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Tiempo de incertidumbres, tiempo de esperanzas


Equipo Envío
www.envio.org.ni / septiembre 2018

Es muy incierto aún cómo y cuándo se “solucionará” el estallido de abril. Dos narrativas sobre el origen de la crisis y de la escalada represiva, la del régimen y la de la rebelión cívica, han polarizado al país y parecen irreconciliables. Naciones Unidas ha avalado la narrativa de la rebelión cívica en un informe que le ha costado su expulsión del país. ¿Cuánto tiempo falta aún hasta llegar a “la verdad y a la rendición de cuentas”, como dijo la Oficina de Derechos Humanos de la ONU al abandonar Nicaragua?

A cinco meses de la insurrección de la conciencia ciudadana que inició en abril Ortega proclama que el país está “normalizado” y parece determinado a quedarse en el gobierno hasta 2021. La población insurreccionada está determinada a impedirlo. El enfrentamiento es muy desigual. Y sin una pronta salida política, la crisis humanitaria y los graves problemas económicos y financieros que el conflicto ha provocado tienen a Nicaragua al borde del abismo. “Nicaragua es hoy una bomba de tiempo”, se escuchó en el Consejo de Seguridad de la ONU el 5 de septiembre.

“TODO TE DEJAMOS PASAR”

En abril, y aún en mayo, se veía más cercana la solución de la crisis. El desproporcionado uso de la fuerza que el régimen empleó contra las protestas de los estudiantes, segando la vida de tantos, crímenes que no se detuvieron ni un solo día desde el 20 de abril, alimentaron exponencialmente la indignación popular y desataron una escalada represiva.

“Todo te dejamos pasar, pero jamás hubieras tocado a nuestros chavalos”, decía la pancarta dirigida a Daniel Ortega que una mujer había escrito a mano y alzaba decidida en la primera movilización masiva de abril. Esas primeras muertes de jóvenes explican cómo empezó esto, cuál fue la chispa, el origen de la rebelión: crímenes que aún hoy el gobierno ni siquiera reconoce que sucedieron. Esa primera chispa encendió un incendio, “resultado de agravios con profundas raíces”, se lee en el informe de Naciones Unidas.

El gobierno respondió al incendio “disparando a matar” como denunció Amnistía Internacional en su informe de mayo. Resultado: la mayor matanza jamás vista en Nicaragua en tiempos de paz. Hasta el 24 de agosto, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han sido 322 las personas muertas como saldo del conflicto y más de 2 mil los heridos. Entre ellos, hay también muertos y heridos del lado de quienes defendían al régimen, porque hubo reacciones de legítima defensa y hechos de violencia en respuesta a la violencia institucional. Lo reconoce la ONU en su informe. También lo reconoce la CIDH, que ha vuelto a reiterar al concluir agosto: “La gran mayoría de víctimas fallecieron como resultado de la acción estatal o de fuerzas parapoliciales al servicio del Estado”.

La gran mayoría perdió la vida ejerciendo el derecho de reclamar derechos, justicia y democracia, otro gobierno, otro país. Los que la perdieron impidiendo ese derecho van a la cuenta del régimen, que los mandó a matar o a morir.

Ésta es la narrativa de quienes se oponen al régimen. La comparten el máximo organismo regional y el máximo organismo internacional de derechos humanos.



“FUE UN GOLPE DE ESTADO TERRORISTA”

La narrativa del régimen niega que hubiera protestas ciudadanas reprimidas con armas de fuego, niega que se haya violentado el derecho a la protesta. Y afirma que lo que hubo fue la respuesta a un golpe de Estado planificado, organizado y financiado desde Estados Unidos, por la CIA o cualquier otra agencia del Norte.

No hay duda de que en este momento tan convulso sería extraño, por decir lo menos, que Estados Unidos no se interesara en participar, sacando alguna ganancia. Recursos y experiencia les sobran. Y, sobre todo, las excelentes relaciones que Ortega mantuvo durante más de una década con Washington, casi les obliga a interesarse en Nicaragua. Sin embargo, son consecuencias de la crisis y no la causa de la insurrección ciudadana.

Que lo ocurrido fuera un golpe de Estado fue una idea plantada por la delegación gubernamental en una de las primeras sesiones del diálogo nacional, cuando la Alianza Cívica, con la mediación de los obispos, propuso como salida a la crisis anticipar las elecciones.

Después, el régimen organizó las “operaciones limpieza” para recuperar el control territorial que centenares de tranques y barricadas le habían quitado. Fue la etapa en la que corrió más sangre en un enfrentamiento extremadamente desigual.

Así describe ese momento el informe de la ONU: “A medida que la crisis se desarrollaba el nivel de violencia contra los manifestantes por parte de la policía y de civiles armados aumentó aún más, y también lo hizo el nivel de resistencia de algunos individuos participando en los tranques. Existe amplia información sobre el uso de medios violentos por algunos manifestantes, incluyendo piedras, morteros, armas improvisadas y armas de fuego (fundamentalmente rifles). Sin embargo, no se encontró evidencia de que estos actos violentos hayan sido coordinados o respondieran a un plan preexistente”.

COMO EN LOS AÑOS 80

Concluida la “limpieza”, el régimen terminó de perfilar su versión de los hechos y concluyó su narrativa: en abril hubo un intento de golpe de Estado. Los tranques nunca fueron cívicos, eran de gente armada. Los golpistas emplearon el terror para imponerse, pero fueron derrotados y están siendo juzgados como lo que son: terroristas y vende patrias.

El 7 de agosto, después de haber estado presentando cifras dispares sobre las muertes ocurridas en esta etapa, fijó un número definitivo y una nueva consigna: “Fueron 198. ¡Ellos los mataron! ¡Que paguen por sus crímenes!”. Todos los muertos los causaron los terroristas, nadie cayó por disparos del régimen.

La narrativa oficial pretende cohesionar a las bases del partido de gobierno y también convencer a la “izquierda” internacional, asemejándola a la narrativa de los años 80, cuando el gobierno “revolucionario” fue víctima de una agresión armada financiada desde Estados Unidos.

No ha habido en cinco meses variante alguna sobre esta versión de lo ocurrido. Lo que vemos a diario es una persistente “huida hacia delante” que parece no tener vuelta atrás. Es lógico: durante más de una década la pareja gobernante avanzó, sin mayores obstáculos, en un proyecto dinástico para perpetuarse en el poder. Ahora, se resisten a aceptar que un plan tan cuidadosamente acariciado se haya hecho trizas inesperadamente. Del terror que les ha causado el fracaso, ha nacido la política de terror con la que han respondido.

NACIONES UNIDAS: NO HUBO GOLPE DE ESTADO

El informe elaborado por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas (OACNUDH), que cubre los sucesos de los primeros cuatro meses de la crisis (18 abril-18 agosto) fue presentado en Ginebra y en Managua el 29 de agosto. (En este número lo reproducimos íntegramente, sólo suprimiendo, por su extensión, las notas a pie de página).

El informe cuestiona la narrativa del régimen: “En lugar de reconocer cualquier responsabilidad por actos ilícitos o indebidos durante la crisis, el gobierno ha culpado a los líderes sociales y de la oposición, a las personas defensoras de los derechos humanos y a los medios de comunicación, por lo que ha denominado “violencia golpista”, así como por el impacto negativo de la crisis política en la economía nacional. Más aún, el gobierno ha atribuido la responsabilidad por todos los actos de violencia a aquellos que participaron en las protestas, incluidas las 197 muertes oficialmente reconocidas hasta el día 25 de julio”.

