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Europa y el negocio infame que alimenta en Libia


El sufrimiento que los migrantes y refugiados están viviendo en Libia debería agitar las conciencias de los líderes electos y de los ciudadanos de Europa.

Cegados por su obtuso objetivo de mantener a estas personas al otro lado de sus fronteras, los gobiernos europeos están ayudando, con su financiación, a detener la salida de embarcaciones desde Libia. Pero esta política también alimenta un sistema abusivo y criminal.

El sistema de detención de migrantes y refugiados en Libia está podrido hasta la médula: no es más que una próspera empresa de secuestro, tortura y extorsión. Y los gobiernos europeos han optado por dejar a estas personas en manos de tal sistema.

Los refugiados y migrantes no pueden ser devueltos a Libia, ni permanecer retenidos en ese país. Médicos Sin Fronteras (MSF), organización de la que soy presidenta internacional, lleva más de un año asistiendo a estas personas en los centros de detención de Trípoli y ha sido testigo directo del régimen de arresto arbitrario, extorsión, abuso físico y privación de servicios básicos que hombres, mujeres y niños sufren en estas instalaciones.

La semana antepasada visité varios centros oficiales de detención y puedo decir que estos son sólo la punta del iceberg. Los migrantes y refugiados son tratados como mera mercancía para ser explotada. Los encierran en habitaciones oscuras, sucias y sin ventilación. Los hacinan unos encima de otros. Algunos hombres nos contaron que los obligan a correr en grupo en el patio, desnudos, hasta caer exhaustos. A las mujeres las violan y después las obligan a llamar a sus familias para que paguen por su liberación. Todas las personas con las que pudimos hablar pedían entre llantos que las sacaran de allí. La desesperación es abrumadora.

El número de personas que parten de las costas libias rumbo a Europa se ha reducido y esto se ha presentado como un éxito en la prevención de la pérdida de vidas en el Mediterráneo y como un duro golpe a las redes de traficantes.

Pero sabiendo lo que ocurre en Libia, hablar de éxito es, en el mejor de los casos, pura hipocresía y, en el peor, una cínica complicidad con los traficantes que tratan a estos seres humanos como mercancía.
Las personas atrapadas en esta bien documentada pesadilla necesitan una salida. Necesitan que se les facilite protección, asilo y procedimientos mejorados de repatriación voluntaria desde Libia. Necesitan huir del peligro mediante vías seguras y legales, pero hasta la fecha sólo unos pocos han podido hacerlo.

Esta terrible violencia debe cesar. Es necesario que se respeten sus derechos humanos, incluido el derecho a recibir comida, agua y atención médica.

A pesar de las declaraciones de los gobiernos sobre la inmediata necesidad de mejorar las condiciones en que se encuentran estas personas, hoy por hoy esto no está sucediendo.

En lugar de afrontar el círculo vicioso que están creando sus decisiones, los políticos se esconden tras infundadas acusaciones contra las organizaciones no gubernamentales (ONG) y contra las personas que intentan ayudar a quienes sufren esta situación desesperada. Durante sus operaciones de búsqueda y rescate en el mar, MSF ha sido blanco de disparos de una Guardia Costera libia que Europa financia; también hemos sido acusados reiteradamente de complicidad con los traficantes. ¿Pero quién está aquí en connivencia con los criminales, aquellos que tratan de rescatar a estas personas o quienes permiten que sean almacenadas y vendidas como una mercancía?

Libia es sólo el ejemplo más reciente y extremo de unas políticas migratorias europeas que se remontan a años atrás y cuyo objetivo primordial es expulsar a migrantes y refugiados allí donde no se les vea.

Tanto el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía de 2016, como lo que hemos visto en Grecia, Francia, los Balcanes y más allá, marcan una tendencia al alza de cierres fronterizos y expulsiones.

La consecuencia es que a las personas que buscan formas legales y seguras de ir a Europa se les acaban las opciones y esto las empuja más y más hacia las mismas redes de tráfico que los líderes europeos dicen querer desmantelar. Se necesitan vías legales y seguras para cumplir los objetivos de control fronterizo y al mismo tiempo acabar con los incentivos perversos que permiten prosperar a los traficantes.

No podemos decir que no sabíamos lo que estaba sucediendo. La depredación que se alimenta de la miseria y del horrible sufrimiento de quienes están atrapados en Libia debe terminar ya.

En sus esfuerzos por frenar el flujo de migrantes y refugiados, los líderes europeos están aceptando que la gente sea arrojada a la extorsión, la violación, la tortura y la esclavitud. Nos preguntamos si es este el precio que Europa está dispuesta a asumir.


* Presidenta Internacional de la organización Médicos Sin Fronteras

Harvey no salió de la nada

Naomi Klein

Ahora es el momento de hablar sobre el cambio climático y todas las demás injusticias sistémicas –desde realizar detenciones e interrogatorios basados en el perfil racial hasta la austeridad económica– que transforman desastres como Harvey en catástrofes humanas.

Busquen la cobertura mediática sobre el huracán Harvey y las inundaciones en Houston, y oirán acerca de cómo este tipo de lluvia no tiene precedente. Escucharán acerca de cómo nadie lo vio venir, así que nadie se podía preparar adecuadamente.

