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Guatemala: la mafia en el poder

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En 1998, el Obispo Juan Gerardi fue brutalmente asesinado en la casa pastoral que habitaba en el corazón de Ciudad de Guatemala. Su asesinato tuvo lugar apenas dos días después de haber presentado públicamente un informe crucial sobre los derechos humanos que abarcaba buena parte de los 36 años de la guerra que asoló el país.

En este informe, el proyecto interdiocesano Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI) conocido como "Guatemala. Nunca más”, se documentan 54, 000 violaciones a los derechos humanos por parte de los gobiernos militares entre 1960 y 1996.

Debido a la presión internacional y a la labor incansable de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, se pudo capturar y juzgar a algunos de sus principales asesinos. Uno de ellos, el capitán Byron Lima Oliva, vinculado al Estado Mayor Presidencial, fue condenado a 20 años de prisión.

El capitán Byron Lima ha construido, durante todos estos años en prisión, un enclave de lujo: ha creado y hecho prosperar varios negocios que lo han convertido en un hombre rico; se ha vinculado con altas personalidades del mundo diplomático (incluyendo al embajador de Taiwán) y gubernamental, quienes lo han visitado en su emporio en la "cárcel” y, alardeando, se ha fotografiado con ellos; se le ha pedido consejo y se han seguido sus sugerencias por parte de personeros del gobierno para nombrar al director del sistema carcelario en el que él purga su condena; cobra por autorizar transferencias de reos de un penal a otro; lo visitan sus amigos de la escuela militar y se toman fotos con sus ridículos birretes; organiza fiestas multitudinarias. Quiere, también, ¿por qué no?, ser presidente de Guatemala.

Tanto poder y derroche de fastos le valieron encontrarse en el camino de los negocios con algunos escollos y, tal como le sucedió cuando lo acusaron de matar a Gerardi, los lobos del mismo monte que habita lo han delatado. En este caso no fueron denuncias anónimas, como en 1998, sino una investigación de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), que le siguió los pasos y lo ha acusado ante los tribunales guatemaltecos.

Lima Oliva tiene, sin embargo, muchas cosas para decir y a muchos a quienes ensuciar. La tarde del miércoles pasado, al ser trasladado a la Torre de Tribunales, aseguró que "todo era una venganza del Ministro de Gobernación, y que las acciones emprendidas en su contra obedecen a un caso político, y que presentaría pruebas (correos, documentos y llamadas) que involucran al ministro Mauricio López Bonilla”.

En diarios guatemaltecos se han publicado fotografías del presidente Otto Pérez Molina al lado suyo, cuando ambos eran militares activos, pero también del presidente y de la vicepresidenta, Roxana Baldetti, con la esposa de Byron Lima. López Bonilla, tal vez sintiéndose presionado ante toda esta situación en la que el reo vocifera que demostrará fehacientemente que el señor ministro es tan truhan como él, ha declarado a la prensa que Lima hizo negocios con el Partido Patriota durante la campaña en la que llevó al poder al actual presidente Otto Pérez Molina.

Es decir, un lío en toda regla entre bandas de mafiosos enquistados en el poder del Estado que lo manejan a su antojo incluso desde la cárcel.

El caso guatemalteco es patético. Mientras el país se cae a pedazos, la mitad de los niños sufren desnutrición, 253.000 familias afectadas por la sequía desfallecen de hambre en el campo, más de 50,000 niños migran ilegalmente hacia los Estados Unidos, el crimen organizado asesina y muestras cuerpos descuartizados todos los días y los feminicidios siguen creciendo, estas bandas mafiosas de militares, ex-militares y sus allegados se reparten negocios oscuros que ha hecho que Guatemala tenga, junto a Honduras y El Salvador, 610 ultra-ricos que poseen 80 mil millones de dólares, que captan la mayor parte de los 12 mil millones de dólares que cada año llegan de Estados Unidos vía remesas.

Que Dios nos coja confesados.