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Crisis y alternativas


Crisis y alternativas

 

Entrevista - Manuel Castells

www.cpal.com/161015

 

Manuel Castells parece más dispuesto que nunca a derivar, de sus teorías, salidas políticas. En las próximas semanas, lanzará la primera edición, en castellano, de “Redes de indignación y esperanza”, su nuevo libro. El autor de obras como la trilogía “La era de la información”, que ayudaron a descifrar tendencias de largo plazo de la sociedad y de la democracia contemporáneas, está convencido de que es necesario intervenir rápido, antes que ellas se pierdan.

 

Observador atento y colaborador activo de los “indignados” españoles, este sociólogo de proyección internacional acostumbra vaticinar que el cambio de mentalidades, desead por el movimiento, requiere tiempo.

 

Pero, ¿será posible esperar?

 

Castells también ha observado que la vieja democracia se cerró sobre sí misma, debido a dos factores principales. Una pequeña oligarquía, ligada a las finanzas, se enriquece gracias al Estado. Son los aplicadores en títulos públicos, cuyos rendimientos billonarios ya no están directamente ligados a la producción: dependen de gobernantes dispuestos a mantener tasas de intereses elevadas; a librar los bancos de control; a reprimir presupuestos estatales volcados a otras clases sociales – como la manutención de los servicios públicos, jubilaciones y programas redistributivos.


Y esta oligarquía, que tiene amplios recursos para patrocinar campañas electorales, abastecer la media tradicional y producir intensa acción de “lobby”, asociarse, en la mayor parte de los países, a una clase de “políticos profesionales” que tiende al autismo. Preocupados en conservar su poder, rechazan las múltiples oportunidades de democracia que las nuevas tecnologías ofrecen. Recurren con frecuencia a la violencia policial. Amenazan permanentemente a la propia libertad en internet.


En la red, como se sabe, Castells ve, hace mucho, la esperanza. Aquí, los ciudadanos están multiplicando las formas de producir colectivamente, cambiar sin hacerse dependientes de dinero, establecer redes de información recíproca. Esta inmensa red de nuevas relaciones democráticas y participativas no se extendió a las instituciones porque tal transposición no interesa ni a la oligarquía financiera, ni a los políticos profesionales.


Castells no se arriesga a prever el desastre de esta confrontación latente. Sabe que hay riesgos: si el sistema se mantiene hermético, los movimientos “se radicalizarán inevitablemente” – y eso tal vez incluya violencia, lo que puede hacer el juego a las clases dominantes.


Contra este y otros riesgos, Castells apuesta en el propio movimiento – y en una nueva ola de protestas posible. Gracias a la indignación, dice él, las sociedades comienzan a superar el miedo que las mantenían inertes. Ahora, para que no genere apenas rabia, esta indignación necesita convertirse en esperanzas y en alternativas. Es este desafío lo que el profesor catalán – expulsado de España por el franquismo y de Francia por ser considerado articulador de los movimientos de 1968 – parece estar dispuesto a encarar. A continuación, ofrecemos la edición de la entrevista que él concedió, el 17 de julio, a la red de TV internacional Rusia RT. (Antonio Martins, Outras Palabras.)


Usted acostumbra decir que el poder no está en la Casa Blanca, ni en los mercados financieros, pero sí en nuestro propio cerebro. ¿Por qué este es un secreto de las élites?


MC: Bien, es porque si ellos nos confesaran eso, perderían el poder. El poder real no es el poder de la policía o del ejército: estos son utilizados en último caso, cuando las cosas están muy mal para el interés de los poderosos. Lo más importante, si usted quiere tener poder sobre mí, es conseguir que yo piense de una forma que favorezca lo que usted quiere, o que me resigne. ¡Ahí está el poder! Por tanto, lo esencial es el poder que está en la mente, y la mente se organiza en función de redes de comunicación, redes neurológicas en nuestro cerebro, que están en contacto con las redes de comunicación en nuestro entorno. Quien controla la comunicación controla el cerebro y de esa forma controla el poder.


Movimientos como el Ocupa intentan apoderarse de las plazas y de las calles para decir que eso no funciona, quieren que el poder venga de las personas. Esa es una demanda que, para muchos, no tendrá ningún resultado en la política o en la economía. ¿Qué cree usted sobre eso?


MC: Depende de lo que usted entiende como resultado. Si usted quiere decir que de eso sale un partido poíítico, que gane las elecciones en los próximos dos años, no es posible tener saberlo, tener certeza. Todos esos movimientos cogen los frutos a largo plazo. El lema más difundido de los indignados y de las indignadas, es “vamos despacio, porque vamos lejos”. Vamos lejos ¿para dónde?  Si se produce un cambio en la mente de los ciudadanos, después de algún tiempo se convertirá en cambio social.