De lo que oirán muy poco es acerca de por qué estos eventos climáticos sin precedentes, históricos, ocurren con tanta regularidad, que decir histórico ya se volvió un cliché meteorológico. En otras palabras, no escucharás hablar mucho, si es que algo, sobre el cambio climático.

Esto, nos dicen, es porque se busca no politizar una tragedia humana que todavía está en desarrollo, lo cual es comprensible, pero aquí está el detalle: cada vez que hacemos como que un suceso meteorológico nos llega de la nada, como alguna acción de Dios que nadie pudo predecir, los reporteros toman una decisión extremadamente política. Es la determinación de no herir sentimientos y evitar la controversia, a costa de la verdad, por más difícil que sea. Porque la verdad es que estos eventos fueron predichos desde hace mucho tiempo por los científicos climáticos. Los cada vez más cálidos océanos crean tormentas más poderosas. Los cada vez más altos niveles de los océanos implican que esas tormentas entran a sitios que antes no alcanzaban. Las temperaturas cada vez más calientes ocasionan precipitaciones pluviales cada vez más extremosas: largos periodos de sequía interrumpidos por masivas tormentas de nieve o lluvia, en vez de los estables y predecibles patrones con que la mayoría de nosotros crecimos.

Los récords que se rompen año con año –ya sea de sequía, de tormentas, fuegos incontrolados o simplemente calor– ocurren porque el planeta está notablemente más caliente, más que nunca desde que comenzaron a llevarse registros. Cubrir sucesos como Harvey mientras se ignoran esos hechos, no ofrecer una plataforma para que los científicos climáticos puedan explicarlo con sencillez, mientras no se menciona la decisión del presidente Donald Trump de retirarse de los acuerdos climáticos de París, implica fracasar en el más básico deber del periodismo: ofrecer hechos importantes y contexto relevante. Deja al público con la falsa impresión de que estos desastres no tienen un origen, lo cual también implica que no se pudo haber hecho algo para prevenirlos (y que no se puede hacer algo para evitar que en el futuro sea peor).

También vale la pena señalar que la cobertura mediática de Harvey ha estado altamente politizada desde mucho antes de que la tormenta tocara tierra. Ha habido eternas conversaciones acerca de si Trump tomaba suficientemente en serio la tormenta, largas especulaciones acerca de si este huracán será su “momento Katrina” y se han ganado puntos políticos (con justificada razón) con el hecho de que muchos republicanos votaron contra el apoyo a Sandy pero ahora sí atienden a Texas.

Eso se llama hacer política de un desastre –es el tipo de política partisana que está en la zona de confort de los medios convencionales, una política que, de forma oportunista, no toma en cuenta el hecho de que anteponer los intereses de las empresas de combustibles fósiles a la necesidad de un decisivo control de la contaminación es un asunto profundamente bipartisano.

En un mundo ideal, todos deberíamos de poder poner en pausa lo político hasta que la emergencia haya pasado. Luego, cuando todo mundo estuviera a salvo, tendríamos un largo, meditativo e informado debate público acerca de las implicaciones para las políticas de la crisis que acabábamos de presenciar. ¿Qué debería implicar para el tipo de infraestructura que construimos? ¿Qué debería implicar para el tipo de energía de la que dependemos? (Una pregunta con tremendas consecuencias para la industria dominante en la región, a la que le está pegando más duro el huracán: la petrolera y la del gas).

La hipervulnerabilidad a la tormenta por parte de los enfermos, los pobres y los de la tercera edad, ¿qué nos dice acerca del tipo de redes de seguridad que tejemos, dado el escabroso futuro que ya aseguramos?

Dado que hay miles de desplazados, podríamos incluso discutir los innegables vínculos entre la alteración climática y la migración –desde el Sahel a México– y aprovechar la oportunidad para debatir la necesidad de una política de migración que comience con la premisa de que Estados Unidos tiene una buena parte de la responsabilidad de las principales fuerzas que sacan a millones de sus hogares.

Pero no vivimos en un mundo que permite ese tipo de debate serio y mesurado. Vivimos en un mundo en el cual los poderes gobernantes se han mostrado demasiado dispuestos a explotar el desvío de atención de una crisis de gran escala; y muchos están dispuestos a usar las emergencias de vida o muerte para imponer sus políticas más regresivas, políticas que nos llevan más por el camino correctamente descrito como una forma de apartheid climático.
Lo vimos después del huracán Katrina, cuando los republicanos no perdieron el tiempo y promovieron un sistema de educación completamente privatizado, debilitaron la legislación laboral y fiscal, incrementaron las perforaciones petroleras y de gas y la industria de la refinación, y abrieron las puertas a compañías mercenarias como Blackwater. Mike Pence fue un artífice clave de ese proyecto inmensamente cínico y no deberíamos esperar menos después de Harvey, ahora que él y Trump están al mando.

Ya vimos a Trump usar como tapadera al huracán Harvey para lograr el muy controversial indulto de Joe Arpaio y una mayor militarización de las fuerzas policiales estadunidenses. Se trata de movimientos especialmente ominosos, en el contexto de que los puestos de control migratorios siguen operando aún con las carreteras inundadas (un serio desincentivo para que los migrantes evacuen), así como en el contexto de los funcionarios municipales hablando acerca de aplicar las penas máximas a los saqueadores (vale la pena recordar que después de Katrina, varios residentes afroestadunidenses fueron baleados por la policía en medio de este tipo de retórica).

