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Mentiras sobre lo que pasa en Venezuela

Juan Carlos Monedero
www.publico.es/310317

El 9 de enero de 2017, la Asamblea Nacional venezolana desconoció al Presidente de la República, Nicolás Maduro. Votaron a favor de ese golpe de estado constitucional todos los diputados de la oposición salvo los tres diputados del partido de Henry Falcón, quienes entendieron la gravedad de esa decisión. Venezuela es un sistema político presidencialista desde 1811, influido por el constitucionalismo norteamericano.

Al Presidente le vota directamente el pueblo -a diferencia de un sistema parlamentario como el español, donde al Presidente le vota el Parlamento- y le corresponde al Presidente, que es el Jefe del Estado, la dirección del país. Cuando la Asamblea decidió desconocer el poder legítimo del Presidente se estaba poniendo al margen de la Constitución. Se colocaron por voluntad propia en desacato. La prensa internacional no dijo nada.

La gran discusión entre el Presidente Maduro y la Asamblea tiene que ver con las actas de tres diputados de Amazonas. Se ha demostrado que compraron votos entre otras muchas irregularidades, lo que obligaría a repetir la elección en esos tres casos. La Asamblea se declaró en rebeldía y decidió echar un pulso a la Presidencia de la República. A imitación del constitucionalismo europeo, cuando hay un conflicto constitucional entre poderes el Tribunal Supremo puede asumir competencias del Parlamento en los casos en que fuera necesario. Hasta un fantoche como Donald Trump ha tenido que asumir las decisiones recientes del Tribunal Supremo norteamericano.
Con su tradicional irresponsabilidad, la derecha española llama a desobedecer el estado de derecho en Venezuela y la decisión del Tribunal Supremo. No me extraña de Esperanza Aguirre o Pablo Casado: el PP, especialmente en Madrid, ha financiado sus campañas electorales con dinero negro. Es decir, el PP lleva varias legislaturas usando maneras propias de golpistas. E históricamente, al menos desde 1936, tienen oído musical para esa partitura. Quienes digan desde España que los venezolanos deben desoír las decisiones de su Tribunal Supremo son unos irresponsables que tiren piedras no solamente sobre el tejado venezolano, sino también sobre el nuestro. Luego tendrán la caradura de quejarse de los comportamientos al margen de la Constitución de la asamblea catalana.

Por si fuera poco, esa Asamblea dominada por la oposición proclamó que el Presidente había abandonado su cargo (algo absurdo y evidentemente falso) y propuso convocar elecciones presidenciales en el plazo de un mes. Ese intento de golpe de estado desde el Parlamento no recibió ni una sola crítica de los que ahora dicen que hay un golpe de estado en Venezuela.

Entre ellos, el máximo responsable de la OEA que ayer mismo se reunía en la Ciudad de México con ex presidentes latinoamericanos procesados por lesionar los derechos humanos, y el Departamento de Estado de los EEUU. Qué curioso que justo después haya salido la petición de Almagro de enjuiciar a Venezuela desde la OEA. El papel de Almagro como  Secretario General de la OEA está haciendo mucho daño a la tan necesaria institucionalidad internacional (Pepe Mujica ya se distanció de él de manera definitiva y dejó ver a quién se había vendido).

Almagro lleva varios meses mintiendo. Por ejemplo, ha dicho en dos ocasiones recientes que a Venezuela se la ha aplicado la Carta Democrática de la organización (que, tras muchos trámites -ni siquiera iniciados-, podría llevar a su expulsión como ya ocurrió con Cuba pero nunca ha ocurrido con los Estados Unidos, pese a haber promovido golpes de Estado como el de Pinochet contra Allende). Pero era mentira, como demuestra que hoy mismo ha pedido a la OEA que aplique la Carta Democrática. Ergo miente. Todo el rato. Él sabrá por qué, pero en su Uruguay natal dicen que se ha vendido por un puñado de dólares a los que siempre han querido que América Latina sea el patio trasero norteamericano. Washington siempre busca a un criollo para hacer la tarea del traidor. Almagro no vive en Montevideo.

El Tribunal Supremo de Venezuela ha usado un artículo de la Ley de Hidrocarburos -la principal riqueza del país- que establece que los convenios internacionales y las asociaciones con grupos extranjeros deben ser aprobados por la Asamblea. Como la Asamblea está en situación jurídica de desacato, de manera que no puede -ni quiere- firmar ningún acuerdo, lo que pone en riesgo financiero a Venezuela. Por eso, el Tribunal Supremo ha asumido las competencias estrictas de la Asamblea para la aprobación de esos contratos, de manera que el país pueda asumir los compromisos necesarios en un momento económicamente complicado por el hundimiento de los precios del petróleo (preguntémonos en España qué pasaría si se hundiera un 80 % el turismo).

El Tribunal Supremo no ha disuelto la Asamblea ni se han convocado nuevas elecciones para elegir nuevos diputados. Lo contrario de lo que están diciendo los medios de comunicación. Lo único que está haciendo el tribunal supremo es asumir unas competencias concretas para evitar que Venezuela se paralice mientras dure el desacato. Si los diputados de la oposición quisieran, el desacato desaparecería de inmediato -bastaría con que cesaran en su desconocimiento del Presidente de la República y que reconocieran que los tres diputados elegidos en la Amazonía no pueden hacer uso de su acta debido a las muchas irregularidades probadas-, pero les resulta mucho más rentable seguir regalando falsas portadas a la prensa internacional.

La derecha internacional, esa que se regala entre sí viviendas oficiales y que tiene una trama global de fondos buitres -donde están los Aznar, Botella, sus hijos, De Guindos, Rato, Aguirre y toda esa tropa de malos españoles donde también se ha colado algún “socialista” como Felipe González- quiere tumbar a Venezuela, igual que han hecho con Dilma Roussef en Brasil. ¿Quién que no esté vendido a esos intereses puede decir que asumir de manera temporal unas competencias esenciales para firmar unos contratos sin los cuales un país se quedaría entregado a los capitales internacionales es un golpe de Estado? ¿No son acaso los mismos que ven “normal” desconocer al Presidente del Gobierno y llamar a nuevas elecciones? Demasiados hipócritas.

Venezuela necesita mucho diálogo. El choque entre instituciones es malo para el país. Esa debiera ser la tarea de España: ayudar al diálogo. En todo el continente latinoamericano. En México -desde donde escribo- han asesinado este último mes a tres periodistas (¿Nos imaginamos lo que pasaría si hubieran asesinado a tres periodistas en Caracas?) y hay al menos 30.000 desaparecidos. El día a día de México es la aparición de fosas con cadáveres, la trata, el asesinato de mujeres, la desaparición de líderes sociales, la creciente pobreza y desigualdad junto a una impunidad del Estado estremecedora.

Aún lloran en México a los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el Presidente Peña Nieto se ríe de las víctimas no reconociendo las lagunas que apuntan al ejército, a la policía y a políticos vinculados al narco en la desaparición de las muchachas y muchachos. Parece que el PP y sectores del PSOE quieren ver a Venezuela convertida en México.  Para seguir la trama de los negocios.

Hay mercenarios que desearían abocar a Venezuela a una guerra civil. Creen que así podrían volver a recuperar el paraíso que tenían cuando controlaban el petróleo contra los venezolanos y venezolanas. Se equivocan, porque el pueblo venezolano no va a permitir que eso ocurra. Apuntar en esa dirección es querer llevar a Venezuela a un escenario terrible como los que ha creado la OTAN y las potencias occidentales en Oriente Medio. Ojalá el Estado de derecho que forma parte de los logros civilizatorios de Europa pueda funcionar también en Venezuela.  Esa es la principal tarea en la que podríamos colaborar los españoles en ese país: ayudar a reforzar el Estado de derecho. Aunque el PP de la Gürtel y la Púnica ¿qué va a enseñar?

Fue el diario El país el que celebró el golpe de estado contra Chávez en 2002 y fue el Presidente Aznar el que ordenó a nuestro Embajador a reunirse con el Presidente golpista. Ayudemos a que no vuelva a ocurrir nada de esto. Para ello, es esencial que los que no tienen otros intereses que los del dinero, dejen a la justicia funcionar. Y que nadie sea tan hipócrita para pedir en otros países lo que no pedimos para el nuestro.



