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Honduras, golpe blando y república bananera

Luis Hernández Navarro
www.jornada.unam.mx / 051217

Mucho antes de ser candidato opositor a la presidencia de Honduras, Salvador Nasralla Salum era un personaje ampliamente conocido en su país. Apodado El señor de la televisión, ha sido, por más de 30 años, comentarista deportivo, conductor del certamen de belleza Miss Honduras y presentador de programas de concurso, como Bailando por un sueño.

Nada en su biografía sugiere que sea un hombre de izquierda. Nacido en el seno de una familia acomodada de origen libanés en 1953, estudió ingeniería industrial en la Universidad Católica de Chile, fue gerente de la Pepsi Cola y se casó recientemente con una Miss Honduras, 38 años menor que él.

Nasralla incursionó en política en 2013, como candidato a la presidencia de la República por el Partido Anti Corrupción (PAC). En aquel entonces, el Partido Libertad y Refundación (Libre), del derrocado presidente Manuel Mel Zelaya, dijo que la postulación de El señor de la televisión era una maniobra para dividir el voto opositor y favorecer al oficialista Juan Orlando Hernández.

Pero, más allá de ese pasado, hoy Nasralla está al frente de una multitudinaria movilización popular que busca frenar el fraude electoral en su contra y echar atrás el decreto de estado de sitio. El conductor de televisión fue postulado como aspirante a la presidencia de Honduras por un frente electoral bautizado como Alianza de Oposición contra la Dictadura, en el que participan el Partido Innovación y Unidad (PINU), el Partido Libre, de Mel Zelaya, y el PAC, con un amplio apoyo de movimientos sociales. Y, según todas las evidencias, ganó las elecciones del domingo del 26 de noviembre.

El fraude contra Nasralla (un golpe de Estado blando) pretende mantener en el cargo para un nuevo periodo al actual presidente Juan Orlando Hernández, quien se presentó a las elecciones amparado en una sentencia de la Corte Suprema de Justicia que avala la relección, a pesar de que, desde hace 35 años, la Constitución la prohíbe.

El plan de gobierno de la alianza busca ser una respuesta colectiva frente a la demanda de bienestar y cambios sociales que históricamente los sectores conservadores le han negado al pueblo hondureño. Llama a revertir las privatizaciones e impulsar un modelo económico alternativo. Una de sus demandas centrales es la derogación de las zonas de empleo y desarrollo económico (Zede), la principal promesa de campaña del presidente Hernández.

El ofrecimiento de abrogar las Zede es una de las razones centrales que animan el golpe blando. Nasralla no es la primera personalidad en sufrir las consecuencias por rechazar esta iniciativa. Cuando la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional la Ley de Regiones Especiales de Desarrollo, el ejército rodeó el Congreso, y el Legislativo ordenó, con un pretexto absurdo, la destitución de cuatro de los seis magistrados de la sala de lo constitucional que habían echado por tierra el proyecto de las Ciudades Modelo.

El gran capital trasnacional ha impulsado las Zede. Como lo muestra el esclarecedor reportaje de Carlos Dada publicado en el portal digital salvadoreño El Faro (https://goo.gl/bGaVty ), las zonas están estrechamente ligadas a un grupo de libertarios estadunidenses que buscan la concesión de zonas territoriales, incluyendo su población, en las que los empresarios invierten en un proyecto, crean su propia policía y no aplica la ley hondureña. A cambio, el Estado les garantiza exenciones tributarias y la expropiación de las tierras que necesiten. Su primer gran negocio es un megapuerto en el golfo de Fonseca.

Figura clave de esta iniciativa es el consultor político yanqui Mark Klugman, asesor del presidente Juan Orlando Hernández y parte del equipo que redactaba los discursos del presidente Ronald Reagan, quien lleva décadas trabajando con la derecha centroamericana. Como documenta Dada, Klugmann tiene autoridad legal para concesionar y autorizar zonas enteras del territorio hondureño en las que no aplicará la ley, a corporaciones que no pagarán los impuestos previstos para el resto del país.

Las Zede son zonas francas con extraterritorialidad fiscal, con autonomía aduanera y jurisdiccional. Por medio de ellas se cambia soberanía por inversiones y –supuestamente– creación de empleo. Son áreas del territorio sujetas a un régimen especial en las que los inversionistas están a cargo de la política fiscal, de seguridad y de resolución de conflictos. Entre otras competencias deben establecer sus propios órganos de seguridad interna con competencia exclusiva en la zona, incluyendo su propia policía, órganos de investigación del delito, inteligencia, persecución penal y sistema penitenciario; así como la vinculación con la estrategia de seguridad del país.

Adicionalmente al papel que juega el rechazo a las Zede, otros tres elementos explican el golpe blando en Honduras contra la alianza contra la dictadura. El primero es la narcopolítica. Como dijo a la BBC el analista Ismael Moreno, a propósito de las confesiones de Los Cachiros ante la justicia estadunidense: “Lo que se confirma es que en los últimos 20 años hemos ido pasando (…) a tener un Estado conducido por mafias criminales, en el que los políticos se han convertido en lavadores de los narcos” (https://goo.gl/jq3tvS). La red de intereses articulada alrededor de Juan Orlando Hernández necesita que el mandatario continúe en el puesto para garantizar impunidad y continuidad del negocio.

Los otros dos, de carácter geopolítico, han sido puestos sobre la mesa por Atilio Borón. Honduras, explica el analista argentino, “limita con dos países como El Salvador y Nicaragua que tienen gobiernos considerados como ‘enemigos’ de los intereses estadunidenses y la base aérea Soto Cano, ubicada en Palmerola, tiene una de las tres mejores pistas de aviación de toda Centroamérica y, además, es escala obligada para el desplazamiento del Comando Sur hacia Sudamérica”.


El primer golpe de Estado auspiciado por la United Fruit Company se dio en Honduras en 1912. Hoy, 105 años después, con la modalidad de un golpe blando aunque con otros actores, la historia se repite. Honduras sigue siendo una república bananera, a no ser que el pueblo que está en las calles diga lo contrario.

