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EL DIABLO SE ENSAÑA PARA DESTRUIR - Santa Misa - Papa Francisco
Papa Francisco en su homilía de la Santa Misa de Hoy, comentando las lecturas del día que hablan de la Pasión de Jesús, subrayó que es la propia manera del diablo de destruir con un estilo particular, la alevosía. Existe la seducción, con la que Satanás quiere alejarse de la Cruz ofreciendo el espíritu mundano, el poder, la vanidad, pero también existe la saña.
¿Dónde está la verdadera amenaza nuclear en el Medio Oriente?
¿Dónde
está la verdadera amenaza nuclear en el Medio Oriente?
Manlio Dinucci
www.voltairenet.org
/ 100120
Irán no respeta los acuerdos nucleares” (Il Tempo),
“Irán se retira de los acuerdos nucleares: un paso hacia la bomba atómica”
(Corriere della Sera), “Irán prepara las bombas atómicas: adiós al acuerdo
nuclear” (Libero). Casi todos los medios anuncian en ese tono la decisión de Irán,
consecuencia del asesinato del general irania Qassem Suleimani, ordenado por
el presidente Trump, de no seguir aceptando las limitaciones para el
enriquecimiento de uranio estipuladas en el acuerdo que firmó en 2015 con el
grupo 5+1 (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia, China más Alemania).
O sea, esos medios de “información” no abrigan
dudas sobre el origen de la amenaza nuclear en el Medio Oriente. Pero se olvidan
de que fue el presidente Trump quien sacó a Estados Unidos del acuerdo 5+1 en 2018,
acuerdo que Israel había definido como «la rendición de Occidente ante el eje
del mal encabezado por Irán».
Tampoco dicen ni una palabra sobre el hecho que
en el Medio Oriente hay una sola potencia nuclear: Israel, que ni siquiera se somete
a ningún tipo de control porque no es firmante del Tratado de No Proliferación,
documento que Irán sí firmó.
El arsenal nuclear israelí, sobre el cual se extiende
una pesada capa de secreto y de silencio, está evaluado en una cantidad de
entre 80 y 400 ojivas nucleares y en un volumen de plutonio suficiente para
fabricar varios centenares más. Israel también produce seguramente tritio, un
gas radioactivo utilizado en la fabricación de armamento nuclear de nueva
generación, como las llamadas mini-nukes y las bombas de neutrones, capaces de
provocar una contaminación radioactiva a pequeña escala –lo cual permitiría
usarlas contra objetivos geográficamente cercanos a Israel.
Las cargas nucleares israelíes están listas
para su uso con misiles balísticos como el Jericho, cuyo alcance se sitúa
entre 8,000 y 9,000 kilómetros. Alemania ha proporcionado a Israel –como donación
o a precios reducidos– 4 submarinos de la clase Dolphin modificados para portar
misiles nucleares Popeye Turbo, con un alcance de 1,500 kilómetros.
Silenciosos y capaces de mantenerse en inmersión durante una semana, esos
submarinos israelíes navegan por el este del Mediterráneo, el Mar Rojo y el
Golfo Pérsico, listos para iniciar un ataque nuclear.
Estados Unidos, que ya entregó a Israel más de
350 cazabombarderos F-15 y F-16, está enviándole ahora al menos 75 F-35,
igualmente capaces de portar armamento convencional o nuclear. Una primera
escuadra de F-35 israelíes entró en operaciones en diciembre de 2017. La empresa
Israel Aerospace Industries produce actualmente componentes que hacen las alas
de los F-35 invisibles para los radares. Con esa tecnología, que también se aplicará
a los F-35 italianos, Israel incrementa las capacidades de ataque de sus fuerzas
nucleares.
Israel –que mantiene sus 200 armas nucleares
apuntando hacia Irán, como indicó en 2015 el ex secretario de Estado
estadounidense Colin Powell [1]– está decidido
a conservar su monopolio del armamento atómico en el Medio Oriente impidiendo
que Irán desarrolle un programa nuclear civil que podría permitirle algún día producir
armas nucleares, capacidad que hoy tienen decenas de países.
Pero en el ciclo de explotación del uranio no existe
una frontera definida entre el uso civil y el uso militar del material fisible
y, con tal de bloquear el programa nuclear iraní, Israel está dispuesto a recurrir
a cualquier medio. Los asesinatos consecutivos de 4 científicos nucleares iraníes,
entre 2010 y 2012, son, según todos los indiciosm obra del Mossad israelí.
Las fuerzas nucleares israelíes están
integradas al sistema radioelectrónico global de la OTAN, en el marco de un «Programa
de Cooperación Individual» con Israel, país que, sin ser miembro de la alianza
atlántica, mantiene una misión permanente en el cuartel general de la OTAN, en Bruselas.
Según el plan puesto a prueba en el ejercicio
Juniper Cobra 2018, realizado por Estados Unidos e Israel, fuerzas de Estados Unidos
y la OTAN llegarían desde Europa (principalmente desde la bases instaladas en Italia)
para respaldar a Israel en una guerra contra Irán [2].
Esa guerra podría comenzar por un ataque de Israel
contra las instalaciones nucleares iraníes, como el ataque aéreo israelí
realizado en 1977 contra el reactor nuclear iraquí de Osirak. El Jerusalem Post
confirmó el 3 de enero que Israel tiene bombas no nucleares antibunker,
utilizables principalmente desde los aviones F-35 proporcionados por Estados
Unidos, capaces de alcanzar la instalación nuclear iraní de Fordow [3].
Irán no tiene armas nucleares, pero sí cuenta
con una capacidad militar de respuesta que no tenían Yugoslavia, Irak ni Libia
cuando fueron atacados por Estados Unidos y la OTAN. Y ante la previsible
respuesta de Irán, Israel podría recurrir a su armamento nuclear, iniciando así
una reacción en cadena de proporciones y resultados totalmente imprevisibles.
“Un laico judío sin ninguna formación rabínica”
Juan Antonio Estrada
www.religiondigital.org / 27.12.2019
Jesús proviene de una religión centrada en el
culto sacrificial, el sacerdocio del templo, la ley religiosa y las Escrituras
sagradas. La profecía, el sacerdocio cultual y los rabinos representaban las
instancias determinantes del judaísmo, junto al sanedrín y la autoridad
patriarcal. Los profetas fueron los grandes renovadores de la vida de Israel y
mantuvieron la esperanza de un mesías. La era mesiánica fue la versión judía de
la expectativa universal de una sociedad más fraterna, justa y sin mal. Esta
esperanza ofreció un proyecto de vida y fue fundamental para preservar la
identidad judía cuando perdieron su tierra y se dispersaron en el imperio.
Jesús fue un laico judío sin ninguna formación
rabínica, que cambió la forma de comprender la Escritura y la ley religiosa. Con él surgió otro proyecto de salvación,
que centró la religión en las aspiraciones humanas y la sacó del entorno
religioso. Ya no era la religión del templo, sino un modo de vivir, vinculado a
la ética, centrado en la vida profana y marcado por la urgencia del reinado de
Dios en Israel.
Comenzó un proceso de desacralización y se
desplazó el centro de gravedad del templo, el culto y el sacerdocio en favor de
una vida entregada a los demás, especialmente a los más vulnerables. La
reacción violenta de la religión amenazada y del poder político, hostil a todo
mesianismo, fue su ajusticiamiento. Participó así del destino de los profetas y
de todos los que lucharon por cambiar la sociedad y religión judías.
El cristianismo surgió como una corriente
dentro del judaísmo, protagonizada mayoritariamente por gente popular y
sencilla, discípulos laicos de Jesús. Inicialmente predicaron un mensaje en
continuidad con el de Jesús, buscando la conversión del pueblo judío. Pero el
anuncio de la resurrección generó un nuevo dinamismo universal y se pusieron
las bases de un Dios trinitario, reformando las imágenes divinas del Antiguo
Testamento.
El cristianismo ha surgido del tronco judío y
lo ha rebasado. La relativización de la ley religiosa, del culto y del templo
llevó a la ruptura final con el judaísmo y a una nueva forma de entender la
relación con Dios. El binomio pecado y castigo, que impregnaba el culto y la
ley religiosa, fue desplazado por una dinámica centrada en el sufrimiento
humano, en el perdón de los pecados y la misericordia divina. Una vida
sacrificada a los demás, siguiendo el modelo de Jesús, un culto existencial y
el paso de la comunidad discipular a la Iglesia fueron señales características
del cristianismo.
El cristianismo se constituyó como una
comunidad de personas, que vivían la salvación como un proyecto de sentido en
el mundo y que estaban lejanos a las dinámicas ascéticas y cultuales de Israel
y otros grupos religiosos del imperio romano. No rehusaron la herencia judía y
romana, pero la transformaron. Se adoptaron estructuras y cargos no religiosos
del judaísmo (presbíteros o ancianos) y del imperio romano (obispos y
diáconos). Al ser una religión perseguida no podían tener templos y surgieron
las iglesias domésticas.
