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La reforma de la liturgia

José M. Castillo S.
www.religiondigital.com/05.02.17

La Iglesia se ha organizado de manera que la liturgia, como “culto sagrado”, da la impresión de que, para mucha gente y en la práctica diaria de la vida, es más importante que Dios. Y, por supuesto, es más determinante de sus costumbres y hábitos de vida que el Evangelio. Por eso resulta comprensible que el cardenal Sarah, prefecto de la Congregación del Culto Divino, pretenda detener la reforma litúrgica que puso en marcha el concilio Vaticano II.

¿Qué explicación puede tener esta pretensión de inmovilismo y conservadurismo del cardenal Sarah? ¿Por qué hay todavía gente que echa de menos la misa en latín o las ceremonias litúrgicas a la antigua usanza?

El problema, que plantean estas preguntas, es más serio de lo que algunos se imaginan. El “hecho religioso” es tan antiguo como el ser humano. O sea, la religión nació hace unos cien mil años.

Pero la religión nació de tal manera que lo primero, lo más original, en el hecho religioso, no fue Dios, sino los ritos. Concretamente, los ritos de sacrificio. Se mataba un animal, según un ceremonial predeterminado, y eso aglutinaba al grupo (de cazadores trashumantes) y, según parece, producía un efecto tranquilizante y pacificador de los naturales sentimientos de culpa, que brotan en todo ser humano.

Seguramente el trasfondo de estas conductas se comprende a partir de lo que es el sacrificio en sí. En efecto, la práctica sacrificial expresa simbólicamente que toda vida se mantiene y perdura a costa matar otras vidas (H. Seiwert, G. Theissen). Esto es duro. Pero es así. Y vale también para los vegetarianos (los vegetales son vidas).

Sí, podemos seguir viviendo porque matamos otras vidas.

Esto supuesto, lo que se puede asegurar (como hecho sobradamente demostrado), es que “Dios es un producto tardío en la historia de la religión” (G. van der Leeuw, K. Lorenz, W. Burkert). ¿Cuándo empezaron los humanos a pensar en Dios? No es posible precisarlo. Se sabe con seguridad que la idea de Dios está indisociablemente unida a la práctica del sacrificio. En todo caso, en las prácticas religiosas, que conocemos hasta el Neolítico (unos 11.000 años a. C.), al menos en Europa, no hay rastro de creencias o relación alguna con Dios. O sea, el ser humano practicó rituales religiosos relacionados con la caza, con la muerte, con el paso a otra posible forma de vida. Y ésa fue su religión durante unos 90.000 años.

Se comprende por eso que, por ejemplo, la profesora Ina Wunn (Universidad de Hannover) haya escrito una historia, de más de 500 páginas, sobre “Las religiones en la Prehistoria”, un gran volumen donde ni se menciona a Dios. Sin duda alguna, el ser humano tiene integrada, en su larga existencia de 100.000 años, la práctica fija y firme de los rituales sagrados. Una experiencia que los humanos tenemos más integrada en nosotros que la idea de Dios o nuestra relación con él.

Esto es lo que explica que haya tanta gente que es más fiel a la exacta observancia de los ritos sagrados, que a su correcta relación con Dios. Y es que los ritos son acciones que, debido al rigor en la observancia de las normas, llegan a constituir un fin en sí mismos. De donde resulta que, en el ámbito de la conducta, ocurre con frecuencia que el “rito” se sobrepone al “ethos” (G. Theissen). Y, entonces, nos encontramos con el hecho, tan frecuente entre los cristianos, de quienes son fieles observantes de normas y ceremonias sagradas, pero al mismo tiempo dejan mucho que desear en su conducta. O son sencillamente gente sin vergüenza.

Pues bien, habida cuenta de lo que acabo de explicar, se comprende que, ya en el Antiguo Testamento, el enfrentamiento de los profetas con los sacerdotes fue frecuente y hasta mortal. Pero, sobre todo, esto es lo que explica la originalidad de la vida, la conducta y las enseñanzas de Jesús. La relación de Jesús con los observantes (sacerdotes, levitas, fariseos, maestros de la Ley) fue un constante enfrentamiento. Como fue un conflicto su relación con el Templo. Jesús no instituyó ningún ritual. Ni la cena de despedida fue un ritual, cosa que dejó patente el IV evangelio. Ni la muerte de Jesús fue un sacrificio sagrado. Aquella muerte no podía ser un “sacrificio ritual”. Fue un “sacrificio existencial”, como quedó patente en la carta a los Hebreos (7, 27; 9, 9-14) (A. Vanhoye). De ahí, la exhortación final: “No os olvidéis de la solidaridad y de hacer el bien, que esos sacrificios son los que agradan a Dios” (Heb 13, 16).

El integrismo litúrgico del cardenal Sarah es un asunto grave, muy grave. Es un asunto que toca el corazón mismo del Evangelio. El que tranquiliza su conciencia porque va a misa, reza por la mañana y por la noche o cosas por el estilo, si no es honrado, transparente y practica la justicia, por encima de todo, es un farsante que, más que engañar a la sociedad y a la Iglesia, es un indeseable que se engaña a sí mismo.

Mientras la Iglesia no resuelva esta gran mentira, no va a ninguna parte. ¿Se comprende por qué hay tantos cristianos que no soportan al Papa Francisco?


¿Qué urge más resolver en la iglesia?

José M. Castillo S.
www.religiondigital.com/180217

Los problemas, que hoy más preocupan a clérigos y laicos que actualmente se interesan por los asuntos de la Iglesia, ¿son los problemas más graves que tiene le Iglesia en este momento?, ¿son esos los problemas que hay que afrontar cuanto antes?

