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El franco CFA, una moneda colonial, servil y depredadora...


www.rebelion.org / 200818

Por primera vez desde las independencias, varias manifestaciones públicas en diferentes países de África (Dakar, Cotonou, Libreville, Bamako, etc) y en la región parisina, han exigido la desaparición del franco CFA, una moneda que el colonialismo francés impuso a catorce países en el momento de las independencias. Estas manifestaciones impulsadas por movimientos juveniles marcan la entrada en escena de una nueva generación militante africana. No es casual que el franco CFA se haya elegido como objetivo en el arsenal de sometimiento a la dependencia que impone el colonizador en la década de 1960.

En efecto, todas las demás zonas monetarias coloniales llegaron a su fin con la disolución de la última, la zona libra esterlina, en 1979 (1). Esta moneda, que el Estado francés presentaba como un símbolo de la cooperación, muestra cada vez más lo que es: un símbolo provocador de una dependencia colonial que además del franco CFA posee otras herramientas: la deuda, el Acuerdo de Asociación Económica (AAE), los acuerdos de defensa, la francofonía. “Mientras que las demás monedas africanas simbolizan por medio de su nombre la ruptura con la colonización y la independencia adquirida a principios de la década de 1960 (naira en Nigeria, cedi en Ghana, dinar en el Norte de África), la moneda que circula de Dakar a Yaundé pasando por Abidjan, Lomé, Bamako y Malabo sigue haciendo referencia al colonizador” (2), resume el jurista Yann Bedzigui.

Génesis de una moneda colonial
La zona franco (3) se crea oficialmente en 1939 en el periodo de la guerra mundial para “constituir un «tesoro de guerra» y anticiparse a la inestabilidad debida a cualquier situación conflictiva mundial” (4).

Antes de ello en las colonias francesas se concedía a bancos privados un “privilegio de excepción” que les permitía emitir francos con la misma paridad que el franco metropolitano. La preocupación principal en los albores de la guerra mundial es evitar la fuga de capitales lo que, según explica un documento del Banco de Francia, lleva a “un control estricto de los cambios y entonces se impone la incovertibilidad del franco fuera de un espacio geográfico que incluye la Francia metropolitana, sus departamentos de ultramar y sus colonias africanas y asiáticas” (5).

Los alemanes imponen durante la ocupación una moneda específica que funciona en muchos aspectos según unos principios similares a los que presidirán el establecimiento del franco CFA en 1945: una moneda local dependiente del Deutschemark, un tipo de cambio entre ambas monedas que se fija en Berlín, el drenaje de recursos a beneficio de la potencia ocupante, un control estatuario del Banco Central por medio de un comisario alemán, etc (6).

“La manera como se transformó la moneda durante la Segunda Guerra Mundial en Francia es ejemplo de una subordinación de lo monetario a la político. […] el poder adquisitivo del ocupante se había duplicado artificialmente y le permitía adquirir riquezas a menor coste. Esto formaba parte de la política de drenaje de los recursos franceses a beneficio del Reich” (7), resume el economista Jérôme Blancs.

Así, al acabar la Segunda Guerra Mundial se crea el franco CFA (franco de las Colonias Francesas de África del Oeste y de África Central) y el franco CFP (franco de las Colonias Francesas del Pacífico). Del mismo modo que en mayo de 1940 los nazis fijan arbitrariamente el valor del marco en 20 francos franceses, el decreto del 25 de diciembre de 1945 referente a la creación del franco CFA y del franco CFP fija el valor del primero en 1.7 francos metropolitanos y el del segundo en 2.4 francos (8). Efectivamente, se trata de una moneda de ocupación. Esta similitud lleva al economista marfileño Nicolas Agbohou a hablar de “nazismo monetario” en su libro Le Franc CFA et l’Euro Contre l’Afrique (9) que desempeñó un papel importante en la toma de conciencia que lleva a las movilizaciones contemporáneas contra el franco CFA.
El temor a que se radicalicen las luchas de liberación nacional en la década de 1960 lleva al general de Gaulle a emprender una descolonización que no lleva a verdaderas independencias. Para ello era necesario encorsetar a los nuevos Estados en unas relaciones de cooperación que desembocan sistemáticamente en la dependencia económica respecto a París. El vínculo colonial se convertía en un vínculo neocolonial. En este contexto se mantienen la zona franco y el franco CFA con un simple revoque de fachada para tener en cuenta las independencias: el franco de las colonias francesas de África se convierte en el franco de la comunidad financiera africana para África del oeste y franco de cooperación financiera en África Central. Tanto antes de las independencias como después, la zona franco se rige por las mismas cinco reglas imperativas que otorgan a París el control de las políticas económicas de los países de la zona franco.