En pocas palabras, la derecha no desperdiciará el tiempo para explotar a Harvey y ningún otro desastre como ese para diseminar ruinosas y falsas soluciones, como la policía militarizada, más infraestructura petrolera y de gas y sistemas privatizados. Lo cual significa que la gente informada y a la que le importa, tiene el imperativo moral de nombrar las verdaderas raíces de esta crisis –conectar los puntos entre la contaminación climática, el racismo sistémico, los reducidos fondos de los servicios sociales y los excesivos fondos para la policía.

También necesitamos aprovechar el momento para proponer soluciones intersectoriales, que dramáticamente reduzcan las emisiones mientras batallamos contra toda forma de desigualdad e injusticia (algo que hemos intentado plantear en The Leap (https://theleap.org/), y que grupos como la Alianza por la Justicia Climática (www.ourpowercampaign.org/cja) han impulsado durante mucho tiempo).

Y tiene que ocurrir ahora mismo –justo cuando los enormes costos humanos y económicos de la inacción están en plena luz pública. Si fracasamos, si dudamos debido a una errónea idea de lo que es apropiado durante una crisis, dejamos la puerta abierta a que despiadados actores exploten este desastre para obtener predecibles y perversos fines.

También es una dura verdad que la ventana para tener estos debates es cada vez más estrecha. No tendremos ningún tipo de debate de política pública después de que pase esta emergencia; los medios regresarán a cubrir obsesivamente los tuits de Trump y otras intrigas palaciegas. Así que, si bien parecería ser indecente estar hablando acerca de las causas primordiales mientras la gente aún está atrapada en sus hogares, este es, siendo realistas, el único momento en que tenemos la atención de los medios como para tratar el tema del cambio climático. Vale la pena recordar que la decisión de Trump de retirarse del acuerdo climático de París –acción que va a repercutir a escala global durante décadas– recibió más o menos dos días de cobertura decente. Luego regresaron a hablar de Rusia las 24 horas.

Hace poco más de un año Fort McMurray, pueblo en el corazón del auge de petróleo de arenas bituminosas en Alberta, casi quedó reducido a cenizas. Durante un tiempo el mundo estuvo pasmado por las imágenes de los vehículos que iban en fila, sobre una carretera, con las llamas acercándose por ambos lados. En aquel momento nos dijeron que era insensible y sólo se buscaban chivos expiatorios si se hablaba acerca de cómo el cambio climático exacerbaba fuegos incontrolables como este. Era todavía más tabú hacer cualquier conexión entre nuestro mundo, cada vez más caliente, y la industria que da energía a Fort McMurray y que daba empleo a la mayoría de los desalojados, que produce una forma de petróleo particularmente alta en carbono. El momento no era el adecuado; era el de mostrar compasión, brindar apoyo y no hacer preguntas difíciles.

Pero, claro, ya para cuando era apropiado plantear esos asuntos los reflectores de los medios hace mucho que se habían ido. Y hoy, mientras Alberta intenta conseguir al menos tres nuevos oleoductos para cubrir sus planes de incrementar la producción a partir de bituminosas, ese terrible incendio y las lecciones que podría haber aportado casi no se mencionan.

En ello hay una lección para Houston. La ventana para proveer un contexto significativo y sacar conclusiones importantes es reducida. No podemos arriesgarnos a echarla a perder.

Hablar con honestidad acerca de qué fomenta esta época de desastres seriales –incluso mientras ocurren– no falta al respeto a la gente que está en el sitio en cuestión. De hecho, es la única manera de en verdad rendir tributo a sus pérdidas, y nuestra última esperanza para prevenir un futuro con incontables más víctimas.


* Naomi Klein es autora de Esto cambia todo: el capitalismo contra el clima. Su nuevo libro es No, no es suficiente: Resistir las políticas del shock de Trump y obtener el mundo que necesitamos. 

Wilfrid, Archbishop of York, 12 October 709

Wilfred was born around 634 in Northumbria, and was educated for a while at the island monastery of Lindisfarne, after which he went south to London, where he became an enthusiastic supporter of Roman liturgical customs, as contrasted with the traditional Celtic customs that were prevalent in the North and in other areas that had been evangelised by Celtic rather than Roman missionaries. The two questions that were nominally in dispute were (1) the method of calculating the date of Easter, and (2) the method of tonsuring a monk (i.e. which areas of the head ought to be shaved). As often happens, these were probably stand-ins for other questions less easily articulated. In about 654, Wilfred left England for Rome (stopping for a year in Lyons, France) and then returned (stopping for three years in Lyons), arriving in England in about 660. He was made abbot of Ripon in Northumbria, and imposed the Roman rules there. In 664 a conference was held (the Synod of Whitby) to settle the usages controversy, and the Roman party triumphed, thanks in large part to the leadership of Wilfrid. 


