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¿Estamos en tiempo de Evangelio?

Marcelo Barros.
www.atrio.com/270414

Desde que Francisco fue escogido como obispo de Roma, el tema de la Teología de la Liberación ha regresado, cuando se habla del Vaticano y de las posiciones del Papa. En setiembre de 2013, el Papa recibió en su casa a Gustavo Gutiérrez y en Italia salió al públi­co el libro escrito por Gustavo conjuntamente con el ahora Cardenal Müller, actual Presiden­te de la Congregación de la Doctrina de la Fe[1].

De hecho, quienes hacen Teología de la Libe­ración han afirmado que lo más importante no es ésta sino el mismo proceso social y político de liberación, hoy cada vez más necesario y urgente en todos los continentes[2].

Por tanto, no se trata de saber si el Papa adhirió a la Teología de la Liberación. Lo importante es ver que él ha sido sensible y atento a los pro­blemas que esa teología ha denunciado y se­ñalado en todo el mundo. Y es lo que el Papa ha hecho, tanto en sus discursos y entrevistas, en su viaje a Lampedusa para prestar su soli­daridad a los migrantes perseguidos, como en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (n. 53-60).

El 5 de diciembre, la Academia de Ciencias del Vaticano, a pedido del Papa Francisco, invitó a representantes de movimientos sociales de todo el mundo para analizar el reto de una economía de exclusión y de cómo podemos ha­cerle frente.

Quienes han acompañado los discursos claros y contundentes del Papa tienen la impresión de que él pudo haber seguido el movimiento más reciente de la Teología de la Liberación que se manifestó no solamente latinoamericana, sino también internacional. Hasta hoy, en el marco de los Foros Sociales Mundiales, se han rea­lizado cuatro Foros Mundiales sobre Teología y Liberación, contando con la participación de teólogos/as de Europa, Norte América, África y Asia, además de los compañeros/as involu­crados en la preparación y coordinación desde Porto Alegre, Brasil[3].

La actualidad del Evangelio

La simple y simpática presencia del Papa Fran­cisco y las posiciones que ha tomado me re­cuerda un episodio que acompañé, hace poco menos de 50 años, como secretario y conse­jero de Mons. Hélder Câmara, entonces Ar­zobispo de Olinda y Recife. Tenemos en los archivos del Arzobispo una carta personal que envió (1966) a su amigo de tantos años, el Papa Pablo VI.

En su carta, este obispo pro­feta proponía al Papa un gesto profético. El Papa debería renunciar a ser Jefe de Estado para volver a ser solamente obispo de Roma y, como tal, pastor de la unidad de las Iglesias. Y para significar eso, según esa carta, el Papa debería pasar el Vaticano a la ONU y mudarse a San Juan de Letrán, primera residencia de los obispos de Roma.

Pocas semanas después, el arzobispo de Recife recibió una correspondencia del Vaticano. En la carta, el Cardinal Villot, Secretario de Estado, afirmaba: “El Santo Padre agradece su carta, pero le recuerda que no estamos más en los tiempos del Evangelio”.

Mons. Hélder quedó triste con esa respuesta del Vaticano. Si estuviera vivo ahora, ciertamente estaría feliz y diría: finalmente, después de Juan XXIII, tenemos en el Vaticano un cristiano que cree y expresa públicamente la actualidad del Evangelio de Jesús. Vivimos en los tiempos del Evangelio. Incluso si, por el momento, el Papa no pueda mudarse a San Juan de Letrán, o piense que no debe renunciar a ser Jefe de Estado, ya señala de que percibe las contra­dicciones que existen en la realidad actual y revela una libertad interior que va en la direc­ción a la cual el Evangelio llama.

El obispo de Roma

En marzo, durante el último cónclave, un pe­riodista brasileño me preguntó cómo veía yo la posibilidad de un papa brasileño. Le respondí que no quería. Prefería un papa italiano, que fuera obispo de Roma y respetara la autono­mía y la eclesialidad propia de las iglesias lo­cales. Cuando quedó claro que el escogido era Bergoglio, me di cuenta que, en la actual realidad eclesial, la elección de Francisco ha­bía sido una bendición divina. Yo no deseaba un Papa de la Teología de la Liberación, sino uno que acepte convivir con el pluralismo del mundo y de las iglesias. Por eso me parece un buen signo que, desde el inicio, el Papa actual ha dado al mundo.

En general, los periodistas han llamado la atención respecto a la simplicidad con la cual él se presenta y cómo afronta con sinceridad las complejas cuestiones morales e institucio­nales. Yo pienso que la decisión más valiente que ha tomado es, desde el primero momen­to de su elección, presentarse siempre como “obispo de Roma”.

Teológicamente, eso me parece más importante y transformador que sus posiciones éticas y teológicas, porque eso permite que la Iglesia vuelva a respetar la di­versidad de disciplinas, de liturgias e incluso de teologías en los diversos continentes y rea­lidades locales.

Como obispo de Roma y primado de la unidad de las Iglesias, el Papa retoma la eclesiología del Concilio Vaticano II en su propósito de va­lorizar las iglesias locales (particulares). Y al insistir que sacerdotes y obispos vuelvan a la base y busquen servir a las periferias, Francis­co retoma la doctrina de la 2ª Asamblea de los obispos latinoamericanos en Medellín (1968) que proponía: “Una Iglesia servidora y pas­cual, comprometida con la liberación de todo ser humano y de cada persona en su integri­dad” (Med. 5, 15).

Ahí está la base profunda de la Teología de la Liberación que se expan­de hacia afuera de la misma teología. Para mí, lo importante fue que Francisco abrió el diálogo con toda la teología, cualquiera que fuera, porque los dos Papas anteriores solo aceptaban teólogos de la corte. En la Iglesia ya no había más espacio para una teología que no fuera mera repetición de encíclicas y docu­mentos oficiales.

En el protagonismo del Papa Francisco, hay un problema. Si la simpatía de un Papa carismá­tico hace parecer positiva una estructura que en sí es mala y tiene que cambiar (la estruc­tura actual del papado con su visión de Cris­tiandad), él no haría bien al conjunto de la Iglesia[4]. La figura de ese Papa comunicativo y sencillo es buena ahora para crear otro clima y posibilitar cambios en las iglesias locales, pero es fundamental que no quede centrado en el Vaticano.


Interpelación a la Teología de la Liberación

Es posible ver en las palabras y gestos del Papa signos de aprobación de la Teología de la Libe­ración, pero lo más urgente es discernir lo que Francisco nos dice que puede servir de llamado a una revitalización de la Teología de la Li­beración. Sin duda, sus advertencias para que toda la iglesia jerárquica no pierda el contac­to con las bases y, al contrario, vivamos una nueva inserción, es muy importante y útil para todos/as los/as que hacen una teología com­prometida y desde la práctica.

Lamentable­mente, en las últimas décadas, la tentación del academicismo ha amenazado a sectores antes muy comprometidos con los movimien­tos de base. Es necesario volver a eso, sea para apoyar la reforma eclesial propuesta por el Papa, sea para dar nueva vitalidad a nuestra teología.

En los años 70 e inicios de los años 80, algunos compañeros buscaban dialogar e insertarse en los sectores sociales que intentaban cam­biar el mundo. Hoy, desde el inicio de este si­glo, América Latina asiste a un proceso social y político nuevo en diversos países del conti­nente. En una de sus audiencias, el Papa hizo alusión a la integración latinoamericana.

