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Las consecuencias del fracaso del referéndum de Erdogan

Nazanin Armanian
www.publico.es / 290417

No se podía esperar otro resultado que el “Sí” en el referéndum del día 16 de abril convocado por Tayyeb Erdogan. Ha conseguido poner fin a la separación de poderes, y ostentar el derecho de declarar el estado de emergencia y a formar su gabinete sin la aprobación del parlamento, entre otros, sin que tuviera garantía de poder ejercerlo.

A pesar de utilizar a todos los medios estatales a su alcance, a todos los medios de comunicación y de reclutamiento (incluidos miles de mezquitas), la detención de cerca de 110.000 críticos y opositores utilizando el pretexto del fallido golpe de estado del julio del 2015, el cierre de un centenar de publicaciones, la censura,  el chantaje, y el fraude electoral y acusar a sus críticos de “agentes de gobiernos extranjeros”, terroristas y golpistas, el “Sí” obtuvo sólo el 51.25. Ni siquiera el envío de sus ministros a aquellos países europeos con presencia de inmigrantes turcos (que pertenecen a diferentes clases sociales, etnias y religiones) dio el resultado deseado. En Suecia y el Reino Unido ganó el “No” por el peso de los kurdos y alevíes, mientras en Alemania y Austria, donde están sufriendo los mayores ataques xenófobos, la visita de sus políticos les dio la confianza necesaria para sentirse protegidos (entre otros motivos) y ganó el  “Sí”.  

El régimen de la derecha fundamentalista del Partido de la Justicia y el Desarrollo no pudo salvar a Erdogan, ni aliándose con la extrema derecha chovinista de Acción Nacionalista: lo único que consiguió con ello fue ahuyentar a los votantes kurdos del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). Esta derrota tapada por una victoria nominal pírrica, se refleja en los siguientes datos:
+ Algunos juristas turcos afirman que la propia Constitución turca prohíbe el cambio del sistema político, por lo que el referéndum sería nulo.

+ El Partido Democrático de los Pueblos denuncia la manipulación de al menos el 4% de los votos: bajo la sospecha de que  en algunos colegios hubo más votos que votantes, y en otros, además de sobres ilegales, sólo había el sello “Sí” para estampar las papeletas.

+ El “No” ganó en unas 30 ciudades como Estambul, Ankara, Esmirna o Adana que desde hacía años apoyaban a AKP.

+ Cerca de 8,6 millones del electorado no participó en el referéndum, lo que de alguna manera supone un “No”, por lo que el peso del frente opositor ha sido mayor que el del “Sí”.

+ Que Erdogan haya perdido el gran apoyo que recibió el día después del intento del golpe militar del julio del 2016 muestra que el plan de los golpistas al regalarle una soga para ahorcarse solo, ha funcionado: el presidente megalómano está dispuesto a asumir cualquier riesgo con tal de llevar adelante su proyecto político, que se parece bastante a Welayat-e Faghih (Tutela del jurista islamista) que gobierna Irán desde 1979, y concentra todos los poderes del estado en manos de una misma figura, con facultad de suspender todos los órganos electos, en nombre de Dios.

Un sector de la dirección del Partido Republicano del Pueblo se rebeló contra el “Sí” oficial del partido, reclutando a la mayoría de sus militantes para desmontar el intento de Erdogan. Pudo dirigir a los sectores dispares de la sociedad turca –sobre todo a la derecha Gülenistas, la izquierda turca y kurda, y la minoría religiosa aleví-, para salvar lo que aún queda de la democracia secular, advirtiéndoles de la tragedia que supondría un totalitarismo teocrático.
Las consecuencias del Referéndum

Las artimañas del dictador turco, el uso del discurso “anti imperialista”, la oposición a la injerencia extranjera (no confiesa que contó con el apoyo de G. Bush para socavar el secularismo en Turquía), sus políticas de profundizar y extender la islamización en todas las esferas sociales –que ha incluido el ataque a la teoría darwinista de la evolución de las especies, promover la pedofilia legal de las niñas (que tiene una relación directa con la teoría creacionista) y perdonar a los violadores-, ni siquiera “cuidar” a sus leales con el dinero público, desde el sistema patrimonialista que ha creado, le garantiza la permanencia en el poder, que cada vez es más frágil. El neoliberalismo religioso, se apoya en el creciente número del lumpenproletariado (de ellos salen las milicias “yihadistas” o los matones fanáticos)-.