La primera regla es la de “la centralización de las reservas de divisas” por parte del Banco de Francia, es decir, la obligación de depositar en el Banco de Francia una parte importante de las reservas en divisas de los países de la zona franco (un 65 % hasta 2005 y un 50 % desde entonces). Estas reservas ya no están a la libre disposición de Estados que, sin embargo, son soberanos oficialmente. Estos depósitos se invierten a beneficio de la economía francesa y producen intereses. Así, el control de la mitad de los ingresos de los países africanos se pone al servicio de la economía francesa. El economista congoleño Stéphan Konda Mambou (10) calculó que en 2014 las sumas sustraídas así a los países de la zona franco ascendían a 8 billones de francos CFA, esto es, 12.000 millones de euros.

La segunda regla es la de la paridad fija entre el franco CFA y el franco, y más tarde con el euro una vez que este se estableció. El valor del franco CFA respecto a las demás monedas (dólar, yen, etc.) varía según unos porcentajes iguales a los de las variaciones entre el euro y las demás monedas. Cuando, por ejemplo, el euro sube o baja respecto al dólar, el franco CFA hace lo mismo. Se trata de hecho de una verdadera negación de las economías africanas. Los países de la zona franco están privados de la posibilidad de actuar sobre la tasa de cambio de su moneda cuando esta arma, explica el economista Jean-Luc Dubois, es un “instrumento de política económica de una importancia particular puesto que estos países producen y exportan productos de base y tienen que ser competitivos en el mercado internacional” (11). La sujeción a un euro fuerte penaliza las exportaciones a destinos diferentes de la Unión Europea.

La tercera regla es la libre transferibilidad. Por consiguiente, con esta regla no hay ningún límite a las transferencias de dinero a Europa y Francia. Se legaliza el saqueo. Los beneficios obtenidos en la zona se repatrian a Europa con lo que se convierte a África en un financiador de Europa en general y de Francia en particular. La repatriación se convierte en regla y la reinversión en el lugar, en la excepción. Así, el economista senegalés Demba Moussa Dembélé calcula la huida de capitales africanos a Europa en 850.000 millones de dólares entre 1970 y 2008 (12).

La cuarta regla se ofrece como contrapartida positiva de las tres anteriores. Estas tres reglas se plantean como condiciones para “beneficiarse” de esta última: la garantía de convertibilidad ilimitada por parte del Tesoro francés. Si un Estado de la zona franco no puede asegurar el pago en divisas de sus importaciones el Tesoro francés se compromete a suplirlo proporcionando las divisas que faltan. Cualquier persona que posea francos CFA tiene la garantía de poder convertirlos en divisas. El colmo del cinismo es que esta convertibilidad no es válida para los diferentes francos CFA entre ellos, lo que tiene el efecto lógico de disuadir los intercambios interafricanos.
La última regla instaura la dependencia directa por medio de la cogestión de los dos bancos centrales africanos de la zona: el BEAC (Banco de los Estados de África Central) y el BCEAO (Banco Central de los Estados de África del Oeste). En el consejo de administración del BEAC hay cuatro administradores franceses y dos en el del BCEAO. La unanimidad se exige sobre todo para cualquier decisión importante (13). Concretamente se trata de un derecho de veto que impide decisiones contrarias a los intereses franceses. La primera herencia colonial de África es, efectivamente, un neocolonialismo monetario y financiero que el historiador y geógrafo Jean-Suret Canale resume así:

“Después de las independencias, el mantenimiento del franco CFA en las antiguas colonias francesas de África se convirtió en un instrumento del neocolonialismo francés que otorgó a Francia el control de su economía y una posición privilegiada a las empresas francesas. Los Estados africanos no tenían prácticamente ningún derecho de control sobre sus monedas, emitidas por unos institutos de emisión cuya sede no se transfirió de Francia a África hasta 1972. Francia disponía de las divisas obtenidas por la venta de las materias primas africanas […]

La libre convertibilidad permitía a las empresas francesas situar de forma preferente sus mercancías en la zona franco y repatriar libremente beneficios y capitales. […] La mayor parte de los activos exteriores de los Estados africanos se debía invertir en unas “cuentas de operaciones” del Tesoro francés que fueron constantemente beneficiarias hasta finales de la década de 1970. Según afirma Paul Fabra, cronista económico de Le Monde, la «garantía» aportada por Francia al franco CFA solo existía ¡a condición de que no hubiera motivos para actuar!” (14).


Una moneda servil (15): la prueba por parte de quienes lo niegan

Una de las pruebas de que la zona franco es un engranaje esencial del neocolonialismo francés es la reacción de París ante la decisión de algunos Estados africanos de salir de esta zona y acuñar una moneda propia (Togo, Guinea*, Mali, Mauritania, Madagascar). En Guinea, el nuevo Estado independiente promulga el 1 de marzo de 1960 una “reforma del régimen monetario” que se traduce en la creación de una moneda nacional, el franco guineano. El presidente de la República de Guinea, Ahmed Sékou-Touré, argumenta así esta reforma: “A partir de esta reforma es cuando se va a poder producir la liberación económica, obstaculizada hasta entonces por un sistema financiero cuya naturaleza, características y definición seguían siendo las del antiguo régimen, él mismo dependiente del sistema económico del país «metrópoli»” (16).

