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"O es del pueblo, de todos por igual, o la Iglesia no nos lleva a Dios"


José M. Castillo S.
www.religiondigital.org / 02.07.2019

Las declaraciones, que ha hecho el Nuncio de la Santa Sede, al despedirse de la Nunciatura de Madrid, están dando que hablar por un motivo comprensible. El representante oficial del Papa en España se ha despedido haciendo alusiones o dando su opinión sobre un problema, el enterramiento del dictador Franco, ante el que muchos españoles no son indiferentes.   

Al hablar de este asunto, mi intención no es pronunciarme a favor o en contra del Nuncio cesante. Lo que pretendo es indicar el problema de fondo que se oculta en todo este asunto. Un problema que mucha gente no se imagina, pero que tiene más actualidad y envergadura de lo que normalmente se suele pensar o decir en estos casos.

¿A qué me refiero? El centro y eje del cristianismo, como bien sabemos, es el Evangelio. Y en el Evangelio, todo se centra en torno al personaje capital, que es Jesús. Pues bien, si la Iglesia tiene su origen en el Evangelio y su razón de ser es hacer presente ese mismo Evangelio, resulta evidente que los representantes oficiales de la Iglesia no pueden ir por el mundo haciendo y diciendo exactamente lo contrario de lo que, según los evangelios, Jesús hizo y dijo mientras estuvo en la tierra.

Esto supuesto, si algo hay claro en los evangelios es que Jesús fue un hombre profundamente religioso, que hablaba constantemente de su relación (y de nuestra relación) con el Padre del cielo. Y se pasaba las noches enteras en oración a Dios. Pero siempre hizo esas cosas de tal forma, que la vida de Jesús transcurrió, no sólo al margen de la “religión oficial”, la religión del templo y de los sacerdotes, sino que –sobre todo y como bien sabemos– Jesús “se enfrentó directamente” al templo y sus funcionarios, a muchos de sus rituales y ceremonias y al “yugo” (Mt 11, 29) de normas que los clérigos aquéllos le imponían a la gente. 

Jesús se enfrentó directamente al templo y sus funcionarios

De tal forma que Jesús entendió y practicó la religión de tal manera, que aquello terminó en un conflicto mortal. Porque, como es bien sabido, fue el Sanedrín (el Consejo Supremo de la Religión) el que condenó a muerte a Jesús (Jn 11, 47-53). Y el que forzó a las autoridades civiles y militares para que ejecutaran la sentencia de la forma más cruel que había entonces.

Esto es lo que ocurrió. Pero ¿por qué se produjo aquel crimen? No fue por defender la religión, que estaba bien defendida. Ni fue por proteger a los sacerdotes y sus ganancias. El templo y sus hombres eran la gran fuente de riqueza que tenía Jerusalén en aquel tiempo, como bien han demostrado los mejores estudiosos de esta historia (cf. J. Jeremias, Jerusalén en tiempos de Jesús, Madrid, Cristiandad, 1977).

Entonces, ¿por qué persiguieron y mataron a Jesús? Sencillamente porque Jesús vio, con claridad meridiana, que lo más urgente y apremiante, en este mundo, no es el sometimiento a los que tienen el poder, aunque sea el poder sagrado de la religión. Lo más importante, que no admite espera, es remediar el sufrimiento de los que no pueden seguir, hundidos como están en sus carencias y miserias. Por eso Jesús curaba a los enfermos, acogía a pecadores y extranjeros, defendía a las mujeres, se ponía de parte de niños, mendigos y gente desamparada.
Sin duda alguna, todo esto es lo que irritaba a los hombres de la religión. Sobre todo, cuando Jesús les dijo en su cara que habían hecho del templo “una cueva de bandidos”. ¿No se daban cuenta los “profesionales de lo sagrado” -los de entonces y los de ahora- que la religión o es “laica” (del pueblo, de todos por igual) o no es religión, es decir, no nos lleva a Dios, porque a donde nos lleva derechos es a la tranquilidad de la conciencia y al “señorío del disparate”, como ha dejado patente el Nuncio que se va?

Y es que, cuando un colectivo de hombres se cree que es superior a los demás, porque sabe más y puede más que los demás, ¿no se puede sospechar con fundamento que la experiencia religiosa que nos predica ese colectivo ya no es de fiar, porque nos remite a una falsa religión?

Cada día veo más claro que la religión del futuro es la “religión laica”. Que no es la religión que niega a Dios. Eso es una burda contradicción. La “religión laica” es la religión que nos iguala a todos. Y a todos nos concentra en la firme convicción que se centra en este criterio: una conducta ética tan honesta y tan transparente que no tenga más explicación que la existencia de un más allá y la experiencia de un Padre que es la clave que explica lo que nunca llegaremos a explicar.  


Rarámuris: romper el kórima y el despojo del Estado


Magdalena Gómez

A finales de 2005, Miroslava Breach (+) dio cuenta en La Jornada (7/11/05) de un inédito plantón de 150 rarámuris del ejido Pino Gordo (Choreáchi) en la Plaza Hidalgo, frente al palacio de gobierno en Chihuahua. Se trasladaron 850 kilómetros desde el municipio de Guadalupe y Calvo para defender sus derechos agrarios en sus tierras y bosques. En otros pueblos, desde varias décadas atrás, ha sido común observar este tipo de movilizaciones, pero no es el caso de los rarámuris , en aquel momento, abrían una etapa de lucha jurídica y política frente al Estado y los chabochis (mestizos) que les han despojado. De esa lucha contemporánea hace parte la marcha rarámuri por trabajo que se inició en Creel el pasado 15 de julio.

Juan Luis Sariego (+) analizó el fracaso del indigenismo oficial en la sierra Tarahumara, cuya vertiente central está vigente, esto es la definición de programas sin la participación de los pueblos indígenas y en el caso rarámuri el enfoque oficial prevaleciente resulta más acorde, ideológicamente, con la Ley para el Mejoramiento de la Raza Tarahumara de 1906. Dicha ley se propuso excitar a la filantropía para reunir ropa y objetos del agrado de los indios y así despertar sentimientos de cariño hacia la raza blanca, entre otras disposiciones similares.

Hoy tenemos que el gobierno del estado, a través de la Comisión Estatal de los Pueblos Indígenas y la Comisión Estatal de Seguridad, inició la colecta de útiles escolares para estudiantes indígenas en Ciudad Juárez como parte, señalan, de las actividades del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se conmemora cada 9 de agosto. El llamado a la filantropía ciudadana de mochilas es el eje de una campaña oficial que va en su tercer año de kórima (que implica pedir y recibir).

Justamente la marcha por trabajo de cerca de 250 rarámuris de los municipios de Bocoyna, Guachochi, Urique (cuya foto y nota colocó La Jornada en primera plana, como ningún diario nacional lo ha hecho (17/7/19), se deslinda de la tradicional despensa y cobijas con las que desde el gobierno históricamente han pretendido paliar la dramática situación que viven los rarámuris, agravada por la economía del narcotráfico y su secuela de violencia y desplazamientos forzosos.

