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Parodia de los ruidos del tiempo.

Charlando con Juan Goytisolo

Entrevistas 050617

Aviso al lector: esto no es exactamente una entrevista. Más bien es una charla improvisada en un café, entre dos viejos amigos, con una grabadora a mano. Goytisolo pasó por Barcelona con motivo de la presentación de su última novela, El exiliado de aquí y allá. Miguel Riera charló con él.

En 1980 aparecía en España, publicada por la editorial Montesinos, Paisajes después de la batalla, una novela que no fue muy bien comprendida entonces pero que anticipaba el disparatado mundo en el que muy pronto se vería sumergida la sociedad española. Su protagonista, el Monstruo del Sentier (por el barrio parisiense en el que vive), es un personaje extraño, solitario, que tiene unos misteriosos contactos con organizaciones terroristas, profetiza catástrofes ecológicas y tiene fantasías sexuales que lo acercan al mundo de Lewis Carroll. El Monstruo padece un doble exilio: de su país y de su tiempo, una característica que es fácil rastrear en otros textos de Goytisolo (en su edición de Blanco White, por ejemplo).

Doble exilio sufre también el protagonista de El exiliado de aquí y allá, protagonista que no es otro que el mismo Monstruo de Paisajes, enviado al otro mundo por una bomba lapa pero que no se resigna a estar ausente del todo, y desde su “más acá”, que es nuestro “más allá” –un parque virtual del que Internet es una pieza fundamental– trata de entender el mundo que tan forzadamente había abandonado.

La novela, llena de guiños, es verdaderamente divertida, no con el chiste fácil propio de la literatura pretendidamente cómica, sino a través de múltiples alusiones y enlaces subterráneos en una trama difuminada, amén de las a veces hilarantes descripciones de los personajes y sus avatares. Antes de regresar a Marrakech, donde vive habitualmente, Juan Goytisolo paseó por el lugar que más ama de Barcelona: las Ramblas. Y es ahí donde charlamos.

Te voy a hacer una pregunta que ya te habrán hecho un millón de veces…

—No lo creo. La primera pregunta que me han hecho muchas veces es la siguiente: ¿es verdad que usted escribe con un bolígrafo de un euro? Ya ves, la noticia no está siempre en el libro que has escrito, sino en el bolígrafo que has empleado.

—Bueno, esa desde luego no era la que iba a hacerte. No, la pregunta es esta: ¿por qué has regresado a la novela después de haber anunciado que abandonabas ese género?

—Es que en realidad no fue un anuncio. Fue una frase que le dije en una entrevista a Javier Valenzuela y que se convirtió en un titular. Le dije que probablemente no escribiría más, porque en aquel momento no tenía nada que decir y como no escribo por obligación, si no tengo nada que decir, me callo.

Personalmente me alegro. Este libro que acabas de publicar con el pertinente título de “El exiliado de aquí y allá” enlaza con “Paisajes después de la batalla”, donde estabas adelantándote al mundo que venía, y que tú habías detectado. Algunas personas comentaron entonces que te habías extraviado, que exagerabas, que el futuro no sería el que tú pintabas en la novela.

—Cuando apareció Paisajes, en España no existía aún la experiencia urbana que yo sí tenía. Era una sociedad homogénea, no había inmigrantes, las fantasías del Monstruo del Sentier parecían en este contexto meros disparates. Pero en realidad ahí estaba ya todo: el terrorismo, el incendio de las barriadas, el cambio climático, todo está en esa novela.

—¿Y cuándo decidiste rescatar al Monstruo?

—Entre 2002 y 2004 estuve escribiendo textos que eran como discursos, voces, y pensaba publicarlos en forma de un librito pequeño que se llamaría A la escucha de las voces del tiempo. Luego me di cuenta de que en realidad esos textos no eran islas, sino que constituían un archipiélago. A partir de ellos, poco a poco, elaboré la novela. Ha sido un trabajo complejo porque he querido mantener el argumento en segundo plano y dejar hablar a los textos. Hay una frase de Boris Pasternak que he leído citada en un libro de Sánchez Robayna: Él sueña en una prosa en acción y no en relato. Creo que no hay mejor definición de El exiliado de aquí y allá, es una prosa en acción.

Te habrás divertido ridiculizando las grandes alienaciones del mundo de hoy…

—Pues sí. Es una parodia, que he intentado hacer lo más cruel posible, de los ruidos del tiempo. Y todo tiene su origen en la lectura de la prensa, en lo que se oye por ahí…

—¿Hasta qué punto es real el mundo que nos pintan los medios?

—Obviamente existe un mundo que está en los medios, pero al margen de ese mundo hay centenares de millones de personas. Hoy las personas sólo existen como noticia, como decía Guy Debord. Esa es la realidad. Lo hemos visto en las elecciones norteamericanas: puro espectáculo. No hay más que ver la inmunda invasión de lo privado en el espacio público, bien patente en los programas de telebasura. Es horroroso.

Al parecer, la vida política y social actual no puede prescindir de la escenificación. Todo se escenifica, incluso la verdad.

—Ya había empezado a tratar ese asunto después de Paisajes en La saga de los Marx, introduciendo la televisión y el cine en la novela. Otros escritores lo hacen al revés: escriben una novela pensando ya en su posible adaptación al cine o la televisión. Es estúpido, para eso es mejor escribir directamente para el cine o la televisión. Claro, este tipo de novela burguesa existirá siembre, pero hay otra forma de narrar.

De todos modos está bien que se escriban todo tipo de novelas porque hay todo tipo de lectores. El problema surge cuando la crítica y los medios ensalzan novelas que no tienen talla literaria. Cuando los medios olvidan que la literatura es un arte.

—El fallo más grande de la cultura española, y en esto Octavio Paz tenía toda la razón del mundo, es la ausencia de una crítica literaria y cultural de nivel. Este es el punto flaco de la cultura española. Y si se publican libros de análisis apenas tienen reseñas, aunque algunos sean muy buenos. El libro de Sánchez Robayna Deseo, imagen, lugar de la palabra, es extraordinario, y nadie ha dicho nada.

Hablando de Guy Debord, ese elemento espectacular ha sido incorporado por todos los segmentos sociales, en tu novela incluso por los antisistema. Incluso el terrorismo se piensa desde el espectáculo, desde el poder y desde las organizaciones que lo practican.

—Sí, claro, se busca sobre todo el efecto mediático: “Han puesto una bomba en un edificio em-ble-má-tico”.

Vaya, como explicitas en la novela, la has tomado con esa palabra, emblemático. ¿Por qué? Es una palabra de uso corriente en los medios de comunicación.

—No la soporto. Es como “entrañable”. Antes todo era “entrañable”, y ahora todo es “emblemático”. Hay palabras que se ponen de moda, y yo detesto las modas.

