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La verdad sobre las «fake news»


Thierry Meyssan

La histeria estalló en Washington mientras la OTAN montaba todo un dispositivo para acusar a Rusia de continuar la propaganda de la desaparecida Unión Soviética. Los medios dominantes tratan de desacreditar al nuevo presidente de Estados Unidos acusándolo de cualquier cosa y este los acusa a ellos de propagar noticias falsas. Este cruce interminable de acusaciones se ve amplificado por el súbito desarrollo de las redes sociales, que antes sirvieron al Departamento de Estado como herramienta contra los regímenes nacionalistas pero que ahora se convierten en foros populares contra los abusos de las élites… empezando por las de Washington.

Responsables de casi todos los países de la OTAN –y sólo en esos países– denuncian las «fake news» o “noticias falsas”. Con ello dicen sacar a la luz la supuesta influencia de la propaganda rusa en las «democracias occidentales». El país más afectado por esta campaña es Francia, cuyo presidente, Emmanuel Macron, acaba de anunciar la elaboración de una ley destinada especialmente a luchar contra este «atentado contra la democracia»… pero sólo «en periodo electoral».

En realidad, las noticias falsas son un problema tan viejo como el mundo y el hecho que la expresión inglesa «fake news» se repita ahora, exactamente de la misma manera, en todas las lenguas de la OTAN indica el origen anglosajón de esta “nueva” problemática.

La OTAN, fuente de la campaña sobre las «fake news»

En 2009, el presidente Barack Obama anunciaba en la cumbre de la OTAN celebrada en Estrasburgo-Kehl su intención de crear un servicio de «Comunicación Estratégica» para la alianza atlántica [1]. Se necesitaron 6 años para crear ese servicio alrededor de la 77th Brigade de las fuerzas terrestres del Reino Unido y de la 361st Civil Affairs Brigade de las fuerzas terrestres de Estados Unidos (con bases en Alemania e Italia).

La misión inicial era contrarrestar las acusaciones de que el Estado profundo estadounidense había organizado los atentados del 11 de septiembre de 2001 y, posteriormente, las denuncias que señalaban a los anglosajones como los planificadores de las «primaveras árabes» y de la guerra contra Siria. Dichas acusaciones eran calificadas de «complotistas» o «conspiracionistas». Pero, luego se pasó rápidamente a tratar de convencer a los pueblos de los países miembros de la OTAN de que Rusia continúa la propaganda de la desaparecida Unión Soviética y que, por ende, la alianza atlántica todavía sirve para algo.

Finalmente, en abril de 2015, la Unión Europea también se dotó de un «Grupo de Trabajo para las Comunicaciones Estratégicas Hacia el Este» (East StratCom Task Force). Ese grupo de trabajo envía semanalmente a miles de periodistas un resumen sobre la «propaganda rusa». Por ejemplo, en su última edición (11 de enero de 2018) acusa a Sputnik de haber propalado que el zoológico de Copenhague alimenta sus fieras con animales domésticos abandonados. ¡Gravísima amenaza para las «democracias»! Parece que a los especialistas de la East StratCom Task Force les cuesta trabajo encontrar ejemplos significativos de «injerencia rusa».

En agosto del mismo año 2015, la OTAN inauguró su «Centro de Comunicación Estratégica» en Riga, capital de Letonia. Al año siguiente, el Departamento de Estado se dotó, por su parte, del Global Engagement Center, o Centro de Compromiso Global, que persigue los mismos objetivos.
Facebook, el juguete preferido de Hillary Clinton, acabó volviéndose contra ella

En 2009, la secretaria de Estado Hillary Clinton, estimulada por Jared Cohen –responsable del Buró de Planificación Política – se convenció de que era posible derrocar la República Islámica de Irán manipulando las redes sociales. El resultado no fue el esperado. A pesar de eso, 2 años después, en 2011, el mismo Jared Cohen, convertido en jefe de Google Ideas, logró movilizar a la juventud del Cairo. Aunque la «revolución» de la plaza Tahrir no influyó en la opinión del pueblo egipcio, nacía así el mito de la propagación del modo de vida estadounidense a través de Facebook. Como resultado, el Departamento de Estado financió numerosas asociaciones y congresos para la promoción de Facebook.

La verdadera sorpresa sobrevino durante la elección presidencial estadounidense de 2016. El promotor inmobiliario Donald Trump, un advenedizo para la clase política, eliminó uno por uno a todos sus rivales, incluyendo a la propia Hillary Clinton, y resultó electo para ocupar la Casa Blanca gracias a los consejos de Facebook. Por primera vez, el sueño de la lideresa de los políticos profesionales se convertía en realidad… pero en contra de ella misma. De la noche a la mañana, Facebook pasó a ser demonizado por la prensa dominante.

Se reveló entonces que es posible provocar artificialmente movimientos de opinión y de masas mediante la manipulación de las redes sociales, pero que los usuarios acaban volviendo a la razón al cabo de cierta cantidad de días. Esto es una constante en todos los sistemas de manipulación de la información: sus efectos son efímeros. El único tipo de mentira que permite crear comportamientos prolongados por largo plazo implica haber empujado la ciudadanía a contraer algún tipo de compromiso menor, o sea hacer proselitismo [2].
En todo caso, Facebook entendió eso perfectamente porque creó su propio «Buró de Política Mundial y Sensibilización de los Gobiernos» y lo puso en manos de Katie Harbath. Facebook pretende crear emociones colectivas a favor de tal o más cual cliente, pero no trata de organizar campañas duraderas [3].