Desde que Sékou-Touré pronunció un NO rotundo a la Comunidad gaullista en 1958 fue objeto de presiones económicas constantes por parte de la antigua potencia colonial. De Gaulle quiere dar ejemplo en Guinea sancionando a quien había osado decir en respuesta al chantaje al final de “la ayuda” francesa: “Preferimos la pobreza en libertad a la riqueza en la esclavitud. […] No renunciaremos, nunca renunciaremos a nuestro derecho a la independencia” (17). Inmediatamente después de este discurso se retira a los funcionarios y técnicos franceses, y se organiza una verdadera hemorragia financiera. También en respuesta a estas presiones económicas se toma la decisión de acuñar una moneda nacional. El director del Banco Central de Guinea describe así el contexto de esta decisión: “Se trataba de evitar el estrangulamiento de nuestra economía por parte de la potencia que la controlaba hasta entonces. Las arcas habían sido vaciadas de su contenido. Las empresas francesas repatriaban sus inmensos beneficios sin control alguno. Era una hemorragia. Ahora bien, no se puede controlar verdaderamente una economía sin controlar su moneda” (18).

La reacción de París no se hace esperar y adopta la forma de la “Operación Perejil”. Consiste en “introducir en el país una gran cantidad de falsos billetes de banco guineanos con el objetivo de desequilibrar su economía” (19), confiesa uno de los responsables de esta operación, Maurice Robert. La propia operación no es más que uno de los muchos medios para derrocar a Sékou-Touré, prosigue nuestro “espía”:

“Teníamos que desestabilizar a Sékou Touré, hacerle vulnerable, impopular y facilitar la toma de poder por parte de la oposición. […] Una operación de esta envergadura comporta varias fases: recogida y análisis de información, elaboración de un plan de acción a partir de esta información, estudio y establecimiento de los medios logísticos, adopción de medidas para la realización del plan. […] Con la ayuda de exiliados guineanos refugiados en Senegal también organizamos grupos de resistencia armada de oposición en [la región montañosa del interior de Guinea] Fouta-Djalon. Expertos franceses en operaciones clandestinas se encargaron de la dirección. Armamos y adiestramos a estos oponentes guineanos, muchos de los cuales pertenecían al pueblo fulani, para que crearan un clima de inseguridad en Guinea y, si fuera posible, derrocaran a Sékou Touré […]” (20).

Sin duda el objetivo es doblegar a Guinea, pero también advertir y amenazar a los demás países de la zona franco. “Vean lo que ocurrirá si tratan de emanciparse de la zona franco. La opción es sencilla: el franco CFA o la crisis monetaria permanente” (21), traduce el periodista Jean Chatain.

En Guinea fracasó el plan de desestabilización; en Mali, en cambio, un plan idéntico llevó a un golpe de Estado que derroca al presidente Modibo Keita. También en este país la salida de la zona franco se relaciona con el objetivo de “descolonización económica” (22) que fija en septiembre de 1960 el segundo congreso de Union Soudanaise-Rassemblement Démocratique Africain (USRDA) cuyo líder Modibo Keita es presidente de la República.

Como en Guinea, la reacción es un intento de desestabilización fomentando en esta ocasión manifestaciones públicas ante la Embajada de Francia para exigir la vuelta al franco CFA. Para ello los agentes franceses se apoyan en la inquietud de muchos comerciantes ante una moneda nacional no convertible. El sindicalista y militante del US-RDA Amadou Seydou Traoré recuerda así estos acontecimientos:

“El nacimiento del franco maliense sonó como un gong en la conciencia del neocolonialismo en Mali y en África del Oeste. Era demasiado según la apreciación del colonialismo y de sus agentes comprados. Había que actuar rápido y golpear fuerte: echar abajo el poder popular. Por lo tanto, la caducidad de las tácticas de obstrucción y de las acciones dilatorias hizo que la táctica de violencia brutal se manifestara solo diecinueve días después de la creación de la moneda maliense en forma de complot el 20 de julio de 1962. Pisotearon la bandera nacional, rompieron los billetes y gritaron consignas como «¡Viva Francia!», «¡Abajo el franco maliense!»” (23).

La contramanifestación organizada por US-RDA para apoyar el franco maliense es masiva. Los manifestantes denuncian lo que en adelante se denomina el “Complot del 20 de julio” y el gobierno maliense acusa a la embajada de Francia de tener relación con los manifestantes. La decisión de evacuar las bases militares francesas deteriora aún más las relaciones entre Mali y la antigua potencia colonial. “Hasta 1968 y la caída de Modibo Keita, derrocado por un golpe de Estado militar, las distancias política y económica que adoptaron Mali y Francia siguieron aumentando” (24), resume el historiador Pierre Boilley.

El golpe de Estado del general Moussa Traoré en noviembre de 1968 firma un acercamiento inmediato a París que se concretizará rápidamente en una garantía monetaria del Banco de Francia sobre la base de una serie de condiciones y en particular la privatización de las empresas estatales. Se cumplieron las condiciones, Francia anuló la deuda maliense y Mali retomó el franco CFA como moneda en junio de 1984.

