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El Capital de Marx. Reflexiones desde América Latina



1. Hace 150 años Marx publicó su primer tomo de El capital: un esfuerzo intelectual de gran envergadura para revelar la lógica con la que funciona el modo de producción capitalista y dotar a los trabajadores de su época de los instrumentos teóricos para su liberación. Al revelar la lógica del sistema fue capaz de prever con gran anticipación mucho de lo que actualmente está ocurriendo en el mundo en el plano económico. Pero, evidentemente no podemos aplicar mecánicamente lo expuesto en El capital a la realidad actual de AL.

2. Como explica Marx en el prólogo a su primera edición, la meta que se propuso en su obra maestra no fue estudiar una formación social concreta. Inglaterra sólo fue tomada como ejemplo ilustrativo, no como objeto de investigación, y lo fue por ser la expresión concreta más avanzada del modo de producción capitalista.

3. Su encomiable esfuerzo intelectual se orientó al estudio “del modo de producción capitalista y las relaciones de producción e intercambio a él correspondientes” [1] buscando “sacar a la luz la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna” sin detenerse en el estudio de “los antagonismos sociales que resulta de la aplicación de [esa ley]” [2].

4. No tenemos entonces que confundir el estudio del modo de producción capitalista: un objeto teórico abstracto, con el estudio de formaciones sociales concreta históricamente determinadas y el estudio de la lucha de clases que en ellas se da. No tener en cuenta estos diferentes niveles de abstracción y aplicar mecánicamente ciertos conceptos de Marx como si la realidad no hubiese cambiado en estos 150 años, llevó a muchos de nuestros intelectuales y cuadros políticos marxistas latinoamericanos a encasillar nuestra realidad en las nociones clásicas, incapacitándolos para comprender los nuevos fenómenos que estaban ocurriendo en nuestra región que escapaban a esos parámetros.

5. Exponer esos nuevos fenómenos y realizar algunas reflexiones de lo que está ocurriendo en nuestra región en las últimas décadas, viendo en qué se aproximan y en que se distancian de lo planteado por Marx en El capital, es el objeto de esta ponencia. [3]

I. A. Latina pionera en el rechazo al neoliberalismo

6. Hoy, cuando el neoliberalismo recibe un creciente rechazo en el mundo, debemos recordar que fue América Latina el primer escenario donde se implantaron las políticas neoliberales y que Chile, mi país, sirvió de ensayo, antes que el gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher las aplicara en el Reino Unido. Pero también fue la primera región del mundo, después del derrumbe del socialismo en Europa del Este y la URSS, en producir un proceso de rechazo a esas políticas, que sólo sirvieron para aumentar la pobreza, incrementar las desigualdades sociales, destruir el medioambiente y debilitar a los movimientos obreros y populares en general.

Horrores del neoliberalismo

7. Creo que nuestra situación en la década de los 80 y 90 puede compararse en ciertos aspectos a la vivida por la Rusia prerrevolucionaria de comienzos del siglo XX. Lo que fue para ella la guerra imperialista y sus horrores ha sido para nosotros el neoliberalismo y sus horrores. En estas circunstancias varios de nuestros pueblos dijeron “basta” y echaron “a andar”, resistiendo primero y, luego, pasando a la ofensiva, fruto de lo cual empiezan a triunfar candidatos en nuestra región presidenciales de izquierda o centro izquierda que levantan programas antineoliberales.

Movimientos populares: los grandes protagonistas.

8. No fueron, sin embargo, partidos políticos de izquierda sino movimientos sociales los que, de maneras muy diferentes de un país a otro, estuvieron a la vanguardia de la lucha contra el neoliberalismo, destacándose muy especialmente los movimientos campesinos e indígenas. Dada la profundidad de la crisis vivida por nuestra región estos movimientos sociales dejan de ocuparse de los temas puntuales que los afectan y pasan a preocuparse de temas nacionales. Esto no solo enriquece sus luchas y sus demandas sino que, además, les permite aglutinar en torno a ellas a los más diversos sectores sociales.

El movimiento obrero: el gran ausente

9. El gran ausente del escenario político latinoamericano, salvo muy raras excepciones, ha sido el movimiento obrero tradicional.

10. En gran medida esto se debe a que ha sido muy golpeado por la aplicación de medidas económicas neoliberales como la flexibilización laboral y la subcontratación y su estrategia de fragmentación social que ha logrado dividirlo internamente, [4] sin dejar de reconocer que ha ello han contribuido también las diferencias ideológicas, personalismos, caudillismos de sus dirigentes.

Domesticación a través del crédito

11. Otra forma de debilitar a la clase obrera ha sido la promoción de la cultura consumista. Convirtiendo lo superfluo en necesidad [5] —algo intrínseco al desarrollo capitalista como lo señala Marx en El capital— y facilitando el acceso a los nuevos bienes mediante la expansión del uso de las tarjetas de crédito, se ha creado un nuevo mecanismo de domesticación. [6]

12. Como dice Tomás Moulián, sociólogo chileno, el endeudamiento agudiza el pánico a perder el empleo y es un “factor importante de desmovilización social.” [7]

Una aplicación mecánica de la estructura de clases de El capital

13. El acento puesto en forma acrítica en la clase obrera industrial nos condujo a los marxistas a no tener en cuenta las especificidades de nuestro sujeto social revolucionario ignorando las reflexiones que habían realizado al respecto pensadores latinoamericanos como Mariátegui y Haya de la Torre. Durante muchos años no fuimos capaces de percibir el papel que podían jugar los cristianos y los indígenas en nuestras revoluciones.

14. Aplicamos en forma muy mecánica las categorías de clases empleadas por Marx en El capital a nuestra realidad. No conocíamos entonces sus análisis posteriores acerca de la situación rusa donde él constató el carácter minoritario de la clase obrera industrial y el papel destacado que podía jugar el campesinado. [8]

Un concepto más amplio de la clase trabajadora. Schafik
15. Fue un comandante de la guerrilla salvadoreña, Jorge Schafik Handal, secretario general del Partido Comunista de ese país, el primero en insistir en los 80, en que el nuevo sujeto revolucionario latinoamericano no podía ser sólo la clase obrera, que en América Latina habían surgido nuevos sujetos sociales revolucionarios.

II. Correlación actual de fuerzas Cambio en el mapa de América Latina

16. Todos sabemos que el mapa de América Latina empezó a cambiar radicalmente a partir 1998, cuando Hugo Chávez fue electo presidente en Venezuela. En pocos años fueron electos candidatos progresistas o de izquierda en la mayoría de los países de la región.

17. Estos gobiernos, a pesar de ser muy diferentes unos de otros, tienen al menos cuatro coincidencias programáticas: la lucha por la igualdad social, la democratización política, la soberanía nacional y la integración regional.

18. Se creó así nueva correlación de fuerzas que hizo que los Estados Unidos no pudiese maniobrar con completa libertad como lo hacía anteriormente.

19. Pero, como era de esperar, nunca cesaron sus intentos por detener el avance de nuestros pueblos, intentos que han logrado algunos éxitos temporales importantes en estos últimos años. Aprovechándose de las grandes dificultades económicas producidas por la crisis mundial del capitalismo y la baja de los precios de las materias primas: se logró instalar a gobernantes ultra neoliberales en Argentina y Brasil y se está bloqueando el avance de la revolución bolivariana.

20. Sin duda que la actual correlación de fuerzas no es tan favorable como lo era en años anteriores.

Disyuntiva

21. Exceptuando a Cuba —que más de medio siglo atrás eligió su camino al socialismo— hoy nos encontramos en nuestra región con un grupo de gobiernos de significativo peso económico y político que adhieren abiertamente al neoliberalismo (entre ellos, Brasil, Argentina, México, Colombia); otro grupo que, sin romper con las políticas neoliberales, pone énfasis en lo social (Uruguay, El Salvador); y otro grupo que está tratando de romper con las políticas neoliberales e intenta instaurar un modelo alternativo apoyándose en sus pueblos (Venezuela, Bolivia, Ecuador).

III. Papel de Chávez

Audacia

22. Chávez fue el primero que tuvo la audacia de incursionar por este último camino y para denominarlo decidió utilizar la palabra socialismo a pesar de la carga negativa que ella tenía en ese momento, pero lo hizo agregándole una calificación. Especificó que se trataba del socialismo del siglo XXI diferenciándolo así del socialismo soviético del siglo XX, y explicó que no se trataba de “caer en los errores del pasado”: en esa “desviación estalinista” que burocratizó al partido y terminó por eliminar el protagonismo popular.

Protagonismo popular

23. La necesidad del protagonismo popular era una de sus obsesiones y es el elemento que lo distancia de otras propuestas de socialismo donde el Estado es el que resuelve los problemas y el pueblo se limita a recibir los beneficios como una dádiva.

24. El dirigente bolivariano estaba convencido de que el socialismo no se podía decretar desde arriba, que había que construirlo con la gente. Y entendía, además, coincidiendo con Marx, que es a través de la participación protagónica como las personas crecen, ganan en auto confianza, es decir, se desarrollan humanamente y construyen una nueva vida.

Kropotkin

25. Siempre recuerdo el primer programa Aló Presidente de carácter más teórico, del 11 de junio de 2009, cuando Chávez citó extensamente la carta que Pedro Kropotkin —el anarquista ruso— escribió a Lenin el 4 de marzo de 1920:

Sin la participación de fuerzas locales, sin una organización de las fuerzas desde abajo, de los campesinos y de los trabajadores, por ellos mismos, es imposible el construir una nueva vida.
Pareció que los soviets iban a servir precisamente para cumplir esta función de crear una organización desde abajo. Pero Rusia se ha convertido en una república soviética sólo de nombre. [...] la influencia del partido sobre la gente [...] ha destruido ya la influencia de energía constructiva que tenían los soviets, esa promisoria institución.
[9]

Chávez acuña el término socialismo del siglo XXI

26. Podemos decir, sin duda, que el presidente Chávez fue quien acuñó el término socialismo del siglo XXI. Y decimos lo que acuñó porque ya algunos autores lo habían empleado años antes como, por ejemplo, el sociólogo chileno Tomás Moulián en su libro: “El socialismo del siglo XXI. La quinta vía” publicado en Chile en el año 2000 [10].

27. Consciente de la carga negativa que tenía la palabra, se dedicó desde entonces a explicar a su pueblo, en sus numerosas intervenciones públicas, todos los beneficios que podía traer la nueva sociedad en contraste con la situación que había creado El capitalismo. Fue tan exitoso su esfuerzo pedagógico que —según encuestas realizadas antes de su muerte— ya más de la mitad de la población venezolana prefiere el socialismo al capitalismo.

Qué entender por socialismo del siglo XXI.

28. Cuando usamos el término socialismo del siglo XXI estamos pensando en una sociedad humanista y solidaria, con pleno protagonismo popular. Una sociedad que ponga en práctica un modelo de desarrollo ecológicamente sostenible, que satisfaga de forma equitativa las verdaderas necesidades de la población y no las necesidades artificiales creadas por El capitalismo en su loca carrera por obtener más ganancias. Una sociedad en la que quien decida qué, cuánto y cómo producir sea el pueblo organizado.

29. Como veremos más adelante, muchas de estas ideas recuperan el pensamiento original de Marx, sintéticamente expresado en algunas líneas de El capital y expandido en obras posteriores.

30. Pero el líder venezolano no era un iluso —como algunos podrían pensar—, sabía que para materializar ese proyecto de sociedad tendría que enfrentar a fuerzas enormemente poderosas. Pero ser realista no significó para él caer en la visión conservadora de la política concebida como el arte de lo posible. Para Chávez el arte de la política era hacer posible lo imposible, no por simple voluntarismo sino porque, partiendo de la realidad existente había que empeñarse en crear las condiciones para que ésta cambiara. El entendió muy bien que para hacer posible en el futuro lo que en ese momento aparecía como imposible, era necesario cambiar la correlación de fuerzas tanto en el plano interno de su país como en el terreno internacional. Y durante todo su gobierno trabajó en forma magistral para lograrlo, entendiendo que para construir fuerza política no bastan los acuerdos de cúpula sino que lo principal es construir fuerza social.