Es también por eso que el presidente francés Macron quiere imponer leyes sobre las redes sociales sólo para los periodos electorales. El propio Macron llegó a la presidencia gracias al desorden que Facebook y un semanario sembraron conjuntamente contra su rival Francois Fillon, una operación orquestada por Jean-Pierre Jouyet [4]. En todo caso, el temor de Macron a que la próxima vez las redes sociales sean utilizadas contra él coincide con la voluntad de la OTAN de hacer ver que existe una continuidad entre Rusia y la URSS en materia de propaganda. Así que Macron cita como ejemplos de manipulación una entrevista de Sputnik sobre su vida privada y el hecho que ese medio se hizo eco de una alegación sobre una cuenta bancaria suya en el extranjero.

El informe de Christopher Steele

Durante la campaña previa a la elección presidencial en Estados Unidos, el equipo de Hillary Clinton encargó al ex agente de los servicios secretos británicos Christopher Steele una investigación sobre el candidato Donald Trump. Ex jefe del «Buró Rusia» del MI6, Christopher Steele es conocido sobre todo por sus alegaciones escandalosas y siempre inverificables. Después de acusar –sin pruebas– a Vladimir Putin de haber ordenado el envenenamiento de Alexander Litvinenko con polonio 210, también lo acusó de haber hecho caer a Donald Trump en una trampa sexual para poder chantajearlo. El Informe Steele fue entregado discretamente a ciertos periodistas, políticos y espías, antes de ser publicado [5].
De ahí procede la tesis actual de que, tratando de que su títere ganara las elecciones y de impedir la elección de Hillary Clinton, el amo del Kremlin ordenó a «sus» medios la compra de publicidad en Facebook y la divulgación por esa vía de calumnias contra la ex secretaria de Estado, hipótesis que ahora vendría a confirmarse por una conversación del embajador de Australia en Londres con un consejero de Donald Trump [6]. Aunque se ha comprobado que Russia Today y Sputnik no gastaron más que unos pocos miles de dólares en publicidad, que además tenía poco que ver con la señora Clinton, la clase dirigente estadounidense dice estar convencida de que eso bastó para invertir el apoyo del que había gozado la candidata demócrata, que gastó en su campaña 1,200 millones de dólares. En Washington se sigue creyendo que los inventos tecnológicos permiten tal grado de manipulación de los seres humanos.

Ya no se trata de observar que si Donald Trump y sus partidarios hicieron campaña a través de Facebook fue porque toda la prensa escrita y audiovisual les era hostil, sino de afirmar que Rusia manipuló Facebook para impedir la elección de la favorita de Washington.

El privilegio jurídico de Google, Facebook y Twitter

En sus esfuerzos por demostrar la injerencia de Moscú, la prensa estadounidense ha resaltado el enorme privilegio que gozan Google, Facebook y Twitter. Esas 3 empresas no son consideradas responsables de los contenidos que difunden. Desde el punto de vista del derecho estadounidense son sólo “transportadores” de información (common carrier).

Los experimentos realizados por Facebook han demostrado, por un lado, que es posible crear emociones colectivas. Pero esa empresa no es considerada jurídicamente responsable de los contenidos que vehicula, contradicción que pone de relieve la existencia de una anomalía en el sistema.

Sobre todo teniendo en cuenta que el privilegio de Google, Facebook y Twitter es claramente indebido. En efecto, esas 3 empresas actúan al menos de dos maneras para modificar los contenidos que “transportan”. En primer lugar, censuran unilateralmente ciertos mensajes, ya sea por intervención directa de su personal o mediante el uso disimulado de algoritmos. Pero además promueven su propia versión de la verdad en detrimento de los demás puntos de vista (fact-checking).

Por ejemplo, en 2012, Qatar encargó a Google Ideas, ya bajo el mando de Jared Cohen, la creación de un programa informático capaz de seguir las deserciones en el Ejército Árabe Sirio. ¿Objetivo? Mostrar que Siria era una dictadura y que el pueblo había iniciado una “revolución”. Pero rápidamente resultó que esa visión de las cosas era falsa. La cantidad de deserciones nunca pasó de 25,000, en un ejército que cuenta 450,000 hombres. Por eso, luego de haber promocionado ese software, Google acabó retirándolo discretamente.

Por otro lado, Google promociona, desde hace 7 años, los artículos que se hacen eco de los comunicados del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH). Esos comunicados dan, día tras día, la cantidad exacta de víctimas de ambos bandos. Pero son cifras imaginarias porque es materialmente imposible determinar esa cifra diariamente. Nunca se ha visto, en tiempo de guerra, un Estado capaz de determinar diariamente la cantidad exacta de soldados muertos en combate y de víctimas civiles. Pero el OSDH sabe, desde el Reino Unido, algo que nadie es capaz de determinar con precisión en la propia Siria.
Lejos de ser “transportadores” de información, Google, Facebook y Twitter son en realidad sus creadores y por tanto deberían ser jurídicamente responsables de sus contenidos.

Las reglas de la libertad de expresión

Aun considerando que los esfuerzos de la OTAN y del presidente Macron contra Rusia en el plano audiovisual y de internet están condenados al fracaso, no es menos cierto que lo más conveniente es que los nuevos medios estén incluidos en el derecho general.

Los principios que rigen la libertad de expresión son legítimos sólo si son los mismos para todos los ciudadanos y para todos los medios. Esto último no es así en este momento. Si bien existe una aplicación del derecho general, no existen, en cambio, reglas precisas, como el derecho de respuesta o en materia de desmentido, para los mensajes que se difunden a través de internet y de las redes sociales.

Como siempre en la historia de la información, los medios ya establecidos tratan de sabotear a los nuevos. Recuerdo, por ejemplo, el virulento editorial que el diario francés Le Monde, dedicó en 2002 a mi trabajo, publicado en internet, sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. Lo que le desagrada a Le Monde, tanto como mis conclusiones sobre esos acontecimientos, es que la Red Voltaire no esté sometida a una serie de obligaciones financieras de las que ese cotidiano se sentía prisionero [7].

