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El ‘profeta’ Drewermann sobre los abusos clericales a menores


www.reflexionyliberacion.cl / 110219

Drewermann es un “profeta”: lo dijo el obispo alemán Heine Wilmer del ex sacerdote y teólogo castigado por Ratzinger…


“Creo que el abuso de poder está en el ADN de la Iglesia”, dijo el pasado mes de diciembre el Obispo de Hildesheim, Alemania, Mons. Heiner Wilmer, ex Superior General de los Dehonianos, hablando de la crisis de abuso sexual en la Iglesia en una entrevista concedida al periódico Kölner Stadt-Anzeiger (13/12).

A la cabeza de la diócesis alemana durante algunos meses, pero ya muy implicado en la lucha contra el abuso sexual, Wilmer señaló con el dedo una supuesta “pureza” de la Iglesia como tal, que sabe pedir perdón sólo por las acciones de los individuos, pero nunca como institución; en su opinión, una de las principales disfunciones eclesiásticas es que está regida por un poder absoluto que no conoce ningún control.

Esta disfunción sólo puede ser superada por una separación de poderes. Y, al hablar de estos temas, se refirió, llamándolo “profeta”, a la gran figura de Eugen Drewermann: sacerdote, teólogo y psicoanalista, ahora de 79 años, privado, en 1991, por el Obispo de Paderborn y el Vaticano de enseñar en el seminario de Paderborn y luego de predicar.

En sus libros había puesto al desnudo los mecanismos de poder de la jerarquía eclesiástica, la creciente clericalización de la figura del sacerdote –que había venido a hacer de él un “funcionario de Dios” (expresión que se convirtió en el título de uno de sus libros: Funcionarios de Dios: Psicograma de un Ideal; Clérigos en español, edición Trotta. Ver sobre él en nº 181 (1996) de IV)– y por haber desafiado la ley sobre el celibato obligatorio de los sacerdotes (ver Adista nos. 33, 36/90 y 70/91; 5/92); dejó el sacerdocio (ver Adista n. 24/92) y la Iglesia Católica (ver Adista n. 89/2005).

“Eugen Drewermann –dijo el obispo de Hildesheim– es un profeta de nuestro tiempo reconocido por la Iglesia“, como profético fue su trabajo en tres partes Las estructuras del mal; como profeta es el jesuita Padre. Klaus Mertes, profesor y periodista, de 2000 a 2011 rector del Canisius College de Berlín, de septiembre de 2011 rector del College of St. Blasien, entre los protagonistas de la lucha contra los abusos sexuales en Alemania, quien señaló con el dedo los mecanismos de eliminación de la homofobia en la Iglesia (ver Adista nº 45/16. También Conversación con Teresa Forcades, en nº 245 (2011) de IV).

“Los profetas bíblicos eran personas que decían la verdad desnudas y crudas”, dijo Wilmer; también hoy necesitamos hombres y mujeres así, “que pisen los pies de nuestros obispos”.

“Me parece un concepto exagerado”, fue el tímido comentario del propio Drewermann, entrevistado sobre las declaraciones de Wilmer y sobre su opinión contra el clericalismo, por ser una condición privilegiada para el abuso, expresada en la web católica alemana katholisch.de, el pasado 14 de enero.

“Conozco gente que ha ido a la muerte por decir la verdad. No sé si lo haría yo. De todos modos, no me veo a mí mismo como un profeta”. “Los sacerdotes deben ser un puente entre el cielo y la tierra, pero cometen crímenes horrendos”, dijo. “El discurso autoritario, de arriba abajo, ya no funciona en la Iglesia. La santidad del estado clerical ha terminado. Si un obispo toma en serio estas reflexiones, las consecuencias son enormes. El Obispo Wilmer no tendrá una vida fácil si las aplica a las estructuras eclesiales. Algunos de sus hermanos ya están sobre él. Pero podrá mantenerse en pie”, continuó Drewermann, animando a Wilmer, “que es un luchador y un hombre creíble, todavía joven”, a “seguir diciendo claramente lo que piensa y lo que ve”, sin “dejarse disuadir o intimidar por otros obispos”.

En cuanto a la formación de los sacerdotes, que siempre ha sido el caballo de batalla del teólogo y del psicoterapeuta, muchas cosas deben cambiar: “Los sacerdotes disminuyen y, por tanto, también lo que se exige a los ordenados. La Iglesia exige al clero la continencia sexual como ideal. Los protestantes han sido muy críticos con este ideal. Sólo la Iglesia Católica piensa que todavía puede permitirse el lujo de mantener sus impulsos e inclinaciones bajo control. Toda sensación de placer es declarada pecado mortal y debe ser reprimida.

Entonces, ¿cómo puede un sacerdote desarrollar una sexualidad saludable? La fijación neurótica resultante se define incluso como una elección particular para el presbítero. La mayoría de los delitos sexuales se cometen contra los niños, lo que es bastante alarmante.

La dinámica del desarrollo de la pedofilia derivaría del hecho, explica, de que “para los sacerdotes y para aquellos que quieren ser sacerdotes, el contacto con mujeres o niñas está prohibido, pero no con niños. Esto desencadena un desarrollo deformado que puede dar lugar a profundos sentimientos de culpa. Pocos sacerdotes al principio de su formación cometerían abusos contra los niños”.

Es un deslizamiento lento que empeora a tal punto que escapa a todo control: “Las personas que viven estos impulsos neuróticos no pueden ser desviadas moviéndolas a otra parroquia. ¡Están enfermos! Si, por otro lado, un sacerdote desarrolla una sexualidad normal y siente algo por una mujer o un hombre, y lo reconoce, entonces es expulsado. Esto es doblemente anómalo para mí.” Por esta razón, Drewermann está convencido de la necesidad absoluta y urgente de abolir el celibato obligatorio: “Conozco hombres maravillosos que podrían ser excelentes sanadores de almas porque están casados. La Iglesia debe tener esto en el corazón”.

Actualmente, Drewermann está trabajando en una perspectiva cristiana sobre el derecho penal: “¿Cómo tratar a las personas que han sido culpables de graves faltas de conducta sin haberlo querido? Esto también se aplica a muchos sacerdotes. Ellos mismos son víctimas de una tragedia. No hay delincuentes que no se hayan convertido en víctimas. ¿Cómo hay que tratarlos? Este es un asunto importante para mí.

