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La CIA, el MI6 y la qatarización de Arabia Saudí.



www.publico.es / 02 11 18



Era de esperar que un “acto terrorista” apartara la noticia del crimen de Khashoggi de los titulares: un simpatizante de Trump enviaba paquetes de bomba a los líderes del Partido Demócrata, mientras unos “anónimos” están demonizando al periodista desertor saudí, en las redes sociales. Aun así, un sector del establishment estadounidense (de ambos partidos), con el fin de cambiar la política de EEUU en Oriente Próximo, pretende evitar que los trumpistas consigan organizar el olvido sobre un crimen que ni ha ocurrido en EEUU, y ni la víctima y sus asesino son estadounidenses. La élite de la superpotencia ha abandonado al falso heredero y el golpista Mohammed Bin Salman (MBS) – apodado “Mohammed Bone Sawman” (en referencia al uso de sierra de hueso utilizada para desmembrar a Khashoggi), aprovecha la incapacidad del presidente para gestionar la primera gran crisis en las relaciones entre EEUU y el Reino de Arabia Saudí (RAS), y el fracaso de Mike Pompeo en convencer a los turcos en encubrir juntos el atroz asesinato.



“Este tipo debe marcharse” sentenció el senador republicano Lindsey Graham. Los adversarios demócratas de Trump, en la víspera de los comicios parlamentarias de noviembre, pretenden utilizar las relaciones del presidente (ya tachado de poco menos que “agente de Rusia” y pervertido sexual) con los “asesinos saudíes” para forzar su dimisión. La familia de Salman, que se jacta de tener “en el bolsillo” a Jared Kushner, el yerno de Trump y el hombre de Israel en la Casa Blanca, habían comprado una planta de la Torre Trump y uno de los yates del magnate para sacarle de un apuro económico en los años noventa. De allí el “Amo a los saudíes” del presidente.



El crimen mal planeado y peor ejecutado de Khashoggi, el hombre de la Hermandad Musulmana (HM), rival del wahabismo, y quien en una entrevista había afirmado que “los saudíes merecemos algo mejor” que los actuales gobernantes, ha sido la copa de nieve necesaria para producir el alud que está arrollando la familia de Salman. Decía Friedrich Engels, al explicar la “Ley del tránsito de la cantidad a la cualidad” que, cuando unos cambios cuantitativos adquieren un nivel crítico, se produce inevitablemente un cambio cualitativo. Y hay un antes y después de Khashoggi en la historia de RAS.



Afirma el diario británico Express que, tres semanas antes de la llegada de Khashoggi de EEUU a Turquía, el MI6 conocía los planes de MBS para su secuestro; también Washington Post publica que la inteligencia estadounidense conocía este plan. Es posible que el heredero haya caído en una trampa parecida a la que EEUU tendió a Sadam Husein en 1990: el 30 de julio Sadam informó a la embajadora de EEUU en Bagdad, April Glaspie, de su intención de invadir Kuwait. Ella le respondió que su país no tiene ninguna opinión respecto a los conflictos inter-árabes (¿una luz verde?). Luego, el secretario de Estado adjunto, John Nelly, a la pregunta de si EEUU ayudaría a Kuwait en caso de un ataque de Irak, responde: No tenemos tratados de defensa con ningún país del Golfo”. Bush padre, iba a sacrificar a Irak en una devastadora agresión para agradecer a los dioses el fin de la Unión Soviética y anunciar sobre las cenizas de Irak el Nuevo Orden Mundial.



La CIA apoya al que fue el verdadero príncipe heredero Mohammed bin Nayef, en arresto domiciliario desde el 2015. Es consciente de que MBS no tiene el apoyo de la Guardia Nacional de Arabia Saudí (SANG), en la que EEUU ha destinado 4.000 millones de dólares para su “capacitación”, ni del clérigo wahabita, ni de los tres mil príncipes (a unos 200 de ellos les secuestró en la peculiar Noche de Cristales Rotos Saudíes, en el hotel Ritz de Riad, y les obligó con palizas y torturas a entregarle cientos de miles de millones), ni mucho menos de millones de hombres y mujeres jóvenes que sueñan con un país moderno. El declive de la economía se agrava con la fuga de capitales y de cerebros y la paralización de la salida a la bolsa de la petrolera estatal Aramco, debido a la incapacidad del régimen de presentar unas cuentas transparentes.