El ministerio (diáconos, presbíteros y entre
ellos el obispo) no era solo una dignidad sino una carga, ya que los dirigentes
eran los primeros perseguidos por las autoridades. Vivían en el seno de las
comunidades que les habían elegido y como ciudadanos del imperio, casados y con
familias, con un trabajo profano y un estilo de vida laical. Su forma de vida y
de entender la relación con Dios, el culto y las leyes religiosas fueron
también la causa de la hostilidad que encontraron en el imperio romano, como
antes en Israel.
Diáconos, presbíteros y obispos vivían en el
seno de las comunidades que les habían elegido y como ciudadanos del imperio,
casados y con familias, con un trabajo profano y un estilo de vida laical
De ahí se podía esperar una nueva forma de
vivir la religión. La de un grupo centrado en la comunidad y en la misión,
cuyos protagonistas eran todos los cristianos y no solo los clérigos. Especial
relevancia tuvieron las mujeres, cuya conversión arrastraba a toda la familia,
las cuales protegieron y financiaron a las incipientes iglesias domésticas.
La quinta columna cristiana en el Imperio fue
progresivamente impregnándolo y conquistando cada vez a más personas, a pesar
de la hostilidad de los tres primeros siglos. Paradójicamente, el éxito social
y religioso fue la causa de un progresivo distanciamiento del proyecto de Jesús
y del de la Iglesia primitiva. La creciente clericalización, la pérdida de la
comunidad en favor de los ministros, la creación de un culto rejudaizado y
romanizado marcaron al cristianismo, cada vez más cercano al modelo religioso
preponderante en el imperio.
La revelación de Dios por Jesús se modificó en
favor de la homologación con el teísmo de raíces judías y grecorromanas. El
Jesús de los evangelios fue desplazado por una teología centrada en su
filiación divina y en hacer compatibles la persona divina y la humana. Y el
Espíritu Santo, que había inspirado la creación de una comunidad protagonista,
con pluralidad de ministerios y carismas, perdió cada vez más relevancia en
favor de una gracia transmitida por los sacramentos y la obediencia a la
jerarquía.
Dos mil años después vivimos el reto de volver
a inspirarnos en Jesús y en el cristianismo primitivo. El futuro está en volver
a los orígenes, en la creación de comunidades, en el protagonismo de los laicos
y en la igualdad eclesial de las mujeres. Desde ahí será posible afrontar el
reto que plantea al cristianismo una sociedad secularizada y laicizada, que ha
sustituido a la iglesia de cristiandad.
Hay que recuperar la alternativa cristiana a la
religión y a la sociedad, pero esto implica una reforma radical de la Iglesia y
del cristianismo, recuperando el Vaticano II y yendo más allá de él. Quizás la
crisis actual de la Iglesia y de las vocaciones sacerdotales y religiosas sean
la base para una nueva etapa innovadora.
Recuperar la fe en Jesús y en su proyecto de
vida son exigencias internas del cristianismo. A Dios no lo conocemos, pero en la humanidad de Jesús tenemos la
referencia para encontrarlo (Jn 1,18) y
vivir una vida con sentido. Y desde ahí es posible afrontar la nueva época
secular en la que la religión ha perdido irradiación social y capacidad de
responder a las demandas humanas. Hay que volver a evangelizar las viejas
cristiandades, convertidas hoy en sociedades sin religión.
¿Y ahora?
Marcelo Colussi
www.rebelion.org
/ 210120
Desde el pasado martes 14 de enero hay nuevo
mandatario en Guatemala: asumió Alejandro Giammattei como presidente. ¿Qué
esperar?
En la asunción del presidente anterior, Jimmy
Morales, en 2016, la población tenía grandes expectativas; se venía de
numerosas manifestaciones (urbanas, clasemedieras, sin propuesta real de
transformación, debe aclararse), que habían dado la sensación de cierto “poder
popular”. Con el binomio presidencial de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti
preso, se podía creer que había comenzado una auténtica lucha contra la
corrupción. Los cuatro años de mandato del ahora saliente ex comediante
mostraron que no era así. De todos modos, las expectativas de entonces eran
muchas, y dado que el gobierno de Estados Unidos, con Barack Obama a la cabeza,
mantenía un discurso de modernización y transparentización para los países del
Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador), todo
contribuía a albergar esperanzas.
Hoy día, 2020, no parece haber ninguna. Los
recién celebrados 23 años de la Firma de los Acuerdos de Paz pasaron sin pena
ni gloria. El mismo flamante presidente Giammattei informó que los mismos no se
han cumplido, por lo que no tiene ninguna obligación de tomarlos en
consideración para su gobierno. El ex presidente Morales, que prometió trabajar
contra la corrupción, prácticamente lo único que hizo en su administración fue
ver cómo se sacaba de encima a la CICIG. Rodeado de militares vinculados a la
contrainsurgencia y con nexos con el crimen organizado, para mucha gente el
recién terminado fue el período presidencial más desastroso desde el retorno de
la llamada democracia.
Explicar el descalabro en el que queda el país
-no muy distinto al que reinó siempre, debe enfatizarse- solo por el etilismo
episódico agudo del ahora ex presidente, no dice mucho. Eso responde a una
cuestión absolutamente político-ideológica. En estos cuatro años de gobierno
del FCN-Nación, se retrocedió en muchos aspectos. Como siempre, el único sector
que prosperó fue el alto empresariado, y la nueva oligarquía hecha a la sombra
de negocios non sanctos. Corrupción e
impunidad, definitivamente, siguieron siendo los motores que impulsaron esa
prosperidad.
“Yo no quiero ser reconocido como un hijo de
puta más en la historia de este país”, decía Giammattei en su campaña
proselitista. ¿Eso abre esperanzas? No pasa de la pura pirotecnia verbal, tan
cara a los políticos antes de las elecciones. Incluso el mandatorio anunció que
se van a revisar varios de los acuerdos del gobierno saliente. No está claro
cuáles serían con exactitud, pero podría tratarse del firmado con Washington
que transforma a Guatemala en el depósito de migrantes irregulares, y quizá el
de los bochornosos nombramientos hechos a última hora en la Cancillería.
Su caballito de batalla está dado -nominalmente
al menos- por el combate a la corrupción y a la desnutrición. En su discurso de
toma de posesión prometió resultados visibles en el corto plazo en temas tan
sensibles como la reducción de la pobreza (60% de pobres actualmente), desnutrición
(primer lugar en Latinoamérica, sexto en el mundo), reformas al sistema
educativo (la segunda inversión más baja en el continente, luego de Haití: 2.8%
del PBI), aumento de la carga tributaria (prometió llevarla al 14% del PBI), combate
al narcotráfico (se trabajará con militares colombianos en ese aspecto) y la
promoción de cuatro iniciativas de ley que presentará próximamente al Congreso
para mejorar el clima de negocios favoreciendo inversiones externas.
Giammattei es alguien de derecha, claramente
defensor de la libre empresa, conservador en términos ético-sociales (contrario
al aborto y al matrimonio homosexual), amigo de la “mano dura” en el tema de
seguridad. No por nada su gabinete está conformado por varios militares ligados
al conflicto armado interno y por empresarios representantes de la ideología
neoliberal privatista.
¿Qué esperar de este nuevo período que se abre?
En términos estructurales, nada nuevo. Quizá haya un discurso -al menos al
inicio- de mayor “preocupación” por los problemas sociales. Pero está claro que
quienes lo apoyaron básicamente fueron la cúpula empresarial y la embajada de
Estados Unidos. Si de ahí vino el “visto bueno”, se entiende lo que se podrá
esperar.
Es creencia repetida hasta el cansancio, que
los presidentes, los mandatarios en sentido amplio, en este engendro confuso y
perverso que se nos presenta como “democracia” (pretendidamente: gobierno del
pueblo), son los que mandan.
Esta idea, absolutamente cargada de una
ideología antipopular, mezquina y entronizadora del individualismo, ve la
historia como producto de “grandes hombres”. Vale la pena, al respecto, repasar
esa maravillosa poesía del dramaturgo alemán Bertolt Brecht “Preguntas de
un obrero que lee”. Allí, mofándose de esa creencia centrada en los “grandes”
personajes, entre otras cosas se pregunta: “César derrotó a los galos. ¿No
llevaba siquiera cocinero?”
La historia es una muy compleja concatenación
de hechos, siempre en movimiento, donde el conflicto, el choque de elementos
contrarios es lo que la dinamiza. De ahí que un pensador decimonónico, hoy
tratado (infructuosamente) de “pasado de moda” -en realidad, más vivo que
nunca- pudo decir que “la lucha de clases es el motor de la historia”. Aunque
cierto pensamiento conservador, de derecha, pueda horrorizarse ante esa
formulación y pretenda seguir viendo en esos “grandes hombres” (¿no hay grandes
mujeres también?) los factores que mueven la humanidad -por lo que llama al
“pacto social”, a la “negociación de las diferencias”-, con los pies más sobre
la tierra uno de los actuales super archimillonarios del mundo: el financista
estadounidense Warren Buffet (127,000 millones de dólares de patrimonio), dijo
sin tapujos: “Por supuesto que hay luchas de clase, pero es mi clase, la clase
rica, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando.” Y que no anide la
más mínima duda: ¡Warren Buffet es de derecha!
