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Un sacerdote valiente en La Comunidad

Andreas Boueke
www.elperiodico.com.gt/020417

Al padre Javier Arteta le importa que su iglesia este abierta para la juventud.

Desde el principio del siglo la mayoría de países latinos ha logrado avances significativos en su desarrollo económico y social. El panorama en Guatemala es diferente. Aquí no se ha logrado cumplir con los objetivos de desarrollo en cuanto a temas como la mortalidad infantil, la desnutrición o la pobreza extrema. La violencia cotidiana está frenando el desarrollo, especialmente en los barrios marginales de los centros urbanos. En muchos de estos lugares hay una presencia de la Iglesia católica.

Faltan pocos minutos para el inicio de la misa dominical en la iglesia San José. Varias mujeres todavía se esfuerzan en decorar las paredes con flores. Unas trescientas personas están sentadas en sillas de plástico. Varios hombres visten trajes formales y unas mujeres se pusieron vestidos elegantes, algo de joyería y bastante maquillaje. Pero varios fieles tienen puesto zapatos empolvados, lo que revela su caminata a través de senderos que inician en las profundidades de los barrancos. Tuvieron que ascender desde su covacha para llegar a la iglesia católica de La Comunidad, un poblado que se encuentra en el Sur de Mixco. La mayoría de los 100 mil habitantes son migrantes internos del área rural que se asentaron durante los últimos 20 años.

El sacerdote Javier Arteta llegó hace nueve años. Desde entonces no ha logrado inspirar mucha esperanza en su congregación. Sabe que hablar de un futuro mejor sería mentira. “Estamos en una zona roja donde la violencia es constante. Tengo que hacer demasiados funerales de jóvenes asesinados. Llego en la noche y rezo con la gente, ¿qué más puedo hacer?”.

El padre Javier tiene acceso a información exclusiva sobre el futuro. A través de la confesión logra conocer el estado de ánimo de la generación joven. “Ellos están envenenados. Cuando los niños de primera comunión se confiesan, se notan sus rencores. Están afectados profundamente porque sus familiares fueron asesinados. Quizás uno los mira jugando fútbol como si nada, pero ahí hay algo que no sana. La violencia es como un cáncer. Trato de ayudarles, pero no es fácil. Cuando llegan a los 15 años, el rencor aflora y empiezan a tomar una pistola. Hay que tratar de ayudarlos para que se calmen, para que puedan asumir el dolor y superarlo. No sé qué otra cosa podemos hacer”.

El sacerdote no se preocupa mucho por su propia seguridad. “Tengo 74 años. Ya no voy a trabajar en otra congregación. No tengo nada que perder. Pero cuando matan a estos jóvenes se pierden vidas enteras. ¿Quién sabe qué cosas podrían haber logrado en sus vidas?”.

El padre Javier no cree poder cambiar la situación, pero está contento con su trabajo en La Comunidad. “Aquí la iglesia es pobre, vive pobremente. El arzobispo vive pobremente. Muchos sacerdotes van a pie, a veces van en bus. No tenemos muchos medios.”

El papel de la Iglesia

En el año 2000, las Naciones Unidas acordaron metas de desarrollo del milenio, incluyendo la lucha contra la pobreza extrema y la reducción de la mortalidad infantil. Guatemala es considerado uno de los países con menos avances en el desarrollo. Aquí no se cumplió con el 60 por ciento de las metas del milenio. Pero Javier Arteta está orgulloso de algunos éxitos en su congregación. Por ejemplo, el desayuno nutritivo que se entrega a doscientos niños.

“El padre Javier hace mucho”, dice Ninfa Alarcón, la coordinadora del programa de los derechos infantiles de la ODAH. “Me gusta que tenga un espacio abierto para la comunidad. En su congregación hay vida”.

La activista ha dado talleres a las mujeres y los jóvenes de la parroquia San José. “Pero claro que se puede hacer más”, insiste. “La Iglesia tiene un nivel de influencia fuerte en las comunidades, en las familias. Por ejemplo, puede orientar en contra del maltrato infantil. Los chiquitos son golpeados, maltratados en el mismo entorno donde deberían estar protegidos. Hay abuso sexual por parte de padrastros, tíos, abuelos, papás incluso. La Iglesia debe abordar estos temas”.

Consuelo para las víctimas

Uno de los catequistas más activos de la parroquia es César Puac. Un hombre delgado que se tomó la tarea de apoyar a aquellos fieles que están pasando por una fuerte crisis. “Aquí hay mucha extorsión”, dice. “Esto resulta en secuestros y asesinatos. Personas mueren porque decidieron abrir una tienda o algún comercio”.

César Puac parece cansado, pero todavía logra juntar el ánimo para confrontarse con el sufrimiento de su prójimo. “Hoy voy a visitar a una madre que está de luto por la muerte de su hijo”.

Doña Aura vive con su hija de 15 años en una casa de lámina junto a otras cinco familias. Tuvo cuatro hijos. Hace un mes mataron a Miguel, su hijo de 21 años. “De primero murió mi esposo de enfermedad”, relata. “Después murió mi bebé de tres meses y ahora mi hijo. Ya es el segundo. Mi hijo mayor fue asesinado cuando tenía 20 años”.

¿Cómo es posible que una madre pueda superar tantos golpes del destino? ¿Cómo logra levantarse cada día para ir a trabajar? César Puac tiene una respuesta: “No hay de otra”.

El catequista reconoce que tales historias todavía le impactan. “Uno quisiera hacer más, apoyar económicamente y también con el corazón. Yo entiendo lo que ella siente. Mi familia pasó por lo mismo cuando mataron a mi sobrino”.

Ante tanto dolor, el psicólogo Marco Antonio Garavito se preocupa por los fundamentos éticos de la sociedad guatemalteca. “Cuando vivimos tales experiencias, todos los seres humanos pasamos por un proceso de duelo. En el caso de Guatemala este proceso se ha acelerado. Hay que vivir duelos rapiditos, porque ya vienen muchas pérdidas más. No puedes poner un duelo encima del otro”.

El Director de la Liga de Higiene Mental opina que la Iglesia católica no tiene suficiente capacidad moral para contrarrestar esto. “Históricamente la Iglesia fomentó la tolerancia hacia la frustración. Te dice que el reino del cielo es tuyo, aunque aquí en el mundo vives la peor pobreza. Esta idea ha generado un concepto de fatalismo en la población pobre de toda América Latina. La gente acepta la pobreza porque supuestamente Dios así lo planteó. Dice: Es mi cruz, pero en el cielo voy a estar feliz”.

Esas críticas no le preocupan al padre Javier. Sigue su camino con pasos pequeños. En sus prédicas habla de la importancia de educar sin violencia. Pero sabe que esos mensajes no son suficientes para realmente cambiar la situación en La Comunidad. “Yo no veo ninguna solución. Hacemos lo que podemos”.

