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Geopolítica del petróleo en la era Trump


Thierry Meyssan

Estados Unidos se ha convertido en el primer productor mundial de hidrocarburos y ‎ahora utiliza su posición predominante con un solo fin: maximizar sus ganancias. ‎Para lograrlo no vacila en eliminar grandes productores rivales, sin importarle sumir ‎a sus pueblos en la miseria. En el pasado, el acceso al petróleo del Medio Oriente era ‎una necesidad vital para la economía estadounidense –bajo las administraciones Carter, ‎Reagan y Bush padre–, después fue un mercado bajo control yanqui –bajo la ‎administración Clinton– y más tarde, un recurso que iba a agotarse y que ‎Estados Unidos quería controlar –bajo las administraciones Bush hijo y Obama. ‎Ahora, bajo la administración Trump, los hidrocarburos se han convertido nuevamente ‎en el oro negro del capitalismo. Veamos la evolución de ese mercado sangriento. ‎

Toda economía depende, en primer lugar, de la energía a su disposición y ha sido esa una de las ‎principales causas de las guerras. Inicialmente se trataba de obtener esclavos para ponerlos a ‎trabajar en los campos. Más tarde, en el siglo XIX, el objetivo era apoderarse del carbón para ‎alimentar las maquinarias. Hoy se trata de los hidrocarburos (petróleo y gas). ‎

Para esconder esa lógica, los hombres siempre se han inventado otras razones como justificación ‎de lo que hacen. Por ejemplo, en nuestra época nos han llevado a creer:
 
- que Irán está sancionado debido a su programa nuclear militar, al que Irán puso fin en 1988;

- que las instalaciones y fondos de PDVSA en Estados Unidos fueron confiscados para quitárselos al “dictador” ‎Maduro y entregarlos al equipo del autoproclamado presidente interino de Venezuela, Juan ‎Guaido, a pesar de que Maduro es el presidente constitucionalmente electo de la República ‎Bolivariana;

- y que Estados Unidos mantiene fuerzas militares en Siria para apoyar a sus aliados kurdos ‎contra el “dictador” Bachar al-Assad, aunque esos kurdos son mercenarios que ni siquiera ‎representan a su pueblo mientras que Assad es el presidente democráticamente electo de la ‎República Árabe Siria. ‎

Como acabamos de verlo, esas “justificaciones” no tienen nada que ver con la realidad y están ‎en total contradicción con los hechos. Pero si estamos dispuestos a aceptarlas es porque ‎creemos que nos benefician. ‎
El mercado mundial
El mercado de los hidrocarburos es el más importante del mundo, antes que los mercados de la ‎alimentación, de las armas, de los medicamentos y de las drogas. Ese mercado estaba ‎inicialmente en manos de las empresas privadas, pero en los años 1960 se convirtió en terreno ‎exclusivo de los Estados. Con el desarrollo económico fueron apareciendo nuevos actores y ‎ese mercado se hizo más imprevisible. Además, durante el periodo transcurrido entre el fin de ‎la URSS y el regreso de Rusia, se convirtió en un mercado altamente especulativo, con ‎fluctuaciones de los precios de venta que iban de 1 a 4. ‎

Por otra parte, todos saben que numerosos yacimientos se agotan al cabo de mucho tiempo de ‎explotación. A finales de los años 1960, el clan Rockefeller y el Club de Roma popularizaron la ‎idea de que los hidrocarburos, por ser energías fósiles, eran fuentes limitadas. Pero el hecho es ‎que aún se desconoce el origen de los hidrocarburos. Su origen fósil es sólo una hipótesis ‎no demostrada. En todo caso, aunque los hidrocarburos fuesen renovables, la sobreexplotación ‎de los yacimientos podría acabar agotándolos, como señala la teoría de Hubbert sobre el pico ‎petrolero.

Pero lo más importante es que el Club de Roma estudió la cuestión partiendo de un ‎postulado maltusiano, estimando que su misión consistía en demostrar que es necesario limitar la ‎población mundial porque los recursos del planeta Tierra son limitados. La teoría sobre el fin del ‎petróleo es sólo un argumento para justificar la voluntad del clan Rockefeller de limitar el ‎crecimiento demográfico de las poblaciones pobres. En sólo medio siglo, nos han hecho creer ‎‎5 veces seguidas que el petróleo se agotaría en los próximos años. La realidad es que hoy ‎existen reservas comprobadas suficientes para garantizar el consumo de la humanidad durante ‎otro siglo. ‎

Los costos muy variables de la explotación de los yacimientos (van de 1 en Arabia Saudita a 15 en ‎Estados Unidos), los progresos técnicos, las constantes fluctuaciones de los precios y el debate ‎ideológico han puesto en peligro varias veces la recuperación de las sumas invertidas. Y, teniendo ‎en cuenta los plazos operacionales, toda interrupción de la inversión en la investigación, la ‎explotación y el transporte, provoca una escasez de los productos disponibles durante los 5 años ‎siguientes. El mercado del petróleo es, por consiguiente, particularmente caótico. ‎
La política mundial en materia de energía
La creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) por el venezolano ‎Juan Pablo Pérez Alfonzo, en 1960, provocó un desplazamiento progresivo del poder de fijar los ‎precios. Ese poder pasó de las compañías petroleras a los Estados exportadores. El cambio ‎se manifestó claramente en el momento de la guerra egipto-siria contra Israel, en octubre ‎de 1973, y la crisis petrolera mundial provocada por aquel conflicto, conocido en Occidente ‎como la «guerra de Yom Kipur». ‎

Como primera potencia mundial, Estados Unidos ha aplicado diferentes políticas en materia de ‎hidrocarburos:

- El presidente James Carter consideró que, dado el hecho que Estados Unidos necesitaba esa ‎fuente de energía, el acceso estadounidense al petróleo del Medio Oriente era una cuestión de ‎‎«seguridad nacional». Los árabes y los persas no tenían derecho a negarse a venderle petróleo ‎ni a elevar sus precios.‎

- El presidente Ronald Reagan creó el CentCom –el mando militar de Estados Unidos para el ‎Medio Oriente, definido por cierto en función del conocimiento de los campos petrolíferos que ‎se tenía en aquella época. Para aplicar la política de su predecesor demócrata, el republicano ‎Ronald Reagan negoció la instalación de bases militares permanentes en la región y comenzó a ‎desplegar en ellas tropas estadounidenses.

- El presidente George Bush padre encabezó una coalición casi universal y la lanzó contra Irak, ‎país que había tenido la audacia de querer actuar por sí mismo y se había atrevido a tratar de ‎recuperar los pozos de petróleo de Kuwait que los británicos le habían arrebatado.

- El presidente Bill Clinton y su vicepresidente Al Gore heredaron un monopolio unipolar, ‎sin la URSS. Establecieron un mapa de los corredores que habría que crear a través del mundo ‎‎(oleoductos, gasoductos, líneas de ferrocarril y líneas de internet) y de las operaciones militares ‎necesarias para construirlos y para garantizar la seguridad de esos corredores –por ejemplo, la ‎guerra desatada contra Yugoslavia para establecer el 8º corredor.

- El presidente Bush hijo y su vicepresidente Dick Cheney, convencidos de que la escasez de ‎hidrocarburos estaba a punto de empezar, iniciaron una guerra cuyo objetivo ya no era ‎apoderarse del oro negro sino controlar la producción y el mercado. Volviendo a la teoría ‎maltusiana del fin inminente de esas fuentes de energía, lo que querían era estar en posición de ‎determinar qué países tendrían derecho a comprar hidrocarburos para garantizar la vida de su ‎población.