Creo que es urgente afrontar estas preguntas porque no sé si lo más apremiante, en este momento, es aclarar si los divorciados vueltos a casar pueden o no pueden recibir la comunión. Como tampoco sé si no admite espera posible el hecho de que cuatro cardenales (y algunos grupos integristas) estén en desacuerdo con el papa Francisco. Por supuesto, es un asunto muy grave la cantidad abrumadora de abusos de menores, el hecho de que el Vaticano ni ha firmado, ni pone en práctica, los derechos humanos. Ni los puede poner mientras siga en vigor el actual Derecho Canónico. Con las enormes consecuencias que todo esto entraña.
No sé si estoy en lo cierto al plantear estas preguntas y estas dudas. En cualquier caso, a mí me parece que, debajo de estas cuestiones, hay un problema de fondo que nos asusta. Y nos asusta de verdad. Me refiero a la relación que tiene, mantiene y vive esta Iglesia, que tenemos, con el Evangelio de Jesús.
No estoy dudado de si la Iglesia cree o no cree en el Evangelio. Eso, por supuesto, está fuera de duda. Es más, si el Evangelio ha llegado hasta nosotros, eso se lo debemos a la Iglesia, que lo ha creído y lo ha enseñado a lo largo de los siglos. Pero es que el problema no está en si la Iglesia cree o no cree en el Evangelio. El problema está en si la Iglesia vive o no vive el Evangelio.
Más en concreto, a mí me parece que el problema está en si la Iglesia, tal como la vemos y la vivimos, “sigue” o “no sigue” a Jesús. Porque no olvidemos esto nunca: el problema más grave, que planteó Jesús (según los evangelios) fue el problema del “seguimiento”. De manera que incluso la fe, en Dios y en Jesús, se hace imposible cuando se divorcia y se desentiende del seguimiento de Jesús.
Y lo que yo veo, tanto en la Jerarquía como en los fieles, es que la Iglesia vive preocupada por la fidelidad de los cristianos a la fe. La fidelidad al seguimiento de Jesús no le quita el sueño a nadie. Y conste que, concretamente en los evangelios sinópticos, mientras que la fe se menciona 36 veces, del seguimiento se habla 57 veces.
Y es que la fe, como conjunto de creencias y prácticas religiosas, se puede reducir fácilmente a un asunto privado y a una serie de costumbres que integramos en nuestra vida sin demasiados problemas. Mientras que el seguimiento de Jesús, si nos atenemos a los relatos de los evangelios que lo explican, exige – como punto de partida – fiarse de Jesús hasta tal punto, que se renuncia a lo más fundamental (familia, trabajo, dinero, seguridad, proyectos…) porque asumir la forma de vida de Jesús es más determinante que todo lo demás.
¿No estamos haciendo en la Iglesia una especie de componenda entre fe y seguimiento, que termina no siendo ni lo uno ni lo otro? Me temo que estamos – y vamos a seguir – angustiados por temas marginales, mientras que, al problema capital de la Iglesia, nunca nos atrevemos a hincarle el diente.
Y así, nos interesan una serie de asuntos secundarios, al tiempo que la relación de fondo entre la Iglesia y el Evangelio, ahí está. Y seguirá estando hasta que el “ser o no ser” obligue a tomar en serio el problema que de verdad nos urge. Como urge un salvavidas al que se está ahogando.


Lo más importante, ¿los ritos o las personas?

José M. Castillo S.
www.religiondigital.com/08.02.17

No obstante la crisis religiosa, que estamos viviendo, son bastantes los cristianos que se ponen nerviosos si se les habla de innovaciones o cambios en la liturgia de la misa y demás sacramentos.

Esta postura es comprensible. Lo que seguramente no saben quienes defienden esta posición -y la defienden no sólo con energía sino incluso con indignación– es que, sin darse cuenta, quienes adoptan tal postura de forma intolerante, en el fondo, lo que hacen es aceptar y –sin saberlo- reafirmar una de las ideas típicas de Sigmund Freud.

Así lo explica un autor tan documentado como es Gerd Theissen, comentando un texto importante del volumen 7º de las “Gesammelte Werke” (p. 129-131) de Freud. El rito se constituye en un fin en sí, que se contrapone al caos, que es lo más opuesto al orden. Por eso los ritos sirven para defenderse del caos. O, en otras palabras, los ritos sirven para defenderse del miedo, que precipita al individuo en un caos psíquico. Estas ideas han sido desarrolladas por Víctor Turner y Rolf Gehelen.

De ahí que, para no pocas personas, cambiarles los ritos y, sobre todo, quitar el ritual o su lenguaje (por ejemplo, el latín) es quitarles un factor fundamental de su seguridad en la vida o en su relación con Dios.

Pero, es claro, las personas que se meten de lleno en este proceso y, por eso, se aferran a la exacta observancia de los ritos, aparte del miedo inconsciente que eso entraña, tiene una consecuencia religiosa y social que nos aleja del Evangelio más de lo que imaginamos. ¿Por qué Jesús tuvo tantos conflictos con los maestros de la Ley, con los fariseos y con los sacerdotes? Siempre la misma historia: porque no observaba el sábado, no ayunaba, no cumplía los rituales de pureza cultual, andaba con malas compañías (pecadores, publicanos), tenía amistades peligrosas…

Y todo esto, ¿por qué? La respuesta más clara y más directa la dio Jesús cuando explicó lo que será verdaderamente decisivo en el juicio final. No será la observancia de los “ritos” religiosos, sino la relación que cada cual tiene con la felicidad o el sufrimiento de las “personas” (Mt 25, 31-46).

Cuando el Señor de la Gloria venga a pedir cuentas a cada cual, a nadie le va a preguntar si dijo la misa en latín o en otra lengua, si cumplió con las normas litúrgicas al pie de la letra, si ayunó o dejó de ayunar, etc.