Mohammed, de 33 años, ha desmantelado el gobierno tradicional, concentrando la totalidad del poder en sus manos. El caso Khashoggi ha revelado la farsa de la estabilidad del reino bajo el mando del “reformador” MBS: recuerda las palabras de Jimmy Carter en diciembre de 1977, cuando calificaba al Irán del Sha como una “isla de estabilidad”. Un año después, el Sha preparaba las maletas.



Choque entre dos modelos



Si bien es cierto que EEUU, para preservar su hegemonía sobre el golfo Pérsico, debe asociarse con Arabia Saudita o con Irán, también lo es que la caída del régimen del Sha en 1978 ha generado serias discrepancias en establishment de EEUU acerca de cómo hacerlo, en una región que: 1) es la principal reserva mundial del petróleo y gas, y 2) está próximo a las dos capitales rivales: Moscú y Pekín, y muy lejos de Washington.



Una facción apuesta por reconfigurar el mapa de la zona, destruyendo los países poderosos y convertirlos en mini estados controlables mediante devastadoras guerras, la ocupación militar, y un regreso al colonialismo. Línea representada por los Bush, Clinton y Trump, que hoy pretende:



1.     Contener a Irán. Trump es el único presidente de EEUU que ha realizado su primer viaje al extranjero, visitando a Riad y Tel Aviv, los archienemigos de Irán, y está promoviendo una “OTAN sunnita” para una guerra “delegada” contra los persas, a los que ha impuesto un embargo de petróleo con la esperanza de que los saudíes consigan llenar el vacío que dejaría Irán en el mercado.

2.     Dividir a los propios países “sunnitas”: el caso Khashoggi ha aumentado la tensión entre Ankara y Riad. Ahora, Erdogan – quien sabe dónde está el cuerpo de Khashoggi-, busca un acercamiento a Washington y hace que el péndulo de poder regional se incline hacia Turquía. No hace mucho, Trump también provocó un conflicto entre Arabia y Qatar, y sólo invocó la paz cuando recibió del pequeño país un cheque por el valor de 12.000 millones de dólares para la compra de 36 aviones F-15. La política de Trump ha sido fortalecer el eje Riad-El Cairo-Dubái, y enfrentarlo a Ankara-Doha, gobernados por la HM.

3.     Sacar miles de millones de dólares de los saudíes, con amenazas: sólo un día antes del asesinato de Khashoggi, Trump advirtió al rey Salman: “Sin nosotros no duraríais ni dos semanas”, ya que Riad se había negado bajar los precios del petróleo. Tras el crimen de Estambul, el destino del régimen de Arabia Saudita está completamente en manos del presidente de EEUU. Además, Washington no estaba nada contento con la visita de Salman a Moscú el octubre del 2017: ¿había tratado con Vladimir Putin desvincular el petróleo del dólar? ¡Ni se le ocurra! Trump miente al decir que las posibles sanciones a Arabia pondrían en peligro su contrato de 110.000 millones de dólares en ventas de armas, y empujarán a Riad a comprarlas de Rusia o China: este “contrato” fue negociado con Obama y aún está por concretar. Además, RAS -sí o sí- tendrá que comprar armas a EEUU dentro de al menos diez años, rehén de los recambios, municiones, entrenamiento, etc. que necesitará para sus aviones y misiles y que ningún otro país se los podrá suministrar. Lo que le preocupa al presidente es la ingente comisión que cobran los intermediarios de estos contratos.



Frente a esta política, la facción liderada por Barak Obama –quien calificaba a los saudíes de “llamados aliados”-, considera a la Casa Saud socios venenosos que perjudican los intereses de EEUU, y aboga por un equilibrio entre Irán, Turquía, Israel y RAS, para así volcarse con la contención del principal enemigo: China. La advertencia de Obama de que los saudíes tenían que “compartir” el Medio Oriente con Irán, provocó el desaire de la monarquía que en la visita del presidente al reino el 21 de abril del 2016 no llegó a recibirle en el aeropuerto. La política de EEUU para esta región falló cuando, en 2003, Bush reemplazó el régimen semisecular y árabe-sunnita de Sadam Husein por una teocracia-chiita, provocando la ira de Israel, Turquía y Arabia. Por lo que, propone:



1.     Recuperar el acuerdo nuclear con Irán, o al menos permitir que Europa haga del “Occidente bueno”, y suavice las relaciones con Teherán. No todas las compañías estadounidenses son vendedoras de armas. Trump ha suspendido, por ejemplo, la venta de 73 aviones Boeing a Irán, y ha hecho que sean Rusia y China quienes dominen el mercado petrolífero iraní.

