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Turquía y la era de la derrota

Entrevista a Tariq Ali
www.rebelion.org/051115

Zaman (Z): Dentro de tres años se cumplirá el 50º aniversario de la “Revolución de Mayo del 68”… ¿Cuáles son las dos cosas que han cambiado o no han cambiado en el mundo después de medio siglo?

Tariq Ali (TA): El mundo se ha vuelto del revés. El capitalismo… a pesar del crac de 2008, ha seguido triunfante en la mayor parte del mundo. La resistencia no ha cesado pero las formas que ahora adopta son muy diferentes a las del pasado siglo. Lo que merece la pena señalar es que incluso la resistencia más radical ante el imperio y el capital –los gobiernos bolivarianos de América del Sur- no contempló una ruptura con el capitalismo.

En Europa Occidental, la crisis de 2008 creó nuevas aperturas y posibilitó que aparecieran en escena nuevas formas políticas, a la izquierda o a la derecha o transversales a ambas. El caso más espectacular de una fuerza así catapultándose hasta el gobierno es, desde luego, el de Syriza en Grecia, que combinó la experiencia más drástica de crisis económica, la manifiesta responsabilidad de la socialdemocracia local en el hundimiento del país en ella y un sistema electoral que exageró en gran medida la fortaleza real del partido.

En el otro extremo, Alemania ha sufrido menos con la crisis y al contar con un partido que canalizaba la opinión a la izquierda del Partido Socialdemócrata de Alemania, apenas ha experimentado una política organizada sobresaliente tras la crisis, a pesar de la relativa facilidad para atravesar el umbral electoral.

En Gran Bretaña y España, donde, la socialdemocracia en el establishment quedó manchada por su papel al precipitar la crisis, el sistema electoral desvió la reacción radical hacia el mismo Partido Laborista, en el caso británico, como también ocurrió con el Partido Demócrata en EEUU; en el segundo país –donde la crisis fue mucho más grave-, se posibilitó la aparición de Podemos como fuerza independiente. En ambos casos, la cuestión nacionalista amenaza la unidad del Estado (defendida tanto por Corbyn como por Iglesias), provocando en Escocia, de lejos, la más exitosa reacción de todas las fuerzas poscrisis de Occidente: 50% de los votos en una participación electoral del 71%, comparado con el 35% de una participación del 56% para Syriza en Grecia. En cuanto a Turquía, lo que estamos viendo es un horror.

En Oriente Medio no hay fuerzas progresistas con la excepción marginal del Partido Kurdo Sirio. Clérigos de toda clase y condición determinan las acciones de las alas moderadas y radicales del Islam. Estamos viviendo un período de derrota.

Z: En un comentario aparecido en Sabah Daily hace muchos años, afirmabas que el AKP (Partido por la Justicia y el Desarrollo de Turquía) no podría resolver problemas reales como el de la cuestión kurda. ¿En base a qué llegaste a esa predicción, que ha demostrado ser correcta, como hemos visto en los recientes acontecimientos en Turquía? ¿Qué piensas de las muchas medidas no democráticas del AKP en los últimos años, que son contrarias a los valores democráticos que defendían al principio? ¿Cuáles son los peligros más serios que amenazan a Turquía?

TA: A diferencia de algunos intelectuales turcos, que alguna vez se situaron en la izquierda, nunca me convenció Erdogan. Desde el principio mismo era obvio que era un astuto oportunista (por decirlo de forma suave) al frente de una partido islamista pequeñoburgués, y estaba convencido de que acabaría de mala manera. La única alternativa que él representaba frente a los regímenes anteriores es que depende en gran medida del ejército. Por tanto, el AKP hizo como que pasaba por los avatares de una nueva democracia, pero el hecho de que fuera (antes de la deserción de la banda de Gülen) uno de los islamistas favoritos de la OTAN habla por sí solo.