O el Evangelio es mentira o la liturgia le preocupa a Dios bastante menos que al clero y sus más fieles adeptos. Lo que al Dios de Jesús le interesa no es la fiel observancia de los ritos, sino que tengamos sensibilidad para dar de comer al que pasa hambre, para estar con el enfermo, para acoger al extranjero, para interesarse por los que están en la cárcel.

Muchas veces me pregunto por qué en el Vaticano hay una Sagrada Congregación que vigila la observancia de los ritos. Y por qué no hay otra Congregación Sagrada que se preocupe por los millones de criaturas que sufren más de lo que humanamente se puede soportar.

Comprendo que todo esto ponga nerviosos y hasta indigne a algunos cristianos. Pero quienes se ponen nerviosos, al leer esto, ¿no se preguntan por qué hay tantas personas en la Iglesia que no tolerarían ver las parroquias y los templos sucios, descuidados, desordenados, abandonados, misas que no las dice el cura, sino el sacristán; o misas que el cura dice en mangas de camisa…, pero resulta que esas mismas personas no pierden el sueño sabiendo que cada día se mueren de hambre más de 30.000 personas? ¿No será verdad que nuestra exactitud en la observancia y en el cumplimiento de los ritos sagrados nos sirve de “calmante espiritual” que tranquiliza nuestra conciencia?

Carta al Papa Francisco

Leonardo Boff
www.cpalsocial.org/220217

Convocación de una Asamblea Universal de las Iglesias, de las Religiosos y de los Caminos espirituales para un nuevo Orden planetario ético-espiritual

Querido Papa Francisco, nuestro Hermano Mayor:

Impulsados por sus pronunciamientos, especialmente por la encíclica “Laudato Si sobre el cuidado de la Casa Común”, por su impactante discurso en la ONU de 2015 y por los tres mensajes e los movimientos populares mundiales, nos animamos escribirle esta carta que contiene una sugerencia madurada en muchos grupos de todos continentes.

Pensamos que es un paso adelante y complementar a los documentos referidos arriba.

Partimos de la constatación, presente en su Encíclica, de que el sistema Tierra y el sistema vida pasan por grandes amenazas. Como dice la Carta de la Tierra: ”o formamos una alianza global para cuidar de la Tierra y de unos y otros, o arriesgaremos nuestra propia destrucción y a la diversidad de la vida” (Preámbulo).

Las Iglesias, las religiones y los caminos espirituales, particularmente, la Iglesia Católica, son todos portadores de mensajes espirituales y éticos. Tienen una responsabilidad fundamental en hacer avanzar la conciencia de la humanidad y de los dirigentes políticos de los pueblos en el sentido de empeñar esfuerzos para garantizar un futuro bueno para la vida, para la Madre Tierra y para el futuro de nuestra civilización.
Sabemos, querido Papa Francisco, Hermano Mayor, que Usted comparte profundamente esta preocupación con espíritu de esperanza en el poder de la creatividad de ser humano y más que todo en la fuerza vital del Espíritu Creador, “soberano amante de la vida” (Libro de la Sabiduría 11,26).

En razón de todo esto, nos atrevemos hacerle una propuesta porque pensamos que Usted ha alcanzado una autoridad espiritual, moral, ecuménica y política para iniciar este proceso en nombre de toda la humanidad, como lo ha hecho antes con la Encíclica Laudato Si.

Se trata sencillamente pedirle, que el Espíritu lo ilumine, para convocar una Asamblea Universal de las Iglesias, Religiones y Caminos Espirituales para conciliar y profundizar temas que atañen al futuro de nuestra especie y de la diversidad de la vida en la única Casa Común que tenemos.

Imaginamos así la puesta en concreto de sus inspiraciones e iluminaciones.

El tema general podría ser formulado así:
Un nuevo orden ético-espiritual en la economía, en la política, en la sociedad y en los hábitos de cada persona.

Pensamos como mera sugerencia algunos tópicos que nos parecen esenciales:
La espiritualidad, como un proceso antropológico en marcha en cada ser humano;
El agua como bien natural, esencial, común e instituirlo;
La sostenibilidad de todos los seres, especialmente de la naturaleza y de la vida.
El hambre en el mundo y el derecho a una alimentación saludable y suficiente para todos;
Los derechos de la Madre Tierra y de la naturaleza;
Los derechos de los pueblos a su soberanía y al respeto de sus culturas y tradiciones;
Los derechos humanos individuales y sociales;
Condenar todo tipo de guerras especialmente preventivas y elaborar propuestas de paz.
El derecho a un desarrollo pleno de la conciencia;
La economía solidaria de los bienes comunes de la Madre Tierra y da Humanidad;
La urgencia de una gobernabilidad plural del planeta Tierra. Y así realizar lo que se dijo en la Academia Pontificia de Ciencias en su documento: ”Humanidad y naturaleza sostenible: nuestra responsabilidad”: “una redistribución justa de la riqueza, lejos de ser inalcanzable, las bases tecnológicas y operativas de un desarrollo sostenible ya están disponibles o bien de fácil acceso”.
Estas son solamente algunas sugerencias.

Evidentemente cada grupo invitado tratará de traer su cuerpo de especialistas y de conocedores de los temas en cuestión. Otras personas de notorio saber y de buena fe, independiente, de su inscripción religiosa o espiritual, deberían ser invitadas.

Querido Papa Francisco, fue con mucha reflexión y oración que nos vino esta propuesta que seguramente Usted sabrá valorar. Pedimos al Espíritu que lo ilumine con sus inspiraciones y conduzca semejante propósito a su realización urgente, especialmente por los más vulnerables. Será abierta y sin plazo para ser concluida.


Con nuestras oraciones y deseos, expresando nuestra admiración y total apoyo a sus iniciativas universales, humanitarias, valientes y evangélicas.