Al presentar el informe, Guillermo Fernández Maldonado, quien coordinó la misión en Nicaragua de la OACNUDH, dijo: “Desde la primera reunión que estuvimos en Cancillería, la narrativa de un golpe de Estado fue lo que se nos planteó. Lo que nosotros dijimos es que si ésa era la visión, que nos dieran acceso a la información y a los lugares que la ratificaran y si encontrábamos efectivamente los hechos que sostienen esa visión, lo haríamos público. Sin embargo, no nos han respondido ninguna de las solicitudes de información, ni nos han permitido salir de Managua ni ir a ninguno de los lugares que propusimos. La información a la que hemos tenido acceso no apoya esa visión. No hay ningún indicio de golpe de Estado. Por el contrario, desde la perspectiva de derechos humanos lo que hemos encontrado son acciones gubernamentales para responder a una protesta cívica, que están en contra del derecho internacional de los derechos humanos”.

“UN INSTRUMENTO DE LA POLÍTICA DEL TERROR”

El 30 de agosto Daniel Ortega difamó el informe de Naciones Unidas presentado el día anterior. “Cada vez más en el mundo -dijo ante sus seguidores- ya nadie cree en los organismos internacionales porque se convierten en instrumento de los poderosos, de los que imponen sus políticas de muerte sobre los pueblos del planeta Tierra… Estos organismos de Naciones Unidas, en este caso este organismo que tiene que ver con Derechos Humanos, no es más que un instrumento de la política de la muerte, de la política del terror, de la política de la mentira, de la política de la infamia. ¡Son infames, infames!”.

Esa misma noche la Cancillería enviaba al representante de la Oficina de la ONU un mensaje: su estancia en Nicaragua había concluido. Una expulsión de facto.

El informe de la OACNUDH llegó el 5 de septiembre al Consejo Permanente de Naciones Unidas, un gran paso para que las masivas violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen Ortega-Murillo trasciendan el ámbito regional de la OEA y comiencen a ser conocidas en el máximo organismo mundial. Esto inauguró un tiempo de esperanzas en medio de tantas incertidumbres.

OJOS Y OÍDOS INTERNACIONALES

Ha sido el tema de los derechos humanos el que ha abierto los ojos del mundo a lo que pasa en Nicaragua. Y el logro político más significativo arrancado a Ortega por la rebelión cívica ha sido la presencia en Nicaragua de organismos regionales e internacionales de derechos humanos.

El informe sobre derechos humanos que la CIDH presentó a la OEA en junio, la OEA decidió involucrarse en la crisis de Nicaragua. Después, el régimen tuvo que aceptar que la CIDH instalara de forma permanente en nuestro país un Mecanismo de Seguimiento (MESENI) y que vinieran a Nicaragua, por seis meses prorrogables, cuatro profesionales del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), con el mandato de investigar todas las muertes ocurridas entre el 18 de abril y el 30 de mayo. También tuvo el régimen que aceptar en nuestro país al equipo de la OACNUDH, al que ahora expulsó.

ENCONTRARON UNA MURALLA

Por presión de las movilizaciones en las calles y del diálogo nacional el régimen se vio forzado a someterse al escrutinio de los organismos internacionales de derechos humanos. Del lado de la rebelión cívica, las expectativas que despertó la llegada de estos ojos y oídos internacionales fueron enormes. Pensaron que obligarían al gobierno a cambiar, a actuar de otra forma. No fue así. Ojos y oídos se toparon con una muralla.

Las solicitudes del equipo del MESENI para visitar las cárceles o para asistir a los juicios de las personas acusadas de “terrorismo”, para viajar más allá de Managua a algunos puntos “calientes” del país para hablar con la población que ha sido víctima de represión han sido totalmente ignoradas. Todo lo que solicitan deben tramitarlo con la Cancillería y la Cancillería no responde. Las solicitudes del GIEI para acceder a los expedientes forenses, judiciales y policiales de los casos que deben investigar nunca les han sido entregados.
El régimen Ortega-Murillo sabe que el instrumento internacional más eficaz para colocar a Nicaragua en el radar internacional ha sido el tema de los derechos humanos. Por eso, para sostener su narrativa no tuvo más remedio que invitarlos y no tiene más remedio que levantar una muralla ante quienes los evidencian y difamar a quienes señalan su responsabilidad.

“LA CIDH CARECE DE TODO RIGOR CIENTÍFICO”

El 18 de agosto, en la tribuna de una de las “contra-marchas” que el régimen viene organizando cada vez con más frecuencia para moralizar a sus bases, el canciller Denis Moncada “agitó” a la concurrencia que llegó a aplaudir a Ortega para que abucheara a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) leyéndoles el texto oficial en que el régimen califica los informes de la Comisión como “cuestionables por su sesgo político y su metodología de trabajo, que carece de todo rigor científico, siendo una de sus fallas más notorias la falta de verificación de la información que recibe y la utilización irresponsable de fuentes sin ninguna credibilidad”.

Los seguidores de Ortega abuchearon a la CIDH, que respondió el 24 de agosto con un comunicado, en el que señala la “extrema rigurosidad metodológica” con la que trabaja. “Esto incluye -dicen- contrastar varias fuentes: testimonios de víctimas, de familiares de víctimas, información que aportan organizaciones de la sociedad civil y medios informativos, así como también fuentes oficiales”.

LA CIDH SEÑALA “INCONSISTENCIAS”

Sobre la narrativa de los 198 fallecidos, todos “matados” por los golpistas, dijo la CIDH: “Las cifras de personas fallecidas aportadas por el Estado son inconsistentes. En notas que el Estado remitió a la CIDH entre junio y julio de 2018 informó sobre 37 personas fallecidas, en su mayoría agentes del Estado o personas afines al gobierno. Posteriormente, en respuesta a las reiteradas solicitudes de información actualizada, en nota del 7 de agosto el Estado reportó una cifra consolidada de 450 personas fallecidas entre el 19 de abril y el 25 de julio. En el desglose de esa cifra, el Estado informó que 197 personas fallecieron como “víctimas del terrorismo golpista” y 253 por “muertes homicidas (actividad delictiva común), accidentes de tránsito y otras causas, que fueron manipuladas por los golpistas y organismos afines para desprestigiar, difamar y dañar la imagen del gobierno de Nicaragua”.

La CIDH señala al gobierno la inconsistencia de no presentar ni nombres ni otros datos de las 197 personas (o 198, según apareció en mantas y afiches) por las que pide “justicia”. Y reitera al Estado “la necesidad urgente de garantizar el acceso a la información detallada sobre todas las personas fallecidas, a fin de que la CIDH pueda cotejar y verificar sus cifras con las que ofrecen las autoridades”.

“NO HAN INVESTIGADO NADA”

También el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes está siendo ignorado por el régimen. El 16 de agosto, los expertos del GIEI, apremiados por el correr del tiempo, decidieron informar a la opinión pública no sobre lo que hacían, sino sobre lo que no les dejan hacer.