También en Turquía ha atacado a la a clase obrera y a la clase media, destrozando la estructura y las conquistas sociales de los trabajadores. La amenaza de recuperar la pena de muerte es sólo una muestra de este asalto del oscurantismo medieval.

Una diferencia del 1,5%  sólo le permite al sultán turco cambiar la Constitución, que no el sistema político turco, ni podrá enfrentarse a un importante sector de la élite militar, económica, política, y de medios de comunicación. Por otro lado, el hecho de que la reforma constitucional no prevea una identidad multiétnica para satisfacer las demandas de los kurdos, va a incitar a (algunas facciones del) PKK a recuperar el objetivo de la independencia.

Desde el 2015, la aviación turca ha matado a unos 3000 kurdos forzando la huida de otros 500.000 de sus hogares. Su última incursión “anti-kurda” tuvo lugar el 25 de abril al bombardear las posiciones del PKK en la montaña iraquí de Sinjar en el norte de Siria, matando a unos 70 kurdos. Fue una advertencia a EEUU y Rusia que están negociando la creación de una autonomía para este pueblo en Siria. Washington, que no pudo deshacerse de Erdogan, sigue presionándole para someterlo a sus demandas: establecer el sistema federal, volver a las conversaciones de paz con los kurdos, dejar de bombardear a Siria y alejarse de Rusia. La reciente detención en Washington del vicepresidente del banco de comercio turco Turkiye Halk Bankasi en Washington por blanquear cientos de millones de dólares, saltando las sanciones contra Irán, ha sido un duro golpe a Ankara.

Sin duda, la principal víctima del referéndum ha sido el secularismo (aunque sin su necesaria “ilustración”) que había posibilitado una convivencia pacífica entre diferentes sectores sociales. Los pueblos de Oriente Próximo conocen bien el sentimiento de frustración generado por la pérdida de las conquistas de un siglo de lucha por reducir el poder de las instituciones religiosas y limitar los intereses macabros de la aristocracia y la burguesía subdesarrollada.  



Trinidad, familia y pueblos originarios

Felipe Arizmendi Esquivel
www.amerindiaenlared.org

VER

Nos hemos reunido en Quito, Ecuador, los integrantes el equipo asesor del CELAM sobre un asunto fronterizo, la teología india, para preparar[C1]  el VI Simposio, que versará sobre el misterio de la Santísima Trinidad y su vivencia en los pueblos indígenas. Este evento, programado por el mismo CELAM en su plan de trabajo, se llevará a cabo en Asunción, Paraguay, en septiembre próximo.

Su objetivo general será proseguir el camino de profundización de los contenidos doctrinales de la Teología India, para avanzar en su clarificación a la luz de la Palabra de Dios y del Magisterio de la Iglesia[C2] .

Son cuatro sus objetivos específicos:

1] Profundizar en la fe católica sobre el misterio de la Trinidad en sus diversas expresiones a través de los tiempos y las culturas[C3] .
2] Conocer, compartir y dialogar sobre el modo cómo viven los pueblos originarios el misterio de la Trinidad y la familia[C4] .
3] Ofrecer elementos teológicos para acompañar pastoralmente a las familias originarias en los procesos de cambio que están viviendo[C5] .
4] Celebrar la fe trinitaria con expresiones propias de las familias originarias.

Nos importa mucho el tema de la familia, por todos los cambios culturales que está experimentando, aún en los lugares más apartados de las montañas y las selvas, convencidos de que tenemos una gran riqueza en la Revelación, que les ofrecemos, para ayudar a salvar la familia[C6] .

