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La ideología neoliberal del "emprendedurismo"






La ideología "emprendedurista"



El capitalismo también se sostiene, y es exitoso, en la medida en que los oprimidos asumen como propio las ideas y discursos de sus opresores. Dice Paulo Freire en Pedagogía del oprimido que es peligroso cuando “Hablan como ellos, actúan como ellos, piensan como ellos, desean lo mismo que sus opresores”.



Es así que en el discurso de la economía dominante se esté promoviendo la idea del "emprededurismo" como solución para aquella fuerza de trabajo que no es absorbida dentro del proceso de acumulación del capital, es decir, para el ejército laboral de reserva o la población desempleada. Bajo este discurso, se les motiva a que inicien con un negocio y que poco a poco irán escalando hasta convertirse en grandes empresarios. Se impone la ideología del individualismo y la competencia y como única fórmula "mágica" para ser "felices" la de ser un empresario capitalista.



La ideología neoliberal emprendedurista es funcional para seguir reproduciendo el sistema, materialmente y culturalmente. Materialmente porque, por un lado, por la misma lógica del capitalismo monopólico, estos "emprendimientos" terminan siendo expoliados [1] por el gran capital ya sea industrial, comercial o financiero. Y, además, en el plano de la consciencia, porque se reproduce una "falsa conciencia" del sujeto, de querer ser como el opresor. Es decir, lo que le interesa a la ideología neoliberal es que se vaya perdiendo el sentido de lo colectivo, de la organización, de la reciprocidad y solidaridad.



La base del proyecto neoliberal se vuelve entonces un proyecto de la individualización de todo. “Una economía hecha de trabajadores que se comportan como unidades-empresa, y no como grupos de asalariados, conlleva la generalización de la forma empresa. (…) una sociedad integrada bajo el principio rector de la forma empresa, que se infiltra en todas las relaciones sociales. También en la familia o en el Estado.” (Santos Ortega 2014; p.37). Hay, entonces, una colonización de los valores empresariales capitalistas en todos los ámbitos.

La falsa consciencia del sujeto



La ideología emprendedurista impone la idea de que el pobre es pobre porque no quiere ser un emprendedor, “si no emprendes, siempre serás un derrotado”. Incita a la competencia permanente, a ser un “triunfador”. Resalta como valores emprendedores, el talento, la innovación, el carisma, etc. Quien fracasa es porque no dispone de signos de éxito.



Esconde que en realidad quien "fracasa" es por el resultado directo de las relaciones de expoliación del capitalismo monopólico. Y se ocultan los procesos sociales que han posibilitado el “talento” del emprendedor. Es decir, el rico no es rico por sus cualidades de “talento” individual, sino porque su riqueza ha sido creada por las relaciones de explotación de la fuerza de trabajo dentro del proceso de trabajo, la cual crea un plusvalor que no es reconocido ni pagado; además por la invisibilización del aporte del trabajo no remunerado y del cuidado que realizan, en su mayoría, las mujeres, para reproducir la fuerza de trabajo y mantener la vida. El burgués posee riqueza porque niega, oprime y explota. Esa es su racionalidad.



No hay tal talento, lo que hay es explotación y dominación en las relaciones sociales de producción. Entonces con la ideología emprendedurista, el sujeto pasa de asalariado que vende su fuerza de trabajo en el mercado laboral a considerarse un trabajador como “empresario para sí” (Foucault 2007). Esa es la trampa, es decir, no hay un reconocimiento de su lugar de enunciación como sujeto oprimido, hay un ocultamiento. Una falsa consciencia. Y, por tanto, se niegan las posibilidades de emancipación del trabajo.



"Resignificar" el concepto de emprender



En el sentido de la deconstrucción y resignificación de las palabras, si queremos darle un nuevo significado al concepto de emprender, diremos que emprender sí pero no en competencia, sino en solidaridad. Como por ejemplo lo entiende la “Asociación Solidaria de Comunidades Emprendedoras en Red” (ASCER) en San Sebastián y San Lorenzo, San Vicente, ellos y ellas lo asimilan y resignifican con otra lógica, con otra mirada, con valores de solidaridad y empatía, de ir propiciando una nueva consciencia. Su misión es la de “Fomentar un cambio de actitud de los productores y productoras por medio de acciones colectivas justas y solidarias que generen una dinamización económica y productiva local en nuestros municipios”. (Plan de trabajo de ASCER)



Estas nuevas relaciones de producción, van creando una nueva consciencia del sujeto, una consciencia solidaria. La cual va entendiendo que es necesario disminuir poco a poco las relaciones de vinculación con las empresas capitalistas, y de potenciar, por el contrario, la articulación intra e inter sectorial del sector de la economía solidaria. Que es necesario ir realizando compras y ventas de manera asociada y coordinada, creando sus propios circuitos financieros solidarios (grupos de autoahorro, bancos comunales, etc) y de compartir conocimiento, saberes y tecnologías.



De esta manera se va creando otra relación con la realidad, se va creando una nueva consciencia del sujeto, ya no individualista y competitiva, sino una consciencia colectiva y solidaria. Ya lo he dicho en otras ocasiones y quiero repetir: es necesaria otra práctica, pero también otra discursividad frente al pensamiento único.



Notas:



[1] ¿Cómo se dan las relaciones de expoliación?: a) Los productores de la producción mercantil simple o de valores de uso al no poseer autonomía y capacidad de negociación frente al capitalista (ya sea industrial, comercial o financiero), aceptan un precio de compra inferior al valor de la mercancía o de sus costos de producción, porque, precisamente, no posee otra alternativa; y b) la lógica del capital le determina al productor mercantil cómo producir, de la misma forma modifica la jornada su trabajo y la intensidad de su trabajo. De esta manera se da la subsunción indirecta del trabajo al capital, es decir la expoliación, y la apropiación extraordinaria de valor de su trabajo. Ver: Montoya, Aquiles (1998). Economía crítica. UCA editores, San Salvador.