Tu obra literaria es una continua vuelta de tuerca. El extravío literario del que algunos habían hablado no es otra cosa que la plasmación de un inconformismo radical. ¿Cómo crees que está siendo recibida en España tu obra por parte de la crítica?

—Bueno, depende, hay para todos los gustos. Normalmente el escritor cambia de tema. Los novelistas que publican a menudo, lo hacen sobre la relación con su padre, o hablan de la infancia, de la guerra civil, etc. De temas distintos. Yo no cambio de tema, cambio de propuesta literaria. Cada libro es una propuesta literaria distinta. Y la novedad, claro, choca.

Cuando recibes malas críticas, ¿cómo te lo tomas?

—Cuando recibo malas críticas me consuelo leyendo la co-rrespondencia de Flaubert con George Sand, en la que dice: “¿Ha visto usted cómo los críticos se ensañan conmigo y las alabanzas que reciben…” y entonces da una lista de nombres perfectamente desconocidos. Siempre ha sido así.

Peor es la ausencia de crítica, es decir, la incapacidad de la crítica –salvando excepciones, que siempre las hay– para abordar determinadas obras. Recuerdo que cuando publicaste “Las virtudes del pájaro solitario”, se produjo un silencio tremendo, yo creo que porque la crítica no sabía cómo abordar el libro.

—Ya decía André Gide que lo que se comprende en un abrir y cerrar de ojos no suele dejar huella. Y a veces el crítico no pasa de la primera página. Claro que hay razones de otro tipo. Paisajes después de la batalla no fue entendido en España porque la realidad que evocaba no era conocida aún en España, y tampoco fue bien aceptada en Francia porque presentaba un París que no coincidía con el tópico que reflejaban los escritores extranjeros, que siempre hablaban del Quartier Latin, de Montparnasse, de los barrios aristocráticos, etc. Recuerdo que la responsable de cultura de Le Monde le dijo a un amigo que yo no tenía derecho a hablar así de París, lo consideraba como una agresión. En cambio la novela tuvo muy buena crítica en Londres y en Nueva York. Si hubiese escrito las mismas cosas sobre Londres posiblemente la crítica francesa la habría saludado y la inglesa la habría boicoteado.

Son visiones etnocéntricas, en realidad provincianas, de lo que debe ser la ciudad.

—No se dan cuenta de que las ciudades, como las personas, son mutantes. En mi novela todo es mutante, ya has visto que los personajes cambian. El personaje a veces se pone en la piel del rabino rasta, a veces se confunde con Alicia, Alicia es a la vez un imán y una señora que hace un número porno, o se transforma en la ratera encoñada… buscando la inverosimilitud, pero también la realidad que hay detrás de esa inverosimilitud.

Las tres religiones del Libro quedan ahí sarcásticamente retratadas, por lo menos en sus versiones más integristas. ¿Qué relación tienes tú con la religión?
—Bueno, una cosa son las tradiciones religiosas, que me parecen respetables siempre que no opriman a la población… Y he tenido una relación muy intensa con san Juan de la Cruz y el sufismo árabe… De lo que estoy en contra es de la ideologización, la politización y la comercialización de la religión. Lo que desenmascaro es que cuando se habla de espiritualidad muchas veces lo que hay detrás es poder, riqueza y mando, eso es lo que están buscando.

Yo te tenía por pretecnológico, y ahora pones a tu protagonista en el ciberespacio…

—En realidad y como todos, vivo rodeado de gente que domina el mundo virtual… empezando por los dos chavales mayores que corren por mi casa y que están siempre en Internet… eso me ha ayudado a convertir el más acá del personaje en un enorme parque cibernético. Por cierto, el subtítulo de la novela es un homenaje a Machado de Assis.

Ah sí, claro, en “Memorias Póstumas de Blas Cubas”. Blas escribe también desde el otro mundo.

—Es un homenaje a una de las más grandes novelas que se han escrito.

¿De qué otra filiación literaria procede la novela, si es que puede hablarse en estos términos?

—Explícitamente hay una referencia al Quijote. Por ahí está Cándido de Voltaire, Jacques el fatalista de Diderot y sobre todo Bouvard y Pécuchet, que para mí es un libro de cabecera. Cuando estoy de mal humor abro sus páginas y en cinco minutos se me pasa. Yo desearía que la gente con sentido del humor y que esté momentáneamente de mal humor leyera esa novela.
En tus dos novelas está presente con fuerza el tema del terrorismo….

—El terrorismo es importante por sus consecuencias, y también por la alianza existente entre el terrorismo y el sistema. Desde el 11 de septiembre estamos atrapados entre la sociedad de consumo y la conversión del terror en mercancía.

Una mercancía con la que se comercia para conseguir tener a la sociedad domesticada.

—Claro, Orwell tenía razón. Si te paseas por el centro de Londres quedas fotografiado, al menos trescientas sesenta veces. Una vuelta completa.

Una cosa lleva a la otra. Habrás visto que lo de Afganistán no lleva camino de solucionarse…

—Se han metido en un embrollo. Si uno ve la historia, con el fracaso del intento de ocupación inglesa en el siglo XIX, después la invasión de la URSS con el fracaso que conocemos… Se han metido en un barrizal del que no van a poder salir fácilmente. Y si a esto sumamos la situación de EEUU en Iraq, donde están empantanados… sin poder quedarse ni salir… Si salen lo harán desplumados y enseñando el trasero, si se quedan siguen prolongando una situación insostenible, y con Irán de por medio. ¿Cómo se le ocurre atacar Osetia del Sur a este loco de presidente de Georgia? Menudo disparate. Porque imaginar que EEUU iba a intervenir es absurdo, y acaba por hacerle el juego a Putin.

Has citado a Irán. ¿Crees que EEUU, directamente o a través de Israel, puede crear un nuevo conflicto en ese país?
—Parece imposible que EEUU vaya a enfangarse de nuevo, pero cabe la posibilidad de que Israel lo arrastre. Eso sería un desastre descomunal. Yo he defendido siempre el reconocimiento del Estado de Israel dentro de las fronteras internacionalmente aceptadas. Pero la política que está llevando a cabo, machacando a la población palestina con una brutalidad que no tiene nombre, a la larga es suicida. Hablando con Jean Daniel, él me dijo esta frase tan reveladora: Tengo miedo por Israel e Israel me da miedo. No se puede expresar mejor. Para cumplir el deseo de tener un estado como los demás, los sionistas han creado un estado que no es como los demás, un estado excepcional que ignora todas las resoluciones de la ONU, que hace lo que quiere.

Hace lo que quiere porque le apoya el gran patrón.

—El apoyo incondicional de EEUU me parece muy grave, tanto para EEUU como para el propio Israel.