La nueva teoría de las élites occidentales sobre la «amenaza china»

Jiang Feng

Al retirarse, desde el inicio de su mandato, del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, el presidente Trump puso fin a la guerra económica contra China. En pago, China redujo sus derechos de aduana, no sólo a los productos de Estados Unidos sino a todas sus importaciones. Ese acercamiento entre Washington y Pekín es sin dudas el acontecimiento político más importante de 2017. Pero Occidente no acaba de entenderlo.

Hace 40 años que el mundo sigue la evolución de China con una mirada atenta en la que se conjugan idolatría y recelo. El mes pasado [octubre], las publicaciones más importantes de Occidente, como el semanario estadounidense Time, el diario francés Le Monde y la revista alemana Der Spiegel, imprimieron sus titulares en caracteres chinos o en pinyin anunciando al mundo entero: «China: gran vencedora», «El aumento del poderío de China» y «China: el despertar de un gigante».



Der Spiegel escogió el término chino xing lai (que significa “despertar”) para anunciar su artículo «China: el despertar de un gigante». Por una parte, el artículo toma nota del despertar del gigante chino e interpreta la visita del presidente estadounidense Donald Trump como un acto de sumisión, incluso como un traspaso del bastón de mando o del estatus de primera potencia mundial.

Por otra parte, Der Spiegel exhorta a Occidente a su propio despertar inmediato y a enfrentar como un bloque el ascenso de China. La publicación alemana reconoce a China importantes avances en varios sectores. Pero los percibe como una amenaza para el mundo occidental, haciéndose eco de la tristemente célebre teoría del «peligro amarillo» o de la «amenaza china».

Antes, cuando los medios de difusión occidentales utilizaban esta «teoría» como herramienta de propaganda, no creían que el ascenso chino sería tan vertiginoso. Hoy se ven ante una China que ha alcanzado un poderío sin igual, que sobrepasa al mundo occidental en numerosos aspectos, tanto en el plano económico como en los sectores político, tecnológico y cultural. Según Der Spiegel, China y Occidente están condenados a vivir eternamente en conflicto.

Cuando tratan de anticipar la evolución de China, ciertas élites occidentales fluctúan entre la teoría del «derrumbe chino» y la de la «amenaza china», lo cual lleva a Lester Brown, presidente del Earth Policy Institute, a preguntar «¿Quién alimentará a China?», afirmando que el alza de la demanda china agravará la escasez de alimentos a escala mundial. La realidad es que China alimenta, no sólo a su inmensa población sino también al mundo entero con una contribución de más de 30% al crecimiento económico actual.

Hubo una época en que esas mismas élites se preguntaban qué podría salvar a China y su economía «coja». No vacilaban entonces en afirmar que China sólo podría convertirse en gran potencia si tomaba el sistema político occidental como ejemplo. Pero ha resultado, desde aquel momento, que prácticamente ninguno de los países que emprendieron las reformas inspiradas por las élites occidentales ha podido desarrollarse correctamente. A veces hasta han retrocedido y en ciertos casos se hallan al borde del colapso. Y hasta el propio Occidente se ha dado cuenta finalmente de que su sistema no sólo sería incapaz de salvar a China sino que su eficacia misma es en definitiva muy discutible.

Occidente no ve con agrado que el ascenso de China mantenga un ritmo tan acelerado. Por eso es que la pregunta «¿Quién va a oponerse a China?» aparece cada vez más frecuentemente en los medios de difusión occidentales. Y todas las esperanzas recaen en Estados Unidos y en su presidente.

Pero Trump y su eslogan «America first» no parecen interesados en la ideología de las élites occidentales. Así que, frustradas, estas últimas hablan de Trump como el presidente que se prosterna ante China para lograr sus favores.

En su empeño por atraer a Trump hacia sus causas, esas élites afirman que el desarrollo y el poderío de China representan un peligro para Estados Unidos, promoviendo así una variante cada vez más alarmista de la teoría de la «amenaza china».

No es sorprendente que a Occidente le cueste tanto trabajo entender a China en la medida en que se trata de dos mundos con valores completamente diferentes. Las élites occidentales, que desprecian la cultura china, harían mucho mejor en ir a buscar en sus propios ancestros al menos una pizca de sabiduría.

Deberían recordar que el emperador francés Napoleón Bonaparte predijo en su momento el despertar de China e intimó a los emisarios ingleses a no invadir este país y a buscar mejor un acuerdo beneficioso para ambas partes. Más recientemente, el ex canciller alemán Helmut Schmidt también recordó que Occidente no debería reprochar a China el hecho de tener una forma diferente de funcionamiento y que tendría más bien que mostrar respeto a esta civilización milenaria, y también hacia sus recientes reformas y su también reciente desarrollo, y dejar de cometer errores sobre ella.

Este error de juicio sobre China lleva a Occidente a un callejón sin salida ideológico. En vez de sacar enseñanzas del programa de desarrollo y de las reformas chinas, las élites occidentales mantienen un estado de ánimo belicoso y tratan de entorpecer el desarrollo de China. Eso puede frenar a China momentáneamente pero no puede afectar a largo plazo la dirección general de su desarrollo.

La nueva versión de la «teoría de la amenaza china» busca sembrar confusión y provocar una escalada de las tensiones entre China y Estados Unidos. Si esa maniobra alcanzara sus objetivos, el mundo se vería sumido en el caos. China no debe prestar atención a todas esas «teorías». Su desarrollo es lo más importante.


Music for reading - Chopin, Beethoven, Mozart, Bach, Debussy, Liszt, Sch...