En Togo, el líder de la independencia Sylvanius Olympio, se opone desde la segunda mitad de la década de 1950 a la balcanización del África Occidental Francesa (AOF), que él considera un mantenimiento de la dominación colonial. Al convertirse en presidente de la República anuncia su intención de salir de la zona franco y crear una moneda nacional. Será asesinado en enero de 1963, en vísperas de esta salida anunciada. Los escritores cameruneses, Arnaud Roméo y Martin Fankoua, describen de la siguiente manera las causas del golpe de Estado y del asesinato:

“La situación financiera del Togo recién independizado era muy inestable, así que para salir de esta situación Olympio decidió sacar a su país, Togo, de la zona monetaria franco CFA y crear su propia moneda. El 13 de enero de 1963, tres días después de que Olympio empezara a imprimir la moneda propia de su país, una banda de soldados analfabetos apoyados por Francia, asesina al primer presidente electo del África recién independiente. […] El sueño de Olympio era construir un país independiente y autónomo. A Francia nunca le gustó la idea y lo asesinó” (25).

Terminemos con los casos malgache y mauritano, que a pesar de las presiones acabaron saliendo de la zona franco. En el caso de Mauritania, que sale de la zona monetaria en 1973, la proximidad con los Estados del Magreb hace más difíciles las presiones directas. “En cambio para Mauritania, mejor dotada de recursos naturales, [la salida de la zona franco] fue una opción política explícita a favor de una independencia monetaria total y que corresponde a un acercamiento político a los Estados del Magreb” (26), señalan los economistas Patrick y Sylviane Guillaumont.

Por lo que se refiere a Madagascar, la salida del franco CFA se lleva a cabo al final de una década de contestación social que combina revueltas e insurrecciones campesinas (27) en el sur del país a partir de 1967, un movimiento cultural y político de los jóvenes descendientes de esclavos de los barrios populares opuestos a la dominación cultural francesa (“los zwam”) (28) y continuas huelgas obreras y estudiantiles. Con el paso del tiempo y con la represión, este movimiento se irá radicalizando y culmina en la caída de la primera República en 1972. Estas luchas tienen en común una denuncia del neocolonialismo francés y un llamamiento a una verdadera independencia. Tanto la salida del franco CFA como el desmantelamiento de la base militar de Ivato, son reivindicaciones que arraigaron durante esta década de lucha. La relación de fuerzas es tal que en ese momento resulta impensable una injerencia francesa.

Era necesario recordar estos hechos para darse cuenta de la importancia que tiene el franco CFA para el neocolonialismo francés. Siempre que las presiones, las injerencias y las desestabilizaciones fueron posibles, se llevaron a cabo para llamar al orden a los recalcitrantes. Las únicas salidas aceptadas fueron las impuestas por la relación de fuerzas. A la luz de estos hechos es como hay que juzgar la credibilidad de las palabras pronunciadas por Macron en la cumbre del G5 Sahel de Bamako en julio de 2017, en la que declaró cínicamente: “Si alguien no está contento en la zona franco, la abandona y crea su propia moneda, como hicieron Mauritania y Madagascar”.

Una moneda depredadora: la prueba por medio de la devaluación de 1994

Hemos destacado antes el carácter consustancialmente depredador de la norma de centralizar una parte importante de las reservas de divisas en el Banco Central francés. En efecto, esta centralización permite al Estado francés invertir estas divisas y obtener intereses. El colmo del cinismo es que una parte de este dinero se puede contabilizar entonces como “ayuda al desarrollo” y otra parte se puede “prestar” con intereses a los Estados africanos. Así es como el economista Nicolas Agbobou presenta este mecanismo y sus efectos:

“Como cualquier agente económico inteligente, Francia invierte naturalmente los inmensos capitales africanos en las entidades financieras que tiene las mejores tasas de remuneración. Lógicamente, se apropia de la diferencia de las tasas de interés. Por ejemplo, garantiza el pago a los africanos de una tasa anual del 2%, mientras que percibe una remuneración del 4.5%. La diferencia neta de las tasas de interés que recupera es del 2.5%. Suponiendo que el capital africano invertido ascienda a 100 billones de francos CFA, Francia percibe una cantidad neta de 250.000 millones de francos CFA de intereses anuales. […] De estos [los recursos así obtenidos], Francia destina una parte pequeña (por ejemplo, 10.000 millones de francos) a prestarlos a los países de la zona franco con unas tasas de interés bajas que oscilan entre el 3 y el 10% al año, ¡y lo pregona a los cuatro vientos para mostrar al mundo entero su generosidad con esta África a la que pretende ayudar así! Es lo que se denomina ayuda financiera de Francia a sus antiguas colonias” (29).
El carácter depredador del franco CFA se acentúa aún más con las mutaciones de la situación mundial a partir de finales de la década de 1970. En efecto, esta década es la del fomento del endeudamiento de los países africanos y después de la imposición de los Planes de Ajuste Estructural (PAE) (30) del Fondo Monetario Internacional:

“En el lapso de diez años, el endeudamiento de los Estados africanos se ha decuplicado. Bajo el efecto de una degradación muy palpable de los términos de intercambio (31) sus reservas de divisas se desmoronaron. Su déficit comercial global, que en 1973 no superaba los 1.800 millones de dólares, superó la barrera de los 11.000 millones desde la década de 1980. Las operaciones de reescalonamiento de la deuda se multiplicaron (11 entre 1979 y 1981) mientras que las intervenciones del FMI pasaron de dos en 1978 a 21 en 1982” (32).