Jesús dice: No juzguéis. Pero si es así, ¿por qué necesitaríamos el derecho penal?” Incluso los obispos, como el de Paderborn, Mons. Johannes Degenhardt, que en los años 90 lo privó de la enseñanza y lo suspendió a divinis, continúa Drewermann, “son para mí sólo personas constringidas, forzadas, limitadas. No me gustaría estar en su lugar por un día. No le guardo ningún rencor al difunto arzobispo Degenhardt. Nunca tuve problemas con él. Fue presionado por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger y por eso tuvo que condenarme. Puedo entenderlo. Pero su comportamiento me muestra cuánto miedo debe haber tenido entonces. Nunca leyó mis libros, de eso estoy seguro.”

Y el miedo es un consejero terrible, dice Drewermann: “Es una tragedia, cómo el miedo puede cambiar a la gente. En mi opinión, esto también le ocurrió a Ratzinger. Ciertamente pensó que lo estaba haciendo bien. Es muy culto, escribe muchos libros, pero habría necesitado urgentemente experiencias reales con la gente. El problema es que este pensamiento nunca se cuestiona desde la psicología. Todo el inconsciente es suprimido unilateralmente por la razón”.

De Francisco piensa que es “una persona honrada y honesta. Pero cuando dijo en una conferencia de prensa en un avión: ¿Quién soy yo para juzgar a los demás? Fue claramente advertido por la Congregación de la Fe: ‘Usted no es una persona cualquiera, Sr. Bergoglio, no tiene una opinión privada, usted es el Papa. La homosexualidad es un pecado mortal y eso es lo debe enseñar y nada más’. Encuentro que su humanidad es conmovedora. Espero que la conserve. Pero también necesita urgentemente buenos consejeros”. Asesores en el campo de la teología, porque ella es la que necesita una más profunda revisión: “Toda la teología sobre los grandes temas debe cambiar. He estado tratando hacer esto durante 40 años. Desde un punto de vista psicoterapéutico, no se puede aconsejar a nadie que no decida por sí mismo y que se deje aconseje. Y se necesita una buena razón para hacerlo”.

Pero en cuanto al abuso, el problema está dado por el “silencio, el traslado, el no acceso a la justicia del Estado”. Los obispos locales son quienes, actuando de esta manera, han permitido la repetición de comportamientos criminales. El Papa Juan Pablo II ya había ordenado silencio sobre el abuso sexual. Su sucesor también continuó en esta línea, para proteger de daños a la Iglesia. No fue un error de obispos individuales, sino el estilo de la Iglesia. El Papa Francisco lo ha reconocido y se ha comprometido a oponerse a ello. En esto intentaría apoyarlo”.


Cómo la contaminación cambia la química de los océanos | Triona McGrath ...





Cómo la contaminación cambia la química de los océanos | Triona McGrath | TEDxFulbrightDublin

¿Qué quedó después de no quedar nada?


Leonardo Boff
www.amerindiaenlared.org / 020219

Muchos en nuestro país vivimos una situación de luto. Se impone el luto cuando sufrimos pérdidas: muchos muertos y cientos de desaparecidos por la rotura de la presa de la Vale que destruyó criminalmente la ciudad de Brumadinho. 

La pérdida de la persona amada, del empleo que garantiza la familia, la emigración forzada a causa de amenazas de muerte. El luto es mayor cuando alcanza bienes fundamentales de un país: la pérdida de la democracia, de los derechos laborales garantizados hace muchos años, la disminución de las pensiones de los ancianos, los recortes de las políticas públicas para pobres y miserables, la privatización de los commons, bienes fundamentales para la soberanía del país. 

Pero el gran luto es tener que aceptar a un presidente que ha reforzado la cultura del odio, que desconoce las cuestiones nacionales, que nos ha avergonzado en Davos, donde los dueños del dinero del mundo se reúnen para garantizar sus intereses. Su discurso, que podría haber sido de 45 minutos, duró escasos seis, pues eso era todo lo poco que tenía que decir. Canceló las entrevistas para ocultar su ignorancia y las acusaciones graves que pesan sobre un miembro de su familia.

Es un gran desafío para todos elaborar las pérdidas y alimentar la resiliencia, que significa saber dar la vuelta por encima y aprender de la situación de luto.

Son varios los pasos a dar en este camino.

El primer paso es la indignación que se expresa mediante la sorpresa: es criminal la ruptura de la presa de la Vale. ¿El país merecía tal gobierno? Descubrimos que la vida comporta tragedias que hacen sufrir especialmente a los pobres. Y no raramente nos culpamos por no haber tenido cuidado y haberlas percibido antes.

El segundo paso es el rechazo sufrido: ¿cómo fue posible llegar a este punto con la Vale? ¿Elegir a un presidente con muy pocas luces y con algunas características propias del fascismo? ¿Dónde nos equivocamos? Inicialmente tendemos a rechazar el hecho. Pero él está ahí, grosero y tosco.

El tercer paso es la depresión psicológica asociada a la recesión económica. Hemos llegado al fondo del pozo. La economía es para el mercado que se beneficia de la crisis mientras lanza a millones de personas a la pobreza. Estamos poseídos por un vacío existencial y desinterés por las cosas de la vida. ¿Quién consolará a los familiares de las víctimas de Brumadinho? ¿Quién les reforzará la esperanza de que las promesas de reconstrucción van a ser cumplidas?

El cuarto paso es el autofortalecimiento. Hacemos una especie de negociación con la frustración y la depresión. Estas cosas siniestras pertenecen a la vida con sus contradicciones. No nos podemos hundir ni perder nuestros proyectos y sueños. Necesitamos volver a levantar las casas de Brumadinho. Vale, empresa privada que piensa más en las ganancias que en las personas, tiene que sacar duras lecciones para evitar nuevos crímenes ambientales. El luto debe generar presiones por parte del pueblo y nuevas iniciativas. Podemos salir más fuertes del luto.

El quinto paso es la aceptación dolorosa del hecho ineludible. El luto debe pasar de delante de los ojos a detrás de la cabeza, a pesar de las imágenes imborrables del crimen. Nadie sale del luto como entró. Madura a duras penas y experimenta que, en el caso del nuevo gobierno brasileño de derechas, no toda la pérdida es total: trae siempre una ganancia social y política.

Todo luto requiere una travesía paciente. Parece que nuestras estrellas guía se han apagado, pero el cielo continúa iluminando nuestras noches oscuras. Las nubes pueden tapar al Cristo Redentor del Corcovado, pero él sigue allí. Incluso sin verlo, creemos en su presencia. Bolsonaro también pasará. Cristo, no. Enjugará las lágrimas de los familiares que sufren.