31. Vislumbró muy bien que una sociedad alternativa al capitalismo implicaba, al mismo tiempo, una globalización alternativa a la globalización neoliberal. Nunca pretendió intentar construir el socialismo en un solo país. Tuvo completa lucidez de que esto no era posible y por eso es que se preocupó con tanto ahínco en crear una correlación de fuerzas a nivel de la región y a nivel mundial que facilitara su construcción.

IV. Una TRANSICIÓN a partir de la conquista del gobierno  

Países avanzados

32. La interpretación más difundida del marxismo antes de la revolución rusa sostenía que el socialismo debía empezar en los países más avanzados, donde el propio capitalismo había creado las condiciones materiales y culturales para ello, como lo planteaba el propio Marx en El capital: concentración cada vez mayor de El capital en pocas manos que contrasta con una cada vez mayor “socialización del trabajo”, gran desarrollo de las fuerzas productivas, “aplicación tecnológica consciente de la ciencia, explotación colectiva planificada de la tierra”, “entrelazamiento de todos los pueblos en la red del mercado mundial, y con ello el carácter internacional del régimen capitalista”, “una clase [obrera] cuyo número aumenta de manera constante y que es disciplinada, unida organizada por el mecanismo mismo del proceso capitalista de producción”, una exacerbación de la contradicción fuerzas productivas/relaciones de producción, el trabajo realizado en forma colectiva [11] .

33. Esta situación debería conducir según Marx a una toma revolucionaria del poder del estado, condición sine qua non para hacer posible la expropiación de los expropiadores llegándose a una forma de “cooperación de trabajadores libres y su propiedad colectiva sobre la tierra y los medios de producción producidos por el trabajo mismo. [12]

34. Esta idea de la transición que nunca se dio, ha sido un argumento usado en contra de Marx, pero ello sólo refleja que quienes lo han enarbolado no conocían sus textos tardíos donde el pensador alemán modifica su visión inicial, insistiendo más en las condiciones políticas de las revoluciones que en sus condiciones económicas.

35. En 1877, en una carta a Sorge [13] vislumbra que “el tiempo de la revolución” podría empezar “esta vez en el Este” dado que todo parecía indicar que iba a estallar la guerra ruso‑turca, y era previsible que el gobierno ruso saliera derrotado, lo que tendría graves consecuencias económicas y políticas que afectarían la estabilidad de dicho país.

36. Y Marx no sólo veía la posibilidad de la revolución en un país atrasado, sino también la posibilidad de que a partir de la tradición de propiedad colectiva en el agro ruso, se pudiese transitar desde la comuna hacia el socialismo sin tener que pasar por la experiencia de la agricultura capitalista. [14]

Transición en países atrasados

37. La historia demostró que Marx tenía razón. El socialismo no empezó a construirse en los países de capitalismo avanzado y con una clase obrera industrial numerosa y experimentada, sino en países de incipiente desarrollo capitalista, de población predominantemente campesina, y con una clase obrera minoritaria.

38. ¿Por qué ocurrió esto así? Porque las condiciones políticas se adelantaron a las condiciones económicas.

39. El estallido revolucionario ruso en febrero de 1917 fue considerado por Lenin como la primera etapa de la primera de las revoluciones proletarias engendradas por la guerra [15].” Según él, fueron los horrores de la guerra imperialista y la enorme ruina en que estaba Rusia, las causas que engendraron la insurrección proletaria rusa y que exigían dar “pasos prácticamente maduros hacia el socialismo” [16].

40. Y, como ya decíamos, algo semejante ocurrió en América Latina.

La vía institucional al socialismo: Una transición difícil

41. En nuestro caso el proceso de transición se da en condiciones sociales muy diferentes a las imaginadas por Marx en El capital y —aunque con algunas semejanzas— también muy diferente a las de la revolución rusa.

42. Chávez percibió tempranamente las particularidades de este proceso de transición que se iniciaba en su país y que sería el precursor de procesos semejantes en otros países de América Latina, entre ellas que —como sólo se había conquistado el gobierno y no todo el poder del estado, ese tránsito debía empezar a realizarse a partir de un aparato de Estado heredado cuyas características eran funcionales al sistema capitalista, pero no lo eran para avanzar hacia el socialismo.
43. Sin embargo, contra el dogmatismo teórico de algunos sectores de la izquierda radical, que negaban toda posibilidad de avanzar a partir de las condiciones señaladas anteriormente, la práctica ha demostrado que se puede utilizar este aparato como un instrumento que facilite la construcción de la nueva sociedad.

44. Pero esto sólo es posible si se cumplen dos condiciones, la primera: que las instituciones estatales estén dirigidas por cuadros revolucionarios dispuestos a ir adoptando medidas que permitan ir transformándolas y, la segunda: que exista un pueblo organizado capaz de controlar su quehacer y presionar por esa transformación.

Cambiar las reglas del juego

45. Pero debemos aclarar que ello no significa que el gobierno deba limitarse exclusivamente a usar el aparato heredado, es necesario que vaya simultáneamente construyendo los cimientos de la nueva institucionalidad y del nuevo sistema político.

46. Y un primer paso para ello es el cambio de las reglas del juego institucional. De ahí la importancia de los procesos constituyentes que tuvieron lugar en Venezuela, Ecuador y Bolivia que plasmaron esas reglas en nuevas constituciones.

47. Pero, aunque no creemos que se pueda avanzar hacia el socialismo por la vía pacífica o institucional sin pasar por un proceso constituyente, este tema no debe ser abordado en forma voluntarista. Sólo tiene sentido impulsar procesos de este tipo cuando las fuerzas revolucionarias estiman que se puede lograr una correlación de fuerzas electoral que permita que el proceso constituyente conduzca hacia los cambios que se necesita realizar. No tiene sentido impulsarlo si se va a terminar aprobando reglas del juego institucional que frenen los cambios.
48. Fue justamente por eso que la Unidad Popular en Chile no se decidió a convocar a una asamblea constituyente: no tenía certeza de ganarla. Pero a mí me surge una duda: ¿qué hubiera pasado si hubiésemos tensionado nuestras fuerzas y si hubiésemos trabajado casa a casa con ese tema? Aquí es importante recordar que cuando la oposición plantea la revocación de mandato de Chávez, las encuestas le eran desfavorables, se corría el riesgo de que triunfara el SI opositor, pero él decidió aceptar el desafío y se puso en campaña para construir la correlación de fuerzas que luego le permitió ganar.

49. Y por eso me pregunto, ¿hasta dónde el generalizado malestar de los chilenos frente a la actual institucionalidad —que tan brillantemente la juventud de mi país ha sabido develar con sus luchas— puede traducirse en una exigencia de una asamblea constituyente a la que ningún político ni legalidad alguna puedan oponerse, si a partir de ese malestar se logra realizar un trabajo de concientización casa por casa, aula por aula, centro de trabajo por centro de trabajo, en torno a ese tema?

Crear nuevas instituciones (misiones)

50. Además de cambiar las reglas del juego institucional, es necesario buscar caminos inéditos para lidiar con el aparato burocrático heredado. Fue así como el gobierno revolucionario bolivariano, para poder atender a los sectores más abandonados, decidió crear instituciones que pusiesen en marcha programas fuera de ese aparato. Ese es el sentido de las diferentes misiones sociales que se crearon en el país para atender problemas de salud, educación, distribución de productos esenciales a más bajos precios, etcétera.

51. Por ejemplo, el aparato burocrático del ministerio de Salud que entonces existía no era capaz de atender a la población más humilde que vivía en zonas alejadas o de acceso intrincado: los cerros de Caracas, los barrios populares de distintas grandes ciudades, los caseríos.

52. ¿De dónde provenía esa incapacidad?

53. Por una parte, del hecho que el personal médico adscrito al sistema no tenía disposición para ir a esos lugares, su objetivo era ganar dinero, la mayoría no tenía realmente vocación de servicio. Por otra parte, no estaban preparados para dar ese tipo de atención, dado que su formación era fundamentalmente como especialista y no de médico integral (médico de familia), que es lo que se requiere para ese tipo de atención (medicina preventiva).

54. Para superar estas debilidades del aparato de Salud heredado el gobierno de Chávez decidió crear la misión Barrio Adentro instalando consultorios médicos en cerros, barrios y caseríos, y, mientras se formaba a una nueva generación de médicos venezolanos para cubrir esas demandas, decidió solicitar la colaboración de médicos cubanos. El positivo resultado y la excelente acogida que ha tenido esta misión en el pueblo venezolano, ha hecho que hoy la oposición esté diciendo en sus campañas electorales que la mantendrá, pero que la hará mucho más eficiente.

Transformar las instituciones heredadas (FFAA)

55. Pero desde el gobierno, no sólo se pueden crear nuevas instituciones más aptas para las nuevas tareas, sino que también se puede y se debe ir transformando las instituciones heredadas como las Fuerzas Armadas.

56. Y un factor que ayuda enormemente en este sentido es contar con una nueva constitución que plasme en sus diversos artículos una nueva manera de ordenar la sociedad: un orden no al servicio de una élite sino de la mayoría del pueblo, donde las riquezas naturales en manos de empresas transnacionales vuelvan a manos de nuestros estados; que oriente construir estados independientes y soberanos, y donde se propicien diferentes formas de protagonismo popular. Y como una de las funciones de las Fuerzas Armadas es defender el orden de su país, al defender este nuevo orden, estarán, entonces, defendiendo el nuevo proyecto de sociedad y los intereses de la inmensa mayoría de la población.

57. Esto fue lo que ocurrió en Venezuela. La nueva Constitución se transformó en el gran aliado del proceso, porque la defensa de la Constitución no significa otra cosa que la defensa de los cambios iniciado por el gobierno de Chávez. Fue esa Constitución la que permitió en el 2001 que la mayor parte de los militares venezolanos se declarase en rebeldía y no obedeciese las órdenes de los altos mandos golpistas que buscaban derrocar al presidente.

58. Por razones de tiempo no puedo exponer una serie de otras medidas que pueden ayudar a la transformación de tan importante institución del estado.

V. Otras Grandes tareas y los problemas encontrados

Ir cambiando las relaciones de producción

59. Estos gobiernos pueden ir aplicando una estrategia coherente para ir cambiando las relaciones de producción materializando la idea de Marx de que los productores de la riqueza social sean quienes deben tomar en sus manos los destinos de ésta.

Qué entender por riqueza social
60. Pero ¿qué entender por riqueza social? [17]. Según Marx, sólo hay dos fuentes de la riqueza social: la naturaleza y el trabajo humano, siendo éste el factor más decisivo ya que sin su intervención la riqueza potencial contenida en la naturaleza nunca lograría transformarse en riqueza real. [18]

61. Marx nos advierte que además del trabajo humano actual (trabajo vivo) hay que considerar el trabajo pasado, aquel incorporado en las herramientas, máquinas, mejoras hechas a la tierra y, por supuesto, los descubrimientos intelectuales y científicos que aumentan sustancialmente la productividad social. Todos estos elementos son una herencia social, una riqueza del pueblo, que se transmite de generación en generación.

62. Pero, ¿a quién pertenece esta riqueza o patrimonio social? El capitalismo, gracias a todo un proceso de mistificación, nos ha convencido de que los dueños de esa riqueza son los capitalistas. El socialismo, en cambio, parte por reconocer que esos bienes, en los que está incorporado el trabajo de generaciones, no pueden pertenecer a personas específicas, ni a países específicos, que son una herencia social que debe ser usada en interés de la sociedad en su conjunto y no para servir a intereses privados.

63. La cuestión es ¿cómo asegurar que esto ocurra? La única forma de hacerlo es desprivatizando estos medios y transformándolos en propiedad social.

De la propiedad estatal a la propiedad colectiva

64. Pero, propiedad social no es lo mismo que propiedad estatal. El paso a manos del estado de los principales medios de producción muchas veces sólo ha significado un cambio jurídico de propietario, pero el proceso de laboral ha sufrido muy pocas variaciones. Ha continuado la supeditación de los trabajadores a una fuerza externa: la nueva gerencia ahora socialista. Se trata de una propiedad formalmente colectiva, porque el Estado representa a la sociedad, pero la apropiación real todavía no es colectiva.

65. Por eso Engels sostiene:

La propiedad del Estado sobre las fuerzas productivas no es la solución del conflicto, pero alberga ya en su seno el medio formal, el resorte para llegar a la solución.

