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Syriza: ¿tregua o traición?

Guillermo Almeyra
www.jornada.unam.mx/010315

¿El programa electoral de Syriza fue traicionado en nombre del realismo político o el gobierno tuvo que hacer una retirada táctica medida para lograr unos meses de tregua que le permitieran asentarse? Para responder a esta pregunta es indispensable tener claro qué es Syriza y cuál es el nivel de conciencia política de los electores que apoyan a ese partido y hay que huir de las afirmaciones impresionistas de los periódicos de derecha o de ultraizquierda (todos los cuales coinciden en sustentar la tesis de la traición) y leer cuidadosamente los documentos del gobierno griego y lo resuelto por el Eurogrupo.

Empecemos por este punto, para no pedirle una política revolucionaria a un grupo que no lo es o, por el contrario, para no caer en la idealización del grupo de honestos reformistas nacional-populares que pretenden seguir la senda desastrosa intentada en Italia en 1956 por Togliatti-Berlinguer (el comunismo nacional que ambicionaba participar en un gobierno de unidad nacional).

Alexis Tsipras encabezó el Synapismos, partido eurocomunista griego y, aunque en Syriza existe una fuerte minoría anticapitalista y revolucionaria, su partido no se declara anticapitalista sino que busca reformas al capitalismo en Grecia y en Europa, funciona verticalmente mediante el decisionismo de un pequeño grupo de dirigentes, más que socialista es radical-democrático avanzado y no pretende liderar a los trabajadores de todo tipo contra el capitalismo y los capitalistas sino al “pueblo’’, a los pobres, contra la dictadura de la Troika, encabezada por Alemania y los pocos muy ricos de la oligarquía naviera griega.

El electorado de Syriza votaba hasta hace poco al Pasok (la socialdemocracia griega) del cual fue incluso ministro el economista y teórico de Syriza, Yanis Varoufakis, o a la derecha neoliberal (Neademocracia). Esos electores no quieren una revolución anticapitalista y temen incluso la salida del euro y la ruptura con la Unión Europea y con Alemania, en particular, hacia donde van muchos griegos desocupados y que aporta gran cantidad de turistas al país.

Por eso, aunque algunos como Manolis Glezos –que nunca hizo un análisis clasista– sufrieron una decepción con el acuerdo con la Unión Europea y hablan de que todo sigue igual, disfrazado sólo con otras palabras, la gran mayoría de su electorado sigue dando su apoyo a Syriza (que, sin embargo, se cuida mucho de consultarlo y movilizarlo).

La realidad es que Syriza para ganar un préstamo-puente y cuatro meses de tiempo hizo concesiones importantes, como el reconocimiento de la deuda, que es impagable, y de las resoluciones de la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo (la famosa Troika hoy bautizada instituciones). Pero, al mismo tiempo, no firmó la exigencia de un crecimiento imposible de 4 por ciento –que quedó reducido a un 1.5 por ciento igualmente imposible–, eliminó todas las frases odiosas a la soberanía griega en la redacción del documento y metió incluso el principio de una renta básica para los ciudadanos entre 50 y 65 años para mantenerlos en el mercado.

La alternativa hubiera sido nacionalizar sin pago los bancos, cambiar la moneda y devaluarla para licuar la deuda externa y suplir en parte la caída del nivel de vida con la autogestión en las empresas, el cierre de las importaciones no prescindibles, el recurso al trueque y al trabajo cooperativo esperando el aumento de la competitividad –debida la devaluación– de las mercancías y servicios de Grecia y el aumento del turismo. Pero ni Syriza ni su electorado creen posible tal camino alternativo y anticapitalista ni hay tampoco en Europa o en cualquier otra parte del mundo grandes movimientos anticapitalistas que podrían darle apoyo solidario.

Tsipras, por tanto, en la difícil relación de fuerzas existente, consiguió una doble y frágil tregua: con el Eurogrupo, mediante la división del gobierno alemán entre el conciliante canciller y el durísimo ministro de Finanzas, pero también con su propio partido y con el pueblo griego (en el que la izquierda de Syriza y el Partido Comnista de Grecia (KKE) aumentarán sus críticas pero no ofrecen una alternativa).

¿Cómo y para qué utilizará el poco tiempo obtenido así pateando la pelota hacia adelante hasta junio próximo? Esa es otra cuestión.

En mi opinión, pese a todas las limitaciones de Syriza y de Tsipras y a su utópico y reaccionario togliattismo, hay que hacer todo lo posible para ayudar al gobierno griego a salir del paso y a subsistir, mientras crea nuevas grietas en el frente de los gobiernos y busca apoyos financieros alternativos (¿China, Rusia?).

Un desarrollo en el Estado español de la cuestión nacional catalana y vasca, una derrota de Mariano Rajoy en Andalucía, el desarrollo del ambiguo Podemos que amenaza el gobierno de las clases dominantes, serían acontecimientos que podrían frenar el deslizamiento hacia la derecha en el resto de Europa y estimular las condiciones para un movimiento democrático radical de masas, contra la corrupción y la derecha, al estilo de las abortadas –por el momento– primaveras árabes (que a su vez fueron fruto tardío del 1848 europeo y del 1968 francés), movimiento democrático plebeyo en cuyo seno podría reorganizarse y crecer la maltrecha izquierda socialista.

El capitalismo llevó a la humanidad de vuelta a un nuevo siglo XIX, el de la explotación sin límites, la miseria masiva, la ignorancia. El movimiento obrero y el socialismo salieron, en el pasado, de la izquierda democrática radical, en la que se fortalecieron y de la cual debieron después diferenciarse. Con ella hoy hay que actuar, didáctica y fraternalmente, sin identificarse con sus límites e ilusiones, tratando de hacerla avanzar paso a paso hacia las conclusiones de sus políticas más resueltas.


Las transformaciones sociales profundas no son obra de los esclarecidos sino de la gente común a la que la realidad de la crisis educa, cambia y organiza.

La reelección de Netanyahu cambia las reglas del juego

Nahanin Armanian
www.publico.es/300315

“Las personas no renuncian nunca a sus libertades, salvo bajo el engaño de una ilusión“. Edmund Burke

El miedo y un agresivo nacionalismo tribal, que siempre es racista, han sido los dos principales recursos que Benjamín Netanyahu (BN) utilizó en la recta final de las elecciones, remontando la desventaja apuntada por las encuestas, una vez que la recurrente “amenaza iraní” dejó de darle votos a beneficio de opciones que reflejaban los problemas sociales.

Prometió a la ultraderecha ortodoxa extender los asentamientos ilegales e impedir la creación de un Estado Palestino si se apresuraba a votar, metiéndole miedo con que los árabes compatriotas, esa quinta columna, estaban “acudiendo en masa a las urnas como manadas”, dijo literalmente. Antes, Avigdor Lieberman, el ministro de Exteriores, proponía decapitar con hacha a los árabes israelíes no leales, al puro estilo de sus colegas del Estado Islámico.

Que BN consiguiera desviar la atención de una parte del electorado del peligro real del “fuego amigo”, apelando a la fe y a la inexistente amenaza externa, muestra hasta qué punto aún y a estas alturas de la civilización humana, la razón, el sentido común, el pan y la paz pueden ser vencidos por enemigos imaginarios y falsos amigos. “Una mentira repetida mil veces se convierte en realidad”, decía otro maestro de la manipulación.

A esta dramática situación contribuyó la falta de unión entre la izquierda judía y los demócratas árabes israelíes. Éstos consiguieron 17 escaños, 5 más que en 2013, convirtiéndose en la tercera fuerza del Knesset, a pesar de que el gobierno cambiara la ley electoral para expulsarles del parlamento: “No querías caldo, pues toma dos tazas”.

Una compleja realidad social

¿Cómo la llamada “única democracia de Oriente Próximo” ha votado libremente al judaísmo supremacista blanco,  al extremismo político-religioso belicista, a la matanza de civiles del otro lado del Muro del Apartheid, y ha dicho NO a la paz y mejoras sociales? Una gran mayoría de los israelíes apoyaron la masacre de los civiles palestinos en la “Operación Borde de Protección” del verano del 2014.

