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Dios o Satán.


Dios o Satán. Discusión entre Jesús y los escribas
(Mc 3:22-30).

Xavier Pikaza I.

(a. Acusación). 22 Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: Tiene dentro a Belcebú y con el poder del príncipe de los demonios expulsa a los demonios.

(b. Discusión) 23 Jesús los llamó y les propuso estas comparaciones: ¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? 24 Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. 25 Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no puede subsistir. 26 Si Satanás se ha rebelado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, sino que está llegando a su fin. 27 Nadie puede entrar en la casa del Fuerte y saquear su ajuar, si primero no ata al Fuerte; sólo entonces podrá saquear su casa.

(c. Profundización) 28 En verdad os digo: todo se les perdonará a los humanos, los pecados y cualquier blasfemia que digan, 29 pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás; será reo de pecado eterno.30 Porque decían: ¡tiene un espíritu impuro!

Los escribas le acusan de expulsar demonios con ayuda de Belcebú,
su señor, dueño malo de la casa del mundo, para destruir el judaísmo: bajo capa de bien (ayuda a unos posesos), arruina o destruye a todo el pueblo, entregando al conjunto de Israel en manos del Diablo. Remitiendo al tiempo de Jesús, esta disputa nos sitúa en el principio de la iglesia, donde los discípulos, expertos exorcistas (cf. 3:14-15), reciben el rechazo oficial de los escribas (3:22).

He dividido la escena tres partes. (a) Acusación de los escribas. (b) Discusión sobre Satanás. (c) El perdón. (d) Ratificación.

(a) Acusación de los escribas (3:22), que bajan (katabantes) de la altura sagrada de Jerusalén, ciudad donde se anudan las tradiciones del pueblo, centrado en el templo. Rechazar su doctrina supone rechazar a Dios. Ellos traen la autoridad de la Ley, son hombres del Libro (sopherim) y están encargados de entenderlo y comentarlo para el pueblo. Lógicamente, al acusar a Jesús, ellos están condenando de hecho a su comunidad. Por eso, tal como aquí está narrada, la escena debe situarse en el tiempo de las disputas eclesiales, más que en el tiempo de Jesús.

Estos escribas que vienen de Jerusalén con poder de control pueden ser judíos rabínicos, pero también judeocristianos de la línea de Santiago. No se dice dónde están: ¿dentro, fuera de la casa? Evidentemente, no están en el corro, al interior del grupo, acogiendo la voluntad de Dios (cf. 3:32-34). No vienen a escuchar, saben lo que debe saberse de antemano. Tienen una ley y según ella definen lo bueno y lo malo (lo judío y lo antijudío). No lo hacen por cuestiones de dogma separado de la vida, sino desde su propia visión de la pureza judía, amenazada por Jesús. Así le acusan:

− Tiene a Belcebú (3:22) que significa Señor de la casa. Ese nombre se podía entender en sentido positivo: el mismo Dios, quizá Jesús, es Señor de la morada/casa del mundo y así puede realizar los exorcismos, expulsar a los demonios, curar a los enfermos y acoger a los posesos, leprosos, paralíticos (cf. 1:21-2:17). Pero aquí tiene sentido negativo: Belcebú es Señor de la morada demoníaca, Dios de suciedad (o de las moscas), un ídolo pagano (quizá originario de Ekron, en la franja filistea), identificado por los judíos con el Diablo. Jesús sería por tanto un anti-dios, encarnación de lo satánico.
− Y con poder del Príncipe de los demonios expulsa a los demonios (3:22). El reino de lo malo tiene un Príncipe, llamado en hebreo Satán o tentador, a quien en griego nombran Diablo; en otras versiones ha tomado el nombre de Mastema o Azazel y se dice que se ha opuesto a Dios y lucha contra su poder sobre la tierra. A sus órdenes combaten los innumerables demonios o espíritus menores que llenan el mundo y lo infestan de locura, enfermedad y muerte.

La condena de los escribas resulta coherente: Sólo el Dios de Israel es para ellos el Señor de la Morada Buena y ejerce su reinado desde Jerusalén, salvando a los humanos a través del judaísmo; el Diablo, en cambio, es Señor de la Morada Mala y quiere destruir la obra de Dios por todos los medios a su alcance. Al servicio de ese Diablo obra Jesús: parece bueno lo que hace; como un hombre piadoso ayuda a posesos y enfermos, pero en realidad actúa así para engañar a los ingenuos, destruyendo al judaísmo y encerrando a los humanos bajo el reino implacable de Satán.

Ésta es la sentencia final de unos letrados oficiales que han venido de Jerusalén para observar a Jesús y definir con autoridad el sentido de su obra. Han verificado su conducta, han sopesado su intención de fondo y su manera de enfrentarse al poder de lo satánico en el mundo. Han visto claro y pueden emitir su veredicto.

No se sientan en el aula de condenas capitales (como harán en 14:53-66, con sacerdotes y ancianos), pero a nivel social y religioso ya han fijado la sentencia: ¡Culpable de magia diabólica o satanismo! Este tribunal se coloca en el lugar de Dios, en cuyo Nombre (viniendo de Jerusalén y apoyándose en su Ley) dicta sentencia. No se limita a rechazar algunos rasgos menores del mensaje de Jesús: no le acusa por desviaciones secundarias. Ha visto lo que hace y desde Dios emite sentencia:
-- Es una sentencia teológico-social. El tema de discusión no es Dios, en plano de teoría o de experiencia individual sino saber cómo se expresa, a través de quién (de qué comunidad o iglesia) actúa, cómo se manifiesta en la vida social. El tema de fondo es el de saber cuáles son las mediaciones sociales de la manifestación y presencia de Dios.

-- Es sentencia razonada y razonable. Los escribas no parecen envidiosos o engañados: piensan que el movimiento de Jesús es un peligro pues destruye la identidad social del pueblo israelita. Por eso su más hondo deber (cf. Dt 17) les obliga a dar sentencia: piensan que Jesús es emisario de Satán y así lo tienen que decir, en nombre de Jerusalén y el judaísmo.

Los demonios son muchos: son poderes del mal que oprimen y destruyen a los hombres. El Príncipe de los demonios, a quien el texto llama también Satanás (3:23), recibe aquí el nombre popular de Belcebú, un viejo «Dios de la casa» (de origen quizá filisteo), a quien los judíos han interpretado como «Dios o Señor de las moscas», es decir, de los vivientes inferiores, infectos, de este mundo.

La acusación sigue la lógica de todas las noticias precedentes sobre el exorcismo de Jesús: expulsa a los demonios, los demonios le conocen y confiesan... ¿No será que actúa en colaboración con ellos? ¿No será que quiere destruir las bases de la santidad israelita, buscando un nuevo pueblo de leprosos-publicanos, dominados por Satanás?

La acusación se encuentra bien articulada: a través de su (aparentemente bueno) exorcismo, Jesús seduce al pueblo. Esto es lo que quieren mostrar los escribas, utilizando para ello su poder o control sobre la ley, queriendo destruir así las pretensiones del falso profeta nazareno.

Jesús y el reino de Satán (Marcos 3:23-27)

Los escribas de Jerusalén han condenado el movimiento de Jesús, diciendo que es satánico. Marcos le defiende, poniendo en boca de Jesús unas palabras rítmicas, con una pregunta, tres frases condicionales y una afirmación conclusiva, que retoma el motivo de la pregunta. Éste es el núcleo de su argumento:

a. Pregunta: ¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? (2:23). Esta pregunta sirve para introducir el tema que se desarrolla en parábolas o comparaciones (parabolais), no por argumentos conceptuales. Jesús no quiere demostrar en abstracto su verdad sino incitar a sus oyentes, haciendo que sopesen lo que supondría una ruptura interior en la casa o familia (dominio) de Satán; desea que disciernan en cuestión tan importante. Siguen después tres frases condicionales:

1. Si un reino está dividido… (3:24). Sirve como ejemplo o concreción del tema (por eso empieza kai ean, y si...), situándolo a la luz del símbolo del reino (basileia; cf. 1:15). Ha venido Jesús a construir el Reino de Dios, pero los escribas dicen que de hecho está construyendo el de Satán. Jesús responde: ¿podría mantener su reino Satanás si estuviera dividido, permitiendo que Jesús cure a sus posesos? ¿no habrá que entender la acción sanadora de Jesús y de su iglesia como argumento en favor de la caída del reino de Satán? Así supone Marcos.

2. Si una casa está dividida… (3:25). Repite el comienzo anterior (kai ean) y la estructura de la frase, pero no desde la perspectiva del reino, sino de la casa, entendida como espacio (edificio) donde Dios y Satán disputan su dominio. Los escribas llaman a Jesús enviado de Satán, dicen que rompe la casa judía y destruye su verdad sagrada. Jesús responde adoptando el argumento anterior: si la casa de Satán estuviera dividida, si Jesús luchara en contra de sus habitantes (posesos), esa casa no podría mantenerse. Argumentando así, Marcos desea que el oyente (lector) responda de manera negativa: ¡No! Satán no deja que su casa se divida

3. Si Satanás está dividido… (3:26). Lo que decía sobre el reino y casa se aplica ahora a Satán, objeto de la controversia. Han acusado a Jesús de emisario suyo diciendo que en su nombre expulsa a los demonios. Jesús contesta otra vez en estilo condicional (kai ei...): ¿cómo podría mantenerse Satanás así escindido? La respuesta del lector ha de ser esta: Satanás no está escindido; Jesús ha conquistado el duro edificio de su reino y casa; no ha venido a destruir la casa de Israel sino a Satán que dominaba a los humanos; de esa forma construye la iglesia/casa de los liberados.

b. Afirmación mesiánica conclusiva: nadie puede entrar en la casa del Fuerte sin atarle o vencerle primero (3:27).

