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The Best of Paganini







The Best of Niccolò Paganini (27 October 1782 – 27 May 1840)

Paganini was an Italian violinist, violist, guitarist, and composer. He was the most celebrated violin virtuoso of his time, and left his mark as one of the pillars of modern violin technique. His Caprice No. 24 in A minor, Op. 1, is among the best known of his compositions, and has served as an inspiration for many prominent composers.
He was born in Genoa, then capital of the Republic of Genoa, the third of the six children of Antonio and Teresa (née Bocciardo) Paganini. Paganini's father was an unsuccessful trader, but he managed to supplement his income through playing music on the mandolin. At the age of five, Paganini started learning the mandolin from his father, and moved to the violin by the age of seven. His musical talents were quickly recognized, earning him numerous scholarships for violin lessons. The young Paganini studied under various local violinists, including Giovanni Servetto and Giacomo Costa, but his progress quickly outpaced their abilities. Paganini and his father then traveled to Parma to seek further guidance from Alessandro Rolla. But upon listening to Paganini's playing, Rolla immediately referred him to his own teacher, Ferdinando Paer and, later, Paer's own teacher, Gasparo Ghiretti. Though Paganini did not stay long with Paer or Ghiretti, the two had considerable influence on his composition style.
0:00 Violin Concerto No.2 in B minor ('La campanella'), Op. 7, MS 48- Rondo
8:27 Sonata for violin & guitar in D major (Centone di sonate, Letter A-2), MS 112-2- Adagio
12:23 Sonata for violin & guitar in D major (Centone di sonate, Letter A-2), MS 112-2- Rondoncino
16:35 Grand Sonata, for guitar & violin in A major, Op. 35, MS 3- Romanza
20:45 Grand Sonata, for guitar & violin in A major, Op. 35, MS 3- Andantino variato
29:52 Caprice for violin solo in E major (Andante), Op. 1-1- No. 1 in E major
31:46 Caprice for violin solo in A minor (Agitato), Op. 1-5- No. 5 in A minor
34:18 Caprice for violin solo in E major 'The Hunt' Op. 1-9- No. 9 in E major
37:12 Violin Concerto No.2 in B minor ('La campanella'), Op. 7, MS 48- Adagio
44:28 Sonata concertata, for guitar & violin in A major, Op. 61, MS 2- Adagio assai espressivo
48:01 Sonata concertata, for guitar & violin in A major, Op. 61, MS 2- Rondeau- Allegretto con brio scherzando
50:07 Caprice for violin solo in B flat major 'The Devil's Chuckle,' Op. 1-13- No. 13 in B flat major
52:32 Caprice for violin solo in D major (Allegretto), Op. 1-20- No. 20 in D major
56:05 Caprice for violin solo in A minor (Theme & Variations), Op. 1-24- No. 24 in A minor
1:01:02 Cantabile, for violin & piano (or guitar) in D major, (MS 109)
1:05:30 Violin Concerto No.1 in E flat major (usually transposed to D major), Op. 6, MS 21- Rondo- Allegro spirituoso

QUINTO CONGRESO INTERNACIONAL PARA EL MANEJO INTEGRAL DE FINCAS AGROPECU...

Edward the Confessor, King. 13 October 1066

Edward was born in 1003. He was the last Saxon king to rule (for more than a few months) in England. He is called "Edward the Confessor" to distinguish him from another King of England, Edward the Martyr (c962-979), who was assassinated (presumably by someone who wished to place Edward's younger half-brother on the throne), and who came to be regarded, on doubtful grounds, as a martyr for the faith. In Christian biographies, the term "confessor" is often used to denote someone who has born witness to the faith by his life, but who did not die as a martyr. Edward was the son of King Ethelred the Unready. This does not mean that he was unprepared, but rather that he was stubborn and wilful, and would not accept "rede," meaning advice or counsel.

Aethelred was followed by several Danish kings of England, during whose rule young Edward and his mother took refuge in Normandy. But the last Danish king named Edward as his successor, and he was crowned in 1042. Opinions on his success as a king vary. Some historians consider him weak and indecisive, and say that his reign paved the way for the Norman Conquest. Others say that his prudent management gave England more than twenty years of peace and prosperity, with freedom from foreign domination, at a time when powerful neighbors might well have dominated a less adroit ruler. He was diligent in public and private worship, generous to the poor, and accessible to subjects who sought redress of grievances.