En los Simposios anteriores se han abordado temas muy importantes: El primero fue en Bogotá, en 1997, para empezar a desbrozar los prolegómenos. El segundo fue en Cochabamba, en 2002, para profundizar algunos contenidos introductorios. El tercero fue en Guatemala, en 2006, sobre Cristo en los pueblos indígenas. El cuarto fue en Lima, Perú, en 2011, sobre la teología de la creación en la fe católica y en los mitos, ritos y símbolos de los pueblos originarios cristianos en América Latina. El quinto fue en San Cristóbal de Las Casas, en 2014, sobre la Revelación de Dios y los pueblos originarios.

Todos ellos se han hecho de común acuerdo y con participación de la Congregación para la Doctrina de la fe, pues desde que era su Prefecto el Cardenal Joseph Ratzinger, nos insistió en la importancia de realizar estos diálogos en comunión eclesial, participando los obispos designados por las Conferencias Episcopales para los temas indígenas, junto con teólogos que están elaborando y viviendo esta teología en los pueblos originarios.

Se ha avanzado bastante, en un clima de discusión y apertura eclesial. Queremos mantenernos fieles y firmes en nuestra fe católica, pero con el corazón y la mente cercanos a las experiencias religiosas de los indígenas, en los cuales también actúa el Espíritu de Dios[C7] .

PENSAR

El Papa Francisco ha dicho: “Bien entendida, la diversidad cultural no amenaza la unidad de la Iglesia. El mismo Espíritu Santo es la armonía, así como es el vínculo de amor entre el Padre y el Hijo. Él es quien suscita una múltiple y diversa riqueza de dones y al mismo tiempo construye una unidad que nunca es uniformidad sino multiforme armonía que atrae. La evangelización reconoce gozosamente estas múltiples riquezas que el Espíritu engendra en la Iglesia. No haría justicia a la lógica de la encarnación pensar en un cristianismo monocultural y monocorde.

Por ello, en la evangelización de nuevas culturas o de culturas que no han acogido la predicación cristiana, no es indispensable imponer una determinada forma cultural, por más bella y antigua que sea, junto con la propuesta del Evangelio. El mensaje que anunciamos siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces en la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la propia cultura, con lo cual podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador” (EG 117).

“La teología, en diálogo con otras ciencias y experiencias humanas, tiene gran importancia para pensar cómo hacer llegar la propuesta del Evangelio a la diversidad de contextos culturales y de destinatarios. La Iglesia, empeñada en la evangelización, aprecia y alienta el carisma de los teólogos y su esfuerzo por la investigación teológica, que promueve el diálogo con el mundo de las culturas y de las ciencias. Convoco a los teólogos a cumplir este servicio como parte de la misión salvífica de la Iglesia. Pero es necesario que, para tal propósito, lleven en el corazón la finalidad evangelizadora de la Iglesia y también de la teología, y no se contenten con una teología de escritorio” (EG 133).

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos” (No. 66).




ACTUAR

El Espíritu de Dios, a través de los tiempos y las culturas, se expresa de diversas formas. Escuchémoslo en las vivencias religiosas de los pueblos indígenas, y ofrezcámosles siempre la plenitud de la Revelación que Jesucristo nos ha traído[C8] .


 [C1]¿En qué sentido fronterizo?
 [C2]O sea: nosotros tenemos la Verdad y vamos a clarificar la teología de los pueblos originarios. ¿No suena a etnocentrismo?
 [C3]¿Por qué no se plantea la cuestión al revés: Cómo es la expresión religiosa de los pueblos originarios y qué nos dice ella de lo que los católicos llamamos Trinidad?
 [C4]Mejor plantear lo que los pueblos originarios entienden por familia, cómo la viven, cómo la desarrollan y luego dialogar sobre lo que dice la iglesia católica.
 [C5]Mejor buscar elementos dentro de las mismas culturas originarias para enfrentar los procesos de cambio. Luego ver qué puede ofrecer la iglesia católica.
 [C6]¿Por qué insistir tanto en que nosotros (iglesia católica) les ofrecemos a ellos (los pueblos originarios)? ¿Acaso no nos pueden “ellos” ofrecer algo a “nosotros”? ¿Por qué plantearlo ellos-nosotros? ¿Y qué es de los católicos de los pueblos originarios?
 [C7]Y se muestra la encarnación y la resurrección de Jesucristo, ¿o no?
 [C8]¿No han dicho que “la lógica de la encarnación” va más allá de nuestra Verdad? ¿Creemos o no que Jesucristo se ha encarnado y resucitado en esas culturas?