 

Los datos muestran que, en España, aproximadamente 70% de los ciudadanos concuerdan con las críticas de los indignados. La mayoría de los ciudadanos también piensa que no pudiera cambiar las cosas a corto plazo. ¿Las dos cosas son compatibles? Las personas piensan que el movimiento tiene razón, pero no tiene las herramientas.

 

Si es una gran mayoría, ¿por qué no hay transformaciones?


M C: No, porque no tienen a quién votar. El propio movimiento no quiso crear un partido, para no reproducir la vieja política. Existe un abismo tan grande, entre lo que sus integrantes piensan y el sistema político real, que no hay una expresión política capaz de representarlos. Por ejemplo, si el Partido Socialista hubiese sido capaz de pensar que un movimiento así pudiera revitalizarlo, hubiera un camino. Pero, los socialistas se envolvieron totalmente con la especulación financiera. Ellos aceptaron el Banco de España y fueron totalmente incapaces de avizorar el sistema financiero, porque eso no les interesaba. Hay una gran lista de motivos por los cuales los indignados desaprueban a los socialistas y los socialistas nunca hicieron nada para cambiar.

 

Las élites políticas de todos los países optaron por este rumbo. Piensan que no hay problemas, siguen con sus negocios, la única cosa que cuenta son los votos cada cuatro años, con una ley electoral que los grandes partidos hicieron para que sólo ellos mismos pudiesen ganar. En los Estados Unidos, si usted no es demócrata o republicano, no tiene ningún chance. Además, si usted no tiene mucho dinero, no puede ganar, simplemente. No se consigue votos, si no se compra la campaña con dinero. Las críticas, en todo el mundo, sugieren que este tipo de democracia no es suficiente.

 

En consecuencia, sobre esas reglas del juego, gastar toda la energía para hacer la política formal, es una operación sin sentido. Reproduce los viejos esquemas de los grupos de izquierda trotskistas, marxista-leninistas, de todos los tipos, que siempre estuvieron en las instituciones pero, que nunca llegaron a nada. O que intentaron la revolución armada –lo que ninguno quiere, porque es un movimiento claramente no-violento. Entonces, tiene que hacer otra cosa, y van por ese largo camino de la transformación de las conciencias, para que en algún momento los ciudadanos puedan tomar otras decisiones, y de ahí pudieran surgir nuevas fuerzas políticas.

 

¿Con otro cambio en el juego? ¿No es necesario cambiar las reglas?


MC: Uno de los grupos del movimiento español –porque no es el movimiento, pero sí una galaxia-- pidió que yo hiciera una propuesta de reforma de la ley electoral. Yo la hice, con un amigo especialista en ese tema. Es una propuesta de voto proporcional, de limitar el poder de los grandes partidos, hacer que, en el parlamento, las personas que no votan estén presentes –inclusive visualmente, no como representantes, pero con visualización. Si 30% de los ciudadanos no votan, esos 30% deben estar marcados, y las mayorías se deben constituir sobre el conjunto de ciudadanos, no solo sobre los que votaron.


Hay una serie de cosas que se pudiera obtener, pero hay, en las instituciones políticas y en los partidos, una enorme resistencia a ser realmente democráticos. Entre otras cosas, porque es un modo de vida, son profesionales de la política. En todos los países, la profesión que está abajo, en la lista de reputaciones, es la política. En Italia, incluyeron en un sondeo también a prostitutas y mafiosos, y ellos quedaron en una posición mejor que los políticos. Las personas alegaban: “por lo menos, estos dicen lo que hacen”.


Existe una crisis de confianza en todo el mundo en relación a la clase política. Si eso continúa, en algún momento se irán rompiendo las relaciones en la sociedad, y eso sería muy grave. En España, hay una situación relativamente calma y pacífica. Y suerte que, con 22% de desempleo y 48% entre los jóvenes, no haya muchos problemas en las calles. Este movimiento canaliza los debates y protestas, ofrece una esperanza, principalmente a los jóvenes, de que pueden comenzar a organizarse y vamos a ver lo que ocurre. Pero, si la situación continúa así, ese movimiento necesariamente se va a radicalizar.

 

¿Por qué las instituciones se separaran tanto de las personas? ¿Por qué el abismo se fue expandiendo?