En rueda de prensa explicaron que desde el 2 de julio, cuando iniciaron la recopilación de información sobre los fallecidos en el plazo de su mandato, solicitaron “los expedientes de las investigaciones llevadas adelante por las instituciones nacionales, los informes de medicina legal y el listado de personas detenidas, así como el plan de reparación de las víctimas”. Pero no habían recibido un solo papel.
Después de escuchar la diplomática queja expuesta por los cuatro profesionales que integran el GIEI, la presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), Vilma Núñez, afirmó que el gobierno no les había entregado nada “porque no han investigado nada”. Y como prueba, mencionó que en abril y mayo funcionarios del CENIDH acompañaron a unos 30 familiares de víctimas asesinadas, que accedieron a presentarse a la Fiscalía a poner la denuncia, iniciando con esa gestión la ruta legal para una investigación. “Pero sólo les recibieron la denuncia, sellaron el papel y nunca más volvieron a llamar a ninguna de esas personas para preguntarles nada, no investigaron nada”, dijo Núñez.

A CINCO MESES DE LA REBELIÓN DE ABRIL

Cinco meses después de abril se ha reducido el número de asesinatos. Sin embargo, policías, parapolicías encapuchados o civiles siguen capturando tanto a líderes territoriales de las protestas como a cualquier otra persona que consideren sospechosa. Las llevan a las mazmorras de la cárcel El Chipote, en donde son vejadas, amenazadas, torturadas y, de forma arbitraria, a veces liberadas en horas o en días, a veces retenidas por más tiempo, a veces trasladadas a la Cárcel Modelo, donde son sometidas a juicios viciados de ilegalidades y violaciones a los derechos humanos. Todos son acusados de “terroristas”.

Aunque arrestos y detenciones ocurrieron desde los primeros días de la crisis, como reconoce el informe de la ONU, en la fase actual, de “criminalización de las protestas”, las capturas y las detenciones han arreciado. 340 fueron denunciadas por los familiares en el CENIDH.

En las innumerables violaciones al derecho a la libertad y a la seguridad personal, y en las generalizadas violaciones a las garantías del debido proceso legal es en donde el informe de la ONU ofrece un recuento más detallado y preciso de los patrones de la represión.

La ola represiva incluye también despidos arbitrarios. La Asociación Médica Nicaragüense informa de al menos 300 profesionales de la salud despedidos por haber atendido a heridos durante las protestas o haber expresado críticas a la política oficial. Circulan también listas de abogados que han brindado asesoría legal a las familias de los detenidos, que reciben amenazas. Los recortes al presupuesto por la crisis económica han dado lugar a una “operación limpieza” en las instituciones estatales: los funcionarios no leales están siendo despedidos.

En agosto la narrativa tiene un nuevo eje: “ya todo está normal”… o se está “normalizando”. Para demostrarlo, el régimen pretende recuperar el control de las calles, organizando contramarchas, infiltrando las movilizaciones cívicas con agentes que provocan violencia, impidiendo, por la fuerza o con la intimidación, cualquier expresión ciudadana en las calles, sean grandes marchas o plantones, para imponer la imagen de la “normalidad” y que la población sienta que “ya ganaron”, que “ya pasó todo” y que “el comandante se queda”.

LA SOLUCIÓN ES POLÍTICA, NO ECONÓMICA

La pregunta acuciante en todas partes es cómo, cuándo, terminará esto, cuál será la solución, ya que es palpable que el conflicto no se ha resuelto ni se resolverá imponiendo o reprimiendo, sea porque la economía le ha puesto severos límites a la pretensión política de Ortega, como demuestra el economista Néstor Avendaño en páginas siguientes, sea porque la mayoría de la población mantiene la determinación de lograr un cambio.

“¿Y cuál es esa solución?”. Y se responde: “Saquen de las cárceles a todos los presos políticos capturados en esta crisis, saquen de las calles a todos los paramilitares encapuchados, comiencen a aplicar la justicia a quienes han matado a nuestra juventud y anticipen las elecciones. Si se da una respuesta a estas demandas, ya podríamos pensar qué se puede hacer desde el Banco Central. Sólo entonces. No necesitamos soluciones de política económica, sino soluciones políticas para que haya tranquilidad económica. Ninguna política económica nos dará tranquilidad en un escenario tan dramático como en el que hoy estamos… Los altos cargos del Poder Ejecutivo argumentan públicamente que el país ya “está normal”. Decir eso es irrespetar a los nicaragüenses. Decirlo genera más desconfianza y aleja la solución política del problema político en el que estamos inmersos”.

EL CONSENSO NACIONAL

Sólo dos sondeos han mostrado hasta ahora el sentir de la gente sobre cuál debe ser la salida al conflicto. El primero lo realizó la empresa encuestadora CID Gallup consultando a nivel nacional a 1,200 personas, entre el 5 y el 14 de mayo, cuando no había pasado ni un mes de la insurrección de abril. El 69% de las personas dijo en esas fechas que quería que Ortega y Murillo “renunciaran” al gobierno. De ese porcentaje, un 30% se declaró sandinista.

Dos meses después, el 17 de julio, en marcha la sangrienta “operación limpieza”, el Grupo Cívico Ética y Transparencia realizó otro sondeo a 1,200 personas a nivel nacional por vía telefónica. El 79% respondió afirmativamente a la aseveración: “Es conveniente realizar elecciones generales prontamente”. Las personas encuestadas se definieron políticamente así: danielistas 8%, sandinistas 23%, opositores 20%, independientes 33%, mientras que un 16% no quiso opinar o dijo que era “secreto”.

No hay mucha diferencia entre las cifras de uno y otro sondeo. Dos meses después del primero, un porcentaje algo mayor quería elecciones anticipadas. A la espera de nuevas encuestas, creemos que, a cinco meses de abril, el consenso mayoritario entre la población, tanto la que se moviliza en las calles exigiendo justicia y democracia y enfrentando balas, intimidación y capturas, como la que no lo hace, pero repudia al régimen y desea que esto tenga un final, es un pronto cambio de gobierno y de forma cívica: “Que se vayan y que sea sin guerra”.

EL CONSENSO INTERNACIONAL

El consenso internacional, encabezado por la OEA, al que hizo un eco aún tibio la Unión Europea, es que la solución debe ser electoral y cuanto antes, una salida que el régimen deberá negociar en el diálogo nacional.

Esa salida, lo sabemos en Nicaragua y lo sabe desde hace años la OEA, no sólo significa acordar una fecha concreta para elecciones anticipadas. El calendario debe incluir otras fechas en las que realizar cambios indispensables para que el colapsado sistema electoral, que ha estado preñado de fraudes durante una década, brinde garantías a toda la población y asegure unos comicios transparentes, competitivos y con observadores nacionales e internacionales. Estos cambios requieren de tiempo y hacerlos requiere de la voluntad política de Ortega.

Hasta el momento, en sus discursos ante sus seguidores Daniel Ortega insiste en que las elecciones serán hasta noviembre de 2021 y no hace siquiera mención de los previos cambios profundos que requieren las elecciones, sean cuando sean. La debacle económica y las presiones internacionales hacen difícil que el plan al que se aferra Ortega, permanecer en el gobierno hasta 2021 y si pudiera aún más, se haga realidad.