He was appointed Bishop of York by Alcfrid, sub-king of Deira (a division of Northumbria), but was unwilling to be consecrated by bishops of the Celtic tradition, and so went over to France to be consecrated, and was gone for two years. On his return, he found that King Oswy of Northumbria had appointed Chad (see 2 March 672) as bishop of York. Wilfrid returned quietly to Ripon. But in 669 the new Archbishop of Canterbury, Theodore (see 19 September 690), declared that Wilfrid was rightful bishop of York. Chad quietly withrew, and Wilfrid was installed at York. For the next few years, Wilfrid enjoyed peace and prosperity, stood high in the favor of King Efrith of Northumbria, and was undisputed bishop of a diocese that included the entire kingdom of Northumbria, with his cathedral at York. But there was trouble ahead. The queen wanted to leave her husband and become a nun, and Wilfrid encouraged her in this. After she had left (in 672), the king was not as cordial to Wilfrid as he had been, and in 678, Archbishop Theodore, acting in close concert with the king, divided the Diocese of York into four smaller dioceses, and appointed new bishops for three of them, leaving Wilfrid with the fourth, which did not include the city of York. Wilfrid decided to appeal to the pope. On his way to Rome, he spent a year preaching in Frisia, and so was the beginning of the movement by Christian Anglo-Saxons in Britain to convert their relatives on the Continent. 

The pope eventually sided with Wilfrid, but the ruling was not accepted in England, and Wilfrid was banished from Northumbria. He went to Sussex, the last center of Anglo-Saxon paganism in England, and preached there. When he arrived, there had been no rain for many months, the crops were ruined, and the people were starving. Wilfrid showed them how to construct fishnets for ocean fishing, and so saved the lives of many. They listened to his preaching with favorable presuppositions, and soon a large number of them were ready for baptism. 

On the day that he baptized them, it rained. He remained in Sussex for five years, preaching with great success.

Eventually he was reconciled with Archbishop Theodore, and returned to Northumbria, where he was again given a bishopric. He served there a bishop for five peaceful years, but then a royal council found him unfit; he was deposed again, appealed to Rome again, and ended up bishop of the small diocese of Hexham, with jurisdiction over the various monasteries that he had founded. In his will, he bequeathed his money to four causes: (1) to various Roman congregations; (2) to the poor; (3) to the clergy who had followed him into exile; and (4) to the abbots of the various monasteries under his jurisdiction, "so that they could purchase the friendship of kings and bishops." He died 12 October 709.

Primates Meeting Press Conference on October 6

Anglican Communion News Service 11 October 2017.

Your daily update from the Anglican Communion News Service on Wednesday 11 October 2017.


Today’s stories

·         US Episcopalians step in as 17 die in Californian wildfires

Churches and church halls are helping to accommodate some of the 20,000 people who have been evacuated from their homes in northern California as wild fires tear through the west-coast state. So far, 17 people have been confirmed dead and around 200 people are missing as a result of the fires. More than 100 people are being treated in hospital for the effects of burns and smoke inhalation.



·         Cathedral to display “the most dangerous book in Tudor England”

St Paul’s Cathedral in London is set to display one of only three-known surviving copies of “the most dangerous book in Tudor England” as part of an event to mark the 500th anniversary of the Reformation. In 1536, William Tyndale was executed for his work in translating the New Testament into English, and King Henry VIII’s officials and Church leaders set about searching for destroying copies of what was the first English-language Bible. But within a few years it was available within every church in the country.




·         Christchurch City Council consults on $10 million cathedral contribution

The local governing authority for the  New Zealand City of Christchurch has launched a consultation on how to fund its $10 million NZD (approximately £5.36 million GBP) share of the re-build costs for the city’s cathedral. Christ Church Cathedral was severely damaged in an earthquake in 2011. Diocesan plans to replace the cathedral were delayed by unsuccessful legal challenges. Last month the diocesan synod decided to re-instate the building after promises of funding by the national government and Christchurch City Council.

Philip, Deacon and Evangelist, 11 October NT

In the sixth chapter of Acts, we read that the Apostles commissioned seven men in the congregation at Jerusalem to supervise the church's ministry to the needs of its widows and other poor. (This is generally considered to be the beginning of the office of Deacon in the Church, although the Scriptures do not use this term in referring to the original seven men.) Two of these have gained lasting fame. One was Stephen, who became the Church's first martyr. The other was Philip, whose story we find in Acts 8:5-40; 21:8-9.

After the death of Stephen, there was a general persecution of the Church at Jerusalem, and many Christians fled to escape it. Philip fled to Samaria, where he preached the Gospel to the Samaritans, a group who had split off from the Jewish people about six centuries earlier, had intermarried with other peoples, and were considered outsiders by most Jews. They received the message with eagerness, and soon Peter and John came to Samaria to bless the new converts.

After this, Philip was sent by God to walk along the road from Jerusalem southwest to Gaza, where he met a eunuch (a term meaning literally a castrated man, but also used to mean simply an official of a royal court) of the Queen of Ethiopia (probably meaning Nubia -- what we now call the Sudan), returning home after worshipping in Jerusalem. The man was reading from Isaiah 53 ("He was wounded for our transgressions"), and Philip told him about Jesus, and persuaded him that the words were a prophecy of the saving work of Jesus. The man was baptized, and went on his way rejoicing, while Philip went north to Caesarea, the major seaport of Israel, and its secular capital.

