PIANO & STRINGS A quiet, atmospheric piano & strings playlist, featuring some of the greatest classical masterpieces ever composed. Perfect for your moments of relax, also suitable for studying, reading and working. 01 DEBUSSY - 2 Arabesques: No. 1, Andantino con moto 00:00 02 CHOPIN - Douze études, Op. 25: No. 1 "Aeolian Harp" 04:06 03 SCHUMANN - Kinderszenen, Op. 15: No. 7, Traumerei 06:34 04 SAINT-SAENS - The Carnival of the Animals: XIII. The Swan 09:51 05 LISZT - Consolations, S. 172: No. 3, Lento placido 12:30 06 BEETHOVEN - Piano Concerto No. 3: II. Largo 16:33 07 LISZT - Liebesträume, S. 541: No. 3 in A-Flat Major 26:26 08 MORRICONE - Suite from Nuovo Cinema Paradiso 32:12 09 CORELLI - Concerto Grosso No. 1, Op. 6: I. Largo 36:22 10 CORELLI - Concerto Grosso No. 9, Op. 6: I. Preludio 39:19 11 TCHAIKOVSKY - Piano Concerto No. 2: II. Andante non troppo 41:26 12 SATIE - Trois Gymnopédies: No. 1, Lent et doloreux 49:35 13 SATIE - Trois Gymnopédies: No. 2, Lent et triste 52:24 14 SATIE - Trois Gymnopédies: No. 3, Lent et grave 54:38 15 BEETHOVEN - Fur Elise (cello version) 56:44 16 CHOPIN - Nocturne in C sharp minor, Op. Posth. 1:01:32 17 CHOPIN - Preludes, Op. 28: No. 15 "Raindrop" 1:05:20 18 BEETHOVEN - Piano Concerto No. 1 in C Major, Op. 15: I. Allegro con brio 1:10:39 19 BEETHOVEN - Piano Concerto No. 1 in C Major, Op. 15: II. Largo 1:29:23 20 BEETHOVEN - Piano Concerto No. 1 in C Major, Op. 15: III. Rondo. Allegro 1:38:56 21 WEBER - Piano Concerto No. 2, Op. 32: II. Adagio 1:48:12 22 MENDELSSOHN - Piano Concerto No. 1: II. Andante 1:53:40 1, 5, 16 & 17: Luke Faulkner (solo piano) 2, 3 & 7: Giovanni Umberto Battel (solo piano) 4: Sarah Joy (cello), Kathy Hohstadt (piano) 6 & 18-20: Bruno Canino (piano), Orchestra da Camera Fiorentina cond. by Giuseppe Lanzetta 8 & 17: Orchestra da Camera Fiorentina cond. by Giuseppe Lanzetta 9 & 10: Kiev Chamber Orchestra cond. by Liviu Buiuc 11: Saulis Dirvanauskas (piano), Moldavian Philarmonic Orchestra cond. by Liviu Buiuc 12-14: Carlo Balzaretti (solo piano) 15: Sarah Joy 21: Saulis Dirvanauskas (piano), Lublino Philharmonic Orchestra cond. by Adam Natanek 22: Saulis Dirvanauskas (piano), Chisinau Symphony Orchestra cond. by Silvano Frontalini
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Classical Music - Piano, Violin & Strings
PIANO & STRINGS A quiet, atmospheric piano & strings playlist, featuring some of the greatest classical masterpieces ever composed. Perfect for your moments of relax, also suitable for studying, reading and working. 01 DEBUSSY - 2 Arabesques: No. 1, Andantino con moto 00:00 02 CHOPIN - Douze études, Op. 25: No. 1 "Aeolian Harp" 04:06 03 SCHUMANN - Kinderszenen, Op. 15: No. 7, Traumerei 06:34 04 SAINT-SAENS - The Carnival of the Animals: XIII. The Swan 09:51 05 LISZT - Consolations, S. 172: No. 3, Lento placido 12:30 06 BEETHOVEN - Piano Concerto No. 3: II. Largo 16:33 07 LISZT - Liebesträume, S. 541: No. 3 in A-Flat Major 26:26 08 MORRICONE - Suite from Nuovo Cinema Paradiso 32:12 09 CORELLI - Concerto Grosso No. 1, Op. 6: I. Largo 36:22 10 CORELLI - Concerto Grosso No. 9, Op. 6: I. Preludio 39:19 11 TCHAIKOVSKY - Piano Concerto No. 2: II. Andante non troppo 41:26 12 SATIE - Trois Gymnopédies: No. 1, Lent et doloreux 49:35 13 SATIE - Trois Gymnopédies: No. 2, Lent et triste 52:24 14 SATIE - Trois Gymnopédies: No. 3, Lent et grave 54:38 15 BEETHOVEN - Fur Elise (cello version) 56:44 16 CHOPIN - Nocturne in C sharp minor, Op. Posth. 1:01:32 17 CHOPIN - Preludes, Op. 28: No. 15 "Raindrop" 1:05:20 18 BEETHOVEN - Piano Concerto No. 1 in C Major, Op. 15: I. Allegro con brio 1:10:39 19 BEETHOVEN - Piano Concerto No. 1 in C Major, Op. 15: II. Largo 1:29:23 20 BEETHOVEN - Piano Concerto No. 1 in C Major, Op. 15: III. Rondo. Allegro 1:38:56 21 WEBER - Piano Concerto No. 2, Op. 32: II. Adagio 1:48:12 22 MENDELSSOHN - Piano Concerto No. 1: II. Andante 1:53:40 1, 5, 16 & 17: Luke Faulkner (solo piano) 2, 3 & 7: Giovanni Umberto Battel (solo piano) 4: Sarah Joy (cello), Kathy Hohstadt (piano) 6 & 18-20: Bruno Canino (piano), Orchestra da Camera Fiorentina cond. by Giuseppe Lanzetta 8 & 17: Orchestra da Camera Fiorentina cond. by Giuseppe Lanzetta 9 & 10: Kiev Chamber Orchestra cond. by Liviu Buiuc 11: Saulis Dirvanauskas (piano), Moldavian Philarmonic Orchestra cond. by Liviu Buiuc 12-14: Carlo Balzaretti (solo piano) 15: Sarah Joy 21: Saulis Dirvanauskas (piano), Lublino Philharmonic Orchestra cond. by Adam Natanek 22: Saulis Dirvanauskas (piano), Chisinau Symphony Orchestra cond. by Silvano Frontalini
Tratos sospechosos del yerno de Trump en Israel
Robert Fisk
www.jornada.unam.mx / 130118
Hubo un tiempo en que todos nos creíamos
el mito de que los esfuerzos de paz de Washington en Medio Oriente eran imparciales,
neutrales, sin influencia de la religión, el historial o las actividades de
negocios de los pacificadores. Incluso cuando en el gobierno de Clinton, los
cuatro principales pacificadores eran todos judíos estadunidenses –su principal
negociador, Dennis Ross, había sido un prominente ex miembro del equipo del más
poderoso cabildo israelí, Aipac (Comité de Asuntos Públicos de Estados Unidos e
Israel)–, la prensa occidental rara vez lo mencionaba. Solo era noticia en
Israel, donde el periódico Maarev los llamó la misión de cuatro judíos.
El escritor y activista israelí Meron
Benvenisti escribió en el periódico Ha’aretz que, si bien el origen étnico de
los cuatro diplomáticos estadunidenses podría ser irrelevante, “es difícil
pasar por alto que la manipulación del proceso de paz fue confiada por
Washington en primer lugar a judíos estadunidenses, y que al menos un miembro
del equipo del Departamento de Estado fue seleccionado para la tarea porque
representaba el punto de vista del establishment judío estadunidense. La
tremenda influencia de ese establishment en el gobierno de Clinton encontró su
manifestación más clara al redefinir los ‘territorios ocupados’ como
‘territorios en disputa’.”