De las condicionales pasamos a afirmación solemne de Jesús (encabezada por un alla, pero…), por las que él se presenta veladamente como triunfador de Satán. Fuerte (iskhyros) era Satán; dura su casa o familia (oikia), potente su reino. Pero Jesús es el Más Fuerte (cf. Iskhyroteros de 1:7), conforme a una palabra de clara confesión mesiánica: él ha conquistado ya el reino/casa de Satán; le ha vencido, le ha atado, ha empezado a liberar a sus cautivos, cumpliendo así lo que latía en 1:12-13. La iglesia de Jesús está constituida por aquellos que confiesan su victoria sobre el Diablo y continúan realizando su tarea sobre el mundo.

(b) Argumentación de Jesús sobre Satanás (3:23-27). Jesús asume el reto de los escribas y responde, en palabras de gran dureza que expresan su mensaje. Recogiendo elementos prepascuales, su discurso (3:23-30) forma parte de la polémica cristiana con el judaísmo. La respuesta de Jesús empieza siendo una llamada al pensamiento, para culminar en una de condena fuerte expresada a través de una intensa voz de alerta, que dirige a los que manipulan a los otros, manteniendo la propia religión (seguridad) a costa de oprimirles. No desarrollo la respuesta; me limito a presentar sus temas:

• Reino o casa dividida. Siguiendo la terminología de aquel tiempo, Jesús supone que Satanás tiene su reino bien organizado y así pregunta: ¿Cómo podría mantenerse ese reino si está dividido? Si una casa se escinde en lucha interna, no puede mantenerse. Si, como dicen los escribas, luchara Satanás contra Satanás, esa sería una noticia buena. ¿Qué más podrían pedir los escribas? La propia división de Satanás ofrecería un signo de su ruina. Pero ¿es eso cierto? Así pregunta Jesús, introduciendo un tinte de ironía inquietante en el discurso que han trenzado los escribas (3:23-27).

La casa del fuerte. Juan llamó a Jesús «más fuerte» (1:7). Pero en el lenguaje de los escribas el más fuerte es Satanás. Así lo emplea Jesús y pregunta: ¿quién puede entrar en su casa y atarle para apoderarse luego de su armamento? Pues bien, al venir y vencer a Satanás, el mismo Jesús cumple la palabra del Bautista y se presenta, de un modo implícito, pero bien claro, como aquel que es más fuerte que Satanás: es emisario de Dios. Sus enemigos, los escribas, no lo han entendido. Viene a luchar contra Satanás, liberando a los posesos-pecadores y ofreciendo a todos, un camino de reino, y los escribas, enfrascados en sus discusiones eruditas y en su forma de entender los ritos de su pueblo, no le aceptan (3:27).

Profundización: Pecado contra el Espíritu Santo (3:28-29). Son iglesia los que aceptan la acción liberadora de Jesús. Caen en pecado, según Marcos, aquellos que le condenan como emisario de Satán. De esa manera, Jesús invierte la razón de los escribas, diciendo que son ellos en el fondo los endemoniados (pues luchan contra el Espíritu de Dios), corriendo el riesgo de quedar prendidos, destruidos, bajo el poder diabólico de la opresión humana.

El Espíritu es la fuerza sustentante de la nueva comunidad (iglesia) que Jesús ha instituido con su proyecto mesiánico; por eso pecan contra el Espíritu aquellos que niegan y rechazan su acción liberadora en favor de los pobres. Dura ha sido la acusación contra Jesús; durísima su respuesta: ¡Negándose a acoger la obra de Dios, los escribas se destruyen a sí mismos! Al afirmar que Jesús “tiene un espíritu impuro” (3:30), los escriben no le rechazan simplemente a él, rechazan y niegan la obra salvadora de Dios a favor de los excluidos de la sociedad.

Hemos visto ya los argumentos. Los escribas acusan a Jesús de traición contra la casa nacional del judaísmo, afirmando que es un “poseso”: no es hombre de Dios, sino del Diablo. Jesús les contra-acusa diciendo que son ellos los que en realidad destruyen la obra de Dios (del Espíritu Santo), corriendo así el riesgo de quedar prendidos bajo el poder de Satán (pecado contra el Espíritu Santo). La misma ayuda que Jesús ofrece a los proscritos, su forma de acoger a los posesos, pecadores, publicanos, viene a presentarse también (junto al tema de la comida con los pecadores y marginados, cf. 2:16) como articulum stantis et cadentis Ecclesiae (es decir, como el “dogma práctico” que define la esencia de la iglesia).

Los escribas piensan que al abrir su comunión a los posesos, marginados, pecadores, Jesús destruye la estructura sagrada del judaísmo legal, actuando así como emisario satánico. Por el contrario, Jesús muestra que su acción expresa y despliega la más honda verdad del judaísmo universal (abierto desde ahora a todos los necesitados del mundo). En el fondo de esta disputa se vinculan el aspecto teológico y social. Hemos destacado hasta aquí más el rasgo social; ahora evocamos el teológico:
-- Dios. Sólo rechazando a los escribas, Jesús puede ofrecer mensaje de Dios y acción liberadora en favor de los proscritos. Por eso emplea la fórmula de revelación solemne (¡amên legô hymin!), mostrando (cf. pasivo divino) que Dios mismo perdona los pecados... (3:28). En nombre de ese Dios actúa Jesús cuando ayuda a los endemoniados. Sin el descubrimiento fuerte y creativo de su gracia carece de sentido esta controversia. Sólo allí donde Dios se revela como amor, venciendo la opresión de los que intentan controlar a los demás con su legalismo, puede hablarse de evangelio.

-- Espíritu Santo. Han acusado a Jesús de poseso, infiltrado de Satán, Espíritu impuro (3:22), como muestra el aparte literario conclusivo: ¡Decían: tiene un Espíritu impuro! (3:30). Pues bien, al hablar así, los escribas pecan en contra del Espíritu Santo, rechazan la acción salvadora universal que convoca por Jesús a los posesos y pobres (3:28-29). De esta forma se oponen los espíritus: el impuro de la destrucción del ser humano, vinculado a Satán; y el santo que brota de Dios y se presenta por medio de Jesús como fuerza de liberación. El Espíritu Santo es el Poder de pureza que se opone a la impureza del demonio; es el amor y comunión que va creando familia desde los últimos (posesos).

-- Jesús. Aparece en el centro de la discusión como Fuerte (iskhyros, cf. 3:27), en palabra que sitúa nuestra escena en el trasfondo del bautismo (cf. iskhyroteros: 1:7). Vino a vencer a Satanás, ya le está venciendo. Esa victoria no implica el fortalecimiento de la ley sino superación del Israel de los escribas. Jesús no es mensajero de renovación israelita; no ha venido a repetir u organizar en clave de ley lo que ya existe, para bien de la nación sagrada, como desean los escribas (cf. 1:22), sino a vencer a Satanás y construir sobre el mundo la nueva familia de Dios, con autoridad sobre los espíritus impuros (cf. 1:21-28). El mismo Dios le ha llamado Hijo amado (1:11); es evidente que tiene autoridad sobre su casa.
Hemos vinculado así el aspecto social y teológico del tema. Es claro que Marcos no ha desarrollado este modelo "ternario" de la revelación (Dios, Espíritu, Jesús), pero está latente en su discurso. Jesús y los escribas no discuten sobre aspectos generales del misterio (bondad, omnipotencia) sino su concreción social. Esa discusión nos conduce a la raíz eclesial de eso que podemos llamar el dogma cristiano.

Exorcismos, lucha contra el Diablo. Visión de conjunto (3:20-35)

Los exorcismos son un gesto apotropáico destinado a expulsar los malos espíritus (demonios) de un lugar o persona. Evidentemente, el Jesús de Marcos asume (por ley de encarnación) la visión de los exorcismos de aquel tiempo, aunque introduce dentro de ella novedades significativas, que ahora destacamos en perspectiva de polémica y surgimiento eclesial:

1. Exorcismo y polémica judía (3:20-35). Los escribas "que bajan de Jerusalén", como representantes de la ortodoxia del pueblo, reconocen los exorcismos de Jesús (su acción en favor de los posesos), pero los interpretan como provocación antijudía: al introducirse en el mundo de posesos y ayudarles, Jesús y su grupo universalista (no los parientes judeocristianos, unidos a los escribas) rompen las fronteras de lo puro y de lo impuro, apareciendo como socialmente peligrosos

2. Exorcismo y polémica pagana (5:1-20). Jesús libera al geraseno, pero los habitantes de la zona (de la ciudad y los campos: 5:14) le "ruegan" que salga de su tierra. Prefieren quedar como estaban, en equilibrio de violencia con los posesos. No aceptan la libertad de Jesús.

3. Exorcismo y polémica intra-cristiana (9:38-41). Como representante de la "iglesia zebedea", Juan pretende impedir que un exorcista no comunitario "expulse demonios" en nombre de Jesús: quiere edificar una estructura de poder sobre la fuerza "sacramental" de su exorcismo, poniéndose al frente de una iglesia para dominar sobre el mundo. Evidentemente, Jesús se lo impide.

4. Exorcismo cristiano. A los discípulos, que son-con-él (forman su familia), Jesús les ofrece dos tareas que en el fondo se identifican: proclamar el mensaje (keryssein) y expulsar demonios (3:14-15; cf. unidad de ambos gestos en 1:27). Los enviados de Jesús son exorcistas: proclaman conversión, expulsan demonios y curan a los enfermos (6:7.12-13). Éste es su poder, éste su oficio sobre el mundo.