Tampoco respecto a retomar el diálogo como espacio para una “negociación de buena fe”, como le exige la OEA, ha dado Ortega señales positivas. El 25 de junio fue la última sesión del diálogo nacional. A poco más de un mes de iniciado, sus mediadores y testigos, los obispos, lo suspendieron al comprobar la falta de voluntad del régimen de entrar a discutir la ruta para la democratización del país. Desde entonces, Ortega se ha empeñado, sin éxito, en organizar “otro” diálogo con mediadores, interlocutores y garantes que le aseguren condiciones para lograr un acuerdo que le garantice evadir la justicia y permanecer en el gobierno.

Intentó convencer de esto al secretario general de Naciones Unidas, Antonio Gutérrez, de que fuera garante del diálogo, pero sólo escuchó de él que el diálogo debía ser “inclusivo”. Intentó nada menos que convencer al Papa Francisco de que apartara del diálogo nacional a los obispos “no ecuánimes”. El canciller Denis Moncada fue enviado al Vaticano para hablar con el pontífice, pero sólo fue escuchado, sin protocolo alguno, por el segundo en la Secretaría de Estado.

¿TODO ESTÁ NORMAL?

No puede negarse que la brutal política del terror ha tenido sus efectos. Ha afectado el ímpetu inicial de las protestas cívicas. Hay cientos de hogares enlutados por los muertos. Hay miles de hogares atendiendo aún a heridos graves. Y otros centenares de hogares desesperados por sus familiares capturados, apresados y enjuiciados como terroristas. Más de 20 mil personas han tenido que huir a Costa Rica buscando salvar sus vidas. El colapso de una economía de por sí frágil ha dejado ya a unas 200 mil personas en el desempleo y está a las puertas una severa crisis financiera, como explica Avendaño.

Y aunque se ha reducido el número de asesinatos -no deja de haberlos y poco se conoce con precisión de lo que ocurre en algunas zonas rurales-, los paramilitares armados siguen controlando zonas de algunos municipios, en total impunidad. Y aunque desde el desmantelamiento por la fuerza de tranques y barricadas se normalizó la circulación, en el país no se ha normalizado ni el consumo en los hogares ni el turismo, ni las universidades ni la vida cotidiana, ni siquiera las conversaciones diarias, a pesar del empeño oficial de imponer que “ya todo pasó”. Seguir secuestrando, capturando, amenazando y llenando las cárceles no normaliza un país cuando su población está indignada.

Tampoco lo normalizan los discursos de Ortega ni los mensajes diarios de Murillo en los medios oficiales. Murillo llama a quienes se manifiestan en las calles “plaga”, “vampiros”, “minúsculos”, “almas tóxicas”, “poquedad”, “chingaste”, “puchos amargados”… Ortega los llama “perros rabiosos”, “satánicos”, “nazis”… Estigmatizar a quienes demandan un cambio no contribuye a la normalidad.

¿VAMOS GANANDO?

Tras cinco meses de rebelión, una de las consignas que más ha pegado en la población es la lanzada todos los días por el analista político Jaime Arellano, que a diario entrevista en el canal de televisión 100% Noticias a personajes de la vida nacional. “Vamos ganando”, reitera apasionadamente Arellano y lo argumenta de forma didáctica.

Cuando le preguntó a Arturo Cruz, ex-embajador de Ortega en Estados Unidos (2007-2009) y muy complaciente con el modelo orteguista hasta ahora, si compartía esa afirmación, Cruz le contestó: “Estratégicamente ya ganaste”. Cruz dijo que la correlación de fuerzas se está dando en estos momentos entre “legitimidad y coerción” -no quiso emplear la palabra represión-, y valorando el peso en ambos platillos de la balanza concluyó que, aunque la coerción puede ganar en el corto plazo, la legitimidad siempre termina ganando a la larga.

La derrota estratégica de Ortega se basa en su ilegitimidad, una mancha que lo acompaña visiblemente desde su reelección en 2016, cuando se apropió del gobierno por tercera vez consecutiva en unos comicios sin oposición, sin observación, ni nacional ni internacional y con índices de abstención nunca vistos en el país.

REBELIÓN CÍVICA VS. REPRESIÓN BRUTAL

¿Quién va ganando entonces? Aunque no es tiempo aún de hacer balances, Ortega ha “ganado” en el corto plazo por contar con la brutalidad represiva de la Policía y los parapolicías y con la complicidad del Ejército.

El movimiento insurreccional de buena parte del pueblo nicaragüense contra el régimen de Ortega va “ganando” estratégicamente al mantener e insistir, a costa de todo, en el carácter cívico y pacífico de la lucha. El precio que ha pagado ha sido altísimo.

Es ese precio pagado en sangre y en dolor el que ha abierto finalmente los ojos de la comunidad internacional a lo que está pasando en Nicaragua. Eso ha aislado a Ortega, lo ha desenmascarado y lo mantiene acorralado. Y por la ilegitimidad con la que hoy lo mira el mundo, la rebelión cívica va ganando.

Los crasos errores que Ortega y Murillo vienen cometiendo, sin freno ni pudor, han ocupado la atención de la comunidad internacional y han incrementado la preocupación en aportar para resolver la crisis de Nicaragua. El último mes ha sido pródigo en errores. Destacan entre todos ellos, el cerrarle las puertas de Nicaragua al Grupo de Trabajo de doce países creado en agosto en la OEA y la expulsión de facto del país de la misión de Naciones Unidas.

Ortega, quien firmó hace más de un año con la secretaría general de la OEA, que preside Luis Almagro, un “acuerdo de entendimiento” para reformar el sistema electoral, ya no responde a Almagro cuando le plantea el anticipo de las elecciones. Más bien, desafía a la OEA cuestionando a la CIDH y afirmando que “se queda” hasta 2021. Y a pesar de que busca al secretario general de la ONU para que Naciones Unidas actúe como garante del diálogo nacional expulsa a la misión de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU.

De este modo, la errática política internacional seguida por Ortega para encubrir y negar la brutal represión que desató en abril y que fue el comienzo de esta tragedia, no ha dejado de escalar, haciendo de su inverosímil narrativa una fuente de ganancias para la insurrección ciudadana.

UNA JUVENTUD VALIENTE Y UNA NACIÓN MÁS UNIDA

Otras dos ganancias, estratégicas por ser promesas de un futuro mejor para Nicaragua, tiene en su haber la rebelión cívica.

Una es el despertar de la juventud, que con su valor y decisión abrió el camino para el despertar de muchos. Otra es la incipiente y embrionaria unidad nacional a la que la gravedad de la crisis ha llevado a diversos sectores sociales, a variados intereses y a distintas generaciones para enfrentar juntos a la dictadura.

Después de abril la rebeldía se convirtió en virtud para buena parte de la juventud, que se rebeló contra “el pensamiento único” que trató de imponer el régimen. Mucha de la juventud rebelde tiene raíces sandinistas. La rebelión tiene en su haber el que han quedado más definidas que nunca las fronteras entre sandinismo y orteguismo, ganancia más significativa teniendo en cuenta que en el proyecto dinástico era central transmutar el partido FSLN apartando a los históricos, con trayectoria y memoria histórica, para rehacerlo con jóvenes, sin otro requisito que ser ciegamente incondicionales del culto a la personalidad de Ortega.