Sin duda, es un campo en el cual la Teología de la Liberación necesita entrar más y participar. El proceso bolivariano no es únicamente una cuestión de gobiernos como los de Nicolás Ma­duro, Rafael Correa y Evo Morales. Es más que eso. Es un proceso impulsado y sostenido por las comunidades indígenas, los movimientos populares y la participación de muchos cris­tianos de base. Es urgente que la Teología de la Liberación pueda participar en esto.

Era la convicción de mi maestro, el padre José Comblin, quien, como teólogo, estuvo varias veces en Venezuela y hasta aceptó acompañar como observador internacional una elección presidencial. Esa intuición favorable al boli­varianismo por parte de Comblin se suma a la de pioneros como Hélder Câmara. Ya en 1965, en una de sus cartas del Concilio, el entonces arzobispo de Olinda y Recife defendía la ne­cesidad del bolivarianismo, como descoloniza­ción de nuestros países en relación al imperio, e integración de nuestros pueblos en una Pa­tria Grande única[5].

Hoy, más que en aquella época, esa inserción es necesaria y urgente. Pienso que, para los hermanos y hermanas que hacen Teología de la Liberación, las palabras y gestos del Papa Francisco puedan ir más allá de lo que podrían significar en sí mismos y resonar como la palabra del Ángel del Apocalip­sis a la Iglesia de Éfeso: “Vuelve a tu primer amor” (Ap2, 5).

Para la Biblia, el primer amor es el Éxodo y el tiempo de la lucha por la tie­rra en el desierto (Cf. Jr 2, 1-2; Os 2, 16-21). Para la iglesia latinoamericana, que encontró su identidad propia en Medellín, ese primer amor solo puede ser volver a la mística del reino de Dios en la inserción concreta con el pueblo que lucha por su liberación.


Marcelo Barros es monje benedictino, teólogo y biblista. Actualmente es coordinador latinoamericano de la Asociación Ecuménica de Teólogos/as del Tercer Mundo (ASETT), consejero en Brasil de las comunidades eclesiales de base y de movimientos sociales. Tiene 45 libros publicados en diversos idiomas y colabora con diversas revistas internacionales de Teología.

[1] Cf. G. GUTIERREZ y G. MULLER, Della parte dei poveri, Teologia della Liberazzione, Teologia della Chiesa, Padova, Messaggero e Bologna, EMI, 2013. Sobre esto, también se puede ver el reportaje de PAOLO RODARI, in La Repubblica, 04/ 09/ 2013.
[2] Esto ya fue señalado por L. BOFF e C. BOFF, Teologia da Libertação e Libertação da Teologia, Petrópolis, Vozes, 1982, p. 15 ss.
[3] Ver LUIZ CARLOS SUSIN, Teologia para outro mundo possível, São Paulo, Paulinas, 2006.
[4] Incluso en este pontificado, la selección de obispos en algunas diócesis del mundo ha sido muy poco democrática y pastoral. En el Vaticano, el Papa Ratzinger había reforzado dos sectores entre los cardenales de la curia: los miembros y partidarios del OPUS DEI y, de otro lado, los miembros y partida­rios de la orden semi-secreta CAVALIERI DI COLOMBO, fundada en los EE.UU (1882) y que se afirma como “el brazo derecho de la Iglesia” porque anualmen­te da millones de dólares para obras sociales de la Iglesia. Esa orden que parece una masonería tiene mucho poder en el Vaticano y disputa puestos en la Curia Romana con el Opus Dei.
Recientemente, el Papa Francisco nombró doce miembros para la poderosa Congregación de los Obis­pos, responsable de proponer al Papa el nombre de los candidatos al episcopado en todo el mundo. El responsable por ese organismo de la curia y hombre de confianza del papa Francisco es el cardenal canadiense Marc Ouellet, muy ligado a los Cavalieri. El arzobispo de Washington, Donald Williams Wuerl, es miembro de los Cavalieri. El cardenal William Levada es otro Cavalieri. El cardenal suizo Kurt Koch, actual presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, es del Opus Dei. Así podría­mos nombrar a muchos de los miembros de la curia y por él. ¿Qué se puede esperar de las propuestas de renovación del Papa Francisco con semejante cuadro en la Curia Romana? Sobre esto, ver ADISTA, 28 diciembre 2013, n. 46, p. 5- 6.
[5] DOM HELDER CÂMARA, Circulares Concilia­res, volumen I, tomo III, 68ª Circular, Roma 16-17/


Una guerra sangrienta que no parece existir

www.rebelion.org/210514

“La embajada de EEUU en el Yemen está cerrada al público. Según han declarado varios funcionarios a la CNN, disponen de información creíble acerca de una amenaza contra los intereses occidentales en ese país”, leyó un presentador de la CNN en el boletín de noticias del 8 de mayo.

Ese es el Yemen de la CNN. Un Yemen que parece existir con un único objetivo y ningún otro: proteger los intereses occidentales, y por extensión de EEUU, en esa parte del mundo. Cuando esos intereses se ven amenazados, sólo entonces, el Yemen se materializa.

El Yemen de “los intereses occidentales”

Todas y cada una de las referencias de ese discurso hecho específicamente a la medida sirven para un único propósito. Es como si al-Qaida en la península Arábiga (AQPA) existiera para justificar la intervención militar estadounidense y la inacabable guerra con aviones no tripulados (drones). El pasado mes de abril, 63 yemeníes murieron en los ataques, supuestamente contra al-Qaida, de esos drones estadounidenses.

No tenemos forma de verificar aspecto alguno de esa afirmación y no se ha identificado a ninguna de las víctimas. Porque la “firma” de los ataques de drones no necesita de identificaciones, así se nos dice. Podría llevar meses, incluso años, antes de que los grupos por los derechos humanos pudieran arrojar luz sobre los asesinatos de abril, que no son sino la continuación de la prolongada guerra de drones.

La narrativa de Occidente sobre el Yemen es inconfundible. Está en función de determinados intereses y poco más. Se trata, en definitiva, de controlar determinadas áreas estratégicas. La inmensa frontera del Yemen con Arabia Saudí, su acceso a las principales vías navegables –el Mar Rojo, el Golfo de Aden y el Mar Arábigo- y su proximidad con África, especialmente con Somalia, todo ello apunta a la importancia sin par del Yemen para EEUU y otras potencias occidentales. En esa narrativa, el Yemen es ante todo petróleo y seguridad. Se trata del tipo de “estabilidad” que garantiza que el statu quo relacionado con los intereses occidentales permanezca intacto.

Incluso la propia geografía del Yemen se define de algún modo en función de esos intereses. El 7 de mayo, cuando al parecer un grupo de combatientes hizo estallar una bomba en un oleoducto que exporta el petróleo, cortando el flujo de crudo que va desde la provincia central de Maarib hasta el Mar Rojo, la geografía del Yemen se encogió precipitadamente en la conciencia de los medios hasta convertirse en un mapa que sólo bordea y sigue oleoductos. Quienes viven, luchan, pasan hambre y mueren más allá de los confines de los mal definidos intereses occidentales no le interesan a nadie. Rara vez se subraya su presencia sobre el mapa del Yemen.

En realidad, en Occidente se sabía bien poco sobre el Yemen con anterioridad a octubre de 2000, cuando el navío estadounidense USS Cole resultó dañado tras un ataque-suicida que mató a 17 militares. Más tarde se culpó a al-Qaida del ataque, allanándole el camino a la oportuna narrativa que sigue definiendo hasta el día de hoy la implicación de EEUU en el Yemen.

La “guerra del terror” de EEUU había alcanzado de hecho al Yemen incluso antes de que se desencadenara la guerra contra Iraq pocos años después. Miles de personas murieron, decenas de miles se vieron desplazadas. La gente de ese pobre y dividido país, plagado de corrupción, fue duramente castigada por crímenes que no habían cometido.