Pero, para no ser acusados de
antisemitismo, señaló Benvenisti, los palestinos “no pueden, ni Dios lo
permita, hablar de la ‘conexión judía’…” Tras ser acusada de antisemitismo solo
por condenar la brutalidad israelí y la ocupación de Cisjordania y Jerusalén
Oriental, el mismo miedo socava el valor de la Autoridad Palestina. Cuando el
yerno judío de Trump, Jared Kushner, se volvió el malhadado enviado de paz del
presidente, los palestinos, bien conscientes de que apoyaba la persistente –e
internacionalmente ilegal– colonización de tierras árabes, recibieron con cortesía
su súbita exaltación a pacificador. Fueron los medios israelíes los primeros en
destacar lo poco que sabía del verdadero Medio Oriente, y las muy pocas
personas que conocía allí.
Sin embargo, Dennis Ross, el ex hombre de
Aipac, cuya inclinación hacia Israel fue criticada por colegas israelíes al
igual que árabes, apoyó fuertemente a Kushner cuando fue designado enviado
especial. En cuanto a Trump, he aquí el registro oficial de sus ideas sobre la
eficiencia de Jared Kushner: “Saben, Jared es un excelente muchacho y hará un
pacto con Israel (sic) que nadie más puede lograr. Tiene talento natural –ya
saben de lo que hablo, natural–, un negociador natural. Le cae bien a todo el
mundo.”
Como inversionista en bienes raíces, tal
vez Kushner sí sea un negociador natural. Pero nadie hubiera esperado descubrir
–como hizo el New York Times hace unos días– que, poco antes de que Kushner
acompañara a Trump en su primer viaje diplomático a Israel, en mayo, su
compañía familiar inmobiliaria recibió unos 30 millones de dólares en
inversiones de Menora Mivtachim, una de las instituciones aseguradoras y
financieras más grandes de Israel. El acuerdo –sorpresa, sorpresa– no se
publicó. No hay evidencia de que Kushner estuviera directamente involucrado en
el acuerdo y no parece haber alguna violación de las leyes federales sobre
ética, según el diario.
Pero, como señaló el NYT, aparte de la
decisión de Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, el acuerdo
con Kushner podría socavar la capacidad de Estados Unidos de ser visto como un
negociador independiente en la región. Vaya, vaya. ¿Cómo podría ser eso? ¿Acaso
el NYT no acepta que Kushner se toma muy en serio las reglas sobre ética (así
lo dijo un secretario de prensa de la Casa Blanca) y que, si bien no se puede
impedir que las empresas Kushner hagan negocios con una firma extrajera porque
Kushner trabaja en el gobierno, no hacen negocios con entes soberanos o
gobiernos?
Kushner sigue siendo beneficiario de
fideicomisos que tienen intereses en las empresas de su familia, pese a que
renunció como ejecutivo en enero del año anterior. Mi cita favorita viene de
uno de los abogados de Kushner, Abbe D. Lowell, quien dijo que conectar
cualquiera de sus muy publicitados viajes a Medio Oriente con cualquier asunto
relativo a las empresas Kushner o a sus negocios es absurdo, y es un intento de
sacar una nota sobre algo que no existe.
Así que está bien, entonces. Y si un
miembro futuro de un importante equipo negociador de paz estadunidense en Medio
Oriente resultara ser musulmán –por pura casualidad– (su origen étnico tan
irrelevante como dicen que es el de Kushner) y, al momento de trabajar para el
presidente estadunidense, fuera beneficiario de fideicomisos de una compañía
que hiciera negocios con, digamos, empresas en Arabia Saudita, Egipto o –Dios
nos libre– en Ramalá, en Cisjordania, sería una práctica abierta y aceptable
para un tipo cuyo único deseo en la vida sería llevar la paz a israelíes y
palestinos. Y si esas compañías árabes invirtieran en esa compañía inmobiliaria
del negociador de la paz, nadie alzaría una ceja ni insinuaría que tal cosa
fuera un poquito irregular o –no usemos la palabra falta de ética– no del todo
apropiada.
Después de todo, los funcionarios electos
estadunidenses siempre han sido un poco escépticos respecto de la ayuda
financiera árabe a Estados Unidos, aun cuando haya llegado libre de cargo y sin
interés adosado. Pensemos en el príncipe saudita Al-Waleed bin Talal –uno de
los hombres más ricos del mundo, que hoy vive en un colchón del hotel Ritz de
Riad como invitado involuntario del príncipe heredero Mohamed bin Salman–,
quien en 2001 ofreció una donación de 10 millones de dólares al Fondo de las
Torres Gemelas, para las familias y víctimas del ataque del 11-S. También
mencionó la causa palestina porque, dijo, desde el ataque los reporteros han
preguntado repetidas veces cómo erradicar el terrorismo. Estados Unidos tiene
que entender, añadió, que, si quiere extraer las raíces de este acto ridículo y
terrible, tiene que resolver este asunto.
¡Sopas! Esta verdad evidente en sí misma
fue demasiado para el alcalde Rudolph Giuliani de Nueva York, que al instante
dijo al príncipe Al-Waleed bin Talal que se guardara su cheque. No se puede
ofrecer dinero y hablar de política al mismo tiempo. Pero mostró lo delicada
que puede ser la conexión entre dinero –incluso donaciones de un árabe– y
política en el eje Medio Oriente-Estados Unidos.
No parece haber tales problemas, en
cambio, con respecto a Jared Kushner, quien obviamente aprobó la grotesca
decisión de su suegro de aceptar a Jerusalén como capital israelí, con la cual
cortó a los palestinos del acuerdo natural que Trump aseguraba que podría
lograr. Y por supuesto que la relación de la compañía inmobiliaria de Kushner
con las instituciones financieras israelíes nada tiene que ver con ello.
Frei Betto: “La Iglesia brasileña es tímida, perdió el profetismo de décadas pasadas”
Entrevista por Luis M. Modino
www.religiondigital.com / 200118
Brasil pasa por un momento de
extrema importancia histórica. La situación socio-política es cada vez más
preocupante, a lo que une el juicio en segunda instancia que mañana va a tener
lugar en Porto Alegre contra el ex-presidente Lula, y que ha dividido
claramente al país entre acusadores y defensores.
Dentro de esa coyuntura, Frei
Betto, una de las voces más autorizadas en Brasil en lo que hace referencia al
análisis socio-político, hace un juicio de valor en esta entrevista sobre
el momento por el que el país pasa, mostrando cómo puede ser resuelta esta
situación.
Dentro del periodo actual, el
fraile dominico define la postura de la Iglesia católica como tímida, poco
profética, trayendo a la memoria la figura de obispos que se
comprometieron con los más pobres, llegando a afirmar que existe una distancia
entre el Papa Francisco y el episcopado brasileño, que "le tolera pero no
le apoya".
En el contexto del 14º
Intereclesial de las comunidades eclesiales de base, que hoy se inicia en
Londrina, analiza el papel de las CEBs, a las que concede una gran importancia
en la vida del país en las décadas de setenta y ochenta, y como ellas pueden
ser un instrumento que ayude a retomar muchos de los aspectos que siempre
estuvieron presentes en la sociedad y la Iglesia de Brasil.
¿Cómo ve
la actual situación socio-política de Brasil?
Brasil vive una crisis política, institucional
muy fuerte desde que fue dado el golpe parlamentario destituyendo a la
presidente Dilma Rousseff, golpe que completa una estrategia de la Casa Blanca
para destituir en América Latina a los presidentes progresistas. Comenzó por
Honduras, después por Paraguay y ahora Brasil, y con eso tenemos un gobierno
golpista, comandado por el presidente Temer, que no consigue llegar al 5% de
aprobación por parte de la opinión pública y un gran momento de espera porque
están queriendo criminalizar la figura del exponente máximo de la base popular
brasileña, que es el ex-presidente Lula, cuyo juicio en segunda instancia será
mañana en Porto Alegre.