- El presidente Barack Obama aprovechó la oportunidad que le ofrecían el gas y petróleo de ‎esquistos en suelo estadounidense y decidió favorecer su extracción, esperando sacar así su país ‎de la maldición maltusiana.

- El presidente Donald Trump llega al poder en momentos en que Estados Unidos se ha convertido ‎en primer productor mundial de hidrocarburos y decide modificar la estrategia estadounidense. ‎
La política de Donald Trump
Cuando el presidente Trump designó como director de la CIA al representante de Kansas Mike ‎Pompeo, creímos que aquella nominación inesperada se debía a las pocas posibilidades que tenía ‎el nuevo presidente de encontrar aliados en el Partido Republicano, que él acababa de tomar ‎por asalto. Olvidábamos entonces que, desde 2006 hasta 2010, Pompeo había dirigido la ‎empresa Sentry International, fabricante de equipamiento para la extracción de petróleo. Pompeo ‎es, por ende, un conocedor del funcionamiento del mundo del petróleo y uno de sus actores a ‎escala mundial. Simultáneamente, el presidente Trump nombraba secretario de Estado a Rex ‎Tillerson, patrón de ExxonMobil. Teníamos que haber vislumbrado entonces que la política ‎energética estaba llamada a ser primordial en la acción de la nueva administración. ‎

Por supuesto, hoy es imposible hacer un balance del trabajo de Mike Pompeo a la cabeza de ‎la CIA. Pero sí es posible pensar que sus objetivos de entonces no están lejos de los que persigue ‎ahora. En todo caso, Pompeo acaba de revelar estos últimos. ‎

Daniel Yergin, reconocido especialista en el mercado de los hidrocarburos, creó una empresa de ‎consejería que organiza anualmente un encuentro internacional sobre la evolución de la situación ‎en ese mercado. El encuentro de 2019 –CERAweek, realizado en Houston del 9 al 13 de marzo– ‎fue la reunión internacional sobre los hidrocarburos más importante realizada en toda la historia ‎ya que participaron los dirigentes ejecutivos de las principales compañías de 78 países que ‎se dedican a esa actividad. El momento principal del encuentro fue la intervención de Mike ‎Pompeo. A todos se les había advertido que su discurso tendría gran importancia y fue el único ‎momento en que la inmensa sala desbordó de público. ‎

Después de saludar a sus colegas, Mike Pompeo expresó satisfacción por los increíbles resultados ‎de la industria petrolera estadounidense que, en 6 años, se ha convertido en la primera ‎productora del mundo gracias a las nuevas técnicas de extracción de petróleo y gas de esquistos. ‎Anunció después que ha creado en el Departamento de Estado un buró especial para la gestión de ‎los recursos energéticos. En lo adelante, es con Mike Pompeo con quien tendrán que tratar los ‎patrones de las empresas estadounidenses especializadas en hidrocarburos y la misión de Pompeo ‎consiste en ayudarlos a conquistar mercados en el extranjero. A cambio de esa ayuda, ‎esas empresas tendrán que ayudar a que Estados Unidos pueda concretar su política energética. ‎

Esa política consistirá simultáneamente en producir el máximo posible en Estados Unidos y agotar ‎una parte de la oferta mundial para equilibrar el mercado. Sólo así podrá Estados Unidos vender ‎su gas y su petróleo de esquistos, cuya producción resulta particularmente onerosa. ‎

Según la doctrina Pompeo, no es conveniente reducir la producción mundial al nivel de la ‎demanda instaurando cuotas de producción, como hace la OPEP+ desde hace 2 años, sino ‎cerrando las puertas del mercado a varios grandes exportadores –Irán, Venezuela y Siria– cuyas ‎gigantescas reservas han sido descubiertas recientemente y todavía no han entrado en fase de ‎explotación. ‎

Así que Estados Unidos sacará de la gaveta el proyecto de ley NOPEC (No Oil Producing and ‎Exporting Cartels Act). Ese proyecto de ley, con gran cantidad de variantes presentadas ‎al Congreso desde hace 2 décadas, apunta a la supresión de la inmunidad soberana que los países ‎de la OPEP invocan para agruparse como cártel, a pesar de las leyes anti-trust estadounidenses. ‎La adopción de una ley NOPEC permitiría llevar ante los tribunales estadounidenses a las ‎compañías petroleras de todos los países agrupados en la OPEP+, aunque hayan sido ‎nacionalizadas, por haber utilizado su posición dominante en el mercado para favorecer el alza de ‎los precios.
Hay otro elemento fundamental a tener en cuenta. Desde finales de 2017, Rusia se asoció a ‎la OPEP para obtener un alza de precios y aceptó disminuir su producción para alcanzar ese ‎objetivo. Algo indispensable para Rusia, sobre todo porque su economía está sufriendo las ‎consecuencias de las sanciones occidentales y porque sus exportaciones de hidrocarburos son –‎junto a las ventas de armas– su principal fuente de ingresos. Por consiguiente, en la actual ‎situación, los intereses de Moscú coinciden con los de Washington: no inundar el mercado. ‎Es por eso que Rusia no hace nada por ayudar a que Irán exporte su petróleo, como ‎tampoco ha iniciado aún la explotación de las zonas cuyo monopolio está en manos de compañías estatales rusas en Siria. Por esa misma razón, Rusia tampoco ayudará a Venezuela a ‎exportar su petróleo. ‎

Rusia salvó a Siria de los mercenarios yihadistas de la OTAN, sin comprometerse a ir más lejos. ‎Ahora es testigo pasivo del lento derrumbe de ese país, otrora próspero, cuya situación, ‎sin llegar a la hambruna que ya asola Yemen, ha tomado inexorablemente ese camino. ‎

La diferencia entre Rusia y Estados Unidos es que Washington no sólo quiere estabilizar la oferta ‎mundial de hidrocarburos sino también determinar hacia dónde fluyen. De ahí las presiones que ‎Washington ejerce simultáneamente sobre la Unión Europea y, por separado, sobre cada uno de sus países ‎miembros para detener la construcción del gasoducto Nord Stream 2. ‎Su objetivo es impedir que la Unión Europea utilice los hidrocarburos rusos. Si Estados Unidos ‎lograse alcanzar ese objetivo, Rusia desviaría el flujo de sus hidrocarburos hacia China, que ‎no podría pagar los mismos precios. ‎

Para responder a las demandas de la Unión Europea, Estados Unidos está construyendo en varios ‎de sus países grandes puertos capaces de recibir el gas de esquistos estadounidense. Mientras ‎tanto, Rusia acelera la construcción de otro gasoducto, el Turkish Stream que sería otra vía más ‎para hacer llegar su gas a la Unión Europea. ‎

Por otro lado, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos está bloqueando todas las ‎posibilidades de transporte de petróleo iraní o venezolano hacia Siria. Los datos que maneja el Departamento del Tesoro demuestran que la CIA comenzó a observar ese comercio desde la ‎elección misma de Donald Trump, incluso durante el periodo de transición entre la administración ‎Obama y la suya, lo cual confirma que la política de la administración actual gira alrededor de la ‎cuestión energética.