Consecuencia. El exorcismo es un "sacramento" difícilmente controlable en clave de institución. Para que funcione y sea eficaz tienen que "verse" sus frutos, de tal modo que aparezca como amenaza para los que quieren "controlar" la sociedad a través de sus demonios (judíos, paganos, cristianos falsos). La iglesia de Jesús responde a su llamada expulsando demonios, liberando de esa forma al ser humano.

Bibliografía

+Para situar el tema en el trasfondo de Satán, según el judaísmo, cf. P. Sacchi, L'Apocalittica giudaica e la sua storia, Paideia, Brescia, 1990, 272-297.
+En perspectiva cristiana T. W. Manson, The Sayings of Jesus, London 1971, 84-87.
+Sobre los "espíritus" malos y buenos cf. H. Schlier, Mächte und Gewalten nach dem NT, en Besinnung auf das NT, Herder, Freiburg 1964; C. K. Barret, The Holy Spirit in the Gospel Tradition, SPCK, London 1970; V. P. Hamilton, Satan, ABD V, 985-989.
+Sobre los escribas cf. J. Trebolle, La Biblia judía y la Biblia cristiana, Trotta, Madrid 1993, 119-131; J. I. Levine, The Rabbinic Class of Roman Palestine in Late Antiquity, Jerusalem 1989; A. J. Saldarini, Scribes, ABD V, 1012-1016. No parece clara la visión de Jesús como protofariseo de H. Falk, Jesus, the Pharisee: A New Look in the Jewishness of Jesus, Paulist, New York 1985.
+El judaísmo rabínico actual sigue juzgando peligrosa la actitud de los carismáticos que desde su experiencia y libertad amenazaban las instituciones sociales, legales (sacrales) de lo que G. Vermes llama respetabilidad del judaísmo: Jesús, el judío, Muchnik, Barcelona 1977, 87 (cf págs. 63-87).
+Cf. también J. Klausner, Jesús de Nazaret, Paidós, Buenos Aires 1971, 369-376. Sobre el pecado (especialmente contra el E. Santo) cf. E. P. Sanders, Sin, Sinners, ABD VI, 40-47; C. Colpe, Der Spruch von der Lästerung des Geister, en Fest. J. Jeremias, Göttingen 1970, 63-69; M. E. Boring, The Unforgivable sin Logion, NT 18 (1976) 258-279; H. W. Beyer, Blasphêmeô, TDNT, I, 621-625.
+He planteado de forma básica el tema en Trinidad y comunidad cristiana, Sec. Trinitario, Salamanca 1990, 45-80. Cf. también Trocmé, Formation 104-109; Mateos-Camacho, Marcos 326-355; Gnilka, Marcos I, 168-181; Pesch, Marco, I, 323-363.

MISA ANGLICANA TRADICIONAL

"La Iglesia que queremos"


Carta abierta al Papa y a los obispos chilenos

Esta carta nace de la desolación por la crisis actual que atraviesa nuestra Iglesia y especialmente porque Cristo y su evangelio no están llegando y convocando a las nuevas generaciones. Concordamos con el Papa Francisco en no quedarnos rumiando en la desolación, sino ir más allá de la queja y hacer algunas sugerencias constructivas de por dónde ir. Esta carta es también una respuesta a su invitación a tener el coraje de decirle: "este camino es el que hay que hacer, este no". Esperamos que ella contribuya a la necesaria reorientación del rumbo de la Iglesia.

Preámbulo: una confesión de fe

Tal como nos enorgullecemos de Francisco de Asís, Tomás Moro, Madre Teresa y del Padre Hurtado, sentimos vergüenza propia por Maciel, Karadima y tantos otros sacerdotes y religiosos pedófilos; y ¿qué decir de los obispos encubridores? Nos abruma que, a consecuencia de estos condenables comportamientos, millones de personas se están distanciando de la fe. Desgraciadamente, la historia muestra que la Iglesia tiene, como cada uno de nosotros, un lado oscuro. Junto a lo santo y sagrado, conviven el abuso de poder, la arrogancia, la hipocresía, el dogmatismo - tanto más grave cuando van revestidos de virtud.

Con todo, amamos a la Iglesia y reconocemos lo mucho que hemos recibido de ella:

Conocer a Cristo y su mensaje;
Infundirnos elevados ideales, centrados en el amor;
Despertar una inquietud por lo sagrado y lo trascendente;
Inculcarnos que somos parte de una comunidad, los unos para los otros;
Alentarnos a construir el Reino, lo que da sentido a nuestra vida.

Por eso - pese a las caídas e insuficiencias de Pedro y sus sucesores - Cristo fundó la Iglesia con el mandato de evangelizar al mundo. En efecto, sin la Iglesia institucional, con todos sus claroscuros, no se habría podido transmitir esa fe de generación en generación.

Sin embargo, por importante que sea la Iglesia, Jesucristo es el fin. La Iglesia sólo es eficaz en la medida que nos orienta hacia Él, su testimonio y su palabra. Por eso esta crisis es doblemente grave, sobre todo para quienes inadvertidamente pusieron su fe en la Iglesia y sus autoridades, en vez de en la persona de Cristo.

No obstante, confiamos en que esta necesaria renovación purificará nuestra fe. Y hay que reconocer que junto con lo negativo también hay muchos signos de esperanza, como la existencia de comunidades de base en torno a las parroquias donde las personas muestran su deseo de profundizar su fe más allá de la misa dominical. Otro es el aporte de numerosos movimientos (Carismáticos, Catecúmenos, Comunión y Liberación, CVX, Familia Espiritual Charles de Foucauld, Focolares, Opus Dei, Schoenstatt, Apostólico Manquehue...) por medio de los cuales los laicos pueden vivir más intensamente su fe, cada uno según su carisma.

Con todo, el signo más importante está en la evolución del pensamiento de la Iglesia sobre lo temporal y lo sobrenatural. Durante siglos prevaleció en ella la idea de que la vida religiosa era el estado más perfecto, puesto que se centraba en lo importante y trascendente, la unión con Dios; mientras que los laicos se dedicaban a lo secundario y transitorio: las cosas de este mundo.

Sin embargo, la reflexión de la Iglesia sobre el mensaje de Jesucristo ha ido madurando, llegando a concluir que el Reino de Dios no es del más allá, si no que comienza con Jesús en el más acá. A la construcción del Reino estamos llamados sus seguidores, todos, no sólo unos cuantos. Seremos juzgados según hayamos contribuido a la construcción de una civilización basada en la fraternidad y el amor, tarea principal de los laicos.

Los hermanos protestantes fueron quienes primero desarrollaron esta idea -500 años atrás. En esa misma época se encuentran otros exponentes de esta vocación de servicio de los laicos, como lo predicaba San Ignacio de Loyola en sus ejercicios espirituales. En el siglo XX, esta vocación pasa a ser carisma central de numerosos movimientos laicos. Y el Concilio Vaticano II lo explicita en su plenitud para la Iglesia universal.

Propuestas constructivas.

Queremos una iglesia:

Centrada en Jesús y su proyecto de vida;
que vive y simboliza lo que predica;
evangélica y misionera;
cuyo magisterio esté centrado en lo esencial;
que distinga entre los ideales y las normas morales básicas, y
cuya institucionalidad esté acorde a Su mensaje.
Por cierto, la Iglesia nunca alcanzará la perfección, pues está compuesta de personas como nosotros, débiles y pecadoras.


Una iglesia centrada en Jesús y su proyecto de vida

En tiempos pretéritos la fe era impuesta por la autoridad de la época. Si el monarca era cristiano, se generaba una cultura e instituciones favorables a la difusión del cristianismo. Esta cultura masificó la fe, pero a expensas de su profundización

Hoy ya no hay una cultura dominante. Coexisten múltiples sub-culturas y creencias. De ahí que la fe es cada vez más una opción de convicción, fruto de un encuentro personal con Jesús, e incentivada por el testimonio de cercanos.

Para inducir tal encuentro, nuestra evangelización debe aterrizar el mensaje de Jesús a las necesidades del hombre y de la mujer de hoy. No obstante, el progreso alcanzado por la sociedad, siguen vigentes las preguntas de siempre. ¿En qué consiste una vida plena? El sentido de mi existencia ¿se reduce a maximizar el placer del momento? ¿En qué ideales y valores voy a construir mi vida?

El mensaje de Jesús para la humanidad viene a responder tales inquietudes. Por cierto, el cristianismo no es la única cosmovisión presente, pero dudamos que haya alguna con un mensaje tan poderoso para mover al ser humano como el Sermón de la Montaña, ni un proyecto que dé más sentido a las personas que el de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Además, qué mejor fuente de seguridad y felicidad puede haber que la de arrimarse a un Padre Bueno y Misericordioso. Y lo que hace aún más atrayente y creíble el mensaje y propuesta de vida de Jesús, es que lo que predicó lo vivió hasta la muerte. Esta consecuencia, atrae, sobre todo en una era, como la nuestra, sospechosa de las instituciones pero sedienta de testimonios.

Una iglesia que vive y simboliza lo que predica

Toda época rechaza la incoherencia entre lo que se predica y lo que se practica. Fue el mismo Jesús quien nos aconsejó que siguiéramos lo que enseñaban los doctores de la ley, pero no lo que practicaban. Nuestra época es particularmente sensible a esta incoherencia e hipocresía.