TRACKLIST
Music for Reading
01 Chopin - Nocturne Op. 9 No. 2 in E-Flat Major
02 Schubert - Serenade "Leise Flehen Meine Lieder"
4:40
03 Chopin - Piano Prelude No. 15 "Raindrop"
9:12
04 Beethoven - Piano Sonata Op. 13 (II: Adagio)
14:47
05 Chopin - Waltz Op. 69 No. 1 in A Flat major
19:57
06 Bach - Violin concerto in E Major (II: Adagio)
24:47
07 Mozart - Piano Concerto No. 21
31:46
08 Chopin - Prelude, Op. 28 No. 17 in A major
37:25
09 Debussy - Clair de Lune
40:23
10 Schubert - Moment Musical Op. 94 D.780 N. 1 in C Major
42:56
11 Liszt - Liebesträume (Love Dream) in A-Flat Major
45:58
12 Chopin - Prelude, Op. 28 No. 6 in B minor
50:26
13 Bach - Solo Cello Suite No 6: Prelude
52:32
14 Chopin - Nocturne Op. 15 No. 2
57:09
15 Bach - Suite for Orchestra No. 3 "Air on the G String"
1:00:32
16 Chopin - Nocturne, Op. 27 No. 2 in D Flat major
1:05:01
17 Mozart - Eine Kleine Nachtmusik (II: Andante)
1:09:36
18 Chopin - Nocturne Op. 9 No. 1 in B Flat minor
1:14:39
19 Beethoven - Fur Elise
1:20:04
20 Schumann - Kinderszenen Op. 15 (I: Von fremden Laendern und Menschen)
1:22:42
21 Beethoven - "Moonlight" Piano Sonata No. 14 in C-Sharp Minor, Op. 27 (I: Adagio sostenuto)
1:24:38

Esto no traerá paz a Israel; todo lo contrario

Robert Fisk

Me llamaron de una radio irlandesa de Dublín para conocer mi postura ante la decisión del presidente Donald Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel. ¿Qué pienso que ocurre dentro de la mente del presidente de Estados Unidos?, me preguntaron.

No tengo la llave del asilo de lunáticos, respondí de inmediato. Lo que alguna vez pudo haber sido una absurda y exagerada declaración fue aceptada simplemente como una reacción normal a lo dicho por el líder de la principal potencia mundial. Al volver a escuchar el discurso que Trump dio en la Casa Blanca me di cuenta de que pude haberme expresado incluso con mayor libertad. Lo dicho en el documento es loco, descabellado, vergonzoso.

Adiós, Palestina. Adiós a la solución de dos estados. Adiós a los palestinos. Porque esta nueva capital israelí no es para ellos. Trump ni siquiera usó la palabra Palestina. Habló de Israel y los palestinos: en otras palabras, de un Estado y aquellos que no merecen –y no deben aspirar más– a un Estado.

No me sorprende haber recibido anoche la llamada desde Beirut de una mujer palestina que acababa de escuchar a Trump destruir el proceso de paz.

“¿Recuerdas El reino del paraíso?”, me preguntó en referencia a la gran película de Ridley Scott sobre la caída de Jerusalén en 1187. Bueno, pues ahora es el reino del infierno.

No es el reino del infierno. Los palestinos han vivido en una especie de infierno durante 100 años, desde que en la Declaración de Balfour, Gran Bretaña manifestó su apoyo a la patria judía en Palestina con una sola frase –misma que le da tanto orgullo a nuestra amada Theresa May– y que se volvió el libro de texto de los refugiados y de los futuros árabes palestinos desposeídos de sus tierras.

Como siempre la respuesta árabe fue repugnante, al advertir de los peligros de la decisión de Trump, que fue injustificada e irresponsable, como dijo de manera insustancial el rey Salman, de Arabia Saudita, el así llamado protector de uno de los dos lugares más sagrados del islam (el tercero está en Jerusalén, pero no llegó a señalar este hecho). Podemos estar seguros de que en los próximos días, instituciones árabes y musulmanas formarán un comité de emergencia para enfrentar el peligro. Y como bien sabemos, sus medidas no tendrán valor alguno.

Fue el análisis lingüístico de Noam Chomsky que aprendí cuando estaba en la universidad –después él y yo nos volvimos buenos amigos– el que apliqué al discurso de Trump. Lo primero que noté, como mencioné antes, fue la ausencia de Palestina. Siempre pongo esta palabra entre comillas porque no creo que jamás llegue a existir como Estado. Vayan y vean las colonias judías en Cisjordania y les quedará claro que Israel no tiene la intención de que éste exista en el futuro. Pero eso no es una excusa para Trump. Está presente el espíritu de la Declaración de Balfour, que se refiere a los judíos pero define a los árabes como comunidades no judías existentes en Palestina. Trump disminuyó aún más el nivel de los árabes de Palestina al llamarlos simplemente palestinos.

Desde el principio comienzan las artimañas. Trump habló de una manera fresca de pensar y nuevos enfoques. Pero no hay nada nuevo sobre Jerusalén como la capital de Israel, dado que los israelíes han insistido en esto durante décadas. Lo que es nuevo es que, para el beneficio de su partido, los cristianos evangélicos que afirman apoyar a Israel desde Estados Unidos, Trump simplemente ha dado la espalda a cualquier noción de justicia en las negociaciones de paz y echado a correr con la pelota de Israel.

Presidentes anteriores han tomado medidas para postergar la adopción de la Ley del Congreso para Jerusalén de 1995 no porque retrasar el reconocimiento de Jerusalén promueva la causa de la paz, sino porque tal reconocimiento debe ser otorgado a una ciudad como capital de dos pueblos y dos estados, no sólo uno.

Luego Trump nos dice que su decisión es lo mejor para los intereses de Estados Unidos. Sin embargo, no logra explicar cómo al retirar a Estados Unidos de hecho de las futuras negociaciones de paz y destruir la aseveración (que ahora es más dudosa que nunca) de que Estados Unidos es un facilitador honesto de estas pláticas, puede beneficiar a Washington.