NUEVOS HORIZONTES PARA UNA NICARAGUA MEJOR

La crisis ha demostrado que existen en nuestro país sólidos liderazgos nacionales y locales, jóvenes y no tan jóvenes, empresariales y sociales, mujeres y hombres. Contamos con un capital humano a la altura de lo que está exigiendo el presente y coherente con los desafíos que traerá un futuro que, desde este tiempo de tantas incertidumbres, y de tantas esperanzas, ya avizoramos tan complejo.

Aún le falta a la rebeldía cívica mayor organicidad, superar el exceso de horizontalidad de los grupos autoconvocados hasta encontrar un liderazgo colectivo con una dirección estratégica que defina claramente un “horizonte”.

La brújula ya está ahí y el magnetismo está asegurado. Lo garantiza la persistencia de la indignación social y la determinación de continuar reclamando una nación mejor, diferente a la que tenemos hoy, diferente a la que quiso construir Ortega, diferente a la que hemos tenido a lo largo de la historia. Aunque la solución aún no se vea clara en el horizonte, la ruta ya está trazada.

Documentar la lucha indígena por la vida y contra el capitalismo


www.rebelion.org / 21-09-18

Como jurado de la categoría “Indígenas”, del concurso del X Encuentro Hispanoamericano de Cine y Video Documental Independiente, que organizó la asociación civil Contra el Silencio Todas las Voces, tuve la oportunidad de ver 18 documentales que participaron en esta importante reunión del ámbito cinematográfico.

A partir de los criterios generales en cuanto a guion, fotografía, sonido, montaje, posproducción y realización, mi tarea consistió en escoger los trabajos que mejor plasmaran la realidad de los pueblos originarios en la actual etapa de mundialización capitalista; se debían distinguir aquellas obras fílmicas que atestiguaran e interpretaran procesos y luchas de las resistencias étnicas en favor de sus autonomías, autogobiernos, sistemas socio-culturales y cosmogónicos que refuerzan la sustentabilidad y defensa de la naturaleza, en el contexto de un proceso de recolonización de los territorios y la visible y observable crisis civilizatoria que, incluso, pone en riesgo la sobrevivencia misma de la especie humana.

La mayoría de los documentales presentados a concurso, procedentes de América Latina y otras regiones del planeta, resultaron impactantes porque muestran la uniformidad con que el sistema capitalista lleva su guerra de exterminio contra los pueblos, y, ciertamente, una buena parte de ellos cumplía con los criterios señalados, por lo que fue difícil decidir, concurso al fin, primeros lugares. Finalmente, el jurado integrado por Jaime Kuri, Liliana Cordero Marines y quien escribe emitió un veredicto de premiación al Mejor Documental del género, distinguiendo, además, con mención honorífica, a dos películas más.

El documental mexicano El maíz en tiempos de guerra, realizado por Alberto Cortés, se llevó el primer lugar. Constituye un excelente testimonio fílmico sobre el maíz y el mundo cultural que resiste y lo defiende contra los intentos corporativos por desaparecer a los actores socio-étnicos o pueblos campesinos que viven, trabajan y luchan por su preservación y, particularmente, en contra de los transgénicos y la apropiación corporativa de las semillas. “Defender la semilla es defender a todo México. Presenta dos ejemplos de tierras recuperadas, uno en Chiapas, a partir del levantamiento zapatista de 1994, y otro, en la región wixárica. La narrativa incluye testimonios en torno a los esfuerzos de los pueblos en contra del crimen organizado, otra empresa capitalista más que invade territorios en busca de materia prima y fuerza de trabajo barata, así como también contra la minería. Resulta extraordinaria la forma en que se va describiendo todo el ciclo agrícola del maíz, proceso de preparación de la tierra, tumba, roza y quema, siembra, cuidado, cosecha y los múltiples usos como bebida y alimento.

Se concedió mención honorífica a un documental, también de factura nacional, Pies ligeros, de Juan Nuñch, que, acorde al Acta de Dictaminación, de modo entrañable y conmovedor muestra la resistencia cultural de los corredores pertenecientes a uno de los grupos indígenas más marginados, los rarámuris. La mirada del realizador nos introduce con sensibilidad a su mundo, en donde correr enormes distancias es parte de los rituales comunitarios.

Otra de las menciones correspondió al documental brasileño Martirio, producido por Vídeo nas Aldeias. Relata la historia y situación actual del pueblo guaraní en Matto Groso, Brasil; constituye un trabajo de largo aliento, impresionante por la integralidad del relato, siempre coherente y fluido, con base en una larga relación entre el realizador, Vincent Carrelli, y el pueblo investigado. El documental ofrece en detalle la invasión de los territorios, las luchas por su recuperación, la constante violencia del Estado, los procesos de asimilación forzada, incluso formas de esclavitud, las reservaciones o reducciones, los suicidios colectivos, los asesinatos masivos y selectivos, el papel de las guardias blancas, aparatos judiciales y de seguridad, en suma, el genocidio y etnocidio que sufre este pueblo. Paralelamente, se ofrece la riqueza del patrimonio cultural, cosmogónico y espiritual del pueblo guaraní, pese a la represión, la invisibilidad de la problemática indígena y el papel ambivalente de los organismos indigenistas. El filme presenta singulares escenas en las que se observa el racismo de legisladores y terratenientes integrados en organizaciones ruralistas, que expresan sin reparo su odio anti-indígena. Este trabajo ofrece una visión sintética de la conflictiva relación sociedad, Estado brasileño y pueblos indígenas.

Contra el Silencio Todas las Voces AC realiza una excelente labor de concientización social al estimular la producción de documentales que fehacientemente muestran ese otro mundo que pretenden destruir las corporaciones de la muerte, con la complicidad de gobiernos neoliberales o neodesarrollistas.



Webinar 3: Emprendedurismo y tecnología

Webinar 3: Emprendedurismo y tecnología



Webinar No. 3 del Seminario en línea “Webinar 2018: Potenciando la calidad educativa en comunidades sociales”; organizado por la Coordinación del Posgrado en Entornos Virtuales de la Universidad Tecnológica OTEIMA en Panamá.

Cesaria Evora - Live at Lisbon Coliseu



“Cesaria Evora Live at Lisbon Coliseu” traz-nos as memoráveis imagens da última actuação de Cesaria Evora em Portugal, a 08 de Maio de 2010, no palco do Coliseu dos Recreios, aquando da apresentação ao vivo de “Nha Sentimento”.Um concerto repleto de momentos de grande cumplicidade num espectáculo único, em que como sempre pelo mundo fora, acalentou a saudade do seu público, com uma viagem pela emoção da morna e a alegria contagiante da coladeira.

La esposa del dictador


Soledad Loaeza

Entre las ruinas de la revolución sandinista se levanta hoy desafiante y temible, la figura de la esposa de Daniel Ortega, Rosario Murillo, que es también vicepresidenta, cargo al que fue elegida en 2016 cuando acompañó a su marido en la fórmula que ganó ese año las elecciones presidenciales. La primera dama de Nicaragua es ahora el personaje político más poderoso de su país con porcentajes de aprobación superiores a 70 por ciento, y ocupa una posición central en el gobierno. No sólo interviene con pleno derecho en el proceso de toma de decisiones; es mejor oradora que su marido al que suple frecuentemente en funciones de gobierno. Pero no se descuida.