—¿Qué opinas de eso que llaman intervención militar humanitaria?

—Que es muy selectiva. En Bosnia no hubo intervención humanitaria. En el genocidio de Ruanda tampoco. Me parece muy bien que se eviten todas las matanzas, pero los Derechos Humanos se les exigen a unos países y a otros no. En la prensa norteamericana se hablaba mucho de la situación en Guinea Ecuatorial, pero en cuanto apareció petróleo se acabó, desapareció del mapa de los países que vulneran los derechos humanos.

Volviendo a Palestina: cuesta entender que Hamás y Al Fatah sigan a la greña y no puedan acordar una política conjunta ante Israel.

—La primera vez que estuve en la franja de Gaza fue durante el rodaje de la primera Intifada. Luego volví después de los acuerdos de Oslo, y me llamó la atención que todos, en el entorno de Arafat –los llamaban los tunecinos–, se habían construido unas villas suntuosas junto al mar, en un país que estaba en la miseria, y no encontré a nadie que me hablara bien de ellos. Había un descontento general… A mí no me sorprendió que Hamás ganara las elecciones, porque estaba creando una serie de instituciones caritativas, de ayuda a la gente, de promoción social, y los otros… en fin. Obviamente yo simpatizo más con Al Fatah que con Hamás, pero hay que ver la realidad tal como es.

Regreso a la literatura. Desde tu punto de vista, como escritor alejado de los ruidos españoles, ¿cómo se inserta tu obra en el conjunto de la literatura contemporánea española?

—Yo creo que todo escritor de verdad es una anomalía. Todos los escritores que me interesan son anomalías dentro del panorama cultural.

—¿Y qué escritores españoles contemporáneos te interesan?

—De mi generación, desde luego Sánchez Ferlosio. Tiene una actitud ética con respecto a la cultura, extraordinaria. Por mi parte confieso que leo más poesía que narrativa, y con la poesía soy muy exigente. En la poesía encuentro lo que yo también busco, la concentración verbal, y no la gran extensión. Pero he leído a algunos novelistas jóvenes que me interesan: Javier Pastor, Juan Francisco Ferrer, José María Pérez Álvarez, que ha escrito tres extraordinarias novelas, Cabo de Hornos, Nembrot y La soledad de las vocales. Pero hay otros más, algunos que a veces colaboran en Quimera intentan hacer cosas nuevas, se les ve una voluntad de cambio, de renovación.

En las entrevistas, ¿qué es lo que te preguntan más veces?
—Casi siempre me preguntan por qué no me dan el premio Cervantes o el príncipe de Asturias. Siempre contesto que son los escritores los que honran los premios, y no los premios a los escritores. Sánchez Ferlosio honró el Cervantes cuando se lo dieron, y no al revés. Y un premio, en cambio, puede deshonrarse, como cuando se lo dieron a Francisco Umbral.

¿Cuál es el último premio que te han dado?

—El Juan Rulfo, en Guadalajara, el mismo año en que la literatura catalana fue la invitada de honor.

—¿Sabes que ahora hay dos premios Juan Rulfo, el de Guadalajara y uno nuevo que se da en Francia, creo que lo da “Le Monde Diplomatique”? Es extraño… Oí rumores de que la Generalitat de Catalunya iba a condecorarte con la Cruz de Sant Jordi.

—No sé. Me llamó alguien y me habló de que me daban esa cruz, pero le conteste que ya había llevado yo demasiadas cruces en la vida para tener que soportar otra.



¿Por qué Trump decidió acusar a Qatar de financiar el terrorismo?

Robert Fisk
www.jornada.unam.mx / 170617

El diminuto emirato sabe quiénes son sus verdaderos amigos después de haber sido abandonado por el presidente estadunidense. Pero en los círculos qataríes existen temores de que esto no fue, después de todo, una casualidad. ¿Qué rayos hizo que el presidente Donald Trump identificara a Qatar, con una larga relación con Estados Unidos y que hospeda a 10 mil elementos del ejército en su más grande base militar en Medio Oriente, como un financiador del terrorismo? ¿Alguien le informó erróneamente sobre la región? ¿O está el señor Trump resentido, como se preguntan algunos empresarios qataríes, porque un trato de bienes raíces que perseguía el entonces futuro presidente estadunidense con los gobernantes del emirato fracasó en 2010?

Clayton Swisher, el periodista de investigación que descubrió los Papeles de Palestina en 2011 –que detallan las pláticas secretas entre israelíes y la Autoridad Nacional Palestina con la entonces secretaria de Estado estadunidense, Condoleeza Rice–, dice que Trump y su hija Ivanka visitaron Qatar hace siete años. Ahí, señala, se acercaron a dos altos funcionarios qataríes encargados de inversiones y buscaron su ayuda. Uno era Husein Al Abudllah, miembro del consejo ejecutivo de la Autoridad de Inversiones de Qatar (QIA, por sus siglas en inglés). El otro era el jeque Hamid bin Jaseem al Thani, miembro de la familia real, quien entonces fungía como primer ministro.

En un reportaje publicado en The Huffington Post, Swisher afirma que las pláticas fracasaron y que Al Abdullah quedó asombrado por la forma en que Trump presentó su propuesta para un fondo de bienes raíces que estaba en dificultades: ni Hamid, ni Al Abudllah le dieron dinero qatarí. El QIA es el segundo fondo soberano de riqueza con activos por 338 mil millones de dólares.

Swisher agregó que, con todo, Ivanka Trump regresó a Qatar con su esposo, Jared Kushner, en busca de un trato diferente que involucraba la propiedad de Kushner, ubicada en el 666 de la Quinta Avenida. Las pláticas sobre este asunto continuaron hasta 2016. Swisher también cree –y afirma haber descubierto esto– que el padre de Kushner, Charles, estaba en discusiones con Hamid, quien ya era un empresario independiente pues había dejado ya el puesto de primer ministro, y le solicitó 500 millones de dólares, pero Qatar le dijo a Charles Kushner que tendría que encontrar mil 200 millones en algún otro lado. Estás pláticas, según Swisher, continuaron hasta hace unos meses.

Si Trump se ha vuelto contra Qatar –y nadie ha explicado hasta ahora por qué sucedió esto– el pequeño emirato ha descubierto amigos regionales que no sabía que tenía. Omán ha enviado una flotilla de barcos mercantes con alimentos a Doha. Lo mismo hizo Marruecos. En este último caso, el rey Mohammed VI buscaba neutralizar, de manera muy suave, como es él, numerosas manifestaciones públicas en Hoceima, en la región de Rif, y sus alrededores.