El silencio no siempre es de Dios

Miguel Matos, S.J.
www.cpalsocial.org/110317

Me siento orgulloso de haberme sumado de manera radical al Proceso Bolivariano desde sus mismos comienzos. Considero que las motivaciones en favor de esa opción estuvieron en la línea del pensamiento filosófico, social y político de mi fe cristiana.

Con igual justicia sigo reconociendo los innumerables e innegables logros atribuibles hoy al mismo Proceso Bolivariano. Le sumo a esto el hecho de que en ningún momento he puesto mis esperanzas en el actual liderazgo opositor, por sí solo, como supuesta respuesta alternativa. Unos 18 años de oposición para solo ofrecer como programa “sacar a Maduro”, es casi vergonzoso. Cada vez estoy más convencido que el futuro de Venezuela o se construye a base de una confluencia de todos los sectores en pugna o seguiremos con el “juego trancado”

Por esos motivos me siento en una suerte de obligación para expresarme en este momento tan particularmente especial que atraviesa nuestro país. Hay momentos para el silencio y hay momentos para una clara expresión de los pensamientos. Hay momentos de silencios cómplices y hay momentos de parlamentos oportunistas. No pretendo complacer ni mortificar a nadie con este pronunciamiento. Siempre he tratado de ser esclavo sólo de mi propia conciencia, cuando he despertado halagos como cuando he obtenido rechazo.

Si tuviera que describir en una palabra el síntoma más sensible de mi actual estado de ánimo, usaría la palabra indignación. La indignación me la producen tanto los gestores de la oposición como los del gobierno.

Esta vez me referiré más a la indignación que me produce la insensibilidad, complicidad, prepotencia y torpeza por parte del estamento oficial. No porque crea que es esa la única fuente de nuestras desgracias. Casi cada venezolano tendría que reconocer su cuota de desidia, anarquía, flojera, vivaracherismo, deshonestidad, violencia, egoísmo, visión superficial de la realidad con la que se incrementan diariamente nuestras tragedias. Todo esto como consecuencia del desbarajuste estructural.

Tengo que decir que estoy, a las inmediatas, seriamente golpeado por las experiencias de impotencia que presencio diariamente en los alumnos de las escuelas de Fe y Alegría de Caracas. A lo que me estoy refiriendo son, desgraciadamente, datos que ya son demasiado conocidos por todos, pero que claman para que no nos acostumbremos a ese espectáculo diario de las ausencias de los alumnos por no haber ingerido alimento el día anterior, los desmayos en clase, el mínimo rendimiento por las mismas razones. Un capítulo especial, desgraciadamente, ya harto conocido, sería ese capítulo irritante y mortal de la falta de medicinas aun para medicamentos de alto riesgo.
Para no caer en reiteraciones me estoy concentrando en solo dos de las situaciones ya ultraconocidas: hambre y medicinas. Pero cada venezolano tiene su vertiente por donde accede a otras innumerables y fatales informaciones.

Este espectáculo del hambre y de la falta de medicinas no es un hecho aislado y tiene de alguna manera conexión con un panorama mucho más completo integrado por la infamia de una corrupción hecha epidémica, el descuido criminal de los servicios públicos, las triquiñuelas con las que se entorpecen los calendarios electorales, la situación de los presos políticos, la intimidación que se ejerce contra las opiniones diferentes, el torpe manejo de las divisas, las expropiaciones irresponsables, la especulación auspiciada por agentes del Gobierno como es el componente militar, el sectarismo más agresivo, las violaciones a la Constitución ; todo esto ambientado en una actitud prepotente de quienes se sienten dueños absolutos del país.

Ante estas situaciones resulta verdaderamente imposible, mantener una mínima fidelidad a opciones asumidas en otro contexto. Una mínima lealtad, justamente, a la opción por los más pobres, no puede hacerse coincidir ni con una fidelidad automática ni con un silencio cómplice. Con la misma fuerza con la que en un momento se apoyó por coherencia ideológica a este proceso, con esa misma fuerza se tiene que impulsar una salida que redima verdaderamente a esos pobres que hoy buscan en los basureros algo para no morirse de hambre o intentan con alternativas aproximativas de la medicina natural, detener el daño letal de enfermedades mortales.

En ese sentido se ubica una de las situaciones que más me han irritado, como es la negación del Gobierno a auspiciar un corredor humanitario con el apoyo de Caritas y de otras agencias, para combatir la hambruna y la falta de medicinas. Ha sido para el Gobierno más importante mantener hacia el exterior la apariencia de suficiencia alimenticia que impedir las muertes de venezolanos. En esta, como en otras situaciones, le ha resultado más importante al Gobierno su mantenimiento en el poder.

No es fácil tener que situarse, a partir de un momento determinado, en una ubicación contraria a aquella desde donde sentías que aportabas a tu opción por los más pobres. Ha costado tiempo esperar por si se veían síntomas de decisiones sinceras pensadas desde la tragedia de nuestro pueblo. En este discernimiento también se ha tenido en cuenta el efecto de una innegable conspiración nacional e internacional muy injerencista contra una dinámica sociopolítica que debe ser dirimida por los venezolanos. Ignorar la existencia de este factor sería también ingenuo. Pero es indudable que estos factores externos e internos, enemigos del actual sistema, no han resultado ni resultan ni ligeramente tan determinantes ni eficaces para esta tragedia, como son las políticas irresponsablemente erradas y los vicios conocidos por todo el mundo y que son atribuibles al Proceso Bolivariano.

¿A qué hay que apuntar? En primer lugar hay que apuntar a mantener viva la esperanza de los venezolanos para el futuro, la solidaridad para el presente y una cruda evaluación de nuestro pasado inmediato. Es necesario además superar los maniqueísmos. Necesario también es impedir que un sector ignore al adversario.

Es un enfrentamiento en el que están comprometidos grandes sectores de nuestra colectividad en ambos lados. Entre los peores enemigos se cuentan el sectarismo a ultranza, la distracción con respecto a los problemas más urgentes, la resignación, la pasividad paralizante y la incitación a las salidas violentas. Y a favor de una salida está la presión permanente, convocante y creativa hacia los factores e instancias más influyentes para que sitúen el dolor de los de abajo en la referencia obligada de todo su accionar.


·         Nota del lector: La revista SIC no es sólo para Venezuela, se lee en otras partes. El autor –que hasta ahora ha tenido una posición muy respetable apoyando todo lo bueno del proceso bolivariano-, no da UN SOLO dato cuantitativo que ilustre lo que está diciendo. ¿No cabe en un artículo de revista? Que lo ponga en otro lado, pero que no eche esta andanada y no le dé base real. Quizás para los venezolanos está claro, para los que no vivimos allá, no lo está. Demasiadas mentiras ha vertido EEUU sobre Venezuela como para creer sólo en afirmaciones.

¿Es el retardo mental una característica de las razas superiores?

Jorge Majfud
www.alainet.org/150317

Un día de febrero de 2017 el periodista Jorge Ramos entrevistó a Jared Taylor, ferviente seguidor del presidente Donald Trump y miembro fundador de la organización racista “American Renaissance”. Las palabras y argumentos de Taylor son tan antiguas como andar a pie. Lo nuevo, o mejor dicho lo renovado, es el desparpajo con que los racistas han salido del closet luego del fenómeno Trump, lo cual es el aspecto positivo de esta historia.

Arthur Schopenhauer una vez escribió: “El que los negros hayan caído de preferencia y en grande en la esclavitud, es evidentemente una consecuencia de tener menos inteligencia que las demás razas humanas”. No vamos a decir que los alemanes de raza pura son menos inteligentes porque perdieron las dos guerras mundiales, a ver si tenemos problemas con los señores Trump y Taylor. En cualquier caso, el hecho de que algunos pueblos hayan caído en la esclavitud significaría que tienen menos inteligencia esclavista. El gran filósofo alemán escribía en un siglo donde el racismo se había hecho ciencia para justificar la toma europea del mundo por asalto. El Diccionario de psiquiatría de Antoine Porot definía a la sífilis y los parásitos como “psicopatología de los negros” recomendando la deportación de esos seres desagradables a las colonias expoliadas por Francia.

