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Nueve hipótesis sobre la (no) salida del ejército de EEUU de Siria


www.publico.es / 261218

“Ya que hemos derrotado a ISIS en Siria, las tropas regresarán a casa”. Algo así dijo el presidente Trump el 19 de diciembre, provocando un terremoto político. Los neocon le acusan de cometer un error colosal que puede propiciar otro 11-S, de entregar Siria a Irán y Rusia o de traición a los aliados kurdos.

Obviamente, EEUU no ha derrotado a ISIS, porque:

1) El “yihadismo” es una criatura del Pentágono, Israel y el Reino Unido, como confirma el exempleado de la NSA, Edward Snowden o The New York Times (del 24 de marzo de 2013), que revelaba que la CIA había enviado toneladas de equipos militares a los rebeldes vía países árabes y Turquía;

2) Los combates contra el ISIS los libra Rusia, el ejército sirio, las milicias de Irán y los kurdos, que no EEUU;

3) Al menos 2,5 millones de sirios aún siguen siendo rehenes de los terroristas en diferentes regiones del país,

4) Miles de “yihadistas”, tras cumplir con su misión (que ha sido demoler el estado sirio) han sido trasladados por la CIA al arco de crisis en Asia central y oriental para seguir haciendo de paramilitares de la OTAN en los países estratégicos. Por eso, Israel ya ha dejado de armarlos en Siria.


Algunas hipótesis

Ya que EEUU nunca ha replegado sus tropas de ningún país de forma voluntaria, aquí se explican posibles ideas:

A) Que se trate de fake news. La “misión cumplida” de Trump sobre Siria suena a la de George W. Bush cuando en 2003 anunció la destrucción total del Irak imperialista y derrocó a su presidente legal Sadam Husein: 15 años después las tropas siguen allí. También Obama presumió en 2011 de matar al demonio Bin Laden (bueno, a su fantasma), declarando el fin del mal, aunque en 2014 resucitó el terrorismo en Siria, para justificar otra agresión militar a otro país estratégico. Si es cierto que Trump repatria a sus soldados una vez que “cumplen una misión” ¿qué hacen en Japón o en Alemania 74 años después del fin de la Segunda Guerra? ¿Por qué no desmantela las cerca de 800 bases militares sembradas por el planeta? El 5 de octubre pasado, John Bolton, el (aún) Asesor de Seguridad de Donald Trump decía que la amenaza terrorista en Siria es “más compleja que nunca” y que EEUU permanecerá allí de forma indefinida. ¿Quién miente y por qué? EEUU ya cuenta con unas 20 bases instalaciones militares en Siria. Es ingenuo pensar que por las buenas vaya a perder esta conquista en Eurasia. Dice The Fact Checker’s database, un detector de mentiras de los discursos de Trump, que, hasta noviembre del 2018, el presidente había dicho 7.546 mentiras. 

B) Que sea una retirada provisional mientras dure la ofensiva de Turquía sobre la ciudad árabe de Manbich de Siria para “liberarla” de los kurdos. Trump, que ordenó salir de Siria a todo el personal del Departamento de Estado en 24 horas, apoya el ataque mientras salva a sus soldados de quedarse atrapados entre el fuego cruzado (y también de una posible represalia de Irán en caso de que Israel cumpla con sus amenazas y ataque al Líbano). De esta manera, Trump acaba con la autonomía kurda y una crisis “innecesaria” que el Pentágono ha provocado con Turquía utilizando a los kurdos y de paso tiende una trampa al ejército sirio, enfrentándolos con los turcos al defender su tierra. Éste era el precio que Erdogan había puesto a la cabeza del príncipe Mohammed Bin Salman (el autor nada intelectual del crimen de Khashoggi), demandando además el levantamiento de las sanciones contra Qatar y la expulsión del teólogo opositor Fethullah Gülen residente en EEUU. A cambio, Erdogan renovaría sus votos con la OTAN, pagaría los 3.500 millones de dólares por el sistema de defensa Patriot, y otros millones por los F35, Arabia y Emiratos Árabes Unidos -que, según el diario turco Yenisafak habían enviado tropas a la región kurda de Siria-, dejarán de apoyar a Rojava, y congelarán los millones que iban a destinarles. El anuncio del alto el fuego en Yemen es otra de las medidas de Washington para lavar la cara de los saudíes.

C) Una medida electoralista, justo antes de navidad, como un regalo a las familias de los militares que forman parte de su base social y un golpe de efecto tras perder las elecciones parlamentarias del noviembre. En esta línea está destinar miles de millones de dólares a un absurdo y cruel muro con México.

D) Una táctica de distracción. Trump se enfrenta a un año judicial muy complicado con varias investigaciones sobre el Caso Mueller, la Fundación Trump y “Rusiagate”. No hay que descartar, por otro lado, que, con el mismo objetivo, recurra a una guerra como cortina de humo.

E) Trasladar los focos hacia Irán: Tras dos décadas de ausencia, EEUU vuelve a enviar al portaaviones nuclear John C. Stennis al golfo Pérsico, mientras fortalece su presencia en la base militar que posee en la ciudad kurda iraquí de Erbil, en la frontera con Irán. Por otro lado, es posible que Trump, al excluir a ocho países de las sanciones que ha impuesto sobre petróleo iraní, haya querido demostrar que el embargo no ha sido efectivo para detener “el terrorismo iraní” y haya querido castigarle militarmente, aunque de momento prefiere apretar la soga económica en el cuello de los iraníes para que sean ellos quienes acaben con la República Islámica.

Trump ha cesado al Secretario de Defensa, general Mattis, el último defensor del acuerdo nuclear con Irán y de relaciones cordiales con China, quien se había opuesto a que el primer viaje al extranjero del presidente fuese a Arabia e Israel.

La designación de Yossi Cohen como nuevo director del Mossad: es un fanático anti iraní, experto en operaciones encubiertas en extranjero.

F) Privatizar las guerras: Otro de los motivos de la “dimisión” de Mattis ha sido su disconformidad con Trump por delegar las “misiones” militares del Pentágono a las compañías privadas, por manchar la imagen de EEUU y buscar sólo la maximización sus beneficios particulares. Constellis Group (antes Blackwater) que ha sido acusado de torturas en Irak, celebra su caída: así 8.000 “contratados” reemplazarían a unos 23.000 soldados de la OTAN en Afganistán, por ejemplo. También, la formación de unos 40.000 hombres kurdo-árabes de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) por el Pentágono, o el proyecto de la “OTAN árabe” va en esta dirección: EEUU dirigirá las operaciones militares utilizando sus armas avanzadas y sus asesores y el dinero y la carne de cañón los pondrán otros.