Estas protestas surgieron después de que un pescador fue asesinado (no se sabe si con ayuda de la policía local) y fue arrestado un político muy popular. La muerte del hombre parece un espeluznante paralelismo con otras muertes de individuos que catalizaron revoluciones en Túnez y Egipto. Como sugirió un cínico qatarí hace unas horas, el gesto del rey hacia Qatar puede ayudar a mantener su popularidad política en casa. Es Ramadán y el gesto (del rey) Mohammed será juzgado con agrado por su pueblo. Agregó: Él sabía lo que estaba haciendo cuando decidió enviarnos alimentos.
Otro qatarí menos irónico también señaló que las importaciones turcas de alimentos están ayudando a que haya menos escasez en Doha. “Solíamos importar de Arabia Saudita… pero la comida turca es mucho mejor”, afirmó; y podría tener razón.

Irán también intentó, de manera por demás sagaz, ayudar a Qatar al ofrecer abrirle su espacio aéreo a la aerolínea Qatar Airways, que ya no puede sobrevolar Arabia Saudita o los Emiratos Árabes Unidos.

Kuwait, que ayudó a fundar el Consejo de Cooperación del Golfo, no quiere que la alianza por la que luchó tanto colapse y por ello los kuwaitíes intentan mediar en el conflicto.

Lo que más intriga, sin embargo, es la reacción de Vladimir Putin a la crisis de Qatar. Rápidamente expresó su apoyo a Qatar, aunque evitó hacer cualquier crítica a Arabia Saudita. Y no es de extrañar. Sólo unos días antes de que casi todos los países del golfo Pérsico rompieran relaciones con Qatar, el segundo heredero de la corona y ministro de Defensa, Mohammed bin Salman –quien además es héroe de la desastrosa guerra con Yemen–, visitó el Kremlin para charlar con Putin.

Evidentemente, estas conversaciones se centraron sobre Siria y los precios del petróleo. Pero ahora los qataríes y sin duda los sauditas se preguntan si el segundo príncipe heredero no le dijo a Putin sobre la crisis que se avecinaba, y si Putin advirtió a Arabia Saudita no invadir Qatar.


Después de todo, si de algo se puede acusar a Putin es de la violenta represión de los rebeldes en Siria. Otra cosa es si él se puede erigir como un pacificador en el Golfo Pérsico.

Salir del euro en Eurasia


Hace sólo unos días aconteció un cambio geopolítico tectónico en Astana, Kazajstán, y sin embargo la fuerte ondulación sísmica apenas ha sido registrada por los círculos atlantistas.

En la cumbre anual de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), fundada en 2001, India y Pakistán fueron admitidos como miembros de pleno derecho, junto con Rusia, China y cuatro naciones de Asia Central (Kazajstán, Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán).

Así que ahora la OCS no sólo es la organización política más grande –por área y población– en el mundo; también une a cuatro potencias nucleares. El G-7 es irrelevante, la última cumbre en Taormina lo dejó claro. La verdadera acción, aparte del G-20, estará en los movimientos de la OCS.

Permanentemente ridiculizada en Occidente desde hace una década y media como una mera tertulia, la OCS, poco a poco, sigue avanzando. Como lo señalara el presidente de China, Xi Jinping, de manera elegante; “ La OCS es un nuevo tipo de relaciones internacionales que ofrece ganar a todos sus integrantes a través de la cooperación".

La marca registrada por la OCS es bastante sutil. Su énfasis inicial – en el mundo post- 11 de Septiembre- fue luchar contra lo que los chinos califican como “los tres males”; el terrorismo, el separatismo y el extremismo. Pekín y Moscú, al principio estaban pensando en los talibanes de Afganistán (y sus conexiones con Asia Central, especialmente a través del Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU).) pero, ahora la OCS preocupada por el deterioro de la seguridad en Afganistán llama a sus miembros a apoyar un proceso de “paz y reconciliación”.

A partir de este momento la OCS se involucrará directamente en la búsqueda de una solución a la “cuestión afgana” con la India y Pakistán a bordo – que trascenderá a los fallidos “remedios” del Pentágono: más tropas.

Por cierto la OTAN, desgraciadamente perdió la guerra en Afganistán. Los talibanes controlan al menos el 60% del país. Y ahora se añade un supremo insulto predecible, el Estado Khorasan Islámica (ISK) (rama del Daesh en Afganistán) acaba de conquistar Tora Bora, el territorio que el Pentágono bombardeo cuando perseguía a Osama bin Laden y a Ayman al- Zawahiri.

No nos equivoquemos, habrá acción de la OCS en Afganistán. Y esta acción va a consistir en llevar a los talibanes a la mesa de negociación. China se ha hecho cargo de la presidencia de turno de la OCS y está dispuesta a mostrar resultados prácticos en la próxima cumbre en junio de 2018.

Pisar el acelerador, pagar en yuanes

La OCS ha evolucionado de manera constante en términos de cooperación económica. El año pasado Gu Xueming, jefe de la Academia China de Cooperación Económica del Ministerio de Comercio, propuso crear un grupo de estudio que se encargara de establecer de zonas de libre comercio en los países de la OCS.

Su propósito: una mayor integración económica –ya en curso– para las pequeñas y medianas empresas. La tendencia a la convergencia es inevitable, irá en paralelo a las nuevas rutas de la seda –también conocida como el “cinturón” y el camino” (BRI)- y la organización liderada por Rusia llamada Unión Económica de Eurasia (UEE).

Así que no es de extrañar en la reunión bilateral (en Astana) de Xi y el presidente Putin se haya impulsado la fusión del BRI y la UEE. Y no estamos hablando sólo sobre el trío BRI, UEE y OCS, también nos referimos al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIb), al Banco de Desarrollo de los BRICS (NDB), al Fondo de la Ruta de la Seda y a una amplia gama de mecanismos de cooperación político-económica.

Las cosas se mueven muy rápido y en todos los frentes. En una reciente conferencia “El futuro de Asia” en Tokio, el supuestamente fiero primer ministro antichino, Shinzo Abe anunció –sujeto a condiciones– que Japón está dispuesto a cooperar con la BRI, por su “potencial para conectar este y el oeste, así como las diversas regiones que se encuentran en medio". Entonces, un posible acuerdo político entre China y Japón se sumaría el impulso del BRI, la EEU y la OSC.

Por otra parte, tanto de China como Rusia están de acuerdo en utilizar una vía rápida para admitir a Irán como miembro de pleno derecho de la OCS.

Habrá que comparar esta política inclusiva con las declaraciones del secretario de Estado “T.Rex” Tillerson pidiendo un cambio de régimen en Irán.

Mientras la integración de Eurasia se mueve inexorablemente a pasos agigantados, la proverbial arrogancia atlantista no podría ser más evidente.