Esta política de fomento de la deuda y después de poner bajo el control del FMI, corresponde a una ofensiva cada vez mayor de Estados Unidos (que tiene un lugar preponderante en el seno del FMI y del Banco Mundial) en África, en el marco de una competencia económica con Europa que no hará más que aumentar.

Ya en 1984 el investigador de ciencias políticas Zaki Laïdi destaca al respecto que, “en las zonas regionales en las que se había establecido la preeminencia de la presencia francesa, el Banco Mundial logró destronar a Francia en la financiación de las ayudas a la inversión y de los préstamos no destinados a proyectos” (33). Una década después, tanto el FMI como Estados Unidos utilizarán el chantaje de parar los préstamos para imponer una devaluación del 50 % del franco CFA.

El final de la “Guerra Fría” no hace más que acentuar esta ofensiva estadounidense en África. La desaparición de la URSS y de los equilibrios surgidos tras la Segunda Guerra Mundial, refuerzan la competencia por los bienes raros que son las energías y las materias primas estratégicas. A partir de ahora, ningún “enemigo común” frenará la competencia feroz entre los tiburones. Ron Brown, Secretario de Comercio de Bill Clinton, resume explícitamente la nueva estrategia estadounidense en mayo de 1995: “Los estadounidenses”, precisa durante la Cumbre Afroestadounidense de Dakar, “van a plantar cara a los socios tradicionales de África, empezando por Francia. Ya no dejaremos África a los europeos” (34).

En el marco de este aumento de la competencia entre Europa (y más particularmente Francia) y Estados Unidos se inscribe la ampliación de la zona franco a países que no pertenecen al antiguo imperio colonial francés: Guinea Ecuatorial en 1985 y Guinea Bissau en 1997. Las presiones de Estados Unidos, el Banco Mundial y el FMI para obtener la devaluación del franco CFA también se inscriben en este contexto.

“El FMI y el gobierno estadounidense consideraron que la sobrevaloración del franco CFA constituía un freno para la competitividad y el crecimiento de los países miembros de la zona franco y que, en consecuencia, su reactivación económica pasaba necesariamente por la devaluación” (35), explican los economistas Alain Delage y Alain Massiera. Los mismos actores destacan que la devaluación facilita la exportación de estos países (a precios más bajos, por supuesto), pero no dicen nada del aumento del coste de las importaciones de los bienes de capital y de los productos manufacturados que inevitablemente provoca. Lo que se oculta tras estos argumentos de venta es, por supuesto, el acceso de las multinacionales estadounidenses a estos mercados africanos. Como de costumbre, el compromiso al que se llegue será a costa de los países africanos.

A cambio de mantener sus dominios e intereses africanos, y su función de “gendarme de África”, París acepta devaluar un 50% el franco CFA en 1994: “Un reajuste del papel de la Francia oficial en África en el más amplio marco de los dispositivos elaborados por las instituciones financieras mundiales” (36), considera el historiador Françis Arzalier.

Los dos ladrones se han puesto de acuerdo para matar de hambre a los pueblos de los países de la zona franco. Una simple mirada a las consecuencias basta para medir la magnitud de éstas en términos de enriquecimiento del tesoro francés y de pauperización de los pueblos de la zona franco: “Un tesoro público francés [que] se llena con los activos exteriores netos de los africanos cuya situación social no deja de degradarse al transferir a París y almacenar ahí los frutos de sus enormes sacrificios consentidos, ya que se respetan estrictamente unos acuerdos monetarios que les perjudican estructuralmente” (37), resume el economista Nicolas Agbohou.

Las consecuencias para los pueblos son inmediatas y catastróficas: “Lo que se abate sobre las condiciones de vida de los pueblos concernidos es un tornado monetario. ¡Al año siguiente los precios de los medicamentos se habrán multiplicado por dos! En muchos países concernidos, la esperanza de vida irá disminuyendo a lo largo de los años siguientes. En el ámbito alimentario el choque también es brutal” (38), comenta el periodista Jean Chatain. Por ejemplo, el precio del arroz (que es un elemento clave de la alimentación popular) subió un 69% en el caso del arroz local y un 42% en el del arroz importado de Senegal, y un 47% y un 54% en Mali (39).