Trump examinado por el “fascismómetro”

Nazanin Armanian
www.publico.es/010217

No hace daño a nadie tener gustos horteras y colgar cortinas doradas en el Despacho Oval, cuando alguno de estos ricos tienen su inodoro bañado en oro; el prestamista indio Datta Phuge adornaba su cuerpo macizo con una camisa hecha de aquel metal amarillo. Otra cosa es que el presidente de la principal potencia militar y económica del planeta sea fascista (este es el insulto más serio que le han dicho), el sistema político más destructivo inventado por el ser humano.

Tras la caída de la Unión Soviética en 1991, la extrema derecha, gestor de la economía neoliberal, asaltó al poder primero en Oriente Próximo, luego en la Europa oriental para avanzar luego en la Europa occidental. En EE.UU el “neofascismo” empezó a tener eco desde el régimen de George Walker Bush que exhibía fuerza en la Guerra del Golfo Pérsico (1991), cuando sepultaba a decenas de miles de personas bajo los escombros de sus hogares, con el afán de exhibir el poderío y anunciar el Nuevo (des)Orden Internacional. La era de Trump empezó en 2014, cuando Obama despreció el contundente apoyo que recibía de la mayoría de los ciudadanos.

Los rasgos del fascismo

El fascismo es una ideología, un movimiento y una estructura política -económica en la que el poder del estado se fusiona con el de las corporaciones, fundando un régimen cleptocrático y corrupto, cuyos elementos son:

+La privatización del sector público.
+La creación de un Estado fuerte y centralizado.
+La eliminación de los partidos y asociaciones progresistas, los sindicatos de trabajadores, y el rechazo a los fundamentos de la democracia.
+El totalitarismo. El afán de controlar no sólo la vida pública sino las mentes y los pensamientos. Los ciudadanos además de obedecer las reglas de juego como en una dictadura, deben pensar como los mandatarios para no ser considerados una amenaza. De allí, la necesidad de un partido poderoso capaz de crear el pensamiento único y reclutar a individuos.
+Nacionalismo exacerbado: exaltar las virtudes de la comunidad, que siempre son superior a las de otras.
+La militarización de la vida civil.
+Lanzar guerra de conquista, en la que la exaltación a la muerte y el martirio tiene un especial lugar, como la consigna falange de la “¡Viva la muerte!”
+La primacía de los supuestos intereses colectivos sobre los derechos individuales.
+Promover el apoyo de grandes masas. Al contrario de las dictaduras que se mantienen con el respaldo de reducidos grupos de élite, los fascismos crean una amplia base social.
+El culto al líder-salvador, carismático, autoritario y narcisista, quien masculiniza el poder (¡más de los que suele ser!), padece una acentuada mirada misógina, y siendo buen orador es capaz de inyectar emoción y frenesí patriótico o religioso en las masas, incitándolas a eliminar las imaginarias “amenazas”. El vocabulario usado recurre a los bajos instintos donde se alojan el miedo y el egoísmo, nublando sus conciencias.
+Apología de un pasado glorioso, que nunca existió.
+Enaltecimiento de la violencia en la política. Contar con una organización de matones y paramilitares para difundir en terror.
+Bendecir la ignorancia y desautorizar a los intelectuales y científicos.
+Lanzar un discurso de odio, a veces racista, que requiere un chivo expiatorio que puede ser el comunismo, los inmigrantes, un grupo étnico o religioso.
+Contar con un libro doctrinal, propio o de referencia: un Mein Kampf o un texto mítico-religioso.
+También juegan un importante papel la escenificación, rituales colectivos, la liturgia militar, modos de vestir, barba, bigote y peinado, etc.

Ahora bien, Trump y su equipo, de momento, no cumplen la mayoría de estos puntos. En vez de Mein Kampf su libro se titula “El arte de hacer tratos” y sus directrices aparecen en tuits, refugio para no explicar nada; no es un “stateman”, más bien parece ser el rostro de otros invisibles políticos; no es carismático ni tiene un gran movimiento de masas de apoyo, ni nadie ha pretendido imitar su peinado; no cuenta con un partido que le represente (¡el Tea Party no cuenta!), y está solo incluso en su propio partido; tampoco aplasta la oposición, ni envía a las mujeres a las cocinas, sino a los concursos de belleza; Trump defiende el uso de la tortura y matar a las familias de terroristas, aunque (de momento) no parece que recurra a los escuadrones de muerte.

Fue curiosamente Barak Obama quien firmó el día 23 de diciembre (cuando “las masas” estaba entretenido con las compras navideñas), la Ley de Autorización de la Defensa Nacional, que permite la detención indefinida bajo custodia militar de los sospechosos de actuar contra los intereses del Estado. Trump, por su parte, ha dado orden al Pentágono a renovar el arsenal nuclear y estudiar el escenario de guerra contra Irán, Rusia y China.

Trump y la Pirámide de Maslow

Habría que ver cómo la teoría “Motivación humana” de Maslow y las necesidades de la mayoría de los estadounidenses afectará a la posición y a los planes de la administración Trump. Por el momento, el presidente de los Estados Unidos ha entregado la política exterior a ExxonMobil, principal compañía petrolífera del mundo, mientras retira lo poco que hizo Obama por una sanidad accesible para los desfavorecidos.

Este país, con el 5% de la población mundial alberga el 25% de los presos del mundo, unos 2,220,300 adultos y 54.148 menores (2013); unos 43 millones viven en pobreza; millones de negros, hispanos y asiáticos sufren un racismo primitivo; millones de mujeres no blancas sufren una triple opresión y otras millones de personas desahuciadas se han convertido en sin techo, a pesar de haber 24 casas vacías por cada persona. El cambio de Obama era imposible, y no sólo porque él mismo pertenecía a la alta burguesía, sino también porque aquel sistema es irreformable: Monstruos como Trump, Clinton, Bush, etc. son su prueba.