While in exile, he had vowed to make a pilgrimage to Rome if his family fortunes mended. However, his council told him that it was not expedient for him to be so long out of the country. Accordingly, he spent his pilgrimage money instead on the relief of the poor and the building of Westminster Abbey, which stands today (rebuilt in the thirteenth century) as one of the great churches of England, burial place of her kings and others deemed worthy of special honor.

He died on 5 January 1066, leaving no offspring; and after his death, the throne was claimed by his wife's brother, Harold the Saxon, and by William, Duke of Normandy. William defeated and slew Harold at the Battle of Hastings (14 October 1066), and thereafter the kings and upper classes of England were Norman-French rather than Anglo-Saxon. Edward is remembered, not on the day of his death, but on the anniversary of the moving ("translation") of his corpse to a new tomb, a date which is also the anniversary of the eve of the Battle of Hastings, the end of Saxon England.

Europa y el negocio infame que alimenta en Libia


El sufrimiento que los migrantes y refugiados están viviendo en Libia debería agitar las conciencias de los líderes electos y de los ciudadanos de Europa.

Cegados por su obtuso objetivo de mantener a estas personas al otro lado de sus fronteras, los gobiernos europeos están ayudando, con su financiación, a detener la salida de embarcaciones desde Libia. Pero esta política también alimenta un sistema abusivo y criminal.

El sistema de detención de migrantes y refugiados en Libia está podrido hasta la médula: no es más que una próspera empresa de secuestro, tortura y extorsión. Y los gobiernos europeos han optado por dejar a estas personas en manos de tal sistema.

Los refugiados y migrantes no pueden ser devueltos a Libia, ni permanecer retenidos en ese país. Médicos Sin Fronteras (MSF), organización de la que soy presidenta internacional, lleva más de un año asistiendo a estas personas en los centros de detención de Trípoli y ha sido testigo directo del régimen de arresto arbitrario, extorsión, abuso físico y privación de servicios básicos que hombres, mujeres y niños sufren en estas instalaciones.

La semana antepasada visité varios centros oficiales de detención y puedo decir que estos son sólo la punta del iceberg. Los migrantes y refugiados son tratados como mera mercancía para ser explotada. Los encierran en habitaciones oscuras, sucias y sin ventilación. Los hacinan unos encima de otros. Algunos hombres nos contaron que los obligan a correr en grupo en el patio, desnudos, hasta caer exhaustos. A las mujeres las violan y después las obligan a llamar a sus familias para que paguen por su liberación. Todas las personas con las que pudimos hablar pedían entre llantos que las sacaran de allí. La desesperación es abrumadora.

El número de personas que parten de las costas libias rumbo a Europa se ha reducido y esto se ha presentado como un éxito en la prevención de la pérdida de vidas en el Mediterráneo y como un duro golpe a las redes de traficantes.

Pero sabiendo lo que ocurre en Libia, hablar de éxito es, en el mejor de los casos, pura hipocresía y, en el peor, una cínica complicidad con los traficantes que tratan a estos seres humanos como mercancía.
Las personas atrapadas en esta bien documentada pesadilla necesitan una salida. Necesitan que se les facilite protección, asilo y procedimientos mejorados de repatriación voluntaria desde Libia. Necesitan huir del peligro mediante vías seguras y legales, pero hasta la fecha sólo unos pocos han podido hacerlo.

Esta terrible violencia debe cesar. Es necesario que se respeten sus derechos humanos, incluido el derecho a recibir comida, agua y atención médica.

A pesar de las declaraciones de los gobiernos sobre la inmediata necesidad de mejorar las condiciones en que se encuentran estas personas, hoy por hoy esto no está sucediendo.

En lugar de afrontar el círculo vicioso que están creando sus decisiones, los políticos se esconden tras infundadas acusaciones contra las organizaciones no gubernamentales (ONG) y contra las personas que intentan ayudar a quienes sufren esta situación desesperada. Durante sus operaciones de búsqueda y rescate en el mar, MSF ha sido blanco de disparos de una Guardia Costera libia que Europa financia; también hemos sido acusados reiteradamente de complicidad con los traficantes. ¿Pero quién está aquí en connivencia con los criminales, aquellos que tratan de rescatar a estas personas o quienes permiten que sean almacenadas y vendidas como una mercancía?