Muchas veces el sacerdote se encuentra con que no hay padre de familia en las casitas más humildes. Hace poco visitó a una mujer que recoge chatarra para poder darles de comer a sus tres hijos. “Tratamos de meter los niños a la escuela para que no resulten ser delincuentes. Les damos ropa, comida. En La Comunidad hay alrededor de diez mil familias en condiciones similares. Pero bueno, quizá podemos apoyar a tres familias. Ya es algo”.


Chile y Bolivia, crónica de un mar de injusticias

Katu Arkonada
www.jornada.unam.mx/010417

La reciente detención ilegal por parte de Chile de nueve bolivianos (siete miembros de la aduana y dos de las fuerzas armadas), mientras se encontraban combatiendo el contrabando ilegal que, proveniente de Chile, asola la frontera boliviana, ha colocado en el punto de mira el diferendo histórico y la disputa geopolítica entre estas dos naciones vecinas.

La república de Bolívar (en honor a su primer presidente, el Libertador) nace en 1825 con 400 kilómetros de costa; cuatro puertos: Antofagasta, Cobija, Tocopilla y Mejillones, y dos poblaciones interiores: Calama y Antofagasta. Incluso, las constituciones chilenas de 1822, 1823, 1828 y 1833 afirmaban que su límite por el norte era el desierto de Atacama.

Pero el voraz apetito de las élites nacionales, cipayas del capital trasnacional, por los recursos naturales de una costa boliviana rica en guano, salitre, bórax, cobre y plata, impulsó una invasión en 1879 para arrebatarle (con la cobardía de ni siquiera mediar una declaración de guerra previa) 120 mil kilómetros cuadrados de territorio.

Ya en 1900 lo dejó escrito Abraham Konig, ministro plenipotenciario de Chile en La Paz: Chile ha ocupado el litoral y se ha apoderado de él con el mismo título que Alemania anexó al imperio la Alsacia y la Lorena, con el mismo título con que Estados Unidos de América del Norte ha tomado Puerto Rico. Nuestros derechos nacen de la victoria, la ley suprema de las naciones. Que el litoral es rico y vale muchos millones, eso ya lo sabíamos. Lo guardamos porque vale, que si no lo valiera, no habría interés en su conservación.

Después de la ocupación militar, Chile obligó a Bolivia en 1904 a firmar un tratado que reconociera su soberanía sobre el territorio conquistado por la fuerza. Sin embargo, fueron incontables las ocasiones durante los siguientes 100 años en las que Santiago propuso a La Paz una salida al mar con soberanía.

En 1979 la propia Organización de Estados Americanos (OEA), durante su novena asamblea general, aprobó una resolución calificando la demanda marítima de Bolivia de asunto de interés hemisférico, recomendando a los dos países que inicien negociaciones encaminadas a dar a Bolivia una conexión territorial libre y soberana con el océano Pacífico.

Asimismo, en 1980 y 1981 se aprobaron resoluciones (con el voto favorable de Chile) que instaban al diálogo con el fin de dar a Bolivia un acceso al mar con soberanía. Es de destacar también la resolución de la decimotercera asamblea de la OEA de 1983, en la que mediante consenso y de nuevo el voto favorable de Chile se conminaba a los dos países a comenzar un proceso de acercamiento y reforzamiento de la amistad de los pueblos boliviano y chileno, orientado a una normalización de sus relaciones tendente a superar las dificultades que los separan, incluyendo, en especial, una fórmula que haga posible dar a Bolivia una salida soberana al océano Pacífico sobre las bases que consulten las recíprocas conveniencias y los derechos e intereses de las partes involucradas.

Debido a esos antecedentes históricos Bolivia demandó a Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, esperando que, dados los antecedentes históricos en los que Chile ha ofrecido una salida al mar con soberanía, la Corte determine la obligación de Chile de negociar esa salida soberana al Pacífico.

Y como la casualidad no existe y sí la causalidad, horas antes de que Bolivia presentara la réplica a la memoria chilena en la Corte Internacional se detuvo a nueve bolivianos con la intención de hacer un ruido que tapara lo que iba a suceder en La Haya. Pero los pueblos tienen memoria y hacen más vigentes que nunca las palabras del primer y último presidente socialista que tuvo Chile:

Ha llegado la hora de la gran reparación de una injusticia. Chile tiene una centenaria deuda y estamos dispuestos a emprender una solución histórica. Bolivia retornará soberana a las costas del Pacífico. No le pedimos nada al sufrido pueblo trabajador boliviano, queremos solamente reparar el despojo cruel del que ha sido víctima. Los escritores y todos los hombres y mujeres de buena voluntad deben venir a Chile y explicar sus anhelos, discutir, crear las condiciones objetivas y subjetivas en el pueblo chileno para poder llegar al feliz entendimiento.


Son esos pueblos, que buscan la integración y no la privatización de un mar en manos de siete familias, los que reclaman hoy la libertad de nueve compatriotas bolivianos, pero sobre todo latinoamericanos. Porque la demanda de mar para Bolivia es un derecho histórico, pero sobre todo una necesidad para la integración americana.

¿Qué significa democratizar la comunicación en la época de “la posverdad”?

Aram Aharonian
www.envio.org.ni/marzo2017

Hoy, la posverdad es el arma de desorientación masiva de la opinión pública, empleada por los grandes medios de comunicación y por todos los líderes políticos. Donald Trump es el principal exponente de la política de la posverdad.

¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información? ¿Hablamos sólo de redistribución de frecuencias radioeléctricas para garantizar el derecho humano a la información y a la comunicación? ¿De qué forma la redistribución equitativa de frecuencias -éstas patrimonio de la Humanidad- entre los sectores comercial, estatal o público y popular (comunitario, alternativo, etc.) puede garantizar la democratización de la comunicación e impedir la concentración mediática?

A veces pienso que nos instan, nos empujan, a pelear en campos de batalla equivocados o ya obsoletos, mientras se desarrollan estrategias, tácticas y ofensivas en nuevos campos de batalla. El mundo avanza, la tecnología avanza… y pareciera que nosotros -desde lo que llamamos el campo popular- seguimos aferrados a los mismos reclamos y reivindicaciones de un mundo que ya (casi) no existe.

EL PROBLEMA NO ES SÓLO LA CONCENTRACIÓN OLIGOPÓLICA DE LOS MEDIOS

El mundo cambia, sí, pero el tema de los medios de comunicación social sigue siendo, como en 1980, cuando el Informe McBride, fundamental para el futuro de nuestras democracias. El problema de hoy es la concentración oligopólica: 1,500 periódicos, 1,100 revistas, 9,000 estaciones de radio, 1,500 televisoras, 2,400 editoriales están hoy controlados por sólo 6 corporaciones transnacionales.

