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Caso Khashoggi: El periodista y Jack el destripador

Nazanin Armanian
www.publico.es / 23 10 18

El 7 de diciembre del 1977, el escritor secular y progresista de Arabia Saudí, Nasir As-Said, es secuestrado en plena calle de Beirut y trasladado a la embajada de este país, desde donde desaparece para siempre. Había huido de Arabia en 1956 por defender el nacionalismo árabe y colocar el lema de “un parlamento libre y democrático para Arabia saudí”, en el centro de sus demandas. Su asesinato fue organizado por la casa Saud y la CIA. Jamal Khashoggi ni de lejos se parecía a As-Said, aunque su trágico final se parece más al guion de una película hollywoodiense de gánsteres, con morbo, intriga e incluso una historia de amor.

En el asesinato del periodista árabe existen tres niveles de “intereses”: nacionales, regionales e internacionales, y justamente la presencia de demasiados actores en el escenario está dificultando la ocultación de lo sucedido y poder zanjarlo con un “pacto entre los varones de la mafia” involucrados, impidiendo que ruede la propia cabeza del principal autor intelectual del crimen el príncipe heredero Mohammad Bin Salman (MBS).

Según The Washington Post, la inteligencia estadounidense había interceptado la conversación de los funcionarios saudíes que discutían el plan para atrapar al periodista, y aunque el diario no revela los detalles, levanta la sospecha sobre la inacción de la CIA y el hecho de que no le avisaran a la víctima, ni mucho menos prestarle protección.

Al contrario de Bin Laden (el agente de la CIA, cuya supuesta muerte peliculera fue anunciada por Barak Obama sin presentar pruebas de su asesinato. ¡No hubo ni cuerpo!), en la muerte de Jamal Khashoggi, Donald Trump -que hace de portavoz de la casa Saud-, se ha visto obligado a confirmar la muerte trágico del hombre, bajo las presiones de Turquía, aun sin tener su cadáver.

Se trata de un asesinato premeditado: en septiembre, el periodista, residente en EEUU, acudía a la embajada de su país en Washington para arreglar sus papeles y poder contraer matrimonio con la estudiante universitaria turca Hatice Cengizel. Pero, los funcionarios le recomiendan, “incomprensiblemente”, que fuera a Turquía a gestionarlo, lo cual muestra la complicidad de la embajada, que está bajo el mando de nada menos que el príncipe Khaled, el hermano de MBS. Y es lo que hace el novio. El 31 de septiembre, acude al consulado de Arabia en Estambul y aquí le citan para que regrese el día 2 de octubre y recoger sus documentos, tiempo suficiente para la llegada del escuadrón de la muerte desde Arabia Saudí.

¿Quién le traicionó?

Ya temía por su vida, cuando en 2017 Khashoggi rechazó la invitación de los Saud para volver al país y trabajar como asesor de los medios de comunicación de la corte real. Sin embargo, bajó la guardia, posiblemente porque, tanto sus contactos en Riad como (un sector de) los servicios de inteligencia estadounidenses y turco le habían asegurado que estaría a salvo en Turquía. Y los tres le traicionaron o le fallaron. Cabe recordar que años atrás, concretamente en 1968, la misma CIA iba a secuestrar al periodista griego Elias Demetracopoulos, refugiado en EEUU, por órdenes de Richard Nixon y Henry Kissinger ya que había descubierto unos documentos que revelaban la ayuda de 549.000 dólares de la dictadura militar griega a la campaña electoral de Nixon. El plan era conducirle hasta la embajada griega en Washington para matarlo.

¿Quién era Khashoggi?

Empezó su carrera periodística sobre 1980, cooperando con la CIA y la casa Saud en promocionar en la prensa la “Yihad” anticomunista dirigido por su compatriota Bin Laden en Afganistán y la región, para después resaltar los crímenes de Al Qaeda con dos objetivos: justificar la farsa de EEUU en su “Guerra contra el terror”, y quitar la etiqueta de “fundamentalista y bárbaro” al régimen saudí presentándole “moderado”. Así, se convirtió en el asesor de prensa del jefe de Mukhabarat (Servicios de Inteligencia de Arabia), el príncipe Turki al Faisal, primo de MBS, e hijo de Faisal quien fue rey de Arabia hasta su asesinato en 1975 por un sobrino (¡lo cual muestra las amenazas que acechan al propio MBS, desde dentro!).

Su colaboración fue premiada por el príncipe Kalid Al Faisal, el dueño del diario de Al-Watan (La Patria), y hermano de Turki Al-Faysal, quienes le dieron el puesto del director en el rotativo. Su paso por los medios de propaganda del régimen fue breve, y eso a pesar de que seguía encubriendo los crímenes de la mafia gobernante. Los Saud, que siguen el lema de “O estás conmigo o contra mí”, son incapaces de soportar ni consejos amistosos de los periodistas de estas publicaciones. Khashoggi nunca dejó de ser leal a Washington y a las dictaduras de la región apoyando las agresiones militares de EEUU y sus socios europeos, turco y árabes a las repúblicas semi seculares de Irak, Libia y Siria, que han causado la muerte y dolor a decenas de millones de personas.