Con respecto a nuestra situación política, hay que reconocer que nuestro árbol fue mutilado: cortaron la copa, arrancaron las hojas, destruyeron las flores y los frutos, abatieron su tronco y arrancaron las raíces. ¿Qué quedó después de no quedar nada? Quedó lo esencial que el luto inducido no puede destruir: quedó la semilla. En ella están en potencia las raíces, el tronco, las hojas, las flores, los frutos y la copa frondosa.

Todo puede volver a comenzar. Recomenzaremos más seguros por más experimentados, más experimentados por más sufridos, más sufridos por más dispuestos para un nuevo sueño. El luto pasará. Será tiempo de rehacer un Brasil más cordial, solidario, justo y hospitalario.


Leonardo Boff es teólogo, filósofo y ha escrito Brasil:¿concluir a refundación o prolongar la dependencia? Vozes 2018.


La resistencia indígena y nuestra defensa


Marcelo Barros
www.amerindiaenlared.org / 030219

Los científicos sociales afirman que el 7 de junio de 2018, en Brasilia, se ha firmado un acuerdo entre el canciller de Estados Unidos con representantes militares y de las élites brasileñas. Eso garantizó el dinero necesario y la guerra mediática que han provocado la victoria de Bolsonaro como presidente de Brasil y la nueva realidad política que el impuso al país. 

Sin duda, las primeras víctimas de todo eso son los pueblos indígenas. Minutos después de la toma del gobierno, el mismo 1º de enero, el nuevo presidente firmó la Medida Provisional que da a los terratenientes del Ministerio de Agricultura el poder de identificar y legalizar tierras indígenas. A partir de ahora, el zorro se encarga de cuidar del gallinero. De ahí para acá, en todo Brasil, diversas áreas indígenas fueron invadidas y otras amenazadas. En la Amazonia, en el centro-oeste y en el mismo en el sur del país, milicias armadas amenazan y atacan a comunidades indígenas, con el apoyo y algunas garantías legales dadas por el presidente de la República. 

En esos días, las comunidades del Sur de Brasil celebran el aniversario del martirio del indio Sepé Tiaraju. Fue el líder de la guerra que unió a los guaraníes en la lucha contra los ejércitos de España y Portugal después del Tratado de Madrid (1750). Sepé unificó a los indios de los siete pueblos de las misiones con el grito: "Esta tierra tiene dueño".

Hasta hoy, el grito del cacique guaraní resuena en las luchas indígenas. El pueblo lo llama San Sepé. Eso significa descubrir que la causa de los pueblos indígenas no es sólo una lucha social y política justa, sino que se convierte en un llamado espiritual a través del cual el Espíritu Divino se manifiesta presente en el mundo y nos ilumina. En su carta Exsultate et Gaudete, el papa Francisco llama a eso “santidad”. 

Después de más de cinco siglos de resistencia a tantas violencias y persecuciones, en toda América Latina, la fidelidad de los pueblos indígenas a su vida comunitaria, a la preservación de sus culturas y a la profunda comunión con la madre Tierra y la naturaleza se convierten para los cristianos en verdadero testimonio (martirio).

Si alguien ha sabido resistir a ese sistema que, por 500 años, intenta extinguirlos, son los indios. Los pueblos indígenas pueden ser nuestros maestros en cómo resistir en esos malos días que vivimos. Tenemos que unirnos a esos hermanos y hermanas que son nuestros compañeros en las tribulaciones provocadas por el capitalismo y en el testimonio del proyecto divino en el mundo.


¿En qué no puedo creer?


José Arregi
www.religiondigital.com, 180219
              
“¿En qué no se puede creer hoy?”, fue el tema de una reciente charla en Aizarna, este sorprendente rincón guipuzcoano de 300 habitantes, rural y urbano, culto y plural, antigua encrucijada de peregrinos, testimonio patente de las profundas transformaciones de nuestra sociedad en los últimos 60 años.

        No entendí bien qué es lo que me pedía exactamente Joxin, el organizador de la charla. Pero preferí no preguntárselo y tomar la pregunta tal cual, equívoca y abierta como es. Y como a estas alturas cada uno es muy libre de creer o dejar de creer lo que estime oportuno, opté por responder en primera persona. La lista sería interminable, pero he aquí diez cosas (mejor dicho, veinte, pues en cada tema se me presentan dos extremos) que no puedo creer hoy. Mañana, no sé.

1° No puedo creer nada que esté en contradicción con la ciencia, es decir, con aquello que está matemáticamente medido y empíricamente comprobado. Pero tampoco puedo creer que la ciencia sea el único ni el supremo conocimiento, ni que solo sea real o verdadero lo que la ciencia puede medir y verificar. Conoce más.

2° No puedo creer en un Dios Ente Supremo y preexistente que habría creado el mundo desde la nada y desde fuera, se habría encarnado plenamente como hombre en el pasado, un “dios” que sería causa y explicación exterior de cuanto es. Pero tampoco puedo creer que solo exista este mundo visible, ni que todos los seres –visibles o invisibles a nuestros ojos y aparatos tecnológicos– que forman el mundo no estén envueltos y habitados, impulsados y atraídos por una energía originaria, una creatividad, potencial, espíritu, conciencia, belleza o amor o misterio más grande que todo, transcendente e inmanente a todo. Y tú también eres Él/Ella/Ello.

3° No puedo creer que el espíritu o la conciencia exista separada de lo que llamamos materia en alguna de sus dimensiones o manifestaciones. Pero tampoco puedo creer que la realidad en su conjunto, ni siquiera eso que llamamos materia, se reduzca a física y química, que de “menos” no esté emergiendo constantemente “más”: vida, inteligencia, conciencia, “espíritu”… en formas inagotables. Santa materia, matriz.

4° No puedo creer que el ser humano actual, Homo Sapiens, de este maravilloso planeta azul y verde sea la finalidad, el centro o la cumbre de la Tierra, cuánto menos del universo. Pero tampoco puedo creer que ello nos exima del sumo deber de cuidar la comunidad de los vivientes como si fuéramos los únicos responsables. Cuidemos.

5° No puedo creer que los seres humanos estemos dotados de libre albedrío entendido como capacidad de elegir sin estar determinados. Pero tampoco puedo creer que carezcamos de libertad, entendida como capacidad de ser sujetos de nuestro ser, de asumir nuestras condiciones y de ser más felices y mejores. Eres libre de ser.

6° No puedo creer que después de esta vida haya cielo o infierno o reencarnación, entendidos como suelen entenderse. Pero tampoco puedo creer que la muerte sea el fin de nada, ni que la Vida haya nacido ni vaya a morir. Vive, y basta.