En la medida en que Siria no está en condiciones de explotar por sí misma ‎sus reservas y en que Rusia deja pasar el tiempo, la actitud de la Casa Blanca hacia Siria es ‎diferente. Allí se trata de impedir la reconstrucción y de hacerle la vida imposible al pueblo sirio. ‎Así que la CIA está empeñada en una intensa labor de sabotaje contra todo aprovisionamiento ‎energético destinado a Siria. Por ejemplo, ya en este momento la mayoría de la población siria ‎no tiene gas para la calefacción ni para cocinar y, en febrero, un tanquero turco cargado con ‎combustible iraní para Siria estalló frente al litoral sirio, cerca de Latakia. El incidente, ‎probablemente un sabotaje, provocó la muerte de toda la tripulación y una marea negra que ‎no se ha mencionado en ningún medio de la prensa occidental.‎

Estimando que el Hezbollah participa en el gobierno libanés para servir los intereses iraníes, ‎la administración estadounidense ha incluido el Líbano en su prohibición de exportar ‎hidrocarburos. Durante su reciente estancia en ese país, Pompeo trató de imponer una ‎delimitación de las aguas territoriales que pondría las reservas libanesas de hidrocarburos bajo control de Israel.
En Latinoamérica, donde Venezuela envía petróleo a Cuba a cambio de la participación de los ‎médicos cubanos en la atención a la población, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ‎ha anunciado la adopción de sanciones contra toda empresa que participe en las entregas de ‎petróleo venezolano a Cuba, medida que Washington justifica atribuyendo a los militares cubanos ‎el respaldo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana al presidente constitucional Nicolás ‎Maduro. ‎
Las evoluciones previsibles
Por el momento, la única posibilidad de éxito de la política de Donald Trump depende de que ‎su administración logre reducir la demanda de hidrocarburos en su propio país. Hasta ahora, ‎Estados Unidos destinaba los hidrocarburos principalmente a alimentar los automóviles, lo cual ‎explica el desarrollo de una serie de proyectos para la concepción de automóviles eléctricos. Para ‎Estados Unidos consumir petróleo para producir electricidad es mucho más rentable que utilizar el ‎combustible directamente en los automóviles. Además, la electricidad puede obtenerse de ‎diversas fuentes, en territorio estadounidense, a bajo costo y a precios estables. ‎

Es importante precisar que el desarrollo de automóviles eléctricos no tiene nada que ver con los ‎ideales sobre la necesidad de reducir las emisiones de CO2 (dióxido de carbono) para evitar el ‎calentamiento global. En primer lugar, la fabricación de baterías puede ocasionar importantes ‎emisiones de CO2, además de que la generación de electricidad puede ser una fuente de ‎emisiones de CO2 mucho más significativa que el petróleo si la electricidad se obtiene a partir del ‎carbón, como en Alemania y China. ‎

En todo caso, el consumo de petróleo también evoluciona. A escala mundial, el destino del ‎petróleo ya no es principalmente el sector del transporte sino la fabricación de plástico. ‎

Estados Unidos no permitirá que Irán, Venezuela y Siria exporten sus hidrocarburos hasta el año ‎‎2023 o el 2024, cuando su propia producción de hidrocarburos de esquistos comenzará a disminuir ‎rápidamente, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Cuando llegue ese momento, ‎volverá a cambiar todo el tablero geopolítico. ‎


El calentamiento global: datos, alarmas e incertidumbres



La preocupación por el calentamiento del planeta no para de crecer, en especial en este año, en el que vemos con agradable sorpresa (al menos, por mi parte) como se multiplican las manifestaciones de un colectivo que hasta el momento había permanecido en silencio: los que yo denomino “extraordinariamente jóvenes”, alentadas por una joven activista sueca, Greta Thunberg , que ha logrado lo que a mí me parece un milagro, movilizar a la juventud europea con manifestaciones masivas urgiendo a los dirigentes políticos a “hacer los deberes”, en sus propias palabras.

Pues recojo el guante y en lo que yo puedo aportar desde mi posición de científico preocupado por esta cuestión desde hace años, describiré en este artículo los datos de que disponemos en la actualidad para cuantificar esta amenaza y algunas de las posibles vías de solución, relacionadas con la obtención de energía .

1. El calentamiento global

Denominamos calentamiento global al fenómeno del aumento gradual de las temperaturas de la atmósfera, de la superficie y de los océanos de la Tierra, fenómeno que se viene observando de manera continua e ininterrumpida año tras año, desde hace más de un siglo, aunque se ha incrementado sustancialmente en las tres últimas décadas.

Todavía genera dudas y controversias (aunque cada vez menos), la o las causas de dicho aumento. La mayor parte de la comunidad científica considera que hay fuertes evidencias de que el aumento se debe al incremento de las concentraciones en la atmósfera de los denominados Gases de Efecto Invernadero (en lo que sigue, GEI), producidos por ciertas actividades humanas, esencialmente la deforestación y principalmente, la quema de combustibles fósiles, entendiendo por tales petróleo, gas natural y carbón. Esos gases, emitidos por los seres humanos en su actividad industrial, son fundamentalmente los siguientes [1]:

Dióxido de carbono (CO2). Está presente en la atmósfera en porcentajes muy bajos (0,04%), pero es el responsable de la mayoría del efecto invernadero causado por el ser humano, aproximadamente del 60% de éste. Una molécula de CO2 puede permanecer en la atmósfera entre 50 y 200 años.

Metano. Representa menos del 0,0002% de la composición de la atmósfera, pero tiene una capacidad de calentamiento 70 veces superior al CO2, aunque su permanencia en la atmósfera es menor, entre 10 y 15 años, se calcula que su potencial de calentamiento es unas 20 veces superior al del CO2. Se considera que el metano es responsable del 20% del efecto invernadero causado por el hombre.

Óxido nitroso. El óxido nitroso está presente en la atmósfera en proporciones menores que el metano (alrededor de 6 veces menos), y aunque tiene una capacidad de calentamiento 300 veces superior al CO2, su impacto en el cambio climático es alrededor del 5%.

Gases fluorados. Fundamentalmente los perflurocarbonos, los hidrofluorcarburos y el hexafluoruro de azufre, unos gases de efecto invernadero potentísimos (entre 750 y 22.000 veces más que el CO2), aunque afortunadamente son muy residuales; estos gases son los que sustituyeron desde mediados de la década de 1990 a los CFC (clorofluorocarbonos), responsables de la destrucción de la capa de ozono.
Todos ellos absorben la radiación que emite la tierra y la sobrecalientan mediante el denominado “efecto invernadero”, que consiste esencialmente en el fenómeno que describo en el siguiente punto de este texto.

2. Una breve descripción del efecto invernadero

Una fracción de la radiación del sol que llega a la atmósfera terrestre, muy energética, penetra a través de la atmósfera y llega a la superficie y la calienta. Al estar caliente, la superficie a su vez también emite radiación, pero mucho menos energética. Esa radiación, en atmósferas limpias de contaminantes, es reemitida de nuevo, contribuyendo a enfriar la tierra y logrando el equilibrio térmico entre el día y la noche, lo que hace que la temperatura, en promedios temporales largos, se mantenga estable.

Sin embargo, cuando la atmósfera contiene cantidades significativas de GEI, la radiación no puede salir, ya que una parte es reabsorbida por esos gases en suspensión, que de nuevo la reemiten en todas direcciones, con lo que una parte significativa vuelve de nuevo a la tierra, provocando un aumento progresivo de la temperatura del aire y de la superficie.