Khashoggi nunca escribió sobre la situación de los trabajadores, mujeres o de los presos políticos que reciben decenas de latigazos en su cuerpo hasta que su piel sea arrancada (como ha sucedido al joven Ali al-Nimr, condenado a muerte en 2014 por su participación en las protestas de la primavera árabe de 2012), ni mencionó nunca los gravísimos abusos, incluidos físicos y sexuales, que sufren muchos de los 9 millones de personas migrantes en el país. En 2017, al menos 146 personas fueron ejecutadas en Arabia Saudí, y la mayoría decapitadas, al puro estilo del “Estado Islámico”, por acusaciones como el ateísmo, blasfemia, homosexualidad, brujería o criticar al poder.

¿Por qué MBS va por él?

Khashoggi se hace “desertor” (que nunca opositor, ni siquiera crítico) cuando el rey Salman bin Abdulaziz​ organiza un golpe de estado para nombrar heredero a su hijo, al joven Mohammad, destituyendo al verdadero heredero, Mohamed bin Nayefel de 59 años. A pesar de que el periodista no deja de respaldar al que iba ser el futuro rey ilegítimo de Arabia y sus falsos intentos de reforma, MBS planea eliminarlo, por:

1+ Cuestionar, aunque nunca de forma directa, la legitimidad del príncipe heredero.
2+ Simpatizar con la poderosa organización rival del wahabismo la Hermandad Musulmana (HM) que gobierna en Qatar y Turquía. Lo que agrava este “pecado” es que la HM no es la enemiga apóstata chii, sino una alternativa sunnita viable a la versión más intransigente del Islam impuesta en Arabia. El periódico saudí de Okaz (nombre de un zoco en la antigua Arabia), semanas antes del asesinato, desveló su encuentro con el Emir de Qatar, Tamim Bin Hamad, en el Hotel Four Seasons en Nueva York.
3+ Poseer información privilegiada de lo que sucedía en el hermético seno del poder, además de conocer al detalle los trapos sucios de la monarquía.
4+ Ser Khashoggi un saudí “patriota”: no le podían acusar de ser “agente del occidente”.
5+ Perjudicar a la casa real desde EEUU, el centro del imperio, y donde MBS había invertido miles de millones de dólares para comprarse prestigio.
6+ Distanciarse de la postura proisraelí de la casa real sobre Palestina en general y su renuncia a Jerusalén oriental como futura capital del estado palestino, en particular. El asesinato del periodista también hace feliz a Israel.

Pedagogía del terror

Los detalles de su terrible muerte (filtrados en capítulos por el régimen de Erdogan, para su propio beneficio), han sido un aleccionamiento: podrían haberle puesto una bomba en su coche y pegarle un tiro (cosas que la prensa “amiga” podría tachar de “ajuste de cuentas” por droga, amor o lo que fuese, y los gobiernos amigos se lo hubieran agradecido). Nadie se ha escandalizado con el asesinato de la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, o al esloveno Jan Kuciak. Pero, descuartizar viva a una persona y encima, en un consulado, y para más inri en un país no amigo como Turquía, ha sido la obra de un carnicero estúpido, imposible de soportar para el mundo incluso con los acostumbrados con los estándares saudíes.

MBS, así echa a perder la ingente inversión en los medios de comunicación occidentales que hizo para que le presentaran como reformador y el hombre que iba a curar la incurable esclerosis de una teocracia que siempre es medieval: consiguió que la prensa en vez de hablar de sus crímenes en Yemen hablara del levantamiento de la prohibición de conducir a las mujeres, mientras que por la puerta atrás seguía deteniendo a las activistas feministas.

Ahora, no sólo ha asestado un duro golpe a sus aliados que pusieron la alfombra roja al “reformador MBS”, sino que acaba con el espejismo de la capacidad de reformar una teocracia sanguinaria.
Matar al periodista ha sido el suicidio de un arrogante y desesperado heredero, y la consecuencia de la impunidad que le han regalado las potencias mundiales a este país y a Israel: ¡Arabia sigue siendo miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y del Comité para el Empoderamiento de las Mujeres y la Igualdad de Género!

El año pasado los Saud organizaron su particular “noche de cristales rotos”, cuando el rey Salman citó a 11 príncipes y 38 ex ministros en el hotel Ritz-Carlton de Riad, para allí encerrarlos, torturarlos, y no soltarlos antes de desvalijar sus cuentas billonarias. El príncipe de las tinieblas saudí, también secuestró al primer ministro libanés, Saad Hariri, y ni la ONU le reprochó. Nadie ha querido a los saudíes lo suficiente para salvarlos de sí mismos.