La razón de que “la guerra en el Yemen” no se haya convertido en una “guerra contra el Yemen” se debe a que la clase dominante de ese país encontró una forma de coexistencia con los siempre prevalecientes intereses estadounidenses, incluyendo sus violentas dimensiones. En el momento en que EEUU inició su ofensiva militar contra el Yemen, el entonces Presidente Ali Abdullah Saleh organizó un referéndum para modificar la constitución a fin de incrementar su poder político (y el de su familia) y ampliar su mandato.

Muchos yemeníes perdieron la vida en las protestas contra la medida de Saleh. Sin embargo, a Washington no pareció importarle. Saleh sabía el precio que se esperaba de él para asegurar el trueque. En noviembre de 2001, hizo una visita muy coreografiada al entonces Presidente Bush en Washington, durante la que declaró que el Yemen se había unido oficialmente a la “guerra contra el terror” de EEUU. La guerra en el Yemen prosiguió durante años sin las protestas masivas que se produjeron en Londres y Nueva York para exigir el final de la guerra como en el caso de Iraq.

A pesar de todo el hardware militar, de los ataques militares, de los ataques de drones y de los cuerpos apilados de víctimas, rara vez identificadas, sencillamente la guerra no existe aunque los hechos demuestren otra cosa.

El Yemen revolucionario

Pero, entrelazado con ese Yemen, hay un Yemen que es pobre, un Yemen que es rebelde y orgulloso y un Yemen enfangado en una guerra civil y una división aparentemente interminables.

Un historiador que fuera justo les diría que la revolución del Yemen se inició mucho antes que la de Túnez y Egipto, etc. Ese es un Yemen completamente diferente, donde una juventud sin empleo, hombres y mujeres, han demostrado un notable nivel de tenacidad y determinación, protestando de forma masiva y luchando por la igualdad, las reformas, la libertad y la democracia.

La conciencia popular del Yemen es sencillamente asombrosa. ¿Cómo es posible que el pueblo de un país tan pobre y tan dividido sea capaz de mantener un nivel de movilización masiva sin apenas parangón en otros lugares?

Ese es el Yemen disidente y apasionado. Sus jóvenes han convertido la organización política en una forma de arte. Cuando en enero de 2011 lograron convocar a las masas populares no violentas en las principales ciudades yemeníes, parecía no haber fuerza, aunque fuera letal, capaz de sacarles de las plazas. De hecho, Saleh lo intentó con todas sus fuerzas, pero cuanto más mataba más yemeníes se comprometían en la resistencia no violenta y más rápidamente aumentaban sus cifras.



El Yemen pobre

Ese Yemen políticamente consciente se solapa con otro Yemen, el de las estadísticas sobrecogedoras. Es un país de 25 millones de habitantes, donde el 54% vive por debajo del umbral de la pobreza y donde el desempleo entre los jóvenes supera el 60% (el desempleo general alcanza el 40%, según recientes informes gubernamentales citados por Al Monitor). Millones de yemeníes están desnutridos. Los niveles de desnutrición son los segundos más altos del mundo, 4,5 millones de seres padecen inseguridad alimentaria. Casi la mitad de los niños del país sufre retrasos en el crecimiento.

El Yemen revolucionario se nutre y se inspira en el Yemen pobre y oprimido, explotado por razones políticas por quienes, a partir de enero de 2010, se designaron ellos mismos como los Amigos del Yemen. Es otra especie de club que sirve de plataforma política destinada a equilibrar la campaña de la “guerra del terror” de EEUU, aunque pretenda actuar con independencia de ella. Los “amigos” del Yemen prometieron millones pero entregaron muy poco y sólo una porción de lo entregado se ha gastado de forma transparente o en ayuda. Hay pocas evidencias de que los donantes del Yemen estén haciendo realmente algo para revertir el ciclo vicioso de arraigada pobreza, desempleo al alza y deterioro continuo de la economía.

Los Amigos del Yemen se comportan como si la guerra de EEUU no fuera un elemento fundamental en la crisis del Yemen. Los problemas y fracasos del Yemen se discuten en función de otras variables: corrupción, escasa gobernanza, etc. La guerra ha desplazado a millones de personas, que están hambrientas, desesperadas y aterradas ante la total falta de seguridad. ¿No es, pues, extraño que de alguna manera la guerra de EEUU no aparezca en la agenda de esos “amigos”?

El Yemen de la división

El discurso oficial yemení es aún más curioso. El gobierno yemení, formado en noviembre de 2011, después de que Saleh entregara el poder a su vicepresidente, el ahora Presidente Abdrabbuh Mansour Hadi, continúa hablando de diálogo y reformas. La Conferencia para el Diálogo Nacional concluyó en enero de 2014 tras diez meses de intensas discusiones. En febrero, un comité gubernamental aprobó la recomendación de convertir al Yemen en una federación de seis regiones. Eso implica un primer paso práctico hacia una transición política duradera, pero lo más probable es que inspire nuevas escisiones porque algunos partidos sureños están ansiando una secesión total del norte y están organizándose ahora para derrotar la iniciativa del gobierno.

Yemen es un país de profundas divisiones políticas con un historial sangriento de separación y unidad y aún más sorprendentes alianzas políticas, que están en constante disolución y formación.

Un único Yemen

Pero, ¿por qué vacilamos también nosotros a la hora de contar la historia yemení tal y como es, con todas sus complejidades y detalles? ¿Nos sentimos simplemente intimidados ante la complejidad de la historia? ¿O es que nos acordamos del Yemen cuando nos conviene?

Los medios de comunicación occidentales saben algo del Yemen cada vez que al-Qaida amenaza los intereses de Occidente o cuando las indignadas tribus –frustradas por la violencia, tanto estadounidense como del gobierno central, y los años de abandono- dinamitan un oleoducto.

Durante gran parte de 2011, los medios árabes estuvieron cubriendo la información sobre el Yemen las veinticuatro horas del día fomentando una narrativa indiscriminada de la “Primavera Árabe”, con muy escaso interés por la peculiaridad de la historia yemení. Cuando la primavera no produjo lo esperado, se renegó y se olvidó al Yemen, como siempre se ha hecho.

En ocasiones, las Naciones Unidas recuerdan a ese país en uno de sus intermitentes informes que ponen de relieve la pobreza, desnutrición y desempleo con gráficos brutales y cifras sombrías.

Lo extraño es que sólo hay un Yemen y una historia yemení: los de la guerra, la intervención occidental, la corrupción, la división, el desempleo, el terrorismo, la pobreza y la revolución. Son todos aspectos de la misma historia y continuarán formando la lógica singular de por qué el Yemen está inmerso en esta terrible crisis.
Hasta que comprendamos esto, el Yemen aparecerá dividido a través de minihistorias y numerosas narrativas que apenas figuran en nuestros boletines de noticias, a pesar del hecho de que siempre acaban realmente haciéndolo.

Ramzy Baroud es editor-jefe de Middle East Eye. Es asimismo fundador de PalestineChronicle.com  y autor de los libros “The Second Palestinian Intifada: A Chronicle of a People’s Struggle”  y “My Father Was a Freedom Fighter: Gaza’s Untold Story” (Pluto Press, London).  



Consumo de alimentos procesados triplicaron diabetes en indígenas de Chiapas

www.ecoportal.net/16/05/14

Expertos encontraron que el creciente consumo de harinas y bebidas embotelladas en reemplazo de alimentos tradicionales han disparado la incidencia de diabetes en comunidades del estado de Chiapas (México). Así lo advierte un informe de El Universal.

De acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) la diabetes ha pasado del puesto trece al quinto como causa de muerte en comunidades indígenas de Chiapas. En tanto que los adultos diagnosticados con la enfermedad han pasado de 3%, en 2000, a 5.6%, en 2012: alrededor de 300 mil personas. Este cambio en la alimentación hacia productos procesados tiene relación con la migración indígena, indicó el director del hospital regional de Comitán, Francisco Javier Paniagua Morgan, en declaraciones recogidas por El Universal.

Pozol vs Coca Cola

Según especialistas, el alarmante aumento de diabetes se debe al abandono de alimentos y bebidas tradicionales, como el pozol. El referido y ancestral brebaje de origen maya es elaborado con maíz y agua, y ha sido la bebida que llevaban los indígenas de la zona a sus faenas agrícolas.

Sin embargo, en localidades de Chiapas como San Juan de Chamula, los indígenas tzotziles han venido sustituyendo el pozol por refrescos embotellados, advierte la presidenta del DIF Municipal, Dolores Sántiz Gómez.

Sostiene que incluso han llegado a asimilarlos a diversas ceremonias, fiestas tradicionales y tratamientos contra el “mal de ojo”, empacho y otras enfermedades.
Para Sántiz Gómez este hecho es muy difícil de revertir. “La Coca Cola es ya una forma de la cultura y su consumo representa una reafirmación a la creencia de los tzotziles”, aseguró.

Por su parte, Marcos Arana, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, considera que el reemplazo del pozol por bebidas embotelladas está afectando “la salud y nutrición de la población en general”.

“El problema de la diabetes en la población indígena del estado de Chiapas se ha triplicado en los últimos 20 años; esto es terrible”, aseguró. Arana afirmó que el aumento del consumo de los refrescos embotellados en Chiapas responde a una “agresiva campaña de comercialización” emprendida por empresas como la Coca Cola.

Consideró que un factor determinante en el alto consumo de bebidas embotelladas es su bajo precio en las comunidades, en comparación con el costo que tienen en zonas urbanas. A tal punto que una bebida puede llegar a costar en el campo menos de la mitad del precio que tiene en las ciudades.

Disponibilidad de agua

La dificultad para acceder al agua sería otro factor que alienta el consumo de bebidas embotelladas. Los 28 municipios donde se están dando más casos de diabetes son aquellos con el menor Índice de Desarrollo Humano (IDH). En ellos, el 8.4% de los 31 mil 481 indígenas tzeltales y tzotziles no cuentan con agua entubada.

Asimismo, un censo realizado en 2009 en Chiapas con el fin de saber la disponibilidad de agua en las escuelas reveló que en las 17 mil instituciones de educación básica no había agua potable.

Para contrarrestar esta situación, Arana sugirió regular la publicidad de estas empresas y establecer políticas para facilitar la disponibilidad de agua en las comunidades y escuelas.

Consideró que una medida eficaz sería imponer un impuesto a esta clase de bebidas para desalentar su consumo.


Purgatorio, ¿mito o realidad?

Eduardo F. ARENS
www.servicioskoinonia.org

Conferencia en la Universidad del Pacífico, Lima (Perú),
20 de agosto de 2013,
en el marco de un simposio sobre el Purgatorio


La existencia de un purgatorio, como la de un cielo y un infierno, es una de las creencias firmes en el catolicismo (no así entre Ortodoxos y Protestantes). Ha sido reafirmado en el Catecismo de la Iglesia, de 1992. Pero, si leemos con un mínimo sentido crítico lo que al respecto se dice y se piensa, con toda honestidad, surgen una serie de interrogantes: ¿vida humana después de la muerte? ¿Un lugar? ¿Cuerpo material sensible o “alma”? ¿Tiempo y mutación después de la muerte? ¿Qué imagen y qué idea de Dios está en juego?

En el habla popular, “vivir un purgatorio” denota un momento de penurias que es transitorio porque se tiene la convicción de que después viene la bonanza. Esta es la idea básica de purgatorio.

Purgar es purificar. Purgatorio es el lugar donde se purga o purifica. Se presupone que queda algo pendiente que debe ser saldado, eliminado o limpiado. Es una idea netamente jurídica. Establece una diferencia entre pecado (que se perdona) y pena (castigo que debe cumplirse para así cancelar la “deuda”).

1. Puesto que, como bien dicta la razón y lo afirma 1 Pe 3,15, debemos dar cuenta razonable de nuestra fe, intentaré precisamente esto.

Para empezar, quede claro que la existencia del purgatorio no es un dogma de fe ni la creencia en él es obligatoria.

Si creo que existe, o que no existe, y si creo que tiene tales o cuales características distintivas, tengo que “dar cuenta razonable” de mis afirmaciones. No valen argumentos ad hominem –ni ad baculum–éstos deben pasar por la criba de la razonabilidad. La fe (mejor dicho: creencia en algo) no suple ni anula la razón, ni al revés. ¡Por eso hacemos teo-logía!
2. Al hablar del purgatorio, entramos en el campo de la escatología, centrado en el “más allá último”. De él no tenemos experiencia humana directa e inequívoca. Todos nuestros conocimientos nos vienen del contacto con el exterior a través de nuestros sentidos. Fuera de la existencia corporal no hay “sentidos”; no hay nervios ni neuronas.

Por eso, el discurso escatológico, como todo discurso sobre el “más allá”, sigue una lógica que se basa en extrapolaciones y suposiciones. Ya que no existe un saber directo acerca del más allá, de los conocimientos posibles y accesibles, sólo podremos sacar conclusiones tentativas, aproximativas, en base a nuestras intuiciones y nuestra lógica. No hay certezas, sino creencias. Aquí tocamos un problema epistemológico (sobre el conocimiento) y un problema del lenguaje (cómo expresar y comunicar esas conclusiones), que debo dejar en suspenso para no rebasar los límites de esta presentación.

DOCTRINA

3. La tradicional doctrina del purgatorio supone que las almas sufren “allí” las mismas penas que los que están en el infierno. En el fondo tiene sabor a castigo. Pero, a diferencia de éstos y de los que están en el limbo[1], tienen la esperanza de que el horror terminará alguna vez. O sea, se postula que en el más allá se puede cambiar de estatus. Es una etapa de “purificación”, haciendo eco a que nada impuro puede estar ante Dios (Ap 21,27). Se refina como el oro con el fuego… para ser digno de entrar al banquete celestial en “la casa del Señor” (Zac 13,9; 1Cor 3,13; 1Jn 3,2s).

Para algunos Padres de la Iglesia, como Tertuliano, Justino y Orígenes, la purificación se daría el día del juicio, no en un estadio intermedio. San Agustín primero pensaba que todos los justos entran de inmediato al paraíso; luego opinó que habría una etapa purificatoria intermedia. Con el tiempo se fue afirmando la idea de un purgatorio, asociada siempre a una purificación penosa, por fuego.

La idea fue refinada por Pedro Lombardo y Tomás de Aquino –del mismo tiempo que Dante, que le dio colorido–. Fue declarado doctrina de la Iglesia en los concilios de Lyon (1274) y de Florencia (1439). Finalmente fue definido como doctrina Católica por el concilio de Trento, en respuesta a su negación por parte de los Reformadores, que afirmaban que la sola fe salva, por pura gracia, sin etapas intermedias. Trento reafirmó el valor de las indulgencias y además exhortó a orar por los que están en el purgatorio, es decir la intercesión por ellos, especialmente en misa, para que Dios se apiade y los saque del purgatorio o al menos acorte sus penas.