Debe quedar claro de una buena vez por todas
que la historia no la hacen los personajes, no depende de “una persona” en
particular; la historia la hacen las grandes mayorías en su dinámica social.
Los personajes, como diría Hegel, son parte de un infinito teatro de
marionetas. Los personajes pueden contar: no es lo mismo Jimmy Morales que
Vladimir Putin, o que Fidel Castro, por ejemplo. Álvaro Arzú, hombre fuerte de
la política guatemalteca por varias décadas y conspicuo exponente de la
oligarquía nacional, no es lo mismo que el presidente saliente, por supuesto;
pero esos “hombres” no deciden todo. Los mandatarios, en las democracias
capitalistas, son una expresión de los verdaderos factores de poder, quienes
detentan la propiedad de los medios de producción: tierras, empresas, banca.
¿Quién da
las órdenes a quién?
Veamos este ejemplo: en Guatemala regresó esto
que llamamos democracia en el año 1986. Ya han pasado infinidad de gobernantes
desde entonces, “elegidos democráticamente”: Vinicio Cerezo, Jorge Serrano,
Álvaro Arzú, Alfonso Portillo, Oscar Berger, Álvaro Colom, Otto Pérez, Jimmy
Morales, más dos que llegaron por mecanismos administrativos: Ramiro de León y
Alejandro Maldonado. ¿Algún cambio para las grandes mayorías populares?
¡Ninguno! Sigue la pobreza, la exclusión de los pueblos originarios, el
patriarcado, la corrupción y la impunidad. El 60% de población en situación de
pobreza, el 50% de niñez desnutrida o el 20% de analfabetismo no lo corrige
“una” persona, más allá de la buena voluntad que pueda tener (y parece que no
la tienen). Son los detentadores de otros poderes, que no necesitan sentarse en
la silla presidencial, los que deciden las cosas. Y sobre ellos, el
representante del gobierno imperial de Estados Unidos, que hace del
subcontinente latinoamericano su zona de influencia “natural”.
Veamos otro ejemplo: Estados Unidos. Tomemos
los últimos presidentes de estas décadas: John Kennedy, Lindon Johnson, Richard
Nixon, Gerald Ford, James Carter, Ronald Reagan, George Bush padre, Bill
Clinton, George Bush hijo, Barack Obama, Donald Trump. ¿Qué cambió en lo
sustancial para el ciudadano estadounidense medio (Homero Simpson), o para
nosotros en Latinoamérica, su virtual patio trasero? Nada. Estados Unidos, no
importa con qué gerente, siguió siendo una potencia rapaz, belicista,
imperialista. Quien toma las decisiones finales -en general, en las sombras,
sin que el gran público lo sepa, y mucho menos pudiendo incidir en ello- son
las grandes corporaciones ligadas a los principales rubros económicos: el
complejo militar-industrial (que inventa guerras a su conveniencia: 2,000
dólares por minuto de ganancia), las compañías petroleras, los megabancos, la
industria química, la narcoactividad (que no es cierto sea un negocio solo de
narcotraficantes latinoamericanos: ¿quién la distribuye y lava los activos en el
norte?)
En Guatemala el 13.8 % del Producto Interno
Bruto -PIB- lo dan las remesas (y otro 10% lo aporta el crimen organizado, con
el narco-negocio como principal rubro). Sin dudas, esa economía está bastante
(¿terriblemente?) enferma. ¿Podrá arreglar eso el nuevo presidente? Ya pasaron
muchos mandatarios desde el retorno de la democracia, las remesas siguen
subiendo (¿crece la enfermedad?), al igual que el crimen organizado y la
cantidad de “mojados” que huyen desesperados (300 diarios). ¿Podrá decirse con
credulidad “beneficio de la duda” a partir del 14 de enero? Nada alienta a
tener esperanzas.
"Es incomprensible que quien destituyó a tantos teólogos, por no someterse al magisterio papal, sea ahora él mismo quien se opone al Papa"
www.religiondigital.org / 13.01.2020
Me produce una profunda
tristeza la noticia de la inminente publicación de un libro en el que el
dimitido papa Joseph Ratzinger y otro clérigo importante, como el cardenal
Sarah, se enfrentan al actual Sumo Pontífice de la Iglesia, el papa Francisco.
El motivo del enfrentamiento es el tema del
celibato de los sacerdotes, que, según parece, a juicio del papa dimitido, la
Iglesia tiene que mantener como obligación necesaria, aunque los cristianos de
la Amazonía no puedan tener sacerdotes que presidan la misa para aquellas
gentes y no puedan ayudar a aquellos cristianos en asuntos para los que la
misma Iglesia exige la presencia de un sacerdote.
Si, efectivamente, es cierto que el dimitido
papa J. Ratzinger y su socio Sarah quieren oponerse al actual Sumo Pontífice,
por mantener (a toda costa) el celibato de los sacerdotes, tanto Ratzinger,
como quienes coinciden con él en este asunto, deben tener siempre muy presente
que la Fe y la Tradición secular de la Iglesia nos enseña que el pensamiento y
el criterio de gobierno, que ellos defienden, no puede oponerse al criterio
fundamental de la fe y de la unidad de la Iglesia, que incluye esencialmente la
comunión con el Vicario de Cristo en la tierra, el obispo de Roma.
Así lo definió, como cuestión de “fe divina y
católica” el concilio Vaticano I (Constitución “Dei Filius”, cap. 3º. Denz. –
Hün., nº 3011; Constitución “Pastor aeternus”, cap. 3º, Denz. – Hün., nº 3060).
Por eso resulta incomprensible que quien
destituyó a tantos teólogos, por no someterse incondicionalmente al magisterio
papal, como fue el caso del cardenal Ratzinger, mientras estuvo en el cargo de
Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, ahora sea él
mismo quien se opone al papa Francisco, en un asunto que no afecta a la fe de
la Iglesia.
Efectivamente, es de suma importancia tener
presente que el tema y la obligatoriedad del celibato eclesiástico no ha sido
nunca, ni lo es en este momento, un dogma de fe. Ni siquiera es un deber
universal de la Iglesia. Ya que en las Iglesias Orientales nunca se ha
mantenido, ni se mantiene, la obligatoriedad del celibato eclesiástico.
Además, la autoridad eclesiástica debería tener
siempre presente que, en los diversos escritos del Nuevo Testamento, se
mantiene exactamente la doctrina opuesta a la actual norma del celibato
sacerdotal. Según los Evangelios, Jesús no lo impuso a sus apóstoles. San
Pablo, afirmó que él, como los demás apóstoles, tenían “derecho” (“potestad” –
exousia) para ir acompañados por una mujer cristiana (1 Cor 9, 5). Y en las
cartas a Timoteo y a Tito se afirma que los candidatos al ministerio
eclesiástico, incluso al episcopado, deben ser hombres casados con una mujer,
que saben gobernar su familia, porque “quien no sabe gobernar su propia casa,
¿cómo va a llevar el cuidado de la Iglesia de Dios?” (cf. 1 Tim 3, 2-5. 12; Tit
1, 6).
Por lo demás, se sabe que incluso en el
concilio ecuménico de Nicea, el obispo Pafnucio, de la Tebaida Superior, célibe
y venerado confesor de la fe, gritó ante la asamblea “que no se debía imponer a
los hombres consagrados ese yugo pesado, diciendo que es también digno de honor
el acto matrimonial e inmaculado el mismo matrimonio; y que no dañasen a la
Iglesia exagerando la severidad; porque no todos pueden soportar la asthesis de
la ‘apatheia’ ni se proveería equitativamente a la templanza de sus respectivas
esposas” (Sócrates, Hist. Eccl. , I, XI. PG 67, 101-104).
Es evidente que no se puede privar a los cristianos de los sacramentos, sobre todo de
la eucaristía, por mantener una disciplina cuyos orígenes fueron una evidente
contradicción con lo que nos enseña el Nuevo Testamento.
Finalmente, si es que, efectivamente, las ideas
de un papa dimitido se enfrentan al único Sumo Pontífice, que actualmente
gobierna la Iglesia, esta misma Iglesia tiene que preguntarse seriamente y
sacar las debidas consecuencias del significado y las consecuencias que puede
tener –y está teniendo– la presencia, en el mismo Estado de la Ciudad del
Vaticano, un obispo que fue Sumo
Pontífice, pero que ya no lo es. Cuando eso se presta a que hasta se pueda
hablar de “dos papas” y dé motivo a situaciones de confusión y divisiones en la
Iglesia, ¿no sería necesario y hasta
urgente que el dimitido papa viva en otro sitio?
Viva el Día Internacional de la Mujer Trabajadora!