Las concesiones ofrecidas a los partidos kurdos se diseñaron para poner fin a la insurrección armada del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán). Nada más. En ocasiones, ya sabes, es más fácil entender un escenario político si no formas parte de él. Aunque debo hacer hincapié en que el 99% de mis amigos turcos no se hacían ilusiones respecto a Erdogan. Ninguna.

En cuanto a las otras preguntas, el AKP se ha convertido en un partido gobernante normal en condiciones anormales. La ruptura con Gülen, la corrupción a gran escala en la que Erdogan y otros dirigentes del AKP están involucrados, el uso de la violencia durante las protestas masivas a nivel nacional desatadas a raíz de la ocupación de la plaza Gezi, la decisión de apoyar al ISIS y derrocar al régimen de Asad, los recientes acontecimientos en Ankara, vinculados sin duda al ascenso del ISIS dentro de Turquía (¿por qué el AKP no previó esto teniendo en cuenta la historia de violencia radical islamista en el país?). Y, desde luego, el AKP reaccionó muy mal al no obtener una mayoría [en las penúltimas elecciones] gracias al sorprendente crecimiento del HDP (Partido Democrático de los Pueblos) y al intento de crear un partido integrador de la izquierda turca.

La sangre derramada en Ankara fue un ataque directo contra estas nuevas fuerzas políticas. La hegemonía del AKP se vio rota, en primer lugar, por la división interna, más tarde, por un levantamiento masivo y, finalmente, por unas elecciones democráticas. La política hacia Siria de Erdogan, apoyada por la OTAN, ha desestabilizado el país. El cáncer del ISIS está extendiéndose. No van a parar por voluntad propia. La pakistanización está llamando a la puerta.

Z: Se está especulando con cambios del mapa en Oriente Medio. ¿Qué clase de Oriente Medio prevés dentro de unos diez años?

TA: Estamos siendo testigos de una tragedia. El Oriente Medio creado por los británicos y franceses tras la I Guerra Mundial (gracias en parte a la miope decisión de la burocracia otomana de apoyar a Alemania en vez de permanecer neutral) está ahora siendo destruido y vuelto a crear por el imperio estadounidense con la ayuda de sus sátrapas locales: Israel y Arabia Saudí. La ocupación de Iraq y el apoyo abierto a los partidos clericales chiíes ha creado una grave división entre las dos grandes comunidades musulmanas en ese país que se ha exacerbado en Siria, Yemen, Bahréin, etc. Es un desastre. Parece que EEUU no quiere que exista ningún Estado soberano en la región. El modelo es crear réplicas de los Estados del Golfo por toda la región.

Z: ¿Cuál ha sido tu último viaje a Estambul? ¿Puedes comparar el viejo Estambul con el nuevo?

TA: He visitado Estambul muchas veces en las últimas décadas. Estuve allí poco después de los sucesos de Gezi e intervine en el pasado en diversos acontecimientos en Ankara, Diyarbakir, Esmirna y Estambul. La última vez que visité Estambul fue en 2013. Un viejo cine de Istiklal estaba a punto de ser dinamitado. Iba a ser sustituido por tiendas sin personalidad que han desfigurado ya esta calle histórica con sus arcadas y apartamentos de la Belle Epoque (donde hubo un tiempo en que vivieron muchas familias acomodadas de comerciantes armenios). Había habido unas cuantas manifestaciones pacíficas contra la destrucción del edificio que albergaba el cine, muy simbólico, con mucha solera.

Un puente nuevo sobre el Bósforo amenazaba con robarle al paisaje la delicada arquitectura de una mezquita de Sinan. Eran los desvaríos de un cínico reptil que estaba perdiendo contacto con la realidad, un megalómano obsesionado con dejar su huella en la ciudad como si fuera un sultán otomano. Esto tuvo también otra consecuencia. Más dinero para la industria de la construcción favorecida por el AKP, lo que generó una serie de riquezas que acabarían en los bolsillos de sus dirigentes.

