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Expulsados de su comunidad en plena pandemia


Por: Lys Arango
www.plazapublica.com.gt / 11-05-2020

Finquero de Purulhá aprovechó el estado de Calamidad para resolver a su manera un conflicto legal de lustros con una comunidad indígena: al ver que no se ejecutaba el desalojo, los expulsó por su cuenta.

Ya eran las siete y doce de la tarde. Treinta y seis familias esperaban frente a la casa comunitaria a que saliera el líder, encerrado durante horas en conversación telefónica con el abogado. Había rumores y la ansiedad crecía por segundos cuando Tomás Choc abrió la puerta y anunció en poqomchi´:

—El desalojo de mañana se ha pospuesto.

La escena resumía veinte años de angustia: otra vez habían ganado y a la vez perdido. Muchas caras reflejaban alivio, incluso alegría, pero a Tomás Choc se lo veía desolado. Trató de explicar con palabras entonces que el miedo al destierro seguiría haciéndoles compañía.

El jueves 13 de febrero de 2020, la comunidad Washington, en Purulhá (Baja Verapaz), debía haber sido desalojada por orden judicial, pero a falta de suficientes efectivos policiales, se aplazó la fecha un mes, y después otro, hasta que el Covid19 se presentó en Guatemala y todas las causas quedaron suspendidas temporalmente. Fue entonces cuando el finquero de apellido Thomae aprovechó el estado de calamidad existente en el país para librarse de estas familias por sus propios medios.

La historia que cuentan los mayas poqomchi´ que habitan estas tierras está cargada de violaciones a sus derechos más básicos. «Siempre hemos sido perseguidos, obligados a trabajar sin salario y ahora nos quieren echar del territorio en el que nacieron y murieron nuestros antepasados», dice el líder la comunidad.

Micaela Choc, de 49 años, posa en la puerta de su casa donde está preparando el desayuno. Se quedó huérfana de madre a los 13 años y desde entonces tuvo que sacar adelante a sus hermanos mientras su padre trabajaba en el cafetal para el finquero Thomae / Lys Arango

El pedazo de tierra que defienden está situado en un entorno montañoso de vegetación espesa y ríos caudalosos. Hay loros, tucanes, colibríes y quetzales. Hay árboles frutales, plantas medicinales y diversas especies de orquídeas. Una Arcadia… sin Estado.

No hay escuela, ni centro de salud.
No hay energía eléctrica, ni agua potable.
Viven en un abandono absoluto y carcomidos por un miedo atroz a ser expulsados.

Estos problemas comenzaron tras la llegada de los alemanes a finales del siglo XIX. La familia Thomae se estableció en Purulhá gracias a las concesiones del gobierno liberal de la época. Mauricio Thomae fue adquiriendo fincas en la región Verapaz hasta consolidarse como uno de los terratenientes más influyentes y sacó adelante un inmenso negocio cafetalero con mano de obra indígena. Los habitantes de la comunidad Washington pasaron a ser mozos colonos en sus propias tierras.

«Siempre le andaban amenazando de muerte para que trabajase más»
Macario Choc, de 76 años, cuenta cómo comenzó a trabajar para la familia Thomae.
—Mi papá trabajaba muy duro, pero un día enfermó y quiso quedarse en la casa para descansar. No le dejaron. El patrón vino a buscarle y bajo amenaza tuvo que volver a la finca. Dos días más tarde murió allá, mientras sembraba café. Fue bien triste porque ni siquiera pude ir al entierro. El jefe volvió preguntando quién era el hijo primogénito de la familia. Era yo, que por entonces tenía 11 años y ahí mismo me jaló directo a trabajar en el cafetal en sustitución de mi padre.

Tomás Choc, el líder comunitario de Washington recoge frijol de su cultivo / Lys Arango

—¿Cuánto le pagaba?
—Nada o muy poco. A veces nos daba diez libras de maíz, pero cuando terminaba la quincena nos decía que estábamos en deuda por la comida, así que teníamos que seguir trabajando.
—¿Nunca le pagaron con dinero?
—Alguna vez nos daba 40 centavos por la quincena, pero obviamente eso no nos alcanzaba para sustentar a la familia.

Macario Choc trabajó quince años en el cafetal y asegura que nunca recibió ayudas, ni derechos laborales. Su hija Micaela, que ahora tiene 49 años y posee la única tienda de la comunidad, recuerda con terror aquellos años:

—Cuando mi padre se tardaba en regresar a la casa, mi mamá lloraba y decía que lo iban a matar. Los capataces de los finqueros eran muy malos. Siempre le andaban amenazando de muerte para que trabajase más.

Micaela Choc se quedó huérfana de madre a los 13 años. A partir de entonces se ocupó de la casa y de sus cuatro hermanos mientras su padre trabajaba. En la época de cosecha iban todos, hasta los más pequeños, a cortar café.

Juan Coy, de 54 años y su mujer Paulina Choc, de 44, otros vecinos de la comunidad, también trabajaron bajo el sistema de mozos colonos durante más de 20 años.

Estela Pop Tul prepara café y tortillas para el desayuno / Lys Arango

—Nos habían convencido de que si trabajábamos nos darían los papeles de propiedad de la comunidad. Así que engañados nos emplearon como esclavos durante varias generaciones hasta que nos cansamos de las mentiras. Ahora resulta que no solo no nos dan lo que nos pertenece, sino que nos han denunciado como usurpadores de la tierra y nos quieren echar. Es injusto —se queja Juan Coy.

Así, cientos de familias se emplearon en la siembra, mantenimiento, cosecha y otras labores de la explotación del café en condiciones de servidumbre, sin recibir pagos y bajo la promesa de que de esta manera podrían quedarse con la propiedad de sus tierras ancestrales.

En el año 2000, la comunidad Washington se organizó y decidió dejar de trabajar para la familia Thomae bajo estas formas contemporáneas de esclavitud, que según el Convenio 29 de la Organización Internacional del Trabajo, designa «todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente».

Coincidiendo con la crisis del café, los finqueros abrieron nuevos horizontes de inversión y se centraron en proyectos hidroeléctricos. Los indígenas se volvieron prescindibles para el negocio, pues además el terreno que habitaban estaba pensado para los cuartos de máquinas de la hidroeléctrica. Desde este momento, las familias poqomchi´ cuentan que pasaron a ser víctimas de amenazas y violencia para que abandonaran la tierra.