Por entonces, y aún hoy, se echa deliberadamente al olvido que cuando el centro de la civilización era Grecia o Roma, los rubios del norte eran considerados no sólo bárbaros (es decir, gente sin lengua) sino incapaces de alguna proeza intelectual, como libros y puentes. Y también fueron con frecuencia esclavizados por los europeos del sur, mientras en el norte de África y en Medio Oriente se desarrollaban las ciencias y las matemáticas que aún hoy significan la base de nuestro orgulloso progreso material. Los algoritmos no fueron inventados por Antoine Porot ni por el señor Taylor sino por un persa (no digamos iraní, por las dudas) hace más de mil años. Por no hablar del alfabeto de los fenicios y los números de los árabes que por mucho tiempo la misma Europa se resistió a adoptar por prejuicios culturales pero sin los cuales, incluido el imprescindible concepto del cero, ni siquiera la llegada del hombre a la Luna hubiese sido posible.

Cuando el mundo islámico se convirtió en el centro de la civilización, de las artes y de las ciencias, la Europa de los rubios genios era gobernada por fanáticos religiosos cuando no por bárbaros que asolaron las ciudades más desarrolladas de su tiempo. No por coincidencia algunas tribus dieron sus nombres a la violencia bruta, como los vándalos.

Aquellos pueblos de gente tan bonita eran atrasados en muchos aspectos, menos en su eficiencia para destruir y conquistar. Lo mismo podemos decir de civilizaciones avanzadas de Mesoamérica, con ciudades futuristas en comparación a las sucias y malolientes capitales europeas de la época, aunque no tan avanzadas en el arte de matar, destruir y conquistar. Por las mismas razones siempre se insiste en la brutalidad de los rituales de los aztecas, cuando por la misma época la Inquisición torturaba y quema vivos por miles a disidentes y herejes al tiempo que los nuevos europeos comenzaron a nombrar extensas zonas como África, otrora centro de otras civilizaciones que por miles de años fueron la vanguardia del progreso intelectual, como “Barbaria”.

Hoy Europa, con derecho, puede estar orgullosa de su nivel de civilización, tanto material como social, mientras otras regiones del mundo, alguna vez cuna de la razón y el humanismo, se ven sumergidas en el caos y la esclavitud moderna. No obstante, ¿quién podría decir que todos esos cambios se debieron a cambios genéticos en los pueblos?

Pero también hoy el crédito moral de la mala conciencia de Europa tras la Segunda Guerra mundial comienza a agotarse.​ Los setenta años de progreso social y económico también. Del otro lado del Atlántico, la mala conciencia del racismo estadounidense ha salido del closet después de años de sofisticadas simulaciones.

 La idea de razas es básicamente una construcción cultural. Podemos ver y concebir algunas diferencias entre un negro y un blanco como entre una mujer y un hombre. Dejemos de lado la problemática de la construcción de géneros y veamos que las supuestas razas son clasificaciones arbitrarias de hecho: en Estados Unidos se segregaba a los irlandeses por pelirrojos al límite de no permitirles acceder a determinados servicios o simplemente se los asesinaba por cualquier motivo. El odio de los primeros blancos hacia los nuevos blancos debía ser tan intenso como que el que alguna vez encontré en África entre miembros de distintas etnias por diferencias que yo no era capaz de percibir. Hoy en día muchos de esos supremacistas blancos son descendientes de aquellos irlandeses o polacos o italianos perseguidos y odiados por sus “razas”. ¿Por qué no hay una raza de ojos celestes y otra de ojos negros? Etc.

Pero vayamos al argumento ético sobre las inteligencias.

Hace años, Charles Murray y Herrnstein hicieron algunos estudios sobre “ethnic differences in cognitive ability”, mostrando gráficas de coeficientes intelectuales claramente favorables a la raza blanca. En mi juvenil libro de ensayos Crítica de la pasión pura, escrito en una aldea de África en 1997, anoté una observación sobre estos estudios: “supongamos que un día se demuestre que hay razas menos inteligentes (y que se defina exactamente lo que quiere decir eso de “inteligencia”, sin recaer en una explicación escolar o zoológica). En ese caso, las creaturas deberán estar mejor preparadas para la verdad. Esto quiere decir que debemos esperar que las razas se traten entre sí como si no estuviesen unas por encima de otras sino en la misma superficie redonda de Gea. Es decir, que no se traten como ahora se tratan suponiendo una inteligencia racial uniforme”.

El señor Jared Taylor, como Ginés de Sepúlveda en el siglo XVI y todos los racistas que han pisado y asolado este planeta, consideran que la diferencia de inteligencia, es decir la superioridad racial, justifica que unos grupos dominen sobre otros o que tengan más derechos que otros a vivir en un país que asumen, por razones místicas, como propiedad privada de una raza y una cultura, olvidando otro elemento obvio: el pasado es un país extranjero, frecuentemente irreconocible con un supuesto nosotros.

Aquí surgen otras obviedades que también se echan convenientemente al olvido:

 1. No debemos olvidar que en cualquier caso, como lo demuestra la historia de los países y las civilizaciones, la cultura es el verdadero factor relevante, es decir, la inteligencia colectiva, y no tanto la inteligencia biológica. También podemos observar la importancia de esta dimensión, la cultural junto con otras como la alimentación, etc., cuando vemos que los test de inteligencia muestran que las diferencias entre blancos y negros han disminuido entre los años sesenta y noventa. ¿Alguno de estos grupos cambió su ADN en un proceso evolutivo ultra-exprés?

2. Jared Taylor dice que los negros son menos inteligentes que los blancos y los blancos menos que los asiáticos (esta última observación es un impuesto argumental). Pero como está hablando de promedios, se debe entender que en el grupo B de los menos inteligentes hay individuos que superan la inteligencia de muchos otros pertenecientes al grupo A de los más inteligentes. ¿Significa esto que algunos negros deberían gobernar a los blancos o, al menos, tener el privilegio de ser sus vecinos? No, por supuesto. Porque la inteligencia es una justificación pero a no confundirse: el odio no es hacia los retardados mentales sino hacia los negros.

3. Sr. Taylor, según los famosos test de coeficiente intelectual (IQ), yo pertenezco al uno por ciento más dotado de la población mundial. ¿Debemos los miembros de esta secta (bastante estúpidos e inhábiles en otros aspectos humanos, lo digo por experiencia aunque esa es una obviedad que no necesita confesión) reclamar algún derecho especial sobre el restante 99 por ciento? ¿Tal vez derecho a un voto doble? ¿A un doctorado exprés? ¿A una promoción automática en nuestras carreras? Bueno, si tenemos la piel un poco oscura o un acento extranjero, obviamente no. Si se trata de un caucasiano racista, uno de esos obsesionados con el tamaño del cerebro y de su pene, sí obviamente.

4. ¿Un ser humano es un pedazo de cerebro, frecuentemente equivocado?


- Jorge Majfud es escritor uruguayo estadounidense, autor de Crisis y otras novelas.​

Machismo y corrupción

www.rebelion.org/230317

Los hombres son el modelo ético en una cultura patriarcal que se ha levantado tomando lo masculino como universal, es decir, como referencia común para toda la sociedad, y lo femenino como particular y propio de determinados contextos, generalmente relacionados con lo familiar y lo doméstico.

Eso hace que la realidad venga condicionada por lo que los hombres consideran que debe formar parte de ella, que las leyes y el Derecho hayan tomado como modelo de comportamiento el representado por un buen padre de familia, que los tratos se cerraran con un apretón de manos, por supuesto de manos viriles, y que el sello más indeleble fuera la palabra de hombre, que permanecía en el aire como si fuera parte de su oxígeno, nitrógeno y argón. Y en contraste, las mujeres, desde la Eva del Paraíso hasta la última de sus hijas, son falsas, perversas, mentirosas, interesadas, traicioneras...

Y a pesar de esta construcción cultural nada desinteresada, nadie ha caído en el pequeño detalle de que las mayores traiciones, mentiras, falsedades, manipulaciones, perversidades y crueldades, ahora y a lo largo de la historia, han sido llevadas a cabo por esos hombres cabales, de palabra indeleble y apretones de mano que estrangulan la realidad entre sus dedos para hacerla favorable a sus intereses.
Da igual que la realidad muestre que los hombres son quienes protagonizan la mayoría de las felonías, perversiones y crímenes, para la sociedad ellos continúan siguen siendo buenos padres de familia, hasta el punto de que cuando se conocen algunas de estas acciones, todo se justifica al afirmar que se trata de una serie de "casos aislados".