Isidro Rodríguez encabezó la marcha junto al gobernador rarámuri, Miguel Reyes Névarez, y señalaron: nosotros pedimos trabajo, ya no queremos kórima, es decir cosas regaladas ni donaciones queremos un programa para indígenas, no de despensas, ni dinero, que dé empleos. La exigencia en la marcha se basa en la falta de trabajo en las comunidades de la sierra y que se les incorpore en los programas como Sembrando Vida, ya que no se reciben programas del municipio, del estado ni de la Federación. Necesitan condiciones mínimas para cuidar la tierra y los bosques en un contexto de graves carencias, amenazas y acosos.

El delegado federal Juan Carlos Loera fue al encuentro, se reunió con ellos, y tras ofrecer la inclusión en otros programas, se acordó suspenderla y concretar los compromisos en unos días, con una comisión de rarámuris. Al respecto, uno de los promotores de la movilización, señaló: repartieron miles y miles de billetes de palabra, pero no sabemos si de aquí a allá se cumpla.

Estamos ante la punta del iceberg que debería obligar a un replanteamiento de la política hacia los pueblos indígenas. Los programas que se han ofrecido, se definieron desde el centro, más específico aún, los decidió el presidente y hay que insistir, se dirigen a algunos, no a todos los que aparecen en unos censos, no a sus comunidades. Ello tiene implicaciones de fondo. Por ejemplo, AMLO visitó el pasado 15 de junio Ciudad Cuauhtémoc y sus funcionarios le organizaron la recepción con jóvenes rarámuris vestidas todas igual, cual edecanes, y su discurso fue similar al que pronuncia en todo el país; ese día enfatizó el cuestionamiento hacia la xenofobia contra los migrantes, cuya preocupación le pareció pertinente expresar. Por ahí pasó alguien que dijo tenemos hambre como un intento de colocar su situación, sin que en ese momento pusiera atención al señalamiento.

En otro extremo está la necesidad de colocar la mirada en las opciones de los rarámuris. Ya es importante que ese núcleo movilizado rechazara el círculo vicioso del horizonte del kórima, que se negaran a dar entrada a políticos profesionales para que lucren con sus demandas, que estén muy claros de que es el gobierno federal el que tiene la obligación de apoyar a sus pueblos, más allá de becas individuales. Existe el riesgo de que se incluya en programas sólo a los participantes en la marcha y con ello se simule que se está atendiendo a todo el pueblo rarámuri.


Brutal represión en las cárceles y abusos en los tribunales


Human Rights Watch
www.envio.org.ni / julio 2019

El 19 de junio, José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch, presentó en Washington un informe sobre los abusos sufridos por los presos políticos nicaragüenses: torturas en las cárceles y procesos viciados en los tribunales. Al presentar el informe, Vivanco afirmó: “Ortega y Murillo son unos parias internacionales que han construido en Nicaragua una tiranía. Por eso, la presión internacional no puede cesar. Este régimen no entiende más lenguaje que el de la presión”.

El presente informe analiza qué ocurrió, tras la represión en las calles, a muchos de los cientos de personas detenidas por policías o secuestradas por bandas armadas partidarias del gobierno. El informe se elaboró a partir de investigaciones realizadas en Nicaragua y Costa Rica, y de un análisis de fuentes oficiales. Muchas de las víctimas de abusos que hablaron con nosotros manifestaron que esperaban que, al contarnos lo sucedido, pudieran evitar que otras personas sufran lo mismo.

CON QUIÉNES HABLAMOS

Human Rights Watch entrevistó a 12 ex-detenidos, de los cuales 11 señalaron haber sufrido uno o más de estos abusos (golpes, descargas eléctricas, quemaduras, desnudez forzada, violación sexual...). Siete de estas víctimas indicaron haber presenciado abusos similares contra otras 39 personas. Human Rights Watch realizó investigaciones en el terreno en Nicaragua y Costa Rica en septiembre de 2018. En Nicaragua, visitó las ciudades de Managua, Jinotepe y Masaya. En Costa Rica realizamos entrevistas a nicaragüenses que habían huido del país, en las provincias de San José, Cartago y Heredia, y en una cuarta localidad en la frontera con Nicaragua...

Todas las personas entrevistadas fueron informadas de la finalidad de la entrevista, su naturaleza voluntaria y las formas en que sería utilizada la información…

En la mayoría de los países donde Human Rights Watch trabaja, la práctica consiste en intentar concertar entrevistas con funcionarios gubernamentales. No obstante, en la investigación llevada a cabo para este informe, Human Rights Watch optó por no entablar contacto con funcionarios gubernamentales ni darle visibilidad a nuestra presencia en el país. Adoptamos esta decisión por temor a las posibles consecuencias para víctimas y defensores de derechos humanos, por el riesgo que podría implicar para nuestra posibilidad de efectuar el trabajo y por la seguridad de nuestro equipo.

Human Rights Watch también entrevistó a tres médicos que atendieron a personas que sufrieron abusos mientras estuvieron detenidas o a manifestantes heridos durante la “Operación limpieza”. Dos de ellos coordinaban una red de otros médicos y estudiantes de medicina que brindaban atención médica. Si bien no atendieron a los detenidos cuyos casos se describen en este informe, los tipos de lesiones que describieron y los testimonios de sus pacientes -que compartieron en forma confidencial con Human Rights Watch- coinciden con nuestras conclusiones sobre los casos de torturas.

Los tres médicos entrevistados por Human Rights Watch (que proporcionaron atención a pacientes, a pesar de las amenazas de las autoridades para que no lo hicieran y a una directiva enviada a los hospitales públicos para que no atendieran a manifestantes contrarios al gobierno) sufrieron hostigamiento por parte de autoridades nicaragüenses y tuvieron que irse del país.

La Asociación Médica Nicaragüense indicó que casi 300 médicos, enfermeros o trabajadores de la salud han sido despedidos por atender a manifestantes.

“ME VIOLARON TODOS, YO PEDÍA AUXILIO, NADIE ME PODÍA AYUDAR”

Este relato se basa en una entrevista con Vivian Contreras (seudónimo), realizada en septiembre de 2018.

Una noche a principios de junio de 2018, Contreras caminaba por un vecindario de Masaya con una decena de manifestantes. De repente, apareció una camioneta pick-up blanca que transportaba policías, quienes comenzaron a dispararles a Contreras y al grupo. “No pudimos correr muy lejos, porque estábamos rodeados por policías”, contó Contreras a Human Rights Watch.

El subdirector de la Policía, comisionado Ramón Avellán, se encontraba entre los que la detuvieron. Le apoyó el arma en la cabeza y le advirtió: “Vos puta, te voy a matar”. Si bien Contreras afirmó que estaba actuando como paramédica y que no estaba armada, algunos de los hombres que la acompañaban tenían morteros de fabricación casera.

Cuando llegaron a la dependencia policial, a pocos cientos de metros de distancia, todos, incluidos los cocineros, el personal de limpieza y policías antidisturbios, les propinaron golpes. “A mí me golpearon la cabeza contra la pared”, indicó Contreras. Los policías los obligaron a ella y a los demás a sentarse en el piso y les tomaron fotografías junto a los morteros caseros y a otras armas que los policías les colocaron para incriminarlos. Los policías amenazaron con matarlos y arrojar sus cuerpos al costado de la carretera o a un volcán que hay en la zona.