Sin apoyo en el interior de la casa real, y ahora tampoco en exterior, MBS puede marcharse, sumiendo en una mayor incertidumbre a su país y a la región. Lo único seguro es que esta crisis no terminará en una república ni siquiera en una “república “islámica para Arabia.

Entre las pocas alternativas que le quedan a la casa saud están:

1) Apartar al heredero, y cerrar la crisis. Salman ha confundido la importancia estratégica de Arabia para EEUU con la importancia de un MBS que es absolutamente prescindible. La soga ya está en el cuello del “Trump saudí”. Es más, si no se va por las buenas, la CIA tiene medios y suficiente experiencia para hacerlo por las malas.
2) Provocar algún incidente grave a nivel internacional para que los titulares de la prensa se desviasen del “caso de MBS”.

Empieza, de todas formas, una nueva ronda de juego árabe de tronos.
Y, por último, a pesar de las afirmaciones de los líderes occidentales, Arabia Saudí carece del poder real para chantajear al mundo: es una simple y llana colonia de EEUU.
En 1818, el sultán otomano Mahmud II colgó la cabeza del rey del primer estado saudí Abdullah bin Saud en la puerta de Constantinopla. Hoy, 200 años después, el aspirante a sultán otomano, Tayyeb Erdogan está sujetando en una mano la cabeza del príncipe heredero de Arabia Saudí Mohammed Bin Salman (MBS), y con la otra mantiene una daga debajo de su cuello. Pero, ¡Tranquilos! No le matará: hoy, el autor intelectual del magnicidio de Estambul vale más vivo que muerto.

El presidente turco, ha adoptado la estrategia de Sherezade, la cuenta cuentos persa de Mil y Una noches: narra, noche tras noche, sus relatos previamente recortados, para sacar ventajas a un asesino, mientras guarda algún (o varios) as debajo de la manga.

Erdogan y Milli İstihbarat Teşkilatı (MIT), la Organización Nacional de Inteligencia turca, empezaron a filtrar los macabros detalles del asesinato del periodista islamista Jamal Khashoggi, a partir del día 4 de octubre, ignorando el dolor de la familia, con el único objetivo de sacar el máximo provecho de la situación, mientras negociaba en secreto con EEUU y Arabia saudí. Por lo que, en la noche número 999, y a pesar de haber prometido al mundo contar la verdad “en toda su desnudez” sobre el asesinato, suspendió la siguiente entrega que iba a ser la publicación de una cinta de audio de 11 minutos sobre el crimen.

Es más que probable que Ankara tuviera conocimiento sobre el trágico fin de Khashoggi desde el minuto uno, y decidiera dosificar la información, y pasar a la siguiente entrega dependiendo de la reacción oficial de Riad y de los resultados de negociaciones que están llevando a cabo con Khalid Al Faisal, el emir de la Meca designado por el rey Salman como representante de los saudíes.

Se desconoce si dicha información procedía de algún espía turco en el consulado, de la captación de las conversaciones de uno de los asesinos por su móvil pinchado, o los micrófonos instalados dentro y fuera del consulado. A partir de allí, empieza una ingeniería informativa que otorga al sultán Erdogan imponerse a su alteza Bin Salman: justo cuando éste se desmarcaba del crimen, publicó el video de los sicarios, entre los que se encontraba el asesor personal de MBS.

La estrategia turca de “presión y paciencia” funcionó: Los saudíes, después de dos semanas de negar cualquier conexión con la desaparición de Khashoggi e incluso culpar a la propia Turquía por su desaparición, admitieron el crimen por sus agentes, mientras ambos lados omitían la implicación de MBS, a pesar de las innegables evidencias, como la conversación interceptada de Mohammed con la inteligencia saudí en EEUU por la CIA.

Esta “coincidencia” huele a un pacto entre EEUU, Turquía y Arabia Saudí, que dejaría escaparse a Mohammed por la ventana ahora que Ankara, hábilmente, le había cerrado todas las puertas. También llaman la atención que hasta hoy, Ankara no haya expulsado a los diplomáticos saudíes, ni siquiera les haya levantado la inmunidad, o que la policía turca no entrase en el consulado los primeros días, a pesar de tener plena jurisdicción sobre la sede, regalándoles a los saudíes 15 valiosos días, para elaborar coartadas. Inspeccionaron la sede diplomática después de que Erdogan llamase al rey Salman y le pidiera cortésmente la autorización.

Puede que el malabarista turco, que con este asunto está viviendo los mejores días de su mandato, 1) No quiera deteriorar sus relaciones con Arabia y los aliados de éste, por sus grandes inversiones en Turquía (sobre todo en el sector del “ladrillo”), y 2) necesita de Riad para alcanzar un acuerdo sobre Siria y el reparto de las zonas de influencia en este país, al que agredieron juntos en 2015 utilizando a los yihadistas: Hay que negociar el reparto del  botín sobre las cenizas de aquella nación. Además, con la lira por el suelo, la economía turca necesita atraer inversiones de los países árabes de la región. De allí Erdogan alabe la “sinceridad” del rey Salman en “llegar al fondo de la muerte de Khashoggi”.

