"Quórum Teológico" es un blog abierto al desarrollo del pensamiento humano y desea ser un medio que contribuya al diálogo y la discusión de los temas expuestos por los diferentes contribuyentes a la misma. "Quórum Teológico", no se hace responsable del contenido de los artículos expuesto y solo es responsabilidad de sus autores.

Ya puedes traducir esta página a cualquier idioma

Déjanos tu mensaje en este Chat

Un sacerdote, una cooperativa y un campesinado que domó a las élites

René Mendoza Vidaurre
www.envio.org.ni/febrero2017

Las personas despiertan y se organizan al darse cuenta de que, por pocos que sean, sus recursos tienen valor. Cuando se dan cuenta de que pueden vivir sin tener que ser peones o patrones. Las personas caminan al descubrir la fuerza de la comunidad y de la fe. Las personas abren su mente cuando se sienten inspiradas por ejemplos de coherencia personal. Mucho de esto es lo que han vivido mujeres y hombres, socios de la cooperativa “La Esperanza de los Campesinos” de Panamá.

En Centroamérica, ¿cuál es la cooperativa campesina con mayor fuerza en el comercio, la que se encarga de todo el procesamiento del café, la que despulpa, seca, trilla, tuesta, muele y comercializa todo el café de sus asociados y el café que compra a otros? ¿Cuál es la cooperativa de raíz cristiana más antigua de nuestra región? Aunque nació hace décadas, hace poco lo supe. Es la Cooperativa “Esperanza de los Campesinos” de Santa Fe de Veraguas en Panamá.

Su gestación, el camino que ha recorrido y su horizonte iluminan desde hace 47 años a otras cooperativas centroamericanas. Algo de lo que aprendí durante una semana de esta importante experiencia, conversando con quienes fundaron la cooperativa, con algunos de sus asociados, con el personal que trabaja en ella y con responsables de otras cooperativas con las que colaboran, es lo que quiero compartir. 

SANTA FE, TIERRA REBELDE

Santa Fe es un corregimiento y cabecera del distrito de Santa Fe en la provincia panameña de Veraguas. En el país es un lugar conocido por su historia de rebeldía. Fundado por los españoles en 1557 bajo banderas cristianas -como su nombre y el de lugares vecinos lo atestiguan: San José, San Francisco-, conoció la resistencia de los caciques indígenas Quibián y Urracá, que defendieron sus territorios. Un siglo después, en 1630, Santa Fe se convirtió en capital de la provincia de Veraguas. Tres siglos después, en 1959, sería testigo, en el Cerro El Tute, del alzamiento de los estudiantes de la Escuela Normal contra los militares del mandatario Ernesto de la Guardia.

Hoy, Santa Fe de Veraguas es conocido en América Latina por el trabajo que allí desarrolló un sacerdote colombiano, Héctor Gallego, que desde 1968 y durante tres años trabajó con los campesinos y fundó esa cooperativa, hasta que el gobierno -en la presidencia Omar Torrijos- lo mandó a matar en 1971, escondiendo su cuerpo, convirtiéndolo así en uno de los primeros “desaparecidos” del continente.

El padre Héctor marcó la historia de Santa Fe: con él hay un antes y un después. Él cambió la vida de este lugar y de esta gente para siempre. Serviliano Aguilar, uno de los primeros “cambiados” afirma que Santa Fe es “tierra santa porque Héctor fue un mártir”. Fue uno de los primeros mártires de una Iglesia que se afirmaba en el compromiso social después de concluido en Roma en 1965 el Concilio Vaticano Segundo y de celebrada, en 1968, en Medellín, la segunda conferencia del Episcopado Latinoamericano. 

TODOS DEPENDÍAN DE UN PATRÓN

Cuando Héctor Gallego llegó a Santa Fe no había allí ninguna carretera, los caminos se enlodaban en el invierno y una densa montaña boscosa era aún “tierra nacional”. Se producía allí bastante café, se criaba bastante ganado y el microclima era más frío que lo que es hoy. Había en Santa Fe algunos grandes cafetaleros, tiendas de chinos acaudalados y muchos pequeños productores y familias sin tierra que vivían de vender su fuerza de trabajo, los hombres por 60 centavos de dólar diarios después de diez horas de faena. Las mujeres tenían que trabajar cuatro días durante diez horas para ganar esos mismos 60 centavos. La mayoría de la población era analfabeta y sólo unos pocos habían llegado al tercer grado de primaria.

Bien pronto el padre Héctor captó las enormes injusticias que dominaban Santa Fe. “Todos dependían de un patrón, salvo excepciones”, decía en una emisora radial una semana antes de que el gobierno lo desapareciera. Para la mayoría de los campesinos de Santa Fe la perspectiva de futuro era vivir siempre como peones o, si conseguían trabajar sin un patrón, el único modelo y referencia que tenían era seguir el camino que había hecho ricos a los ricos del lugar.

“ESE DÍA CAMBIÉ PARA SIEMPRE”

Jacinto Peña, quien pronto se volvió discípulo del padre Héctor y fue el último que lo vio ante de que lo desaparecieran, recuerda el día en que se cruzó con el recién llegado:
“En 1968 venía yo un día caminando cuando vi a un desconocido montado en mula. Me extendió su mano para saludarme: Soy el sacerdote de Santa Fe, me dijo. No le creo, los sacerdotes sólo saludan a los ricos, le respondí yo. Y él: Siempre hay una primera vez... Le invito a una reunión este jueves. Yo no tengo tiempo para reuniones, reaccioné yo bajando la cabeza. ¿No? Ésa es la gente que yo ando buscando, la gente que no tiene tiempo, me dijo. Y me dejó con las patas en el aire. Fui a la reunión. Lo vi saludando también a los niños y eso me impactó. Nos sentamos en círculo. Lo que vi ese día, lo que escuché ese día, me hizo pensar diferente. Ese día cambié para siempre”.

El padre Héctor generaba cambios con su actitud. Rubén Rodríguez, “el Chino” lo recuerda así: “Estaba un día conversando con un amigo que tenía la camisa sucia y rota y en eso apareció el padre Héctor. Nos saludó y le dijo a mi amigo: Debes quererte a ti mismo. Andar arreglado es también quererse. Sácate esa camisa y ponte la mía. Mi amigo quedó sin habla. A mí me dio vergüenza y no supe qué decir. De tiempo en tiempo volví a ver a mi amigo y siempre andaba arreglado. Digo yo que los golpes en el cerebro son los que nos hacen cambiar”.

Quienes asistieron a aquella reunión a la que el padre Héctor invitó a Jacinto Peña eran, además de personas sin tierras, pequeños propietarios que le trabajaban a los ricos. Eran tierra fértil para las palabras del sacerdote, que les despertaba la conciencia y los animaba a desarrollar juntos acciones comunitarias que contradecían el dominio de los más poderosos económicamente.

EXPERIMENTARON CINCO DESPERTARES

¿En qué despertó el padre Héctor Gallego a estos campesinos? Escuchándolo experimentaron cinco despertares. 

Les mostró las oportunidades que había en aquel lugar: no eran miserables porque en Santa Fe había tierra “nacional” que podían tomar en posesión y cercar. Les hizo entender a mujeres y a hombres que ellos no dependían de los ricos que les pagaban salarios tan bajos, sino que era al revés: que la riqueza de los ricos dependía del trabajo de ellos. Les explicó que los estaban estafando en los precios y en el peso que pagaban en la tienda por los productos que compraban. Los convenció de que cuando la gente empobrecida se une y se organiza todo puede cambiar. Y les enseñó que la Naturaleza es obra de Dios y, por eso, es de todos, no de unos cuantos. 

Todo eso lo consiguió haciéndoles preguntas para que la misma gente descubriera lo que tenía ante sus ojos. Jacinto Peña recuerda que como la gente le decía no tener tierra, Héctor les preguntó que de quién era esa tierra que veían a cierta distancia. “De nadie” contestaron todos. Y él les dijo: “¿Y si no es de nadie, por qué no toman ustedes esa tierra para trabajarla?” Y fue así que se dieron cuenta que había tierra, que podían tomarla, que podían trabajarla…

Siempre que la conciencia despierta, siguen acciones que desafían el estatus quo, tanto el de las familias campesinas como el de los ricos. Aquel despertar llegó a Santa Fe de la mano de las ideas transformadoras de la Teología de la Liberación, que tantos cambios estaba ya provocando por toda América Latina. 

Jacinto Peña me cuenta alguna de las primeras acciones nacidas de esas ideas: “En la reunión del jueves en la comunidad nos dijo Héctor: El camino está sucio, sus hijos caminan por ahí y llegan al colegio con los uniformes sucios. Hay que limpiarlo. Todos nos pusimos de acuerdo: un grupo iría desde un lado y el otro grupo desde el otro lado limpiando y nos encontraríamos en el medio. Teníamos ocho días de plazo para hacerlo. En nuestro grupo trabajamos el domingo, pero el otro grupo no.

En la siguiente reunión el padre Héctor nos saludó y preguntó a las mujeres: ¿Qué están haciendo? Ellas dijeron que estaban acomodando flores para la celebración de la misa. El padre fue enfático: Hoy no habrá celebración porque la misa es la culminación del desarrollo comunitario. Mientras no haya actitud de trabajar y cuidar la obra del Señor, no hay misa. Ese día nos sentimos castigados. Para la siguiente semana ya el camino estaba limpio y hubo misa”.

ASÍ NACIÓ LA COOPERATIVA

En poco tiempo, y de forma creciente, los campesinos dejaron de trabajarle a los ricos, tomaron posesión de las tierras nacionales y comenzaron a trabajar en terrenos propios. Enseguida hubo reacción: “Ese padre está loco”. Y como castigo, a los campesinos que despertaban no les querían vender nada en las tiendas.