Viste de colores muy vivos; es tan derrochadora como lo han sido otras esposas de dictador antes que ella; y cuando interviene en público agita las manos cuajadas de anillos, como si quisiera seducir a su auditorio con su pelo largo y rizado, y con el brillo de la bisutería.

Al igual que Eva Perón o Eleanor Roosevelt, Murillo ha asumido el papel de madre de los menesterosos, además de serlo de ocho hijos. Suficiente para fundar una dinastía. Los requisitos del liderazgo político son los mismos para hombres y mujeres, cuando se trata de mujeres hay que añadir los recursos tradicionales de la coquetería femenina. Thatcher no soltaba su collar de perlas de cuatro hilos y Teresa May insiste en ponerse minifalda.

Es tan fuerte la presencia de Rosario Murillo en los hogares nicaragüenses, en los que se instala por medio de la radio y la televisión, que cada vez se la ve menos como la esposa de Ortega y más como la mujer que muy probablemente será la próxima presidenta de Nicaragua. Sin embargo, para su disgusto, los opositores no dejan de recordar que es también la madre de Zoilamérica, la joven que denunció a su padrastro, Ortega, de abusar sexualmente de ella durante 10 años, desde que entró a la pubertad. También acusó a su madre de callar y condonar el abuso. La pareja Murillo-Ortega declaró loca a Zoilamérica, y resistió unida el vendaval del escándalo, por solidaridad o porque eran cómplices, lo cierto es que la hija ultrajada tuvo que abandonar su país, la forzaron a irse.

Al igual que Eva Perón, Rosario Murillo no se tienta el corazón cuando de sus adversarios se trata, y, me pregunto si no está detrás de los asesinatos y de la represión que en los pasados meses han convertido amplias zonas de Nicaragua en campos de batalla en los que han caído más de 300 nicaragüenses. (Jon Lee Anderson, Fake news and unrest in Nicaragua, The New Yorker, 3/9/18)

Murillo no es la primera esposa de dictador que ejerce un poder paralelo. Elena Ceausescu, la esposa de Nicolai Ceausescu, presidente de Rumania hasta 1989, pretendía ser una gran química. Tanto así que se mandó a hacer una enciclopedia de más de 40 volúmenes que presentaba como autora única. Pobre de aquél que pusiera en duda la autoría de los trabajos de investigación que firmaba y que todos sabían que ella no había escrito. Fue premiada y galardonada por los gobiernos de Filipinas, Portugal, Italia, Irán y Argentina, pero ni siquiera todos esos premios despertaron en ella compasión y generosidad para salvar a los niños huérfanos que crecieron abandonados en condiciones miserables en orfanatorios del Estado, y se volvieron locos o se murieron de hambre. En lugar de frenar la política natalista de su dictador, sólo aspiraba al premio Nobel de Química. Hasta viajó a Suecia con la esperanza de recibirlo, cuando ni el teléfono le contestaron, empacó furiosa su maleta y se regresó a Bucarest. Madame Ceausescu fue juzgada y sentenciada a muerte en 1989. Dicen que suscitaba tanto odio que el pelotón de fusilamiento se amontonó para que cada uno de sus miembros tuviera la satisfacción de haberle disparado. Recibió más de 100 tiros de fusil.

También podemos evocar a Imelda Marcos, a Jian Qing, la cuarta esposa de Mao, asociada a la sanguinaria Banda de los Cuatro. No todas las esposas de los dictadores son peores que ellos. Es cierto, no sabemos si Eva Braun, la esposa-hija de Hitler, Carmen Polo de Franco o Clara Petacci, la amante de Mussolini, le susurraban en las noches al oído al dictador que amaban, a la manera aterradora de la Lady MacBeth de Shakespeare, nombres de traidores, intrigas y sentencias de muerte. Tampoco sabemos si ellas sabían de los crímenes de su amado, o si se los aconsejaban al mismo tiempo que les prometían el perdón.

Y no va en esto misoginia, sino una simple denuncia de los excesos del poder que atacan a dictadores y dictadoras por igual.

¿Delito de ofensa contra sentimientos religiosos?


Jose Arregi
www.religiondigital.com / 17-09-18

En la tarde del miércoles detuvieron al actor Willy Toledo por haberse negado a comparecer ante el juez, tras haber sido denunciado de un supuesto delito de ofensa de sentimientos religiosos. Parece increíble, pero esas cosas suceden todavía en España, y en el 36% de los estados, encabezados por Irán, Pakistán, Yemen, Somalia y Qatar…

El actor pasó la noche en la cárcel, le llevaron ante el juez, se negó a declarar y quedó en libertad provisional. Había sido denunciado por la Asociación Española de Abogados por haber escrito, perdón por reproducir aquí sus palabras: “Yo me cago en Dios. Y me sobra mierda para cagarme en el dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María”. No hay que olvidar el contexto: escribió esas palabras en protesta por la apertura de juicio oral –otro absurdo– contra tres mujeres que habían protagonizado una “procesión del coño insumiso” por varias calles de Sevilla.

Comprendo la indignación de Willy Toledo, pero no me gustan sus expresiones. Hieren mis oídos, e incluso mis sentimientos más profundos, ultrajan de alguna forma lo que es para mí lo más sagrado: “Dios”. No llamo “Dios” a un personaje de lo alto, sino al puro Ser sagrado –término éste cuya raíz significa “real”–, a la Fuente buena y creadora de todo lo que es, a la misteriosa potencia de ser que late en cuanto es y se manifiesta o se encarna en todos seres. Ultrajarla sería ultrajar el profundo misterio que nos hace ser, vivir, sentir abiertos al infinito. Sería injuriarse. Que nadie se injurie, se hiera, se niegue.
Y conste que no me importan mucho los dogmas en cuanto fórmulas lingüísticas con un significado hoy carente de sentido, y que no creo en que María de Nazaret fuera físicamente virgen ni que el ser virgen sea más “santo” o divino, a saber, simplemente más humano, que el no serlo. Sin embargo, honro y amo a la mujer profética que parió con dolor y crió como mejor pudo al profeta Jesús (y, por cierto, a otros cuatro hijos y a más de una hija, según el evangelio de Marcos, léase el capítulo 6, versículo 3). Me disgusta que alguien ofenda la Vida y la memoria de sus mejores testigos, religiosos o no.

Pero me disgusta más todavía que el Código Penal imponga castigos a quienes “para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican” (art. 525). Bien es verdad que la misma pena se impone a continuación a quienes hagan públicamente escarnio “de quienes no profesan religión o creencia alguna”. El segundo apartado atenúa al primero, pero no lo justifica. Si quisiéramos aplicar ambos con rigor, nunca nos faltaría algún motivo por el que sentirnos ofendidos y ser acusados de ofensores, algún supuesto delito por el que denunciar y por el que ser denunciados. Sería una sociedad intolerante, estrecha de ánimo o de aliento vital. Invivible.

“La vida sería mejor sin los fundamentalistas católicos”, declaró Willy Toledo tras salir de la cárcel. Tiene razón. Pero sepa que Jesús de Nazaret estaría de su lado, como lo estarían su madre María y su padre José. Sepa que el Aliento de la Vida está con él. La vida sería mejor sin fundamentalistas de ninguna religión, ideología o patria.