 3. Correlación entre calentamiento global y GEI

La mayor parte del calentamiento ha sucedido en las últimas tres décadas debido a que estos GEI tienen actualmente una concentración en la atmósfera mayor que en cualquier otro periodo en los últimos 800.000 años. La concentración de CO2 en la atmósfera es alrededor de un 40% superior a la que existía antes de 1750. En el caso del metano, la concentración se ha multiplicado por 2,5 desde la revolución industrial, mientras que el óxido nitroso ha aumentado su presencia en la atmósfera en un 20% en ese mismo periodo. Los compuestos fluorados ni siquiera existían en la atmósfera antes del siglo XX.

Que el calentamiento global es provocado mayoritariamente por el aumento de CO2 lo prueban los siguientes datos: entre 1995 y 2015, la concentración en la atmósfera de CO2 ha aumentado desde 360 ppm (partes por millón) hasta 400 ppm; las emisiones de este gas provocadas por los combustibles fósiles han crecido desde 6.5 GT Carbón/año (1 GT = 1.000 millones de toneladas) en 1995 a 10 GT Carbón/año en 2015.

El aumento de la concentración descrita de GEI ha contribuido a un aumento de la temperatura entre 0,5 y 1,2ºC en el periodo 1950-2010. De otra parte, se calcula que las causas naturales han tenido un efecto no superior a 0,1ºC. Si se considera el periodo de 1880-2016, el aumento de la temperatura global ha sido mayor, de 1,1ºC. El año pasado, 2018, ha sido el año más caliente desde que existen registros, tras 2015, 2016 y 2017 que también fueron los más calientes.

La evidencia no proviene de un estudio aislado, ni de estudios de una única disciplina científica, son estudios independientes utilizando metodologías diversas y los resultados son tozudamente similares. De acuerdo con los sucesivos informes emitidos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) hay hasta 11 indicadores diferentes del calentamiento global, además de la temperatura de la superficie y del aire: nivel del mar, grosor de las cubiertas de nieve en ambos hemisferios, humedad atmosférica, cubierta de hielo ártica, etc.

4. ¿Qué podemos hacer?

Hoy nos encontramos ante un incremento sin precedentes en la demanda de energía debido al aumento de la población y al aumento en el nivel de vida de una parte muy significativa de la misma. La energía barata y abundante sigue siendo crucial para el desarrollo económico; la relación entre el consumo de energía per cápita y el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas es directo.

Pero parece poco probable que disminuya el consumo de energía a nivel mundial en este siglo, especialmente con países como India o China, que concentran cerca del 40% de la población del planeta, en desarrollo vertiginoso. Una acción eficaz contra el calentamiento global exige planes creíbles y basados ​​en evidencias para que los sistemas energéticos, de una parte, eviten casi por completo la explotación de fuentes de combustibles fósiles y de otra, sean escalables a una demanda de energía creciente para una población de aproximadamente 9-10 mil millones de personas a mediados de siglo, y quizá más de 12 mil millones a finales de siglo.

Este proceso, lógicamente, comienza con la reducción paulatina de las tecnologías basadas en combustibles fósiles en la generación de electricidad (carbón, gas natural y petróleo), pero que también debe extenderse para eliminarlos en la obtención de calor industrial y residencial, en el transporte individual y comercial y en la mayoría de otros servicios relacionados con la energía.

Hasta el momento, gran parte de los esfuerzos de los gobiernos de numerosos países, se han centrado en el desarrollo de escenarios energéticos dedicados mayoritariamente a las tecnologías renovables: hidroeléctrica, biomasa, eólica, solar fotovoltaica, termoeléctrica , mareomotriz y geotérmica. Pero, dada la “juventud” de las tecnologías renovables, hay una falta casi total de evidencia histórica acerca de la viabilidad de los sistemas de producción de electricidad 100% renovable que operan a escalas regionales o superior. En la actualidad, el único país desarrollado que tiene un sistema de producción de electricidad con fuentes 100% renovables es Islandia, gracias a sus acuíferos geotérmicos poco profundos, abundante energía hidroeléctrica y una población de solo 300.000 personas. Otros estados europeos alabados por sus esfuerzos en la implantación de fuentes de producción de energía de origen renovable, como Dinamarca o Alemania, producen emisiones de GEI en la generación de electricidad a ritmos similares al promedio de los países del resto de la Unión Europea.

Tampoco deberíamos olvidar el papel que podría jugar la energía nuclear, habida cuenta de que es una fuente energética que produce muy bajas emisiones de CO2. Es evidente que el temor generado por los accidentes de Chernobil y Fukushima, unido a la compleja gestión de los residuos radiactivos, hace que no esté en el tablero. Y creo que no debería ser así (sé que me van a llover las críticas, pero no sería honesto si no lo dijera).

No hay ninguna duda de los beneficios que aporta la incorporación de las tecnologías renovables a los “mix” energéticos de todos los países que lo están llevando a cabo, principalmente la reducción de emisiones de GEI, pero queda por probar que un “mix” 100% renovable sea viable a escala nacional (es decir, con miles de MW instalados), debido entre otras múltiples razones a que con la tecnología de la que disponemos hoy en día, hay muy pocas posibilidades de almacenar grandes cantidades de energía por períodos prolongados de tiempo, aspecto esencial para poder alcanzar el objetivo del 100% de generación eléctrica con tecnologías renovables.

Las preguntas son: ¿puede funcionar un sistema así? ¿disponemos de datos suficientes acerca de variables tales como tiempo de utilización, coste, intermitencia, impactos medioambientales, etc. de estas tecnologías? No hay que olvidar los sustanciales inconvenientes de estas fuentes de energía: baja densidad energética, intermitencia, dificultades de almacenamiento a gran escala, coste todavía elevado de algunas tecnologías poco maduras (como es el caso de la termoeléctrica), etc.

En otras palabras, es imprescindible realizar estudios rigurosos que permitan mostrar la viabilidad de tal cambio de paradigma energético a largo plazo y a gran escala (nacional o incluso superior), habida cuenta de que en el sector de la energía las inversiones son muy costosas, los períodos de amortización muy largos y, por consiguiente, las modificaciones en los “mix” son necesariamente muy dilatados en el tiempo. Por ejemplo, cambiar el “mix” energético español de generación de electricidad, con 27.000 MW de centrales de ciclo combinado instalados en su mayor parte a finales de la década de 1990, llevaría no menos de 30-40 años, que es el plazo previsible de amortización de esas inversiones.

En conclusión, nos encontramos en un momento decisivo, en el que las decisiones de política energética que se tomen ahora serán determinantes para lo que suceda en nuestro planeta en las próximas décadas. Parece claro que hay que realizar esfuerzos, tanto científicos como económicos para encauzar adecuadamente un problema que amenaza el futuro de nuestras sociedades.

Nota:

[1] Algunos datos de los utilizados en este artículo los he tomado del excelente libro de Pedro Fresco, “El futuro de la energía en 100 preguntas” (Editorial Nowtilus, 2018) y del informe “CO2 emissions from fuel combustión” (International Energy Agency, 2017 Edition)

Ignacio Mártil. Catedrático de Electrónica de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Real Sociedad Española de Física.

Bolivia en la nueva geopolítica mundial


www.alainet.org / 18/04/2019

El reciente acercamiento de Bolivia a países como India, Turquía o Emiratos Árabes Unidos refleja la búsqueda de adaptarse a una geopolítica de multipolaridad relativa y de crecientes tensiones regionales y mundiales. Bolivia teje alianzas con países de creciente peso en el sistema internacional, sin descuidar los vínculos más clásicos con las naciones europeas y, hasta cierta medida, con los EE. UU. Va trazando, así, relaciones menos asimétricas, más complementarias y menos dependientes, construyendo un nuevo lugar para Bolivia en la geopolítica mundial.