En la madrugada siguiente, contó Contreras, cinco policías la violaron en grupo. Los agentes la llevaron a una sala en la dependencia, la sentaron en una silla y le vendaron los ojos. “Me violaron todos ellos, me hicieron lo que querían hacerme. Me hicieron muchas cosas que no puedo describir... Me lastimaron y me golpearon mucho… Gritaba, pedía auxilio, nadie me podía ayudar porque eran ellos mismos…”

“PEDÍ UN ABOGADO, ME DIJERON QUE NO TENÍA DERECHO”

Más tarde, ese día los policías trasladaron a Contreras y a los hombres detenidos con ella a la cárcel El Chipote. Varias policías de sexo femenino los amenazaron durante todo el recorrido, diciéndoles que iban a matarlos o que nunca los dejarían salir de la cárcel.

En El Chipote, un policía de alto rango arrojó a Contreras contra la pared y le dijo: “Hija de puta, zorra, vos sos la cabeza de las bandas, vos sos la que anda de delincuente, de terrorista en contra del gobierno. De aquí no vas a salir, hija de puta, de eso me encargo yo”.

El interrogatorio comenzó ese mismo día. “Pedí asistencia de un abogado, pero me dijeron que no tenía derecho a eso”. Aunque estaba adolorida a causa de la violación grupal y la golpiza, un policía y dos mujeres policías interrogaron a Contreras por lo menos en ocho oportunidades, la mayoría de las veces mientras estaba desnuda.

Los policías profirieron amenazas contra los hijos y la madre de Contreras, llamándolos por su nombre y asegurando que iban a detenerlos y a dispararles en la cabeza si ella no denunciaba a líderes del Movimiento 19 de abril y a otros líderes de la oposición.
“Cuando hablaron de mi mamá, me puse a llorar. Les dije: pídanme lo que quieran, pero no se metan con mi familia”. Entre un interrogatorio y el siguiente, la dejaban desnuda en una celda que describió como “helada, sola, oscura con olor fétido como si hubiera habido un muerto ahí”.

“TE VAMOS A VIGILAR”

Poco antes de liberarla, los policías amenazaron a Contreras para persuadirla de que leyera frente a una cámara una confesión que ellos mismos habían redactado, en la que tenía que acusar a varios líderes opositores.

“Me dieron cuatro hojas de papel que yo tenía que leer sentada frente a una cámara, esposada a la silla y el papel de frente… y el policía de frente con un AK apuntándome. Pero ningún video salió bien. Ellos querían que yo mirara a la cámara sin leer el papel”.

Al cabo de un día y medio de detención, la policía liberó a Contreras por la presión de una organización de derechos humanos y de la iglesia católica. Al liberarla, varios policías le dijeron “te vamos a vigilar”. Contreras regresó a Masaya y siguió participando en tranques y barricadas, hasta que fueron desmanteladas durante la “Operación limpieza” el 18 de julio. Huyó de Nicaragua y llegó a Costa Rica tres días después.

“LLEGAMOS A UN LUGAR CLANDESTINO”

Este relato se basa en una entrevista con Jordan Rivas (seudónimo), de 23 años, realizada en septiembre de 2018.

Rivas, un activista relacionado con el movimiento estudiantil, fue detenido a fines de mayo de 2018, junto con otro líder estudiantil. Habían pasado dos noches escondiéndose, tras un conflicto entre grupos estudiantiles, que hizo que el grupo de Rivas fuera expulsado de un área de tranques donde los estudiantes habían instalado su base. “Me quedaba sin dinero, sin ropa, sin comida y yo dije: voy a ir a la casa de mi mamá para tomar mi tarjeta de banco y mi pasaporte. Mi amigo quería bañarse y fuimos juntos”.

Cuando salieron de la vivienda, algunas horas más tarde, cinco camionetas pick up con hombres armados y encapuchados los interceptaron. Rivas dijo que uno lo tomó del cabello, lo arrojó al suelo y subió por la fuerza a ambos al interior de la camioneta. Los hombres encapuchados los golpearon durante todo el camino al centro de detención.

Al llegar, la policía registró sus bolsos y encontró el documento de identidad de Rivas. “Estos son los líderes”, se dijeron los agentes. Les vendaron los ojos, los empujaron al interior de un pequeño autobús, y se los llevaron. Durante el viaje, los encapuchados continuaron golpeándolos. “Después de dos o tres horas llegamos a un lugar clandestino que parecía una hacienda”, recordó Rivas.

GOLPEADO COMO PIÑATA

Los encapuchados llevaron a Rivas y a su amigo por la fuerza a una sala y les quitaron las vendas. Les dijeron que jugarían con ellos a “una suerte de ruleta”. Era una rueda con distintos tipos de tortura que sus captores hacían girar.

Rivas contó que la aguja se paró en “piñata”. Entonces, un hombre que parecía estar al mando ordenó que le dieran ese tratamiento a Rivas. “Me encapucharon otra vez, me pusieron esposas de plástico y me suspendieron del techo y me golpearon”. Durante dos días, varios de sus captores lo golpearon en reiteradas oportunidades con objetos contundentes mientras colgaba del techo.

Mientras a Rivas le tocó en la ruleta la “piñata”, para su amigo la aguja apuntó al “grito de Tarzán”. Consistía en arrancarle las uñas. Rivas también contó que escuchó que en el lugar los policías violaban a Jossiel Espinoza (seudónimo), otro ex-detenido, entrevistado también por Human Rights Watch.

Tras la tortura de la piñata, Rivas fue sometido a la prueba del polígrafo. “Me pusieron cables después de los dos días y me dijeron que me iban a hacer un cuestionario y si respondía correctamente, me podía ir a mi casa”. Sus captores lo interrogaron sobre la identidad de líderes estudiantiles, pero algunas de las respuestas parecían no satisfacer a los interrogadores, que continuaron golpeándolo.

Después de un rato sus captores lo llevaron a otra sala en el mismo edificio. Allí, un hombre mayor se presentó como “El Águila” y le dijo que no había “pasado la prueba” y que no podría irse si no cooperaba. Otro hombre, que se hacía llamar “El Cóndor”, le pidió a Rivas que denunciara a otro estudiante que, según afirmaba “El Cóndor”, había participado en una movilización contra el gobierno.

MATAR AL OBISPO SILVIO BÁEZ ERA LA ORDEN

Finalmente, Rivas fue llevado a una tercera sala. Allí, “El Cóndor” lo presentó a un hombre encapuchado. “El Cóndor” le dijo: “Habla con él, él te puede ayudar a salir”.

El hombre encapuchado se acercó y le dijo que nada de lo que Rivas había dicho era de utilidad y señaló que si quería irse tendría que leer un texto frente a una cámara. El texto consistía en una confesión de que él había cometido diversos delitos, incluidos asesinatos y quema de edificios. Rivas cumplió con la exigencia. El encapuchado le entregó a Rivas un teléfono celular y le dijo que llamaría en unos días y que recibiría instrucciones. Y que si no cumplía alguien mataría a su familia.