Desde que Moscú decidió intervenir en la tragedia Siria el cambio en el tablero de juego ha sido fundamental. Ningún analista en Occidente, aparte de Alastair Crooke entendió que se trataba de una operación al estilo OCS; aunque Irán, Irak, Siria y Hezbollah no son parte de la OCS, la forma en que se coordinan con Rusia muestra con claridad que esta es una alternativa viable a las acciones unilaterales del imperialismo “humanitario” y las aventuras militares, estilo OTAN.

El dispositivo “4+1” –Rusia, Irán, Irak, Siria y Hezbollah– cuenta con el respaldo sotto voce de China, dispuesta a combatir luchar todas las formas de terrorismo yihadista salafista y al mismo tiempo evitar el cambio de régimen en Damasco.

Con una política exterior caótica, Donald Trump ha demostrado que es incapaz de coordinar cualquier política, aparte del acoso a Irán. Por tanto para Rusia y China la membresía de Irán en la OCS será clave.

Además Pekín entiende –por su relación con Catar (su mayor proveedor de gas natural)- los altos riesgos que se producirán, antes o después, que el emirato acepte el pago de la energía en yuanes.

El eje Catar–Irán es la razón principal que llevó a la Casa de Saud a negarse a una explotación común de los yacimientos de gas más grandes del mundo (North Dome/South Pars) que comparten en el Golfo Pérsico.

Doha se tomó su tiempo para darse cuenta que, después del “4+1”, un gasoducto desde Catar a Turquía a través de Arabia Saudí y Siria (para el mercado europeo) no se podrá construir nunca. Ankara también lo sabe. Sin embargo podría construirse un oleoducto Irán-Irak-Siria -con una posible ampliación a Turquía– con el gas de Norte Dome/Sur de Pars.

Toda esta ecuación revolucionaría de la producción de energía en el sudoeste de Asia, con un considerable descenso de la hegemonía para los petrodólares de Arabia Saudí y los Estados Unidos.

Imagínense que Catar/Irán vende su gas a Europa en euros y no en dólares estadounidenses y que los chinos paguen a Catar –y a Arabia Saudí– en yuanes por sus suministros de energía.

No nos equivoquemos, el futuro –inexorable– del comercio de la energía no será en petrodólares será en yuanes, porque son convertibles en oro.

Viva el nuevo Califato

Nunca será suficiente destacar la importancia de la asociación estratégica entre Rusia y China para coordinar sus políticas en la integración de Eurasia.

Durante los primeros meses de 2017, en Moscú y en Pekín la hipótesis de trabajo fue que la administración Trump estaba dispuesta a comprometer a Rusia como un socio para nuevos proyectos de petróleo y gas en Eurasia. Era el modelo “kissingeriano” insinuado por Trump. Su objetivo era debilitar la asociación estratégica entre Rusia y China, mientras Washington aumentaría la presión sobre Pekín en múltiples frentes.

Bueno, eso no puede suceder por el momento teniendo en cuenta la maniática histeria anti-Rusia para el consumo interno, en los Estados Unidos.
En consecuencia, lo que queda de la política exterior de Trump es la GWOT (la guerra global contra el terrorismo) y volver utilizar todos los medios necesarios para impedir el aumento de la influencia iraní en el sudoeste de Asia. Esto implica promover el poder geopolítico de la perniciosa Casa de Saud.

Eso explica el entusiasmo de Trump (en twitter) por la “guerra relámpago” de la Casa de Saud contra Catar, que en realidad es un movimiento en contra de Irán. Pekín por su parte, observa de cerca y ha visto la acción contra Catar como lo que realmente pretende, un intento de perturbar el avance de las nuevas rutas de la seda.

Al mismo tiempo Pekín y Moscú se divierten por unas evidentes inconsistencias. El Pentágono no parece inclinado a anexar Catar. La base aérea Al Udeid y el HQ de Centcom son suficientes. El regente del Pentágono “Mad Dog” Mattis está más que encantado por la venta de 12.000 millones de dólares en los F-15 al “patrocinador del terrorismo”. Mientras Trump “apoya” a la Casa de Saud, Mattis “apoya” a Doha. Y Tillerson se niega a tomar partido.

La CCG (una embrionaria OTAN Árabe) podría estar muerta y enterrada a pesar de la patética danza de la espada de Trump en Riad. Sin embargo Moscú y Pekín –y Teherán– están plenamente conscientes de que estos contratiempos sólo exacerbarán el “excepcionalismo” estadounidense (también conocido como la política del lodazal del “Estado profundo”) que continuará para provocar estragos.

El Califato en “Siria” ahora está muerto, especialmente si Rusia confirma que ha muerto su creador. Es una pena, porque una Siria desestabilizada sería perfecta para desestabilizar a Rusia desde el Cáucaso hasta Asia Central. La inteligencia rusa nunca olvida que hay apenas 900 km de Alepo a Grozni.
Al igual que Terminator, el “Estado profundo” de Estados Unidos está de regreso. Su sueño húmedo sigue siendo crear las condiciones para la desestabilización de una vasta extensión desde Levante hasta el sur de Asia, con posibles futuras olas de terror hacia el norte y el este de Rusia y de China. El objetivo: impedir la coordinación del BRI, la EEU y la OCS.

Agravando el escenario el Pentágono se niega a abandonar Afganistán, una cabeza de puente que causa estragos en Asia Central. ¿Qué podría salir mal? Después de todo, ahora el Daesh se posiciona en Asia Central, no muy lejos de Xinjiang y el corredor económico entre China y Pakistán (CPEC), un nodo clave para la ruta de la seda.

Aún así, la guerra relámpago de Arabia anti-Catar se está desenredando y en el mediano plazo puede precipitar un cambio sísmico monumental, acelerando el ingreso de Irán y de Turquía en la OCS, provocando un entente de Doha con Rusia e Irán y anticipando un duro golpe a la hegemonía del petrodólar. Todo esto debe haber sido discutido en detalle en Astana, en la cumbre de la OCS, en la bilateral Putin-Xi.

El excepcionalismo actúa cada vez más errático, todas las decisiones estratégicas claves descansan en la relación Xi-Putin y lo saben. Por tanto lo indudable es que la OCS estará obligada a involucrarse cada vez más en la protección de su gran proyecto para el siglo XXI, la integración de Eurasia.



Una religión para este mundo

José Mª Castillo, 22-junio-2017
www.religiondigital.com / 220617

Ocurre con demasiada frecuencia que mucha gente no se da cuenta del peligro que entrañan las religiones, cuando ponen el centro de interés de los creyentes, no en “este mundo”, sino en el “otro mundo”. Porque esa esperanza ilusionada, con los premios y delicias de la “otra vida”, puede ser el argumento justificante que motiva al terrorista, para quitarle “esta vida” a la víctima que él necesita matar para irse derecho al paraíso, que los funcionarios de la religión le han prometido.