Todo ello demuestra que la clave de la realidad no está en su relato descriptivo, sino en el significado que se le da, y que una misma situación puede ser buena o mala dependiendo de quién la protagonice y del sentido que se le otorgue a partir de sus motivos o de los objetivos que pretende conseguir. Y claro, cuando la legitimidad para interpretar la realidad se le da a quien la hace verdad día a día, es decir, a los hombres, y cuando se les dice que la interpreten sobre el modelo de referencia, o sea, la cultura patriarcal, el resultado se presenta como adecuado a los ojos de esa sociedad machista que espera que todo siga igual a pesar de la injusticia.

Eso es corrupción y esa corrupción moral se llama machismo.

Porque corrupción es "vicio y abuso", tal y como recoge la tercera acepción del DRAE. Y es "vicio" al construir una cultura sobre lo masculino que desprecia lo de las mujeres, y es "abuso" cuando esa construcción se ha llevado a cabo para crear una espacio de poder donde lo de los hombres y los hombres son beneficiarios de un contexto y unas relaciones que giran sobre lo masculino. Si no fuera así, no estaríamos en pleno siglo XXI reivindicando la Igualdad como forma de acabar con la discriminación de las mujeres, con la brecha salarial, económica y educativa que sufren por todo el planeta, y con los abusos, el acoso y una violencia de género que mata a 50.000 mujeres cada año, sólo en el contexto de las relaciones de pareja.

Y reivindicar la Igualdad no es un acto abstracto ni neutral, significa actuar para erradicar los privilegios que los hombres se han otorgado a sí mismos a costa de los derechos de las mujeres, significa acabar con las ventajas laborales, económicas, domésticas, educativas... Significa lograr que los hombres no abusen de las mujeres en los contextos más diversos, e impedir que las maltraten y asesinen con la normalidad como cómplice.

La corrupción es más poder desde el poder, y el machismo busca más poder desde el poder que ya le ha dado la desigualdad. Pero las venas de la convivencia aún llevan el veneno original del machismo, de ahí que haya tantos frutos tóxicos en la sociedad, entre ellos una economía opresora, una política distante e insensible, unos organismos internacionales incapaces de mirar fuera de sus despachos, unas religiones que miran al más allá y ponen las injusticias del presente como camino a la otra vida... Y cada uno de esos contextos ha sido diseñado por hombres y es dirigido por hombres con el manual de instrucciones de sus ideas y valores.

La incorporación de las mujeres está permitiendo cambiar ese modelo, pero no se conseguirá sin una crítica a su naturaleza de poder e injusticia, tan sólo lo irá adaptando a nuevas circunstancias, como ha ocurrido a lo largo de la historia. Porque toda esa construcción está basada en una estructura de poder que originariamente se levantó sobre la referencia hombre-mujer, al ser esta la única que existía cuando la organización social se articuló sobre la acumulación de riqueza, y fue necesario garantizar la transmisión de los bienes a la descendencia de cada hombre poderoso para, de ese modo, acumular más poder.

Con el paso del tiempo, conforme las sociedades ganaron en complejidad, los elementos de desigualdad y discriminación se fueron ampliando a partir del machismo original, pero en todo momento tomando a los hombres como referencia para unir después el color de la piel, el origen, las creencias... Las nuevas referencias de desigualdad no acabaron con el machismo, sino que lo consolidaron.

Reducir el machismo a las cuestiones entre hombres y mujeres es otra de sus trampas para que todos esos casos parezcan una anécdota y consecuencia de una cultura desigual, discriminatoria y violenta que afecta a las mujeres, pero también a los hombres. La sociedad es machista porque ha adoptado el machismo original para crear una posición de poder desde la que resolver los conflictos de manera ventajosa, lo cual lleva a generar más conflictos para acumular un mayor poder. El poder de la desigualdad es consecuencia del machismo, no el machismo consecuencia de una desigualdad general.

Si el machismo sólo fuera una cuestión de hombres y mujeres y no un modelo de convivencia e identidades para poder vivirlo, no habría tantas resistencias y ataques para evitar que cambie toda la construcción social, y el propio sistema sería el primero en intentar acabar con las manifestaciones más graves del modelo, como por ejemplo, la violencia de género. Pero no lo hace, porque sabe que abordar de raíz estas manifestaciones exige, indefectiblemente, erradicar el modelo machista de convivencia e identidades.

El machismo es la corrupción de la propia sociedad a través del vicio de la desigualdad y del abuso de los hombres sobre el resto de las personas que consideran inferiores por ser diferentes a su identidad (mujeres, homosexuales, transexuales, intersexuales...), y ajenas a su contexto social (extranjeros, personas de diferente grupo étnico, creencias, ideologías...).

 A partir de esas referencias, las combinaciones son infinitas en la interseccionalidad de las relaciones, pero el principio siempre es el mismo y está muy bien definido: discriminar, abusar y atacar desde la referencia de los hombres y desde lo de los hombres.

Acabar con la corrupción exige acabar con el machismo, que es la corrupción original.


La criminal creencia en el diablo

María López Vigil
www.amerindiaenlared.com/010317

El asesinato de Vilma Trujillo, la joven quemada en una hoguera por estar endemoniada, con el aval de un pastor -o laico, da igual- evangélico y con conocimiento de toda su congregación –o de algunos, da igual-, en una remota comunidad rural costeña, puede analizarse desde los aspectos institucionales de esas iglesias, desde los aspectos legales de ese delito, desde el abandono y la ignorancia en que permanecen desde hace siglos esas zonas de nuestro país.

Todos los enfoques son necesarios para que nos sensibilicemos ante lo que ha ocurrido. Siento que debemos ahondar más para ir a la raíz de este crimen. Y creo que la raíz de este horrendo hecho es la perniciosa creencia en la existencia del diablo, predicada durante milenios para aterrorizar a la gente.

Es el árbol de la fe en el diablo, que a lo largo de la historia cristiana, tanto católica como evangélica, ha producido frutos tan podridos como este crimen ocurrido en Nicaragua el que deberíamos arrancar de raíz. De cuajo.

De eso no se habla cuando se habla del asesinato de Vilma, una muchacha que tal vez también creía en el diablo y por eso aceptó ir a la iglesia a orar, creyendo que por ser infiel a su marido estaba endemoniada… Quién sabe lo que pasó en los días en que la mantuvieron encerrada, ayunando, orando…

Como todos sus paisanos, Jesús de Nazaret, creía en el diablo. También creía que la tierra era plana y que era el sol el que giraba en el cielo saliendo cada mañana y despareciendo cada atardecer. Jesús y sus paisanos estaban equivocados. En la Biblia, como en todos los libros antiguos, se hacen muchas alusiones al diablo, al que se le otorgan variedad de nombres y de títulos para resaltar su inmenso poder.

Como todos sus contemporáneos, Jesús habló del diablo y creyó en su existencia. Pero esa creencia no fue, ni mucho menos, el centro de su mensaje. Apenas la empleó como un “elemento de contraste” para la buena noticia que anunciaba, y que es lo novedoso, lo esencial de su mensaje: la existencia de un Dios bueno en el que se puede tener una confianza ilimitada, y la superación del miedo como camino de “salvación”. ¿Cómo un Dios bueno dejaría suelto por el mundo a un espíritu malvado para hacerle daño a la gente?

Porque anunció un Dios bueno, por no coincidir con lo que sacerdotes, escribas, fariseos y demás ministros de Dios enseñaban, el mismo Jesús fue considerado un blasfemo, lo acusaron de estar “endemoniado”, y aunque no lo quemaron, sí lo mataron por sus ideas provocadoras, por su propuesta ética que se basaba en un cambio sustancial de la imagen de Dios.

En tiempos de Jesús se desconocía el origen de la mayoría de las enfermedades. Todas las que hoy sabemos que tienen origen psíquico o neurológico ―epilepsia, trastornos mentales―, al igual que la sordera y la mudez, se entendían como efecto de la presencia del demonio, que tenía poder para entrar en los cuerpos. Estar enfermo era a menudo señal de posesión diabólica. Los “endemoniados” de los relatos evangélicos a los que Jesús se acercó y sanó, y nunca condenó ni sometió a ningún castigo físico, fueron seguramente enfermos de esas dolencias.