Pensamos que parte importante de la popularidad que despierta el Papa Francisco se debe a su sensibilidad por los símbolos. En lugar de residir en los amplios y suntuosos departamentos del Vaticano, opta por vivir en el pensionado para sacerdotes. En vez de movilizarse en un vehículo de lujo, usa un auto pequeño. Él se declara Obispo de Roma y visita periódicamente a sus habitantes. No sólo bendice a las personas si no que pide sus oraciones. Este actuar suyo, consonante con la sencillez de Jesús y del Evangelio, le da credibilidad a sus palabras, lo que atrae tanto a creyentes como no creyentes.

Desafortunadamente el ejemplo del Papa Francisco es más la excepción que la regla. Demasiados símbolos tradicionales de la Iglesia alejan en lugar de atraer. Jesucristo predicó que el que quiere ser primero sea último en honor y primero en servicio. ¿Es congruente este mensaje con los títulos que emplea la jerarquía: reverendísimo, excelentísimo? ¿No son anacrónicos tales títulos? Tal vez en la era monárquica pudo haber tenido algún sentido llamarse "Príncipe de la Iglesia", como se titulan los cardenales, pero ¿puede serlo hoy? ¡El único príncipe que se menciona en el evangelio es Satanás! Y ¿cómo es posible que las oficinas del arzobispo de Santiago se sigan llamando el "palacio" arzobispal? Sabemos que ahí se trabaja y se sirve al Pueblo de Dios, pero su nombre evoca el poder y no el servicio, que es el valor esencial en la Iglesia de Jesucristo.

Asimismo, muchas de las ceremonias litúrgicas son pomposas, llenas de incienso y vestimenta arcaica, que tuvieron sentido en una época, pero que resultan ajenos a la cultura actual. ¿Se sentiría cómodo Jesús con tales ritos? Sin duda vería la buena intención, pero ciertamente es un estilo antagónico con su forma de vida. ¿No sería más atrayente hoy optar por símbolos eclesiales más acorde con la sencillez y pureza interior predicada por Jesús y sus discípulos, pescadores de Galilea?

Una iglesia evangélica y misionera

Reconocemos que servir al Pueblo de Dios es un desafío grande, pero dicha tarea no es suficiente. Esta todo el mundo de los no creyentes. Por eso el Papa Francisco nos invita a "salir de la capilla" y de nuestra zona de confort y predicar en la plaza pública. Una iglesia que no evangeliza no es iglesia. Si no estamos profundamente convencidos que los no creyentes se están perdiendo la riqueza de conocer y seguir a Jesús, entonces debemos dudar de nuestra propia fe.

Ahora que la fe no llega por la cultura ¿cómo interesar a las personas de buena voluntad, en búsqueda de la trascendencia y sedientos de descubrir el camino hacia una vida plena? Un lugar privilegiado, es a través del sistema educacional y las clases de religión. En efecto, es en la adolescencia cuando la mayoría de las personas decide qué quiere hacer con su vida y qué valores van a sustentarle en su camino. Desgraciadamente, con contadas excepciones, la clase de religión es pobre, más apta para niños que para jóvenes. Su contenido a veces deslinda con la superstición, induciendo a dejar de lado la razón en lugar de usarla. No en balde muchos jóvenes abandonan la fe por considerarla puro mito, tal como dejan de creer en el viejito pascuero.

Por eso, consideramos imperativo que se convoque a nuestros mejores teólogos y pedagogos a diseñar programas modernos de religión para la juventud, a la altura de sus inquietudes, aspiraciones e intelectos; que los entusiasmen con los ideales de Jesús, su propuesta de vida y su ejemplo. Ello requerirá mejorar drásticamente la preparación de profesores de religión, incluyendo el entrenamiento de laicos voluntarios de otras profesiones.
Evidentemente, ofrecer tales programas no garantiza que todos los jóvenes tomarán la opción creyente - no hay nada que lo garantice. Pero al menos habrán estado expuestos e instruidos en una fe adulta y atrayente, para que la semilla plantada germine más adelante.

Una iglesia cuyo magisterio está centrado en lo esencial

Mateo 25 nos indica que en el Juicio Final entrarán al Reino los que "dieron de comer al hambriento y de beber al sediento, los que recibieron al forastero, vistieron a los sin ropa, visitaron a los enfermos y a los encarcelados". Esto muestra que para Jesús lo esencial para la salvación es la ortopraxis, no la ortodoxia. Ello implica revertir los actuales énfasis desde la pureza doctrinaria a la pureza (nunca plenamente alcanzable) de la praxis.

La doctrina es importante sólo en la medida que nos lleva a la ortopraxis. Cuáles son esas doctrinas que llevan a la ortopraxis es materia de reflexión y discusión. Pero nos parece ser un conjunto de dogmas mucho más reducido de los que pueblan el catecismo actual. El Credo puede ser un buen punto de partida (y tal vez de llegada).

Además es necesario distinguir entre las doctrinas de fundamental importancia, y doctrinas de segundo o tercer nivel de relevancia. Las doctrinas de "primera importancia" serán aquellas que se han mostrado históricamente como las que más acercan a Jesús y a su mensaje, por lo que pueden considerarse condicionantes para profesar la fe católica. Las doctrinas de "segunda" o "tercera", deberían ser las que complementan las de "primera" o ayudan a algunos a acercarse a Jesús.

¿Serán doctrinas de la misma importancia para la fe: el pecado original, la teoría de la expiación, el purgatorio, las indulgencias, los pecados capitales, la marianología, los mandamientos de la Iglesia; como lo son la Divinidad de Jesús y la Santísima Trinidad, el amor a Dios y al prójimo, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, el perdón de los pecados y la vida eterna? En suma, deberían ser considerados de primera importancia todos aquellos conceptos contenidos en los evangelios y la iglesia primitiva. De no hacerse esta distinción, se corre el riesgo de confundir lo que es fundamental para una vida cristiana, de lo que no lo es y, por ende, de crear problemas y dudas innecesarias en asuntos no esenciales para lograrla.

Esta distinción de una fe basada más en lo esencial y menos en lo accesorio, ¿no nos conduciría además hacia un acercamiento con nuestros hermanos ortodoxos y protestantes?

Una iglesia que distinga los comportamientos ideales de las normas morales básicas que deben cumplir sus fieles.

Jesús no fue nunca "manga ancha" con la ley. Fue exigente, mucho más allá de esta. Para Él no basta el cumplimiento externo de la ley si no el deseo e intención de corazón. Por eso, por ejemplo, el destruir la reputación del otro es una manera de matarlo; así como mirar con lujuria a una mujer es una forma de adulterio. Sin embargo, no sólo fue exigente, si no compasivo con el caído. Es lo que nos indica en la parábola del hijo pródigo. Es lo que hizo al perdonar a la mujer adúltera. Nos llama a ir más allá de los mínimos- a superar al fariseo que se jacta de su virtud en cumplir la ley; pero es compasivo con el que se reconoce necesitado del perdón, como el publicano que se golpeaba el pecho por sus pecados.

La Iglesia no debe dejar de motivarnos hacia el ideal que nos propone Jesús. Sin embargo, tiene que reconocer que hay una diferencia entre el ideal a que Jesús nos llama - aspirar a lo máximo - y lo mínimo que se le debe exigir a un feligrés, simplemente por ser persona. La Iglesia ha desarrollado este distingo en muchos temas, por ejemplo, en el manejo de nuestros bienes materiales. Jesús dijo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos. Además, le propuso al joven rico que si quería ser perfecto vendiera todos sus bienes y se los regalara a los pobres y luego lo siguiera a Él. La Iglesia ha interpretado esta pobreza "evangélica" propuesta por Jesús, como un ideal al que todo cristiano debería aspirar; pero no considera su incumplimiento un pecado mortal. La persona que le paga un salario justo a sus trabajadores y gana una remuneración limpiamente por su esfuerzo es honrada; cumple con el mínimo (de la ley natural), aunque diste del ideal cristiano de compartir todos sus bienes con los más necesitados.

Asimismo, el ideal de amor al prójimo sería "poner la otra mejilla" si uno es atacado. Sin embargo, el mínimo es frenar nuestro instinto de venganza y cumplir con la justicia. En otros casos hemos elevado lo que es un ideal a lo mínimo exigido por la moral. Un ejemplo de ello es el ideal del matrimonio: que sea un amor de por vida. Es lo que cree y desea toda pareja al casarse; es lo que se refleja en la poesía y los juramentos espontáneos de fidelidad eterna de los enamorados de todos los tiempos; es lo que nos dice Jesús que fue la intención de Dios, cuando le preguntan sobre el divorcio permitido por Moisés. Pero ¿es la indisolubilidad matrimonial el mínimo exigible a toda persona, por lo que sería pecado mortal divorciarse y volver a casarse? o ¿no será este un ideal al que debemos aspirar pero no el mínimo exigible? Ese distingo entre el ideal matrimonial y el mínimo exigible es lo que hace que nuestros hermanos ortodoxos así como protestantes permitan que personas cuyos matrimonios fracasaron - después de un auténtico intento de reencuentro - se divorcien y puedan volver a casarse, siguiendo en comunión con la Iglesia.

Algo similar podría decirse de las relaciones sexuales. El ideal es que sean signos de amor en una relación estable y permanente (matrimonio). Y sin duda es necesario seguir insistiendo en el ideal de relacionar sexo con amor, sobre todo en una sociedad como la actual donde se llega a banalizar el acto sexual reduciéndolo a un puro placer narcisista. Pero ¿no habríamos de distinguir entre relaciones sexuales promiscuas, sin amor, de relaciones pre-maritales donde el acto de amor es eso: una expresión de amor entre los dos, aun no siendo matrimonio?