COLEGIO DE SOCIOLOGÍA Y CIENCIAS SOCIALES DE PANAMÁ
(CoSCieSPa)
¡Por los Derechos Conquistados,
Viva el Día Internacional de la Mujer Trabajadora!
Reivindicamos el 8 de marzo como una fecha intrínsecamente vinculada a las luchas por
mejores condiciones de vida para todas las personas, la eliminación de todas las formas de
discriminación y la construcción de una sociedad más justa, igualitaria y equitativa, legado
que nos dejaran miles de trabajadoras que se atrevieron a enfrentar a los poderes patriarcales,
misóginos y violentos en cada jornada realizada para el bienestar de la humanidad.
Las mujeres han dado grandes avances en sus demandas históricas, que han quedado
expresadas en marcos legales internacionales y nacionales.
Convenios, convenciones,
declaraciones, resoluciones, constituciones, leyes y decretos, que obligan a los Estados a
tomar medidas y aplicar políticas públicas y sociales para mejorar la vida de las mujeres y
las niñas, proteger y promover sus derechos humanos, que les permita al cincuenta por ciento
de la población del país ejercer los derechos democráticos fundamentales, entre otros logros.
Pero el esfuerzo es doble debido a que también se está luchando contra las campañas
internacionales y nacionales fundamentalistas, patriarcales y misóginas, que tienen como
objetivo tergiversar las luchas de un movimiento que ha ganado batallas en el camino contra
la discriminación y por la igualdad de derechos entre los sexos.
Ante tales desafíos, es urgente que se hagan realidad los Objetivos de Desarrollo Sostenible
(ODS) especialmente el punto 5 sobre Igualdad de Género, que busca “Lograr la igualdad
entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”. Es impostergable que las
metas se cumplan, sin embargo, los gobiernos reducen, estancan e ignoran sus compromisos
de brindar presupuestos justos para las políticas públicas de igualdad de oportunidades.
El Colegio de Sociología y Ciencias Sociales de Panamá, se suma a la defensa de los derechos
humanos de las mujeres y solicita la ratificación del Convenio No. 190 de la OIT sobre la
eliminación de la violencia y el acoso en el mundo del trabajo y su Recomendación 206 sobre
la violencia y el acoso, como un avance para la adopción de medidas que garanticen espacios
laborales dignos, libres de violencia y acoso.
En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, exhortamos a todas las personas a construir
una sociedad libre de discriminación, opresión y explotación, legando a las próximas
generaciones un mejor país.
Panamá, 8 de marzo de 2020
Elementos para un análisis de coyuntura, FEBRERO 2020
Jorge Sarsaneda del Cid
Panamá / 050320
1. En
general
Se cumplen los ocho meses del nuevo gobierno.
Pocas cosas se aclaran y muchas se complican o siguen igual. Problemas de
agua, comunicación, inseguridad, desempleo, y los diputados siguen en su
“fiesta” particular: seguir politiqueando y engañando, proponiendo leyes
absurdas e inútiles. Alguno que otro diputado cuestiona, pero la mayoría está
metida en las “fiestas”, la regaladera, la gastadera, o no hacen nada... pero
cobran. Hubo carnavales a la espera del coronavirus. Y, sí, se logró atrapar a
la “anguila” Ventura.
2. En
particular
2.1.
Economía:
Al fin de mes, los precios* están como sigue: petróleo brent, 44.76
dólares el barril (bajó); ganado, 1.18 la libra (bajó); arroz, 13.60 el quintal
(subió); café, 1.11 la libra (subió); cobre, 2.54 la libra (bajó); oro, 1,566.70
la onza (subió); plata, 16.46 la onza (bajó); gas natural, 1.68 el BTU (bajó).[1] [LP-020320].
Las bolsas (Europa, Asia y América Norte) bajaron. En el Dow Jones, todos los
índices bajaron. O sea, el panorama es peor que el mes pasado. ¿Será sólo por
el covid19 o hay otras razones ‘subterráneas’?
+ Otros indicadores:
*Exportaciones:
En 2019, fueron de 713.3 millones de dólares, un aumento del 6.1%: Crecieron el
banano (29.9%), la harina-aceite de pescado (56.6%), el café (41.5%), la carne
de ganado (62.3%), el melón (58.1%) [LE/060220].
*Construcción:
Cae 13.9%, lo cual supone 6,800 millones. Dicen que subirá a 7,539 millones en
2020 [LP/060220]. Conectado con esto, hay 10,263 empleos menos [LP/280220]
porque se terminó casi toda la línea dos del Metro, el aeropuerto y otros. El
Suntracs habla de una pérdida de 40 mil empleos.
*Planilla
estatal: En la entrega anterior hablábamos del aumento que hubo en 2019 de
este rubro. No sólo es el aumento sino la forma y con quiénes. ¿Botín político
le llaman? Ese “botín” se ve reflejado en los 242,361 funcionarios públicos que
reciben 350.3 millones de dólares (unos 13.1 millones de aumento). En el Meduca
hay 861 más, Asamblea tiene 844 más, CSS con 1,667 más.
*Contratos:
Es cierto que se canceló el contrato a IBT por la construcción fallida del
centro de reclusión femenino. IBT tiene cuatro hospitales pendientes, que han
dejado a medio construir (479.6 millones), además de dos centros educativos y
viviendas. Dicen que el gobierno les debe 3 millones (LP-220220). Sin embargo,
Meduca hace contratos para uniformes y útiles, por 13 millones, con una empresa
ligada al PRD. Se denunció, volvieron a hacer la licitación y volvieron a
escoger la misma empresa (¿????) [LP/190220].
2.2.
Política:
+ Asamblea y leyes necesarias: El tema
de las reformas constitucionales, como si no hubiera existido. No se ha vuelto
a tocar, por ningún lado. ¿Ya no interesa, ya no “capta” votos? Se han aprobado
cosas inútiles por supuesto, como son todos los festivales que se les ocurre
para sacar dinero. Sólo falta el festival del patacón, del patí, del bollo
preñao o quién sabe qué se les ocurra, porque en esa línea, son super
creativos. El ‘camarón’ que aprobaron el mes pasado, sigue sin firma del
presidente.
+ Asuntos serios, pendientes de
decisión: La resolución de casos de “alto perfil”, aunque algunos los están
desechando; el agua para la población y el canal; todos los proyectos que
afectan la ecología (electricidad, agua, tala indiscriminada, puentes,
comunicación, contaminación de ríos y mares); el asunto de la educación sexual
que dicen que “ahora sí va a empezar”; el
hospital del Niño, el hospital oncológico, …
+ Funcionarios: Renunció o ‘renunciaron’
a la nueva ministra de Gobierno (creo que duró 13 días). Empezó la discusión sobre
quién ponían porque ese ministerio “era botín” del Molirena. Ya ni disimulan. Debería
preocuparnos mucho más la pésima calidad de algunos funcionarios (p.e.
Defensora del Pueblo, Director de la ATTT, alcalde de Colón) que, a través de
sendas entrevistas, han mostrado no sólo “el cobre” sino que han sido ejemplo
de la porquería de sociedad que estamos construyendo: cínicos, aprovechados,
tontos, despreciativos, que se burlan de la gente, corruptos, descarados,
ignorantes, en fin, todo lo que NO queremos. ¿Quién le pone el cascabel al
gato?
+ Relaciones con China: ¿En qué han
quedado? Cuando a alguien se le ocurre preguntar, dicen que van “normales”.
Sabemos que los mensajeros de Trump han venido a dejar claro que “no van a
permitir” que Panamá fortalezca esas relaciones y menos que haga negocios por el
canal. ¿Quiénes son ellos para definir las relaciones exteriores de la
república? ¿Hasta cuándo les vamos a permitir que sigan mandando aquí? La
experiencia de relaciones muy amistosas con EEUU es no sólo peligrosa sino
bastante triste. Recordemos Vietnam.
2.3.
Sociedad:
Habría varias cuestiones que comentar:
+ ¿Y el “terror en El Terrón”? = No se
ha vuelto a hablar del asunto. Pasó la crónica amarillista y nos volvemos a
olvidar de las “zonas marginadas y de difícil acceso”. Total, no afecta ni al funcionamiento
del canal, ni al centro financiero, ni a las inversiones. Allá ellos y sus
iglesias locas…
+ Educación = Inició el año escolar con
-según dicen las fuentes oficiales- un 97% de escuelas funcionando. Sólo hay
unas cuantas que empezarán un poco más tarde o seguirán en reparación durante
el año. Han tardado un poco en iniciar las protestas, quizás estamos pendientes
del “letalísimo” coronavirus covid19, a ver si dejamos las clases.
+ Salud = El problema del Seguro Social
está en “stand by”, quizás pendiente de los “estudios actuariales”. Ahora lo
que importa es el tal Covid19 (nuevo coronavirus) que no tiene ni la letalidad
del 1%, que de ninguna manera es epidemia como el dengue (lleva 2 muertos y más
de mil infectados en dos meses), ni como la diabetes, ni como la obesidad, ni
como el cáncer, ni como… ¿A qué viene tanto escándalo con el tal “corona”? Más
deberían preocuparnos los feminicidios (72 en diciembre 2019 y 60 en enero 2020).
