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Existe un llamado para ser Instrumento de Dios

 Por: Rev. Padre Manning Maxie Suárez+

Muchas veces hemos escuchado, en los templos cristianos de todo el mundo, en nuestros hogares, en las escuelas sobre todo en las clases de religión que debemos ser instrumentos del Señor.  Pero, alguna vez se han puesto a pensar ¿qué verdaderamente significa profundamente ser un Instrumento de Dios? 

Estoy muy seguro, que un gran porcentaje de personas, creyentes y no creyentes no comprenden la magnitud de este llamado.  Este criterio lo tengo después de los treinta y ocho años de servicios cristiano desde mi ordenación al santo ministerio en la Iglesia.  

Vivimos en una época convulsionada y de cambios transcendentales en el desarrollo del pensamiento, de formas y estilos de vida en un siglo que está agobiado por tantos problemas tratando de subsistir en una sola casa común con más de 50 conflictos internacionales, con serios problemas ecológicos creados antropocéntricamente, y con posiciones encontradas en materia de valores y principios tradicionales versus los valores de una modernidad.

Para los hombres y mujeres que seguimos los valores cristianos que podemos llamar también tradicionales, la vida de los santos es de gran ejemplo a la hora de promover valores en una sociedad cuasi evangelizada.  Ellos, hombres y mujeres como nosotros que recibieron un llamado de vida especial y entregaron todo por esa misión de vida que nace de la reflexión y la espiritualidad personal sustentada en el Espíritu y que reconocen ese amor de Dios entendido desde la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.  El gran Maestro que nos enseñó lo más importante y qué da significación a toda nuestra existencia: Dios mismo en nosotros.

Los Santos de la Iglesia, entendieron que a Dios se le comprende desde la contemplación, desde el silencio, desde el escuchar, desde esa relación de amor profundo con el Señor.  Muchas veces ni siquiera hay que hablar, cantar, gritar, solo basta con estar quietos, solos, y contemplarlo.  Es esta acción de vida que se empodera en el Espíritu para asumir la Misión de Vida.  Aquí es donde nos nutrimos y nos llenamos de su presencia y es esta relación va develando el sentido de nuestra existencia.

Alban Butler (1709 - 1773), quien fue un sacerdote católico y hagiógrafo. Ordenado al presbiterado en 1735 y quien ejerció las cátedras de filosofía y teología. Es el creador de una de las obras clásicas de la Iglesia donde nos pone en contacto con la Vida de los Santos.  En esta obra uno queda maravillado de las vidas de miles de hombres y mujeres que al haber tenido una experiencia religiosa tomaron la decisión de dedicar sus vidas al servicio de Dios y los hombres convirtiéndose en Instrumentos de Dios.

Se nos habla de San Remigio, Obispo de Reims (c. 530 d.C.), de san Melorio, mártir.  De santa Teresita del Niño Jesús, virgen (1897 d.C.). De san Gerardo De Brogne, abad (959 d.C.). Del beato Domingo Spadafora (1521 d.C.). De san Francisco de Asís, fundador de los frailes menores (1226 d.C.). De san Petronio, Obispo de bolonia (c. 445 d.C.). De santo Tomás, Apóstol. Entre muchos otros que estoy seguro que, no conocemos o nunca hemos oídos pero que son parte del gran santoral de la Iglesia y donde Alban Butler da a conocer esa biografía de estos hombres y mujeres de Dios al servicio del hombre y del mundo.  Sumemos a estos nuestros santos latinoamericanos como San Héctor Valdivielso (Benito de Jesús) argentino, San Antonio de Santa Ana Galvao Brasileño, Santa Teresa de Los Andes Chilena, Santa Laura de Santa Catalina de Siena, Colombiana y nuestro querido y amado Beato Oscar Romero, Salvadoreño entre otros. Ejemplos no nos faltan,

Pero fue casualmente San Francisco de Asís, fundador de los frailes menores (1226 d.C.) quien nos ha hecho más concientes de esa frase ya famosa en su ya oración “Hazme un Instrumento de tu paz”, hoy día rezada por millones de personas alrededor del mundo y cantada en la liturgia cristiana como una plegaria, invocación y compromiso hacía Dios de brindarnos todos como “Embajadores de la Paz de Dios” en y para el mundo.  Seria bueno una lectura diaria, como se hacía en tiempos antiguos, de la vida y obra de estos servidores de Dios.

Estoy seguro que encontraremos ejemplos de vida a seguir como el modelo para la juventud (San Juan Bosco) y para todos hoy, en ellos encontraremos valores y principios como la Fe en Jesucristo; el Amor y la praxis de la caridad; Entenderemos que somos Comunidad y nuestra unidad es porque Jesús y el Padre son Uno; A practicar la Humildad y el perdón; Comprometernos con la Evangelización del mundo; Aceptar el Martirio como consecuencia de la evangelización, los mártires cristianos eran vistos como ejemplos de fe inquebrantable y valentía en la defensa de su creencia.  La Obediencia a la voluntad de Dios; Mantener esa fe en la Esperanza en la vida futura, La cristiandad primigenia enseñaba la esperanza en la vida después de la muerte y la resurrección final en la segunda venida de Cristo.  Y finalmente reconocer el bautismo y la participación en la comunión eucarística, que eran prácticas fundamentales para los creyentes, simbolizando la unión con Cristo y con la comunidad de fe.