2.     Potenciar al otro islamismo reaccionario: la HM, debilitando el wahabismo. Obama abortó la Primavera árabe de Egipto al patrocinar a Mohammed Mursi, quien fue derrocado con el dinero saudí pagado al general Al Sisi.

3.     Ahora que los países árabes se acercan a Israel (Netanyahu acaba de visitar Omán), EEUU no necesita de Riad para sacar a Tel Aviv del aislamiento.

4.     Rescatar los llamados “valores occidentales” -que Trump ni siquiera los usa como pretexto-, para condenar a Riad, si no ¿cómo podrían condenar a Rusia o China por el pisoteo de los derechos humanos?

5.     Apartar al Jack el destripador saudí, por confundir el estatus de su país ante EEUU con el de Israel: en enero del 2010, seis agentes del Mosad, disfrazados con pelucas y gorros, asesinaron al líder de Hamas, Mahmud al Mabhuh en un hotel de Dubai. ¡No fue portada de ningún periódico! Hay que buscarle un sustituto, ya que MBS, no ha hecho más que acumular fiascos en:



5.1.          Impedir que Irán aumentase su influencia en la zona. Todo lo contrario: Qatar, Omán y Kuwait ven en Teherán la garantía de un equilibrio regional y mantener su soberanía, amenazada por las tentaciones saudíes.

5.2.          La guerra contra Yemen.

5.3.          Aislar a Qatar.

5.4.          No conseguir la expulsión de Hizbolá del gobierno de coalición libanés, a pesar de secuestrar al primer ministro Saad Hariri y obligarle a renunciar de su cargo. Francia reprobó a Arabia y restituyó a Hariri en su puesto.

5.5.          La inaudita reacción a las críticas: cuando el gobierno canadiense le criticó el agosto pasado por el encarcelamiento de las activistas en Arabia Saudí expulsó al embajador, congeló todo el comercio bilateral, canceló los vuelos entre ambos países, y ordenó que los 16.000 estudiantes becarios saudíes regresasen al país. Semanas después, “crucificó” a un hombre y luego exhibió su cuerpo decapitado en una plaza de Riad.

5.6.          Salvar a Arabia de los Salman



Los occidentales ya no podrán apretar la mano de MBS, e impera la necesidad de reformar la teocracia medieval saudí, que ha pasado de ser un socio incómodo a insoportable.



Ya en 1964, cuando las fuerzas progresistas habían derrocado sus monarquías en la mayoría de los países árabes, Gran Bretaña organizó a través de la SANG un golpe de estado contra el rey inmovilista Saud Bin Abdulaziz en favor de su hermano pequeño Faisal, evitando una revolución, que en el sur de Yemen, país vecino, terminó llevando a los marxistas al poder, y aun hoy sigue siendo la única república de la península arábiga. El golpe reforzó el papel del wahabismo panislamista. En 1969, los militares, respaldados por un sector del Pentágono, intentaron otro golpe, planeando bombardear el palacio real, matar al rey y los príncipes, e instalar la República de la Península Arábiga.



Dicha reforma en Arabia le urge para el Occidente, tanto para maquillar su tenebroso rostro, como para impedir revueltas sociales: “la evolución para evitar la revolución”. Rusia (que ha aceptado la versión saudí del crimen) amplía su influencia en la región, y sobre dos países que tradicionalmente estaban en la órbita de EEUU: Turquía e Irán. Y la presencia de MBS en la primera fila impide realizar ambos objetivos. Y si no va por las buenas, EEUU podrá:



1.     Congelar la venta de armas a Riad, en virtud de la Ley de Control de Exportación de Armas de 1976, y así de paso poner fin de la guerra contra Yemen ahora que el MBS, no ha podido ganarla, en parte por la ayuda inestimable de algunos príncipes saudíes a los hutíes. De hecho, ya hay movimientos: el propio Pompeo acaba de “pedir” a Riad un alto el fuego, y empiezan las negociaciones (secretas) entre Riad y Teherán.

2.     Utilizar la Ley de Justicia contra Patrocinadores del Terrorismo (JASTA) que permite a los ciudadanos de EEUU demandar a gobiernos extranjeros por cooperar en ataques terroristas en éste país, persiguiendo a Arabia por su papel en los atentados del 11S.



Lo que desconocen es la imposibilidad de modernizar una teocracia.