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La rivalidad Rusia-Irán remodela el mercado del gas en Eurasia

Nazanin Armanian
www.publico.es/300116

Mientras EEUU y la UE mantienen las sanciones contra el gas ruso, liberan a Irán de un largo embargo, intentando empujarles a una cruenta batalla por los mercados energéticos del mundo. Embarazosa situación para dos Estados que hasta hoy han mantenido una cordial desconfianza y cooperación forzadas por el dolor común de ser víctimas de la prepotencia del Occidente.

Sin embargo, Rusia podrá estar tranquila. A pesar de que Irán es la primera reserva mundial de gas (el 18,2% del total) no podrá competir, a corto plazo, con los eslavos por los siguientes motivos:

*Su escasa producción: 172,6 mil millones de metros cúbicos (mc) en 2014.
*La elevada demanda interna, por lo que Irán incluso importa 10 mil millones de mc de gas al año de Turkmenistán.
*Su insignificante papel en el comercio mundial de gas: tan sólo un 1% del total (2014).
*Instalaciones deficientes. Irán necesitará al menos 100 mil millones de dólares de inversión extranjera para renovar sus equipos y construir nuevos gaseoductos.
*La dificultad de extraer el 60% de su gas por encontrarse en el yacimiento de Pars Sur —el más grande del mundo—, que está en las profundidades de las aguas del Golfo Pérsico, donde justamente trabajan las dos gigantes compañías rusas: Lokoil y Gasprom. Desde este campo, Teherán pretendía construir el gaseoducto Irán-Irak-Siria para enviar su gas a Europa, e impedirlo es uno de los objetivos de la guerra de Arabia, Israel y la OTAN contra Siria.
*Las presiones de EEUU, Arabia Saudí e Israel a posibles clientes del gas iraní como Bahréin, Omán, Kuwait, Irak, Pakistán o India, para que congelasen los proyectos negociados con Teherán.

La cooperación de los rivales

Las relaciones ‘gasíferas’ ruso-iraníes se remontan al año 1971, cuando la Unión Soviética construyó el primer gaseoducto iraní en Astará, para recibir el gas iraní en la República Socialista de Azerbaiyán.
Después de sufrir —ambos— una inesperada metamorfosis en sus sistemas políticos durante décadas, Moscú y Teherán pusieron en marcha El Foro de Países Exportadores de Gas (FPEG) que integra a 18 Estados que suman el 62,3% de las reservas mundiales de gas.

Desde FPEG acuerdan los precios para influir sobre el mercado global de energía, y coordinan sus estrategias. Así, congelaron sus disputas sobre las enormes reservas de hidrocarburo marino del mar Caspio. Rusia e Irán forzaron la suspensión del ‘proyecto occidental’ de gaseoducto submarino Trans-Caspio, que planeaba conectar Turkmenistán —la cuarta reserva mundial del gas—, con Europa desde Azerbaiyán, atravesando las aguas del Caspio. El motivo oficial: “el mar Caspio carece de un estatus jurídico”.

Europa, la línea roja de Moscú

Para la República Islámica, tener a Europa de cliente no sólo significará ganar muchos euros, sino también garantizar su seguridad nacional. Sin embargo, los iraníes deben de superar unas difíciles barreras para conseguirlo:

1. Poder utilizar el territorio turco para sus gasoductos. Aunque, este país es el feudo del gas ruso, y a pesar de las fechorías anti-rusas de Erdogan —como derribar el avión Su-24—, los castigos de Vladimir Putin no incluyen el suministro de gas a este país. Además, los turcos no van a contribuir al expansionismo iraní, todo lo contrario: han creado una alianza estratégica con Arabia Saudi para impedir el avance de Irán en Irak y en Siria. El atentado contra el avión ruso sucedió justo un día después de la visita de Putin a Irán, el 24 de noviembre del 2015, que fue considerada por Teherán como “la visita más importante en la historia de la República Islámica”. Allí trazaron sus estrategias tanto para Siria como para el mercado de gas. Ahora el Sultán turco busca desesperadamente nuevos proveedores en Qatar, Turkmenistán e incluso en el enemigo azerbaiyano, al negarse Irán a venderle más gas, quizás por falta de capacidad tecnológica.

2. Poder inyectar gas en las tuberías azerbaiyanas con destino a Europa es una cuestión para ser estudiada.

3. Poder acortar el tiempo de renovar sus instalaciones para exportar servicios de Gas Natural Comprimido (CNG), abastecer a Europa de Gas Natural Licuado (GNL), y así superar la inseguridad de las rutas de transito de las tuberías.

Hasta entonces, Teherán planea vender su gas barato desde el estratégico puerto de Chah Bahar en el Golfo Pérsico, por donde pasará la Nueva Ruta de Seda china. Además, terminará de diseñar su política para convertirse en el referente gasístico de Oriente Próximo y del resto de Asia; y de paso, crear un hub gasístico.

Moscú no podía quedarse atrás: ha anunciado incrementar sus producciones en un 40% hasta el 2035, con el fin de hacerse también con el mercado asiático. El disgusto de Irán no podía ser mayor: Rusia recoge el proyecto del gaseoducto Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India (TAPI), el mismo proyecto que fue uno de los principales motivos de la guerra líquida de la OTAN en Afganistán y de su ocupación.

Así, tumbaron el plan del gaseoducto Irán-Pakistán-India que iba a elevar la posición geopolítica de Irán en la región y que había sido desmontado por EEUU en 2009. Los rusos han ofrecido a Nueva Delhi ejecutar el plan, y además financiarlo. Compañías ruso-chinas ya explotan el crudo de la provincia afgana de Sar-e Pul. ¿Será por eso que EEUU amplía el ‘Arco de Crisis’ a Asia Central?

La entrada de Irán en el comercio de energía, al principio, afectará al mercado del petróleo, pero no al de gas. Aun así, ante la nueva situación, Moscú emprende una nueva política: busca más proyectos para exportar su gas, su tecnología y su conocimiento para encontrar el gas oculto. Está dirigiendo, por ejemplo, la explotación del gas del ‘campo israelí’ de Leviatán (nombre de la bestia marina bíblica).

Ahora, la duda de Teherán es considerar a Rusia como un rival o mimarle como un socio vecino —es, a su vez, su margen de seguridad—; o bien, considerarla como una amiga en el Consejo de Seguridad de la ONU, con capacidad de impedir un ataque militar de EEUU, Israel o Arabia a Irán.
Y, si una superpotencia de gas como Irán no podrá sustituir a Rusia en Europa, ¿por qué España sueña con hacerlo?