Quince años más tarde, Le Monde muestra la misma actitud de defensor de un clan con la creación de lo que llama Le Décodex. Más que criticar los artículos y videos de los nuevos medios de información, Le Monde pretende medir el grado de confiabilidad de los sitios web que rivalizan con el suyo. Por supuesto, sólo le parecen confiables los sitios web de los diarios que se publican en papel, como el propio Le Monde, mientras que a todos los demás los clasifica como poco confiables.

Para justificar la campaña contra las redes sociales, la Fundación Jean-Jaures –fundación del Partido Socialista francés vinculada a la NED (National Endowment for Democracy) estadounidense– acaba de publicar un sondeo imaginario [8]. Ese sondeo trata de demostrar, exponiendo una serie de cifras, que las personas frustradas, las clases trabajadoras y los partidarios del Frente Nacional [9] son gente crédula. Según ese sondeo, el 79% de los franceses creen en alguna teoría de la conspiración. Como prueba de su ingenuidad, el sondeo precisa que 9% de los franceses está convencido de que la Tierra es plana.

Realmente, ni yo ni ninguno de mis amigos franceses consultados a través de internet nos hemos encontrado nunca con un compatriota que creyera que la Tierra es plana. Se trata simplemente de una cifra inventada, suficiente para que cualquiera pueda dudar de todo el estudio. Lo que sí es cierto es que, a pesar de estar vinculada al Partido Socialista de Francia, la Fundación Jean-Jaures ha tenido desde siempre como secretario general a Gerard Collomb, ahora convertido en ministro del Interior por el actual presidente francés Emmanuel Macron. Esta misma fundación ya había publicado, hace 2 años, un estudio tendiente a desacreditar a los opositores políticos del sistema, tildándolos de «conspiracionistas» [10].

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[1] «La campaña de la OTAN contra la libertad de expresión», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 5 de diciembre de 2016.
[2] Sobre los métodos y formas de propaganda, ver «Las técnicas de la propaganda militar moderna», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 16 de mayo de 2016.
[3] «Un equipo secreto de Facebook manipula las opiniones del público», por Shelley Kasli, Great Game India (India) , Red Voltaire, 29 de diciembre de 2017.
[4] Personalidad central del cuerpo de Inspectores de Finanzas, Jean-Pierre Jouyet fue abogado del gabinete Jeantet (vinculadísimo al fallecido presidente francés Francois Mitterrand), director adjunto del equipo de trabajo del ex primer ministro francés Lionel Jospin, secretario de Estado de Asuntos Europeos bajo la presidencia de Nicolas Sarkozy, secretario general de la presidencia de República bajo el presidente Francois Hollande y mentor de Emmanuel Macron, quien después de ser electo presidente lo nombró de inmediato embajador de Francia en Londres.
[6] “How the Russia Inquiry Began: A Campaign Aide, Drinks and Talk of Political Dirt”, Sharon LaFranière, Mark Mazzetti y Matt Apuzzo, New York Times, 30 de diciembre de 2017.
[7] «Le Net et la rumeur», editorial del diario francés Le Monde (en francés), 21 de marzo de 2002.
[8] «Le conspirationnisme dans l’opinion publique française» [En español, “El conspiracionismo en la opinión pública francesa”, Rudy Reichstadt, Fondation Jean-Jaurès, 7 de enero de 2018.
[9] El Frente Nacional, cuya candidata a la elección presidencial, Marine Le Pen, disputó la presidencia a Emmanuel Macron durante la segunda vuelta de esa consulta electoral, es un partido francés clasificado como ultranacionalista y de extrema derecha. Nota del Traductor.
[10] «El Estado contra la República», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 9 de marzo de 2015.

Trump, la religión musulmana y el islam político


Thierry Meyssan

Hace una decena de años que Estados Unidos está atrapado en su propia contradicción ante el islam. Por un lado, se presenta como el país de la libertad religiosa, mientras usa la Hermandad Musulmana para desestabilizar el Medio Oriente ampliado, y al mismo tiempo lucha contra el avance del terrorismo islámico fuera de esa región. Estados Unidos ha prohibido toda la investigación que permitiría establecer la diferencia entre el islam como religión y la manipulación de esa religión con fines políticos.

Después haber roto con el terrorismo de la Hermandad Musulmana, Donald Trump ha decidido reabrir ese dossier, corriendo con ello el peligro de provocar actos de violencia en su propio país ya que, en Estados Unidos, la libertad para practicar la religión musulmana no incluye la de meterse en política.
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En su nueva «Estrategia de Seguridad Nacional», el presidente Trump modifica la terminología oficial y designa los grupos armados musulmanes como «yihadistas terroristas».

¿Es el islam una religión o una ideología?

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, atribuidos a al-Qaeda, una violenta polémica se desató en Washington. ¿Los grupos terroristas eran o no representativos del islam? En caso de respuesta afirmativa, parecía conveniente considerar a todos los musulmanes como enemigos de la patria. En caso de respuesta negativa, era posible establecer una diferencia entre musulmanes «moderados» y «extremistas».

Pero los británicos utilizaban los mismos términos con un sentido diferente: los «moderados» son musulmanes «moderadamente antiimperialistas» –como el Hamas, que no abriga objeción alguna de orden político hacia Israel y que sólo se niega a que los musulmanes sean gobernados por judíos– mientras que los «extremistas» son «musulmanes extremadamente antiimperialistas» –como el Hezbollah, que cuestiona la victoria del Estado colonial israelí sobre los árabes.

La polémica alcanzó su punto culminante en junio de 2006, en una conferencia del New York Metro InfraGard. William Gawthrop, agente y experto del FBI, aseguró que era inútil establecer diferencias entre los distintos grupos terroristas musulmanes dado que todos se basan en la misma ideología: el islam. Se filtraron entonces 5 documentos internos del FBI [1]. Destinados a la formación de los oficiales del FBI, esos documentos plantean que mientras más «islámica» es una persona es también más potencialmente «radical» y que el profeta Mahoma era el líder de una secta violenta. Gawthrop se basaba en un indiscutible estudio del Corán, de los hadiz y de los principales textos teológicos del islam. Mostraba que, a lo largo de la Historia, teólogos de las 4 principales escuelas sunnitas respaldaron la guerra contra los infieles… pero no los pensadores de la escuela chiitas. Gawthrop era también instructor en el Counterintelligence Field Activity (CIFA) del Departamento de Defensa, donde abogó por que se estudiara a Mahoma como jefe militar.