Pero ése no es el único problema. Hoy los temas de la agenda mediática tienen que ver con la integración vertical de proveedores de servicios de comunicación, con compañías que producen contenido, con la llegada directa de los contenidos a los dispositivos móviles y con la transnacionalización de la comunicación y sus cortocircuitos con los medios hegemónicos locales. También tienen que ver con los temas de la vigilancia, la manipulación, la transparencia y la gobernanza en Internet y con el “ruido” en las redes que hace el video, un formato destinado a reinar en los próximos años.

Éstos son, hoy en día, junto al largamente anunciado ocaso de la prensa escrita y a la vigencia de la guerra de cuarta generación y el terrorismo mediático, los vértices fundamentales para reflexionar sobre el tema de la democracia de la comunicación, mirando no hacia el pasado, sino hacia el futuro que nos invade.

Hipotéticamente, si realmente en América Latina el 33% de las frecuencias fueran concedidas a los medios populares, ¿quiénes abastecerían de contenidos a tal cantidad de canales y radios? Entonces, ¿de qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información?

UN IMPERIO MEDIÁTICO NUNCA ANTES VISTO

Han pasado 140 años desde que Alexander Graham Bell utilizó por primera vez su teléfono experimental para decirle a su asistente de laboratorio: “Señor Watson, venga, quiero verlo”. Su invención transformaría la comunicación humana y el mundo. La empresa creada por Bell creció hasta transformarse en un inmenso monopolio: AT&T.

En 1982 el gobierno estadounidense consideró que esa empresa era demasiado poderosa y dispuso la desintegración de la ya gigante de las telecomunicaciones. Hoy AT&T ha regresado, anunciando la adquisición de Time Warner, una de las principales compañías de medios de comunicación y producción de contenidos a nivel mundial. Juntas conformarán uno de los más grandes conglomerados del entretenimiento y las comunicaciones del planeta. Sería la mayor adquisición de AT&T hasta la fecha y llegaría sólo un año después de que AT&T comprara DirecTV.

La fusión propuesta, que aún debe ser sometida a estudio por las autoridades, representa desde ahora no sólo una significativa amenaza a la privacidad y a la libertad básica de comunicarse, sino también un cambio paradigmático en lo que hasta hoy hemos entendido como comunicación.

AT&T ocupa hoy el décimo lugar entre las 500 compañías más grandes de Estados Unidos. Si adquiriera Time Warner, que ocupa el lugar 99 de la lista Forbes, se crearía una enorme corporación, integrada verticalmente, que controlaría no sólo una amplia cantidad de contenidos audiovisuales, sino la forma en que la población accedería a esos contenidos.

Según Candace Clement, de “Free Press”, esta fusión generaría un imperio mediático nunca antes visto. AT&T controlaría el acceso al Internet móvil y por cable, a los canales de televisión por cable, a las franquicias de películas, tendría un estudio de cine y televisión y otras empresas de la industria. Todo esto significa que AT&T controlaría el acceso al Internet de cientos de millones de personas y controlaría los contenidos que miran, lo que le permitiría dar prioridad a su propia oferta y hacer uso de recursos engañosos que socavarían la neutralidad de la red.
BUSCAN CONVERTIR LA DEMOCRACIA EN UNA DICTADURA DE LA INFORMACIÓN

El mundo de hoy no es el mismo de antes. Tampoco es el mundo de 1980, cuando se publicó el Informe McBride, aunque tanto derecha como izquierda crean que seguimos en 1990. Es difícil a quienes como uno venimos de la época de la tipografía y la linotipia, de los télex y teletipos -o del dogmatismo y la repetición de consignas-, asimilar los cambios tecnológicos y la realidad del mundo actual, donde imperan el big data, la inteligencia artificial… y la plutocracia.

Según los últimos cálculos, en el mundo hay unos 10 zetabytes de información (un zetabyte es un 1 con 21 ceros detrás), que podrían convertirse en nueve mil pilas que llegarían hasta el sol. Desde 2014 hasta hoy los seres humanos hemos creado tanta información como desde la Prehistoria hasta el año 2014. Y la única manera de interpretar esa información es con máquinas.

El Deep Learning es la manera como se hace la Inteligencia Artificial desde hace cinco años: son redes neuronales que funcionan de manera muy similar al cerebro con muchas jerarquías. Apple y Google y todas las Siri en el teléfono, todas lo usan.

El Big Data permite a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones. Se adelantan a cuánto saben las grandes empresas de nosotros y se adelantan también a lo que más les preocupa: lo fácil que está siendo convertir la democracia en una dictadura de la información, encerrando a cada ciudadano en una burbuja distinta.

Si uno tiene Gmail en su celular con Wifi, puede ver en Google Maps un mapa mundial que muestra dónde estuvo uno cada día, a cada hora, durante los últimos dos o tres años. No tiene por qué creerme: consulte www.google.com/maps/timeline. Es una información que se puede coleccionar al aceptar los términos de licencia cuando uno instala en su celular la aplicación.

También las empresas telefónicas, que uno supone que sólo nos cobran el plan, hacen buenos negocios con nuestros datos. Por ejemplo, Smart Steps es la empresa de la española Telefónica, que vende los datos de los celulares Movistar.

Así, de la noche a la mañana la gente pasó a tener un sensor de sí mismo las veinticuatro horas del día. Hoy no sólo se puede saber dónde están las personas. También podemos saber qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, cuáles son sus ideas políticas, cómo vive su vida social...

CÓMO USÓ ESOS DATOS DONALD TRUMP EN SU CAMPAÑA ELECTORAL

El científico alemán Martin Hilbert, asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, señala que algunos estudios ya han logrado predecir un montón de cosas a partir de nuestra conducta en Facebook.

Dice Hilbert: “Teniendo entre 100 y 250 likes (“me gusta”) tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Se puede abusar también, como Barack Obama y Donald Trump lo hicieron en sus campañas y como Hillary Clinton no lo hizo y perdió. Ésos son los datos que Trump usó”.

Con 150 likes los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Michal Kosinski en Cambridge. Después, un empresario lo tuvo en cuenta y creó la Cambridge Analytica y Donald Trump contrató a la Cambridge Analytica para su campaña electoral.

“Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano habilitado para votar. Consiguieron casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, tenía 16 millones de perfiles en 2012, pero en 2016 estaban todos. En promedio, puedes tener unos 5 mil datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, los empezaron a atacar”, señala Hilbert.

Y continúa: “Por ejemplo, si Trump decía “Defiendo el derecho a tener armas”, algunos recibían esa frase con la imagen de un criminal entrando a una casa porque saben que es gente más miedosa. Otros, más patriotas, la recibían con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump, pero con dos versiones. Crearon 175 mil versiones para miles de declaraciones de Trump. Claro, te lavan el cerebro. Esto no tiene nada que ver con la democracia. Es populismo puro: te dicen exactamente lo que quieres escuchar”.

Lo más delicado es que no sólo pueden mandar el mensaje como más le va a gustar a cada persona, sino que también pueden mostrarle sólo aquello con lo que va a estar de acuerdo.