El presidente de Turquía tenía cierta amistad con Jamal Khashoggi (sobrino del traficante de armas Adnan Al Khashoggi, implicado en el escándalo Irán-Contras”, y primo de Dodi al Fayet), que era de origen turco, y con el que compartía la ideología de la Hermandad Musulmana (HM), poderosa organización sunnita que ya gobierna en Turquía y Qatar, y cuenta con decenas de millones de simpatizantes en Egipto, Túnez, Líbano, y otros estados “sunnitas”.

Razones de una profunda brecha

Desde la toma del poder por el partido derechista-islamista de Justicia y Desarrollo, y sobre todo a partir del portazo recibido por la Unión Europa, la Turquía imperialista intenta aumentar su influencia en los territorios “musulmanes” del imperio otomano, desafiando a Arabia Saudí. De modo que las relaciones entre ambos estados han pasado por las siguientes fases:

1+ En 2003, y tras la invasión liderada por EEUU a Irak en 2003, Bush desmantela el gobierno árabe-sunnita de Irak y lo reemplaza por otro árabe-chiita e incluye una autonomía kurda en el nuevo estado, cambiando el equilibrio de la región en favor de Irán. Riad y Ankara (¡y Tel Aviv!) deciden unir sus fuerzas para contener a los iraníes.

2+ El 2011 es el año del fin de la luna de miel entre la pareja, por las “Primaveras” de Egipto y Túnez. Riad no escatima dinero para derrotar a las fuerzas de la HM (respaldadas por Barak Obama), e incluso patrocina, junto con Emiratos Árabes Unidos (EAU), un golpe un estado militar en Egipto contra el presidente Mohammed Mursi perteneciente a HM. De hecho, Erdogan ha autorizado las actividades de los disidentes “hermano-musulmanes” egipcios en el suelo de Turquía donde disponen hasta de estaciones de televisión.

3+ En 2017, las amenazas de un ataque militar de Arabia Saudí y EUA a Qatar y el embargo del pequeño país aliado de Ankara, por mar, tierra y aire por dichos países, enfurece tanto a Erdogan que decide instalar una base militar en Doha, desafiado la hegemonía saudí incluso en las aguas del Golfo Pérsico.

4+ El distanciamiento entre Turquía y el gobierno de Trump es aprovechado por Riad, quien “compra” al presidente de EEUU, por miles de millones de dólares.

5+ Además, Turquía se opone a las políticas saudíes en aislar a Irán y también a su renuncia a Jerusalén Oriental como la capital de Palestina.

No es posible que guardemos silencio sobre lo ocurrido”, advirtió Erdogan a los Saud, insinuándoles que no buscasen a un “salvador” en la Casa Blanca de Washington: él estará en la Casa Blanca (Ak Sarayı) de Ankara.

Las demandas de Erdogan a EEUU y Arabia

Lo que Turquía puede obtener de este drama es de tal magnitud que no se debe descartar que la propia MIT, a pesar de tener conocimiento previo sobre los planes de MBS, dejara que sucediera.  La decadencia de Egipto, el peso pesado del mundo árabe-musulmán, y la caída de Arabia Saudí al fondo de los infiernos, es una gran oportunidad para que Turquía se presentarse como líder mesurado y moderado del mundo islámico-sunnita. Además, con una “cinta” en su caja fuerte, puede presentar las siguientes condiciones a Washington y Riad para rescatar a la Casa Saud (que no al heredero):

a) Dejar de apoyar y armar a los kurdos de Siria. Es posible que Erdogan haya conseguido algún compromiso al respecto: días después del asesinato de Khashoggi, Turquía liberó al pastor estadounidense Brunson, encarcelado en 2016, y anunció una mayor coordinación con las fuerzas de EEUU en Siria.

b) Levantar las sanciones impuestas por EEUU a Turquía.

c) Levantar las sanciones económicas a Qatar por Arabia y EAU.

d) Celebrar el juicio de los criminales en Turquía, el lugar del crimen, para así seguir sacando provecho del cadáver del desgraciado Khashoggi. ¡Tendrá que darse prisa, antes de que todos los implicados pierdan la vida, como el teniente Meshal Saad al-Bostani, que murió en un “accidente” de tráfico, dos días después de regresar a su país (¡a ver, no iba a tener este “accidente” en el consulado en Berlín!)

Entre estas demandas está ausente poner fin a la guerra que ha desgarrado a Yemen.

El viaje de la directora de la CIA, Gina Haspel a Ankara para verse con el jefe de la inteligencia turca Hakan Fidan tiene como objetivo examinar las pruebas de Turquía y también fabricar una coartada común para impedir la desestabilización de Arabia.