En el encuentro que mantuvieron a finales de marzo el presidente de la India,  Ram Nath Kovind y el presidente Evo Morales primaron los temas estratégicos. Se acordó profundizar la cooperación en el comercio y las inversiones, incluyendo recursos minerales, productos farmacéuticos, atención médica, sistemas tradicionales de medicina, energía solar y renovable, y tecnologías de la información en el ámbito espacial, entre otros.

Se firmaron acuerdos para la Cooperación del Proyecto Corredor Ferroviario Bioceánico de Integración, el Memorándum de Entendimiento para la Cooperación en el campo de la geología y los recursos minerales, la adhesión de Bolivia a la Alianza Solar Internacional India para promover energías renovables, el Memorando de Cooperación en el campo de los Sistemas Tradicionales de Medicina y Homeopatía y la creación de un Programa de Intercambio Cultural para el periodo 2019 – 2021, en relación con las artes visuales, danza, música, teatro y otras expresiones respectivas a la cultura, literatura e historia. [1]

La visita del presidente Morales a los Emiratos Árabes Unidos, se llevó a cabo en el marco de la Novena Reunión Anual de Inversiones 2019 en Dubai realizada a inicios de abril. En este encuentro, Bolivia destacó la cooperación en materia de inversiones en infraestructuras de comunicación de carácter estratégico destacando el tren bioceánico para conectar el Atlántico con el Pacífico, un nuevo puerto de acceso a la Hidrovía Paraguay-Paraná, y un Centro de Conexión Aeroportuario en la ciudad de Santa Cruz. También se expusieron los avances en la industrialización del litio boliviano (Bolivia cuenta con las mayores reservas de este mineral en el mundo) y el reciente ingreso de Bolivia en la producción de biocombustibles, presentando las potencialidades de este sector.

La última parada diplomática fue Turquía, país con el que Bolivia mantiene importantes relaciones comerciales, con unas exportaciones de alrededor de 77 millones de dólares. Morales y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, acordaron dinamizar las relaciones mediante mecanismos de integración, además de intercambiar opiniones sobre la coyuntura regional en Europa, Asia y América Latina.[2] Esto resulta fundamental, pues Turquía ha reorientado profundamente su inserción diplomática internacional y es uno de los nuevos países emergentes clave.

Avanzaron en compromisos para la industrialización, la diversificación de ambas economías y el aumento del comercio bilateral y la inversión en diversos sectores, como el energético. Erdogan expresó su interés en participar en la industrialización del litio, así como en el fortalecimiento de la cooperación entre ambos países en materia de salud, industria agroalimentaria y defensa.

El acercamiento a países asiáticos se suma a los numerosos encuentros y acuerdos establecidos con China. En junio de 2018 Evo Morales y Xi Jinping firmaron un acuerdo de “asociación estratégica”, acuerdos de cooperación financiera, cultural, comercial y de infraestructura entre los que se destacan el Memorándum sobre Cooperación en el Marco de la Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Iniciativa Marítima de la Ruta de la Seda del Siglo XXI.[3]A su vez, una de las principales socias para la industrialización del litio es la empresa China Maison Engineering, que construirá la planta industrial de carbonato de litio.[4]

También está en pleno crecimiento el vínculo con Rusia y está programado un viaje de Morales a ese país para el mes de julio, reeditando una visita que hizo el año pasado. En dicha ocasión se establecieron compromisos vinculados a inversiones en hidrocarburos, industria del litio, energía nuclear y de tecnología militar. También se firmaron convenios para la venta y exploración gasífera con la petrolera rusa Gazprom, que invertirá 1.200 millones de dólares en la exploración del campo Vitiacua, y con Acron, que se comprometió con la compra de entre 2 y 4 millones de metros cúbicos al día de gas (MMmcd).[5]

Las relaciones son relevantes también en el ámbito militar. En 2016 se firmaron acuerdos para capacitación técnica, envío de oficiales bolivianos a capacitarse en institutos y academias militares rusas, transferencia de tecnología y material de defensa.[6] Recientemente, el embajador de Moscú en La Paz, Vladimir Sprinchan, anunció que legisladores de Bolivia y Rusia iniciarán un programa de cooperación con reuniones e intercambios de visitas para fortalecer la integración entre ambos países.[7]

Además de los acuerdos comentados, Bolivia ha incrementado su representación diplomática en el exterior durante los últimos años, contando actualmente con 36 embajadas, según los datos del propio Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia. Las mismas se reparten entre América (15 embajadas), Europa (14), Asia (5) y África (2) [8]. Especialmente las 5 embajadas en Asia (China, Corea del Sur, India, Irán y Japón) junto a la embajada africana de Egipto, muestran que el gobierno de Evo Morales entiende la geopolítica mundial más allá de Occidente.[9]

Con estas nuevas alianzas Bolivia, apuesta a la multipolaridad emergente y busca ser un jugador relevante, procurando fortalecerse de cara a las tensiones crecientes que hay a nivel regional e internacional. A su vez, asume un rol en la esfera internacional que hasta ahora no había jugado, venciendo a su condición de mediterraneidad, liderando nuevas dinámicas en las relaciones extrarregionales y manteniendo la apuesta regional, en especial con los lazos establecidos con países como Cuba y Venezuela.

En los recientes encuentros con India, Emiratos Árabes Unidos y Turquía, el enfoque de la complementariedad derivado de la cooperación Sur-Sur ha sido el que ha articulado todos los acuerdos alcanzados. Bolivia apuesta por la construcción de una nueva geopolítica, marcando directrices para novedosas formas de relacionamiento a nivel regional y global.

Notas 


Por los sueños se suspira, por las metas se trabaja. | Humberto Ramos | ...

Yemen y el juego del ‘poli bueno-poli malo’ de EEUU con Arabia Saudí


www.publico.es / 090419

El Congreso de EEUU, en una resolución sin precedente, aprobada el 5 de abril por los diputados de ambos partidos, exigió al presidente dejar de apoyar al Reino de Arabia Saudí (RAS) y Emiratos Árabes Unidos (EAU) en su guerra genocida y silenciada contra Yemen. Por primera vez la Cámara Baja utiliza la Ley de Poderes de Guerra (1973) para recuperar la autoridad de la institución sobre el despliegue militar de EEUU en extranjero, restringiendo así el poder del presidente. Un mes antes, y por la iniciativa de Bernie Sanders, el Senado aprobó una resolución similar. Aunque ninguna podrá anular la decisión presidencial que necesita una mayoría de dos tercios en ambas cámaras, de dichas acciones se percibe que:

+ El uso de la fuerza militar de EEUU en Yemen ha sido ilegal: según la Constitución, debería haber sido autorizado por el Congreso

+ El propio gobierno no había declarado la guerra a Yemen.

+ Yemen no fue ninguna amenaza a la seguridad de EEUU. Es más, será la participación de este país en la masacre de la población lo que podrá provocar inseguridad en el territorio de EEUU.

+ Se trata de una importante reprimenda pública al presidente.

+ El Senado, de mayoría republicana, también pide el fin de la guerra.

+ Se está enviando un mensaje al Rey Salman y al peligroso heredero Mohammad Bin Salman (MBS): El golpe de estado de los Oficiales Libres egipcios dirigidos por Gamal Abdel Nasser contra el rey Faruq en 1952 tuvo lugar unos meses después de que los británicos hicieran público su distanciamiento al monarca. Pretenden salvar sus intereses en Arabia Saudí, evitando que el impulsivo MBS (que necesitará que el Consejo Real ratifique su ascenso) se convierta en rey.

