John Boehner recibió 130.000 dólares por hacer lo mismo entre los republicanos.

La ZPC ha gastado enormes cantidades de dinero en destruir a una docena de legisladores disidentes que se habían enfrentado a las guerras de Israel y sus grotescas violaciones de los derechos humanos. La ZPC ha invertido millones en las campañas individuales, no sólo la financiación de candidatos de la oposición que prometieron lealtad a Israel, sino para montar magnicidios de carácter difamatorios de los críticos de Israel durante el mandato. Estas campañas se han montado en las partes más oscuras de los EE.UU., en particular en los distritos mayoritarios afroamericanos, donde los intereses sionistas locales y su influencia de otra manera serían absolutamente nulos.

No hay líderes de partidos u organización cívica que puedan compararse con los de PAC, super PAC en la disputa por el poder que es la Quinta Columna de Israel. Según los documentos archivados por el valiente investigador Grant Smith, de IRMEP, cuando se trata de Israel, el Departamento de Justicia de los EE.UU. se niega rotundamente, por lo menos desde el año 1963, a hacer cumplir sus propias leyes federales que requieren el procesamiento de ciudadanos estadounidenses que no pueden registrarse como representantes extranjeros mientras trabajan para un país extranjero.

Por otro lado ZPC, a través de "Anti-Difamation League", ha logrado presionar al Departamento de Justicia, el FBI y la NSA para hacer investigar y enjuiciar a patrióticos ciudadanos estadounidenses respetuosos de la ley, críticos de la ocupación de tierra palestina que hace Israel y de los corruptores sionistas que hacen en nombre de su amo extranjero al sistema político de EE.UU.

La corrupción y la degradación de la democracia en EE.UU. son posibles gracias a la "prensa respetable" igualmente comprometida y dañada. Crítico de los medios de comunicación, Steve Lendman, ha señalado el vínculo directo entre Israel y los medios de comunicación en su investigación del New York Times. Los periodistas más importantes ("justos y equilibrados") que informan sobre Israel tienen fuertes lazos familiares y políticos con ese país y sus artículos han sido poco más que propaganda.

El reportero del Times Ethan Bronner, cuyo hijo sirvió en el ejército israelí, es un apologista desde hace tiempo del Estado sionista. Isabel Kershner, también reportera del Times, cuyos "escritos" parecen venir directamente de la Oficina de Relaciones Exteriores de Israel, está casada con Hirsh Goodman, asesor del régimen de Netanyahu sobre "asuntos de seguridad". El jefe de la oficina del Times en Jerusalén, Jodi Rudoren, vive cómodamente en el hogar ancestral de una familia palestina desposeída de esa antigua ciudad.

La inquebrantable postura del Times a favor de Israel proporciona una cobertura política y la necesaria justificación de los corruptos políticos de Estados Unidos que baten los tambores de guerra de Israel. No es de extrañar que tanto el New York Times, como el Washington Post, estén profundamente comprometidos en denostar y denunciar las actuales negociaciones entre Estados Unidos e Irán y proporcionan un amplio espacio a la retórica unilateral de los políticos israelíes y sus voceros de Estados Unidos, mientras estudiadamente excluyen las voces más racionales a favor del acercamiento de experimentados exdiplomáticos estadounidenses, líderes militares cansados ​​de la guerra y representantes del comercio de los EE.UU. y las comunidades académicas.

Para entender la hostilidad del Congreso hacia las negociaciones nucleares con Irán y los esfuerzos para sabotear a través de la imposición de nuevas sanciones ridículas, es importante llegar a la fuente del problema, a saber, las declaraciones de los políticos israelíes claves, que marcan la línea de marcha de sus acólitos estadounidenses.

A finales de octubre de 2013, el exjefe de Inteligencia de Defensa israelí Amos Yadlin, habló de tener que elegir entre "La bomba o el bombardeo", un mensaje que de inmediato resonó con los 52 Presidentes de las Principales Organizaciones Judías Estadounidenses (Daily Alert, 24 de octubre de 2013). El 22 de octubre de 2013, el ministro de Inteligencia de Israel, Yuval Steinitz, pidió endurecer con nuevas sanciones contra Irán e insistió en que los EE.UU. deben utilizarlas como palanca para exigir que Irán acuerde en abandonar por completo la energía nuclear con fines pacíficos y el programa de enriquecimiento de uranio.

El ministro de Defensa Moshe Yaalon afirmó que "Israel no aceptará ningún acuerdo que permita a Irán enriquecer uranio. La posición de Israel para amenazar con la guerra (a través de los EE.UU.) si Irán no se somete a la rendición incondicional de su programa nuclear. Esto define la posición de todos los grandes instrumentos pro Israel, como el PAC, el super PAC y AIPAC. A su vez, procederán a dictar la política a sus "lamebotas" en el Congreso de los EE.UU. Como resultado, el Congreso aprueba las sanciones económicas aún más extremas contra Irán para sabotear las negociaciones en curso.

Los que han recibido los mayores sobornos sionistas de la pro Israel PAC son los más vociferantes: el Senador Mark Kirk ($ 925 379), autor del proyecto de ley de sanciones anterior, exige que Irán ponga fin a su programa completo de misiles nucleares y balísticos (!) y declaró que el Senado de EE.UU. "debe moverse inmediatamente hacia adelante con una nueva ronda de sanciones económicas dirigidas a todos los restantes ingresos de Irán y las reservas del gobierno" (Financial Times, 10/10/13, p. 6).