Libia es sólo el ejemplo más reciente y extremo de unas políticas migratorias europeas que se remontan a años atrás y cuyo objetivo primordial es expulsar a migrantes y refugiados allí donde no se les vea.

Tanto el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía de 2016, como lo que hemos visto en Grecia, Francia, los Balcanes y más allá, marcan una tendencia al alza de cierres fronterizos y expulsiones.

La consecuencia es que a las personas que buscan formas legales y seguras de ir a Europa se les acaban las opciones y esto las empuja más y más hacia las mismas redes de tráfico que los líderes europeos dicen querer desmantelar. Se necesitan vías legales y seguras para cumplir los objetivos de control fronterizo y al mismo tiempo acabar con los incentivos perversos que permiten prosperar a los traficantes.

No podemos decir que no sabíamos lo que estaba sucediendo. La depredación que se alimenta de la miseria y del horrible sufrimiento de quienes están atrapados en Libia debe terminar ya.

En sus esfuerzos por frenar el flujo de migrantes y refugiados, los líderes europeos están aceptando que la gente sea arrojada a la extorsión, la violación, la tortura y la esclavitud. Nos preguntamos si es este el precio que Europa está dispuesta a asumir.


* Presidenta Internacional de la organización Médicos Sin Fronteras

Harvey no salió de la nada

Naomi Klein

Ahora es el momento de hablar sobre el cambio climático y todas las demás injusticias sistémicas –desde realizar detenciones e interrogatorios basados en el perfil racial hasta la austeridad económica– que transforman desastres como Harvey en catástrofes humanas.

Busquen la cobertura mediática sobre el huracán Harvey y las inundaciones en Houston, y oirán acerca de cómo este tipo de lluvia no tiene precedente. Escucharán acerca de cómo nadie lo vio venir, así que nadie se podía preparar adecuadamente.

De lo que oirán muy poco es acerca de por qué estos eventos climáticos sin precedentes, históricos, ocurren con tanta regularidad, que decir histórico ya se volvió un cliché meteorológico. En otras palabras, no escucharás hablar mucho, si es que algo, sobre el cambio climático.

Esto, nos dicen, es porque se busca no politizar una tragedia humana que todavía está en desarrollo, lo cual es comprensible, pero aquí está el detalle: cada vez que hacemos como que un suceso meteorológico nos llega de la nada, como alguna acción de Dios que nadie pudo predecir, los reporteros toman una decisión extremadamente política. Es la determinación de no herir sentimientos y evitar la controversia, a costa de la verdad, por más difícil que sea. Porque la verdad es que estos eventos fueron predichos desde hace mucho tiempo por los científicos climáticos. Los cada vez más cálidos océanos crean tormentas más poderosas. Los cada vez más altos niveles de los océanos implican que esas tormentas entran a sitios que antes no alcanzaban. Las temperaturas cada vez más calientes ocasionan precipitaciones pluviales cada vez más extremosas: largos periodos de sequía interrumpidos por masivas tormentas de nieve o lluvia, en vez de los estables y predecibles patrones con que la mayoría de nosotros crecimos.

Los récords que se rompen año con año –ya sea de sequía, de tormentas, fuegos incontrolados o simplemente calor– ocurren porque el planeta está notablemente más caliente, más que nunca desde que comenzaron a llevarse registros. Cubrir sucesos como Harvey mientras se ignoran esos hechos, no ofrecer una plataforma para que los científicos climáticos puedan explicarlo con sencillez, mientras no se menciona la decisión del presidente Donald Trump de retirarse de los acuerdos climáticos de París, implica fracasar en el más básico deber del periodismo: ofrecer hechos importantes y contexto relevante. Deja al público con la falsa impresión de que estos desastres no tienen un origen, lo cual también implica que no se pudo haber hecho algo para prevenirlos (y que no se puede hacer algo para evitar que en el futuro sea peor).

También vale la pena señalar que la cobertura mediática de Harvey ha estado altamente politizada desde mucho antes de que la tormenta tocara tierra. Ha habido eternas conversaciones acerca de si Trump tomaba suficientemente en serio la tormenta, largas especulaciones acerca de si este huracán será su “momento Katrina” y se han ganado puntos políticos (con justificada razón) con el hecho de que muchos republicanos votaron contra el apoyo a Sandy pero ahora sí atienden a Texas.