Claramente no lo hará (aunque seguramente ayudará al partido de Trump a recaudar fondos), pero disminuye el prestigio y la posición de Estados Unidos en todo Medio Oriente. Además, asegura que, como cualquier otra nación soberana, Israel tiene derecho a determinar cuál es su capital. Hasta cierto punto, lord Copper. Cuando otro pueblo –los árabes más que los judíos– también reclaman a dicha ciudad como su capital (al menos la parte este de la misma), dicho derecho queda suspendido hasta que llega a existir una paz final.

Israel podrá reclamar a Jerusalén como su capital eterna y sin divisiones –de la misma manera en que Netayahu afirma que Israel es el Estado judío a pesar de que más de 20 por ciento de su población es de árabes musulmanes que viven dentro de sus fronteras– pero el reconocimiento de Estados Unidos de esta aseveración implica que Jerusalén jamás podrá ser capital de ninguna otra nación. Ahí está el punto de fricción. No tenemos ni la más mínima idea de las verdaderas fronteras de esta capital. Trump de hecho ha admitido esto en una frase que fue casi del todo ignorada, cuando dijo: “no estamos tomando una posición (…) sobre las fronteras específicas de la soberanía israelí sobre Jerusalén”. En otras palabras, reconoció la soberanía de un país sobre toda Jerusalén sin saber exactamente la delimitación de dicha ciudad.

De hecho, no tenemos la menor idea de dónde está la frontera este de Jerusalén. ¿Está acaso a lo largo de la vieja línea fronteriza que dividía a Jerusalén? ¿Se encuentra a unos dos kilómetros de distancia al este de Jerusalén oriental? ¿O está a lo largo del río Jordán? En ese caso, adiós a Palestina. Trump le ha otorgado a Israel el derecho sobre toda la ciudad como su capital sin tener la más pálida idea de dónde está la frontera este del país, ya no digamos la frontera de Jerusalén.

El mundo estuvo contento de aceptar a Tel Aviv como capital temporal de la misma forma en que se hizo como que Jericó o Ramalá eran la capital de la Autoridad Nacional Palestina después de que Arafat llegó ahí. Pero no se iba a reconocer Jerusalén como capital israelí aunque Israel la reclamara como tal.

Entonces, cuando Trump comenzó su más exitosa democracia, afirmó que la gente de todas las creencias es libre de vivir y venerar según su conciencia. Confío en que no vaya a decirle eso a los 2 millones y medio de palestinos de Cisjordania que no son libres de entrar a Jerusalén para ejercer su religión sin un pase especial, o a la sitiada de Gaza que ni siquiera tienen esperanzas de llegar a la ciudad santa.
Pese a todo, Trump proclama que su decisión no es más que reconocer la realidad. Supongo que su embajador en Tel Aviv –quien presumiblemente se mudará a Jerusalén, aunque sea a una habitación de hotel-, se cree esta patraña, porque fue él quien aseguró que Israel tiene bajo ocupación sólo 2 por ciento de Cisjordania.

Esa nueva embajada, cuando se complete, se convertirá en un magnífico tributo a la paz según Trump. Viendo los búnkers en que se han convertido la mayoría de las embajadas estadunidenses en Medio Oriente, será un lugar rodeado de rejas blindadas y paredes de concreto reforzado en cuyo interior habrá pequeños búnkers para el personal diplomático. Pero para entonces Trump ya se habrá ido (...) ¿o no?

Como de costumbre, nos enfrentamos a uno de los revoltijos de Trump. Quiere un gran acuerdo para los israelíes y palestinos, un acuerdo de paz que sea aceptable para ambas partes, pese a que esto no es posible ahora que él le concedió la totalidad de Jerusalén a Israel como su capital antes de que existieran las conversaciones sobre el estatus final que el mundo aún tiene la esperanza de que ocurra entre ambas partes. Pero si Jerusalén es uno de los temas más sensibles de estas pláticas, si iba a haber desacuerdo y disenso sobre su anuncio –todo lo cual él admitió– entonces ¿para qué demonios tomó la decisión?

Para cuando cayó en la verbosidad estilo Blair, diciendo que el futuro de la región se ha postergado por el derramamiento de sangre, la ignorancia y el terror, el discurso de Trump se volvió ya insoportable porque nadie tiene estómago para semejante cantidad de mentiras.

Si se supone que la gente va a responder al desacuerdo con un debate razonado y no con violencia, ¿cuál es el objetivo de reconocer a Jerusalén como capital de Israel? ¿Promover un debate, por todos los cielos? ¿Es eso lo que quiso decir cuando habló de “repensar viejas suposiciones”?

Pero ya fue suficiente de estas tonterías. ¿Qué nueva temeridad se le puede ocurrir a este miserable para decir más mentiras? ¿Qué pasaba por su mente confusa cuando tomó esta decisión? Claro: quiere cumplir sus promesas de campaña. Pero ¿cómo es que puede cumplir su promesa y no fue capaz, en abril pasado, de decir que la matanza masiva de millón y medio de armenios en 1917 constituyó un acto de genocidio? Seguramente porque temió molestar a los turcos, quienes niegan el primer holocausto industrial del siglo XX. Bueno, pues los turcos están muy molestos ahora. Quiero pensar que tomó eso en consideración.


Pero olvídenlo. El hombre está loco. Y le va a tomar muchos años a su país recuperarse de su último acto de insensatez.

¿Por qué la cooperación para el desarrollo no funciona?

Belén Fernández
www.eldiario.es / 08/12/17

Hay que trabajar para desenmascarar los intereses escondidos tras las políticas de desarrollo, para trasladar al Norte las responsabilidades de los problemas del Sur que le corresponden, para reforzar las soberanías de los pueblos sobre sus recursos, para poner en marcha políticas públicas coherentes con los objetivos de desarrollo en ambos hemisferios


En 2016, el Estado Español destinó 4.096 millones de dólares a Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Muchos, muchos euros que, aun siendo más del doble que el año anterior, suponen sólo el 0,33% de la RNB (Renta Nacional Bruta) de ese mismo año 2016, bien lejos del famoso 0.7% demandado por numerosos colectivos en defensa de los Derechos Humanos a nivel internacional.