El 28 de marzo de 2005 tuvo lugar el primer intento de desalojo de forma extrajudicial, según su relato.

—Los hombres de seguridad del finquero rodearon la comunidad y comenzaron a disparar al aire. Yo agarré a mis dos hijos y me encerré en la casa. Llorábamos los tres acurrucados en la cama. Mi esposo, Tomás, se quedó fuera y le gritaron: «Tienen dos horas para recoger sus pertenencias y largarse». ¡Iban a quemar nuestras casas!

Macario Choc muestra su antiguo DPI donde certifica su lugar de nacimiento / Lys Arango

La voz de Estela Pop Tul se quiebra y su esposo retoma la conversación:

—No nos quedó más remedio que sacar las cosas a toda prisa. Agarramos lo que pudimos: ropa, mantas, algo de maíz que teníamos almacenado, los trastes de cocina y las gallinas. Lo metimos en sacos y lo dejamos a un lado del camino pues no podíamos cargar a los niños y los bultos a la vez. Anduvimos hasta el río, que está a dos horas a pie. Cuando regresamos por nuestras cosas, ya no estaban. Nos las habían robado los hombres del finquero.

Sus casas quedaron reducidas a cenizas, al igual que los cultivos. Les quemaron todo para evitar que pudieran regresar. Varias familias se unieron al líder comunitario e improvisaron un refugio a orillas del río. Tomás y Estela apenas pudieron salvar una manta y una lona de plástico para cobijarse en la época de lluvias. Su hijo Lionel, de año y nueve meses, enfermó por el frío y murió. Le enterraron en el cementerio de Sinajá, donde están los restos de los antepasados de la comunidad.

La tradición maya en esta zona se basa en la reconexión con la naturaleza. Cuando alguien muere, los familiares cavan un hoyo en la tierra, dejan dentro el cuerpo del difunto y al cubrirlo plantan una semilla con la misma tierra.
—Justo ahí… en el lugar donde descansa mi hijo, ha crecido un árbol piñón. Ahí está, en vez de una cruz. Todavía está pequeño, pero será un árbol frondoso —dice Estela Pop entre sollozos.

Tres años después regresaron a la comunidad. No podían seguir viviendo en la montaña, ni tampoco tenían dinero para pagar un terreno de alquiler. Poco a poco reconstruyeron sus casas, sembraron maíz y frijol, criaron chompipes y gallinas. La vida renacía, pero también sus miedos a volver a ser desposeídos.

«La suma de las extensiones registradas por la familia Thomae es desproporcionada»

En conjunto con organizaciones no gubernamentales que se dedican a la defensa de la tierra, se formó una mesa de diálogo para resolver el conflicto. Su primer triunfo fue hace siete años, cuando la comunidad fue reconocida como pretendiente de la tierra por el Registro de Información Catastral. Pero la alegría duró poco: la familia Thomae les acusó de delitos de usurpación agravada, coacción y hurto. En noviembre del 2016, consiguió que el juez decretara 34 órdenes de captura en contra de los comunitarios. Se han ejecutado siete.
Ricardo Chun Laj fue uno de los primeros capturados.

Adela y sus hijas llevan flores a la tumba de su abuelo Pablo Chej, donde en su día plantaron un árbol zapote. / Lys Arango

—Estaba cortando café en una finca y cuando me senté a descansar en la vereda, a eso de las cuatro de la tarde, se acercó un furgón de la policía y me arrestaron. Estuve preso un mes con otras 45 personas en la misma celda. Fue horrible, pero gracias al esfuerzo de la comunidad, que logró reunir 5,000 quetzales de la fianza, pude salir.

A Tomás Choc lo capturaron en la aldea Santa Bárbara cuando fue a visitar un familiar que estaba muy enfermo:
—Nada más bajar del microbús me esperaban los policías. Los acompañaba el administrador de la finca de los Thomae para señalarme. Al igual que mis otros compañeros tuve que permanecer un mes en prisión preventiva hasta que pudieron sacarme.

Además, el juez de paz de Purulhá emitió una orden de desalojo en contra de la comunidad, a pesar de que durante el proceso judicial que finalizó el 26 de septiembre de 2018 el perito Juan Carlos Peláez cuestionó la legalidad de la propiedad de esas tierras. Los Thomae las reclaman como suyas, adquiridas legalmente por su familia, desde hace más de un siglo con el fruto de sus esfuerzos y que han sido “invadidas” recientemente por las comunidades. La versión de los comunitarios es distinta: no es una propiedad privada, es una tierra en la que han vivido por generaciones. No están invadiendo, simplemente ocupan el espacio que les corresponde.

—Si bien el Registro de la Propiedad tiene inscritas las tierras como parte del Sr. Thomae, hay muchas anomalías que aún se están investigando —explica el abogado Ignacio Santiago, representante jurídico de la comunidad de Washington, durante una entrevista telefónica.

—Al parecer algunas fincas no fueron legalmente registradas en primer momento a finales del siglo XIX, por tanto, toda inscripción posterior sería nula. Se debe estudiar el origen y las irregularidades que han ocurrido para que estas tierras llegaran a manos privadas.


Una adolescente saca el maíz almacenado para preparar las tortillas del almuerzo. La comunidad Washington, en Purulhá subsiste gracias a sus cultivos de maíz y frijol / Lys Arango

Se trata —resume Santiago— de un litigio entre el derecho meramente registral y los derechos históricos y ancestrales del pueblo poqomchi´.

Asimismo, el juez Castro Can admite en la sentencia que «la suma de las extensiones registradas por la familia Thomae (37 caballerías) es desproporcionada y habría de traer conflictividad social puesto que a tal situación se opone la precariedad, limitación y pobreza en la que vive la mayoría de los habitantes de las comunidades circunvecinas».

Washington es aparentemente una comunidad tranquila: los hombres salen temprano hacia los cultivos de maíz y frijol, las mujeres caminan hasta el río para lavar la ropa, mientras los niños se bañan desnudos en sus aguas cristalinas. Después regresan a casa con las tinajas de colores sobre sus cabezas y comienzan a preparar el almuerzo para la familia. A pocos metros de la casa de Tomás Choc, hay una iglesia evangélica construida con tablas de madera, donde el pastor Braulio se reúne con los feligreses dos días por semana para cantar sus alabanzas al Señor.