Eso se llama hacer política de un desastre –es el tipo de política partisana que está en la zona de confort de los medios convencionales, una política que, de forma oportunista, no toma en cuenta el hecho de que anteponer los intereses de las empresas de combustibles fósiles a la necesidad de un decisivo control de la contaminación es un asunto profundamente bipartisano.

En un mundo ideal, todos deberíamos de poder poner en pausa lo político hasta que la emergencia haya pasado. Luego, cuando todo mundo estuviera a salvo, tendríamos un largo, meditativo e informado debate público acerca de las implicaciones para las políticas de la crisis que acabábamos de presenciar. ¿Qué debería implicar para el tipo de infraestructura que construimos? ¿Qué debería implicar para el tipo de energía de la que dependemos? (Una pregunta con tremendas consecuencias para la industria dominante en la región, a la que le está pegando más duro el huracán: la petrolera y la del gas).

La hipervulnerabilidad a la tormenta por parte de los enfermos, los pobres y los de la tercera edad, ¿qué nos dice acerca del tipo de redes de seguridad que tejemos, dado el escabroso futuro que ya aseguramos?

Dado que hay miles de desplazados, podríamos incluso discutir los innegables vínculos entre la alteración climática y la migración –desde el Sahel a México– y aprovechar la oportunidad para debatir la necesidad de una política de migración que comience con la premisa de que Estados Unidos tiene una buena parte de la responsabilidad de las principales fuerzas que sacan a millones de sus hogares.

Pero no vivimos en un mundo que permite ese tipo de debate serio y mesurado. Vivimos en un mundo en el cual los poderes gobernantes se han mostrado demasiado dispuestos a explotar el desvío de atención de una crisis de gran escala; y muchos están dispuestos a usar las emergencias de vida o muerte para imponer sus políticas más regresivas, políticas que nos llevan más por el camino correctamente descrito como una forma de apartheid climático.
Lo vimos después del huracán Katrina, cuando los republicanos no perdieron el tiempo y promovieron un sistema de educación completamente privatizado, debilitaron la legislación laboral y fiscal, incrementaron las perforaciones petroleras y de gas y la industria de la refinación, y abrieron las puertas a compañías mercenarias como Blackwater. Mike Pence fue un artífice clave de ese proyecto inmensamente cínico y no deberíamos esperar menos después de Harvey, ahora que él y Trump están al mando.

Ya vimos a Trump usar como tapadera al huracán Harvey para lograr el muy controversial indulto de Joe Arpaio y una mayor militarización de las fuerzas policiales estadunidenses. Se trata de movimientos especialmente ominosos, en el contexto de que los puestos de control migratorios siguen operando aún con las carreteras inundadas (un serio desincentivo para que los migrantes evacuen), así como en el contexto de los funcionarios municipales hablando acerca de aplicar las penas máximas a los saqueadores (vale la pena recordar que después de Katrina, varios residentes afroestadunidenses fueron baleados por la policía en medio de este tipo de retórica).

En pocas palabras, la derecha no desperdiciará el tiempo para explotar a Harvey y ningún otro desastre como ese para diseminar ruinosas y falsas soluciones, como la policía militarizada, más infraestructura petrolera y de gas y sistemas privatizados. Lo cual significa que la gente informada y a la que le importa, tiene el imperativo moral de nombrar las verdaderas raíces de esta crisis –conectar los puntos entre la contaminación climática, el racismo sistémico, los reducidos fondos de los servicios sociales y los excesivos fondos para la policía.

También necesitamos aprovechar el momento para proponer soluciones intersectoriales, que dramáticamente reduzcan las emisiones mientras batallamos contra toda forma de desigualdad e injusticia (algo que hemos intentado plantear en The Leap (https://theleap.org/), y que grupos como la Alianza por la Justicia Climática (www.ourpowercampaign.org/cja) han impulsado durante mucho tiempo).

Y tiene que ocurrir ahora mismo –justo cuando los enormes costos humanos y económicos de la inacción están en plena luz pública. Si fracasamos, si dudamos debido a una errónea idea de lo que es apropiado durante una crisis, dejamos la puerta abierta a que despiadados actores exploten este desastre para obtener predecibles y perversos fines.