La reacción de los ricos aceleró la reflexión y motivó la decisión de organizar una cooperativa. Uno de los fundadores de la cooperativa lo cuenta así: “En la reunión semanal el padre preguntó: ¿Cuál es el problema más sentido de ustedes? Respondimos que las tiendas, que además de robarnos en el peso, ya nos veían mal por andar con el padre y no nos querían vender. Discutimos el tema y de las conclusiones surgió la necesidad de hacer una cooperativa. Pero teníamos dudas”. 

Muchos testigos de aquella histórica reunión lo recuerdan. Uno de ellos, Jacinto Peña, evoca el momento preciso de 1969 en el que nació la cooperativa: “Despertamos de lo injusto de los salarios, de la estafa que las tiendas nos hacían con el pesaje y con los precios de lo que producíamos y de lo que les comprábamos. Decidimos formar una cooperativa. Pero, ¿cómo hacerla si creíamos que no teníamos ni dinero ni nada? Entonces, el padre Héctor tiró una moneda de cinco centavos de dólar al centro de donde estábamos sentados y nos preguntó: ¿Cuántos confites compramos con esa moneda? ¡Cinco!, respondimos nosotros. Otro de nosotros buscó entonces en su bolsillo otra moneda de cinco centavos. Y otros pusieron más monedas. El padre levantó las diez monedas y nos dijo que ahora ya alcanzaba para comprar cincuenta confites y mandó a un muchacho a comprarlos. Eran las doce del mediodía y todos estábamos con hambre. El muchacho nos repartió los confites a los cincuenta campesinos que ahí estábamos y el padre nos volvió a preguntar: ¿A qué les sabe? Y uno dijo: ¡Sabe a gloria! Así se hace el cooperativismo, nos dijo el padre. A la semana siguiente un grupo de Pantanal compró un quintal de sal para venderlo menudeado y en El Carmen cada quien empezó a ahorrar diez centavos por semana. Así nació la esperanza de los campesinos, así nació nuestra cooperativa”.

Y así fue con otras iniciativas. “En otra reunión el padre Héctor pidió que lleváramos algo para comer, pero no llevamos nada. Nos preguntó que por qué no llevamos nada y alguien dijo que no había nada de comida en la casa. Al poco tiempo nacieron en diferentes comunidades los “grupos agrícolas”. Nacieron por necesidad”.

“RESPONSABLES”: ASÍ LOS LLAMÓ

La cooperativa nació de un despertar, de una toma de conciencia y nació con recursos propios. Nació al convertir la adversidad en oportunidad, haciendo añicos la creencia de que los campesinos son pobres y no pueden ahorrar. Pero la cooperativa no era el único objetivo del padre Héctor y de los líderes campesinos que él estaba reuniendo. Durante tres años tejieron una estrategia de tareas interrelacionadas.

Una tarea era la formación de “responsables” de cada comunidad y de todo el distrito de Santa Fe organizando reuniones mensuales con treinta de esos responsables para analizar la realidad y cómo transformarla. En entrevista radial una semana antes de que lo desaparecieran, el padre Héctor criticó las palabras “dirigente” y “líder” por estar cargadas de paternalismo. Prefería hablar de “responsables”.

Una segunda tarea era la organización de acciones comunitarias: limpiar caminos, acompañar a grupos de otras comunidades para trabajar en tierras “nacionales” de las que tomaban posesión, organizar grupos agrícolas...

Una tercera tarea era hacer sostenible la cooperativa, administrarla bien, hacer crecer los ahorros y la cantidad de productos en la tienda, reunir a los responsables para planificar y acompañar la tienda, enviar a los socios a recibir cursos sobre cooperativismo en el Instituto Cooperativo de Panamá…

La cuarta tarea era enviar a los jóvenes a concluir sus estudios de secundaria y a culminar la carrera de técnico agropecuario en el Colegio Nazareno, administrado por religiosos en Santiago de Veraguas.

Y la quinta tarea era darle sentido a esas cuatro tareas reflexionando en el Evangelio el sentido de ser cristianos, de ser Iglesia y el sentido de la misa. Esa evangelización catalizaba la organización comunitaria y las tareas que realizaban. Algunos recuerdan que un día una señora devota se acercó al padre Héctor reclamándole que descuidara la construcción de templos. Y él le dijo: “Yo estoy haciendo la Iglesia con las familias campesinas, ustedes encárguense de construir templos”.

“ÉL NOS ENSEÑÓ A PENSAR”

Esta estrategia, entretejida así, empleaba una pedagogía reflexiva y un modelo horizontal. Siempre se sentaban en círculo, sin que nadie estuviese en un lugar más privilegiado que los demás.

Para el padre Héctor la fuerza estaba en la comunidad y en la fe religiosa. Decía: “Una vez que descubren la fuerza de la comunidad podrán hacer cualquier cosa. Y en América Latina la fuerza religiosa es muy importante. Cuando se descubre, el Evangelio compromete a un cambio y a vivir realmente un compromiso cristiano. Hacemos análisis de la realidad y entonces se descubre que la realidad que vivimos está en contra de Dios. La fuerza religiosa da fuerzas al esfuerzo humano. La misa es la culminación de los trabajos que hacemos”. Como resultado de la fuerza de la comunidad y de la fuerza religiosa el padre Héctor hizo surgir a “responsables” de diferentes niveles: cooperativo, comunitario y distrital, y en diferentes áreas: productiva, comercial, política y religiosa.

Serviliano Aguilar recuerda como hacían el análisis de la realidad: “El padre se reunía con líderes de las comunidades durante un día y medio. Era un encuentro campesino que terminaba con una misa. La comunidad modelo estaba en la Biblia: era de amor, de solidaridad y de unidad. La comparábamos con la realidad que vivíamos y nos dábamos cuenta de que los ricos nos oprimían. Entonces nos preguntábamos qué vamos a hacer. El padre Héctor nos enseñó a pensar. La gente, con estudios o sin estudios, puede pensar. Eso aprendimos de él”.

“NINGUNA ORGANIZACIÓN POPULAR DEBE ROBARLE AL POBRE”

En base a reuniones semanales, y con el ahorro que hacía cada uno de diez centavos semanales, organizando la venta de la sal y de otros productos, organizando la compra y venta del café que producían en las tierras que habían ocupado, la cooperativa comenzó a crecer.

La base inicial fueron nueve campesinos de El Pantanal y nueve de El Carmen. Ellos pusieron la primera tienda. El Padre Héctor les ayudó a descubrir un horizonte y los empujó a caminar hacia él basándose en principios. El horizonte: “Un día ustedes tendrán almacenes y podrán comprarse un carro, verán que sí”. ¿Cuáles eran los principios? El principal en el que el padre Héctor insistía: “Trabajen cooperando entre ustedes, siendo buenos negociantes con “medida rebosante”, al revés de lo que hacen los comerciantes: en lugar de quitarles, auméntenles a quienes les compran sal porque ninguna organización popular debe robarle al pobre”.

Trabajar con estos principios afectó a las tiendas tradicionales, que daban siempre un poco menos por el mismo precio y que empleaban dos pesas, una para comprar y otra para vender. También afectó a los ricos, que bajaban los salarios para tener mayor ganancia. Y afectó el conformismo campesino, cumpliéndose lo que decía el padre Héctor: “Si los cristianos se conforman, muere la Iglesia”.

La formación de responsables en los cursos del Instituto Cooperativo fue clave en la evolución de la cooperativa. Aprendieron principios coherentes con una cooperativa, como el que dice “El estafador vende más caro, pero el que quiere vender más y ser exitoso tiene que vender más barato y eso es ser buen negociante”.

CON LOS AÑOS ASÍ FUERON CRECIENDO

Cuando los campesinos abrieron su primera tienda acumularon experiencia y como aumentaban los socios y había más ahorro, pusieron otra tienda. Después, otra más.

En los años 70, cuando ya no estaba con ellos el padre Héctor, surgieron las cinco “sucursales”: tiendas en diferentes comunidades. En 1983 la cooperativa comenzó a tostar y a moler café. En 1995 construyeron el supermercado “Héctor Gallego”. Y en 1996 abrieron las oficinas de gerencia de la cooperativa. En 2010 compraron terreno y casa para el depósito principal de la cooperativa. En 2013 construyeron el segundo piso del supermercado “Cooperativa La Esperanza”. Cuando estuve allí, estaban concluyendo una destazadora de pollos. 
En este camino de tantos años enfrentaron crisis y nuevos desafíos, cayeron y se levantaron. La primera gran crisis la vivieron cuando desaparecieron al padre Héctor en 1971. Desalentados, amilanados, muchos socios se retiraron y al retirar sus ahorros debilitaron la cooperativa. También han experimentado las crisis que provocan en tantas organizaciones públicas, privadas, y también populares, la corrupción. La más grave y última en 2006-2007, cuando la gerencia y la junta directiva de entonces, en complicidad, estuvieron a punto de apropiarse de la cooperativa.

QUEBRARON MITOS

En el camino esta cooperativa erosionó mitos, esas creencias que son verdaderos demonios cuando hacen nido en la mente humana para bloquear el cambio. En el camino la cooperativa también acumuló lecciones, esos aprendizajes sencillos que son aplicables a otras experiencias.