TENEMOS QUE ENTENDER EL MUNDO EN QUE VIVIMOS

El juego con la tecnología siempre ha sido ver cuáles tareas se pueden automatizar y cuáles no. Si un robot reconoce células de cáncer, uno se ahorra visitar al médico.

Más del 50% de los actuales empleos son digitalizables, afirma Hilbert. Y ya no hablemos de reemplazar a los obreros, como en la revolución industrial. También se pueden reemplazar ya los trabajos de la clase más educada: los médicos, los contadores. El 99% de las decisiones de la red de electricidad en Estados Unidos son tomadas ya por una empresa digital que localiza en tiempo real quién necesita energía.

En ningún caso esto es el fin de la Humanidad. Es la evolución que sigue su camino. Lo más importante es entender en qué mundo vivimos. Por eso llama la atención que operadores mediáticos, que se autodefinen como radicales de izquierda, sigan insistiendo en la necesidad de pelear en escenarios que ya no existen, con léxicos que no se corresponden con las realidades reales, tampoco con las virtuales, que continúen aferrados retrógradamente al pasado.

¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?

Hoy más que nunca la dictadura mediática, en manos de cada vez menos “generales” de las corporaciones, busca formas novedosas para implantar hegemónicamente imaginarios colectivos, narrativas, discursos, verdades e imágenes únicas. Es el lanzamiento global de la guerra de cuarta generación dirigida directamente a los usuarios digitalizados de todo el mundo.

Si hace cinco décadas la lucha política, la batalla por la imposición de imaginarios, se dilucidaba en las calles, en las fábricas, en los partidos políticos, en los movimientos sociales, en los parlamentos -o en las guerrillas-, hoy las grandes corporaciones de transmisión preparan una ofensiva que sortean los medios tradicionales para llegar directamente, con sus propios contenidos de realidades virtuales, a los nuevos dispositivos móviles de los ciudadanos.

¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información? ¿Hablamos de redistribución de frecuencias radioeléctricas cuando hoy el control emerge de la conjunción de medio y contenido?

Quienes controlan los sistemas de difusión, cada vez más inalámbricos y satelitales, eligen, producen y disponen cuáles serán los contenidos, en una planificada apuesta por monopolizar mercados y hegemonizar la información–formación del ciudadano.

¿SEREMOS “PROSUMIDORES” O SÓLO CONSUMIDORES?

La radio ha cambiado. Bajo la mirada vigilante de otras naciones, Noruega se ha convertido desde enero de 2017 en el primer país del mundo en apagar su señal de Frecuencia Modulada (FM), considerando que tiene 22 estaciones nacionales de radio digital, y aún hay espacio en su plataforma digital para otras 20.

La televisión ha cambiado. La tendencia mundial -y la latinoamericana- demuestra que la juventud televidente ya está pasando del uso lineal de televisión hacia un consumo en diferido y a la carta, optando por el dispositivo fijo (televisor) o por una segunda pantalla (computadora, tablet, teléfonos inteligentes).

Para los comunicólogos optimistas, los ciudadanos están pasando de ser receptores pasivos a ser, mediante el uso masivo de las redes sociales, productores–difusores o productores–consumidores. Son “prosumidores”. Para los menos optimistas, si bien ésa es una posibilidad teórica, la práctica demuestra que la producción y difusión quedarán en manos no de la ciudadanía, sino de las grandes corporaciones, especialmente estadounidenses. Y con esta arremetida del pensamiento único, del mensaje único, de la imagen única, los ciudadanos pasarán a ocupar la casilla de consumidores.


LA POSVERDAD: ARMA DE DESORIENTACIÓN MASIVA

Quizá aquellos que desde hace años estamos en esta lucha creemos que la discusión sobre la democratización de las comunicaciones está socializada/masificada en nuestras sociedades. No es cierto. No lo está siquiera en aquellos países donde se han hecho esfuerzos de esclarecimiento en este campo, como Argentina y Ecuador. Hay quienes sostienen que aún se trata de una discusión elitista entre los militantes políticos de la comunicación y sus allegados.

¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información en la que ahora se da en llamar “la época de la posverdad”, donde los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones, los imaginarios y las creencias personales?

Hoy, la posverdad es el arma de desorientación masiva de la opinión pública, empleada por los grandes medios de comunicación y por todos los líderes políticos. La sociedad es hoy un monumental simulacro, un plexo cuasi-infinito de significaciones sin referentes ni realidades que las apoyen, una especie de monumental ciencia-ficción que nos domina, como dijera Jean Baudrillard.

EL ARTE DE LA MENTIRA

En 2016 “The Economist” hablaba de “el arte de la mentira”. Y señalaba que Trump es el principal exponente de la política de la posverdad, que se basa en frases que se sienten verdaderas, pero que no tienen ninguna base real.

Una cosa es exagerar u ocultar. Otra es mentir descarada y continuadamente sobre los hechos. Y lo peor es que esas mentiras se van imponiendo en el imaginario colectivo. Hoy se manipulan, se omiten, se tergiversan o se falsifican desde las cifras del desempleo y las del costo de la vida, mientras opinadores muy mediatizados predican distintas variantes de la consigna thatcheriana: There is no alternative (“No hay alternativa”).

Entonces, ¿de qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información?



PERIODISTA URUGUAYO. FUNDADOR DE TELESUR. CODIRECTOR DEL OBSERVATORIO DE COMUNICACIÓN Y DEMOCRACIA DE CLAE (CENTRO LATINOAMERICANO DE ANÁLISIS ESTRATÉGICO). EL TEXTO ES UN ADELANTO DE SU PRÓXIMO LIBRO “EL ASESINATO DE LA VERDAD”.

"La democracia española es rehén de la jerarquía católica"

Juan José Tamayo /entrevista
www.publico.es/15/03/17

Puedes ponerlo, fui condiscípulo riguroso del cardenal Cañizares, nuestras tesis doctorales fueron dirigidas por el mismo profesor de Teología. Él nos decía que no había dirigido dos tesis con posiciones más contrarias".

La tesis de Juan José Tamayo (Palencia, 1946) versó sobre la Juventud Obrera Cristiana, mientras que la del cardenal Antonio Cañizares, sobre la vida, obra y milagros de un santo valenciano. Tamayo continuó sus estudios hasta convertirse en uno de los más reconocidos teólogos de la liberación. Ideología que, cuentan, inspiró el giro que el papa Francisco quiso dar a la Iglesia católica.

Justo cuando se cumplen cuatro años de papado de Jorge Bergoglio, cuando la Conferencia Episcopal ha elegido a Cañizares vicepresidente, y cuando el laicismo del Estado español vuelve a ser foco de debate, Tamayo, director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones en la Universidad Carlos III, carga duramente contra el alto clero español y el papel de la Iglesia en la democracia. 

P: ¿Ha logrado la democracia española independizarse de la Iglesia católica?