También es una dura verdad que la ventana para tener estos debates es cada vez más estrecha. No tendremos ningún tipo de debate de política pública después de que pase esta emergencia; los medios regresarán a cubrir obsesivamente los tuits de Trump y otras intrigas palaciegas. Así que, si bien parecería ser indecente estar hablando acerca de las causas primordiales mientras la gente aún está atrapada en sus hogares, este es, siendo realistas, el único momento en que tenemos la atención de los medios como para tratar el tema del cambio climático. Vale la pena recordar que la decisión de Trump de retirarse del acuerdo climático de París –acción que va a repercutir a escala global durante décadas– recibió más o menos dos días de cobertura decente. Luego regresaron a hablar de Rusia las 24 horas.

Hace poco más de un año Fort McMurray, pueblo en el corazón del auge de petróleo de arenas bituminosas en Alberta, casi quedó reducido a cenizas. Durante un tiempo el mundo estuvo pasmado por las imágenes de los vehículos que iban en fila, sobre una carretera, con las llamas acercándose por ambos lados. En aquel momento nos dijeron que era insensible y sólo se buscaban chivos expiatorios si se hablaba acerca de cómo el cambio climático exacerbaba fuegos incontrolables como este. Era todavía más tabú hacer cualquier conexión entre nuestro mundo, cada vez más caliente, y la industria que da energía a Fort McMurray y que daba empleo a la mayoría de los desalojados, que produce una forma de petróleo particularmente alta en carbono. El momento no era el adecuado; era el de mostrar compasión, brindar apoyo y no hacer preguntas difíciles.

Pero, claro, ya para cuando era apropiado plantear esos asuntos los reflectores de los medios hace mucho que se habían ido. Y hoy, mientras Alberta intenta conseguir al menos tres nuevos oleoductos para cubrir sus planes de incrementar la producción a partir de bituminosas, ese terrible incendio y las lecciones que podría haber aportado casi no se mencionan.

En ello hay una lección para Houston. La ventana para proveer un contexto significativo y sacar conclusiones importantes es reducida. No podemos arriesgarnos a echarla a perder.

Hablar con honestidad acerca de qué fomenta esta época de desastres seriales –incluso mientras ocurren– no falta al respeto a la gente que está en el sitio en cuestión. De hecho, es la única manera de en verdad rendir tributo a sus pérdidas, y nuestra última esperanza para prevenir un futuro con incontables más víctimas.


* Naomi Klein es autora de Esto cambia todo: el capitalismo contra el clima. Su nuevo libro es No, no es suficiente: Resistir las políticas del shock de Trump y obtener el mundo que necesitamos. 

Wilfrid, Archbishop of York, 12 October 709

Wilfred was born around 634 in Northumbria, and was educated for a while at the island monastery of Lindisfarne, after which he went south to London, where he became an enthusiastic supporter of Roman liturgical customs, as contrasted with the traditional Celtic customs that were prevalent in the North and in other areas that had been evangelised by Celtic rather than Roman missionaries. The two questions that were nominally in dispute were (1) the method of calculating the date of Easter, and (2) the method of tonsuring a monk (i.e. which areas of the head ought to be shaved). As often happens, these were probably stand-ins for other questions less easily articulated. In about 654, Wilfred left England for Rome (stopping for a year in Lyons, France) and then returned (stopping for three years in Lyons), arriving in England in about 660. He was made abbot of Ripon in Northumbria, and imposed the Roman rules there. In 664 a conference was held (the Synod of Whitby) to settle the usages controversy, and the Roman party triumphed, thanks in large part to the leadership of Wilfrid. 


He was appointed Bishop of York by Alcfrid, sub-king of Deira (a division of Northumbria), but was unwilling to be consecrated by bishops of the Celtic tradition, and so went over to France to be consecrated, and was gone for two years. On his return, he found that King Oswy of Northumbria had appointed Chad (see 2 March 672) as bishop of York. Wilfrid returned quietly to Ripon. But in 669 the new Archbishop of Canterbury, Theodore (see 19 September 690), declared that Wilfrid was rightful bishop of York. Chad quietly withrew, and Wilfrid was installed at York. For the next few years, Wilfrid enjoyed peace and prosperity, stood high in the favor of King Efrith of Northumbria, and was undisputed bishop of a diocese that included the entire kingdom of Northumbria, with his cathedral at York. But there was trouble ahead. The queen wanted to leave her husband and become a nun, and Wilfrid encouraged her in this. After she had left (in 672), the king was not as cordial to Wilfrid as he had been, and in 678, Archbishop Theodore, acting in close concert with the king, divided the Diocese of York into four smaller dioceses, and appointed new bishops for three of them, leaving Wilfrid with the fourth, which did not include the city of York. Wilfrid decided to appeal to the pope. On his way to Rome, he spent a year preaching in Frisia, and so was the beginning of the movement by Christian Anglo-Saxons in Britain to convert their relatives on the Continent. 