La lista de las creencias que quebraron es grande. Ésa que dice que Dios ha hecho a unos pobres y a otros ricos. O esa otra que afirma que los pobres son haraganes. Que los pobres no saben administrar una tienda ni una cooperativa porque eso es cosa de profesionales. Que los hijos de los campesinos no tienen por qué estudiar. Que los campesinos no saben ahorrar y necesitan dinero de organismos de fuera para progresar. Que los indígenas son un caso perdido porque sólo viven de subsidios. Que si la cooperativa queda en manos de gente mayor fracasa. Que sólo el trabajo individual lleva al éxito…

Y ACUMULARON EXPERIENCIAS

La lista de los aprendizajes que han acumulado también es grande. Aprendieron que si los pobres se unen la cooperativa durará y la tienda tendrá éxito. Que cuando la necesidad apremia bastan diez centavos para iniciar una cooperativa. Que con buena atención se atrae a más clientes. Que industrializando la cadena del café se estabiliza su precio. Que no hay que “poner todos los huevos en un único canasto”. Que comprar más volumen da más poder de negociación. Que la mejor semilla que se siembra es hacer lo que se dice. Que aprendiendo a pensar todo se puede cambiar. Que al pensar se encuentran las soluciones…

Así, destruyendo creencias y acumulando aprendizajes, el campesinado productor de Santa Fe se organizó y la cooperativa creció. Se convirtieron en asociados, en responsables, en gerentes y en directivos. Desde esas responsabilidades invirtieron y apoyaron, con alimentos, con transporte o como garantes ante el banco, a la población en dificultades y a los grupos que se enfrentaban a los terratenientes luchando por tener una tierra propia.

ALGO SE PERDIÓ AL PERDER A HÉCTOR

Después de la desaparición del padre Héctor Gallego quedó la cooperativa, que siguió desarrollándose y creciendo. Sin embargo, la reflexión comunitaria y la evangelización orientada al compromiso social fueron perdiéndose, porque la relación con los párrocos que sustituyeron al padre Héctor se debilitó porque los sacerdotes eran de otra mentalidad.

La formación de responsables la asumió la cooperativa y hubo resultados. Lázaro Rodríguez llegó a ser representante de corregimiento y alcalde de Santa Fe. Jacinto Peña continuó apoyando a grupos campesinos y asesorando a cooperativas a salir de sus crisis. La cooperativa recibió visitas de sacerdotes y religiosas de otros países con un pensamiento similar al del padre Héctor. Eso vinculó la cooperativa con organizaciones centroamericanas como la Asociación Mangle de El Salvador y la red COMAL de Honduras. Y en los últimos 15 años surgieron la Fundación Gallego, la asociación de agricultores orgánicos, la cooperativa de turismo y el grupo de mujeres productores de orquídeas… 

LA TENSIÓN ENTRE EL ROL COMERCIAL Y EL COMPROMISO SOCIAL

Desde el inicio, el padre Héctor planteó lo que debía ser esencia de la cooperativa: su rol comercial y su compromiso social. A pesar del tiempo y las dificultades, ambos aspectos persisten hoy en la agenda de discusión de la cooperativa.

Chon Rodríguez lo explica así: “Lo comercial fue lo central: traer lo que no tenemos y llevar lo que tenemos. Hasta ahora ha sido así, aunque la producción ha bajado. La cooperativa ha sido comercial, pero su objetivo principal es el social. El padre Héctor no se comía un confite solo, tenía que tener un confite para todos para poder comerse el suyo. Después que desaparecen a Héctor dejamos la parte administrativa de la cooperativa y la cooperativa se vino para abajo. Queríamos crecer económicamente por igual. Pero no pudimos mantener eso. Cómo mantener lo comercial y lo social ha sido motivo de reflexión constante en la historia de la cooperativa. Lo comercial ha crecido y ha aumentado. Y mientras la producción de café bajó, han crecido otros productos: cítricos, hortalizas, ganado, agricultura orgánica, orquídeas…”

Lo social era compartir “el confite”’ y apoyar a otros grupos de personas y de comunidades. Los mejores responsables de la cooperativa iban a las comunidades para acompañarlas y trabajar con ellas hasta que pudieran caminar solas, y luego se retiraban para que los grupos comunitarios continuasen solos. Con el tiempo “lo social” se convirtió en dar becas, ayudas sociales y apoyo financiero a los productores.

Con el tiempo, ir a organizar a las comunidades, acompañarlas y encaminarlas se fue dejando de lado. Pasa a menudo en muchas organizaciones que dan “asistencia técnica”: técnicos que llegan a visitar y dejan recetas técnicas sin entender ni acompañar a las familias y a las comunidades. Recuperar ese sentido de combinar lo social y lo comercial sin paternalismo y sin caer en ese modelo de “asistencia técnica” es un desafío en el que la cooperativa está pensando hoy en día.

EL PRIMER GRAN LOGRO DE LA COOPERATIVA

Después de tantos años la cooperativa se ha mantenido viva. La gente de Santa Fe hizo hasta lo imposible por encontrar el cuerpo sin vida del padre Héctor. Y aunque no lo encontraron, “siguieron la lucha” dando continuidad a la misión que él les había encomendado. Esa misión era consolidar la cooperativa como medio para que la mayoría de la población de Santa Fe viva mejor. Los profesores canadienses, Muirhead Cooper y Caitlin Ward, que estaban visitando también la cooperativa cuando estuve allí, reconocen ese sentido de misión: “En esta cooperativa hay calor humano y relaciones personalizadas, mientras en las de Canadá las relaciones son despersonalizadas y las cooperativas sólo son negocios.”

El primer gran logro de esta cooperativa ha sido ése: crecer. De 18 socios en 1969 en 2016 eran ya 1,235 asociados de 25 comunidades. De esos más de 1 mil asociados, 852 son activos (544 varones, 286 mujeres y 22 grupos), organizados en 12 capítulos con directiva propia y con 42 delegados (un delegado por cada 20 asociados), que conforman la asamblea general. Se observa rotación de liderazgos en los cargos, tienen un personal permanente de 92 trabajadores, llamados “colaboradores”, tienen políticas de aportaciones y de ahorro (un “fondo social” del 5% de la venta de productos, que es retenida como ahorro, ganando 3% de interés para ser retirado después de 5 años). Tienen servicios de préstamos para hortalizas con tasa de interés del 5%, para café del 7% y para vivienda del 12%.

EL MAYOR DE TODOS LOS LOGROS

Un segundo gran logro son las inversiones que ha hecho la cooperativa: un depósito, dos supermercados, cinco sucursales en comunidades, todo con un inventario de cerca de 1 millón de dólares, con lo que tienen buena capacidad de negociación al por mayor con las empresas que venden productos. 

Son la única cooperativa de Centroamérica que cuenta con una torrefactora de café procesando un estimado de 4 mil quintales de café oro anualmente y que tiene dos marcas de café, el de mayor calidad, el Café Tute y el de menos calidad, el Café Santa Fe. A diferencia de muchas otras organizaciones que conozco, no exportan el mejor café dejando en el país el peor. Así han estabilizado los precios del café, al menos en Santa Fe. Son también la única cooperativa que maneja el comercio a gran escala. Una de las últimas inversiones, en fase de conclusión, es una destazadora de pollos.

Un tercer logro reside en sus políticas sociales: el 9.5% de los excedentes es para reserva de previsión social (solicitud de ayudas), el 10% es para becas, el 10% para gastos médicos y el 10% para iniciativas productivas. El 60% de los excedentes se distribuye entre los asociados en proporción al total de sus compras, lo que contribuye a que los asociados mantengan lealtad de compra a la cooperativa.

El mayor de todos los logros es el impacto positivo en las familias asociadas y en las no asociadas. Los precios relativamente bajos obligan a la competencia a reducir los precios de los productos que venden. La cooperativa genera un empleo significativo en el distrito e inyecta en él una importante cantidad de circulante, moviendo la economía local. La cooperativa contribuye a la sostenibilidad y al liderazgo de otras cooperativas del distrito, con quienes colaboran comercialmente.

Por todo esto la cooperativa se ha constituido en un actor que ningún gobierno ni ningún organismo que quiera desarrollar políticas en el distrito ni puede ni debe obviar.

LAS RAÍCES DEL ÉXITO

El origen de la cooperativa, entendida como una “misión”, está en la base de todos estos logros. Un pequeño grupo de 18 pequeños productores reaccionaron ante un contexto adverso y con recursos propios. Decidieron organizar tiendas para vender sus productos y jinetearon los mercados en un lugar de tradicional frontera agrícola, un puerto de montaña, como suele llamarse en otros países de la región. Las tiendas fueron después distribuidoras y supermercados. 

Si hubiesen apostado sólo a comercializar el café, como tenían poco volumen, sólo hubieran tenido ingresos al final del año. La cooperativa aprendió la importancia de “poner los huevos en diferentes canastos” sin depender de una única actividad ni de un único rubro, manteniendo el comercio como “gasolina” que mueve el motor del conjunto de todas las actividades.

La rotación en el liderazgo directivo, el hecho de que los discípulos del padre Héctor y fundadores de la cooperativa sean quienes vigilan su marcha, la fidelidad a las políticas de precios y pesaje y a la regla de “la medida rebosante”, enseñanza clave para que, de negociantes no se convirtieran en estafadores, y el hecho de que en la cooperativa todos se conocen y eso garantiza relaciones personalizadas -un importante capital social-, está en las raíces de todos los logros.

Estas varias tareas, incluyendo la de la evangelización, la formación y la organización comunitaria para seguir despertando a otros, les ha mostrado un camino que garantiza estos logros.

EN EL ENTORNO ACTUAL ENCUENTRAN OPORTUNIDADES

El entorno actual, tan diferente al que conoció el padre Héctor, también les presenta oportunidades y riesgos que la cooperativa está discerniendo.

