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Material bélico desarmado y obsoleto. Protagonismo Mediático

La Bitácora
Ebrahim Asvat
180713

Por el canal de Panamá pasa todo tipo de barcos.  Inclusive barcos de guerra con armamento capaz de volar la ciudad de Panamá y Colón.
No pocas veces han transitado naves de guerra con misiles antibalístico y armas nucleares.  Un poco de equipo bélico obsoleto y desarmado no ocasionaría mayor impacto, si no fuese por la nacionalidad del buque y la procedencia de la carga.

El material bélico desarmado y obsoleto pertenece al Estado Cubano.  El barco carguero donde se encontraba  dicho material es de la República Democrática de Corea.   El primero,  un Estado sitiado por un embargo norteamericano y que no se encuentra en la lista de ningún país como terrorista.  El segundo,  un Estado paria que mantiene embargos y prohibiciones por razón de su programa de armas nucleares. Un reporte de la inteligencia americana, compartido con las autoridades panameñas, motivó el allanamiento del buque. Escoltado por un guardacostas de los Estados Unidos  según fuentes internacionales y obligado a atracar en un puerto panameño. A las autoridades panameñas les solicitaron requisar el buque. La causa propuesta: sospecha de tráfico de estupefacientes.

Para sorpresa de todos, nada de droga, pero si un poco de equipo sin la necesaria identificación y presunta como armamento bélico. Tan pronto se detectan las piezas,  se informa el descubrimiento  mediante una amplia difusión mediática internacional y una oportunidad de nuestro máximo dirigente nacional de lograr protagonismo internacional.

Estamos en medio de un incidente internacional y cuya jurisdicción panameña es cuestionable.  El barco enarbolaba la bandera de Corea del Norte y la jurisdicción dentro del mismo no es la panameña.  El supuesto equipo bélico claramente identificado como propiedad del Estado cubano.

Las posibles causas imputables son dos: la primera, una resolución del consejo de seguridad de las Naciones Unidas que prohíbe el tráfico de armas con Corea del Norte. La segunda, la posible ausencia de declaración del manifiesto de la carga.

Fuera de ello, el resto es parte del libreto que Panamá está jugando a través de sus dignatarios políticos a sugerencia del Tío Sam.  ¡Qué coincidencia!  Concurrentemente con el hecho y sin clara identificación del hallazgo, un vocero del Departamento de Estado ya daba declaraciones sobre la cooperación panameña y el incidente producido.

Panamá, en los últimos veinte tres años, ha sido ajeno al  protagonismo en los eventos internacionales. Siempre nos hemos mantenido al margen,  quizás muy sensible a la garantía de neutralidad del Canal y el necesario resguardo de nuestro territorio.

Pero, por ese afán de aparecer en las cámaras y en las noticias han inclusive llevado a muchos funcionarios a decir estupideces. Levantarle cargos a la tripulación del buque por atentar contra la personalidad interna del Estado. ¿De qué golpe de Estado estamos hablando? ¿De qué levantamiento militar contra el orden establecido?

También se habla de acusaciones por delito de contrabando.  La carga residía en un buque de bandera norcoreana. Jamás entró a territorio fiscal panameño. Estoy casi seguro que en unos días,  la tripulación será repatriada a su país de origen. No necesitamos 35 norcoreanos en nuestro sistema penitenciario sobrepoblado.

El equipo bélico regresará a  Cuba, país que ya reclamó su propiedad.  El buque en las peores circunstancias, varado en aguas panameñas por su escaso valor. El azúcar lo echarán al mar y el capítulo se cerrará sin mayores repercusiones.

Hemos provocado justa o innecesariamente un incidente internacional, cuya única salida será política. Gracias a Dios que a alguien se le ocurrió sugerir la intervención de las Naciones Unidas. Es sin duda, quien puede dilucidar la suerte de todo esto asunto, por virtud de la autoridad que emana de su propia resolución de embargo de armas contra Corea del Norte.  El resto es una serie de traspiés y payasadas.