+ Temen que Arabia, que está gastando (según el Instituto Washington) hasta mil millones de dólares al mes sólo en la guerra contra Yemen, no pueda cumplir con su compromiso de grandes inversiones en la economía de EEUU. El déficit presupuestario de Arabia en 2018 fue del 4,2%, o 35.000 millones de dólares. Por lo que, además de acabar con los subsidios sobre los artículos básicos y ayudas que han comprado la “paz social” tras las revueltas de la “primavera del 2011”, obligará al gobierno imponer impuestos sobre los artículos.

Si el enemigo se equivoca, no lo distraigas

Ahora bien, si EEUU hubiera querido que RAS ganara esta guerra, hubiera convertido a Yemen en cenizas en menos de un mes, como hizo con Irak y Libia. ¿Es posible que esté dejando que los jeques, a veces rebeldes, se empantanen en Yemen? En enero del 2016, nada más tomar posición de su cargo, Trump cedió el control sobre el puerto de Hodeidah a Arabia, lugar por el que llegan alimentos y medicinas al país, para que pudiera estrangular a la población.

El régimen de Trump -que en noviembre pasado tuvo que suspender el reabastecimiento gratuito de combustible aéreo a los aviones de RAS y EUA, que costaba decenas de millones de dólares a los contribuyentes estadounidenses-, alega que no participa directamente en la guerra y “sólo” está prestando “apoyo logístico” y vende armas a su aliado. ¡Falso! EEUU ha estado bombardeando el país durante años (y uno de los últimos ataques, el 16 de noviembre del 2016, con misiles de crucero); además con este argumento, los terroristas fabricantes de las bombas destinadas a cometer atentados en las ciudades europeas, por ejemplo, no deberían ser juzgados por no apretar el botón.

Obviamente, a ninguna de las facciones les preocupa las víctimas civiles (si no miren a Gaza o Sudán); cada una pretende a su manera mantener a la patria de Mahoma en la órbita de la potencia dirigida hoy por los fanáticos evangélicos, mientras le exigen que “suelte la pasta”, comprando armas o bonos del Tesoro de EEUU, sosteniendo el dólar. No van a permitir que una tribu controlase el oro negro más barato del mundo y siga chantajeando al imperio occidental.

Para terminar la guerra no hace falta parar de vender armas a RAS, sino privarle de piezas de repuesto para los artefactos bélicos que hoy posee.

Extraños movimientos de MBS

La culpa toda es del príncipe heredero que, cometiendo el espantoso crimen de Khashoggi, puso al país que le protege en un grave aprieto. El 7 de febrero, el senado presentó un proyecto de ley que impondría sanciones a los miembros de la familia real saudí por el macabro complot, que no por el asesinato de cerca de 60.000 yemeníes por las bombas de la coalición y otros 85.000 niños que murieron de hambre, según el grupo británico de “Datos sobre Localización y Acontecimientos de Conflictos Armados”, cifras recortadas por los medios oficiales. ¡Adivinen por qué en Yemen -que significa “prosperidad” frente a Arabia desértica-, no aparecen los “cascos blancos” para salvar a los civiles, ni las cámaras para denunciar lo que ocurre!
Por si fuera poco, el 24 de febrero, según The Guardian, cuando el rey Salman estaba de visita oficial en Egipto y ¡sin su hijo!, de repente, los leales al monarca en Riad enviaron a El Cairo a 30 hombres para reemplazar a su equipo de seguridad, fiel a MBS. En unos movimientos que parecían un intento del golpe de estado, el príncipe, sin el permiso del soberano, nombró a Reema Bint Bandar como embajadora de RAS en EEUU, y a su hermano menor Khalid ministro de defensa. En 1995, el príncipe Hamad bin Khalifa al Thani de Qatar depuso a su padre cuando el emir se encontraba en Suiza. Al regresar a Riad, el heredero no apareció en el aeropuerto para recibir al rey, que no aprueba la gestión del heredero en la guerra contra Yemen, ni su acercamiento a Israel y aceptar el acuerdo del siglo.

Las amenazas a Arabia no vienen de Irán

EEUU no puede permitir que la primera reserva del petróleo del mundo, y uno de sus bastiones estratégicos Golfo Pérsico esté bajo el control de unos señores que a veces actúan conforme a los intereses propios, ignorando los del imperio. “No duraría ni dos semanas en el poder”, amenazó Trump a un rey Salman que se negaba inundar el mercado de petróleo para bajar los precios y así perdiendo dinero favoreciendo al presidente en la víspera de las elecciones de noviembre en EEUU.

Los que amenazan la estabilidad del régimen de Saud son:

1) EEUU, que al responsabilizar a Arabia Saudí del 11S. en 2016, mostraba que Washington podrá cambiar su política de apuntalar el destartalado totalitarismo político-religioso de Arabia, y señalarle como responsable de los actos terroristas en el mundo, lanzar una campaña de denuncia contra el terror que sufren las personas acusadas del feminismo, brujería, apostasía y homosexualidad, mostrando al planeta cómo antes de matar a los condenados les destrozan el cuerpo con cientos de latigazos.

2) La oposición interna compuesta por:

a)      Los Hermanos Musulmanes, grupo “moderado” (modelo Turquía y Qatar) que se presenta como alternativa al wahabismo en los países sunnitas.
b)      Un sector pro Al Qaeda-Daesh que se opone a la presencia de los “impuros” estadounidenses en esta tierra sagrada. En enero del 2016, Riad ejecutó a decenas de opositores sunnitas de esta tendencia. Algunos príncipes alqaedistas (como Bin Laden) se mudaron a Yemen, desde donde organizan ataques terroristas en Arabia. La banda ha podido robar bancos, adquirir sofisticados equipos militares, y campar a sus anchas en Yemen. Un sector de la juventud saudí siente simpatía hacia dichos grupos recibe a miles de terroristas enviados a Siria para la “guerra santa” que ahora regresan a casas.
c)      Una ascendente clase media y una juventud preparada que exigen algo de modernidad.
d)      Una pobreza que azota al 20% de la población.
e)      La minoría chiita, discriminada, que habita en la región más petrolífera del país.
f)       La oposición democrática: los intelectuales y las feministas, abogados, etc. que desde la “Primavera saudí” no paran de agitar su bandera.
g)      Decenas de príncipes descontentos, víctimas de las purgas de MBS, quien ha formado una especie de escuadrón de la muerte, para atemorizar a sus oponentes: ha muerto Mansour Bin Muqrin, hijo del verdadero heredero el destituido Muqrin al-Saud, en un accidente de helicóptero, y han sido apartados los gobernadores de Riad y La Meca, los príncipes Turki y Mishal bin Abdullah. El sistema sucesorio saudí es horizontal: Han sido los “Siete Magníficos”, hijos del fundador del reino, Abdelaziz bin Saud, quienes han heredado el trono de mayor a menor. Salman es el quinto. Al morir sus dos hermanos menores en 2015, el rey provocó una lucha sucesoria entre los hijos de los “Siete”, destituyendo primero al heredero legítimo Muqrin, y después a Mohammad bin Nayef (que además fue detenido) para colocar a su propio hijo en 2017, el Trump saudí.