Esa polémica no era nueva. Por una parte, desde 1953 y la visita de Said Ramadan al presidente Eisenhower en la Casa Blanca, la CIA y el Departamento de Defensa trabajaban –fuera de Estados Unidos– con los partidarios del islam político: la Hermandad Musulmana. Por otro lado, durante la segregación racial se admitía que los descendientes de los esclavos podían ser musulmanes, pero sin que ello fuese una forma de definición o reclamo político. En 1965, el líder político negro y musulmán Malcolm X fue asesinado, probablemente con la contribución pasiva del FBI. Herido de muerte, en el suelo, trató de comunicar a su secretaria un mensaje para Said Ramadan.

En respuesta, una importante personalidad musulmana estadounidense, Salam Al-Marayati, amenazó con poner fin a toda cooperación con el FBI [2].

De inmediato, el subsecretario de Justicia James Cole prohibió todos los documentos de ese tipo, no sólo en el FBI, sino en todas las administraciones estadounidenses.

Pero los documentos del FBI estaban concebidos para impartir cursos, donde los instructores especificaban, poniendo en ello mucho énfasis, que no se referían al islam como religión sino como ideología política [3].

Estados Unidos, ¿país de la libertad religiosa o de la islamofobia?

Durante ese periodo, el Departamento de Estado crea varias estructuras encargadas de influir en la opinión pública estadounidense y en las de otros países para que no acusen a Estados Unidos de estar en guerra contra la religión musulmana. Ese dispositivo incluía un equipo de una veintena de personas, que hablaban varios idiomas e intervenían bajo identidades falsas en diversos foros para orientar los debates.

Independientemente de la manera de abordar la cuestión, Estados Unidos acababa siempre volviendo al mismo problema: desde el siglo VII, la palabra «islam» sirve en árabe para designar tanto una religión como una ideología política, a pesar de tratarse de dos cosas completamente diferentes.

Finalmente, en enero de 2008, el Departamento de Seguridad de la Patria (Homeland Security) publicó, por iniciativa de Michael Chertoff, la terminología para definir a los terroristas (Terminology to Define the Terrorists: Recommendations from American Muslims). Posteriormente, en marzo de 2008, la oficina del director de la Inteligencia Nacional, encabezada entonces por Mike McConnell, redactó una nota de carácter semántico dirigida a todo el conjunto de la administración. Se trataba de instrucciones que tenían como objetivo eliminar toda sospecha de islamofobia que pudiera existir contra la administración de George Bush hijo, quien había hablado en 2001 de «cruzada contra al-Qaeda», y limpiar la imagen del «país de la libertad religiosa».

Poner a Barack Hussein Obama en la Casa Blanca debía ser suficiente para arreglar el problema. Pero no fue así, principalmente porque, aunque una tercera parte de sus electores creían que Obama era musulmán, él se apresuró a precisar que en realidad era cristiano, aunque proveniente de una familia musulmana, lo cual parecía avalar el esquema identitario de los inmigrantes llegados del norte de Europa, o sea que se puede ser estadounidense siendo musulmán de cultura e incluso musulmán practicante de esa religión, pero el presidente de Estados Unidos tiene que ser cristiano.

De ahí la violenta reacción contra la campaña financiada por el promotor inmobiliario Donald Trump para que se aclarara dónde había nacido Barack Obama –¿en Hawái o en la Kenya británica? Por supuesto, la respuesta a esa pregunta tenía que ver con el respeto de la Constitución estadounidense [4], pero también implicaba aclarar si Obama había nacido cristiano o musulmán.

En 2011, el subsecretario de Estado a cargo de la propaganda (Public Diplomacy) creó el Centro para las Comunicaciones Estratégicas sobre el Antiterrorismo (Center for Strategic Counterterrorism Communications). En 2016, esa estructura pasó a llamarse Centro de Compromiso Global (Global Engagement Center) y extendió sus competencias a la lucha contra Rusia. Su presupuesto se multiplicó entonces por 13. Por supuesto, poner la lucha contra el terrorismo y la rivalidad con Rusia en manos del mismo organismo no contribuyó precisamente a aclarar las cosas. Fue en esa época cuando Washington adoptó la expresión de la ONU «extremismo violento» para designar la ideología de los terroristas [5].

Volvamos atrás. El 22 de diciembre de 2012, la publicación egipcia Rose El-Youssef revelaba la presencia de varios responsables de la Hermandad Musulmana en la administración Obama, como Salam Al-Marayati, quien incluso había representado a la secretaria de Estado Hillary Clinton y presidido la delegación estadounidense a la conferencia de la OSCE sobre los derechos humanos. Laila, la esposa de Al-Marayati, estaba vinculada a Hillary Clinton en la época en que esta última era First Lady y pertenecía a la Comisión sobre la Libertad Religiosa Internacional. La intervención de Al-Marayati contra Gawthrop, 6 años antes, en realidad era una maniobra de los Clinton, que utilizaron la Hermandad Musulmana para modificar la opinión del FBI y del Departamento de Defensa.

El derecho a reflexionar

La polémica resurgió en julio de 2017 con la presentación de una enmienda a la Ley de Programación Militar (NDAA) para autorizar el Departamento de Defensa a estudiar «el uso de doctrinas religiosas musulmanas violentas o no ortodoxas para apoyar la comunicación de los extremistas o de los terroristas y justificarla». Aquel texto fue rechazado por 217 votos contra 208, también en aras de la protección del islam como religión.