The pope eventually sided with Wilfrid, but the ruling was not accepted in England, and Wilfrid was banished from Northumbria. He went to Sussex, the last center of Anglo-Saxon paganism in England, and preached there. When he arrived, there had been no rain for many months, the crops were ruined, and the people were starving. Wilfrid showed them how to construct fishnets for ocean fishing, and so saved the lives of many. They listened to his preaching with favorable presuppositions, and soon a large number of them were ready for baptism. 

On the day that he baptized them, it rained. He remained in Sussex for five years, preaching with great success.

Eventually he was reconciled with Archbishop Theodore, and returned to Northumbria, where he was again given a bishopric. He served there a bishop for five peaceful years, but then a royal council found him unfit; he was deposed again, appealed to Rome again, and ended up bishop of the small diocese of Hexham, with jurisdiction over the various monasteries that he had founded. In his will, he bequeathed his money to four causes: (1) to various Roman congregations; (2) to the poor; (3) to the clergy who had followed him into exile; and (4) to the abbots of the various monasteries under his jurisdiction, "so that they could purchase the friendship of kings and bishops." He died 12 October 709.

Primates Meeting Press Conference on October 6

Anglican Communion News Service 11 October 2017.

Your daily update from the Anglican Communion News Service on Wednesday 11 October 2017.


Today’s stories

·         US Episcopalians step in as 17 die in Californian wildfires

Churches and church halls are helping to accommodate some of the 20,000 people who have been evacuated from their homes in northern California as wild fires tear through the west-coast state. So far, 17 people have been confirmed dead and around 200 people are missing as a result of the fires. More than 100 people are being treated in hospital for the effects of burns and smoke inhalation.



·         Cathedral to display “the most dangerous book in Tudor England”

St Paul’s Cathedral in London is set to display one of only three-known surviving copies of “the most dangerous book in Tudor England” as part of an event to mark the 500th anniversary of the Reformation. In 1536, William Tyndale was executed for his work in translating the New Testament into English, and King Henry VIII’s officials and Church leaders set about searching for destroying copies of what was the first English-language Bible. But within a few years it was available within every church in the country.




·         Christchurch City Council consults on $10 million cathedral contribution

The local governing authority for the  New Zealand City of Christchurch has launched a consultation on how to fund its $10 million NZD (approximately £5.36 million GBP) share of the re-build costs for the city’s cathedral. Christ Church Cathedral was severely damaged in an earthquake in 2011. Diocesan plans to replace the cathedral were delayed by unsuccessful legal challenges. Last month the diocesan synod decided to re-instate the building after promises of funding by the national government and Christchurch City Council.

Philip, Deacon and Evangelist, 11 October NT

In the sixth chapter of Acts, we read that the Apostles commissioned seven men in the congregation at Jerusalem to supervise the church's ministry to the needs of its widows and other poor. (This is generally considered to be the beginning of the office of Deacon in the Church, although the Scriptures do not use this term in referring to the original seven men.) Two of these have gained lasting fame. One was Stephen, who became the Church's first martyr. The other was Philip, whose story we find in Acts 8:5-40; 21:8-9.

After the death of Stephen, there was a general persecution of the Church at Jerusalem, and many Christians fled to escape it. Philip fled to Samaria, where he preached the Gospel to the Samaritans, a group who had split off from the Jewish people about six centuries earlier, had intermarried with other peoples, and were considered outsiders by most Jews. They received the message with eagerness, and soon Peter and John came to Samaria to bless the new converts.

After this, Philip was sent by God to walk along the road from Jerusalem southwest to Gaza, where he met a eunuch (a term meaning literally a castrated man, but also used to mean simply an official of a royal court) of the Queen of Ethiopia (probably meaning Nubia -- what we now call the Sudan), returning home after worshipping in Jerusalem. The man was reading from Isaiah 53 ("He was wounded for our transgressions"), and Philip told him about Jesus, and persuaded him that the words were a prophecy of the saving work of Jesus. The man was baptized, and went on his way rejoicing, while Philip went north to Caesarea, the major seaport of Israel, and its secular capital.