R: La democracia española, después de la muerte de Franco, desde la Transición hasta nuestros días, es rehén de la Iglesia católica. O mejor, de la jerarquía católica. Desde la Transición lo que han hecho los diferentes partidos que han estado en el Gobierno ha sido dotar a la Iglesia de cada vez más privilegios esperando una rentabilidad en apoyo político.

No estamos en una democracia laica, sino en un Estado que dudo que sea siquiera no confesional, sino que tiene una confesionalidad que no disimula. Primero en los textos, ya que la Constitución reconoce el estatuto especial de la Iglesia católica, y segundo en la práctica política, ya que le concede todo tipo de privilegios: educativos, económicos, fiscales e incluso militares, ya que el Ejército español cuenta con un arzobispo con sacerdotes a su servicio, y que van ascendiendo en graduación al mismo nivel que el resto de los militares.

Estas prebendas no solamente no se han reducido no solamente no se han reducido con el paso del tiempo y con los partidos de izquierda en el gobierno, sino que se han incrementado todavía más. El ejemplo más claro es la casilla de la declaración de la renta, que le supone un ingreso de 250 millones que concedido por el Estado generosa y gratuitamente, sin que haya una justificación para esa aportación.

El trato que se da a la Iglesia católica en este tema es del mismo nivel que el trato que se le da a los asuntos sociales. Eso es una hipoteca gravísima y un ejemplo claro de que seguimos en un Estado confesional.

¿Y la moral del Estado? ¿Cree que también está demasiado influida por la Iglesia católica?

Claro. La moral del Estado es una moral católica, pero además de los sectores más conservadores. Lo que está pasando es que afortunadamente la ciudadanía éticamente es mayor de edad, se rige por su propia conciencia, los derechos humanos y los principios de una ética cívica, y para nada tiene en cuenta ese trasvase desde la moral católica hacia la moral del Estado. El mejor antídoto frente a esa dependencia está en esa madurez y mayoría de edad de ciudadanos y ciudadanas españolas, que en muy poco tiempo han conseguido liberarse de la moralina represiva de la Iglesia católica.

Buena parte de las leyes que se han elaborado en estos 40 años, que han rozado los principios doctrinales de la Iglesia católica, han tenido que salir con forceps. Y además con unas enormes limitaciones, porque la Iglesia católica se ha encargado de identificar pecado con delito, calificando de delitos aquellos comportamientos que en el interior de la Iglesia católica son pecado, cuando tenían que estar clara y netamente separados. Un ejemplo de esta falta de separación está en los juicios de personas que han expresado libremente una serie de actitudes en espacios religiosos que se consideran profanación dentro de la Iglesia católica y el Código Penal los traduce en culpabilidad penal.

Yo creo que todavía la moral del Estado está hipotecada por la moral cristiana... Tradicional. Porque hay una ética del Evangelio, que es la ética de la Liberación, de la justicia, de la solidaridad, la ética de la opción por los excluidos, que no practican los jerarcas, no la ponen en práctica y tampoco se ha traspasado al Estado.

Pero a la hora de identificar sus propios delitos...

No se ha producido ninguna colaboración de la Iglesia católica en casos claramente delictivos de sacerdotes, de profesores de colegios, pederastas, que no han sido entregados a la justicia, ni tan siquiera han recibido un castigo dentro de la propia comunidad cristiana.

La jerarquía católica, la Conferencia Episcopal, no se ha pronunciado ante el autobús de Hazte Oír. Tenía que haberse pronunciado, porque es un mensaje totalmente homófobo, pero sin embargo ha preferido callarse. ¿Por qué? Porque en el fondo está de acuerdo con esos mensajes ultraconservadores que fomentan el odio.

Cañizares es un cardenal que en sus declaraciones demuestra odio a todo lo que tenga que ver con las relaciones que no son heterosexuales. Que está en contra de la teoría de género, a la que desprecia llamándola ideología de género y diciendo que es una de las ideologías más funestas de la humanidad. Además, con motivo del fenómeno de la inmigración dijo que había que tener mucho cuidado con los inmigrantes porque podían ser como el caballo de Troya.

Eligen por mayoría absoluta a un cardenal que es homófobo, que es xenófobo, que es machista, patriarcal y sexista. ¿No es esto un ejemplo claro de cómo está posicionada la Conferencia Episcopal? No es un obispo sin más, es que este obispo con estas declaraciones ha sido ratificado por mayoría absoluta como vicepresidente de la Conferencia Episcopal. ¿No es esto grave?

¿Es esto una prueba de la progresiva radicalización del discurso de la Conferencia Episcopal?

En la medida en que avanzan las leyes críticas con la violencia de género, defensoras de la Igualdad entre hombres y mujeres, respetuosas con las diferentes identidades sexuales, ellos radicalizan todavía más sus posiciones reaccionarias e integristas. Se consideran los guardianes de la moral.

"En la medida que avanzan las leyes que defienden la igualdad ellos radicalizan todavía más sus posiciones integristas"
Yo nunca he hecho declaraciones contra Cañizares, fue mi condiscípulo y fuimos buenos amigos. Él era un hombre… Nunca progresista, pero tampoco tan integrista como ahora, sino más centrista, del Vaticano II, de planteamientos más moderados. Nunca sacó los pies del estribo como lo está haciendo ahora.

Que haga esas declaraciones me parece muy mal, aún cuando nunca le he criticado públicamente, las repruebo radicalmente. Pero que a esta persona la hayan nombrado vicepresidente de la Conferencia Episcopal me parece la mejor prueba, la verificación empírica de la deriva inmovilista que está siguiendo la jerarquía católica.

El cardenal Antonio Cañizares, en una imagen de 2007 portando una 'capa magna', prenda en desuso y desaconsejada para las ceremonias por el papa Pablo VI en el año 1969.





¿Podría estar Cañizares radicalizando su discurso precisamente para ascender en la jerarquía eclesiástica?

Precisamente ahora con [el papa] Francisco, hacer esas declaraciones tan generadoras de odio debería generar todo lo contrario. Pero claro, la reforma de Francisco no ha pasado los Pirineos. Y por eso Cañizares, que se posiciona de manera clara y directa y sin ningún tipo de reparo contra las orientaciones renovadoras del papa, puede ascender. Si realmente los obispos españoles caminaran en la dirección del papa, a Cañizares nunca le habrían podido elegir vicepresidente.

Se ha impuesto la continuidad integrista y conservadora en contra de la orientación reformadora. Estas elecciones han sido una bofetada en contra del proyecto del papa Francisco.

¿Se ha quedado la Iglesia española anclada en el pasado?

A la Conferencia Episcopal le falta sentido profético, están demasiados instalados en el sistema eclesiástico, son demasiado complacientes con el poder político del que reciben muchas prebendas, y en agradecimiento no demuestran esa crítica que por ejemplo hace Francisco al capitalismo por ser injusto de raíz. Estos obispos, a lo largo de la crisis no han hecho apenas declaraciones contra la responsabilidad que tiene el neoliberalismo al provocar todavía más desigualdad.