Las oportunidades tienen que ver con la diversidad de productos agropecuarios que hoy producen los miembros de la cooperativa y que exigen mejores mercados que la cooperativa puede encontrar. Es también una oportunidad la gente que hoy habita el distrito: una población multiétnica, con creciente educación formal y, por eso, más capaz de innovar. Un ejemplo es el agrónomo Eric Concepción y su familia, que innovan en agricultura orgánica cultivando en círculos una diversidad de productos en tierras que fueron depósito de alquitrán para la construcción de la carretera, rompiendo así la creencia sobre la “vocación del suelo para determinado rubro” y ésa otra de que “un ingeniero debe estar en la tecnología química y no en el monte”.

Hoy Santa Fe es un distrito con atractivo turístico, con un parque nacional de 75 mil hectáreas bien conservado gracias a una población multiétnica, con saberes y recursos que son fuente de inspiración para grupos de mujeres dedicadas a las orquídeas y a las artesanías. Si hace cuatro o cinco décadas acceder a la tierra era el desafío mayor, ahora “la gente carga tierra hasta en las orejas” y el desafío es acceder a más y mejores conocimientos. 

En un país como Panamá, con una economía basada en servicios, que tiende a depender de productos importados, hacer de Santa Fe un espacio de producción agropecuaria con industrialización apropiada, con una población organizada y con pensamiento propio puede ser también una importante oportunidad de desarrollo.

TAMBIÉN ENCUENTRAN RIESGOS

También están los riesgos. El riesgo de que Santa Fe empiece a perder peso productivo. Después de varias plagas en el café, el distrito corre el riesgo de quedarse sin café en los próximos diez años. Además, la producción agropecuaria está hoy en manos de adultos de más de 50 años y los jóvenes han crecido con la idea de “estudiar para no trabajar bajo el sol”.

Han aparecido también en Santa Fe nuevos propietarios extranjeros que han encarecido el precio de la tierra y que muestran muy poco interés en vincularse con la población local. Todo esto podría provocar que el distrito se haga dependiente de productos y bienes importados, que aumente la emigración y que se incrementen las políticas de subsidios que quitan incentivos a la capacidad productiva de la población.

REFLEXIONAN EN CÓMO RESPONDER A LOS DESAFÍOS

Conscientes de que tienen que aprovechar las oportunidades y enfrentar los riesgos, mujeres y hombres de la cooperativa se miran a sí mismos para responder a los desafíos.

El primero que consideran es organizar un sistema de información digitalizado para afinar la dirección de sus políticas conociendo mejor el origen, las actividades productivas y las características básicas de sus asociados y de la población no asociada a la que atienden. Saben que una organización con información y capacidad de análisis de su propia información aprende y puede recrear continuamente su visión. 
En segundo lugar, la cooperativa comprende el peligro de convertirse en simple intermediadora de productos importados de las multinacionales, influyendo así en el cambio en la alimentación de la población y hasta en el declive de la producción propia. Para ser fieles a la idea inicial que aprendieron con el padre Héctor (“traer lo que no tenemos y llevar lo que tenemos”) han aceptado el desafío de industrializar los productos campesinos para venderlos en su red de supermercados y entre sus aliados, una decisión que precisa de pláticas continuas con las comunidades para ver lo que más conviene a todos. 

Aunque industrializar es un buen camino, también tiene sus peligros. Si centralizan el procesamiento de pollos, que por ahora lo hacen familias que crían entre 50 y 300 pollos, la cooperativa terminará absorbiendo la crianza y las familias abandonarán la crianza-engorde de pollos. Industrializar potenciando aún más las capacidades de las familias campesinas es un real desafío para cualquier organización.

REVISAN SU HISTORIA Y APRENDEN DE ELLA

Son muchos más los desafíos. De los 18 productores socios con los que nació la cooperativa hoy sólo quedan 7: nueve murieron y dos renunciaron. Hoy, de los 1,235 asociados se estima que los socios productores son sólo el 10%. 

Otro desafío es buscar mejores mercados para la diversidad de productos orgánicos y orquídeas que hoy producen familias y grupos de mujeres organizadas. Otro desafío es revisar las políticas de aportaciones (10 dólares anuales) y de ahorro para que los recursos de los asociados sean mayores en la cooperativa. Hace más de cuatro décadas el ahorro constituyó la base para instalar tiendas y el monto del ahorro era muy significativo por los bajos ingresos que tenía entonces la gente. Hoy las aportaciones y el ahorro son cantidades casi simbólicas. 

Otro desafío es revisar la política de distribución de excedentes para evitar que quienes tienen menos recursos, aun comprando siempre de la cooperativa, reciban la menor parte de los excedentes. Otro desafío es que la cooperativa reflexione cómo mejorar su capacidad de rediseñar sus políticas para crecer de forma descentralizada, dando mayores responsabilidades a los capítulos (grupos de asociados con sus directivos) en el manejo de las sucursales y/o en otras inversiones.

Ante todos estos desafíos, la cooperativa revisa hoy su historia para “no tropezar dos veces con la misma piedra” y se va preparando para ser una organización que aprende de sí misma y de su entorno.

“¡NO PAREN DE PENSAR!”

La Cooperativa “Esperanza de los Campesinos” ya tiene vínculos con la Asociación Mangle de El Salvador y con la red COMAL de Honduras. Y con otras organizaciones excepcionales de Mesoamérica. Profundizar esos vínculos y ampliar la red con otras organizaciones contribuirá a que enfrenten la avalancha del mercado neoliberal que viene domesticando a los Estados y a las organizaciones. “Una organización aislada no va a ningún lado”, les decía hace décadas el padre Héctor Gallego. Y así es. Las mejores experiencias de Mesoamérica pueden unirse, aprender unas de las otras y construir una nueva visión capaz de despertar al campesinado de nuestra región.

Hasta hoy y desde hace casi cinco décadas esta cooperativa ha sido una esperanza para el campesinado de Santa Fe y de América Latina. Serviliano Aguilar me despide diciéndome: “El padre Héctor pudo hacer hablar y pensar a personas que ni sabían leer y escribir. Y siempre nos dijo: ¡Y no paren de pensar!” Ésa es la buena semilla que cayó en esta buena tierra. Y de ella vienen y vendrán los cambios.



INVESTIGADOR DEL MUNDO RURAL Y FACILITADOR DE PROCESOS DE INNOVACIÓN ORGANIZACIONAL Y DE DESARROLLO. 

Los infiernos de la mujer awajún

Nelly Luna Amancio
www.cpalsocial.org/080217

El cambio climático y la deforestación están destruyendo la economía e incrementando el hambre del pueblo awajún, en la región Amazonas. La reducción de los cultivos, el ingreso de nuevas plagas, las alteraciones del clima y la minería informal han empobrecido a las comunidades ubicadas en las cuencas de los ríos Cenepa, Marañón y Santiago, y alterado los roles que la mujer indígena cumplía en la familia. Los planes de adaptación no contemplan fondos suficientes para enfrentar el impacto económico.

Los apuros de Natividad Chijiap

Hace tanto calor que la tierra tiembla al mediodía. No hay viento ni sombras ni ruidos ni mosquitos que alteren esa turbación infinita que impone el sol a esta hora en la comunidad awajún de Achu, en la región Amazonas. Las pocas mujeres que transitan parecen almas arrancadas de algún espejismo. Delgadas, caminan despacio, regresan de sus chacras con la canasta de yuca colgada de su cabeza. No hablan. “El calor es insoportable, antes no era así, qué será”, se lamenta desde la sombra Natividad Chijiap, una mujer de 40 años y cinco hijos, en esta alejada comunidad oculta entre rabiosos ríos de la Amazonía nororiental del Perú.

Es hora del almuerzo y Natividad y sus hijos comen su dieta habitual: yuca sancochada y un poco de arroz. Esta semana su marido no ha pescado ni cazado nada. “Antes habían más animales”. Antes. La mujer recuerda los sajinos que los viejos cazaban en el monte y los enormes zúngaros que sacaban del río. Ajena a los informes científicos que hablan del calentamiento global y sus impactos en la economía indígena, Natividad Chijiap lanza una certeza que la está matando de hambre: “las yucas salen chiquitas y casi no hay animales para comer, no sé qué más van a comer mis hijos”. La anemia crónica afecta al 70% de los niños awajún.
Un grado más

Los estudios sostienen que un grado más basta para agitar aún más el clima del mundo y alterar para siempre la vida de miles de indígenas. No hay escenario posible con un grado más de temperatura en el mundo que no augure malas noticias para las casi 1.700 comunidades indígenas de la Amazonía peruana: periodos extensos de sequía, reducción en la producción de sus cultivos, pérdida de algunos frutos, ausencia de peces y animales de monte, incremento de enfermedades tropicales y plagas cada vez más resistentes. Los cambios de temperatura en el clima han agudizado la vulnerabilidad de las comunidades, sobre todo en regiones como Amazonas, una de las más pobres del Perú.

Los científicos dicen que si el calentamiento global persiste el 2050 la Amazonía perderá el 80% de sus bosques. “En los últimos tiempos todo ha cambiado, hay más calor, más zancudos, más gente enferma, menos animales, dicen que es cambio climático”, se queja don Sabino Petsa, uno de los awajún más viejos y respetados de Yutupis, comunidad río Santiago, en la provincia de Condorcanqui, Amazonas.
Sabino Petsa conoce el impacto que provoca los cambios en el clima.
Sabino Petsa es hombre y viaja con frecuencia a la ciudad.
La información sobre estos temas llega en castellano.
Sabino Petsa habla castellano.
Su esposa, no.
El lado vulnerable del impacto climático tiene rostro de mujer.
La angustia de Rebeca Awannash

La fuerza de Rebeca Awannash Taisin contrasta con su aparente fragilidad y pequeño tamaño: usa un machete más grande y pesado que sus torneados brazos. Retira la mala hierba de su chacra de la comunidad de Achu y con sus manos remueve la tierra. No hay pausas en su trajín. En la tradición indígena la mujer cosecha la chacra, extrae la yuca, alimenta a sus hijos y es la piedra angular de la salud familiar. Pero en los últimos años ninguna de estas cosas Rebeca Awannash las puede garantizar. Y eso la angustia. “Las yucas que salen son más pequeñas, lo que sale nomás comemos”, dice la awajún de 48 años y 4 hijos. Los alimentos fundamentales de la dieta indígena son cada vez más escasos.
Los infiernos de Condorcanqui

De todas las regiones de la selva peruana, Amazonas es una de las más vulnerables a los impactos del cambio climático. La región arrastra problemas sociales, ambientales y económicos que acentúan los impactos sobre la mujer indígena en estas alejadas tierras. “Muchas mujeres sufren de anemia, no comen bien, pero además vienen con enfermedades de transmisión sexual que sus esposos les han contagiado”, dice Gladys Castillo, obstetra de la comunidad de Yutupis.