Un niño de la comunidad se baña desnudo en el río. Cada mañana acompaña a su madre a lavar la ropa, mientras sus hermanos y él se zambullen en el agua / Lys Arango

Parecería una aldea rural normal si no fuera por la larga sombra que cubre sus tres caballerías. La mayoría de la población es analfabeta, porque nunca tuvieron escuela. Tampoco tienen un centro de salud al que acudir cuando una mujer está embarazada o alguien en la comunidad cae enfermo. Los hombres tienen miedo a salir en busca de trabajo, al tener casi todos, una orden de captura. La única tienda de la comunidad apenas tiene jabón, agua, velas y cerillas. Micaela Choc teme traer más productos por si de un momento a otro la comunidad es desalojada.

En Washington no hay una sola familia que no haya sido víctima, directa o indirectamente, del conflicto histórico con los Thomae. Cada relato suele ilustrarse con documentos: aquí está mi certificado de nacimiento en la finca, aquí las denuncias que interpusimos por las amenazas constantes, aquí las facturas de cuando viajamos a tal o cual prisión en busca de mi marido o mi hijo... En cada casa hay una carpeta, desgastada por el uso, donde se guardan como una reliquia todos los papeles relacionados con la orden de captura, los papeles de la prisión, las denuncias... Esa carpeta tiene también algo de ataúd y como un túnel de dolor se adentra en burocracias para tratar de explicar su camino de espinas. Lo muestran todo porque ya la única esperanza de esta gente está en el exterior, en la prensa y en los tribunales.

Por el contrario, la postura de los representantes de la finca no se ha podido incluir en este reportaje. En un primer contacto, Byron Thomae expresó su conformidad con otorgar una entrevista, pero después no ha habido más respuesta a pesar de los numerosos intentos por entablar comunicación con la familia.

El peor de los temores llegó a finales del mes de marzo.

Según relata Tomás Choc al teléfono, el día 30 a las 10 de la mañana un grupo numeroso de hombres dispararon contra cinco comunitarios de la comunidad Washington. Estaban en la roza, preparaban el terreno para sembrar maíz en cuanto llegaran las primeras lluvias. Los campesinos identificaron a estos hombres como miembros de seguridad de Byron Thomae. Con los disparos, Tomás Choc y sus compañeros se escondieron hasta que cayó la noche y pudieron regresar a la comunidad. A partir del día siguiente y a lo largo de una semana, cada mañana volvían los mismos hombres armados para disparar contra las casas de la comunidad con rifles y escopetas calibre 12.

—Hicimos una reunión con toda la comunidad y decidimos abandonar nuestros hogares —explica Tomás.

Salieron el 6 de abril a las siete de la mañana y «cada quién tiró por su lado». Ese mismo día Víctor Manuel Xoc, administrador de las fincas de Byron Thomae, ordenó quemar las casas y lo que quedaba dentro: ropa, canastos, maíz…


Algunas casitas de la comunidad y al fondo la montaña Tomiyel, lugar sagrado para la comunidad maya Poqomchi´ que habita esta tierra desde tiempos inmemoriales / Lys Arango

Según la denuncia urgente de la Unidad de Protección a Defensores y Defensoras de Derechos Humanos de Guatemala –Udefegua–, el ganado, propiedad de Thomae, fue conducido a los cultivos de maíz y frijol de los comunitarios para que sirvieran de pasto y de paso destruyeran la única vía de subsistencia de las familias que allí habitaban.

—¡Todos queremos volver a casa! —dice al teléfono Hilario Coy, un joven de la comunidad—. Pero nuestra casa ya no está, solo queda un pedazo de suelo quemado, como después de una gran hoguera.

Cuando Coy regresó a la comunidad al día siguiente, encontró entre las cenizas una cacerola deformada por el fuego. Es todo lo que pudo salvar de su casa. Su madre, relata el joven, «se pasa muchas horas callada y de pronto en la noche se pone a chillar: “¡Ay, mi casa! ¡Ay, mi casa! ¿Qué va a ser de nosotros ahora?”» Hilario le pide que confíe en el cerro del Cuartel Maya, una montaña sagrada para el pueblo poqomchi´, que se alza frente a la comunidad: «Al igual que protegió a nuestros antepasados en la batalla contra los soldados españoles, ahora nos protegerá a nosotros en esta lucha para reclamar lo que nos pertenece».

Sobre la crisis de la Caja de Seguro Social: verdades, medias verdades y mentiras