Como en todos los temas morales la última palabra la tiene la voz de la conciencia abierta e instruida, predispuesta a dudar del impulso del deseo y a contrarrestarlo. Con todo consideramos que la moral católica se beneficiaría de una revisión sistemática de sus posturas tradicionales bajo la lupa del distingo entre lo que es ideal y lo que es el mínimo exigible a cada persona.

Carismas en la Iglesia

Una Iglesia cuya institucionalidad esté acorde a Su mensaje

Hay distintos carismas en la Iglesia, todos necesarios: el de los laicos, construir el Reino; el del clero, predicar, administrar los sacramentos y animar a los laicos; el de los obispos, orientar y organizar la evangelización y mantener la unidad del pueblo de Dios; el del Papa como "primus inter pares", de mantener la unidad de la Iglesia.

Sin embargo, con los siglos se han privilegiado algunos de esos carismas y atrofiado otros. De tal modo que la Iglesia se asemeja hoy mucho más a la estructura de un "ejercito prusiano" que a una comunidad de fieles, con una cúspide sobre empoderada y una base pasiva y obediente. El Papa ha llegado a ser "la" autoridad, casi todopoderosa, en doctrina, en moral y en el gobierno de la Iglesia; apoyado por la Curia, una "élite" poco transparente, hermética, autocomplaciente y alejada de la grey. Una cosa es escuchar con apertura y debido respeto las palabras y enseñanzas del Papa y otra es pretender que todos sus dichos son dogmas. De hecho, apenas dos de las enseñanzas posteriores a la declaración de infalibilidad papal en el Concilio Vaticano I son consideradas dogmas por los teólogos: la Inmaculada Concepción y la Asunción de la Virgen (y en ambos casos se dijo que simplemente se estaba ratificando la creencia y práctica del Pueblo de Dios por siglos).

Los teólogos distinguen entre el magisterio extraordinario (infalible) y el magisterio ordinario. El magisterio ordinario es el del día a día, partiendo del catecismo, las prédicas dominicales en la parroquia, las cartas del Obispo o del Papa, las declaraciones de la Conferencia Episcopal, e inclusive Concilios universales orientadores (como el Vaticano II, que no intentó "definir dogmas"). Ahí sin duda se encuentra la sabiduría acumulada de la Iglesia por siglos, pero ahí también hay cizaña: teologías equivocadas, prejuicios culturales, enfoques parciales y aseveraciones francamente erradas. En su conjunto es muy relevante y beneficioso, pero no hay que sacralizarlo todo. El magisterio infalible es ese conjunto de doctrinas importantes y relevantes para la salvación (aunque, como dijimos arriba, ninguna es esencial salvo la ortopraxis de Mateo 25), que distingue primordialmente a los cristianos de los no cristianos y no creyentes y, secundariamente, los católicos de los cristianos no católicos. El magisterio ordinario es amplísimo. El magisterio infalible, referente a declaraciones excepcionales de Concilios y del Papa, es muy reducido, cuyos límites sigue siendo aún materia de discusión entre los teólogos.

Sabemos que Jesús prometió estar con su Iglesia hasta el fin del tiempo "para que las puertas del infierno no prevalecieran sobre ella". Más nos parece tarea urgente de los teólogos precisar hasta donde se extiende esta promesa de Jesús de proteger su Iglesia de errores fundamentales irremediables. Ello requiere delimitar ese magisterio infalible a lo esencial del mensaje de Jesús. Como un paso en la dirección de aclarar los límites del magisterio extraordinario, consideramos prometedor la distinción anterior entre doctrinas de primer orden para ayudar a la salvación, y otras que son secundarias.

Por otra parte, por mucho respeto que nos merezca el Papa y su magisterio, no todo lo que él o sus antecesores dicen y hacen, es necesariamente bueno y correcto. También pueden equivocarse gravemente en sus nombramientos, sobre todo si no escuchan al episcopado y al laicado. Hay signos esperanzadores: la corrección fraterna al Papa Francisco por el obispo de Boston cuando Francisco trató de calumnias las acusaciones al Obispo Barros; también es admirable la constancia de la comunidad de Osorno que insistió en no aceptar al Obispo, pese a que este contaba hasta hace poco con la confianza del Papa. La "corrección fraterna" va en ambas direcciones, no sólo de arriba hacia abajo (lo típico hoy en día), sino también desde ésta hacia la autoridad (dónde aún falta mucho).

Si en la práctica, el papado está sobredimensionado en su papel y autoridad, los obispos están demasiado reducidos en lo suyo. Esto implica reconocer institucionalmente la colegialidad de los obispos tanto en el ámbito nacional como universal. Ellos trazan su autoridad directamente desde los apóstoles. Son tan obispos como el Obispo de Roma. Grandes decisiones en materia de doctrina, moral o rito deberían ser fruto de una reflexión colegiada de los obispos en un Concilio universal, convocados por el Papa, sucesor de Pedro y Obispo de Roma.

El rol de los laicos en la Iglesia está casi totalmente atrofiado debido al clericalismo reinante de hace siglos, basado en una teología que caducó con el Vaticano II. Ese Concilio insistió no sólo en que el Reino de Dios comienza en este mundo si no que su construcción es de todo el Pueblo de Dios. Laicos y religiosos somos igualmente responsables, cada uno con su propio carisma.

No obstante, el clericalismo perdura en la práctica - tanto en el clero como entre los laicos. Por ejemplo, en estos últimos acontecimientos de la Iglesia en Chile la voz de los laicos ha sido un gran ausente. Los laicos hemos sido espectadores, cada uno preguntándose ¿Por qué la "Iglesia" permite estos abusos? ¿Por qué los obispos y/o el Papa no hacen algo? Pero salvo contadas excepciones, los laicos hemos tomado palco. Por cierto, los laicos no fuimos consultados por la jerarquía cuando estalló la crisis actual. Pero nada ni nadie nos impidió opinar libremente una vez que se conoció. ¿Dónde está la opinión de los laicos? Más bien, ¿dónde están esas opiniones?, pues seguramente habrá una gran diversidad de puntos de vista. Si los laicos desean ser escuchados, ante todo deben expresarse. Y deberá incorporarse esa voz de los laicos institucionalmente a la estructura de la Iglesia. Cada parroquia tiene, en teoría, un consejo laical y nos imaginamos, el obispo también tendrá el suyo. Pero al parecer funcionan al arbitrio del párroco u obispo. ¿Ha de tener el consejo laical un rol puramente asesor o debe tener un rol vinculante en algunos temas? ¿Podrá sugerir la remoción de un párroco o un obispo? ¿No deberá ser al menos consultado antes del nombramiento de unos y otros? ¿Qué rol institucional deben de tener los movimientos laicos?

Además, hay que reconocer que los que más trabajan pero menos participan en decisiones dentro de la Iglesia son las mujeres. Tal vez, para algunos sea demasiado pronto la idea del sacerdocio femenino. Sin embargo, todos concordarán que la mujer debería tener un liderazgo en la Iglesia semejante al del hombre. Y esto debería reflejarse en los distintos consejos laicales y en la conducción de la Iglesia, despojándola del machismo que la ha caracterizado históricamente.

Laicos en la Iglesia

Finalmente, unas palabras sobre el clero. Nuestros corazones están con esa mayoría de sacerdotes y monjas que trabajan día a día en el apostolado sin mayor reconocimiento, y que hoy tienen que cargar con la cruz de ser sospechosos de abusos y corrupción por la acción de los menos. También sufrimos por ese gran número de curas de pueblo o único cura de parroquia que viven vidas tan abnegadas y en gran soledad. Mas esta última cruz no es necesaria. La vida sacerdotal es suficientemente exigente, casi heroica, para exigir además la soledad afectiva del celibato. Nos parece que es tiempo de volver a la práctica de antaño en Occidente y vigente hasta el día de hoy en los ritos orientales de nuestra propia iglesia católica, que los sacerdotes, al menos los diocesanos, puedan ser casados. El celibato sería requisito sólo para la vida monacal y las órdenes religiosas cuya labor así lo requiera.

Cierre

Sin duda nuestras aseveraciones son incompletas; faltarán matices y habrá más de alguna errada. Y aunque fuera pertinente todo lo que decimos, lo aquí propuesto no es "el" camino si no, a lo más, unos pasos en la dirección que estimamos correcta. Sabemos que son muchos, con otras ideas de cómo y por dónde ir. Bienvenidas sean esas propuestas. Los que sientan que en lo grueso esta carta representa su sentir los invitamos a adherir a ella. Pero igual de importante, los que no estén de acuerdo o sientan que son otros los caminos, los invitamos a expresar públicamente su sentir. Pero comencemos a andar, pues como Jesús mismo nos dijo, "la cosecha es abundante pero los trabajadores pocos". La Iglesia no es sólo asunto de los religiosos. Es hora que los laicos asumamos el rol que nos corresponde en el Pueblo de Dios.

Santiago de Chile, Junio 2018


“Fui extranjero y me acogieron"


José M. Castillo S.
www.religiondigital.com / 12.06.18

El recién estrenado Gobierno de España ha tomado la humanitaria decisión de acoger, en nuestro país, a más de seiscientos inmigrantes, perdidos en el Mediterráneo y a los que ningún otro país de la UE quería recibir.

El día 8 de enero de 1454, el papa Nicolás V, mediante la bula “Romanus Pontifex”, le regaló al rey de Portugal todos los reinos de África, añadiendo además la facultad de hacer esclavos de dicho rey a todos los habitantes del continente africano (“Bullarium … Romanorum Pontificum”, vol. V, 113).

Y el 4 de mayo de 1493, el papa Alejandro VI, por la Bula “Inter caetera”, les concedió a los reyes de España y Portugal la conquista, invasión y posesión de todos los reinos, riquezas, oro, aromas y otras muchísimas cosas preciosas…, que se acababan de descubrir en América (“Bullarium…”, vol. V, 362).