A la falta de comida, sobre todo en la provincia de Condorcanqui, se suma la mala calidad del agua. La minería informal que se realiza con dragas en el río Santiago remueve el lecho del río y vierte mercurio sobre las quebradas. Edwin Montenegro, dirigente regional de la Amazonía nororiental, estima que el impacto de esta actividad afecta a más de 50 mil indígenas. La fiebre del oro ha atraído a más migrantes y alterado el empleo local. Los hombres se van a trabajar a la minería o a la ciudad y las mujeres se quedan cuidando la chacra, los hijos.

La permanente migración ha acelerado la deforestación y la presencia de enfermedades de transmisión sexual. Condorcanqui es la provincia con la mayor tasa de VIH y sífilis en población indígena. Y la mala calidad del agua ha convertido a Amazonas en una de las 5 regiones con la mayor tasa de enfermedades diarreicas.

Adaptarse sin presupuestos

La pequeña comunidad de Achu se encuentra a un día en bote de Nieva, la localidad más importante de Condorcanqui, el último lugar al que llega la ruta por carretera, la única ciudad cercana a la que las comunidades pueden llevar sus plátanos y yucas para venderlas. Pero pocos lo hacen. La producción es muy reducida y las ventas apenas compensan el costo del traslado en bote. La agricultura en la región Amazonas es de subsistencia. “Nosotros hemos pedido que nos traigan fertilizantes y químicos contra las plagas, pero no nos hacen caso. Queremos mejorar las chacras y no podemos”, se queja el apu Laureano Yagkug.

Sin cultivos ni chacras saludables la presión para conseguir alimentos para su familia se incrementa sobre la mujer indígena. La estrategia frente al cambio climático se ha concentrado en la conservación de los bosques, pero existen escasos planes locales y regionales con presupuestos específicos para diversificar la actividad productiva de las comunidades. Los planes van dirigidos a los hombres, pero no a las mujeres, qué va a pasar con ellas cuando aquí ya no haya animales ni chacras, moriremos”, dice Edwin Montenegro, dirigente awajún de Amazonas.

La lluvia llega cuando quiere

– ¿En Lima no llueve?
– No
– ¿Y de dónde toman agua?

Lucila Tsejem -como la mayoría de las mujeres indígenas awajún- no conoce la capital del Perú. Nunca ha ido más allá de la desembocadura del río Santiago. La lluvia define su orden y su vida: le dice cuándo hay que sembrar, cuándo cosechar, cuándo podría haber más peces en los ríos, define sus alegrías cuando la lluvia es suave o sus tristezas, cuando esta destruye las casas. “La lluvia llega ahora cuando quiere, hace más calor y hay más plagas”.

Un estudio del Ministerio del Ambiente del 2012 señala que “el cambio climático está alterando la distribución de las plagas y enfermedades de animales y plantas, pero es difícil prever todos sus efectos”. ¿Cómo afecta estos cambios a la mujer awajún? “En la tradición Amazónica, la mujer tiene un papel hegemónico; pero cuando la industria extractiva se instala en alguna zona, la gestión de recursos se altera, se prioriza el desempeño laboral de los hombres y se destruye el rol de la mujer”, explica el antropólogo Willie Guevara.

Ya no es lugar para niños

– ¿No se quieren llevar a un niño de 12 años? Ya sabe trabajar
– Los niños necesitan estar con sus padres.
– No, los niños necesitan hablar castellano, estudiar. Aquí no se puede.
Mientras el padre del niño lanza ese pedido desesperado, la madre escucha en silencio, sentada a su costado. “Cada vez es más difícil encontrar alimentos y pagar los estudios. Los niños necesitan aprender castellano, necesitan comer, estudiar, aquí ya no se puede”, continúa el padre. Los niños de Achu reciben el desayuno escolar, pero muchos no toman la leche porque les cae mal. Luego, durante el almuerzo, y solo si hay suerte (y la suerte llega cada dos o tres semanas), la yuca irá acompañada de algún pedazo de gallina o pescado asado. “No solo los niños tienen anemia, las madres también, a veces se desmayan cuando están trabajando”, dice el apu de Achu, Laureano Yugkag.

Diez de los distritos más pobres del Perú se encuentran en la región Amazonas, cuyas tasas de pobreza alcanzan al 65% y 90% de las familias. En las comunidades de los ríos Santiago y Cenepa, como Achu, las familias sobreviven con los únicos 200 soles (60 dólares) al mes que reciben del programa de apoyo social Juntos.

El fin de los tiempos

Amazonas es un territorio accidentado de cerros abruptos, ríos bravos y valles estrechos. Los awajún -que nunca fueron conquistados por los Incas ni los españoles- han habitado el territorio hace cientos de años. Los actuales dirigentes calculan sus tierras en más de 4 millones de hectáreas, pero solo los 2,2 millones están tituladas. En la cuenca del Río Santiago hay 68 comunidades, pero apenas 28 están tituladas.

“Antes los hombres trabajaban en la caza y la pesca, pero ahora todos quieren trabajar en Nieva o la minería y descuidan la familia”, dice Sabino Petsa -“Petsa, como el pájaro pequeño de alas negras y pecho rojo”-. El hombre de 73 años -fundador de la comunidad de Yutupis- se rasca la cabeza tratando de recordar cómo era el antes que le contaban sus padres y abuelos. Los años estrangulan su memoria: “antes no había problemas de comida”.

Las cifras del aislamiento

El último censo de 2007 estimó en 55.300 habitantes a los awajún.

En Amazonas, el gobierno regional ha destinado alrededor de 975 mil soles en programas de prevención de desastres, reforestación y conservación de la biodiversidad biológica. Gran parte de este presupuesto destinado al pago de planilla.

En 15 años la región Amazonas perdió 55.570 hectáreas de bosques, lo equivalente a 50 veces el distrito de San Isidro, en Lima, o 185 veces el Central Park de Nueva York.

Un estudio del economista Roger Loyola calculó que las pérdidas económicas acumuladas por muertes asociadas al clima representarían el 2030 por lo menos US$66 millones.

Casi 50% del área geográfica de Amazonas está ocupada por pueblos indígenas. En la cuenca del Río Santiago hay 68 comunidades, pero solo 28 están tituladas.


La Amazonía ocupa el 60% del territorio peruano, pero el presupuesto que se destina a sus siete regiones más importantes (Loreto, Madre de Dios, Ucayali, San Martín, Huánuco, Cusco y Amazonas) representa solo el 13% del total nacional.

Los compinches de Trump

Naomi Klein *
www.jornada.unam.mx/250217

Alejémonos para tener una visión más amplia de lo que ahorita ocurre en Washington. Las personas que ya poseen una porción absolutamente obscena de la riqueza del planeta, cuya parte crece año tras año –según el último conteo, ocho hombres son dueños de la mitad del mundo–, están empeñados en obtener más. Las figuras centrales en el gabinete de Donald Trump no sólo son ultrarricos, también obtuvieron su dinero causando daño a los más vulnerables del planeta y al planeta mismo, a sabiendas de que lo hacían. Parece que ese es un requisito para trabajar ahí.

Está el banquero-chatarra Steve Mnuchin, el elegido de Trump para ser secretario del Tesoro, cuya máquina de ejecuciones hipotecarias sin ley echó de sus hogares a decenas de miles de personas.

Y pasando de hipotecas chatarra a alimentos chatarra llegamos a quien Trump eligió para ser secretario del Trabajo, Andrew Puzder. Como ejecutivo en jefe de su imperio de comida chatarra, no le era suficiente pagar a los trabajadores un salario abusivo, con el cual no podían vivir. Varias demandas también acusan a su compañía de robarles salarios a sus trabajadores, al dejar de pagarles por su trabajo y horas extra.

(N de la T: Después de la publicación original de este artículo, Puzder se retiró porque no reunía los votos suficientes en el Senado para ser ratificado como secretario del Trabajo.)

Y pasando de la comida chatarra a la ciencia chatarra, ahí está la elección de Trump para secretario de Estado, Rex Tillerson. Como ejecutivo en jefe de Exxon, su compañía financió y expandió la ciencia chatarra y cabildeó ferozmente, tras bambalinas, contra acciones internacionales para combatir el cambio climático. En parte debido a estos esfuerzos el mundo perdió décadas, durante las cuales deberíamos de haber estado dejando nuestro hábito de consumo de combustibles fósiles; en vez, aceleramos enormemente la crisis climática.

Debido a estas decisiones, innumerables personas en este planeta ya están perdiendo sus hogares, por las tormentas y los crecientes niveles del mar; ya hay quienes mueren a causa de las olas de calor y las sequías, y millones verán desaparecer sus tierras debajo de las olas. Como siempre, los más pobres, mayoritariamente negros y morenos, son los primeros y más afectados.