Los policías condujeron a Rivas de regreso a Managua y lo dejaron en una calle cerca de su casa. “Me dijeron: no le digas a nadie lo que pasó”. Tres días después de su liberación, el teléfono celular sonó. Una voz similar a la del hombre encapuchado le ordenó que matara al obispo Silvio Báez, asegurándole que la policía lo protegería una vez que lo hubiera hecho. Rivas no cumplió la orden y escapó a Costa Rica.

“DOLÍA TANTO...GRITABA, LLORABA”

Este relato se basa en una entrevista con Jossiel Espinoza (seudónimo), de 26 años, realizada en julio de 2018.

Un día de fines de mayo de 2018, Espinoza se trasladaba desde los tranques de manifestantes en una de las universidades de Managua hasta la casa de un amigo, cuando lo interceptaron cerca de 40 hombres encapuchados que conducían camionetas y automóviles. Inmediatamente lo golpearon, le introdujeron una media en la boca y le ataron las manos.

“Me llevaron a una prisión clandestina. Parecía una hacienda, un edificio nuevo”. Calculó que entre 40 y 60 personas trabajaban en ese centro de detención clandestino.

Allí, varios policías interrogaron a Espinoza y lo sometieron a diferentes formas de tortura y malos tratos, incluidas descargas eléctricas, golpizas, violación sexual, privación del sueño y simulacros de ejecución. “Me hicieron acostar en el piso, con la cara cubierta por un trozo de tela y me arrojaron un balde de agua en la cara, me ahogaba. Recuerdo que me desmayé y que luego me estaban intentando reanimar y yo vomitaba agua por la nariz y la boca”.

Los que estaban al mando del centro de detención clandestina lo arrojaron desnudo a una celda y le administraron descargas eléctricas con un chuzo y una chicharra eléctrica, evitando que se durmiera. “Dolía tanto que sentí que el corazón se me salía del pecho. Me arrojaban agua y luego me aplicaban la electricidad cada vez que veían que me estaba durmiendo. Me torturaron con descargas eléctricas en los genitales. Gritaba del dolor y luego lloraba”.

“ESA TORTURA ME QUEBRÓ”

Espinoza dijo que había alrededor de otros 20 detenidos, que eran torturados en el centro, incluidos algunos, a los que colgaban del techo por las muñecas y a otros a los que les arrancaban las uñas.

En algún momento, escuchó sonidos de una habitación cercana que supuso provenían de una muchacha que estaba siendo violada sexualmente. Él gritó que dejaran de hacerlo. “Por este motivo me torturaron introduciéndome la manigueta de un lanzamortero en el ano. Grité. Me dijeron que lo recordaría toda mi vida. Pateaban el tubo mientras me lo introducían, hasta que me hicieron sangrar... Pasé varios días con un dolor intenso y no dejaba de sangrar. Eso me quebró”.

Espinoza explicó que luego fue obligado a grabar un video autoincriminatorio: “Me hicieron aprender un guion mientras me apuntaban con un rifle AK 47. Me obligaron a hablar ante una cámara y a decir lo que ellos querían: que yo era miembro de un grupo terrorista, que mataría al obispo Silvio Báez y que teníamos armas”.
Cuando fue liberado la policía le advirtió a Espinoza que no contara lo sucedido en el centro de detención clandestino. Lo subieron a un automóvil y lo dejaron en una calle con instrucciones de que rezara y contara antes de mirar hacia atrás. Luego se alejaron y cuando Espinoza levantó la vista, ya se habían ido. Espinoza huyó a Estados Unidos.

HABLAMOS CON DETENIDOS Y PROCESADOS

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), hasta febrero de 2019, por lo menos 777 personas habían sido detenidas durante la represión de manifestaciones y actividades contra el gobierno.

El 29 de febrero de 2019 la presidenta de la Corte Suprema, Alba Luz Ramos Vanegas, señaló: “No hay presos políticos en Nicaragua y todos los aprehendidos son presentados a la justicia por haber cometido algún delito durante los tranques en los meses de abril a julio”.

Human Rights Watch analizó los casos de 15 personas procesadas por supuestos delitos vinculados con su participación en las manifestaciones u otras actividades contra el gobierno. Los 15 casos incluyen, tanto a conocidos activistas como a ciudadanos de a pie, de entre 20 y 63 años, que participaron en las manifestaciones o que formularon declaraciones críticas contra el gobierno en siete ciudades de Nicaragua: Estelí, Jinotepe, León, Managua, Matagalpa, Masaya y Nueva Guinea.

Algunos han expresado críticas al gobierno de Ortega desde hace tiempo, mientras que en otros casos se trataba de personas que antes apoyaban incondicionalmente al gobierno, pero comenzaron a cuestionarlo al intensificarse la represión contra los manifestantes. En todos los casos, se acusó a los manifestantes de delitos graves y violentos.

PROCESOS JUDICIALES PLAGADOS DE ABUSOS

En todos los procesos judiciales que analizamos se cometieron violaciones a las garantías del debido proceso y a otros derechos.

-Se los mantuvo incomunicados antes de ser llevados ante un juez y en 12 de los 15 casos estuvieron detenidos más de dos días hasta ser presentados ante un juez, en violación al plazo máximo de 48 horas previsto en la Constitución.

En 5 de los casos que documentamos, sus familiares o abogados manifestaron no haber tenido información sobre su paradero durante períodos de entre 4 y 22 días. Cuatro de esos casos constituyeron desapariciones forzadas, conforme a la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos. Varios detenidos contaron a sus familiares haber sufrido golpizas, torturas o maltratos durante la detención. Incluso, se les había negado acceso a atención de salud.

-A menudo, autoridades policiales en Managua organizaron conferencias de prensa en las cuales mostraron a los detenidos ante la prensa, acusándolos de “terroristas” antes de llevarlos ante un juez. Después, los medios de comunicación oficialistas lanzaban una campaña de desprestigio en la cual los calificaban de “terroristas” y los mostraban encadenados y con ropa de presidiarios, violando así su derecho a la presunción de inocencia.

-Se privó a las personas detenidas de su derecho a conversar en forma libre y privada con sus abogados. En dos casos en los que se permitió a los abogados defensores visitar a sus clientes en la cárcel, tuvieron que hablar con ellos en presencia de policías, guardias penitenciarios, fiscales y/o jueces.

-Se realizaron audiencias judiciales a puertas cerradas. El derecho interno y los estándares interamericanos de derechos humanos exigen celebrar audiencias abiertas, salvo en determinadas circunstancias. A familiares de los detenidos y a los medios considerados críticos del gobierno se les impidió ingresar a las audiencias, en especial cuando se iniciaba un proceso penal.

Se permitió a los familiares ingresar a la sala una vez finalizados los procedimientos, para ver a los acusados por unos minutos. En agosto de 2018 la Corte Suprema prohibió a órganos internacionales de derechos humanos ingresar a los tribunales durante las audiencias.