Por consiguiente, el presidente Trump ha finalmente aclarado las cosas al aplicar a los terroristas musulmanes la palabra «yihadista», aunque la «yihad» no sea originalmente la lucha armada contra los infieles sino una forma de reflexión y de análisis interno que realiza cada individuo sobre sus propios actos y sobre sí mismo.

Pero las decisiones de Donald Trump han sido hasta ahora objeto de las peores tergiversaciones. Su decreto suspendiendo la inmigración desde países donde los funcionarios estadounidenses no tiene medios de verificar la honestidad del solicitante fue interpretada como una medida «islamófoba» por tratarse de países cuyas poblaciones son mayoritariamente musulmanas.

Su decisión constituye para Estados Unidos una verdadera revolución intelectual. Hasta ahora, el Departamento de Defensa venía aplicando la estrategia del almirante Arthur Cebrowski, destruyendo en cada país del Gran Medio Oriente –uno por uno– toda forma de organización política mientras que el Departamento de Estado se ocupaba de asegurar que esa política no era antimusulmana per se.

Pero no era eso lo que se percibía desde el punto de vista de las poblaciones del Gran Medio Oriente, o Medio Oriente ampliado. Dado el hecho que Estados Unidos estuvo aplicando durante 15 años la estrategia del almirante Cebrowski [6] únicamente en la parte del mundo mayoritariamente musulmana, era imposible que afganos, persas, turcos y árabes entendieran los eslóganes estadounidenses. Fue por cierto esa la contradicción que Barack Obama se encontró en el momento de su discurso del Cairo, en junio de 2009.

Si bien es posible entender los objetivos de la propaganda estadounidense, lo cierto es que la primera víctima de esa propaganda ha sido… Estados Unidos. En efecto, no es la estrategia estadounidense de destrucción del Gran Medio Oriente sino la contradicción entre el bello discurso de Estados Unidos y su apoyo a la Hermandad Musulmana en el exterior lo que le ha llevado a prohibir toda investigación sobre el origen del islam político, tanto en suelo estadounidense como por parte de sus aliados.

Sin embargo, Mahoma fue a la vez general y gobernante. Esa particular situación histórica permitió, desde los inicios mismos del islam, que una corriente de pensamiento tratara de manipular esa religión para hacerse del poder. La mayoría de los musulmanes se educó con hadiz escritos mucho después de la muerte del Profeta, textos que le atribuyen hazañas militares y un pensamiento político en particular. La Hermandad Musulmana se apoya en importantes antecedentes.

En todo caso, Estados Unidos no logrará distinguir entre los dos sentidos de la palabra islam mientras no haya resuelto la cuestión de su propia identidad. Donald Trump y sus electores admiten sin dificultad que negros e hispanos sean ciudadanos de Estados Unidos, pero no que ejerzan funciones políticas de primer plano.

Paradójicamente, aunque sería conveniente que intelectuales musulmanes emprendan esa investigación y permitan así separar su religión de la manipulación política de la que ha sido objeto, Estados Unidos tendrá probablemente que realizar ese trabajo por sí solo. A pesar de que hay en Estados Unidos numerosos investigadores musulmanes, es poco probable que ese país logre no proyectar sobre ese tema sus propios problemas culturales, con lo cual corre el peligro de interpretarlo erróneamente.


[1] El lector hallará aquí [en inglés] los principales documentos citados en este artículo.
[2] “The wrong way to fight terrorism”, Salam Al-Marayati, Los Angeles Times, 19 de octubre de 2011.
[3] Este video de un curso impartido en Quantico, el cuartel general del FBI, no deja duda alguna al respecto.
[4] La Constitución estipula que el presidente de los Estados Unidos de América tiene que ser nacido en suelo estadounidense. Nota de la Red Voltaire.
[5] «Plan d’action pour la prévention de l’extrémisme violent», por Ban Ki-moon, Réseau Voltaire, 24 de diciembre de 2015.
[6] The Pentagon’s New Map, Thomas P. M. Barnett, Putnam Publishing Group, 2004. «El proyecto militar de Estados Unidos para el mundo», por Thierry Meyssan, Haïti Liberté (Haití) , Red Voltaire, 22 de agosto de 2017.

Carta “Placuit Deo”

Carta “Placuit Deo” de la Congregación para la Doctrina de la Fe a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la salvación cristiana, 01.03.2018

Congregación para la Doctrina de la Fe

Carta Placuit Deo

a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la salvación cristiana

I.      Introducción
1.    «Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad (cf. Ef 1, 9), mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina (cf. Ef 2, 18; 2 P 1, 4). […] Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación»[1]. La enseñanza sobre la salvación en Cristo requiere siempre ser profundizada nuevamente. Manteniendo fija la mirada en el Señor Jesús, la Iglesia se dirige con amor materno a todos los hombres, para anunciarles todo el designio de la Alianza del Padre que, a través del Espíritu Santo, quiere «recapitular en Cristo todas las cosas» (cf. Ef 1,1 0). La presente Carta pretende resaltar, en el surco de la gran tradición de la fe y con particular referencia a la enseñanza del Papa Francisco, algunos aspectos de la salvación cristiana que hoy pueden ser difíciles de comprender debido a las recientes transformaciones culturales.