7° No puedo creer que las religiones hayan venido del “cielo” ni posean la verdad revelada ni tengan respuestas a las preguntas humanas. Pero tampoco puedo creer que en sus textos fundantes y en su tradición no puedan hallarse inspiración y sabiduría para hoy, si se liberan de dogmas, formas y paradigmas del pasado. Busca.

8° No puedo creer que necesitemos religiones para vivir más humanamente. Pero tampoco puedo creer que podamos vivir humanamente sin una espiritualidad, sea esta religiosa o laica. Una espiritualidad transreligiosa con o sin religión.

9° No puedo creer que las religiones tradicionales sobrevivan mucho tiempo en nuestra sociedad del conocimiento y del cambio. Pero tampoco puedo creer que podamos sobrevivir mucho tiempo sin el espíritu o el aliento de la vida. Respira.

10° No puedo creer que ninguna creencia sea esencial a la espiritualidad ni que nadie deba creer nada que no le parezca creíble. Pero tampoco puedo creer que podamos dispensarnos de confiar en el corazón de la Realidad, para ser lo que somos y crear un mundo mejor. Credere viene de cor dare: entregar el corazón.

         Las de San José siguen bordeando los caminos de Aizarna, como siempre en febrero. Nuestras creencias han cambiado, pero seguimos siendo peregrinos y preguntándonos. ¿Por qué tanta belleza y dolor? ¿Por qué es todo? ¿Por qué vivimos? No busques la respuesta en ningún dogma. Calla, siente, escucha y camina.

El petróleo de Venezuela, las paradojas de EEUU y la crisis de la OPEP


Nazanín Armanian
www.publico.es / 190219

La incertidumbre política de Venezuela coincide con las sanciones simultáneas impuestas por EEUU sobre el petróleo de Irán y Venezuela, así como las continuas interrupciones en el suministro de Libia, como resultado de la agresión de la OTAN. Impedir que las consecuencias de esta situación pongan patas arriba la arquitectura energética mundial es una tarea que supera la capacidad y la habilidad intelectual del actual inquilino de la Casa Blanca y sus asesores.

Entre los motivos de la presión de EEUU sobre el petróleo venezolano se destacan:

+Apoderarse de sus reservas de hidrocarburo.
+Privar a China de otra de las fuentes de energía estable, después de desmantelar los estados que le suministraban como Irak, Libia, Sudan, e imponer sanciones contra Irán.
+Hacerse con el mercado del crudo venezolano, como parte de la extraña política de Trump.
+Empujar al alza los precios del petróleo, ahora que la estación fría está a punto de acabarse en EEUU y tampoco hay elecciones a la vista. Los beneficiarios serán los productores del petróleo de esquisto.
+Impedir que siga utilizado otras monedas que no sea el dólar o el oro para sus transacciones petrolíferas y comerciales.

El mundo ha dejado de estar bajo el dominio absoluto de EEUU: Los países sancionados buscarán fórmulas para vender su petróleo, burlándose de los criminales sanciones (que principalmente afectan a las clases más desfavorecidas), y sus clientes, -China, India, Corea del sur, Turquía, entre otros-, encontraran nuevos suministradores.

El Departamento del Tesoro de EEUU ha incluido a PDVSA en su lista de organizaciones bloqueadas y amenaza con restringir el seguro de los cargamentos e incluso prohibir las ventas. Aunque Venezuela recobre la estabilidad política, es difícil que recupere su posición dentro del mercado a corto plazo, y eso a pesar de los 300.000 millones de barriles de petróleo que alberga, entre otros motivos porque el aceite de su principal reserva, la Faja del Orinoco, es ultrapasado, y su extracción y refinación cuesta unos 35 dólares el barril (igual que el petróleo de Canadá), en comparación del crudo libio, unos 5 dólares y el de Arabia Saudí 7. Por lo que los precios deberían alcanzar los 90-100 dólares para que su explotación fuese rentable, algo que hoy sucedería quizás por una gran guerra, por ejemplo, contra Irán.

Agoniza la OPEP, nace la NOPEP

La crisis venezolana es otro mazazo a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), fundada en 1960 por Venezuela, Arabia Saudí, Kuwait, Irán e Irak. Las relaciones “especiales” entre Washington y Riad y la política de “seguridad a cambio de petróleo” han convertido a los jeques en un instrumento de EEUU para manipular la OPEP y los precios en el mercado mundial: en 1983, EEUU y Arabia con el fin de hundir la economía de la Unión Soviética, bajaron los precios de los 35 dólares el barril a 10, y hoy hacen lo mismo contra Rusia, Irán, Venezuela o Bolivia utilizando hasta el cadáver de Khashoggi: de 160.72 dólares el barril en junio del 2008 los precios cayeron a 51.99 en enero de 2019.

La escasa demanda del petróleo, la posible desaceleración de la económica mundial (sobre todo de China), así como el exceso de oferta por parte de EEUU, son algunos factores que podrán impedir la subida de los precios por encima de 70 dólares.

Las paradojas de EEUU

Trump tiene que elegir: imponer un embargo al petróleo venezolano o levantar parte del embargo a Irán. Eliminar a ambos del mercado no solo provocaría la rebelión de gigantes como China e India, sino que dispararía los precios. A pesar de que castigar a Venezuela es menos costoso para EEUU y Europa, -ya que Irán ha amenazado que “si no puede exportar su petróleo, nadie lo hará desde el estrecho de Ormuz”-, lo cierto es que en el establishment de EEUU hay presiones por parte de los lobbies israelí y saudí no sólo parar llevar las exportaciones de petróleo iraní a cero, sino bombardear el país.

EEUU necesita, por un lado, precios por encima de los 70-80 dólares el barril para que la extracción del petróleo por fracturación hidráulica fuese rentable (ya que además de los costos de extracción, debe ser refinado al ser un petróleo pesado) y, por otro, exige un precio bajo para comprarlo, por el elevado consumo de los derivados de petróleo del país.

