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¿La seguridad de quién? Cómo se protege Washington a sí mismo y al sector corporativo

www.rebelion.org/070714

La realidad de la política exterior de Estados Unidos

Presentación de Tom Engelhardt

No es necesario decir que a los jefazos del estado de seguridad nacional no les hicieron nada felices las revelaciones de Edward Snowden. Aun así, en el último año, los comentarios de esos personajes, los políticos asociados con ellos y los retirados de ese mundillo que dieron expresión a sus sentimientos tuvieron una calidad sorprendente: vituperación por todo lo alto.

Lo más bonito que cualquiera de esas personas tenían para decir sobre Snowden fue “es un traidor” o –resabios de los tiempos de la Guerra Fría (y del absurdo, como que el Departamento de Estado lo atrapara en el sector “En tránsito” del aeropuerto moscovita quitándole el pasaporte)– “un espía ruso”. Y esta es la parte más suave.

Esos personajes también pidieron la ejecución de Snowden, literalmente colgarlo del viejo roble para que se balanceara en la brisa. Lo suyo fue un espeluznante repertorio colectivo que aportó un nuevo significado a la palabra “visceral”.

Semejante respuesta al hecho de que Snowden entregara sucesivos lotes de documentos de la NSA a Glenn Greenwald, a la realizadora de cine Laura Poitras y al periodista del Washington Post Barton Gellman reclama una explicación.

Aquí está la mía: el objetivo de la NSA al crear un sistema de vigilancia planetario era a la vez utópico y distópico (según cuál sea el punto de vista del lector) pero, en cualquier caso, pasmosamente totalizante.

Sus funcionarios de mayor nivel intentaban peinar todos los medios de comunicación, electrónicos u online, que los seres humanos utilizan para comunicarse entre ellos, y desarrollar la capacidad de vigilar y seguir el rastro de todos los habitantes de la Tierra. Desde la canciller alemana Merkel y la presidenta de Brasil Rousseff hasta el campesino con teléfono celular en las tierras de cultivo de Afganistán (por no hablar del ciudadano estadounidense en cualquier lugar del mundo); nadie iba a estar desconectado. Conceptualmente, no iba a haber excepciones. Y lo notable del asunto es lo cerca que estuvo la NSA de conseguirlo.

Inconscientemente o no, los funcionarios de la comunidad de inteligencia de EEUU imaginaron una excepción: ellos mismos. Se suponía que nadie que estuviera fuera del circuito cerrado sabía nada de lo que ellos estaban haciendo. Se suponía que solo ellos en el planeta no iban a ser escuchados, espiados, vigilados…
Sospecho que el impacto de las revelaciones de Snowden y las reacciones viscerales derivaron, en parte, del descubrimiento de que ese sistema no tenía excepciones, ni siquiera sus creadores estaban al margen. En el sentido corriente de la palabra, al hacer público el diseño de su mundo, Snowden no puso nada en peligro; sin embargo, eso le convirtió en nada menos que el traidor del mundo excepcional que ellos imaginaban.

Lo que él proponía era que ya que ellos nos vigilan a nosotros, de algún modo ahora nosotros podemos vigilarlos a ellos. La acción de Snowden, en otras palabras, los colocaba junto al vulgo –nosotros– algo que, en esas circunstancias, era el peor insulto; ellos respondieron en consecuencia.

Una explicación afín merodea en esta entrega de Tom Dispatch a cargo de Noam Chomsky.

Si la “seguridad” de la seguridad nacional no es la seguridad del pueblo de Estados Unidos sino, como él sugiere, la de aquellos que dirigen el estado de seguridad nacional, y si el secretismo es el atributo del poder, lo que hizo Snowden fue romper el código de secretismo y exponer el poder mismo a la luz de un modo devastador y tétrico.

No debemos asombrarnos de la reacción que provocó, tan sanguinaria y virulenta. Chomsky tiene una manera inquietante de exponer a la luz las varias facetas del poder, especialmente el de Estados Unidos con los mismos sombríos resultados. Viene haciéndolo desde hace medio siglo, y cada día lo hace mejor.


¿La seguridad de quién?

Cómo se protege Washington a sí mismo y al sector corporativo

La cuestión de cómo se define la política exterior es crucial en el mundo de los negocios. En los siguientes comentarios solo propondré algunas pistas sobre cómo pienso que se debería analizar provechosamente el tema, limitándome a Estados Unidos por varias razones.

En primer lugar porque la significación y el impacto de EEUU es inigualable. En segundo término, se trata de una sociedad inusualmente abierta, posiblemente la única en su género, lo que implica que conozcamos mucho acerca de ella. Finalmente, porque es claramente lo más importante para los estadounidenses, que pueden influir en las decisiones políticas de su país –y ciertamente también para otras personas en la medida que sus acciones pueden influir en estas decisiones–. Sin embargo, los principios generales se extienden a otras potencias y aun más allá.

Existe una “versión estándar comúnmente aceptada” que es común a la enseñanza académica, a los pronunciamientos del gobierno y al discurso público. Sostiene que la primera responsabilidad del gobierno es garantizar la seguridad y la principal preocupación de EEUU y sus aliados desde 1945 fue la amenaza rusa.

Hay varias maneras de evaluar la doctrina. Lo obvio es interrogarse: ¿Qué pasó cuando desapareció la amenaza rusa en 1989? Respuesta: en gran parte, todo siguió igual que antes.

Estados Unidos invadió inmediatamente Panamá, mató probablemente a miles de personas e instaló un régimen cliente. Era una práctica rutinaria en los dominios de EEUU, pero en este caso no fue tan rutinaria. Por primera vez una acción importante de política exterior no se justificaba con una supuesta amenaza rusa.

En vez de ello, se urdió una serie de falsos pretextos para realizar la invasión que no soportaron el menor análisis. Los medios de comunicación se inmiscuyeron entusiasmados y elogiaron el extraordinario logro de derrotar a Panamá, sin considerar que los pretextos eran absurdos, que el acto en sí mismo era una violación radical del derecho internacional y que fue condenado implacablemente en todas partes; más aún en América Latina.

También se ignoró el veto estadounidense a una resolución unánime del Consejo de Seguridad –con la única abstención de Gran Bretaña– que condenaba los crímenes de las tropas estadounidenses durante la invasión.

Todo rutinario. Y todo olvidado (lo que también es rutinario).

Desde El Salvador hasta la frontera rusa

El gobierno de George W Bush formuló una nueva política de seguridad y un nuevo presupuesto de defensa como reacción al colapso del enemigo planetario. Eran bastante similares a los anteriores, aunque con nuevos pretextos. Era –resultó ser– necesario mantener un aparato militar casi tan grande como el del resto del mundo y mucho más avanzado en sofisticación tecnológica, pero no para defenderse contra la ya inexistente Unión Soviética. La excusa ahora era la creciente “sofisticación tecnológica” de las potencias del Tercer Mundo. Disciplinados intelectuales comprendieron que habría sido incorrecto sumirse en el ridículo, así que mantuvieron un silencio adecuado.

Estados Unidos, insistían los nuevos programas, debía mantener su “industria básica de defensa”. La frase es un eufemismo referido a la industria de alta tecnología en general, que requiere una gran inversión estatal para la investigación y el desarrollo, a menudo con cobertura del Pentágono, en eso que los economistas llaman “la economía de libre mercado”

Una de las disposiciones más interesantes de los nuevos planes tenía que ver con Oriente Medio. Allí, Washington debía mantener fuerzas de intervención apuntando a una región crucial en la que los mayores problemas “no podían dejarse a las puertas del Kremlin”. Contrariamente a 50 años de mentiras, se reconocía discretamente que el problema principal no eran los rusos sino el llamado “nacionalismo radical”, esto es, el nacionalismo independiente fuera del control de EEUU.

Todo esto tiene una importancia evidente en la versión estándar, pero pasó desapercibido o, quizás habría que decir, por lo tanto pasó desapercibido.

Otros acontecimientos importantes se produjeron inmediatamente después de la caída del Muro de Berlín, al final de la Guerra Fría. Uno fue en El Salvador, el principal destinatario de la ayuda militar estadounidense –aparte de Israel y Egipto, una categoría especial– y una de las peores marcas mundiales en lo que a derechos humanos se refiere. Es habitual que ambos aspectos estén estrechamente relacionados.

El alto mando militar salvadoreño ordenó a la brigada Atlacatl que invadiera la Universidad Jesuita y asesinara a seis intelectuales latinoamericanos de primera línea, todos ellos sacerdotes jesuitas, incluyendo a su rector, Ignacio Ellacuria, y a cualquier testigo, es decir, el ama de llaves y su hija. La brigada acababa de regresar de un periodo de entrenamiento avanzado de contrainsurgencia en Fort Bragg, North Carolina, el Centro y Escuela Especial de Guerra John F. Kennedy del Ejército de Estados Unidos y ya había dejado un sangriento rastro de miles de víctimas en el curso de la operación de terrorismo de estado en El Salvador conducida por EEUU, parte de una campaña más amplia de terror y tortura en toda la región.

Todo rutinario. Ignorada y virtualmente olvidada en Estados Unidos y sus aliados; otra vez, todo rutinario. Pero, si tenemos el cuidado de mirar el mundo real, este nos cuenta mucho acerca de los factores que motivan la política.

Otro acontecimiento importante tuvo lugar en Europa. El presidente soviético Mihail Gorbachev acordó permitir la reunificación de Alemania y su integración en la OTAN, una alianza militar hostil. A la luz de la historia reciente, esta fue una concesión de lo más sorprendente. Se trataba de un quid pro quo. El presidente Bush y su secretario de Estado James Baker convinieron que la OTAN no se expandiría “ni una pulgada hacia el Este”, es decir, Alemania Oriental. Instantáneamente, se amplió para incluir a Alemania Oriental.

Naturalmente, Gorbachev se indignó, pero cuando protestó por el hecho, Washington le explicó que solo había sido una promesa verbal, un acuerdo de caballeros, por lo tanto sin fuerza real. Si él era tan ingenuo como para dar por buena la palabra de los líderes estadounidenses, era su problema.

Todo esto, también, era rutinario. Como lo fue la callada aceptación y aprobación de la expansión de la OTAN en Estados Unidos y en general en Occidente. Más tarde, el presidente Clinton amplió aún más la OTAN, hasta la misma frontera rusa. Hoy día, el mundo enfrenta una seria crisis que en gran parte es el resultado de aquellas políticas.

Llamado al saqueo de los pobres

Otra fuente de pruebas es la histórica desclasificación de documentación, que contiene datos reveladores de las motivaciones reales de la política del estado. La historia es rica y compleja, pero hay unos pocos temas recurrentes que desempeñan un papel dominante.

Uno de ellos fue articulado claramente en la conferencia del hemisferio occidental que tuvo lugar en México en febrero de 1945 por iniciativa de EEUU; en esta conferencia, Washington impuso una “Carta Económica de las Américas” diseñada para eliminar el proteccionismo económico “en todas sus formas”. Había en ella una cláusula no explícita. El proteccionismo económico sería bueno para Estados Unidos, cuya economía descansa marcadamente en la enorme intervención estatal.

La eliminación del proteccionismo económico para los demás países entró en abierto conflicto con la posición de América latina en ese momento, una posición descrita por los funcionarios del Departamento de Estado como “la filosofía de un Nuevo Nacionalismo que incluye políticas diseñadas para lograr una mayor distribución de la riqueza y elevar el nivel de vida de las masas”. Tal como añadieron analistas de la política estadounidense, “los latinoamericanos están convencidos de que los primeros beneficiarios del desarrollo de los recursos de un país debía ser el propio pueblo de ese país”.