MC: Primero, porque las élites financieras detienen el poder económico y montaron un sistema en el cual, en vez de prestar para producir, lo que hacen es vender dinero para crear dinero artificial y montar una pirámide en todo lo que es ficticio, a nivel global. Aumentaron artificialmente los precios de los inmuebles, de las acciones, y concedieron préstamos a las personas, inclusive sin que éstas lo quisieran. Tenían miedo y no entendían, porque el negocio era vender dinero, y préstamos, en cualquier condición. De forma totalmente irresponsable, desde el punto de vista de la economía, pero muy interesante para ellos, porque todos los grandes ejecutivos que ahora están dejando los bancos salen con indemnizaciones millonarias. Para ellos, todo funcionó muy bien.


¿Cuándo la justicia va a ganar, en estas reglas del juego que usted propone reconstruir?


MC: Cuando los ciudadanos tengan la capacidad de hacerlo. Si las personas pueden votar. Pero, primero, pueden hacerlo apenas cada cuatro años. Segundo, sobre reglas muy desiguales. Por eso, es muy complicado cambiar a través del voto.

 

La mayor parte de los políticos es gente más o menos honesta: no es verdad que sean todos corruptos. Pero, ¿cuál es el objetivo central de un político? Conservar el puesto. Ese es el aspecto más importante, porque, para la mayoría, es profesión. Si no hicieran eso, tendrían que trabajar como todo el mundo. Si mantienen poder, tendrán mejores cargos, hasta porque la mayoría no tienen nivel profesional muy alto.


Entonces, la clase política se reproduce. Para entrar en un partido, usted tiene que comenzar a entrar a uno de los grupos internos. Es todo un mundo cerrado en sí mismo, y ese mundo no tiene aire. La novedad es que, con la internet, se abrieron ventanas. Porque los políticos y banqueros, juntos, controlan los medios de comunicación. No controlan los periodistas, que por suerte son de la línea de resistencia, pero orientan a los propietarios de los medios de comunicación y, por tanto, sus líneas editoriales. En consecuencia, tenemos el control de los medios, de las finanzas (y, por tanto, de la economía), el control del estado a través de una clase política que se reproduce.

 

Fuera de eso, solo estaba la internet. Y fue justamente desde la internet que se construyeron redes de debates, redes de organización, redes de acción. Pero, para actuar sobre la sociedad, las personas tienen que salir, tienen que ir a las calles. Y cuando la internet, como espacio libre de comunicación, se combinó con la ocupación de los espacios públicos, transformados en ágoras, el juego comenzó a cambiar. Pero, el movimiento todavía no se traduce en grandes cambios en la política, porque el sistema está cerrado.


¿Cuán distante está el ciudadano de la realidad retratada en los medios de comunicación?


MC: Depende del aspecto. En España, los medios de comunicación repitieron millares de veces, durante dos años, las afirmaciones del presidente sobre el Banco Central, dijeron que los bancos nacionales eran los más seguros del mundo. Ningún medio contestó eso. O son bobos, no tiene capacidad de análisis, o cada vez que alguien serio intentaba hablar de eso, tenía un problema con la línea editorial.


El resultado es que los bancos españoles ya deben 250 billones de euros al Banco Central Europeo, y ahora dicen que van a coger más decenas de billones. La deuda, por tanto, es impagable, los bancos españoles están arruinados. Significaría decir a los ciudadanos que su dinero está en peligro, y no se sabe qué hacer. Hay el peligro de que el euro al mínimo se desvalorice, o hasta igualmente se acabe. El gobierno no puede aconsejar a los ciudadanos a que se deshagan de la moneda, mas debe tener disponible la información sobre lo que está sucediendo, y los medios de comunicación también deben hacer eso.


La internet abrió la ventana, los medios de comunicación tradicionales todavía tienen muchos lectores en la red. Los ciudadanos se pueden comunicar, pero no son figuras de referencia, comparables a las que aparecen en la midia. ¿Cómo podemos aprender a auto-informar?

 

MC: Usted tiene razón. Pero, comienzan a surgir salidas. Primero, las personas montan su propio periódico o medio de comunicación online. No leemos El País o El Mundo o La Vanguardia enteramente. Leemos un artículo aquí y otro allá, comparamos con otras fuentes de la prensa extranjera, oímos lo que nuestros amigos nos dicen. Hacemos un mosaico de informaciones, no somos prisioneros de un solo medio.


Pero, usted acostumbra decir que el lector, el ciudadano, busca reforzar lo que piensa, y no se informa por otras vías.

 

MC: Usted tiene razón. Lo que sabemos es que las personas buscan principalmente el refuerzo para sus opiniones, mas eso porque tienen poquísimas posibilidades de ser ciudadanas, de ser activas, se niegan a ser simples consumidoras pasivas. Pero, no están acostumbradas a abrir sus propias ventanas. Si su opción está entre los medios de comunicación que ya existen, la actitud probable es: “voy a ver o leer aquello de yo gusto más”.