G) Entregar la dirección de la guerra siria a la OTAN: Turquía y Francia le quitarán un peso de encima a EEUU, y al quedarse empantanados en este conflicto dejarán de ser contestones ante Trump. Así, EEUU además repartirá con los aliados el odio que sienten los pueblos de la región contra el país que sólo en los últimos dos décadas ha destruido la vida de cerca de 100 millones de personas.

H) Hacer de Madman, provocando coas y nerviosismo en Siria para que el ejército de EEUU fuese invitado para ocupar “legalmente” el país, la misma táctica que utilizó Obama en 2009 sacando parte de sus tropas ilegales de Irak para luego enviar 3.000 soldados más a petición del primer ministro Nuri al Maliki. Así, además de agradecérselo, le pagarán la manutención de los ocupantes. Trump muestra así su malestar hacia Israel por haber contratado a dos firmas chinas que administrarán los puertos de Haifa y Ashdod (como parte de la Nueva Ruta de la Seda), en vez de acoger a la Marina de EEUU.

I) Que Arabia Saudí y Qatar, afectados por la caída de los precios del petróleo, ya no puedan seguir financiando las tropas de EEUU en Siria, que no han cumplido con su “encargo” de acabar con Asad y expulsar a Irán.

***
La guerra contra el terrorismo es un chollo del que el complejo industrial-militar no va a renunciar. La amenaza contra EEUU y sus aliados es cero, mientras el imperialismo necesita recursos naturales y más mercados: la batalla por los últimos barriles de petróleo no ha hecho más que empezar. Como la decisión de Trump es más bien personal que una nueva estrategia de EEUU, ésta puede ser corregida, matizada o revocada.


G-20: Una declaración final que esconde la falta de consenso


www.alainet.org - 03/12/2018

La cumbre de presidentes del G-20 cerró este sábado con una declaración conjunta que sirvió para evitar el fracaso explícito del encuentro, aunque dejó en evidencia las profundas diferencias que separan a Estados Unidos del resto de las potencias en temas centrales de la agenda global como el comercio internacional y la preservación del medio ambiente. 

Por primera vez desde que se reactivó este foro multilateral hace ya diez años, el texto no incluyó una condena explícita al proteccionismo económico, dejando en claro cómo impacta en los espacios multilaterales el giro que le imprimió Donald Trump a la política exterior de su país.

En la declaración final incluso se incluyó un punto que llama a la reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC), entidad que viene siendo duramente cuestionada por Trump. En lo que respecta al medio ambiente, para evitar una ruptura se optó por una decisión salomónica consistente en incorporar un párrafo con la posición de quienes respaldan el Acuerdo de París y otro donde EEUU marca sus diferencias.

El documento consensuado, un catálogo de buenas intenciones, no puede invisibilizar los conflictos del mundo real. Si bien el G20 se autodefine como “el principal foro internacional para la cooperación económica, financiera y política”, es el escenario de las principales confrontaciones económicas, financieras y políticas, entre potencias que coinciden en apoderarse de los recursos, y donde sobresalen la confrontación comercial de EEUU con China, y la militar con Rusia.

El documento final hace malabarismos diplomáticos: “El comercio y las inversiones internacionales son motores importantes de crecimiento, productividad, innovación, creación de trabajo y desarrollo. Reconocemos la contribución que el sistema de comercio multilateral ha hecho para este fin”, pero no convoca a luchar contra el proteccionismo y crítica a la Organización Mundial de Comercio (OMC), una de los engranajes de la arquitectura internacional que Trump tiene en la mira.

 “El sistema actualmente no cumple con sus objetivos y hay espacio para mejorar. Por lo tanto, apoyamos la reforma necesaria de la OMC”, señala el texto para optimizar su funcionamiento, revisaremos su progreso en nuestra próxima cumbre”.

A pesar de que se creía que el encuentro entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping iba a quedar en un compendio de frases optimistas, finalmente alcanzó un acuerdo temporal para aliviar la “guerra comercial”. EEUU se comprometió a suspender por 90 días la aplicación de nuevos aranceles a las importaciones de China que entraban en vigor el 1 de enero, mientras que China prometió volver a adquirir productos agrícolas estadounidenses de inmediato.

La amenaza arancelaria de Trump incluía una subida de la barrera impositiva del 10% al 25% a importaciones chinas por valor de 200 mil millones de dólares. La tregua durará 90 días, supeditada a un nuevo acuerdo en ese lapso, anunció la Casa Blanca.

Para los analistas, lo único claro pareciera ser que el modelo de liberalización comercial gradual instrumentado a mediados del siglo XX para dejar atrás el proteccionismo que derivó en las dos guerras mundiales, está en rediscusión, y por eso se puso el foco en la reforma de la OMC. ¿Estos escarceos son solo un reacomodamiento dentro del mismo esquema o un punto de quiebre que le abre las puertas a un escenario todavía desconocido?, se preguntan.

Los líderes tienen claro que este tipo de reunión tiene algún sentido solo si se llega a un mínimo consenso. Pocos días antes, el presidente francés Emmanuel Macron aseguró públicamente que “si no conseguimos acuerdos concretos, nuestras reuniones internacionales se vuelven inútiles”. La declaración dejó en claro la falta de consenso: no fue chicha ni limonada, pero fue presentada como un triunfo.

Al presidente argentino Mauricio Macrì le fue mejor que a Justin Trudeau hace apenas un semestre, cuando Trump dejó la cumbre del G7 con insultos al joven anfitrión por sus desacuerdos comerciales; y que a la canciller alemana Ángela Merkel, hace un año, en Hamburgo, cuando no se firmó un documento de consenso y se exteriorizó la división 19 a 1.

En ese momento, Trump se negó a cualquier conciliación sobre el cambio climático, como prolegómeno al retiro de su país del Acuerdo de París. Diez días antes de Cumbre, la comisión oficial estadounidense sobre el tema publicó un informe que enumera las catástrofes ambientales ya producidas y advierte las que se avecinan, en plazos que se acortan en forma dramática: el calor extremo se generaliza; esto provoca cada vez mayor cantidad de incendios; la elevación del nivel del mar impondrá migraciones masivas y las ciudades costeras no se están preparando como se debe.

El documento señala que “Los firmantes del Acuerdo de París, quienes también se unieron al Plan de Acción de Hamburgo, reafirman que el Acuerdo de París es irreversible y se comprometen a su completa implementación”, aclara enseguida que EEUU reitera su decisión de retirarse del Acuerdo de París y “afirma su fuerte compromiso para el crecimiento económico y accesos a energía y seguridad, utilizando todas las fuentes de energía y tecnologías al tiempo que protege el medio ambiente”.