¿Qué vamos a hacer con lo que
no es coronavirus y está matando más? Por lo pronto, la CSS va a
invertir 1,698.7 millones de dólares en 2020. “No está en quiebra” [LP/030220].
Y la desnutrición en un país de “alto ingreso” (según el BM) está en 19.1%
(promedio del país en 2018, habrá que ver las zonas indígenas). En diez años,
han muerto 449 niños por esta causa [LE/160220]. ¿Y la obesidad? Tenemos una
población con 36.5% de sobrepeso y 25% de obesidad, o sea, 61.5% pasados de
peso. ¿Qué comemos? ¿No es más grave esto que el covid19?
+ Inseguridad = “Cacturaron” (como dicen
en la tv) a la ‘anguila’ Ventura Ceballos. Ya le pusieron condena por la
primera fuga y lo tienen en la sede de la policía. ¿Por qué? ¿Temen que hable
más de la cuenta? La investigación sobre la fuga quedó “en el aire”, a ver
cuánta tierra le echan encima.
+ Migrantes = En enero fueron 1,547. En
los últimos años, han sido 10,510 migrantes de Haití y 3,276 de Cuba, pero de
quienes más se escucha es de los venezolanos y colombianos. ¿Por qué? ¿Cuántos
migrantes hay en realidad?
+ JMJ = Luego de UN AÑO de espera,
la iglesia católica dio cuentas sobre la JMJ. Del gobierno, por supuesto aún
nada y quién sabe si lo sabremos. El problema es que la tal rendición de
cuentas no ha dejado satisfechos a muchos. ¿Tanto cuesta decir recibimos esto,
gastamos esto, el saldo es este? ¿Las donaciones en especie no se pueden
calcular o, aunque sea, mencionar?
3.
Conclusión:
Lo que más resalta en este mes: el nuevo
coronavirus y la “recactura” de Ventura.
Mientras tanto, el gasto no se contiene y
parece que va a aumentar; el circo es permanente; la posición internacional de
Panamá anda por el suelo. Tenemos problemas gravísimos y discutimos (gastamos
tiempo, dinero y energías) en proponer el shortsitómetro
para los carnavales. Pero dicen que no hay dinero para la Cruz Roja ni para
contener el VIH. Sí lo hay para aumentar salarios a alcaldes, para reparaciones
en la Presidencia, para boquitas en la asamblea. Para “contener” la epidemia
que se viene de covid19 hay dinero, aunque su letalidad sea menor al 1%; pero no
lo hay para que los niños de las comarcas coman mejor, para hacer campañas de
educación sexual, para tener de una vez por todas un nuevo hospital del niño,
para arreglar el desastre del Idaan, en fin, sólo hay dinero para lo que me da
la gana… y me gana votos…
Son elementos (y opiniones) para el análisis…
[1]
¿Por qué fijarnos de estos precios? Porque dependemos del petróleo y hay que
seguir lo que suceda con ese precio, si es más caro, pagamos más por la
gasolina, como de hecho sucede. Porque no somos autosuficientes en producción
de arroz, de modo que hay que vigilar ese precio, además de mejorar nuestra
producción nacional. Porque el café es un ingreso importante y hay que mejorar
la calidad y cantidad; además, muchos ngäbe dependen de ese precio. Porque el
cobre, el oro y la plata comenzaron a producirse en la mina de Donoso y Panamá
recibe solamente el 2% de las regalías (lo cual es una miseria). Además, hay
otras cuatro posibles minas (concedidas en exploración) de cobre y oro. El gas
natural es el futuro de la energía en Panamá, según dicen. Panamá ha empezado a
exportar carne de ganado a China,
“EE.UU. es un Estado canalla y el asesinato de Soleimani lo confirma”
www.rebelion.org
/ 220120
Entrevista a Noam Chomsky
La decisión de Trump de asesinar a uno de los
más importantes y respetados líderes militares de Irán, el general Qasem
Soleimani, ha añadido otro nombre más a la lista de personas asesinadas por
EE.UU. —al cual muchos ven como el mayor Estado canalla del mundo.
El asesinato ha disparado las hostilidades
entre Teherán y Washington y ha creado una situación aún más explosiva en un
Oriente Medio políticamente volátil. Como era de esperar, Irán ha prometido
tomar represalias en sus propios términos por el asesinato de su general, a la
vez que también ha anunciado que se retirará del acuerdo nuclear iraní. El
Parlamento iraquí, por su parte, ha votado expulsar todas las tropas de EE.UU.,
pero Trump ha respondido con amenazas de sanciones si se obliga a EE.UU. a
sacar sus tropas del país.
Como el intelectual de renombre mundial Noam
Chomsky señala en esta exclusiva entrevista para Truthout que el primer
objetivo de la política exterior estadounidense en Oriente Medio ha sido
controlar los recursos energéticos de la región. Aquí Chomsky —profesor
universitario emérito en el Instituto de Tecnología de Massachusetts y laureado
profesor de lingüística en la Universidad de Arizona que ha publicado más de
120 libros sobre lingüística, asuntos internacionales, política exterior de EE.UU.,
estudios sobre medios de comunicación, política y filosofía— ofrece su análisis
sobre el temerario acto de Trump y sus posibles efectos.
El asesinato estadounidense del comandante de
la Fuerza Quds iraní ha reafirmado la antigua obsesión de Washington con
Teherán y su régimen clerical, que data de finales de los 70. ¿De qué trata el
conflicto entre EE UU e Irán? ¿y constituye el asesinato de Soleimani un acto
de guerra?
Noam Chomsky: ¿Acto de guerra? Quizá podemos
establecerlo como terrorismo internacional temerario. Parece que la decisión de
Trump, por capricho, conmocionó a altos responsables del Pentágono que le
dieron opciones, con base pragmática. Si queremos mirar más allá, podríamos
preguntar cómo reaccionaríamos en circunstancias comparables.
Supongamos que Irán asesinara al segundo
responsable más alto de EE.UU., su general más importante, en el aeropuerto
internacional de Ciudad de México, junto al comandante de una gran parte del
ejército de una nación aliada apoyado por EE.UU. ¿Sería eso un acto de guerra?
Que lo decidan otros. Para nosotros basta con reconocer que la analogía es
bastante justa y que los pretextos expuestos por Washington caen tan rápido al
ser examinados, que sería embarazoso abordarlos.
Soleimani era muy respetado —no sólo en Irán,
donde era una especie de figura de culto. Esto lo reconocen expertos
estadounidenses sobre Irán. Uno de los expertos más prominentes, Vali Nasr (en
absoluto una “paloma”, y que detesta a Soleimani) dice que los iraquíes,
incluyendo los kurdos de Iraq, “no ven en él la figura nefasta que ve
Occidente, sino que le ven a través del prisma de derrotar al Dáesh”. No han
olvidado que cuando el enorme y fuertemente armado ejército iraquí, entrenado
por EE.UU., se desplomó rápidamente, y la capital kurda de Erbil, después
Bagdad y todo Iraq estaban a punto de caer en las manos del ISIS [también
conocido como Dáesh], fueron Soleimani y las milicias chiíes iraquíes que
organizó, las que salvaron el país. No es un tema pequeño.
Respecto a de qué trata el conflicto, los
motivos de fondo no están ocultos. Controlar los extensos recursos energéticos
de Oriente Medio ha sido desde hace mucho tiempo un principio fundamental de la
política exterior de EE.UU.: controlar, no necesariamente usar. Irán ha sido
central para este objetivo durante el período post-II Guerra Mundial, y su
escapada de la órbita de EE.UU. en 1979 ha sido, en consonancia, intolerable.
La “obsesión” se puede rastrear hasta 1953,
cuando Gran Bretaña —el señor de Irán desde que se descubrió allí petróleo— fue
incapaz de impedir que el gobierno asumiera sus propios recursos e instó a la
superpotencia global para gestionar la operación. No hay espacio para repasar
el curso de la obsesión desde entonces en detalle, pero algunos hitos son
instructivos.
Gran Bretaña recurrió a Washington de forma
bastante reacia. Hacerlo significaba someter más de su antiguo imperio a EE.UU.
y disminuir aún más hasta el papel de “socio menor” en la gestión global, como
Exteriores reconoció con consternación. El gobierno de Eisenhower tomó el
relevo. Organizó un golpe militar que derribó el régimen parlamentario y
reinstaló al shah, restaurando la concesión de petróleo a sus manos legítimas,
con EE.UU. asumiendo el 40% de la anterior concesión británica.