Combinadas, todas estas violaciones de derechos humanos cercenan gravemente el derecho de los acusados a un juicio justo.

FALTA DE INDEPENDENCIA DE TODO EL SISTEMA DE JUSTICIA

Nuestros hallazgos son consistentes con violaciones identificadas por órganos de derechos humanos internacionales. En enero de 2019, la CIDH concluyó lo siguiente: “Las cientos de detenciones arbitrarias; la criminalización selectiva y masiva de manifestantes, personas defensoras de los derechos humanos, periodistas, estudiantes, líderes sociales y opositores al gobierno bajo cargos infundados y desproporcionados; el patrón sistemático de violaciones a las garantías del debido proceso; la falta de efectividad del recurso de exhibición personal; las irregularidades respecto a la defensa legal y la publicidad de los procesos; así como la apertura de procesos relacionados con figuras penales como las de terrorismo, interpretadas en forma incompatible con la vigencia de la sociedad democrática; el incumplimiento de órdenes de libertad a favor de quienes participaron de las protestas en el país; y en general, la manipulación del derecho penal para la judicialización de toda oposición, han puesto de manifiesto la falta de independencia del sistema de administración de justicia nicaragüense en su conjunto”.


FRAGMENTOS DEL INFORME DE HUMAN RIGHTS WATCH TITULADO “BRUTAL REPRESIÓN – TORTURAS, TRATOS CRUELES Y JUICIOS FRAUDULENTOS CONTRA MANIFESTANTES Y OPOSITORES EN NICARAGUA”.




Las Mejores Melodías Pop de todos los tiempos

El Vaticano condena la “ideología de género”


Juan J. Tamayo A.

El 10 de junio pasado la Congregación para la Educación Católica hizo público un documento titulado “Varón y hembra los creó”. Para una vía de diálogo sobe la cuestión del gender (género) en la educación1, en el que se sumaba a las condenas contra la “ideología de género” que vienen haciendo al unísono, en cómplice alianza y plena sintonía, los partidos políticos de la derecha y de la extrema derecha, la mayoría de los obispos católicos del mundo –incluidos los españoles, quizá los más radicales- las organizaciones educativas católicas, las organizaciones Provida y un amplio sector de “los evangélicos”, preferentemente en América Latina. 

No deja de ser llamativa la coincidencia de sectores y colectivos con intereses tan aparentemente diferentes –¿o no lo son tanto?-. Llama asimismo la atención la falta de creatividad en la argumentación y la repetición mimética de los eslóganes que vienen produciéndose en las últimas décadas sin asomo alguno de originalidad. Tratándose de una institución del más alto nivel eclesiástico como es la Congregación romana para la Educación Católica, máximo órgano del Vaticano en esta materia, sorprende la pobreza de sus argumentos. Todo en el documento es previsible. No hay nada nuevo que no hayan dicho las instancias religiosas y políticas del arco conservador.

El tono no puede ser más alarmista y destructivo desde el principio. En lo concerniente a la afectividad y a la sexualidad el documento asevera que nos encontramos ante “una verdadera y propia emergencia educativa” y critica aquellos caminos educativos que reflejan “una antropología contraria a la fe (cristiana se entiende) y a la justa razón”. El juicio no puede ser más descalificador, y ello apelando a la fe y a la razón, como si la Congregación romana tuviera el monopolio de ambas instancias, cuando no es así. Ciertamente no lo tiene en el terreno de la razón, que a lo largo de la Modernidad europea se independizó de la religión. Pero tampoco en el de la fe cristiana, que implica plurales y divergentes interpretaciones, todas ellas respetables.    

El documento responsabiliza a la “ideología de género” de contribuir a desestabilizar la familia, vaciarla de su fundamento antropológico, cancelar la diferencia sexual y la reciprocidad natural entre el hombre y la mujer, y conducir a proyectos educativos que promueven una intimidad afectiva desvinculada de la diversidad biológica. Hace un planteamiento de la sexualidad y de la afectividad sesgadamente biologicista. Sitúa a la sexualidad en el centro como elemento básico configurador y constitutivo de la personalidad, al tiempo que presenta la diversidad sexual hombre-mujer aneja a la complementariedad de los dos sexos. 

Me parece objetable desde todos los puntos de vista la distinción, e incluso la contraposición, que establece entre la ideología de género y las investigaciones sobre el género. Resulta científicamente indefendible, pedagógicamente desorientadora y teóricamente falsa tal dicotomía en la que la “ideología de género” es presentada como la imposición de un pensamiento único que determina y la educación de los niños, mientras que considera las investigaciones sobre el género la forma de vivir la diferencia sexual entre hombre y mujer en las diferentes culturas. En realidad, teoría de género e investigaciones sobre el género son inseparables. Más aún, estas constituyen el fundamento científico de aquella.     

Tras las gruesas e infundadas descalificaciones de la “ideología de género”, resulta poco creíble la metodología que propone el documento en el diálogo sobre el gender, articulada en torno a las actitudes de “escuchar, razonar y proponer” para favorecer el encuentro, ya que el contenido del documento constituye una negación de dicha metodología. No favorece el encuentro, sino que cierra toda posibilidad del mismo, ya que se orienta a “una educación cristiana arraigada en la fe que, a juicio del documento romano, “todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre”. Dentro de este planteamiento tan totalizante y excluyente no hay posibilidad alguna de diálogo y menos aún de encuentro.

El tono y el contenido del texto vaticano más que de diálogo me parecen de polémica, más que de análisis sereno es alarmista, más que de crítica constructiva es de rechazo, más que de cuestionamiento, como era de esperar, parte de presupuestos patriarcales y de prejuicios androcéntricos. 

Con todo, yo valoro positivamente la propuesta del documento de “una educación de niños y jóvenes que respete a cada persona en su particular y diferente condición, de modo que nadie, debido a sus condiciones personales (discapacidad, origen, religión, tendencias afectivas, etc.) pueda convertirse en objeto de acoso, violencia, insultos y discriminación injusta”. Ahora bien, el respeto en este terreno empieza por reconocer el carácter científico de la teoría de género y no descalificarla de entrada con la expresión “ideología de género”, como hace sistemáticamente el texto vaticano.  

Notas

1. Cf. Congregación para la Educación Católica, “Varón y hembra los creó”. Para una vía de diálogo sobe la cuestión del gender (género) en la educación, Ciudad del Vaticano, mayo 2019.

Juan José Tamayo es Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Un proyecto de Iglesia para el futuro en España (San Pablo, Madrid, 2019)

La cueva



                                                                                                           Seamos humildes, 
pues nuestra capacidad de recibir datos 
es muy superior a la de analizarlos.

La cueva era muy cómoda. Tenía una temperatura estable que apa­ren­ta­ba ser templada en invierno y fresca en verano. Desde su entrada, abierta en mi­tad de un farallón, podía verse cómodamente el inmenso valle donde pastaban los mamíferos con que se alimentaba el matrimonio y los dos hijos que habían so­brevivido a los seis partos de la mujer.