El culebrón turco sobre los gánsteres saudíes seguirá emitiéndose, haciendo temblar los cimientos del tambaleante Oriente Próximo.Nazanin Armanian
www.publico.es / 23 10 18

El 7 de diciembre del 1977, el escritor secular y progresista de Arabia Saudí, Nasir As-Said, es secuestrado en plena calle de Beirut y trasladado a la embajada de este país, desde donde desaparece para siempre. Había huido de Arabia en 1956 por defender el nacionalismo árabe y colocar el lema de “un parlamento libre y democrático para Arabia saudí”, en el centro de sus demandas. Su asesinato fue organizado por la casa Saud y la CIA. Jamal Khashoggi ni de lejos se parecía a As-Said, aunque su trágico final se parece más al guion de una película hollywoodiense de gánsteres, con morbo, intriga e incluso una historia de amor.

En el asesinato del periodista árabe existen tres niveles de “intereses”: nacionales, regionales e internacionales, y justamente la presencia de demasiados actores en el escenario está dificultando la ocultación de lo sucedido y poder zanjarlo con un “pacto entre los varones de la mafia” involucrados, impidiendo que ruede la propia cabeza del principal autor intelectual del crimen el príncipe heredero Mohammad Bin Salman (MBS).

Según The Washington Post, la inteligencia estadounidense había interceptado la conversación de los funcionarios saudíes que discutían el plan para atrapar al periodista, y aunque el diario no revela los detalles, levanta la sospecha sobre la inacción de la CIA y el hecho de que no le avisaran a la víctima, ni mucho menos prestarle protección.

Al contrario de Bin Laden (el agente de la CIA, cuya supuesta muerte peliculera fue anunciada por Barak Obama sin presentar pruebas de su asesinato. ¡No hubo ni cuerpo!), en la muerte de Jamal Khashoggi, Donald Trump -que hace de portavoz de la casa Saud-, se ha visto obligado a confirmar la muerte trágico del hombre, bajo las presiones de Turquía, aun sin tener su cadáver.

Se trata de un asesinato premeditado: en septiembre, el periodista, residente en EEUU, acudía a la embajada de su país en Washington para arreglar sus papeles y poder contraer matrimonio con la estudiante universitaria turca Hatice Cengizel. Pero, los funcionarios le recomiendan, “incomprensiblemente”, que fuera a Turquía a gestionarlo, lo cual muestra la complicidad de la embajada, que está bajo el mando de nada menos que el príncipe Khaled, el hermano de MBS. Y es lo que hace el novio. El 31 de septiembre, acude al consulado de Arabia en Estambul y aquí le citan para que regrese el día 2 de octubre y recoger sus documentos, tiempo suficiente para la llegada del escuadrón de la muerte desde Arabia Saudí.

¿Quién le traicionó?

Ya temía por su vida, cuando en 2017 Khashoggi rechazó la invitación de los Saud para volver al país y trabajar como asesor de los medios de comunicación de la corte real. Sin embargo, bajó la guardia, posiblemente porque, tanto sus contactos en Riad como (un sector de) los servicios de inteligencia estadounidenses y turco le habían asegurado que estaría a salvo en Turquía. Y los tres le traicionaron o le fallaron. Cabe recordar que años atrás, concretamente en 1968, la misma CIA iba a secuestrar al periodista griego Elias Demetracopoulos, refugiado en EEUU, por órdenes de Richard Nixon y Henry Kissinger ya que había descubierto unos documentos que revelaban la ayuda de 549.000 dólares de la dictadura militar griega a la campaña electoral de Nixon. El plan era conducirle hasta la embajada griega en Washington para matarlo.

¿Quién era Khashoggi?

Empezó su carrera periodística sobre 1980, cooperando con la CIA y la casa Saud en promocionar en la prensa la “Yihad” anticomunista dirigido por su compatriota Bin Laden en Afganistán y la región, para después resaltar los crímenes de Al Qaeda con dos objetivos: justificar la farsa de EEUU en su “Guerra contra el terror”, y quitar la etiqueta de “fundamentalista y bárbaro” al régimen saudí presentándole “moderado”. Así, se convirtió en el asesor de prensa del jefe de Mukhabarat (Servicios de Inteligencia de Arabia), el príncipe Turki al Faisal, primo de MBS, e hijo de Faisal quien fue rey de Arabia hasta su asesinato en 1975 por un sobrino (¡lo cual muestra las amenazas que acechan al propio MBS, desde dentro!).

Su colaboración fue premiada por el príncipe Kalid Al Faisal, el dueño del diario de Al-Watan (La Patria), y hermano de Turki Al-Faysal, quienes le dieron el puesto del director en el rotativo. Su paso por los medios de propaganda del régimen fue breve, y eso a pesar de que seguía encubriendo los crímenes de la mafia gobernante. Los Saud, que siguen el lema de “O estás conmigo o contra mí”, son incapaces de soportar ni consejos amistosos de los periodistas de estas publicaciones. Khashoggi nunca dejó de ser leal a Washington y a las dictaduras de la región apoyando las agresiones militares de EEUU y sus socios europeos, turco y árabes a las repúblicas semi seculares de Irak, Libia y Siria, que han causado la muerte y dolor a decenas de millones de personas.