Con la creación del euro en enero de 1999, el franco CFA queda sujeto al euro, es decir, en adelante su valor depende del valor del euro. Esta sujeción a una moneda fuerte tiene importantes consecuencias que Zéphirin Diabré, exministro de Economía y Finanzas de Burkina Faso, resume así:

“El franco CFA está vinculado al euro por medio de una paridad fija. Ahora bien, el euro es una moneda fuerte que se refuerza cada día frente a otras monedas, sobre todo respecto al dólar. Cada vez que el euro se aprecia, el franco CFA hace lo mismo automáticamente, lo que tiene varias consecuencias nefastas: los costes de producción locales se vuelven menos competitivos que los de los países que están fuera de la zona euro y las exportaciones, que se formulan en dólares, se desmoronan, como se ve con el algodón” (40).

La sobrevaloración estructural del franco CFA por medio de esta paridad fija con el euro no es anodina. Así, entre 2000 y 2010 el dólar perdió un 43% de su valor frente al euro. La paridad fija en el marco de una política del euro fuerte se justifica oficialmente como un medio de preservar la estabilidad de la moneda. En realidad, es un medio para hacer a las economías africanas dependientes de la Unión Europea. Las empresas europeas, particularmente las francesas, se benefician de este mecanismo y dominan el conjunto de los sectores económicos. Una política económica basada en los intereses de una potencia exterior: en efecto, estamos todavía ante una lógica colonial de extraversión con la apariencia, además, de países independientes.

Hay que tener en mente este sometimiento a una dependencia estructural para comprender el persistente debilitamiento del tejido social de los países de la zona, el desarrollo desigual entre las regiones de un mismo país, la continua pauperización encubierta por unas tasas de crecimiento que nada dicen de la redistribución de este “crecimiento”, la desesperación de una parte importante de la juventud que le empuja a emigrar a pesar de las condiciones dramáticas que convierten al Mediterráneo en una máquina de matar, etc. La inestabilidad, los conflictos, las ideologías de la desesperación, las guerras, etc., no son sino los resultados lógicos del desarrollo que se ha vuelto imposible, entre otras cosas, por esta moneda colonial, servil y depredadora.

Un rechazo cada vez mayor

El hecho de que unos jefes de Estado africanos (como Allassane Ouattara de Costa de Marfil, Macky Sall de Senegal o Patric Talon de Benín) se comprometan personalmente en la defensa de la moneda colonial es indicativo del aumento del rechazo del franco CFA. En efecto, durante décadas estas tomas de postura eran inútiles ya que esta moneda parecía indiscutible dada la relación de fuerzas ideológicas en África. Otros jefes de Estado se ven obligados a hacerse eco (aunque sea lejano y eufemístico) de esta toma de conciencia cada vez mayor. Es lo que ocurrió el 11 de agosto de 2015 con el presidente de Chad, Idriss Deby, que declara:

“Hoy en día existe el franco CFA que está garantizado por el tesoro francés. Pero esta moneda es africana. Es nuestra moneda. Ahora es necesario que en la práctica esta moneda sea la nuestra para que, llegado el momento, podamos hacer de ella una moneda convertible y una moneda que permita desarrollarse a todos estos países que todavía utilizan el franco CFA. […] África, la subregión, también los países francófonos, lo que yo denomino cooperación monetaria con Francia, hay cláusulas que están anticuadas. Habrá que revisar estas cláusulas en interés de África y también en interés de Francia. Estas cláusulas lastran la economía de África, estas cláusulas no permitirán desarrollarse con esa moneda” (41).

Significativamente, esta declaración se hace durante la celebración del 55 aniversario de la independencia de Chad. El presidente de Burkina Fasso, Roch Marc Christian Kaboré, va en el mismo sentido al declarar en la 52 Cumbre de la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África Occidental) en diciembre de 2017 que “siempre se ha mantenido la opción de que 2020 sea la fecha de la creación de la moneda de la CEDEAO” (42). Aunque estas tomas de postura de jefes de Estado siguen siendo minoritarias, se inscriben en un contexto de denuncia más amplio en el que exministros, exresponsables de la CEDEAO y profesores universitarios se expresan cada vez con más frecuencia para exigir o bien la salida del franco CFA y la creación de una moneda africana o bien una reforma de la zona franco.

Por poner solo un ejemplo, tomemos el de guineano Carlos Lopes, secretario ejecutivo de la Comisión Económica de la ONU para África, que declara en 2016: “El franco CFA es un mecanismo anticuado que habría que revisar. Ningún país del mundo puede tener una política monetaria inmutable desde hace treinta años. Eso existe en la zona franco. Algo falla” (43).

Esta relativa y todavía modesta liberación de la opinión de los responsables políticos y económicos no es sino un reflejo de las manifestaciones públicas militantes producidas recientemente en varios países de la zona franco. El debate se plantea en la calle de una manera mucho más radical por parte de una nueva generación militante: la de la devaluación. Testimonio de ello es el nombre elegido en Senegal por el colectivo que se hace cargo de la lucha contra el franco CFA: “France, dégade” [Francia, lárgate]. Uno de sus líderes, el joven Guy Marius Sagna, declara así de forma mucho menos timorata y eufemística que las declaraciones de los responsables antes citados:

“Hoy hemos convocado una concentración esencialmente para reafirmar nuestra oposición al franco CFA porque consideramos que es una moneda neocolonial que frena el desarrollo. A partir de hoy debemos ir más allá de la denuncia del franco CFA y exigir nuestra salida. Precisamente pensamos que para romper hoy el vínculo neocolonial del franco CFA habría que exigir la salida de Francia de nuestros bancos centrales. Francia debe salir, es lo que hemos llamado el Frexit, es decir el «France exit», que Francia se largue de nuestros consejos de administración en los que tiene derecho a veto” (44).