Para sustentar la creencia en el purgatorio se apela, además, a una sutil diferencia entre ser perdonado y haber expiado o purgado las consecuencias de la falta perdonada, es decir haber pagado la deuda pendiente. Esto se asocia a la idea de tener que dar satisfacción a Dios, que (supuestamente) ha sido ofendido por mis pecados. De aquí que san Atanasio introdujo la idea de que Jesús murió para pagar a Dios nuestras deudas, hacer reparación por la ofensa desde el pecado original, y que nadie podía satisfacer tremenda ofensa sino alguien de su altura: el Hijo.

4. No pocas veces la teología se ha desarrollado partiendo –como los platónicos, que mucha influencia tuvieron–, de una idea (el logos), considerada como la realidad pura, por tanto debe demostrarse que esa idea es real... sea lo que sea que se entienda por “real”. Partiendo de la idea de que no pueden ir al cielo los niños no bautizados, pero tampoco al infierno, se pensó que debería haber un lugar neutral, y así se concibió la idea del limbo. Lo siguiente fue buscar fundamentar esa idea como si fuera una realidad incuestionable. Y se propagó la creencia en el limbo, realidad “inventada” a partir de una idea y de una determinada imagen de Dios como justiciero.

Es así que es tradicional asumir como una realidad el purgatorio, como un lugar o estado transitorio, sala de espera que tiene la finalidad de purificar al individuo. No es suficientemente puro y bueno como para entrar en el cielo, ni tan malo como para ser arrojado al infierno. Por tanto, hay una antesala de purificación.

Esta idea corresponde al deseo íntimo de una justicia retributiva absoluta. Los absolutamente santos no pasan por el purgatorio, especialmente los mártires. Como sea, no pueden ir por igual al cielo los santos y los no tan santos. A partir del sentir de que “tiene que haber” ese estadio intermedio (premisa), se deduce que, por tanto (conclusión)... el purgatorio existe. El que así piensa no está consciente de la imagen de Dios y de la cosmovisión que está manejando, cuáles son sus paradigmas religiosos y cósmicos, etc. (ver infra). Se mueve en un trasfondo mitológico.

Premio-castigo es el paradigma de base (do ut des), en virtud de una cierta justicia concebida de la manera humana, que se proyecta sobre Dios. Refleja un sentir popular jurídico del momento, por ejemplo, la ley del talión, la correspondencia exacta entre acción y recompensa, la justicia retributiva.

5 La imaginación popular, como la que alimentó Dante Alighieri en su Divina Comedia, se encargó de darle forma visual al purgatorio, como también al infierno (sobre lo que se basa la reciente novela de Dan Brown, Infierno). La influencia de la iconografía en creencias ha sido impresionante –pensemos en los ángeles y demonios–. No se nos ocurren ángeles sin alas, ni demonios sin cuernos y cola, ni infierno y purgatorio sin fuego.

Así, terminamos creyendo que son realidades tan ciertas como lo son una mesa o un manzana o, si se quiere, como lo son la depresión o el dolor de muelas. Por supuesto, no estamos obligados a creer en esos cuadros, ni en supuestas visiones tampoco. Lo sensible, por tanto el dolor, entre otros, sólo se da en el mundo de los sentidos, con nervios, músculos, neuronas, etc.

6. Puesto que el purgatorio se asocia con sufrimientos –aunque transitorios, sufrimientos al fin–, se apela a la misericordia de Dios para que tenga compasión, y se le reza por los que (supuestamente) están sufriendo en el purgatorio. Es así que la idea del purgatorio, se asocia estrechamente a la idea de las indulgencias, que nos librarían o aliviarían anticipadamente de sufrimientos en el purgatorio (por equis tiempo). Las indulgencias además se pueden transferir a “las almas benditas del purgatorio”.

SUPUESTOS

7. En todo esto, tiene especial importancia la imagen de Dios que se tenga o la idea que de Él se sostenga, pues atañe a la esfera de la divinidad. Es Dios quien decide sobre el purgatorio. En general, al hablar del purgatorio no se habla de la misericordia, del amor inclusivo de Dios, del sentido salvífico de la muerte expiatoria de Jesucristo, etc., sino de la severa justicia divina. Ya no es Dios Padre, sino Dios Rey y juez. Del purgatorio sólo los santos se librarían, pues éstos pueden contemplar con ojos puros a Dios. La imagen común de Dios que justifica el purgatorio es la de un dios justiciero, que exige expiación a pesar del perdón y que exige absoluta purificación antes de “ingresar a su casa”.

Otras suposiciones, brevemente expuestas porque hablan por sí mismas, son:

- que hay vida después de la muerte y en ella la persona siente (sufrimiento)… como en la tierra;
- que hay una suerte de lugar, y que hay tiempo (pues no es eterno), y que no es el cielo. El lugar se basa en la cosmovisión primitiva cielos-tierra-ínferos;
- que tras la muerte hay una mutación entre antes y después del purgatorio-purificación; es tan transitorio como la reencarnación, con su cuota de purificación;
- que hay un juicio inmediato a la muerte para decidir dónde va “el alma”.

Está demás resaltar la importancia de tomar conciencia de esos supuestos para no confundir realidad con suposición, ni certeza con creencia. Los más importantes son aquellos referidos a la imagen de Dios y a la transitoriedad del espacio y del tiempo de la vida humana.

8. ¿Qué decir al respecto? Todo esto responde a una idea religiosa mitológica. Con lo que hoy sabemos por las ciencias, y por nuestras reflexiones filosóficas críticas (menos metafísicas y más pragmáticas), especialmente sobre la cuestión de Dios y las imágenes sobre él, el purgatorio como realidad, al igual que el limbo, son proyecciones subconscientes de deseos humanos de no ir al infierno, y contar con la misericordia de Dios, previo “pago de derecho de piso”. Es afín a la idea de reencarnación (por eso tantos cristianos abrazan esta creencia).

De hecho, el cristianismo se alimentó de mitos e ideas mitológicas religiosas, asumidos en su evangelización del mundo con sus diversas culturas, hasta que la teología fue tomando forma y “endureciéndose”.

Conocidos son los mitos, base de las creencias, sobre el más allá, como aquellos de “el libro de los muertos” en el mundo egipcio, de lugares donde van los muertos, el hades, el Olimpo, y la idea popular de espíritus que vagan hasta encontrar su paz, etc.

Sin embargo, las formas escatológicas de existencia carecen de temporalidad y espacialidad, ligadas éstas a la materialidad o corporeidad. Quien muere, pierde ambas cosas: la sujeción a las coordenadas del espacio y a las del tiempo. La teoría del lugar de las almas en el tiempo intermedio presupone una cosmología mitológica.

9. Valga añadir que, la idea de un purgatorio no tiene sustento alguno en la Biblia, a menos que hagamos lecturas alegóricas de algunos pasajes. Aquellos a los que se suele apelar han sido todos sacados de sus contextos, tanto literarios como culturales, como son Lc 12,58, Mt 18,34s y especialmente 2Mac 12,38-46.

En sentido contrario se podría citar la promesa de Jesús al “buen ladrón” que, a pesar de todo, “estarás conmigo hoy mismo en el paraíso” –se dirá que es excepción (¿lo es?)–. En Jn 3,15-18.36 y 5,24s.29 se reitera que el que cree en Jesús “ya tiene vida eterna y no va a juicio”, al igual que las repetidas afirmaciones de Pablo en el mismo sentido, que la fe justifica, salva, sin mayor preámbulo. El que cree en Jesucristo está ya salvo. O la idea en 1Tes 4,15ss de que cuando venga el Señor los vivos serán raptados sin más trámite.