La palabra “demonio” (“daimon” en griego) significa literalmente “desgajado”. Una visión sicológica y moderna de este concepto entiende los “demonios” como las sombras de nuestra propia conciencia, lo que se conoce como “componentes neuróticos” de la personalidad, la cara oculta de nuestra psique. Si rechazamos esas “sombras”, nos perseguirán. Y terminaremos atribuyendo a un ser sobrenatural y malvado y externo a nosotros, al diablo, lo que son simplemente nuestras debilidades, nuestras limitaciones, nuestros lados oscuros. Al actuar así, dejamos de hacernos responsables de nuestros propios actos.

Hay que aprender a lidiar con nuestros “demonios”. Mientras más los neguemos y rechacemos, más poder tendrán sobre nosotros. Un maestro zen dice: Hazte amigo de tu rabia, forma parte de ti, es tu energía vital. No te cortas el dedo cuando te duele. Mientras menos aceptemos nuestras sombras, mientras menos las reconozcamos, las proyectaremos en los demás: en los de otra raza, en las mujeres, en los homosexuales, en los diferentes… Así “endemoniaremos” a nuestros semejantes. Así, siempre serán “los otros” los responsables, los culpables.

Cuántas veces hemos escuchado en nuestro país al abusador sexual de una niña que lo hizo porque “se le metió el diablo”. Cuántas veces se transmiten como noticia en los canales de televisión escenas de “endemoniados” convulsionando, gente siempre pobre, seguramente enferma, discriminada…

Son numerosos los teólogos católicos y protestantes –no tanto los ministros de las denominaciones evangélicas que abundan en nuestro país- que han cuestionado la existencia del diablo con una sólida argumentación.

Recuerdo especialmente al sacerdote católico y profesor universitario alemán Herbert Hagg. Apasionado por “construir puentes entre el mensaje bíblico y la gente de hoy”, escribió un libro fundamental sobre este tema, “El Diablo. Su existencia como problema”. En su libro, Haag documenta los horrendos frutos históricos que la “fe en el diablo” ha dejado a lo largo de la historia de la Humanidad, y especialmente a lo largo de la historia del cristianismo.

Tal vez el más horrendo de todos las quemas de brujas durante los oscuros siglos de la Inquisición. En base a textos bíblicos los sacerdotes inquisidores afirmaban que las mujeres aman u odian sin conocer términos medios y eso las arrastra a cometer maldades extremas en las que se hacen cómplices del diablo, que las posee.

Decían también que las mujeres son, por naturaleza, crédulas y por eso el diablo “las ataca prioritariamente”, lo que habría quedado demostrado en la tentación de Eva en el paraíso. Además, decían, que las mujeres son inferiores y eso hace que su fe sea frágil y vulnerable al diablo. La palabra latina “fémina” ―que a menudo emplean algunos periodistas― significa eso: persona de “fe-menor”, de fe más débil.


Vilma Murillo se fue de este mundo sin conocer, tal vez, que su muerte la ha hermanado a las miles de mujeres que muchos siglos antes que ella también fueron arrojadas al fuego para matarlas porque las autoridades religiosas las consideraron endemoniadas. La última quemada en Europa se llamaba Ana, la quemaron en Suiza en 1782. Era una campesina pobre, como vos, Vilma.

El muro de Trump y los pueblos indígenas

Francisco López Bárcenas
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Los planes del presidente de Estados Unidos de construir un muro en la frontera de ese país con México ha suscitado la reacción de los pueblos indígenas mexicanos que habitan la frontera norte, afirmando que se opondrán a él porque violenta sus derechos.

Este hecho ha puesto de manifiesto que, aunque en el centro de nuestro país se mire poco, por esos lugares también se da el despojo de su patrimonio por las grandes empresas. No es una situación novedosa, pero sí más visible. Desde los años 60, el antropólogo Edward H. Spicer, de la Universidad de California, estudiando a los pueblos yumanos y yaquis, llegó a la conclusión de que históricamente habían sufrido tres ciclos de la conquista: la española, la mexicana y la estadunidense. Extrapolando la idea, podemos afirmar que los pueblos del norte del país, como los del resto del territorio, viven un cuarto ciclo del despojo: el del capital trasnacional.

Los primeros en levantar la voz fueron los tohono o’odhams, que habitan ambos lados de la frontera, porque, de construirse, el muro reforzaría su fractura, que se inició en 1847 con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado después de la invasión estadunidense a México, a través del cual se apoderaron de gran parte del territorio nacional. El muro agravaría su situación, impidiéndoles siquiera comunicarse entre unos y otros.

Pero no son los únicos. En la misma situación quedarían los cucapás, kiliwas, yaquis y rarámuris, que constantemente tienen que cruzar la frontera para reunirse con los otros miembros de sus pueblos. Si el muro se concreta, ya no podrán realizar sus fiestas, ceremonias rituales y actividades económicas que hasta ahora llevan a cabo para apoyarse unos a otros y seguir existiendo como pueblos. La afectación del muro hacia ellos sería directa, por eso su preocupación y su decisión de oponerse a él.

En todos estos pueblos existen proyectos de capital extranjero o nacional para despojarlos de su patrimonio. Son conocidos, por la resistencia que los afectados han realizado en su defensa, el acueducto Independencia y el gasoducto Aguaprieta, filial de la trasnacional Ienova y de su par Sempra Energy, en territorio yaqui, y el proyecto turístico Barranca de Cobre, que va de Sinaloa hasta la frontera con Estados Unidos, afectando varias comunidades rarámuris.

Pero hay otros. Están, por ejemplo, los proyectos mineros entre yaquis, rarámuris y cucapás; los proyectos eólicos entre los kiliwas, que afectarían casi todo su territorio; la explotación forestal, que afecta los rarámuris, y los impedimentos para que los cucapás puedan realizar actividades pesqueras, que es la actividad que el gobierno y los empresarios les han dejado después de que, a través de los años, los han despojado de su patrimonio.

Esta situación muestra claramente que el capital no tiene fronteras y que el muro que llegara a construirse no será impedimento para que siga adelante con sus planes depredatorios. Lo paradójico de esta situación es que mientras los pueblos se defienden también en territorio nacional, el gobierno, que dice proteger a los mexicanos que viven en Estados Unidos facilita las condiciones para que quienes los agreden allá también lo hagan de este lado.

De hecho, algunas obras, como el gasoducto Aguaprieta y el proyecto turístico Barranca de Cobre, claramente cruzan la frontera y son financiados también con capital estadunidense, mientras otros tienen injerencia política directa de sectores del país vecino, como el caso de las restricciones a la pesca por los cucapás, donde el gobierno mexicano, presionado por ambientalistas estadunidenses, ha endurecido las medidas para otorgarles guías que les permitan comercializar su producto.

Esta situación la entienden bien los indígenas de ambos lados, por eso han comenzado a estrechar alianzas entre ellos. Es el caso de la tribu siux de Standing Rock y río Cheyene, que se oponen a la decisión del gobierno de Donald Trump de construir el oleoducto Dakota Access, que había sido suspendido por el ex presidente Barack Obama. En días pasados, se reunieron en territorio mexicano con pueblos nahuas que se oponen a los megaproyectos y hablaron de la necesidad de construir una alianza internacional que hermane sus luchas.

Es el caso también de los indígenas migrantes, como el Frente Indígena de Organizaciones Binacionales, con amplia presencia de mixtecos, zapotecos y purépechas, que luchan de ambos lados de la frontera: allá para defender sus derechos civiles, políticos y laborales, y acá la autonomía, el territorio y los gobiernos de sus pueblos originarios.


No cabe duda, las agresivas políticas del gobierno estadunidense afectan de manera directa no sólo a los pueblos indígenas que habitan la frontera de ambos países, sino a todos, pero también crean una situación inédita que puede ser transformada en oportunidad para que los pueblos unan sus luchas, y las luchas de allá sean también las de acá, y viceversa. Todo depende de la claridad que se tenga sobre la situación, la capacidad para transformar la adversidad en oportunidad y la estrategia que se use para potenciar las luchas. Finalmente, todas las luchas indígenas coinciden en un aspecto: son luchas contra el despojo y en defensa de la vida.