El 3 de octubre, en la víspera de las elecciones parlamentarias de EEUU, Trump amenazó al rey de Arabia Saudí de que “Podría no estar [en el cargo] en dos semanas”, si no bajaba el precio del petróleo de los 86 dólares. Y aunque Salman bin Abdulaziz entonces se sometió, el estado de Arabia Saudí tiene vida propia: necesita dinero para llevar adelante su megaproyecto de “Visión Saudí 2030”, que salvaría su economía de la dependencia del petróleo, ahora que los pozos se están secando. Por lo que, Riad desde la OPEP y en cooperación con Rusia decidió, en enero pasado, reducir la producción en 1,2 millones de barriles para reequilibrar el mercado impidiendo una mayor caída de los precios.
Afirma el ex asesor de Goldman Sachs, Bethany McLean, autor de “América Saudita: La verdad sobre el fracking y cómo está cambiando el mundo” , que la revolución de esquisto de EEUU es un espejismo: no sólo daña el medio ambiente, contamina el agua o provoca sismos, sino que tampoco le conducirá a la independencia energética, y que ya ha creado un inmenso agujero negro financiero: las “60 empresas más grandes de producción no han generado ganancias, ni siquiera han podido cubrir sus gastos operativos y de capital“, afirma. La compañía Enron vinculada a la familia de Bush ha quebrado. EEUU engañó a Europa: le obligó en 2014 a renunciar al gasoducto ruso Nord Stream 2 prometiéndole recibir el ‘gas shale’ estadounidense en un futuro que no llega.

La NOPEP contra la OPEP

Ni el servilismo de los saudíes ha sido suficiente para que Washington respete mínimamente las necesidades de los estados que componen la OPEP, y como no puede convertirla en una sucursal del Departamento de Energía de EEUU planea desmantelarla. El 12 de febrero del 2019, el Comité Jurídico del Congreso de EEUU aprobó el proyecto de ley antimonopolio NOPEP (acrónimo de los Países Productores de Petróleo no pertenecientes a la OPEP, como lo son el Reino Unido, México, Egipto Alaska, EEUU o Rusia) que permite al fiscal general demandar a la OPEP o sus miembros, embargar unos 1,000 millones de dólares de las inversiones de Arabia saudí en EEUU, o confiscar los activos de ARAMCO, la compañía nacional de petróleo de Arabia. Para aumentar la presión sobre Riad, Donald Trump puede utilizar JASTA, la ley de Justicia Contra Patrocinadores del Terrorismo, aprobada por el Congreso en 2016 que permite a las víctimas de los ataques del 11 de septiembre de 2001 demandar a Riad (¿y por qué invadieron Afganistán?).

Si el presidente de EEUU firma el proyecto de ley conseguirá:
*Hacerse con el control absoluto de los precios,
*Reducir la influencia rusa en el mercado,
*Ganarse el título del “héroe del Oro Negro” en una sociedad obsesionada por el culto a los héroes,
*Bajar el tono de las críticas en el Congreso por sus relaciones “excesivamente” buenas con Arabia Saudita y Rusia, e incluso retrasar un posible juicio sobre “Rusiagate” o los escándalos sexuales en los que es protagonista.

La crisis de la OPEP se ha agravado por:

Convertirse EEUU en el principal productor de petróleo del mundo, debilitando la efectividad de las decisiones de la OPEP.

Disminuir la capacidad de producción de la organización. Una mayor restricción sobre la petrolera estatal venezolana PDVSA, o el embargo de sus activos en extranjero, podrán afectar al suministro de la OPEP. Por el momento, la firma estadounidense Conoco Phillips ha incautado los cargamentos de PDVSA tras ganar un litigio por 2,000 millones de dólares en concepto de deudas pendientes, lo que puede animar a otros acreedores presentar demandas en caso de impago.

La intención de Qatar de salir de la OPEP. A pesar de producir sólo el 2% del petróleo del cártel, y carecer de influencia en el grupo, el papel diplomático de Qatar y la mera presencia del mayor exportador mundial del gas natural licuado es un golpe a la organización y al poderío de Arabia Saudí.

La división en el seno del grupo debido a la debilidad progresiva de la facción Venezuela-Irán-Argelia, a beneficio del sector encabezado por los saudíes. La Venezuela “no bolivariana” será aliada de Arabia, y debilitará la posición de Irán y Rusia en el mercado. El petróleo hace décadas que ha dejado de ser un combustible fósil para convertirse en un arma de guerra.


The Best of Strauss



THE BEST OF STRAUSS II

01. Emperor Waltz (Kaiser-Walzer) Op. 437 00:00
02. Strauss I - Radetzky March Op. 228 11:57
03. Voices of Spring (Frühlingsstimmen) Waltz, Op. 410 14:54
04. On the Beautiful Blue Danube (An der Schönen Blauen Donau) Waltz, Op. 314 21:49
05. Chit-Chat (Tritsch-Tratsch) Polka, Op. 214 32:42
06. Viennese Blood (Wiener Blut) Waltz, Op. 354 35:21
07. Viennese Sweets (Wiener Bonbons) Waltz, Op. 307 44:10
08. Tales from the Vienna Woods (G'schichten aus dem Wienerwald) Waltz, Op. 325 53:46
09. Love Songs (Liebeslieder) Waltz, Op. 114 1:06:20
10. Roses from the South (Rosen aus dem Süden) Waltz, Op. 388 1:15:10
11. Be Embraced, You Millions! (Seid umschlungen, Millionen!) Waltz, Op. 443 1:24:26
12. Acceleration (Accelerationen) Waltz, Op. 234 1:33:56
13. Viennese Blood (Wiener Blut) Waltz, Op. 354 1:42:55
14. Light Blood (Leichtes Blut) Polka, Op. 139 1:52:21
15. Pizzicato Polka, Op. 234 1:55:06
16. Polka Schnell, Op. 281 1:57:49

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Sistema de pensiones para todos los panameños


Sistema de pensiones para todos los panameños: ayuda memoria para las nuevas autoridades

Jorge Luis Prosperi R.
www.elblogdejorgeprosperi.com / 031318

Al sensible tema del sistema de pensiones para todos los panameños y la crisis que lo aqueja, me he referido en ocasiones anteriores y siempre me queda la tristeza de saber que el problema no ha sido abordado de forma transparente, valiente y efectiva por los gobernantes de turno, valiéndose en no pocas ocasiones, de la falta de suficiente información para tratar el tema de las finanzas de la CSS, pues los diferentes equipos de actuarios de la entidad no han entregado la necesaria auditoría financiera de la institución…

Pero resulta que todos en Panamá sabemos que existen claros riesgos para que los jubilados y pensionados cuenten con los recursos necesarios, luego de retirarse o cumplir con sus cuotas, ya que, “a partir del próximo año la institución entrará en déficit de caja, y en el 2025 no habrá reservas”.

En ese contexto consideré pertinente compartir con ustedes la parte introductoria del capítulo III de la publicación de la CEPAL, Panorama Social de América Latina 2017, en el cual nos ofrece una mirada a nuevas tendencias en las reformas de los sistemas de pensiones en América Latina. Se trata de un documento que complementa de forma importante el acervo bibliográfico que existe sobre el tema, por lo que es de lectura y reflexión obligada para todo aquel que esté comprometido con solucionar este espinoso asunto.

