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Leyes de una moratoria: una de cal y otra de arena

Polo Ciudadano

Leyes de una moratoria: una de cal y otra de arena

El presidente Laurentino Cortizo, forzado por la presión popular, que realizó más de 50 protestas callejeras en comunidades la última semana de abril y el pailazo generalizado del domingo 3 de mayo, por un lado; por otro, por las denuncias de corrupción sobre compras de respiradores y otros insumos para combatir la COVID-19, en las que la ciudadanía pedía la renuncia del vicepresidente José Gabriel Carrizo; se vio obligado a firmar parcialmente la moratoria de deudas y pagos a servicios públicos que exigíamos las organizaciones populares para aliviar un poco la crítica situación económica de miles de familias trabajadoras afectadas por la pandemia de la COVID.
Ha sido una victoria parcial porque Cortizo sancionó el proyecto de Ley 295, relativo a la moratoria en el pago de servicios públicos, como agua, luz, telefonía y la cancelación de los lanzamientos de familias que no puedan pagar sus alquileres de vivienda en estas circunstancias. Todo lo cual es un alivio que la gente celebró con justificada razón, pero que no ha sido un regalo del gobierno, sino producto de la presión popular.
Pero el presidente NO firmó el proyecto de Ley 287, relativo al pago de hipotecas, préstamos, tarjetas de créditos, etc. Al contrario, Laurentino Cortizó anunció su veto a este último proyecto de ley para regocijo de los banqueros que controlan la economía panameña.
En lugar de sancionar la Ley 287, Cortizo agachó la cabeza frente al poder económico del sector financiero, que en todo momento se negó rotundamente a ser regulado por el estado bajo ninguna forma. Lo que se presentó al país, en vez de una ley, fue un “acuerdo” de la Asociación Bancaria Nacional que establece una moratoria hasta diciembre próximo.
La moratoria acordada por los banqueros, sin duda es un alivio para asalariados que han perdido sus empleos, para profesionales y PYMES que se encuentran paralizados. Pero este alivio de las deudas es momentáneo, parcial y controlado por los propios bancos ante los cuales hay que acudir a negociar individualmente las nuevas condiciones.
Conviene tener presente que, a partir de enero, los deudores deberán enfrentarse a los pagos correspondientes a 2021 más el acumulado del capital e intereses de 2020, al margen de si han conseguido recuperar sus empleos o restaurado sus negocios a la normalidad.
El regalo para los banqueros ha sido enorme, porque el presidente anunció que los “sacrificios” que supuestamente harían con la moratoria hasta diciembre sería resarcido con 500 millones de dólares de un préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual terminaremos pagando todos los panameños y panameñas.
Tómese en cuenta que ya el gobierno de Cortizo, a inicios de la crisis del COVID-19, permitió a los banqueros usar B/. 1,300 millones del fondo de reserva para responder por los depósitos de los ahorristas dejando a estos sin ese respaldo y que, además la banca panameña había anunciado que el año 2019 había obtenido utilidades por más de B/. 1,800.00 millones. Es decir, sacrificio para los banqueros ninguno, para el pueblo todo.
Ante las protestas barriales por el ineficiente y politiquero manejos de las ayudas del Plan Panamá Solidario, con bonos y bolsas mal repartidas pese a que no alcanzan para una canasta básica de alimentos, el gobierno agilizó el pago del “vale solidario” mediante la cédula personal a decenas de miles de personas, aunque sigue sin llegar a otras decenas de miles que lo necesitan. Una de cal y otra de arena.
No olvidamos que estos logros parciales son una victoria de miles de pobladores que se echaron a las calles, pese al temor al contagio, a exigir al gobierno una respuesta acorde con el drama del momento que se vive. No olvidemos que varias de esas protestas fueron duramente reprimidas y sus participantes judicializados, lo cual va a requerir una campaña de solidaridad para que se levanten los procesos.

Se evidencia que un sistema de explotación de clase como el capitalista es incapaz de practicar la solidaridad humana ni siquiera en situaciones trágicas como las que está padeciendo la humanidad en estos momentos con la pandemia. Los capitalistas siempre buscan sacar ventajas y hacer negocios a costa de la salud pública, ya vendiendo con sobrecostos medicinas y equipos médicos, ya sea pasando la factura a los salarios de la clase trabajadora.

Una vez más queda demostrado que solo tendremos una sociedad solidaria y humana si sacamos a los oligarcas corruptos del poder e instauramos un gobierno que responda a las demandas de los explotados.
¡La lucha continúa!


Panamá, 8 de mayo de 2020.