Esta toma de conciencia tiene ya una primera traducción cultural en de la constitución de un colectivo de diez artistas de siete países de África Occidental contra el franco CFA. Su primer single titulado “Sept minutes contre le CFA” [Siete minutos contra el franco CFA] menciona así esta cuestión: “El franco CFA debe morir”, “la moneda del mono” y “pasar a otra cosa”. Esta nueva generación militante redescubre (experiencia concreta de las consecuencias destructivas del franco CFA además) los caminos de quienes denunciaron esta moneda colonial asesinados o derrocados, como Olympio, Sékou Touré, Modibo Keita, Sankara, etc. Herencias y experiencias se unen para dibujar una nueva era antiimperialista en África.

Notas:
(1) Las demás zonas se disolvieron en las fechas siguientes: zona franco belga en 1960, zona pesetas en 1969 y zona escudo en 1975.
(2) Yann Bedzigui, La zone franc: Un reliquat d’avenir, Annuaire français de relations internationales, volumen XIII, 2012, p. 533.
(3) La expresión “zona franco” solo se hizo oficial en 1953 con la creación de un “Comité monetario de la zona franco”.
(4) Jean-Baptiste N. Wago, Zone franc – outil de développement ou de domination?: Le cas des Etats africains, L’Harmattan, París, 1995, p. 23.
(5) Nota informativa del Banco de Francia, La Zone franc, agosto de 2015, p. 2.
(6) Véase sobre la política monetaria nazi Jérôme Blanc, “Pouvoirs et monnaie durant la seconde guerre mondiale en France: la monnaie subordonnée au politique”, Conférence Internationale sur la «Guerre, la monnaie et la finance», junio de 2008, Nanterre.
(7) Ibid, p. 1 y 10.
(8) Estas paridades se fijaron finalmente en 2 francos “metro” para el CFA en 1848 y en 5.5 francos “metro” para el CFP en 1949. Permanecieron sin cambios hasta la devaluación de 1994. Cf. Jean Suret-Canale, “La dévaluation du francs CFA et ses conséquences”, Aujourd’hui l’Afrique, n° 51, 1994, p. 8.
(9) Nicolas Agbohou, Le Franc CFA et l’Euro contre l’Afrique , Editions Solidarité Mondiale, París, 1999.
(10) Stéphan Konda Mambou, Tant que les Lions n’auront pas leurs propres historiens … Pour une prise de conscience de la jeunesse africaine, Edilivre, Saint-Denis, 2014.
(11) Francis M. Baye y Sunday A. Khan, “Le mésalignement du taux de change réel au Cameroun : 1970-1996”, en Jean-Luc Dubois y Aloysius Ajab Amin (dir.), Croissance et développement au Cameroun: d’une croissance équilibrée à un développement équitable, Bamenda (Camerún), 2009, p. 151.
(12) Demba Moussa Dembélé, “Cinquante ans après les indépendances en Afrique francophone. Le franc CFA en sursis”, Le Monde Diplomatique, julio de 2010, p. 12.
(13) Durante la renegociación de los acuerdos en 1972 para África Central y en 1973 para África del Oeste la regla de la unanimidad para las decisiones importantes se sustituye por la de dos terceras partes para el Banco de los Estados de África Central (BEAC) y seis séptimas partes para el Banco Central de los Estados de África del Oeste (BCEAO). En la práctica se mantiene objetivamente el poder de veto. En el mismo orden de “cambio” los nuevos acuerdos transfieren a África las sedes de ambos bancos centrales africanos.
(14) Jean Suret-Canale, “La dévaluation du francs CFA et ses conséquences”, op. cit., p. 8.
(15) El concepto de servidumbre para hablar del franco CFA se debe al economista Joseph Tchundjang Pouémi, Monnaie, servitude et liberté – La répression monétaire de l’Afrique , Menaibuc, París, 2000.
* Recordemos que se refiere a la República de Guinea, a veces llamada Guinea-Conakri para diferenciarla de otros países africanos como su vecino Guinea-Bisau o Guinea Ecuatorial. (N. de la t.)
(16) Ahmed Sékou-Touré, L’Afrique en marche, Imprimerie nationale Patrice Lumumba, Conakry, 1981, p. 412.
(17) Ahmed Sékou-Touré, discurso de 25 de agosto de 1958 en Conakry, en presencia del general De Gaulle.
(18) Citado en Jacques Arnault, Du colonialisme au socialisme, Éditions sociales, París, 1966, p. 195.
(19) Maurice Robert, «Ministre» de l’Afrique, Entretiens avec André Renault, Seuil, París, 2004, p. 107.
(20) Ibid, de p. 107 a p. 110.