Es interesante que Washington tuviera que
obligar a grandes empresas estadounidenses a que aceptaran este regalo; ellas
preferían mantenerse en el más barato petróleo saudí (que EE.UU. había tomado
de Gran Bretaña en una mini guerra durante la II Guerra Mundial). Pero bajo
coerción gubernamental, se les obligó a aceptar: uno de esos inusuales pero
instructivos incidentes que revelan cómo el gobierno a veces persigue intereses
imperiales a largo plazo por encima de las objeciones del poderoso sector
empresarial que, en general, lo controla e incluso provee de personal —con
resonancia considerable en las relaciones EE.UU.-Irán en años recientes.
El shah procedió a constituir una dura tiranía.
Fue regularmente citado por Amnistía Internacional como uno de los principales
practicantes de la tortura, siempre con fuerte apoyo estadounidense a medida
que Irán se convertía en uno de los pilares del poder de EE.UU. en la región,
junto con la dictadura familiar saudí e Israel. Técnicamente, Irán e Israel
estaban en guerra. En realidad, tenían relaciones extremadamente cercanas, que
salieron a la luz públicamente tras el derrocamiento del shah en 1979.
Las relaciones tácitas entre Israel y Arabia
Saudí están saliendo a la luz mucho más claramente ahora dentro del marco de la
alianza reaccionaria que el gobierno de Trump está forjando como base para el
poder estadounidense en la región: las dictaduras del Golfo, la dictadura
militar egipcia e Israel, vinculados con la India de Modi, el Brasil de
Bolsonaro y otros elementos similares. Una rara apariencia de una estrategia
coherente en este gobierno caótico.
El gobierno de Carter apoyó con fuerza al shah
hasta el último momento. Altos responsables estadounidenses —[Henry] Kissinger,
[Dick] Cheney, [Donald] Rumsfeld— instaron a universidades estadounidenses
(principalmente la mía, el MIT, por encima de la protesta de los estudiantes,
pero con connivencia del personal académico) para ayudar en los programas
nucleares del shah, incluso después de que dejara claro que estaba buscando
armas nucleares. Cuando el levantamiento popular derrocó al shah, aparentemente
el gobierno de Carter estaba dividido sobre si respaldar el consejo del
embajador israelí de facto, Uri Lubrani, quien aconsejó que “Teherán puede ser
tomado por una fuerza relativamente pequeña, determinada, despiadada, cruel.
Quiero decir que los hombres que liderarían esta fuerza tendrán que ser orientados
emocionalmente a la posibilidad de que tendrían que matar a 10,000 personas”.
No funcionó, y pronto el ayatolá Jomeini tomó el poder sobre una enorme ola de
entusiasmo popular, estableciendo la brutal autocracia clerical que todavía
impera, aplastando las protestas populares.
Poco después, Sadam Hussein invadió Irán con
fuerte apoyo estadounidense, sin que le afectase su recurso a armas químicas
que causaron enormes bajas iraníes; sus monstruosos ataques de guerra química
contra los kurdos iraquíes fueron negados por Reagan, quien quiso culpar a Irán
y bloqueó la condena por parte del Congreso.
Finalmente, EE.UU. más o menos se impuso,
mandando fuerzas navales para asegurar el control de Sadam del Golfo. Después
de que el crucero portamisiles estadounidense Vincennes derribara un avión
civil iraní en un corredor comercial claramente señalizado, matando a 290
pasajeros y volviendo a puerto entre grandes aclamaciones y premios por
servicio excepcional, Jomeini capituló, reconociendo que Irán no podía luchar
contra EE.UU. El presidente Bush entonces invitó a científicos nucleares
iraquíes a Washington para formación avanzada en producción de armas nucleares
—una amenaza muy seria contra Irán.
Los conflictos siguieron sin respiro, en años
más recientes centrándose en los programas nucleares de Irán. Estos conflictos
terminaron (en teoría) con el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) en 2015,
un acuerdo entre Irán y los cinco miembros permanentes de la ONU, más Alemania,
en el cual Irán aceptaba restringir considerablemente sus programas nucleares
—ninguno de ellos programas de armas— a cambio de concesiones occidentales. La
Agencia Internacional de la Energía Atómica, que lleva a cabo inspecciones
exhaustivas, informa que Irán cumplió completamente con el acuerdo. La
inteligencia estadounidense está de acuerdo. El tema suscita mucho debate, a
diferencia de otra pregunta: ¿Ha observado EEUU el acuerdo? Aparentemente no.
El PAIC declara que todos los participantes se comprometen a no impedir de
ninguna manera la reintegración de Irán a la economía global, particularmente
al sistema financiero global, que realmente controla EE.UU. A EE.UU. no se le
permite interferir “en áreas de comercio, tecnología, financia y energía” y
otros.
Aunque no se investiga estos temas, parece que
Washington ha estado interfiriendo de manera constante.
El presidente Trump afirma que su efectiva
demolición del PAIC es un esfuerzo para negociar una mejora. Es un objetivo que
vale la pena, fácil de realizar. Cualquier preocupación sobre amenazas
nucleares iraníes puede superarse mediante el establecimiento de una zona libre
de armas nucleares (ZLAN) en Oriente Medio, con inspecciones exhaustivas como
las implementadas con éxito bajo el PAIC.
Esto es bastante sencillo. El apoyo regional es
abrumador. Los Estados árabes iniciaron la propuesta hace mucho, y siguen
reclamándola, con el fuerte apoyo de Irán y los antiguos países no alineados
(G-77, ahora 132 países). Europa está de acuerdo. De hecho, sólo hay una
barrera: EE.UU., que de manera regular veta la propuesta cuando surge en las
reuniones de evaluación de los países del Tratado de No Proliferación, la vez
más reciente por parte de Obama en 2015. EE.UU. no permitirá la inspección del
enorme arsenal nuclear israelí, ni siquiera admitirá su existencia, aunque no
hay duda sobre él. El motivo es sencillo: bajo el derecho estadounidense (la
Enmienda Symington), admitir su existencia requeriría finalizar toda ayuda a
Israel.
Así que el método sencillo para acabar con la
presunta preocupación sobre una amenaza iraní queda descartado y el mundo debe
afrontar lúgubres perspectivas.
Ya que apenas se puede mencionar estos temas en
EE.UU., quizás valga la pena reiterar otro asunto prohibido: EE.UU. y Reino
Unido tienen una especial responsabilidad para trabajar para establecer una
ZLAN en Oriente Medio. Están formalmente comprometidos a hacerlo bajo el
Artículo 14 de la Resolución 687 del Consejo de Seguridad de la ONU, que
invocaron en su esfuerzo de preparar cierta base legal débil para su invasión
de Iraq, afirmando que Iraq había violado la resolución con programas de armas
nucleares. Iraq no lo había hecho, como pronto fueron obligados a admitir. Pero
EE.UU. sigue violando la resolución hasta ahora para proteger a su cliente
israelí y para permitir a Washington violar el derecho estadounidense.
Hechos interesantes que, desgraciadamente,
aparentemente son demasiado incendiarios como para ver la luz del día.
No tiene sentido repasar los años que siguieron
en las manos del hombre “enviado por dios para salvar a Israel de Irán” [en
referencia a Trump], en palabras de la figura seria del Gobierno, el secretario
de Estado Mike Pompeo.
Volviendo a la pregunta original, hay mucho que
contemplar respecto a de qué trata el
conflicto. En una frase, en primer lugar. poder imperial, sin importar las
consecuencias.
El término “Estado canalla” (ampliamente usado
por el Departamento de Estado de EE.UU.) se refiere a la búsqueda de los
intereses del Estado sin considerar los estándares de comportamiento
internacional y los principios básicos del derecho internacional. Dada esa
definición, ¿no es EE.UU. un ejemplo estelar de un Estado canalla?
Noam Chomsky: Los responsables del Departamento
de Estado no son los únicos que usan el término “Estado canalla”. También ha
sido usado por prominentes politólogos estadounidenses —en referencia al
Departamento de Estado-. No el de Trump, el de Clinton.
Durante la era de las atrocidades terroristas
asesinas de Reagan en Centroamérica y la invasión de Iraq por Bush,
reconocieron que para gran parte del mundo, EE.UU. estaba “convirtiéndose en la
superpotencia canalla”, considerada “la única gran amenaza exterior para sus
sociedades”, y que, “a los ojos de gran parte del mundo, de hecho, el principal
Estado canalla hoy es Estados Unidos” (el profesor de Ciencias Políticas y
asesor gubernamental Samuel Huntington; el presidente de la Asociación
Estadounidense de Ciencias Políticas Robert Jervis. Ambos en la principal
publicación del establishment, Foreign
Affairs, 1999, 2001).
Después de que Bush tomara el relevo, se
abandonaron las calificaciones. Se afirmó como hecho que EE.UU. “ha asumido
muchos de los mismos rasgos de las ‘naciones canallas’ contra las que ha batallado”.
Otros, fuera del pensamiento dominante en EE.UU., podrían pensar en palabras
diferentes para el peor crimen del milenio, un ejemplo de libro de agresión sin
pretexto creíble, el “supremo delito internacional” de Nuremberg.