Posdata:

Las últimas elecciones turcas [1.11.2015] representan una modesta victoria de la nueva derecha en Turquía. La violencia cuidadosamente orquestada ha enviado a algunos votantes turcos corriendo apresuradamente de vuelta hacia Erdogan hasta darle una mayoría absoluta, pero no lo suficiente como para cambiar la constitución.

Supone el restablecimiento del statu quo anterior. Los laicos republicanos han fracasado de forma miserable. El progresista HDP ha descendido pero aún conserva un número significativo de escaños en el parlamento. Se ha perdido esta batalla, pero no la guerra. La violencia en Ankara aterrorizó a mucha gente, pero el cultivo del ISIS por Erdogan sugiere que la desestabilización del país va a continuar. No debemos reír ni llorar sino comprender.

Entrevista realizada por el diario Zaman.

Tariq Ali es escritor y director de cine de origen pakistaní. Escribe habitualmente para The Guardian, Counterpunch, London Review of Books, Monthly Review, Z Magazine. Su último libro, publicado por Verso, es The Obama Syndrome: Surrender at Home, War Abroad’.
Fuente: http://www.counterpunch.org/2015/11/03/turkey-and-the-age-of-defeat/

Cómo llegó el Papa a ser infalible

Celso Alcaina
www.atrio.org/21115

Por poner con interrogaciones este tema fue condenado Han Küng

“Yo no soy ni seré infalible”. Los alumnos del Colegio Español de Roma no dábamos crédito a cuanto estábamos escuchando. Era un papa quien pronunciaba esa frase. Juan XXIII, hasta hacía pocos días Angelo Giuseppe Roncalli.  El sucesor de Pío XII, quien había reafirmado su infalibilidad con la proclamación de un dogma, el de la Asunción de María.

August Bernhard Hasler no pregunta. Constata, ilustra, analiza, propone. “Cómo llegó el papa a ser infalible” (Wie der Papst unfehlbar wurde) es el libro que publicó hace 35 años en Alemania. En 1980, en España por Planeta. Un impresionante relato de cuanto sucedió en el Vaticano aquel no muy lejano 1870. Un perfil exhaustivo de un papa, Pío IX, empecinado en ser declarado infalible. Una crónica del Concilio Vaticano I que Hasler considera ilegítimo por falta de ecumenicidad y de libertad.

Pocos años antes, en 1970, Hans Küng, con su libro ¿Infalible? Una pregunta(Unfehlbar? Eine Anfrage), abordaba, con interrogante, la misma cuestión. La resolvía de manera muy semejante aunque con razonamientos filosóficos diversos. Según Küng, la indefectibilidad de la Iglesia no exige la infalibilidad de la misma Iglesia. Y menos aún la infalibilidad personal del Papa como definida en el Vaticano I.

Se me ocurre que fue el papa Roncalli quien, con su comportamiento, propició los modernos estudios sobre el Vaticano I y concretamente sobre la infalibilidad papal. Y no es sólo una ocurrencia. A principio de la década de los 70, traté como colega a August B. Hasler en el Vaticano. Él, en el Secretariado para la Unión de los Cristianos. Yo, en el Santo Oficio. Pablo VI apuraba sus penosos últimos años de pontificado. Sin haber sido “infalible”, había tenido rasgos autoritarios, tales como la “Humanae vitae”. Frecuentemente los funcionarios comentábamos y murmurábamos.  Hasler evocaba a Juan XXIII. Roncalli había sido el papa ejemplar, decía.

“Cada vez resulta más claro que el dogma de la infalibilidad papal carece de base en la Biblia y en la Historia de la Iglesia del primer milenio. Pero si el Concilio Vaticano I no fue libre, tampoco fue ecuménico. Y, por lo tanto, sus decretos no pudieron tener validez alguna. Con ello queda abierto el camino para una revisión de este Concilio, y se abre al mismo tiempo un camino de salida para una situación que parece cada vez más insostenible, tanto a la ciencia histórica como a la Teología.