Esto, por supuesto, no era viable. Washington entendía que los “primeros beneficiarios” debían ser los inversores estadounidenses y que el papel de Latinoamérica era cumplir su función de servicio. No habría –tanto la administración Truman como la de Eisenhower lo dejaron bien en claro– un “excesivo desarrollo industrial” que pudiera poner en cuestión los intereses de EEUU. Así, Brasil podría producir acero de baja calidad y las corporaciones estadounidenses no se preocuparían por eso, pero sería “excesivo” que intentara competir con las firmas siderúrgicas de EEUU.

Inquietudes similares resonaron durante todo el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. El sistema global que debía ser dominado por Estados Unidos estaba amenazado por lo que documentos internos llamaban “regímenes nacionalistas y revolucionarios” que respondían a presiones populares en pro de un desarrollo independiente. Fue esta preocupación la que motivó el derrocamiento de los gobiernos parlamentarios de Irán (1953) y Guatemala (1954), al igual que muchos otros.

En el caso de Irán, la principal intranquilidad estaba centrada en el impacto de la independencia iraní en Egipto, donde por entonces había mucha agitación contra el colonialismo británico. En Guatemala, aparte del crimen cometido por la recién estrenada democracia cuando otorgó poderes a la mayoría campesina y violó las plantaciones de la United Fruit Company –demasiado insultante ya–, las inquietudes de Washington eran el descontento entre los trabajadores y la movilización popular en las dictaduras vecinas respaldadas por EEUU.

En ambos países, las consecuencias llegan hasta nuestros días. Desde 1953, prácticamente no ha pasado un día en el que Estados Unidos no haya estado atormentando al pueblo iraní. Guatemala continúa siendo una de las peores cámaras del horror del mundo. Hasta hoy, los mayas siguen huyendo de las tierras altas debido a las campañas militares cuasi genocidas implementadas por el gobierno y respaldadas ya por el presidente Ronald Reagan y sus principales colaboradores.

Según informaba recientemente un médico guatemalteco, director de Oxfam en el país, “Estamos viviendo un dramático deterioro del contexto político, social y económico. Los ataques contra los defensores de los derechos humanos se han multiplicado por tres en el último año. Está clara la existencia de una estrategia muy bien organizada por el sector privado y el Ejército. Entre unos y otros tienen preso al gobierno para mantener el statu quo e imponer el modelo económico extractivista, expulsando de sus tierras a las comunidades indígenas en beneficio de la industria minera, la explotación del aceite de palma y las plantaciones de caña de azúcar. Además, se ha criminalizado a los movimientos sociales que trabajan en defensa de la tierra y los derechos ancestrales, numerosos líderes están en la cárcel y muchos otros han sido asesinados”.

Nada de esto se sabe dentro de Estados Unidos, y la muy obvia causa última de tanta desgracia sigue siendo ignorada.

En los cincuenta, el presidente Eisenhower y el secretario de Estado John Foster Dulles explicaron con bastante claridad el dilema en el que se encontraba Estados Unidos. Se quejaban de que los comunistas gozaban de una injusta ventaja, porque podían “dirigirse directamente a las masas” y “conseguir el control de los movimientos de masas, algo que nosotros no somos capaces de imitar. Apelan a la gente pobre, y la gente pobre siempre ha querido robar a los ricos”.

Esa es la causa de todos los problemas. En cierto modo, EEUU tiene dificultades para hacer llegar a los pobres su doctrina que dice que los ricos deben robar a los pobres.

El ejemplo cubano

Un ejemplo ilustrativo de la pauta general ha sido Cuba, cuando en 1959 consiguió por fin independizarse. En cuestión de meses comenzaron los ataques militares a la isla. Y muy pronto, la administración Einsenhower decidió –secretamente– derrocar al gobierno cubano. Después, John F. Kennedy, quien tenía la intención de dedicar más atención a América latina, llegó a la presidencia de Estados Unidos; así, cuando asumió su cargo, creó un grupo de estudio encabezado por el historiador Arthur Schlesinger. La misión del grupo era proyectar políticas latinoamericanas. Schlesinger se ocupaba de resumir las conclusiones para el nuevo presidente.

Como él mismo lo explicó, la amenaza de una Cuba independiente consistía en “la idea que Castro tenía de que cada uno se hiciera cargo de las cosas con sus propias manos”. Era una idea que por desgracia estaba dirigida a toda la población de América latina, donde “la distribución de la tierra y otros aspectos de la riqueza de cada país favorecía sobre todo a las clases propietarias, mientras que los pobres y desfavorecidos, estimulados por el ejemplo de la revolución cubana, están ahora exigiendo la posibilidad de una vida decente”. Otra vez el acostumbrado dilema de Washington.

Tal como exponía la CIA, “la gran influencia del ‘castrismo’ no tiene nada que ver con el gobierno cubano… la sombra de Castro domina debido a que las condiciones sociales y económicas en toda la América latina propician la oposición a la autoridad de la clase dirigente y animan la agitación en pro de un cambio radical”; Cuba solo aporta un modelo. Kennedy temía que la ayuda rusa podía convertir a Cuba en un “escaparate” de un modelo de desarrollo que diera a los soviéticos la posibilidad de ejercer su influencia en toda Latinoamérica.

El Consejo de Planificación Política del Departamento de Estado advirtió de que “el principal peligro que vemos en Castro… es el impacto que la mera existencia de su régimen tiene sobre los movimientos izquierdistas en muchos de los países latinoamericanos… Sencillamente, el hecho es que Castro representa un exitoso desafío a Estados Unidos, la negación de la totalidad de nuestra política hemisférica de prácticamente el último siglo y medio”, es decir, desde la formulación de la Doctrina Monroe (1823), cuando EEUU hizo pública su intención de dominación continental.

En ese momento, el objetivo inmediato era la conquista de Cuba, pero eso todavía no se pudo conseguir debido al poder del oponente británico. Aun así, el gran estratega John Quincy Adams, padre intelectual de la Doctrina Monroe y del Destino Manifiesto, informó a sus colegas de que con el tiempo Cuba “caerá en nuestras manos” en razón de “las leyes de la gravitación política”, como cae la manzana del árbol. En suma, crecería el poder de Estados Unidos y declinaría el de los británicos.

En 1898, el pronóstico de Adams se convirtió en realidad. Estados Unidos –disfrazado de liberador– invadió Cuba. De hecho, se adelantó a la independencia de Cuba respecto de España y la convirtió, citando a los historiadores Ernest May y Philip Zelikow, en una “colonia virtual”. Cuba continuó en esta situación hasta enero de 1959, cuando consiguió su independencia. A partir de ese momento, la isla ha estado sujeta a la más importante de las guerras terroristas de EEUU –sobre todo durante la administración Kennedy– y al bloqueo económico. No por los rusos.

La excusa durante todo ese tiempo fue que estábamos defendiéndonos de la amenaza rusa; una explicación absurda que nunca fue cuestionada. La prueba más sencilla de lo absurdo de la excusa se produjo cuando desapareció cualquier amenaza imaginable por parte de los rusos. Encabezada por los liberales demócratas –incluso con Bill Clinton, que aventajó al derechista Bush en la elección de 1992–, la política estadounidense en relación con Cuba se endureció aún más. A la vista de lo que pasó, esos acontecimientos deberían haber afectado la validez del marco doctrinal en las discusiones sobre la política exterior estadounidense y los factores que la motivan. Sin embargo, una vez más, su repercusión fue mínima.

El virus del nacionalismo

Tomando prestada la terminología de Henry Kissinger, el nacionalismo independiente es un “virus” que puede ser “contagioso”. Kissinger se refería al Chile de Salvador Allende. El virus era la idea de lo que podía ser el camino parlamentario hacia cierto tipo de socialismo democrático. El procedimiento para combatir esa amenaza consiste en la destrucción del virus y la vacunación de aquellos que podrían estar infectados, típicamente mediante la imposición de sistemas nacionales de seguridad basados en el asesinato. Esto se consiguió en Chile, pero lo importante es reconocer que el procedimiento es de aplicación global.

Ese era, por ejemplo, el razonamiento que estaba detrás de la decisión de oponerse al nacionalismo de Vietnam en los primeros años cincuenta y ayudar a Francia en su esfuerzo de reconquista de la antigua colonia. Se temía que el nacionalismo de un Vietnam independiente pudiera ser un virus que contagiara a todos los países vecinos de la región, incluyendo Indonesia, tan rica en recursos.

Esta deriva podía incluso llevar a que Japón –en la dinámica que el estudioso de Asia John Dower llamó “efecto dominó”– se convirtiera en el centro industrial y comercial de un nuevo orden independiente del tipo “Japón imperial” que este país tan recientemente intentó establecer. Esto, a su vez, hubiera significado que EEUU habría perdido la guerra del Pacífico, una alternativa fuera de toda consideración en 1950. El remedio era claro, y en buena parte funcionó. Vietnam fue prácticamente destruido y rodeado de dictaduras militares que contienen cualquier contagio.

Retrospectivamente, McGeorge Bundy, asesor sobre seguridad nacional de Kennedy y Johnson reflexionaba acerca de que Washington debería haber terminado la guerra de Vietnam en 1965, cuando en Indonesia se instaló la dictadura de Suharto, con enormes matanzas que la CIA comparó con las realizadas por orden de Hitler, Stalin o Mao. Estas matanzas, sin embargo, fueron recibidas con incontenible entusiasmo por EEUU y Occidente, sobre todo porque el “espantoso baño de sangre”, que fue como la prensa lo describió alegremente, acabó con cualquier amenaza de contagio y abrió la puerta de la explotación occidental de los ricos recursos de Indonesia. Después de eso, la guerra de destrucción en Vietnam ya no era necesaria, reconocía Bundy.

Lo mismo fue verdad también en América latina en los mismos años: un virus tras otro fue atacado ferozmente, destruyéndolo o debilitándolo hasta el punto de la mera supervivencia. Desde los primeros años sesenta, América del Sur –con un largo historial de violencia– fue acosado por la represión con una saña nunca vista. En los ochenta, con Ronald Reagan, la represión se extendió a Centroamérica; este es un tema que no necesita ser recordado.

Mucho de lo mismo sucedió el Oriente Medio. La relación especial entre Estados Unidos e Israel se estableció en la forma que hoy conocemos en 1967, cuando Israel desencadenó un golpe demoledor contra Egipto, el centro del nacionalismo secular árabe. Mediante esta operación, se protegió a Arabia Saudita –aliado de EEUU– a la sazón enzarzada en un conflicto bélico con Egipto en territorio de Yemen.

Desde luego, Arabia Saudita es el estado más extremo en su radical fundamentalismo islámico, pero también un estado misionero que gasta enormes sumas de dinero para expandir su doctrina wahabita-salafista más allá de sus fronteras. Vale la pena recordar que Estados Unidos, al igual que antes Inglaterra, ha tendido a apoyar al fundamentalismo islámico radical en oposición al nacionalismo laico cuyas posiciones, por lo general, han sido percibidas como más cercanas a una amenaza de independencia y contagio.

El valor del secretismo

Hay aún mucho más, pero la historia demuestra muy claramente que la doctrina estándar tiene escaso mérito. La seguridad, en su significado normal, no es un factor determinante en la formulación de las políticas.
Insistimos, en su significado normal. Pero si evaluamos la doctrina estándar, la pregunta que surge es: ¿qué significa en realidad “seguridad”; seguridad para quién?