Mientras los medios hegemónicos hablan de la cumbre como lanzadora de la reelección de Macri, Cecilia Nahón, profesora de la American University y directora de un programa académico sobre el G-20, señala que la apuesta a los grandes respaldos internacionales no es nueva, pero no derivó ni en lluvia de inversiones ni en boom exportador, sino en endeudamiento, crisis económica y un plan de emergencia con el FMI. Los beneficios fueron para unos pocos especuladores, no para la mayoría de los argentinos. En el centro del mundo está el G20 y sus bilaterales, no la Argentina, señaló.

Para nuestra región, un elemento importante es que parece haberse firmado el acta de defunción del Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, una de las apuestas del gobierno de Macri, que está a contramano de las actuales tendencias proteccionistas.

La primera ministra británica Theresa May y Macri hablaron de desarrollar un acuerdo de libre comercio, más allá de las limitaciones legales del Mercosur, que obliga a sus estados parte a negociar en forma conjunta con terceros países. Analizaron los caminos a seguir para profundizar una relación bilateral que gira en torno al eje que eligieron eludir: la explotación hidrocarburífera y pesquera del mar argentino y de la plataforma continental que rodea a las islas Malvinas, sobre cuya soberanía el presidente argentino olvidó reclamar.

Mientras Trump, con un discurso unilateral, reafirmó su alianza regional con México y Canadá con el nuevo TLCAN, Argentina llegó sola a la cumbre, con una región dividida, habiendo debilitado el Mercosur, la Unasur y la Celac, en la falsa ilusión de que subordinándose a Estados Unidos o a Europa se avanzan los intereses nacionales. Pero el mundo de libre comercio que Macri imagina ya no existe más, añadió Naón.

Entre dos fuegos

Para Macri, la doble dependencia de EEUU y de China es un problema complejo que la cumbre puso en claro. Su agenda de apertura y desregulación chocó con el movimiento opuesto de Trump, de cuyo sostén (y su presión para el financiamiento del Fondo Monetario Internacional) precisa para llegar con algún oxígeno financiero al fin de su mandato a fines de 2019.

 Pero también necesita de las inversiones y los préstamos de China, cuya impetuosa presencia es la principal preocupación de “seguridad nacional” de Washington. Trump y Macri acordaron enfrentar la “economía predatoria” que atribuyeron a China, según el comunicado oficial de la vocera estadounidense Sarah Huckabee Sanders, pero que los funcionarios argentinos negaron.

La economía predatoria china es la misma expresión que usó el jefe del Pentágono, general John Mattis, durante su visita de agosto a Brasil y la Argentina. Advirtió que los países de la región podían perder ciertos grados de soberanía, mediante regalos o préstamos chinos que luego sea imposible devolver y den lugar a condiciones gravosas”. A Estados Unidos no le preocupa que esa misma relación asimétrica sea entablada con el Fondo Monetario Internacional.

China es un socio estratégico integral de Argentina, dijo el embajador de Macri en Beijing, que espera que en la visita oficial del mandatario chino se firmen 37 acuerdos. Bilaterales. De ellos dependen la construcción de dos usinas hidroeléctricas en la sureña provincia de Santa Cruz (por 4.300 millones de dólares); dos usinas nucleares (hoy paralizadas por las restricciones presupuestarias impuestas por el FMI) y un centro de observación satelital en Neuquén, que según EEUU tendría funciones militares.

Cada frase de Trump y sus funcionarios sobre el peligro chino está dirigida en forma directa a la Argentina, señala el analista Horacio Verbitski.


Claudio della Croce
Economista y docente argentino, investigador asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

El Evangelio y la política. Primera Parte: Navidad


José M. Castillo S.
www.religiondigital.com / 13.12.18

Cuando Jesús andaba por el mundo, a nadie se le ocurría pensar que la religión y la política estaban separadas. En Roma decía la gente que el imperio era lo que era por mandato de los dioses (Warren Carter). O sea, que religión y política estaban, en tiempos de Jesús, más unidas de lo que imaginamos. Lo que, sin duda alguna, es más importante de lo que se puede sospechar cuando se trata de comprender lo que estamos viviendo ahora, tanto en religión como en política, y lo que realmente sucedía en los remotos tiempos del Evangelio.

Antes de entrar en detalles, es importante que quede claro un dato fundamental: los evangelios son “teología narrativa”. Es decir, los evangelios contienen y comunican una “teología” que no se transmite por medio de “ideas y teorías”, sino utilizando “relatos”, que se toman de la vida diaria. Lo cual quiere decir que lo importante, en los evangelios, no es la “historicidad” de lo que se narra, sino su “significatividad”. ¿Qué se nos quiere enseñar con cada narración? Esto es lo que interesa. Sólo así y desde tal punto de vista, podemos entender los evangelios.

Esto supuesto –y sea cual sea la “historicidad” de los relatos de la infancia de Jesús– la “significatividad” de tales relatos es más importante de lo que imaginamos. Empezando por el relato de los “magos” (que ni eran reyes, ni se sabe si eran tres). En lo que yo me fijo es en un detalle importante, que destaca el evangelio de Mateo: el rey Herodes, que “se sobresaltó” (Mt 2, 3) por la venida a Jerusalén de aquellos personajes buscando al “recién nacido rey de los judíos” (Mt 2, 2), para resolver el problema de aquel posible amenazante competidor de su poder, no recurrió a los “militares”, sino a los “hombres de la religión” (sumos sacerdotes y letrados del templo).

Pronto empezó este lío en el cristianismo también. Para resolver un problema político no se echa mano de policías y militares, sino que se acude a obispos y curas. Sin duda alguna, la derecha política de hoy, no tendría el éxito que está teniendo si no contara con la seguridad o el silencio (según los casos) de la religión. No enjuicio este hecho. Me limito a recordarlo.

En todo caso, a lo dicho sobre los “magos”, vendrá bien añadir lo que sabiamente supo formular M. Horkheimer: “las religiones universales… desde un principio fueron pensadas como andaderas”. Y tenía razón. Sin la seguridad, que les da lo que dice (o se calla) la iglesia, los profesionales de la política no podrían dar ni un paso.

Pero lo peor de todo es que el episodio de los “magos” tuvo malas consecuencias. Todos sabemos que esta leyenda terminó en la matanza de los inocentes. Menos mal que, por medio de “sueños”, “ángeles” y “visiones nocturnas”, intervino el cielo y los padres de Jesús pudieron salvar al niño. Huyendo al extranjero, sin papeles ni seguridad alguna, se fueron lejos, a un país extraño. Algo así como lo que ahora ocurre con los que, cada noche, llegan a nuestras costas en barcos y pateras, huyendo de la muerte y buscando refugio.