II.   El impacto de las transformaciones culturales de hoy en el significado de la salvación cristiana

2.     El mundo contemporáneo percibe no sin dificultad la confesión de la fe cristiana, que proclama a Jesús como el único Salvador de toda el hombre y de toda la humanidad (cf. Hch 4, 12; Rm 3, 23-24; 1 Tm 2, 4-5; Tt 2, 11-15).[2] Por un lado, el individualismo centrado en el sujeto autónomo tiende a ver al hombre como un ser cuya realización depende únicamente de su fuerza.[3] En esta visión, la figura de Cristo corresponde más a un modelo que inspira acciones generosas, con sus palabras y gestos, que a Aquel que transforma la condición humana, incorporándonos en una nueva existencia reconciliada con el Padre y entre nosotros a través del Espíritu (cf. 2 Co 5, 19; Ef 2, 18). Por otro lado, se extiende la visión de una salvación meramente interior, la cual tal vez suscite una fuerte convicción personal, o un sentimiento intenso, de estar unidos a Dios, pero no llega a asumir, sanar y renovar nuestras relaciones con los demás y con el mundo creado. Desde esta perspectiva, se hace difícil comprender el significado de la Encarnación del Verbo, por la cual se convirtió miembro de la familia humana, asumiendo nuestra carne y nuestra historia, por nosotros los hombres y por nuestra salvación.

3.     El Santo Padre Francisco, en su magisterio ordinario, se ha referido a menudo a dos tendencias que representan las dos desviaciones que acabamos de mencionar y que en algunos aspectos se asemejan a dos antiguas herejías: el pelagianismo y el gnosticismo.[4] En nuestros tiempos, prolifera una especia de neo-pelagianismo para el cual el individuo, radicalmente autónomo, pretende salvarse a sí mismo, sin reconocer que depende, en lo más profundo de su ser, de Dios y de los demás. La salvación es entonces confiada a las fuerzas del individuo, o las estructuras puramente humanas, incapaces de acoger la novedad del Espíritu de Dios.[5] Un cierto neo-gnosticismo, por su parte, presenta una salvación meramente interior, encerrada en el subjetivismo,[6] que consiste en elevarse «con el intelecto hasta los misterios de la divinidad desconocida».[7] Se pretende, de esta forma, liberar a la persona del cuerpo y del cosmos material, en los cuales ya no se descubren las huellas de la mano providente del Creador, sino que ve sólo una realidad sin sentido, ajena de la identidad última de la persona, y manipulable de acuerdo con los intereses del hombre.[8] Por otro lado, está claro que la comparación con las herejías pelagiana y gnóstica solo se refiere a rasgos generales comunes, sin entrar en juicios sobre la naturaleza exacta de los antiguos errores. De hecho, la diferencia entre el contexto histórico secularizado de hoy y el de los primeros siglos cristianos, en el que nacieron estas herejías, es grande[9]. Sin embargo, en la medida en que el gnosticismo y el pelagianismo son peligros perennes de una errada comprensión de la fe bíblica, es posible encontrar cierta familiaridad con los movimientos contemporáneos apenas descritos.

4.    Tanto el individualismo neo-pelagiano como el desprecio neo-gnóstico del cuerpo deforman la confesión de fe en Cristo, el Salvador único y universal. ¿Cómo podría Cristo mediar en la Alianza de toda la familia humana, si el hombre fuera un individuo aislado, que se autorrealiza con sus propias fuerzas, como lo propone el neo-pelagianismo? ¿Y cómo podría llegar la salvación a través de la Encarnación de Jesús, su vida, muerte y resurrección en su verdadero cuerpo, si lo que importa solamente es liberar la interioridad del hombre de las limitaciones del cuerpo y la materia, según la nueva visión neo-gnóstica? Frente a estas tendencias, la presente Carta desea reafirmar que la salvación consiste en nuestra unión con Cristo, quien, con su Encarnación, vida, muerte y resurrección, ha generado un nuevo orden de relaciones con el Padre y entre los hombres, y nos ha introducido en este orden gracias al don de su Espíritu, para que podamos unirnos al Padre como hijos en el Hijo, y convertirnos en un solo cuerpo en el «primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8, 29).

III.    Aspiración humana a la salvación

5.    El hombre se percibe a sí mismo, directa o indirectamente, como un enigma: ¿Quién soy yo que existo, pero no tengo en mí el principio de mi existir? Cada persona, a su modo, busca la felicidad, e intenta alcanzarla recurriendo a los recursos que tiene a disposición. Sin embargo, esta aspiración universal no necesariamente se expresa o se declara; más bien, es más secreta y oculta de lo que parece, y está lista para revelarse en situaciones particulares. Muy a menudo coincide con la esperanza de la salud física, a veces toma la forma de ansiedad por un mayor bienestar económico, se expresa ampliamente a través de la necesidad de una paz interior y una convivencia serena con el prójimo. Por otro lado, si bien la cuestión de la salvación se presenta como un compromiso por un bien mayor, también conserva el carácter de resistencia y superación del dolor. A la lucha para conquistar el bien, se une la lucha para defenderse del mal: de la ignorancia y el error, de la fragilidad y la debilidad, de la enfermedad y la muerte.

6.    Con respecto a estas aspiraciones, la fe en Cristo nos enseña, rechazando cualquier pretensión de autorrealización, que solo se pueden realizar plenamente si Dios mismo lo hace posible, atrayéndonos hacia Él mismo. La salvación completa de la persona no consiste en las cosas que el hombre podría obtener por sí mismo, como la posesión o el bienestar material, la ciencia o la técnica, el poder o la influencia sobre los demás, la buena reputación o la autocomplacencia.[10] Nada creado puede satisfacer al hombre por completo, porque Dios nos ha destinado a la comunión con Él y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Él.[11] «La vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina».[12] La revelación, de esta manera, no se limita a anunciar la salvación como una respuesta a la expectativa contemporánea. «Si la redención, por el contrario, hubiera de ser juzgada o medida por la necesidad existencial de los seres humanos, ¿cómo podríamos soslayar la sospecha de haber simplemente creado un Dios Redentor a imagen de nuestra propia necesidad?».[13]

7.    Además es necesario afirmar que, de acuerdo con la fe bíblica, el origen del mal no se encuentra en el mundo material y corpóreo, experimentada como un límite o como una prisión de la que debemos ser salvados. Por el contrario, la fe proclama que todo el cosmos es bueno, en cuanto creado por Dios (cf. Gn 1, 31; Sb 1, 13-14; 1 Tm 4 4), y que el mal que más daña al hombre es el que procede de su corazón (cf. Mt 15, 18-19; Gn 3, 1-19). Pecando, el hombre ha abandonado la fuente del amor y se ha perdido en formas espurias de amor, que lo encierran cada vez más en sí mismo. Esta separación de Dios – de Aquel que es fuente de comunión y de vida – que conduce a la pérdida de la armonía entre los hombres y de los hombres con el mundo, introduciendo el dominio de la disgregación y de la muerte (cf. Rm 5, 12). En consecuencia, la salvación que la fe nos anuncia no concierne solo a nuestra interioridad, sino a nuestro ser integral. Es la persona completa, de hecho, en cuerpo y alma, que ha sido creada por el amor de Dios a su imagen y semejanza, y está llamada a vivir en comunión con Él.