Vamos a ver el resultado. De
cualquier forma creo que él no será impedido de ser candidato a presidente. La
superación de esa crisis va a depender, de un lado de las elecciones de este
año, que serán a final de año, elecciones presidenciales, para gobernadores y
también para el Congreso Nacional, y de otro lado, tenemos un escenario muy
curioso, que es la inercia del pueblo.
Muchos me dicen, principalmente
amigos extranjeros, ¿por qué no ocurren aquí manifestaciones como aquella que
hubo recientemente en Argentina? Por la misma razón que debería haber en Brasil
contra la Reforma de la Previdencia Social, ¿por qué no ocurren manifestaciones
para deponer al presidente Temer, por qué no ocurren manifestaciones
expresivas?
Porque, infelizmente, durante los
trece años del gobierno del PT, Partido de los Trabajadores, no se trabajó la
politización del pueblo brasileño, no se hizo lo que yo llamo alfabetización
política. Y con eso, tenemos hoy una
nación de consumistas y no de protagonistas políticos.
¿Qué
debería ser hecho desde los movimientos sociales, desde los partidos políticos,
para recuperar esa dimensión política en la sociedad?
Necesitamos
en primer lugar, fortalecer los movimientos sociales, eso es lo más
importante. Ellos son el pueblo más importante de toda la cadena de
movilización social, mucho más que los partidos. El problema es que, una vez en
el gobierno, el PT cortó a algunos movimientos sociales importantes, como a
CUT, Central Única de Trabajadores, y la Unión Nacional de los Estudiantes, que
se convirtieron mucho más en presencia del gobierno en la base que, lo que
debería ser siempre, representantes de la base al lado del gobierno.
Con eso, hoy tenemos movimientos
sociales muy fragilizados, aunque algunos tengan expresión nacional y capacidad
de movilización, y yo resalto dos, el MST, que es el Movimiento Sin Tierra, y
el MTST, que es el Movimiento Sin Techo. Esos dos movimientos son los
exponentes de la movilización popular en el país. Pero deberíamos tener mucho
más, pues Brasil tiene una red enorme de movimientos sociales, movimientos
negros, movimientos de mujeres, movimientos de lucha por derechos, agua,
pasarela, carreteras, cisternas, toda una infinidad de movimientos sociales,
pero esos fueron fragilizados por falta de un trabajo, a medio plazo, de
alfabetización política, y hoy, si se pregunta, cuál es nuestra tarea
prioritaria, la respuesta es esa, priorizar, invertir, fortalecer los
movimientos sociales.
Usted ha
hablado del Movimiento Sin Techo. ¿Es cierto el rumor que corre que Guilherme
Boulos, el líder de ese movimiento, podría ser un futuro candidato a la
Presidencia de Brasil?
Parece que hay una tentativa para
que él sea candidato a presidente por el PSOL, Partido Socialista y Libertad,
que es un partido de izquierda, y en el segundo turno apoyaría a Lula. Él ha
hablado mucho con Lula y Lula con él, los dos están juntos. Porque Guilherme,
como candidato a Presidente va a conseguir sumar un sector de la izquierda que
hoy no está dispuesto a votar a Lula, debido a las alianzas que Lula hizo en el
pasado y todavía insiste en hacer en el futuro, con Renan Calheiros, con José
Sarney, etcétera, que son caciques corruptos de la política brasileña.
La
Iglesia, ante esa situación política, a través de la Conferencia Nacional de
los Obispos de Brasil, CNBB, ya ha emitido algunas notas. ¿Piensa que es
suficiente, que la Iglesia brasileña debería ser más profética?
La Iglesia brasileña fue muy
profética durante los años de la dictadura militar y la democratización, a
partir de 1985 hasta la década de noventa. A partir de ahí, con el pontificado
de Juan Pablo II y Benedicto XVI, ese profetismo desapareció prácticamente, y
todavía no se recuperó de nuevo. Tenemos una Iglesia tímida, que hace
documentos tímidos, algunos hasta críticos con el gobierno Temer, como aquel
que fue emitido contra la reforma laboral, pero no tenemos más exponentes proféticos
como Don Pedro Casaldáliga, Don Helder Cámara, Don Paulo Evaristo Arns, Don
Fragoso, Do Luiz Fernandes, obispos que realmente expresaron en público el amor
a aquellos que son, en consecuencia de la desigualdad social y de la exclusión,
sin voz.
¿Por qué
esa timidez cuando vemos que el Papa Francisco está siendo alguien que se toma
postura contra un sistema que él define como un sistema que mata?
Porque infelizmente, el Papa
Francisco no es el Papa de muchos obispos brasileños, ellos le toleran, pero no
le apoyan. Piensan que el Papa Francisco es demasiado avanzado. Entonces, por
eso, no manifiestan ese apoyo que me gustaría que la CNBB manifestase
siempre.
El Papa Francisco ya promovió tres
encuentros de líderes mundiales de movimientos sociales, tres. Brasil,
seguramente, es uno de los países del mundo con mayor número de movimientos
sociales. La CNBB ya debería haber hecho por lo menos uno. Todavía es una
conferencia episcopal tremendamente clericalizada, donde los laicos casi no
tienen ningún espacio. Eso realmente muestra la falta de nuestro profetismo.
La
Iglesia de Brasil promueve en este año el Año del Laicado. Desde ese punto de
vista, ¿el Año del Laicado es algo que se queda dentro de la Iglesia o que
tiene una implicación hacia fuera?
No, no, para dentro de la Iglesia.
No es un año en que se tenga, por ejemplo. una Iglesia que se manifiesta a
favor de los laicos, de católicos que participan de la vida nacional u que
deberían tener todo el respaldo explícito de la Iglesia. La Iglesia ni[JS1]
siquiera respalda a padres[JS2]
y religiosas que están en línea de frente. No da suficiente apoyo a aquellos
que están más implicados en los movimientos sociales.
La CNBB, por ejemplo, debería haber
hecho una misa en el asentamiento del MTST en São Bernardo do Campo, donde hay
ocho mil personas alojadas debajo de tiendas de campaña. No lo hizo, debería
haber aprovechado la Navidad para hacer una gran celebración allí, pero los
pastores evangélicos fueron. Esa es a contradicción que vivimos.
Estamos
participando del 14º Intereclesial de las Comunidades Eclesiales de Base. La
Iglesia de base, ¿cómo podría ayudar a que los cambios que el Papa Francisco
intenta proponer, tanto en la Iglesia como en la sociedad, se hagan realidad,
al menos en esa Iglesia de comunidades, de base?
Las comunidades de base tienen que
crecer y eso tiene que ser una iniciativa de los laicos. Aunque haya muchos
padres y algunos obispos que apoyan, no vamos a esperar que ellos tomen la
iniciativa solos. Es necesario que los laicos incrementen esa red de
comunidades, extremamente vital durante la década de 1970 y 80 en Brasil,
contribuyendo a derribar la dictadura, contribuyendo a la formación del PT, la
CUT, el MST.
Lula varias veces ha repetido que
las CEBs tuvieron más importancia en la capilaridad nacional del PT que el
movimiento sindical, o que el movimiento social.
¿Podríamos
decir que con el tiempo las CEBs se convirtieron en algo más intraeclesial?
No, las CEBs no se convirtieron,
las CEBs perdieron el apoyo en los dos pontificados conservadores, de Juan
Pablo II y Benedicto XVI, y con eso los obispos recularon en el apoyo. Y como
la Iglesia tiene una estructura vertical, autocrática, eso tuvo reflejo en las
CEBs. Inclusive ya existen estudios que demuestran que el crecimiento de las
iglesias evangélicas tiene que ver con el recular de las CEBs.