La relación entre religión y muerte es tan antigua como la existencia del ser humano en este mundo. Los más documentados estudiosos de la historia de la humanidad han demostrado sobradamente que el “homo sapiens” (el “ser humano”) ha sido siempre, desde sus orígenes más remotos, “homo necans” (el “ser que mata”). No necesariamente por maldad, sino por necesidad. Toda vida vive a costa de otras vidas (W. Burkert; G. Theissen…). Lo que no podemos saber es cómo, cuándo, ni por qué esta necesidad de subsistencia adquirió un valor religioso. Y así se convirtió en “sacrificio”.

¿Es esto un disparate o una falta de respeto a la religión y lo que la religión representa? Quien busque esta escapatoria, debería tener siempre presente que la misma base del cristianismo es un asesinato, la muerte inocente del hijo de Dios.

Pero no es esto lo más importante, ni lo más original, que ofrece el cristianismo. Lo central y determinante, que los cristianos encontramos en el Evangelio, quedó formulado con singular profundidad en una de las cartas que Dietrich Bonhoeffer escribió a un amigo (abril de 1944), desde la cárcel de Tegel, poco antes de ser asesinado por los nazis: “La fe en la resurrección no es la “solución” al problema de la muerte. El “más allá” de Dios no es el más allá de nuestra capacidad de conocimiento. La trascendencia desde el punto de vista de la teoría del conocimiento no tiene nada que ver con la trascendencia de Dios. Dios está más allá, en el centro de nuestra vida. La Iglesia no se halla allí donde fracasa la capacidad humana, en los límites, sino en medio de la aldea”.


Dicho de forma más sencilla y directa. Tenemos demasiada religiosidad para el otro mundo, si la comparamos con la anticuada y debilitada religiosidad con la que pretendemos afrontar el demasiado sufrimiento que los más desamparados tienen que soportar en este mundo. Esto tiene que cambiar. O ponemos a Dios en el centro de nuestra vida y de nuestra convivencia; o todo lo de Dios, la muerte, la esperanza y la vida eterna, terminará siendo mera palabrería sin contenido. Y entonces, cuando nos quedemos con meras palabras y esperanzas sin contenido, entonces quedaremos en manos de los canallas, posiblemente los más insospechados.

Pentecostés: libres como el viento

José María Castillo S.

Pentecostés es, para los cristianos, la fiesta del Espíritu. Y, como es sabido, la palabra "espíritu" es la traducción del griego "pneuma" (de ahí, "neumático"), que significa, a la vez, "espíritu" y "viento" (R. E. Brown). Por eso, sin duda, Jesús le dijo a Nicodemo: "El que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios" (Jn 3, 5).
¿Qué significa "nacer del agua y del Espíritu"? Jesús lo explica enseguida: "El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a donde va. Así es todo el que nace del Espíritu" (Jn 3, 8).

El viento es libre. Y tiene tanta libertad, que nadie puede encadenarlo. Por eso dice Jesús que no se sabe ni de dónde viene, ni a dónde va. Es el símbolo perfecto de la libertad indomable. Una libertad que está allí donde está el Espíritu, el "pneuma", o sea: el "espíritu". Teniendo en cuenta que Jesús no destaca la "fuerza" del viento, que puede llegar a ser un huracán. Lo que Jesús destaca es la "libertad" del viento, que no se deja esclavizar, someter o dominar.

En esta sociedad en que vivimos, cuando nos imaginamos que somos más libres que nunca, ahora -precisamente ahora- es cuando estamos más controlados, más sumisos y además encantados con esta atractiva esclavitud que nos han impuesto.

La particular eficacia de este sistema consiste en que "no actúa a través de la prohibición y la sustracción, sino de complacer y colmar. En lugar de hacer a los hombres sumisos, intenta hacerlos dependientes" (Byung-Chul Han). Porque la fuerza, que nos somete, no es el "poder opresor", sino el "poder seductor". No le faltaba razón a El Roto cuando, no hace mucho, puso en una de sus mordaces viñetas la figura de un gran mandatario, que le estaba diciendo a la gente: Las dictaduras son innecesarias: ya nadie desobedece.

Por más que nos quejemos de los corruptos y los violentos, cuando veo en el autobús, por la calle o en la sala de espera, a la mayoría de la gente, sobre todo si es gente joven, enganchada al móvil, un móvil que está perfectamente controlado, no se sabe dónde, ni por quién, ni para qué, entonces pienso, con pena y rabia, que "el poder adquiere cada vez más una forma permisiva. Y su permisividad, incluso en su amabilidad, esconde su negatividad y se ofrece como libertad".


El día que la fiesta de Pentecostés sea, de verdad, la fiesta de los hombres y mujeres libres como el viento, ese día habremos nacido de nuevo. Y en este mundo empezará a ser posible superar la contradicción que hoy nos parece insuperable: armonizar la libertad con la igualdad. ¿Una utopía? Sí. Por la fuerza del Espíritu.

"Papa no hay más que uno"

José María Castillo

En vísperas del día de San Pedro, y tal como están las cosas en la Iglesia en este momento, vendrá bien recordar que, siendo fieles a la tradición mantenida durante veinte siglos, esta Iglesia nuestra ha sido fiel a la convicción de que Papa no hay más que uno.

Y digo que vendrá bien recordar este hecho, en este momento porque, como sabe todo el mundo, ahora mismo hay quienes dicen que no hay un Papa, sino dos Papas. Uno, Benedicto XVI, que ha sido el Papa anterior. Y otro, Francisco, que es el Papa que está ahora ejerciendo el cargo.

Por supuesto, el hecho de que el Papa anterior se haya quedado a vivir en el Vaticano no tendría que ser problema alguno. Ni habría por qué estarlo recordando o explicándolo en todos y cada uno de sus posibles matices y preguntas, que cualquiera pueda hacer. Es perfectamente comprensible que Joseph Ratzinger, si entre sus años de cardenal prefecto de la congregación para la Doctrina de la Fe y el tiempo en que ha ocupado el Sumo Pontificado, ha estado en Roma varias décadas, las más importantes de su vida, ahora quiera acabar sus días en la ciudad eterna. Esto lo entiende cualquiera.

Lo que pasa es que, al estar todo esto tan inevitablemente relacionado con el ejercicio del papado actual y de quien lo ejerce, al Papa Francisco, resulta prácticamente imposible evitar que surjan problemas y situaciones más o menos delicadas, algunas de ellas incluso conflictivas.