Todo ello, aceptado por fe y puesto en práctica por la fuerza del Espíritu nos ayudará a ser Instrumentos de Dios, hacedores de la paz, Embajadores de la paz en un mundo confundido por sus pecados y por estar apartados de los principios y mandamientos de Dios.  Mi súplica para Panamá y el mundo hoy es: “Señor Haznos Instrumentos de tu Paz”.

Sacerdote y Académico.

Panamá: las contradicciones de la contradicción

Por: Dr. Guillermo Castro H.

 “El   moderno sistema mundial nació a lo largo del siglo XVI.  América -como entidad geosocial- nació a lo largo del siglo XVI. La creación de esta entidad geosocial, América, fue el acto constitutivo del moderno sistema mundial. América no se incorporó en una economía-mundo capitalista ya existente. Una economía-mundo capitalista no hubiera tenido lugar sin América.” Aníbal Quijano e Immanuel Wallerstein, 1999[1]

            

La sociedad panameña ingresó en un proceso de crisis política abierta desde julio de 2022. Comprender el desarrollo de ese proceso hasta el presente, y sus perspectivas de corto y mediano plazo, demanda distinguir entre la contradicción principal que afecta al país, y el aspecto principal de esa contradicción en las diversas etapas de ese proceso.

Esa contradicción principal radica en el agotamiento de lo que cabría llamar el modelo transitista de desarrollo, que desde el siglo XVI ha concentrado lo fundamental de la actividad económica y del poder político en los grupos sociales que controlan el tránsito interoceánico por el Istmo. Por su parte, el aspecto principal de esa contradicción se expresa en la creciente incapacidad de los sectores dominantes en ese modelo para comprender y atender a los problemas que lo afectan.

Para el siglo XX, esa función vino a quedar a quedar en manos de los Estados Unidos, que lo ejerción para adelantar sus aspiraciones a la hegemonía global que vendría a alcanzar tras la Gran Guerra de 1914-1945. Estados Unidos ejerció ese control al amparo de un régimen de protectorado militar establecido en el Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903 - y ampliado después por la Asamblea Constituyente de 1904. Ese protectorado fue organizado mediante la creación de un enclave colonial conocido como Zona del Canal.

Aquel enclave extranjero vino a desintegrarse entre 1979 y 1999 según lo acordado en el Tratado Torrijos-Carter. A partir de allí, pasó a reconstituirse después, a escala ampliada, como una Plataforma de Servicios Transnacionales para la circulación del capital, que genera el 80 por ciento de los ingresos del país. La creación de ese enclave ampliado recibió un impulso decisivo tras el golpe de Estado de diciembre de 1989, que liquidó un régimen militar ya destrozado por sus conflictos internos, y lo sustituyó por una versión renovada de la democracia oligárquica que había imperado en país entre 1903 y 1968.

Para ese entonces, el transitismo nacionalizado gozaba de un prestigio y una credibilidad – expresada por ejemplo en la gestión exitosa de la vía interoceánica bajo administración panameña. Hoy, sin embargo, el transitismo enfrenta una situación de descrédito en la que se combinan factores como una grave situación de inequidad en el acceso a los frutos del crecimiento económico, el descrédito del sistema político-partidista restablecido a partir de enero de 1990, y la acumulación de grandes problemas que el Estado no está en capacidad de encarar con el país al que debe servir.

En efecto, los grandes beneficiarios de la ampliación del enclave de servicios transnacionales no se han mostrado interés por la integración del Canal a la economía interna, ni por la de esa economía en el mercado global a partir por ejemplo del fomento de nuevas ventajas competitivas en sectores como la producción agropecuaria y la de servicios ambientales. Con ello, no solo han privado al país de nuevas modalidades de desarrollo, sino que han contribuido en la práctica al agravamiento de los problemas que el modelo de desarrollo vigente no está en capacidad de resolver.

En lo más visible, esos problemas van desde el grave deterioro de los servicios públicos de seguridad social, educación y salud hasta los que presenta la sostenibilidad del Canal debido a las crecientes limitaciones en la oferta de agua dulce que requiere su funcionamiento. A ello ha venido a sumarse la metástasis de la economía de enclave, ahora en la forma de una explotación  minera de cobre a cielo abierto que viene operando en la región centro-Occidental de la vertiente atlántica del Istmo desde fines de la década 1990.

La legitimación de dicho enclave minero mediante un contrato con el Estado, que muchos consideran lesivo a los intereses del país y de graves consecuencias ambientales, ha pasado a convertirse ahora en el aspecto principal del deterioro del modelo de desarrollo transitista. En la práctica, el Estado ha perdido la capacidad para procesar y encauzar hacia objetivos comunes los conflictos derivados de ese deterioro, que no permite garantizar una prosperidad equitativa, sostenible y democrática en el país.

En julio de 2022 la crisis que encaramos hoy tuvo su primera manifestación en movilizaciones sociales que paralizaron el país en reclamo de atención a los problemas derivados de la inflación, el desempleo y del deterioro de los servicios de salud, seguridad social y educación. Esa ha venido operando desde entonces, parafraseando al general Omar Torrijos, como un serrucho, que avanza y retrocede, pero cortando siempre.

Interesa, en todo caso, observar que de ese ir y venir participan todos los sectores de la vida nacional. En el caso de la minería, por ejemplo, unos rechazan el contrato, pero no a la mina en explotación; otros demandan el cierre de la empresa; otros, la prohibición de la minería en el país, y otros más piden combinar la aprobación del contrato con la declaración de una moratoria de la actividad minera.