Cuando sus padres y su hermano mayor quemaban leña para calentarse y para asar la carne de los animales que cazaban, el menor de los dos hijos, que era apenas un niño, sacaba del fuego pedacitos de carbón y reproducía sobre las piedras las siluetas de los miembros de su familia o de los animales salvajes que veía pastar en el valle. Al principio sus padres y su hermano reían mucho cuan­do veían lo que él pintaba, pero cuando toda la cueva quedó embadurnada de carbón, su madre empezó a frotar las paredes con la piel de un rinoceronte la­nudo hasta que todo volvió a quedar limpio.

Él insistía en manifestar su talento. Buscó una tierra roja que abundaba cer­ca de la cueva, extrajo los jugos verdes y morados de ciertas frutas que re­co­lec­taban en el valle y así pudo reproducir los colores naturales de sus modelos. Tam­bién descubrió que estos materiales se fijaban más firmemente a las pa­re­des de la cueva si se mezclaban con la grasa de los animales.

Su madre persistía en la manía de la limpieza y le prohibió «decorar» la parte próxima a la entrada, por lo que se vio obligado a trabajar en el fondo de la cueva, alumbrándose con una lámpara de grasa de oso.

La ventajosa posición de atalaya de aquella vivienda tenía un in­con­ve­nien­te: Todos los inviernos las lluvias arrastraban la tierra de la ladera, dándoles a los habitantes algunos sustos. El último derrumbe casi tapó la entrada y el ca­be­za de familia se propuso buscar, apenas se lo permitiera la llegada del buen tiem­po, un hogar más seguro para los suyos.
Llegó la primavera y el padre y su hijo mayor emprendieron un viaje de exploración a lo largo de la cordillera, buscando un nuevo hogar. Después de va­rios días regresaron con la feliz noticia de que habían encontrado una nueva ca­ver­na abierta al sol del mediodía y próxima a otro valle con abundante caza, pe­ro sin el peligro de los desprendimientos. La familia se mudó, las lluvias si­guie­ron precipitando tierra sobre la boca de aquella cueva y seis inviernos después ya no quedaban huellas del que fue hogar del pequeño artista. Su obra quedó se­pultada por más de veinte mil años.

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El hijo del señor marqués estudiaba en Madrid y vino aquel verano a pa­sar sus vacaciones acompañado por un colega. El joven aristócrata cabalgaba jun­to a su amigo mostrándole orgulloso las posesiones de su padre. Llegaron a un fértil valle que le rendía al señor marqués pingües ganancias en frutas y ce­re­a­les. El visitante reparó en el intenso color almagre de los farallones que limi­ta­ban la finca por el Norte. Allí se dirigieron y, mientras trepaban por las es­tri­ba­cio­nes de la pared rocosa, el condiscípulo del hijo del señor marqués le decía a su amigo:

— ¡Esto es nada menos que mármol rojo! ¿Cómo no os habéis dado cuen­ta antes de que tenéis aquí un tesoro?

El señor marqués instaló aquel mismo año una cantera para extraer las va­liosas piedras. Llevarían trabajando los obreros unos seis meses cuando a­pa­re­ció entre las vetas de mármol una profunda cueva a la que no le dieron mayor im­portancia.

Llegó el verano y el señor marqués, agradecido, quiso que su hijo invitara al amigo que vino el año anterior, para que viera cómo progresaba su des­cu­bri­mien­to. Volvieron los dos jóvenes al cerro y, al ver la boca de la caverna, ma­ni­fes­taron su deseo de explorarla. El capataz de la cantera les dio unas linternas y entraron. La cueva era muy accesible, sin pozos ni lugares peligrosos. Cuando ya se disponían a salir, descubrieron un pasillo que conducía a otra sala. En­fo­ca­ron las paredes y quedaron absortos al ver una magnífica colección de pin­tu­ras rupestres.

El señor marqués, cuyo bagaje cultural era muy inferior a su abolengo, le dio tan poca importancia al hallazgo, que ni siquiera sintió curiosidad por ver a­que­llos monigotes y sólo se preocupó por seguir sacando valiosas lajas de már­mol. El alboroto que armaron en Madrid su heredero y el colega hizo que el mi­nis­terio de Cultura diera orden de paralizar los trabajos, con el consiguiente dis­gus­to del señor marqués.

Vinieron arqueólogos, espeleólogos, paleontólogos y varios ólogos más; to­maron fotografías, levantaron planos, expusieron teorías y discutieron a­ca­lo­ra­da­mente. Unos decían que el hecho de que las imágenes sólo aparecieran en la par­te más profunda de la cueva demostraba la existencia de un santuario y que las figuras antropomorfas representaban chamanes realizando ritos religiosos. O­tros aseguraban que las representaciones de rumiantes y solípedos en un mis­mo ámbito simbolizaban los sexos femenino y masculino y estaba claro que allí se practicaba la magia de la fertilidad. No faltaron los que aseguraban que las fi­gu­ras de animales útiles habían sido pintadas para tener éxito en la cacería y, por lo tanto, era evidente la teoría funcional de la magia simpática. Algunos te­ó­ri­cos de las artes descubrieron vínculos entre los rasgos estilizados de aquellas pin­turas rupestres y el cubismo de Braque y Picasso.

A ninguno se le ocurrió que el au­tor de las figuras pudiera ser un niño que pintaba por la misma razón por la que brincan los corderos o cantan los pájaros: porque le gustaba hacerlo lo mismo dentro que fuera de la cueva.

Juegos de espejo


Sergio Ramírez

El tirano Manuel Estrada Cabrera, cruel y extravagante, celebraba cada año en Guatemala las Fiestas de Minerva, unos fastos con procesiones de vestales con antorchas y veladas artísticas en honor a la diosa de la sabiduría. Cuando en 1902 se dio una terrible erupción del volcán Santa María, resolvió que esa erupción no existía. El decreto se imprimió en hojas sueltas y se mandó a leer en las calles donde la gente oraba de rodillas, estremecida de miedo ante los continuos temblores y retumbos, y mientras la lluvia de cenizas volvía negro el cielo y hundía bajo su peso los techos de las casas, el empleado público que leía el decreto debía ser alumbrado por lámparas de carburo para cumplir su cometido.

En su alucinación, quien ostenta el poder absoluto se cree capaz de modificar la realidad, o ignorarla y sustituirla por otra que se avenga a sus designios. Pero en esta simulación campea toda una representación teatral en la que no sólo participa el director de escena que ordena y manda, sino los actores que obedecen, y hay también teloneros y tramoyistas: alguien redacta el decreto aboliendo una erupción; alguien lo lee en las esquinas con voz que busca imponerse sobre el estruendo de los retumbos, alguien sostiene a su lado la lámpara, buscando disipar la oscuridad.

El poder altera la neuroquímica del cerebro, dice el neurólogo británico Peter Garrard; “lo degrada de forma más profunda y persistente cuanto mayor y más duradero es ese poder, y lo degrada del todo si carece de límites. Ser obedecido –o creer serlo– magnifica la ­autoconfianza del poderoso en sus propias habilidades hasta privarle de la capacidad de dudar de sí mismo y termina aislado de la realidad”.