¿Un pirómano puede ser bombero?

Guillermo Almeyra

Emmanuel Macron será probablemente el próximo presidente francés si el 7 de mayo logra reunir detrás de su candidatura la mayoría de los votos que apoyaron al socialdemócrata de izquierda Benôit Hamon y los de la derecha republicana (sobre todo, ex gollistas) que fueron a François Fillon. El electorado en esa segunda vuelta deberá elegir entre la derecha, del gran capital internacional y francés y la extrema derecha y las encuestas dan a Macron 62 por ciento y a Marine Le Pen, 38.

Macron, ex banquero en el banco Rothschild, ex ministro de Hollande (y candidato de éste y de Obama) contará con buena parte del 6.3 por ciento que sufragó el socialista Hamon y, además, con los votantes que le pueda dar el Partido Comunista (que el 23 votó de mala gana por Mélenchon). A esos sufragios se sumará la mayoría de los electores derechistas que se encontrarán muy cómodos con este liberalsocialista y representante de la cámara de los empresarios que, siguiendo los pasos de Renzi y de los ex comunistas italianos, pretende crear un partido como el Demócrata estadunidense que pueda reunir en su seno tanto a izquierdistas descafeinados como a ultraderechistas bien vestidos.

Marine Le Pen, que entre los obreros obtuvo 36 por ciento, aumentará sus votos con algunos que votaron por el derechista François Fillon y con su campaña antifinanciera y antioligárquica que quiere presentar como anticapitalista. Aunque la extrema derecha lepenista –que contaba con la simpatía de Trump– consiguió 7 millones 700 mil votos, superando en casi un millón su elección anterior, no salió primera como esperaba ni consiguió la cantidad de votos que hace un mes le daban las encuestas porque Jean-Luc Mélenchon, el candidato del movimiento Francia Insumisa, creció rápidamente desde 11 a 19.5 por ciento ganando electores no sólo de los socialistas sino también entre los trabajadores que votan Le Pen por protesta. Una prueba: en Marsella, que era un bastión lepenista, Mélenchon le ganó a Marine Le Pen y fue el más votado.

Macron de ninguna manera es una defensa contra Le Pen. Por el contrario, su política neoliberal alimenta y refuerza el campo de aquélla. Es un pirómano y no puede ser bombero. Es un resultado puro del marketing político. Inventó en un par de meses un partido supermercado con lo mejor de la izquierda y lo mejor de la derecha y amontona ofertas contradictorias. Con el apoyo tácito de Hollande se llevó la derecha del Partido Socialista y ganó igualmente viejos políticos gollistas. La bolsa dio un salto al conocer su victoria y dejar de temer (por el momento) la de Mélenchon.

Este ex trotskista que tras girar a la derecha y ser ministro en el gabinete socialdemócrata de otro ex trotskista, Lionel Jospin, giró ahora hacia la izquierda y se radicalizó incluso con relación a su candidatura anterior aunque sigue manteniendo el patrioterismo francés –con banderas tricolores y Marsellesa incluidas– y una visión institucional de la política y se inspira desgraciadamente en las tesis sobre el populismo del argentino Ernesto Laclau y de su esposa, Chantal Mouffe, que desconocen teóricamente las clases y, por consiguiente, diluyen todo en el pueblo.

Mélenchon, favorecido por el odio y el temor al neofascismo, ganó votos sobre todo al socialdemócrata de izquierda Benôit Hamon, que fue abandonado a su suerte y traicionado por su partido pero también le quitó votos a la candidatura de Philippe Poutou, del Nuevo Partido Anticapitalista, porque Mélenchon tenía más posibilidades de ganarle a Marine Le Pen. Ahora no llama a votar a Macron sino, como Poutou, a combatir al Frente Nacional. Es pues posible constituir un frente entre la extrema izquierda y Mélenchon para las próximas batallas, que no serán meramente electorales.