Una respuesta es: seguridad para el poder estatal. Hay muchos ejemplos ilustrativos. He aquí uno actual: en mayo pasado, Estados Unidos acordó apoyar una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para que la Corte Internacional Penal investigara los crímenes de guerra perpetrados en Siria, pero con una condición: no se harían preguntas sobre posibles crímenes de guerra cometidos por Israel. Ni por Washington, aunque en realidad era innecesario agregar esta última condición. EEUU está excepcionalmente autoinmunizado en el sistema legal internacional. De hecho, hay incluso una ley del Congreso que autoriza al presidente al uso de la fuerza armada para “rescatar” a cualquier estadounidense que sea llevado a proceso en La Haya: la “Ley de Invasión de los Países Bajos”, como es llamada algunas veces en Europa. Este ejemplo, una vez más, muestra la importancia que tiene la protección de la seguridad del poder del Estado.

Pero, ¿protegerlo de quién? De hecho, la principal preocupación del gobierno es la seguridad del poder estatal en relación con la población. Como deben haber advertido aquellos que dedican mucho tiempo a hurgar en archivos, raramente el secretismo del gobierno está motivado por una necesidad genuina de seguridad; no hay la menor duda que el secretismo del estado sirve para mantener a la población en la oscuridad.

Y por buenas razones, que fueron explicadas con lucidez por el eminente estudioso y asesor gubernamental Samuel Huntington, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Harvard. Según él “Los arquitectos del poder de Estados Unidos deben crear una fuerza que pueda ser sentida pero no vista. El poder es fuerte en la medida que permanezca en la oscuridad; expuesto a la luz, comienza a evaporarse”.

Huntington también escribió esto en 1981, cuando la Guerra Fría estaba calentándose otra vez; explicó que “tú tienes que vender [una intervención militar u otra operación] de modo de hacer creer que estás combatiendo a la Unión Soviética. Esto es lo que EEUU ha venido haciendo desde que se formuló la doctrina Truman”.

Estas verdades tan sencillas son raramente reconocidas, pero ayudan a comprender los intríngulis del poder y la política del Estado, con todas las reverberaciones que esta comprensión pueda tener en lo que pasa en la actualidad.

El poder estatal debe estar protegido del enemigo doméstico; en agudo contraste; la población no está protegida del poder estatal. Un asombroso ejemplo que ilustra esto es el ataque radical de la administración contra la Constitución con su programa de vigilancia total. Naturalmente, su justificación es la “seguridad nacional”. Esto es pura rutina para prácticamente todos los actos de gobierno lo son, y esto implica escasa información.

Cuando el programa de vigilancia de la NSA fue expuesto a la luz por las revelaciones de Edward Snowden, los altos funcionarios reivindicaron que gracias a esa vigilancia se habían podido evitar 54 acciones terroristas. Cuando se investigó, resultaron ser apenas una docena. Una comisión de investigación de alto nivel del gobierno terminó descubriendo que en realidad solo se había evitado uno: alguien había girado 8.500 dólares a Somalia. Ese fue el resultado total del enorme ataque a la Constitución y, por supuesto, otros en el mundo.

La actitud británica es interesante: en 2007, el gobierno de Londres acudió a la gigantesca agencia de espionaje de Washington para que “analizara y guardara los datos de números de teléfono móvil, fax, correos electrónicos y direcciones IP de todos los ciudadanos británicos”, informó The Guardian. Este es un indicio útil sobre la relativa significación –para los ojos del gobierno– de la privacidad de sus propios ciudadanos y de las exigencias de Washington.

Otra preocupación es la seguridad del poder privado. Un ejemplo actual son los grandes acuerdos comerciales que se negocian en estos momentos: los pactos Transpacíficos y Transatlánticos. Estas negociaciones son secretas, pero no completamente secretas. No lo son para los cientos de abogados de las corporaciones que están diseñando el detalle de las cláusulas. No es difícil imaginar cuáles serán los resultados; las pocas filtraciones conocidas sugieren que las expectativas son acertadas. Al igual que el NAFTA y otros pactos por el estilo, no se trata de acuerdos de libre comercio. De hecho, ni siquiera son acuerdos comerciales, sino fundamentalmente acuerdos sobre derechos de los inversores.

Una vez más, el secretismo es de vital importancia para proteger al electorado nacional del gobierno involucrado: el sector corporativo.

¿El último siglo de la civilización?

Hay más ejemplos –demasiados– que se pueden mencionar, hechos que, en una sociedad libre, deberían enseñarse en la escuela primaria.
En otras palabras, hay muchas pruebas que demuestran que la protección el poder estatal de sus propios ciudadanos y la protección del poder económico concentrado son las fuerzas que impulsan la formulación de la política. Por supuesto, la cosa no es tan sencilla. Hay casos interesantes, algunos bastante actuales en los que esos compromisos entran en conflicto. Pero consideremos esta idea como una buena primera aproximación, una idea radicalmente opuesta a la doctrina estándar explícita.

Veamos otra cuestión: ¿qué se puede decir de la seguridad de la población? Es fácil demostrar que este asunto es una preocupación marginal de los planificadores políticos. Tomemos dos ejemplos prominentes y muy actuales: el calentamiento global y el arsenal nuclear.

No hay duda de que cualquier persona instruida es consciente de que estas dos cuestiones son una grave amenaza para la seguridad del pueblo. Si regresamos a la política estatal, vemos que el compromiso es hacer crecer cada día más ambas amenazas y que las preocupaciones prioritarias del poder, tanto en su vertiente estatal como en la de la economía privada y concentrada, son en gran parte las que determinan la política estatal.

Consideremos el calentamiento del planeta. Hoy día, en Estados Unidos, reina la euforia alrededor de los “100 años de independencia energética” según nos convertimos en “la Arabia Saudita de la próxima centuria”, tal vez la última de la civilización si persisten las actuales políticas.

La cuestión del cambio climático ilustra muy claramente la naturaleza de la preocupación por la seguridad que, ciertamente, no es la de la población. También ilustra sobre la inmoralidad del cálculo del capitalismo estatal anglo-estadounidense de estos días. La suerte de nuestros nietos no cuenta en absoluto en comparación con el imperativo del mayor beneficio económico inmediato.

Estas conclusiones se fortalecen cuando miramos de cerca la propaganda del sistema. En Estados Unidos, está hoy en curso una enorme campaña de relaciones públicas organizada bastante abiertamente por las más grandes empresas del sector de la energía y el mundo de los negocios para tratar de convencer al público de que el calentamiento global es, o bien irreal o bien no tiene que ver con la actividad humana.

Y esta campaña está teniendo cierto impacto. Estados Unidos está entre los países menos alarmados del mundo en relación con el cambio climático, y las cifras muestran una clara estratificación: los adherentes del Partido Republicano, el más implicado directamente con los intereses del dinero y el poder corporativo, son los que están más lejos –por debajo– de la media mundial.

En el último número de la principal publicación de los medios críticos, la revista Columbia Journalism Review, salió un interesante artículo sobre este tema, que atribuye esta campaña al criterio informativo de “imparcialidad y equilibrio”. Según este criterio, si un medio publica una nota que refleja las conclusiones del 97 por ciento de los científicos, también debe publicarse una nota que exprese los puntos de vista de las corporaciones que están en el negocio de la energía.

Por supuesto, esto es lo que ocurre pero no se trata de una cuestión de “imparcialidad y equilibrio”. Así, si un diario publica una nota de opinión que denuncia al presidente Vladimir Putin por la acción criminal de la apropiación de Crimea no por eso tiene la obligación de publicar una nota que señale que, aunque la acción es ciertamente condenable, Rusia estaba habilitada para ello porque más de un siglo antes Estados Unidos se había hecho con una porción importante del sureste de Cuba, incluyendo el puerto más importante del país, y rechazado el reclamo de restitución que este país viene haciendo desde su independencia. Y lo mismo para muchos otros casos similares. El criterio de “imparcialidad y equilibrio” solo funciona cuando están implicados los intereses del poder económico concentrado, pero no en otras situaciones.

En el tema del arsenal nuclear, la historia es igualmente interesante… y aterradora. Revela muy claramente que, desde el principio, la seguridad de la población no era tenida en cuenta, y continúa siendo así. No podemos ocuparnos ahora de esta estremecedora cuestión, pero hay pocas dudas de lo que está detrás de las lamentaciones del general Lee Butler, el último jefe del Comando Aéreo Estratégico, dotado de armas nucleares. Según sus propias palabras, hasta ahora hemos sobrevivido a la era nuclear por “una combinación de habilidad, suerte y divina providencia; yo sospecho que gracias a la última, en su mayor parte”. A falta de otra cosa, podemos contar con la continuidad de la ayuda divina en la medida que los responsables de la formulación política juegan a la ruleta con el destino de todas las especies vivas en la prosecución de sus objetivos políticos.

Seguramente somos conscientes de que actualmente nos enfrentamos con las decisiones más aciagas de la historia humana. Hay muchos problemas que merecen nuestra atención, pero dos de ellos son de significación abrumadora: la destrucción del medio ambiente y la guerra nuclear.

Por primera vez en la historia, estamos frente a la contingencia de destruir las bases materiales de una existencia decente, y no precisamente en un futuro lejano. Solo por esta razón, es imperativo barrer lejos las nubes ideológicas y enfrentar con honestidad y realismo la cuestión de cómo se llega a las decisiones políticas y qué podemos hacer nosotros para modificarlas antes de que sea demasiado tarde.


Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). Entre sus libros más recientes están Hegemony or Survival, Failed States, Power Systems, Occupy y Hopes and Prospects. Su último libro, Masters of Mankind, será publicado próximamente por Haymarket Books, que también proyecta reeditar 12 de sus clásicos el año que viene. Su sitio web es www.chomsky.info.




Nuestro futuro y las ganancias de los negociantes



José María Castillo Sánchez
www.religiondigital.com/16.08.14

Da miedo pensarlo. Pero es así. Cada día queda más patente el descaro y la desvergüenza de los que negocian con todo lo que se puede negociar en este mundo. Ahora le ha tocado el turno a nuestra propia salud.

Con motivo de la muerte del misionero Miguel Pajares, víctima del virus del ébola, ha quedado meridianamente claro que lo que interesa, a la imponente maquinaria mundial que gestiona la salud de la humanidad, no es precisamente la salud de los humanos, sino las ganancias que nuestra salud les proporciona a las empresas que se dedican a negociar con el seguro negocio de nuestra sanidad.

Lo han dicho, sin pelos en la lengua, los funcionarios de la OMS y algún que otro atrevido funcionario de las multinacionales farmacéuticas. Ellos no hacen “medicamentos para pobres”. Porque, como es lógico, los pobres no aportan ganancias, sino problemas. De ahí que la malaria o ahora el ébola, ahí están. Campando a sus anchas por el mundo pobre, matando a millones de criaturas cada año, mientras que en los países ricos ya no sabemos las cremas y potingues que hay que untarse para estar guapos.

El negocio descarado de la salud más pujante que nunca. Y hay quienes quieren estrujarlo para que rinda más. ¿Por qué, si no, tantos intentos de privatizar hospitales, medicamentos y todo cuanto se puede poner en manos de empresas privadas, aunque eso suponga que los pobres tendrán que aguantarse y morirse (si es preciso) para que el negocio aumente?

Al decir estas cosas, no puedo dejar de pensar en el actual obispo de Roma, el papa Francisco. Un hombre bueno, que, si algo ha dejado patente, es que una de sus mayores preocupaciones es el sufrimiento de los enfermos, de los niños y de los ancianos, los más débiles de este mundo.