(21) Jean Chatain, “Franc CFA, du «colonial qui dure»”, Aujourd’hui l’Afrique, n° 143, marzo de 2017, p. 22.
(22) Amadou Seydou Traoré, L’expérience malienne d’édification du socialisme (1960-1968), Le temps des Cerises, París, 2010, p. 104.
(23) Ibid, p. 114.
(24) Pierre Boilley, “Un complot français au Sahara? Politiques françaises et représentations maliennes”, en GEMDEV y Université du Mali (coord.), Mali-France. Regards sur une histoire partagée, Karthala, París, 2005, p. 172.
(25) Martin Fankoua y Arnaud Romeo, Vers une nouvelle Afrique ?, tomo 2, Authorhouse, Bloomington, 2014, p. 34.
(26) Patrick y Sylviane Guillaumont, “ L’adaptation des mécanismes monétaires et la liberté de choix des pays africains -Avantages et inconvénients de la zone Franc”, Le Monde Diplomatique, mayo de 1974, p. 17.
(27) Gérard Althabe, “Les manifestations paysannes d’avril 1971”, Revue Française d’Etudes Politiques Africaines, n° 78, 1972, pp. 71-77.
(28) Marco Gardini, “L’activisme politique des descendants d’esclaves à Antananarivo: les héritages de Zoam”, Politique Africaine, n° 140, 2015/4, pp. 23-40.
(29) Nicolas Agbohou, Le Franc CFA et l’Euro contre l’Afrique, op. cit., p. 103.
(30) Los PAE están constituidos por condiciones impuestas para obtener un escalonamiento de la deuda o la obtención de un nuevo préstamo. Las condiciones son prácticamente las mismas para todos los países: privatización de las empresas públicas, fin de las subvenciones a los productos de primera necesidad, política de austeridad, apertura completa del comercio exterior, aumento de los derechos de los inversores extranjeros, etc.
(31) La expresión “términos de intercambio” designa la relación entre el volumen de las importaciones y el volumen de las exportaciones. Mejora cuando un Estado exporta una cantidad menor de mercancías para procurarse la misma cantidad de bienes importados, es decir, cuando las mismas cantidades exportadas permiten comprar una cantidad mayor de mercancías importadas. En el caso inverso los términos del intercambio se degradan. Por consiguiente, los términos de intercambio describen unos costes sobrevalorados en la venta de productos manufacturados de los países industrializados al Tercer Mundo y unos costos subvalorados en la venta de productos primarios (esencialmente agrícolas, energéticos y mineros) del Tercer Mundo a los países industrializados.
(32) Zaki Laïdi, “Les Etats-Unis et l’Afrique: une stratégie d’influence croissante”, Politique Etrangère, n°49/2, 1984, pp. 305-306
(33) Ibid, p. 312.
(34) Ron Brown, citado en Robin Philpot, Ça ne s’est pas passé comme ça à Kigali, Duboiris, París, 2004, p. 196.
(35) Alain Delage y Alain Massiera, Le Franc CFA. Bilan et perspectives, L’Harmattan, París, 1994, p. 96.
(36) Francis Arzalier, “La fin du pré-carré”, Aujourd’hui l’Afrique, n° 51, 1994, p. 10.
(37) Nicolas Agbohou, Le Franc CFA et l’Euro contre l’Afrique , p. 129.
(38) Jean Chatain, Franc CFA, du «colonial qui dure», op. cit., p. 22.
(39) Assou Massou, Riz: l’occasion manquée, Jeune Afrique, n° 1836, del 13 al 19 de marzo de 1996, p. 52.
(40) Zéphirin Diabré, «Chaque fois que l’Euro s’apprécie, le franc CFA fait de même, de manière automatique», Entrevista de Le Monde, 28 de mayo de 2007, https://www.lemonde.fr/examens/article/2007/05/28/chaque-fois-que-l-euro-s-apprecie-le-franc-cfa-fait-de-meme-de-maniere-automatique_915696_3404.html , consultado el 13 de julio de 2018 a las 17 h 30.
(41) Citado en “Quand Deby proposait la mort du Franc CFA”, Mondafrique, 23 de octubre de 2015, https://mondafrique.com/quand-deby-proposait-la-mort-du-franc-cfa/, consultado el 14 de julio de 2018 a las 9 h 00.
(42) Victor Béranger, “Cedeao : Kaboré défend la création de la monnaie unique dès 2020”, Jeune Afrique, 18 de diciembre de 2017, http://www.jeuneafrique.com/503282/economie/cedeao-kabore-defend-la-creation-de-la-monnaie-unique-des-2020/, consultado el 14 de julio de 2018 a las 9 h 45.
(43) Agencia Reuter, 30 de septiembre de 2016.
(44) “Que la France dégage..” (Front anti Franc CFA), 25 de septiembre de 2017, https://www.akody.com/business/news/que-la-france-degage-front-anti-franc-cfa-313425 consultado el 14 de julio de 2018 a las10 h 30.