En aquellas campañas se exigía más dinero de los gobiernos para solventar “los problemas del Sur”. El hambre, el SIDA, el analfabetismo… Esas cosas tan de los “países pobres”. Es cierto que, si todos los países de la Unión Europea, o si nos ponemos soñadoras, todos los Estados occidentales, todo el Norte opulento, dedicara ese 0.7% a AOD, las ONG, los Estados del Sur o quien sea que se pusiera a ello, contaría con cantidades más que suculentas para invertir en desarrollo. Pero, aun así…, ¿sería suficiente?

Rotundamente, no. Y es que el problema del “desarrollo” no es una cuestión de cuánto, sino de qué, cómo y por qué.

Qué, como punto de partida para poner la lupa sobre el concepto mismo de desarrollo, que será el que guíe la Inversión Oficial al Desarrollo (sí, inversión y no ayuda). Quizá haya que revisar el discurso del desarrollo lineal, a imagen y semejanza de un Norte que destruye, saquea y empobrece a otras en su camino al éxito. Quizá. No obstante, a propósito de este artículo y para no disertar sobre lo que no compete ahora mismo, nos quedaremos con el concepto de desarrollo más compartido por todos y todas: escuelas accesibles, sanidad pública de calidad, industria, empresas exitosas, economías solventes y demás.

Cómo, para darnos cuenta de que no todo vale. Que no es lo mismo enviar 500 toneladas de excedente agrícola con valor de X montón de euros, que financiar la construcción de una escuela en Chitipa bajo la coordinación de una organización local. No voy a entrar a valorar lo bueno, malo o regular de cada opción. Simplemente, no es lo mismo. El cómo importa, y mucho.

Y finalmente, por qué. No sólo un por qué, de hecho, si no varios. ¿Por qué destinan los Estados del Norte esos dinerales a “ayudar” al Sur?, ¿filantropía?, ¿solidaridad simple y llana? ¿Por qué unos Estados ayudan a unos, y otros a otros?, ¿quién decide el quién? Pero, sobre todo, el por qué que debería hacer saltar todas nuestras alarmas: ¿por qué no funciona? ¿Por qué tras más de sesenta años de cooperación internacional para el desarrollo (CID), siguen sin haberse alcanzado los objetivos deseados?, ¿por qué hemos tenido que pedir una prórroga y rediseñar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, ahora transformados en Objetivos de Desarrollo Sostenible?

Más de seis décadas, y el Desarrollo, así con mayúsculas, es aún un horizonte demasiado lejano. Ante semejante panorama, veo más que necesario replantearse al asunto. Que los Estados y demás agentes de CID atiendan a todas las que piden a gritos echar el freno, evaluar, redirigir. A todas las que se han preguntado y se siguen preguntando: ¿¡qué pasa!? ¿Estamos haciéndolo todo mal?, ¿hay que invertir de otra manera?, ¿son el hambre y la pobreza realidades insolventables y debemos tirar la toalla?

Quizá, quizá toda la culpa sea de las ONG, de las cooperantes, de los Ministros de Exteriores, o incluso de las poblaciones del Sur. O, quizá, es que hay fuerzas empujando en la dirección opuesta que impiden el avance. Quizá.

Quizá sea imprescindible echar ese freno, levantar la mirada del Sur y abrir los ojos para analizar la miríada de conexiones o interferencias a nivel global, entre unos Estados y otros, entre Estados y comunidades locales, entre comunidades y multinacionales, entre multinacionales y… Entre Norte y Sur. En estas interferencias, profundas, plurales y demasiado poco exploradas, se esconden las claves para entender el fracaso de la CID.

Las palabras, cómo no, importan. Por eso hablo aquí de interferencias y no simplemente de relaciones -internacionales-, para poner el énfasis en la direccionalidad, para utilizar un concepto más realista, despojado de ese aire de neutralidad que envuelve las Relaciones Internacionales. Porque las RRII están muy lejos de ser neutras, tanto en intereses como en efectos. Así podemos empezar a indagar y descubrir que estas interferencias entre Norte y Sur – o más certeramente, del Norte hacia el Sur – tienen efectos positivos, algunas, y negativos, muchas, sobre las poblaciones y el medio al otro lado del mundo.

Aquí resulta muy útil utilizar los términos desarrollados por David Llistar en su libro Anticooperación, y hablar de “cooperación” cuando estas interferencias tienen un efecto positivo en el Sur, y de “anticooperación” cuando hacen más mal que bien. Este análisis nos permite poner en una balanza todas las interacciones Norte – Sur, incluida la AOD – desgranada en todos los pequeños mecanismos y acciones que conlleva-, y acompañada de las relaciones financieras y comerciales, la inversión extranjera directa, los flujos y las políticas migratorias, la exportación de residuos, la importación de materias primas… En fin, todas las pequeñas y grandes interferencias políticas, económicas, culturales y sociales que podemos encontrar si revisamos en profundidad las “Relaciones Internacionales” entre el Norte y el Sur.

Entonces, con esta balanza bien cargada, ¿hacia qué lado creéis que va a oscilar? De un lado, la ayuda útil y verdaderamente solidaria, sin intereses escondidos y que responde a necesidades reales de las poblaciones del Sur. De otro lado, cositas como la reprimarización del Sur y la consiguiente pérdida de su capacidad y autonomía productiva, motivada por los acuerdos comerciales con potencias del Norte; la dinámica económica y las políticas liberalizadoras de organismos como el FMI, el BM o la OMC, donde los gobiernos del Sur se encuentran notablemente menos representados; el neocolonialismo cultural embarcado en los medios de masas y la industria cultural occidental… Y podríamos seguir con una larga lista, pero creo que nos hacemos una idea.
Observando esta balanza, parece más fácil entender por qué la CID no funciona. Por qué ni el dinero, ni los proyectos, ni el tiempo y esfuerzo de tantísima gente está dando los frutos que esperamos, que queremos. Rescatando el subtítulo de la obra de Llistar, porque “los problemas del Sur no se resuelven con más ayuda internacional”, sino con un cambio profundo en el Norte, en la estructura económica internacional y en las dinámicas de poder globales. Lo cual, obviamente, no es tan fácil como construir una escuela en Chitipa.