IV.     Cristo, Salvador y Salvación
8.    En ningún momento del camino del hombre, Dios ha dejado de ofrecer su salvación a los hijos de Adán (cf. Gn 3, 15), estableciendo una alianza con todos los hombres en Noé (cf. Gn 9, 9) y, más tarde, con Abraham y su descendencia (cf. Gn 15, 18). La salvación divina asume así el orden creativo compartido por todos los hombres y recorre su camino concreto a través de la historia. Eligiéndose un pueblo, a quien ha ofrecido los medios para luchar contra el pecado y acercarse a Él, Dios ha preparado la venida de «un poderoso Salvador en la casa de David, su servidor» (Lc 1, 69). En la plenitud de los tiempos, el Padre ha enviado a su Hijo al mundo, quien anunció el reino de Dios, curando todo tipo de enfermedades (cf. Mt 4, 23). Las curaciones realizadas por Jesús, en las cuales se hacía presente la providencia de Dios, eran un signo que se refería a su persona, a Aquel que se ha revelado plenamente como el Señor de la vida y la muerte en su evento pascual. Según el Evangelio, la salvación para todos los pueblos comienza con la aceptación de Jesús: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa» (Lc 19, 9). La buena noticia de la salvación tienen nombre y rostro: Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva».[14]

9.    La fe cristiana, a través de su tradición centenaria, ha ilustrado, a través de muchas figuras, esta obra salvadora del Hijo encarnado. Lo ha hecho sin nunca separar el aspecto curativo de la salvación, por el que Cristo nos rescata del pecado, del aspecto edificante, por el cual Él nos hace hijos de Dios, partícipes de su naturaleza divina (cf. 2 P 1, 4). Teniendo en cuenta la perspectiva salvífica que desciende (de Dios que viene a rescatar a los hombres), Jesús es iluminador y revelador, redentor y liberador, el que diviniza al hombre y lo justifica. Asumiendo la perspectiva ascendiente (desde los hombres que acuden a Dios), Él es el que, como Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza, ofrece al Padre, en el nombre de los hombres, el culto perfecto: se sacrifica, expía los pecados y permanece siempre vivo para interceder a nuestro favor. De esta manera aparece, en la vida de Jesús, una admirable sinergia de la acción divina con la acción humana, que muestra la falta de fundamento de la perspectiva individualista. Por un lado, de hecho, el sentido descendiente testimonia la primacía absoluta de la acción gratuita de Dios; la humildad para recibir los dones de Dios, antes de cualquier acción nuestra, es esencial para poder responder a su amor salvífico. Por otra parte, el sentido ascendiente nos recuerda que, por la acción humana plenamente de su Hijo, el Padre ha querido regenerar nuestras acciones, de modo que, asimilados a Cristo, podamos hacer «buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos» (Ef 2, 10).

10.    Está claro, además, que la salvación que Jesús ha traído en su propia persona no ocurre solo de manera interior. De hecho, para poder comunicar a cada persona la comunión salvífica con Dios, el Hijo se ha hecho carne (cf. Jn 1, 14). Es precisamente asumiendo la carne (cf. Rm 8, 3; Hb 2, 14: 1 Jn 4, 2), naciendo de una mujer (cf. Ga 4, 4), que «se hizo el Hijo de Dios Hijo del Hombre»[15] y nuestro hermano (cf. Hb 2, 14). Así, en la medida en que Él ha entrado a formar pare de la familia humana, «se ha unido, en cierto modo, con todo hombre»[16] y ha establecido un nuevo orden de relaciones con Dios, su Padre, y con todos los hombres, en quienes podemos ser incorporado para participar a su propia vida. En consecuencia, la asunción de la carne, lejos de limitar la acción salvadora de Cristo, le permite mediar concretamente la salvación de Dios para todos los hijos de Adán.

11.    En conclusión, para responder, tanto al reduccionismo individualista de tendencia pelagiana, como al reduccionismo neo-gnóstico que promete una liberación meramente interior, es necesario recordar la forma en que Jesús es Salvador. No se ha limitado a mostrarnos el camino para encontrar a Dios, un camino que podríamos seguir por nuestra cuenta, obedeciendo sus palabras e imitando su ejemplo. Cristo, más bien, para abrirnos la puerta de la liberación, se ha convertido Él mismo en el camino: «Yo soy el camino» (Jn 14, 6).[17] Además, este camino no es un camino meramente interno, al margen de nuestras relaciones con los demás y con el mundo creado. Por el contrario, Jesús nos ha dado un «camino nuevo y viviente que él nos abrió a través del velo del Templo, que es su carne» (Hb 10, 20). En resumen, Cristo es Salvador porque ha asumido nuestra humanidad integral y vivió una vida humana plena, en comunión con el Padre y con los hermanos. La salvación consiste en incorporarnos a nosotros mismos en su vida, recibiendo su Espíritu (cf. 1 Jn 4, 13). Así se ha convirtió «en cierto modo, en el principio de toda gracia según la humanidad».[18] Él es, al mismo tiempo, el Salvador y la Salvación.