Esta solución sólo puede estar en reconocer de un modo efectivo el carácter social de las fuerzas productivas modernas y, por lo tanto, en armonizar el modo de producción, de apropiación y de cambio con el carácter social de los medios de producción. Para esto, no hay más que un camino: que la sociedad, abiertamente y sin rodeos, tome posesión de estas fuerzas productivas, que ya no admiten otra dirección que la suya.”
[19]

66. Dirección que para Marx no era otra cosa que el ejercicio de un “control planificado y consciente” [20]

La planificación participativa: La forma en que la sociedad toma posesión de la riqueza social

67. Estos planteamientos de Marx y Engels fueron interpretados en los socialismos del siglo XX como la necesidad de que una autoridad central que debía fijar las metas y los medios para alcanzarlas, coordinando desde arriba todos los esfuerzos por construir la nueva sociedad. Esto derivó en una planificación burocrática que solía no tener en cuenta las necesidades de la gente.

68. El proceso de planificación en el socialismo del siglo XXI debe tener un enfoque muy diferente. Debe ser un proceso eminentemente participativo, en que sea la propia gente la en sus lugares de habitación y en sus lugares de trabajo lleve adelante el proceso.

69. Y es aquí donde me parece importante el aporte del economista inglés, Pat Devine. El distingue distintos niveles de participación en relación con los distintos niveles de propiedad social existentes, cada uno de los cuales estaría definido por “los grupos que se ven afectados por las decisiones que se toman sobre las cosas que se poseen, en proporción al grado en que son afectados.” [21]

70. De acuerdo a esta lógica, una panadería que produce pan y dulces para una determinada área geográfica —una aldea rural, por ejemplo—, cuyos trabajadores viven en dicha aldea y cuya materia prima proviene de agricultores de dicho territorio, debería ser de propiedad de esa aldea. No tiene ningún sentido que sea propiedad de la nación.

71. En cambio, en el caso de una empresa estratégica como la del petróleo, sería un absurdo que el colectivo de trabajadores petroleros se atribuya la propiedad de esa riqueza que pertenece a todos los habitantes del país (¿o de la humanidad?). El excedente que allí se produce no puede ser destinado únicamente a mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores, sino que debe ser destinado también a nuevas inversiones en la empresa, a apoyar el desarrollo de las comunidades aledañas, y, al ser una riqueza de toda la nación, una parte significativa de esos excedentes debe ser aportada al presupuesto nacional. La propiedad jurídica de esta empresa debería estar en manos del Estado en representación de la nación, el control del proceso de producción debería estar en manos de los trabajadores de la empresa, pero el destino de los frutos obtenidos en el proceso de producción —una vez descontado lo que debe ir a inversiones necesarias para la reproducción del proceso productivo y a retribución por el trabajo— deberían ser definidos por toda la sociedad.

72. Comparto con Pat Devine la idea de que los actores del proceso de planificación participativa deben variar de acuerdo a los distintos niveles de propiedad. En el caso de la panadería, quienes se deberán pronunciar acerca de cuánto producir, con qué materia prima, con qué calidad, con qué variedad, a qué hora debe estar listo el producto, cómo distribuirlo, cuánto invertir en el mantenimiento o ampliación de la empresa, etcétera, deberán ser las personas que producen la materia prima empleada, las que trabajan en la panadería y las que consumen el pan y los dulces en dicha aldea.

73. Si bien los trabajadores petroleros de dicha entidad deberán participar en la gestión del proceso de producción de su empresa, en las decisiones en lo que se refiere a reinversión, ampliación de las inversiones, comercialización, y uso social del resto del excedente, deberá participar toda la sociedad a través de sus diferentes representantes o voceras y voceros.

74. Estamos convencidos de que el instrumento que permite que la propiedad que ha pasado jurídicamente a manos del estado —y que es una de las características centrales del socialismo— se transforme una propiedad realmente social, es el proceso de planificación participativa, cuyas modalidades dependerán del nivel de propiedad social de que se trate.

Estrategia para ir cambiando las relaciones de producción

75. Si tenemos claro que cambiar las relaciones de producción no significa sólo pasar a manos del estado las empresas, que no se trata simplemente de un cambio jurídico, de traspasar la propiedad a otros dueños, en este caso el estado popular, entenderemos que no se trata de una tarea fácil. Cambiar las relaciones de producción significa cambiar actitudes e ideas.” [22] y estos cambios no pueden ser realizados de un día para otro. Se trata de un proceso complejo que requiere tiempo.

76. Es necesario, por lo tanto, elaborar una estrategia coherente para ir transformando las relaciones de producción existentes en las nuevas relaciones que caracterizan al socialismo del siglo XXI. Los pasos y la rapidez con la que éstos pueden implementarse dependen del punto de partida y de la correlación de fuerzas con la que se cuente.

77. Aclarando esto, sintetizo aquí los pasos que —según Michael Lebowitz— sería necesario dar en el caso de las empresas de propiedad estatal, en el caso de las cooperativas y en el caso de las empresas capitalistas.

a) Empresas estatales

78. Sin lugar a duda, la transición más fácil es la que se puede emprender dentro de las empresas estatales, ya que éstas son formalmente propiedad de la sociedad en general y tiene como directiva explícita actuar en función de los intereses de esa misma sociedad.

79. En estas empresas se podría ir avanzando de la propiedad formal a la apropiación real mediante:

a) la creación en ellas de consejos de los trabajadores que permitan la participación de los trabajadores en la gestión de la empresa;
b) la orientación de su producción a satisfacer las necesidades de las comunidades;
c) la apertura de libros y la total transparencia que nos permite a los trabajadores la contraloría social y combatir el despilfarro, la corrupción y el interés burocrático;
d) la elección de gerentes que compartan esta visión y que cuenten con la confianza los trabajadores;
e) el logro en ellas de una eficiencia de nuevo tipo que, al mismo tiempo que mejore su productividad, permita un cada vez mayor desarrollo humano de sus trabajadores (la puesta en práctica en ellas de una jornada laboral que incluya formación de los trabajadores para que su participación en la gestión sea realmente efectiva y no puramente formal) y que respete el medio ambiente.

80. Según Michael Lebowitz es posible que empresas específicas que se guían por este tipo de políticas sociales puedan ser inicialmente ‘no rentables’, pero como se trata de políticas que pueden ser consideradas como una inversión social, toda la sociedad debería solventar su costo.

b) Cooperativas

81. Es necesario estimular a las cooperativas a superar su orientación estrecha hacia el sólo interés del grupo de cooperativistas. ¿Cómo lograr esto? Una forma de hacerlo es ir desarrollando vínculos orgánicos con el resto de la sociedad.

82. Para ello es importante estimular:

a) el establecimiento de vínculos entre cooperativas para que éstos lleven a establecer relaciones de cooperación entre ellas en lugar de relaciones de competencia. En algunos casos se podría intentar integrar sus actividades directamente sin que éstas estén separadas por las operaciones mercantiles.
b) Pero también es muy importante establecer vínculos entre cooperativas y las comunidades. Esta es la mejor forma de irse apartando de los intereses particulares de cada cooperativa y enfocarse en los intereses y necesidades de la gente.

c) Empresas capitalistas

83. Se podría ir transformando gradualmente las empresas capitalistas buscando diversas fórmulas para que la actividad económica de éstas se subordine a los intereses del plan económico nacional. Esto es lo que Michael Lebowitz ha llamado: la “condicionalidad socialista”.

84. Entre estas medidas podrían figurar:

(a) la exigencia de transparencia, de libros abiertos para hacer posible la inspección de los trabajadores y las comunidades;
(b) la utilización de un sistema de precios e impuestos que las obligue a transferir parte de sus excedentes a otros sectores de la economía permitiendo la creación de nuevas empresas o a mejorar los servicios sociales para la población;
(c) el uso de la competencia con empresas estatales o cooperativas subvencionadas para obligarlas a bajar sus precios y reducir el monto de sus ganancias;
(d) la utilización de directivas gubernamentales que exijan que las empresas transformen la jornada laboral para que incluya la formación y formas específicas de participación de los trabajadores en la toma de decisiones respecto a la marcha de la empresa.

85. Pero, ¿por qué las empresas capitalistas aceptarían tales imposiciones si pueden trasladarse a otros lugares en el mundo donde estos costos no existen? Podrían estar dispuestas a hacerlo si en sus dueños primara la conciencia patriótica, y si el gobierno revolucionario premiara su actitud de colaboración en el plan de desarrollo nacional facilitándoles el acceso al crédito de los bancos estatales y asegurando la compra de sus productos a precios convenientes. O sea, el Estado puede utilizar su poder para cambiar las reglas del juego bajo las cuales sería posible la supervivencia de las empresas capitalistas.

86. Pero, si el objetivo del gobierno revolucionario es ir avanzando hacia una sociedad sin explotadores y explotados, ¿por qué, entonces, realizar una estrategia para incorporar a las empresas capitalistas al plan nacional si éstas siguen explotando a los trabajadores?

87. La razón es muy sencilla: porque el Estado no es capaz, de un día para otro, de asumir la gestión de todas esas empresas: no tiene ni los recursos económicos, ni la experiencia empresarial requeridas. Jamás debemos perder de vista, sin embargo, que las empresas capitalistas puestas en esta situación van a intentar, constantemente, reducir el peso de dicha “condicionalidad socialista”.

A su vez, el gobierno revolucionario, con la cooperación de los trabajadores y las comunidades, va a tratar de introducir más y más características socialistas en esas empresas. Existirá, por lo tanto, un proceso de lucha de clases en el que unos intentarán recuperar el terreno perdido volviendo al pasado capitalista y otros avanzar en la sustitución de la lógica de El capital por una lógica humanista y solidaria que permita a todos los seres humanos su pleno desarrollo.

88. En general, de lo que se trata es de ir avanzando hacia una propiedad cada vez más social de los medios de producción, sin negar el papel que puede jugar la pequeña propiedad privada.

Poner en práctica un modelo de desarrollo que respete la naturaleza

89. Otra de las grandes tareas que tienen nuestros gobiernos es la de poner en práctica un modelo de desarrollo económico que no se base en la explotación indiscriminada de los recursos naturales como lo señala Marx en el El capital [23], sino que vaya restableciendo gradualmente ese necesario metabolismo entre los seres humanos y la naturaleza.


90. Esta es una tarea nada fácil. El gran dilema que tienen por delante es cómo sacar a sus pueblos de la pobreza y responder a sus necesidades básicas por siglos postergadas, y hacerlo respetando a la naturaleza. Pretender un “crecimiento cero”, como algunos proponen, para evitar el consumo de energía contaminante y sus consecuencias degradantes del medio ambiente, significaría congelar las actuales desigualdades existentes entre los países ricos y los países pobres. Es muy fácil pedir a los otros que no crezcan cuando se tienen satisfechas las necesidades propias.

91. Consideramos que para que pueda darse un debate fructífero sobre este tema se debería partir por aceptar dos hechos: el primero, que el ser humano siempre ha tenido que extraer y que tendrá que seguir haciéndolo. El problema no es extraer o no extraer, sino cómo extraer para mantener un necesario equilibrio en lo que Marx denominó el “metabolismo entre el hombre y la naturaleza”.

Los primeros habitantes del planeta extraían frutos de los árboles, peces de los mares, etcétera, pero en esos tiempos y en siglos posteriores se extraía de la naturaleza pero, por lo general, de alguna manera, lo que se extraía regresaba a ella, manteniéndose un sano metabolismo. El afán de lucro inherente al modo de producción capitalista lo lleva, en cambio, a explotar al máximo a la naturaleza sin importarle los efectos que sobre ella tenga su actividad extractiva, destruyendo así el sano metabolismo que antes existía. Cada vez se extrae más y se empiezan a agotar los bienes naturales, con todas las consecuencias que ello tiene para el cambio climático.