When Paul (accompanied by Luke) was going up to Jerusalem for the last time, he paused at Caesarea and spent several days with Philip. (This may be the source of some of the information Luke used in writing the early chapters of Acts.) We are told that Philip had four daughters who prophesied. (This is relevant to discussions of the role of women in the Church.)

Was Philip the Deacon the same person as Philip the Apostle (see 1 May)?
No, they were different. There were Twelve Apostles, and they said, "Our work is to preach the Gospel, not to administer the budget. Choose seven men to administer the budget." Obviously they meant seven men other than themselves.

Moreover, when Philip went to Samaria, and preached and made converts, he baptized them, but none of them received the Holy Spirit. It was not until Peter and John came from Jerusalem and laid hands on them that they received the Spirit. Surely this means that Philip was not an Apostle--not one of the Twelve.

Yes, they were the same person.

We have ancient testimony identifying them. Papias of Hierapolis, a second-century writer who had spoken with some of the apostles, speaks of the Philip of Acts 21 as one of the Apostles. Polycrates, a second-century bishop of Ephesus, says that Philip, "one of the Twelve", was buried at Hierapolis along with two aged virgin daughters of his, and that a third daughter, a prophetess, was buried at Ephesus. It seems unlikely that two Philips would both have unmarried daughters of whom at least one was known as a prophetess.

If eleven of the Twelve Apostles refused the work of administering the church's welfare program, but one, for special reasons, accepted it, it is not clear that Luke would have felt bound to point this out. The Jerusalem community may have thought it desirable to have one man serve both as one of the Twelve and one of the Seven, so as to provide a link, a liason, between the two groups. Philip, who specifically named in John's account of the feeding of the Five Thousand (John 6:5), is likely to have had special abilities in organizing the feeding of the hungry, and related matters. Moreover, the Seven were originally appointed because the Greek-speaking Jews complained that their widows were being neglected. Philip had a Greek name ("lover of horses"), which at least suggests some kind of Hellenistic element in his background. Even more to the point, we note that earlier, when a group of Greek-speaking Jews wanted a chance to speak with Jesus, they went first to Philip (Jn 12:20f). Clearly Philip was a good choice for dealing with Hellenists.

As for the objection that Philip's Samaritan converts receive the laying on of hands, not from Philip, but from Peter and John, it must be noted that Peter and John were there specifically as representatives of the Apostles gathered at Jerusalem. It may very well be that Philip wanted to make sure that the receiving of a group of Samaritans into the Church, a gesture certain to stir up violent emotions in some Christians, had the official support of the College of Apostles.

Los sismos de la ira


El delegado de Xochimilco, Avelino Méndez, puso pies en polvorosa en el pueblo de San Gregorio. El pasado 21 de septiembre, una multitud enfurecida lo corrió de ese barrio a patadas, golpes, piedras y mentadas de madre. Le reclamaba la falta de atención a los damnificados y el sólo irse a tomar la foto. Protegido por un grupo de colaboradores, el funcionario logró escapar trepando a un camión en movimiento.

Días antes, el 12 de septiembre, en Juchitán, Oaxaca, un grupo enfurecido de padres de familia, abuchearon, gritaron y reclamaron al secretario de Educación, Aurelio Nuño, la escasa ayuda del gobierno federal a los damnificados por el sismo. Impotente, el funcionario demandó: Déjenme hablar. Déjenme decir a lo que vengo. Fue inútil. Los gritos en su contra arreciaron y debió de pasarle el micrófono al gobernador de Oaxaca para que lo rescatara.

No corrió con mejor suerte el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Cuando el 20 de septiembre se presentó en mangas de camisa a las ruinas de la fábrica derrumbada en Chimalpopoca y Bolívar, fue increpado por los rescatistas del barrio, en su mayoría albañiles y obreros, que habían trabajado con picos y palas en remover escombros más de 24 horas seguidas. Rodeado de granaderos, el funcionario trató de abrirse paso infructuosamente entre los voluntarios, mientras recibía un alud de insultos y proyectiles improvisados. ¡Fuera, fuera!, le gritaban, mientras pedía calma.

El 22 de septiembre, decenas de enfurecidos integrantes de organizaciones sociales tomaron el centro de acopio del DIF estatal en Morelos, abrieron tres tráileres de ayuda humanitaria sin descargar y vaciaron la bodega llena de víveres sin distribuir, secuestrados por el gobierno de Graco Ramírez. Los indignados decidieron distribuir por su cuenta varias toneladas de apoyos a quienes los necesitaban. El enojo les nació de la pretensión del mandatario estatal (es un decir) de monopolizar la distribución de las ayudas.

Todos estos casos de explosiones de encono popular contra autoridades gubernamentales distan de ser hechos aislados. Son parte de un clima general de inconformidad que se incuba en muchas partes del país.

Muchos rescatistas tienen los ánimos crispados. Convencidos de que están en la primera línea del desastre para tratar de salvar vidas, chocan con quienes fueron enviados allí para recibir órdenes. Cuando menos se han suscitado tres enfrentamientos a golpes entre voluntarios y policías (en Chimalpopoca, Tlalpan y Álvaro Obregón); los pleitos con funcionarios delegacionales, a los que se acusa de agandallarse la ayuda y entorpecer los rescates, han sido incontables y, con harta frecuencia, se han producido jaloneos con marinos y soldados.