La historia se repite. Por suerte, en el Egipto de aquellos tiempos no mandaban los que ahora mandan en los países ricos. Ni había fronteras con murallas, alambradas y concertinas, además de una importante dotación de policías o fuerzas militares. El relato del evangelio de Mateo no se ocupa para nada de estos datos. Ni informa de dónde vivió o cómo vivió Jesús y su familia. Ni sabemos el tiempo que tuvieron que vivir como emigrantes. Lo único que informa el relato de Mateo es que tuvieron que esperar a que el tirano muriera, para poder volver a su patria. Lo único que podemos decir con seguridad es que, fuera quien fuera el que ejercía el poder político en el Egipto de aquellos tiempos, menos mal que, por lo visto, no compartía las ideas y la conducta que se está imponiendo en la creciente xenofobia que manda o pretende mandar en la Europa de ahora.

Por supuesto, tengo en cuenta que no se puede equiparar la gestión del poder del imperio con las ideas, las leyes y los poderes de las modernas democracias. Pero incluso teniendo muy presentes las enormes diferencias que existen entre los poderes del imperio y los derechos de nuestras modernas democracias, demos gracias a Dios (o a quien corresponda) que, en el Egipto del s. I, no mandaban los poderes fundamentalistas del s. XXI. Porque es evidente que, si entonces hubieran mandado en Egipto los poderes que ahora mandan en la UE, lo más seguro sería que tales poderes tendrían que buscarse otra religión para sentirse seguros.

¿Se comprende ahora la actualidad política del hecho religioso, concretamente del Evangelio?


La doble moral del imperio estadounidense



Es una característica bastante frecuente en el ejercicio del poder el uso y el abuso de la "doble moral". Amparándose en la casi "natural" impunidad que confiere cualquier poder, la hipocresía es moneda corriente. Se dice una cosa y se hace lo contrario. Al poderoso no se le discute, se le obedece; y al subordinado no le quedan muchas alternativas respecto a los valores que le imponen. "Las órdenes no se discuten: se acatan", suele decirse. Quien detenta una cuota de mayor poder puede exigir algo, pero él mismo no lo cumple. Eso es la impunidad.

Esto no significa que forzosamente, siempre y en todas las circunstancias, el poder sea hipócrita. Pero no hay dudas que ello es posible, y mucho. El poder, por definición, no va de la mano de la justicia. Como decía el refrán latino: "Lo que es lícito para el dios Júpiter, no es lícito para todos". En otros términos: todos somos iguales… ¡pero hay algunos más iguales que otros!

Si fuera la equilibrada justicia la que rigiera el mundo… pues muy distinto sería el mundo entonces. Los poderes no suelen ser justos precisamente: son autoritarios. Cuanto más grande es la cuota de poder en juego, mayor puede ser la cuota de injusticia. O, dicho en otros términos: mayor puede ser la impunidad, la hipocresía, la doble moral.

La clase dirigente de Estados Unidos de América y su aparato de gobierno -no es esto ninguna novedad- constituyen el más grande poder edificado en la historia humana. Su capacidad económica, política, militar, cultural, es única. Nunca había habido en la historia algo similar, y una vez que caiga como imperio -lo cual quizá no esté tan lejos- no es seguro que pueda repetirse algo igual. ¿Cómo será el mundo post imperio estadounidense? ¿Se llegará a la justicia real alguna vez? No sabemos, pero hoy eso se ve difícil. Las Naciones Unidas, la instancia supuestamente erigida para establecer una justicia global, se demuestra ineficiente, pues el poder real -aunque sea bochornoso tener que admitirlo- sigue asentando en el mayor poderío de fuerza bruta. En otros términos: el que tiene el garrote más grande, gana. Y la ONU absolutamente lejos está de poseer poder de coacción (no tiene garrote; Estados Unidos, sí).

Aprovechando ese poder descomunal (su economía continúa siendo la más grande, aunque China esté pisándole los talones, y su inversión militar equivale a la suma de todos los otros países del mundo juntos), aprovechando ese desarrollo monumental, su impunidad y doble moral son cada vez más absolutas. Señal, probablemente, que ha perdido la racionalidad. Las grandes potencias en ascenso son racionales, equilibradas, armónicas; cuando comienzan la curva descendente, todas, irremediablemente todas, se trastocan, se vuelven "locas". Eso está pasándole al gran imperio del Norte. En su avidez universal llegó al punto de sentirse un dios invencible (ahí está el proyecto del escudo antimisiles como prueba, para reafirmar su impunidad).

Pero eso no es sino el síntoma de su descomposición, de su festín de impunidad irracional (claro que, preciso es decirlo, esa supuesta impunidad militar empieza a hacer agua. Rusia le ha tomado la delantera en armamentos estratégicos, superándolo en al menos 5 años de avance tecnológico). El discurso ya no se corresponde totalmente con la realidad. El ensoberbecimiento por la riqueza acumulada comienza a nublarle la vista.

Mientras cae, sin embargo, la hipocresía de su doble moral no deja de crecer. Se llena la boca hablando de democracia y libertad, mientras es el gobierno que más ha intervenido en todo el mundo violando infinitas veces los principios básicos de no-injerencia entre Estados. Es proverbial su defensa de las libertades civiles, pero con el Acta Patriótica aprobada luego de los atentados contra las torres gemelas y su universal cruzada contra el "terrorismo", funciona peor que la peor dictadura antidemocrática concebible. Su población, sin que lo sepa, está infinitamente más vigilada que la de cualquier régimen dictatorial tercermundista.

Su gobierno vive hablando hasta el hartazgo de la no-proliferación de armas nucleares por parte de países "sospechosos" (Irán, Corea del Norte), pero se permite tener la mitad del arsenal atómico del mundo: 6.000 misiles intercontinentales de los 12.000 que existen en el planeta. Y mientras condena a los gobiernos de Teherán o de Pyongyang por sus avances en materia nuclear, sin la más mínima vergüenza equipa a Israel con el mismo tipo de armas que fustiga furioso en otros (400 bombas atómicas, oficialmente inexistentes).

Habla de la transparencia de los mecanismos democráticos en los sistemas políticos de todo el mundo arrogándose el derecho de ser juez de las elecciones que le parecen "dudosas", pero muchas de sus administraciones federales llegaron a la Casa Blanca con escandalosos fraudes electorales probados. Además, la metodología electoral que emplea (a través de colegios de electores) es la más proclive al fraude, hoy día superada por otros recursos técnicos.