La Cámara de Representantes de EE.UU. (sic) ya ha aprobado un proyecto de ley que limita drásticamente a Irán la capacidad de venta de su principal producto de exportación, el petróleo. ¡Una vez más, el ZPC de Israel es el eje del Congreso que trata de imponer la agenda de guerra de Israel al pueblo estadounidense! A finales de octubre de 2013, el secretario de Estado Kerry fue puesto en "la parrilla" durante 7 horas por el primer ministro israelí Netanyahu. La cobardía de Kerry le hizo prometer promover la agenda de Israel para el desmantelamiento del programa de enriquecimiento nuclear de Irán.

Para contrarrestar la campaña de estrangular la economía petrolera de Irán promovida por los lacayos de Israel en el Congreso, el Gobierno de Irán ha ofrecido generosos contratos a las compañías petroleras de la UE (Financial Times, 29/10/2013, p. 1) y EE.UU. Se están removiendo disposiciones nacionalistas actuales. Bajo los nuevos términos, las compañías extranjeras toman reservas o participaciones en proyectos iraníes. Irán espera atraer al menos 100.000 millones de dólares en inversiones en los próximos tres años.

Este estable país cuenta con la reserva más grande de gas del mundo y la cuarta mayor reserva de petróleo. Debido a las actuales sanciones impuestas por los Estados Unidos (Israel), la producción ha caído de 3,5 millones de barriles por día en 2011 hasta 2.580.000 barriles por día en 2013. La pregunta es si tanto la Big Oil, las gigantescas compañías de Estados Unidos y la Unión Europea tienen el poder para desafiar a la ZPC, el collar que estrangula y domina sobre la política de sanciones Unidos y la UE. Hasta ahora, la ZPC ha dominado esta política crítica y marginó a la Big Oil con amenazas, chantajes y coacciones contra los políticos estadounidenses. Esto efectivamente ha alejado a las empresas estadounidenses del lucrativo mercado iraní.

Conclusión

Mientras los EE.UU. y los otros cinco países tratan de negociar con Irán, se enfrentan a enormes obstáculos para superar el poder de Israel en el Congreso de los EE.UU.. En las últimas décadas los agentes de Israel han comprado la lealtad de la mayoría de los congresistas, capacitándolos para reconocer y obedecer los silbidos, señales y secuencias de comandos de los traficantes de la guerra en Tel Aviv.

Este "eje de la guerra', ha causado un daño enorme en el mundo, provocando la muerte de millones de víctimas de guerras de los EE.UU. en el Medio Oriente, el sudoeste de Asia y norte de África. La brutal corrupción y la ampliamente reconocida insolvencia del sistema legislativo de EE.UU. se deben a su sumisión servil a una potencia extranjera. Lo que queda de Washington es un estado vasallo degradado y despreciado por sus propios ciudadanos. Si el Congreso controlado por ZPC tiene éxito una vez más en la destrucción de las negociaciones entre los EE.UU. e Irán a través de nuevos acuerdos bélicos, nosotros, el pueblo estadounidense, tendremos que pagar un enorme precio en vidas y dinero.

El momento de actuar es ahora. Es hora de levantarse y exponer el papel desempeñado por organismos israelíes como el PAC, super PAC y las cincuenta y dos principales organizaciones americanas judías encargadas de corromper al Congreso y hacer que "nuestros" representantes electos se transformen en lacayos de las guerras de Israel.

Ha habido un ensordecedor silencio por parte de nuestros célebres críticos, algunos pocos medios alternativos críticos han atacado el poder de Israel en el Congreso de los EE.UU. La evidencia está disponible y a la vista, los crímenes son innegables. El pueblo estadounidense necesita auténticos líderes políticos con el coraje para acabar con la corrupción y los corruptores y obligar a sus miembros elegidos en la Cámara y el Senado a representar los intereses del pueblo estadounidense.


La renovación que necesitamos

José M. Castillo S.
www.religiondigital.com/03.10.13

La comisión de ocho cardenales, que ha designado el papa Francisco, trabaja intensamente estos días para ofrecer a los cristianos un proyecto de renovación de la Iglesia. No sabemos lo que, en concreto, están preparando y, por tanto, lo que nos van a ofrecer.

En cualquier caso, y habida cuenta de las muchas quejas que se oyen contra el clero en general, y más en concreto contra la Curia Vaticana, no sería una sorpresa que el proyecto de renovación que se nos están preparando se centrase principalmente en una depuración de los responsables de tantos casos de corrupción y de escándalo, de los que nos vamos enterando.

Y, esto supuesto, preparar una renovación del modelo vigente de gobierno en la Iglesia, reduciendo el papel avasallador que actualmente tiene Roma en la toma de decisiones, dando más participación a los obispos, especialmente a las Conferencias Episcopales, en la gestión de los asuntos, y quizá insistiendo en una mayor participación de los seglares (también las mujeres, por supuesto) incluso en altos cargos de gobierno.

Es evidente que, si todo esto se llevara a cabo, los cambios indicados - si no se quedan en letra muerta - representarían un cambio de época en la historia de la Iglesia y del papado. Sobre todo, si el gobierno de la Iglesia recupera el modelo sinodal, que estuvo en vigor durante el primer milenio de nuestra historia eclesiástica. Nadie duda que esto sería un motivo de notable alegría para cuantos deseamos esa “otra Iglesia” más comunitaria, menos jurídica y más participativa.

Pero la pregunta de fondo, que aquí se plantea, nos confronta con la siguiente cuestión. Por supuesto, todo esto es conveniente, es importante, es sobre todo necesario. Pero, resolviendo los problemas administrativos, que se refieren a la gestión y al gobierno de la Iglesia, ¿con eso, nada más, esta Iglesia que tenemos va a responder a las cuestiones de fondo que hoy se plantean tantas personas de buena voluntad, que le buscan un sentido a sus vidas y una solución a este mundo tan desquiciado?