Samuel Huntington pronostica

Nadie, desde EEUU, puede salvar a la Casa Saud de lo que Huntington denomina “El dilema del rey” que, al realizar reforma sociales para fortalecer su posición, es debilitado por la furia de las fuerzas reaccionarias: en 1964, el Sha de Irán, bajo la presión de J.F. Kennedy y con el fin de evitar una Revolución Roja lanzó su Revolución Blanca (Enghelab-e sefid) de 12 puntos provocando una revuelta encabezada por los islamistas dirigidos por Jomeini por dos de las reformas: la desamortización de las tierras “religiosas”, y el derecho de la mujer al voto. El ayatolá fue desterrado, enviado a Irak, aunque luego apareció en Francia.

Las reformas económicas en RAS harán necesario convocar elecciones, donde al contrario de otras dictaduras de la región, no existe ningún cauce (ni “amarillo” ni “vertical”) para la participación de los ciudadanos. La ausencia de partidos que hacen de amortiguador entre el poder y el pueblo hará que el choque sea frontal.

EEUU ha conseguido entrenar a las fuerzas armadas de RAS y EAU en el campo real de la batalla, preparándolas para la creación de la OTAN árabe, instalar una base naval en la isla de Samhah-, mientras EAU se ha apoderado de la isla Socotra, y RAS sigue con el plan deconstruir un gasoducto transyemení hacia el Golfo de Adén que le permitirá eludir el tenso Estrecho de Ormuz.

Washington avanza en su proyecto del Nuevo Oriente Próximo, del que RAS tampoco se libra: pretende romper países grandes para convertirlos en mini estados controlables: la Provincia Oriental chiita y empapada del petróleo de Arabia puede unirse a Bahréin, sede de la V flota de EEUU, un país de mayoría chiita, gobernado por un régimen sunnita.

EEUU aun no quiere ni una “solución” militar ni política. Le va bien la actual situación, que derivará a un reparto del país entre los invasores, mientras los fabricantes de armas, Raytheon, General Dynamics, Boeing y BAE Systems, hacen su agosto desvalijando a RAS y EAU fabricando “bombas tontas con títulos de posgrado”.


Los conflictos sociales del próximo gobierno


Olmedo Beluche
130419

La Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (CCIAP) ha elaborado un documento denominado “Agenda País 2019-2024”. Ahí está contenido el programa del próximo gobierno, que los sectores dominantes de la economía exigirán al próximo gobierno, sea quien sea el que gane.

La “Agenda País 2019-2024” es un documento en que se trazan objetivos de corto y mediano plazo para 4 áreas de trabajo del próximo gobierno: educación, Caja de Seguro Social y salud pública, institucionalidad y crecimiento económico. Podemos avizorar dos fuertes motivos de conflicto: la reforma a la Caja de Seguro Social y el tema de los subsidios a los pobres frente a las exoneraciones e incentivos fiscales empresariales.

La CCIAP propone dividir la CSS en dos entidades, pasando el programa de salud, maternidad y riesgos profesionales a un Sistema Integrado de Salud dirigidos por el MINSA, dejando la entidad solo con el Programa de Invalidez, Vejez y Muerte. Culpa a la “transición demográfica” del déficit actuarial del sistema de Beneficio Definido, cuando en realidad es culpa de la reforma de Martin Torrijos de 2005, que dividió el sistema de jubilaciones pasando a los jóvenes a un sistema mixto.

En Panamá no hay una inversión de la pirámide generacional en que hay más viejos que jóvenes; tampoco es cierto que haya exceso de beneficiarios, pues estos han disminuido en 9% entre 1998 y 2016; ni hay una disminución de cotizantes, pues estos han aumentado 52% entre 1998 y 2016; tampoco hay una disminución de los aportes a las cuotas, las que, por el contrario, aumentaron 72% entre 2007 y 2017. El problema es la Ley de la Muerte impuesta por el PRD en 2005, la cual hay que derogar.

En concreto en la página 19 propone la CCIAP: “Seguimiento y monitoreo de los beneficios de los subsidios y/o becas. Se debe eliminar toda ayuda que no responda a necesidades reales y que solo tiene fines partidistas”. Es decir, eliminar todos los programas sociales de ayuda a los más pobres, que ellos llaman “subsidios”. Pero no menciona los subsidios a los ricos, como las exoneraciones fiscales e incentivos al sector privado que más bien sugieren ampliarlos, que son los que hacen un gran déficit en los ingresos del Estado. Tampoco se habla de la corrupción y las licitaciones amañadas.

Pretende que el estado subsidie: el turismo, con B/. 20 millones para el Fondo de Promoción; la industria, que se implemente la Ley 25 de 2017 que dicta medidas de fomento a la industria; el comercio, propone eliminar la burocracia y regulaciones que les afectan.

Sobre la construcción, proponen modificar los códigos de edificación (Reglamento Estructural-REP 2014, y Reglamento de Seguridad Humano-NFPA) porque consideran que “aumentan los costos de manera injustificada”, y revisar los Parámetros de Densidad y el Plan de Ordenamiento Territorial del municipio de Panamá.

Respecto a la electricidad, proponen convertir ETESA en sociedad anónima (privatizar) y construir la Cuarta Línea de Transmisión, que nos costará 500 millones de dólares y sólo servirá para que lucren exportando energía los dueños del sector.

En vez de depositar falsas esperanzas en las elecciones y expectativas irracionales en el “nuevo” presidente(a), los sectores populares debemos empezar a organizarnos para enfrentar el conjunto de medidas antipopulares planificadas por la Cámara de Comercio, verdadero poder político detrás del Ejecutivo.


"Ya estamos hartos de engaños religiosos"


www.religiondigital.org / 11.04.2019

Estamos viviendo un hecho patente: los países tradicionalmente más cristianos, a medida que se van desarrollando y son cada día países más industrializados y más ricos, son también cada día países menos religiosos. Por eso se puede (y se suele) decir que la religión cristiana ha entrado en crisis. Una crisis incontenible y creciente. ¿Qué podemos pensar y hacer en esta situación?  

Lo digo claro y sin rodeos: lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que, si hacemos eso, nos va a ocurrir lo que le ocurrió a Jesús. A saber: nuestra relación con Dios no se realizará mediante el templo, los sacerdotes y sus ceremonias, sino viviendo (en la medida de lo posible) como vivió Jesús: con su misma espiritualidad y llevando una vida que contagia honradez, bondad y generosidad. Para estar con los que sufren, los que menos pintan en la vida (mujeres, niños, extranjeros…), los publicanos y los pecadores.

Haciendo todo eso, con demasiada frecuencia, como lo hizo Jesús: precisamente cuando y como lo prohibía la religión. De ahí, el conflicto y los constantes enfrentamientos, que terminaron por llevar a Jesús al juicio, a la condena y a la muerte cruel de un subversivo. Que eso fue la cruz.

De ahí, la pregunta capital que nos hacemos hoy: ¿es el cristianismo una religión? Como religión se ha vivido durante siglos. Pero, ¿fue así en su origen?

Mucha gente no se imagina que la palabra “religión” (thrêskeia), que designa el servicio sagrado, es decir, la religión y su ejercicio (L. Schmidt: ThWNT III, 155-159), aparece solo cuatro veces en el Nuevo Testamento. Y referida a los creyentes en Jesús, únicamente dos veces, en la carta de Santiago (1:26-27), que se aplica a la “religión de los cristianos”. Para decirnos que “religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es ésta: visitar (para dar consuelo y alivio) a huérfanos y viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo” (cf. Max Zerwick).  