Baste pensar que Ratzinger y Bergoglio son dos hombres muy distintos. Y que, en consecuencia, ejercen el papado de formas también muy diversas. Con lo cual la gente está viendo en la Iglesia cambios que, a algunos, les parecen importantes, a otros se les antoja que el nuevo Papa es cobarde y se queda corto en sus decisiones. De lo que resulta - sobre todo en los ambientes eclesiásticos - un estado de confusión o desconcierto. Con el consiguiente malestar, para unos, inseguridad para otros. Y desde luego - todo hay que decirlo - una cierta ilusión y esperanza en amplios sectores y ambientes populares y sencillos de la sociedad.

Pues bien, estando así las cosas, donde más se complica todo es en los cargos y personas que más directamente dependen del Papa y del papado: cardenales, obispos y clérigos en general o grupos muy allegados a esos cargos. Aquí está - creo yo - lo más delicado y lo más problemático. Porque eso es lo que nos dice la experiencia de lo que ha ocurrido en la Iglesia en tiempos pasados.

Sin sacar las cosas de quicio, a uno se le viene a la memoria lo que ocurrió en el "gran cisma" (de 1378 a 1417), cuando la Iglesia se encontró, de pronto, no con dos Papas, sino con tres. Esto ocurrió cuando sabemos que había cardenales y teólogos, que defendían la posibilidad de un "Papa hereje", basándose en el principio según el cual "al papa había que obedecerlo, a no ser que se apartase de la fe" ("a nemine iudicandus nisi deprehendatur a fide devius") (cardenal Colonna, Occam, los defensores del "conciliarismo", etc).

Yo no sé, ni lo puedo saber (ni me interesa), si los cardenales, que ahora se enfrentan al Papa Francisco, están condicionados por ideas de este tipo. Lo que se sabe es que estos cardenales (y quien les aconseje) argumentan su oposición al Papa actual, por causa (sobre todo) de que Bergoglio esté diciendo que pueden comulgar los divorciados, vueltos a casar.
Ahora bien, si lo que realmente se quiere, es buscar la verdad - y no ponerle palos en las ruedas a Francisco - lo primero que se debería saber es que la praxis de la Iglesia, en el tema de la comunión a los divorciados, no fue (durante el primer milenio, o sea "mil años", por lo menos) como dicen ahora esos cuatro cardenales. Por ejemplo, el Papa Gregorio II (en 726) le escribió al obispo san Bonifacio una carta en la que le permitía el divorcio y nuevas nupcias de un matrimonio que, por motivos de salud, no podían seguir viviendo juntos (PL 89, 525). Lo mismo que el Papa Inocencio I se lo había permitido a Probo (PL 20, 602-603).

Pero, sobre todo, en ninguna parte consta que el Papa no pueda tomar la decisión de que los divorciados, vueltos a casar, no puedan comulgar. Eso no es un "dogma de Fe". Ni consta en ningún sitio que lo sea, si nos atenemos a las verdades que hay que creer "con Fe divina y católica" (Denz. H. 3011). Por tanto, el Papa puede tomar la decisión que él considere más conveniente.

¿Se complica todo esto con la presencia de Ratzinger en el mismo Vaticano? Se sabe que hay cardenales que van a visitarle. Y hasta hay quienes dicen que ahora mismo en la Iglesia hay dos papas. Como se sabe también que ahora mismo hay miles de clérigos que se identifican más con Ratzinger que con Bergoglio. Por todo esto, a mí me parece que, por el bien de la Iglesia, por su unidad y su armonía, tanto el Papa actual como el anterior tendrían que preguntarse muy en serio: ¿No sería lo mejor que Joseph Ratzinger renuncie, de una vez y con todas sus consecuencias, no sólo a "ser" el Papa, sino también a "parecerlo"?

Y es que, si la situación se piensa despacio, a cualquiera se le ocurre la pregunta inevitable: ¿Qué hace en el Vaticano un anciano que fue Papa, pero que ya no lo es? ¿A qué viene seguir vistiéndose de Papa, si ya no es Papa? ¿Permite que le sigan llamando "Santidad"? ¿No sería más ejemplar, y más convincente, para las ideas que el mismo Ratzinger ha defendido, que su renuncia al papado fuera consecuente hasta el final?


La religión no es una exhibición

José M. Castillo S.

Hay gentes piadosas que amenazan con una "respuesta adecuada" a la presunta provocación de los moros, que en Granada son más de 7.000. Hablo de la religión, tal como la deberíamos entender y practicar los cristianos. Respeto, por tanto, la religión tal como la puedan entender y practicar en otras tradiciones religiosas.

Los cristianos, si es que somos cristianos de verdad, debemos tener siempre muy presente que Jesús repitió, hasta seis veces, que los cristianos cuidemos de no hacer nuestras obras de piedad delante de la gente para llamar la atención. Si otros lo hacen así, se les respeta. Porque seguramente están persuadidos de que deben proceder de esa manera.

El Evangelio ve este asunto de otra forma. En concreto, por lo que se refiere a la oración, Jesús es tajante: "Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu cuarto y cierra la puerta, para orar a tu Padre que está allí, en lo secreto. Y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará" (Mt 6, 6).

Lo que Jesús quiere decir, cuando manda rezar "en lo secreto" ("en kryptó"), es dejar muy claro que la oración puede convertirse en un recurso para la propia ostentación. Nuestra vanidad y nuestro orgullo se disfrazan, con frecuencia, de piedad, devoción y religiosidad. Por eso, Jesús se iba, para orar, a lugares solitarios (Mc 1, 35; Lc 5, 6) o rezaba a solas (Mt 14, 23; Lc 9, 18; cf. Mc 14, 32-42).

Lo importante en la vida no es "aparecer" como buena persona, sino "ser" buena persona. Esto es lo primero, que todas las personas religiosas tendríamos que cuidar con esmero.

Y si los creyentes de otras religiones rezan en público, ¿nos vamos a escandalizar o indignar los católicos, que con tanta frecuencia paseamos a nuestros santos y nuestras imágenes por las calles y plazas de nuestras ciudades, con devoción, ostentación, arte y lujo, de forma que hasta los turistas lo disfrutan y las agencias de viajes hacen su negocio? Nunca tendremos todos, absolutamente todos, el suficiente respeto, que nos debemos tener unos a otros.

Y no olvidemos nunca que "la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar" (Samuel Oz).

Reacción del alcalde de Granada

Ante el revuelo organizado a causa del acto del Ramadán frente a la Virgen del Triunfo, el alcalde de Granada, Francisco Cuenca (PSOE), ha señalado que el evento del pasado sábado a los pies de la Virgen del Triunfo para dar a conocer el Ramadán y celebrar la ruptura del ayuno fue una jornada de "convivencia" en la que participó "gente de todos los credos" y ha defendido la importancia de que en esta ciudad "prevalezca" la "tolerancia" y el "respeto" a otras culturas frente a "las polémicas partidistas".