Si se apela al sheol, como en Lc 16,19-31, hay que recordar que no se refería a un estado transitorio, sino definitivo –por supuesto, es una visión tradicional mítica–. La idea de que muertos esperen ser rescatados, no va acompañada de una idea de una purgación. ¿Y qué decir del juicio final? Una idea de la naturaleza de las ideas al respecto se observa en el contraste entre la visión en Mt 25,31ss y en Ap 20.

Por cierto, Jesús ni siquiera insinuó un purgatorio, idea por demás ausente en el judaísmo. La única etapa intermedia se da en el hades, lugar de sombras donde reposan en letargo los muertos (a no confundir con el infierno, la gehena) hasta el día del juicio final.

El consenso en las Escrituras es que post mortem se está con Dios (vida eterna) o se está excluido. No hay términos medios ni etapas de rectificación o purificación. La vida humana, como las opciones, se dan aquí y ahora, en la vida terrena. Con la muerte todo llega definitiva e irreversiblemente a su fin en cuanto a la vida como proceso en evolución. Como se observará, hay de por medio un problema de antropología teológica, que por espacio no podemos tocar aquí.

HOY

10.  Lo que hoy se dice oficialmente, se puede leer en el Catecismo de la Iglesia (1992), nºs 1030-1032. Allí se afirma que el purgatorio es “una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo”. Para sustentarlo refiere a 1Cor 3,15 y 1 Pdr 1,7 (“fuego purificador”), además del clásico 2Mac 12,46 (orar por los difuntos), y remite a los concilios de Florencia y de Trento. Concluye invocando que “no dudemos en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos”.

Por su parte, la Comisión Teológica Internacional (Pontificia), en sus estudios sobre escatología (2007), presenta el purgatorio, como un lugar de dolorosa “maduración posterior”, pero sin penas sensibles –ya no como un lugar exactamente paralelo al fuego del infierno–. Pero su “realidad” sigue siendo considerada un componente de la doctrina católica.

Consideraciones a incluir y reflexionar.

El amor de Dios se concreta en su voluntad de salvar a todos los seres humanos (cf. Jn 3,15s; 3,36; 10,10; 12,47). “El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida (Jn 5,24). No se prevén excepciones, al menos por parte de Dios. Dios quiere la salvación de todos, y lo que quiere, se hace realidad y es bueno.

¿Cómo va a seguir siendo Dios el Señor soberano de la historia si en la eternidad algunas de las criaturas van a eludir su soberanía (no les alcanza la salvación)? Si Dios es “padre”, ¿cómo va a querer el sufrimiento, menos aún la perdición, de alguno de sus hijos? Me temo que a menudo sostenemos ideas contradictorias sobre Dios...

Por otro lado, se podría pensar en un proceso que purificaría al individuo de los remanentes de egoísmo para poder llegar a ser uno con aquel que es puro amor. Se trataría de remover lo que impida la sintonía plena con Dios amor. Pero, esto, una vez más, supone hablar en términos de tiempo.

En cuanto al supuesto sufrimiento, no sería producido por un agente externo (que supondría espacio, lugares) por pecados cometidos, sino el “sufrimiento” propio del deseo de estar con el amado y todavía no poder hacerlo, o propio del que debe desprenderse de su egocentrismo para ser absorbido por el Amor puro. En ese sentido, es un morir para resucitar, como en Rom 6,3-5. Esto supone emociones, afectos, neuronas y nervios.

Al fin de cuentas, ¿qué dios es ese que quiere vernos sufrir antes de aceptarnos en su casa (cf. Jn 14,3)? Esas “condiciones previas” de pureza, las suponemos/inventamos nosotros, no Dios. Repito: ¡está en juego la imagen de Dios que tenemos! Pareciera que no salimos del paradigma de pureza, tan importante en muchas religiones, incluido el judaísmo, pureza que discrimina y excluye. Pureza que definimos los humanos, no Dios: nosotros determinamos quién puede ingresar y comulgar con nosotros… los puros o pretendientes a puros.

La idea de un purgatorio, sospecho, es una suerte de alternativa cristiana (no existe en el judaísmo, que yo sepa) a la reencarnación oriental, dando vueltas en un circuito de purificaciones hasta llegar a la nirvana. Purgatorio supone tiempo y espacio, y supone una etapa intermedia, supone mutabilidad. También conlleva la idea escatológica que se tenga de la vida o existencia después de la muerte (ver la escatología joánica y la paulina). Si no hay un modo de existencia circunscrito y mutable como el humano nuestro, no hay purgatorio...

A la base, la idea de un purgatorio está ligada a una visión moralista de la vida, no integral: se trata de conductas, no de la fe ni de la justificación; se trata de culpas, perdón y remisión. En todo ello se está considerando la vida en clave de cumplimiento de mandatos: no es purificación por haber tenido una fe limitada o deficiente, sino purificación por acciones limitadas, deficientes o negativas. No se juzga la fe sino la praxis, y ésta, medida desde un ideal de perfección metafísica (pero ver Mt 25,31ss).

Estamos ante una visión netamente judicial de la vida y su trascendencia. Y ésa es la imagen de Dios que subyace: el dios rey y juez soberano, no es el Abba (padre) de Jesucristo.

De lo dicho, queda claro que al hablar del más allá entran en juego una serie de suposiciones, ya mencionadas, especialmente determinadas imágenes e ideas de Dios. No en vano, en su libro The God Delusion (Nueva York 2006), Richard Dawkins puso de relieve, entre otros argumentos para sustentar el ateísmo, la idea católica de purgatorio y su asociación con las indulgencias (p. 358ss).

Lo que más le ha llamado la atención, con toda razón, es “la evidencia que han propuesto teólogos para ello: evidencia tan espectacularmente débil que hace tanto más risible el aire de confianza con el que se afirma”. La evidencia que Dawkins destaca, tomada de la Catholic Encyclopedia, es el “argumento del consuelo”, un evidente non sequitur : oramos por los difuntos para proporcionar consuelo a los aun excluidos de la visión de Dios, por lo tanto –se afirma-, el purgatorio tiene que existir.

¿Es realmente así? ¿Certeza, creencia, o proyección? ¿Mito o realidad? Al final de cuentas, ¿qué imagen de Dios, del cosmos, y de la trascendencia manejamos?



[1] El limbo fue cuestionado (en 1984 J. Ratzinger lo calificó como una “hipótesis teológica”) y luego “minimizado” (léase: descartado) por el Magisterio (en abril 2007, por la Comisión Teológica, con la firma del Papa). No es mencionado en el Catecismo.


Los desafíos abiertos de América latina

www.rebelion.org/130514

Un mes atrás, Eduardo Galeano fue el invitado de honor para inaugurar la Bienal del libro de Brasilia. En el auditorio del Museo Nacional, una obra diseñada por el arquitecto comunista Oscar Niemeyer, el gran escritor eligió compartir con los asistentes “Treinta de agosto”, un poema suyo dedicado a los detenidos desaparecidos.

“Desaparecidos: los muertos sin tumba, las tumbas sin nombre

Y también:
/los bosques nativos,/ las estrellas en la noche de las ciudades,/ el aroma de las flores,/ el sabor de las frutas,/ las cartas escritas a mano,/ los viejos cafés donde había tiempo para perder el tiempo,/ el fútbol en la calle,/ el derecho a caminar,/ el derecho a respirar,/ los empleos seguros, las jubilaciones seguras,/ las casas sin rejas,/ las puertas sin cerradura,/ el sentido comunitario/ y el sentido común.”

Aplausos, lágrimas. La Bienal se hacía a medio siglo del golpe militar en Brasil. El mismo año 1964 en que una Dilma Rousseff de 17 años se incorporaba a una organización revolucionaria marxista, como muchos que luego forjaron el Partido de los Trabajadores que está en el gobierno desde hace 12 años y que en octubre próximo pondrá en juego esa continuidad en una nueva elección libre.