Los sismos de septiembre abrieron una enorme cuarteadura en el edificio institucional de la democracia representativa. Lejos de apaciguarse con el paso de los días, la ira de rescatistas y ciudadanos hacia políticos, partidos e instituciones electorales crece. La exigencia de destinar a la reconstrucción recursos para el financiamiento de campañas electorales y partidos políticos se ha convertido en una bola de nieve, que rueda impulsada por una profunda indignación.

La rabia crece también al evidenciarse las huellas de la rapiña inmobiliaria y la corrupción detrás de los 40 edificios que colapsaron y los casi 4 mil que tienen severos daños estructurales en ciudad de México. Miguel Ángel Mancera abrió de par en par la puerta de los negocios salvajes a los especuladores de bienes raíces. Las licencias de construcción se repartieron como billetes de lotería. El resultado está a la vista: edificios nuevos que se desplomaron como castillos de naipes y antiguas construcciones dañadas por los sismos de 1985 que, en lugar de ser derruidas fueron remozadas.

Miguel Ángel Velázquez, puso el dedo en la llaga en una crónica en La Jornada publicada el 20 de septiembre: Pero, ¿quién le dio permiso a la muerte? De alguna manera alguien puso la firma en un papel que permitió que la ambición del o los dueños del inmueble abriera la puerta a esta desgracia que ya había sido pronosticada.

Parte de esta tragedia fue alimentada por un claro conflicto de interés entre quienes edifican y quienes deben vigilar que se haga de acuerdo con las normas establecidas. El 22 de septiembre, la investigadora en educación Alma Maldonado denunció: Uno de los mayores problemas de las constructoras es que tienen su propia supervisión para hacer porquerías. Dos días después, The New York Times explicó cómo la inspección de obras ha sido concesionada a ingenieros que son contratados y pagados por los mismos desarrolladores inmobiliarios. Son juez y parte. Por ello, con frecuencia la misma persona es empleada por una sola empresa para supervisar diversas obras y muchos inspectores ni siquiera están presentes en todas las fases de la construcción.

El enojo ciudadano crece también con la burla y manipulación informativa de Televisa y Semar en casos como el de Frida Sofía. Aunque nunca ha dejado de estar allí, con esta cobertura el Canal de las Estrellas se metió de lleno en la era de la posverdad, en la conversión de la realidad en telenovela para promover la candidatura de Aurelio Nuño, en la trasmutación de la tragedia en espectáculo para el rating. Los alquimistas de la comunicación, que creyeron encontrar en el show del rescate de la niña inexistente su nuevo flogisto mediático, ofendieron a las víctimas y faltaron el respeto a la audiencia.


Con furia, hace hoy justo tres años, la desaparición forzada de 43 normalistas rurales de Ayotzinapa sacudió la conciencia de una nueva generación y la lanzó a la calle para exigir al Estado la presentación con vida de los estudiantes. Ira sobre ira, los sismos de septiembre han vuelto a convocar a los jóvenes a tomar las calles, ahora para organizar el rescate de los sobrevivientes, remover escombros y alimentar a los damnificados. Lo han hecho con generosidad, valentía, tenacidad e inteligencia. Dueños de su destino sin intermediario político alguno, su solidaridad y cooperación son simiente para un otro México.