Mi convicción, en este orden de cosas, es la siguiente: la Iglesia no tiene solución mientras no ponga en el centro de su vida el mensaje fundamental y desconcertante del Evangelio.

Ahora bien, el problema capital, que aquí encontramos, está en que el centro de la vida de la Iglesia no es el Evangelio, sino la Religión, con sus “dogmas”, sus “leyes” y sus “ritos”. Esto supuesto, el problema no se resuelve manteniendo los “dogmas”, reforzando las “leyes”, y haciendo que los “ritos” resulten más solemnes o más fáciles, con tal que se observen. Todo esto no servirá sino para que la Religión cobre fuerza y la gente sea más “religiosa”. Pero, si es que ponemos en eso la renovación de la Iglesia, lo que se consigue es que seremos más “religiosos”, pero menos “evangélicos”.

¿Por qué digo estas cosas? Porque, si algo hay claro en los evangelios, es que Jesús se puso de parte de los enfermos, de los pobres y de los marginados enfrentándose a muerte con la Religión. De manera que este enfrentamiento es central en los evangelios, en la vida y en el mensaje de Jesús.

En la Iglesia tenemos miedo a afrontar esta toma de postura que asumió Jesús. Tenemos mucho miedo a que se nos juzgue según el texto tremendo de Mt 25, 31-47. Tenemos miedo a quedarnos sin religión y solamente con lo que hemos hecho o hemos dejado de hacer por los que sufren.

Tenemos miedo, sobre todo, a tomar en serio las palabras tremendas que, un día, Dietrich Bonhoeffer escribió desde la cárcel del Tegel, poco antes de ser asesinado por los nazis:

Dios nos hace saber que hemos de vivir como hombres que logran vivir sin Dios. ¡El Dios que está con nosotros es el Dios que nos abandona (Mc 15, 34)! El Dios que nos hace vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo Dios, clavado en la cruz, permite que lo echen del mundo. Ante Dios y con Dios vivimos sin Dios. Dios clavado en la cruz, permite que lo echen del mundo. Dios es impotente y débil en el mundo, y precisamente sólo así está Dios con nosotros y nos ayuda. Mt 8, 17 (“Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias”) indica claramente que Cristo no nos ayuda por su omnipotencia, sino por su debilidad y por sus sufrimientos”.

Lo que nos da miedo es quedarnos con esta postura ante Dios. Solamente con esto. Sin dogmas, ni leyes, ni ritos a que agarrarnos, sino únicamente con nuestra identificación con el inmenso sufrimiento de los demás, el inmenso sufrimiento de este mundo en el que tanto se sufre.


El escándalo del hambre en el Día Mundial de la Alimentación

El derecho a la alimentación entre ecología campesina y producción agroindustrial


La tierra puede ser vista como una superficie generatriz que nos da hospitalidad, con la cual dialogamos al interno de un proceso de reciprocidad e interdependencia, que se funde como proceso natural en la agricultura y tiene como escenario global la biosfera.

O puede ser vista como un valor patrimonial, como un factor económico más de la producción de alimentos, induciendo artificialidad a los procesos naturales con prácticas basadas en una visión compartimentada, mecanicista y a-biótica de la agricultura.

La agricultura de hoy, insuficiente e insostenible

De las 200 mil especies vegetales selváticas según el bio-geógrafo Jared Diamond, solo algunas miles son idóneas para la alimentación humana y solo algunas centenas han sido adaptadas al consumo humano [1]. Tres cuartos de los productos alimenticios de todo el mundo derivan de siete especies de plantas: El trigo, el arroz, el maíz, la papa, la yuca, el sorgo y la cebada, y por lo que concierne al ser humano, la mitad del aporte calórico y proteico de los tres primeros cereales [2].

Por otro lado la tercera parte de las tierras del planeta son utilizadas para la cultivación y el pastoreo y a estas actividades se dedican 1,3 billones de personas, que representan la mitad de la fuerza de trabajo mundial [3]. La agricultura consume casi dos terceras partes del agua obtenida de lagos, ríos y fuentes acuíferas en todo el mundo.

Una tonelada de cereales producidos en régimen agroindustrial en monocultura con tecnología moderna, exige cerca de nueve veces más energía de la base ambiental (de la bio-capacidad del territorio en cuestión) que si se utilizaran métodos y técnicas agro sostenibles.

En la actualidad las prácticas agrícolas no sostenibles sobre-utilizan la base ambiental global. El 90% de la energía utilizada directa o indirectamente en estas prácticas, proviene de la utilización de productos químicos, maquinaria agrícola y sistemas de riego que aumentan las emisiones de CO2. Se prevé un aumento de la temperatura superficial global de 2,4°C en el periodo 2010 - 2020 [4], se pronostica además, que la degradación del clima erosione la producción global de alimentos en un 20%, a la vez que se prevé que el número de personas que sufren hambre se incremente de los actuales 925 millones a 1200 millones para el 2025 [5].

El estrés ambiental que deriva del cambio climático, reduce la capacidad de respuesta tanto del sector agrícola industrial como del tradicional, ante el aumento de la demanda alimentaria global.

Además, cerca del 10-12% de la producción mundial de cereales viene desviada de la autosuficiencia y seguridad alimentaria hacia la producción de agro-combustibles.

Técnica campesina, Revolución Verde y vulnerabilidad alimentaria

La producción agroindustrial vigente ha impulsado la modernización de la agricultura, empeñándola en la extrema movilidad de los recursos para poderlos trasladar de una utilización a otra y así responder en modo flexible a las fluctuaciones de la demanda.