Castiga a los gobiernos que se da el lujo de calificar de dictatoriales y a los golpes de Estado…, siempre y cuando constituyan obstáculos a su hegemonía: Fidel Castro, Mohamed Khadafi o Nicolás Maduro se presentan como "dictadores", según su lógica, pero no lo eran Pinochet o Suharto. Y la doble moral llega al colmo de criticar cuartelazos -siendo que todos los golpes militares en Latinoamérica son, en definitiva, producto de su inspiración- mientras en lo doméstico ha tenido infames golpes palaciegos: el de Kennedy con magnicidio incluido, o el intento de destitución de Clinton con el indecoroso montaje escenificado a partir de su vida personal (la becaria Mónica Lewinsky), en los casos en que el titular del Ejecutivo no sigue a pie y juntillas los dictados de la gran empresa multinacional (para el caso, porque tocó los intereses de las grandes tabacaleras).

Habla de terrorismo -el nuevo demonio de mil cabezas- mientras protege a connotados mercenarios terroristas como Luis Posada Carriles, autor de un acto infame en contra de un avión comercial en vuelo con 76 muertes, quien también tomara parte en el atentado en Texas contra la vida del presidente Kennedy.

Y en relación a este connotado terrorista de Posadas Carriles, el gobierno de Estados Unidos, siempre en la lógica de su bochornosa doble moral, alegó no entregarlo a la administración bolivariana de Venezuela por temor a que sea torturado mientras continúa torturando a mansalva en cárceles secretas, y no tan secretas, como en la oprobiosa base de Guantánamo en la isla de Cuba, o la tristemente célebre prisión de Abu Graib, en Irak.

Si de terrorismo se trata, los "fanáticos musulmanes" que hoy aterrorizan al mundo "libre y civilizado" (Al Qaeda, el Estado Islámico), son su creación. "¿Qué significan un par de fanáticos religiosos si eso nos sirvió para derrotar a la Unión Soviética?", dijo alguna vez Henry Kissinger sin la menor vergüenza.

Habla de la lucha frontal contra el narcotráfico, cuando está infinitamente probado que sus mismos órganos de seguridad y espionaje son quienes promueven ese negocio, el cual es gran impulso para su economía pero fundamentalmente: arma de control social. Doble moral infame que permite despotricar contra la producción de drogas ilegales cuando es su población la principal consumidora a escala planetaria.

Doble moral deleznable que lleva a su clase dirigente y a su gobierno a hablar de libertad mientras manejan por lejos el mercado internacional de las comunicaciones y de la creación de opinión pública (85% de los mensajes audiovisuales que circulan en occidente provienen de su industria), manejando mentes y voluntades de un modo infinitamente superior al ideado por los primeros ideólogos nazis. Hollywood es, por lejos, la principal fábrica universal de mentiras.

Tal es el descaro en su hipócrita doble moral (dicho en otros términos: tal es su poderío intocable) que habla interminablemente de las bondades del libre mercado y el parasitismo del Estado, pero subsidia su producción agrícola nacional y traba el libre comercio, haciendo jugar al Estado un papel fundamental en el mantenimiento del equilibrio de la gran empresa a través de su intervencionismo. Cada vez que alguna de sus grandes corporaciones multinacionales está en apuros (Lehman Brothers, General Motors Company, por mencionar algunos casos), su Estado sale al rescate. Privatiza las ganancias, pero socializa las pérdidas, haciéndole pagar al resto del mundo las mismas, con emisión inorgánica de su moneda, hoy por hoy, intocable aún en buena parte del mundo.

Habla del trabajo y la producción, pero en su fase de caída irremediable como imperio su dinámica económica básica está puesta en la más descarada especulación financiera, y dándose el lujo de criticar soberbio la "corrupción" de los "atrasados" países de su periferia, está en manos de impenetrables mafias corruptas que cada vez detentan más poder… y hacen negocios sucios a la sombra del Estado federal. Los paraísos fiscales de que se nutren son infinitamente más mafiosos, corruptos y repugnantes que el más mafioso de los capos de la droga latinoamericano.

Doble moral desvergonzada que le permite hablar de la ley para luego saltarla impunemente, como demuestra cada vez en forma más marcada su abandono de los mecanismos civilizados de la humanidad como la Organización de Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional o los diversos tratados internacionales que desconoce jactancioso. Uno de sus funcionarios -John Bolton- pudo decir jactancioso y provocativo algunos años atrás que, "si es necesario bombardear el edificio de la ONU, lo haremos".

En otros términos: el mundo está gobernado por una banda de mentirosos descarados, machistas y agresivos, convencidos que tienen el derecho natural de hacerlo. El actual presidente no es sino un exponente más de esa ideología. No es un payaso como algunos lo quieren presentar; es un cabal ícono representativo de esa impune insolencia bravucona. ¿Hasta cuándo lo permitiremos?


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¿Noticias de Francisco?


Gorka Larrabeiti




“El mundo está sordo”, dice Francisco mirando a los ojos del espectador al comenzar el documental de Wim Wenders, “El papa Francisco: un hombre de palabra”. Las críticas a la película han sido pocas y casi todas ellas la despachan como lo que evidentemente es: un encargo del Vaticano. “Hagiográfica”, “homilía”, “embedded”, “pura propaganda católica”. Pocas críticas, pues, y entre esas pocas, aún más escasas las que recogen el contenido del discurso de Francisco. 

¿Qué se ha hecho de la voz de Francisco que apenas se oye? ¿Qué ángel o qué demonio ha pasado para que su voz no se oiga tanto como antes? ¿Cómo un hombre que comenzó despertando tanto interés incluso en círculos no católicos ahora no consigue que su palabra supere la barrera del ruido que le rodea? Jamás ha habido un Papa que hable tanto. Jamás uno al que se le haya hecho tantos oídos sordos.

Para un anticlerical fervoroso, nada resulta más fácil que criticar a un Papa. Ese catecismo se lo sabe de memoria todo cristo: el Papa es la cabeza de una retrógrada monarquía electiva anclada en textos intocables que imponen una visión homófoba, patriarcal, etc. Siguiendo con los dogmas anticlericales, Francisco sería un falso revolucionario. Primero: porque ha fracasado en la reforma financiera, así como en la de la Curia. Segundo: porque, pese a ese eficaz eslogan de “tolerancia cero”, no solo no ha terminado con los casos de pedofilia, sino que durante su pontificado asistimos a un auténtico boom de casos y, ni ha modificado las leyes vaticanas para combatir este problema, ni parece dispuesto a hacerlo. Tercero: en materias no tratables como el aborto, persiste la bestial visión dogmática de siempre (“Abortar es como contratar un sicario”, soltó hace poco). Cuarto: continúan los privilegios económicos de la Iglesia, o dicho de otro modo, en los costes no se ve ni asomo de la prometida iglesia de los pobres. Quinto: ese supuestamente revolucionario discurso económico forma desde siempre parte de la doctrina social de la Iglesia, conque nada nuevo bajo el sol.