En cuanto los laicos encontraban en
las CEBs el espacio para vivir su fe y su práctica misionera, las iglesias
evangélicas no crecían tanto. Muchos fueron buscando en las iglesias
evangélicas lo que no encontraron más en la católica.
Frente a
eso, muchos movimientos conservadores acusan a las CEBs de provocar el
crecimiento de las iglesias evangélicas.
Pero no es verdad, existen estudios
científicos que demuestran lo contrario, que la caída de las CEBs, corresponde
al crecimiento de las iglesias evangélicas. Eso es un hecho, el hecho es que
las CEBs fueron una fuerza extremamente expresiva en la historia de Brasil en
las décadas de setenta y ochenta.
¿Qué trama en Irán el superespía de EU?
Robert Fisk
www.jornada.unam.mx / 050118
La mayoría de nosotros conocemos esa
extremadamente rara pero levemente escalofriante sensación, al ir por una
calle, mirar una colina o escuchar una conversación, de que ya la hemos visto u
oído antes. Tal vez en una encarnación anterior. O quizás apenas unos años
atrás, aunque no logramos ubicar la experiencia en el tiempo.
Me llevó un buen rato antes de que un
amigo en quien confío, lograra señalar por qué la más reciente revuelta
callejera en miniatura en Irán me parecía tan extraña. Y tan familiar. Y tan
sobrecogedora.
Repasemos la secuencia de sucesos. Gran
número de jóvenes despojados de sus derechos, pobres o desempleados tomaron las
calles de una nación de Medio Oriente para quejarse de la pobreza, la
corrupción del régimen y su falta de libertad… y pronto se volvieron contra sus
gobernantes. Perfectamente justificado. Pero en cuestión de días se disparan
armas de fuego contra opositores al gobierno, el cual sostiene el derecho del
pueblo a manifestarse, pero advierte que quienes recurran a la violencia
pagarán el precio. Por lo menos 21 personas –dos de ellas miembros de las
fuerzas de seguridad– pierden la vida cuando los manifestantes responden a las
tácticas de tirar a matar de los agentes armados del gobierno.
El gobernante más poderoso –apoyado por
las milicias del Estado– se queja de que los disturbios son fomentados por
extranjeros, traidores, espías. El líder más veterano del Estado reduce todo a
dinero, armas, políticas y servicios de inteligencia. Estados Unidos, Gran
Bretaña y Arabia Saudita son mencionados como los principales sospechosos. Y
entonces vastas multitudes pro gubernamentales –que superan en número (si no en
entusiasmo) a los manifestantes–, marchan por cientos de miles para condenar
las protestas callejeras, sosteniendo sobre sus cabezas retratos de sus amados
líderes. El régimen afirma que las protestas terminaron.
Los paralelos no son exactos –las
similitudes lo son mucho más–, pero, ¿no es esto, palabra por palabra, lo que
ocurrió en Siria en 2011? ¿No es el mismo escenario, la misma representación,
el mismo argumento? Una masa de campesinos empobrecidos –aplastados por las
absurdas políticas agrícolas de su gobierno– comenzó a manifestarse contra el
gobierno de Assad, luego contra la corrupción, y más tarde –muy pronto– a
exigir su derrocamiento, tal como se puede ver a los manifestantes en Irán hoy
quemando carteles de Alí Jamenei, el líder supremo, y del presidente Hassan
Rouhani. Las fuerzas de seguridad comenzaron a matar manifestantes. Y, mucho
antes de lo que creíamos en ese tiempo, opositores al régimen armados empezaron
a atacar en la primavera de 2011 a los militares sirios a lo largo de la
frontera norte con Líbano, cerca de Homs y Dera’a.
De inmediato, el régimen de Bashar al
Assad afirmó que una mano extranjera operaba detrás de los terroristas –palabra
que el gobierno iraní no ha usado (aún) con respecto a sus opositores armados–
y nombró a Estados Unidos y Arabia Saudita como conspiradores para desatar una
guerra civil en Siria. Cientos de miles de sirios leales al régimen marcharon
por Damasco cada semana ondeando carteles de Assad. Una y otra vez, el gobierno
sirio se refirió a la crisis como cosa terminada.
No era así. Pero, pese a los esfuerzos de
Washington y Riad (y el apoyo británico al cambio de régimen), Assad se sostuvo
con la misma tenacidad con que el régimen iraní aplastó las protestas de 2009
después de la muy dudosa victoria de Mahmud Ahmadineyad en la elección
presidencial (un hombre que tenía mucho en común con Donald Trump).
Ahora debo referirme a mi institución
favorita, que cruje pero aún tiene relevancia, el Departamento de Verdades de a
Kilo. No, Irán no es una democracia de estilo occidental cuando sus
funcionarios deciden quién puede ser presidente y quién no. Pero cuenta con un
parlamento que funciona genuinamente y, después de la experiencia de Donald
Trump –para no mencionar la dudosa legitimidad de la victoria de George W.
Bush–, comparar las libertades iraníes con las libertades estadunidenses tal
vez no sea una gran idea en este momento.
Mi preocupación radica en la crueldad
inherente de un régimen que puede enviar a una mujer joven e inocente al
patíbulo mientras un funcionario de la prisión grita imprecaciones a su madre
en el teléfono celular de la prisionera. Ya he dicho antes que las horcas
manchan a Irán más que la centrífuga. Se puede negociar sobre una instalación
nuclear; en cambio, no se puede revertir la muerte.
Tomemos, por ejemplo, a Delara Darabi –de
apenas 23 años–, quien fue arrastrada al patíbulo en 2009, gritando a su madre
por el teléfono celular: Oh, madre, puedo ver la nariz del verdugo frente a mí.
Me van a ejecutar. Sálvame, por favor.
Delara había confesado falsamente haber
matado al primo de su padre para salvar del verdugo a su novio. Mientras ataban
a la pobre chica, el verdugo le arrancó el teléfono y dijo en tono de burla a
la madre que ya nada podía salvarla. Después, ese mismo año, el entonces
presidente Ahmadineyad me dijo que estaba en contra de la pena capital. Pero
los jueces iraníes eran independientes del gobierno, proclamó. Yo no quiero
matar ni una hormiga.
No hizo nada, por supuesto. Casi 700 seres
humanos fueron arrastrados a la horca en 2015, otros 567 en 2016. Sin duda
muchas de las víctimas eran narcotraficantes. Pero sus juicios fueron farsas y
las ejecuciones contaminan a la República Islámica tanto como mancillan la
autoridad de Hassan Rouhani, el hombre en quien expresamos confianza después
del acuerdo nuclear con Teherán.
Pero ahora regresemos a esos persistentes
paralelos entre Irán y Siria. La guerra israelí con Hezbolá en Líbano en 2006
fue un intento de destruir al aliado más cercano de Siria en Líbano y protegido
de Irán. Fracasó. Hezbolá afirmó que había triunfado. No fue así, pero los
israelíes perdieron. El siguiente objetivo fue Siria, en 2011. De allí en
adelante sólo conocemos parte de la dolorosa y atroz historia. Pero Occidente
–e Israel– perdieron de nuevo. Assad sobrevivió. Ha ganado, con la ayuda de
esos molestos rusos, de Hezbolá e Irán.
Entonces, ¿es ahora el turno de Irán? Casi
la misma táctica. El mismo guión. Los mismos enemigos que Arabia Saudita
observa con deleite. Gran Bretaña murmura sobre derechos humanos –que son la
contribución de Boris–, pero los estadunidenses chillan del lado de los
manifestantes inocentes (aunque cada vez más peligrosos). El mundo está
observando. Claro que sí. Pero lo que me deja perplejo es que, mientras Irán
hace las acostumbradas acusaciones de conspiraciones estadunidenses, los medios
estadunidenses –y los nuestros, para el caso– no han mencionado una sola vez en
este contexto el nombre de un funcionario de la inteligencia de Washington que
hace apenas seis meses fue lanzado al estrellato como el hombre designado por
Trump para dirigir las operaciones de la CIA en Irán.