V.     La Salvación en la Iglesia, cuerpo de Cristo

12.    El lugar donde recibimos la salvación traída por Jesús es la Iglesia, comunidad de aquellos que, habiendo sido incorporados al nuevo orden de relaciones inaugurado por Cristo, pueden recibir la plenitud del Espíritu de Cristo (Rm 8, 9). Comprender esta mediación salvífica de la Iglesia es una ayuda esencial para superar cualquier tendencia reduccionista. La salvación que Dios nos ofrece, de hecho, no se consigue sólo con las fuerzas individuales, como indica el neo-pelagianismo, sino a través de las relaciones que surgen del Hijo de Dios encarnado y que forman la comunión de la Iglesia. Además, dado que la gracia que Cristo nos da no es, como pretende la visión neo-gnóstica, una salvación puramente interior, sino que nos introduce en las relaciones concretas que Él mismo vivió, la Iglesia es una comunidad visible: en ella tocamos el carne de Jesús, singularmente en los hermanos más pobres y más sufridos. En resumen, la mediación salvífica de la Iglesia, «sacramento universal de salvación»,[19] nos asegura que la salvación no consiste en la autorrealización del individuo aislado, ni tampoco en su fusión interior con el divino, sino en la incorporación en una comunión de personas que participa en la comunión de la Trinidad.

13.    Tanto la visión individualista como la meramente interior de la salvación contradicen también la economía sacramental a través de la cual Dios ha querido salvar a la persona humana. La participación, en la Iglesia, al nuevo orden de relaciones inaugurado por Jesús sucede a través de los sacramentos, entre los cuales el bautismo es la puerta,[20] y la Eucaristía, la fuente y cumbre.[21] Así vemos, por un lado, la inconsistencia de las pretensiones de auto-salvación, que solo cuentan con las fuerzas humanas. La fe confiesa, por el contrario, que somos salvados por el bautismo, que nos da el carácter indeleble de pertenencia a Cristo y a la Iglesia, del cual deriva la transformación de nuestro modo concreto de vivir las relaciones con Dios, con los hombres y con la creación (cf. Mt 28, 19). Así, limpiados del pecado original y de todo pecado, estamos llamados a una vida nueva existencia conforme a Cristo (cf. Rm 6, 4). Con la gracia de los siete sacramentos, los creyentes crecen y se regeneran continuamente, especialmente cuando el camino se vuelve más difícil y no faltan las caídas. Cuando, pecando, abandonan su amor a Cristo, pueden ser reintroducidos, a través del sacramento de la Penitencia, en el orden de las relaciones inaugurado por Jesús, para caminar como ha caminado Él (cf. 1 Jn 2, 6). De esta manera, miramos con esperanza el juicio final, en el que se juzgará a cada persona en la realidad de su amor (cf. Rm 13, 8-10), especialmente para los más débiles (cf. Mt 25, 31-46).

14.  La economía salvífica sacramental también se opone a las tendencias que proponen una salvación meramente interior. El gnosticismo, de hecho, se asocia con una mirada negativa en el orden creado, comprendido como limitación de la libertad absoluta del espíritu humano. Como consecuencia, la salvación es vista como la liberación del cuerpo y de las relaciones concretas en las que vive la persona. En cuanto somos salvados, en cambio, «por la oblación del cuerpo de Jesucristo» (Hb 10, 10; cf. Col 1, 22), la verdadera salvación, lejos de ser liberación del cuerpo, también incluye su santificación (cf. Ro 12, 1). El cuerpo humano ha sido modelado por Dios, quien ha inscrito en él un lenguaje que invita a la persona humana a reconocer los dones del Creador y a vivir en comunión con los hermanos.[22] El Salvador ha restablecido y renovado, con su Encarnación y su misterio pascual, este lenguaje originario y nos lo ha comunicado en la economía corporal de los sacramentos. Gracias a los sacramentos, los cristianos pueden vivir en fidelidad a la carne de Cristo y, en consecuencia, en fidelidad al orden concreto de relaciones que Él nos ha dado. Este orden de relaciones requiere, de manera especial, el cuidado de la humanidad sufriente de todos los hombres, a través de las obras de misericordia corporales y espirituales.[23]

VI.    Conclusión: comunicar la fe, esperando al Salvador

15.    La conciencia de la vida plena en la que Jesús Salvador nos introduce empuja a los cristianos a la misión, para anunciar a todos los hombres el gozo y la luz del Evangelio.[24] En este esfuerzo también estarán listos para establecer un diálogo sincero y constructivo con creyentes de otras religiones, en la confianza de que Dios puede conducir a la salvación en Cristo a «todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia».[25] Mientras se dedica con todas sus fuerzas a la evangelización, la Iglesia continúa a invocar la venida definitiva del Salvador, ya que «en esperanza estamos salvados» (Rm 8, 24). La salvación del hombre se realizará solamente cuando, después de haber conquistado al último enemigo, la muerte (cf. 1 Co 15, 26), participaremos plenamente en la gloria de Jesús resucitado, que llevará a plenitud nuestra relación con Dios, con los hermanos y con toda la creación. La salvación integral del alma y del cuerpo es el destino final al que Dios llama a todos los hombres. Fundados en la fe, sostenidos por la esperanza, trabajando en la caridad, siguiendo el ejemplo de María, la Madre del Salvador y la primera de los salvados, estamos seguros de que «somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. El transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio» (Flp 3, 20-21).

El Sumo Pontífice Francisco, en la Audiencia concedida el día 16 de febrero de 2018. Ha aprobado esta Carta, decidida en la Sesión Ordinaria de esta Congregación el 24 de enero de 2018, y ha ordenado su publicación.

Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 22 de febrero de 2018, Fiesta de la Cátedra de San Pedro.

Luis F. Ladaria, S.I.
Arzobispo titular de Thibica
Prefecto

Giacomo Morandi
Arzobispo titular de Cerveteri
Secretario