Hogares robados. Sueldos robados. Culturas y países robados. Todo inmoral. Todo con altas ganancias.

Pero la reacción popular era cada vez mayor. Y por eso esta pandilla de ejecutivos en jefe –y los sectores de los cuales provienen– estaban justificadamente preocupados de que la fiesta llegaba a su fin. Estaban asustados. Banqueros como Mnuchin recuerdan el colapso financiero de 2008 y las discusiones acerca de la nacionalización de la banca. Presenciaron el levantamiento del movimiento Ocupa y luego la resonancia del mensaje antibanquero de Bernie Sanders durante su campaña.

Jefes del sector servicios, como Andrew Puzder, están espantados con el creciente poder de la Lucha por 15 dólares (N de la T: movimiento por el pago de 15 dólares la hora), la cual ha ido obteniendo victorias en ciudades y estados en todo el país. Y si Bernie hubiera ganado en la sorprendentemente cerrada primaria, la campaña podría haber tenido un defensor en la Casa Blanca. Imagine qué tan aterrador es eso para un sector que depende de la explotación laboral para mantener los precios bajos y las ganancias altas.

Y nadie tiene más motivos para temer el ascenso de los movimientos sociales que Tillerson. Debido al creciente poder del movimiento global contra el cambio climático, Exxon está bajo fuego en todos los frentes. Los oleoductos que transportan su petróleo son bloqueados no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Las campañas de desinversión se esparcen como fuego, provocando incertidumbre en los mercados. Y en este último año la Comisión de Bolsa y Valores y varios fiscales generales estatales investigaron engaños cometidos por Exxon.

Que no quede duda: las acciones contra el cambio climático representan una amenaza existencial para Exxon. Las metas de temperatura en el acuerdo climático de París son incompatibles con quemar el carbono que compañías como Exxon tienen en sus reservas, y que es fuente de su valor en el mercado. Por eso los accionistas de Exxon plantean preguntas cada vez más duras acerca de si están a punto de quedarse con un montón de acciones inútiles.

Este es el telón de fondo del ascenso de Trump al poder: nuestros movimientos comenzaban a ganar. No estoy diciendo que eran suficientemente fuertes. No lo eran. No estoy diciendo que estaban suficientemente unidos. No lo estaban. Pero definitivamente algo estaba cambiando. Y en vez de arriesgarse a la posibilidad de un mayor progreso, esta pandilla de portavoces de los combustibles fósiles, comerciantes de comida chatarra y prestamistas depredadores se unieron para asumir el control del gobierno y proteger su mal habida riqueza.

Seamos claros: esta no es una transición pacífica del poder. Es una toma empresarial del poder. Los intereses que desde hace mucho le han pagado a ambos partidos para que acaten sus órdenes, se cansaron de jugar el juego. Al parecer, todas esas cenas con políticos, todo ese adular y esos chantajes legales insultaban su sensación de ser poseedores de un derecho divino.

Así que ahora quitaron al intermediario e hicieron lo que todo mandamás hace cuando quiere que algo se realice bien: lo lleva a cabo él mismo. Exxon para la Secretaría de Estado. Hardee’s para la Secretaría del Trabajo. General Dynamics para la Secretaría de la Defensa. Y los tipos de Goldman básicamente para el resto.

Tras décadas de privatizar a pedazos el Estado decidieron ir por el gobierno. La última frontera final del neoliberalismo. Por eso Trump y sus nominados se ríen de las débiles objeciones a los conflictos de interés: todo es un conflicto de interés, ese es el punto.

¿Qué hacemos al respecto? Primero, siempre recordemos sus debilidades, hasta cuando ponen en práctica su crudo poder. La razón por la cual cayó su máscara, y ahora presenciamos un mandato empresarial sin disfraces, no es porque las empresas se sintieron todopoderosas; es porque les entró pánico.

Es más, la mayoría de los estadunidenses no votó por Trump. Cuarenta por ciento se quedó en sus hogares, y entre quienes votaron una clara mayoría lo hizo por Hillary Clinton. Él ganó dentro de un sistema muy amañado. Aún dentro de este sistema, él no ganó. Clinton y el establishment del Partido Demócrata perdieron. Trump no ganó con abrumador entusiasmo y grandes cifras. Ganó porque Hillary tenía números reducidos y falta de entusiasmo. El establishment del Partido Demócrata no creyó que fuera importante hacer campaña ofreciendo mejoras tangibles para las vidas de las personas. Prácticamente no tenían nada que ofrecer a la gente cuya vida ha sido diezmada por los ataques neoliberales. Pensaron que podían hacer campaña sólo con el miedo a Trump, y no funcionó.

Estas son las buenas noticias: Todo esto hace que Trump sea increíblemente vulnerable. Este es el tipo que llegó al poder diciendo la más atrevida y descarada mentira, vendiéndose como defensor del hombre trabajador, que finalmente iba a enfrentarse al poder e influencia empresariales en Washington. Una parte de su base ya tiene el remordimiento del comprador, y cada vez van a ser más.

¿Algo más a nuestro favor? Esta administración va contra todos a la vez. Hay reportes de un presupuesto de choque y temor: será recortado en 10 billones de dólares a lo largo de 10 años, reducirán todo, desde programas contra la violencia de género, para las artes, apoyos a la energía renovable, a la colaboración comunitaria en la seguridad. Queda claro que esta estrategia de guerra relámpago nos abrumará. Pero podrían terminar sorprendidos: podría unirnos bajo una causa común. Y si la escala de las marchas de las mujeres es un indicador, fue un buen comienzo.

Construir coaliciones robustas en tiempos de una política aislada es un trabajo duro. Hay dolorosas historias que deben ser enfrentadas antes de poder progresar. Además, buscar fondos y el activismo de celebridades suelen confrontar a la gente y los movimientos en vez de promover la colaboración.


Sin embargo, las dificultades no pueden ceder el paso a la desesperanza. Cito un dicho popular de la izquierda francesa: Los tiempos exigen optimismo; guardemos el pesimismo para mejores tiempos. Personalmente, no puedo armarme de optimismo. Pero en este momento, cuando todo está en riesgo, podemos y debemos localizar nuestra más firme determinación.

¿Por qué los déspotas árabes no critican a Trump?

Robert Fisk
www.jornada.unam.mx

Uno pensaría, dada la dureza antimusulmana del gobierno de Trump en Washington, que los reyes y dictadores árabes se estarían uniendo para condenar las despiadadas leyes sectarias elaboradas por un presidente estadunidense que está en favor de la tortura. Todas esas fanfarronadas sobre los tipos malos y el terror islámico. Frases bastante siniestras.

Nada de eso. Los potentados han estado abrumando el conmutador de la Casa Blanca con llamadas, tanto el egipcio Al Sissi como los árabes del Golfo. Emiratos Árabes de hecho expresó aprobación a las políticas de Trump. El monarca jordano, que desde luego fue el primero en llegar a Washington, fue seguido en rápida sucesión al salón del trono de Trump por Benjamin Netanyahu.

Es todo un galimatías. Los europeos levantan las cejas, chasquean la lengua y hasta condenan tibiamente al nuevo gobierno estadunidense, mientras las principales víctimas del nuevo régimen –¿acaso no lo estaremos llamando régimen dentro de poco?– guardan un silencio servil o asienten con aprobación a sus diabluras antimusulmanas. Tal vez haya sido mejor que el pobre Mahmoud Abbas de Palestina no haya recibido contestación a sus tres llamadas telefónicas.

Como todos predijimos, el Isis reaccionó condenando a Trump justo a tiempo. Lo mismo hizo Al Qaeda, cuya referencia al tonto en la Casa Blanca debió haber sido la primera vez en la historia moderna en que la reacción de quienes cometieron los crímenes de lesa humanidad del 11-S fue exactamente la misma que la de la mitad de los estadunidenses. Por cierto, los argelinos también felicitaron a Trump, no mucho después de hacer lo propio con Bashar al Assad por su tremenda (en sus palabras) victoria contra el terrorismo en Alepo oriental. Pero aquí hay más de lo que parece.

Claro, el Isis puede regodearse con que Trump en realidad es antimusulmán y que los dictadores árabes son tan indiferentes como él a sus pueblos. Pero la respuesta de los regímenes árabes al nuevo régimen estadunidense –sí, llamémoslo así– también es indicativa de lo cercanos que están unos de otros.

La mayoría de potentados árabes llevan años alimentando a sus poblaciones con noticias falsas y hechos alternativos. También prometen siempre la victoria final contra la entidad sionista mientras esparcen su furia contra sus aliados. Los sauditas han atacado repetidas veces a Irak y a Siria; Emiratos y Egipto han bombardeado Libia, los sauditas y Emiratos han asaltado a Yemen.

Es un hecho extraño que tanto los árabes como Trump usan clichés. Si no es el mantra de tipo malo/terrorismo islámico del régimen de Trump, es la tontería de sólo-nosotros-combatimos-al-terrorismo-islámico de los regímenes árabes. Los dictadores y los gobiernos violentos de Medio Oriente han estado intercambiando esa basura durante años. Hemos tenido a los Sadat, los Mubarak, los Al Sissi, los Al Assad y los Saddam y a los reyes del Golfo endilgando fantasías a sus pueblos y amenazando a cualquiera que difiera de ellos.

De hecho, la cobarde prensa pro gubernamental de gran parte de Medio Oriente se parece mucho al periodismo complaciente en el que cree Trump. Busquen el equivalente a la televisión estatal egipcia o la televisión siria mirando Fox News. Los agentes árabes de seguridad tienen los poderes que el gobierno estadunidense envidia y que quisiera que su propia policía tuviera. En Medio Oriente, las minorías son reprimidas, los jueces son intimidados, los políticos son amenazados… y sus gobernantes creen en la tortura. ¿Le recuerdan a alguien? ¡Bienvenidos al Mundo Trump!