Cuenca se ha pronunciado de este modo a preguntas de los periodistas tras la polémica suscitada entre algunos partidos y en las redes sociales por el lugar escogido para este evento, que se llevó a cabo junto a la Virgen del Triunfo e incluyó los tradicionales rezos musulmanes y el intercambio de comida tradicional. De hecho, el PP ha acusado este lunes al alcalde de "agraviar e insultar a miles de granadinos" por "amparar" la celebración de este rezo colectivo de musulmanes en un lugar "con un significado muy especial para los católicos".

El regidor ha explicado que la organización solicitó un espacio para llevar a cabo el evento, que ante todo fue "una invitación para conocer una cultura" y "generar espacios de convivencia" y en la que participaron personas que fueron a celebrar el fin del Ramadán, pero también "monjas" y gente que quería conocer estas tradiciones.

Ha descartado que los colectivos organizadores dieron ningún tipo de aportación económica al Ayuntamiento y ha rehusado entrar a valorar el lugar escogido, partidario de que "independientemente del sitio, lo más importante es que prevalezca esa mezcla de culturas, de conocimiento y de tolerancia" por la que "siempre" se ha caracterizado Granada.


Así, ha opinado que "no caben faltas de respeto" en este asunto y ha lamentado que determinados partidos, entre ellos el PP, "aproveche este acto para generar este tipo de polémicas", cuando Granada es una "ciudad tolerante, de convivencia y respetuosa con todos los credos".

Cómo quedó el mundo tras il circo Trump

Alberto Betancourt Posada

¿Qué efectos dejó la comparsa Trump a su paso por Arabia Saudita, Israel, Bélgica e Italia? Svi Schuldiner plantea en Il circo trumpiano che occulta la prossima guerra (Il Manifesto, 18/mayo/17) que el boato de sus recepciones en Riad y Jerusalén pretende ocultar con oropel la construcción de un frente pro estadunidense para una nueva guerra en Medio Oriente. En la víspera de la gira Donald Trump envió a su yerno Jared Kushner a negociar un tratado de venta de armas a Arabia Saudita. El esposo de Ivanka habló directamente con los fabricantes de armas para negociar un descuento que le permitiera cerrar el trato. El ambicioso joven logró un paquete comercial por 110 mil millones de dólares, cifra 11 veces mayor que el plan Marshall.

El paquete vendido incluye aviones, barcos, bombas guiadas de alta precisión y un sistema de radar antibalístico. Arabia Saudita reactivará la economía estadunidense con multimillonarias compras de aviones de guerra. Trump habla de combatir el terrorismo, pero le vendió un arsenal al país que, de acuerdo con profusa información de prensa en Medio Oriente, promueve ejércitos mercenarios en Siria. La misógina nobleza saudí contará con los instrumentos para seguir destruyendo Yemen y aniquilar a los hutis (chiítas), actualmente sumidos en una hambruna histórica y una mortífera pandemia de cólera que provoca intensos calambres musculares, náuseas y, finalmente, deshidratación mortal.

Trump fue recibido en Tel Aviv como si bajara del monte Sinaí, pero Avigdor Lieberman, ministro de Defensa israelí, no está contento. La estrategia de Trump obligó a Israel a aceptar a un vecino superpoderoso. Por lo pronto, estadunidenses, sauditas e israelíes decidieron que para ellos el demonio se llama Irán.

El 25 de mayo, a las 8:10 am, las hélices de los helicópteros agitaron los hábitos de las monjas en Ciudad del Vaticano. El Papa y Trump sostuvieron una gélida reunión de sólo 29 minutos. De acuerdo con Luca Coci (Il Manifesto, 35 de mayo), la frialdad de la reunión era previsible. El pontífice, Jorge Mario Bergoglio, bendijo a los migrantes en el muro de Trump, sentenció que quien quiere construir un muro no es cristiano y aseveró que la madre de todas las bombas era una vergüenza.

Sin embargo, ninguno de los dos podía rehusar el encuentro. Los católicos representan 25 por ciento de la población estadunidense y tienen mucho peso en la opinión pública. Tras el encuentro Trump siguió su viaje de buhonero vendedor de armas. El Papa viajó a Milán, a un encuentro con obreros metalúrgicos de la planta Ilva, donde un dirigente sindical expuso los problemas de los trabajadores, en esta cuarta revolución, bajo el régimen fabril de la industria 4.0.

Por cierto, en Taormina, Sicilia, el G-7 acordó relanzar la bancarización digital de la economía y promover la producción basada en inteligencia artificial. La tendencia principal consiste en usar la automatización para quebrantar los sectores en que los trabajadores están más organizados y ofrecen mayor resistencia. Viene en camino una generación de robots antisindicalistas y esquiroles.

La página de Refundazione comunista señaló que a la orilla del mar, en el que mueren cada día cientos de migrantes, los reyes del siglo XXI celebraron un cónclave para lanzar nuevas exclusiones, construir nuevos muros y edificar nuevas cárceles. Trump se propone detener con barricadas a quienes tratan de huir de la guerra y el hambre. El padre-padrone impuso su ley y pareció preguntar: ¿quién osa imaginar un mundo donde los países gocen de autodeterminación?, ¿a quién se le ocurre vivir sin polución?, ¿en qué cabeza cabe terminar con la especulación financiera?, y ¿qué alma nostálgica cree que los trabajadores tienen derechos?

Según el editorial de Il Manifesto, Trump impuso su voluntad y los otros seis acataron seguirlo. La flota de las naciones más poderosas del mundo se hizo a la mar, la nave va, pero nadie sabe hacia dónde.

Estados Unidos abandonó los acuerdos de París. Trump habló de la cattiva Alemania. Al terminar la cumbre, Angela Merkel expresó: Europa tendrá que acostumbrarse a vivir sin los anglosajones. ¡Mama mía! Parece que viene una sucesión de guerras comerciales, afirma el diario fundado por Rossana Rossanda. Trump quiere extender su muro a los litorales del Mediterráneo: los tecnócratas del G7- calculan cuánto alambre de púas se necesita para contener la oleada migratoria, pero son incapaces de escuchar los lamentos del Egipto de Sisi, del turbulento Túnez, de la trágica guerra civil en Libia o a los sedientos campos de concentración de migrantes en Níger y Chad.


Tal vez no hubo el sometimiento total del que habla el cotidiano comunista. La declaración final de la cumbre del G-7 muestra grietas considerables en ese espacio patronal-multinacional de negociación de los conflictos interimperialistas e intercapitalistas. En Taormina la izquierda italiana congregó una multitud que sitió la cumbre. Nadia Furnari (Assoziasione Antimafiosa Rita Atria) declaró: no es posible que siete estadistas decidan la vida de 7 mil millones de personas.