Es ingente la cantidad de documentos que han publicado los obispos españoles en estos últimos 40 años contra el divorcio, contra el aborto, contra la píldora del día después, contra las relaciones prematrimoniales, contra la fecundación in vitro, contra la ordenación de las mujeres, contra el matrimonio de los sacerdotes, contra y contra y contra todo aquello que supone una apertura en la sexualidad, en las relaciones de pareja, en los modelos de familia, etc. Yo he recogido hasta 14 noes de los obispos.

Sin embargo muy pocas veces, y de manera encubierta, han condenado la violencia de género. Condenan la teoría de género descalificándola como ideología, incluso algunos obispos consideran que esta ideología de género es la responsable de que las mujeres se rebelen y luego los hombres ejerzan la violencia contra ellas. Es escandaloso.

Tantos documentos contra la ideología de género y ni una sola manifestación, ni una solo documento público contra la violencia de género que se lleva por delante mujeres. ¿No es eso una falta de piedad, de misericordia, de sensibilidad hacia la violencia contra las mujeres? ¿No está también legitimando, al menos indirectamente, esa violencia?

¿Y no va eso contra su propio interés? ¿Cómo logrará la Iglesia llegar a la gente si adopta una postura tan reaccionaria?

Son los peores propagandistas de su propio producto. Ellos mismos se están haciendo el harakiri. Con estas posiciones cada vez es mayor el número de apostatas explícitos que abandonan la Iglesia porque no pueden compartir estos planteamientos que no tienen ninguna sensibilidad hacia los sectores que sufren.

Ellos van a decir que la causa de la falta de fe es de la secularización, de la pornografía, del libertinaje… Pero en el fondo la responsabilidad en la crisis que está sufriendo la Iglesia hoy es interior, están eligiendo el peor camino para poder defender la autenticidad y la verdad del mensaje que dicen anunciar.




¿Indígenas o pueblos originarios?: una reforma conceptual

Ilán Semo
www.jornada.unam.mx/110317

Los orígenes del concepto de indígena se remontan al siglo XVI. Los primeros en utilizarlo fueron los mensajeros y los cronistas españoles, que se vieron obligados a definir a ese otro sobre el cual ejercerán una larga dominación. Indígena e indio son palabras que, por su procedencia, tienen poco en común. Indígena proviene del latín inde (del país o la región) y genos (originario o nacido).

La noción de indio, en cambio, data de la convicción de Cristóbal Colón y sus hombres de que habían arribado a las Indias occidentales. Pero el valor de una palabra, es decir, el sentido que proporciona a lo que denota, no está dado por su etimología, sino por los usos que le otorga una sociedad. Ese valor, sostienen algunas teorías del lenguaje, se produce inicialmente en el mundo oral: la fonética. Antes de escribir, hablamos, y antes de hablar, esbozamos signos. Indígena e indio tienen en común una raíz: ind. Esta raíz no significa más que lo que une a las dos nociones y las vuelve relativamente homologables.

Que la noción de indígena haya perdurado en el siglo XVI –y de ahí hasta nuestros días– es un misterio que los historiadores aún deben descifrar. Si la denotación del Nuevo Mundo quedó afianzada en el nombre de América, ¿por qué se mantuvo el concepto de indio, que apelaba a lo ya conocido, la India? Sea cual sea la razón de esta peculiar inflexión, sus efectos fueron visibles. El primero es que lo indígena remite a un pasado frente a la novedad del Nuevo Mundo, léase: lo-que-está-por-venir, por-construirse. En segundo lugar, este simple ordenamiento del futuro-pasado constituyó a quienes se erigirían en los representantes de lo nuevo (peninsulares y criollos) como los protagonistas del futuro, la signatura central del síndrome de la modernidad, y a los indígenas como los habitantes que provenían de un pasado, es decir, los habitantes del pasado. El horizonte de expectativas de ese Nuevo Mundo quedó así grabado –o secuestrado– en las nuevas élites novohispanas.

Este secuestro no fue tan sólo el del tiempo. Fue también el del cuerpo y la vida misma. La palabra indígena, una invención española, que reunió a la in-unificable (más de 100 culturas y naciones en una sola abstracción), se tradujo en un sistema de castas y de segregación durante la era del virreinato.

El siglo XIX no sólo heredó este sistema de reconocer/desconocer, sino que lo potenció. El antiguo concepto de indígena, ligado al orden estamental, pasó a manos de uno de los mayores vacíos de la modernidad: la idea de la raza. Un vacío del otro y su otredad. Anclada en el principio de que lo más profundo es la piel, fue la noción que legitimó los regímenes liberales y conservadores, sobre todo al porfiriato, para emprender campañas de despoblación, oficializar la no-ciudadanía y crear un país de sombras. Y, sobre todo, como ha mostrado Beatriz Urías Horcasitas, para homologar lo indígena con la historia del ancla: lo que no permite a la nave moverse hacia la ilusión de la modernidad. Este discurso porfiriano permanece hasta la fecha oculto en el concepto de atraso.

Las narrativas de la revolución hicieron frente a este dilema con una noción antigua: la franja moral. Una noción que proviene de la economía del misterio de la religión: los indígenas como parte del corpus de la nación, pero de su corpus clientelar, su franja de eterna exclusión.

El levantamiento zapatista de los años 90 propició un cambio visible. El concepto de indígena devino una fuente de orgullo, ironía y confiscación. Incluso una expectativa del reorden de la sociedad. Su aporte, como ha mostrado Carlos Manzo, fue la signatura de la comunalidad, un término que no falta en ninguna mesa en la que hoy se hable sobre el futuro.

Fue precisamente durante los años 90 que la noción de pueblo originario comenzó a cobrar consenso. Su origen es vago. Probablemente data de los años 20, cuando empezó la discusión sobre derechos públicos y de propiedad en Canadá. Pero lo que importa en los signos que definen al otro nunca es su origen, sino la fuerza que tienen para significar la actualidad. El creciente uso de la noción de pueblos originarios expresa una importante reforma conceptual: 1) en primer lugar, dificulta su sustantivación, a menos que se hable de originarios y obligue al lenguaje a recurrir a una polisemia. Llamar a las culturas del país por el nombre que ellas mismas se dan: nahuas, mazahuas, rarámuris…; 2) destituye un concepto clave –el de indígena– en la estructura de lo que mueve las latencias raciales de la sociedad, y 3) pone en escena la apuesta de un lenguaje abierto a la posibilidad de la pluralidad.

Nadie se engaña. El desplazamiento de la noción de indígena por la de pueblos originarios es tan sólo un ligero golpe al criollismo del imaginario nacional, apenas una reforma. Nada va cambiar todavía en los sótanos de la racialidad, pero es un golpe significativo. Son las palabras las que omiten todo lo que las descifra, y son ellas las que lo vuelven sobre sí.