No hace falta ponderar lo mucho que Europa ha robado en África y América. Se sabe mucho de eso. Aunque no lo sabemos todo.

Pero, con lo que sabemos, tenemos de sobra para que se nos caiga la cara de vergüenza cuando ahora resulta un hecho ejemplar que el actual Gobierno de España tome la decisión de acoger a poco más de seiscientos inmigrantes, que huyen del hambre y de la muerte, por causa de guerras que se organizan y se hacen posibles gracias a la venta de armas con las que España, sin ir más lejos, se embolsa cantidades importantes de millones de euros cada año.

Nuestros obispos ponen el grito en el cielo cuando el Gobierno permite el matrimonio entre personas homosexuales, por ejemplo. Yo me pregunto por qué nuestros obispos no ponen el grito en la tierra cuando el Gobierno toma una decisión, que es un acto humanitario. Y que, además, cumple al pie de la letra lo que dice el Evangelio: “Fui extranjero y me acogieron” (Mt 25:35).

El Evangelio –que yo sepa– no dice ni palabra sobre la homosexualidad. De la acogida a los perdidos y extraviados, Jesús habló muy claro. ¿Estaré yo perdiendo la cabeza cuando me viene la idea de que nuestros gobernantes están más cerca del Evangelio que algunos de nuestros obispos?


La única autoridad creíble


Alocución del Papa Francisco
Roma, 280618

«Estaban subiendo por el camino hacia Jerusalén y Jesús iba delante de ellos» (Mc 10:32).[1]

El comienzo de este paradigmático pasaje en Marcos siempre nos ayuda a ver cómo el Señor cuida de su pueblo con una pedagogía sin igual. De camino a Jerusalén, Jesús no deja de “primerear” a los suyos.

Jerusalén es la hora de las grandes determinaciones y decisiones. Todos sabemos que los momentos importantes y cruciales en la vida dejan hablar al corazón y muestran las intenciones y las tensiones que nos habitan. Tales encrucijadas de la existencia nos interpelan y logran sacar a la luz búsquedas y deseos no siempre transparentes del corazón humano. Así lo revela, con toda simplicidad y realismo, el pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar. Frente al tercer y más cruel anuncio de la pasión, el evangelista no teme desvelar ciertos secretos del corazón de los discípulos: búsqueda de los primeros puestos, celos, envidias, intrigas, arreglos y acomodos; una lógica que no solo carcome y corroe desde dentro las relaciones entre ellos, sino que además los encierra y enreda en discusiones inútiles y poco relevantes.

Pero Jesús no se detiene en ello, sino que se adelanta, los “primerea” y enfáticamente les dice: «No será así entre ustedes: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor» (Mc 10:43). Con esa actitud, el Señor busca recentrar la mirada y el corazón de sus discípulos, no permitiendo que las discusiones estériles y autorreferenciales ganen espacio en el seno de la comunidad. ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se está corroído por dentro? ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se vive atrapado en intrigas asfixiantes que secan y vuelven estéril el corazón y la misión? En esta situación -como alguien hacía notar- se podrían vislumbrar ya las intrigas palaciegas, también en las curias eclesiásticas.

«No será así entre ustedes», respuesta del Señor que, en primer lugar, es una invitación y una apuesta a recuperar lo mejor que hay en los discípulos y así no dejarse derrotar y encerrar por lógicas mundanas que desvían la mirada de lo importante. «No será así entre ustedes» es la voz del Señor que salva a la comunidad de mirarse demasiado a sí misma en lugar de poner la mirada, los recursos, las expectativas y el corazón en lo importante: la misión.

Y así Jesús nos enseña que la conversión, la transformación del corazón y la reforma de la Iglesia siempre es y será en clave misionera, pues supone dejar de ver y velar por los propios intereses para mirar y velar por los intereses del Padre. La conversión de nuestros pecados, de nuestros egoísmos no es ni será nunca un fin en sí misma, sino que apunta principalmente a crecer en fidelidad y disponibilidad para abrazar la misión. Y esto de modo que, a la hora de la verdad, especialmente en los momentos difíciles de nuestros hermanos, estemos bien dispuestos y disponibles para acompañar y recibir a todos y a cada uno, y no nos vayamos convirtiendo en exquisitos expulsivos o por cuestiones de estrechez de miradas [2] o, lo que sería peor, por estar discutiendo y pensando entre nosotros quién será el más importante.

Cuando nos olvidamos de la misión, cuando perdemos de vista el rostro concreto de nuestros hermanos, nuestra vida se clausura en la búsqueda de los propios intereses y seguridades. Así comienza a crecer el resentimiento, la tristeza y la desazón. Poco a poco queda menos espacio para los demás, para la comunidad eclesial, para los pobres, para escuchar la voz del Señor. Así se pierde la alegría, y se termina secando el corazón (cf. Exhort. Ap. Evangelii Gaudium, 2).

«No será así entre ustedes -nos dice el Señor-, [...] el que quiera ser primero, sea esclavo de todos» (Mc 10:43-44). Es la bienaventuranza y el magníficat que cada día estamos invitados a entonar. Es la invitación que el Señor nos hace para no olvidarnos que la autoridad en la Iglesia crece en esa capacidad de dignificar, de ungir al otro, para sanar sus heridas y su esperanza tantas veces dañada. Es recordar que estamos aquí porque hemos sido enviados a «evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4:18-19).

Queridos hermanos Cardenales y neo-Cardenales: Mientras vamos de camino a Jerusalén, el Señor se nos adelanta para recordarnos una y otra vez que la única autoridad creíble es la que nace de ponerse a los pies de los otros para servir a Cristo. Es la que surge de no olvidarse que Jesús, antes de inclinar su cabeza en la cruz, no tuvo miedo ni reparo de inclinarse ante sus discípulos y lavarles los pies. Esa es la mayor condecoración que podemos obtener, la mayor promoción que se nos puede otorgar: servir a Cristo en el pueblo fiel de Dios, en el hambriento, en el olvidado, en el encarcelado, en el enfermo, en el tóxico-dependiente, en el abandonado, en personas concretas con sus historias y esperanzas, con sus ilusiones y desilusiones, sus dolores y heridas. Solo así, la autoridad del pastor tendrá sabor a Evangelio, y no será como «un metal que resuena o un címbalo que aturde» (1 Co 13:1).

Ninguno de nosotros debe sentirse "superior" a nadie. Ningunos de nosotros debe mirar a los demás por sobre el hombro, desde arriba. Únicamente nos es lícito mirar a una persona desde arriba hacia abajo, cuando la ayudamos a levantarse.

Quisiera recordar con ustedes parte del testamento espiritual de san Juan XXIII que adelantándose en el camino pudo decir: «Nacido pobre, pero de honrada y humilde familia, estoy particularmente contento de morir pobre, habiendo distribuido según las diversas exigencias de mi vida sencilla y modesta, al servicio de los pobres y de la santa Iglesia que me ha alimentado, cuanto he tenido entre las manos -poca cosa por otra parte- durante los años de mi sacerdocio y de mi episcopado. Aparentes opulencias ocultaron con frecuencia espinas escondidas de dolorosa pobreza y me impidieron dar siempre con largueza lo que hubiera deseado. Doy gracias a Dios por esta gracia de la pobreza de la que hice voto en mi juventud, como sacerdote del Sagrado Corazón, pobreza de espíritu y pobreza real; que me ayudó a no pedir nunca nada, ni puestos, ni dinero, ni favores, nunca, ni para mí ni para mis parientes o amigos» (29 junio 1954).
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[1] El verbo proago es el mismo con el que Cristo resucitado anuncia a sus discípulos que los "precederá" en Galilea (cf. Mc 16,7).
[2] Cf. Jorge Mario Bergoglio, Ejercicios Espirituales a los obispos españoles, 2006.


Cuatro palabras que cambiaron el curso de la historia



-¿También bebés?
-También bebés.

Estas cuatro palabras, emitidas por la cadena de noticias CBS en 1969, tuvieron un profundo impacto en la opinión pública estadounidense, en la presidencia de Nixon y en el curso de la Guerra de Vietnam. Esta semana, la pregunta sobre los bebés volvió a escucharse en la Casa Blanca, esta vez en torno a los miles de niños inmigrantes, algunos de apenas unos meses, arrancados de los brazos de sus madres y padres y encarcelados en jaulas por orden del presidente Donald Trump.

La pregunta “¿También bebés?” fue planteada hace medio siglo por el experimentado periodista de investigación Mike Wallace a un joven veterano de guerra de Vietnam llamado Paul Meadlo. “También bebés”, respondió Meadlo, un soldado raso del ejército que, junto con muchos otros soldados estadounidenses, había llevado a cabo una incursión contra un poblado vietnamita llamado My Lai el 16 de marzo de 1968.

Lo que siguió llegó a conocerse como la masacre de My Lai. Los soldados estadounidenses masacraron a más de 500 civiles en el transcurso del día. “Suplicaban y decían: ‘No, no’. Y las madres abrazaban a sus hijos y… bueno, seguimos disparando. Ellos agitaban los brazos y suplicaban”, le declaró Meadlo a Wallace.