Y emergen ahora – en la mejor tradición de maniobra política criolla – quienes recomiendan suspender el proceso de aprobación parlamentaria para volver a la mesa de negociación mientras se diluyen las tensiones. Esto, sin embargo, equivale a remitirle el problema al gobierno que surja de las elecciones de mayo de 2024, agregándolo a los de la Caja de Seguridad Social, y a los de las inversiones que demandará garantizar el abastecimiento de agua para el Canal mediante el trasvase de ríos colindantes con la explotación minera en curso.

Alguien dijo alguna vez que la solución de grandes problemas genera siempre problemas nuevos y más complejos. Estamos en las vísperas de aprender los problemas nuevos y más complejos que resulten de la incapacidad para encarar y resolver, con la sociedad y no simplemente para ella, las contradicciones que surgen del agotamiento del modelo de desarrollo imperante en la sociedad panameña desde los orígenes mismos del mercado mundial.

Alto Boquete, Panamá, 22 de septiembre de 2023

[1] “La americanidad como concepto, o América en el moderno sistema mundial”

https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000092840_spa

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Reseña del artículo“ LA JUVENTUD PANAMEÑA Y LA GESTA DEL 9 DE ENERO” Marco A. Gandásegui, h. (2016)

 Reseña del artículo“ LA JUVENTUD PANAMEÑA Y LA GESTA DEL 9 DE ENERO”  - 24 pag. 24 del autor Marco A. Gandásegui, h. (2016)

Para entender los sucesos del 9 de enero de 1964, hay que ser panameño. Tal es el efecto de prácticamente un siglo de enclave colonial norteamericano sobre nuestro territorio, aunado a innumerables intervenciones armadas en nuestro país, que a su vez cobraron muchas victimas, en un país bajo la permanente tutela de los EE.UU. y en una situación de vasallaje nacional y racial, que sumado a una pertinaz determinación de varias generaciones de panameños de distintas posiciones políticas para lograr nuestra liberación nacional plena, nos permitió consolidar nuestra Soberanía Nacional tal como se logro en el año 2000, con la salida de las tropas norteamericanas y la devolución del Canal de Panamá. Gandásegui nos recalca el respeto y admiración que sentimos muchos panameños por esa juventud que enmarcó el camino a una soberanía y dominio pleno. Con un solo propósito los mismos se esparcieron por calles y caminos específicos en la ciudad de Panamá con el único objetivo de mostrar nuestra bandera como único símbolo en el territorio istmeño, con el objetivo de buscar nuestra hegemonía. 

Debemos aclarar que la Gesta del 9 de enero de 1964, encabezada inicialmente por estudiantes, pero seguidos por el pueblo en general, y que contó con la solidaridad de la clase política del país (llevo a la ruptura diplomática momentánea con los EE.UU.) es un hecho histórico relevante en la conciencia colectiva panameña, determinante para nuestra identidad nacional y que contribuyo a la consolidación del Estado Nacional, al imponerle negociaciones a los EE.UU. Marcos A Gandásegui acierta en algo y es lo que hace que esta gesta patriota suene como de superhéroes “Quién se hubiera imaginado que una juventud rebelde pondría fin a esa absurda pretensión de Washington de convertir a Panamá en su colonia a perpetuidad?”

Valorando las certeras palabras de este autor, me es necesario aclarar que después de todo el recorrido de aquellos jóvenes con el objetivo de izar nuestra bella bandera nacional se abrieron caminos los cuales determinaron los Tratados del Canal de 1977, y la  devolución del Canal a Panamá con la salida de las bases militares norteamericanas el 31 de diciembre de 1999, al iniciar el presente siglo.

Explicar detalle a detalle como ocurrió todo exactamente es un paso grande para valorar nuestra cultura. Desde el momento en el que la policía Zoneita impidió el paso de la manifestación, permitiendo el acceso al plantel de una delegación de solo seis estudiantes panameños para dar paso a la colocación de la bandera  Nacional y que no cumplieran con su palabra dio inicio a esta gran revolución, así es, como lo mencioné, la delegación panameña fue reprimida por la policía norteamericana, lo cual generó la reacción inmediata del resto de los Estudiantes que habían Marchado pacíficamente al territorio Zoneita,  como si Panamá le hubiera declarado la guerra…entre hechos no mencionados por el autor y que me parece de carácter importante para comprender mejor que aquella gesta no fueron solo actos de rebeldía, hubieron actos como el cierre del puente de las Américas que motivo aún más aquella generación, aquel 9 de enero, se apoderaron del corredor a la ciudad de Colon, incluso la toma de la ciudad misma, y no está de más mencionar nuevamente  el uso de fuego armado  a las zonas adyacentes, lastimosamente desencadenó consecuencias ya conocidas: 21 muertos y 500 heridos por parte de la Población Panameña. Los primeros disturbios, son pruebas irrefutables de que, en esos días, la tropa agredió a la población Panameña cumpliendo órdenes emanadas de las más altas autoridades norteamericanas.