When Paul (accompanied by Luke) was going up to Jerusalem for the last time, he paused at Caesarea and spent several days with Philip. (This may be the source of some of the information Luke used in writing the early chapters of Acts.) We are told that Philip had four daughters who prophesied. (This is relevant to discussions of the role of women in the Church.)

Was Philip the Deacon the same person as Philip the Apostle (see 1 May)?
No, they were different. There were Twelve Apostles, and they said, "Our work is to preach the Gospel, not to administer the budget. Choose seven men to administer the budget." Obviously they meant seven men other than themselves.

Moreover, when Philip went to Samaria, and preached and made converts, he baptized them, but none of them received the Holy Spirit. It was not until Peter and John came from Jerusalem and laid hands on them that they received the Spirit. Surely this means that Philip was not an Apostle--not one of the Twelve.

Yes, they were the same person.

We have ancient testimony identifying them. Papias of Hierapolis, a second-century writer who had spoken with some of the apostles, speaks of the Philip of Acts 21 as one of the Apostles. Polycrates, a second-century bishop of Ephesus, says that Philip, "one of the Twelve", was buried at Hierapolis along with two aged virgin daughters of his, and that a third daughter, a prophetess, was buried at Ephesus. It seems unlikely that two Philips would both have unmarried daughters of whom at least one was known as a prophetess.

If eleven of the Twelve Apostles refused the work of administering the church's welfare program, but one, for special reasons, accepted it, it is not clear that Luke would have felt bound to point this out. The Jerusalem community may have thought it desirable to have one man serve both as one of the Twelve and one of the Seven, so as to provide a link, a liason, between the two groups. Philip, who specifically named in John's account of the feeding of the Five Thousand (John 6:5), is likely to have had special abilities in organizing the feeding of the hungry, and related matters. Moreover, the Seven were originally appointed because the Greek-speaking Jews complained that their widows were being neglected. Philip had a Greek name ("lover of horses"), which at least suggests some kind of Hellenistic element in his background. Even more to the point, we note that earlier, when a group of Greek-speaking Jews wanted a chance to speak with Jesus, they went first to Philip (Jn 12:20f). Clearly Philip was a good choice for dealing with Hellenists.

As for the objection that Philip's Samaritan converts receive the laying on of hands, not from Philip, but from Peter and John, it must be noted that Peter and John were there specifically as representatives of the Apostles gathered at Jerusalem. It may very well be that Philip wanted to make sure that the receiving of a group of Samaritans into the Church, a gesture certain to stir up violent emotions in some Christians, had the official support of the College of Apostles.

Los sismos de la ira


El delegado de Xochimilco, Avelino Méndez, puso pies en polvorosa en el pueblo de San Gregorio. El pasado 21 de septiembre, una multitud enfurecida lo corrió de ese barrio a patadas, golpes, piedras y mentadas de madre. Le reclamaba la falta de atención a los damnificados y el sólo irse a tomar la foto. Protegido por un grupo de colaboradores, el funcionario logró escapar trepando a un camión en movimiento.

Días antes, el 12 de septiembre, en Juchitán, Oaxaca, un grupo enfurecido de padres de familia, abuchearon, gritaron y reclamaron al secretario de Educación, Aurelio Nuño, la escasa ayuda del gobierno federal a los damnificados por el sismo. Impotente, el funcionario demandó: Déjenme hablar. Déjenme decir a lo que vengo. Fue inútil. Los gritos en su contra arreciaron y debió de pasarle el micrófono al gobernador de Oaxaca para que lo rescatara.

No corrió con mejor suerte el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Cuando el 20 de septiembre se presentó en mangas de camisa a las ruinas de la fábrica derrumbada en Chimalpopoca y Bolívar, fue increpado por los rescatistas del barrio, en su mayoría albañiles y obreros, que habían trabajado con picos y palas en remover escombros más de 24 horas seguidas. Rodeado de granaderos, el funcionario trató de abrirse paso infructuosamente entre los voluntarios, mientras recibía un alud de insultos y proyectiles improvisados. ¡Fuera, fuera!, le gritaban, mientras pedía calma.