Y es que, como bien explican quienes han analizado a fondo este asunto, el uso poco frecuente de la palabra “religión”, en el Nuevo Testamento, está en consonancia con el uso, también poco frecuente, de otros conceptos, relacionados con el culto sagrado, tales como therapeia (“servicio cultual”), latreia (“culto religioso”), épimeleia (“solicitud” religiosa), leitourgía (“servicio o culto divino”), ierourgía (“servicio sacerdotal”) (cf. L. Schmidt, o. c., 158). Esta escasez o ausencia de vocabulario “religioso-sagrado” no puede ser casual o por descuido, en un tema tan central para cualquier religión.

En el cristianismo naciente se evitó el vocabulario que caracteriza a los “hombres de la religión” porque, como bien se ha dicho, “la causa y la consecuencia de este hecho (la ausencia de vocabulario sagrado o religioso) son idénticas: el cristianismo, fundamentalmente, no exige un comportamiento cultual especial” (W. Radl, Dic. Exget. N.T., vol. I, 1898). Por eso, cuando Pablo se dirige al romano Agripa, pero incluyendo al judío Festo, le dice: “He vivido con arreglo a la tendencia más rigurosa de nuestra religión” (Hech 26:5). Pablo obviamente se refería a la religión judía en la que había sido “fariseo”, como asegura el mismo Pablo (l. c.).

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos como la penitencia o el matrimonio. No pasa nada. Porque, si nos enteramos, de veras, de lo que es el cristianismo, empezaremos a tomar en serio -y con todas sus consecuencias– que el centro de nuestra fe y el camino de los cristianos, para buscar a Dios, es el Evangelio, el proyecto de vida que, con su forma de vivir, nos enseñó y nos marcó Jesús.

Lo que ocurre, según creo, es que esto nos asusta. Porque la religión nos ofrece muchas seguridades: tranquiliza conciencias (que tienen motivos para sentirse inquietas), da prestigio, refuerza intereses políticos, tiene sus ventajas económicas, legitima el sistema dominante, fomenta el turismo y hasta sirve para lucirse en festejos lustrosos. Y es verdad que la religión ha hecho santos. Sí, los ha hecho. Pero no olvidemos que los santos de verdad vivieron de acuerdo con el Evangelio. Como tampoco debemos olvidar que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar, porque (como te descuides) nos remite a la falsa religión” (Thomas Ruster). Y, la verdad, ya estamos hartos de engaños religiosos.

Panamá: las campanas de mayo


Guillermo Castro H.
260419

El 5 de mayo de 1914, a las 3 de la madrugada, estalló en la ciudad de Panamá un depósito de municiones y material explosivo llamado El Polvorín. Perecieron allí seis bomberos, cuya memoria fue honrada designando con esa fecha una de las principales plazas de la Capital del país.

Ciento cinco años después, el 5 de mayo de 2019 bien podría iniciarse la implosión del Estado surgido del golpe militar del 20 de diciembre de 1989. Ese día, en efecto, tendrán lugar en Panamá las séptimas elecciones – presidenciales, legislativas y municipales – gestadas por ese Estado, en el marco de una crisis institucional, cultural y moral que no se resolverá escogiendo ni al mejor ni al menos peor de los candidatos.

Todos y cada uno de los contendientes se ha esforzado por ofrecerse como el mejor aspirante a la administración de los síntomas de esa crisis. Ninguno de ellos, sin embargo, parece estar en sintonía con los orígenes y la trayectoria del mal que genera esos síntomas. Esto se ha expresado en tres grandes ausencias en los planteamientos de los candidatos al electorado.

La primera de esas ausencias es la de la política exterior. Ninguno de los candidatos parece haber advertido que el país está inmerso un  mundo convulso y cambiante, atado a una política estatal de compromiso creciente con la Doctrina Monroe y su herramienta más visible, el Grupo de Lima, y sometido a reiteradas advertencias del Departamento de Estado contra la ampliación de las relaciones económicas con la República Popular China. Salvo alguna vaga declaración acerca del compromiso con los mejores intereses del país, nada de esto ha figurado en los debates electorales.

La segunda ausencia es la de referencias claras a las relaciones interiores entre el Estado y la sociedad panameños. Aquí se ha mantenido el hábito del rosario de ofertas a grupos particulares de interés. Pequeños y medianos productores agropecuarios, comunidades indígenas, científicos, sindicatos, banqueros, empresarios, jubilados, educadores y discapacitados –por mencionar algunos de los más visibles– han sido encarados como si sus integrantes fueran meros habitantes de un mismo territorio.

Todos ellos, sin embargo, se definen por las relaciones que mantienen entre sí -¿qué sería de los productores de café sin la mano de obra indígena para la cosecha?  Sin embargo, esas relaciones, y las que como agrupaciones ciudadanas mantienen con el Estado, no han sido siquiera abordadas en el debate electoral. Con esto se ha enmascarado el hecho de que en realidad vivimos en una sociedad en la que grupos minoritarios actúan de hecho como mayorías políticas, y grandes sectores sociales lo hacen como si fueran minoritarios.

La clave de esto, naturalmente, está en el grado de ejercicio de la libertad de organización por cada una de las partes. Aquellos sectores sociales que controlan los medios de producción están muy bien organizados. En cambio, quienes trabajan para ellos, de manera formal o informal, lo están en una medida muy limitada. En un país de 4 millones de habitantes, por ejemplo, 250 mil funcionarios públicos carecen de organización sindical –una situación impensable en el referente democrático más importante en el país, los Estados Unidos. Ningún candidato, sin embargo, ha planteado la necesidad de encarar semejante situación de inequidad ciudadana fomentando y facilitando, por ejemplo, la organización cooperativa de los pequeños y medianos productores agropecuarios, y la sindical de los trabajadores al servicio del Estado y del sector privado.

La tercera ausencia es la de conducción del proceso de cambio y transformación que viene conociendo el país desde la integración del Canal a la economía interna gracias al Tratado Torrijos – Carter, y de esa economía al mercado global. El golpe de Estado de 1989 restauró la república oligárquica de las décadas de 1950 y 1960, la cual restauró a su vez su cultura política tradicional y facilitó su ejercicio hasta desembocar en el escenario de corrupción y descrédito institucional que hoy abruma y desconcierta al país. Esa cultura no está en capacidad de ofrecer ni orientación estratégica ni liderazgo colectivo a nuestra sociedad y, por el contrario, se torna cada vez más autófaga.

En esta tercera ausencia se expresa, así sea de manera encubierta, un hecho de enorme trascendencia histórica. La lucha contra la presencia colonial norteamericana y la situación de protectorado militar extranjero que la sostenía fue, también, la lucha por el control de la renta generada por la actividad económica del Corredor Interoceánico de Panamá. Esa lucha terminó trasladando el control de esa renta del Estado norteamericano al panameño y, con ello, trasladó aquella disputa al interior de la sociedad panameña. Esto explica que la relación del Canal con el país sea un elemento relevante en esta tercera ausencia. No solo se trata de la administración de la renta canalera. Se trata del hecho de que, si el Estado controla hoy el Canal, lo realmente importante es entender quién –y cómo– controla al Estado.

Ausencias como éstas tienen un importante papel como expresión de la crisis política que aqueja al país. Las elecciones de mayo no resolverán esa crisis, pero facilitarán su despliegue en los tiempos por venir, y abrirán nuevas opciones a su solución: consolidar la soberanía nacional consolidando la soberanía popular. De momento, al menos, ya se sabe aquí que las campanas doblan por la república oligárquica, que entra en agonía a (apenas) treinta años de haber sido restaurada.