¿Se le pide demasiado a la Iglesia? ¿Puede llegar a admitir que un concilio se equivocó?, ¿que, en 1870, se tomó una decisión errónea?
Si se toma realmente en serio la colegialidad de los obispos, habría llegado el momento de revisar en un Concilio Vaticano III lo que el I puso en movimiento. ¿Y la consiguiente pérdida de autoridad? ¿No hace inimaginable cualquier clase de revisión? ¿No es mucho más hábil interpretar de modo distinto el dogma y adaptarse a las nuevas circunstancias? Pero ¿no podría ser que por esa vía la Iglesia perdiera mucho más?

Una revisión tendría la gran ventaja de la honradez.
Hay que esperar que se produzca el examen sin prejuicios que todos desean, a fin de sacar a la luz del día la verdad, toda la verdad. Porque únicamente la verdad, se ha dicho, nos hará libres”.

Así concluye Hasler su libro. Una obra de 260 páginas que es un compendio de varios artículos y libros publicados con anterioridad. En él recorre y se detiene en las peripecias de la discusión conciliar. Distingue nítidamente las dos facciones: infalibilistas y antiinfalibilistas. Pone al descubierto sus argumentos, sus contradicciones, sus debilidades, sus broncas, su asimetría. Apunta a Pío IX como al instigador y maniobrador de la marcha del Concilio. Un papa al que atribuye tantos defectos que llega a producir aversión o conmiseración. Psicópata, pseudomístico, visionario, dictador, cruel, además de epiléptico.

Pío IX, el papa que no quería dejar de ser Rey y se amparaba en la infalibilidad

Pío IX estaba convencido de su infalibilidad personal, Ya en 1854, había hecho uso de esa prerrogativa. Proclamó como dogma la Concepción Inmaculada de María. Durante años, la Curia se encargó de caldear los ánimos de jerarcas y del pueblo católico. Después de la Ineffabilis Deus, se imponía la creencia en la infalibilidad. Lo contrario era ir contra el sentir y la convicción del Papa. En una palabra, era algo herético. Sobre esa base se convocó y se desarrolló el Vaticano I.

En todo momento hubo una gran desproporción entre infalibilistas y antiinfalibilistas. Basta apuntar que los obispos italianos, más de 200, suponían la cuarta parte del total. Y los obispos italianos dependían doblemente del Papa-rey. Pío IX llegó a amenazarles con dejarlos en la miseria o destituirlos si se alineaban con la oposición. El Concilio se inclinó mayoritariamente en favor de la autoridad y en contra de la discusión; en favor del Papa y en contra de la soberanía conciliar; en favor del caudillo y en contra del Parlamento.

Según Hans Küng, en el prólogo al libro que comentamos, “Hasler informa sobre lo referente a la cuestión de la infalibilidad de un modo sistemático y sin contemplaciones… Lo que Hasler publica sin ninguna clase de disimulo ni de paliativo es ya una `chronique scandaleuse’, una relación de las manipulaciones que sufrió el debate sobre la infalibilidad, de la preparación, conducción e imposición de la infalibilidad y en definitiva de Pío IX“.

Mientras que Hasler denuncia la falta de ecumenicidad y de libertad del Vaticano I, Küng atribuye a este Concilio un valor semejante a otros anteriores concilios, casi siempre mediatizados por fuerzas espurias.

Cómo se fue creando la teoría de la infalibilidad

No obstante los atisbos de autoritarismo de los obispos de Roma a partir de Constantino, durante el primer milenio, los papas no hablaron de su infalibilidad. Tampoco la Cristiandad era consciente de esa supuesta prerrogativa papal. Más bien se impuso la teoría conciliarista. Es sintomático y esclarecedor que el papa Honorio I (625-638) haya sido condenado por tres subsiguientes concilios a causa de su “monotelismo”. Y que el papa Juan XXII haya condenado, como obra del diablo, la doctrina de la infalibilidad papal defendida por el franciscano Petrus Olivi. El concilio de Constanza (1414-1418) ahondó en la teoría conciliarista desacreditando la institución del Papado.