Por: Olmedo Beluche
Panamá


Una invitación a un foro sobre la Caja de Seguro Social, organizado por la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), en 2018, nos ayudó a establecer los múltiples síntomas de la crisis de la entidad, descartar los falsos diagnósticos y señalar el verdadero “vector” responsable de la enfermedad: la corrupción rampante del sistema capitalista panameño.
La crisis de la Caja de Seguro Social es un tópico sobre cuyos síntomas todos hablan: desabastecimiento crónico de medicamentos, déficit de camas hospitalarias y de especialistas en el interior, infecciones nosocomiales recurrentes con decenas de muertes, envenenamiento masivo con dietilenglicol, externalización constante de cirugías, fallecimiento de 21 neonatos en julio pasado, déficit del programa de IVM.
La primera alerta que debemos tener es que algunos sectores malintencionados sostienen una campaña de denuncias sobre estos problemas, pero su objetivo no es la solución para beneficio de los asegurados, sino promover algunas medidas que conduzcan al desguace de la institución y la privatización de sus servicios, mirando con avidez los fondos del programa de Invalidez, Vejez y Muerte. En este sentido, varios gremios han advertido sobre la manzana envenenada de la propuesta de la Cámara de Comercio de dividir la institución.
También se señalan falsos culpables para recortar los beneficios de la atención de salud.
1.      Uno de los mitos más extendidos es que, supuestamente los dependientes de los cotizantes son demasiados y esa es la causa del colapso del sistema. Falso. En 1998, con la mitad de los actuales cotizantes, los dependientes equivalían al 59,68% del total de los beneficiarios de servicios de la CSS, y esa cifra ha descendido al 50,77% en 2016. O sea, ha habido una disminución de casi el 9% en la proporción de dependientes del sistema.
2.      Otro mito es que hay menos cotizantes. Falso: en 1998 habían 712.512 cotizantes y en 2016 estos alcanzaron la cifra de 1.490.101, es decir, los cotizantes aumentaron en 52,18%.
3.      Además, creció enormemente el monto de las cotizaciones que, en 2007, eran poco más de 976 millones de balboas, y en 2017, alcanzaron los 3.648 millones de balboas, un incremento de las cotizaciones del 73,24%.
4.      Para justificar la reforma de los programas de jubilación, un mito muy extendido en la reforma de 2005, fue alegar la supuesta inversión de la pirámide poblacional, es decir, que el número de viejos ya sería mayor que el de la población joven y en edad productiva, lo que haría inviable el programa “definido” o solidario. Lo cierto es que los datos del INEC muestran que a la fecha esa inversión de la pirámide no se ha producido, ni se producirá de manera inminente. La absoluta mayoría de la población, más del 60%, tiene menos de 40 años de edad.
¿Quiénes son los verdaderos culpables de la crisis de la CSS?
La corrupción y un modelo económico neoliberal que ha permitido situaciones como:
1.      Una “morosidad”, que en realidad es un robo de las cuotas, por empresas privadas e instituciones públicas de cientos de millones de dólares (B/. 236 millones);
2.      Un “manoseo contable” (evasión) de B/. 300 millones, entre funcionarios y empresas, aprovechándose de un cambio en el sistema informático de la institución;
3.      Un sistema de “Panamá Compra” ineficiente que encarece los medicamentos; verdaderas mafias entre proveedores y funcionarios;
4.      Inversiones inconsultas e innecesarias, como los B/. 500 millones de la “Ciudad Hospitalaria”.
La crisis del sistema del IVM es de la Ley 51
Ahora resurge la amenaza sobre el programa IVM, que la reforma de 2005 partió en dos, separando a los menores de 35 años de edad, que fueron enviados a un sistema “mixto” (un sistema solidario para salarios inferiores a B/. 500 y un sistema de ahorro, como el SIACAP, sobre esa cifra), y dejó sin aportes de las nuevas generaciones al sistema de cuentas “definido” o solidario, que recibimos los que teníamos más de 35 años de edad al momento de la reforma, con lo cual se le conduce al colapso hacia el 2025, al decir de la Dra. Marianela Morales.
La crisis del programa de IVM será usada por los mismos que promovieron la repudiada reforma de 2005 para volver a proponer: un nuevo aumento de la edad de jubilación y las cuotas, y la transferencia de los fondos a entidades privadas como la Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensiones (AFJP).
La solución a la crisis del IVM: volver al sistema solidario de antes de 2005
A nuestro juicio las soluciones son de dos ámbitos:
1.      Volver a un sistema de cuentas definido o solidario, que puede ser sustentado por un crecimiento de cotizantes y cotizaciones en los últimos años.
2.      Esto también requiere, para que sea sostenible en el tiempo, un modelo económico que no sea neoliberal, es decir, que promueva el empleo juvenil bien remunerado, lo que tiene como precondición el proteccionismo a la agricultura y la industria, reales creadoras de riqueza y empleos.



Sahel, una guerra por la gracia de Dios

www.rebelion.org / 16/05/2020



Diferentes informes están alertando de que desde hace varias semanas en el marco de la guerra que fuerzas militares occidentales, fundamentalmente Francia, Estados Unidos y Reino Unido, junto a ejércitos de la región del Sahel, mantienen contra diferente khatibas que responden tanto al Daesh como al-Qaeda, estas dos organizaciones están teniendo enfrentamientos armados entre ellas.

En una de las últimas ediciones del boletín informativo semanal al-Naba, órgano semioficial del Daesh, denuncia que al-Qaeda, no pierde oportunidad de golpear arteramente a los “hombres del califato”. Definiendo esas acciones directamente como de “guerra” lo que la organización fundada en 1988 por Osama bin Laden, ha declarado en contra de sus muyahidines, mientras estos luchan contra los “cruzados occidentales”.

En el extenso territorio que las potencias occidente libran la guerra contra el terrorismo en África Occidental que ocupa amplias regiones de Mali, Burkina Faso, Chad, Níger y que con diferentes características también ocupan el oeste de Mauritania, norte de Nigeria, norte de Camerún y sur de Argelia, la guerra intra takfirista ha comenzado a producir bajas a ambas organizaciones.

Tanto la banda signataria de al-Qaeda, conformada en 2017 por media docena de organizaciones independientes conocida como Jamāʿat nuṣrat al-islām wal-muslimīn, (Frente de Apoyo para el Islam y los Musulmanes) o JNIM, como la organización Estado Islámico en el Gran Sáhara (ISGS) repiten ahora en el corazón del Sahel, el mismo cuadro que ya se jugó en Siria, y actualmente también se desarrolla en Afganistán.

En 2012, en plena guerra contra el gobierno del presidente sirio Bashar al-Assad, cuando una multitud de organizaciones terroristas y mercenarios alentados y financiados por las monarquías del golfo, con la anuencia de los Estados Unidos, Francia y Reino Unido, llegaban a Siria, entre las que se encontraba una organización conocida como Estado Islámico de Irak y el Levante, o EIIL, la sucursal de al-Qaeda en Irak, lo que produjo la inmediata reacción del Frente al-Nusra, el capítulo sirio de al-Qaeda global. No fueron pocas las batallas entre las khatibas “hermanas”, en las que se estaban produciendo mutuamente decenas de bajas, con un derroche inútil de recursos, que no eran utilizados contra las fuerzas del presidente al-Assad, por lo que la orden del sucesor de bin Laden, el emir de la organización, el médico egipcio, Aymán al-Zawahirí, fue taxativa: los iraquíes deberían retornar a su país. Dicho edicto provocó la insubordinación de un emir conocido como Abu Bakr al-Bagdadí, quien después de auto proclamarse como el Califa Ibrahim, fundaría en Mosul en junio de 2014, el Daesh. La organización que escribiría las páginas más sangrientas de terrorismo wahabita.