Hago votos porque la próxima administración, coloque la solución de los problemas de nuestro sistema de pensiones, como la más alta prioridad de su agenda política y convoque, al inicio de su gestión, el prometido y pendiente “diálogo nacional” para abordar este tema.  

¿Cuál es el sistema de Pensiones que queremos los panameños?

Antes de entrar en materia, tengamos claro que “los sistemas de pensiones son mecanismos de protección social que tienen como principal objetivo salvaguardar los ingresos futuros de las personas y de sus dependientes o familiares ante diferentes contingencias que pueden suscitarse de manera natural o accidental en la vida de un trabajador. Las situaciones más comunes son el estado de edad avanzada (vejez) y/o desempleo en aquella etapa de la vida, fallecimiento prematuro, ocurrencia de accidentes personales o padecimiento de alguna enfermedad que conduzca a la invalidez. En cualquiera de los casos, los sistemas de pensiones son activados para ofrecer tranquilidad y seguridad al afectado o sus familiares, para que puedan recibir un apoyo económico que les permita vivir con dignidad”.

En esa dirección, nos informa la publicación del el Centro Nacional de Competitividad del 21 de julio de 2017, titulada “Sistema de pensiones en Panamá”, que en el mundo se han desarrollado básicamente dos sistemas de pensiones con características particulares que los diferencian y ambas coexisten en nuestro país.

Por un lado, están los sistemas de cuentas individuales en donde cada trabajador destina una proporción de sus ingresos (transformados en abonos) a su cuenta de previsión para su pensión, además de los intereses o la rentabilidad de esos ahorros que debe ser garantizada y administrada por una entidad pública o privada según el ordenamiento legal del territorio correspondiente para esos casos.

El otro sistema consiste en un fondo o caja común (también conocido como sistema de reparto o de pilar solidario) donde todos los trabajadores, independientemente de su nivel de ingresos, aportan a una cuenta común que sirve de soporte para el pago de las pensiones de aquellos que cumplen con los requisitos establecidos.

La principal diferencia entre ambos sistemas es la cantidad de dinero que recibe el trabajador finalmente, siendo proporcional a sus aportaciones en el caso del sistema de cuenta individual, mientras que en el caso del sistema de reparto existe un límite alcanzable que no será necesariamente proporcional a los aportes realizados. En ese ámbito, la publicación señala que en Panamá existen los dos sistemas.

En ese contexto, los panameños queremos un sistema que nos asegure una pensión suficiente para vivir de forma digna y cómoda al jubilarnos. Pero, lo primero que debemos considerar es ¿de cuáles panameños estamos hablando? Y al margen de las consideraciones de clase social o ingreso económico que son harto conocidas, hay que pensar en términos de edad y valores culturales de la mayoría de los panameños. Y, de acuerdo a estimaciones del INEC para el 2017, el 70% de nuestra población total, tenía entre 15 y 60 años. En tanto que el 30% somos mayores de 60 años.

Entonces la primera tarea es hacerles la pregunta a nuestros trabajadores (no jubilados y menores de 60 años), que son la mayoría. Estamos dando por sentado que todos en Panamá preferimos el fondo público y que todos abrazamos el principio de la solidaridad entre generaciones, y entre ricos y pobres. Pues puede que no sea el caso y las nuevas generaciones, sin dejar de ser solidarios, piensen diferente en cuanto a la mejor opción para todos.


Nuevas tendencias en las reformas del sistema de pensiones de los países de América Latina: perspectiva de la CEPAL

La publicación de la CEPAL, Panorama Social de América Latina 2017, nos ofrece en su capítulo III una mirada a nuevas tendencias en las reformas de los sistemas de pensiones en América Latina. Recomiendo la lectura completa del documento y comparto continuación algunos aspectos introductorios.

De acuerdo con la CEPAL, “el desarrollo institucional de los sistemas de pensiones se basa en la lógica de los esquemas de pensiones obligatorios y contributivos… Desde este punto de vista, el principal objetivo de un sistema de pensiones es proveer un seguro de ingresos (por concepto de invalidez, vejez y muerte), que distribuye el consumo a lo largo del ciclo de vida. En una definición más moderna de los sistemas de pensiones también se tienen en cuenta objetivos de política pública, como la reducción de la pobreza y la redistribución del ingreso”.

“En los enfoques más modernos de la protección social, el desarrollo de los sistemas de pensiones requiere el equilibrio de una fina ecuación que, además de la clásica función de seguro de los ingresos frente a distintos riesgos, incorpora la solidaridad necesaria para que los esquemas previsionales sean sostenibles y enfrenten la pobreza y la desigualdad provocadas, entre otros factores, por los bajos índices de cobertura. si bien en una evaluación básica del sistema de pensiones pueden considerarse distintas y variadas dimensiones, los resultados de dicha evaluación deberían dar respuesta al menos a tres preguntas en el marco de un esquema que pertenece al sistema de protección social”.

La primera es: ¿cuál es la cobertura del sistema de pensiones? Es necesario precisar y estimar indicadores de cobertura cuantitativos y cualitativos para evaluar el sistema de pensiones. La dimensión de cantidad se refiere a la cobertura de personas activas (proporción de la población en edad de trabajar que cotiza en el sistema de pensiones) y de personas pasivas (proporción de los mayores de 65 años con alguna prestación del sistema de pensiones). La dimensión de calidad de la cobertura de las personas activas, en general, se determina por la densidad de cotizaciones (proporción de la vida laboral en que se realizan cotizaciones).

La segunda es: ¿son suficientes los beneficios del sistema de pensiones? La comparación agregada más común consiste en comparar los beneficios promedio del sistema de pensiones con la línea de extrema pobreza, la línea de pobreza, el salario mínimo y el ingreso per cápita. Con estos indicadores se estima la suficiencia de los beneficios previsionales. El análisis de la calidad de los beneficios a nivel individual se efectúa comparando el nivel de las pensiones con el de los ingresos previos al retiro de los trabajadores y con ello se calculan las tasas de reemplazo del sistema de pensiones.

Por último, la tercera es: ¿a qué costo se alcanzan la cobertura y los beneficios entregados? Es necesario evaluar si el sistema de pensiones es sostenible desde el punto de vista financiero, por ejemplo, si los aportes públicos como porcentaje del producto interno bruto (PIB) son apropiados en relación con otras necesidades económicas y sociales.