La Cristiandad de finales del Medievo, en medio de cismas y herejías, estaba desorientada. Intentaba desesperadamente recuperar la seguridad perdida. Se buscaba alguien en quien confiar y a quien seguir. Una instancia infalible. Por eso no sonó a blasfemia que Bonifacio VIII (1294-1303) se haya atribuido todo el poder en el cielo y en la tierra.

La Reforma iniciada por Lutero vino a dar ímpetu a la autoridad doctrinal del Papa. Era necesaria una respuesta autoritaria. Doctrinalmente el péndulo se inclinó hacia el extremo opuesto a las tesis de Lutero. Aunque los papas acariciaban su propia infalibilidad, el Concilio Tridentino no tomó en serio la infalibilidad papal. Fue a partir de esa época cuando la idea de la infalibilidad papal va tomando cuerpo. Con fuertes resistencias, los obispos italianos y los teólogos jesuitas alimentaron la idea de la infalibilidad papal. Incluso a principio del siglo XIX, la doctrina de la infalibilidad papal era rechazada de modo general, menos en Italia y España.

A partir de la Revolución Francesa y con los diversos concordatos, el Papado adquiere una relevancia insospechada y asestó un golpe mortal al galicanismo. Pío VII se hizo con el apoyo especial del bajo clero, el cual prefirió un déspota lejano a cientos contiguos. Todos buscaban un punto de apoyo en Roma. Las mayores resistencias las tuvo el Papado en los territorios de la diáspora: Holanda, Inglaterra, Norteamérica, misiones.

Se acrecentó la búsqueda de la autoridad hasta el punto de que teólogos como Joseph Maistre (“Sobre el Papa“, a. 1821), exigieron un papa infalible. Y ello por motivos sociopolíticos, sin buscar fundamentos bíblicos o históricos. Un movimiento denominado “ultramontano”, secundado por varios escritores franceses y alemanes, prevalentemente jesuitas. Había que desarrollar los privilegios papales con el fin de imponer objetivos eclesiásticos. Gregorio XVI (1831-1846), fortaleció el nuevo e intransigente movimiento y condenó el liberalismo. Según él, la libertad de conciencia era una “idea absurda y falsa”. Sus dardos apuntaban, sobre todo, a la libertad de prensa.

El terreno estaba abonado. Su sucesor, Pío IX (1846-1878) endureció esta postura. Asustado por la Revolución de 1848, decidió levantar un dique contra la secularización, contra el liberalismo, el racionalismo, el naturalismo. Un dique que se llamaba autoridad infalible del Papa. Nombró obispos sólo de tendencia ultramontana. Para asegurarse el contacto individual con los obispos, prohibió la formación de Conferencias Episcopales Nacionales. Impuso la obligación de las regulares visitas episcopales a la Santa Sede. Introdujo medios curialistas de alabanzas, censuras, presiones, condenas. Los nuncios ayudaban a esta política papal. Fueron alineadas la teología y la catequesis. Los libros de tendencia episcopalista terminaron en el Índice o se procedió a su quema. En muchos catecismos se enseñaba la doctrina de la infalibilidad pontificia. Roma fomentó que en los concilios provinciales se enseñara la autoridad y la infalibilidad del Papa.

¿Por qué se empeñó Pío IX en proclamar el dogma de Concepción inmaculada?

Pero la prueba palpable de la convicción del papa Mastai-Ferretti fue la proclamación del dogma de la Concepción Inmaculada de María. Fue, además, una indirecta presión sobre la Cristiandad. Es verdad que la encuesta previa arrojaba una mayoría de obispos favorables al dogma. Pero Pío IX se opuso a que el tema fuera debatido. Las opiniones negativas procedentes de Alemania hacían arriesgado el tal debate. “Contra facta non valent argumenta”. Pío IX demostró ser infalible con la proclamación del dogma. Lo demostró a sí mismo y a la Cristiandad. Por lo tanto, el Papa es infalible cuando habla ex catedra. Un reconocimiento de hecho que Pío IX consideró debía ser llevado a reconocimiento de derecho en un Concilio.