Es difícil saber si en EEUU existen condiciones objetivas para el ascenso del fascismo. Los intentos de los Bush y de Obama de encontrar una salida a la profunda crisis del capitalismo se han frustrado. Cada paso que dieron fue otra puerta al desastre para sí mismo y para el mundo.

El trumpismo y lo que pretende ser, es un peligroso e inquietante misterio.


El rastro de destrucción dejado por transnacionales en América Latina

Diana Aguiar
www.cpalsocial.org/050217

  
¿Qué tiene que ver la lucha por justicia en la Amazonía ecuatoriana con los movimientos que luchan por justicia ambiental y por derechos humanos en Brasil? En este artículo, Diana Aguiar, de FASE, responde a esta cuestión señalando la impunidad de varias empresas en todo el continente

El crimen de Samarco/Vale/BHP en la cuenca del río Doce, que inició con la ruptura de las represas que contenían desechos de minería en Mariana (MG) el 5 de noviembre de 2015, sin lugar a dudas se sumó a la lista de los mayores crímenes ambientales de los últimos 50 años, junto con los de Chevron en la Amazonía ecuatoriana; Shell en el territorio Ogoni, en Nigeria; entre otros. Y así como en el caso de esos otros crímenes emblemáticos causados por las operaciones de las transnacionales, la solución al caos generado, la reparación al medio ambiente y la necesidad de acceso a la justicia para los pueblos afectados está lejos de encontrar desenlaces razonablemente dignos.

Después de desastres como estos, en donde vidas y territorios enteros han sido devastados, la recuperación plena no es un horizonte posible. En todos estos casos, son escandalosos los malos tratos a las víctimas, la impunidad de las empresas y el descuido en establecer marcos que apunten a evitar la repetición de crímenes similares. Ya que el tiempo no da marcha atrás, mirar el retrovisor de forma detenida y cuidadosa debería garantizar el papel de la memoria en inspirar la futura orientación de los sistemas de justicia.

Teniendo en cuenta lo anterior y ante la falencia de los sistemas de justicia de diversos países para hacer frente a los crímenes y violaciones en sus territorios, organizaciones comunitarias, movimientos sociales y articulaciones de personas afectadas han documentado casos para sistematizar el aprendizaje adquirido a través de las resistencias. Aunque la mayor parte de los casos permanezca invisibilizada y sea constantemente naturalizada, la experiencia muestra similitudes aterradoras en el modus operandi de las grandes empresas, los Estados y la justicia.

Durante tres audiencias (Viena en 2006, Lima en 2008 y Madrid en 2010) el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) escuchó 48 casos de violaciones a los derechos humanos y de los pueblos perpetrados por transnacionales en América Latina.

El veredicto final señala el carácter sistemático de esas violaciones; la repetición de ciertos patrones en las operaciones que violan derechos; la persistencia de la impunidad; la tolerancia y complicidad tanto de los Estados que son sede de las empresas inversoras como de los Estados receptores de estas inversiones; el papel de las estrategias de responsabilidad social de las empresas en dotarlas de una fachada de legitimidad y la interdependencia y el tráfico de influencias entre los sectores público y privado, que generan una alianza que se ha transformado, a lo largo de los años, en una verdadera arquitectura institucional de la impunidad.

Esta arquitectura de la impunidad se asienta no solo en la asimetría del poder entre las grandes empresas y los pueblos que resisten y sufren las expoliaciones causadas por megaproyectos de inversión, sino también sobre la asimetría de poder entre esas empresas y muchos Estados receptores de las inversiones. Es una arquitectura que posibilita y favorece la injusticia sistemática, la continuidad de los patrones observados en los casos presentados y la certeza de impunidad para las empresas.

En ese contexto, la frecuente judicialización de los conflictos ambientales, en vez de demostrar la pujanza de un sistema de justicia, es un síntoma de que las violaciones de derechos son cada vez más inherentes al actuar de las empresas en los territorios y de que el Estado, en sus diferentes instancias, ha sido frecuentemente cómplice –por omisión o acción- de esas violaciones.

No por casualidad la lucha por justicia para los 30.000 afectados por Chevron en la Amazonía ecuatoriana se volvió un referente para movimientos sociales de justicia ambiental y de derechos humanos. Enfrentar una batalla jurídica contra una gigantesca petrolera es una tarea hercúlea. Es más, hacerlo a lo largo de dos décadas manteniendo la cohesión comunitaria y la firmeza del propósito, aún con todas las persecuciones e intentos de difamación por parte de la empresa, es digno de la admiración que la Unión de Afectados y Afectadas por la Petrolera Texaco (UDAPT) ha despertado alrededor del mundo. A pesar de que éste es el caso más grave y emblemático de los actos de Chevron, la resistencia a la petrolera ya demostró que sus características expresan un modo de operar de la empresa³.

A lo largo de los casi 30 años de la operación en Ecuador, Texaco (actual Chevron) utilizó tecnología entonces obsoleta para la extracción de petróleo y tratamiento de los residuos, derramando 60 billones de litros de desechos tóxicos de petróleo en cerca de 1000 “piscinas” que contaminaron un total de 480.000 hectáreas de selva amazónica.

La UDAPT después de un litigio iniciado en los años 1990 en cortes estadounidenses y después ecuatorianas, obtuvo una decisión favorable para las víctimas, que determinó el pago por parte de la empresa de 9,5 billones de dólares a un fondo de reparación ambiental administrado por la población afectada. Desde entonces, la empresa ha dedicado una suma enorme de recursos en abogados, lobby, propaganda y persecuciones para evitar pagar la reparación. Como no existen más activos de Chevron en Ecuador, la UDAPT decidió buscar la homologación de la sentencia en otros países.

Uno de estos países es Brasil. El caso se encuentra en evaluación en el Supremo Tribunal de Justicia (STJ). El sistema de justicia brasilero tiene la oportunidad histórica de hacer valer la justicia para los 30.000 afectados de la Amazonía y abrir un importante precedente para las víctimas de crímenes socioambientales, que buscan un amparo legal para las violaciones que sufrieron.