CINCO PUNTOS ESENCIALES PARA INVESTIGAR EN INTERNET

  1. Elegir los buscadores. Aunque GoogleYahoo o Bing son los motores de búsqueda más utilizados en el mundo y resultan útiles para el aula, no son las únicas opciones. Puedes animar a tus alumnos a probar alternativas recomendables en ciertos casos o temas, entre ellas:
  •  Google Scholar. Versión académica de Google, diseñada para localizar bibliografía, artículos, tesis, libros, resúmenes y opiniones.
  • Microsoft Academic. Versión académica de Microsoft que opera sobre una base de datos de más de 80 millones de publicaciones, actualizada permanentemente.
  • Dialnet. Base de datos con más de 5 millones de documentos referenciados, artículos de revistas, libros y tesis doctorales.
  • WorldWideScience. Buscador en portales científicos y académicos internacionales.
  • Jurn. Motor de búsqueda de artículos libres académicos, textos, revistas y tesis de varias disciplinas.
  • RefSeek. Buscador que filtra las respuestas para dar prioridad a documentos y páginas web de interés académico y enciclopédico.
  • Redalyc. Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal, para localizar temas científicos.
  • Buscabiografías. Base de datos con biografías variadas de personajes relevantes, históricos y actuales, que incluye frases célebres, curiosidades o cronologías.
  • Scholarpedia . Enciclopedia académica online, cuyos textos están revisados por expertos de todo el mundo.
  1. Hacer búsquedas eficaces. Al margen del buscador que se elija, la documentación puede resultar más o menos acertada según los términos que se utilicen. Estas son algunas técnicas que puedes enseñar a tus alumnos:
  • Filtrar resultados. Dentro de los buscadores generalistas hay múltiples opciones para centrarse en el tipo de resultados deseados: páginas web, imágenes, videos, noticias, mapas, libros… Anima a tus alumnos a utilizar estas posibilidades para evitar información en formatos que no se ajusten a lo que les interesa.
  • Elegir los términos precisos y utilizar la búsqueda avanzada. Se puede optar por un lenguaje natural, frases literales o palabras clave asociadas según el tema que se investigue. Además, la búsqueda avanzada que ofrecen los motores permite ajustar mucho más los resultados que se obtendrán, buscando términos exactos o varias palabras, delimitando ciertos dominios, países o idiomas.
  • Utilizar operadores. Esta práctica herramienta permite ajustar más la búsqueda añadiendo o quitando términos, buscando dentro de una web concreta, incluyendo palabras comodín… Aquí tienes algunos ejemplos y el propio Google o Bing detallan sus operadores específicos.
  1. Completar y contrastar los datos. Explica a tus alumnos que deben tener una visión crítica ante aquella información que encuentran en Internet y contrastar los datos para comprobar que son ciertos, completos y objetivos. Con frecuencia tendrán que realizar una nueva búsqueda sobre un asunto clave que hay que verificar, o deberán ampliar o redefinir la búsqueda anterior para ajustarla a la documentación que necesiten, cuando:
  • los resultados no dan la información que se busca y hay que variar los criterios;
  • la información no es suficiente y hay que ampliar el rango de búsqueda;
  • los datos son excesivos y hay que reducir el rango de búsqueda;
  • la información es contradictoria o no resulta creíble y hay que contrastarla.
  1. Valorar y seleccionar la información. Explica a tus alumnos que, entre los millones de resultados que ofrece cualquier buscador, habrá información creíble y dudosa, esencial y secundaria, relevante o irrelevante para el objetivo concreto de su búsqueda. Recuérdales que los primeros resultados no tienen por qué ser los mejores, que de hecho algunos de ellos pueden estar promocionados y ser publicitarios, y anímales a leer la descripción del enlace antes de abrir páginas que en realidad no les interesan. Indícales que para realizar esta selección deben tener en cuenta, por ejemplo:
  • el origen o fuente de la información y su autoridad y fiabilidad;
  • el enfoque de la información, las versiones que da y el contenido que aporta;
  • la actualización de los contenidos;
  • la legibilidad y la calidad del texto.
  1. Recopilar las fuentes y almacenar la documentación. Durante el proceso de investigación en Internet es importante que los alumnos anoten y recopilen las fuentes de información utilizadas y la documentación que consideren importante, que les servirá para apoyar la investigación: documentos de texto, PDF, direcciones de páginas web, imágenes, videos, audios etc. Pueden:
  • Copiar y pegar direcciones web, referencias, títulos de bibliografía o fragmentos de texto en un documento de texto o una tabla que guarden en su ordenador o en la nube, con Google Docs  u Office 365, por ejemplo, de modo que puedan compartirlo.
  • Guardar documentos PDF, audios, videos, imágenes, presentaciones, tablas u otros formatos que permitan la descarga y almacenarlos en una carpeta local o en la nube, como Dropbox, Drive  o Pearltrees, debidamente etiquetados con su origen.
  • Elaborar un listado de fuentes online añadiéndolas a los marcadores del propio ordenador, o mediante un agregador de marcadores como FeedlySymbalooDelicious oScoop.it! 

HISTORICO PANAMÁ VA A RUSIA 2018


Los indígenas despiertan a una Argentina que los había olvidado

Daniel Gutman

Cientos de comunidades indígenas, se extienden por toda la extensa geografía Argentina en reclamo ante la discriminación por parte del gobierno.

Los reclamos territoriales de cientos de comunidades indígenas, que se extienden por casi toda la extensa geografía argentina, irrumpieron sorpresivamente en la agenda pública de un país construido por y para descendientes de colonizadores y de inmigrantes europeos, acostumbrado a mirar como ajenos a los pueblos originarios.

Todo comenzó con la desaparición de Santiago Maldonado, un artesano de 28 años que el 1 de agosto participaba en la sureña y patagónica provincia de Chubut en una protesta del pueblo indígena mapuche, que fue desalojada de manera violenta por una fuerza de seguridad. Desde entonces, nada se sabe sobre su paradero.

Ese hecho movilizó a amplios sectores de la sociedad y sacó de las sombras un conflicto que en los últimos años ha provocado numerosos hechos de violencia pero al que históricamente se le ha prestado poca atención.

“Ojalá el hecho desgraciado de Santiago Maldonado sirva para que en la Argentina se entienda que es necesario y posible encontrar soluciones legales y políticas a la cuestión indígena”, dijo Gabriel Seghezzo, director de la Fundación para el Desarrollo en Justicia y Paz (Fundapaz).

“Es imprescindible trabajar para desactivar los conflictos, porque si no la violencia va a continuar”, agregó a IPS el máximo dirigente de la organización que trabaja para mejorar las condiciones de vida de las comunidades que viven en la porción argentina del Chaco, el gran bosque subtropical que se extiende hacia Paraguay y Bolivia.

Fundapaz fue una de las organizaciones que trabajó durante más de 20 años en un reclamo de territorios rurales en la provincia noroccidental de Salta, que culminó en 2014, cuando el gobierno local transfirió la propiedad de 643.000 hectáreas a las familias que las habitaban.

Se reconoció la propiedad comunitaria sobre 400.000 hectáreas a integrantes de los pueblos indígenas wichi, toba, tapiete, chulupí y chorote, mientras que las restantes se otorgaron en condominio a 463 familias campesinas criollas.