Pero en el cerebro de quien obedece, y entra a participar de la simulación, se produce también, por reflejo, una degradación simétrica. Cree más en lo que supone que ve su líder que en lo que ven sus ojos, compartiendo así su delirio; a veces anticipándose a él y siempre reforzándolo.

Sukhvinder Obhi, neurocientífico de la Universidad de Ontario, explica que las neuronas del que obedece crean una mímica inconsciente, de ahí que no necesita vivir algo en carne propia para sentir empatía con el que manda. Su experiencia es suficiente para convertirse en la experiencia del obediente.

Es el papel de las neuronas espejo, que produce el efecto espejo. El cerebro muestra un comportamiento distinto al realizar acciones que en el interior se sabe que son incorrectas o deshonestas, pero que brindarán bienestar individual y prosperidad. Pero, sobre todo, esas acciones de obediencia crean una identidad colectiva. Al ser parte de un cuerpo donde todos piensan de manera igual, y se ven las cosas bajo los mismos colores y contornos, se obtiene fuerza, sentido de pertenencia.

Al renunciar a su propio pensamiento, el individuo obediente se disuelve en los demás, conectados todos por la adoración a aquel de quien emana el pensamiento mágico, y el único que puede otorgar acceso al poder. Es cuando se produce la empatía total, sin límites. Se llega a producir entonces una verdadera lesión cerebral.

El poder absoluto, al afectar el funcionamiento de las neuronas, erige fantasías persistentes que sustituyen a la realidad dentro de la cámara de aislamiento en que se convierte el cerebro. Desde el poder absoluto, que no es cuestionado nunca y que sólo se rodea de silencio, de miedo y de aceptación servil, las conexiones con la realidad exterior se diluyen y van volviéndose cada vez más tenues hasta convertirse en meros reflejos de un universo ajeno.

Los vacíos que la falta de percepción del mundo real deja en la mente del que tiene en su puño todos los hilos del poder, son llenados por ideas inconmovibles que la disfunción neuronal representa en forma de símbolos absolutos, como son Dios, la patria, el pueblo, el partido, la historia, el destino, la felicidad, la alegría, el amor; y los súbditos, allegados, intermediarios, operadores, peones, al recibir esas percepciones reflejadas en el espejo, las hacen suyas y se comprometen con ellas.

El poderoso pasa de gestionar la realidad tal como es, a estar convencido de que es él quien crea la realidad, dice Garrard, y acaba por reñir con los hechos cuando no se ajustan a sus deseos. O busca modificarlos o alterarlos aun por medio de la violencia.

Y como se trata de una enfermedad transmisible, los seguidores, que han perdido el sentido común, llegan a creer que mientras mantengan su voluntad unida a la de quien manda, sin la menor contradicción, esas ideas convertidas en símbolos, paz, amor, felicidad, se harán realidad; y para lograrlo, todo será digno de justificación, aun la cárcel, tortura, exilio; el crimen, los desmanes.

Los demás, que se han quedado fuera del círculo mágico que ampara el poder, o lo rechazan, también se convierten en símbolos, pero de carga negativa y, por tanto, hay que disciplinarlos, y neutralizarlos. No valen la pena, son un estorbo, son prescindibles, son eliminables; la felicidad se construye sin ellos, y contra ellos. Es el sentido que siempre ha tenido la secta.
En la cabeza disfuncional del poderoso absoluto no existe la ausencia de poder, que sólo es posible con base en una concepción democrática que implica límites en el ejercicio del mando, y también en su duración. El poder para siempre no admite alternativas y la secta tampoco admite ninguna posibilidad de sustitución del elegido por el destino, o por la historia, porque significa su propia desaparición, el abandono de su propia zona de confort.

De allí que debajo de la mentira de los símbolos pintados de alegres colores, lo que crece es la degradación, se multiplica la corrupción, se deforman las instituciones, y el ministerio encargado de la tortura pasa a llamarse ministerio del Amor, y el ministerio de la Verdad fabrica las mentiras.

Esa es la tragedia.

Masatepe, junio 2019.


«Mindfulness»: la nueva espiritualidad capitalista


Ronald Purser
www.nuso.org / mayo 2019

La práctica de meditación conocida como mindfulness es la nueva espiritualidad capitalista. Fetichiza el presente, favorece el «momentismo», fomenta el olvido de la memoria histórica y apunta contra la imaginación utópica. Una nueva espiritualidad a la medida del mercado. Una nueva espiritualidad a imagen y semejanza de McDonald's.

Según sus patrocinadores, estamos en medio de una «revolución de la conciencia». Jon Kabat-Zinn, recientemente apodado el «padre del mindfulness», llega a proclamar que estamos al borde de un renacimiento global, y que el mindfulness «puede ser realmente la única esperanza que la especie y el planeta tienen para sobrevivir los próximos doscientos años».

¿En serio? ¿Una revolución? ¿Un renacimiento global? ¿Qué es exactamente lo que ha sido volcado o transformado radicalmente para obtener un estatus tan grandioso?

La última vez que vi las noticias, Wall Street y las corporaciones seguían haciendo negocios como de costumbre, los intereses especiales y la corrupción política seguían sin control, y las escuelas públicas seguían sufriendo de falta de fondos y negligencia masiva. La concentración de la riqueza y la desigualdad se encuentra ahora en niveles sin precedentes. El encarcelamiento masivo y el hacinamiento en las cárceles se han convertido en una nueva plaga social, mientras que los disparos indiscriminados de la policía contra los afroamericanos y la demonización de los pobres siguen siendo moneda corriente. El imperialismo militarista de Estados Unidos continúa extendiéndose, y los desastres inminentes del calentamiento global ya se están mostrando de manera más evidente.

En este contexto, la arrogancia y la ingenuidad política de las porristas de la «revolución» consciente es asombrosa. Parecen tan enamorados de hacer el bien y de salvar al mundo que estos verdaderos creyentes, no importa cuán sinceros sean, sufren de una enorme ceguera. Parecen no tener en cuenta el hecho de que, con demasiada frecuencia, la atención se ha reducido a una técnica de autoayuda mercantil e instrumental que, sin saberlo, refuerza los imperativos neoliberales.

Para Kabat-Zinn y sus seguidores, los culpables de los problemas de una sociedad disfuncional son los individuos descerebrados e inadaptados, y no los marcos políticos y económicos en los que se ven obligados a actuar. Al transferir la carga de la responsabilidad de la gestión de su propio bienestar a los individuos, y al privatizar y patologizar el estrés, el orden neoliberal ha sido una bendición para la industria del mindfulness, que ahora se cotiza en 1.100 millones de dólares.

El mindfulness ha surgido como una nueva religión del «yo», libre de las cargas de la esfera pública. La revolución que proclama no ocurre en las calles o a través de la lucha colectiva y las protestas políticas o las manifestaciones no violentas, sino en las cabezas de individuos atomizados. Un mensaje recurrente es que el hecho de que no prestemos atención al momento presente -que nos perdamos en reflexiones mentales y en vagar por la mente- es la causa subyacente de nuestra insatisfacción y angustia.