 

Otra lógica se abre cuando las personas entran en un sentido más crítico, desconfían de los medios. Ahí comienza otra actitud, que es la wiki-información: yo informo a mis amigos, mis amigos me informan, vamos discutiendo, y así se organiza un gran debate en la internet, del cual salen cosas. En función de ese espíritu crítico en la red, se examina lo que los diferentes medios están diciendo. Y ese espíritu crítico reconstruye todos los mecanismos de información, que pasan a seguir un nuevo flujo --de muchos para muchos– al revés de todos reciben un mensaje con muy pocos emisores.


Usted dice que vivimos en la sociedad de la información, pero estamos desinformados, con una educación muy pobre y, además de eso, tenemos miedo -- una herramienta fundamental en todo ese mecanismo. ¿Cómo funciona el miedo, para que las reglas del juego no muden y para que las mismas personas sigan dirigiendo las estructuras de poder?


MC: En primer lugar, la educación es pobre pero, comparando históricamente, estamos mejor formados que antes. Si hay una variable que se repite, en todos los nuevos movimientos del mundo, es el hecho de que fueron constituidos por gente bien formada. Eso no quiere decir que ganan más dinero. El activista típico es el profesional recién-graduado, o de unos 30 años, con un trabajo muy precario o desempleado. Esas personas pueden pasar a tener una actitud más crítica, apostando a un cambio de mentalidad.


Por ejemplo, los derechos de la mujer. Hace cuarenta años, ningún partido mayoritario hablaba sobre de ellos como tema principal. Hoy, si no hablan de eso, tienen un problema. Hace treinta años la idea de desarrollo sustentable, de que es necesario defender un modelo ecológico, de que es preciso integrar la naturaleza a la cultura y no al consumo, todo eso era cosa de gente radical, ningún partido serio colocaba eso en su programa. Hoy, necesitan pintarse de verde, por lo menos un poco, porque si no lo hacen, son rechazados.


Muchas ideas no son de un partido o de un líder, son formas de concebir nuestra vida en sociedad. Esos grandes cambios en la mentalidad demoran. Precisan de tiempo, de debates, de ir más allá de los líderes.

 

Dentro de esos derechos, ahora entra el tema de la internet libre. Se está convirtiendo en un punto esencial, cómo fue el desarrollo sustentable, los derechos de la mujer.


MC: Usted tiene mucha razón. En este momento, defender la libertad en la internet es la base para defender la libertad, en todos los sentidos. Como los poderes establecidos cada vez más desconfían de la internet, la odian. Si pudiesen acabar con ella, lo harían.

 

Pero, no es tan fácil. Existen tantas amenazas a la libertad en la internet que los jóvenes están creando una serie de partidos y de movimientos. Van creando muchos problemas a los que intentan restringir la libertad. Poco a poco, el viejo sistema se está consolidando en partidos de derecha y de izquierda que se ponen contra lo esencial, que resisten las nuevas formas de representación democrática.

 

De ahí, dos cosas que pueden suceder: o ellos realmente se abren y aceptan redefinir el juego democrático, o no se abren y esa es una perspectiva muy pesimista. No creo en las revoluciones violentas, pero creo en situaciones de tensión, que se van multiplicando, y en una situación de catástrofe económica y de no-representatividad política, con las personas conscientes y críticas y un sistema cada vez más presionado, que se comienza a defender.


¿Usted tiene esperanza?


MC: Siempre --porque solo los movimientos dan, tienen esperanza. Mi nuevo libro, que será publicado en breve, se llama Redes de indignación y esperanza: son los dos sentimientos que existen en el movimiento. La indignación fue fundamental para superar el miedo, porque el miedo es la emoción que todas las sociedades se imponen para no cambiar nada. Las personas tienen miedo de que, si hicieran algo que no está dentro de las normas del sistema, en lo mínimo pierden el empleo. ¿Cómo se supera el miedo? Las propias experiencias neuro-científicas muestran que es con la indignación. Cuando se siente muy indignado, a usted no le importa lo que puede suceder. Eso ya se dio.

 

Si no se transforma en un sentimiento positivo, si la indignación es pura rabia, eso lleva a un enfrentamiento. ¿Cuál es el sentimiento positivo? La esperanza. La esperanza de que algo se va a mudar. ¿Cómo se construye la esperanza? Cuando las personas se juntan. Por eso, el lema en España es: “juntos, podemos”. Y la idea de que yo no puedo, y que usted no puede, pero muchos juntos, sí, podemos. La vitalidad de ese movimiento no es que apenas está en función de la internet, la vitalidad es necesaria para poder seguir haciendo algo aparentemente imposible, que es reconstruir la democracia a partir de los ciudadanos.