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EL NUEVO GOBIERNO PREPARA LA REPRESIÓN CONTRA EL PUEBLO

SENAFRONT EN LAS CALLES:
EL NUEVO GOBIERNO PREPARA LA REPRESIÓN CONTRA EL PUEBLO

José Ángel Garrido Pérez

Hace un par de semanas, el presidente electo de Panamá, Juan Carlos Varela, anunció que alrededor de mil unidades del Servicio Nacional de Fronteras de Panamá (SENAFRONT) y del Servicio de Protección Institucional (SPI) recibirían orden de patrullar las calles al instalarse su administración.

La medida ha sido recibida con beneplácito por buena parte de la población y por sectores de la “sociedad civil”, los cuales consideran que ello aumentará el nivel de seguridad en las calles, donde campea el delito.

Sin embargo, en primer lugar puede notarse que si los agentes de policía actualmente desplegados, con todo y haber recibido importantes ascensos y aumentos de sueldo, tener toda clase de trato preferente, equipos de alta sofisticación e incluso impunidad garantizada por el presidente de la República, no han sido capaces de detener la ola de crímenes que azota las ciudades,  entonces estamos ante un fracaso total del sistema de seguridad pública que debe recurrir a agentes con un tipo distinto de preparación para  tratar de componer la situación.

En efecto, los agentes del SPI están capacitados especialmente para la protección de la vida, honra y bienes de los altos personeros del Gobierno y de las instalaciones que estos administran, mientras que los del SENAFRONT, que tienen entrenamiento militar propiamente dicho, están especialmente preparados –se supone- para la guerra irregular.

Según el nuevo ministro de Seguridad, Rodolfo Aguilera, estos agentes, de todos modos, antes de especializarse reciben entrenamiento básico de policía, por lo que considera que están habilitados para realizar su trabajo como tales.

Hasta allí la apariencia se figura alentadora.  El pueblo panameño, optimista ante su nuevo presidente, es proclive a confiar en que traer de las fronteras a una parte de la gente que las cuida aumentará su tranquilidad.

Pero varias son las razones que nos impulsan a concluir que esto no es sino una vuelta más que se le da al tornillo de la represión contra el pueblo y que en ello se han entendido maliciosamente tanto el gobierno saliente como el entrante. Veamos los indicios:

1.       Durante el gobierno de Martín Torrijos se realizaron maniobras conjuntas de los servicios de seguridad panameños con unidades y equipos militares de Estados Unidos y otros países que han supuesto el enfrentamiento contra una insurrección popular, específicamente contra un alzamiento indígena.  En estas maniobras, el SENAFRONT tuvo participación destacada.

2.       Esta experiencia fue la que tomó en cuenta el gobierno de Ricardo Martinelli para enfrentar las protestas con ribetes insurreccionales a las que el pueblo panameño se abocó en Bocas del Toro (Changuinola), San Félix (Chiriquí-comarca Ngäbe-Buglé) y Colón.  En todas ellas, fueron las tropas de SENAFRONT las desplegadas para sofocarlas.

3.       En el empeño de reprimir, las tropas de SENAFRONT usaron, además de equipo antimotines, armas de fuego y equipo militar propiamente dicho. Su mal uso del equipo antimotines mató a varias personas y lisió de por vida a muchas otras, mientras que las armas de fuego también se apoderaron de vidas humanas.  Esto echa por tierra la idea de que su “entrenamiento básico de policía” es garantía de seguridad en la que se puede confiar.

4.       Las tropas de SENAFRONT fueron derrotadas por el pueblo en las protestas, las cuales solo cesaban cuando el presidente Ricardo Martinelli, ante la derrota y amenazado su dominio del poder, terminaba cediendo a las exigencias populares.  Por ello, es dable esperar que en ellas haya rencor que bien puede aflorar en cualquier circunstancia en la que alguien se resista a sus actos represivos o abusivos. Olvidémonos del “profesionalismo”, pues la impunidad a la que el gobierno saliente acostumbró a la Policía es plataforma para reacciones subjetivas y actos delincuenciales.