92. El segundo hecho a tener en cuenta para poder iniciar un debate fructífero es que dueños de las riquezas naturales que están en nuestro territorio: minerales, petróleo, gas, fuentes acuíferas, reservas forestales, no son los habitantes de esos lugares. La existencia de petróleo en Venezuela y Ecuador, de gas en Bolivia, de cobre en Chile, es un don caído del cielo. Esas riquezas no fueron creadas ni por los pueblos originarios, ni por los trabajadores del petróleo o del cobre; esas son riquezas que pertenecen a la sociedad entera. Y si es así, debería ser entonces la sociedad entera la que debería pronunciarse acerca de si se extrae o no. Por supuesto que también hay que consultar a quienes viven en la zona, pero, al mismo tiempo, ellos deben entender que ahí se juegan intereses que trascienden sus fronteras.

93. Si logramos un acuerdo sobre los dos puntos anteriores, de lo que se trataría, entonces, es de debatir acerca de propuestas concretas de cómo usar en el presente nuestros recursos naturales para ir avanzando poco a poco hacia un modelo económico de desarrollo ecológicamente sustentable.

94. No se trata, entonces, de decir no al desarrollo, sino de “concebir y concretar modelos de desarrollo auténticamente humanos” que satisfagan “de forma equitativa las necesidades de sus habitantes sin poner en peligro la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras [24] , una sociedad en la que quien decida qué y cómo producir sea el pueblo organizado.
95. En este sentido deberían avanzar nuestros gobiernos y se han dado algunos pasos significativos en muchos casos aunque todavía quedan en gran medida en los enunciados, pero que, por lo menos, demuestran que hay una intención de avanzar en ese sentido.

96. Un paso importante ha sido el uso de los recursos de los procesos extractivos para ir resolviendo los problemas de la pobreza, con lo que indirectamente se está contribuyendo a mejorar las condiciones del ambiente, porque en muchos lugares es la pobreza la que conduce a deteriorarlo. La tala de bosques para poder tener leña para cocinar y calentarse es uno de los ejemplos más ilustrativos.


97. Como el desafío es enorme y las tentaciones son muchas me parece muy interesante que la Constitución boliviana plantee que el pueblo organizado —en lo que la Carta Magna llama "acción popular"— puede y debe reaccionar contra cualquier violación y amenaza contra una serie de derechos, entre ellos el del medio ambiente [25] y que, además cree la figura de un tribunal especializado en jurisdicción agroambiental (temas agrícolas, forestales, ambientales) [26] con autoridades electas por el pueblo en las elecciones sin precedentes de octubre de 2011.

Orientar las políticas considerando siempre el doble producto en toda actividad humana: Transformando la naturaleza y se transforma a sí mismo

98. Hemos dicho que una de las características fundamentales del socialismo del siglo XXI es que no puede ser decretado desde arriba sino que tiene que ser construido por la gente.

99. Nuevamente aquí se recata el pensamiento original de Marx quien afirmaba que el trabajo no solo transforma a la naturaleza sino que, al mismo tiempo, transforma a la persona que ejecuta ese trabajo [27]: la aliena y tritura en el caso del capitalismo [28] y permite su “pleno y libre desarrollo”, constituyendo éste el principio fundamental de la “formación social superior” [29].

100. El investigador canadiense, Michael Lebowitz, ha sido quien más ha explorado en este terreno identificando la combinación de desarrollo humano y práctica como el eslabón clave en Marx. Según el autor [30], toda actividad humana necesariamente da por resultado “un doble producto: la transformación del objeto de trabajo y la transformación del trabajador mismo.” [31]

101. Compartiendo plenamente sus planteamientos, yo he preferido hablar de un producto material (el objeto producido), y de un producto subjetivo (el cambio en la persona que realiza ese trabajo o esa práctica).

102. Y como anteriormente nos hemos referido a rol fundamental que otorgamos al proceso de planificación participativa en la construcción del socialismo, quisiera usar este ejemplo para ilustrar la idea del doble producto. Cuando los habitantes de una comunidad elaboran su plan comunitario, esa actividad crea dos productos: un producto objetivo material: el plan construido en forma participativa, que es algo palpable porque está a la vista de todos, y, a la vez, un producto subjetivo, espiritual, que es mucho menos tangible, sólo una mirada atenta logra descubrirlo: la transformación de las personas a través de esa práctica, su crecimiento humano.

103. Se trata de un proceso educativo en el que quienes participan van aprendiendo a indagar las causas de las cosas, a respetar las opiniones de los otros, a entender que los problemas que confrontan no son exclusivamente de su calle y de su barrio, sino que están relacionados con la situación global de la economía, la situación social nacional, inclusive con la situación internacional. Aprenden que los problemas de cada persona y de cada comunidad deben examinarse dentro del contexto de la realidad de otras personas y otras comunidades y que quizá ellas tengan una situación mucho más difícil y más urgente que la propia. Con todo eso se van creando nuevas relaciones de solidaridad, de complementariedad, que ponen el acento más en lo colectivo que en lo individual.

104. Al participar en el proceso las personas se politizan —en el sentido amplio de la palabra— y eso les permite tener una opinión independiente que ya no puede ser manipulada por los medios de comunicación predominantemente en manos de las fuerzas conservadoras.

105. Las personas involucradas en dicho proceso crecen humanamente, se dignifican, aumenta su autoestima, amplían sus conocimientos en aspectos políticos, culturales, sociales, económicos, ambientales. Y lo más importante, dejan de sentirse mendigando soluciones del Estado. Se sienten, por el contrario, constructoras de su propio destino.

106. Este producto subjetivo es lo que nunca tienen en cuenta los tecnócratas. Prefieren documentos perfectos a los de menor calidad pero que tienen el mérito de haber sido hechos por la propia gente.

107. Creo que después de esta explicación podemos entender mejor por qué la participación popular ocupa un papel tan central en el socialismo del siglo XXI. La participación, el protagonismo en todos los espacios, es lo que permite a las personas crecer, ganar en auto confianza, es decir, desarrollarse humanamente.
108. Me parece interesante hacer notar que la Constitución bolivariana aprobada por la Asamblea Constituyente del 1999, es quizá la única en el mundo en relacionar explícitamente este protagonismo con el pleno desarrollo, tanto de la persona como del colectivo. [32]

109. ¡Cuán diferentes sería la situación actual de América Latina si nuestros gobiernos progresistas hubiesen tenido siempre presente en las políticas adoptadas este tema del doble producto; si en lugar de resolver desde arriba los problemas más sentidos de la gente, la hubiesen convocado a participar en su solución!

110. Por desgracia, muchas veces ha primado una visión tecnocrática: si los cuadros tienen ideas claras y acertadas, para qué perder tiempo en discutir con la gente, lo que importa es presentar soluciones rápidas. Nunca se han preguntado acerca de cuál podría ser el resultado subjetivo, humano, de las políticas implementadas. Tarde se han dado cuenta que sin esa participación muchas medidas no han logrado la eficacia esperada y, lo que es peor, no han preparado a su pueblos para defender lo conquistado.

111. Para concluir y como decíamos en el comienzo, el propósito de Marx en El capital fue exponer extensamente la lógica con la que funciona el modo capitalista de la producción. Lo hizo después de dedicarse muchos años para investigar qué estaba ocurriendo en los países capitalistas más avanzados de su época. Pero, como sabemos él reconoció que existía una diferencia entre la vía europeo occidental y la vía rusa. Nuestro propósito, como militantes revolucionarios latinoamericanos debería ser diferente. Deberíamos ser capaces de desarrollar una vía latinoamericana para la construcción del socialismo buscando soluciones sin las anteojeras del marxismo dogmático.

112. Aunque los objetivos que nos proponemos alcanzar son idénticos a los que expone Marx muy brevemente en El capital, especialmente aquel que se refiere a la búsqueda del pleno desarrollo humano; se trata, sin duda, de una vía original. Estamos obligados a “inventar para no cometer los errores" –como decía Simón Rodríguez—. Sin embargo, para poder desarrollar una base económica sólida que permita ese pleno desarrollo humano, no podemos dejar de tener en cuenta la lógica del modo capitalista de la producción descrita por Marx en su obra maestra y sus efectos en el mundo actual.