En cambio, los pueblos del resto de los países de la región, salvo algunos como Turquía o Líbano, que carecen de derecho a elegir a sus mandatarios, son acusados por la destacada prensa occidental de “detestar la democracia”.

Comparen las elecciones israelíes con las presidenciales de Irán del 2009: millones de ciudadanos ignoraron el riesgo de una dura represión, y con el lema de  ¡No! a más Ahmadineyad ocuparon las calles en protesta por el fraude electoral organizado por el establishment islámico que ni les permitía optar por el mal menor de los candidatos oficiales. Querían paz y democracia económica y política, ni demagogia ni entrar en guerra con el mundo entero. El periodista israelí Gedeón Levi escribió que Israel debe celebrar otras elecciones, no para elegir a un nuevo líder, sino a un pueblo diferente.

Nuevo escenario sin la “hoja de parra”

“Que no habrá Estado Palestino” va más allá de una  declaración electoralista de Netanyahu: fue un ataque de sinceridad. El mercado de valores de Israel se equivocó al permanecer indiferente ante la cuarta victoria de BN, por no considerar sus costos a medio y largo plazo y confundir su continuidad en el poder con la estabilidad. Esta declaración ha cambiado la postura de otros actores del escenario, colocándoles ante una situación cualitativamente distinta. Veamos:

1) En Israel: La polarización social entre ricos y pobres, judíos y árabes se intensifica. Que el escritor  Yonatan Geffen  dijera que “El 17 de marzo es la Nakba para el campo de la paz“, “una tragedia para el propio Israel”, y que horas después fuese atacado por unos individuos en la puerta de su casa en Tel Aviv es solo una expresión de la tensión social.

Tener en cuenta que a pesar de su pose triunfalista, el 77% del electorado no votó a Netanyahu,dos principales factores podrán impedir la estabilidad de la coalición que liderada: primero, la propia naturaleza del régimen capitalista de los magnates que incapacita a sus gestores paliar la crisis económica y poner fin a las crecientes movilizaciones sociales; y el segundo, porque Netanyahu tiene que elegir entre: las presiones de sus aliados occidentales y árabes- consternados por haber revelado su intención de impedir un Estado Palestino-, o vuelve a las negociaciones teatrales con palestinos, confiesa ante su votantes que les engañó con el fin de mantenerse en el poder (pues, las personas desesperadas hacen cosas desesperadas), y correr el riesgo de ser abandonado por sus socios de coalición, o empujará a Israel a un serio aislamiento. Las elecciones anticipadas podrán ser el resultado de ambas situaciones.

2) Frente a la ONU: ya no puede acusar a los palestinos de ser responsables de sabotear el proyecto de “Dos Estados” ahora que ha admitido que Likud había ocultado su verdadera intención durante décadas, y que mientras ganaba tiempo con eternas “charlas” con palestinos ocupaba los territorios de su supuesto futuro Estado. Entonces, si no cree en las negociaciones ¿está declarando guerra sin fin a los palestinos? La ONU está en posición de autorizar a los Estados miembros a abrir embajadas de Palestina en sus territorios.

3)  Frente a EEUU: da igual que BN vaya a sobrevivir a Barak Obama; rechazar el plan de “Dos Estados” destroza también la apuesta republicana, que también es defendida por la mayoría de los judíos de EEUU. BN ha eliminado la excusa de ambos partidos de bloquear las resoluciones favorables de la ONU para el pueblo palestino.

Obama que hace tiempo que ha tirado la toalla ante BN y tardó dos días en felicitarle su reelección, puede respaldar o presentar una resolución ante el Consejo de Seguridad pidiendo un acuerdo de paz definitivo entre las dos partes, y presionar a los palestinos para que a cambio renuncien a presentar la denuncia contra Israel ante la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra y la ocupación ilegal de sus tierras. EEUU, al apoyar las acciones ilegales de este país, le  ha dado suficiente cuerda para que se ahorcase solo.

Obama ante el dilema de presionar a su socio para que acepte la legalidad internacional o borrar el conflicto palestino-israili de su agenda, optará por el segundo adornándole con algo de “rugido de ratón”: seguirá entregándole los casi tres mil millones de dólares al año en ayuda militar, y dejará que BN haga lo que quiera en la zona, eso sí, sin tocar a Irán, pues impedir un Irán nuclear sin lanzar una guerra es el único triunfo de Obama en la política exterior.  

La UE, hará lo mismo: tiene tantos problemas propios que no ya no da más de sí.  No hay que menospreciar la capacidad de Netanyahu de sacar alguna carta para salir de paso: hacer de hombre de paz relajando el bloqueo a Gaza o liberar parte de los ingresos fiscales confiscados palestinos a cambio de no ser denunciado ante la CPI.

4) Frente a Irán: con la reelección de BN los republicanos estadounidenses anti acuerdo nuclear con Irán están eufóricos. “Si no queréis que el Bush israelí os bombardee, rendíos”, advierten a Teherán, insistiendo en que el acuerdo firmado perderá su validez tras la salida de Obama del poder. Por los que Irán está pidiendo que el acuerdo sea aprobado por el Consejo de Seguridad, que no solo por EEUU. No hay duda de que Israel es el principal beneficiario de este pacto y su “oposición” sirve de cortina de humo para desviar las atenciones de los planes colonialistas que ha trazado para Palestina.
Cosas de la vida: Irán sale del aislamiento internacional mientras Israel entra en el.

5) Frente a Palestina: el fin del espejismo de una salida negociada reforzará a la derecha extrema y religiosa palestina. BN puede acelerar la construcción de más asentamientos y anexionar la zona C de Cisjordania. Sin embargo, al lanzar la pelota al tejado de los palestinos, BN fuerza a los palestinos a tomar medidas unilaterales para fundar su Estado, cambiando de tácticas y de estrategia.

Que los colonos nunca serán evacuados, significa que pueden presionar a Israel para que reconozca los derechos de millones de súbditos árabes, si no quiere enfrentarse a una tercera Intifada, antes o después de otro cíclico asalto militar israelí.

El mes de abril no anuncia “primavera” para el gobierno israelí: las potencias mundiales firmarán el histórico acuerdo nuclear con Irán, y por fin un organismo internacional, la CPI, puede hacer justicia para miles de palestinos asesinados y millones supervivientes dentro o fuera de sus tierras.

Hoy, frente al Bush israeí, Palestina necesita un Lenin: En marzo de 1918 firmó el humillante armisticio de Brest-Litovsk renunciando, tácticamente, a los territorios ocupados por los alemanes, con el fin de proteger la primera república socialista de la historia instaurada en el medio de la guerra. Sabía que los invasores perderían la guerra y aquel pacto se convertía en papel mojado. Hasta que Israel entienda la lógica de los vasos comunicantes.

¡Que se declare ya unilateralmente el Estado Palestino!


Los nueve errores de Netanyahu

www.rebelion.org/110315

¿Se imaginan que el líder de la oposición de un país invite a un político extranjero, ─al jeque Al Thani de Qatar, por ejemplo─, para que éste llame “tonto” al jefe del Estado anfitrión y, además, lo haga en la mismísima Casa de la Soberanía Nacional?

Es lo que hizo el pasado el 3 de marzo el Partido Republicano al ofrecerle la tribuna del Congreso de EEUU a Benjamin Netanyahu. El primer ministro de Israel no escatimó palabras para descalificar al presidente Barack Obama y al pueblo estadounidense ante la asombrosa pasividad de las autoridades de la superpotencia y sin que tal insolencia provocara un conflicto diplomático.

Con un tono mesiánico, Netanyahu afirmó ser la voz de todos los judíos del planeta. Dijo que iba a Washington en una misión histórica para impedir el acuerdo nuclear con Irán, al que comparó con el Tercer Reich desde el Muro de las Lamentaciones, a algunos kilómetros del principal campo de concentración del mundo.

El escenario perfecto, y la fecha calculada: a dos semanas de la celebración de elecciones parlamentarias en Israel (17 de marzo) a las que Netanyahu se presenta para un cuarto mandato, y con la reunión anual de AIPAC, el poderoso lobby proisraelí en EEUU. Éxito garantizado aquí y allí, había pensado el primer ministro de Israel.