En la agricultura la movilidad de los recursos es lenta. Los agricultores tradicionales son poseedores de recursos inamovibles en substancial desventaja con relación a la mayoría de las actividades económicas, y más aún, frente a la progresiva desmaterialización y transnacionalización de la economía.

La Revolución Verde, volvió la agricultura menos eco-compatible en el afán de volverla más industrializada, fraccionando el continuum de la producción de alimentos para convertirla en más movible. Los costos sociales de esta injerencia se han traducido en vulnerabilidad alimentaria para millones de personas en el mundo.

La moderna producción agrícola, caracterizada por una fuerte mecanización, una producción en régimen de monocultura y orientada a mercados lejanos, afronta las adversidades ambientales, climáticas y agronómicas, recurriendo al uso intensivo de capital y de la manipulación bioquímica de los procesos de crecimiento en la producción de alimentos. Un ejemplo límite en el cual el ambiente circundante viene excluido casi del todo, se encuentra en el cultivo de verduras en viveros, sobre películas de agua con un grado de nutrientes controlado y un microclima recreado ad hoc.

En el extremo contrario, la técnica campesina tradicional se apoya en la diversificación de las especies cultivadas, destinadas muchas veces al auto-consumo, al uso de variedades diferentes de la misma especie, a la mano de obra familiar y a los mercados de proximidad, con tecnologías eco-compatibles adecuadas al contexto agroecológico, maduradas y perfeccionadas en el tiempo durante generaciones.

En el actual sistema alimentario, las fases que llevan un producto agrícola desde el lugar de su cultivo en el campo hasta el lugar donde viene consumido son generalmente: siembra, cuido, cosecha, transporte primario, almacenamiento, transformación agroindustrial, comercio al por mayor, transporte secundario y comercio al detalle y al final consumo. Esta larga cadena de pasajes del llamado circuito largo, constituye uno de los puntos de fractura del moderno sistema de producción, circulación y consumo alimentario: el circuito largo ignora el cálculo de la contaminación que puede verificarse en cada una de estas fases.

En la actualidad cada producto viaja 50% más que en 1979, y nadie paga un impuesto por la contaminación que generan estos traslados. Cerca de tres cuartos del consumo de energía de la cadena alimentaria, se da fuera de las dos primeras y dos últimas fases (transporte primario, almacenamiento, transformación agroindustrial, comercio al por mayor, transporte secundario) del sistema alimentario moderno.

Además, el circuito largo esta caracterizado por una elevada intermediación en la cual múltiples actores económicos explotan fragmentos de valor adjunto del articulado proceso que va del cultivo al consumo y en particular de la transformación agroindustrial.

Por lo que concierne a la distribución y al comercio de los alimentos, estos vienen monopolizados por 4 o 5 cadenas de supermercados [6], que se reparten el mercado y su poder crece en los países empobrecidos del hemisferio sur del mundo.

En este ámbito, la agricultura industrial en régimen de monocultura, con uso intensivo de capital e imput externos, destinado al circuito largo, tiene ventajas ante la producción familiar campesina a uso intensivo de trabajo, en régimen de policultura, con rotación de los cultivos y destinado al circuito corto.

La agricultura vista en una dimensión local, tiene una población o comunidad que pone en práctica toda una serie conocimientos para interactuar con el entorno, conocimientos que progresivamente se van cimentando y acumulando un know how, constituido por experiencias almacenadas en la memoria autobiográfica primero y en la tradición local de la comunidad luego.

Observar el mundo rural a través de la óptica de la eficiencia económica y el productivismo no habla de los pequeños productores campesinos, (entre el 75-80% de la población sobrevive gracias a la producción de subsistencia de los pequeños productores [7]) los cuales trabajan la tierra para dar seguridad alimentaria a sus familias, producir sus propias semillas, plantas medicinales, alimentación para sus animales y materiales de construcción para sus casas. En este modo ellos garantizan su autosuficiencia alimentaria y un lugar en la comunidad en el cual ayudar y poder ser socorridos en los momentos de necesidad.

Los agricultores campesinos invierten sus ganancias en relaciones sociales y destinan parte de los productos de las cosechas o de la cría de animales, en fiestas, matrimonios y funerales, en ofrendas al interno de la red comunitaria a la que pertenecen, para garantizarse un lugar en esa comunidad, en una praxis disciplinada por los mecanismos de control social orientados al conseguimiento del equilibrio, pero también nutridos por las transformaciones que derivan del conflicto social.

El mundo rural ha sido regulado a lo largo de su historia por una relación de reciprocidad, redistribución e intercambio [8]. Con la irrupción de la modernización de la agricultura, de este triángulo eco-compatible ha sido extrapolada una de las esquinas: El intercambio y, a partir de este, ha sido reelaborado el todo. Ha sido realizado un reordenamiento en el cual la ganancia a través del intercambio se ha convertido en el ethos de las relaciones alimentarias. Las lógicas subyacentes a la reciprocidad y a la redistribución, han sido reelaboradas junto a su capital simbólico como son el prestigio, la confianza y solidaridad, sucesivamente monetizadas y disciplinadas por el crédito y la deuda. La visión moderna de la agricultura y su lógica no desaparecen lo existente, lo reelaboran y reordenan (como en este caso) instalando una nueva lógica hegemónica acorde a sus intereses, en el lugar de la lógica intrínseca que sustentaba el mundo rural.

El empresario agroindustrial tiene bien claro su objetivo: enriquecerse produciendo alimentos y tratando de obtener la máxima productividad inmediata de la tierra, se trata de dos racionalidades dicotómicas: El saber ecológico-campesino y la lógica económica-empresarial [9].