Pero antes que de ningún papa o ningún santo, me acuerdo de lo que nos relata el Evangelio sobre la conducta de Jesús. Los cristianos decimos que creemos en esto. Pero, ¿creemos de verdad? Porque, si algo hay claro en el Evangelio, es que la primera preocupación de Jesús fue la salud de los enfermos. Relatos de curaciones, los hay en casi todas las páginas de los evangelios. Lo malo es que los entendidos en las cosas de la religión se han empeñado en explicar las curaciones, que hacía Jesús, como “milagros” o “intervenciones divinas”, para demostrar así que Jesús era Dios. Sinceramente, quienes explican el Evangelio con tal argumento, no se han enterado del tema.

Yo no estoy diciendo que Jesús no fuera Dios. Lo que digo es que los relatos evangélicos de hechos prodigiosos son “formas literarias” que se utilizaban en la antigüedad para enaltecer la figura y el mensaje de profetas y otros personajes que tenían una resonancia social importante.

Baste recordar los relatos de Filóstrato sobre Apolonio de Tiana. Es notable que, en los evangelios, Jesús curaba a los enfermos en circunstancias o en días en los que la religión prohibía hacer aquellas curaciones.

De ahí, los enfrentamientos constantes de Jesús con los dirigentes religiosos por este motivo. ¿Qué pretende el Evangelio al repetir una y otra vez este argumento? Que para Jesús, es más importante la salud humana que la observancia religiosa. ¿Y no va a ser más importante para nosotros la salud de los pobres que las ganancias de los ricos? Y que nadie me venga con que esto es demagogia política. Esto es sencillamente humanidad. Y humanidad es lo que quiere Dios, que (según la fe cristiana) se hizo humano.

Herbicida de Monsanto estaría provocando enfermedad renal en trabajadores

Marcela Belchior
www.cpalsocial.org/280814

La Enfermedad Renal Crónica (CKDu) acomete a agricultores pobres que realizan trabajo bracero pesado en malas condiciones de vida y trabajo, en varias partes de América Central y Asia, puede estar relacionada con el herbicida glifosato, vendido bajo la marca Roundup, de la Compañía Monsanto, industria multinacional de agricultura y biotecnología, con sede en Estados Unidos. Por

Una epidemia de una enfermedad desconocida, que destruye los riñones y ha llevado a la muerte a miles de agricultores en varias partes de América Central y Asia puede estar relacionada con el herbicida glifosato, vendido bajo la marca Roundup, de la Compañía Monsanto, industria multinacional de agricultura y biotecnología, con sede en Estados Unidos. A pesar de los alertas de los científicos sobre los peligros de la enfermedad, Estados Unidos no estaría reconociendo la gravedad de la cuestión.

Hace años que la comunidad científica intenta desvelar el misterio de la epidemia de enfermedad renal crónica, que ya afectó a países de América Central, además de India y Sri Lanka, situados en el continente asiático. La enfermedad acomete a agricultores pobres que realizan trabajo bracero pesado en malas condiciones de vida y trabajo, en localidades de climas calientes. En todas las ocasiones en que la enfermedad fue diagnosticada, los trabajadores habían sido expuestos a herbicidas y metales pesados.

Esa enfermedad es conocida como CKDu (Enfermedad Renal Crónica de causa desconocida). Tal afección de los riñones no es el resultado de diabetes, hipertensión u otros factores de riesgo relacionados con la dieta. A diferencia de lo que ocurre en la enfermedad renal vinculada a esas debilidades, muchos de los daños de la CKDu ocurren en los túbulos renales, lo que sugiere una etiología tóxica, o sea, causada por intoxicación.

Hoy, la CKDu es la segunda mayor causa de mortalidad entre los hombres de El Salvador, situado al norte de América Central. Con una población de 6,2 millones de habitantes en un área territorial de 21 mil km2, el menor país densamente poblado del subcontinente presenta, actualmente, la mayor tasa de mortalidad por enfermedad renal en el mundo.

Los vecinos centroamericanos Honduras y Nicaragua también presentan tasas extremadamente altas de mortalidad por enfermedad renal. En El Salvador y Nicaragua, más hombres están muriendo por CKDu que por VIH/SIDA, diabetes y leucemia juntas.

En Nicaragua, la epidemia afecta, principalmente, a trabajadores del sector de la caña de azúcar. En ese país, que exporta el 40% de su azúcar a Estados Unidos, la esperanza de vida de un trabajador de los cañaverales oscila alrededor de los 49 años. La causa de esas muertes prematuras se debe a la Enfermedad Renal Crónica. Tanto es así que, en las planicies del país, región de grandes plantaciones de caña de azúcar, una pequeña comunidad llamada La Isla ya fue testigo de tantos de esos casos que ha sido denominada La Isla de las Viudas.

Además de América Central, India y Sri Lanka fueron duramente afectados por la epidemia. En Sri Lanka, más de 20 mil personas murieron por CKDu en las últimas dos décadas. En el estado indio de Andhra Pradesh, más de 1,5 mil personas recibieron tratamiento para esa enfermedad desde 2007. Como la diálisis y el transplante de riñón son raros en esas regiones, probablemente la mayoría de los que padezcan la CKDu va a morir de esa enfermedad renal. Estados Unidos no reconoce gravedad del caso.

Estados Unidos no reconoce gravedad del caso

A pesar de las graves pérdidas impuestas a la salud de los agricultores alcanzados en varios países, pocos profesionales de la medicina son concientes de los riesgos de la CKDu. Catharina Wesseling, directora regional del Programa Salud, Trabajo y Ambiente (Saltra) en América Central, pionera en el estudio del brote, afirmó que los nefrólogos y otros profesionales de salud pública de países ricos no están familiarizados con el problema. ”Dudan inclusive de que exista”, dijo. Durante la Cumbre de la Salud de 2011, realizada en la ciudad de México, Estados Unidos llegó a rechazar la propuesta de los países de América Central, que habrían listado la CKDu como una de las prioridades para las Américas.

Cómo es afectado el cuerpo humano

Patentado en 1964 por la Stauffer Chemical Company, industria estadounidense de herbicidas manufacturados, el glifosato fue introducido como un agente descamador, siendo usado, fundamentalmente, en la remoción de depósitos minerales de la tubuladura de las calderas y de otros sistemas de agua caliente.

El complejo glifosato-metal pesado puede entrar en el cuerpo humano de varias maneras: ingerido, inhalado o absorbido a través de la piel. La sustancia actúa como un Caballo de Troya, permitiendo que el metal pesado unido al glifosato evite su detección por parte del hígado. Así, ese complejo llega a los túbulos renales, donde la alta acidez permite que el metal se separe del glifosato. El cadmio o el arsénico causan, entonces, daños en los túbulos renales y en otras partes de los riñones, lo que al final genera la falencia renal y, con frecuencia, la muerte.

Monsanto patentó el glifosato como herbicida en la década de 1970 y lo ha usado bajo la marca “Roundup”, desde 1974. En 2005, los productos con glifosato de la Monsanto estaban registrados en más de 130 países, para usar en más de 100 tipos de cultivo. En 2013, el glifosato era el herbicida con mayor volumen de ventas en el mundo.

Con informaciones del portal estadounidense TrutHout  ? (www.truth-out.org)


Siete motivos (reales) por los que EEUU derrocó a Saddam Husein

Nazanin Armanian

¿Cuáles son las razones verdaderas que esgrimieron EEUU y sus aliados a la hora de invadir Irak el 20 de marzo del 2003?

Mintieron, gastaron millones de dólares en manipular a la Opinión Pública, disfrazaron sus voluntades… y no sólo consiguieron sus objetivos en Irak sino que  la mayoría de ellos permanecieron en el poder. Los líderes de las grandes potencias occidentales no necesitan ni decir la verdad, porque creen que la memoria de sus votantes se puede resetear, como ocurre con los ordenadores.

La estrategia de Washington ha sido abordar la mentira como si fuera un error, lo que convierte al gobierno en honesto y humilde, virtudes de gran aceptación en la cultura occidental. Después, endosa esta falta a una persona, entidad o grupo en cuya naturaleza sean más comprensibles los errores de cálculo (la CIA, un militar o un empresario, por ejemplo).

El caso es que, después de la segunda guerra contra Irak no hizo falta mucho tiempo para que se revelara la inexistencia de armas de destrucción masiva, excusa que utilizó Bush para iniciar el ataque y para hacer que esta invasión contara con el apoyo de sus votantes.

Probablemente la administración Bush siga llevando a la práctica este tipo de estrategia cuando le llegue el momento de agredir a Irán, por eso no viene nada mal analizar uno por uno los pretextos que utilizaron en la última guerra contra Irak para llegar a nuestras propias conclusiones antes de que la máquina se ponga a funcionar y alguien ose resetear nuestra memoria…

A saber, nos dijeron:

+Que Saddam Husein y Bin Laden eran colaboradores, pues sin el apoyo de Irak, Al Qaeda no habría podido realizar los ataques del 11 de septiembre. Más adelante, quizás porque vieron que esta mentira era demasiado difícil de digerir y que la alianza entre un laico antiislamista y un fanático integrista no sólo no era creíble sino que generaba gran desconfianza, dejaron de implicar al gobierno iraquí en aquel atentado. 

+Que Saddam  trataba de importar uranio de Níger para relanzar su programa de armas nucleares. Tras la ocupación, la CIA admitió que esta información era falsa. 

+Que Irak conservaba grandes arsenales químicos y biológicos, y que, según Tony Blair, eran suficientes como para matar a toda la humanidad. Por supuesto que un presidente no tiene por qué saber de todo, y menos de asuntos tan técnicos como los que se manejan en una invasión, pero Blair, al convertir Irak en un arsenal de armas letales capaces incluso de acabar con el superpotente ejército norteamericano… se había pasado. Los que viven al margen de los razonamientos militares simplemente se planteaban por qué Saddam no las utilizó ya durante la guerra del Golfo.

Los aficionados a las estrategias se preguntaban cómo es que la aviación aliada no destruyó este peligrosísimo arsenal durante los 12 años de constantes bombardeo al que EEUU sometió al país. Los militares fueron algo más precisos. El teniente general norteamericano James Conway, comandante de la Primera Fuerza Expedicionaria de la Infantería de Marina, dijo el 30 de mayo de 2003: “Me sorprendió entonces, y sigue sorprendiéndome, que no hayamos encontrado las armas [químicas y biológicas]… No es que no las hayamos buscado, es que hemos ido a casi todos los depósitos de municiones entre la frontera de Kuwait y Bagdad, y simplemente no aparecen. Los ingenuos son más básicos en sus dudas: ¿por qué nadie confiesa que aquello fue una gran manipulación?

+Que Irak podía realizar un ataque con armas de destrucción masiva en tan sólo 45 minutos. Esta es otra de las célebres afirmaciones de Tony Blair, que volvió a abrir la espita de las preguntas entre quienes le escucharon. La del sentido común era: ¿Y por qué no las dispararon los iraquíes a los 45 minutos de haber sido agredidos? Se hubieran ahorrado un montón de sufrimientos. 

+Que los inspectores de la ONU respaldaban las sospechas de EEUU y Gran Bretaña. En la lista de despropósitos y falsos argumentos ahora le toca el turno al ministro de Exteriores británico, Jack Straw. En concreto decía que el jefe de los inspectores de armas de la ONU, Hans Blix, “le había subrayado” que Irak disponía de 10 mil litros de ántrax. Esta vez fue el propio Blix el que paró el gol: “Si yo hubiera contado con cualquier evidencia sólida de que Irak conservaba armas de destrucción masiva o las estaba fabricando, la hubiera llevado inmediatamente al Consejo de Seguridad“. Por lo que, el Sr. Aznar, ex presidente del gobierno español cuando  afirmaba que “Todo el mundo pensaba que en Irak había armas de destrucción masiva y no las había, yo lo sé ahora”, simplemente miente.