¿Qué pretendía Netanyahu realmente?

Haciendo caso omiso a decenas de políticos y militares israelíes y estadounidenses que le sugerían suspender su viaje o su discurso, o al menos realizarlo a puerta cerrada con los congresistas, un desafiante Netanyahu, al que Obama le negó la invitación, estaba decidido a cumplir su plan de derrotar a tres opositores a su reelección, además, desde una plataforma extranjera: a nivel mundial, al presidente Obama; a nivel regional, a Irán, y a nivel nacional a los partidos de la oposición.

Netanyahu centró su ponencia en revelar dos temas ocultos: que Irán es tramposo, su programa nuclear es militar y está a punto de fabricar bombas en serie, y que él es el único líder mundial que conoce esta verdad.

También dejó caer que Obama y el resto de los miembros del Consejo de Seguridad más Alemania, que forman el grupo negociador con Irán, o son incapacitados mentales o han confabulado para destruir a Israel. Por lo que, los amantes de la paz y de Israel, al menos en EEUU, deberían entregarle a él las riendas de su política exterior. Así, sin más.

Los demócratas recurren a la hemeroteca

Un John Kerry molesto por las injerencias de Netanyahu en la política estadounidense y sus falsedades, le echó a la cara sus presiones a George W. Bush para que atacase Irak por unas armas de destrucción masiva que tampoco existían.

Una semana antes de la visita, “se filtró” a la prensa un informe del Mossad fechado en 2012 que aseguraba que “Irán no estaba realizando la actividad necesaria para producir armas atómicas“. Es decir, cuando el mismo año Netanyahu mostraba aquel dibujito de una bomba iraní con una mecha encendida en la sede de la ONU, ¿estaba tomando el pelo a todo el mundo?

La fecha coincide cuando Obama empezó a apartar de su lado a la fan de Israel Hilary Clinton, al asesor “iranólogo” Dennis Ross y a Gary Samore, miembro del grupo “Unidos contra un Irán Nuclear.

Netanyahu, ya en 1992, decía que Irán tendría el artefacto mortífero entre tres y cinco años. Y todo ello cuando el Gobierno judío negaba la tenencia de al menos 80 bombas, ─fabricadas con la ayuda de Francia, país que hace de su portavoz en las negociaciones del 5+1 con Teherán─, asegurando que la planta nuclear de Dimona producía electricidad.

La revelación de este secreto a voces en 1984 le costó al técnico nuclear israelí Mordejai Vanunu 18 años de prisión. ¿Quién dijo que “los fanáticos religiosos ─que utilizan los textos sagrados para realizar masacres y consolidar su poder y aumentar su fortuna─, no deben tener armas de destrucción masiva”?

¿En qué se equivocó Bibi?

Sus dos objetivos principales, ─el presentarse ante los electores israelíes como el único candidato capaz de salvar su existencia amenazada y buscar apoyo en el Congreso para un posible ataque militar a Irán ahora que Obama ha llegado a amenazar con derribar sus cazas si ataca a Irán─, no se han cumplido, por los siguientes errores incomprensibles:

1- Realizar un acto de campaña electoral en un país extranjero repitiendo una y otra vez el mismo discurso paranoico (en palabras de algunos ex jefes del Mossad) sobre Irán, en vez de ocuparse de los graves problemas de la población israelí: al regresar de Washington, la veintena de ovaciones que recibió Netanyahu en el Congreso estadounidense se habían convertido en manifestaciones de miles de ciudadanos que le criticaban ya no solo por querer correr una cortina de humo sobre problemas como la vivienda, la subida de los precios, el desempleo, la situación de pobreza de los habitantes de las urbes periféricas, los asuntos de paz con los países vecinos, sino también por haber destrozado las relaciones estratégicas con el presidente de su principal valedor económico, militar y diplomático por fines partidistas.

Mirad la respuesta del primer ministro israelí: “Cuando hablamos de la carestía de la vida, no olvido por un momento la vida misma. El desafío más grande a nuestras vidas es que Irán no posea armas nucleares“. La campaña del miedo no funciona. Los trabajadores israelís son el nuevo actor que ha entrado en el escenario ante el asombro de los actuales dirigentes del país.

La oposición, que acusa a Netanyahu de ser responsable del aislamiento internacional de Israel, de alarmista y de exagerar con el peligro iraní (en palabras del ex general Kulanu Yoav Galant), le recordaba con ironía que ahora que no ha conseguido participar en las negociaciones internacionales con Irán y si realmente “el objetivo está en Teherán”, ¿por qué ha ido a Washington, teniendo bajo su mando a uno de los ejércitos más mortíferos del mundo?

2- Netanyahu, que podría haber ido al Congreso para agradecerle sus favores incondicionales y conseguir los vítores que buscaba, se empleó a fondo para meter el dedo en el ojo a Obama (hace tres años, en otro error, el primer ministro israelí apostó públicamente por el candidato Mitt Romney en las presidenciales de EEUU), aparentemente, por el acuerdo que está a punto de cerrarse con Irán.

En vez de dirigir las mismas descalificaciones al grupo negociador 5+1 (Francia, China, Rusia, Gran Bretaña y Alemania), que posiblemente hubiese provocado una crisis diplomática mundial, se lanzó a la yugular de la víctima atrapada y débil. Atrapada por el hecho de que los presidentes de EEUU (y del resto del Occidente) se han convertido en rehenes de Israel y no pueden devolverle el golpe; y débil porque estaba jugando en su terreno: el Congreso y el Senado están bajo el control del Likud estadounidense, quienes pensaban que agredir a Obama iba a ser muy rentable para ambos.

3- Si pensaba que el apoyo militar de los republicanos a una agresión israelí a Irán es automático e incondicional, es que Netanyahu no se acordaba que hasta el propio George Bush rechazó en mayo del 2008 la solicitud de Ehud Olmert para tal osadía.

4- No ha valorado que Obama, pese a sus discrepancias, sigue manteniendo el paraguas diplomático y militar valorado en 3.000 millones de dólares anuales. ¿Y si, de repente, el jefe de la superpotencia reconoce la existencia de las bombas atómicas de Israel? Tel Aviv perdería por las leyes estadounidenses las ayudas que recibe, tendría que firmar el nuevo Tratado de No Proliferación Nuclear y, lo que es peor, no podría exigir a los países de la región, incluido Irán, mantenerse lejos de las bombas hongo.

5- No contó con la astucia de Obama para dejarle en evidencia. Si el acuerdo con Teherán es malo, ¿cuál es la alternativa de Netanyahu? Ya que el primer ministro de Israel en ningún momento pidió al Congreso aumentar las sanciones contra Irán, obviamente se refería a convertir Irán en otro Irak, Libia o Siria, sin atreverse a pronunciar la palabra maldita: guerra. ¿No estará pidiendo el político judío una Die Endlösung ─solución final─ para Irán?

En víspera de las elecciones presidenciales del 2016 y ante una opinión pública estadounidense que apoya la política de Obama respecto a Irán (incluida la mayoría de los judíos, quienes incluso están en favor de la creación de un Estado palestino), muchos republicanos, ante la incertidumbre de la reacción de no solo del gobierno de Teherán sino de toda la nación iraní, prefieren seguir con la guerra económica y la ciberguerra para reducir a esta potencia regional.

6- Netanhayu ha conseguido poner en riesgo el sólido apoyo bipartidista estadounidense a Israel, con la mala idea de forzar a los demócratas a elegir entre Obama e Israel, estrategia que motivó el desplante de unos 50 diputados demócratas al jefe del Ejecutivo israelí, enfurecidos por romper el protocolo, insultar al presidente del país y por mentir sobre el acuerdo. Además, según las encuestas, la base demócrata que cada vez es menos blanca y más joven, muestran simpatía hacia la causa palestina.

7- Tampoco esperaba que Irán, después de su provocativo discurso, anunciara más flexibilidad en los detalles técnicos del acuerdo, que sí legitima su programa nuclear. Netanyahu fracasa en sabotear el acuerdo, cuya firma podría ser inminente, y también en impedir que se ponga fin a demonizar a Irán. Las empresas occidentales están ansiosas por volver a su codicioso mercado.