Y otros, a veces expresan sus opiniones. Gallup
lleva a cabo encuestas periódicas de opinión internacional. En 2013 (los años
de Obama), preguntó por primera vez qué país es la mayor amenaza para la paz
mundial. Ganó EE.UU.; ninguno más se acercó siquiera. Muy por detrás, en segundo
lugar, estaba Pakistán, presumiblemente inflado por el voto indio. Irán —la
mayor amenaza a la paz mundial en el discurso estadounidense— apenas fue
mencionado. También fue la última vez que se hizo la pregunta, aunque no era
necesario preocuparse mucho. Parece que no se ha informado de ello en EE.UU.
Podríamos reflexionar un poco más sobre estas
cuestiones. Se supone que debemos venerar la Constitución de EE.UU.,
especialmente los conservadores. Por lo tanto, debemos venerar el artículo VI,
que declara que los tratados válidos serán “la ley suprema de la tierra” y las
autoridades deben estar obligados por ellos.
En los años de la posguerra, de lejos el
tratado de este tipo más importante es la Carta de Naciones Unidas, instituida
bajo iniciativa estadounidense. Prohíbe “la amenaza o uso de la fuerza” en los
asuntos internacionales; específicamente, la cantinela común de que “todas las
opciones están abiertas” respecto a Irán. Y todos los casos de recurso a la
fuerza a menos que sea explícitamente autorizado por el Consejo de Seguridad o
en defensa contra ataque armado (una noción interpretada de forma estrecha)
hasta que el Consejo de Seguridad, que debe ser inmediatamente notificado,
pueda actuar para acabar con el ataque.
Podríamos considerar qué aspecto tendría el
mundo si la Constitución de EE.UU. se considerara aplicable a EE.UU., pero
pongamos esa interesante cuestión a un lado, no, sin embargo, sin mencionar que
hay una respetada profesión, llamada “juristas internacionales y profesores de
Derecho”, que pueden explicar de forma culta que las palabras no significan lo
que significan.
Iraq ha tenido problemas desde la invasión
estadounidense de 2003 para mantener una situación equilibrada tanto con
Washington como con Teherán. Sin embargo, el Parlamento iraquí ha votado, tras
el asesinato de Soleimani, expulsar a todas las tropas estadounidenses. ¿Es
probable que esto ocurra? Y, si ocurre, ¿qué impacto tendría en las futuras
relaciones EE.UU.-Irán-Iraq, incluida la lucha contra el ISIS?
Noam Chomsky: No sabemos si ocurrirá. Incluso
si el gobierno iraquí ordena a EE.UU. que se vaya, ¿lo hará? No es obvio y,
como siempre, la opinión pública en EE.UU., si está organizada y comprometida,
puede ayudar a proporcionar una respuesta.
Respecto a Daesh, Trump le acaba de dar nueva
vida, igual que cuando le dio una carta de “sal gratis de la cárcel”, cuando traicionó a los kurdos sirios, dejándoles a merced de sus
acérrimos enemigos Turquía y Asad después de que ellos hubieran cumplido su
función de llevar a cabo la guerra contra ISIS (con 11.000 bajas, comparadas
con media docena de estadounidenses). ISIS se organizó al principio con fugas
de la cárcel y ahora es libre de hacerlo de nuevo.
A ISIS también se le ha dado un regalo de
bienvenida en Iraq. El eminente historiador de Medio Oriente Ervand Abrahamian
observa:
“El asesinato de Soleimani … en realidad ha
proporcionado al ISIS una maravillosa oportunidad de recuperarse. Habrá
seguramente una reaparición del ISIS en Mosul, en el norte de Iraq. Y eso,
paradójicamente, ayudará a Irán, porque el gobierno iraquí no tendrá más
elección que depender cada vez más de Irán [que lideró la defensa de Iraq
contra la embestida del ISIS, bajo mando de Soleimani] para poder contener al
ISIS … Trump ha salido del norte de Iraq, de la zona donde estaba ISIS, segando
la hierba bajo los pies de los kurdos, y ahora ha declarado la guerra contra
las milicias pro-iraníes. Y el Ejército iraquí no ha sido en el pasado capaz de
tratar con el ISIS.
Así que lo obvio ahora es, ¿cómo va a afrontar
el Gobierno iraquí el renacimiento del ISIS? … No tendrán más elección que en
realidad depender cada vez más de Irán. Así que Trump en realidad ha debilitado
su propia política, si quiere eliminar la influencia iraní en Iraq”. Como hizo
W. Bush cuando invadió Iraq.
No deberíamos olvidar, sin embargo, que el
enorme poder se puede recuperar del atontamiento y el fracaso —si la población
interna lo permite.
Putin parece haber superado tácticamente a EE.UU.
no sólo en Siria, sino en cualquier sitio en el frente de Oriente Medio. ¿Qué
busca Moscú en Oriente Medio, y cuál es tu explicación para a la a menudo
infantil diplomacia mostrada por Estados Unidos en la región y de hecho en todo
el mundo?
Noam Chomsky: Un objetivo, sustancialmente
conseguido, era ganar control de Siria. Rusia entró en el conflicto en 2015,
después de que las armas avanzadas suministradas por la CIA a los ejércitos principalmente
yihadistas hubieran detenido a las fuerzas de Asad. Los aviones rusos cambiaron
la situación, y sin preocuparse por el increíble número de víctimas civiles, la
coalición apoyada por Rusia ha tomado el control de la mayor parte del país.
Rusia es ahora el árbitro externo.
En los demás sitios, incluso entre los aliados
de Washington en el Golfo, Putin se ha presentado, aparentemente con cierto
éxito, como el actor externo digno de confianza. La diplomacia (si esa es la
palabra correcta) de elefante en cacharrería de Trump está ganando pocos amigos
fuera de Israel, al cual está prodigando regalos, y los demás miembros de la
alianza reaccionaria que está tomando forma.
Cualquier idea de “poder suave” (soft power) ha
sido más bien abandonada. Pero las reservas estadounidenses de poder duro son
enormes. Ningún otro país puede imponer duras sanciones a voluntad y obligar a
terceras partes a respetarlas, bajo coste de expulsión del sistema financiero
internacional. Y, por supuesto, nadie más tiene cientos de bases militares por
todo el mundo o algo como el poder militar avanzado y la capacidad de recurrir
a la fuerza a voluntad y con impunidad que tiene Washington. La idea de imponer
sanciones contra EE.UU., o cualquier cosa más allá de la crítica tibia, roza lo
grotesco.
Y así es probable que siga, incluso cuando “a
los ojos de gran parte del mundo, de hecho, el principal Estado canalla hoy es
Estados Unidos”, considerablemente más que hace 20 años, cuando se pronunciaron
estas palabras, a menos y hasta que la población obligue al poder del Estado a
seguir un camino diferente.
El lugar de Iraq en el Gran Juego entre EEUU e Irán
Nazanín Armanian
www.publico.es
/ 100120
Si desde el 2003, EEUU y la República Islámica
de Irán (RII) han cohabitado en Iraq, compartiendo el poder sin casi ningún
roce, ¿qué ha provocado de repente un enfrentamiento directo entre ambos en el
suelo del país herido? La curiosa convivencia ha hecho que, por ejemplo, haya
un aparato de inteligencia que realiza actividades “anti iraníes”, y otro, el
Ministerio de Información que hace lo contrario. ¡Calculen cuántos agentes
dobles puede cruzarse en un mismo edificio en un país corrupto!
“A mí me gusta la paz”, respondió Donald Trump
a la pregunta de si iba a haber un ataque militar contra Irán por el asalto a
la embajada de EEUU en Bagdad. El presidente hasta hoy ha resistido a las
presiones de los NeoCon, Israel y el complejo
militar-industrial, que han recurrido a multitud de
provocaciones para empujarle a la guerra. Israel, después de atacar
las bases de las fuerzas proiraníes en Siria hasta 200 veces en los dos últimos
años, empezó el julio pasado lanzar misiles sobre las milicias irano-iraquíes
de las Unidades de Movilización Populares (UMP) en el territorio iraquí. El
último, el 29 de diciembre, en el que también participó EEUU, matando a 24 de sus
hombres.
“Anoche tomamos unas medidas para detener una
guerra» es la enigmática frase que pronunció Trump justo después
de asesinar a Gasem Soleimani, y dado que Teherán no tenía ningún
plan para enfrentarse con EEUU, ¿estaba refiriéndose a que impidió un masivo
ataque de Israel sobre las sedes de la UMP en Iraq, lo cual hubiera provocado
una gran guerra implicando a Irán y EEUU? Si es así, ¿Es posible que el
presidente de EEUU haya ofrecido la cabeza del jefe iraní de la red
anti-israelí de Quds («Sagrada, nombre árabe de Jerusalén»), a cambió de que
Tel Aviv renunciara a tal locura? Después de la Operación Babilonia del 1981,
en la que Israel bombardeó un reactor nuclear de Iraq, es la primera vez que
vuelve a atacar este país, y con total impunidad, como de costumbre. Israel
tiene prisa para acabar con Irán, no está seguro de la reelección de Trump, y
los demócratas han prometido rescatar el acuerdo nuclear con Irán si recuperan
el poder en noviembre. John Kerry recordó al Congreso que fue Netanyahu quien
aconsejaba a EEUU invadir Irak, con falsos argumentos.