De alguna manera este espectro se ha reproducido en Afganistán, donde desde el 2015-2016, han desembarcado numerosos milicianos del Califato, para conformar lo que se conoce como el Daesh Khorasan, provocado la reacción de los talibanes, que junto a sus viejos aliados de al-Qaeda, están disputando algunas áreas en distintas provincias afganas. Si bien el talibán nunca ha tolerado la presencia de ninguna organización terrorista extranjera en Afganistán, más allá de al-Qaeda, ya que son prácticamente lo mismo, desde los acuerdos de Doha, firmados el 29 de febrero último con los Estados Unidos, los talibanes están obligados a impedir y combatir a cualquier organización terrorista que pretenda operar en sus territorios.

También en Yemen, ambas organizaciones han tenido sus enfrentamientos, el Daesh de la Willat (provincia) de Yemen, en un video publicado a fines del pasado abril, acusa a al-Qaeda en la península Arábiga (AQAP) junto a al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) de trabajar con los apóstatas.

Es claro entonces que este fenómeno hoy se está reproduciendo en el Sahel, por lo que en diferentes editoriales de al-Naba acusa al JNIM de trabajar con diferentes bloques armados de todo tipo, en el norte de Malí, incluidos los que se oponen al gobierno “apóstata” (por el gobierno con sede en Bamako) y los que son leales a él, para alcanzar una alianza suficientemente poderosa como para armar una base política que le permita su extensión territorial. Incluso se acusa a al-Qaeda de estar trabajado con los movimientos tribales, a los que el Daesh, cataloga de “idólatras”, ya que mixturan el islam con creencias animistas.



El odio sin fronteras

En uno de sus últimos editoriales apunta la mayor responsabilidad a los dos emires principales y fundadores del JNIM Iyad Ag Ghaly y Amadou Kouffa, a quienes cataloga de apostatas y de pergeñar esta guerra hace mucho tiempo.

Por su parte, los integrantes del JNIM, tratan de kharijitas (extremistas) a los hombres del Estado Islámico en el Gran Sahara. El malí Iyad Ag Ghal antiguo líder Ansar Dine, organización que se incorporaría a JNIM, al asumir como líder de este último grupo no solo hizo su bayat, (juramento de lealtad) al emir de AQMI (al-Qaeda para Magreb Islámico) al argelino Abdelmalek Droukel y a Aymán al-Zawahiri, sino también al Príncipe de los Creyentes o Amīr al-muʾminīn, título honorifico que lleva el líder de los talibanes desde 2016, el mullah, Hibatullah Akhundzada, lo que perfila perfectamente las diferencias ideológicas que dividen las dos organizaciones sahelianas.

Se conoció que a principio de año hubo deserciones de algunas brigadas del JNIN, que habrían jurado lealtad al sucesor de al-Baghdadi, tras su muerte, el emir Abu al-Qurashi. También se informó que, en el centro del país, poco después de esa deserción, un importante grupo perteneciente a la tribu Fulani, históricamente leales a Khatiba Macina de al-Qaeda, también desertó.

Una de las principales críticas del Daesh a el JNIM, es que esta organización se ha mostrado dispuesta a negociar con Bamako, con la condición de que las fuerzas francesas de la operación Barkhane, unos 5 mil efectivos, que están operando en el norte del país desde 2014, que es la principal barrera de contención de la actividad takfirista, abandonen Malí, coincidiendo con las políticas del Talibán a la hora de negociaciones con los Estados Unidos, con vista a la pacificación del país centroasiático, que exigía la retirada de todas las tropas norteamericanas. De abandonar Mali, las fuerzas francesas, sería una jugada de alto riesgo para la subsistencia de Bamako.

En las últimas semanas ambas organizaciones se han arrogado diferentes acciones, Daesh, asevera que, en el norte y centro de Mali, abarcado también el norte de Burkina Faso ha realizado diferentes operaciones contra blancos de al-Qaeda al tiempo que informa haber rechazado dos incursiones de al-Qaeda cerca de Nampala, un área próxima a la frontera con Mauritania, y al este de Macina en la región de Segou.

En esta primavera se están repitiendo las acciones militares que se produjeron en el último otoño, pero de mayor envergadura. Según lo han reportado medios locales a principio de abril, se produjeron fuertes enfrentamientos entre ambas organizaciones en las localidades de Dialloube, Koubi, Djantakai y Nigua en la región de Mopti. Y en marzo, hubo combates cerca de la ciudad mauritana de Fassala, en la frontera con Malí.

Después de los presuntos ataques rechazados en Nampala, se produjeron choques al sur de Boulikessi, que le habrían provocado 35 muertos y más de una docena de heridos a los hombres al-Qaeda.

El 20 de abril, se registraron enfrentamientos en Pobe y Keraboule localidades de la provincia Soum, en Burkina Faso y en batallas de más intensidad en las localidades burkinesas de Arbinda y Nassoumbou, donde se produjeron más de sesenta muertes de ambos bandos.

El 18 de abril, se libró el área de Ndaki (Mali) una dura batalla cuando un contingente del JNIM (al-Qaeda) atacó cuatro grandes pueblos de la zona fronteriza de entre Mali y Burkina Faso, que estaban bajo el control del Daesh. En dichos enfrentamientos participaron columnas de vehículos blindados de hasta más de cuarenta unidades, y docenas de motocicletas, lo que da una dimensión de la disponibilidad de recursos con que cuentas los fundamentalistas en esas regiones. Según el Daesh, esas acciones se habrían producido una semana antes y señala que sus hombres pudieron sostener los embates de los al-qadianos después que utilizaron un coche suicida que produjo importantes bajas y destrucción en las filas enemigas.

Según el Daesh, en esa batalla habría capturado 40 motocicletas y tres vehículos, una afirmación que no ha podido ser verificada por ningún medio, una maniobra usual en estos casos, donde la información es brindada por los bandos en disputa, aunque según medios locales, dada la diferencia de fechas, no se sabe si la información se refiere al mismo hecho, o en realidad hubo dos batallas de magnitud con una semana de diferencia. Al-Naba, también consigna, en su última entrega, un tiroteo en la región de Gao, norte de Malí, en cercanías de las aldeas nigerinas de In-Tillit y Aghay, en la región de Tillaberi el pasado 16 de abril, en que el Daesh, habría matado a cuatro miembros de JNIM y capturado otros tres.