No quiero decir con esto que nos batamos en retirada, abandonando al Sur a su suerte. “Dejarles en paz” ya no es una opción, el daño está hecho y es nuestra responsabilidad (incluyéndonos a ti y a mí en ese Norte culpable, aunque tengamos algo menos de carga que otros) ayudar a repararlo. Por supuesto, en el corto plazo esos proyectos de ayuda útil y verdaderamente solidaria son necesarios, pero si queremos que exista un futuro donde no haya que hablar de hambre, hace falta trabajar también con la vista en el largo plazo.

Trabajar para desenmascarar los intereses escondidos tras las políticas de desarrollo, para trasladar al Norte las responsabilidades de los problemas del Sur que le corresponden, para reforzar las soberanías de los pueblos sobre sus recursos, para poner en marcha políticas públicas coherentes con los objetivos de desarrollo en ambos hemisferios. Trabajar, en definitiva, sobre las causas y los orígenes de los problemas globales, en lugar de seguir poniendo tiritas sobre las consecuencias hasta el fin de los tiempos, sin detener jamás la hemorragia.


¿Qué tanto café es... Café en exceso?


Tomado de la Revista Imagina del Senacyt Edición 7

Conferencia de Roberto Hernández Sampieri en Umecit Panamá



La Unión Europea en plena conquista de neocolonias

Manlio Dinucci

«Todo tiene que cambiar para que nada cambie», decía el poeta siciliano. La Unión Europea ha anunciado un gran plan de ayuda al desarrollo durante su quinta cumbre conjunta con los países de la Unión Africana. El geógrafo italiano Manlio Dinucci estima que tras los “nobles sentimientos” anunciados se esconde realmente una voluntad neocolonialista.

«Que el futuro de Europa también está en juego en África es algo que está, creo, muy claro, sobre todo para nosotros los italianos, por razones históricas y geográficas», declaró el primer ministro de Italia, Paolo Gentiloni, durante su gira por África, del 24 al 29 de noviembre, donde visitó Túnez, Angola, Ghana y Costa de Marfil.

Gentiloni dijo la verdad… sin querer: Italia y Europa consideran hoy muy importante a África por las mismas «razones históricas y geográficas» que en el pasado, o sea cuando África estaba bajo su dominación colonial.

África es un continente muy rico en materias primas: oro, diamantes, uranio, coltán, cobre, petróleo, gas natural, manganeso, fosfatos, maderas preciosas, cacao, café, algodón y muchas más. Esos valiosos recursos, antes explotados por el viejo colonialismo europeo con métodos de tipo esclavista, hoy son explotados por el neocolonialismo europeo a través de grupos de poder y de gobernantes africanos corruptos, utilizando la fuerza trabajo local de bajo costo y aprovechando su propio control sobre los mercados internos e internacionales.

Eso es lo que confirma el viaje de negocios del primer ministro italiano Gentiloni, en calidad de viajante comercial de la ENI (Corporación Nacional de Hidrocarburos, siglas en italiano), que opera en países africanos como Argelia, Libia, Túnez, Egipto, Kenya, Liberia, Costa de Marfil, Nigeria, Ghana, la República del Congo, Angola, Mozambique y Sudáfrica.

- Túnez, primera etapa de la gira de Gentiloni, es una importante base de la ENI, no sólo por el yacimiento de El-Borma sino también como vía de tránsito del gasoducto Transmed, que trae a Italia el gas argelino.

- En Angola, Gentiloni asistió, con el presidente angolano Lourenco, a la firma de un lucrativo acuerdo que asigna a la ENI un 48% de los derechos sobre el gran yacimiento Cabinda North.

- En Ghana, Gentiloni visitó la gigantesca plataforma flotante de la ENI para la producción y almacenamiento de yacimientos offshore de más de 40,000 millones de metros cúbicos de gas y 500 millones de barriles de petróleo.

- En Costa de Marfil –donde la ENI compró un 30% de una gran área offshore rica en hidrocarburos, a través de su filial ENI Cote d’Ivoire Limited, que tiene su sede en Londres–, Gentiloni participó en la 5ª Cumbre Unión Europea-Unión Africana, junto con Mogherini, a cargo de las relaciones exteriores de la UE, el presidente francés Macron y la canciller alemana Merkel. El tema central de la Cumbre fueron nuevas inversiones europeas en África con el noble propósito de «aportar nuevas esperanzas a los jóvenes africanos». Pero esas inversiones generalmente acaban favoreciendo la formación de élites africanas al servicio de los intereses neocoloniales.

Hasta en los países que obtienen los mayores ingresos gracias a la exportación de materias primas, la mayoría de sus habitantes viven en la mayor pobreza. Según los datos de la ONU, más de 2 terceras partes de la población del África subsahariana vive en condiciones de pobreza y más de un 40% vive en condiciones de pobreza extrema.

Son emblemáticos los ejemplos de Costa de Marfil y Ghana, por donde pasó Gentiloni. No sólo cuentan con grandes recursos energéticos sino que además son los primeros productores mundiales de cacao (con casi el 60% de la producción mundial). El cacao lo cultivan mayormente pequeños campesinos, que viven en la pobreza porque se ven obligados a vender los granos de cacao a precios muy bajos. Y son las transnacionales que fabrican el chocolate quienes obtienen ganancias muy elevadas. Es esa la manera como, según dijo Gentiloni, «se ayuda a los africanos en sus predios».

Durante 5 años, de 2010 a 2015, los países que más invirtieron en África fueron Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, China, Sudáfrica e Italia. Pero en 2016, China pasó a la cabeza, seguida por los Emiratos Árabes Unidos e Italia, que, según declaró con orgullo Gentiloni, fue el año pasado el mayor inversionista europeo en África, con unos 12,000 millones.