La globalización y el epistemicidio de los saberes campesinos tradicionales


Las comunidades campesinas representan un problema para el modelo agroindustrial dominante y para la doctrina económica que lo fundamenta. Estas comunidades se encuentran en una línea de frontera comportamental, se encuentran en una línea de confín ilegible con los instrumentos de la economía moderna formal: Prefieren la propiedad comunitaria a la propiedad individual, compran y venden poco, no tienen cuentas en el banco, ni tarjetas de crédito, son números inútiles para las cuentas del gran capital.

Los promotores de la globalización (en el mismo modo en el que convirtieron la agricultura en más fragmentada con la Revolución Verde) han reservado para los campesinos del hemisferio sur del mundo, un complejo procedimiento de ingeniería social [10].

Este, según las diferentes zonas del planeta, comenzó hace tres o cuatro décadas y se agudizó con el Consenso de Washington [11] en 1989, en coincidencia con el final del bipolarismo. Este mecanismo inició con el abandono estatal de las políticas de crédito y ayuda a los pequeños productores campesinos, escenario que tuvo su continuidad en el éxodo rural, que ha alimentado la descampesinización y la progresiva urbanización.

Sucesivamente estos trabajadores de la tierra llegados a las metrópolis fueron amontonados en las ciudades en forma desordenada, con la intención de convertirlos en consumidores de mercancías y sobre todo de servicios, precedentemente privatizados por el consenso de Washington. Su llegada ocasionó el derrumbe de los salarios urbanos, que incrementó la mano de obra a bajo costo, abriendo las puertas al modelo maquilero en el ámbito de la internacionalización industrial: mercancías que viajan por el mundo en busca de -en su jerga institucional- paraísos laborales, con bajos salarios, débil legislación laboral y gobiernos conniventes. Paralelamente transfieren también la sobre-producción agrícola del norte, altamente subvencionada para competir con la producción local con poco valor adjunto y muy debilitada con el abandono estatal del campo.

Una revolución hecha a costa del hemisferio sur del mundo

A la mitad de los años 70 las Naciones Unidas dieron su apoyo a la Revolución Verde en la reunión mundial de la alimentación en 1974 “para eliminar el hambre en el mundo en una década”. La Revolución Verde fue propuesta como la mejor forma de proveer alimentos a una población mundial en crecimiento constante y prometió además el aumento de los rendimientos gracias al uso intensivo de la química.

Una parte considerable de los pequeños agricultores obtuvo rendimientos más elevados gracias a la Revolución Verde, pero este resultado fue conseguido a costa de la pérdida de la biodiversidad, de la contaminación de los suelos, de los cuerpos hídricos y de la atmosfera.

Además, la agricultura industrial barrió las diferentes agriculturas y ecologías locales en el planeta y produjo una mayor dependencia económica, tecnológica y alimentaria de los países empobrecidos en relación a los países ricos y por consecuencia aumento la deuda externa.

Para pagar los intereses de la deuda externa estos países se vieron obligados a orientar su producción hacia la agricultura industrial en régimen de monocultura para la exportación, sacrificando la soberanía alimentaria y la producción interna e incrementando la importación de alimentos básicos para sus poblaciones.
Además los países empobrecidos se vieron obligados a liberalizar sus economías. Tres motivos empujaron a estos países a liberalizar: Algunos países necesitaban crédito internacional y en cambio aceptaron los programas de ajuste estructural promovidos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Otros abrieron sus mercados para entrar a los acuerdos de libre comercio, por miedo a quedar al margen de la “globalización” o porque convenía a la elite local de turno al poder. Otros, liberalizaron en el contexto del Consenso de Washington [12] visto entonces como la solución a la crisis de la deuda del sur del mundo en los años ochenta [13].

En la fase de las liberalizaciones, los países redujeron sus tarifas y eliminaron las cuotas que protegían la producción autóctona. Privatizando las instituciones estatales que se ocupaban de proteger a los pequeños productores, alimentaron de hecho la incapacidad de las políticas públicas internas de incidir en los modelos de oferta alimentaria, ya que buena parte de los instrumentos abolidos, como los subsidios, el poder de compra-venta estatal de cereales para incidir en los precios del mercado y la creación de techos de precios para los productos agrícolas presentes en las canastas básicas de los diferentes países, prácticamente desaparecieron y las políticas sectoriales en este ámbito fueron subordinadas al alcance de los equilibrios macroeconómicos, decididos en los grandes institutos financieros del norte del mundo.

La factura social fue pagada por los países de baja renta, donde la agricultura es la base principal de subsistencia para el 50-90% de la población [14], esto responde al hecho que los países del hemisferio sur del mundo son más vulnerables, ya que utilizan entre el 70-80% de la renta en gastos ligados a la alimentación, es decir que ante variaciones de su poder de adquisición su rentase erosiona más rápidamente, mientras que en los países ricos utilizan en la alimentación entre el 10-15%.

Las corporaciones y la privatización de la naturaleza

En marzo de 1998 el ministerio (estatal) norteamericano de la agricultura y una empresa privada, la Delta and Pine Land, depositaron la patente de una técnica de transgénesis llamada Control de la expresión de los genes: en realidad una planta genéticamente manipulada que produce una semilla estéril. Dos meses después la Monsanto compró esa empresa y su patente que luego depositó en más de 80 países” [15].

Hecho que representa un parteaguas y el inicio de la privatización de la biomasa y la reserva biogenética. No se puede vender a un campesino lo que ya produce (las semillas) o lo que dispone en abundancia en la naturaleza. Este representa el punto de fractura a-biótico porque para privatizar una patente por medio de un programa genético (una variedad de maíz presente en el campo del campesino) es necesario prohibir al agricultor que siembre el grano que cosecha, es decir que realice la práctica fundadora de la agricultura, expropiando así un bien común propiedad de toda la humanidad [16]. La esterilidad del grano permite a las transnacionales que su programa genético sea prisionero, es decir que se autodestruya en el campo del campesino.