8- El líder hebreo se equivoca sobre las intenciones de Obama respecto Irán: él no busca en Irán un aliado, sino un cliente y, por ello, la opción militar seguirá encima de la mesa.

9- Sabe que Irán no puede fabricar bombas nucleares: carece de tecnología, conocimiento y materiales necesarios, bajo el dominio exclusivo de los países del club nuclear (a ninguno de los cuales le interesa colaborar con Irán). Varios expertos nucleares iraníes fueron asesinados, una de sus centrales fue atacado por el cibervirus Stuxne, los precios politizados del petróleo siguen por los suelos.

Además, las sanciones económicas y financieras impuestas por EEUU y la ONU han reducido sus fondos y han cambiado sus prioridades y, por último, las amenazas militares, la destrucción de Irak, Libia y Siria, y su pedagogía del terror a diario. Es más, aunque puedan fabricar una primera bomba nuclear, las autoridades del país son conscientes de que también podría ser la última: Irán está rodeado de bases militares de la OTAN y por cientos de bombas nucleares por todos sus costados. Por lo que, entre otros motivos de naturaleza interna, ha decidido junto con las potencias mundiales evitar la guerra.

Así, Netanyahu, de momento, se ha quedado solo en su batalla contra Irán. Incluso en su propio país. Cierto que en una campaña bélica la verdad es absolutamente irrelevante: acabar con Irán, una nación sólida y milenaria asentada sobre un vasto territorio, ni es conveniente, ni realista ni alcanzable. Por eso ¡más y más negociaciones, y menos guerras!




¿Por qué fracasan los feminismos religiosos?

Nazanin Armanian
www.publico.es/210315

Pasan algunas décadas desde que los planteamientos generales de un feminismo sin adjetivos, adaptados a las circunstancias concretas de cada país, mostraban su gran capacidad y eficacia en reclutar a millones de mujeres y algunos hombres deseosos del progreso, para acabar con los escándalos de discriminación que sufre la mitad de la humanidad por razón de género. Sus conquistas forman parte de la revolución silencioso-social más importante del siglo pasado.

Logros frágiles que desde finales del 1970 han sido duramente atacados por un agresivo y desenfrenado capitalismo que, en alianza con los fundamentalistas religiosos, ha llegado incluso a borrar del mapa a estados y pueblos enteros con el fin de ampliar sus propiedades y su maldito mercado.

En este desorientador marco es donde aparecen las nuevas “olas” del feminismo con nuevos retos y desafíos. Pero también el movimiento de los “feminismos” religiosos, que viste con disfraces modernos los demacrados conceptos con el fin de teorizar el estatus inferior de la mujer “por su destino bilógico”. Se confirma así la relación directa entre el sexismo, el racismo y el especismo, para que la diferencia sea sinónimo de la privación de derechos. Hijas de la derecha religiosa integrista, con los cambios que piden a sus jerarcas masculinos, consolidan el poder de sus padres y sus padrinos.

Los feminismos cristianos y judíos

Empecemos por diferenciar entre las “feministas religiosas” y las “religiosas feministas”. Unas son el principal componente del movimiento secular feminista global. Desde su espiritualidad e independencia de las instituciones religiosas abogan por los derechos de todas las mujeres en general. Las otras respaldan organizaciones y estados teocráticos. Y dentro de ellos reclaman un trato igualitario para “sí mismas”. Las cristianas católicas piden la ordenación para la mujer en la Iglesia, y las judías, dentro del Estado semiteocrático israelí, demandan al Gran Rabinato poder rezar libremente en el Muro de los Lamentos, o reconocer su igualdad con el hombre en la Ley de Familia.
Súplicas que, a pesar de ser inofensivas (aun alcanzando el máximo poder, ellas divulgarán el mismo plan de los textos sagrados para las mujeres), han sido rechazadas por sus jefes varones. Hasta el aperturista Papa Francisco, que con el fin de recuperar la influencia de la iglesia es capaz de cambiar de actitud hacia los divorciados y homosexuales (sin que se agriete la homofobia), considera también una tontería la ordenación de la mujer. ¿Mujer y poder? ¡Y mañana estas brujas pedirán la disolución de la familia tradicional, el pilar del patriarcado, del sistema de mercado y de la propiedad privada!

Fuera de la iglesia, las mujeres de la teología cristiana de liberación o de la interesante teología eco-feminista, construyen con sus manos una sociedad justa para todos y todas.

¿Y el Feminismo Islámico?

Existen dos diferencias esenciales entre el “feminismo islámico” (FI) y los antes mencionados: que sus precursoras lo consideran una doctrina válida para todos los tiempos, lugares y grupos humanos, y que no se centran en demandar cargos y oficios dentro de las instituciones religiosas. La razón se debe a las circunstancias concretas en las que nacieron:

Como corriente político-religiosa, el FI aparece en el Irán del principio los 1990 cuando el veterano movimiento feminista liderado por organizaciones de izquierda fue declarado prohibido por quienes pensaron que, eliminando a las portavoces de un grave problema social, éste desaparecería de forma automática. ¡Error! Poco después, las propias mujeres vinculadas con el poder –como Faeze Hashemi, hija del entonces presidente Rafsenyani- descubrieron la humillación legalizada en su propia piel, y que la Ley de Familia del 1960 les reconocía más derechos que la de 1990.

Indagaron en los textos sagrados en busca de algún versículo o cita de las autoridades islámicas de hace mil años para reinterpretarlos y presentarlos como alternativa a un apartheid que bajaba el estatus de la mujer del segundo sexo de la era de Pehlevi al subgénero actual. Pretendían así cambiar el pensamiento de los islamistas de extrema derecha que ostentan el poder para acusarles de herejía.

Pronto, estas activistas se dividieron en tres corrientes diferentes:

Las conservadoras. Las de “cásate y sé sumisa” y las de las que la mujer decente sólo existe en términos de madre y esposa, con deberes que están por encima de ser mujer y libre. Consideran que su naturaleza débil y emocional es incompatible con las tareas asignadas a los hombres, creados fuertes y racionales, y de allí su rol y la defensa de la separación entre los géneros en los centros educativos y laborales. Acusan a otros grupos feministas de ser transmisores de la corrupción moral y causante del aumento espectacular de divorcios y de violencia machista, sin dejar de pedir la restricción legal de la poligamia.

Las moderadas. Rechazan la Sharia por ser misógina y anticuada y sólo recurren al Corán para exigir cambios en la legislación, en la política de paridad en los puestos de mando del país, en que el pañuelo sustituya al hijab obligatorio, en que aumente la edad nupcial de las niñas que fue reducida de 20 años en 1978 a 13 actuales, o que la violencia contra la mujer sea delito.

Sin embargo, sus interpretaciones fueron desautorizadas por los y las fundamentalistas, con contundentes versículos del Corán en la mano. Así les recordaban que, por ejemplo, Dios sólo ha enviado profetas de sexo masculino y sólo a ellos les ha hecho revelaciones (Corán, 21:7) o que “los hombres tienen la autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Dios ha dado a unos sobre otros (4:34), o que si no les obedecen, ellos tienen derecho a “corregirlas” con la venia del Creador, o que para denunciar una violación se requiere el testimonio cuatro hombres que la hayan presenciado. Ante la imposibilidad de introducir cambios en el sistema, la mayoría de sus promotoras, como Shirin Ebadi, la premio Nobel de la Paz, han pasado al tercer grupo.

Las “radicales”. Reclaman la separación entre la religión y el poder, y la voluntariedad del velo, ya que no es uno de los cinco pilares del Islam. En su evolución, no sólo han entablado contacto con sus compatriotas exiliadas, sino que empiezan a apreciar los logros de las feministas europeas, dejando de llamarles “corruptas e antimorales”.