5.       La plataforma de la impunidad policial y de los agentes de SENAFRONT está alentada por varios factores:

5.1   Un marco legal que da impunidad a la Policía aprobado en 2010 por el gobierno de Ricardo Martinelli en que a la sazón participaba el presidente electo y su partido, el Panameñista, contra el cual luchó el pueblo en Bocas del Toro y cuya derogación no se pudo lograr.

5.2   Una ley que penaliza las protestas, también aprobada por el gobierno Martinelli-Varela.

5.3   Un sistema de escuchas telefónicas ilegales por parte de la Seguridad del Estado que se ha puesto en práctica profusamente durante el actual Gobierno, incluso desde tiempos en que Varela era parte activa en él.  Algunas grabaciones ilegalmente obtenidas han sido difundidas por esbirros del presidente Martinelli. No se ha oído hablar al presidente electo Varela de que vaya a eliminar este sistema ni menos de que vaya a eliminar esas prácticas.

5.4   Un ilegal e inconstitucional sistema represivo de alta tecnología llamado “Pelepolice” por el cual los agentes abordan a cualquier ciudadano y presumen su culpabilidad antes que su inocencia.  El nuevo presidente tampoco ha manifestado que lo vaya a eliminar o controlar.

De este modo, el gobierno saliente de Ricardo Martinelli deja a Juan Carlos Varela servida la mesa de la represión.  Este no tiene intenciones de cambiar ninguno de los cubiertos ni manjares de ese banquete. Es altamente probable que, durante su primer año, el nuevo gobierno mantenga una relación de aceptable cordialidad con el pueblo que lo eligió, habida cuenta de que, efectivamente, por ser su oferta electoral mucho más pequeña, es consciente de que le debe la victoria electoral y el pueblo organizado estará pendiente de que cumpla algunas de sus promesas más publicitadas. 

También es probable que, durante el segundo año, las discusiones sobre la constituyente tengan entretenido el ámbito político nacional y que las contradicciones que surjan ante la imposibilidad de satisfacer las necesidades del país sean diferidas u opacadas por esa circunstancia; pero como las contradicciones serán, finalmente, inevitables, dado que no habrá cambios sustanciales en las estructuras de dominio político, social y económico y las situaciones críticas aflorarán, es muy posible que para antes de  que termine ese período haya importantes iniciativas populares de resistencia política y social.

Para cuando ese tiempo llegue, las tropas de SENAFRONT y del SPI habrán hecho un importante trabajo de inteligencia en las calles, ya que sus unidades estarán más cerca del pueblo al que, arteramente, reprimirán cuando así les sea ordenado.  Igualmente, los mandos del SENAFRONT tendrán mayor agilidad y versatilidad en sus operaciones represivas, pues las tropas no tendrán que ser mandadas a buscar desde las fronteras, conocerán mejor las calles y los modos de actuar de sus gentes, tendrán mejor identificados a sus potenciales enemigos, habrán creado una red de “soplones” y estarán en condición de, por medio del miedo y la intimidación, aterrorizar a la ciudadanía y  desalentar cualquier movimiento social que reaccione a las decisiones y medidas impopulares que, inevitablemente, deberá tomar el gobierno habida cuenta de que no tiene intenciones de reformar ni corregir las fuentes de las contradicciones sistémicas, por más nueva constitución que promueva.

De eso precisamente se trata.  Tanto el gobierno saliente como el entrante defienden el mismo sistema que garantiza sus intereses de "casta", según el modelo que les ha dictado Washington y como muy probablemente le fue reafirmado a Varela en su conversación con el vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden. En tal defensa, recurrirán a los mecanismos represivos que han sido promovidos por ese país y coordinados con él.

De este modo, la ciudadanía en general, y las organizaciones populares en particular, deberemos estar preparados para prevenir, enfrentar y derrotar un esquema represivo  primorosamente preparado.  La élite de las fuerzas represivas de nuestro país será puesta en las calles para aplastar a quienes salgan a las calles.  Solo queda apercibirnos a tiempo de estas intenciones y diseñar la estrategia necesaria para confrontarlas