[1]. Carlos Marx, El capital Tomo I, Libro primero, Siglo XXI editores, Argentina, 1975, p.6.
[2]. Ibíd., p.8.
[3]. Gran parte de las reflexiones sobre América Latina que aquí se exponen han sido extraídas de mi libro Un mundo a construir (nuevos caminos) escrito en 2013 y publicado en varios países.
Puede accederse a él en:  http://www.rebelion.org/docs/178845.pdf
[4]. El sector de los trabajadores sometidos a trabajos precarios, inseguros, y los marginados o excluidos por el sistema aumenta día a día. Disminuye la clase obrera industrial y minera, las grandes empresas estratégicas subcontratan muchas de las tareas que antes asumían reduciéndose así enormemente el peso de la fuerza laboral en los sitios estratégicos, muchos de los cuales pasaron a propiedad de capitales extranjeros.
[5]. Herbert Marcuse, El hombre unidimensional. Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada, Ed. Planeta/Agostini, Barcelona, 1993 (1ª ed. 1954) p. 39.
[6]. T. Moulián, Chile actual, anatomía de un mito, Ed. Arcis/LOM, Santiago de Chile, 1997, op.cit. p.105.
[7]. Op.cit
[8]. Ver carta de Marx a Engels del 10 febrero 1870 donde se refiere con gran entusiasmo al libro de Flerovski “La situación de la clase obrera en Rusia” citando en ese idioma el siguiente texto de ese libro: “En nuestro país el proletariado es escaso; en cambio, la masa de nuestra clase obrera consiste en destajeros cuya suerte es peor que la de cualquier proletario.” (Carlos Marx, Federico Engels, Carta sobre “El capital”, Editora Política, La Habana, 1983, pp. 262-263).
[9]. La cita sigue: “En el momento actual, son los comités del “Partido”, y no lo soviets, quienes llevan la dirección en Rusia, y su organización sufre los efectos de toda organización burocrática.
Para poder salir de este desorden mantenido, Rusia debe retomar todo el genio creativo de las fuerzas locales de cada comunidad.” [sigue la cita, pero yo me detengo aquí MH] Ver:
[10]. Lom Ediciones, Stgo. Chile, 2000. Sobre la polémica de quien empleó primero el término ver artículo de Javier Biardeau, El nuevo socialismo del siglo XXI. Una breve guía de referencia, Aporrea, 2 abril, 2007. Ver: https://www.aporrea.org/ideologia/a32781.html.
[11]. Carlos Marx, El capital, Tomó I, Vol. 3, Siglo XXI editores, Argentina, 1975, p. 953. Marx agrega: “La concentración de los medios de producción de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en que son incompatibles con su corteza capitalista. Se la hace saltar. Suena la hora postrera de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados”.
[12]. Op.cit. p. 954.
[13]. Carlos Marx, Carta a Friedrich Adolph Sorge, Londres, el 27 de septiembre de 1877 en: Marx and Engels, Selected Correspondence; Progress Publishers, Moscow, 2a ed. Revisada y aumentada, 1965, p. 308. En:
[14]. Sobre este tema ver: Late Marx and the Russian Road, Marx and “The Peripheries of capitalism Various authors Compilación de autores editada por Teodor Shanin, Monthly Review Press, New York, 1983.
[15]. Lenin, “Resolución sobre el momento actual” en II Conferencia (abril) de toda Rusia del POSDR (b) (24-29 abril de 1917), en   Obras Escogidas en tres tomos, tomo 2, Editorial Progreso, Moscú, 1960, p. 137.
[16]. Ibidem, p 138.
[17]. Michael Lebowitz tiene todo un capítulo destinado a analizar este tema en su libro, The socialist alternative: Real Human Development, op,cit. Chapter 1: The wealth of people, pp. 31-45.
[18]. “El trabajo” – decía Marx citando a William Petty, es “el padre de la riqueza, y la tierra la madre.” (2. Doble carácter del trabajo representado por las mercancías, El capital Tomo I.)
[19]. F. Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico, en K. Marx y F. Engels, Obras escogidas en tres tomos, tomo 3, Editorial Progreso, Moscú, 1974, p. 153.
[20]. Marx imaginaba “el proceso material de producción” alternativo al capitalismo como “producto de hombres libremente asociados” sometido a su “control planificado y consciente” (Carlos Marx, El capital, Tomó I, Vol.1, Siglo XXI editores, Argentina, 1975, p.97) “como una asociación de hombres libres que [trabajan] con medios de producción colectivos y [emplean], conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo individuales, como una fuerza de trabajo social. [...] El producto todo de la asociación es un producto social. Una parte de éste presta servicios de nuevo como medios de producción. [...] Pero los miembros de la asociación consumen otra parte en medios de subsistencia. Es necesario, pues, distribuirla entre los mismos. [...] Su distribución, socialmente planificada, regulará la proporción adecuada entre las varias funciones laborales y las diversas necesidades (Op. cit., p.96). En el programa de Gotha, Marx precisará más las características que debe tener esta distribución.
[21]. “Podemos definir mejor la propiedad social como aquella propiedad que pertenece a los grupos que se ven afectados por las decisiones que se toman sobre las cosas que se poseen, en proporción al grado en que los afecta. Tiene bastante en común con el concepto de stakeholding. Siguiendo el principio de subsidiaridad que sostiene, por lo menos en teoría, que en la estructura de gobierno de múltiples niveles de la Comunidad Europea, los propietarios sociales serán diferentes respecto al grado de generalidad y el alcance de las decisiones a tomar. Las decisiones tomadas en los niveles más altos de generalidad involucrarán posesiones mayores y afectarán a una mayor proporción de personas e intereses que las realizadas en los niveles más bajos. En cada nivel, los propietarios sociales necesitarán negociar entre ellos para llegar a un acuerdo acerca del uso de las cosas que se poseen para que ellas satisfagan los intereses colectivos, los cuales habrán sido definidos por ellos mismos. (Pat Devine, “Social ownership and democratic planning”. Este artículo es una versión revisada de “The political economy of twenty-first century socialism”, Soundings, 37, Winter 2007, pp. 105-115. Sobre el tema de la planificación participative ver su libro: Democracy and Economic Planning: The Political Economy of a Self‑governing Society, Polity Press, 1988.
[22]. Michael Lebowitz, “Construir ahora mismo las nuevas relaciones de producción en Venezuela”, texto inédito, 13 dic 2006. La mayor parte de las ideas que expongo a continuación son desarrolladas con mayor profundidad en este trabajo.
[23]. Al crecer incesantemente “la población urbana [...] perturba el metabolismo entre el hombre y la tierra”. “[...] todo progreso de la agricultura capitalista no es sólo un progreso del arte de esquilmar al obrero, sino a la vez en el arte de esquilmar el suelo [...]. La producción capitalista, por consiguiente, no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador.” Marx, El capital, Tomo I, Vol.2, Siglo XXI editores, México, 3a.Ed. 1975, pp. 612‑614.
[24]. Enric Tello, Economía en el camino hacia ciudades sostenibles, en Papeles de la FIM, No 8, Madrid, España, p. 135.
[25]. Artículo 135. La Acción Popular procederá contra todo acto u omisión de las autoridades o de personas individuales o colectivas que violen o amenacen con violar derechos e intereses colectivos, relacionados con el patrimonio, el espacio, la seguridad y salubridad pública, el medio ambiente y otros de similar naturaleza reconocidos por esta Constitución.
[26]. Capítulo Tercero. Jurisdicción Agroambiental, artículos 187 al 190.
[27]. “[...] Al operar por medio de ese movimiento sobre la naturaleza exterior a él y transformarla, transforma a la vez, su propia naturaleza. (Carlos Marx, El capital, Tomó I, Vol.1, Siglo XXI editores, Argentina, 1975, pp. 215-216).
[28]. En el Capítulo XIII de El capital, dedicado a la maquinaria y gran industria, Marx dedica más de 120 páginas a analizar los diferentes efectos que tiene el sistema capitalista en su etapa de reproducción ampliada sobre la clase obrera. (Carlos Marx, El capital, Tomo I, Vol. 2, pp.451 a 613.
[29]. Carlos Marx, El capital, Tomo I, Vol. 2. Op.cit. p. 731. Ver también: “[El trabajo] Desarrolla las potencias que dormitaban en ella [su naturaleza] y sujeta a su señorío el juego de fuerzas de la misma. [...] (Carlos Marx, El capital, Tomo I, Vol.1, Siglo XXI editores, Argentina, 1975, pp. 215-216).
[30]. Ver su libro: La alternativa socialista: el verdadero desarrollo humano, Primera parte, Capítulo II. La producción de los seres humano, Escaparate Ediciones, Chile, octubre 2012, pp. 51 a 66. El autor usa el término “joint product” que se usa en el lenguaje económico. En castellano se tradujo por “doble producto”.
[31]. Op.cit., p. 55.
[32]. Aunque hay varios artículos de la Constitución que se refieren a este tema, probablemente el más completo es el artículo 62, donde se señala la forma en que este desarrollo se logra. Allí se dice que la “participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo”, señalándose a continuación que es “obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la generación de las condiciones más favorables para su práctica. Además, el artículo 70 señala otras formas que permiten al pueblo desarrollar “sus capacidades y habilidades”: “la autogestión, cooperativas en todas sus formas […] y demás formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la solidaridad.” (Nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Capítulo IV: De los derechos Políticos y del Referendo Popular, Sección Primera: de los derechos políticos. Gaceta Oficial 30 de diciembre de 1999, Caracas, Venezuela).


Parodia de los ruidos del tiempo.

Charlando con Juan Goytisolo

Entrevistas 050617

Aviso al lector: esto no es exactamente una entrevista. Más bien es una charla improvisada en un café, entre dos viejos amigos, con una grabadora a mano. Goytisolo pasó por Barcelona con motivo de la presentación de su última novela, El exiliado de aquí y allá. Miguel Riera charló con él.

En 1980 aparecía en España, publicada por la editorial Montesinos, Paisajes después de la batalla, una novela que no fue muy bien comprendida entonces pero que anticipaba el disparatado mundo en el que muy pronto se vería sumergida la sociedad española. Su protagonista, el Monstruo del Sentier (por el barrio parisiense en el que vive), es un personaje extraño, solitario, que tiene unos misteriosos contactos con organizaciones terroristas, profetiza catástrofes ecológicas y tiene fantasías sexuales que lo acercan al mundo de Lewis Carroll. El Monstruo padece un doble exilio: de su país y de su tiempo, una característica que es fácil rastrear en otros textos de Goytisolo (en su edición de Blanco White, por ejemplo).

Doble exilio sufre también el protagonista de El exiliado de aquí y allá, protagonista que no es otro que el mismo Monstruo de Paisajes, enviado al otro mundo por una bomba lapa pero que no se resigna a estar ausente del todo, y desde su “más acá”, que es nuestro “más allá” –un parque virtual del que Internet es una pieza fundamental– trata de entender el mundo que tan forzadamente había abandonado.

La novela, llena de guiños, es verdaderamente divertida, no con el chiste fácil propio de la literatura pretendidamente cómica, sino a través de múltiples alusiones y enlaces subterráneos en una trama difuminada, amén de las a veces hilarantes descripciones de los personajes y sus avatares. Antes de regresar a Marrakech, donde vive habitualmente, Juan Goytisolo paseó por el lugar que más ama de Barcelona: las Ramblas. Y es ahí donde charlamos.

Te voy a hacer una pregunta que ya te habrán hecho un millón de veces…

—No lo creo. La primera pregunta que me han hecho muchas veces es la siguiente: ¿es verdad que usted escribe con un bolígrafo de un euro? Ya ves, la noticia no está siempre en el libro que has escrito, sino en el bolígrafo que has empleado.

—Bueno, esa desde luego no era la que iba a hacerte. No, la pregunta es esta: ¿por qué has regresado a la novela después de haber anunciado que abandonabas ese género?

—Es que en realidad no fue un anuncio. Fue una frase que le dije en una entrevista a Javier Valenzuela y que se convirtió en un titular. Le dije que probablemente no escribiría más, porque en aquel momento no tenía nada que decir y como no escribo por obligación, si no tengo nada que decir, me callo.

Personalmente me alegro. Este libro que acabas de publicar con el pertinente título de “El exiliado de aquí y allá” enlaza con “Paisajes después de la batalla”, donde estabas adelantándote al mundo que venía, y que tú habías detectado. Algunas personas comentaron entonces que te habías extraviado, que exagerabas, que el futuro no sería el que tú pintabas en la novela.

—Cuando apareció Paisajes, en España no existía aún la experiencia urbana que yo sí tenía. Era una sociedad homogénea, no había inmigrantes, las fantasías del Monstruo del Sentier parecían en este contexto meros disparates. Pero en realidad ahí estaba ya todo: el terrorismo, el incendio de las barriadas, el cambio climático, todo está en esa novela.

—¿Y cuándo decidiste rescatar al Monstruo?

—Entre 2002 y 2004 estuve escribiendo textos que eran como discursos, voces, y pensaba publicarlos en forma de un librito pequeño que se llamaría A la escucha de las voces del tiempo. Luego me di cuenta de que en realidad esos textos no eran islas, sino que constituían un archipiélago. A partir de ellos, poco a poco, elaboré la novela. Ha sido un trabajo complejo porque he querido mantener el argumento en segundo plano y dejar hablar a los textos. Hay una frase de Boris Pasternak que he leído citada en un libro de Sánchez Robayna: Él sueña en una prosa en acción y no en relato. Creo que no hay mejor definición de El exiliado de aquí y allá, es una prosa en acción.

Te habrás divertido ridiculizando las grandes alienaciones del mundo de hoy…

—Pues sí. Es una parodia, que he intentado hacer lo más cruel posible, de los ruidos del tiempo. Y todo tiene su origen en la lectura de la prensa, en lo que se oye por ahí…

—¿Hasta qué punto es real el mundo que nos pintan los medios?

—Obviamente existe un mundo que está en los medios, pero al margen de ese mundo hay centenares de millones de personas. Hoy las personas sólo existen como noticia, como decía Guy Debord. Esa es la realidad. Lo hemos visto en las elecciones norteamericanas: puro espectáculo. No hay más que ver la inmunda invasión de lo privado en el espacio público, bien patente en los programas de telebasura. Es horroroso.

Al parecer, la vida política y social actual no puede prescindir de la escenificación. Todo se escenifica, incluso la verdad.

—Ya había empezado a tratar ese asunto después de Paisajes en La saga de los Marx, introduciendo la televisión y el cine en la novela. Otros escritores lo hacen al revés: escriben una novela pensando ya en su posible adaptación al cine o la televisión. Es estúpido, para eso es mejor escribir directamente para el cine o la televisión. Claro, este tipo de novela burguesa existirá siembre, pero hay otra forma de narrar.

De todos modos está bien que se escriban todo tipo de novelas porque hay todo tipo de lectores. El problema surge cuando la crítica y los medios ensalzan novelas que no tienen talla literaria. Cuando los medios olvidan que la literatura es un arte.

—El fallo más grande de la cultura española, y en esto Octavio Paz tenía toda la razón del mundo, es la ausencia de una crítica literaria y cultural de nivel. Este es el punto flaco de la cultura española. Y si se publican libros de análisis apenas tienen reseñas, aunque algunos sean muy buenos. El libro de Sánchez Robayna Deseo, imagen, lugar de la palabra, es extraordinario, y nadie ha dicho nada.

Hablando de Guy Debord, ese elemento espectacular ha sido incorporado por todos los segmentos sociales, en tu novela incluso por los antisistema. Incluso el terrorismo se piensa desde el espectáculo, desde el poder y desde las organizaciones que lo practican.

—Sí, claro, se busca sobre todo el efecto mediático: “Han puesto una bomba en un edificio em-ble-má-tico”.

Vaya, como explicitas en la novela, la has tomado con esa palabra, emblemático. ¿Por qué? Es una palabra de uso corriente en los medios de comunicación.

—No la soporto. Es como “entrañable”. Antes todo era “entrañable”, y ahora todo es “emblemático”. Hay palabras que se ponen de moda, y yo detesto las modas.

Tu obra literaria es una continua vuelta de tuerca. El extravío literario del que algunos habían hablado no es otra cosa que la plasmación de un inconformismo radical. ¿Cómo crees que está siendo recibida en España tu obra por parte de la crítica?

—Bueno, depende, hay para todos los gustos. Normalmente el escritor cambia de tema. Los novelistas que publican a menudo, lo hacen sobre la relación con su padre, o hablan de la infancia, de la guerra civil, etc. De temas distintos. Yo no cambio de tema, cambio de propuesta literaria. Cada libro es una propuesta literaria distinta. Y la novedad, claro, choca.