Razones del ocaso del FI

Sus propuestas pertenecían a los pueblos semitas y de un pasado lejano: pedían literalmente que la Ley de Talión, extraída del código Hammurabi, del siglo XVIII a.C., respete la igualdad de la mujer: que el valor de un “ojo” del hombre no sea equivalente a dos ojos de mujer o que en la lapidación, ella también sea enterrada hasta la cintura como el hombre que no hasta los pechos, para poder disfrutar de la enmienda que indulta al condenado que consiga liberarse por sus propios medios. ¿Liberarse ella con las manos atadas y enterradas? ¡Aterrador el castigo y mezquina la propuesta de reforma, teniendo en cuenta que los iraníes del siglo XX desconocían este castigo, por lo que podían exigir directamente la abolición de la pena de muerte.

Ignoraron la pluralidad de la población femenina, excluyendo a millones de mujeres iraníes y del mundo, que no fuesen practicantes de su credo. Apoyaban la teocracia, que no el sistema del gobierno por y para el pueblo. Que pidiesen los mismos derechos que el hombre en unos sistemas dirigidos por una élite (como en Arabia Saudi) donde los derechos de los varones como ciudadanos tampoco son respetados tiene poca gracia.

El enfoque anticientífico de su doctrina creacionista justifica la razón de la existencia de la mujer al servicio de la “quietud del hombre” (Corán, 30:21) o “para que Adán no esté solo” (Génesis II: 18 y 22). Principio para justificar la supeditación sagrada de ella a él.

Sus tesis no eran debatibles por irracionales en unos momentos que el feminismo discute la teoría de Judith Butler de que hasta el sexo y la sexualidad pueden ser construcciones sociales que no naturales. Aun hoy, ellas se oponen a que una niña, a partir de los 7-8 años haga lo mismo que los niños de su edad: bailar, cantar, soltar una carcajada, hacer el tonto, etc. impidiendo que teja su identidad; le fuerzan para que empiece a vigilar su sexualidad, centrada además en su virginidad, su principal tesoro. Su cuerpo, al igual que su alma, dejará de cobijar sus propias ilusiones y deseos para ser rellenado con los deseos de sus vigilantes. Esta lucha contra su cuerpo, para que desde esta sutil alienación guste a otros, le perseguirá toda su vida, como la culminación de una sumisión glorificada de los dominados.

Al no dar la importancia la velo (por “no ser problema de la mujer”), ocultaron la profunda relación simbólica que existe entre el poder y la vestimenta ¿Quién lleva los pantalones en tu casa, en tu país? es una pregunta sabia y reveladora.

No criticaron las religiones como sistemas totalitarios que no deja ningún espacio a la libertad de la persona, ni siquiera del pensamiento; guardaron el silencio ante ideas que consideran a la mujer botín de la guerra (en una zona azotada por conflictos bélicos), mantienen el concepto de “esclavo” y también “esclava sexual” (concubina) a quienes se puede vender y comprar.

No tratan los derechos de las personas a la sexualidad libre, ni por ende, se posicionan frente al asesinato de mujeres y hombres por tener relaciones homosexuales o fuera del matrimonio.

Portavoces de las clases media y alta, nunca trataron con la pobreza y la exclusión económica de decenas de millones de mujeres en los países musulmanes. ¿Repartir limosna es lo mismo que la justicia social? La “feminización de la pobreza” significa que el 75% de los 1.300 millones de personas del mundo que viven bajo la umbral de la pobreza sean mujeres, y eso no se debe a una nefasta distribución de los recursos, sino a la propiedad privada sobre las principales fuentes de producción: solo el 1% de las mujeres de África es propietaria de la tierra, y mientras producen el 80% de los alimentos, sufren hambre.

Las FI ni siquiera han tratado la “feminización de las víctimas de las guerras (70%), ni la militarización de la prostitución, ni han promovido un movimiento por la paz.

¿Y las mujeres prostituidas? Ni consejos morales ni una pensión acaba con la raíz del problema que es la cosificación de la mujer en un mercado donde ella es un objeto sexual. ¿Qué se tape bien para dejar de serlo? El velo lo único que transmite a un hombre es justo esta función: ve una mujer, como proveedora de confort sexual y de hijos, y ve su velo, señal de su pudor: su acceso a ella será exclusivo, le será fiel, y eso es todo lo que quiere: sexo, vástagos y seguridad.

Este conjunto de hechos e ideologías son causantes de que en los países del área islámica, solo el 17% de las mujeres reciban un sueldo (mísero) para los trabajos que realizan. Privar a la sociedad de su aportación es el principal motivo del subdesarrollo de la mayoría de dichos Estados, muy por encima del colonialismo destructor.

El movimiento horizontal de la mujer

Aun así, en Irán las líderes del FI fueron detenidas, dejando el paso a una insólita experiencia: el movimiento horizontal y espontáneo de millones de mujeres que empezaron por resistir a las molestos controles del velo por los antidisturbios del “moral”, por “quejarse en público” en pequeños grupos de mujeres mayores (más inmunes a ser arrestadas),y desde un “sororidad” automática, no solo han conseguido alguna libertad en cuanto a la vestimenta, sino fundar decenas de ONGes – en defensa de los derechos de infancia, de los ancianos, por “el ecofeminismo” o los derechos de los animales, etc., llegando a conseguir la inclusión de estudios de género en algunas universidades, o recuperar parte de la Ley de familia de la década de los 1970, o la celebración del marzo, después de 30 años de prohibición.

Hoy, y en este Irán, donde una de cada tres mujeres entre 27 y 34 años vive sola y sin hijos -¡provocando una crisis poblacional!-, y que los divorcios ya superan las bodas, las FI no tienen nada que hacer: 12 directoras del cine de nivel internacional, 46 editoras que han publicado unos 700 títulos de libros firmadas por mujeres, escritoras o traductoras, mujeres alpinistas que conquistan picos del mundo, etc.

Pero el fin del FI en la tierra donde nació no ha impedido que en occidente lo presenten como panacea de la liberación de la mujer del “Tercer Mundo” musulmán, al tiempo que sus gobiernos respaldan a los fundamentalistas como Hermanos Musulmanes, gastando un ingente dinero en celebrar seminarios y conferencias para mantener la religión en la escena y expulsar el laicismo: recuerden que ninguna religión del mundo es post-patriarcal.


El Tío Pentágono

www.rebelion.org/170315

Introducción de Tom Engelhardt

Se trata de un edificio de cuya verdadera magnitud casi no tenemos idea; su construcción empezó en septiembre de 1941. Con sus 612.500 metros cuadrados, era la mayor construcción de Estados Unidos hasta que en 1973 fue desplazada de ese primer puesto por el World Trade Center –una posición que recuperó, a pesar del vuelo 77 de American Airlines el 11 de septiembre de 2001. Tiene cinco fachadas, cinco plantas (y dos plantas de sótanos) y 28 kilómetros de pasillos. 

Es difícil incluso asimilar lo enorme que es el Pentágono. James Carroll, columnista del Boston Globe lo describe vividamente en su monumental libro House of War, tal como él lo percibió en los cincuenta del siglo pasado, cuando era niño (su padre, un general de la fuerza aérea, fue el primer director de la agencia de inteligencia de la defensa; para el niño, el Pentágono era su lugar de juego).

“Había 18 comedores en los que cada día se servía 60.000 comidas. Dos peluquerías, una farmacia, una clínica de vacunación y cinco “barras para beber”, cada una de ellas con más asientos giratorios de los que un niño podía mantener girando. Había 600 fuentes de agua para beber; yo bebí en la mayor parte de ellas. Una sala de relojes tenía la hora exacta de todos los jugares del mundo, incluso Moscú.

Hombres adultos se movían con unas bicicletas de tres ruedas con cestas; eran mensajeros con sus timbres sonando ruidosamente ¡para abrirse camino con sus secretos! En los rincones, había descoloridas banderas en su asta con colgantes cintas. En las paredes habían colgado pinturas con aviones militares y caballos, tanques y tiradores con su fusil. Partenón, Panteón... no recuerdo bien las palabras. Digamos Paraíso. Era todo lo que podía desear un chaval de 10 años”.