Khashoggi nunca escribió sobre la situación de los trabajadores, mujeres o de los presos políticos que reciben decenas de latigazos en su cuerpo hasta que su piel sea arrancada (como ha sucedido al joven Ali al-Nimr, condenado a muerte en 2014 por su participación en las protestas de la primavera árabe de 2012), ni mencionó nunca los gravísimos abusos, incluidos físicos y sexuales, que sufren muchos de los 9 millones de personas migrantes en el país. En 2017, al menos 146 personas fueron ejecutadas en Arabia Saudí, y la mayoría decapitadas, al puro estilo del “Estado Islámico”, por acusaciones como el ateísmo, blasfemia, homosexualidad, brujería o criticar al poder.

¿Por qué MBS va por él?

Khashoggi se hace “desertor” (que nunca opositor, ni siquiera crítico) cuando el rey Salman bin Abdulaziz​ organiza un golpe de estado para nombrar heredero a su hijo, al joven Mohammad, destituyendo al verdadero heredero, Mohamed bin Nayefel de 59 años. A pesar de que el periodista no deja de respaldar al que iba ser el futuro rey ilegítimo de Arabia y sus falsos intentos de reforma, MBS planea eliminarlo, por:

1+ Cuestionar, aunque nunca de forma directa, la legitimidad del príncipe heredero.
2+ Simpatizar con la poderosa organización rival del wahabismo la Hermandad Musulmana (HM) que gobierna en Qatar y Turquía. Lo que agrava este “pecado” es que la HM no es la enemiga apóstata chii, sino una alternativa sunnita viable a la versión más intransigente del Islam impuesta en Arabia. El periódico saudí de Okaz (nombre de un zoco en la antigua Arabia), semanas antes del asesinato, desveló su encuentro con el Emir de Qatar, Tamim Bin Hamad, en el Hotel Four Seasons en Nueva York.
3+ Poseer información privilegiada de lo que sucedía en el hermético seno del poder, además de conocer al detalle los trapos sucios de la monarquía.
4+ Ser Khashoggi un saudí “patriota”: no le podían acusar de ser “agente del occidente”.
5+ Perjudicar a la casa real desde EEUU, el centro del imperio, y donde MBS había invertido miles de millones de dólares para comprarse prestigio.
6+ Distanciarse de la postura proisraelí de la casa real sobre Palestina en general y su renuncia a Jerusalén oriental como futura capital del estado palestino, en particular. El asesinato del periodista también hace feliz a Israel.

Pedagogía del terror

Los detalles de su terrible muerte (filtrados en capítulos por el régimen de Erdogan, para su propio beneficio), han sido un aleccionamiento: podrían haberle puesto una bomba en su coche y pegarle un tiro (cosas que la prensa “amiga” podría tachar de “ajuste de cuentas” por droga, amor o lo que fuese, y los gobiernos amigos se lo hubieran agradecido). Nadie se ha escandalizado con el asesinato de la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, o al esloveno Jan Kuciak. Pero, descuartizar viva a una persona y encima, en un consulado, y para más inri en un país no amigo como Turquía, ha sido la obra de un carnicero estúpido, imposible de soportar para el mundo incluso con los acostumbrados con los estándares saudíes.

MBS, así echa a perder la ingente inversión en los medios de comunicación occidentales que hizo para que le presentaran como reformador y el hombre que iba a curar la incurable esclerosis de una teocracia que siempre es medieval: consiguió que la prensa en vez de hablar de sus crímenes en Yemen hablara del levantamiento de la prohibición de conducir a las mujeres, mientras que por la puerta atrás seguía deteniendo a las activistas feministas.

Ahora, no sólo ha asestado un duro golpe a sus aliados que pusieron la alfombra roja al “reformador MBS”, sino que acaba con el espejismo de la capacidad de reformar una teocracia sanguinaria.
Matar al periodista ha sido el suicidio de un arrogante y desesperado heredero, y la consecuencia de la impunidad que le han regalado las potencias mundiales a este país y a Israel: ¡Arabia sigue siendo miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y del Comité para el Empoderamiento de las Mujeres y la Igualdad de Género!

El año pasado los Saud organizaron su particular “noche de cristales rotos”, cuando el rey Salman citó a 11 príncipes y 38 ex ministros en el hotel Ritz-Carlton de Riad, para allí encerrarlos, torturarlos, y no soltarlos antes de desvalijar sus cuentas billonarias. El príncipe de las tinieblas saudí, también secuestró al primer ministro libanés, Saad Hariri, y ni la ONU le reprochó. Nadie ha querido a los saudíes lo suficiente para salvarlos de sí mismos.