Los hechos acontecidos antes del año 1964 dieron partida a lo que ya conocemos como el “Dia de los mártires”  Gandásegui lo detalla perfectamente y esto fue el aprovechamiento indebido que hizo Estados Unidos de las circunstancias angustiosas o precarias que dieron origen a la independencia de Panamá. Ese aprovechamiento se concretó en el leonino tratado general de 1903 que lesionaba profundamente la soberanía nacional. Aún fresca la tinta que dibujó la firma de Felipe Bunau-Varilla al suscribir el 18 de noviembre de 1903 el nefasto documento (pág. 10)

El 10 de enero de 1964, el presidente de Panamá Roberto Chiari decide romper relaciones diplomáticas con los Estados Unidos como respuesta a la ofensiva del ejército estadounidense contra el pueblo panameño, exactamente así lo menciono en una carta enviada justo a las 3:00 Pm al encargado de negocios Wallace Stuart:

“Finalmente cumplo con informar a Vuestra Excelencia que, debido a los sucesos a que antes me he referido, el Gobierno de Panamá considera rotas las relaciones diplomáticas con su ilustrado Gobierno, y en consecuencia, ha impartido instrucciones a Su Excelencia el Embajador Augusto G. Arango, para que regrese cuanto antes a la Patria.”

 Tal vez en mi escrito suene sentimental, pero imaginar cada suceso es un poco agridulce, sobre todo al conocer palabras de muchos de aquellos autores de esta gesta: Seguiré soportando el dolor porque la lucha que hicimos fue de alma y corazón por ver a mi Panamá libre”, dijo al diario La Estrella de Panamá en 2017 Claudio Márquez, panameño herido en aquella jornada y que conserva una bala alojada en su cuerpo. ¿Cómo no sonar sentimental o enorgullecerme de aquellos jóvenes? Gracias a ellos hoy camino por una ciudad hermosa, plena y soberana, igual que muchos de mis familiares y 4 millones panameños más.

La historia panameña tiene un sinfín de sacrificios y luchas que a medida que se fueron dando, indicaron el camino para una soberanía plena. Pero la fecha para recordar y que enmarcó una gran diferencia fue aquel “9 de enero de 1964”

 Marcos A Gandásegui nos deja claro su mensaje en su escrito, el cual es no olvidar lo sucedido aquel dia y en los días posteriores para que los demás jóvenes sepan como sucedió todo. Sobra decir que estos eventos marcaron un antes y después en nuestra historia. El objetivo de los Mártires se logró. La memoria histórica de estos hechos deja una huella imborrable en el corazón de nuestra nación, aprendamos del pasado, no olvidemos el legado de tantos caídos y héroes que expusieron sus vidas en beneficio de todas las generaciones que vendrían, recordémoslos y honrémoslos con respeto, sus nombres quedarán escritos para siempre en el alma de la patria.  (Portugal, 2021)

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Autora: Kristell Prado

Estudiante de Licenciatura de la Universidad Cristiana de Panamá

La actividad minera y la ocupación en Panamá

Autora: Irielka Nieto

Estudiante de la Escuela Diurna de Jóvenes y Adultos de La Chorrera

El engranaje de la actividad moviliza desde profesionales obreros sin estudios que realizaran los más diversos oficios. El recurso economía es de gran importancia en diferentes aspectos ya que circula una gran cantidad de poder adquisitivo y cambian los patrones de consumo y la estabilidad en la entrada de la economía local de ingresos y una fuerte migración local en búsqueda de ofertas de trabajo.

Las características culturales de las sociedades campesinas panameñas en las zonas donde se ubican gran parte de la industria minera y dada la gama de recursos que mueven la minería es compleja. El avance de la sociedad industrial delimita espacios de encuentro cultural, económica, ambiental y social que definen una compleja correlación entre el hombre y el espacio desde el punto de vista geográfico que lo rodea.

A un año de la sublevación popular de julio de 2022 - Balance y perspectivas


                                                               Universidad de Panamá

Facultad de Humanidades

Centro de Investigaciones de la Facultad de Humanidades – CIFHU

Departamento de Sociología

Escuela de Sociología

 

Jornada de Reflexión:

A un año de la sublevación popular de julio de 2022:

 Balance y perspectivas

 

Fecha: 23 de agosto de 2023

Salón de Profesores de la Facultad de Humanidades

Hora: (Jornada doble) 8 A.M. a 12:30 M.D. / 5 P.M.

                                                                          

Objetivo: Generar un análisis colectivo sobre las causas del levantamiento popular de julio de 2022, junto a las organizaciones sociales y populares, con la finalidad de recopilar las principales experiencias y balances desde las organizaciones movilizadas.

Organizaciones invitadas:

ALIANZA PUEBLO UNIDO POR LA VIDA, ANADEPO, ASOPROF,  AEVE, Convergencia Sindical, CGTP, SUNTRACS-CONUSI, FUCLAT, Coordinadora de Bases Indígenas de Chepo, Asociación de Estudiantes de Sociología AES, Polo Ciudadano, Juventud Revolucionaria JR-16, Movimiento Alternativa Socialista (MAS).

 Dirigentes para invitar:

Eduardo Gil (Convergencia Sindical)

Saúl Méndez (SUNTRACS)

Fernando Ábrego (ASOPROF)

Alejandro John (FUCLAT)

Ileana Corea   (JR-16)

Nelva Reyes  (CGTP)                                  

Kevin Sánchez (Base de Chepo)

Juan R. Herrera (AEVE)

Maribel Gordón (Alianza por la Vida)

Diógenes Sánchez (ASOPROF)


A paso de Antropoceno

 Por: Dr. Guillermo Castro H.