Hoy día, 23.000 personas –civiles y militares– (como también otras 3.000 del “personal de apoyo no asignado a la defensa”) trabajan en ese edificio. Pensad en ese elenco de 26.000 actores de esta manera: el total es mayor que todo el personal militar de, entre otros países, Burundi, la Republica Checa, Dinamarca, Finlandia, Ghana, Hungría, Kenya, Nueva Zelanda, Noruega, Paraguay, Uruguay y Zambia. Y, por supuesto, el Pentágono está a la cabeza de una “base mundial” (como Chalmers Johnson la llamó una vez) cuyo tamaño y ámbito no tiene precedentes en la historia, y preside un estado de guerra, incluso un estado de guerra permanente, de un modo que debería –pero no lo hace– dejarnos pasmados a todos.

El Pentágono se ha convertido en una “parte integrante” o un “dato conocido” de nuestro mundo estadounidense, dado que alrededor de él se ha desarrollado lo que, desde la despedida del presidente Dwight Eisenhower en 1961, ha sido conocido como el complejo militar-industrial.

Aun así, aparte de algunos momentos de excepción, somos pocos los que sabemos que el Pentágono ha sido objeto de –y lugar de– casi continua protesta desde los sesenta del siglo XX. Frida Berrigan creció en el corazón mismo de esa incesante protesta y de una modesta comunidad de activistas sobre todo religiosos que, tanto dentro como fuera de la cárcel, se mantiene viva (y aún hoy continúa con su interminable protesta contra nuestro estado de guerra).

Ese pequeño grupo –sus padres y otras personas– nunca ha dejado de estar tras los pasos del mundo belicista del Pentágono y lo que este mundo representa para este país y el mundo entero (incluso cuando el resto de los estadounidenses lo hacen). Berrigan escribió una sorprendente monografía de ese mundo, It Runs in the Family: On Being Raised by Radicals and Growing into Rebellious Motherhood. Hoy, de un modo particularmente vívido, nos sumerge en su infancia de testigo de unas guerras al estilo estadounidense.

* * *

Creciendo a la sombra del estado de guerra estadounidense

El Pentágono estaba tan presente en mi infancia que parecía un miembro más de mi familia. Algo así como un tío amenazador que repartía desaires y collejas para que aprendiéramos la lección o una abuela rica y desdeñosa enseñándonos decoro y buenas maneras.

Fuera cual fuera el caso, nuestras vacaciones giraban alrededor de las visitas a los enormes jardines del Pentágono. Allí íbamos en Pascua y en Navidad, incluso en las vacaciones de verano (para recordar los aniversarios de las bombas de Hiroshima y Nagasaky). Cuando éramos pequeños, mi hermano, mi hermana y yo llorábamos llenos de pavor en cuanto veíamos el edificio desde el puente que cruzaba el río Potomac. Para nosotros, el edificio palpitaba con maldad como si nos recibiera con una ominosa banda de sonido extraída de Star Wars.

Me crié en Baltimore, en Casa Jonah, una comunidad radical cristiana integrada por personas comprometidas con la resistencia no violenta a la guerra y la cultura nuclear. Fue fundada por mis padres, Phil Berrigan y Liz McAlister. Ellos adquirieron renombre internacional como activistas pacifistas por la paz que no temían dañar propiedades ni pasar largas temporadas en la cárcel. Los Cuatro de Baltimore, los Nueve de Catonsville, los Ocho del Arado, los Siete Griffiss; estas fueron acciones contra la guerra de Vietnam y contra la bomba atómica que mis padres ayudaron a planificar y en las que participaron, y alguna vez les llevaron a la cárcel.

También se trataba de conspiraciones creativas que tenían la intención de cuestionar nuestra responsabilidad personal en relación con nuestro mundo, del mismo modo que la función de la conciencia frente a él. Además, eran exploraciones relacionadas con la forma de ser eficaces y no violentos en oposición al despilfarro de la guerra. Esas acciones atrajeron mucho la atención mediática y a multitud de adherentes, pero entre una y otra acción siempre volvíamos al Pentágono.

Nuestra mente infantil quedó marcada por las horribles imágenes de guerra de los viejos documentales sobre Hiroshima y Nagasaky y otros más llegados de Vietnam, primero, y de El Salvador y Guatemala, después. El origen de todos ellos parecía ser un único lugar, aquel imponente edificio de cinco fachadas que dominaba el Potomac y estaba rodeado de parques, prados, rumorosas zonas arboladas y senderos.


Pelo quemado y biberones llenos de sangre

En muchos aspectos, me crié en el Pentágono. Nuestra familia nunca se sentaba para una foto formal. Nunca hacíamos instantáneas en las fiestas o comidas campestres o en vacaciones. Pero sí tenemos álbumes de fotos llenas de imágenes tomadas en el Pentágono cuando protestábamos allí año tras año.

En una de mis fotos favoritas de cuando era bebé, estoy bajando una escalinata con un biberón en una mano y con la otra aferrando con fuerza la mano de mi adulta preferida, Rosemarie Maguire. Al fondo se ven las columnas de la River Entrance. Creo que fue en 1976. Mi hermano descansa en el cochecito que se ve más atrás, junto a mi madre y unos amigos. Podríamos haber estado en cualquier otro sitio pero, por supuesto, no estábamos. Estábamos en el Pentágono, y nuestra protesta ya había acabado o estaba a punto de comenzar.

Cuando después de Vietnam el presidente Gerald Ford solicitó una asignación presupuestaria de 105.000 millones de dólares para el Pentágono, estaba pidiendo un incremento del gasto militar de un 15 por ciento. La capacidad nuclear de Estados Unidos, que ya era enorme, habría de aumentar aún más; al mismo tiempo, también aumentarían las fuerzas convencionales. Sin embargo, el Congreso, después de debatir, recortó el aumento pedido a la mitad.

Para los adultos que protestaban en ese momento, esas sumas eran abrumadoras, sin embargo, hechos los ajustes por la inflación, hoy en día parecen casi modestas. Cerca de 30 años después, el presidente Barack Obama está solicitando 534.000 millones de dólares para el Pentágono y otros 50.900 millones para continuar las operaciones militares que están en curso en Afganistán, Iraq y Siria. Y este dinero no incluye los más de 12.000 millones necesarios para mantener y reforzar las fuerzas nucleares de EEUU; la mayor parte de los cuales están escondidos en el presupuesto del Departamento de Energía de EEUU, en un momento en el que Washington se ha comprometido en una mejora de esas fuerzas que durará varias décadas y costará un billón [un millón de millones] de dólares.

En una instantánea de ocho o nueve años más tarde aparezco arrodillada detrás de mi hermana pequeña, que entonces era una irresistible y guapa criatura de dos o tres años. Yo estoy ayudándola a entregar panfletos a los empleados del Pentágono que llegaban a trabajar. Una mujer coge un volante mientras un grupo de amigos adultos sostiene una pancarta en la que se lee “La fidelidad al pacto significa desarme”.

Nuestra casa está llena de pancartas como esa, pintadas con letras mayúsculas sobre sábanas. Ese año sería 1983 y en ese momento el Reloj del Juicio Final de los científicos atómicos se detuvo a tres minutos de la Medianoche Nuclear. El secretario de defensa era Caspar Weinberger; por supuesto, su despacho era el Pentágono, y él ya se había ganado el mote de “El jefe del cucharón”, por sus esfuerzos para aumentar el gasto en armas nucleares como el misil MX y la futurista y fantasiosa defensa de armas anti-misiles propia de la “Guerra de la Galaxias”.

En la foto, yo llevo una cazadora tejana que me gustaba mucho aunque fuera un harapo –la llevaba sin que me importara el tiempo que hacía– y una lamentable cinta con moña. Los empleados del Pentágono rechazaban sin dudarlo los volantes que yo les ofrecía pero aceptaban los de mi hermanita con una sonrisa. Es muy posible que no los leyeran pero dejar ese panfleto en sus manos nos parecía cierta medida del éxito.

Cuando tenía ocho años, 75 personas de nuestra comunidad fueron detenidas por bloquear las entradas del Pentágono. Mientras tanto, unas pocas personas remolcaron una camioneta averiada hasta su sitio de protesta, la inutilizaron completamente y la dejaron allí con el rótulo “ÚLTIMO RECURSO” en grandes mayúsculas pintadas con spray en el costado. “En Houston, los trabajadores de la industria automotriz están durmiendo en su coche”, le dijo a UPI John Shields, uno de los líderes de la protesta. “Nosotros estamos conectando el problema de la falta de vivienda y la escasez de puestos de trabajo debido a la locura de la carrera armamentística.”