Un yúmari por Huetosachi

Francisco López Bárcenas
www.jornada.unam.mx/290317

El miedo es como el frío: primero inunda el espacio, después penetra los poros y sin que uno se dé cuenta comienza a calar los huesos. Se siente en lo tenso del ambiente igual que se mira en los rostros y los comportamientos de quienes lo resienten. Según su intensidad puede paralizar o generar reacciones inesperadas.

En estos días eso se nota entre la mayoría de los habitantes del estado de Chihuahua. Sólo a los rarámuris de Huetosachi, ubicados en la parte alta de la Sierra Tarahumara, parece tenerlos sin cuidado. Al menos eso mostraban el sábado 25 de marzo, cuando organizaron un yúmari para celebrar que la Suprema Corte de Justicia de la Nación negó el amparo al industrial Federico Elías Madero, representante legal de Fomento Agropecuario Campo Lindo SA de CV, quien reclama en propiedad las 253 hectáreas del predio El Madrono, con lo cual quedó firme la sentencia dictada por la segunda sala del tribunal de justicia del estado, reconociendo su propiedad sobre las tierras donde viven.

El yúmari es una ceremonia con la cual los rarámuris dan de comer a dios, en agradecimiento por los favores recibidos de su parte. En esta ocasión le agradecían que después de ocho años de litigio, finalmente se reconociera que las tierras que habitan son de ellos porque las han poseído ancestralmente; que no pertenecen al particular que las reclama aunque tenga papeles, porque éstos se los extendió el estado violando sus derechos a ser pueblo y tener un territorio.

Por eso para su ceremonia invitaron a las personas y organizaciones que los han acompañado en su lucha. Ahí estaban con ellos los representantes de las comunidades de Mogótavo, Bacajípare y San Rafael, que mantienen luchas similares; ahí estaba también la Asociación Civil Consultoría Técnica Comunitaria (Contec), que los ha acompañado en su lucha; la licenciada Alma Verónica Chacón Márquez, su asesora jurídica en el juicio, y el magistrado Gabriel Armando Ruiz Gámez, quien firmó la sentencia que ahora los tenía festejando.

El yúmari es de origen rarámuri, aunque al paso del tiempo le han incorporando rasgos de la religión católica. Como hace siglos, cuando ellos ya habitaban las tierras que ahora les han confirmado como suyas, la ceremonia dura un día, una noche y parte del día siguiente. Esto es así porque hace siglos le rezaban al sol y la luna; aunque ahora las ofrendas se entregan a dos cruces, una grande y una chica, que representan a aquéllas. Cuando los rayos del sol comienzan a cambiar el color verde del horizonte por otro rojizo los músicos hacen sonar sus instrumentos, arrancándoles notas que inundan el bosque y van a rebotar contra las rocas, después vienen las ofrendas de comida y tesgüino preparadas especialmente para esta celebración.

A las ofrendas les sigue el baile del yúmari propiamente, al que se suma el de matachines y pascol. El tesgüino y el pascol duran toda la noche.

Todos son conscientes de la trascendencia de la sentencia, aunque pocos saben lo que implicó llegar a ellas: integrar el expediente buscando antecedentes registrales de los actuales habitantes, localizar los límites del predio que ocupan y georreferenciarlos, elegir la vía civil como la idónea para demandar ya que los habitantes de Huetosachi no querían ser ni ejidatarios ni comuneros –somos comunidad indígena, insistían– dos sentencias de primera instancia recurridas porque el juez encargado de dictarlas no entendía más que de derecho privado, hasta que la segunda sala del tribunal de justicia del estado decidió dictarla aplicando los contenidos del bloque de constitucionalidad en materia indígena; un amparo instaurado contra dicha resolución por el particular que reclama en propiedad las tierras y la atracción de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la cual finalmente declaró que el amparo era improcedente. Todo esto en nueve años de trabajo constante.

En la Sierra Tarahumara los rarámuris de Huetosachi están alegres con este triunfo que, dicen, les da seguridad de que no serán desalojados y les permitirá reclamar servicios básicos como educación, salud, agua potable, luz eléctrica, que sólo ven pasar en las tuberías de los acueductos y cables que cruzan su territorio, pero no disfrutan de ellas. Saben que la lucha no ha terminado, que la sentencia favorable a ellos es un avance importante, pero que falta mucho camino que recorrer.

Por eso de dan ánimos entre ellos mismos. Sobre todo las mujeres, que en voz de María Monarca, la gobernadora que inició los procedimientos legales y sigue acompañando a las actuales representantes dice que esta lucha es de todos, pero más de las mujeres, pues son ellas quienes buscaron asesoría y se movilizaron para que llegaran a este término.


Para corroborar sus palabras, antes de que la ceremonia termine informa que cuatro mujeres se comprometen a realizar la fiesta cuatro años seguidos, recordando a sus compañeros e informando a los de fuera que las mujeres rarámuris tienen cuatro almas, por eso son más fuertes que los hombres y pueden dar vida, no como ellos que sólo tienen tres. Con esa decisión se explica en parte por qué ni el frío ni el miedo que cubren la Sierra Tarahumara amedrenta a las comunidades rarámuris, que en medio de la inseguridad y la violencia, a su manera, resisten el despojo de su patrimonio por los chabochis –mestizos–, como lo han hecho por siglos: realizando el yúmari, que es su forma de resistir.

La mediterraneidad de Bolivia, una gran injusticia

Ángel Guerra Cabrera
www.jornada.unam.mx/230317

Al compás de vigilias, rituales a la Pachamama y de mítines y marchas convocados por organizaciones sociales en todo el país, el Estado Plurinacional de Bolivia entregó este 21 de marzo la réplica de la demanda marítima contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya. Las calles de las ciudades se vieron cubiertas de una marea azul, color conque los bolivianos y bolivianas mostraban su secular anhelo de tener acceso soberano al mar.

La réplica boliviana, que responde a la contrademanda entregada por Chile, fue presentada por el agente del país altiplánico ante la corte, el jurista y ex presidente Eduardo Rodríguez Veltzé, acompañado por el canciller Fernando Huanacuni; el ministro de Justicia, Héctor Arce, y la presidenta de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño.
El 24 de abril de 2013 Bolivia ingresó la demanda contra Chile ante la CIJ, en la que solicita que el alto tribunal de la ONU determine que Santiago tiene la obligación de negociar con La Paz una salida soberana a las costas del Pacífico, sobre la base de los compromisos que realizó desde 1904.

Al año siguiente, el 15 de julio de 2014, Chile objetó la competencia de la corte. Sin embargo, el 24 de septiembre de 2015, La Haya se declaró competente.

Chile deberá preparar su respuesta para entregar al tribunal antes del 21 de septiembre de este año. Cuando lo haga, iniciará la etapa oral del proceso y después se conocerá el fallo de la CIJ sobre el diferendo.
Bolivia quedó sin salida al mar a consecuencia de la guerra del Guano y Salitre, o Guerra del Pacífico (1879-1873). Entonces perdió un territorio de 120 mil kilómetros cuadrados de extensión y 400 kilómetros de costa como desenlace del conflicto en el que participaron Chile, que inició la agresión armada, contra Bolivia y Perú como aliados.

Al margen de los argumentos aducidos por intereses e historiadores oligárquicos de los tres países, de lo que no cabe duda es que el agresor fue Chile y que se trató de una guerra de despojo territorial y de recursos naturales, en cuyo fondo estaba la disputa oligárquica e imperialista por el salitre y el guano. Eran compañías británicas las que explotaban el salitre en Chile y resultaron inmensamente beneficiadas cuando las salitreras bolivianas pasaron a manos chilenas al terminar la guerra. Ambas materias primas tenían entonces un enorme valor en el mercado internacional como fertilizantes hasta que apareció el salitre sintético a finales de la Primera Guerra Mundial, además de que el salitre natural era utilizado para fabricar pólvora y dinamita.