Y los miembros de una religión debieran ser los primeros en dar ejemplo de tolerancia, y en reclamar que desaparezca del Código Penal el delito de ofensa de sentimientos religiosos, si es que realmente su religión está inspirada por lo que dicen: la confianza, la bondad, la grandeza de ánimo. Si su vivencia religiosa no está inspirada por esas actitudes magnánimas, son los primeros que hacen escarnio de su propia religión.

Todo esto vale por igual para católicos y musulmanes que para las “religiones laicas” que dan culto a sus ideologías, constituciones, banderas o fronteras. Entre nosotros vale en especial para la Iglesia católica, por el poder que detenta. Sería una Iglesia mejor si animara a sus creyentes a no sentirse ofendidos por ningún escarnio contra ella o sus creencias y ritos; si no amparara denuncias judiciales de ninguna Asociación de Abogados Cristianos ni de nadie por declaraciones o gestos ofensivos contra sentimientos supuestamente religiosos; si no permitiera que en sus cadenas de radio y en sus canales de TV se profieran tantas ofensas como se profieren contra homosexuales, inmigrantes, increyentes, “laicistas” y políticos de izquierda; si declarara que a oídos cristianos en sintonía con el Evangelio de Jesús debiera resultar más hiriente escuchar “me c. en la p.” que “me c. en Dios”; si enseñara que Dios no es un Señor soberano que se ofenda o deje de ofenderse, sino el Aliento que enaltece la vida. La Iglesia católica, como toda religión, será mejor solo en la medida en que contribuya a que la vida sea mejor para todos. Así sea.
(Publicado en DEIA y en los Diarios del Grupo NOTICIAS el 16 de septiembre del 2018)

Justicia a medias para el pueblo ixil


www.plazapublica.com.gt / 27 09 18

José Mauricio Rodríguez Sánchez, el único acusado que quedaba para responder por las atrocidades contra el pueblo ixil, quedó absuelto por segunda ocasión. El Tribunal B de Mayor Riesgo señaló que el Ministerio Público no pudo demostrar su responsabilidad penal. Lo que sí se pudo probar es que el alto mando del Ejército que gobernó el país de marzo de 1982 a julio de 1983, sí tuvo la intención de exterminar a los habitantes de tres comunidades mayas. Pero los responsables de ese crimen, según el tribunal, ya están muertos. La única que razonó su voto fue la jueza Sara Yoc, para ella el acusado sí era culpable.

Las víctimas recibieron con amargura el fallo del Tribunal B de Mayor Riesgo, que el miércoles 26 de septiembre declaró por unanimidad que sí hubo genocidio, pero absolvió al único acusado en este juicio. 

Ana de León López, víctima sobreviviente que viajó para escuchar la sentencia desde una aldea de Nebaj, en el noroccidental departamento de Quiché, cuenta que apenas pudo mantenerse sentada y en silencio mientras los jueces leían la resolución. “No somos mentirosos. Aguantamos sed, frío, sin comida, sin tener sal, los hijos se murieron de pura hambre, igual los ancianos y los jóvenes. Me da cólera porque lo que sufrí no me lo van a quitar”, decía en las afueras de la sala judicial.

Llegó ilusionada y salió decepcionada. Para ella no es suficiente que el Tribunal reconozca que sí hubo genocidio. No es suficiente escuchar que las acciones militares fueron inhumanas y que los efectos de las masacres, violaciones sexuales, el pillaje, el sometimiento y la persecución, siguen presentes en las familias ixiles. Para esta mujer solo queda la pobreza y el abandono. La justicia que llegó después de 36 años le sabe amarga. Le sabe a impunidad.


El único acusado por estos hechos quedó absuelto y en libertad porque el Ministerio Público no pudo probar su responsabilidad. Aunque la fiscalía argumentó que él dirigió, coordinó y supervisó las masacres y que fue el responsable de identificar a la población no combatiente como el enemigo interno, ni los testimonios ni los documentos y peritajes convencieron al Tribunal.

El juez Jaime Delmar González dijo que el acusado no fue el autor del Plan de Campaña Victoria 82. Rodríguez Sánchez sí ayudó a elaborar y dirigir los planes de inteligencia, pero estos se anexaron tiempo después al plan de campaña. El militar no tenía la jerarquía para dar órdenes. Esto solo podía hacerlo el alto mando militar, expuso el togado.

Justamente esto fue lo que señaló por la mañana el acusado. “Se dice que yo hice el Victoria 82 y que de ahí salieron las masacres de las aldeas. Yo los invito a que me digan en qué parte del Victoria 82 dice eso -vaya y mate, vaya y queme-. Por supuesto, se trataba de eliminar a la guerrilla, porque estábamos en un conflicto armado. No nos estábamos tirando flores”. Para separarse de la responsabilidad, Rodríguez Sánchez cuestionó a los jueces. “¿Por qué se me quiere responsabilizar de todo lo que hizo el Ejército, cuando yo no era ministro de la Defensa, no era Jefe de Estado?". Los mandos del Ejército que Rodríguez Sánchez mencionó están muertos.

Con base en el peritaje del peruano Rodolfo Robles Espinoza, el Tribunal concluyó que al acusado no se le podía acusar de la autoría del genocidio ni de los delitos contra los deberes de la humanidad. Fue absuelto y lo dejaron en libertad después de siete años de haber iniciado el proceso penal en su contra.





La sombra de Ríos Montt

En la fundamentación de la resolución el tribunal hizo un repaso por la época en la que el país vivía liderado por militares. La jueza Sara Yoc recordó que la violencia contra la población ixil tenía como referencia la discriminación y el racismo que se originó desde los tiempos de la conquista. Esto empujó a las poblaciones a la marginación, la pobreza y la falta de desarrollo.

La apreciación del Ejército hacia el indígena no era mejor. Los tachaban de “coches” y les ponían sobrenombres denigrantes como “chocolates”, en referencia al color oscuro de su piel.
A la población civil la vincularon a la guerrilla y para “rescatarlos” el Ejército se propuso concentrarlos y mantenerlos sometidos.

Esas acciones ocurrieron mientras Efraín Ríos Montt dirigía el país. El general, fallecido el pasado 1 de abril, asumió el mando a través de un triunvirato que al poco tiempo terminó por disolver. Ríos Montt se convirtió en el “todopoderoso” recalcó Yoc.

Con Ríos Montt al mando, el país se militarizó. Se anuló el Congreso y el Consejo de Estado. Ríos Montt instauró los tribunales de fuero especial, y repartió un estilo de justicia rápido que no permitía una adecuada defensa y terminaba casi siempre en fusilamientos.

Ríos Montt, el ausente, el que fue condenado en 2013 como responsable del genocidio y delitos contra los deberes de la humanidad, tenía que enfrentar un segundo juicio, pero fue diagnosticado con demencia senil. La enfermedad lo alejó de los tribunales y se lo llevó de este mundo sin enfrentar un nuevo debate.

El tribunal resaltó que durante la gestión de Ríos Montt el país pasó del estado de Sitio al estado de amenaza. Todo el tiempo estaban vigilados, con prohibición para reunirse, para expresarse y organizarse. Y los ixiles tenían por costumbre la organización comunitaria.

Para acabar con la insurgencia, el Ejército atacó a la población civil que la apoyaba. Al área ixil llegaron los pelotones con sus bombas, aviones y armas de alto impacto. Los ixiles indefensos y temerosos ante tal representación de fuerza huían a las montañas. Cuando el Ejército descubrió que volvían a sus casas cada vez que la tropa se retiraba, resolvieron quemarles las casas, las cosechas, matar a los animales o comérselos.

