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Pablo Casado y la Hispanidad


José M. Castillo S.

Pablo Casado, el líder del PP, con motivo del pasado “Día de la Hispanidad”, hizo en Andalucía una declaración que ha dado pie para toda clase de comentarios. Casado dijo: “Se celebra el hito más importante de la humanidad. En mi opinión, solo comparable a la romanización. La Hispanidad es la etapa más brillante, no de España, sino del hombre… Porque nunca antes el hombre había conseguido trasladar la cultura, la historia, la religión, la historia de una nación, a tantos sitios a la vez”.

O sea, a juicio del señor Casado, el hecho que recordamos el día de la Hispanidad es el acontecimiento más importante en la historia de la humanidad, el hecho más brillante del hombre. Sinceramente, me he quedado de piedra al leer semejante afirmación. Porque no se trata de una exageración, sino de un disparate tan enorme, que no me explico cómo un político, que se supone buen conocedor del derecho internacional, de la ética política y del “Derecho de Gentes”, haya podido afirmar y enaltecer un despropósito tan burdo.

La brillante gesta del Día de la Hispanidad, lo que realmente recordamos es el acontecimiento más importante del colonialismo, la vergüenza de la invasión de lo ajeno y el consiguiente latrocinio de riquezas tan asombrosas, que fueron necesarias las bulas pontificias para poder constituirse en “ladrones heroicos”, que roban con la conciencia tranquila.

Mire, Sr. Casado, ¿Vd ha oído hablar de la teología de la “plenitudo potestatis” y de los mares de tinta que esa macabra teoría ha producido? Desde el papa Gregorio VII (s. XI) hasta Inocencio III (ss. XII-XIII), se legitimó la vergonzosa doctrina del poder ilimitado del papa. Una doctrina que les vino de perlas a las ambiciones de Europa para poder meterse a ladrones de gran escala. Y así, dedicarse a robar con buena conciencia.

Sin entrar en detalles, vamos a lo más elemental. El día 8 de enero de 1454, el papa Nicolás V firmó la bula “Romanus Pontifex”, por la que aquel Sumo Pontífice hizo donación de todos los reinos de África al rey de Portugal. Y, por si aquello era poco, el papa le concedió al monarca portugués que podía hacer esclavos suyos a todos los habitantes del continente africano (Bullarium Diplomatum et Privilegiorum Sanctorum Romanorum Pontificum, vol. V, 113 ss).

Hizo falta un documento tan solemne para poner en marcha la vergonzosa y atroz historia del colonialismo, de la venta de esclavos, del robo y del enriquecimiento a costa de los más desgraciados de este mundo. Pero hay más, porque la vergonzosa y extravagante donación, de Nicolás V al monarca portugués, fue ratificada por el “breve” “Dudum pro parte”, del papa León X (en 1516) y por la bula “Aequum reputamus”, de Pablo III (en 1534).

Pero la vergonzosa historia, que el Sr. Casado exalta a lo más grandioso que ha hecho la humanidad, no se detuvo con lo de Portugal y África. Ya, puestos a ocupar lo ajeno y a robar lo que es de otros, vamos adelante, se dijeron los monarcas de antaño. Y, en consecuencia, el papa Alejandro VI, en la bula “Inter caetera” (4 de mayo de 1493) le regalaba a la corona de España el oro, los aromas y otras muchísimas cosas preciosas, cosa que el papa hacía “con liberalidad, por ciencia cierta y en virtud de la plenitud de potestad apostólica que es nuestra” (“Bullarium…”, vol. V, 362).

Por supuesto, esta atrocidad –ya en el s. XVI– tuvo serios adversarios. El Sr. Casado, experto en Derecho Político, sabrá que Francisco de Vitoria, Roberto Belarmino y Francisco Suárez, por poner sólo algunos ejemplos, se opusieron a las generosidades pontificias que acabo de indicar. Por lo que Vitoria y Belarmino estuvieron, no pocos años, en el “Índice de Libros Prohibidos”.

¿No le vendría bien al Sr. Casado repasar sus sesudos estudios de Derecho Político (y completar sus estudios) para poder aspirar, con más y mejor equipaje intelectual, su necesaria capacitación para aspirar a gobernarnos?