+Que Saddam obstruía la labor de los inspectores de la ONU. El mismo doctor Blix dijo en febrero del 2003 que la ONU había realizado más de 400 inspecciones, que se cubrieron más de 300 sitios y nunca tuvieron ningún problema: “Notamos que el acceso a estos lugares se logró sin problemas. En ningún caso hemos visto evidencia convincente de que la parte iraquí sabía que los inspectores iban a llegar”. 

+Que Saddam enviaba cartas contaminadas con ántrax para matar y aterrorizar a los norteamericanos. Las revelaciones del periodista Nicholas Kristof del rotativo “The New York Times” puso fin a una impostura que casi se convierte en leyenda urbana: “El FBI  sabe desde hace tres meses que el autor de los ataques de ántrax es un norteamericano. Si el señor Z –así llama al autor de las cartas enviadas- fuera árabe, ya estaría en la cárcel, pero es un americano de pura cepa muy próximo al Departamento de Defensa, la CIA y al programa de biodefensa, que no fue arrestado porque podría revelar secretos de Estado“.  

¿Cuáles eran entonces los verdaderos objetivos de la invasión y posterior ocupación de Irak?

Si siete fueron las mentiras que hemos logrado rescatar del pasado para poder aprender de ellas antes de que se utilicen como excusa a la hora de invadir Irán, aquí van siete razones que explican por qué EEUU volvió a hacerlo:

1-Dominar la mitad de los recursos petrolíferos mundiales.
2-Buscar una salida a sus problemas económicos y financieros.
3-Contener el crecimiento de China.
4-Favorecer el papel de Israel en la zona.
5-Bloquear los proyectos en la zona de multinacionales del petróleo como la francesa TotalFinaElf, la China National o la rusa Loukoil.
6-Controlar el precio de crudo.
7-Aplicar la pedagogía del miedo. 

Si tomadas en conjunto puede resultar el retrato más convincente de la ambición estadounidense, analizadas una a una además estas razones resultan reveladoras.

1-Dominar la mitad de los recursos petrolíferos mundiales. Fue uno de los principales objetivos que llevó a la guerra del Golfo a Bush senior y siguió siendo la razón de Bush junior. En su voluntad de continuar el legado expansionista inculcado por su padre, George Bush jr estaba convencido que Washington debía de mantener su liderazgo en la zona porque de este modo tendría en sus manos las riendas del mercado internacional, gozaría del poder suficiente como para marcar la cotización del petróleo en perjuicio de sus rivales europeos y asiáticos, que, a través de acuerdos comerciales y estrategias políticas, se habían distribuido el mercado de este país sin el consentimiento estadounidense.

Según sus cálculos, al ocupar Irak lo que lograrían era vigilar una importante parte de esa Eurasia pujante que empezaba a sentirse capaz de hacerle sombra; de un plumazo intimidarían política y militarmente a todos sus rivales, los del presente y los del futuro, como los héroes de cómic, les haría morder el polvo, les haría entender en que consiste su doctrina de “no-permitir-competidores”…

Este objetivo en realidad siempre fue un secreto a voces. El propio Vicesecretario de Defensa estadounidense, Paul Wolfowitz, lo reconoció abiertamente, según informaron los diarios alemanes Der Tages spiegel y Die Welt del día 04/06/2003. Durante la cumbre Seguridad llevada a cabo en Singapur entre el 30 de Mayo y el 1 de Junio de 2003, los periodistas le preguntaron por qué se dio un tratamiento distinto al tema de las armas de destrucción masiva iraquíes frente a la tomada ante el armamento de nuclear de Corea del Norte. Esta fue la respuesta de Wolfowitz: “Vamos a expresarlo de forma sencilla. La principal diferencia entre Corea del Norte e Irak es que económicamente no teníamos otra elección en Irak. El país nada en un mar de petróleo”.

2-Buscar una salida a sus problemas económicos y financieros a través de nuevas, seguras y duraderas fuentes de riqueza. En 2002, Washington se encontraba sumida en su primer déficit presupuestario desde 1997, y las perspectivas eran que la brecha iba a seguir incrementándose sin parar. Las cifras que señalaban su endeudamiento pasaban del 1,5 % registrado en el 2002, al 3,5 % obtenido en el año 2003. Lo peor era que en el 2004 el porcentaje subió al 4,2 %.

La deuda externa reflejaba claramente esta situación de crisis: si en el año 2.000 fue de 3,6 billones de dólares (39% del PIB), tres años después (en el 2003) la cifra casi se había duplicado, alcanzando los 6,5 billones de dólares (58,5% del PIB). Tenían que recuperar la confianza de sus acreedores, de forma inmediata; no necesitaban tanto una solución como encontrar un gesto convincente… Y llegaron a la conclusión que la respuesta estaba en una segunda guerra contra Irak.

Quizás los neoconservadores de la Administración Bush no pudieran calcular hasta qué punto sería rentable la invasión (sobre todo porque no tenían ni idea de hasta qué punto ofrecería resistencia Irak), pero, la exhibición militar solía resultar un gesto muy categórico. Y no se confundieron.

Según el Instituto para los Estudios Políticos en Washington, “34 principales directores de empresas contratistas del ministerio de defensa obtuvieron una ganancia de casi mil millones de dólares desde los atentados del 11-S.” El informe añade que David Lesar, titular de Halliburton, poderosa trasnacional vinculada al vicepresidente Dick Cheney, ganó en el año 2005, unos 26,6 millones y que el ingreso de los 15 principales ejecutivos de la industria petrolera norteña tuvo un incremento del 50 por ciento respecto al 2004. En estos momentos sus ingresos alcanzan un promedio de 32,7 millones de dólares, casi el triple de los 11,6 que obtuvieron en general los ejecutivos de todas las grandes compañías del país”.

3-Contener el crecimiento de China. No hace falta ser un entendido en altas finanzas para comprender que China se está convirtiendo en un gigante económico capaz de cuestionar la hegemonía de EE.UU. Un paseo por la capital de cualquier ciudad del mundo occidental, un vistazo a las etiquetas de los productos más vendidos… es suficiente para darse cuenta del peso que este país tendrá en la próxima década. En el mundo de los números, la cantidad manda… y puestos a sacar cuentas, Washington llega a la conclusión que la única manera de abortar su imparable crecimiento económico (y consecuentemente político y militar) es controlando su acceso a las fuentes de energía.

Arrastrada por su vertiginoso crecimiento, las necesidades energéticas chinas la convierten en uno de los mayores consumidores de petróleo del mundo, por encima de todas las previsiones. A pesar de sus reservas energéticas, el país asiático necesitó importar más de 50 millones de toneladas de petróleo en el año 2000. Dos años después, en 2002, la cifra alcanzó los 70 millones. Tres años después (2005) las toneladas adquiridas eran de 130 millones. Lo más revelador es que el 60% de esta cantidad procedía de Oriente Medio.

Previendo que esta situación de dependencia le convierte en un gigante con pies de barro, Pekín lleva años alcanzando compromisos con las potencias proveedoras de petróleo manejando esta historia desde otro punto de vista: era el cliente con el que soñaría cualquier productor de petróleo. Por tanto, no le resultó difícil llegar a acuerdos. En el 2004 llegó a importar de Arabia unos 22 millones de toneladas de crudo, es decir el 17.5% del total de sus importaciones de crudo.

Con Irak, los acuerdos fueron algo más que puntuales. La Compañía Nacional de Petróleo de China negoció con este país en 2001 un acuerdo por el que se garantizaba la futura explotación de petróleo en el campo de Al Ahdab, en el sur del país durante 22 años. Esta no era la primera vez que los chinos firmaban acuerdos sobre Al Ahdab aunque con diferente resultado. En 1997 la China North Industries Corporation (Norico) había acordado con Irak la explotación del mismo yacimiento previa inversión Al Ahdab de 1300 millones de dólares, algo que no pudo realizarse por las sanciones que EEUU había impuesto al país árabe tras la primera Guerra del Golfo.

En este sentido hay que destacar que Irán, el próximo país en la lista bélica norteamericana, vende hoy en día el 47% de su petróleo a China, convirtiéndose al primer proveedor de esta materia al gigante. Además, la empresa china CNOCC ha firmado un multimillonario acuerdo para desarrollar el yacimiento gasífero iraní Pars –con 80 billones de pies cúbicos de gas y con capacidad de producir 431 millones de pies cúbicos por día- y construir plantas para producir gas natural licuado (LNG). Un  contrato que incluye una inversión de 16.000 millones de dólares durante los próximos ocho años. La CNOCC recibirá el 50 por ciento del LNG producido en esas plantas.

Si EEUU pretende frenar su acceso al petróleo por la fuerza,  saltándose las vías diplomáticas y los acuerdos económicos habituales en estos casos, significa que está empujando a China a que se plantee una carrera armamentista que le garantice el acceso al fuel, en este caso por vía de la ocupación y con consecuencias imprevisibles para el mundo.

4-Favorecer el papel de Israel en la zona. Amparándose bajo el paraguas de la invasión de EEUU, Israel deseaba poner fin a la existencia del que consideraba el país que fue capaz de ser el más desarrollado del mundo árabe y el único que defendía y apoyaba abiertamente la causa Palestina.  Aunque lo de su fortaleza económica pertenecía más al pasado que al presente gracias a los devastadores efectos de la Guerra del Golfo, Irak había dejado patente su capacidad para regenerarse, incluso pese a los 12 años de bloqueo genocida y eso intranquilizaba al gobierno de Israel. Además, querían garantizarse que los palestinos quedaran privados para siempre de su gran punto de apoyo…

Pero estos son los dos “intereses obvios” de Israel, de lo que menos se habla es que, una vez que bajo el control de EEUU, Tel Aviv podría acceder a las caudalosas aguas procedentes de los míticos ríos de Tigris y Eúfrates, e incluso planear la reapertura del oleoducto de Basora(Kurdistán)-Haifa construido en 1945 y en desuso desde el estallido de la primera guerra árabe-israelí en 1948.

No se trataba de un vulgar sueño. Este tubo podría retomar parte de su recorrido, salir de los yacimientos de Mosul por los antiguos trazados hasta Hadiza y luego, desde allí, bifurcar su camino: una tubería llevaría el petróleo a Trípoli (Libano) a través de Siria, y otra culminaría en Haifa después de recorrer Jordania y los territorios ocupados de Palestina. El plan gozaba de todos los parabienes israelíes. Uno de sus defensores era el propio ministro de Obras Públicas, Joseph Paritzky. Según su opinión, la instalación “rebajaría drásticamente la factura energética de Israel probablemente en más de un 25 %- ya que el país es actualmente dependiente de caras importaciones desde Rusia”.

Qué fácil resulta administrar los bienes ajenos, sobre todo si se trata de manejarlos en beneficio propio. Todo resulta rentable, sobre todo porque no hay que pensar en aquellos que tienen legítima potestad sobre esos bienes, esa tierra, y sus beneficios. Y no es que nadie se diera cuenta. El mismo Blair era consciente de los derechos del pueblo iraquí. Incluso llegó a dirigirse a ellos para recordárselo.