En otra foto, tomada en abril de 1985, estoy bajando los peldaños de la escalinata de la River Entrance. Tengo 11 años y estoy empapada y haciendo una mueca. Recuerdo bien ese momento. Estoy ronca después de haber gritado “¡No podéis lavar la sangre!”, mientras un equipo de mantenimiento trata de limpiar una de las imponentes columnas del Pentágono. Lo consiguieron y efectivamente quitaron toda la sangre. A la distancia se ven las mangueras y las columnas están limpias.

Extraído de las venas de mis padres y sus amigos, aquel líquido rojo y oscuro era un poderoso símbolo que tenía la intención de marcar el edificio con el resultado final de la guerra. Mis padres tenían la esperanza de que esas manchas recordaran a quienes entraban el significado real de su trabajo, y qué se escondía detrás y más allá de las inmaculadas oficinas en las que trabajaban y los fantásticos trajes o uniformes que llevaban.

En ese tiempo, el Pentágono estaba metido en una feroz pelea con la CIA y la Casa Blanca sobre lo acertado o no de intercambiar armas por rehenes con Irán y entregar o no dinero a los mercenarios respaldados por EEUU que estaban combatiendo una sangrienta guerra en Nicaragua contra campesinos, catequistas y comunistas que querían una reforma agraria, educación y democracia.

Lanzada con biberones, salpicada lo más alto posible en el poroso mármol blanco, la sangre era difícil de quitar. Los trabajadores de mantenimiento trabajaban con ahínco alrededor de nosotros y trataban de no mojarnos. De tanto en tanto, la policía nos apartaba pero nosotros no tardábamos en volver saltando sobre la espuma y los charcos de agua rosada.

Chorros de arena, agua a presión, espátulas: todo se intentó para quitar esas manchas. Con los años, las columnas se erosionaron perceptiblemente; en esta modesta medida, tuvimos nuestro éxito. Estábamos cambiando el Pentágono, molécula a molécula. Ha sido un trabajo arduo, sin embargo quizá más fácil que cambiar el corazón y la mente de los hombres y las mujeres que pasaban junto a esos charcos de sangre para entrar en ese edificio de suelos tan brillantes.

Todos esos años manifestando en el “Ministerio de Guerra” –a mis padres les gustaba llamarlo con el antiguo nombre de los tiempos de la Segunda Guerra Mundial–, tantas horas dedicadas a alegar, a arengar, a implorar, a condenar, a solicitar y a enfrentar, se desarrolló un forzado decoro alrededor de nuestras acciones. Es cierto, tienes razón, el Día de Hiroshima.

Nosotros éramos el recordatorio, el pellizco en la conciencia, el costo menor de hacer negocios. Nos aborrecían pero también nos toleraban, nos daban la bienvenida como si fuéramos un complemento o un desafío. Ahora, recordando aquellos tiempos, parece algo increíble que “ellos” nos dejaran estar allí, año tras año. Quizás apreciaran nuestra creatividad. Hay una cosa indiscutible: nosotros sabíamos montar un espectáculo.

A finales de los ochenta unas cuantas mujeres se cortaron el pelo a cero y lo quemaron en la escalinata del Pentágono. Llenaron unos sacos de arpillera con su pelo y después se pusieron de rodillas en señal de duelo por las víctimas de la guerra; puedo aseguraros que el pelo cuando arde huele igual que la muerte, que la guerra, que el terror. Es posible que sea el olor más horrible del mundo.

En ese momento, yo era una adolescente enamorada de mi largo pelo y me aferraba a él con fuerza; como mujer, admiré a esas mujeres que se habían rapado (mi madre lo llevaba tan corto que cortárselo a cero no fue un drama para ella). Más tarde, yo veía con asombro esas cabezas rapadas y reí cuando una de las mujeres quiso reducir el daño con una pequeña tijera y un peine. El hedor de su testimonio se me quedó atragantado e impregnó mi chaqueta durante el resto del invierno. “Este es el olor del Pentágono”, me decía cada vez que pensaba meter mi chaqueta en el lavarropas. “Es bueno recordarlo.”

En las primeras horas de una mañana durante la breve y devastadora primera guerra del Golfo de 1991 –¿quién recuerda hoy “la autopista de la muerte”?– bloqueamos las carreteras de acceso al Pentágono con montones de trozos de hormigón con sus barras de refuerzo. Un puñado de personas con pancartas que señalaban los montones como los “escombros de Bagdad”. La policía les detuvo pero tuvo que dejarles en libertad porque no consiguió un solo testigo que les hubiese visto arrojar allí todo ese material. Incluso un oficial de policía le dijo a mi madre que conseguirían “¡un premio de la Academia [el Oscar] por esta [acción]! ¡Es la mejor de cuantas habéis hecho!
En otra fotografía, yo tendría unos 18 años, estoy en lo más alto de la escalinata de River Entrance junto a mi hermano y otro amigo. Sostenemos una pancarta en la que en parte se lee “RECORDAMOS, RECORDAMOS”. Estoy con los ojos entrecerrados en la luz de la primera mañana y tengo una mano en el pecho. Y recuerdo muy bien, después de todos estos años, mi sensación de pavor. Miro la foto, y sé que mi alma juvenil apenas respira y mi corazón late rápidamente bajo mi mano, y que tengo miedo. Todavía lo siento.

La protesta es contra un Pentágono que está en todas partes

Nuestro testimonio no era en solitario como sí lo fue el que aquel cuáquero de Baltimore, Norman Morrison, que en noviembre de 1965 se prendió fuego bajo la ventana del despacho del secretario de defensa Robert McNamara para protestar contra la guerra de Vietnam. Morrison, activista por la paz, y su esposa Ann se negaban a pagar unos impuestos que financiaban la guerra. Él estaba buscando la forma de acabar con esa nefasta guerra. Morrison murió como consecuencia de su acción.

Durante la guerra de Vietnam hubo también manifestaciones multitudinarias. En octubre de 1967 hubo una enorme y militante manifestación ante el Pentágono que reunió a 50.000 personas. La demostración incluyó un elemento entre absurdo y místico: un ritual hippie de exorcismo y transformación para hacer levitar el Pentágono.

Nosotros no reuníamos grandes multitudes, pero éramos persistentes y previsibles. Año tras año, mi familia y la comunidad compensaron su modesta presencia con el hecho de ser el más fiel y regular de los visitantes, dispuestos a correr el riesgo de ir a prisión en aras de un espectáculo no violento y un testimonio contra la guerra. Y aún estamos ahí. Cada lunes por la mañana, al romper el alba, un puñado de amigos desafía el frío (o el calor) y hace un largo viaje para plantarse con sus pancartas dentro del espacio vallado llamado “zona de libertad de palabra”.

Pero cuando se trata del estado de guerra, estamos en otra era más estricta y represiva. Los panfletos ya no están permitidos, tampoco las fotografías. Cualquier actividad o demostración fuera del pequeño espacio vallado implica la inmediata detención, que a menudo ocurre sin la presencia mediática o de cualquier otra atención.

Desde el 11 de septiembre de 2001, la naturaleza misma de la guerra se ha modificado. En realidad, aparte del metafórico “global”, ya no hay un campo de batalla, tampoco ninguna clara delimitación entre civiles y combatientes. No hay una primera línea. Ahora, la guerra es total y ha adquirido una nueva dimensión: se lleva a cabo en el aire o en tierra, en ella intervienen seres humanos y robots, puede ser online o cibernética.

En este cambio, la “huella” del Pentágono se ha ido transformando. Por supuesto, el vuelo 77 de American Airlines destruyó el 11-S uno de los lados del edificio y mató a 125 personas. Incluidas en los trabajos de reconstrucción, hubo una cantidad de mejoras en la seguridad; también se realizaron modificaciones físicas para que los visitantes –incluso los manifestantes– no pudieran llegar a ningún sitio sin atravesar una serie de registros y reconocimientos.

