Rafael
Cuevas Molina
www.connuestraamerica.blogspot.com/dic2014
Perdón, pero ¿los gringos se hacen los tontos o son tontos? Después del
informe de la comisión del Senado norteamericano en el que se develan las
torturas a las que la CIA sometió a prisioneros sospechosos de terrorismo, todo
mundo se rasga las vestiduras en los Estados Unidos.
Pero, ¡por favor!
¿es que no lo sabían? Los Estados Unidos de América, su ejército, la CIA, el
FBI y la policía han torturado siempre. No solo eso: han enseñado a torturar, y
las torturas que describe el mentado informe son las menos truculentas.
En América Latina,
enseñaron formas de tortura que no están dirigidas contra individuos sino
contra conglomerados sociales completos. La famosísima y archiconocida Escuela
de las Américas dio clases de tortura a militares latinoamericanos durante
décadas. De sus aulas salieron algunos de los más consumados genocidas, los
asesinos de más sangre fría, sicópatas que torturaron a hombres y mujeres de
las formas más aberrantes que se puedan concebir.
¿Ha oído hablar
alguien de lo que militares y policías latinoamericanos adiestrados en esa
escuela o asesorados por la CIA le hicieron a mujeres militantes de izquierda
en Chile?: las violaron en grupo, las aparearon con animales y les introdujeron
ratas en la vagina.
Fueron diestros
consumados en la tortura sicológica. Hicieron creer a familiares de
desaparecidos políticos que sus deudos se encontraban vivos, alimentaron su
esperanza para prolongar su angustia; insinuaron durante años que estaban vivos
y sugirieron que si se portaban bien, eventualmente, podrían encontrarse con
ellos. Desgarraron el corazón de los que se aferraban al más tenue hilo de
esperanza y no dudo que secretamente se morían de la risa. Lo sé porque lo viví
en carne propia, porque mi familia vivió este tipo de tortura sicológica
durante años.
Salen diciendo por
ahí algunos de los que son involucrados por el informe que lo que ahí se dice
es mentira, y que no se informaron bien los que lo redactaron. Puede ser que no
se informaran bien, y por eso se quedaron cortos. Lo que ahí dicen no es ni la
cuarta parte de lo que los norteamericanos han hecho no solo en América Latina
sino en el mundo entero. ¿Quieren un cuadro más completo? No tienen más que dar
un paso al otro lado de la frontera y se van a encontrar con un historial
frente al cual el informe se quedará pálido.
Aunque negando las
torturas, dicen los responsables que, de todos modos, si las hubieran hecho se
justificaban porque se hacían en nombre de la democracia, la libertad y el
progreso. Lo dicen sin ningún empacho, cuando a la vista de todos están la
democracia y el progreso que dejaron en países como Libia, Irak o Afganistán, o
las consecuencias que vivimos hoy en América Latina, cuando asesinos acuerpados
por ellos, adiestrados por ellos, sostenidos por ellos, viven en la más
rampante impunidad y desparraman su ejemplo por toda la sociedad, haciendo
evidente el mensaje que no hay por qué preocuparse porque de puede ser asesino,
torturador o genocida y, a la larga vivir como si nada hubiera pasado, sin
consecuencia alguna.
Que no nos vengan
con cuentos: nosotros sabemos perfectamente que “el submarino”, forma de
tortura a la que eufemísticamente llaman “inmersión” en el informe, es una de
las formas de tortura más corrientes y leves que siempre han aplicado aquí y en
todos los rincones del mundo, al principio de un procedimiento de
“ablandamiento”, porque después venía lo más serio, lo que acaba llevando a la muerte
tras una agonía larga y dolorosa.
Si no fuera porque
estamos hablando de algo que ha creado tanto dolor e indignación, estos señores
serían dignos de risa.