Les dijo: “Sadam Husein y su régimen han expoliado la riqueza de vuestro país. Mientras muchos de vosotros vivís en la pobreza, ellos llevan una vida llena de lujos. El dinero del petróleo iraquí será para vosotros, para que lo dediquéis a aumentar vuestra prosperidad y la de vuestras familias”. Pero por alguna razón, cuando llegaba el momento de diseñar el futuro la explotación de las reservas petrolíferas iraquíes, las potencias extranjeras les dejaban al margen.

Irónicamente, y después de tantas molestias, la resistencia iraquí ha hecho que el plan que habían previsto sobre este oleoducto se haya congelado. 

El hecho de que no obtuvieran los resultados previstos, no significa que no participaran activamente en la nueva guerra contra Irak. Desde luego intentaron pasar desapercibidos… pero no lo consiguieron.

A veces hay noticias que se cuelan entre los titulares de los periódicos y ayudan a descubrir grandes tramas ocultas. Si salió a la luz la participación de Israel en la ocupación de Irak fue gracias a una de estas crónicas, en las que se aseguraba que los soldados israelíes se habían camuflado dentro de las unidades estadounidenses.

Lejos de dejar pasar el agua, los israelíes entraron a trapo: El primero en aportar un dato fue el periódico Ha’aretz, en cuyo artículo no sólo admitía este hecho sino que revelaba que los militares israelíes habían sido acompañados por 37 rabinos.

El segundo paso lo dio uno de ellos, el rabino Irving Elson. Lo hizo en un sermón que lanzó en Nueva York y en el que incitó a que se sumaran más “rabinos combatientes” a la contienda contra Irak. Sin pudor alguno, animaba a sus cofrades a alistarse en las fuerzas estadounidenses, argumentando que los muertos en Faluya (ciudad masacrada por los marines en noviembre de 2004) eran, sencillamente, “mártires” de la causa. Claro que no dijo que entre esos mártires había algún mercenario de los más de 100 mil reclutas con pasado criminal, algunos graves, o algún que otro  disminuido psíquico, hombres con  problemas médicos o bajo cuociente intelectual, que habían sido incorporados a las Fuerzas Armadas según el Centro Michael D. Palm, con sede en California, un grupo de estudios que se especializa en temas militares.

Por lo visto, colaboraron en la destrucción de Irak, con convencimiento y orgullo místico, más que patrio. Y lo hicieron por las mismas razones por las que bombardearon las infraestructuras del Líbano durante su invasión en agosto del 2006, porque pretenden instalar bases permanentes en esta región estratégica que colinda con Irán, Siria y Turquía.

De hecho, desde el 1991 (fecha en la que el Kurdistán iraquí fue declarado la zona de exclusión) y sobre todo a partir del 2003, los servicios secretos judíos han instalado artefactos ultramodernos para espiar a los ayatolás, han entrenado a unos 50 mil pishmarga (milicia kurda) para luchar contra la resistencia en Irak y les han formado en tareas de espionaje para que las desarrollen en Irán antes de la posible intervención en este país.

5-Bloquear los proyectos en la zona de multinacionales del petróleo como la francesa TotalFinaElf, la China National o la rusa Loukoil. La industria petrolífera de Irak es la única en el mundo que se ha vuelto a privatizar, tras la ocupación, quedándose bajo el control exclusivo de EEUU, a través de  compañías como ChevronTexaco, British Petroleum y la holandesa Royal Dutch Shell, es decir, aquellas que antes de la guerra había excluido el mercado iraquí.  En los años previos a la invasión del 2003, los iraquíes mantenían fluidas  relaciones con franceses (TotalFinaElf), chinos (National) y rusos (Loukoil), pero tras la invasión estas relaciones comerciales cambiaron de mano.

Entonces las multinacionales estadounidenses consideraron que los demás productores de hidrocarburos también tenían que desnacionalizar la industria para permitir la entrada de las multinacionales en el negocio, sino…. Este fue el caso de Arabia: en vista de que no aceptaba sus exigencias, Exxon Mobil llegó a amenazar a los jeques saudíes con que trasladarían sus inversiones a otros países más…. flexibles.

Aun así, y en términos generales, a las multinacionales de petróleo no les interesaba esta invasión pues habían calculado que elevaría el precio de petróleo, desestabilizaría el mercado y animaría a los compradores recurrir a otras fuentes, como la energía nuclear.

6-Controlar el precio de crudo. La política “petróleo por alimentos” permitió la vuelta de Irak al mercado mundial en 1998. Con el tiempo, y a pesar de las draconianas limitaciones que imponía la comunidad internacional a través de la ONU, Irak supo sacar provecho económico hasta el punto de hacer que el precio del petróleo británico del Mar del Norte cayera en picado y poner en peligro los beneficios que los estadounidenses habían estimado que obtendrían de sus inversiones en la producción petrolífera del Cáucaso, especialmente en Azerbaiyán.

Así fue como se plantearon que, para que esto no volviera a ocurrir, no sólo se invadiría Irak, sino que se procedería a la privatización de su industria petrolífera, el crudo iraquí terminaría siendo propiedad directa de los norteamericanos más allá del destino político de este país.

7-Aplicar la pedagogía del miedo. Ya sabían que el miedo es muy rentable, por eso no escatimaron a la hora de desplegar sus fuerzas contra un país que ya se encontraba derrotado y débil de antemano, que no había logrado recuperarse del anterior conflicto y el posterior embargo internacional, que en el año 2003 seguía hundido tras 23 años de constantes guerras.

Por supuesto que un enemigo tan enclenque no “vendía” de modo que convirtieron mediáticamente a Irak en el país más poderoso y peligroso para la especie humana. Ante la opinión pública, Washington fabricaba una leyenda digna de una película taquillera: EEUU se veía en la obligación de dar una lección a los restantes miembros del Eje de Mal, para que empezaran a poner su barba a remojar.



Extracto del libro “40 respuestas al conflicto de Oriente Próximo”, Nazanin Armanian, Martha Zein, edit. Lengua de trapo, 2007.

Oriente Próximo ante el Estado Islámico y el asalto de EEUU a Siria

Nazanín Armanian
www.publico.es/250814

Provocar “conmoción y pavor” ha sido el objetivo de la emisión del vídeo del brutal asesinato del fotoperiodista James Foley (con polémicas sobre su veracidad) en la opinión pública occidental, sin que nadie corrigiera la información anterior que implicaba al gobierno de Bashar Al Asad del secuestro del pobre hombre.

Que poco después, Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto señalase a Siria como “clave” para detener al Estado Islámico (EI), sólo mostraba que estábamos ante la última parte de una información dosificada: en junio, cuando EI ocupó Mosul, Obama se negó a autorizar el bombardeo de sus posiciones; en agosto, ante las amenazas a Erbil, dijo que actuaría por  motivos “humanitarios” para romper el cerco a los iraquíes y estadounidenses atrapados.

“De repente”, y tras el vídeo, el presidente promete “larga lucha” contra el EI y no solo en Irak sino también en Siria. ¿Bombardeará a sus propias armas entregadas a los yihadistas, a los que ha prometido más armas por valor de 500 millones de dólares? Mientras, el Congreso estudia la petición de Obama para invertir 5000 millones de dólares en ampliar las instalaciones de la CIA en Jordania y Turquía, países encargados de alojar a los yihadistas que antes de Foley ya habían decapitado de miles de civiles sirios e iraquíes con estas mismas armas. ¡Algo sabía Chuk Hagel cuando dijo que EI está “tremendamente bien financiado”!

Con Rusia en el Consejo de Seguridad, Washington recurre al pretexto de la “Responsabilidad de Proteger” para agredir a Siria, y entre otros objetivos, atacar a Moscú en su punto débil, ahora  que no consigue derrotarle en Ucrania, cambiando así la ecuación geopolítica en Eurasia, y de paso, forzar la dimisión de la familia Asad del poder. Si no lo consigue, al menos tendrá una “zona de exclusión” desde donde lanzar operaciones eficaces por todo el territorio sirio.

Que EI haya borrado las frontera irako-sirias, obedece al modelo de “af-pak” (Afganistán / Pakistán: le sirve a EEUU moverse allí sin ser acusado de burlar la soberanía de dichos países. Uno de los motivos de la destitución de Nuri Al Maliki ha sido justamente eso: no le permitía a Obama usar el territorio iraquí para atacar a Siria.

¿Qué dicen los países de la zona?

Arabia Saudí: 

Según WikiLeaks, EEUU sabía que  “Arabia Saudita era la fuente más importante de financiación para grupos terroristas sunitas en todo el mundo”, el mayor patrocinador económico e ideológico del yihadismo sunnita. Sería un error menospreciar la influencia del lobby saudí sobre los políticos occidentales y sus medios de comunicación. Una impunidad que ha llevado al wahabismo de la silenciosa Casa Saud  por los cuatro rincones del planeta: desde la Federación Rusa pasando por India y China llegando a Europa.

-Ha forzado el cese del proiraní  Nuri Al Maliki. Toda una victoria política.
- Destrozando Irak, ha impedido que el hoy segundo productor del petróleo de la OPEP pudiese arrebatarle, en unos años, su puesto de primera.
- Pone fin al proyecto del gasoducto Irán-Irak-Siria.
- Acaba con el peligro de la “media luna chiita”.
- Su wahabismo ha arrinconado a la poderosa rival, la Hermandad Musulmana en Egipto, Libia, Palestina (Hamas), entre otros países.
- Ha neutralizado la apatía de un Obama reacio a intervenir militarmente en Siria.
- Exporta radicales de su territorio. En casa podrían desestabilizar el poder del clan de Saud.

En medio del masivo apoyo de los jeques al EI, hay voces discrepantes: el Jeque Abdulaziz, Gran Mufti de Riad, considera apóstatas a los hombres de EI, no sólo porque algunos de sus sectores salafistas consideran a los wahabíes unos desviados del Islam puro, sino por atreverse a declarar  el “califato” en Irak, mientras es Arabia quien cuida de la Meca y Medina.

Lo paradójico es que hasta los propios caudillos saudíes no airearon su macabra ideología totalitaria fuera de su país hasta la década de los 1980, cuando a la CIA se le ocurrió usarla contra la Unión Soviética y las fuerzas laicas y progresistas de Asia Central y Oriente Próximo. Ahora el pudor se ha perdido y el extremista chiita o sunnita, cuánto más retrógrados sean u utilicen métodos más medievales para torturar y matar, se presenta mejor creyente.

Irán está dispuesto a cooperar con EEUU en contener a EI, porque:

- Los yihadistas sunnitas están a 25 kilómetros de sus fronteras occidentales. Los kurdos iraníes afirman que EI ya tiene células en Irán, listas para cometer atentados.
- Solo no podrá retener el avance de este ejército, y que sus aviones estén participando en el bombardeo de EI, significa que Teherán ha caído en la trampa que se le ha tendido a lo grande.
- Teme la radicalización de sus propios árabes —cerca de millón y medio—que, para más inri habitan la principal provincia petrolífera del país: Juzestán.
- Quiere evitar la desintegración de Irak, ya que cortaría su comunicación con sus aliados en Siria y en Líbano y también su acceso al Mediterráneo.

Para que Riad y Washington mantengan al EI lejos, Irán ha tenido que negociar la cabeza de Nuri Al Maliki y compartir el poder en Bagdad con ellos: Haider al-Abadi, aunque siendo chiita, no es prosirio, ni es anti israelí. De todas formas, los terroristas a sueldo de estos dos países han cercado a Irán, desde Afganistán, Pakistán y ahora Irak, colgando  la espada de Damocles encima de la cabeza de los negociadores nucleares de Irán con el grupo 5+1.