Al mismo tiempo, monstruosamente enorme como es, el Pentágono ya no es un espacio único, en edificio único. A su manera, en la era posterior al 11-S, el Pentágono y el complejo de empresas militares que le prestan servicio y se sirven de él se han diseminado por todo el norte del estado de Virginia. Es posible encontrar un mini-Pentágono en el departamento de Seguridad Interior y otro en el de Estado, por no hablar de los innumerables departamentos de policía de todo el país.

Mucho ha cambiado, pero el Reloj de Juicio Final está funcionando otra vez en su cuenta atrás desde los tres minutos hacia la Medianoche Nuclear y las guerras siguen ensangrentando el mundo en cada tic-tac. Han pasado unos años desde mi última visita al Tío Pentágono. Estoy bastante atrasada.

Frida Berrigan es autora de Runs in the Family: On Being Raised by Radicals and Growing into Rebellious Motherhood (OR Books, 2015). Es colaboradora regular de TomDispatch, escribe la columna Little Insurrections de WagingNonviolence.Org, participa en el equipo de la War Resisters League y en Witness Against Torture. Tiene tres hijos y vive en New London, Connecticut.


Diez propuestas aymaras de Evo Morales para el nuevo Baktún

Javier Bustillos Zamorano*
El 21 de diciembre de 2012 los indígenas aymaras y mayas celebraron el nacimiento de una nueva era civilizatoria. Los aymaras con el Pachakutik, que en su lengua significa reordenamiento de la vida, y los mayas zapatistas con una marcha silenciosa por el fin de un Baktún y el inicio de otro. El presidente boliviano Evo Morales —que en enero inició su tercer y último periodo— dio un discurso alusivo que fue desdeñado por la prensa occidental. En él habló de cómo debe ser el mundo en este nuevo tiempo. Son las 10 propuestas de la comunidad india boliviana para encaminarnos hacia el Vivir Bien. 

1. Refundar la democracia. No puede haber democracia si continúan las desigualdades, donde unos pocos se hacer ricos y se empobrecen las mayorías; no puede haber democracia si no se antepone  a los pobres, si no se atiende a los marginados y a los más necesitados. No hay democracia si no se transforma la política que se ha convertido en instrumento de lucro y no, como debería ser, en vocación de servicio. Refundar la democracia significa también refundar los estados, las repúblicas y los sistemas de gobierno dando sepultura a todas las formas de jerarquías, monarquías, oligarquías y anarquías del mercado y del capital. Refundar la democracia para que deje de ser instrumento de las transnacionales que se apropian de nuestros recursos naturales. Refundar la democracia significa que el pueblo, a través de sus organizaciones sociales y comunitarias, tome el poder político y construya nuevas formas de gobierno, estatales y plurinacionales, para que nos gobernemos bajo el concepto de mandar obedeciendo.

2. Menos mercantilización de las necesidades humanas y más derechos sociales. Frente a la inequidad provocada por el capitalismo y la política de mercado que privatizaron los servicios básicos y lucran con las necesidades, proponemos avanzar y consolidar el reconocimiento de la legislación internacional para que servicios básicos como el agua, la electricidad, las comunicaciones y el saneamiento sean considerados derechos humanos esenciales. Debemos nacionalizar estos servicios para que dejen de tener el valor económico que los hace inaccesibles.

3. Construir un nuevo ser humano integral, con valores alejados del individualismo, el materialismo y el consumismo. Un ser humano respetuoso de la naturaleza y solidario. Con ética y consciente de su responsabilidad histórica en la construcción de una sociedad más justa, más equitativa, armónica y sin pobreza. Un ser humano que luche junto a otros en contra de las actuales sociedades colonialistas, racistas y discriminadoras que marginan a las culturas milenarias de los procesos económicos y políticos despreciando su fuerza y energía cultural y espiritual.

4. En los países donde existan culturas y etnias diferentes, se instauren Estados Plurinacionales, donde prevalezca el respeto para todas y cada una de esas culturas o naciones; respeto a sus formas de gobierno, a sus cosmovisiones y estructuras económicas jurídicas y culturales.

5. Recuperar la soberanía de los recursos naturales. Los recursos naturales son nuestros y están para el beneficio colectivo, no para el lucro de empresas transnacionales. La propiedad de estos recursos debe estar en manos del Estado, para que sea éste quien establezca un manejo integral y sustentable de sus componentes. Los recursos naturales son fuentes de vida y como tales deben ser defendidos, pues la madre tierra también tiene derechos que deben ser respetados. La naturaleza no debe ser sobreexplotada irresponsablemente, pues ella puede vivir sin los seres humanos, pero los seres humanos no podrían vivir sin la naturaleza. Debemos exigir que los países responsables del calentamiento global cumplan su responsabilidad histórica de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, tal y como se comprometieron en acuerdos internacionales que hasta ahora no han cumplido.

6. Promover la seguridad alimentaria, con alimentos sanos y rechazando los productos dañinos. La alimentación es parte fundamental de la vida, por lo que debemos saber cómo alimentarnos sanamente para Vivir Bien. Debemos recuperar los saberes alimenticios y tecnologías productivas comunitarias, donde los alimentos son medicina y parte de nuestra identidad cultural. Cada país debe garantizar los alimentos básicos que consume su población, a través del fortalecimiento de los sistemas productivos, sociales, políticos y ecológicos de los productores rurales. Incentivar la agricultura familiar comunitaria.

7. Entre los pueblos del mundo, conformar coaliciones y alianzas poderosas para suscribir tratados de la vida y no tratados de libre comercio que sólo buscan mercantilizar las necesidades humanas y la privatización y saqueo de los recursos naturales. Nuestros pueblos ancestrales vivieron integrados en culturas, comercio, en solidaridad y redes de colaboración; debemos recuperar esa filosofía de vida para construir acuerdos de integración efectiva que nos permitan compartir conocimientos, tecnología, provisión de recursos financieros, energía, producción de alimentos, salud y educación, entre otros. Avanzar en el hermanamiento de los pueblos del sur con los pueblos del norte para construir juntos el horizonte civilizatorio de vivir bien en armonía  y equilibrio con la madre tierra.

8. Romper la dependencia tecnológica y científica, desarrollando tecnologías y ciencias propias que converjan con los conocimientos, saberes y técnicas ancestrales; unir esas tecnologías milenarias con las modernas. El conocimiento y tecnología son instrumentos fundamentales para el desarrollo integral de un país, pero las potencias del norte protegen con egoísmo sus patentes y licencias a las que sólo tenemos acceso si nos sometemos a sus mercados.

9. Frente a la política imperialista e intervencionista de organizaciones internacionales como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) buscar la construcción de una Organización Mundial de los Pobres; una Organización Mundial de la Justicia, una Organización Mundial de la Madre Tierra, para que los pueblos vivan con dignidad y soberanía; sin intervencionismos y sin bases militares extranjeras. Liberarnos de las ataduras ideológicas y políticas de los organismos mundiales financieros como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y de sus satélites neoliberales que destruyen nuestras instituciones.

10. Configurar un  nuevo orden económico y financiero internacional, basado en los principios de equidad, soberanía nacional, intereses comunes y armonía con la naturaleza. Un nuevo orden que promueva la cooperación y solidaridad entre los estados y pueblos; un nuevo orden que esté orientado a cambiar patrones de producción y consumo no sustentable; que disminuya la brecha entre ricos y pobres, entre  países desarrollados y los en vías de desarrollo. El desarrollo económico no debe estar orientado al mercado, al capital y a la ganancia inescrupulosa; debe ser integral y estar orientado a la felicidad de la gente, a la armonía y equilibrio con la madre tierra. Por ello, los países en desarrollo debemos crear nuestros propios instrumentos financieros; no podemos seguir dependiendo de los donativos y préstamos condicionados del sistema financiero colonial capitalista. Debemos fortalecer los mercados regionales con visión solidaria y complementaria para sustituir las políticas de competitividad egoísta. Sólo así construiremos un horizonte civilizatorio para que todos juntos finalmente podamos Vivir Bien.
*Periodista boliviano