En suma: porque Francisco – sigo aquí a Marco Marzano en su artículo “La costruzione della star ‘Francesco’”, Micromega 4/2018 – no sería sino un producto coral, una operación exitosa en la que han intervenido cuatro actores; a saber: la dirigencia católica romana, la prensa hambrienta de celebridades, la ceguera catoprogresista y los camaradas fulgurados y genuflexos ante Francisco. O sea: nada ha cambiado con él y la Iglesia sigue tan inmóvil como siempre. Amén.

Pues bien: confieso que, aun siendo uno de esos anticlericales fervorosos por obra y gracia de mi formación en los agustinos y los jesuitas, me he sentido en muchas ocasiones –mea grandissima culpa– fulgurado por Francisco. Y, aunque Quintiliano avise de que resulta más difícil defender que acusar, considero un deber romper el silencio en favor del Papa, ya que nos unen muchos principios básicos que veremos más adelante, pero también una urgencia: no cesan desde el cambio de gobierno en los EE.UU. los ataques contra Francisco.

En noviembre de 2016, una semana después de la victoria electoral de Trump, cuatro cardenales ultraconservadores (el estadounidense Burke, el italiano Caffarra, los alemanes Brandmüller y Meisner) hicieron públicas cuatro preguntas (dubia) que habían formulado en privado a Francisco relativas a la exhortación apostólica Amoris Laetitia. En febrero de 2017, con nocturnidad y alevosía, alguna mano oscura pega pasquines con una foto que retrata a un Bergoglio muy morrudo. Rezaban los carteles (traducción mía): "Hey, Pancho, has intervenido congregaciones, quitado a sacerdotes, decapitado la Orden de Malta y a los Franciscanos de la Inmaculada, has ignorado a los cardenales… ¿dónde está tu misericordia?”. Especialmente escandaloso por la puntualidad y gravedad ha sido el caso McCarrick.

Justo en pleno viaje a Irlanda, escenario de muchísimos casos de abusos y desapariciones de niños en instituciones religiosas, el exnuncio apostólico en Estados Unidos, Carlo María Viganò, publica con estruendo mediático un documento de 11 páginas acusando personalmente a Francisco de haber cancelado sanciones existentes contra el arzobispo McCarrick. En ese documento, el exnuncio llega a solicitar –nos valga Dios– la dimisión de Bergoglio. Y aunque ya se han desmentido desde el Vaticano las acusaciones de Viganò, pareciera como si algo de la calumnia hubiera quedado, como si Bergoglio no fuera sino otro encubridor más porque es que todos los curas son iguales, mal que Francisco haya denunciado sin cesar y sin pelos en la lengua esos “crímenes”.

Pero no, no caigamos en la tentación sabrosa de las polvaredas mediáticas. Una cortina de humo tan bien urdida apunta a otro objetivo: enterrar la doctrina de un Papa despiadado con el capitalismo, tolerante con islam, sensible y sensato ante la cuestión migratoria. 

Es verdad que las críticas al capitalismo están en las encíclicas Rerum novarumde León XIII, Quadragesimo anno de Pío XI, Mater et magistra y Pacem in terris de Juan XXIII, Populorum progressio de Paolo VI, Centesimus annus de Juan Pablo II o Caritas in veritate de Benedicto XVI. Sin embargo, no se podrá negar que Francisco ha sido infinitamente más explícito y tajante en sus críticas al capitalismo que nos gobierna. En 1967 Pablo VI parecía un profeta implacable y fue poco comprendido. Tuvo muchas frases lapidarias: “la desigualdad crece”, “la cuestión social ha tomado una dimensión mundial”, “todo crecimiento es ambivalente”, “la regla del libre cambio no puede seguir rigiendo ella sola las relaciones internacionales”, “el mundo está enfermo”. En 2013 también Ratzinger critica el “capitalismo desenfrenado”. 

Pero las acusaciones de Francisco son otra cosa. Algunas se recuerdan fácil por breves y eficaces. Me refiero, por ejemplo, a la sencilla fórmula de las tres tes –Tierra, Techo, Trabajo–, las críticas a la “cultura del descarte y los sobrantes” o a la “globalización de la indiferencia”. Otras dos de sus críticas son insuperables, letales: “Esta economía mata”; “¿Quién gobierna entonces? El dinero […] Ese sistema es terrorista”. 

A Francisco nos une, desde luego, la idea de una ecología integral, es decir, ambiental, económica, social, cultural, cotidiana. Concedámosle el mérito de haber escrito una entera encíclica (Laudato si’) “sobre el cuidado de la casa común”. También nos une su visión orwelliana de la barbarie actual: “La guerra es una locura; su programa de desarrollo es la destrucción: ¡crecer destruyendo!; “quizás se puede hablar de una tercera guerra combatida «por partes»”; “el día en el que las empresas de armas financien hospitales para curar a los niños mutilados por sus bombas, el sistema habrá llegado a su culmen”.

Nos resultan bien cabales sus propuestas contra el consumismo: “Un cambio en los estilos de vida podría llegar a ejercer una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social…. Ello nos recuerda la responsabilidad social de los consumidores. ‘Comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico’”.

Compartimos su preocupación por la calidad de la información, por el “pecado” que se esconde tras los “abundantes eufemismos”, por la responsabilidad social del periodismo como “instrumento de construcción y factor de bien común”. Compartimos, asimismo, el imperativo de desobedecer las leyes que pongan en peligro los bienes comunes. Y admiramos su aliento a los artistas, los cuales estarían “llamados a dar a conocer la gratuidad de la belleza”. Olé, digo yo.

Palabrería huera dicen quienes creen que hablando se hace poco. Con todo, habrá que conceder al Soberano del Estado Vaticano el haber dicho cosas que sí que han cambiado otras. ¿Es poco mérito de este papado haber desactivado inmediatamente, gracias a la exhortación Evangelii gaudium, el explosivo absolutismo teológico de la declaración Dominus Iesus de Ratzinger? ¿Hemos olvidado ya la indignación global que causó aquel discurso de Benedicto XVI en Ratisbona? ¿Cómo es que somos incapaces de calibrar bien el papel trascendental de un Papa en materia de diálogo interreligioso habiendo políticos que siguen fomentando ese maldito choque de civilizaciones que se traduce siempre en guerras? 

En materia de migración, no resulta necesario extenderse. Francisco ha sido la voz clamando en el terremoto de xenofobia y racismo que sacude el mundo. Ha hablado sin miedos en las visitas a Lesbos y Lampedusa, ante el Parlamento Europeo, la ONU o el Congreso de EE.UU. Su solidez contuvo las políticas líquidas de ciertos gobiernos europeos cuya defensa de los derechos humanos se desparramaba en las fronteras. Se enfrentó valiente, solo y en campo abierto, a Trump. Salvini, el que esgrime en los mítines el rosario y el Evangelio, lo despreció como Papa precisamente por la dichosa cuestión migratoria.