Al participar del Tribunal por los Derechos de la Naturaleza durante la COP 21 en París, en diciembre de 2015, Pablo Fajardo, abogado de la UDAPT y originario de la región afectada, hizo una conmovida referencia al crimen ambiental de Samarco/Vale/BHP en la cuenta del río Doce en Brasil, ocurrido un mes antes de la realización del evento. Pablo y la UDAPT además de ser importantes referencias en la lucha global por la justicia ante la impunidad corporativa, ha actuado en solidaridad con otras comunidades afectadas que enfrentan crímenes ambientales y violaciones cometidas por las empresas.

En el aniversario de un año del crimen socioambiental de Samarco/Vale/BHP, Robinson Yumbo, presidente de la nación indígena Cofan, una de las cinco nacionalidades afectadas por la Chevron en la Amazonía ecuatoriana, hizo parte de la delegación de la Articulación Internacional de Afectados y Afectadas por Vale en una Marcha y Encuentro de los Afectados que recorrió toda la cuenca del río Doce, desde Regencia (ES) hasta Mariana (MG), en solidaridad con los afectados por Samarco/Vale/BHP.

Esa actividad, entre otras, ha demostrado que el desmantelamiento de la arquitectura de la impunidad que favorece a las empresas es una lucha que une a todas las víctimas de violaciones y crímenes corporativos y a los pueblos que resisten los megaproyectos expoliadores en todo el planeta. Empapada de este espíritu la UDAPT junto con la FASE y más de 200 movimientos, redes y organizaciones de todo el mundo, componen el esfuerzo colectivo de la Campaña Global para Desmantelar el Poder Corporativo y Parar la Impunidad.


Notas

Edición del artículo de Diana Aguiar, integrante del Grupo Nacional de Asesoría (GNA) de FASE. El texto original fue publicado por la Fundación Rosa Luxemburgo Brasil en el boletín Ponto de Debate junto a otro elaborado por Pablo Fajardo, de la UDAPT.

De las 100 economías más grandes del planeta, 59 son países y 41 son empresas transnacionales. Diversas empresas son más grandes que la economía de varios países, que muchas veces eligen flexibilizar legislaciones ambientales, trabajadoras y sociales y mecanismos de protección de sus poblaciones en pro de la atracción de inversiones. Fuente: Planeta Tierra: un Mundo Corporativo, em Transnational Institute: Estado del Poder, 2012.


A Planet in Danger: the World of Chevron (EjaAtlas?).

Bienvenidos al Antropoceno

www.rebelion.org/080217

Las evidencias científicas que respaldan la teoría del Antropoceno son cada día más robustas y contundentes, y probablemente sea cuestión de tiempo que el término acabe siendo formalmente aceptado por la comunidad científica internacional

Hasta tal punto estamos los seres humanos alterando actualmente los procesos biogeofísicos y biogeoquímicos esenciales de nuestro planeta que muchos investigadores sugieren que estamos ya inmersos en una nueva unidad formal dentro de la escala temporal geológica de la Tierra: el Antropoceno, una nueva época geológica dentro del periodo Cuaternario en la cual los humanos estaríamos sobrepasando con nuestras actividades los umbrales de seguridad de varios parámetros ambientales claves para el correcto funcionamiento de la ecosfera.

Pese a no haber sido aún reconocido formalmente por la comunidad científica internacional, lo cierto es que la noción de Antropoceno está penetrando con muchísima fuerza en la literatura científica de todo el mundo. Según apuntan sus defensores, uno de los mayores éxitos de este nuevo término radica, precisamente, en su capacidad para albergar geológicamente y de forma satisfactoria la situación de excepción ecológico-social en la que nuestro planeta se halla en los inciertos albores del siglo XXI.

Con el objetivo de clarificar la validez científica del Antropoceno, en el año 2008 se presentó una propuesta a la Comisión Internacional de Estratigrafía para evaluar si este concepto tenía o no mérito científico como una nueva unidad geocronológica de la Tierra; y, si lo tuviese, resolver cuándo habría comenzado.

Tras varios años de intenso trabajo, las certidumbres científicas cosechadas por el Grupo de Trabajo sobre Antropoceno (GTA) respecto a la validez científica del término han sido bastante convincentes. Igualmente notables han resultado ser los avances obtenidos respecto al momento histórico en el cual situar el comienzo de esta nueva época geológica (o, lo que es lo mismo, dónde establecer la frontera geológica entre el Holoceno y el Antropoceno). Como veremos a continuación, son tres las propuestas que, a día de hoy, cuentan con un mayor respaldo científico al respecto.

La primera de ellas, conocida como la teoría del “Antropoceno temprano”, emplaza el inicio de esta nueva época geológica en el Neolítico, con la domesticación de especies y el desarrollo de la agricultura y la ganadería. Según apunta esta hipótesis, el cambio sociocultural que supuso pasar de organizarse alrededor de pequeños grupos nómadas de cazadores-recolectores a constituir asentamientos humanos basados en las actividades agropecuarias conllevó una modificación del sistema biofísico global (expresada fundamentalmente a través de los cambios de uso del suelo y del aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera) que, según sostienen sus principales defensores, podría ser considerado como el inicio del Antropoceno.

La segunda teoría sobre el comienzo del Antropoceno sitúa su inicio hacia finales del siglo XVIII y principios del XIX, con el arranque de la Revolución Industrial. Esta hipótesis fue la que originalmente defendieron los padres del término Antropoceno allá por el año 2000, argumentando que los efectos de las actividades humanas se hicieron claramente perceptibles a escala global a partir de este momento (sobre todo aquellos relacionados con las concentraciones atmosféricas de CO2 y CH4 detectadas en los testigos de hielo glaciar).