Meadlo llegó a la entrevista con CBS gracias a un joven periodista independiente llamado Seymour Hersh, que estaba investigando la masacre. Hersh localizó a Meadlo, obtuvo su testimonio y lo convenció de hacer la entrevista para CBS. Lo que el periodista descubrió sobre la masacre de My Lai lo atormenta hasta el día de hoy. En una entrevista para Democracy Now sobre su nuevo libro, Reporter: A Memoir (Periodista: una autobiografía, en español), Hersh expresó: “En lugar de encontrarse con el enemigo, en el poblado solo había familias, mujeres, niños y ancianos. Y entonces comenzaron a asesinarlos. Los arrojaron a una zanja, violaron a las mujeres, los mataron. Arrojaban a los bebés y les disparaban con bayonetas. Esto fue difícil de procesar para mí, fue muy difícil en el primer año. Algunas de las cosas que mantuve fuera del artículo inicial eran simplemente horrendas”.

En cuanto a la aparición de Meadlo en CBS, Hersh recordó: “Mike Wallace, que era fuerte como un toro, le preguntó cinco veces en esa entrevista, ‘¿También bebés?’ y siguió repitiendo ‘¿También bebés?’”.
Más adelante, Hersh publicó el informe sobre la masacre en la pequeña agencia de noticias antibélicas Dispatch News Service, después de que varios de los principales medios estadounidenses la rechazaran. En 1970 recibió el Premio Pulitzer por esta investigación. Hersh considera que existen paralelismos entre aquella situación y la cobertura que finalmente está haciendo la prensa sobre la actual crisis de separación de familias inmigrantes. “Esto podría ser un punto de inflexión”, opinó Hersh.

Hoy vemos fotos de niños y niñas llorando junto a sus padres y madres esposados, y hemos podido escuchar una grabación publicada por el medio ProPublica donde se escucha a los niños gritar “¡Mamá! ¡Papi!” mientras un guardia se burla de ellos, diciéndoles “Bueno, aquí tenemos una orquesta. Solo falta el director”. Autoridades electas y medios de comunicación se han congregado en la región fronteriza de Estados Unidos y México para exigir el acceso a los centros de detención.
La secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, fue interrogada en una conferencia de prensa en la Casa Blanca acerca de por qué su departamento solo había publicado fotos de niños de más de 10 años de edad encarcelados en jaulas y ninguna foto de niñas o niños pequeños. “¿Dónde están las niñas? ¿Dónde están los bebés?”, le preguntaron varias veces. La confusión de la secretaria Nielsen sobre el paradero de bebés y niñas desató reacciones aún más fuertes.

La política de Trump de “tolerancia cero” hacia inmigrantes indocumentados y solicitantes de asilo en la frontera sur de Estados Unidos, anunciada por el fiscal general Jeff Sessions el pasado 6 de abril, permitió que el Departamento de Seguridad Nacional, con su Servicio de Inmigración y Control de Aduanas y su Patrulla Fronteriza, arrestara a los adultos sospechosos de cruzar la frontera sin la documentación adecuada, y los separara de sus hijos. La cantidad de niños y niñas secuestrados por estos organismos es mayor a 2.300. La revista electrónica The Intercept estima que han sido más de 3.700 desde octubre.

Decenas de activistas defensores de los derechos de los inmigrantes han organizado protestas en todo el país contra la orden de Trump desde el mismo día de su emisión. El movimiento se fue multiplicando. Muchos congresistas exigieron ver a los niños encarcelados. Gobernadores demócratas y republicanos comenzaron a emitir órdenes ejecutivas para retirar o impedir que las tropas de la Guardia Nacional dependientes de sus estados acudan a la frontera para ayudar al Departamento de Seguridad Nacional. Varias aerolíneas se unieron en su rechazo de transportar a los niños separados de sus padres. El miércoles, finalmente, Trump emitió una orden ejecutiva que revierte su propia decisión. Desde ahora, las familias ya no serán separadas al atravesar la frontera.
Sin embargo, eso no soluciona la crisis de los miles de niños y niñas que ya han sido arrancados de los brazos de sus padres. No se generó un mecanismo para reunir a los padres, de los cuales algunos ya han sido deportados, con sus hijos, que todavía están en jaulas, cárceles y campamentos de emergencia establecidos a lo largo de todo el país en 17 estados.

Hace cincuenta años, cuatro palabras escuchadas en todo el país cambiaron el curso de la Guerra de Vietnam: la pregunta “¿También bebés?” y la respuesta “También bebés”. Cuatro palabras que se escucharon esta semana, “Mamá, mamá. Papi, papi”, expusieron la crueldad del gobierno de Trump y cambiaron poderosamente el curso del debate sobre la inmigración.


"Ortega está dispuesto a gobernar sobre un cementerio"


Entrevista a José A. Idiáquez G, sj

(Álvaro Murillo, Semanario Universidad).- El sacerdote José Alberto Idiáquez está amenazado de muerte y ha mencionado palabras como "asesino", "cementerio", "traición", "guerra" y "pesadilla"; pero prefiere terminar la entrevista con una broma inocente. Después, al minuto 61, cuelga el teléfono y de inmediato escribe un mensaje: "Romero y los jesuitas asesinados son mis protectores".

No es gratuita la alusión del Idiáquez, rector de la Universidad Centroamericana UCA, al obispo Óscar Arnulfo Romero y a los seis sacerdotes asesinados durante la guerra civil en El Salvador en los años 80. Este religioso es miembro de la orden de los jesuitas, fue alumno de los sacerdotes asesinados acribillados en 1989 y vivió en esa misma residencia, que se parece un poco a la que hoy habita en Managua.

Desde su oficina, sentado en su escritorio sin apartarse de la computadora, Idiáquez habla en la tarde de este jueves mientras Nicaragua vive un paro nacional contra el gobierno de Daniel Ortega. Después se sabría que este mismo día se conocieron medidas cautelares para proteger al sacerdote ante una amenaza de muerte y que mientras conversábamos se confirmaría la muerte de un adolescente monaguillo en la ciudad de León. Es la víctima número 170, quizá, en estos dos meses de protestas ciudadanas y represión oficial, pero al cierre de esta edición la cifra llegaba a 180, según la ONG Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

Nicaragua suelta noticias en ráfaga, pero Idiáquez habla despacio, como líder religioso y protector de los estudiantes, como rector de la universidad "opositora" que cumple casi dos meses cerrada después de recibir pedradas y balazos. Habla también como miembro de la "Mesa de Diálogo" que, se supondría, debería haber servido ya para detener la respuesta de Ortega contra el movimiento al que ya nombran con una palabra repleta de significado histórico en Nicaragua: revolución.

Habla como víctima. Lo han amenazado de muerte mediante llamadas telefónicas y escritos. Le exigen que se calle, pero este managüense de 60 años parece haber perdido el miedo, tanto como cientos de estudiantes que llevan ya dos meses entre barricadas y balas oficialistas. Cuando lo saludé, me contestó: "acá respirando todavía", y de inmediato comenzó a describir la situación.

"Es muy tenso y triste, porque desde el 18 de abril a la fecha no ha parado de haber muertos. Ya 163 asesinados o 165, no sé. En 15 días murieron 51 personas y la mayoría de ellos entre 14 a 28 años, lo cual es una gran salvajada; es asesinar a la juventud nicaragüense. El peso de esto lo han llevado los jóvenes. Ahora la dinámica es que los mayores defiendan a los jóvenes, pero el Gobierno y su gente vienen con armas pesadas y francotiradores".

Se cumplen ya casi dos meses y cada día hay nuevas malas noticias. ¿Cómo es su rutina?

Es que mi rutina es ahora la que tienen miles de nicaragüenses, de mucho dolor, porque la rutina de Nicaragua es la muerte. Cerca de donde vivo está la Universidad Nacional y de Ingeniería, y escucho los balazos al anochecer. Ya a las 7 de la noche uno se pone nervioso porque se pregunta cuántos muertos y cuántos desaparecidos habrá. Hoy andaba con uno de los padres acompañando a una mamá que buscaba a su muchacho.

¿Cuál fue el momento en que todo se salió de control?

Lo que pasa es que desde 2014, cuando los obispos sacaron la primera carta y pidieron diálogo, la situación se miraba muy mal. El tener contacto con estudiantes, campesinos y la costa Caribe me daba una visión global de que se estaba acumulando mucha molestia. Lo del canal interoceánico estaba provocando mucho sufrimiento y ya se venían escuchando asesinatos, dispersos, pero asesinatos al fin. Nosotros aquí estábamos cerca de esas poblaciones y por eso el Gobierno no nos quería, porque hay temas que supuestamente son intocables, como el del canal, la ley autonómica de indígenas, el despojo de tierras. Lo de la reserva Indio Maíz y lo del Seguro Social rebalsó el vaso y el Gobierno cometió el error de pensar que podía seguir reprimiendo las protestas sociales e infundiendo miedo.

¿Reventó ahí, en la UCA?

Yo no imaginé cómo esto iba a estallar, pero fue aquí. Nos apedrearon de manera brutal y me dio tristeza ver a las supuestas juventudes sandinistas, que son una pesadilla, protegidos por la Policía con 200 motocicletas tirando piedras a lo bestia contra la gente de la UCA y gente que se vino a refugiar aquí. Yo estaba en medio para ver cómo podíamos evitar muertes. Gracias a Dios no hubo muertos el 18 de abril, pero el 19 de abril se vio la bestialidad en la Universidad de Ingeniería porque ya era tirar bala, torturarlos, golpes en la cabeza.

¿Por qué se centró todo en las universidades?