Estados Unidos y la Unión Europea ven peligrar su papel dominante en las economías africanas por causa de China, cuyas empresas ofrecen a los países africanos condiciones mucho más favorables y construyen las infraestructuras que esos países necesitan: hasta ahora alrededor de 2,300 kilómetros de líneas férreas y 3,300 kilómetros de carreteras.

Al mismo tiempo, Estados Unidos y la Unión Europea ven sus intereses amenazados por movimientos armados, como los Niger Delta Avengers que atacan las instalaciones de Shell y de otras compañías petroleras, entre ellas la ENI, responsables del desastre ecológico y social en el delta del río Níger.
Al ver que están perdiendo terreno en el plano económico, Estados Unidos y las grandes potencias europeas arrojan la espada en el plato de la balanza. El AfriCom de Estados Unidos, oficialmente con el pretexto de luchar contra el terrorismo, está extendiendo en África su red militar y reforzando allí su poderío a través de operaciones de fuerzas especiales, del uso de drones armados y proporcionando entrenamiento y armamento a fuerzas especiales africanas.

Francia, que durante los 50 últimos años emprendió en África más de 50 intervenciones militares públicamente, además de muchas otras intervenciones secretas, está intensificando las operaciones en el oeste de África, así como en el centro y el este de ese continente, donde mantiene 7,000 soldados y varias bases militares, principalmente en Mali, Senegal, Gabón y Costa de Marfil.


Italia, con presencia militar en Libia, Mali, Somalia y Yibuti, está solicitando la intervención de la OTAN en África. Según el primer ministro italiano, «La OTAN debe mirar hacia el sur. Si la mayor alianza militar de la historia no lo hace, se arriesga hoy a no estar a la altura de los desafíos contemporáneos». Así que la OTAN se prepara para mirar de nuevo hacia el sur, como en 2011, cuando agredió y destruyó con su guerra el Estado libio.

Aguiar, sucesor de Norberto, amigazo del PRI y de Peña


El jueves 30 de marzo, a dos meses de las elecciones del Estado de México, Enrique Peña Nieto invitó a comer, en Los Pinos, a los obispos de esa entidad para pedirles apoyar a su primo Alfredo del Mazo. A todos les besó el anillo episcopal, pero sólo a uno se le arrodilló: A Carlos Aguiar Retes, el arzobispo de Tlalnepantla que sustituirá a Norberto Rivera Carrera como primado de México.

Es un mal mensaje del papa Francisco a México: A la capital del país, de sello claramente progresista, envía a un personaje tanto o más conservador que Rivera Carrera, un clérigo de la élite y no un pastor como se asume el jefe del Vaticano, pero además político y claramente identificado con el grupo en el poder que Peña quiere que siga hegemonizando el país.

Ante las elecciones, en particular las del Estado de México en que Peña impuso a su primo Del Mazo, entre Norberto y Aguiar sí hubo posiciones contrastantes: Mientras que éste asumió posicionamientos desabridos, “Desde la fe”, el órgano de la Arquidiócesis de México, hizo una durísima crítica a las prácticas de defraudación electoral de las “camarillas y dinastías asidas a un poder que se niegan a dejar”.

En “Elecciones de escándalo”, como tituló el semanario “Desde la fe” en su editorial del domingo 2 de abril, la Arquidiócesis Primada de México censuró el despilfarro electoral y, en referencia al gobierno de Peña y específicamente al secretario de Hacienda, José Antonio Meade, ahora candidato presidencial priista, preguntó: “¿Para esto se usa el dinero del gasolinazo?”
Pese a que no mencionó al PRI ni a Peña, el semanario de la iglesia censuró que “la manipulación, clientelismo y compra cínica y desvergonzada de votos; entrega de despensas y teléfonos celulares, así como la distribución de tarjetas y monederos electrónicos, se unen al uso electorero de programas de desarrollo social, condicionando los beneficios a cambio de copias de credenciales de elector, lo que, por cierto, es un delito”.

Y en uno de los párrafos más críticos, afirma: “Los mexicanos volvemos a ser testigos de elecciones caras que nos cuestionan si de verdad valió la pena una reforma estructural político-electoral, cuando los hilos de este proceso se mueven por quienes controlan millonarios recursos que avientan como migajas. Usar electoralmente el hambre, además de ser inmoral, es una de las peores faltas sociales que implican la destrucción de la democracia, poniéndola en manos de camarillas y dinastías asidas a un poder que se niegan a dejar”.

Aguiar, por su parte, guardó silencio sobre las prácticas de defraudación electoral del gobierno estatal y federal para imponer a Del Mazo. No sólo eso: Fue el que celebró el matrimonio del gobernador Eruviel Avila, presidente del PRI de la entidad donde será el máximo jerarca de la Iglesia católica.

El sustituto de Norberto, quien hoy entra en funciones pero su toma de posesión oficial es hasta el 5 de febrero –aniversario de la Constitución–, fue también arzobispo de Texcoco y allegadísimo no sólo del Grupo Atlacomulco, sino amigo del propio Peña.

El sociólogo Bernardo Barranco, experto en religiones y consejero electoral en el Estado de México, lo descibe así:

“Aguiar, siendo arzobispo de Tlalnepantla, mantuvo, desde el inicio, una estrecha colaboración con el entonces gobernador Peña Nieto, al grado de que lo apoyó en su primer gran acto de destape como precandidato a la Presidencia de la República. Lo llevó a Roma junto con su novia Angélica Rivera para presentarle al papa Benedicto XVI bajo los intensos reflectores de Televisa.