Los proisraelíes del establishment estadounidense, al igual que los saudíes, intentan debilitar al gobierno de Hasan Rohani en favor de los radicales: teniendo un demonio como presidente de Irán, podrían impedir el acercamiento de los gobiernos de Obama y Rohani para una solución pacífica de sus discrepancias.  

La última noticia, y muy grave, es que los misiles de Irán han derribado un dron israelí que sobrevolaba el cielo de Isfahán, en el centro del país, cerca de una central nuclear.

Turquía: 

¿Puede España involucrarse en una gran guerra sin el permiso de la OTAN? Por esta misma razón, la socia musulmana de la Alianza Atlántica tampoco había podido alojar y armar a miles de yihadistas para que derroquen al mandatario de un Estado soberano, aunque sea masacrando poblaciones enteras. Ankara es el espejo del doble juego de EEUU en esta zona, y de cómo los señores civilizados con corbata como Obama, Cameron o Mitterrand, pagan a los desarrapados barbudos para que les hagan el trabajo sucio. Erdogan es un experto en jugar en varios bandos, para nunca perder.

Tras el fracaso de su “política blanda” en implantar sucursales de la Hermandad Musulmana en los países árabes, Tayeb Erdogan ha recurrido al “realismo agresivo”, apoyando a los kurdos de Irak y al EI al mismo tiempo. La situación bélica entre  Turquía y Siria va cambiando.  El Sultán se equivocaba pensando  que podía controlar a los yihadistas: en mayo de 2013 atentaron en su país y luego secuestraron a 49 turcos en Mosul.

El poderoso ”gobierno en sombra”, compuesto por los políticos corruptos, agentes de los servicios secretos, y empresarios mafiosos mantendrán a estos grupos aunque sólo sea para quedarse con parte de millones de dólares que las monarquías del Golfo Pérsico destinan a los yihadistas instalados en la frontera con Siria. Desde la MIT, la Agencia de Inteligencia turca, se coordina  el movimiento armado suní: Jabhat al-Nusra, el Frente Islámico, el Ejército de Muyahideen, AJNÁD al-Sham, el Ejército Libre de Siria, o el Movimiento Hazem.

Eso sí, preocupa a Ankara la presencia de muchos turcos en las filas del EI, y también que los actuales bombardeos le hayan obligado a suspender la perforación en yacimientos de petróleo en Irak.

China:

Aumentan los atentados perpetrados por los islamistas en Xinjiang. Desde sus fronteras con Pakistán, los Servicios de Inteligencia de Pakistán (ISI), que protegen a grupos como Tehrik-i-Taliban —con cientos de uzbekos y uigures en su seno—, entrenan y envían a los Taliban a China país para provocar el terror.

En el 2007, el jeque pakistaní Abdul Maulana Aziz que hoy apoya al califato de EI,  organizó un mini estado islámico en los barrios que rodean la Mezquita Roja de IslamAbad. Que detuviera y torturara a decenas de mujeres y hombres estudiantes chinos, fue uno de los motivos del asedio a la mezquita organizado por el expresidente Musharraf, masacrando a cientos de personas. Que luego viajara a China para pedir disculpas a sus “grandes amigos” fue la gota que rebasó la paciencia de EEUU, poniendo fin al mandato de su general.  China vigila con preocupación lo que sucede en Irak y Siria.

Israel: 

Con una mano ahoga a los gazatíes en su propia sangre y con otra coordina sus políticas con Washington para pegar el tiro de gracia a los moribundos Estados de Irak y de Siria, con una audaz Ingeniería militar.  Sorprende que el EI no le considerase enemigo y permita que el petróleo kurdo pase por la zona que controla y llegue sano y salvo a Israel, principal país beneficiario de este “caos creativo”:

- Fortalece a sus aliados kurdos iraquíes —situados en la frontera con Irán—, que están recibiendo armas, dólares y euros de los occidentales.
- Pone en jaque la seguridad de Irán, también en sus fronteras occidentales. Salvo por Turkmenistán, Irán está rodeado en sus  cuatro costados por las bases militares de EEUU y/o de Israel.

Los culpables

Este escalofriante escenario, con decenas de miles de cadáveres y millones de desplazados, no podría suceder sin la traición, complicidad consciente o no, y la incompetencia de los dirigentes de los países de la zona.

Es cierto que EEUU se ha opuesto a la desintegración de Irak,  lo mismo en el caso de Afganistán. La discriminación de las personas basada en credo, ideología, etnia, género, en distintos grados, forma parte de sus leyes, y hace que los valores aglutinadores y “nacionales” de libertad, igualdad y justicia social dejen su lugar a los valores tribales y religiosos, siempre basados en la superioridad de unos sobre otros. Así, se dibujan tres posibles escenarios en la región:

- Desmembramiento de los grandes estados en “mini emiratos” basados en la etnia o la religión y gestionados por sistemas tribales masculinizados.
- Ser dirigidos con la mano de hierro de los dictadores despiadados, capaces de mantener la integridad del país.
- Democratizarse, con todo lo que implica.

De momento, Oriente Próximo arde en el incendio “integrista” provocado por los forasteros y gente local, y aunque este fuego se extinga porque su combustible se agotará, su cuerpo enfermo padecerá otro mal si no elige la tercera salida. Será como los ouróboros, esa serpiente que devora su propia cola, a sí misma, para nunca morir.


Ni uno de los motivos del bombardeo de Irak es “humanitario”

Nazanin Armanian
www.publico.es/170814

Barak Obama no pudo resistir la tentación (o a las presiones de sus adversarios) y se convirtió en el cuarto presidente de EEUU en bombardear Irak, utilizando los mismos pretextos “benévolos” para el mismo objetivo principal: mantener el control de EEUU sobre el hidrocarburo iraquí.

Lo revela la cronología de los acontecimientos, desde que un sector de los terroristas del Estado Islámico (EI) –llamados “rebeldes sirios”, a quienes arman Occidente, Turquía y Arabia Saudí-, entrara el diciembre pasado en Irak, sembrando pánico y muerte entre la población. Ya hay algunas respuestas a la pregunta de “¿por qué Obama no ha luchado en Irak contra Al Qaeda?”, hasta la semana pasada.

Veamos cómo la inacción de EEUU, al igual que la actual agresión militar, han sido interesadas y bien calculadas:

-El día de Navidad del 2013,  los yihadistas atentan contra la iglesia Virgen María de Bagdad y matan a 35 cristianos. Washington no hace nada.

-Enero del 2014, asaltan Faluya y Ramadi, matando a cientos de personas. EEUU tampoco interviene.

-Entre el 10 y 29 de junio toman el control de varias zonas de las provincias de Kirkuk, Saladino, Tikrit,  Al Adhim, Tal Afar y de Mosul, y a pesar de que sus crímenes obligan a huir a unos 8,000 cristianos de ésta última urbe, los occidentales  no les socorren, mientras el nuevo hombre del saco de Pentágono, un tal Abu Bakr al Bagdadi, proclama un califato en los territorios conquistados en Irak y Siria.

-13 de junio, Obama dice que ayudaría a contener a los yihadistas a condición de que Nuri al Maliki abandone su política sectaria.

-Los días 2 y 3 de agosto EI ocupa las ciudades kurdas de Sinjar y Zumar, forzando a la huida de cientos de yazidíes, los adoradores al ángel demonio, fieles del fascinante credo izadi.
- El día 7 EI  toma de la ciudad cristiana de Qaraqosh, y ahora sí, Obama declara su disposición a mandar sus drones para “proteger” a los civiles atrapados y a sus paisanos.

-El 8 de agosto, justo cuando las acciones de las petroleras occidentales empiezan a caer por segundo día, debido a las amenazas de los islamistas y la evacuación de una parte del personal de compañías Afren, Genel Energy y Chevron, las bombas vuelven a caer del cielo de Irak, al parecer para neutralizar a EI, matando a cientos de civiles. Los eternos daños colaterales de los infames intereses.

La “casus belli” de EEUU era falsa

El gobierno de EEUU anunció que iba a “rescatar” a los 40.000 yazidíes refugiados en la montaña Sinjar. La farsa se revela cuando días después afirma que había “muchos menos refugiados en la montaña Sinjar y es mucho menos probable la misión de rescate”.  En realidad, solo eran unos mil yazidíes los que se escondieron en el seno de esta montaña habitada por otros grupos humanos desde hace siglos. Obviamente lo sabían, y en caso de desconocerlo, entonces ¿por qué Obama afirma que la agresión militar durará meses?

Sin duda, están exagerando el poderío de EI (en el caso de que no esté a las órdenes del Pentágono y opere por libre) como cuando  nos mienten para atacar a Afganistán unos 40 países comandados por EEUU para contener a unos talibanes que no tenían ni siquiera una avioneta. 

Tampoco hay explicación “humanitaria” para saber por qué los hombres piadosos de EEUU y la Unión Europea no mueven ni un dedo para ayudar a los palestinos, a los libios atrapados entre el fuego cruzado de grupos que armaron para destruir el Estado libio o  a miles de personas que están muriéndose de hambre en Sudán del Sur, a pesar de que rompieron el país en dos para “salvar” a la población cristiana.

No hay manera de verificar si realmente EI ha robado los 420 millones dólares de los bancos de Mosul, ni que controlase siete campos petroleros y dos refinerías en el norte de Irak, como afirma la prensa occidental, justificando así la envergadura de la nueva misión bélica.

Otro misterio: ¿por qué unos islamistas tan poderosos no hicieron nada durante la masacre de gazatíes, por ejemplo? ¿Por qué no abrir un frente contra Israel para restarle fuerza o lanzar una acción de venganza contra sus intereses en cualquier parte del mundo, como se les suele atribuir?

La macabra estrategia de Obama

La apuesta personal de Barak Obama para mantener la unidad de Irak y evitar su desintegración nunca les gustó ni a Israel ni a los republicanos que optan por desmembrar los Estados fuertes y/o grandes y crear pequeñas colonias controlables: Yugoslavia y Sudan son el resultado y Siria e Irak están en proceso.

Obama, al formar su gobierno, asignó al vicepresidente Joe Biden la tarea de poner orden en Irak. Biden, que siendo senador había defendido una confederación de etnias y religiones en el país invadido, retiró luego su propuesta que hoy es respaldada incluso por sectores del Partido Demócrata.

El último intento de Obama de evitar el fin oficial del Estado de Irak (porque no quiere que su país sea acusado de desmembrar los países del Sur) fue pedir al primer ministro Nuri Al Maliki formar un gobierno que incluyese a las minorías étnicas y religiosas. Obama es incapaz de entender que pedir tolerancia a la teocracia, que por naturaleza es reaccionaria, sectaria, injusta y corrupta, además en un país de larga tradición laica, era como pedir uvas al espino.

Por lo que elaboró otra estrategia: dejar que el EI arrasara el norte del país, matara a cientos de inocentes, llegara a pocos kilómetros de Bagdad para, entre otros objetivos, seguir manejando la política en Bagdad.

¿Por qué Erbil?

El mandatario estadounidense lo dejó claro: ordenó los ataques aéreos para detener el avance del EI en Erbil, la capital del GRK. La urbe de 8.000 años de historia, protegida por la diosa sumeria Ishtar (Esther y Estrella en castellano, Setaré en persa) que llegó a formar parte del Imperio Persa, y fue conquistada por Alejandro Magno, hoy vive una auténtica fiebre de oro. Oro negro que mancha la actual decisión de Obama, quien persigue los siguientes objetivos:

1°Proteger el statu quo del Kurdistán iraquí y su amplia autonomía. Dado el caos que reina en el resto del país, consolidando su poder en esta región, podrá convertirla en un trampolín para seguir adelante con su plan del Nuevo Oriente Próximo.