El hecho de no disponer de una salida al mar es un grave obstáculo al desarrollo económico de Bolivia, que se ve obligada a utilizar ocho puertos en Chile, Brasil, Perú y Paraguay (en este caso fluvial), sobre los que no tiene soberanía. La soberanía no sólo tiene importante connotación económica. Sobre todo, posee políticamente un valor simbólico incalculable. Constituiría la reparación por Chile de un despojo inaudito que su oligarquía se ha negado a reconocer. Del lado gubernamental en Santiago únicamente Salvador Allende, siendo presidente, proclamó que era necesaria poner fin a esa injusticia, pero la actitud de los partidos de derecha de ese país y luego el golpe de Estado fascista fraguado por Estados Unidos impidieron que Allende cumpliera con sus nobles propósitos.
En un incidente muy sospechoso, dos días antes de que Bolivia presentara su réplica a Chile en La Haya, las autoridades chilenas apresaron a siete aduaneros y dos soldados bolivianos, a quienes, sin que mediara juicio y menos sentencia de un juez, la presidenta Michel Bachelet acusó de haberse robado nueve camiones chilenos. Un video circulado profusamente en las redes de Internet parece demostrar que los bolivianos perseguían a contrabandistas chilenos en el momento de su captura, presuntamente en territorio boliviano.

Fidel Castro y Hugo Chávez se pronunciaron muchas veces por el derecho de Bolivia a un acceso soberano al mar. Igualmente lo han hecho muchas personalidades relevantes en el mundo, lo que no gusta nada al gobierno de Santiago.


El que a Bolivia se le prive de ese derecho no es sólo una grave injusticia sino un obstáculo a la unidad e integración de América Latina y el Caribe. Hagamos votos porque La Haya repare este agravio y porque Chile no le ponga obstáculo alguno.

El progresismo caníbal


Las recientes elecciones generales en Ecuador ofrecen varias lecciones que deben ser atendidas en todo el continente. Esa disputa electoral despertó mucho interés, como por ejemplo entre los que entendían que podía corroborar o rechazar la hipótesis del “fin” de los progresismos. A su vez, muestra las reacciones electorales frente a las estrategias desarrollistas del gobierno de Rafael Correa, fuertemente basadas en los extractivismos.

Ese tipo de cuestiones hace que sea muy importante analizar lo sucedido en Ecuador, aunque sin caer en los simplismos. Sea aquel de la superficialidad de una defensa publicitaria del gobierno como si fuese perfecto, ni tampoco el que lo concibe como un demonio rojo que está destruyendo todo a su paso. Hay demasiados ejemplos de esos dos dogmatismos en muchos medios de prensa y todos sabemos que poco sirven. De la misma manera, vale como advertencia que esta es una mirada desde “afuera” con todo lo que tiene de limitaciones como de bueno, enfocada en solo algunas lecciones, varias de ellas relacionadas con las estrategias de desarrollo, y que son relevantes para los demás países sudamericanos.

Los candidatos y los agrupamientos políticos

Lo primero que debe señalarse es que el agrupamiento de gobierno, Alianza Pais (Patria Altiva i Soberana), consiguió un muy importante respaldo ciudadano (39.3% de los votos). Es un apoyo sustantivo ya que ocurre a pesar del esperado desgaste de casi diez años de gobiernos ininterrumpido de Correa, de la crisis económica que vive el país, y que la candidatura estaba en manos de otra persona, Lenin Moreno.

Esto arroja varias lecciones. Aunque es necesario un ballotage para decidir la presidencia, es evidente que no hay un “final” del progresismo. Alianza Pais tiene una mayoría simple en el parlamento (se estiman por lo menos 73 legisladores). Está claro que hay amplios sectores sociales valoran ciertas mejoras (las que son muy visibles en algunos sectores sociales y en infraestructura). Moreno tuvo un fuerte respaldo en provincias de la sierra y la costa, y en las grandes ciudades; ganó en 15 capitales provinciales, incluyendo las principales ciudades (Quito, Guayaquil y Cuenca).

Asimismo, no se forzó una reforma constitucional para una nueva reelección de Correa, lo que debe ser observado con atención, especialmente desde Bolivia, donde el MAS sigue insistiendo con esa idea. Son debatibles las razones por las cuales eso no ocurrió en Ecuador, pero finalmente optaron por un candidato distinto (Lenin Moreno), lo que puede revigorizar al conglomerado político de gobierno. El contrapeso en ello es la omnipresencia de Correa, tanto sobre el candidato como sobre el movimiento político, frenando así las renovaciones.

Un segundo aspecto es que los sectores conservadores votaron divididos en por lo menos dos grandes corrientes (la alianza Movimiento Creo de Guillermo Lasso, 28%, y el Partido Social Cristiano con Cynthia Viteri, 16%). No es descabellado pensar que si hubieran unido posiblemente triunfaban en la primera vuelta; el total de las dos corrientes suma 44%. Por lo tanto, la victoria de Alianza Pais también refleja que perdieron los sectores conservadores tradicionales al no poder coordinar una misma candidatura. Lo que tradicionalmente se rotula como “la derecha” no es un sector unitario, y esa particularidad está presente en los países vecinos y debe ser examinada con atención (es muy clara también en Bolivia, Colombia, Perú y Chile, por ejemplo).

Esas dinámicas resultaron en que el candidato oficialista ganara en varios bastiones conservadores, como la ciudad de Guayaquil y en provincias de la costa.

En tercer lugar, la votación de la izquierda independiente, agrupada con el candidato Paco Moncayo, fue reducida (6,7%), aunque es casi el doble de las elecciones anteriores (y con ello ampliará su bancada legislativa). En este caso la izquierda participó en una coalición (Acuerdo Nacional por el Cambio) que incluyó a la Izquierda Democrática, Unidad Popular, el partido indígena Pachakutik y distintos movimientos sociales. De todos modos, una vez más la coordinación dentro de esa coalición se resquebrajó, ya que hubo candidatos sectoriales que sacaron más votos que el candidato a la presidencia.

La existencia de esta izquierda independiente sirve para insistir en que los progresismos son una manifestación política distinta. La divergencia entre progresismo e izquierda ocurrió en Ecuador hace ya varios años, y no ha dejado de acentuarse.

Territorios, extractivismos y votos

Uno de los aspectos más llamativos en el caso ecuatoriano, es que en las zonas más golpeadas por los extractivismos minero y petrolero, ubicados en la Amazonia, se votó abrumadoramente contra el gobierno. Son regiones donde predominan colonos y comunidades indígenas, y muchos han sufrido impactos sociales y ambientales, o una creciente violencia. Recordemos que en plena campaña, el gobierno Correa militarizó territorios del pueblo indígena shuar, quienes resistían a una empresa minera china, y además judicializó a varios de sus líderes.

Desde las comunidades que enfrentan los extractivismos la evaluación del gobierno Correa es muy negativa. Las promesas gubernamentales de beneficios económicos y sociales a cambio de aceptar a mineras o petroleras no tuvieron mayor efecto en conseguir adhesión electoral. O bien, esos comunarios ya saben por su propia experiencia que por más dinero que les prometan o reciban, terminan perdiéndose la calidad ambiental de sus territorios.

Sin embargo, como cuarto aspecto, hay que señalar que en esas regiones amazónicas los votos de esos descontentos fueron al candidato conservador (Lasso), y no necesariamente a la izquierda independiente opositora a Correa. Por ejemplo, hay provincias amazónicas donde Lasso casi duplica al gubernamental Moreno; en Napo, la oposición recibió el 55% de los votos contra 25% para Moreno (otras máximas votaciones de ese candidato fueron en Morona Santiago con 52% y en Pastaza 48%). Es como si muchos, desde la resistencia social local, sólo encontraran una salida caminando hacia la derecha.

Aquí asoman varias lecciones que deben ser analizadas detenidamente. Parece claro que desde las comunidades locales se rechazan los extractivismos por sus impactos y a la vez se considera que el gobierno no ofrece garantías en cuanto a calidad de vida y ambiente en esos sitios, sino que activamente impone a las mineras o petroleras. Es más, el propio gobierno es una fuente de violencia en sus apoyos extractivistas. Por lo tanto, en esos sitios predomina el rechazo a los candidatos oficialistas. Es un fenómeno similar al que se observa en Perú o Bolivia.

En el caso ecuatoriano, ese rechazo no resulta en un mayor apoyo a la izquierda independiente sino que una proporción significativa parece haber optado por un “voto útil” a la derecha política buscando impedir que Alianza Pais se mantenga en el gobierno.