Las transnacionales que se dedican al negocio de la mercerización de la reserva biogenética tienen un poder cada día más incisivo sobre la seguridad alimentaria; este poder además está concentrado en pocas transnacionales: Las tres más grandes (Monsanto, Dupont, Syngenta) controlan el 47% del mercado mundial de semillas patentadas [17].

En la actualidad se asiste al tentativo de los grandes carteles internacionales de la alimentación, de decidir qué producir y en qué cantidades, ejerciendo su poder fáctico en el frágil sistema alimentario mundial sobre todo en los países más pobres caracterizados por vulnerables realidades locales, muchas veces semi-analfabetas, de trabajo artesanal y comercio informal.

De este modo, ellos disponen de un recurso casi igualmente peligroso y estratégico que las armas: el acceso a la alimentación.

Hace tres décadas eran miles las compañías de distribución de semillas, instituciones públicas de mejoramiento de simientes, hoy existen solo diez grandes corporaciones que controlan más de dos tercios de la venta de semillas.

De decenas de industrias de abono que operaban en el mercado hace tres décadas, hoy tres controlan el 90% de las ventas de agroquímicos en el planeta [18]. De casi mil industrias en el sector de la biotecnología hace quince años, actualmente diez concentran más de tres cuartos de las ganancias, con una posición hegemónica en el mercado.

Según la FAO [19], 30 millones de dólares al año serían suficientes para reducir antes del 2015 a la mitad el número de personas que sufren de hambre, es decir, menos de una décima parte de las subvenciones acordadas para la agricultura de los países ricos del hemisferio norte [20]. Las estimaciones de la FAO afirman que al final del 2010 eran 925 millones de personas con desnutrición de las cuales el 98% en los países empobrecidos.

Se trata de un problema estructural, de la dificultad en el poder de compra de esa tercera parte de los habitantes del planeta que ganan menos de dos dólares al día, al mismo tiempo según Jean Ziegler, ex relator de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, afirma que la agricultura actual podría alimentar a doce billones de personas, el doble de la población actual.

Las tendencias centrífugas de la globalización expulsan cada día a más personas del contrato social en el ámbito del desmantelamiento del estado nacional, de la privatización de sus sectores estratégicos y de la transnacionalización de la economía [21], situación que no favorece la tutela de la soberanía económica y alimentaria. En este contexto, los estados-nación se han convertido en un actor más en el cuadro geopolítico de una vasta gama de redes transnacionales. El ingreso de grandes transnacionales en el mercado de tierras ha provocado una fractura en la soberanía nacional.

La agenda agrícola rural en la actualidad está siendo dictada por los intereses de los negociantes del agro y está alimentando el global land grab [22], una especie de subarrendamiento de millones de hectáreas de tierras nacionales (en países como Etiopia, Camboya, Mali, Filipinas) que están terminando en manos de inversionistas privados en colusión con las elites gobernantes de estos y otros países empobrecidos del sur del mundo.

Los fertilizantes sintéticos y el abandono de la policultura

La modernización de la economía agrícola y la Revolución Verde han llevado a la utilización masiva de fertilizantes sintéticos y al abandono progresivo de la policultura. Las consecuencias han sido numerosas: Fractura del ciclo natural por la sobreutilización de la tecnología, intensificación del uso de agua, de la energía y del suelo; pérdida de la agro diversidad; depauperización de los conocimientos campesinos, éxodo rural y sucesiva descampesinización, crecimiento demográfico urbano, concentración de la propiedad y proletarización de la clase campesina, interdependencia alimentaria entre el hemisferio norte y sur del mundo, y consecuente vulnerabilidad del tríptico: seguridad, autosuficiencia y soberanía alimentaria.

Además, se empieza a hablar de “epistemicidio de los saberes milenarios campesinos” [23] ligados a la producción de alimentos. La agronomía y las políticas de desarrollo se han edificado en el desconocimiento de los saberes tradicionales, que se pierden a medida que el éxodo rural quiebra el nexo entre campesinos y tierra; como resultado el 70% de la población más pobre en el mundo, vive y trabaja en áreas rurales [24].

La lógica económica neoliberal imperante, ha promovido una agricultura en régimen de monocultivo, esta lógica, ha provocado una fractura en el ciclo natural, obstaculizando la lucha contra los parásitos de las plantas ya que ignora la tendencia de la naturaleza a sostener la biodiversidad, provocando la desaparición de los antagonistas naturales. Los monocultivos son raros en la naturaleza, además de ser verdaderos paraísos para las enfermedades de las plantas y la proliferación de los insectos. Actualmente estas enfermedades destruyen el 13% de los cultivos del planeta, los insectos el 15% y las yerbas infestantes el 12%, para llegar a un total de cerca del 30% [25].

Como respuesta al aumento de la resistencia de las plantas a los pesticidas y al empobrecimiento del suelo, los mismos que promovieron la revolución verde hoy proponen una solución a través de la nanotecnología [26], la ingeniería genética y la biología sintética [27].