Recuerdo que el viejo Mubarak de Egipto regalaba a su pueblo, constantes elecciones falsas –tema favorito de Trump–, y recibía felicitaciones de los presidentes estadunidenses, republicanos y demócratas por igual, después de ganar en las urnas por más de 90 por ciento. Sean Spicer, el extremadamente raro amanuense de Trump, y sus infortunados asistentes, tienen contrapartes en todo ministerio de información árabe, templos de la verdad cuyos Spicers se ven obligados a repetir las fantasías y berrinches de sus amos. El paralelo es completo, puesto que los ministerios de información árabes no contienen ninguna información en absoluto.

Tendría que decir que, puesto que Trump y el Mundo Trump son casi intercambiables, hay algo en lo que se desvían con claridad. A menudo se acusa a los árabes de ser antisemitas, porque son anti israelíes. Pero los árabes también son semitas. Dada la negativa de Trump a mencionar a los judíos en el Día del Holocausto y su evidente disgusto por seis naciones musulmanas árabes, el régimen estadunidense podría ser acusado de antisemitismo tanto a causa de los judíos como de los árabes.

Pero seamos justos. Si Trump hiciera una gira por las dictaduras árabes que por el momento no están en guerra, se sentiría bastante en casa. Gran seguridad, policía fantástica, montones de tortura, elecciones extremadamente corruptas y enormes proyectos económicos que dañan el medio ambiente pero resultan por completo inútiles. Y si se une a sus hijos Eric y Donald júnior en la apertura del Torneo Internacional Trump de Golf en Dubai, entonces en verdad estará en el Mundo Trump.


Los potentados, reyes y crueles autócratas árabes deberían reunirse en Washington en su próxima cumbre. Encontrarían una atmósfera muy familiar. Para no hablar del presidente.

El genocidio de indígenas en el sur de Chile que la historia oficial intentó ocultar

Héctor Cossio y Tatiana Oliveros
www.cpalsocial.org/150217

Después de varios años de investigación en la Patagonia chilena y argentina, el historiador español José Luis Alonso Marchante publicó el libro “Menéndez. Rey de la Patagonia”, el texto definitivo –según expertos en el tema– sobre la verdad de la extinción de los selk'nam en la Tierra del Fuego, que en rigor se trató de un exterminio ordenado por José Menéndez, el gran latifundista del sur de Chile, sobre cuya familia existen sendos museos en Punta Arenas, y a quien se le atribuye el desarrollo económico de la región.

El año pasado el historiador español José Luis Alonso Marchante encontró en la Biblioteca Nacional de España el texto original de Treinta años en Tierra del Fuego, del misionero salesiano, gran naturalista y expedicionario Alberto de Agostini. Con este libro en sus manos, el historiador comprobó que en las actuales reediciones del texto, incluida la realizada el 2013, faltaban párrafos y no cualquiera.

En los textos censurados, el misionero era implacable: la extinción del pueblo selk’nam en la Patagonia chilena y argentina no fue obra de su “ignorante glotonería”, “guerra entre tribus” o producto de su "miserable contextura física “, como dictó durante muchos años la historia oficial, sino que producto del exterminio y la cacería, ordenada por un solo hombre: José Menéndez, el gran latifundista del extremo sur de Chile.

“Exploradores, estancieros y soldados no tuvieron escrúpulos en descargar sus mauser contra los infelices indios, como si se tratase de fieras o piezas de caza”, reza uno de los párrafos censurados (De Agostini, 1929: 244).

Este hallazgo junto a otros importantes testimonios se encuentran contenidos en el libro Menéndez. Rey de la Patagonia (Editorial Catalonia), recientemente lanzado en Chile y que, según historiadores expertos en La Patagonia, como Osvaldo Bayer, vendría siendo “el libro definitivo sobre la verdad ocurrida en el sur chileno y argentino”.

“Hubo dos cosas que me impactaron en la investigación: el genocidio de todo un pueblo (los selk´nam) en pleno siglo XX y la trágica suerte de los obreros (también masacrados) que trabajan en esas estancias”, dice Alonso Marchante, casi al comienzo de la conversación con Cultura + Ciudad, en la que explica sin eufemismos la naturaleza de la responsabilidad criminal de quien fuera también el abuelo de Enrique Campos Menéndez, el escritor favorito de Pinochet y redactor de los bandos militares del Golpe.

La censura

La censura en el texto de De Agostini, explica Alonso Marchante, fue más bien una autocensura que el religioso aplicó a sus libros luego que la Congregación fuera presionada por el poder de Menéndez para cambiar la historia y exculpar de la masacre al más grande latifundista del sur de Chile, quien acumulara una de las más grandes fortunas de América Latina con el comercio lanero.

“Los primeros salesianos no negaban las matanzas, los primeros, como Faganno y De Agostini, fueron gente que estuvieron en el terreno, que levantaron las misiones de la nada, y en sus diarios publicaban cómo se estaban exterminando a los indígenas. Ocurre que después hubo un cambio en la historiografía de los salesianos. Los que vienen después ya están sometidos al poder económico de los Menéndez, entonces ahí se reescribe la historia de la colonización, y ahí sostienen que los indios simplemente desaparecen sin que mediaran los estancieros”, explica Alonso.

La motivación por investigar el papel de Menéndez y de sus descendientes en Chile nació casi por casualidad. Un día –cuenta– paseando por el Museo Asturiano en Buenos Aires, encontró un busto de José Menéndez. Nunca había escuchado una palabra de él, pese a que el historiador también es asturiano. En su región natal, Alonso no encontró calle que llevara su nombre, pero sí una escuela –fundada a comienzos del siglo pasado–, que era la forma que tenían los indianos (como se conoce a los colonos europeos que viajaron a América) de retribuir a su patria la fortuna alcanzada en sus aventuras.

“Se construyeron más de 350 escuelas en Asturias, en las primeras décadas del siglo XX, y entre ellas está la de José Menéndez en Miranda y que lleva su nombre”, cuenta Alonso, remarcando así el punto de partida de una historia marcada por la fortuna, la crueldad y la mentira.

El imperio Menéndez

En la región de Magallanes, específicamente en Punta Arenas, las mansiones de la familia Menéndez se conservan en forma de museos, dando cuenta –a través de su fastuosidad– de la época dorada de la región magallánica.

En el libro se explica que Menéndez, tras una breve estancia en Cuba, llega a Chile en 1868. Al poco tiempo recibe miles de hectáreas como beneficio del gobierno chileno por la colonización en el sur. La idea era traer el desarrollo económico a la zona y establecer reservas indígenas. En esos años Mauricio Braun, otro inmigrante, también había recibido miles de hectáreas, lo mismo que Julius Popper en Argentina.

Alonso Marchante cuenta que, como parte de una gran inversión, las familias Menéndez y Braun se unen a través del matrimonio de sus hijos, y las tierras de Popper, tras una extraña muerte por presunto envenenamiento, son cedidas a Menéndez, convirtiéndose este último en el dueño y señor de toda la Patagonia chilena y argentina a través de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego.

El imperio económico, que llegó a sumar bancos y navieras, tuvo su origen el comercio de lana de oveja, que vendían a Inglaterra a cambio de libras esterlinas. En la inserción de las ovejas en la zona y consecuente desplazamiento del guanaco, animal que poblaba esas zonas, se encuentra –según el libro– el origen de una de las matanzas más grandes de indígenas y que contó con todo el poder editorial de esos años para tapar el genocidio.

El exterminio de los selk’nam

“A medida que comenzó a avanzar la frontera ovina, porque toda la riqueza de las dinastías económicas se sustentaba en el ganado de lana”, cuenta el historiador, “comenzaron a requerirse cada vez más tierras para terminar instalándose en el territorio selk’nam”.

Al instalarse en la zona, se divide el terreno mediante alambradas, y el guanaco –principal sustento alimenticio y de abrigo de los ona– se ve arrinconado hacia tierras más altas.

“Una vez que el guanaco desaparece los selk’nam empiezan a pasar hambre. Cuando se dan cuenta de la aparición de las ovejas empiezan a alimentarse de este animal y lo entienden como algo absolutamente natural, no saben muy bien cómo han aparecido esas ovejas ahí, ni conocían el concepto de propiedad”, explica el historiador.

“Cuando los selk’nam empiezan a atacar a las ovejas, José Menéndez da la orden de acabar con ellos. Lo hacen primero disparándoles directamente para exterminarlos, y con las mujeres y niños se produce una cacería. Los van cazando para después ofrecerlos en plazas públicas”, cuenta Alonso, quien precisa que todo esto es muy posterior a la exhibición de indígenas como piezas de circo, en lo que se llamó “zoológicos humanos”.

La familia Menéndez, especialmente José Menéndez –remarca el historiador–, fueron los instigadores de la matanza. “José Menéndez puso como capataz y como administrador de su estancia a un escocés de nombre Alexander Mc Lennan (El chancho colorado), quien fue el mayor matador de indígenas y reconocido por él mismo. Él recibía órdenes directas de José Menéndez, era su empleado”.

En el libro se sostiene que por cada indígena muerto, Menéndez pagaba una libra esterlina, de modo que en la fortuna que alcanzó a tener este escocés podría incluso calcularse la cantidad de indígenas asesinados y que, de acuerdo a las versiones de otros historiadores, podría estimarse en varios cientos, si no miles.