Esta guerra entre Daesh y al-Qaeda, como todo lo que se produce en África, está condenada a profundizarse y seguirá matando gente, en este caso, por la gracia de Dios.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?


Por: Rev. Pbro. Manning Maxie Suárez

Acababa de cenar en casa cuando de pronto, sale en las noticias de la tarde, el informe diario del Ministerio de Salud sobre la situación de la Pandemia del Covid-19 a nivel mundial y después, el trago amargo de la situación en Panamá.  Inmediatamente después de haber escuchado la cantidad de contagiados y de muertos por esta Pandemia, se me acabaron las ganas de seguir comiendo.

Más de 10 millones de personas han sido contagiados en el mundo, con más de 500 mil muertes.  Según la OMS, 100 mil personas se contagian diariamente y en Panamá los mismos van por arriba de las 31 mil personas.  Verdaderamente es una situación preocupante en todos los sentidos de la palabra.  Ahora se nos suman la problemática del Dengue Clásico y Hemorrágico y para sumar más tragedias, los científicos acaban de hacer una declaración escalofriante al señalar que en China, otro virus respiratorio “con potencial para convertirse en pandemia se está gestando en estos momentos.  Se trata del H1N1 como una variante G4, especialmente preocupante porque su núcleo es un virus de influenza aviar, al que los humanos no tienen inmunidad, con fragmentos de cepas de mamíferos mezclados. Qué locura, Dios mío, pareciera que estamos en un “tiempo bíblico apocalíptico de los últimos tiempos”, por los diferentes signos que se experimentan en estos momentos.

En Panamá, ya van más de 650 muertos y siguen aumentando diariamente desgraciadamente.  Solo pienso en esas 650 familias, lo que han estado sufriendo desde el momento en que sus seres queridos, ahora difuntos, pasaron y pasan por la falta de estas personas queridas y apreciadas por todos.  El tema de la muerte siempre ha sido un trauma para las familias panameñas, no se nos ha enseñado a aceptarla y la vemos como la desgracia más grande que nos pueda pasar, enlutando la vida de todos en las familias.  En este sentido, los sacerdotes, pastores de las diversas Iglesias conjuntamente con especialistas psicólogos deben brindar el apoyo necesario a esas familias que padecen y sufren a diario.

Tenemos que bregar con la muerte todos los días de nuestra vida, nuestra “hermana muerte” como señalaba el fraile san Francisco de Asís.  “Buscaba el origen del mal y no encontraba solución" decía san Agustín (Confessiones, 7,7.11).  Sin embargo, nadie escapa a la experiencia del sufrimiento de “los males en la naturaleza”, aparecen ligados a nuestros límites propios como seres humanos.  Es una experiencia que todos hemos vivido en algún momento de nuestras existencias.   San Pablo lo llegó a señalar en una de sus grandes epístolas cuando decía “en Adán todos mueren “(1 Cor. 15:22.).  Él llegó a nombrarla también como el “Misterio de la Iniquidad”.

Nosotros los hombres hemos creado modelos socio políticos y religiosos que han permitido montar sistemas económicos que han ayudado a deshumanizar al ser humano cada día a perder su conciencia y esencia como un ser creado dentro de este macrocosmo inmenso, haciéndose daño terrible y al medio ambiente al cual pertenece, esta actitud provoca en los humanos y las sociedades un suicidio colectivo.  La manipulación genética mal intencionada y su falta a la bioética hacen pensar que existen solo malas intenciones en organizaciones humanas con el futuro de la humanidad.  Así hablamos hoy día de laboratorios civiles y militares alrededor del mundo que se dedican a la creación de armas de guerra biológica con la única intención de matar masivamente a cierta parte de la humanidad solo con la idea de mantener el control del poder político en alguna parte del mundo.  Hemos roto los límites infranqueables que el hombre en cuanto criatura debe reconocer libremente y respetar con confianza.

Hoy, estamos expuesto a una muerte segura con la pandemia del Covid-19, no hay seguridad en el sistema de salud que ya todos están colapsados.  Sin embargo, Dios nos ha dado la Fe, que es Don del Espíritu Santo.  Pidamos al Señor que nos dé ese Don, el Don de la Fe, que en estos momentos de angustia necesitamos para enfrentar con esperanza esta como otras situaciones que se presenten. 

San Pablo Apóstol, señalaba lo siguiente: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Cor. 15:51 ss), esto refiriéndose a aquellos hombres y mujeres de fe donde les explicaba que “Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados”.  Nuestros muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. Y esto que es mortal será vestido de inmortalidad.  Entonces se efectuará la palabra que está escrita: “Sorbida es la muerte con victoria”. Así podemos preguntarle a la muerte con toda seguridad ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?

Sacerdote






Symphony No. 2 / Sergei Rachmaninoff / Vasily Petrenko / Oslo Philharmonic



The Oslo Philharmonic with conductor Vasily Petrenko perform Sergei Rachmaninoff's Symphony No. 2 in Elbphilharmonie in Hamburg on 15th October 2019.

Produced by Elbphilharmonie Hamburg and the Oslo Philharmonic
Audio: NDR Kultur 2019
Licensed by Studio Hamburg Enterprises GmbH

¿Me vale la misa que se ve en la tele? ¿me puedo confesar por teléfono?"

Por: José María Castillo
www.religiondigital.org / 23.04.2020

Con motivo de la pandemia del virus, a medida que van pasando los días, van aumentando las preocupaciones, en los ambientes clericales y eclesiásticos, por el hecho de la creciente dificultad para que la gente acuda a las iglesias. Y en las iglesias, los creyentes puedan rezar, oír misa, confesarse, practicar la religión en este tiempo de tantas carencias y problemas. Se multiplican las dudas y las preguntas: ¿me vale la misa que se ve en la tele? ¿me puedo confesar por teléfono? Y así sucesivamente. 