“Como presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (2006-2012) Carlos Aguiar fraguó la reforma al artículo 24 constitucional sobre la libertad religiosa introducida en la Cámara de Diputados en diciembre de 2011. Contó con el apoyo decidido del candidato del PRI a la Presidencia, Enrique Peña. En la versión original de la iniciativa constitucional presentada por el diputado priista López Pescador venía la intervención plena de la Iglesia católica en las escuelas públicas para otorgar catecismo, así como poseer medios de comunicación y reconocía una amplia participación política de los actores religiosos, aun en tiempos electorales. La iniciativa fue matizada y reformulada hasta la versión constitucional actual, vigente desde 2013”.

La llegada de Aguiar, entonces, sólo augura la consolidación en la iglesia católica mexicana de la opción preferencial por los ricos, el fortalecimiento de la relación de ésta con el grupo priista que tiene como candidato a Meade –un devoto católico–, el avance de la agenda ultraconservadora y la impostura de Francisco, jefe político de El Vaticano.


Reforma de la curia, reforma de la iglesia

José M. Castillo S.

El discurso que el papa Francisco tuvo, como felicitación navideña, a la Curia Romana el pasado día 21 de este mes de diciembre, está dando que hablar en los ambientes relacionados con la Iglesia. El papa les habló, a los miembros de la Curia, con la claridad y la libertad que le caracterizan. Y desde ahora afirmo que, desde su claridad y su libertad, el papa hizo, entre otras, dos afirmaciones que hacen temblar.

1. Dirigiéndose a los cardenales, obispos, monseñores y demás personajes de la Curia, el papa les habló de "la desequilibrada y degenerada lógica de las intrigas o de los pequeños grupos que en realidad representan... un cáncer que... se infiltra en los organismos eclesiásticos".

2. Y en seguida añadió: "otro peligro, que es el de los traidores de la confianza o los que se aprovechan de la maternidad de la Iglesia, es decir de las personas que han sido seleccionadas con cuidado... pero se dejan corromper por la ambición y la vanagloria".

O sea, a juicio del papa Francisco, la Curia que gobierna la Iglesia, es (en este momento) un enfermo grave, en el que "traidores de la confianza, que la misma Iglesia ha depositado en ellos, les ha llevado a actuar motivados por "la ambición y la vanagloria".

¿Se puede pensar que el papa Bergoglio exagera al decir estas cosas sobre personas tan respetables? Con toda sinceridad, puedo afirmar que, pocos días antes de conocerse la renuncia de Benedicto XVI al cargo de Sumo Pontífice, uno de los más importantes personajes en el gobierno de la Iglesia, me dijo en Roma confidencialmente: "Rece mucho por la Iglesia, porque la situación, en este momento, es tan grave, que esta Iglesia que tenemos, no puede caer más bajo de lo que ya ha caído".

¿Qué está pasando en la Iglesia? Sin miedo a exagerar o sacar las cosas de quicio, creo que se puede (y se debe) afirmar que el "desequilibrio" y la "degeneración", que el papa denuncia de la Curia Romana, no se reduce a la Curia del Vaticano. Ese "desequilibrio" y esa "degeneración" se extiende - de una o de otra forma, con más o menos profundidad - por la Iglesia entera. Y aquí podemos decir que quien tenga las manos limpias, que tire la primera piedra. Y quede claro que yo soy el primero que lo digo. Porque somos muchos (más de los que nos imaginamos) los que tenemos mucho que callar.

¿Por qué? ¿Qué está pasando en la Iglesia? Vamos a ser sinceros. Si tomamos el Evangelio en nuestras manos, y si es que aseguramos que en Jesús se nos ha revelado Dios y lo que Dios quiere, entonces no nos queda más remedio que decir que mientras haya obispos viviendo en palacios, clérigos luciendo vestimentas solemnes, diócesis e instituciones religiosas que manejan mucho (pero mucho) dinero, individuos jóvenes que se meten en seminarios y conventos para "hacer carrera", por más que aseguren que ellos quieren "seguir a Cristo", mientras las diócesis sigan teniendo privilegios (económicos, legales, sociales...), que la mayoría de los ciudadanos no tienen, ni pueden tener, mientras todo esto funcione así, por más que nos digan que todo esto es así porque así lo estableció Jesucristo, esta Iglesia no tiene arreglo.

Ni con este Papa, ni con cincuenta Papas que vengan detrás de él. Porque, en una institución que funciona como funciona la Iglesia, y dado lo que es la condición humana, en ella habrá gente, bastante gente, que, pensando que está allí para servir a Dios y para servir a Cristo, para salvar al mundo y dar gloria a Dios, en realidad estamos ahí porque ahí, sin ser un genio o ser un héroe, "te colocas bien en la vida y tienes tu vida asegurada".

No es cuestión de ambición o egoísmo. El problema está en que, como ha dicho el papa Francisco en su reciente discurso a la Curia Romana, la Iglesia está organizada de manera que los que nos metimos en ella diciendo que lo hacíamos porque "seguíamos a Jesucristo", en realidad muchos terminamos siendo "funcionarios", que, en palabras del papa, terminamos siendo "traidores de la confianza", que depositaron en nosotros.

No es cuestión de la maldad de los que nos metemos a curas, frailes o religiosos. Ni es un problema de debilidad o cobardía de quienes gobiernan. El problema está en que Jesús pensó en un movimiento profético, que, con el paso de los tiempos, ha terminado siendo una organización mundial cimentada sobre el poder que la religión tiene sobre la intimidad de las personas, la capacidad que da la seguridad económica y, en consecuencia de lo dicho, la influencia socio-política que le dan los poderes de este mundo, con tal que la Iglesia sepa estar siempre en "su sitio". Un sitio que, con frecuencia, está en los antípodas del que ocupó Jesús, en quien radica su origen y su razón de ser.

Jesús vino a estar con los últimos y a identificarse con ellos. La Iglesia funciona de tal manera, que no tiene más remedio que estar con los primeros o lo más cerca posible de ellos. Así, vivimos y viviremos siempre en la contradicción. De ahí que un Papa como Francisco es, y será, amado por unos y odiados por otros. Tal como somos los seres humanos, esto no tiene otra salida.