Francia entra políticamente transformada en una nueva etapa muy difícil de su historia. Los socialistas y los socialdemócratas que pensaban reformar gradualmente al capitalismo pero dependían del movimiento obrero están en extinción, tal como sucedió con el Partido Socialista y el Partido Comunista italianos, con el PASOK griego, con los comunistas y el PSOE en España y en otras partes del mundo. Los clásicos partidos conservadores y derechistas, católicos o laicos con clientela en la clase media de una Francia, durante mucho tiempo rural, también están en agonía.

El Partido Socialista difícilmente sobrevivirá a su voto por Macron, el hombre de la gran finanza y al igual que el Partido Comunista y los republicanos está herido de muerte. En un mundo dominado por el capital financiero y que vive grandes cambios tecnológicos que modifican el panorama industrial, las ciudades y el territorio surgen nuevas expresiones políticas de la protesta y vuelven a aflorar las formas racistas, xenófobas, reaccionarias de esa misma protesta.

Francia entra en un duro periodo de lucha de clases con un movimiento obrero debilitado pero no derrotado y con el grueso de la izquierda política dirigido por un ex socialdemócrata cegado por Laclau, que dio por despachado al movimiento obrero, o sea al que, en los próximos meses, le tocará salvar la democracia y el futuro de Francia.

Estos movimientos nuevos, como Francia Insumisa, Podemos, Syriza o el italiano M5Estrellas, son oscilantes y pasan rápidamente de una posición a otra, pero son un elemento antiestablishment ineludible en la lucha por la recomposición de una fuerza social y política anticapitalista en Europa. Todos ellos y sus líderes provienen de los viejos partidos de izquierda tradicionales, socialistas, socialdemócratas, comunistas pero no han hecho aún un balance de su pasado.


Lejos de representar una influencia del llamado populismo latinoamericano en Europa, como algunos creen, expresan sin embargo, como éste, los efectos de la mundialización y de la dominación del capital financiero sobre vastas capas empobrecidas, proletarizadas, radicalizadas, de las clases medias urbanas.

El Imperio contra Jesús de Nazaret

Juan José Tamayo
www.atrio.org/140417

El 9 de abril de 2004 publiqué en el diario EL PAÍS el artículo “El Imperio contra Jesús de Nazaret”. Treces años después, creo que conserva toda su vigencia tanto en el análisis exegético de los textos de la pasión, apoyado en prestigiosos especialistas, como en la interpretación políticamente liberadora y religiosamente subversiva de dicho acontecimiento, en el horizonte de la teología de la liberación. Por eso he querido recuperarlo y ofrecerlo como reflexión para estos días de Semana Santa. JJT.

Las dramáticas imágenes de la pasión de Cristo han estado grabadas en el imaginario social de varias generaciones de cristianas y cristianos que éramos arrastrados a las “misiones populares”, a las procesiones de Semana Santa, a los vía crucis, y nos vimos sometidos a una educación en el sacrificio que exigía reproducir en la propia carne los padecimientos de Jesús. Y todo ello teñido de un antisemitismo muy presente en la conciencia colectiva, que la misma religión oficial ayudaba a fomentar. Tal era el caso de los “oficios” del Viernes Santo, en los que se pedía “por los pérfidos judíos”, a quienes se hacía responsables de la muerte de Cristo, definida como un deicidio. Todo esto configuraba un cristianismo sacrificial sadomasoquista.

Cuando esas imágenes empezaban a diluirse y entrábamos en un proceso de serena aproximación histórico-crítica a los relatos evangélicos de la pasión, apareció la película de Mel Gibson para revivirlas en toda su crudeza y retornar a épocas pasadas. El realizador cinematográfico australiano confesaba que su decisión de rodar la película “fue como una especie de mandato divino” y respondía a la necesidad de “unir el sacrificio de la cruz con el del altar”. Ambas observaciones revelan el nivel providencialista e iluminado en que se sitúa Mel Gibson y los consiguientes prejuicios con que aborda cuestiones tan complejas y espinosas como el proceso de Jesús y la responsabilidad de los judíos en su muerte.