Sinceramente, a mí no me preocupa (ni me interesa mucho) toda esta “casuística sacramental” que ha surgido con motivo de la reclusión y el encierro que nos ha impuesto el coronavirus. Cuando, entre los cristianos, nacieron los sacramentos, no existían los actuales medios de comunicación. Además, hay sacramentos que no sé cómo se pueden celebrar a distancia. Por ejemplo, la eucaristía, que originalmente fue una “cena compartida”. ¿Cena alguien por el hecho de ver en la tele que otros cenan?

A mí me parece que el “enclaustramiento”, que estamos soportando por causa de la pandemia del virus, no va a modificar mucho la actual práctica sacramental de los cristianos. Cuando vayamos saliendo de la situación actual, esperamos que todo seguirá como estaba.

En todo caso, lo más importante que se me ocurre decir, en este momento, es que a todos nos vendría bien recordar (o informarnos) de que fue precisamente en los primeros siglos, cuando las prácticas sacramentales no estaban tan organizadas y reglamentadas como ahora, ni siquiera se sabía cuántos eran los sacramentos, entonces precisamente fue cuando el cristianismo floreció con más vigor y más pujanza. Este asunto –tan determinante– está bien documentado y analizado. 

Fue justamente cuando el imperio romano empezó a debilitarse, en la llamada “época de angustia”, desde Marco Aurelio a Constantino (161-306) (E. R. Dodds), entonces precisamente fue cuando el cristianismo arraigó en lo más vivo de la población. No por la multiplicación y exactitud de sus ceremonias. Eran tiempos en que los cristianos no tenían ni templos. Y hasta les era impensable el simple hecho de enseñar la cruz. Porque, en aquella cultura, decir que se creía en un “Dios crucificado”, era una contradicción tan absurda, como si hoy dijéramos que ponemos nuestra fe en un “dios ahorcado”.   

Entonces, ¿qué es lo que impresionó tanto a la gente, que aquella iglesia, en tan poco tiempo, atrajo a tantos adeptos? Una agrupación de adeptos, que vivía un sentido comunitario tan fuerte, que unía a los individuos y a las familias, más que por unos determinados ritos religiosos, sobre todo por una forma común de vida, como acertadamente dejó escrito Orígenes (Contra Cels., 1, 1), esto fue decisivo, incluso determinante.

Por eso la iglesia ofrecía todo lo necesario para constituir una especie de seguridad social: cuidaba de huérfanos y viudas, atendía a los ancianos, a los incapacitados y a los que carecían de medios de vida; tenía un fondo para los funerales de los pobres y un servicio para para las épocas de epidemia (cf. Arístides, Apol. 15. 7-9; Harnack, Mission, I, 147-198). Pero más importante que estos beneficios materiales era el “sentimiento de grupo”, que acogía sobre todo a los que vivían como desarraigados en las grandes ciudades. Como bien ha escrito Dodds, “debieron ser muchos los que experimentaron un profundo desamparo: los bárbaros urbanizados, los campesinos llegados a las ciudades en busca de trabajo, los soldados licenciados, los rentistas arruinados por la inflación y los esclavos manumitidos. Para todas estas gentes, el entrar a formar parte de la comunidad cristiana debía ser el único medio de conservar el respeto hacia sí mismos y dar a su vida algún sentido. Dentro de la comunidad se experimentaba el calor humano y se tenía la prueba de que alguien se interesa por nosotros” (o. c., 178-179).


¿Una Eucaristía sin Iglesia?

Termino y ésta es mi conclusión: no sé si los templos se van a quedar vacíos; ni sé tampoco si habrá gente que tranquilice su conciencia viendo una misa por la tele o se piense que Dios le perdona porque habla con un cura mediante el móvil. Sinceramente, todo eso no me preocupa gran cosa. Lo que, de verdad, me interesa y me preocupa es que, demasiados responsables y dirigentes de la iglesia actual puedan dar la impresión de que es más importante observar y someterse a la religión (con sus normas y rituales) que ser fieles al proyecto de vida que nos propone el Evangelio. 


Las lenguas indígenas son la clave para comprender quiénes somos realmente


Survival International
www.cpalsocial.org / 17-04-2020

El Año Internacional de las Lenguas Indígenas, el pasado 2019, es la celebración de la diversidad humana y un recordatorio del ritmo a que está desapareciendo dicha diversidad. Con cada lengua que se extingue perdemos una pieza fundamental del rompecabezas humano.

Las lenguas constituyen uno de los mayores emblemas de la diversidad humana, pues revelan las sorprendentes diferencias con las que los seres humanos sabemos percibir y relacionarnos con el mundo y darle sentido. También son las exquisitas bibliotecas existentes, en las que hallamos la historia colectiva, el conocimiento, la mitología y las percepciones de todo un pueblo. Sin embargo, esta diversidad se está perdiendo a un ritmo alarmante. Algunos expertos se atreven incluso a afirmar que el 90% de las lenguas del mundo están en riesgo de extinción.

Pero ¿por qué preocupa la pérdida de lenguas indígenas? Sigue leyendo para ver por qué las lenguas indígenas son fundamentales para comprender el mundo en que vivimos, quiénes somos realmente y de qué somos capaces los seres humanos…


Niños de la tribu kua, Kalahari, Bosuana. Que los niños no hablen la lengua de sus padres es la causa fundamental de la extinción de una lengua. © Forest Woodward / Survival, 2015

Las lenguas mueren porque la gente deja de hablarlas debido a presiones sociales, cambios demográficos y fuerzas externas. La colonización, y el capitalismo globalizado a que dio lugar posteriormente, han sido tal vez la principal causa de la desaparición de lenguas en la historia de la humanidad, y este legado sigue vivo y activo actualmente.

Survival International ha emprendido una campaña contra las (internados) que contribuyen activamente a la muerte de lenguas al enseñar a los niños indígenas en el dialecto dominante o el idioma oficial del Estado y no en su lengua materna. Esta supresión cultural sistemática es una amenaza para la vida de millones de niñas y niños, sus familias, las comunidades indígenas y la supervivencia de lenguas en todo el globo.

Aunque existen alrededor de 7.000 lenguas habladas en la Tierra, más o menos la mitad de la población mundial habla 23 idiomas. Por otro lado, lo que significa que casi la mitad de la diversidad lingüística actual del planeta está amenazada.