            El Antropoceno – la Era de los Humanos – es aquel momento que nos ha tocado vivir de una evolución del sistema Tierra que ya abarca unos 5 mil millones. El término fue popularizado a partir del año 2000 por un artículo escrito por Paul Crutzen, Premio Nobel de Química 1995, y el biólogo estadounidense Eugene Stoermer, en el en el Global Change News Letter, el boletín del Programa Internacional Geosfera-Biosfera. [1]

Allí plantearon que desde fines del siglo XVIII estaban en curso transformaciones en el sistema Tierra derivadas del incremento sin precedentes en la intensidad, la diversidad y la amplitud de las interacciones entre las sociedades humanas y sus entornos naturales a escala mundial. Esas transformaciones, vinculadas a la I Revolución Industrial y el ingreso de la Humanidad al consumo masivo de combustibles fósiles, fueron objeto de una Gran Aceleración a partir de la década de 1950, cuyas consecuencias empezaron a ser discutidas en la década de 1970 y siguen siéndolo hoy.


            El tema había estado presente en la cultura ambiental desde mediados del siglo XIX. En julio de 1955 las reflexiones y el conocimiento acumulados en torno al impacto sobre del desarrollo de nuestra especie sobre la biosfera animaron un simposio internacional titulado El Papel del Hombre en la Transformación de la Faz de la Tierra, realizado en Princeton, New Jersey, dedicado a George Perkins Marsh, que abrió el debate sobre el tema en el mundo Noratléntico en 1864 con su libro Man and Nature, y “a los primeros hombres que utilizaron herramientas y el fuego; y a las incontables generaciones que con sus hábiles manos e ingeniosos cerebros han hecho de todo un planeta su hogar y nos han proporcionado nuestro objeto de estudio.”[2]


Para comienzos del siglo XXI, Crutzen y Stoermer estimaron que esa transformación había alcanzado una complejidad y unos niveles de riesgo para los humanos que hacían necesario “crear estrategias de sustentabilidad de los ecosistemas contra las presiones ejercidas por la humanidad.” [3] Hoy, lo perceptible en el 2000 se ha tornado evidente con nuestro ingreso de lleno a una situación de deterioro generalizado de las condiciones naturales de existencia de nuestra especie, en el cual el colapso de ecosistemas, la erosión de la biodiversidad, la degradación de suelos y aguas, la contaminación de la biosfera y el cambio climático se combinan entre sí en un proceso de aceleración por interacción.

En este proceso opera también la descomposición de la cultura y las formas de organización social y política que contribuyeron a generarlo, y que no están en capacidad ni de mitigarlo ni mucho menos de detenerlo. En ese sentido, se hace sentir una gran diferencia con el estado de la ciencia en el simposio de 1955, que convocó a destacados representantes de las ciencias naturales y la Humanidades en un diálogo que hoy llamaríamos interdisciplinario, pero que en ese entonces no requirió de tales precisiones.

Importa resaltar esto porque lo evidente entonces – como la relación entre el cambio social y el de nuestras relaciones con el entorno natural – ha venido a convertirse en una suerte de terra incognita en el debate de nuestro tiempo, centrado de manera casi unilateral en las ciencias naturales. Con todo, ese desencuentro ha venido encontrando remedio en la obra de destacados humanistas contemporáneos, como Donald Worster, Joan Martínez Alier y Leonardo Boff.

En el marco de ese proceso de reencuentro, los historiadores estadounidenses John McNeill y Peter Engelke han señaladp que, si bien el Antropoceno y la Gran Aceleración de 1950-2000 coincidieron inicialmente, esta última “no durará mucho, pues ni lo necesita ni puede hacerlo. Y, de manera menos clara pero no menos segura, la era de los combustibles fósiles terminará.”

Aun cuando eso “debería ser suficiente para desacelerar la Gran Aceleración y mitigar el impacto humano sobre la Tierra”, no pondrá fin al Antropoceno, pero “lo llevará a otra etapa” en su desarrollo, y contribuirá a moderar las conductas humanas que contribuyeron a su formación. Entretanto, dicen, “es necesario hacer muchos ajustes” entre la Humanidad y el Antropoceno, pues las instituciones políticas, económicas y culturales, que evolucionaron en un contexto dramático y sin precedentes en el uso de los recursos y de crecimiento económico, “deben ahora evolucionar hacia formas más compatibles con el Antropoceno – o ceder su lugar a sus sucesores.”[4]

Desde esa perspectiva, por ejemplo, los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible – concebidos para mejorar la normalidad que hemos conocido – han venido a convertirse gradualmente en un programa mundial que abre paso a nuestra adaptación al Antropoceno. La lentitud en la ejecución de ese programa, al propio tiempo, confirma su vínculo con la cultura del mundo de la Gran Aceleración, y explica la dificultad para pasar de una cultura y una política de crecimiento sostenido a otra de sostenibilidad del desarrollo humano.

El hecho, en todo caso, es que si deseamos un ambiente distinto, será necesario crear una sociedad que sea diferente por su capacidad para prosperar con equidad, sostener el desarrollo de la especie humana, y establecer relaciones con la naturaleza tan armoniosas como las que existan entre sus integrantes. Esto demandará una movilización de fuerzas sociales que genera las condiciones necesarias para aprovechar la experiencia y el conocimiento acumulados por la Humanidad en la tarea de construir una noosfera que finalmente trabaje con la naturaleza y no contra ella.

 

Alto Boquete, Panamá, 15 de agosto de 2023

 https://connuestraamerica.blogspot.com/2023/08/a-paso-de-antropoceno.html


[1] Al respecto, https://es.unesco.org/courier/2018-2/antropoceno-problematica-vital-debate-cientifico#:~:text=Creado%20en%20un%20principio%20por,y%20geof%C3%ADsicos%20a%20escala%20mundial.