Los “ultramontanos” otorgaban al Papa títulos tales como rey, Papa-rey, soberano, César, rey altísimo, el más amado de los reyes, príncipe mayestático, regente supremo, máximo soberano del mundo, rey de reyes, vicediós de la humanidad. Un verdadero culto a la personalidad con atisbos de misticismo y fetichismo.

Por contra, políticos, teólogos e historiadores de Europa central se manifestaban en contra de la papolatría. Confiaban en que nunca sería proclamada una doctrina no contenida en la Biblia o en la Tradición. Inicialmente, también la curia estaba en contra de un concilio que definiera la infalibilidad. Pero, conocido el empecinado deseo del Papa, el pragmatismo se impuso. Se temía un cisma. En los albores del concilio, las fuerzas antiinfalibilistas superaban a las infalibilistas.

Gracias a los jesuitas, particularmente la Civiltà Cattolica, las tornas fueron cambiando. El ambiente fue caldeándose a partir de la convocatoria del Concilio en septiembre 1868. A los ultramontanos se unieron muchos obispos y nuncios que sugerían a los fieles que enviaran cartas al Papa exigiendo la definición del dogma de la infalibilidad. Los escritores y periodistas defensores del dogma recibían el reconocimiento papal. Al defensor de la infalibilidad Prosper Guéranger, el Papa, en marzo de 1970, escribió un elogio en el que acusaba a los antiinfalibilistas de temeridad, locura, insensatez y extraordinaria desfachatez.

Por contra, los escritos de la oposición suscitaban el enfado del Papa. Así, los escritos de von Döllinger y de Le Page Renouf fueron a parar al Índice de libros prohibidos. Muchos obispos y superiores religiosos emularon a Pío IX prohibiendo la lectura de libros críticos con el dogma. A veces, incluso con castigos de deposición a los autores de las publicaciones o enseñanzas.

La dura batalla por la infalibilidad en el Vaticano I

En la organización del Concilio tomaron la delantera los infalibilistas que coparon la presidencia y las diversas comisiones. Para más, el reglamento fue elaborado y publicado por el Papa en exclusiva. El control del aparato conciliar estaba asegurado. Papa, Curia y jesuitas estaban empeñados en lo mismo. El elemento romanoinfalibilista dominaba totalmente. Para dar apariencia de imparcialidad, se incluyeron algunos teólogos y obispos de la tendencia anti.

“Todo está organizado y dirigido de tal modo –escribió a Londres en enero 1869 Odo Russell, encargado de negocios británico ante la Santa Sede– que a los obispos del exterior les resulta totalmente imposible expresar sus ideas individuales e independientes. Quedarán sorprendidos cuando se vean obligados a sancionar lo que querrían haber condenado“.

Ese era el ambiente que se respiraba en la Asamblea. Más que espeso se hizo trágico. Las presiones de los infalibilistas eran constantes y multiformes. Varios obispos de la minoría protestaron y hablaron de prácticas inquisitoriales. Muchos se ausentaron definitivamente. El obispo de Montpellier, Lecourtier, arrojó al Tíber los documentos conciliares. Le costó la deposición de su diócesis.

Era evidente, constante e insoportable la intromisión de Pío IX en el Concilio. Sobre todo, cuando corrieron rumores de una nueva guerra entre Alemania y Francia, con posibles nefastas consecuencias para los Estados Pontificios. Ante esta situación, muchos obispos de ambas facciones preferían aplazar la discusión de la infalibilidad. Pero el Papa se enfureció calificando esa postura de vergüenza, infamia y falta de hombría. “Estoy tan decidido a ir adelante que, en caso necesario, proclamaré yo la decisión y despediré el Concilio, si éste prefiere callar” Son palabras de Pío IX al redactor jefe de la Civiltà Cattolica.