Qué extraño. Porque en junio pasado el New
York Times perfilaba el nuevo papel del príncipe negro –o el ayatola Mike, como
al parecer también le llamaron– como uno de varios movimientos dentro de la
agencia de espionaje que apuntan a un enfoque más muscular a las operaciones
encubiertas bajo la dirección de Mike Pompeyo. Irán ha sido uno de los
objetivos más difíciles de la CIA, afirmó el periódico que publica todas las
noticias dignas de imprimirse.
“El reto de comenzar a aplicar las ideas
del presidente Trump recae en Michael D’Andrea, un converso al islam que fuma
un cigarrillo tras otro… Quizá ningún funcionario de la CIA tiene mayor
responsabilidad en debilitar a Al Qaeda… Trump ha nombrado a los halcones del
Consejo Nacional de Seguridad ansiosos de contener (sic) a Irán e impulsar el
cambio de régimen, cuyo fundamento será muy probablemente instalado mediante la
acción encubierta de la CIA”.
En los 11 años transcurridos desde los
ataques del 11-S, señala el NYT, D’Andrea estuvo profundamente implicado en el
programa de detenciones e interrogatorios, el cual produjo la tortura de cierto
número de prisioneros y fue condenado en un informe del Senado, en 2014, por
inhumano e inefectivo. D’Andrea asumió el Centro de Contraterrorismo de la CIA
en 2006 y, según el diario, operativos bajo su dirección tuvieron un papel
fundamental en la ejecución en 2008 de Imad Mougniyeh, uno de los más altos
funcionarios de Hezbolá (aunque en semi retiro) en Damasco. Al parecer D’Andrea
también fue esencial en el incremento del uso de ataques con drones en la
frontera afgano-paquistaní.
Es, por tanto, un formidable adversario de
los iraníes –así como de los sirios–, pero es extraño que no hayamos sabido de
él en los meses recientes. ¿No le interesan los recientes acontecimientos en
Irán? Claro que sí. Es su trabajo, ¿o no? Pero, ¿por qué el silencio? ¿Será que
no logramos atar ningún cabo aquí? ¿Por pura casualidad existirá algún vínculo
entre los servicios de inteligencia que hacen gemir al pobre Jamenei en Teherán
y los servicios de inteligencia operados por Michael D’Andrea, el hombre que
debe empezar a aplicar las ideas del presidente Trump?
No estoy muy seguro de que el mundo esté
observando. Pero debería hacerlo.
La nueva tesis once
www.alainet.org
/ 100118
En 1845, Karl Marx escribió las célebres Tesis
sobre Feuerbach. Redactadas después de los Manuscritos económicos y filosóficos
de 1844, el texto constituye una primera formulación de su propósito de
construir una filosofía materialista centrada en la praxis transformadora,
radicalmente distinta de la que entonces dominaba y cuyo máximo exponente era
Ludwig Feuerbach. En la célebre undécima tesis, la más conocida de todas,
declara: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el
mundo, pero de lo que se trata es de
transformarlo”. El término “filósofos” se utiliza en un sentido amplio,
como referencia a los productores de conocimiento erudito, pudiendo incluir hoy
todo el conocimiento humanista y científico considerado fundamental en
contraposición al conocimiento aplicado.
A principios del siglo XXI esta tesis
plantea dos problemas. El primero es que no es verdad que los filósofos se
hayan dedicado a contemplar el mundo sin que su reflexión haya tenido algún
impacto en la transformación del mundo. Y aunque eso haya sucedido alguna vez,
dejó de ocurrir con el surgimiento del capitalismo o, si queremos un término
más amplio, con la emergencia de la modernidad occidental, sobre todo a partir
del siglo XVI. Los estudios sobre sociología del conocimiento de los últimos
cincuenta años han sido concluyentes en mostrar que las interpretaciones del
mundo dominantes en una época dada son las que legitiman, posibilitan o
facilitan las transformaciones sociales llevadas a cabo por las clases o grupos
dominantes.
El mejor ejemplo de ello es la concepción
cartesiana de la dicotomía naturaleza-sociedad o naturaleza-humanidad. Concebir
la naturaleza y la sociedad (o la humanidad) como dos entidades, dos sustancias
en la terminología de Descartes, totalmente distintas e independientes una de
la otra, tal como sucede con la dicotomía cuerpo-alma, y construir sobre esa
base todo un sistema filosófico es una innovación revolucionaria. Choca con el
sentido común, pues no imaginamos ninguna actividad humana sin la participación
de algún tipo de naturaleza, comenzando por la propia capacidad y actividad de
imaginar, dado su componente cerebral, neurológico.
Además, si los seres humanos tienen
naturaleza, la naturaleza humana, será difícil imaginar que esa naturaleza no
tenga nada que ver con la naturaleza no humana. La concepción cartesiana tiene
obviamente muchos antecedentes, desde los más antiguos del Antiguo Testamento
(libro del Génesis) hasta los más recientes de su casi contemporáneo Francis
Bacon, para quien la misión del ser humano es dominar la naturaleza. Pero fue
Descartes quien confirió al dualismo la consistencia de todo un sistema
filosófico.
El dualismo naturaleza-sociedad, en razón
del cual la humanidad es algo totalmente independiente de la naturaleza y esta
es igualmente independiente de la sociedad, es de tal manera constitutivo de
nuestra manera de pensar el mundo y nuestra presencia e inserción en él, que
pensar de modo alternativo es casi imposible, por más que el sentido común nos
reitere que nada de lo que somos, pensamos o hacemos puede dejar de contener en
sí naturaleza.
¿Por qué entonces la prevalencia y casi
evidencia, en los ámbitos científico y filosófico, de la separación total entre
naturaleza y sociedad? Hoy está demostrado que esta separación, por más absurda
que pueda parecer, fue una condición necesaria de la expansión del capitalismo.
Sin tal concepción no habría sido posible conferir legitimidad a los principios
de explotación y apropiación sin fin que guiaron la empresa capitalista desde
el principio.
El dualismo contenía un principio de
diferenciación jerárquica radical entre la superioridad de la
humanidad/sociedad y la inferioridad de la naturaleza, una diferenciación
radical que se basaba en una diferencia constitutiva, ontológica, inscrita en
los planes de la creación divina. Esto permitió que, por un lado, la naturaleza
se transformara en un recurso natural incondicionalmente disponible para la
apropiación y la explotación del ser humano en beneficio exclusivo. Y, por
otro, que todo lo que se considerara naturaleza pudiera ser objeto de
apropiación en los mismos términos. Es decir, la naturaleza en sentido amplio
abarcaba seres que, por estar tan cerca del mundo natural, no podían
considerarse plenamente humanos.
De este modo, se reconfiguró el racismo
para significar la inferioridad natural de la raza negra y, por tanto, la
“natural” conversión de los esclavos en mercancías. Esta fue la otra conversión
de la que nunca habló el padre António Vieira (famoso jesuita portugués,
1608-1697), pero que está presupuesta en todas las demás de las que habló
brillantemente en sus sermones. La apropiación pasó a ser el otro lado de la
superexplotación de la fuerza de trabajo.