Está claro, pues, que nos unen ciertos enemigos fuera de la iglesia. También dentro. Un alumno sacerdote me decía que Francisco nos gusta a los laicos porque hacia fuera es especialmente blando, cuando, en cambio, dentro es especialmente severo, tal y como le reprochaban en esos pasquines antes citados. En la película de Wenders me reí en dos ocasiones. La primera, con las jetas que se les pusieron a los cardenales de la Curia en el famoso discurso de ¡felicitación! de la Navidad en que enumeró las trece enfermedades que aquejaban a la Iglesia en cuanto cuerpo místico de Cristo; la segunda, con el tronchante cochecito más propio “de Mr. Bean” que lució en el opulento cortejo presidencial que le aguardaba en su visita a EE.UU.

Todas estas cosas se las he contado a muchos amigos, todos ellos anticlericales fervorosos, y siempre con el mismo resultado: pasan. También a un amigo dominico, quien, sabedor de mi anticlericalismo, celebraba como una llamada del Espíritu Santo mi interés en conversar con él sobre Francisco. No interesarse política, moral y socialmente por la iglesia es tan grave como desinteresarse de la opinión de los militares en tiempo de paz o de guerra.

Comentando el reciente principio de acuerdo entre China y el Vaticano, mi amigo dominico me decía que son los dos únicos estados que cuentan con una filosofía del espíritu potente detrás, lo que les permite pensar en un horizonte temporal de 50 años. Ignoro si esa puede ser una de las razones que explican la ceguera, desidia y pereza siempre presentes que abrigamos los anticlericales ante toda cuestión vaticana y que revestimos con cómodos tapujos críticos de quita y pon.

Pierpaolo Pasolini, uno al que machacaron las fuerzas más retrógradas de la iglesia y que, no obstante, dedicó admirado a Juan XXIII su Evangelio según San Mateo, sostenía que “estar en posiciones de continua agresión y ser titubeantes para empezar un diálogo con las fuerzas mejores de la Iglesia es absolutamente contraproducente”. Decía también que “hemos de ayudar a los hombres de buena voluntad de la Iglesia a desencallarse de las posiciones que la Iglesia ha asumido delictivamente desde la Contrarreforma en adelante.” Creo que tenía más razón que un santo.

Un Papa será siempre un Papa y soltará perlas como que “el cuerpo humano no es un instrumento de placer” y que nos escandalizarán – oh, sí – a los practicantes hedonistas de masa. Ahora bien: en un momento de contrarreforma global, no digo alabar, sino ni siquiera abrir un poco la boca para defender a este Papa progresista será anticlericalmente correctísimo, mas políticamente corto de miras.

Insisto: me parece estúpido no aprovechar la coyuntura favorable de un Papa muy evangélico que, para más inri, ha abierto arriesgados caminos en las materias no tratables que se recorrerán con la lentitud con que se mueven las catedrales y se celebran los concilios. Esos cambios ni los percibe el ojo humano, pero a lo mejor si lo entrenamos...

Más allá de esos ejercicios oculares, de mi amigo dominico aprendí otra cosa. La iglesia está acostumbrada a trabajar con lo que hay, no con lo que le gustaría que hubiera. Por eso siempre sigue ahí. Ahí siguen también los Evangelios, al alcance de los laicos no creyentes. ¿O preferimos regalárselos a Bolsonaro, Trump y Salvini? ¿Por qué no al KuKluxKlan?

Carga global de la enfermedad: ¿cómo estamos en Panamá?


Jorge L. Prosperi R.
www.elblogdejorgeprosperi.com / 121118

La prestigiosa revista The Lancet dedica su reciente editorial al estudio sobre la Carga global de la enfermedad (GBD en inglés). De acuerdo con el editorial, la lectura de los resultados del Estudio, evidencia una reversión de la tendencia hacia un mundo más saludable, mostrando tasas de mortalidad estancadas, en medio de progreso vacilante y desigual, epidemias de enfermedades nuevas y conocidas, y una dramática escasez de trabajadores de la salud.

Considero que su contenido es de gran importancia para el quehacer nacional en salud pública, por lo que comparto con ustedes una traducción libre del texto original, complementada con información nacional disponible y verificable, y los insto a reflexionar sobre la situación de Panamá para cada uno de los aspectos destacados en el artículo. Los invito a la lectura del documento original de The Lancet.

Antes de entrar en materia, subrayo que, contrario a las declaraciones triunfalistas de los voceros oficiales del gobierno, es evidente que debemos hacer mucho más, pues nuestras tasas de mortalidad están estancadas, en medio de un crecimiento económico desigual y la denuncia de casos de corrupción en los tres poderes del Estado.

Carga global de la enfermedad y situación nacional

“En 2017, las tasas mundiales de mortalidad de adultos se mantuvieron estables, en algunos casos disminuyeron y en otros aumentaron. De manera alarmante, el conflicto y el terrorismo se han convertido en dos de las causas de muerte de más rápido crecimiento en todo el mundo (un aumento del 118% entre 2007 y 2017). Junto a este alarmante crecimiento de la violencia, nuestra era se caracteriza por epidemias como la dependencia de opioides, las enfermedades no transmisibles, la depresión y las enfermedades transmitidas por vectores (dengue, zika, etc.)”.

En Panamá, la tasa de mortalidad en los adultos (mayores de 20 años) muestra una ligera tendencia al aumento en el período de 2012 al 2017. Estas cifras evidencian que nuestro país no es más saludable.



Es evidente que debemos hacer mucho más, pues nuestras tasas de mortalidad están estancadas.
“De acuerdo con el informe, la dependencia de opiáceos ha crecido a una escala sin precedentes, con cuatro millones de casos nuevos en 2017 y 110,000 muertes. Las enfermedades no transmisibles representaron el 73% de todas las muertes globales en 2017, con más de la mitad de todas las muertes (28.8 millones) atribuibles a solo cuatro factores de riesgo: presión arterial alta, tabaquismo, alto nivel de glucosa en la sangre y alto índice de masa corporal. La prevalencia de la obesidad ha aumentado en casi todos los países del mundo, lo que ha provocado más de un millón de muertes por diabetes tipo 2, medio millón de muertes por enfermedad renal crónica relacionada con la diabetes y 180,000 muertes relacionadas con la esteatohepatitis no alcohólica. En 2017, los trastornos depresivos fueron la tercera causa principal de los años vividos con discapacidad, y las muertes por dengue, una enfermedad a menudo asociada con el desarrollo y la urbanización desordenada, aumentaron sustancialmente en la mayoría de los países tropicales y subtropicales, pasando de 24,500 muertes a nivel mundial en 2007 a 40,500 en 2017”.