Cuando recibes malas críticas, ¿cómo te lo tomas?

—Cuando recibo malas críticas me consuelo leyendo la co-rrespondencia de Flaubert con George Sand, en la que dice: “¿Ha visto usted cómo los críticos se ensañan conmigo y las alabanzas que reciben…” y entonces da una lista de nombres perfectamente desconocidos. Siempre ha sido así.

Peor es la ausencia de crítica, es decir, la incapacidad de la crítica –salvando excepciones, que siempre las hay– para abordar determinadas obras. Recuerdo que cuando publicaste “Las virtudes del pájaro solitario”, se produjo un silencio tremendo, yo creo que porque la crítica no sabía cómo abordar el libro.

—Ya decía André Gide que lo que se comprende en un abrir y cerrar de ojos no suele dejar huella. Y a veces el crítico no pasa de la primera página. Claro que hay razones de otro tipo. Paisajes después de la batalla no fue entendido en España porque la realidad que evocaba no era conocida aún en España, y tampoco fue bien aceptada en Francia porque presentaba un París que no coincidía con el tópico que reflejaban los escritores extranjeros, que siempre hablaban del Quartier Latin, de Montparnasse, de los barrios aristocráticos, etc. Recuerdo que la responsable de cultura de Le Monde le dijo a un amigo que yo no tenía derecho a hablar así de París, lo consideraba como una agresión. En cambio la novela tuvo muy buena crítica en Londres y en Nueva York. Si hubiese escrito las mismas cosas sobre Londres posiblemente la crítica francesa la habría saludado y la inglesa la habría boicoteado.

Son visiones etnocéntricas, en realidad provincianas, de lo que debe ser la ciudad.

—No se dan cuenta de que las ciudades, como las personas, son mutantes. En mi novela todo es mutante, ya has visto que los personajes cambian. El personaje a veces se pone en la piel del rabino rasta, a veces se confunde con Alicia, Alicia es a la vez un imán y una señora que hace un número porno, o se transforma en la ratera encoñada… buscando la inverosimilitud, pero también la realidad que hay detrás de esa inverosimilitud.

Las tres religiones del Libro quedan ahí sarcásticamente retratadas, por lo menos en sus versiones más integristas. ¿Qué relación tienes tú con la religión?
—Bueno, una cosa son las tradiciones religiosas, que me parecen respetables siempre que no opriman a la población… Y he tenido una relación muy intensa con san Juan de la Cruz y el sufismo árabe… De lo que estoy en contra es de la ideologización, la politización y la comercialización de la religión. Lo que desenmascaro es que cuando se habla de espiritualidad muchas veces lo que hay detrás es poder, riqueza y mando, eso es lo que están buscando.

Yo te tenía por pretecnológico, y ahora pones a tu protagonista en el ciberespacio…

—En realidad y como todos, vivo rodeado de gente que domina el mundo virtual… empezando por los dos chavales mayores que corren por mi casa y que están siempre en Internet… eso me ha ayudado a convertir el más acá del personaje en un enorme parque cibernético. Por cierto, el subtítulo de la novela es un homenaje a Machado de Assis.

Ah sí, claro, en “Memorias Póstumas de Blas Cubas”. Blas escribe también desde el otro mundo.

—Es un homenaje a una de las más grandes novelas que se han escrito.

¿De qué otra filiación literaria procede la novela, si es que puede hablarse en estos términos?

—Explícitamente hay una referencia al Quijote. Por ahí está Cándido de Voltaire, Jacques el fatalista de Diderot y sobre todo Bouvard y Pécuchet, que para mí es un libro de cabecera. Cuando estoy de mal humor abro sus páginas y en cinco minutos se me pasa. Yo desearía que la gente con sentido del humor y que esté momentáneamente de mal humor leyera esa novela.
En tus dos novelas está presente con fuerza el tema del terrorismo….

—El terrorismo es importante por sus consecuencias, y también por la alianza existente entre el terrorismo y el sistema. Desde el 11 de septiembre estamos atrapados entre la sociedad de consumo y la conversión del terror en mercancía.

Una mercancía con la que se comercia para conseguir tener a la sociedad domesticada.

—Claro, Orwell tenía razón. Si te paseas por el centro de Londres quedas fotografiado, al menos trescientas sesenta veces. Una vuelta completa.

Una cosa lleva a la otra. Habrás visto que lo de Afganistán no lleva camino de solucionarse…

—Se han metido en un embrollo. Si uno ve la historia, con el fracaso del intento de ocupación inglesa en el siglo XIX, después la invasión de la URSS con el fracaso que conocemos… Se han metido en un barrizal del que no van a poder salir fácilmente. Y si a esto sumamos la situación de EEUU en Iraq, donde están empantanados… sin poder quedarse ni salir… Si salen lo harán desplumados y enseñando el trasero, si se quedan siguen prolongando una situación insostenible, y con Irán de por medio. ¿Cómo se le ocurre atacar Osetia del Sur a este loco de presidente de Georgia? Menudo disparate. Porque imaginar que EEUU iba a intervenir es absurdo, y acaba por hacerle el juego a Putin.

Has citado a Irán. ¿Crees que EEUU, directamente o a través de Israel, puede crear un nuevo conflicto en ese país?
—Parece imposible que EEUU vaya a enfangarse de nuevo, pero cabe la posibilidad de que Israel lo arrastre. Eso sería un desastre descomunal. Yo he defendido siempre el reconocimiento del Estado de Israel dentro de las fronteras internacionalmente aceptadas. Pero la política que está llevando a cabo, machacando a la población palestina con una brutalidad que no tiene nombre, a la larga es suicida. Hablando con Jean Daniel, él me dijo esta frase tan reveladora: Tengo miedo por Israel e Israel me da miedo. No se puede expresar mejor. Para cumplir el deseo de tener un estado como los demás, los sionistas han creado un estado que no es como los demás, un estado excepcional que ignora todas las resoluciones de la ONU, que hace lo que quiere.

Hace lo que quiere porque le apoya el gran patrón.

—El apoyo incondicional de EEUU me parece muy grave, tanto para EEUU como para el propio Israel.

—¿Qué opinas de eso que llaman intervención militar humanitaria?

—Que es muy selectiva. En Bosnia no hubo intervención humanitaria. En el genocidio de Ruanda tampoco. Me parece muy bien que se eviten todas las matanzas, pero los Derechos Humanos se les exigen a unos países y a otros no. En la prensa norteamericana se hablaba mucho de la situación en Guinea Ecuatorial, pero en cuanto apareció petróleo se acabó, desapareció del mapa de los países que vulneran los derechos humanos.

Volviendo a Palestina: cuesta entender que Hamás y Al Fatah sigan a la greña y no puedan acordar una política conjunta ante Israel.

—La primera vez que estuve en la franja de Gaza fue durante el rodaje de la primera Intifada. Luego volví después de los acuerdos de Oslo, y me llamó la atención que todos, en el entorno de Arafat –los llamaban los tunecinos–, se habían construido unas villas suntuosas junto al mar, en un país que estaba en la miseria, y no encontré a nadie que me hablara bien de ellos. Había un descontento general… A mí no me sorprendió que Hamás ganara las elecciones, porque estaba creando una serie de instituciones caritativas, de ayuda a la gente, de promoción social, y los otros… en fin. Obviamente yo simpatizo más con Al Fatah que con Hamás, pero hay que ver la realidad tal como es.

Regreso a la literatura. Desde tu punto de vista, como escritor alejado de los ruidos españoles, ¿cómo se inserta tu obra en el conjunto de la literatura contemporánea española?

—Yo creo que todo escritor de verdad es una anomalía. Todos los escritores que me interesan son anomalías dentro del panorama cultural.

—¿Y qué escritores españoles contemporáneos te interesan?

—De mi generación, desde luego Sánchez Ferlosio. Tiene una actitud ética con respecto a la cultura, extraordinaria. Por mi parte confieso que leo más poesía que narrativa, y con la poesía soy muy exigente. En la poesía encuentro lo que yo también busco, la concentración verbal, y no la gran extensión. Pero he leído a algunos novelistas jóvenes que me interesan: Javier Pastor, Juan Francisco Ferrer, José María Pérez Álvarez, que ha escrito tres extraordinarias novelas, Cabo de Hornos, Nembrot y La soledad de las vocales. Pero hay otros más, algunos que a veces colaboran en Quimera intentan hacer cosas nuevas, se les ve una voluntad de cambio, de renovación.

En las entrevistas, ¿qué es lo que te preguntan más veces?
—Casi siempre me preguntan por qué no me dan el premio Cervantes o el príncipe de Asturias. Siempre contesto que son los escritores los que honran los premios, y no los premios a los escritores. Sánchez Ferlosio honró el Cervantes cuando se lo dieron, y no al revés. Y un premio, en cambio, puede deshonrarse, como cuando se lo dieron a Francisco Umbral.

¿Cuál es el último premio que te han dado?

—El Juan Rulfo, en Guadalajara, el mismo año en que la literatura catalana fue la invitada de honor.

—¿Sabes que ahora hay dos premios Juan Rulfo, el de Guadalajara y uno nuevo que se da en Francia, creo que lo da “Le Monde Diplomatique”? Es extraño… Oí rumores de que la Generalitat de Catalunya iba a condecorarte con la Cruz de Sant Jordi.

—No sé. Me llamó alguien y me habló de que me daban esa cruz, pero le conteste que ya había llevado yo demasiadas cruces en la vida para tener que soportar otra.



¿Por qué Trump decidió acusar a Qatar de financiar el terrorismo?

Robert Fisk
www.jornada.unam.mx / 170617

El diminuto emirato sabe quiénes son sus verdaderos amigos después de haber sido abandonado por el presidente estadunidense. Pero en los círculos qataríes existen temores de que esto no fue, después de todo, una casualidad. ¿Qué rayos hizo que el presidente Donald Trump identificara a Qatar, con una larga relación con Estados Unidos y que hospeda a 10 mil elementos del ejército en su más grande base militar en Medio Oriente, como un financiador del terrorismo? ¿Alguien le informó erróneamente sobre la región? ¿O está el señor Trump resentido, como se preguntan algunos empresarios qataríes, porque un trato de bienes raíces que perseguía el entonces futuro presidente estadunidense con los gobernantes del emirato fracasó en 2010?

Clayton Swisher, el periodista de investigación que descubrió los Papeles de Palestina en 2011 –que detallan las pláticas secretas entre israelíes y la Autoridad Nacional Palestina con la entonces secretaria de Estado estadunidense, Condoleeza Rice–, dice que Trump y su hija Ivanka visitaron Qatar hace siete años. Ahí, señala, se acercaron a dos altos funcionarios qataríes encargados de inversiones y buscaron su ayuda. Uno era Husein Al Abudllah, miembro del consejo ejecutivo de la Autoridad de Inversiones de Qatar (QIA, por sus siglas en inglés). El otro era el jeque Hamid bin Jaseem al Thani, miembro de la familia real, quien entonces fungía como primer ministro.

En un reportaje publicado en The Huffington Post, Swisher afirma que las pláticas fracasaron y que Al Abdullah quedó asombrado por la forma en que Trump presentó su propuesta para un fondo de bienes raíces que estaba en dificultades: ni Hamid, ni Al Abudllah le dieron dinero qatarí. El QIA es el segundo fondo soberano de riqueza con activos por 338 mil millones de dólares.

Swisher agregó que, con todo, Ivanka Trump regresó a Qatar con su esposo, Jared Kushner, en busca de un trato diferente que involucraba la propiedad de Kushner, ubicada en el 666 de la Quinta Avenida. Las pláticas sobre este asunto continuaron hasta 2016. Swisher también cree –y afirma haber descubierto esto– que el padre de Kushner, Charles, estaba en discusiones con Hamid, quien ya era un empresario independiente pues había dejado ya el puesto de primer ministro, y le solicitó 500 millones de dólares, pero Qatar le dijo a Charles Kushner que tendría que encontrar mil 200 millones en algún otro lado. Estás pláticas, según Swisher, continuaron hasta hace unos meses.