Lo mismo ocurrió con las mujeres al
reconfigurar la inferioridad “natural” de las mujeres, que venía de muy atrás,
convirtiéndola en la condición de su apropiación y superexplotación, en este
caso consistente en la apropiación del trabajo no pagado de las mujeres en el
cuidado de la familia. Este trabajo, a pesar de tan productivo como el otro,
convencionalmente se consideró reproductivo para poderlo devaluar, una
convención que el marxismo rechazó. Desde entonces, la idea de humanidad pasó a
coexistir necesariamente con la idea de subhumanidad, la subhumanidad de los
cuerpos racializados y sexualizados. Podemos, pues, concluir que la comprensión
cartesiana del mundo estaba implicada hasta la médula en la transformación
capitalista, colonialista y patriarcal del mundo.
En ese marco, la tesis once sobre
Feuerbach plantea un segundo problema. Es que para enfrentar los gravísimos
problemas del mundo de hoy –desde los chocantes niveles de desigualdad social a
la crisis ambiental y ecológica, calentamiento global irreversible,
desertificación, falta de agua potable, desaparición de regiones costeras,
acontecimientos “naturales” extremos, etcétera–, no es posible imaginar una
práctica transformadora que resuelva estos problemas sin otra comprensión del
mundo.
Esa otra comprensión debe rescatar, a un
nuevo nivel, el sentido común de la mutua interdependencia entre la
humanidad/sociedad y la naturaleza; una comprensión que parta de la idea de
que, en lugar de sustancias, hay relaciones entre la naturaleza humana y todas
las otras naturalezas, que la naturaleza es inherente a la humanidad y que lo
inverso es igualmente verdadero; y que es un contrasentido pensar que la
naturaleza nos pertenece si no pensamos, de forma recíproca, que pertenecemos a
la naturaleza.
No será fácil. Contra la nueva comprensión
y, por tanto, nueva transformación del mundo, militan muchos intereses bien
consolidados en las sociedades capitalistas, colonialistas y patriarcales en
que vivimos. Como he venido sosteniendo, la construcción de una nueva
comprensión del mundo será el resultado de un esfuerzo colectivo y de época, o
sea, ocurrirá en el seno de una transformación paradigmática de la sociedad. La civilización capitalista, colonialista y
patriarcal no tiene futuro, y su presente demuestra eso de tal modo que
ella solo prevalece por la vía de la violencia, de la represión, de las guerras
declaradas y no declaradas, del estado de excepción permanente, de la
destrucción sin precedentes de lo que continúa asumiendo como recurso natural
y, por tanto, disponible sin límites.
Mi contribución personal en ese esfuerzo
colectivo ha consistido en la formulación de lo que denomino epistemologías del
Sur. En mi concepción, el sur no es un lugar geográfico, es una metáfora para
designar los conocimientos construidos en las luchas de los oprimidos y
excluidos contra las injusticias sistémicas causadas por el capitalismo, el
colonialismo y el patriarcado, siendo evidente que muchos de los que
constituyen el sur epistemológico vivieron y viven también en el sur
geográfico.
Estos conocimientos nunca fueron
reconocidos como aportes para una mejor comprensión del mundo por parte de los
titulares del conocimiento erudito o académico, sea filosofía, sea ciencias
sociales y humanas. Por eso, la exclusión de esos grupos fue radical, una
exclusión abisal resultante de una línea abisal que pasó a separar el mundo
entre los plenamente humanos, donde “solo” es posible la explotación (la
sociabilidad metropolitana), y el mundo de los subhumanos, poblaciones
desechables donde es posible la apropiación y la superexplotación (la
sociabilidad colonial). Una línea y una división que prevalecen desde el siglo
XVI hasta hoy.
Las epistemologías del Sur buscan rescatar
los conocimientos producidos del otro lado de la línea abisal, el lado colonial
de la exclusión, a fin de poder integrarlos en amplias ecologías de saberes
donde podrán interactuar con los conocimientos científicos y filosóficos con
miras a construir una nueva comprensión / transformación del mundo.
Esos conocimientos –hasta ahora
invisibilizados, ridiculizados, suprimidos– fueron producidos tanto por los
trabajadores que lucharon contra la exclusión no abisal (zona metropolitana),
como por las vastas poblaciones de cuerpos racializados y sexualizados en
resistencia contra la exclusión abisal (zona colonial). Al centrarse
particularmente en esta última zona, las epistemologías del Sur dan especial
atención a los subhumanos, precisamente aquellos y aquellas que fueron
considerados más próximos a la naturaleza.
Los conocimientos producidos por esos
grupos, pese a su inmensa diversidad, son extraños al dualismo cartesiano y,
por el contrario, conciben la naturaleza no humana como profundamente implicada
en la vida social-humana, y viceversa. Como dicen los pueblos indígenas de las
Américas: “La Naturaleza no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la
Naturaleza”. Los campesinos de todo el mundo no piensan de modo muy diferente.
Y lo mismo sucede con grupos cada vez más vastos de jóvenes ecologistas urbanos
en todo el mundo.
Esto significa que los grupos sociales más
radicalmente excluidos por la sociedad capitalista, colonialista y patriarcal,
muchos de los cuales fueron considerados residuos del pasado en vías de
extinción o de blanqueamiento, son los que, desde el punto de vista de las
epistemologías del Sur, nos están mostrando una salida con futuro, un futuro
digno de la humanidad y de todas las naturalezas humanas y no humanas que la
componen.
Al ser parte de un esfuerzo colectivo, las
epistemologías del Sur son un trabajo en curso y todavía embrionario. En mi
propio caso, pienso que hasta hoy no alcancé a expresar toda la riqueza
analítica y transformadora contenida en las epistemologías del Sur que voy
proponiendo. He destacado que los tres modos principales de dominación moderna
–clase (capitalismo), raza (racismo) y sexo (patriarcado)– actúan
articuladamente y que esa articulación varía con el contexto social, histórico
y cultural, pero no he dado suficiente atención al hecho de que este modo de dominación
se asienta de tal modo en la dualidad sociedad/naturaleza que sin la superación
de esta dualidad ninguna lucha de liberación podrá ser exitosa.
En tal escenario, la nueva tesis once
debería tener hoy una formulación del tipo: “Los filósofos, científicos
sociales y humanistas deben colaborar con todos aquellos que luchan contra la
dominación en el sentido de crear formas de comprensión del mundo que hagan
posible, prácticas de transformación del mundo que liberen conjuntamente el
mundo humano y el mundo no humano”. Es mucho menos elegante que la undécima
tesis original, cierto, pero tal vez nos sea más útil.
- Boaventura de Sousa Santos, académico
portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y
Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra
(Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.)
y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos
sociales e investigadores más importantes del mundo en el área de la sociología
jurídica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial.
JOH toma posesión entre gases lacrimógenos de Pennsylvania
Carlos Dada
www.elfaro.net / 270118
En una ceremonia a la que no asistió
ningún mandatario extranjero, el presidente hondureño dio inicio este sábado a
su segundo periodo al frente del Ejecutivo. En las calles de una militarizada
Tegucigalpa, miles de manifestantes que acusan a Juan Orlando Hernández de
fraude chocaron contra policías y soldados. La ciudad se convirtió por horas en
un campo de batalla cubierto por nubes de gases lacrimógenos de fabricación
estadounidense.
Llegó el 27 de enero. El cielo gris asomó
por detrás del cerro Juana Laínez, poco después de las cinco de la mañana,
cerrando una noche de ambulancias, de cacerías policiales, de gases
lacrimógenos, de gritos y protestas y quemas de llantas y toma de calles y de
carreteras. La ondeante silueta de la bandera de Honduras se dibujó en la cima
del cerro, que corona Tegucigalpa. Una ciudad militarizada.
Llegó el 27 de enero, día inevitable en el
calendario de un país roto por las elecciones celebradas dos meses antes. Juan
Orlando Hernández, el presidente que maniobró de todas las formas posibles para
ser reelecto en un país cuya Constitución prohíbe la reelección, tomaba
posesión de su segundo periodo.