[2] Al respecto: Man’s Role in Changing the Face of the Earth (1956). The University of Chicago Press. Entre los organizadores estuvieron Carl Sauer y Lewis Mumford. 

[3] https://www.wwf.org.mx/quienes_somos/planeta_vivo/historia_y_concepto_del_antropoceno/

 

[4] McNeill, J.R. y Engelke, Peter (2014:209): The Great Acceleration. An environmental history of the Anthropocene since 1945. The Belknap Press of Harvard University Press. Cambridge, Massachusetts; London, England.

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Cambios Tecnológicos y Sociedad Humana.

Por: Rev. Pbro. Manning Maxie Suárez +

 

"No hemos experimentado 100 años de progreso en este siglo XXI,

sino más bien 20,000 años de progreso (a la tasa actual)".

Ray Kurzweil

 


No existe duda alguna, que estamos viviendo épocas de cambios inimaginables, la tecnología, la digitalización y el internet de las cosas nos han cambiado la manera tradicional de cómo hacíamos nuestra vida y han afectado profundamente nuestras relaciones interpersonales.  ¿Es una era de cambios o en el fondo es un cambio de era?, Es una pregunta para reflexionar el resto de nuestra existencia.

La Inteligencia Artificial, que era hace unos pocos años un tema de ciencia ficción, hoy es una realidad en la mayoría de las acciones que realizamos.  Un ejemplo de esto son los asistentes virtuales como Siri, Google Assistant, Alexa entre otros.  En la automatización de procesos en la industria manufacturera, aumentando la eficiencia y reduciendo los costos de producción.  En diagnósticos médicos, identificación de enfermedades, análisis de imágenes médicas y asistencia en cirugías, mejorando la precisión y la rapidez en el cuidado de los pacientes. 

Díganos también, en vehículos autónomos para tomar decisiones en tiempo real y conducir de manera segura sin intervención humana y con menor riesgo de accidentes.  En el Comercio electrónico, dando recomendaciones de productos personalizados en plataformas de compras en línea que se basan en algoritmos de IA y que analizan el comportamiento del usuario.  En el análisis de datos financieros, la detección de fraudes, la predicción de mercados y la gestión de carteras de inversión.  También en plataformas de aprendizaje en línea para adaptar el contenido y la experiencia educativa a las necesidades individuales del estudiante. 

Qué decir de los chatbots y sistemas de atención al cliente automatizados todos ellos utilizan IA para resolver consultas y problemas de los usuarios de manera rápida y eficiente necesitan.  Y por otro lado tenemos los servicios de traducción automática como Google Translate, que utiliza IA para mejorar la precisión y fluidez de sus traducciones. En materia de seguridad, la IA se aplica en sistemas de vigilancia y detección de anomalías para mejorar la seguridad en espacios públicos y privados.  Así que está presente en muchas de todas las acciones humanas que realizamos a diario.

Fei-Fei Li, profesora de ciencias de la computación en la Universidad de Stanford, señaló sobre la Inteligencia Artificial lo siguiente: “Como tecnólogo, veo cómo la IA y la cuarta revolución industrial afectarán todos los aspectos de la vida de las personas”.  Alan Kay, informático estadounidense y premio Turing en 2003 señala: “A algunas personas les preocupa que la inteligencia artificial nos haga sentir inferiores, pero cualquier persona en su sano juicio debería tener un complejo de inferioridad cada vez que mira una flor”.  Satya Nadella, ingeniero eléctrico e informático indio-estadounidense y actual director ejecutivo de Microsoft señaló que: “Los humanos agregarán valor donde las máquinas no pueden. A medida que avance más y más la Inteligencia Artificial, la inteligencia real, la empatía real y el sentido común real serán escasos. Los nuevos trabajos se basarán en saber cómo trabajar con máquinas, pero también en cómo impulsar estos atributos humanos únicos”. Cómo observamos, es una realidad que llegó para quedarse y ayudarnos con nuestras actividades diarias en beneficio del bienestar común.

Sin embargo, el Ser humano, que es un ser social por naturaleza, se puede ver afectado por ciertas prácticas al utilizar estas tecnologías.  Y me refiero a su accionar en la socialización con los demás seres humanos. 

"El informe de Digital 2021 July Global Statshot elaboró una lista de los medios más consumidos por la sociedad moderna y proporcionó datos específicos sobre el promedio de horas que las personas, de edades comprendidas entre 16 y 64 años, pasan en contacto con cada uno de ellos. Entre los medios mencionados se encuentran los siguientes:

Internet (en todos los dispositivos): 6 horas y 55 minutos.

Televisión (tanto en vivo como streaming): 3 horas y 20 minutos.

Social Media: 2 horas y 24 minutos.

Lectura de noticias (tanto en papel como online): 2 horas y 3 minutos.

Música por medio de streaming: 1 hora y 33 minutos.

Transmisiones de radio: 1 hora.

Podcasts: 55 minutos.

Videojuegos: 1 hora y 12 minutos.

"Si bien se tenía conocimiento previo de que internet sería el medio más utilizado por los usuarios, resulta realmente interesante observar esta tendencia plasmada en un estudio. Ahora, con la posibilidad de conocer de manera fidedigna la cantidad de horas que se le dedica, y al compararlo con otros medios masivos, se evidencia aún más su relevancia."