Eso debería ser mirado con especial atención por ejemplo desde Perú, ya que en su coalición Frente Amplio hay una tensión entre un ala más progresista (y proclive a los extractivismos) y unos sectores que enfatizan la protección territorial y ambiental. No olvidemos que la candidata Veronika Mendoza participó del último encuentro progresista latinoamericano organizado por el gobierno Correa. Entonces es importante observar que en el caso ecuatoriano, el amparo a proyectos extractivistas brindó muchos votos urbanos que le permitieron llegar al gobierno, pero a la vez, eso le alejó de las comunidades locales y de cualquier proyecto de izquierda.

Esas comunidades locales están tan golpeadas, que parecería que no votan ni siquiera a la izquierda independiente como si tuvieran miedo que ella también se conviertan en un nuevo progresismo. Los progresistas de esa manera impiden una renovación hacia la izquierda pero además anula a la izquierda independiente.
La paradoja de esta situación es que un candidato conservador como Lasso sin duda avanzará con los extractivismos, aunque de modos distintos, tal como se observa ahora en Argentina bajo el gobierno Macri o en Brasil con Temer. No existirá un alivio en las presiones extractivistas apoyando a la oposición conservadora.

La situación amazónica contrasta con lo observado en varias zonas rurales de los Andes y la costa, donde el candidato del gobierno tuvo muy buena votación. En efecto, Moreno logró las proporciones más altas de voto en las provincias de Manabí 54% y Santa Elena 48%.

Sin duda hay muchos problemas rurales en la sierra y la costa, como la desigualdad en el acceso a las tierras, limitada rentabilidad, avance del agronegocio, deterioro de suelos y aguas, etc. Son problemas que el gobierno Correa no ha logrado solucionar y que por momentos no están en el centro de su atención. Pero esa situación no alimentó un rechazo electoral masivo a Alianza País, y muchos votantes rurales terminaron apoyando a Moreno. De todos modos, el opositor Lasso obtuvo buen apoyo en zonas rurales, por ejemplo en Cotopaxi, Chimborazo, Tungurahua y Bolívar.

Habría que analizar en más detalle si el deterioro rural, en tanto se expresa crónicamente, no produce la misma conflictividad social que los extractivismos, lo que estalla en problemas más agudos y visibles. Como ejemplo podría recordarse, para la sierra, los procesos de erosión que han sido señalados desde hace mucho tiempo, mientras que en la Amazonia la llegada de las mineras y sus excavaciones generan amputaciones ecológicas en lapsos muy breves.

De todos modos queda en claro que los extractivismos desencadenan reacciones ciudadanas que afectan directamente las votaciones, lo que debería ser observado detenidamente en los países vecinos. Debe subrayarse esto ante la cantidad de artículos superficiales que son ciegos ante esta problemática, y en especial por los textos que abusan de las metáforas de enormes batalles parecen no entender que la verdadera guerra es contra las comunidades locales, los indígenas y la naturaleza.

Publicidad, medios y corrupción

La campaña electoral ecuatoriana también fe una disputa publicitaria, y una confrontación sobre el poder que realmente tendrían los medios. En ese contexto, la publicidad de todos los candidatos fue simplista, repetitiva, agobiante, casi asfixiante, y para muchos aburrida.
Tampoco puede ignorarse que la publicidad por el candidato oficialista se duplicaba, ya que por un lado estaban los avisos del propio movimiento político y por otro lado la que sin inhibiciones desplegaba el gobierno. En unos casos alcanzó ribetes de posverdad algo cómicos, como por ejemplo el anuncio de una mega inversión de 3 mil millones de dólares para fabricar autos eléctricos, que el secretario de educación presentó rodeado de banderas y logos de grandes corporaciones, y que terminó con desmentidos desde esas transnacionales.

Aunque Correa se burló de una supuesta revolución de los smartphones, las redes sociales y webs alternativas jugaron un papel importante, en paralelo a los medios convencionales. Desde allí se ventilan todo tipo de informaciones, denuncias, reportes, etc., y su penetración es cada vez mayor.

Justamente las denuncias de corrupción contra el gobierno Correa centraron mucha atención tanto desde medios convencionales como desde las redes sociales. Esas denuncias, especialmente las que involucraban a la petrolera estatal Petroecuador, fueron intensas, y con ribetes rocambolescos aprovechados por sectores opositores (por ejemplo, distribuyendo mini videos con declaraciones de un ex ejecutivo de esa empresa que huyó de Ecuador).

Sin embargo es difícil afirmar que todo eso jugó un papel decisivo en alentar un voto contra el gobierno. No puede negarse que existe un problema con la corrupción, y que muchos casos están asociadas con los extractivismos –otro de los asuntos negados por los analistas superficiales. No es un problema exclusivo de Ecuador sino que se repite en todos los países. Pero de todos modos, no parecería que la lucha contra la corrupción fuese determinante en decidir premios y castigos electorales. Es como si muchos aceptaran a la corrupción como una característica inmodificable de la vida política.

Institucionalidad política y electoral

El caso ecuatoriano también es una alerta sobre la enorme importancia de la institucionalidad electoral. El proceso de conteo de los votos estuvo bajo fuerte controversia, se sumaron denuncias en las redes sociales, duras declaraciones de los partidos de oposición, movilización ciudadana en las calles en varias ciudades, y para completar todas las posibilidades, hasta Alianza Pais criticó a las autoridades electorales. O sea, todos están descontentos con la autoridad electoral.

Los movimientos ciudadanos ya habían alertado sobre eso; recordemos que ese consejo electoral fue el que trabó de distintos modos una consulta ciudadana sobre la explotación petrolera en la Amazonia.

La lección es que cuando un gobierno juega a incidir sobre la autoridad electoral la democracia pierde, pero también se afecta su propia legitimidad. Hay un efecto boomerang, ya que aún si Lenin Moreno gana esa segunda vuelta, su legitimidad presidencial estaría afectada si persisten todos estos problemas.

Los países vecinos, en especial Perú y Bolivia, deben asegurar la independencia y rigurosidad en las autoridades electorales, para no caer en problemas similares a los ecuatorianos (y a los de Venezuela).

Un progresismo caníbal

Como un balance preliminar, la situación ecuatoriana muestra a un progresismo que mantiene un núcleo duro de adhesión ciudadana, y con ello podrá controlar la agenda del poder legislativo. Desde ese punto de vista es una expresión política que sigue viva, pero a la vez no logra generar nuevas innovaciones políticas y se vuelve cada vez más dependiente de estrategias de desarrollo convencionales. Por esa razón es que se describe un progresismo agotado.

Los progresismos han tenido éxitos electorales iniciales, especialmente por tomar algunas medidas propias de la izquierda y por una retórica que también aprovecha imágenes de la izquierda. Pero los componentes centrales en sus estrategias de desarrollo son convencionales, y ello impone políticas públicas que, por ejemplo, toleran todo tipo de impactos sociales y ambientales, y a la vez, rediseñan los entendidos de la democracia, volcándose a prácticas cada vez más verticalistas y menos participativas, y son ese tipo de factores los que resultan en su agotamiento. El proceso ecuatoriano da muchos ejemplos de esta problemática.

Paradójicamente, ese agotamiento genera condiciones políticas que hace que muchas bases de apoyo, en lugar de buscar las alternativas hacia la izquierda, se vuelquen a los sectores conservadores. Es como si el progresismo tuviera una veta caníbal.

En efecto, el progresismo devora aquellos componentes de izquierda en sus propias estrategias de desarrollo bajo la obsesión con el crecimiento económico y las exportaciones. Devora sus bases políticas, y cuando éstas lo abandonan, muchas de ellas se corren hacia la derecha.

El progresismo se presenta a sí mismo como la única y verdadera izquierda, y golpea a la izquierda independiente; la ataca, calificándola como infantil por ejemplo, y con ello impide alianzas con ella para renovarse genuinamente hacia la izquierda. Esta problemática también es visible en las elecciones ecuatorianas, y procesos análogos se han observado en Brasil y Argentina.

Por todo este tipo de razones, las elecciones en Ecuador ofrecen muchas enseñanzas que deberían ser analizadas con detenimiento por quienes, en los demás países, siguen comprometidos con la justicia social y ambiental. 

Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). Una versión inicial de estas ideas se publicó como nota de opinión en Los Tiempos (Cochabamba), 23 febrero 2017; y en una entrevista con Página Siete (La Paz), 28 febrero 2017. La versión final se publicó en www.DemocraciaSur.com (con imágenes y tablas), el 3 de marzo 2017.