Se juramentó protegido por miles de
uniformados del Ejército, la Policía Militar, la Naval y la Policía Nacional.
Montaron tres cordones de seguridad alrededor del Estadio Nacional y
dispersaron a los manifestantes arrojando unas latitas del tamaño de una
granada denominadas MP-3-CS, fabricadas en un pueblito de Pennsylvania llamado
Homer City, made in USA, que liberan
gas lacrimógeno durante su vuelo y dejan una estela punzante, irritante,
vomitiva. Lanzaron tantas de esas latitas de Pennsylvania que una nube de humo
blanco espeso se alzó y se paseó por el centro de Tegucigalpa. Todos los ojos,
todas las gargantas sufrieron en el día para festejar la democracia.
A pocas cuadras del estadio, en la colonia
Miraflores, el candidato de la Alianza de Oposición a la Dictadura, Salvador
Nasralla, hombre de televisión, autoproclamado ganador y a quien al menos la
mitad de este país considera víctima de un fraude, encabezaba una de las
protestas contra la toma de posesión. Los militares lo obligaron a retroceder:
aventaron también latitas de Pennsylvania hacia donde él se encontraba, justo
bajo un puente vehicular.
Nasralla trotó, intentando mantener la
dignidad mientras se asfixiaba. Hay un video que él mismo tomó, convencido de
que la revolución será en Facebook Live. No detuvo nunca la grabación. Se miran
las latitas, la nube de humo, el pánico de quienes le acompañan, su carrera
hacia atrás. Nasralla boquea y tose. Saca la lengua. Mira a la cámara del
teléfono que sostiene con su mano izquierda, asegurándose de que está en el
campo visual. Es quien documenta y también el sujeto documentado. Alguien, en
la corrida, le entrega una boquilla. Camina, deja caer el brazo y con él la
cámara pierde su objetivo. Apenas capta sus piernas meciéndose, al ritmo de su
brazo. El candidato se retira gaseado, con los ojos rojos, la garganta seca,
agredido directamente por los soldados que pretendió mandar, pero acuerpado,
auxiliado por sus seguidores. Fin del video, pero no de la jornada.
Mientras,
en el estadio
Adentro del estadio, acuerpado por los soldados
y en cadena nacional de radio y televisión, el presidente Hernández jura, con
la mano sobre una biblia, que todos los días de su segundo periodo pedirá a
Dios que lo ilumine para guiar a este, unos de los países más pobres del
continente. Promete educación, salud y trabajo. Junto a él, sonriente, el
hombre que le colocó la banda presidencial: el presidente del Congreso y
dirigente de su propio Partido Nacional, Mauricio Oliva, investigado por la
Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH),
sospechoso de formar parte de la red de enriquecimiento ilícito de diputados
que se apropiaron de fondos destinados para obras sociales.
El jefe de la MACCIH, el peruano Juan
Jiménez Mayor, no asistió a la toma de posesión en protesta por el descaro de
los congresistas afines al presidente que, una semana antes, pretendieron a
escondidas decretar una ley que prohíbe a ese organismo creado bajo el manto de
la Organización de Estados Americanos (OEA) y a la Fiscalía investigar a funcionarios
públicos. El Congreso se retractó solo después del reclamo de la Embajada de
Estados Unidos.
No hubo mandatarios que asistieran a la
ceremonia, salvo el propio Juan Orlando Hernández. Hace mucho tiempo que no se
veía en Centroamérica una juramentación presidencial a la que no asistiera
ningún jefe de Estado del istmo. Cancillería de El Salvador dijo que la
presidencia hondureña solo invitó al cuerpo diplomático acreditado en
Tegucigalpa. Pero la mayoría de las misiones diplomáticas ni siquiera fueron representadas
por los embajadores, sino por secretarios o encargados de negocios. Lo mismo la
Embajada de Estados Unidos, pero vale aclarar que su encargada de negocios,
Heidi Fulton, es desde hace meses la máxima representante en Honduras, pero que
es más influyente que todos los embajadores juntos.
“Lo que viene sorprenderá a propios y
extraños”, prometía el presidente en su discurso de posesión, después de
quitarse y volverse a poner la banda presidencial. El estadio, rellenado por
simpatizantes de su partido, políticos, empresarios y los representantes del
cuerpo diplomático, era ajeno a la batalla campal que ocurría en el resto de la
ciudad. Apenas lograban ver el sobrevuelo de los helicópteros militares que
desde el cielo daban instrucciones a la infantería para interceptar a los
manifestantes.
Afuera, cuando los gases y las detenciones
dispersaron a los manifestantes menos agresivos –adultos y niños–, grupos de
jóvenes encapuchados, armados con piedras y palos y con toda la disposición de
expresar su descontento aún a costa de enfrentamientos con la autoridad,
tomaron el relevo y marcharon por diversos puntos de la ciudad gritando “¡Fuera
JOH!”, el canto de la oposición desde los ya lejanos tiempos de campaña. A la
guía de los helicópteros respondieron con motociclistas que inspeccionaban el
terreno, un kilómetro adelante del núcleo de la marcha. Pero los policías
venían atrás.
Intercambiaron gases por piedras, se
convirtieron en protagonistas de una ciudad con las calles vacías que policías,
taxistas, periodistas, manifestantes, obreros y cuerpos de socorro han
aprendido a leer: el humo negro es quema de llantas. El blanco son gases
lacrimógenos. Dos días antes, escuché en la radio a un hombre decir: “Yo no sé
qué le han echado a este gas, que está más fuerte”.
Así lleva Honduras dos meses. Todos los
días. Desde que los hondureños fueron a las urnas a elegir presidente y los dos
principales candidatos –Nasralla y Hernández– se proclamaron vencedores. Uno,
Nasralla, porque llevaba una considerable ventaja con el recuento de casi el 70
% de los votos, justo cuando se cayó el sistema informático. Otro, Juan Orlando
Hernández, porque cuando volvió el sistema él ya había remontado. El proceso fue tan irregular que hasta la
OEA –¡la OEA!– dijo que no podía avalar ningún resultado y recomendó que las
elecciones se repitieran. Pero el Tribunal Supremo Electoral, controlado
por Hernández, lo declaró ganador. Nasralla gritó fraude y decenas de miles de
hondureños salieron a las calles a gritar lo mismo.
Desde entonces, casi cuarenta personas han
sido asesinadas y los organismos de derechos humanos denuncian detenciones
arbitrarias y operaciones dirigidas para acosar, capturar o golpear a sus
dirigentes; los periodistas nacionales e internacionales son acosados,
amenazados, detenidos o interrogados por policías y militares. El país
atraviesa una profunda crisis política generada por la reelección. Si el
segundo mandato de Hernández continúa como inicia, no podrá gobernar.
Esta crisis política marcará la historia
de Honduras como la marcó el golpe de Estado de 2009. Y mucho tienen en común:
las ambiciones de poder de dos presidentes; la determinación de la Fuerza
Armada para reprimir a quienes protestan; la intervención estadounidense para
determinar el estado de las cosas; y la infructuosa, inútil oposición de la OEA
a estas consecuencias: entonces un golpe de Estado, ahora un fraude electoral.
En Honduras, democracia es el nombre que reciben cosas que en otros lados se
conocen de otra forma: impunidad, corrupción, contubernio, violencia,
narcotráfico…
pobreza.
A la ceremonia en el estadio sólo se podía
asistir con invitación. Miles llegaron en buses contratados por los
organizadores, con un boleto que les daba derecho a un almuerzo. Salieron del
estadio antes que el presidente, a hacer cola junto a los camiones de comida,
para que les dieran la bolsita con el almuerzo donde les correspondía: los de
Olancho, El Paraíso y Danlí en este camión. Después, volvieron a sus pueblos
distantes, a seguir siendo pobres.