Tengo hijos, al igual que muchos de ustedes que están reflexionando este artículo, y en mi caso veo que los mismos pasan sumergido en juegos y videos que para ellos son divertidos. Al principio pensaba que estaban estudiando y usando la tecnología para ello, pero la realidad era otra.  Ya puedo decir, que no hay mucha comunicación verbal como antes que ellos manejaran el internet de las cosas.  Sin embargo, hay momentos como las comidas de familia donde aprovechamos para conversar y reconocernos entre todos,,, Estoy casi seguro que debe ser el mismo caso para muchos de ustedes.

¿Podríamos ser absorbidos, como un agujero negro, por la Tecnología, la digitalización y el internet de las cosas? La respuesta es sí.  ¿Qué hacer entonces? ¿Qué estrategia podía desarrollar para ayudarlos? Aunque ustedes no lo crean, se lo pregunté al “cuasi culpable de esta situación a la Inteligencia Artificial” y me aconsejó lo siguiente: “Aquí tienes algunas estrategias que podrían ayudarte a gestionar y limitar su tiempo en línea: Establecer horarios y límites, Fomentar actividades fuera de línea, Crear espacios tecnológicos compartidos, Establecer reglas sobre el uso de dispositivos durante las comidas y antes de dormir, Ser un modelo a seguir, Comunicación abierta con tus hijos sobre los riesgos y beneficios del uso de Internet, Utilizar herramientas de control parental entre muchos otras acciones todas muy buenas!

En resumen, estimados lectores, el objetivo según el consejo que me dio la Inteligencia Artificial no es eliminar completamente el acceso a la Tecnología, la Digitalización y al Internet de las cosas, sino más bien promover un uso equilibrado y seguro. Al brindar un ambiente de apoyo y supervisión, podrás ayudar a tus hijos a desarrollar hábitos saludables en relación con la tecnología.  Ahí se los dejo para la reflexión personal y familiar.

Sacerdote

Del colapso y la esperanza

 Por: Dr. Guillermo Castro H.


El catastrofismo, hijo natural de la desesperanza, se va haciendo cada vez más común en nuestra cultura. Así, para el escritor Tyler Durden si bien no somos la primera civilización en colapsar, “probablemente seremos los últimos.” Todas las civilizaciones, dice, mueren de manera similar: 

Agotan los recursos naturales. Engendran élites parasitarias que saquean las instituciones y los sistemas que hacen posible una sociedad compleja. Se involucran en guerras fútiles y contraproducentes. Y luego se asienta la podredumbre. Los grandes centros urbanos mueren primero, cayendo en una decadencia irreversible. La autoridad central se desmorona. La expresión artística y la investigación intelectual son reemplazadas por una nueva era oscura, el triunfo del espectáculo de mal gusto y la celebración de la imbecilidad que complace a la multitud. [1]

Para Durden, el problema radica en que las civilizaciones no logran adaptarse a las crisis que genera su desarrollo, con lo cual aseguran “su propia destrucción”. El colapso de la nuestra dice, “será único en tamaño, magnificado por la fuerza destructiva de nuestra sociedad industrial impulsada por los combustibles fósiles.” Sin embargo, más allá de replicar “procesos similares del pasado”, en el caso de la nuestra la diferencia será de escala, porque “esta vez no habrá salida.” 

Esa conclusión es aventurada. Existen múltiples experiencias de civilizaciones que se han sobrevivido a sí mismas a través del legado material y cultural que han hecho a sus sucesoras. Egipto y Grecia son ejemplos importantes, en sí mismos y en su incidencia en la formación de la cultura romana, de tan prolongado y rico aporte la civilización Occidental.[2] En nuestra América, de Martí acá, las culturas y civilizaciones anteriores a la conquista europea desempeñan un papel cada vez más importante en el desarrollo de nuestra identidad, y en la búsqueda de soluciones a nuestros problemas socioambientales.

            Al propio tiempo, la geocultura del sistema mundial ha desarrollado capacidades sin precedentes para conocerse a sí misma y a su entorno. De ellas ha derivado además un mejor entendimiento de sus contradicciones, y de capacidad para movilizarse ante los desafíos que ese conocimiento le va planteando. 

            Una personalidad característica del tiempo de transición que nos trae a las preocupaciones de hoy, por ejemplo, fue la bióloga marina Rachel Carson (1907-1964). En 1962, ella publicó el libro La Primavera Silenciosa, en el que denunció el impacto ambiental del uso abusivo de agroquímicos, y que fue como el acta de nacimiento del ambientalismo contemporáneo. Un año después, ya en camino a su muerte, ofreció una conferencia en la que se preguntaba si el ser humano “podría estar trabajando contra sí mismo”, ante la “sospecha creciente -de hecho, tal vez una certeza inquietante- de que a veces hemos sido quizás demasiado ingeniosos para nuestro propio bien.”[3] 

Aun con la maravillosa inventiva del cerebro humano, dijo Carson, “comenzamos a preguntarnos si nuestro poder para cambiar la faz de la naturaleza no debería haber sido templado con sabiduría para nuestro propio bien, y con un mayor sentido de responsabilidad por el bienestar de las generaciones.”  A ese respecto resaltó el aporte de la ciencia para revelar que el ser humano “no vive apartado del mundo, sino en medio de una interacción compleja y dinámica de fuerzas físicas, químicas y biológicas, y entre él y este entorno existen interacciones continuas e interminables.” 