Nuestra contribución a la carga global de la enfermedad, es visible en nuestros indicadores de salud. En ese contexto, los invito a darle una mirada objetiva y crítica a mi artículo “Avances en el logro del ODS sobre salud: una mirada sin triunfalismos”,  en el cual comparto una actualización del estado de nuestros indicadores de las principales Metas para el logro del ODS sobre salud. No olvidemos que las Metas propuestas deben estar cumplidas para el 2030 y que muchas de ellas requieren que redoblemos el esfuerzo para alcanzar aquellas de los ODM que nos quedaron pendientes.

Mención especial requiere la necesidad de redoblar nuestro esfuerzo para reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mediante la prevención y el tratamiento y promover la salud mental y el bienestar, como lo establece la Meta 3.4, pues como nos informa la Contraloría General de la República de Panamá, cada año fallece en el territorio alrededor de 9,000 personas por enfermedades circulatorias, tumores y diabetes mellitus y en cada caso la tendencia es al aumento.

Estas tres enfermedades crónicas no transmisibles están relacionadas en forma directa con estilos de vida asociados a factores de riesgo para la salud y la vida, y con la insuficiente capacidad de nuestro sistema público de salud para la promoción de la salud, prevención y tratamiento oportuno y apropiado.

No menos importante para nosotros es subrayar la incapacidad demostrada (sociedad y gobierno) de reducir el número de muertes y lesiones causadas por accidentes de tránsito (Meta 3.6). No hacemos lo suficiente, falta personal para hacer cumplir las leyes y reglamentos, muchos conductores son irresponsables y temerarios y nuestros ciudadanos siguen falleciendo en accidentes de tránsito, como lo demuestran la información que nos proporciona el Instituto Nacional de Estadística y Censo hasta el 2016. “Cada año más de 400 personas fallecen en accidentes de tránsito, casi 13,000 resultan heridas en cerca de 14,000 accidentes”.

“La desagregación de los datos en función del sexo en el informe sobre la carga global de la enfermedad 2017 muestra que mientras que las muertes entre hombres adultos están estancadas en muchas partes del mundo y, en algunas áreas, la mortalidad ha aumentado, las mujeres viven más, pero con más años de mala salud. Curiosamente, las mayores diferencias sexuales en los resultados (trastornos por uso de sustancias, lesiones por el transporte, autolesiones y violencia interpersonal) son impulsadas socialmente, lo que sugiere que se necesita más atención y acción”.

“De manera crucial, el informe sobre la carga global de la enfermedad 2017 estima que ningún país está en camino de cumplir con todos los ODS relacionados con la salud para 2030. Los indicadores de mortalidad de menores de cinco años, mortalidad neonatal, mortalidad materna y malaria tuvieron la mayor cantidad de países con al menos un 95% de probabilidad de éxito. Sin embargo, para muchos otros objetivos, incluidos los objetivos de reducción de la desnutrición y la violencia infantil, ningún país en el mundo ha alcanzado el ritmo de cambio que se requiere para alcanzar estos objetivos”.

Carga global de la enfermedad y cobertura universal de salud

A pesar de los recursos financieros públicos disponibles,  la cobertura universal de salud es un privilegio reservado para aquellos que pueden pagar por la atención en una clínica u hospital privado, por lo que el gasto privado en salud es muy elevado y representa el 25% o más del gasto total en salud. Es decir, que muchas personas deben acudir al sector privado a buscar soluciones (que debería brindar el sector público) para sus problemas de salud. Y muchas de estas personas no tienen los recursos económicos para ello, lo cual contribuye al empobrecimiento de nuestra gente. Y aun esos pocos, tienen que esperar, en ocasiones semanas, para que los atienda el médico, pues es tal el colapso del sistema público, que el sector privado ha llegado a saturarse, y no son raras las ocasiones en las que no hay cupo en la consulta, o no hay cama disponible, o el salón de operaciones está ocupado y las cirugías se retrasan. Es evidente la relación entre esta realidad y la carga nacional de enfermedad.

“Por primera vez en la historia del informe sobre la carga global de la enfermedad, se incluyeron estimaciones de la densidad de trabajadores de la salud. Estas muestran que la escasez global y la distribución desigual de los trabajadores de salud requieren atención urgente para no socavar el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Los autores estiman que solo la mitad de todos los países tenían el personal de atención de la salud requerido para brindar atención médica de calidad (se estima en 30 médicos, 100 enfermeras o matronas y cinco farmacéuticos por cada 10,000 personas). Si bien muchos países europeos tienen una fuerza laboral de salud con muchos recursos, se estimó que los países con mayor déficit, están en África subsahariana, el sureste de Asia, el sur de Asia y algunos países de Oceanía”.

Sobre los recursos humanos para la salud en Panamá, la información disponible demuestra que son insuficientes para disminuir la carga nacional de la enfermedad, y que la distribución de los recursos humanos por habitante favorece a las principales provincias y sus capitales, en perjuicio de nuestras provincias más pobres y comarcas; lo cual dificulta claramente (o hace imposible) alcanzar la cobertura universal de salud y el desarrollo sostenible para todos en todo el territorio nacional.

Aunque esto no tiene por qué ser así, no será esta administración la que enfrente y resuelva los desafíos para alcanzar la cobertura universal de salud en Panamá, pues han tenido cuatro años para aprovechar ideas, propuestas, planes y recursos, y no han sido capaces de hacerlo. De hecho, en no pocas ocasiones, han sido parte del problema, favoreciendo la ineficiente fragmentación operativa del sistema público, y creando el espacio propicio para la privatización de los servicios de salud que debe proporcionar de forma expedita y eficiente el sistema público de salud.

“Al final, el informe sobre la carga global de la enfermedad 2017 es inquietante. No solo las cifras globales amalgamadas muestran una desaceleración preocupante en el progreso, sino que los datos más detallados descubren exactamente qué tan irregular ha sido el progreso. El informe es un recordatorio de que, sin vigilancia y esfuerzo constante, el progreso puede revertirse fácilmente. Pero el informe GBD también es un estímulo para pensar de manera diferente en este momento de crisis. Al caracterizar las inequidades en el acceso a los servicios de salud, y la distribución geográfica de las enfermedades, el estudio ofrece una oportunidad para considerar un enfoque para el desarrollo de la cobertura universal de salud, que tome en cuenta esas desigualdades y la distribución de la enfermedad”. Subraya que, “el informe sobre la carga global de la enfermedad 2017, debería ser un fuerte llamado de atención a los gobiernos nacionales y las agencias internacionales no solo para redoblar sus esfuerzos para mantener los logros alcanzados, sino también para adoptar un nuevo abordaje para las crecientes amenazas”.