La zona lingüísticamente más diversa del planeta es la isla de Nueva Guinea, dividida entre el Estado independiente de y, que se halla bajo ocupación indonesia. En una extensión de 786.000 km² se hablan unas mil lenguas. Compárese esto con Europa, ¡donde se hablan unas cien lenguas en una zona de más de diez millones de km²!

Existe una estrecha correlación entre la diversidad lingüística y la biodiversidad. Las lenguas están estrechamente relacionadas con el entorno en que se hablan, de modo que en esas zonas existe un conocimiento rico, detallado y técnico de la flora, la fauna y el hábitat de las mismas.

Cuando los científicos “descubren” una nueva especie, uno podría apostar hasta su último euro a que los indígenas que viven en esa zona ya tienen un nombre para esa especie y un profundo conocimiento de la misma. Estas lenguas son enciclopedias ecológicas y, puesto que en su mayor parte no están escritas, cuando dejan de hablarse esa sabiduría y esa comprensión únicas se pierden para siempre. La diversidad biológica y la diversidad lingüística van de la mano; si una está amenazada, la otra también.

Alrededor de la mitad de las lenguas del mundo carecen de forma escrita, pero esto no significa en modo alguno que carezcan de cultura.

Las lenguas no escritas son ricas en tradiciones orales; historias, canciones, poesía y rituales se transmiten de una generación a otra y se mantienen notablemente coherentes y fiables en el tiempo. Científicos hallan cada vez más pruebas de, transmitidos y preservados de forma impresionante a través de cientos de generaciones.

Ningún ser humano en la Tierra habla una lengua “primitiva”, porque tal cosa, sencillamente, no existe. Todos los idiomas tienen unas reglas complejas y únicas de pronunciación, vocabulario y gramática que todos sus hablantes conocen y comprenden intuitivamente.

De hecho, las lenguas indígenas suelen ser en general las más complejas, especializadas e idiosincráticas, sobre todo las que se hablan en zonas remotas por parte de pocos centenares de personas. A causa de esta singularidad, las lenguas más amenazadas son lógicamente las que más tienen que enseñarnos sobre la increíble amplitud y la variedad de la percepción y la experiencia humanas.
Algunas lenguas indígenas demuestran que la expresión humana no se limita a la palabra hablada. Las más famosas son tal vez las lenguas de tambor africanas, que permiten transmitir mensajes entre comunidades a una velocidad de más de 160 kilómetros por hora.

No es como silbar la melodía de una canción, sino que se silban palabras y frases con la misma flexibilidad que el habla normal. Esto permite a la gente comunicarse efectivamente en terrenos montañosos, en el mar o en un bosque tupido. Va muy bien para cazar, porque suena como el trino de un ave y por tanto no ahuyenta a las presas.

El conocimiento, los puntos de vista y las ideas contenidas en las lenguas indígenas tienen un valor inconmensurable para la humanidad.
© Survival International

La lengua que hablas determina tu manera de relacionarte con el mundo, pero no limita tu capacidad de pensar y entender. Mientras que nosotros ordenaríamos una secuencia de acontecimientos o imágenes de izquierda a derecha, empezando por la izquierda y terminando en la derecha, como el curso del sol a lo largo del día. Esto significa que el orden en que colocarían, por ejemplo, una secuencia de fotos que muestran a una persona que envejece cambiaría en función de la posición en que se hallen en un momento dado.

La mayoría de nosotros carecemos de esta capacidad para orientarnos instintivamente entre este y oeste, de modo que seríamos incapaces de colocar las fotos en el orden “correcto” para los hablantes de esta lengua. Sin embargo, el hecho de que veamos el mundo de un modo distinto no implica que no comprendamos su lógica.
Sea cual sea la lengua que se habla, las personas son personas, incluidas algunas variantes como “tata”, “dada” y “nana”. ¿Es esto una prueba de que existe alguna profunda relación histórica entre todas las lenguas?

No. Lo que demuestra en realidad es que la boca de todos los bebés tiene la misma estructura. Sonidos como “ma”, “pa”, “da”, “ta” y “ga” son los más fáciles de pronunciar, de modo que son los primeros que aprenden los bebés. Todos los progenitores cariñosos consideran que su hijo o hija ha de dirigirse a ellos personalmente, de manera que “mamá” y “papá” pasan a formar parte del vocabulario.

Las lenguas son la prueba de que todos los seres humanos son básicamente parecidos, pero al mismo tiempo diversos, innovadores y únicos de un modo fascinante. No solo revelan la deslumbrante variedad de la cultura y la experiencia humanas, sino que también nos proporcionan, mejor que ningún otro fenómeno, la noción de lo que significa ser humanos, además de los límites y posibilidades de nuestras mentes.

Cosas que podríamos suponer que son comunes a todos los humanos, como que el pasado está detrás y el futuro delante de nosotros, que lo que sigue al 1 es el 2 y que el azul y el verde son colores diferentes, resultan no ser el caso para todo el mundo; otras lenguas lo hacen de modo distinto. Incluso hay pruebas de que la lengua que uno habla cambia realmente la estructura de su cerebro.

Se calcula que ya el 97% de las lenguas humanas que han existido históricamente se han extinguido. Esto representa un vacío enorme en nuestro conocimiento y nuestra comprensión de nosotros mismos como seres humanos. Cuando muere una sola lengua, desaparece para siempre una pieza fundamental del puzle humano.


A los niños wanniyala-aettos se les enseña la lengua y religión de la población mayoritaria cingalesa. © Survival International

La causa fundamental de la muerte de una lengua se da cuando los niños dejan de hablar la lengua de sus progenitores. Esto puede ocurrir por una serie de razones, pero un factor clave es cuando a los niños se les hace sentir vergüenza por hablar la lengua de su familia. Survival impulsa una campaña contra la “reprogramación” de niños indígenas en “Escuelas Fábrica” (internados) de todo el mundo.

Además de acelerar la extinción de cientos de lenguas indígenas, el trauma infligido a las víctimas y comunidades se transmite de una generación a otra y todavía causa sufrimiento en la actualidad.

Una mujer y su bebé se bañan en un arroyo cerca de su comunidad. Sean cuales sean nuestras diferencias, la lengua demuestra que los padres y madres de todo el mundo se relacionan con sus hijas e hijos de un modo similar.