Galeano habló, como siempre, con humor y franqueza. Y tuvo la ocurrencia de decir que en la actualidad sería incapaz de leer Las venas abiertas de América latina, su obra cumbre, publicada en 1971 cuando apenas tenía 31 años y era habitué del Café Brasilero en la Ciudad Vieja de Montevideo, el mismo donde todavía recibe a periodistas o escritores con el mismo aplomo de siempre.

Porque Galeano es el de siempre y no se espanta al decir que esa prosa de izquierda –la de Las venas abiertas– es aburridísima. Estos días, un mes después, esa frase y otras, todas entrecomilladas, para dar más verosimilitud, recorrieron portadas y portales: que tendrían que meterlo en un hospital porque su cuerpo no aguantaría ese texto.
Mucho puede aprenderse de la sinceridad del poeta. De su necesidad de ser auténtico y de, si se acepta el convite, a dialogar con aquellos años revolucionarios desde un presente al menos incierto para soñar con cambios o para profundizar los que se hicieron.

En Las venas abiertas está narrado el genocidio de los incas y los aztecas. Está contado, entre otras tristes historias, cómo Francisco Pizarro mandó capturar al inca Atahualpa en Cajamarca y cómo los conquistadores le prometieron paz si previamente entregaba toneladas de oro y de plata. El inca cumplió. Pero luego lo condenaron a morir.

Eso sí, la propia historia confesional y monárquica española registra que el Atahualpa aceptó el bautismo cristiano y también cambiar su nombre por el de Francisco, el mismo del jefe de los invasores. Tras la ceremonia bautismal, en 1533, al inca lo acogotaron con el garrote vil. El mismo método criminal con que Francisco Franco mandó ejecutar a quienes sometía, no ya en las indias occidentales de los reyes católicos sino en la propia península.

Por el garrote vil era ejecutado Puig Antich en 1974, cuando el tirano balbuceaba, no le quedaba mucho tiempo de vida, pero quería perpetuarse a través de su obra. Así eran los setenta, así eran los tiempos en que Galeano paría Las venas abiertas. Unos años antes, otro poeta, Héctor Roberto Chavero, decidía cambiar de nombre por voluntad propia, y se bautizó como Atahualpa Yupanqui: “Me galopaban en la sangre 300 años de América”.

Cinco siglos igual

Cajamarca, donde fue tomado prisionero el inca Atahualpa, la Minera Yanacocha explota desde 1992 la mina de oro más grande de América latina. El capital mayoritario es de la Newmont Mining Corporation, con sede en Colorado, Estados Unidos. Así como los golpes de Estado militares se desparramaban como el viento en los sesenta y setenta por el continente, a principios de los noventa, los Andes se inundaron de códigos mineros diseñados en América del norte. Casi calcados los textos. Tanto en Perú, como en Ecuador, en Bolivia, en Argentina y en Chile. Grandes beneficios fiscales y toda la logística para que los metales salgan hacia los países centrales. En 1992, la onza de oro valía alrededor de 100 dólares. Veinte años después vale tres veces más.
La pregunta es: ¿cómo está ahora la Cajamarca donde murió Atahualpa y donde la Newmont Mining se adueñó del oro en los neoliberales años noventa?

La respuesta se escuchó esta semana en Lima, donde se lleva a cabo la reunión bianual de la Cepal y, por supuesto, lastima a cualquiera que albergue un mínimo sentimiento de igualdad: Cajamarca está entre las cinco regiones más pobres de Perú. El 55% del millón y medio de habitantes es pobre. Desde ya la minería no es la principal ocupación, pero de esa riqueza no queda nada. Según la prensa del sistema, la pobreza arreció porque los “antimineros” sabotearon a la Newport Mining y su proyecto Conga, resistido por la comunidad de Cajamarca. Las autoridades del gobierno de Ollanta Humala dicen que por culpa de las protestas ya no va el turismo a Cajamarca. Es posible que Las venas abiertas sean de una pesadez insondable. Más cruel es la colonización cultural.

La desigualdad

También es pesado el documento “Pactos para la igualdad – Hacia un futuro sustentable” con el cual Alicia Bárcenas abrió en la capital del Perú el pasado lunes 5 el encuentro que duró hasta el viernes 9 y que contó con la presencia de representantes de 40 países. El 27,9% de los habitantes de América latina y el Caribe son pobres según las mediciones de la Cepal, un organismo que sigue definiendo a esta región como la más desigual del planeta aunque la más pobre sea el continente africano.

Pese a que los precios de los productos primarios se mantienen favorables en el mercado internacional, el crecimiento del PBI de la región está estancado desde 2011.

La mexicana Bárcenas advirtió que hay un “escenario externo mucho más problemático: hoy América latina no es la misma de 2010 y 2012, está enfrentando una encrucijada muy compleja, ante un escenario externo mucho más problemático, de cara a la fase menos dinámica del ciclo y con problemas de sustentabilidad ambiental”.

Las crisis financieras que se desataron en Estados Unidos y en Europa en 2008 y 2009 acentuaron los procesos de desregulación, de debilitamiento de los Estados de los países centrales. A la par, crecieron los llamados refugios fiscales donde las grandes multinacionales derivan parte creciente de sus transacciones comerciales y financieras para pagar menos impuestos y atemperar la menor actividad económica.

Aunque China aumentó sus vínculos con América latina, no plantea una matriz diferente a la que vincula al continente con las multinacionales norteamericanas y europeas. El crecimiento fue extraordinario en la última década, en la actualidad llega al billón de dólares. Casi el 70% de esa relación comercial queda en manos de México y Brasil, que tienen un equilibrio entre exportaciones e importaciones. Ambos países les venden a China algo de productos industrializados. Muy de lejos, en tercer lugar, está Venezuela, que vende petróleo y compra productos industrializados.

El cuarto lugar es de Argentina, que vende a China oleaginosas en granos y una parte en aceites de soja y girasol. Contra los productos primarios o levemente industrializados, Argentina compra a China productos industrializados, desde leds –o partes, para las armadurías de Tierra del Fuego– hasta material ferroviario. China hace inversiones directas en la región y tiene planteado firmar un tratado de libre comercio para profundizar los vínculos.

Está claro que con la actual ecuación un convenio de ese tipo dejaría a gran parte de América latina sin perspectivas de salir de una economía primaria que deja buenos saldos comerciales, con capacidad de financiar al Estado sin entrar en la espiral de dependencia financiera de la banca privada y pública internacionales. La contraparte es que posterga la industrialización, ergo, la soberanía.

Propuestas

La Cepal, en este documento, subraya que no todo se debe a factores externos. La economista mexicana explicó que “a pesar del esfuerzo por hacer políticas sociales muy activas se requiere otras para reducir la informalidad en el empleo. Hay emergentes clases medias que demandan seguridad, transporte, educación y salud, han tenido más ingresos puertas adentro –de sus casas–, pero puertas afuera está el desafío del Estado para dar mejores bienes públicos”.

El texto completo presentado por Bárcenas es algo más corto que Las venas abiertas. Tiene 400 páginas con material de diagnóstico y, como suele hacer la Cepal, con un final propositivo, tan abierto como difícil de concretar. Basa la propuesta en la realización de pactos al interior de cada nación y también en los ámbitos supranacionales.