El 22 de septiembre, decenas de enfurecidos integrantes de organizaciones sociales tomaron el centro de acopio del DIF estatal en Morelos, abrieron tres tráileres de ayuda humanitaria sin descargar y vaciaron la bodega llena de víveres sin distribuir, secuestrados por el gobierno de Graco Ramírez. Los indignados decidieron distribuir por su cuenta varias toneladas de apoyos a quienes los necesitaban. El enojo les nació de la pretensión del mandatario estatal (es un decir) de monopolizar la distribución de las ayudas.

Todos estos casos de explosiones de encono popular contra autoridades gubernamentales distan de ser hechos aislados. Son parte de un clima general de inconformidad que se incuba en muchas partes del país.

Muchos rescatistas tienen los ánimos crispados. Convencidos de que están en la primera línea del desastre para tratar de salvar vidas, chocan con quienes fueron enviados allí para recibir órdenes. Cuando menos se han suscitado tres enfrentamientos a golpes entre voluntarios y policías (en Chimalpopoca, Tlalpan y Álvaro Obregón); los pleitos con funcionarios delegacionales, a los que se acusa de agandallarse la ayuda y entorpecer los rescates, han sido incontables y, con harta frecuencia, se han producido jaloneos con marinos y soldados.

Los sismos de septiembre abrieron una enorme cuarteadura en el edificio institucional de la democracia representativa. Lejos de apaciguarse con el paso de los días, la ira de rescatistas y ciudadanos hacia políticos, partidos e instituciones electorales crece. La exigencia de destinar a la reconstrucción recursos para el financiamiento de campañas electorales y partidos políticos se ha convertido en una bola de nieve, que rueda impulsada por una profunda indignación.

La rabia crece también al evidenciarse las huellas de la rapiña inmobiliaria y la corrupción detrás de los 40 edificios que colapsaron y los casi 4 mil que tienen severos daños estructurales en ciudad de México. Miguel Ángel Mancera abrió de par en par la puerta de los negocios salvajes a los especuladores de bienes raíces. Las licencias de construcción se repartieron como billetes de lotería. El resultado está a la vista: edificios nuevos que se desplomaron como castillos de naipes y antiguas construcciones dañadas por los sismos de 1985 que, en lugar de ser derruidas fueron remozadas.

Miguel Ángel Velázquez, puso el dedo en la llaga en una crónica en La Jornada publicada el 20 de septiembre: Pero, ¿quién le dio permiso a la muerte? De alguna manera alguien puso la firma en un papel que permitió que la ambición del o los dueños del inmueble abriera la puerta a esta desgracia que ya había sido pronosticada.

Parte de esta tragedia fue alimentada por un claro conflicto de interés entre quienes edifican y quienes deben vigilar que se haga de acuerdo con las normas establecidas. El 22 de septiembre, la investigadora en educación Alma Maldonado denunció: Uno de los mayores problemas de las constructoras es que tienen su propia supervisión para hacer porquerías. Dos días después, The New York Times explicó cómo la inspección de obras ha sido concesionada a ingenieros que son contratados y pagados por los mismos desarrolladores inmobiliarios. Son juez y parte. Por ello, con frecuencia la misma persona es empleada por una sola empresa para supervisar diversas obras y muchos inspectores ni siquiera están presentes en todas las fases de la construcción.

El enojo ciudadano crece también con la burla y manipulación informativa de Televisa y Semar en casos como el de Frida Sofía. Aunque nunca ha dejado de estar allí, con esta cobertura el Canal de las Estrellas se metió de lleno en la era de la posverdad, en la conversión de la realidad en telenovela para promover la candidatura de Aurelio Nuño, en la trasmutación de la tragedia en espectáculo para el rating. Los alquimistas de la comunicación, que creyeron encontrar en el show del rescate de la niña inexistente su nuevo flogisto mediático, ofendieron a las víctimas y faltaron el respeto a la audiencia.


Con furia, hace hoy justo tres años, la desaparición forzada de 43 normalistas rurales de Ayotzinapa sacudió la conciencia de una nueva generación y la lanzó a la calle para exigir al Estado la presentación con vida de los estudiantes. Ira sobre ira, los sismos de septiembre han vuelto a convocar a los jóvenes a tomar las calles, ahora para organizar el rescate de los sobrevivientes, remover escombros y alimentar a los damnificados. Lo han hecho con generosidad, valentía, tenacidad e inteligencia. Dueños de su destino sin intermediario político alguno, su solidaridad y cooperación son simiente para un otro México.