Sin apoyo en el interior de la casa real, y ahora tampoco en exterior, MBS puede marcharse, sumiendo en una mayor incertidumbre a su país y a la región. Lo único seguro es que esta crisis no terminará en una república ni siquiera en una “república “islámica para Arabia.

Entre las pocas alternativas que le quedan a la casa saud están:

1) Apartar al heredero, y cerrar la crisis. Salman ha confundido la importancia estratégica de Arabia para EEUU con la importancia de un MBS que es absolutamente prescindible. La soga ya está en el cuello del “Trump saudí”. Es más, si no se va por las buenas, la CIA tiene medios y suficiente experiencia para hacerlo por las malas.
2) Provocar algún incidente grave a nivel internacional para que los titulares de la prensa se desviasen del “caso de MBS”.

Empieza, de todas formas, una nueva ronda de juego árabe de tronos.
Y, por último, a pesar de las afirmaciones de los líderes occidentales, Arabia Saudí carece del poder real para chantajear al mundo: es una simple y llana colonia de EEUU.
En 1818, el sultán otomano Mahmud II colgó la cabeza del rey del primer estado saudí Abdullah bin Saud en la puerta de Constantinopla. Hoy, 200 años después, el aspirante a sultán otomano, Tayyeb Erdogan está sujetando en una mano la cabeza del príncipe heredero de Arabia Saudí Mohammed Bin Salman (MBS), y con la otra mantiene una daga debajo de su cuello. Pero, ¡Tranquilos! No le matará: hoy, el autor intelectual del magnicidio de Estambul vale más vivo que muerto.

El presidente turco, ha adoptado la estrategia de Sherezade, la cuenta cuentos persa de Mil y Una noches: narra, noche tras noche, sus relatos previamente recortados, para sacar ventajas a un asesino, mientras guarda algún (o varios) as debajo de la manga.

Erdogan y Milli İstihbarat Teşkilatı (MIT), la Organización Nacional de Inteligencia turca, empezaron a filtrar los macabros detalles del asesinato del periodista islamista Jamal Khashoggi, a partir del día 4 de octubre, ignorando el dolor de la familia, con el único objetivo de sacar el máximo provecho de la situación, mientras negociaba en secreto con EEUU y Arabia saudí. Por lo que, en la noche número 999, y a pesar de haber prometido al mundo contar la verdad “en toda su desnudez” sobre el asesinato, suspendió la siguiente entrega que iba a ser la publicación de una cinta de audio de 11 minutos sobre el crimen.

Es más que probable que Ankara tuviera conocimiento sobre el trágico fin de Khashoggi desde el minuto uno, y decidiera dosificar la información, y pasar a la siguiente entrega dependiendo de la reacción oficial de Riad y de los resultados de negociaciones que están llevando a cabo con Khalid Al Faisal, el emir de la Meca designado por el rey Salman como representante de los saudíes.

Se desconoce si dicha información procedía de algún espía turco en el consulado, de la captación de las conversaciones de uno de los asesinos por su móvil pinchado, o los micrófonos instalados dentro y fuera del consulado. A partir de allí, empieza una ingeniería informativa que otorga al sultán Erdogan imponerse a su alteza Bin Salman: justo cuando éste se desmarcaba del crimen, publicó el video de los sicarios, entre los que se encontraba el asesor personal de MBS.

La estrategia turca de “presión y paciencia” funcionó: Los saudíes, después de dos semanas de negar cualquier conexión con la desaparición de Khashoggi e incluso culpar a la propia Turquía por su desaparición, admitieron el crimen por sus agentes, mientras ambos lados omitían la implicación de MBS, a pesar de las innegables evidencias, como la conversación interceptada de Mohammed con la inteligencia saudí en EEUU por la CIA.

Esta “coincidencia” huele a un pacto entre EEUU, Turquía y Arabia Saudí, que dejaría escaparse a Mohammed por la ventana ahora que Ankara, hábilmente, le había cerrado todas las puertas. También llaman la atención que hasta hoy, Ankara no haya expulsado a los diplomáticos saudíes, ni siquiera les haya levantado la inmunidad, o que la policía turca no entrase en el consulado los primeros días, a pesar de tener plena jurisdicción sobre la sede, regalándoles a los saudíes 15 valiosos días, para elaborar coartadas. Inspeccionaron la sede diplomática después de que Erdogan llamase al rey Salman y le pidiera cortésmente la autorización.

Puede que el malabarista turco, que con este asunto está viviendo los mejores días de su mandato, 1) No quiera deteriorar sus relaciones con Arabia y los aliados de éste, por sus grandes inversiones en Turquía (sobre todo en el sector del “ladrillo”), y 2) necesita de Riad para alcanzar un acuerdo sobre Siria y el reparto de las zonas de influencia en este país, al que agredieron juntos en 2015 utilizando a los yihadistas: Hay que negociar el reparto del  botín sobre las cenizas de aquella nación. Además, con la lira por el suelo, la economía turca necesita atraer inversiones de los países árabes de la región. De allí Erdogan alabe la “sinceridad” del rey Salman en “llegar al fondo de la muerte de Khashoggi”.