Los que huían eran tachados de subversivos. Los que se quedaban debían concentrarse, someterse al dominio militar sin derecho a movilizarse para buscar empleo en otras comunidades. A los que se rindieron se les obligó a convertirse en patrulleros para vigilar y delatar a sus propios vecinos. Los obligaron a quemar los cultivos de maíz para impedir que los que huían tuvieran un medio de sobrevivencia.

Los que huyeron a la montaña murieron de inanición, reconoció el tribunal. Los sobrevivientes sufren hoy las consecuencias de los padecimientos. “Solo el Señor sabe cómo sobrevivieron a todo esto” reflexionaba la jueza María Eugenia Castellanos.

Todas estas acciones eran dirigidas por el alto mando. De eso tiene certeza el Tribunal. Y de ese alto mando solo queda el recuerdo, porque todos han muerto.

Al finalizar la lectura de la sentencia el fiscal Erick de León aseguró que analizarían el fallo para determinar si solicitarán la apelación. Los querellantes que representan a las víctimas, también tomarán un tiempo para analizar la sentencia.

Es una justicia a medias, lo saben. Las víctimas que asistieron a la lectura de la sentencia volverán a sus casas con la noticia de que nada cambió. El Tribunal reconoció el genocidio, pero eso ellos ya lo sabían. Nadie les resarcirá lo que sufrieron. Ana de León asegura que a ella se le pasará el dolor que sufrió cuando muera, pero mientras tanto sufre por sus hijos y sus nietos a los que ni un terreno les puede heredar, porque en su juventud su familia lo perdió todo.

El segundo juicio por genocidio que se realiza en el país inició en marzo de 2016. Casi tres años después de que la Corte de Constitucionalidad ordenó repetir el debate, y después de surcar los obstáculos de los recursos legales de la defensa de Efraín Ríos Montt, el proceso se retomó en octubre de 2017.

Los jueces Sara Yoc, María Eugenia Castellanos (presidenta) y Jaime Delmar González, aseguraron que estaban extenuados después de tantos meses de trabajo. Sesionaban una vez por semana y tuvieron que viajar a Nebaj para escuchar algunos testimonios.

Resolvieron por unanimidad, aunque la jueza Sara Yoc razonó su voto. Para ella, José Mauricio Rodríguez Sánchez era culpable. “Él no era cualquier persona, era el G2, el jefe de la segunda unidad de inteligencia. Qué casualidad que lo nombran el 23 de marzo de 1982, el día en que tomó posesión el general Efraín Ríos Montt como jefe del Estado”, dijo a la audiencia en un discurso espontáneo.

Rodríguez Sánchez está libre. Los responsables del genocidio han muerto.


La reforma necesaria de la Iglesia


José M. Castillo S.

El papa Francisco ha convocado un Encuentro Mundial de todos los presidentes de las Conferencias Episcopales de la Iglesia Católica. El Encuentro se tendrá en Roma, en el próximo mes de febrero. Un acontecimiento como éste no se había producido nunca en la Iglesia. Seguramente porque nunca la Iglesia lo había necesitado tanto como ahora, cuando raro es el día que no nos enteramos de nuevos escándalos (clericales o eclesiásticos) que se hacen públicos en los sitios más inesperados y en situaciones que no imaginábamos.

Lo primero, que nos viene a decir esta convocatoria del Papa Francisco, es que la Iglesia necesita, de manera urgente, una reforma a fondo. Todo el mundo sabe que ya Lutero (y los demás reformadores del s. XVI) promovieron una reforma en su tiempo. Ninguna persona culta pone en duda la genialidad de Lutero. Pero también es verdad que la reforma de Lutero, en vez de reformar, lo que hizo fue dividir a la Iglesia. Y hoy, una de las cosas que más necesitamos es unirnos todos, lo más posible y en cuanto sea posible.

La segunda cosa, que nos dice esta convocatoria que ha hecho el Papa Francisco, es que la Curia Vaticana – al menos, tal como está ahora mismo – es incapaz para resolver los problemas más serios que tiene planteados actualmente la Iglesia. La Curia Romana ha servido, entre otras cosas y hasta ahora, para ocultar los problemas de fondo, que tiene planteados la Iglesia desde hace siglos. Pero las clandestinidades ya no son posibles, en la cultura en que vivimos y con la abundancia creciente de técnicas de la comunicación, que manejamos y nos manejan.
En tercer lugar, el Papa Francisco, al convocar este Encuentro de todos los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo, lo que en realidad está haciendo es poner en práctica una de las cuestiones más importantes que decidió el Concilio Vaticano II, a saber: que el “orden (o colegio) de los obispos” es, con el Romano Pontífice, “sujeto de suprema y plena potestad sobre la Iglesia universal” (LG 22, 3). O sea, el poder supremo en la Iglesia no lo tiene la Curia Romana, sino que lo tiene el Papa y el Colegio o Cuerpo episcopal con el Papa.

Ya es hora de que, en la práctica del gobierno de la Iglesia, las cosas se gestionen de otra manera, dado que, tal como se han gestionado hasta este momento, la Iglesia está atascada en un clericalismo atrasado, que, en gran medida, está alejando a la Iglesia de la cultura y de la sociedad de nuestro tiempo. Las iglesias vacías, los conventos vacíos, los seminarios también medio vacíos, con una teología extraviada ante los problemas más apremiantes de este momento…, ¿y seguimos tirando y esperando a ver si esto mejora? ¿cómo? ¿cuándo? ¿dónde? ¿estamos ciegos o andamos perdidos y sin ideas de los deberes apremiantes que nos urgen?

Además, es importante saber que el Papa Francisco, al dar más protagonismo a las Conferencias Episcopales, no hace sino recuperar la tradición de la Iglesia del primer milenio. Durante diez siglos, la Iglesia era gobernada por los Sínodos locales o regionales. Y con aquella forma de gobierno, la Iglesia se hizo presente y marcó toda la cultura de Europa.

Por el contrario, cuando en el s. XI el Papa Gregorio VII le dio el giro decisivo al gobierno de la Iglesia, constituyendo al papa como “señor supremo del mundo”, hasta desembocar en el “poder pleno y supremo” (“plenitudo potestatis”) (Inocencio III), la consecuencia fue legitimar (como si fuera el dueño del mundo) a los reyes de Europa para justificar el colonialismo cuyas consecuencias estamos pagando ahora, con un futuro que no sabemos ni cuándo ni cómo tendrá solución.

Además, si el papado busca sus colaboradores directos en las Conferencias Episcopales, el gobierno de la Iglesia será más participativo, con más posibilidades de cooperación de los laicos y menos gestión administrativa de la mera burocracia, que inevitablemente queda más alejada de los problemas que vive la gente y de las soluciones que necesitan sobre todo los más desvalidos.

En todo caso, cuanto sea o ayude a evitar la tentación de “los Zebedeos”, aquellos que apetecían los primeros puestos (Mc 10, 35-41; Mt 20, 20-24) será un factor importante para que en la Iglesia haya más unión de todos y el ejemplo de Jesús esté más vivo y presente en quienes gobiernan.