2°Garantizar el dominio de sus petroleras sobre el crudo kurdo -el 0,5% de la oferta mundial-, y también sobre el 89% de las reservas de gas natural del Estado que se encuentra en el dominio del GRK, donde operan Exxon Mobil y Chevron. EEUU considera suyo este crudo, ya que no era explotado antes de la invasión del 2003.

3°Impedir el corte en la producción y en el suministro de petróleo, que afectaría a la recuperación económica de Occidente. Según los líderes kurdos, en las proximidades de Erbil se encuentra la novena reserva mundial del petróleo. Es más, el gas de Erbil podría sustituir al ruso para los europeos.

4°Detener la subida del precio del petróleo y el pánico en los mercados.

5°Sacar a Israel de ser el blanco de protestas a nivel mundial por sus “carmines” de guerra en Gaza, con la cortina de humo creada en Irak.

6°Neutralizar las críticas sobre su política exterior y no solo las provenientes de Tea party: Hilary Clinton le acusó públicamente de ser “extremadamente prudente”. Ya que no se ha atrevido a “dar una bofetada militar” a Rusia por Crimea y Ucrania, se desahoga con los iraquíes.

7°Forzar cambios políticos en Bagdad: ha eliminado de la escena, y sin respetar los cauces legales, al hombre de Irán Nuri al Maliki con quien trapicheó la permanencia de sus fuerzas en Irak. El estallido de una bomba cerca de su casa y los recuerdos de la terrible muerte de Saddam o Gaddafi fueron suficientes para que dejara su sillón a Haidar al Abadi, el nuevo administrador de la colonia. Así, Obama debilita a Irán desde sus “profundidades estratégicas” de Irak  y Siria.  Quizás Washington no esperaba una declaración de apoyo casi entusiasta de Teherán a su nuevo hombre en la capital iraquí.
8°Dar una lección a los yihadistas, la palanca del Pentágono en la región, como lo hizo Bush a sus ex socios Al Qaeda, Muyahedines y Talibán afganos: que cumplan con lo que se les manda, y dejen de actuar por su cuenta sobre todo si se trata de pozos de petróleo.

Estos puntos se suman a las  23 observaciones sobre la nueva guerra líquida de EEUU en Irak. Los kurdos, principales beneficiarios de la nueva intervención occidental, retoman el control de varias ciudades, recibirán muchas armas, han quitado del medio a Maliki, y ven cómo Washington está cambiando de idea y puede permitir la creación de un Estado kurdo, aunque sea bajo el nombre de “federalizar Irak”, considerándola una opción menos dañina para sus intereses.

Francia defiende su parte del botín

Otro país que, mientras evita la llegada de ayuda humanitaria –que no armas- de Rusia a los ucranianos asediados, pero envía armas a los kurdos perseguidos por los islamistas, es Francia, que no pierde ni una oportunidad para revivir sueños napoleónicos  en su época imperialista.

Los Pishmargas (término persa-indoeuropeo compuesto por Pish “delant” y Marg “muerte”, relacionada con  “morgue” en castellano), serán la carne de cañón de los intereses de la compañía Total, que se venga de Bagdad por no concederle más que una pequeña participación en la explotación del yacimiento de Halfaya del sur. La petrolera francesa negocia con Exxon Mobil para que le ceda su licencia de los dos campos de Pulkhana y Taza, disputados por el gobierno central y el GRK. Makili había amenazado a Exxon que al hacerlo se arriesgaría a perder el  contrato del campo sureño de West Qurna-1. Tras la visita de la delegación del GRK a París, en diciembre pasado, Total aspira a ser la principal compañía petrolífera del Kurdistán iraquí.

Cierto, los amos del mundo no pueden arrebatar así la vida de miles de personas y llevarse sus riquezas, sin contar con sus agentes locales: los líderes árabes y kurdos de Irak, miserablemente al servicio de EEUU y la UE, nunca les ha temblado las manos sacrificar a  sus propias gentes, en nombre del poder personal, tribal, o de un nacionalismo reaccionario y ciego.


Este es el Irak democrático, el mismo modelo que trasportaron a Libia y el que quieren para  Siria e incluso para la Federación Rusa por sus inmensos recursos naturales.

En el nombre de Yahvé, ¡exterminad a esos Untermensch!

Nazarin Armanian
www.publico.es/040814


Mientras preparaban la conquista militar de Oriente Próximo y Asia Central en 1990 y 2000, EEUU y sus socios lanzaron una gran campaña publicitaria contra el Islam y los musulmanes, presentándoles a los habitantes de 52 países del mundo (salvo a regímenes totalitarios, misóginos y financiadores del terrorismo, Arabia Saudi, la amiga) como bárbaros y salvajes, necesitados de una inyección del civismo “judeo-cristiano”, y transportados por miles de mercenarios, tanques y bombas.

Las imágenes de lapidaciones, de mujeres golpeadas y enburkadas, o de islamistas agarrando cabezas cortadas llenaron los medios de comunicación, a la vez que unos tertulianos buscaban en el Corán aquellos versículos que justificaran tales barbaries, y otros las explicaban desde la justicia de la venganza de los colonizados, ajenos a que tales grupos fanáticos no sólo no representaban a tantas naciones de ancestrales civilizaciones diferentes, sino que habían sido fabricados en los tenebrosos sótanos del Pentágono.

Hoy ningún “contertuliano” se atreverá a preguntar, ni mucho menos afirmar, la relación entre la religión judía con la masacre de los palestinos, organizada por el Gobierno israelí, al menos que quiera ser acusado de antisemitismo, con todas sus consecuencias. El objetivo de este truco-chantaje es impedir cualquier crítica, incluso constructiva, hacia sus políticas de extrema derecha.

¿Tiene un fundamento religioso la apología del terror colectivo que propone el profesor universitario israelí Mordechai Kedar de que violando a las madres o hermanas de los militantes palestinos éstos dejarían de molestar a Israel? Idea nacida de una mente pornográfica, que proyecta la dominación masculina de la violencia sexual individual a la colectiva, involucrando a los soldados de su propio país en un crimen organizado más. La siguiente pregunta no es si este señor aún sigue en su puesto, sino ¿qué opinan sus alumnas y sus alumnos al respecto?



Los “subhumanos” de ayer y de hoy

Para banalizar el mal, haciendo que millones de personas “normales” llegasen a ser cómplices de sus crímenes, los nazis dividieron el mundo entre humanos superiores —ellos mismos—, y los Untermensch, «subhumano», que incluían a judíos, gitanos, eslavos, comunistas y homosexuales, entre otros grupos, a quienes se les podía subyugar o matar, como a los animales. Estos seres a los que con los mismos criterios subjetivos torturamos, subyugamos y matamos, a pesar de que compartimos la misma categoría biológica.

Menachem Begin llegó a llamar a los palestinos “bestias que caminan sobre dos piernas” e Isaac Shamir dijo que la cabeza de los palestinos sería aplastada como saltamontes contra las rocas y paredes. Este tipo de afirmaciones ideológicas de expresión de superioridad y la voluntad de ejercer un poder devastador sobre otros seres humanos, que estremecían a judíos como Albert Einstein y Hannah Arendt, abundan en el Antiguo Testamento, al igual que en otros libros de antiguas religiones.

En él, entre ritos y oraciones, se mezclan el mito sumerio de creación —aunque con la innovación antinatural de asignarle a un hombre llamado “Adán” para que pare a la mujer—, la cosmología de los pueblos vecinos, como la dualidad persa —creadora de la pareja de antagonismo cósmico: Dios/Demonio, paraíso/infierno, Bien/Mal, etc.)—, relatos de sucesos, algunos no registrados por otras comunidades vecinas, o normas tomadas prestadas de códigos anteriores, como el de Hammurabi. Lo mismo sucede con el Corán, o con el Avesta, el Libro de los zoroastrianos que precede al Antiguo Testamento.

Guerras no tan santas

La ley de Talión de Hammurabi, recogida siglos después por la Biblia y el Corán, que en su momento supuso un gran avance en tanto que prohibía las venganzas colectivas y desproporcionadas, e imponía indemnizaciones económicas por los daños hechos (¡si no sería imposible gobernar a un pueblo sin ojos y sin dientes!), ha sufrido un importante cambio 3774 años después, por el Gobierno israelí: “Miles de vidas inocentes por daños ficticios cometidos contra nadie”. Cierto que Yahvé también sepultó bajo una montaña de rocas y un mar de fuego a los habitantes inocentes de Sodoma y Gomorra, por la actitud de unos cuantos hombres del pueblo.

Un relato emblemático que es además dos veces misógino: cuando el profeta Lot pide a los violadores que dejasen en paz a sus huéspedes varones, ofreciéndoles a sus propias hijas vírgenes —sin voz ni voto y menores de edad, teniendo en la cuenta las costumbre del tiempo—, y otra cuando dios convierte a la esposa de Lot en un pilar de sal sólo porque quiso mirar por última vez a su hogar y su aldea que eran destruidas por la furia divina.

Dios también exterminó a todos los cananeos y amalecitas, incluidos a los niños, aunque en otras ocasiones les permitía a sus fieles soldados que tras asesinar a todos los hombres de la localidad, se quedasen con las mujeres, los niños, el ganado y lo que pillasen se lo quedaran como botín de guerra (Deuteronomio 20:12-14). Así han hecho los gobiernos israelíes en distintas fases de la limpieza étnica palestina: en Al Nakba en 1948, en Sabra y Shatila en 1982, en Jenin y Nablus en 2002, y en Cisjordania y Gaza un día sí y otro también.

Al menos 35 rabinos acompañaron a cientos de soldados israelíes camuflados bajo la bandera de EEUU en Irak, quizás para leerles estos versículos, anulando cualquier posible barrera moral ante las atrocidades planeadas contra la vida de 25 millones de personas que no les habían hecho nada. Israel fue el principal instigador y beneficiario de la invasión liderada por EEUU contra Irak, el principal país árabe que le desafiaba.

Aprovechando el temible avance de los fundamentalismos político-religiosos en el mundo y de todos los colores, algunos juristas hebreos de EEUU han propuesto restablecer la pena de muerte por decapitación como una de las cuatro formas de ejecución talmúdica —junto con la lapidación, la quema, la estrangulación—, y la forma menos dolorosa de matar a un semejante. Exigir la abolición de la pena capital es incompatible con su integrismo, al igual que para sus homólogos islamistas.

En Israel, y entre decenas de maneras de intentar el genocidio palestino, se están utilizando, además de métodos prehistóricos, juguetes muy avanzados: misiles con sensores que les permiten reconducirlos después del lanzamiento si se desvían del objetivo. Por lo que matar a los niños en las playas, escuelas de la ONU y hospitales no podía haber sido por el “defecto de fábrica” del misil.

Los seres humanos de diferentes regiones del mundo que un día crearon a las divinidades para que les protegiesen de las inclemencias naturales, no sabían que iban a ser rehenes de sus propios inventos y criaturas, y que unos pocos aprovecharían su fe para nublar su razón y manipularles a su antojo.

La espiritualidad individual debe estar separada de la religión institucionalizada y ésta del poder político.

No hay nada espiritual ni moralidad en el saqueo, violación, aterramiento y asesinato a otros seres vivos, de disfrutar o beneficiarse de su dolor.

No hay guerras santas, todas son diabólicas.