Esta revolución genética tiene como objetivo la expropiación y el monopolio del acceso y control de los recursos vivos, además del conocimiento asociados a patentes. En la visión de sus promotores, la combinación del aumento de la población y el colapso de los ecosistemas nos ponen ante una situación de “emergencia tecnológica”, donde las corporaciones agroalimentarias y sus centros de investigación deben tener la libertad de usar la ingeniería genética y la biología sintética como instrumentos de bio-seguridad, con el objetivo de adaptar los cultivos y los animales de cría a las variables condiciones climáticas. Al mismo tiempo que se deben desarrollar los agro-combustibles para proteger el status quo ante la crisis que se producirá por la eminente fin del petróleo, sobre el cual ha sido fundado nuestro desarrollo y nuestra tecnología.

Como resultado tenemos la mercerización de la biomasa que según Path Mooney del movimiento canadiense ETC, más de un cuarto de esta ya es mercadería [28].

En los últimos siete años en efecto, la especulación de los alimentos ha contribuido a afligir la compleja geografía del hambre planetario. Luego de la crisis inmobiliaria que ha puesto al descubierto la crisis financiera en el hemisferio norte, ha ocurrido el derrumbe de las acciones, títulos y formas de inversión tradicionales.

Después de una intensa campaña conducida por los lobby de los bancos, políticos liberales y fondos de inversión, las materias primas, en particular las alimentarias más seguras (donde por seguras se entiende aquellas indispensables para la sobrevivencia), se han convertido para los inversionistas de la bolsa en un “bien refugio” come sucede con el oro en periodos de carestía, ocasionando por consecuencia la inestabilidad de los precios. Los instrumentos financieros derivados como los future, inventados como instrumentos de cobertura contra los riesgos comerciales, se han vuelto un medio para apostar sobre la tendencia de los precios de los alimentos, que han pasado de ser alimentos para nutrirnos a un asset financiero.

Los grandes bancos implicados (Goldman Sachs, Bank of America, Citibank, Deusche Bank y Hsbc [29]), que realizan intermediaciones entre el producto real y los especuladores, obtienen grandes ganancias, mientras la seguridad alimentaria está a merced de los negocios de pocos.
Entre los instrumentos financieros derivados y la economía real de los pequeños productores tradicionales (que en el mundo garantizan la alimentación de entre el 75-80% de la población [30]) se interpone una distancia sideral, cuanto entre una pequeña parcela de tierra de un país en el extremo sur del mundo y las oficinas con sus relucientes pisos de mármol de la bolsa de Chicago, donde en fracciones de segundos se mueven virtualmente miles de toneladas de granos básicos, arroz, maíz, trigo, sin que un solo grano se mueva de los conteiners donde están almacenados. Un reciente informe de la FAO y del OCSE afirma que el precio de las materias primas en la próxima década tenderá a crecer entre un 15% y un 40% en el periodo entre 2010 y 2019 respecto al periodo 1997-2010 [31].

¿Fantasías románticas?

Entrados a la curva descendente de la producción y disponibilidad mundial de petróleo, la agricultura industrial viene privada de su elemento fundante, carburante fósil a bajo precio, y quiere prepararse al cambio dirigiéndose hacia una agricultura post-fósil [32], lo cual podría ser el inicio de la solución. Donde el uso de la química no sea necesario, gracias a la rotación de los cultivos y a la diversidad de las especies en la misma parcela. Donde se tenga mayor cuidado a la interdependencia entre los diferentes tejidos vitales del ecosistema donde se cultiva, una migración paradigmática hacia sistemas agrícolas bio-diversificados y respetuosos de las especificidades locales.

Criticar el modelo industrial de producción agrícola no presupone un regreso romántico a la tierra, ni una invitación a convertirnos todos en campesinos, mas bien, reflexionar sobre los efectos alterantes que la agricultura industrial ha ocasionado en un planeta con recursos limitados, un llamado a asumir nuestras responsabilidades individuales ante la agricultura y la sostenibilidad.

Lo que sucede en la agricultura tiene efectos en la nutrición, en la salud, en la igualdad de género y en la estabilidad social. En nuestro tiempo se está asistiendo al desmantelamiento de la agricultura sostenible, de los sistemas alimentarios locales y del entramado social y comunitario en las cuales reposan, situación que está empujando poblaciones enteras hacia la vulnerabilidad alimentaria y por ende social.

Nos encontramos ante dos modelos antitéticos de subsistencia, que la Vía Campesina ha sintetizado como el Episteme del conocimiento científico versus la Mentis de los agricultores locales. Dos modelos agrícolas y alimentarios en el que uno debe prevalecer sobre el otro, la decisión es política y antes que política, ética. El problema del derecho a la alimentación como el de todos los derechos humanos “no es justificarlos, cuanto protegerlos, no es un problema filosófico sino político” [33] por esto sus soluciones no serán científicas, ni técnicas, sino políticas.

El hambre, enfermedad psicofísica invalidante, es el fragmento de un rompecabezas más complejo, en el cual convergen las vulnerabilidades de nuestro tiempo.


Notas:

[1] Jared Diamond, Guns, Germs and Steel, The Fates of Human Societies, 1997; Armi, acciaio e malattie, Einaudi, Italia 2005.
[2] Paul Hawken, Amory Lovins e Hunter Lovins, Capitalismo Naturale Edizioni Ambiente, Italia, 2001
[3] Luca Colombo, Fame produzione di cibo e sovranità alimentare, Jaca Book, Italia, 2002
[4] Intergovernmental Panel on Climate Change:
http://www.ipcc.ch/
[5] Fao, The State of Food Insecurity in the World 2010, scaricabile dal sito
www.fao.org.
[6] Stéphane Parmentier, Improvvisamente apparve la fame, Le Monde Diplomatique, Italia, 2009
[7] Riccardo Bocci, Giovanna Ricoveri, Agri-Cultura. Terra Lavoro Ecosistema, Bologna Emi, Italia, 2006
[8] Karl Polanyi, La grande trasformazione, Giulio Einaudi editori s.p.a. Italia, 1974.
[9] Víctor M. Toledo, La racionalidad ecológica de la producción campesina. En E. Sevilla Guzmán y M. González Molina (eds), Ecología, Campesinado e Historia.
La Piqueta, España, 1993.
[10] Vandana Shiva, The violence of the green revolution: Third World agriculture, ecology, and politics, 1992, pag. 20.
[11] El llamado «Consenso de Washington» es producto de un acuerdo consensuado entre representantes del complejo político-económico-militar- intelectual (BM, FMI, BID, Reserva Federal EUA, Agencias Económicas del Gobierno EUA, funcionarios del Gobierno EUA, miembros del Congreso y grupo de expertos) con relación a diez instrumentos de política que se pueden agrupar en cinco ámbitos: El paquete fiscal (disciplina fiscal, focalización del gasto público y reforma tributaria); el paquete financiero (liberalización financiera y prudente supervisión); el paquete del sector externo (tipos de cambio competitivos, políticas comerciales liberalizadas, eliminación de los aranceles y fomento a la inversión extranjera directa), y el paquete de la Reforma del Estado (privatización de las empresas públicas, desregulación de la economía y garantía para los derechos de propiedad intelectual) (Moreno, 2004).
[12] Ver: www.cid.harvard.edu/cidtrade/issues/washington.html
[13] ibidem.
[14] Wolfgans Sachs, Tilman Santarius, Commercio e agricoltura. Dall’efficienza economica alla sostenibilità sociale e ambientale, Emi, Italia, 2007
[15] Jean Pierre Berlan (ed.) La guerra al vivente, organismi geneticamente modificati e altre mistificazioni scientifiche, Editorial Bollati Boringhieri, Italia, 2001,
[16] ibídem.
[17] Gruppo ETC, De quien es la naturaleza: El poder corporativo y la frontera final en la mercantilización de la vida. Noviembre 2008.
[18] ibídem.
[19] En www.fao.org.
[20] Stéphane Parmentier, Improvvisamente apparve la fame, Le Monde Diplomatique- Il Manifesto, Italia, 2009
[21] Saskia Sassen. Critique de l’état, Territoire, Autorité et Droits, de l’époque médiévale à nos tours. Editorial, Demopolis, France, 2009.
[22] Del verbo to grab, agarrar, arrebatar.
[23] Silvia P. Vittoria, Via Campesina 2009.
[24] Wolfgans Sachs, Tilman Santarius, Commercio e agricultura. Dall’efficenza economica alla sostenibilità sociale e ambientale,. Emi, Italia, 2007.
[25] Paul Hawken, Amory Lovins e Hunter Lovins, Capitalismo Naturale. Edizioni Ambiente, Italia, 2001.
[26] ¿Qué pasa con la nanotecnología? Regulación y geopolítica. Grupo ETC; vigilando el poder, monitoreando la tecnología, fortaleciendo la biodiversidad.
http://www.etcgroup.org/sites/www.etcgroup.org/files/Nanogeopol%C3%ADtica_4webSep2011.pdf
[27] La biología sintética representa un salto cuántico en biotecnología, mucho más allá de transferir genes entre especies: busca construir microorganismos vivos auto-replicantes, completamente nuevos, que tengan el potencial (parcialmente probado / parcialmente teórico) de convertir cualquier biomasa o insumo de carbono en cualquier producto que pueda fabricarse a partir de carbono fósil, y mucho más. En otras palabras, desde la perspectiva de la biología sintética, el recurso base para el desarrollo de materiales comercializables y “renovables“ (que no sea petróleo) no lo encontramos solamente en el 23.8 % de la biomasa terrestre que ya se usa y comercializa anualmente, sino también en el restante 76.2% de biomasa que ha permanecido hasta hoy fuera de la economía del mercado. LINK: http://www.etcgroup.org/sites/www.etcgroup.org/files/synbio_ETC4COP11_esp_v1.pdf
[28] Los amos de la biomasa en guerra por el control de la economía verde, Junio 2012 http://www.etcgroup.org/sites/www.etcgroup.org/files/biomassbattle_US_esp_v5_4print3Sep2012.pdf
[29] Andrea Baranes (ed.), Scommettere sulla fame, crisi finanziaria e speculazioni su cibo e materie prime. Fondazione Culturale responsabilità Etica, Dicembre 2010, Italia.
[30] Riccardo Bocci, Giovanna Ricoveri, Agri-Cultura. Terra Lavoro Ecosistema, Emi, Italia, 2006.
[31] Oecde and Fao, Average commodity prices to rise in 2010-2019, http://www.agri-outlook.org/
[32] Commercio e agricoltura: dall’efficienza economica alla sostenibilità sociale ambientale (a cura di) Wolfgans Sachs, Tilman Santarius. Emi Italia, 2007.
[33] Norberto Bobbio, L’età dei diritti, Einaudi editore, Italia, 2005.

� o# m ��� �� a quienes se oponen, sino de aterrorizar a la población y quitar de en medio cualquier obstáculo que se oponga a sus planes mineros.


Donde se juega el futuro


Mucha gente no cree en estas comunidades en lucha no violenta porque son humildes, indígenas y pobres. Estamos acostumbrados a que los líderes y las palabras que nos impactan provengan de personas y grupos profesionales, con un discurso muy bien organizado. ¿Quién cree que de comunidades lencas alejadas de las ciudades pueda salir algo bueno? Pero ha salido mucho bueno. Mucha esperanza ha brotado de estos humildes de la tierra y que la acción de las comunidades lencas ha abierto una oportunidad para despertar. Para entender que en Intibucá se está jugando también nuestro futuro.