Estudios recientes han puesto de manifiesto como los productos asociados a las actividades extractivas -como los materiales de construcción o los metales procesados- representarían otro importante marcador estratigráfico que señalaría un cambio notorio en las características de los depósitos antropogénicos durante el inicio de la Revolución Industrial.

Por último, la tercera gran teoría sobre el inicio del Antropoceno sostiene que éste comenzó a mediados del siglo XX, con el fenómeno de rápidas e intensas transformaciones sociales, económicas, científicas, tecnológicas y biofísicas que tuvieron lugar a escala planetaria tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Según sus defensores, este fenómeno, conocido como la Gran Aceleración, habría impulsado un fuerte incremento poblacional y un potente aumento en el consumo per cápita de recursos que, junto al posterior proceso de globalización económica, habrían sumido al planeta Tierra en un nuevo estado de cambios drásticos inequívocamente atribuible a las actividades humanas.

De entre estas tres grandes hipótesis, las últimas investigaciones realizadas por el GTA se inclinan a ubicar el inicio del Antropoceno hacia mediados del siglo pasado, es decir, con el comienzo de la Gran Aceleración.

Las razones principales que han llevado a estos investigadores a descartar las opciones del Neolítico y de la Revolución Industrial como el inicio formal del Antropoceno han sido, fundamentalmente, que ambos acontecimientos sucedieron -cada uno de ellos por separado- de manera diacrónica en todo el planeta, y, como es sabido, los límites cronoestratigráficos en geología han de establecerse siempre en base a medidas sincrónicas globales. Así, el proceso por el cual los seres humanos fuimos desarrollando la agricultura y la ganadería durante el Neolítico no fue un fenómeno que sucediese de forma simultánea en todas las regiones del planeta sino que estuvo separado por miles de años.

Estudios recientes desarrollados sobre horizontes edáficos vinculados a las primeras prácticas agropecuarias así lo sugieren. Del mismo modo, la Revolución Industrial, aun tratándose de un proceso mucho más comprimido en el tiempo que la neolitización, fue también un evento diacrónico en el espacio y en el tiempo que, para el caso de muchos países, realmente no termina de producirse hasta mediados del pasado siglo.

De este modo, las principales averiguaciones científicas reunidas durante los últimos años parecen indicar que fue el excepcional aumento de las actividades humanas acontecido desde mediados del siglo XX lo que, definitivamente, habría sumido al planeta Tierra en una nueva época de cambios rápidos, intensos y globalizantes que representaría el inicio de la Gran Aceleración y, con ello, el comienzo del Antropoceno.

Lo interesante de todos estos cambios es que, además de tener la capacidad global de modificar la dinámica “natural” del planeta, habrían ido originando con el paso de los años diversos registros estratigráficos reconocibles para la geología. Tal y como apuntan los trabajos realizados por el GTA, entre las principales transformaciones antropogénicas asociadas a registros estratigráficos detectables encontraríamos:

i) la dispersión mundial de isótopos radiactivos procedentes de las pruebas nucleares que se iniciaron a mediados de la década de los cuarenta ;
ii) la alteración global del ciclo del nitrógeno ocurrida a partir de la intensificación agrícola facilitada por el uso masivo de fertilizantes artificiales;
iii) la creación y dispersión planetaria de nuevos materiales fabricados por el ser humano, como los plásticos y las fibras sintéticas;
iv) la difusión global de contaminantes vinculados a las actividades industriales, incluidos los contaminantes orgánicos persistentes y los metales pesados;
v) la pérdida de biodiversidad y el avance de especies invasoras en todo el planeta;
vi) la modificación humana del sistema climático mundial debido al aumento acelerado de los niveles atmosféricos de CO2 a partir, fundamentalmente, de mediados del siglo XX ; y
vii) la alteración de los depósitos y flujos de materiales pétreos granulados correspondiente tanto al transporte deliberado de materiales (minería, construcción, urbanización) como al efecto indirecto producido por las grandes presas fluviales.

De entre todas estas transformaciones antropogénicas, son varias las que habrían logrado imprimir, según los geólogos, un sello estratigráfico detectable sobre el planeta; sellos todos ellos que podrían ser utilizados formalmente como pistoletazo de salida del Antropoceno.

Sin embargo, y tal y como apuntan las últimas investigaciones del GTA, el evento más apropiado para situar el nacimiento oficial del Antropoceno sería la primera detonación nuclear, llevada a cabo en el desierto de Alamogordo, en Nuevo México, el 16 de julio de 1945. Según argumentan estos científicos, los isótopos radiactivos liberados a partir de los primeros ensayos nucleares (ensayos que alcanzaron su máximo de emisiones a comienzos de la década de los sesenta) habrían modificado para siempre, y de un modo sincrónico, el registro químico-estratigráfico global de nuestro planeta, siendo de este modo el candidato idóneo para representar geológicamente el comienzo del Antropoceno.

Las evidencias científicas que respaldan la teoría del Antropoceno son cada día más robustas y contundentes, y probablemente sea cuestión de tiempo que el término acabe siendo formalmente aceptado por la comunidad científica internacional. Hasta entonces, no cabe duda de que se trata de un concepto útil y consistente cuyo enorme potencial mediático-reflexivo puede contribuir positivamente -tanto desde el punto de vista político como cultural- a una mayor toma de conciencia global sobre la delicada situación socio-ecológica en la que se encuentra nuestro planeta y nuestra especie en los albores del nuevo milenio.

Este artículo ha sido escrito en base a un artículo más extenso del mismo autor: Aguado, M. (2017). Llamando a las puertas del Antropoceno. Iberoamérica Social: revista-red de estudios sociales VII, pp. 42-60.