De los siete pactos enumerados, el primero es “el pacto para una fiscalidad con vocación de igualdad” destinado a asegurar la estabilización macroeconómica contracíclica, apoyar el crecimiento y contribuir a la redistribución del ingreso disponible:

         “El pacto fiscal no es un pacto más, sino el pacto a partir del cual      los demás pactos se hacen financieramente viables y que vincula     del modo más fuerte las obligaciones y los beneficios de la          sociedad. Además, el pacto fiscal es una de las claves para          construir una institucionalidad estatal más robusta y con mayor          capacidad de incidir para transformar las estructuras productivas y     sociales de la sociedad”.

Este enunciado pone en aprietos a buena parte de la dirigencia política y empresarial de la región, incluyendo a la Argentina, claramente. Aunque hayan mejorado la recaudación y el fondeo de programas de inclusión social desde 2003 hasta la actualidad, Argentina lleva tres décadas de democracia sin un debate profundo ni en el Congreso ni en el Ejecutivo sobre cómo hacer impuestos progresivos –que paguen más los que más ganan– ni cómo hacer bajar el coeficiente de impuestos directos (el IVA a nivel nacional, los ingresos brutos a escala de las provincias) y aumentar los indirectos (ganancias y bienes personales), centrando en las personas y no en las sociedades para evitar las maniobras de elusión y evasión.

A su vez, es imposible optimizar la recaudación de impuestos y retenciones derivadas del comercio exterior sin cambios drásticos en los organismos de impuestos y la Aduana, así como un control de los puertos, la gran mayoría concesionados a actores privados.

El segundo pacto planteado por Cepal es para la inversión, la política industrial y el financiamiento inclusivo. Subraya los bajos niveles de inversión en la región que limitan el crecimiento sustentable en el mediano y largo plazo. La reducción de la inversión pública adoptada para enfrentar la crisis de la deuda durante los ochenta y noventa, provocó un gran déficit de infraestructura.

Luego, aborda el desafío de la igualdad en el mundo del trabajo. Persiste una alta heterogeneidad salarial. Informalidad, brechas de género y de etnia en el acceso al empleo son parte del mapa laboral latinoamericano. Conviven trabajadores de empresas con alto coeficiente tecnológico, generalmente filiales de multinacionales, con sectores excluidos de todos los derechos.

En cuarto lugar, plantea el desafío de los servicios públicos. Los pactos enunciados en quinto y sexto lugares son los de sustentabilidad ambiental y la gobernanza de los recursos naturales. Llevados a fondo, ambos temas ponen a la minería a cielo abierto y las técnicas de fracking en el tapete. Las multinacionales mineras y petroleras no parecen dispuestas a realizar inversiones si los gobiernos de la región asumen este desafío con compromiso.

El texto, en esto, es medular. Sólo un párrafo como para graficar la magnitud del desafío:

“En la competencia entre países por captar mayor inversión en la explotación de los recursos naturales, se implementaron políticas que a veces reforzaron el poder de los inversionistas y de las grandes corporaciones mediante la desregulación, la liberalización comercial y financiera y la reducción de impuestos y exenciones fiscales, y debilitaron el rol del Estado y su capacidad para promover la gobernanza de los recursos naturales.

Estas reglas del juego llevaron a resultados poco deseables, como la apropiación de tierras sin tener en cuenta los ecosistemas, la extracción intensiva de minerales y la explotación de los mares y otros recursos naturales con un consiguiente aumento de la concentración de recursos naturales en grandes corporaciones transnacionales, especialmente en los sectores mineros, petroleros, madereros y pesqueros.

Ningún otro sector de la sociedad ganó más privilegios a nivel global y local que las grandes empresas, sean nacionales o transnacionales. Pese a los incipientes intentos de autorregulaciones voluntarias y la responsabilidad social empresarial, la concentración y el ejercicio de poder de las corporaciones juega un papel perjudicial para el medio ambiente y la preservación de recursos estratégicos en muchas zonas del planeta”.

Fuente original: http://sur.infonews.com/notas/los-desafios-abiertos-de-america-latina

Las semillas que pueden salvar al mundo

www.ecoportal.net
07/05/14

Estas tres semillas además de poseer cualidades nutricionales excepcionales, ser increíblemente ricas en proteínas y aportar casi todos los aminoácidos que el cuerpo necesita, también están envueltas de historias de un pasado incaico de veneraciones y una actualidad combativa que las ha puesto como estandarte en las luchas contra el agrogenocidio que está en marcha.
AMARANTO O KIWICHA

La “kiwicha” o amaranto, científicamente llamado Amaranthus caudatus, (que en griego significa “Lo que nunca muere” o “valiente luchadora”) es la planta que desafía a la multicriminal Monsanto y a sus semillas transgénicas.

En Estados Unidos los agricultores han tenido que abandonar cinco mil hectáreas de soja transgénica y otras cincuenta mil están gravemente amenazadas porque esta supuesta ‘mala hierba’, el amaranto (conocida en el Perú como kiwicha), es resistente al poderoso herbicida Roundup.

Según un grupo de científicos británicos del Centro para la Ecología y la Hidrología, se ha producido una transferencia de genes entre la planta modificada genéticamente y algunas hierbas como el amaranto. Esta constatación contradice las afirmaciones de los defensores de los organismos modificados genéticamente (OMG): que sostienen que ‘una hibridación entre una planta modificada genéticamente y una planta no modificada es simplemente imposible.

Según el genetista británico Brian Johnson, basta con un solo cruce logrado entre varios millones de posibilidades. Una vez creada, la nueva planta posee una enorme ventaja selectiva y se multiplica rápidamente. El potente herbicida que se utiliza aquí, Roundup, a base de glifosfato de amonio, ha ejercido una presión enorme sobre las plantas, las cuales han aumentado aún más la velocidad de la adaptación. Así, al parecer un gen de resistencia a los herbicidas ha dado nacimiento a una planta híbrida surgida de un salto entre el grano que se supone protege y el humilde Amaranto, que se vuelve imposible de eliminar. La única solución es arrancar a mano las malas hierbas, como se hacía antes.

“La Reina del calcio”

La kiwicha o amaranto fue el alimento del Imperio Inca (y del azteca), es una planta que sorprende al mundo por su gran cantidad de propiedades benéficas. Se le puede considerar como la "Reina del calcio", pues 100 gramos de kiwicha contienen el doble de calcio que el mismo volumen de leche. Las semillas contienen entre un 13% y un 18% de proteínas y un alto nivel de lisina (aminoácido esencial para la nutrición). Además de calcio, fósforo, hierro, potasio, zinc, vitamina E y complejo de vitamina B. Su fibra es fina y suave.

La kiwicha se adapta fácilmente a distintos ambientes, tiene un tipo eficiente de fotosíntesis, crece rápidamente y no requiere de mucho mantenimiento ni fungicidas o fertilizantes. Para los niños, incluir estos cereales en su alimentación es ideal, pues debido a que los componentes de fósforo, potasio y magnesio que contienen estos granos ayudan directamente en la formación de los huesos, tendones y músculos.

Semilla de los Dioses

Los aztecas de México cultivaban esta planta que era muy apreciada por sus cualidades nutritivas. Era tan apreciada que hacían uso de ella en ceremonias religiosas. Se cree que fabricaban ídolos con su harina mezclada con miel y en ocasiones con sangre humana y que ofrecían estos ídolos a los dioses como tributo.


En la época del emperador Moctezuma, era junto con el huauzontle, el cuarto cultivo en importancia, después del maíz, el frijol y la chía. Cuando los conquistadores españoles del siglo XVI consiguieron dominar el Imperio azteca, prohibieron estos rituales y el cultivo del amaranto. En la actualidad la planta continúa cultivándose después de un largo periodo de abandono y es muy apreciada por sus propiedades nutricionales, además posee la particularidad de no contener gluten.