La película fue elogiada por las autoridades del Vaticano y pronto entró a formar parte de la videoteca personal de Juan Pablo II, quien, según algunos testimonios, tras ver la película declaró: “Así fueron las cosas”. La Iglesia Católica, la Iglesia Protestante y la Comunidad Judía de Alemania, empero, denunciaron la violencia que rezuma el film y la nueva ola de antisemitismo que podía despertar en Europa. Todo ello pretendía fundamentarlo Gibson en las visiones de la monja alemana Anne C. Emmerich y en los textos evangélicos, que ciertamente lee con mirada antijudía, de manera descontextualizada y sin recurrir a la mediación hermenéutica. ¿Todo sucedió en realidad como muestra la película? ¿”Así fueron las cosas”?

Mis reflexiones quieren ser una aproximación a los sucesos de los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret a través de una lectura crítica de los textos evangélicos.

Empecemos por decir que en la reconstrucción histórica de la muerte de Jesús nos topamos con una dificultad no pequeña: la peculiaridad de los relatos de la pasión, donde no es fácil separar la historia de la interpretación, la biografía de la teología. Creo que a los estudios y filmes sobre la pasión de Cristo, y muy especialmente al de Gibson, se les puede aplicar lo que el profesor de Estudios Bíblicos estadounidense John Dominic Crossan dice de las investigaciones en torno al Jesús histórico: que son un campo abonado para hacer teología y llamarlo historia, o para hacer autobiografía y llamarla biografía (Jesús: vida de un campesino judío, Crítica, Madrid, 1994).

Lo que sí parece fuera de toda duda es que en la detención, el proceso y la ulterior ejecución de Jesús de Nazaret jugó un papel fundamental la espectacular protesta, o mejor, la provocación de Jesús en el Templo de Jerusalén, al arrojar al suelo las mesas de los comerciantes y dispersarlos a latigazos. Se trata de un hecho cuya historicidad no suele cuestionarse. Como asevera el investigador judío Geza Vermes, Jesús hizo lo que no debía, causar una conmoción, en el lugar donde no debía hacerlo, el Templo, y en el momento más inadecuado, inmediatamente antes de la Pascua (Jesús, el judío. Los Evangelios leídos por un historiador, Muchnik Editores, Barcelona, 1973).

El Templo era el lugar sagrado por excelencia y un motivo de orgullo para los judíos. Constituía la principal fuente de ingresos de Jerusalén y la principal atracción turística. La actividad mercantil desarrollada en él era necesaria para que los peregrinos pudieran cambiar la moneda y pagar así el impuesto al Templo. Asimismo, gracias al mercado, los peregrinos podían comprar allí los animales para los sacrificios, sin tener que soportar las molestias que suponía el tener que traerlos de sus propias casas.

¿Qué sentido tenía la acción de Jesús en el Templo? No parece que su intención fuera la de purificarlo. Se trataba de una acción simbólica con la que quería mostrar el final de la religión centrada en los sacrificios (“misericordia quiero, no sacrificios”), así como la protesta contra su significado económico extorsionador. Jesús declara derogado el culto sacrificial e innecesarias las actividades comerciales y fiscales que se desarrollaban en el Templo. Al perder éste sus funciones litúrgico-sacrificiales, comerciales y fiscales, ya no tenía razón de ser. La acción provocativa de Jesús se dirige primero y prioritariamente contra los jerarcas del Templo, verdaderos responsables del establecimiento del mercado allí. No pocos especialistas coinciden en que la provocación de Jesús en el Templo es el eslabón perdido entre el conflicto provocado en Galilea, de donde era oriundo Jesús, y los acontecimientos finales.

Con esta acción estaba tocando el nervio mismo de la aristocracia sacerdotal saducea, que consideraba el culto del Templo su núcleo fundamental tanto en el aspecto religioso como en el económico. Esa acción fue la gota que colmó el vaso de la ira de los sumos sacerdotes, quienes, junto con los escribas y los ancianos, que pertenecían al partido de los saduceos o estaban aliados con él, ocupan el primer plano en los relatos de la pasión.