Kabat-Zinn lleva esto un paso más allá. Afirma que nuestra «sociedad entera está sufriendo de un desorden de atención generalizado». Aparentemente, el estrés y el sufrimiento social no son el resultado de desigualdades masivas, prácticas empresariales nefastas o corrupción política, sino de una crisis dentro de nuestras cabezas, lo que él llama una «enfermedad del pensamiento».

En otras palabras, el capitalismo en sí mismo no es intrínsecamente problemático; más bien, el problema es la incapacidad de los individuos para ser conscientes y resistentes en una economía precaria e incierta. Y no es de extrañar que los mercaderes atentos tengan justo los bienes que necesitamos para ser capitalistas atentos y contentos.

El mindfulness, la psicología positiva, y la industria de la felicidad comparten un núcleo común en términos de despolitización del estrés. La ubicuidad de la retórica individualista del estrés -con su mensaje cultural subyacente de que el estrés es un hecho- debería hacernos sospechar. Como señala Mark Fisher en su libro Realismo capitalista, la privatización del estrés ha llevado a una «destrucción casi total del concepto de lo público».

El estrés, nos dicen los apologistas del mindfulness, es una influencia nociva que destroza nuestras mentes y cuerpos, y depende de nosotros como individuos el «estar atentos» y «ser conscientes». Es una proposición seductora que tiene potentes efectos de verdad. En primer lugar, estamos condicionados a aceptar el hecho de que hay una epidemia de estrés y que es simplemente una fatalidad de la era moderna.

Segundo, como el estrés es supuestamente omnipresente, es nuestra responsabilidad como sujetos estresados manejarlo, controlarlo y adaptarlo consciente y vigilantemente a los esclavos de una economía capitalista. La atención se centra en esta vulnerabilidad y, al menos en la superficie, aparece como una técnica benigna para el auto-empoderamiento.
Pero en su libro «Una nación bajo estrés»: El problema del Estrés como Concepto, Dana Becker señala que el concepto de estrés oscurece y oculta «los problemas sociales al individualizarlos de manera que perjudican más a aquellos que tienen menos que ganar con el status quo». De hecho, Becker ha acuñado el término estresismo para describir «la creencia actual de que las tensiones de la vida contemporánea son principalmente problemas del estilo de vida individual que deben resolverse mediante el control del estrés, en oposición a la creencia de que estas tensiones están vinculadas a las fuerzas sociales y necesitan resolverse principalmente mediante medios sociales y políticos».

Al ingerir de manera acrítica las premisas culturales del estresismo, el movimiento del mindfulness se ha promovido a sí mismo como un remedio científico. Pero el foco sigue estando puesto en el individuo que espera que sane la llamada «enfermedad del pensamiento» de la civilización moderna. Se nos dice que, al practicar el mindfulness, podemos cambiar hábilmente nuestro frenético «modo de hacer» a un «modo de ser» más armonioso, aprendiendo a soltar y a fluir en situaciones estresantes.

El mindfulness es la nueva inmunización, una vacuna mental que supuestamente puede ayudarnos a prosperar en medio del estrés de la vida moderna. Depende de nosotros convertirnos en lo que Tim Newton ha llamado individuos «en forma contra el estrés». El mindfulness se comercializa a menudo como una forma de mejorar nuestra productividad, una técnica útil para desarrollar la aptitud mental necesaria para que podamos convertirnos en trabajadores más productivos y eficaces. No es coincidencia que el lema de la aplicación de meditación más exitosa de mindfulness, Headspace, sea «una membresía de gimnasio para la mente».

La máxima de este movimiento es 'vivir el presente'. Para los devotos conscientes, el cambio social y político depende de la fantasía de convertir a las masas distraídas para que sigan este consejo y vivan 'conscientes'. El fetiche del presente auspiciado por el mindfulness es una práctica que cultiva la amnesia social, fomentando el olvido colectivo de la memoria histórica y, al mismo tiempo, excluyendo eficazmente la imaginación utópica.

Este momentismo actual aparece, al menos en la superficie, como un solvente terapéutico para todos nuestros problemas, haciendo más soportable nuestra situación actual. Pero esta capacidad de soportar el status quo equivale a un retiro permanente al refugio psíquico contra bombardeos de ahora, una especie de enterrar la cabeza en la arena, que actúa como un paliativo desinfectado para los sujetos neoliberales que han perdido la esperanza al pensar alternativas al capitalismo.

El movimiento mindfulness opera en resonancia con lo que Eric Cazdynen su libro, The Already Dead: The New Time of Politics, Culture and Illness, caracteriza como «la nueva crónica». Cazdyn explica que la nueva crónica «extiende el presente hacia el futuro, enterrando en el proceso la fuerza de lo terminal, haciendo que parezca que el presente nunca terminará». Solo tienes que estar en el momento presente y todo estará bien. Viviendo conscientemente, podemos continuar nuestras vidas aplazando, evadiendo y reprimiendo cualquier crisis en curso.

La falsa revolución de la conciencia proporciona una forma de enfrentar sin cesar los problemas del capitalismo refugiándose en la fragilidad del momento presente; la nueva crónica nos deja conscientes de mantener el statu quo. Se trata de un optimismo cruel que anima a conformarse con una pasividad política resignada. El mindfulness se convierte entonces en una forma de manejar, naturalizar y perdurar los sistemas tóxicos, en lugar de convertir el cambio personal en un cuestionamiento crítico de las condiciones históricas, culturales y políticas que son responsables del sufrimiento social.

Pero nada de esto significa que la conciencia debe ser prohibida, o que cualquiera que la encuentre útil sea engañado. Hay formas emergentes de conciencia social y cívica que evitan esta trampa. Estos métodos se están liberando del enfoque biomédico en la patología individual al integrar el activismo por la justicia social con la investigación contemplativa, cultivando el pensamiento crítico en lugar de la separación sin prejuicios.

Los innovadores en este campo están reescribiendo los planes de estudio de mindfulness mediante el empleo de pedagogías críticas y anti opresivas. Por ejemplo, Beth Berila ha desarrollado métodos de atención plena que ayudan a los practicantes a descubrir cómo han interiorizado la opresión, así como formas de desmantelar y desaprender el privilegio. Mushim Patricia Ikeda, junto con los maestros del Centro de Meditación de East Bay, ha desarrollado numerosos programas que conectan las preocupaciones por la justicia social con las enseñanzas budistas sobre la interdependencia, a fin de fomentar la solidaridad y el activismo comprometido con la causa. Y la Red de Mindfulness y Cambio Social del Reino Unido está experimentando con prácticas de mindfulness que abordan cuestiones sociales, políticas y ambientales.

Cuando reconocemos que el descontento, la ansiedad y el estrés no son solo culpa nuestra, sino que están relacionados con causas estructurales, la atención se convierte en combustible para encender la resistencia.

El maíz: primer combustible de la ruta transístmica

Comparto ensayo histórico escrito por  Hirisnel Sucre Serrano y publicado hoy por La Prensa en ocasion de los  500 años de la Fundación de la Ciudad de Panamá  .

El maíz: primer combustible de la ruta transístmica
- https://m.prensa.com/opinion/maiz-primer-combustible-ruta-transistmica_0_5373212718.html