Podría ser simplista esto, pero lo que he captado es que tenían o teníamos una idea equivocada de los jóvenes. Había un ambiente de negación con la política para no someterse al pensamiento político único. Pensábamos en los muchachos solo con el Internet o su celular, pero reaccionaron en masa el día 18 de abril en la marcha contra las reformas en el INSS. Algunos se preguntaban por qué reaccionaron así si afectaba más a la gente de más edad, a los viejos. Bueno, pero en este país muchos muchachos viven en los mismos hogares con sus abuelos y quizás eso hizo que reaccionaran. La respuesta del Gobierno fue desproporcionada, con una fuerza excesiva, y eso no les dio miedo, pero sí los indignó. Yo como rector vivía en presión tremenda, pero no había estallado. Ya se sabía que si en la UCA hacíamos algo que a la señora (Rosario Murillo) no le gustaba, recibíamos el mensaje por alguna vía.

¿Qué vía?

Bueno, nos han venido quitando dinero del Estado. Un diputado (Edwin Castro, jefe de la bancada oficialista) me había dicho que la UCA era desestabilizadora y que dábamos problemas. Hay una canción que dice que "no queremos camisas de fuerzas en el pensamiento". Su análisis estaba muy perdido porque pensaron que los jóvenes se iban a intimidar, pero se unieron todas las universidades. Pecaron de soberbios.

¿Siempre estuvo usted distante con el Gobierno?

Yo iba a las reuniones con el Consejo Universitario, pero siempre quise mantener distancia. Edwin Castro era profesor aquí y me pidió expulsar a los muchachos, pero más bien le terminé el contrato y él se molestó. No era posible que él continuara aquí y eso enoja al Gobierno. El 27 de mayo intentaron matar a dos cuidadores después de una carta muy fuerte mía en la que hablaba de los parapolicías y paramilitares. Además, en la salvajada del 30 de mayo (Día de las Madres), la UCA abrió sus puertas para proteger a la gente. Yo iba en esa marcha con las mamás y ese día aquí tuvimos cinco heridos. La policía tiraba bala, aquí tenemos los casquillos. Ya venían también varios militares y yo comencé a llamar a los obispos y a los medios. Yo tenía más de 5.000 personas aquí y habría sido un caos. Podés imaginar lo que iba a pasar. Les dije que, si llegaban aquí, la pareja presidencial iba a gobernar sobre un cementerio, porque eso es sí: ellos están dispuestos a gobernar sobre un cementerio.

¿La amenaza de muerte vino después?

He recibido muchas llamadas telefónicas donde me dicen que pronto voy a conocer la vida eterna. Yo contesto que conmigo desperdician esa bala, porque yo no me voy a callar. Es lo que hemos dicho: esta es una universidad jesuita que busca la justicia y vamos a seguir pidiendo justicia por los asesinados. Recibí una carta que decía que los sacerdotes estábamos incitando a la violencia y que el señor Ortega estaba tratando de parar la violencia de los vandálicos. La señora Murillo, ese lunes 31 de mayo, difundió a todos los cuadros de ellos. Era una manera de decir a los cuadros que estuvieran atentos a estos curas. Yo no soy hombre de medios de comunicación, pero esta situación me ha obligado. Eso tiene un mensaje para que, si yo voy a un pueblo, puedan identificarme y puedan matarme.

¿Ha visto algún intento de ataque a usted?

El otro día dos motos me venían siguiendo cuando yo iba a una comunidad cerca de la UCA, se me tiraron al carro, me gritaron y se fueron. Uno sabe cómo va esa gente, con pistola en la mochila y un casco cerrado.

¿Vive entonces encerrado?

Trato de salir lo menos posible, pero salgo a la "Mesa de Diálogo". Sé que cada salida es un riesgo, porque aquí es la ley de la selva y cualquier día a uno pueden darle un balazo. Mi casa está dentro de la Universidad y uno piensa lo que pasó en El Salvador. Ellos acá usan francotiradores profesionales que pueden disparar desde 1.800 metros, me dicen. Por eso uno no ve cuando disparan y solo uno ve cuando caen los muchachos. Tratamos de tomar todas las medidas, pero no es fácil. Pueden ocurrir cosas en cualquier momento, pero no podemos dejar de insistir con la "Mesa de Diálogo".

(Al día siguiente, Idiáquez se vería con los otros religiosos a las 7:45 a.m. para coordinar asuntos del diálogo. A las 9 a.m. se encontraría con el Gobierno, representado por el canciller y por Edwin Castro, el político que el rector de la UCA despidió como profesor. Las autoridades aceptarían -de palabra- la visita de verificadores internacionales y exigirían el retiro de los "tranques" de las calles del país. Sin embargo, fin de semana se registraría una tragedia dentro de la tragedia: una familia murió calcinada en un barrio de Managua por un ataque que el Cenidh calificó como "terrorismo de Estado").

¿Ese aparente diálogo puede servir de algo?

Tenemos la esperanza de lograr algo pacífico. Si no hay diálogo solo queda una guerra, pero esta es una insurrección pacífica. Me preocupa que la pareja presidencial no muestra sensibilidad y es como si ellos no se sintieran responsables. Ya llevan 165 asesinatos, heridos, desaparecidos... estamos en una situación incierta. Quiero ser optimista, pero la situación no es fácil. Una fiera herida es más agresiva y ellos están aferrados al poder económico. No es fácil, cuando dos personas están tan aferradas pueden hacer cualquier cosa y esta vez su estrategia de generar miedo no les ha funcionado. Lo que ha provocado es más enojo. Una muestra clara es la destrucción de Masaya, es una pesadilla ver que Ortega matara gente de Monimbó (bastión histórico sandinista) y ahora caen más adolescentes. Según parece hubo avionetas regando veneno, pero no lo tengo confirmado.

¿Cómo es que no ha habido una respuesta armada?

Es que han sido los estudiantes y campesinos. Esta es una revolución cívica. Quizás sea la primera revolución así en América Latina. Si la gente inconforme que sabe manejar armas estuviera tirando balazos, le darían excusas a Ortega a entrar a su juego, porque ese sí es su terreno. Hay que evitar eso. Este país no está para otra guerra como la que derrocó a Somoza; sería más desastroso, aunque sea triste, ver que seguimos perdiendo vidas inocentes. Daniel y la señora deben aceptar que su tiempo ya terminó.

¿Puede uno asegurar que no habrá un alzamiento armado?

Conociendo este país, y si siguen matando gente, va a llegar un momento en que la otra parte se va a desesperar y eso quieren Ortega y Murillo; es una posibilidad que no se puede descartar. Si esto sigue así vamos a llegar a 200, 300 o 400 asesinados y todos los días las madres buscando a sus hijos en las cárceles. Nosotros más bien estamos mediando para evitarlo, unos sacerdotes evitaron que lincharan a unos policías en Masaya. Yo deseara que no, pero si esto sigue así, ya vos sabes que la paciencia tiene un límite. El problema es que este señor no da signos de parar.

¿Cree que sirva de algo el paro de hoy (jueves)?

No lo sé. Le puedo contar que Managua ha quedado paralizada, pero uno no sabe si se logra algo. El Gobierno sigue jugando a provocar temor, pero temor es lo que menos ha encontrado.

¿Es entonces cierto lo que decían algunos: "nos quitaron todo, hasta el miedo"?

Claro, ya hemos visto que los jóvenes han reaccionado con mucha valentía. Lo que pasa es que tiene un costo más grande.

¿No ha pensado usted en salir de Nicaragua?

No puedo. Sería una traición para mis estudiantes salir yo de aquí. No lo he pensado nunca. De aquí solo me iría si pudiera llevarme a todo el país.

¿Tiene vigilancia?

No creás que ando con guardaespaldas. No, solo trato de tener precauciones como no salir de noche. No voy a aceptar que venga la policía a cuidarme, no; yo preferiría cuidarme solito a que vengan a meterse aquí.

¿Cree que ahora la comunidad internacional sí está poniendo atención en Nicaragua?

Mis hermanos jesuitas y otras comunidades católicas nos han dado un gran apoyo. De Costa Rica, el Presidente ha sido muy solidario, pero muchos países parece que ni siquiera se han enterado.
¿Se ve ya el efecto en la economía de los hogares?

Se nota. Mirá que la UCA está cerrada, suspendimos clases y notamos que muchos estudiantes no han pagado este mes. Vamos a tomar medidas porque no vamos a presionar a los muchachos. La crisis ya está afectando. La gente busca es comer, sobre todo en el campo, aunque ha habido una gran solidaridad. Si esto sigue así, en varios días será peor, porque además hay vandalismo y el Gobierno manda gente a robar a los supermercados.

¿Conoce personas que hayan decidido irse de Nicaragua?

Ahorita mismo está lleno Migración, con gente buscando pasaportes. La gente que puede ha enviado a sus hijos a otros lugares porque esto se ve mal. La gente de dinero ya lo ha hecho o con familiares en otros países. Están buscando mandar a sus jóvenes o pequeños, algunos traumados porque todas las noches hay peligro. Será un problema para Costa Rica también porque muchos buscarán ir para allá.

¿Ve posible reabrir la universidad pronto?

Desde el 18 de abril hemos intentado abrir, pero solo para cumplir con la gente de maestrías. Terminamos las clases a puro Internet, pero no estoy dispuesto a exponer a los muchachos. Abrir la universidad ahora sería abrir una carnicería.

¿Una carnicería? Entenderá que desde Costa Rica ve muy fuerte esa frase, más las imágenes y los relatos.

Es lo que pasa cuando hay un déspota decidido a cualquier cosa, pero me resisto a callarme. El poder emborracha y más cuando se ha vivido tanto tiempo ahí. Creo que Daniel es consciente de eso, pero es un cerebro un poco extraño. Siempre querrá salirse con la suya. Antes de salir va a dejar un charco de sangre. Bueno, ya lo ha dejado.

Parece que quiere ser optimista y no le sale.

Es difícil. Yo salí de dictadura a los 18 años para estudiar como jesuita y ahora veo otra dictadura peor.