El conflicto mortal lo tuvo Jesús no con el judaísmo, sino con las autoridades judías, no con los fariseos, sino con los saduceos, que se consideraban custodios del orden nacional, basado en el Templo y en la Ley. Un orden cuestionado por el profeta de Nazaret, que confirmaba así su actitud de permanente desafío tanto a la jerarquía religiosa como al Imperio, y se convertía en el principal enemigo de ambos. Por eso, había que deshacerse de él lo antes posible.

El pueblo judío nada tuvo que ver en su condena y posterior ejecución. La decisión de ejecutar a Jesús es de la autoridad política, concretamente del gobernador Poncio Pilato, suprema autoridad judicial de la provincia de Judea, quien gozaba de una autoridad ilimitada y poseía amplios poderes judiciales, también el de aplicar la pena de muerte, como reconoce Flavio Josefo. La potestas gladii era de exclusiva responsabilidad del gobernador romano.

Hay, con todo, una tendencia bastante generalizada en los relatos evangélicos de la pasión a cargar sobre los judíos todo el peso de la responsabilidad en la muerte de Jesús y a eximir de toda culpa a Poncio Pilato, que se habría limitado a entregar a Jesús para ser crucificado, pero en contra de su voluntad, y no habría dictado una sentencia formal de muerte.
Algunos de esos relatos presentan al gobernador romano en Judea como una persona insegura, vacilante, que parece no atreverse a tomar decisiones. Pero ese perfil no responde al comportamiento real de Pilato en el ejercicio de su autoridad al servicio del poder ocupante, sino que es fruto de la tendencia antijudía ya presente en algunos relatos de la pasión y radicalizada en la historia del cristianismo. En realidad, Pilato fue un gobernante duro e inmisericorde, inflexible y obstinado, violento y cruel, represivo y depravado, arbitrario e insolente. Así lo atestiguan con todo lujo de detalles Filón de Alejandría y Flavio Josefo.

La responsabilidad de Pilato en la condena a muerte de Jesús es confirmada por el historiador romano Tácito quien, cuando narra la persecución de los cristianos bajo Nerón, dice que el nombre de “cristianos” “procede de Cristo, que, bajo el principado de Tiberio, había sido entregado al suplicio por el procurador Poncio Pilato”. Éste condena a Jesús por motivos políticos, en concreto, por poner en peligro el orden público, por sedicioso.

Es muy posible que el gobernador romano en Judea aprovechara gustoso la posibilidad de calmar con un acto intimidatorio la tensión que reinaba en Jerusalén durante la Pascua. Parece dudoso que las autoridades judías emitiesen contra Jesús una sentencia de condena, pues “el relato que la menciona (Mc 14,14; par Mt 26,66) es una excrecencia de origen cristiano elaborada a partir de una sentencia informal en la residencia de Anás, que no tenía personalmente ningún poder judicial”, afirma Simon Légasse (El proceso de Jesús, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1996). No son pocos los investigadores que niegan cualquier intervención del Sanedrín en el proceso de Jesús o, al menos, consideran improbable una condena oficial a muerte. No parece que dicho tribunal estuviera facultado para dictar sentencias de muerte. Y si lo hubiera estado y la hubiera dictado, el castigo hubiera sido la lapidación.
Otro dato incontestable sobre la responsabilidad de la autoridad romana en la muerte de Jesús es que fue crucificado, y la crucifixión era un suplicio romano, no judío. Parece demostrado que todas las crucifixiones llevadas a cabo en Palestina desde la época de los procuradores hasta la Guerra Judía se produjeron por razones políticas.


¿Y la participación del pueblo pidiendo la amnistía para Barrabás y la ejecución para Jesús? Resulta discutible que fuera costumbre amnistiar a un preso durante la Pascua. Nada dice de dicha práctica Flavio Josefo.En definitiva, la lucha de Jesús de Nazaret no se dirigió contra el judaísmo, sino contra el Imperio, y éste reaccionó condenándolo a muerte por considerarlo enemigo público, como antes había hecho con el profeta Juan Bautista. La condena de Jesús no fue un error judicial como creía Bultmann. ¡Se lo había ganado a pulso por su comportamiento transgresor y su permanente actitud conflictiva frente a las autoridades religiosas y políticas!