El sacerdote que se enfrenta al presidente de Honduras

Emiliano Ruiz Parra
www.nytimes.com/es/ 260317

Ismael Moreno Coto, mejor conocido como "el padre Melo", en una de las manifestaciones del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas (Copihn) Credit Radio Progreso

PROGRESO, Honduras — Berta Cáceres tenía las llaves de la casa del padre Melo. Si pasaba por la ciudad de Progreso se quedaba en alguno de los cuartos vacíos en el hogar del sacerdote.

Ismael Moreno Coto, mejor conocido como el padre Melo, era amigo íntimo de la líder ecologista y de su esposo, Salvador Zúñiga, desde hacía más de dos décadas. Esa pareja fundó el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas (Copihn) en 1993. Durante 25 años de matrimonio, Berta y Salvador pasaron por diversas separaciones y reconciliaciones, y Moreno fue amigo y consejero de ambos.

“¿Quién se va a ir primero, Melo, tú o yo?”, le preguntó Cáceres, sin dejar de sonreír mientras les tomaban una fotografía tras un mitin de protesta contra una hidroeléctrica en río Blanco en 2013. El cura no respondió. Cáceres temía por su vida y también por la del jesuita. Su premonición se hizo realidad el 3 de marzo de 2016, cuando fue asesinada en su casa.

Moreno es un sacerdote jesuita que se ha convertido en uno de los principales líderes opositores de Honduras, el país más violento de Centroamérica. Es periodista en uno de los países más peligrosos para ejercer ese oficio: desde el golpe de Estado de 2009 han sido asesinados 26 reporteros, de acuerdo con la ONG Comité por la Libre Expresión (C-Libre). En ese contexto, el padre Melo se ha convertido en una figura antagónica del presidente Juan Orlando Hernández.

Del asesinato de Cáceres, sucedido el 3 de marzo de 2016, el sacerdote aprendió una lección. Dice que en Honduras se aplica a rajatabla la “ley de la muerte”: una condena contra los opositores al modelo “extractivista”. Los que no se dejan comprar por las empresas o los partidos políticos son condenados.

“Cuando los gatilleros impactaron sus disparos en el cuerpo de Berta Cáceres, ya la habían condenado a muerte hacía muchos años”, dijo Melo. Según él, antes de las balas hay un proceso de muerte civil y política para los opositores: se les denigra o se les invisibiliza. Los medios de comunicación corporativos solían ignorar a Cáceres o la llamaban la Bochinchera, como si fuese una persona problemática.

Moreno Coto también se ha sentido sentenciado. No piensa que lo van a matar como a Cáceres, pero ya asumió que fue condenado a la denigración y la invisibilidad.



Estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras protestaron a inicios de este mes por el asesinato de la líder ambientalista Berta Cáceres sucedido en marzo de 2016. Credit Gustavo Amador/European Pressphoto Agency

Su vida ha estado marcada por la violencia. A los 16 años sufrió la muerte de su padre, Pedro José Moreno, acaecida el 17 de agosto de 1974. Oficialmente, se trató de un robo con violencia pero Ismael Moreno nunca se ha sentido satisfecho con esa versión porque su padre era un dirigente campesino que participaba en las expropiaciones de tierras.

Unos años después, apenas ordenado sacerdote, se vería tocado por una de las masacres más célebres en la historia de la Compañía de Jesús: el asesinato de seis jesuitas y dos empleadas de la Universidad Centroamericana (UCA) de San Salvador. El 16 de noviembre de 1989, un comando élite del ejército de El Salvador irrumpió de noche en la universidad y asesinó a los sacerdotes Ignacio Ellacuría, Amando López, Ignacio Martín-Baró, Joaquín López, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, así como a Elba y Celina Ramos, trabajadoras de la institución.

Moreno era cercano a las víctimas porque su director de tesis de maestría era Amando López, y el rector de la universidad, el célebre teólogo Ignacio Ellacuría, había sido su profesor. Pero su amistad más profunda era con Elba Ramos, la cocinera de la comunidad, y con su hija, Celina. De hecho, las había invitado a pasar la Navidad de 1989 con su familia en Progreso por lo que el 22 de diciembre iba a recogerlas en la frontera para llevarlas a casa de su madre, pero la matanza se interpuso en sus planes.

El más reciente de sus muertos se llama Carlos Mejía Orellana, quien tenía 35 años y fue asesinado en su casa la noche del 11 de abril de 2014. Era el encargado de vender los espacios publicitarios de Radio Progreso.

Mejía era homosexual y acaso por eso las autoridades se apresuraron a decir que se trataba de un crimen pasional, aunque era uno de los 16 trabajadores de Radio Progreso que estaba protegido con medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por las amenazas que había recibido.

La cena

Melo, de 59 años, es el director de Radio Progreso, uno de los pocos medios de comunicación críticos al gobierno, que cumplió seis décadas en diciembre de 2016. También es la cabeza del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC) de la Compañía de Jesús, un colectivo que tiene influencia política en los movimientos sociales que se oponen a los megaproyectos mineros, turísticos e hidroeléctricos.
La noche del 15 de diciembre de 2016, Moreno organizó una cena en su casa. El menú fue sencillo: pollo frito, costillas de cerdo en salsa barbacoa y yuca frita. Era la comida rápida de un restaurante del barrio. “A menos que ocurra algo extraordinario, el próximo presidente se llamará Juan Orlando Hernández”, sentenciaba el sacerdote.

En esa y otras ocasiones el padre no cesó de criticar a Hernández: lo señalaba como el principal protector de los violadores de derechos humanos. También afirmó que Honduras atraviesa por una “democracia autoritaria que avanzará a una propuesta dictatorial, personalista”.

Los convocados a la cena eran doce personas, entre jesuitas, exjesuitas, académicos, un músico y un reportero. La conversación versó sobre el panorama político de Honduras. A los extranjeros nos puso al día: Hernández contaba con un aliado y protector en Estados Unidos; el general John Kelly, exjefe del Comando Sur y actual secretario de Seguridad Interior de Donald Trump.

La Constitución de Honduras prohíbe la reelección. Sin embargo, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) le despejó el camino a Hernández para volverse a presentar a elecciones. Desde abril de 2015, la Corte Suprema declaró que prohibir la reelección era contrario a los derechos humanos y tratados internacionales. En octubre de 2016 los miembros del TSE ratificaron esta decisión por unanimidad.

Y el 14 de diciembre, un día antes de esta cena, Juan Orlando Hernández declaró que sí, que se postularía para otro mandato. Por tener las mismas ambiciones, el presidente Manuel Zelaya fue derrocado en 2009.

Melo pidió opiniones sobre cómo tener mayor incidencia en la realidad de Honduras “para mayor gloria de Dios”. “Lo que tú necesitas es una universidad”, le sugirió uno de los presentes, el académico Tony Payán, director del Centro México de la Universidad de Rice, en Houston.