El presidente de Turquía tenía cierta amistad con Jamal Khashoggi (sobrino del traficante de armas Adnan Al Khashoggi, implicado en el escándalo Irán-Contras”, y primo de Dodi al Fayet), que era de origen turco, y con el que compartía la ideología de la Hermandad Musulmana (HM), poderosa organización sunnita que ya gobierna en Turquía y Qatar, y cuenta con decenas de millones de simpatizantes en Egipto, Túnez, Líbano, y otros estados “sunnitas”.

Razones de una profunda brecha

Desde la toma del poder por el partido derechista-islamista de Justicia y Desarrollo, y sobre todo a partir del portazo recibido por la Unión Europa, la Turquía imperialista intenta aumentar su influencia en los territorios “musulmanes” del imperio otomano, desafiando a Arabia Saudí. De modo que las relaciones entre ambos estados han pasado por las siguientes fases:

1+ En 2003, y tras la invasión liderada por EEUU a Irak en 2003, Bush desmantela el gobierno árabe-sunnita de Irak y lo reemplaza por otro árabe-chiita e incluye una autonomía kurda en el nuevo estado, cambiando el equilibrio de la región en favor de Irán. Riad y Ankara (¡y Tel Aviv!) deciden unir sus fuerzas para contener a los iraníes.

2+ El 2011 es el año del fin de la luna de miel entre la pareja, por las “Primaveras” de Egipto y Túnez. Riad no escatima dinero para derrotar a las fuerzas de la HM (respaldadas por Barak Obama), e incluso patrocina, junto con Emiratos Árabes Unidos (EAU), un golpe un estado militar en Egipto contra el presidente Mohammed Mursi perteneciente a HM. De hecho, Erdogan ha autorizado las actividades de los disidentes “hermano-musulmanes” egipcios en el suelo de Turquía donde disponen hasta de estaciones de televisión.

3+ En 2017, las amenazas de un ataque militar de Arabia Saudí y EUA a Qatar y el embargo del pequeño país aliado de Ankara, por mar, tierra y aire por dichos países, enfurece tanto a Erdogan que decide instalar una base militar en Doha, desafiado la hegemonía saudí incluso en las aguas del Golfo Pérsico.

4+ El distanciamiento entre Turquía y el gobierno de Trump es aprovechado por Riad, quien “compra” al presidente de EEUU, por miles de millones de dólares.

5+ Además, Turquía se opone a las políticas saudíes en aislar a Irán y también a su renuncia a Jerusalén Oriental como la capital de Palestina.

No es posible que guardemos silencio sobre lo ocurrido”, advirtió Erdogan a los Saud, insinuándoles que no buscasen a un “salvador” en la Casa Blanca de Washington: él estará en la Casa Blanca (Ak Sarayı) de Ankara.

Las demandas de Erdogan a EEUU y Arabia

Lo que Turquía puede obtener de este drama es de tal magnitud que no se debe descartar que la propia MIT, a pesar de tener conocimiento previo sobre los planes de MBS, dejara que sucediera.  La decadencia de Egipto, el peso pesado del mundo árabe-musulmán, y la caída de Arabia Saudí al fondo de los infiernos, es una gran oportunidad para que Turquía se presentarse como líder mesurado y moderado del mundo islámico-sunnita. Además, con una “cinta” en su caja fuerte, puede presentar las siguientes condiciones a Washington y Riad para rescatar a la Casa Saud (que no al heredero):

a) Dejar de apoyar y armar a los kurdos de Siria. Es posible que Erdogan haya conseguido algún compromiso al respecto: días después del asesinato de Khashoggi, Turquía liberó al pastor estadounidense Brunson, encarcelado en 2016, y anunció una mayor coordinación con las fuerzas de EEUU en Siria.

b) Levantar las sanciones impuestas por EEUU a Turquía.

c) Levantar las sanciones económicas a Qatar por Arabia y EAU.

d) Celebrar el juicio de los criminales en Turquía, el lugar del crimen, para así seguir sacando provecho del cadáver del desgraciado Khashoggi. ¡Tendrá que darse prisa, antes de que todos los implicados pierdan la vida, como el teniente Meshal Saad al-Bostani, que murió en un “accidente” de tráfico, dos días después de regresar a su país (¡a ver, no iba a tener este “accidente” en el consulado en Berlín!)

Entre estas demandas está ausente poner fin a la guerra que ha desgarrado a Yemen.

El viaje de la directora de la CIA, Gina Haspel a Ankara para verse con el jefe de la inteligencia turca Hakan Fidan tiene como objetivo examinar las pruebas de Turquía y también fabricar una coartada común para impedir la desestabilización de Arabia.

El culebrón turco sobre los gánsteres saudíes seguirá emitiéndose, haciendo temblar los cimientos del tambaleante Oriente Próximo.