En el siguiente diagrama se representan las áreas de una evaluación básica del sistema de pensiones, a saber: la cobertura o cantidad de personas cubiertas (conjunto A), las prestaciones o el nivel de las pensiones (conjunto B) —que dan una noción de la calidad del sistema— y los costos y la sostenibilidad financiera del esquema de pensiones (conjunto C). La intersección de los tres conjuntos, el área E, representa un sistema de pensiones en equilibrio, es decir, que ha alcanzado una cobertura adecuada, proporciona beneficios suficientes y es financieramente sostenible.

Si el sistema se encuentra fuera del área E se deberán realizar modificaciones o reformas pues este no cumple con los estándares relativos a la cobertura o la suficiencia de los beneficios o presenta déficits financieros que hacen insostenible el esquema previsional.

En general, un sistema de pensiones deficitario en estas tres dimensiones requiere la implementación de una reforma estructural del esquema previsional.


Existen otras dimensiones que pueden agregarse a la evaluación básica en el marco de un sistema de seguridad social y que la transforman en una evaluación integral del sistema de pensiones. El análisis de cada una de esas dimensiones, que están relacionadas con las variables de la evaluación básica, también puede revelar condiciones que requieran la modificación o reforma de los sistemas de pensiones.

Es recomendable realizar un análisis integral del sistema de pensiones antes de elaborar una reforma previsional. En la mayoría de los países de la región, se efectuó solo una evaluación básica, concentrada en la sostenibilidad financiera y los efectos fiscales de los sistemas de pensiones. La ampliación del campo de análisis es fundamental para consolidar sistemas de pensiones modernos y para que en los futuros diseños de los esquemas previsionales se tengan en cuenta otras dimensiones muy relevantes para el logro de los objetivos de un esquema que pertenece al ámbito de la protección social.


La transición demográfica y el acelerado envejecimiento de la población en América Latina harán que los sistemas de pensiones sean cada vez más relevantes, en virtud de sus efectos sociales, económicos y políticos. En las últimas décadas, se llevaron a cabo numerosas reformas de los sistemas de pensiones en América Latina, tanto estructurales (11 países, 9 de ellos entre 1993 y 2003, Chile en dos oportunidades -1981 y 2008- y Panamá en 2008) como paramétricas (14 países entre 2008 y 2017). En las reformas estructurales realizadas se implementaron distintos modelos de pensiones.

Las lecciones, los principios y los criterios que pueden extraerse de estas experiencias se analizan en este capítulo de la publicación de la CEPAL.

Pecados capitales


Sergio Ramírez M.

Llegué a la Universidad de León en 1959, antes de cumplir los 17 años, y en mi pueblo natal de Masatepe los únicos comunistas que había conocido eran unos hermanos zapateros, que acabada la faena diaria dejaban sus ropas de trabajo y se vestían de blanco impoluto, los zapatos siempre con una mano reciente de albayalde, para instalarse en el parque central, donde predicaban entre bromas, frente a una escasa concurrencia, más contra la religión católica que contra explotación de la casa obrera. Lo único que aprendí de ellos es que comunista era sinónimo de ateo.

En la universidad supe más pronto de la acción que de la teoría marxista. Llegué a las aulas pocos meses después del triunfo de la Revolución cubana, y en las manifestaciones callejeras contra la dictadura de los Somoza, una de las cuales fue reprimida a balazos con saldo de cuatro compañeros muertos, nos acompañaba el fervor reverencial por los guerrilleros barbados y vestidos de verde olivo que habían logrado derrocar a Batista.

Nunca faltaban los gritos contra el imperialismo. Dictadura e imperialismo eran conceptos indisolubles. Nicaragua había sufrido en el siglo dos intervenciones militares de Estados Unidos, y al final de la última de ellas, en 1933, dejaron instalado a la cabeza de la Guardia Nacional a Anastasio Somoza, fundador de la dinastía, quien al año siguiente orquestó una conspiración para asesinar al general Sandino, héroe de la resistencia de seis años en contra de la ocupación.

Más que en el estudio de la teoría marxista, reducida a manuales, eran los agravios los que marcaban las convicciones. Cuando el viejo Somoza fue baleado de muerte por el poeta Rigoberto López Pérez en 1956, el presidente Dwight Eisenhower lo llamó “campeón de la democracia”. El Caribe era una selva donde reinaban las panteras engalonadas: Batista, Trujillo, Somoza, Pérez Jiménez, Castillo Armas.

En 1954 el gobierno del coronel Jacobo Arbenz había sido derrocado en Guatemala, y la obscenidad de los hechos resultaba hasta candorosa: Allen Dulles era jefe de la CIA y a la vez miembro del consejo directivo de la United Fruit Company; y su hermano, John Foster Dulles, secretario de Estado, era abogado de la compañía, a la que Arbenz había expropiado unas tierras ociosas para su programa de reforma agraria, que a la postre resultó más moderado que el que el presidente Kennedy propuso a comienzos de los sesenta en su Alianza para el Progreso.

Todos los males, opresión, atraso y miseria, desigualdad social, falta de instituciones democráticas, entrega de los recursos naturales a las potencias extranjeras, eran atribuibles al imperialismo que, al amparo de la Guerra Fría, sostenía a las dictaduras de derecha. No había nadie más a quien culpar. Hasta el triunfo de la Revolución cubana la izquierda había estado ausente del poder, salvo por el caso de Guatemala, y el de Bolivia, con la Revolución Nacional de 1952. Y la única otra revolución había sido la mexicana a comienzos del siglo, y que, comida por la polilla, distaba de ser vista ahora como una referencia.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional, fundado en 1961, nació del fermento de izquierda en las aulas universitarias, y quien sería su fundador, Carlos Fonseca, había dejado la escuela de derecho poco tiempo atrás de mi llegada, para pasar a la clandestinidad. Y al bautizar como sandinista a la organización guerrillera creó un vínculo con la historia de lucha antiimperialista en Nicaragua; y a la par se creó otro con la Revolución cubana que acogía y entrenaba a los movimientos guerrilleros del continente.

Carlos Fonseca cayó en las montañas del norte de Nicaragua en 1976, a menos de tres años del triunfo de la revolución, el cual no hubiera sido posible sin un cambio fundamental de rumbo. El FSLN se dividió en tres tendencias, y la estrategia guevarista del foco guerrillero en la montaña fue superada a partir de 1977, cuando se crea la tendencia insurreccional, por la de una ofensiva generalizada contra las tropas de Somoza, junto a la articulación de una alianza política con todas las fuerzas antisomocistas.