Trump necesita el dinero del lobby judío para
su campaña electoral. En 2016, el magnate judío de casinos Sheldon Adelson le
donó 25 millones de dólares con la condición de que se enfrentase a Irán, y si
es con la bomba nuclear, mejor, había dicho. “Mantener a las fuerzas militares
de EEUU en Oriente Próximo, ya no es por el petróleo; es para proteger a
Israel”, confesó Trump en noviembre de 2018, aunque no reveló los motivos
de esta extraña relación de pareja.
La televisión iraquí informó que Soleimani cayó
en una emboscada: había sido convocado para ir a recoger un supuesto mensaje de
EEUU depositado en sus contactos en Bagdad. Según el general iraní Ali Fadavi,
Trump había enviado un mensaje a Teherán pidiéndole “proporcionalidad en su
represalia”, lo que justamente iba a hacer, aplicando la ley del ojo por ojo:
matar a un alto cargo de EEUU, que no a cientos de ellos en una guerra. En esta
línea, el diario Independent en persa, afirma que el ataque de Irán a las bases
de EEUU en Iraq había sido pactado y su personal había sido evacuado antes de
los disparos.
Aun así, esta guerra
tiene su “lógica” y este tipo de pactos no podrá impedirla. La
guerra económica, política y psicológica contra Irán entra en su fase bélica,
aunque de momento de baja intensidad.
¿Qué
busca Irán en Iraq?
Cientos de años antes de naciera EEUU, los
actuales territorios de Iraq eran una provincia del Imperio Persa, y Bagdad
(«Jardín de la Justicia» en persa) era un paraíso terrenal. Irán lo pierde con
el imperio otomano, en una guerra en el siglo XVI, y los otomanos lo entregaron
al imperio británico en la Primera Guerra Mundial. Será en 1979 y con la
revolución iraní, cuando EEUU organiza una serie de golpes de estado en la
región, asegurando sus intereses: en Iraq, eleva al
poder a Sadam Husein, jefe de la inteligencia y el asesino de miles
de comunistas y de otros demócratas iraquíes, mientras otro mandatario
profundamente anticomunista, ayatolá Jomeini, es trasladado desde Francia a
Irán, país con una poderosa izquierda y una amplia frontera con la URSS. La
recién instalada teocracia de extrema derecha, tras abortar la
revolución democrática, se enfrenta a tres enemigos: la Unión
Soviética, Iraq e Israel. Éste último toma en serio la intención de Jomeini de
cruzar Iraq con sus tropas para llegar a Jerusalén y devolverlo a los
musulmanes (que no a los palestinos). Al no ganar la guerra del 1980-1988 a
Saddam, la RII abandona este sueño y asigna a la Fuerza de Quds la misión de
proteger al régimen islámico de Israel con un cinturón de seguridad -extendido
desde Afganistán a Iraq, pasándolo por Siria, Gaza y el Líbano, mientras
convierte el pragmatismo y el realpolitik
(con Israel y EEUU) en sus principios de la política exterior. Y
allí está el llamado “dilema de seguridad”: ¿No es justamente este
expansionismo del chiismo iraní uno de los motivos de las amenazas a la
seguridad de Irán?
En 1991, al desparecer tanto Saddam Husein como
la URSS, la RII consigue ampliar su influencia por toda la región, incluido
Iraq. Que Bush instalara en Bagdad una teocracia chiita fue un regalo de Alá
para la RII y una pesadilla para Israel, Turquía y Arabia Saudí. Muchos de sus
nuevos mandatarios habían estado exiliados en el Irán de Jomeini, aunque, al
contrario de otras potencias extranjeras, la RII no solo ha trabajado entre la
élite iraquí para conseguir favores, sino que también ha creado media docena de
milicias que organizan a decenas de miles de hombres armados, y una vasta red
social y religiosa ante la que se presenta como una “alternativa benigna” al
dominio de EEUU.
El nivel de la influencia de Irán en Iraq es
tal que el 30 de octubre, el primer ministro Abdul Mahdi –rostro de la
kakistocracia iraquí-, declaró que iba a dimitir para adelantar las
elecciones parlamentarias. Cambió de idea dos días después, tras un encuentro
con Soleimani en Bagdad: resistirá ante las presiones del “enemigo”,
refiriéndose a decenas de miles de manifestantes sin agua, sin luz, y sin
trabajo.
Iraq es el mayor socio comercial de Irán, donde
la RII neutraliza las sanciones impuestas por Trump, y es desde donde accede a
Siria, y de allí al Líbano y Palestina. Ninguna medida hará que la RII disuelva
a la Fuerza Quds, a pesar de que se enfrenta a la peor crisis política y
económica da su historia. De momento, seguirá la misma política que en Siria:
no contestar a los ataques de Israel y EEUU, más allá de lo necesario de cara a
su base social. La prioridad de los ayatolás en Iraq es impedir un gobierno
hostil.
Iraq en
los proyectos de EEUU
La caída de Pahleví (el Sha) demostró a EEUU
que los títeres no se salvan de la sublevación popular. De modo que Henry
Kissinger presentó su doctrina de Dual Containment Policy («la política de la
doble contención»): habría que frenar el desarrollo económico, social, político
y militar de Iraq e Irán, -las principales reservas de hidrocarburo del
planeta, ubicados en las proximidades de la URSS y China-, condenándoles al
subdesarrollado para así poder someterlos a largo plazo. ¡Vale! ¿Cómo
conseguirlo?
Entre 1980 y 1988 imponen a ambos países una
devastadora guerra, que mata a un millón de jóvenes, deja mutilados a millones
y destruye gran parte de las infraestructuras de sus países. Tres años después,
coincidiendo con el fin de la URSS, EEUU lidera el ataque de unos 40 países al pequeño
Iraq en una gran guerra de patraña y
anuncia el Nuevo Orden Mundial, dirigido por capitalismo estadounidense. En
2003, remata la misión con el objetivo de:
+Encontrar una salida a la deuda externa de
EEUU.
+Animar el negocio de armas que dejó de ganar
dinero con la desaparición del “enemigo rojo”.
+Privar a los palestinos del único país árabe
que le defendía; Saddam fue un déspota y hombre reaccionario, pero también fue
un firme antiisraelí. Con su ejecución, el país judío consiguió acceder al
petróleo iraquí, a través de la región kurda.
+Convertir a Iraq, ubicado en el corazón de
Oriente Próximo, en una colonia, instalando allí la embajada más grande del
mundo, desde donde los siniestros John Negroponte (el promotor del Batallón
3-16 en Honduras) y Robert Ford organizarán el “divide y gobierna” mediante los
Escuadrones de Muerte chiitas y sunnitas, para hundir el país en un caos
controlado que dura hasta hoy. Ford, luego, fue enviado a Damasco en enero del
2011 como embajador de EEUU: ¿no fue en esta fecha cuando empezaron a
estallar los coche-bombas y la guerra contra Siria? EEUU cuenta en
Iraq con 12 bases militares. Después, EEUU-Israel desmantelarán otros estados
árabes: Libia y Siria.
Sin embargo, EEUU no ha conseguido
desnacionalizar los 112.000 millones de barriles de petróleo iraquí. Es más,
China es el principal comprador de su crudo, y desde 2014 también es el mayor
inversor extranjero en el país y su principal socio comercial. Washington no
perdonará a Mahdi, por convertir a Iraq en el primer país de la región en
firmar un preacuerdo con Beijín para integrarse en el megaproyecto de la Ruta
de la Seda.
EEUU puede perder a Iraq, como lo hizo con
Pakistán, uno de los pilares de su dominio en Asia Central: violó su soberanía
enviando sus drones que mataron a miles de personas “buscando al espíritu de Bin Laden”, y humilló a sus
mandatarios: el asalto a la supuesta
casa del terrorista saudí fue la guinda, con la que provocó la quema
de decenas de convoyes de la OTAN que transportaban alimentos y municiones a
los 300.000 soldados en Afganistán. Al final, el “País de los Inmaculados” (así
significa Paquistán en persa y urdu) dio un giro
radical hacia China.
A EEUU le será imposible expulsar a la RII de
Iraq, salvo que
1)
consiga colocar en el poder a un hombre fuerte-sunnita-anti iraní, quien tras
provocar un baño de sangre se haga con el poder absoluto en todo Iraq, o
2) envíe, de nuevo, a miles de “yihadistas”
sunnitas, y tras una larga guerra civil divida el país en mini estados.
La gran guerra entre
EEUU e Irán solo empezará cuando Washington o Tel Aviv crucen la
Línea Roja de atacar el territorio iraní, mientras,
su campo de batalla seguirá siendo el suelo de otras naciones, sobre todo Iraq.
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