Si Trump se ha vuelto contra Qatar –y nadie ha explicado hasta ahora por qué sucedió esto– el pequeño emirato ha descubierto amigos regionales que no sabía que tenía. Omán ha enviado una flotilla de barcos mercantes con alimentos a Doha. Lo mismo hizo Marruecos. En este último caso, el rey Mohammed VI buscaba neutralizar, de manera muy suave, como es él, numerosas manifestaciones públicas en Hoceima, en la región de Rif, y sus alrededores.

Estas protestas surgieron después de que un pescador fue asesinado (no se sabe si con ayuda de la policía local) y fue arrestado un político muy popular. La muerte del hombre parece un espeluznante paralelismo con otras muertes de individuos que catalizaron revoluciones en Túnez y Egipto. Como sugirió un cínico qatarí hace unas horas, el gesto del rey hacia Qatar puede ayudar a mantener su popularidad política en casa. Es Ramadán y el gesto (del rey) Mohammed será juzgado con agrado por su pueblo. Agregó: Él sabía lo que estaba haciendo cuando decidió enviarnos alimentos.
Otro qatarí menos irónico también señaló que las importaciones turcas de alimentos están ayudando a que haya menos escasez en Doha. “Solíamos importar de Arabia Saudita… pero la comida turca es mucho mejor”, afirmó; y podría tener razón.

Irán también intentó, de manera por demás sagaz, ayudar a Qatar al ofrecer abrirle su espacio aéreo a la aerolínea Qatar Airways, que ya no puede sobrevolar Arabia Saudita o los Emiratos Árabes Unidos.

Kuwait, que ayudó a fundar el Consejo de Cooperación del Golfo, no quiere que la alianza por la que luchó tanto colapse y por ello los kuwaitíes intentan mediar en el conflicto.

Lo que más intriga, sin embargo, es la reacción de Vladimir Putin a la crisis de Qatar. Rápidamente expresó su apoyo a Qatar, aunque evitó hacer cualquier crítica a Arabia Saudita. Y no es de extrañar. Sólo unos días antes de que casi todos los países del golfo Pérsico rompieran relaciones con Qatar, el segundo heredero de la corona y ministro de Defensa, Mohammed bin Salman –quien además es héroe de la desastrosa guerra con Yemen–, visitó el Kremlin para charlar con Putin.

Evidentemente, estas conversaciones se centraron sobre Siria y los precios del petróleo. Pero ahora los qataríes y sin duda los sauditas se preguntan si el segundo príncipe heredero no le dijo a Putin sobre la crisis que se avecinaba, y si Putin advirtió a Arabia Saudita no invadir Qatar.


Después de todo, si de algo se puede acusar a Putin es de la violenta represión de los rebeldes en Siria. Otra cosa es si él se puede erigir como un pacificador en el Golfo Pérsico.

Salir del euro en Eurasia


Hace sólo unos días aconteció un cambio geopolítico tectónico en Astana, Kazajstán, y sin embargo la fuerte ondulación sísmica apenas ha sido registrada por los círculos atlantistas.

En la cumbre anual de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), fundada en 2001, India y Pakistán fueron admitidos como miembros de pleno derecho, junto con Rusia, China y cuatro naciones de Asia Central (Kazajstán, Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán).

Así que ahora la OCS no sólo es la organización política más grande –por área y población– en el mundo; también une a cuatro potencias nucleares. El G-7 es irrelevante, la última cumbre en Taormina lo dejó claro. La verdadera acción, aparte del G-20, estará en los movimientos de la OCS.

Permanentemente ridiculizada en Occidente desde hace una década y media como una mera tertulia, la OCS, poco a poco, sigue avanzando. Como lo señalara el presidente de China, Xi Jinping, de manera elegante; “ La OCS es un nuevo tipo de relaciones internacionales que ofrece ganar a todos sus integrantes a través de la cooperación".

La marca registrada por la OCS es bastante sutil. Su énfasis inicial – en el mundo post- 11 de Septiembre- fue luchar contra lo que los chinos califican como “los tres males”; el terrorismo, el separatismo y el extremismo. Pekín y Moscú, al principio estaban pensando en los talibanes de Afganistán (y sus conexiones con Asia Central, especialmente a través del Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU).) pero, ahora la OCS preocupada por el deterioro de la seguridad en Afganistán llama a sus miembros a apoyar un proceso de “paz y reconciliación”.

A partir de este momento la OCS se involucrará directamente en la búsqueda de una solución a la “cuestión afgana” con la India y Pakistán a bordo – que trascenderá a los fallidos “remedios” del Pentágono: más tropas.

Por cierto la OTAN, desgraciadamente perdió la guerra en Afganistán. Los talibanes controlan al menos el 60% del país. Y ahora se añade un supremo insulto predecible, el Estado Khorasan Islámica (ISK) (rama del Daesh en Afganistán) acaba de conquistar Tora Bora, el territorio que el Pentágono bombardeo cuando perseguía a Osama bin Laden y a Ayman al- Zawahiri.

No nos equivoquemos, habrá acción de la OCS en Afganistán. Y esta acción va a consistir en llevar a los talibanes a la mesa de negociación. China se ha hecho cargo de la presidencia de turno de la OCS y está dispuesta a mostrar resultados prácticos en la próxima cumbre en junio de 2018.

Pisar el acelerador, pagar en yuanes

La OCS ha evolucionado de manera constante en términos de cooperación económica. El año pasado Gu Xueming, jefe de la Academia China de Cooperación Económica del Ministerio de Comercio, propuso crear un grupo de estudio que se encargara de establecer de zonas de libre comercio en los países de la OCS.

Su propósito: una mayor integración económica –ya en curso– para las pequeñas y medianas empresas. La tendencia a la convergencia es inevitable, irá en paralelo a las nuevas rutas de la seda –también conocida como el “cinturón” y el camino” (BRI)- y la organización liderada por Rusia llamada Unión Económica de Eurasia (UEE).

Así que no es de extrañar en la reunión bilateral (en Astana) de Xi y el presidente Putin se haya impulsado la fusión del BRI y la UEE. Y no estamos hablando sólo sobre el trío BRI, UEE y OCS, también nos referimos al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIb), al Banco de Desarrollo de los BRICS (NDB), al Fondo de la Ruta de la Seda y a una amplia gama de mecanismos de cooperación político-económica.

Las cosas se mueven muy rápido y en todos los frentes. En una reciente conferencia “El futuro de Asia” en Tokio, el supuestamente fiero primer ministro antichino, Shinzo Abe anunció –sujeto a condiciones– que Japón está dispuesto a cooperar con la BRI, por su “potencial para conectar este y el oeste, así como las diversas regiones que se encuentran en medio". Entonces, un posible acuerdo político entre China y Japón se sumaría el impulso del BRI, la EEU y la OSC.

Por otra parte, tanto de China como Rusia están de acuerdo en utilizar una vía rápida para admitir a Irán como miembro de pleno derecho de la OCS.

Habrá que comparar esta política inclusiva con las declaraciones del secretario de Estado “T.Rex” Tillerson pidiendo un cambio de régimen en Irán.

Mientras la integración de Eurasia se mueve inexorablemente a pasos agigantados, la proverbial arrogancia atlantista no podría ser más evidente.

Desde que Moscú decidió intervenir en la tragedia Siria el cambio en el tablero de juego ha sido fundamental. Ningún analista en Occidente, aparte de Alastair Crooke entendió que se trataba de una operación al estilo OCS; aunque Irán, Irak, Siria y Hezbollah no son parte de la OCS, la forma en que se coordinan con Rusia muestra con claridad que esta es una alternativa viable a las acciones unilaterales del imperialismo “humanitario” y las aventuras militares, estilo OTAN.

El dispositivo “4+1” –Rusia, Irán, Irak, Siria y Hezbollah– cuenta con el respaldo sotto voce de China, dispuesta a combatir luchar todas las formas de terrorismo yihadista salafista y al mismo tiempo evitar el cambio de régimen en Damasco.

Con una política exterior caótica, Donald Trump ha demostrado que es incapaz de coordinar cualquier política, aparte del acoso a Irán. Por tanto para Rusia y China la membresía de Irán en la OCS será clave.

Además Pekín entiende –por su relación con Catar (su mayor proveedor de gas natural)- los altos riesgos que se producirán, antes o después, que el emirato acepte el pago de la energía en yuanes.

El eje Catar–Irán es la razón principal que llevó a la Casa de Saud a negarse a una explotación común de los yacimientos de gas más grandes del mundo (North Dome/South Pars) que comparten en el Golfo Pérsico.

Doha se tomó su tiempo para darse cuenta que, después del “4+1”, un gasoducto desde Catar a Turquía a través de Arabia Saudí y Siria (para el mercado europeo) no se podrá construir nunca. Ankara también lo sabe. Sin embargo podría construirse un oleoducto Irán-Irak-Siria -con una posible ampliación a Turquía– con el gas de Norte Dome/Sur de Pars.

Toda esta ecuación revolucionaría de la producción de energía en el sudoeste de Asia, con un considerable descenso de la hegemonía para los petrodólares de Arabia Saudí y los Estados Unidos.

Imagínense que Catar/Irán vende su gas a Europa en euros y no en dólares estadounidenses y que los chinos paguen a Catar –y a Arabia Saudí– en yuanes por sus suministros de energía.

No nos equivoquemos, el futuro –inexorable– del comercio de la energía no será en petrodólares será en yuanes, porque son convertibles en oro.

Viva el nuevo Califato

Nunca será suficiente destacar la importancia de la asociación estratégica entre Rusia y China para coordinar sus políticas en la integración de Eurasia.

Durante los primeros meses de 2017, en Moscú y en Pekín la hipótesis de trabajo fue que la administración Trump estaba dispuesta a comprometer a Rusia como un socio para nuevos proyectos de petróleo y gas en Eurasia. Era el modelo “kissingeriano” insinuado por Trump. Su objetivo era debilitar la asociación estratégica entre Rusia y China, mientras Washington aumentaría la presión sobre Pekín en múltiples frentes.

Bueno, eso no puede suceder por el momento teniendo en cuenta la maniática histeria anti-Rusia para el consumo interno, en los Estados Unidos.
En consecuencia, lo que queda de la política exterior de Trump es la GWOT (la guerra global contra el terrorismo) y volver utilizar todos los medios necesarios para impedir el aumento de la influencia iraní en el sudoeste de Asia. Esto implica promover el poder geopolítico de la perniciosa Casa de Saud.

Eso explica el entusiasmo de Trump (en twitter) por la “guerra relámpago” de la Casa de Saud contra Catar, que en realidad es un movimiento en contra de Irán. Pekín por su parte, observa de cerca y ha visto la acción contra Catar como lo que realmente pretende, un intento de perturbar el avance de las nuevas rutas de la seda.

Al mismo tiempo Pekín y Moscú se divierten por unas evidentes inconsistencias. El Pentágono no parece inclinado a anexar Catar. La base aérea Al Udeid y el HQ de Centcom son suficientes. El regente del Pentágono “Mad Dog” Mattis está más que encantado por la venta de 12.000 millones de dólares en los F-15 al “patrocinador del terrorismo”. Mientras Trump “apoya” a la Casa de Saud, Mattis “apoya” a Doha. Y Tillerson se niega a tomar partido.

La CCG (una embrionaria OTAN Árabe) podría estar muerta y enterrada a pesar de la patética danza de la espada de Trump en Riad. Sin embargo Moscú y Pekín –y Teherán– están plenamente conscientes de que estos contratiempos sólo exacerbarán el “excepcionalismo” estadounidense (también conocido como la política del lodazal del “Estado profundo”) que continuará para provocar estragos.

El Califato en “Siria” ahora está muerto, especialmente si Rusia confirma que ha muerto su creador. Es una pena, porque una Siria desestabilizada sería perfecta para desestabilizar a Rusia desde el Cáucaso hasta Asia Central. La inteligencia rusa nunca olvida que hay apenas 900 km de Alepo a Grozni.
Al igual que Terminator, el “Estado profundo” de Estados Unidos está de regreso. Su sueño húmedo sigue siendo crear las condiciones para la desestabilización de una vasta extensión desde Levante hasta el sur de Asia, con posibles futuras olas de terror hacia el norte y el este de Rusia y de China. El objetivo: impedir la coordinación del BRI, la EEU y la OCS.