Mujeres en movimiento  


Raúl Zibechi

www.jornada.unam.mx/091216



Decir que las mujeres, con sus hijos e hijas, son el corazón de las resistencias, es tan cierto como insuficiente. Hace falta convivir en la cotidianeidad de los ‘abajos’ para comprobar los tremendos cambios que se registraron en apenas una década y media, desde el ciclo de luchas anterior (entre finales de los 90 y comienzos de la década de 2000, en Sudamérica) hasta las renovadas luchas de estos años.



En el movimiento piquetero argentino, entre 1997 y 2002 aproximadamente, las organizaciones tenían mayoría de mujeres, un 55-60 por ciento de quienes acudían a las asambleas. Las razones que encontramos en aquellos momentos son que ellas tomaron en sus manos la alimentación de sus hijos, mientras los varones estaban deprimidos, porque la desocupación les imposibilitaba seguir siendo los proveedores de sus familias y, por lo tanto, perdieron el papel central que habían tenido.



En los movimientos de las periferias urbanas actuales, el porcentaje de mujeres siguió creciendo. En un reciente intercambio con un movimiento territorial en Córdoba, en Barranca de Yaco, periferia muy pobre de la ciudad, comprobamos que son mujeres más de 90 por ciento de quienes asisten a las asambleas. Además de la asamblea semanal, a la que acuden unas 90 personas, el movimiento puso en pie una asamblea quincenal de mujeres, lo que revela que la participación femenina empieza a modificar las relaciones entre géneros y no está sólo volcada a conseguir alimentos.



Ellas son mayoría también en los grupos de trabajo en las huertas y en la albañilería, por lo que desbordan el involucramiento tradicional en espacios como los comedores y las meriendas de los chicos. El papel de las mujeres ha cambiado no sólo en la cantidad de mujeres involucradas, sino también en la calidad de los trabajos que hacen.



Lo más sorprendente fue conocer un pequeño pueblo del norte de Córdoba, Sebastián Elcano, de apenas 2 mil 500 habitantes rodeados de cultivos de soya a 180 kilómetros de la capital. En el pueblo hubo varios feminicidios, el último hace apenas un mes. Las mujeres se concentraron en repudio del asesinato, convocadas por la Federación de Organizaciones de Base (FOB). La mayoría de las movilizadas acuden semanalmente a las asambleas del movimiento.



Por lo menos dos mujeres del pueblo acudieron a los últimos Encuentros Nacionales de Mujeres, en Mar de Plata en 2015 y en Rosario este año, y unas cuantas compañeras viajan tres horas hasta Córdoba para las marchas del Ni una menos. El movimiento de mujeres impacta incluso en pequeños pueblos rurales, donde el poder de los caciques y de la policía es muy fuerte aún.



Este potente crecimiento de las mujeres en movimientos está enviando mensajes muy profundos al mundo de las luchas emancipatorias, que deberíamos no sólo tener en cuenta, sino aprender y compartir. Algunas de las realidades que constatamos, tanto en las ciudades como en las zonas rurales, tienen puntos en común con otras luchas como las bases de apoyo del EZLN, las que se registran entre pueblos indígenas y negros, entre movimientos campesinos y en multitud de experiencias concretas como las comunidades urbanas de la Organización Popular Francisco Villa Independiente en la ciudad de México.

Quisiera compartir algunos rasgos que encuentro en los movimientos actuales, sin pretender agotarlos ni jerarquizar cada uno de los aspectos que expongo.



El primero es que la presencia masiva de mujeres modifica los rasgos más patriarcales de las organizaciones. Esto no sucede de forma mecánica ni reactiva, sino que es consecuencia de un largo trabajo de las mujeres, acompañadas por sus hijas e hijos que ya no están tan moldeados por la dominación patriarcal. En rigor, debe decirse que la masiva presencia de mujeres abre la posibilidad de que se mueven hacia relaciones distintas. Porque también hemos comprobado, en asambleas donde nueve de cada diez son mujeres, que ellas demandan la palabra masculina, sobre todo en movimientos urbanos de las periferias pobres.



Lo segundo es que las resistencias más profundas asumen formas comunitarias. Dicho de otro modo, para resistir y seguir siendo, los pueblos crean comunidades. Podemos decir que la comunidad es la forma política que asumen los pueblos cuando resisten la acumulación por despojo/cuarta guerra mundial. En este sentido, la comunidad no prexiste, sino que es producto de la lucha (como la clase en E. P. Thompson).



La tercera es que las resistencias se ordenan en torno a la reproducción. Este rasgo, como los anteriores, es de carácter estructural, aunque a muchos les suene extraño. El capitalismo realmente existente, condena a muerte o a desaparición física y simbólica a las mayorías de abajo, y por lo tanto resistir es sostener la vida; por tanto, reproducirla.



Tenemos aquí tres aspectos que marchan juntos: comunidad, reproducción y mujeres, con sus hijos e hijas. Que integran también a los varones no violentos, como ha hecho la organización de mujeres campesinas e indígenas de Paraguay (Conamuri). Creo que Cherán es un buen ejemplo de cómo se anudan las comunidades con la reproducción de la vida y las mujeres.



Sólo cabría agregar dos cuestiones. Una, que el camino seguido no es el que creen los académicos: primero leyeron a Simone de Beauvoir y a otras feministas, y luego cayeron en que debían hacer las cosas de ese modo. Las lecturas sirven, pero en general vienen después que se aprende a poner el cuerpo, nunca antes. O sea, no sirven para explicar la vida real, que sólo se explica por sí misma.



Dos, que las tareas de reproducción son femeninas, pero no necesariamente de mujeres. Parir es de mujeres. Pero la reproducción es asegurar la vida y puede ser sostenida por unas y otros. Si me perdonan algunos revolucionarios, diría que los movimientos antisistémicos son femeninos en un doble sentido: la mayoría de quienes los integran son mujeres (aunque no siempre), pero son cualitativamente femeninos en el sentido de cuidar y sostener la vida, aunque seamos varones los que acompañemos.