“Cuando se retiró Mc Lennan, José Menéndez le regaló un carísimo reloj en agradecimiento por todos esos servicios”, relata.
La historia oficial

“Logré contactarme con un bisnieto de Alexander Mc Lennan, quien me decía que no se puede decir que esté bien matar indios, pero que, gracias a lo que hizo su abuelo y José Menéndez, hoy no hay indígenas en la Tierra del Fuego, así que no hay problemas. Y eso me lo dicen en pleno 2014”, recuerda con asombro el historiador.

Durante muchos años, la historia oficial que se contó tuvo como propósito ocultar los crímenes, que fueron incluso celebrados como deporte.

En 1971, el historiador y descendiente del clan, Armando Braun Menéndez, portavoz de los estancieros, señala que como causa de muerte de los indígenas estaban sus hábitos alimenticios. “Era frecuente observar al lado de los restos de una ballena, los cadáveres de los indígenas que, llegados tarde al festín, habían sido víctimas de su ignorante glotonería” (Braun 1971: 135). Insiste a tal punto en el tema que escribe que “era tan miserable su contextura física que no pudieron soportar ni su propio clima”.

Esta absurda conjetura –explica Alonso en su libro– chocó con la respuesta contundente del etnólogo suizo Jean-Christian Spahni, quien señala: “Mis investigaciones alrededor de los habitantes me han demostrado que los genocidios habían existido realmente y que fueron causados justamente por los propietarios de las estancias a los que Armando Braun intenta defender”.

Otro de los herederos de los hacendados, el escritor favorito de Pinochet, Enrique Campos Ménendez, llega incluso a exponer sus dudas sobre un posible canibalismo de los selk’nam, cuestión que, al momento de sus dichos, ya nadie se atrevía siquiera a mencionar.
La historia oficial de negación del genocidio intenta a tal punto instalarse, que otro de los herederos, Eduardo Braun Menéndez, llega a obligar –se narra en el libro– “al científico Alexander Lipschutz (Premio Nacional de Ciencias 1969) a la eliminación de cualquier referencia a la caza de indígenas, como paso previo para publicar sus ensayos en la revista Ciencia e investigación, que dirigía el nieto de José Menéndez”.

La Patagonia trágica

Además del exterminio de los ona, el libro de Alonso toca otro de los temas sensibles en la Patagonia, y que tiene que ver con las matanzas de más de 1.400 obreros chilenos en 1921.
Estos crímenes fueron recogidos en un libro llamado La Patagonia Trágica, publicado en Argentina en 1928 por José María Borrero. En este libro, escrito sin rigurosidad científica, había una denuncia en cada página y al poco tiempo se convirtió en un mito al desaparecer de las librerías. Un segundo texto, presuntamente llamado Orgías de sangre y que, según el mito, narraba los asesinatos de 1921, se convirtió en leyenda tras asegurarse que el manuscrito había sido robado y quemado.

Parte de esa historia fue recogida con seriedad científica por Osvaldo Bayer, quien publicó La Patagonia rebelde, en 1972, un libro testimonial de no ficción que trataba sobre la lucha protagonizada por los trabajadores anarcosindicalistas en rebelión de la provincia de Santa Cruz, en la Patagonia argentina, entre 1920 y 1921.

Esta historia comenzó como una huelga contra la explotación de los obreros por parte de sus patrones, luego reprimida por el ejército al mando del teniente Héctor Benigno Varela, enviado por el entonces presidente Hipólito Yrigoyen.

“Fusilaron a centenares de peones de las estancias, la mayoría de ellos chilenos, pero también asturianos, argentinos, alemanes, italianos. Esas son las dos grandes tragedias de esta historia, creo que no la podemos ver con una sonrisa porque es una historia trágica, porque desaparecen de manera brutal los pueblos que habitaron por milenios esas tierras y además hay una represión salvaje sobre los peones que trabajaron en las estancias”, sostiene Alonso Marchante, de cuyo libro el propio Bayer reconoce que “después de este acopio de pruebas nadie podrá señalar que las versiones críticas que surgieron a medida que se producían los hechos eran exageradas o de pura imaginación”.

Como historiador, ¿crees que hay responsabilidad del Estado chileno en estas masacres?

–Los peones fueron fusilados por el ejército argentino, pero la mayoría eran chilenos, y las autoridades chilenas no solamente no levantaron la voz sino que colaboraron con las autoridades argentinas en el silencio. Esto lo demostró Osvaldo Bayer hace ya mucho tiempo, cuando descubrió cómo los propios carabineros chilenos llevaban a los peones a Argentina, en donde el ejército de ese país los fusiló. Es verdad que estos hechos ocurrieron hace casi un siglo, pero los Estados deben hacer un reconocimiento.

En Argentina, en la zona en que ocurrieron los fusilamientos, en cada cuartel en donde hubo un centro de detención hay unas placas que identifican que en ese lugar y en ese cuartel se mató gente. Yo no sé qué homenajes han hecho las autoridades chilenas a esos peones.


Teología de la desigualdad

José M. Castillo S.
www.religiondigital.com/24.02.17

Una teología de la desigualdad, nunca definida pero claramente aplicada, se encuentra bien formulada en el vigente Código de Derecho Canónico de la Iglesia católica.

En el Código, como sabemos, las mujeres no son iguales en derechos a los hombres. Ni los laicos son iguales a los clérigos. Ni los presbíteros tienen los mismos derechos que los obispos. Ni los obispos se igualan con los cardenales. Y conste que no hablo de los poderes inherentes al gobernante, sino de los derechos que son propios de las personas. Ya sé que todo esto necesitaría una serie de precisiones jurídicas y teológicas, que aquí no tengo espacio para explicar. Para lo que en esta reflexión quiero indicar, valga lo dicho como mera introducción a la teología de la desigualdad en la Iglesia.

Como punto de partida, no olvidemos que la religión es generalmente aceptada como un sistema de rangos, que implican dependencia, sumisión y subordinación a superiores invisibles (W, Burkert). Superiores que se hacen visibles en jerarquías que hacen cumplir los rituales de sumisión, según las diversas religiones y sus estructuras correspondientes. En el caso de la Iglesia católica, durante los tres primeros siglos, las originales comunidades evangélicas fueron derivando hacia un “sistema de dominación”, con las consiguientes desigualdades, que todo sistema de dominación produce, y que quedó establecido en la antigüedad tardía (J. Fernández Ubiña, ed.).
Este sistema, como es bien sabido, alcanzó la cumbre de su fortaleza en su expresión máxima, la “potestad plena” (ss. XI al XIII). Un poder que se ejercía conforme a la normativa del Derecho romano (Peter G. Stein), que no reconoció la igualdad “en dignidad y derechos” de mujeres, esclavos y extranjeros.

Como es lógico, este sistema, no ya basado en las “diferencias”, sino en las “desigualdades”, sufrió el golpe más duro, que podía soportar, en las ideas y las leyes que produjo la Ilustración, concretamente en la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, que aprobó la asamblea francesa, en 1789. Un documento que fue denunciado y rechazado por el papa Pío VI. Lo que fue el punto de partida del duro enfrentamiento entre la Iglesia y la cultura de la modernidad. Un enfrentamiento que se prolongó durante más de siglo y medio, hasta después de la segunda guerra mundial.

Naturalmente, esta legislación y esta forma de entender la presencia de la Iglesia en la sociedad se tenía que justificar desde una determinada teología. La teología de la desigualdad, que el papa León XIII recogió de una tradición de siglos, para rechazar las enseñanzas de los socialistas, que, a juicio de aquel papa “no dejan de enseñar… que todos los hombres son entre sí iguales por naturaleza” (Enc. Quod Apostolici. ASS XI, 1878, 372). Cuando en realidad, para León XIII, “La desigualdad, en derechos y poderes, dimana del mismo Autor de la naturaleza”. Y tiene que ser así, “para que la razón de ser de la obediencia resulte fácil, firme y lo más noble” (ASS XI, 372).

Así, el papado de aquellos tiempos pretendió aplicar a la sociedad civil el principio determinante del sistema eclesiástico, que quedó formulado por el papa Pío X, en 1906: “En la sola jerarquía residen el derecho y la autoridad necesaria para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y, dócilmente, el de seguir a sus pastores” (Enc. Vehementer Nos, II-II. ASS 39 (1906) 8-9). La teología de la desigualdad quedó bien formulada, como una teoría y una práctica que, con otras palabras, ya había sido formulada desde Gregorio VII (s. XI) y afianzada por Inocencio III (ss. XII-XIII).

Uno de los componentes determinantes de la cultura es la religión. Por eso, una cultura como es el caso de lo que ha ocurrido en occidente durante tantos siglos, la teología de la desigualdad ha marcado la mentalidad, el derecho, la política, las costumbres y las convicciones, de la cultura occidental, mucho más de lo que seguramente imaginamos.

El contraste con esta teología está en el Evangelio. Jesús quiso, a toda costa, la igualdad en dignidad y derechos de todos los seres humanos. Por eso se puso de parte de los más débiles, de los más despreciados, de los más desamparados. Esto supuesto, yo me pregunto por qué hay tanta gente de la religión –o muy religiosa– que no disimula su rechazo y hasta su enfrentamiento con el papa Francisco.

Más aún, yo me pregunto también si el profundo malestar, y hasta la indignación, que se está viviendo ahora mismo en España, no tendrá algo (o mucho) que ver con la teología de la desigualdad y sus defensores, los clérigos de alto rango. Es más, yo me atrevo a preguntar si España está preparada, en este momento, para aguantar un cambio tan radical, en nuestras leyes, jueces y fiscales, que no fueran los “robagallinas”, sino los más altos dirigentes de la política y de la economía los que se echaran a temblar.

¿Es o no es importante la teología de la desigualdad? En todo caso, yo no tengo soluciones. Ni esa es mi tarea en la vida. Me limito a plantear preguntas, que nos obliguen a todos a pensar.