Agravando el escenario el Pentágono se niega a abandonar Afganistán, una cabeza de puente que causa estragos en Asia Central. ¿Qué podría salir mal? Después de todo, ahora el Daesh se posiciona en Asia Central, no muy lejos de Xinjiang y el corredor económico entre China y Pakistán (CPEC), un nodo clave para la ruta de la seda.

Aún así, la guerra relámpago de Arabia anti-Catar se está desenredando y en el mediano plazo puede precipitar un cambio sísmico monumental, acelerando el ingreso de Irán y de Turquía en la OCS, provocando un entente de Doha con Rusia e Irán y anticipando un duro golpe a la hegemonía del petrodólar. Todo esto debe haber sido discutido en detalle en Astana, en la cumbre de la OCS, en la bilateral Putin-Xi.

El excepcionalismo actúa cada vez más errático, todas las decisiones estratégicas claves descansan en la relación Xi-Putin y lo saben. Por tanto lo indudable es que la OCS estará obligada a involucrarse cada vez más en la protección de su gran proyecto para el siglo XXI, la integración de Eurasia.



Una religión para este mundo

José Mª Castillo, 22-junio-2017
www.religiondigital.com / 220617

Ocurre con demasiada frecuencia que mucha gente no se da cuenta del peligro que entrañan las religiones, cuando ponen el centro de interés de los creyentes, no en “este mundo”, sino en el “otro mundo”. Porque esa esperanza ilusionada, con los premios y delicias de la “otra vida”, puede ser el argumento justificante que motiva al terrorista, para quitarle “esta vida” a la víctima que él necesita matar para irse derecho al paraíso, que los funcionarios de la religión le han prometido.

La relación entre religión y muerte es tan antigua como la existencia del ser humano en este mundo. Los más documentados estudiosos de la historia de la humanidad han demostrado sobradamente que el “homo sapiens” (el “ser humano”) ha sido siempre, desde sus orígenes más remotos, “homo necans” (el “ser que mata”). No necesariamente por maldad, sino por necesidad. Toda vida vive a costa de otras vidas (W. Burkert; G. Theissen…). Lo que no podemos saber es cómo, cuándo, ni por qué esta necesidad de subsistencia adquirió un valor religioso. Y así se convirtió en “sacrificio”.

¿Es esto un disparate o una falta de respeto a la religión y lo que la religión representa? Quien busque esta escapatoria, debería tener siempre presente que la misma base del cristianismo es un asesinato, la muerte inocente del hijo de Dios.

Pero no es esto lo más importante, ni lo más original, que ofrece el cristianismo. Lo central y determinante, que los cristianos encontramos en el Evangelio, quedó formulado con singular profundidad en una de las cartas que Dietrich Bonhoeffer escribió a un amigo (abril de 1944), desde la cárcel de Tegel, poco antes de ser asesinado por los nazis: “La fe en la resurrección no es la “solución” al problema de la muerte. El “más allá” de Dios no es el más allá de nuestra capacidad de conocimiento. La trascendencia desde el punto de vista de la teoría del conocimiento no tiene nada que ver con la trascendencia de Dios. Dios está más allá, en el centro de nuestra vida. La Iglesia no se halla allí donde fracasa la capacidad humana, en los límites, sino en medio de la aldea”.


Dicho de forma más sencilla y directa. Tenemos demasiada religiosidad para el otro mundo, si la comparamos con la anticuada y debilitada religiosidad con la que pretendemos afrontar el demasiado sufrimiento que los más desamparados tienen que soportar en este mundo. Esto tiene que cambiar. O ponemos a Dios en el centro de nuestra vida y de nuestra convivencia; o todo lo de Dios, la muerte, la esperanza y la vida eterna, terminará siendo mera palabrería sin contenido. Y entonces, cuando nos quedemos con meras palabras y esperanzas sin contenido, entonces quedaremos en manos de los canallas, posiblemente los más insospechados.

Pentecostés: libres como el viento

José María Castillo S.

Pentecostés es, para los cristianos, la fiesta del Espíritu. Y, como es sabido, la palabra "espíritu" es la traducción del griego "pneuma" (de ahí, "neumático"), que significa, a la vez, "espíritu" y "viento" (R. E. Brown). Por eso, sin duda, Jesús le dijo a Nicodemo: "El que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios" (Jn 3, 5).
¿Qué significa "nacer del agua y del Espíritu"? Jesús lo explica enseguida: "El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a donde va. Así es todo el que nace del Espíritu" (Jn 3, 8).

El viento es libre. Y tiene tanta libertad, que nadie puede encadenarlo. Por eso dice Jesús que no se sabe ni de dónde viene, ni a dónde va. Es el símbolo perfecto de la libertad indomable. Una libertad que está allí donde está el Espíritu, el "pneuma", o sea: el "espíritu". Teniendo en cuenta que Jesús no destaca la "fuerza" del viento, que puede llegar a ser un huracán. Lo que Jesús destaca es la "libertad" del viento, que no se deja esclavizar, someter o dominar.

En esta sociedad en que vivimos, cuando nos imaginamos que somos más libres que nunca, ahora -precisamente ahora- es cuando estamos más controlados, más sumisos y además encantados con esta atractiva esclavitud que nos han impuesto.

La particular eficacia de este sistema consiste en que "no actúa a través de la prohibición y la sustracción, sino de complacer y colmar. En lugar de hacer a los hombres sumisos, intenta hacerlos dependientes" (Byung-Chul Han). Porque la fuerza, que nos somete, no es el "poder opresor", sino el "poder seductor". No le faltaba razón a El Roto cuando, no hace mucho, puso en una de sus mordaces viñetas la figura de un gran mandatario, que le estaba diciendo a la gente: Las dictaduras son innecesarias: ya nadie desobedece.

Por más que nos quejemos de los corruptos y los violentos, cuando veo en el autobús, por la calle o en la sala de espera, a la mayoría de la gente, sobre todo si es gente joven, enganchada al móvil, un móvil que está perfectamente controlado, no se sabe dónde, ni por quién, ni para qué, entonces pienso, con pena y rabia, que "el poder adquiere cada vez más una forma permisiva. Y su permisividad, incluso en su amabilidad, esconde su negatividad y se ofrece como libertad".


El día que la fiesta de Pentecostés sea, de verdad, la fiesta de los hombres y mujeres libres como el viento, ese día habremos nacido de nuevo. Y en este mundo empezará a ser posible superar la contradicción que hoy nos parece insuperable: armonizar la libertad con la igualdad. ¿Una utopía? Sí. Por la fuerza del Espíritu.

"Papa no hay más que uno"

José María Castillo

En vísperas del día de San Pedro, y tal como están las cosas en la Iglesia en este momento, vendrá bien recordar que, siendo fieles a la tradición mantenida durante veinte siglos, esta Iglesia nuestra ha sido fiel a la convicción de que Papa no hay más que uno.

Y digo que vendrá bien recordar este hecho, en este momento porque, como sabe todo el mundo, ahora mismo hay quienes dicen que no hay un Papa, sino dos Papas. Uno, Benedicto XVI, que ha sido el Papa anterior. Y otro, Francisco, que es el Papa que está ahora ejerciendo el cargo.

Por supuesto, el hecho de que el Papa anterior se haya quedado a vivir en el Vaticano no tendría que ser problema alguno. Ni habría por qué estarlo recordando o explicándolo en todos y cada uno de sus posibles matices y preguntas, que cualquiera pueda hacer. Es perfectamente comprensible que Joseph Ratzinger, si entre sus años de cardenal prefecto de la congregación para la Doctrina de la Fe y el tiempo en que ha ocupado el Sumo Pontificado, ha estado en Roma varias décadas, las más importantes de su vida, ahora quiera acabar sus días en la ciudad eterna. Esto lo entiende cualquiera.

Lo que pasa es que, al estar todo esto tan inevitablemente relacionado con el ejercicio del papado actual y de quien lo ejerce, al Papa Francisco, resulta prácticamente imposible evitar que surjan problemas y situaciones más o menos delicadas, algunas de ellas incluso conflictivas.

Baste pensar que Ratzinger y Bergoglio son dos hombres muy distintos. Y que, en consecuencia, ejercen el papado de formas también muy diversas. Con lo cual la gente está viendo en la Iglesia cambios que, a algunos, les parecen importantes, a otros se les antoja que el nuevo Papa es cobarde y se queda corto en sus decisiones. De lo que resulta - sobre todo en los ambientes eclesiásticos - un estado de confusión o desconcierto. Con el consiguiente malestar, para unos, inseguridad para otros. Y desde luego - todo hay que decirlo - una cierta ilusión y esperanza en amplios sectores y ambientes populares y sencillos de la sociedad.

Pues bien, estando así las cosas, donde más se complica todo es en los cargos y personas que más directamente dependen del Papa y del papado: cardenales, obispos y clérigos en general o grupos muy allegados a esos cargos. Aquí está - creo yo - lo más delicado y lo más problemático. Porque eso es lo que nos dice la experiencia de lo que ha ocurrido en la Iglesia en tiempos pasados.

Sin sacar las cosas de quicio, a uno se le viene a la memoria lo que ocurrió en el "gran cisma" (de 1378 a 1417), cuando la Iglesia se encontró, de pronto, no con dos Papas, sino con tres. Esto ocurrió cuando sabemos que había cardenales y teólogos, que defendían la posibilidad de un "Papa hereje", basándose en el principio según el cual "al papa había que obedecerlo, a no ser que se apartase de la fe" ("a nemine iudicandus nisi deprehendatur a fide devius") (cardenal Colonna, Occam, los defensores del "conciliarismo", etc).

Yo no sé, ni lo puedo saber (ni me interesa), si los cardenales, que ahora se enfrentan al Papa Francisco, están condicionados por ideas de este tipo. Lo que se sabe es que estos cardenales (y quien les aconseje) argumentan su oposición al Papa actual, por causa (sobre todo) de que Bergoglio esté diciendo que pueden comulgar los divorciados, vueltos a casar.
Ahora bien, si lo que realmente se quiere, es buscar la verdad - y no ponerle palos en las ruedas a Francisco - lo primero que se debería saber es que la praxis de la Iglesia, en el tema de la comunión a los divorciados, no fue (durante el primer milenio, o sea "mil años", por lo menos) como dicen ahora esos cuatro cardenales. Por ejemplo, el Papa Gregorio II (en 726) le escribió al obispo san Bonifacio una carta en la que le permitía el divorcio y nuevas nupcias de un matrimonio que, por motivos de salud, no podían seguir viviendo juntos (PL 89, 525). Lo mismo que el Papa Inocencio I se lo había permitido a Probo (PL 20, 602-603).

Pero, sobre todo, en ninguna parte consta que el Papa no pueda tomar la decisión de que los divorciados, vueltos a casar, no puedan comulgar. Eso no es un "dogma de Fe". Ni consta en ningún sitio que lo sea, si nos atenemos a las verdades que hay que creer "con Fe divina y católica" (Denz. H. 3011). Por tanto, el Papa puede tomar la decisión que él considere más conveniente.

¿Se complica todo esto con la presencia de Ratzinger en el mismo Vaticano? Se sabe que hay cardenales que van a visitarle. Y hasta hay quienes dicen que ahora mismo en la Iglesia hay dos papas. Como se sabe también que ahora mismo hay miles de clérigos que se identifican más con Ratzinger que con Bergoglio. Por todo esto, a mí me parece que, por el bien de la Iglesia, por su unidad y su armonía, tanto el Papa actual como el anterior tendrían que preguntarse muy en serio: ¿No sería lo mejor que Joseph Ratzinger renuncie, de una vez y con todas sus consecuencias, no sólo a "ser" el Papa, sino también a "parecerlo"?

Y es que, si la situación se piensa despacio, a cualquiera se le ocurre la pregunta inevitable: ¿Qué hace en el Vaticano un anciano que fue Papa, pero que ya no lo es? ¿A qué viene seguir vistiéndose de Papa, si ya no es Papa? ¿Permite que le sigan llamando "Santidad"? ¿No sería más ejemplar, y más convincente, para las ideas que el mismo Ratzinger ha defendido, que su renuncia al papado fuera consecuente hasta el final?