            Para Carson, esa interdependencia universal se remitía al ambiente “extraño y aparentemente hostil” en que tuvo lugar el origen de la vida hace unos 4,400 millones de años.[4] Previamente, dijo, la atmósfera de la Tierra “probablemente no contenía oxígeno,” y por ello no contaba con una capa protectora de ozono en su nivel superior. Así, “toda la energía de los rayos ultravioleta del sol debe haber caído sobre el mar”, donde había en abundancia “compuestos químicos simples” - dióxido de carbono, metano, y amoníaco -, dispuestos para la compleja serie de combinaciones y síntesis que esa energía debió generar. 

            A partir de allí, ocurrieron dos hechos de gran alcance. Por un lado, “en ningún otro lugar del sistema solar se han producido condiciones igualmente favorables para la vida”; por el otro, esas condiciones constituyeron un entorno en cuya evolución la propia vida tuvo y tiene un papel de primer orden. 

            La vida así creada, en efecto, actuó sobre el sobre el entorno en que había ocurrido su creación. Y esto incluyó que el desarrollo de la fotosíntesis en las plantas generara un proceso de “liberación de oxígeno a la atmósfera”, de modo que “el aire que respiramos hoy, con su rica proporción de oxígeno, es una creación de vida.”

            Aquellas condiciones de origen permitieron un “único acto extraordinario de generación espontánea”, que ya no podrá repetirse. Y al propio tiempo, la acción y la interacción constantes entre la vida y su entorno han modelado y modelan desde entonces el ambiente de la Tierra hasta el presente.

Para Carson, “la rama de la ciencia que se ocupa de estas interrelaciones es la Ecología”, y es desde ella como mejor cabe abordar los problemas ambientales que enfrentamos. Para resolver estos problemas, decía, “necesitamos verlos como un todo; mirar más allá del evento único e inmediato de la introducción de un contaminante en el medio ambiente, y rastrear la cadena de eventos así puestos en marcha”, sin olvidar nunca “la totalidad de esa relación.” 

Sin embargo, advertía que estos conceptos, “que suenan tan fundamentales”, son olvidados “cuando nos enfrentamos al problema de eliminar la miríada de desechos de nuestra forma de vida moderna.” Ante ese problema, no nos comportamos 

 

como personas guiadas por el conocimiento científico, sino más bien como la proverbial mala ama de llaves que barre la suciedad debajo de la alfombra con la esperanza de quitarla de la vista. Vertimos desechos de toda clase en nuestros arroyos, con objeto de que se los lleven de nuestras costas. Descargamos el humo y los vapores de un millón de chimeneas y montones de basura en llamas a la atmósfera con la esperanza de que el océano de aire sea lo suficientemente grande como para contenerlos. Ahora, incluso el mar se ha convertido en un vertedero […]. 

“Y esto se hace,” añadía, “sin reconocer que la introducción de sustancias nocivas en el ambiente [está] cambiando la naturaleza del complejo sistema ecológico […] de maneras que normalmente no prevemos hasta que es demasiado tarde.”

            Hasta ahora, decía Carson hace ya 60 años, “hemos sido demasiado reacios a conceder la posibilidad de peligro o la existencia real de peligro”. Para entonces, eso ya planteaba el problema de la responsabilidad moral, “no solo para nuestra propia generación, sino para las del futuro”, que no tienen voz en las decisiones de hoy.

Esto, añadía, implicaba “una especie de rechazo de nuestro pasado, una renuencia o falta de disposición para aceptar el hecho de que el hombre, como todas las demás criaturas vivientes, es parte de los vastos ecosistemas de la tierra, sujeto a las fuerzas del medio ambiente.” Para Carson, convenía reflexionar “sobre qué miedos ocultos en el hombre, qué experiencias olvidadas hace mucho tiempo, lo han hecho tan reacio a reconocer primero sus orígenes y luego su relación con ese entorno en el que todos los seres vivos evolucionaron y coexistieron.” Y concluía diciendo que esperaba con ansias “el día en que nosotros también podamos aceptar los hechos de nuestra verdadera relación con nuestro entorno”, convencida de que “sólo en ese ambiente de libertad intelectual podremos resolver los problemas que tenemos ahora ante nosotros.”

Nunca quizás ha sido tan importante esa conclusión. Vivimos el crepúsculo de una civilización que se agota, y que multiplica sus sombras. A 60 años de entonces, el llamado de Rachel Carson a preservar la libertad intelectual se convierte, hoy, en un llamado a construir las condiciones políticas que nos permitan ejercer esa libertad para imaginar y construir sociedades cuyas relaciones con el mundo natural sean tan armónicas como las que mantengan entre sí sus integrantes. 

 Alto Boquete, Panamá, 20 de julio de 2023

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[1] Durden, Tyler: “No somos la primera civilización en colapsar, pero probablemente seremos los últimos.” 16 agosto 2022.https://chrishedges.substack.com/p/we-are-not-the-first-civilization?utm_source=twitter&sd=pf

[2] Al respecto, por ejemplo, Wickham, Chris (2016): El Legado de Roma. Una historia de Europa de 400 a 1000. Pasado y Presente, Barcelona.

[3] “The Pollution of Our Environment.” Lost Woods: The Discovered Writing of Rachel Carson - Rachel Carson, Linda Lear (1999). Part IV, Chapter 30. https://publicism.info/environment/woods/31.html

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_la_vida

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