Ese suceso, sin embargo, fue apenas una excepción feliz, ya que la enorme mayoría de las comunidades indígenas del país no tienen título de propiedad sobre sus tierras.

Hace 10 años, el Estado lanzó el Programa Nacional de Relevamiento Territorial Indígena, en el que se registraron 1.532 comunidades. Al día de hoy, solo 423 tienen concluido el relevamiento, aunque no cuentan con título de propiedad, y hay otras 401 que están en proceso.

Según el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), esas 824 comunidades reclaman que se les reconozcan como ancestrales 8.414.124 hectáreas. Es una superficie mayor a la de varios países del continente, como Panamá o Costa Rica, pero que equivale solo a aproximadamente tres por ciento de los 2.780.400 de kilómetros cuadrados del territorio argentino.

En el resto de las comunidades, ni siquiera se inició el relevamiento. Así, el Estado argentino está en deuda con su propia Constitución Nacional, que reconoce “la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas” y garantiza no sólo “el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural”, sino también “la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan”.

Esos principios fueron incorporados a la Constitución en 1994, durante la última reforma, y marcaron un cambio de paradigma fenomenal para una nación que históricamente consideró al indio un elemento extraño, al que había que someter.

De hecho, antes de 1994, la ley fundamental de Argentina instruía a las autoridades a “conservar el trato pacífico con los indios y promover la conversión de ellos al catolicismo”.

Sin embargo, el extraordinario avance sobre el papel parece haber traído pocas mejoras concretas para los indígenas, cuyo peso numérico en la población argentina es difícil de establecer.

En el último Censo Nacional, en 2010, se reconocieron como pertenecientes o descendientes de un pueblo indígena 955.032 personas, 2,38 por ciento de la población total registrada entonces, de 40.117.096 habitantes.

Pero se cree que los indígenas son más, ya que no todos quieren reconocerlo, debido a la histórica discriminación que han sufrido. Los pueblos originarios con mayor población son los mapuches, en el sur, los tobas, en el Chaco, y los guaraníes, en el noreste.

“Luego de la reforma constitucional que reconoció a los pueblos indígenas, hemos tenido 23 años de fracaso absoluto de las políticas públicas para resolver la cuestión indígena. Ha habido una fatal demora de todos los gobiernos que pasaron en este tiempo”, dijo Raúl Ferreyra, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad de Buenos Aires.

Para Ferreyra, “los conflictos territoriales tienen una matriz clara, que son el avance descontrolado del monocultivo de soja, en el norte del país, y la extranjerización de enormes superficies de tierra, en el sur”.

“Lo que se necesita es diálogo, pero no hay voluntad ni herramientas”, aseguró en su diálogo con IPS.

Lo sucedido con la cuestión de las tierras es un buen ejemplo de la distancia que hay entre las normas y la realidad.

En noviembre de 2006, el legislativo Congreso Nacional sancionó la Ley 26.160 de Comunidades Indígenas, que estableció la “emergencia en materia de posesión y propiedad de los territorios indígenas” por cuatro años.

Durante ese lapso –que debía utilizarse para determinar cuáles son las tierras ancestrales de las comunidades, como paso previo a la titulación- quedaban prohibidos los desalojos, aun con orden judicial.
Sin embargo, no se avanzó en el relevamiento, a pesar de que el Congreso alargó los cuatro años del plazo original dos veces, y los convirtió en 11.
La última prórroga vence en noviembre y decenas de organizaciones sociales de todo el país han pedido su renovación hasta 2021, mientras el Congreso comenzará a debatir la suerte de la ley el 27 de este mes.

El reclamo fue respaldado por cientos de intelectuales, a través de una carta pública en la que señalaron que “en la Argentina resulta cada vez más incompatible el reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos indígenas sobre sus territorios ancestrales con la expansión de los territorios rentables para el capital”.

De acuerdo a un estudio de la organización Amnistía Internacional, existen en el país 225 conflictos que involucran a comunidades indígenas, casi todos por cuestiones territoriales.

En 24 de ellos hubo hechos de violencia con intervención de fuerzas de seguridad, e incluso muertos. Como Javier Chocobar, dirigente de una comunidad diaguita de la también noroccidental provincia de Tucumán, por cuyo asesinato, en 2009, todavía no hay culpables.

“En todos estos años, muchos jueces han seguido ordenando desalojos de comunidades indígenas a pesar de lo dispuesto el Congreso Nacional. Por eso creemos que si la emergencia no se prorroga la situación va a empeorar”, explicó Belén Leguizamón, coordinadora del área de Derechos Indígenas de la organización Abogados y Abogadas del Noroeste Argentino en Derechos Humanos y Estudios Sociales (ANDHES).

A su juicio, “la ley es un paraguas con agujeros, pero un paraguas al fin”.

“El relevamiento de los territorios indígenas de Argentina ya tendría que estar hecho y hoy deberíamos estar estudiando la titulación. Tenemos que trabajar en la fuerte discriminación que no solo existe de parte de las autoridades y los principales medios de comunicación, sino también de sectores de la sociedad”, planteó a IPS.

A título de ejemplo, detalló que “en las escuelas de la Argentina se sigue enseñando que los pueblos indígenas pertenecen a un pasado que ya no existe”.