El Grupo de los Doce, formado en 1977 por empresarios, sacerdotes, profesionales e intelectuales, fue esencial para el cambio de percepción que la sociedad tenía del FSLN como un grupo de guerrilleros valientes y sacrificados pero sin consenso social ni posibilidades de alcanzar el poder político. Y el asesinato del periodista Pedro Joaquín Chamorro en enero de 1978, catapultó la lucha.

El triunfo de la revolución en julio de 1979 fue el fruto del heroísmo de miles de jóvenes combatientes que lograron derrotar al ejército pretoriano de Somoza, pero también lo fue, y en una medida trascendental, de una brillante operación política que movilizó a la población, despojó de temores a la clase media, pospuso las aprensiones de los empresarios, y logró una interlocución con Estados Unidos.

Una “transición ordenada” fue negociada con la administración Carter, lo que implicaba la salida de Somoza al extranjero con su familia y allegados, y la formación de un mando conjunto del nuevo ejército, entre oficiales de la Guardia Nacional y jefes guerrilleros. No resultó así al final, porque el vicepresidente Urcuyo, que sólo debía entregar el mando a la Junta de Gobierno, desconoció el acuerdo, y eso precipitó el avance de las fuerzas insurgentes y el desmoronamiento del ejército.

Hay pecados capitales que definen la historia de un proceso revolucionario, y definen, a fin de cuentas, la historia misma. El pecado capital de la revolución nicaragüense consistió en poner la ideología por encima de las posibilidades de la realidad. El socialismo, como idea redentora, vino a ser una entelequia que despreció la realidad, y ésta terminó imponiéndose.

La revolución era, en primera instancia, una sincera ilusión de cambio en la mente de quienes la habían hecho posible. Fue una empresa abierta, realizada con voluntad espontánea por gente de distintas clases sociales que no se detuvieron a considerar asuntos de ideología, menos la imposición una ideología férrea basada en el protagonismo hegemónico de una clase obrera que a duras penas existía en un país de fundamento agrario.

La ideología y el ideal. Convertir a los pobres en protagonistas de la historia era parte central de la idea de revolución, compartida por los cristianos partícipes del proceso, promotores de la opción preferencial por los pobres del Concilio Vaticano II y del Congreso ¿Eucarístico??? de Medellín. Y era un sentimiento de la sociedad en general; una revolución sin cambios estructurales no puede merecer ese nombre.

Pero la ideología marxista de los manuales, y las concepciones leninistas sobre el poder, flotaban arriba, en el estrato de la vanguardia, encarnada en los nueve comandantes, dueños del papel de conducir la revolución por el camino correcto. La revolución se había hecho con novedad e imaginación. Ahora, la ortodoxia ideológica pugnaba por imponerse frente a la novedad y la imaginación.
El poder fue conducido desde el primer momento en dos planos: en el interno las intenciones de fondo, la creación a largo plazo de un Estado socialista bajo la guía de un partido único, o al menos hegemónico; y en el externo la proclama del pluralismo político, la economía mixta y el no alineamiento internacional.

Esta prédica de la superficie logró un buen grado de credibilidad en Europa Occidental, fue aceptada con algo de reticencia por los nuevos gobiernos democráticos de América Latina, que entonces sustituían a las dictaduras militares, pero nunca convenció a los Estados Unidos de Reagan, que dio su respaldo inmediato al ejército de la contra, y así sobrevino en Centroamérica, tomando en cuenta las guerras en El Salvador y Guatemala, una confrontación de la Guerra Fría en una oscura esquina del tablero mundial.

En términos estratégicos la revolución sandinista se amparó en el campo soviético, y en Cuba, para el apoyo militar, y para los suministros básicos que incluían el petróleo, mientras del otro lado prevalecía el embargo comercial de Estados Unidos.

Y, desde el principio, la unidad de fuerzas políticas diversas que hizo posible el derrocamiento de la dictadura había saltado en añicos. Muy temprano el FSLN decidió que responsabilidad política de gobernar era en exclusiva suya, y éste fue otro pecado capital. No sólo alejó a sus aliados, sino que les estorbó, o impidió que formaran o consolidar partidos de oposición. Cuando fueron llamadas las elecciones de 1984 quiso atraerlos de nuevo, pero la administración Reagan les impidió participar, para deslegitimar al gobierno sandinista resultante de esas elecciones.

La única posibilidad de redimir a los pobres era creando riqueza, pero la estatización de la propiedad, empezando por la agraria, y los controles del comercio, resultaron en fracaso; y la guerra consumió los recursos y vino a desbarajustar las iniciativas de transformación social que eran la razón de ser de la revolución, salud, educación.

La empresa privada sobrevivía maniatada, sin iniciativas ni confianza, sujeta a las expropiaciones arbitrarias, y después se fue también por el embudo de la debacle que representó la falta de divisas para los suministros básicos, la inflación y el desabastecimiento.

Nadie en la dirigencia sandinista imaginó la llegada de Gorbachov para sustituir a los viejos carcamales del Kremlin, ni que enviaría al canciller Shevardnadze a Managua con la notificación de que el apoyo estratégico llegaba a su fin, y que era necesario entenderse con Estados Unidos. Tampoco fue previsible la desaparición de la Unión Soviética ni la caída del muro de Berlín.

Cuando agotadas las posibilidades de seguir adelante con una guerra que había desangrado hasta la extenuación al país, se impuso la necesidad de los acuerdos de paz con la contra, que también se había quedado sin respaldo del Congreso de Estados Unidos, vinieron, como consecuencia, las elecciones de 1990, que el sandinismo terminó perdiendo, y con las elecciones no sólo perdió el gobierno, sino el control de las instituciones públicas y de las fuerzas militares y de seguridad. El proyecto revolucionario colapsó, y las férreas concepciones ideológicas cogieron rápidamente herrumbre.

La revolución terminó entonces. No sobrevivió. Fue un proyecto complejo que dejó una marca en la historia, con su voluntad de cambio y sus virtudes e ideales, y sus errores, deficiencias y defectos de concepción.

Quienes intentaron escribir la segunda parte se apropiaron de sus símbolos y de su retórica, que luce hoy tan envejecida, pero su esencia se había disuelto sin remedio. Eran unos ideales sustentados con ardor juvenil; y si reparamos en lo que ocurre hoy día bajo el régimen represivo de Ortega, aquel discurso alentado por el ardor juvenil se quedó extraviado en los entresijos del tiempo, y en boca de unos viejos resulta en una cruel, y a veces ridícula, falsificación. Porque quienes están siendo reprimidos son otros jóvenes idealistas como los que entonces empuñaron los fusiles.

Son los nietos de la revolución empeñados en otra revolución, esta vez sin armas.