Por la tarde, las estrechas calles del
centro de Tegucigalpa se convirtieron en ratoneras. Las fuerzas de seguridad
cazaron a su antojo. Se escucharon otra vez las sirenas, los gritos, los
disparos. Se elevaron nuevas cortinas de humo. Humo blanco de Pennsylvania.
Uniformados capturaron a jóvenes y los sometieron a macanazos.
El reinstalado presidente Hernández no
perdió tiempo para demostrar sus intenciones: si en los últimos meses ha sido
desafiado por la calle, hoy la calle pagó. Cantaron durante meses la canción
que exige su salida, llamada “JOH, es pa’fuera que vas”, la más popular del
país. Pero JOH no se fue. Se quitó la banda presidencial sólo para volvérsela a
poner. Puede que hoy no tenga ni legitimidad política ni social. Puede que no
tenga gobernabilidad. Pero tiene el poder.
Al caer la noche, se escucharon nuevos
estruendos provenientes del cerro Juana Laínez. Desde las inmediaciones de la
bandera se elevaron hermosos fuegos artificiales que iluminaron el cielo de
Tegucigalpa durante varios minutos. Alguien gastó mucho dinero para celebrar la
renovación de la democracia. Se llegó el 27 de enero. JOH se quiere quedar
cuatro años más.
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Anatomía ideológica de Disney
Fernando Buen Abad Domínguez*
Hace rato que Disney se consolidó como una
de nuestras más grandes derrotas ideológicas en la política, la ética y la
estética. Como con otras muchas mercancías hiperventiladas publicitariamente,
un público masivo y mundial decidió sepultar toda razón crítica frente al
discurso Disney y le cedió territorios nodales haciéndolo carne de sus
ilusiones y de sus afectos. Los hijos como primeras víctimas.
Hasta los más recalcitrantes
socialdemócratas visten a sus niñas de princesitas. Y hay que oír las, no poco
irresponsables, justificaciones.
Hoy el imperio Disney ha dado pasos
enormes en su aventura monopolizadora del reino mediático global. Anuncia la
prensa monopólica, también, (como si fuese un logro moral) la compra que Disney
hace de un porcentaje de acciones a la empresa Fox: La compra por parte de
Disney de la división de entretenimiento de Fox por 52 mil 400 millones de
dólares vaticina un sacudón en el mundo del consumo digital y audiovisual. Pero
no todo es dinero para estos hombres de negocios. Ya lo decían Ariel Dorfman y
Armand Mattelart (1972) históricos analistas de Disney.
En el epicentro del problema que esto
implica para la humanidad, no sólo está el protagonismo descontrolado del
imperio económico anglosajón-israelí sobre los medios de comunicación y cultura
planetarios; no sólo está el peligro de la uniformación de los gustos y de los
consumos; no sólo está la cancelación de la diversidad y de la libertad de expresión
de los pueblos… está el colonialismo de la mentalidad belicista empeñado en
convencernos de aceptar la industria de las guerras como un hecho natural y
darwiniano ante cual sólo nos queda resignarnos, consumir y aplaudirles.
Y para que lo aceptemos mansamente, es
decir consumidoramente, ellos cuentan con sus noticieros, sus películas, sus
series televisivas, sus héroes, sus dibujos animados y sus valores mercantiles
farandulizados. Y también cuentan con las fiestas, los disfraces, la música,
las canciones y la navidad. Han infiltrado la propaganda sus bastiones
ideológicos con personajes emblemáticos hasta en las cunas de los bebés.
Dominación amplísima de los territorios
simbólicos. “Esta adquisición que antes habría sido impensable promete
transformar Hollywood y Silicon Valley. Es el contrataque más grande de una
compañía de medios tradicional en contra de los gigantes tecnológicos que se
han metido de forma agresiva en el negocio del entretenimiento, señaló en un
análisis el diario The New York Times…Ahora Disney tiene suficiente músculo
para convertirse en un verdadero competidor de Netflix, Apple, Amazon, Google y
Facebook en el mundo de acelerado crecimiento del video en línea.”[1]
El papel de Disney en la historia del
belicismo mundial no es nuevo ni es ingenuo. Jugó el rol de una agencia de
propaganda que fue capaz de seducir a chicos y grandes con los néctares de una
cursilería facilona, un razonamiento mercantilista linealizado al máximo y una
moral maniquea que se adueñó del reino del bien mientras se adueñaba de los
avances tecnológicos y comunicacionales de su tiempo.
“En cuanto a Disney, su participación de
este proyecto durante la guerra se tradujo en ganancias económicas y obviamente
en una consolidación empresarial, pero sobre todo en algo del todo impagable:
en la asociación de la marca Disney (y de Mickey Mouse por extensión) al
espíritu estadunidense de libertad dentro del imaginario colectivo de la
población de la época, pero que de hecho, llega hasta nuestros días.”[2]
En su base ideológica Disney contiene
todos los ingredientes nazi-fascistas que se han modernizado en el curso de los
años recientes. Se hacen evidentes no sólo en sus discursos explícitos sino en
el alma misma de sus modelos organizacionales como empresas monopólicas
trasnacionales. La gran emboscada radica en deslizar como inocentes las manías
burguesas más insoportables. Desde el Tío Rico hasta la más infernal andanada
de procacidades mercantiles y estereotipos conductuales que se despliegan
contra niños, adolescentes y adultos bajo el manto sagrado de Disney. Y
entonces se le perdona todo, incluso que sea uno de los aparatos de
concentración mediática más grandes y más peligrosos del planeta. ¿Cómo puede
ser tan maligno un consorcio que fabrica y vende personajes tan angelicales y tiernos?
Se preguntarán algunos.
Una de las armas de guerra ideológica más
poderosas actualmente es la industria mediática. El 96 por ciento de los medios
de comunicación del mundo están bajo el control de seis compañías. Bajo la
dirección de Robert A. Iger, empresario estadunidense de origen judío, director
de Disney desde el año 2000 ha radicado en su habilidad comercial y estratégica
en un mundo en el que las guerras son un gran negocio, en leer los contextos
para insertar sus productos, valores, ideologías y sensaciones de seguridad y
bienestar tan necesarias para que la burguesía invierta tranquilamente sus
ahorros en destruir o reprimir a la competencia comercial o a sus enemigos de
clase. Para eso sirve el potencial propagandístico inmenso capaz de operar
lavados de cerebro masivos utilizando todo tipo de inventos de guerra
sicológica.
La lista de los dueños de semejante
armamento ideológico es: Sumner Redstone (Murray Rothstein, Viacom, MTV),
Robert Iger (Disney), Roger Ailes (Fox), Stanley Gold (Shamrock ABC/Disney),
Barry Meyer (Warner Bross), Michael Eisner (Disney), Edward Adler (Time
Warner), Danny Goldberg-David Geffen (Dreamworks, Elektra /Asylum Records),
Jeffrey Katzenberg (Dreamworks, Disney), Jean-Bernard Levy (Vivendi, Francia),
Joe Roth, Steven Spielberg, Ron Meyer, Mark Zuckerberg (Facebook), Mortimer
Zuckerman, Leslie Moonves (CBS).
Pero hacer retratos del poder colonizador
es apenas una parte muy básica. Hace falta delinear el qué hacer. Tomar
recaudos y disponerse a crear las fuentes culturales y comunicacionales
transformadoras sin imitar los formatos hegemónicos, sin rendir pleitesía a sus
modos alienantes, si repetir sus vicios. Hace falta claridad política y
decisión organizada, hace falta que las luchas todas pongan en sus agendas la
batalla de las ideas y la batalla comunicacional en un escenario de disputa
simbólica en el que nos va la identidad, nos va la palabra, nos va la vida.
Nada menos.
[2] Raquel Crisóstomo Gálvez: https://www.academia.edu/1778128/
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