Melo respondió con una anécdota: unos años atrás, un exministro se le acercó para ofrecerle 10 millones de lempiras (poco menos de medio millón de dólares al tipo de cambio de hoy) con el fin de fundar una universidad; Melo rechazó la oferta. La función de los jesuitas, justificaba Payán, era ser un gozne entre los ricos de arriba y los pobres de abajo. Otros apoyaron la propuesta pero el sacerdote no respondió.

Al otro día, el viernes 16 de diciembre, en un foro en Radio Progreso, Moreno dijo: “Bajo ninguna circunstancia vamos a dar marcha atrás y decir: ‘Vamos a llegar a arreglos con la élite política hondureña’. O decir: ‘Vamos a hacer componendas con un sector de la empresa privada o vamos a buscar al cardenal (Óscar Rodríguez Maradiaga)’”.
El sacerdote prosiguió: “Solo la alianza con los sectores con los que coincidimos en la construcción de propuestas alternativas al sistema capitalista es lo que nos protegerá. No tenemos ningún otro camino, bendito sea Dios, más que fortalecer la identidad de hace muchos años y en eso tenemos que empeñar el compromiso hacia adelante”.

El mitin

Moreno Coto ha sido una figura recurrente en las reuniones de líderes comunitarios. El 17 de diciembre, en la conmemoración del aniversario de Radio Progreso, sostuvo un encuentro en el auditorio del ERIC en Progreso con activistas que viajaron desde poblaciones tan lejanas como San Francisco de Opalacas, Santa Rosa del Aguán y Tegucigalpa para escuchar su mensaje.

Muchos hicieron hasta dos días de viaje en autobuses destartalados, cargados con sacos de maíz, tubérculos y frutas de diversos colores para las ceremonias indígenas y afromestizas de gratitud y fertilidad. Algunos gastaron una parte importante de su sueldo de jornaleros, pescadores y pequeños productores de café para su peregrinación hasta ese salón donde estaban 170 personas sentadas y otro centenar permanecía de pie.

Honduras, les dijo el sacerdote, vivía bajo un régimen de “democracia autoritaria” en el que se cumplían formalidades como la división de poderes y un aparente ejercicio de las libertades constitucionales, pero que solo se sostenía con altísimas dosis de fuerza, represión y autoritarismo.

Según el cura, el gobierno del presidente Hernández se apoya en varias columnas. La primera es una alianza de la oligarquía nacional con las empresas trasnacionales, muy notoria en las inversiones en telecomunicaciones, la minería, el turismo, la generación de energía eléctrica y la palma africana.

La militarización era el segundo rasgo. En Honduras, dijo, las instituciones de justicia estaban colapsadas y el ejército participaba cada vez más en ámbitos de discusión política. “En un país inestable no hay manera de conseguir las ganancias de hace 25 años sin militarizar a la sociedad”, comentó.

Luego habló sobre el “asistencialismo proselitista”, que definió como el derroche de dineros públicos a través de los 72 programas sociales dirigidos desde la Casa Presidencial y la cooptación de los medios de comunicación.

Y, finalmente, se refirió al “sustento divino”. En cada acto oficial se celebraba una liturgia. La empresa privada y el gobierno se decían apoyados por Dios. Para ello habían conseguido el apoyo de un sector de la jerarquía católica y de los pastores evangélicos a través del Programa de Construcción de Templos, un instrumento del gobierno hondureño para canalizar fondos a las iglesias.

“Hay que prepararnos para el futuro que viene: la democracia autoritaria avanzará a una propuesta dictatorial, personalista”. Los asistentes confirmaban sus hipótesis. Si alguien se detenía a conversar con Magdaleno Gómez, pequeño productor de café de San Francisco de Opalacas, este confirmaba que en su pueblo no iban “a permitir las represas, ni la minería a cielo abierto”.

O con Aurelia Arzú, de la Organización Fraternal Negra de Honduras (OFRANH), que acusaba al gobierno de impulsar megaproyectos turísticos en playas como la bahía de Tela, que han sido el sustento de los garífunas.

Moreno le pidió a los dirigentes no desviarse hacia luchas electorales, no agotarse en batallas locales carentes de perspectiva nacional y no consumirse en protagonismos. Era el discurso de un dirigente político. En más de media hora de alocución nunca invocó a Jesucristo o a la Virgen María.

Pero un poco antes de terminar les recordó que era un sacerdote y debía ir a celebrar la misa funeraria de una compañera fallecida, cedió el micrófono y salió a paso veloz.

El hogar

Era un pequeño cuarto de menos de diez metros cuadrados con una cama individual, un escritorio con libros, papeles y una laptop. Observé el pudoroso desorden de alguien que siempre anda con prisa: una camisa arrugada por ahí, polvo de algunos días sobre las superficies, la cama destendida.
El padre Melo siempre va tarde a su próxima reunión. Esa mañana del domingo 18 de diciembre había preparado unos huevos con cebolla y jitomate y había calentado frijoles con cilantro mientras un joven jesuita estadounidense, Matthew, nos colaba café.

Sentado en su mecedora, el sacerdote contaba su vida. En Progreso existían dos colegios: el de los pobres y el de los ricos. Una sola vez el gobierno municipal otorgó dos becas para los mejores alumnos y él ganó el primer lugar, por lo que le tocó el colegio San José de la Compañía de Jesús. Era entonces un mulato flaco, de peinado afro y sombrero de palma que estudió con los hijos de la burguesía del banano. Allí se decidió a ser jesuita.

De joven vivió en Ciudad de México, donde estudió Filosofía, y después en San Salvador, donde cursó Teología. Desde 1995 se ha dedicado al periodismo. Ese año fundó en Honduras el diario opositor A mecate corto, y en 2001 formó el ERIC.

Moreno nació el primero de enero de 1958. Tiene 59 años y se ha convertido en un hombre de cara redonda, cabello cortado al ras, bigote gris, ojeras profundas y una prominente barriga de comedor de carnes, pollo frito, tajadas de plátano maduro y baleadas (una quesadilla de trigo, frijoles y queso).

En noviembre de 2017, Honduras transitará por unas polémicas elecciones. El presidente Juan Orlando Hernández podrá presentarse a la reelección y, quizá también se postule Manuel Zelaya Rosales, el expresidente derrocado en 2009.

El padre Melo no mira hacia 2017 sino a 2021, cuando Honduras celebrará el bicentenario de su independencia. Promueve la creación de un programa de nación llamado Soberanía 2021, una agenda de lucha para enfrentar lo que define como la potencial “dictadura personalista” del presidente Hernández.

Moreno dice que seguirá su trabajo desde su posición de sacerdote. Es decir, sin buscar un puesto en el gobierno. Según él, los momentos de represión y autoritarismo como el que actualmente vive Honduras pueden convertirse en oportunidades para el movimiento social.

Dice que a eso le apostará los próximos cuatro años de su vida.