Faltaban las condiciones psicológicas, materiales y formales para una auténtica discusión libre. Tanto el Papa como los infalibilistas consideraban como herejes a sus contrincantes. Los asemejaban a los protestantes y a los infieles. El aula era insuficiente acústicamente. El reglamento obstaculizaba las intervenciones de quienes no eran miembros de las comisiones. Estaba prohibido imprimir los discursos. Imposible reunirse en pequeños grupos. Fue rechazada una comisión mixta propuesta por el grupo minoritario para discutir los puntos controvertidos. Representantes de la minoría eran interrumpidos constantemente en sus parlamentos. La mayoría aplaudía, murmuraba o gritaba, según el caso, provocando escenas de furia o de tumulto. Al obispo Strossmayer que afirmó que también había protestantes que amaban a Jesús, le vociferaron: “Es Lucifer, un segundo Lutero ¡Anatema!”. Según Dupanloup, los obispos podían hablar, pero no discutir.

Pío IX, mientras felicitaba personalmente a los defensores de la infalibilidad (entre ellos el obispo español Miguel Payá y Rico, luego cardenal arzobispo de Compostela), censuraba públicamente a los contrarios, llamándoles guías de ciegos, amigos de este mundo, ignorantes, cobardes, asnos o heresiarcas. A estos obispos el Papa solía negarles la audiencia solicitada y, en caso de concedérsela, aprovechaba para convencerles de la oportunidad de definir su dogma.

Son proverbiales, al tiempo que escandalosas, las humillaciones operadas por Pío IX sobre los obispos antiinfalibilistas. Al cardenal Filippo Guidi  (presunto hijo de Pío IX) quien, en nombre de la Tradición, había propuesto una laudable fórmula de consenso entre las dos facciones, el Papa lo llamó al orden y le espetó: “La Tradición soy yo”. Los obispos dependientes de Propaganda Fide, así como los patriarcas y obispos orientales, se alinearon con los antiinfalibilistas.
Una intensa batalla fue orquestada y practicada en la prensa a favor de la tesis pontificia. Ya hemos citado la Civiltà Cattolica. Otras publicaciones con mismo enfoque eran L’Univers, L’Unità Cattolica, La Correspondence de Roma, Il Giornale di Roma y Il Divin Salvatore. Y, por supuesto, L’Osservatore Romano. Todo cuanto publicaban era dictado o previamente aprobado por el Papa. Los argumentos de la minoría les resbalaban.

Sin el misticismo de Pío IX es imposible comprender su tozudez en la definición del dogma de la infalibilidad. No sólo decía experimentar visiones milagrosas que le confirmaban en su empeño. También daba crédito a presuntas apariciones de niños, monjas y frailes en el mismo sentido. La más explícita fue la de Don Bosco quien, durante el Concilio, tuvo una visión en la que se le anunciaba la definición de la infalibilidad. Después de hablar repetidamente con Don Bosco en los primeros meses de 1870, el Papa se reafirmó en su decisión de definir la infalibilidad en cualquier circunstancia, incluso contra el Concilio.

Tanto el obispo Felix Dupanloup como Agustin Theiner, Prefecto del Archivo, tachan a Pïo IX de pseudomístico e ignorante en las ciencias eclesiásticas. Su edad avanzada –79 años– acentuaba sus limitaciones. Se hablaba de un anciano en regresión a la infancia. Muchos obispos juzgaban que su decisión de definir el dogma era fruto de la obstinación propia de la vejez. Llegó a aplicarse la frase: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida“.

Un día, pasando por Trinità dei Monti vio un paralítico y le gritó: “Levántate y anda”. Pero su experimento fracasó. “Estoy convencido de que está loco”, escribió el historiador Gregorovius en junio de 1870. Opinión compartida por muchos obispos, según Du Camp. Y no sólo por los de la minoría. También muchos infalibilistas se lamentaban de tener al frente de la Iglesia un anciano obsesivo y paranoico que constituía un serio peligro para la misma Iglesia.

Después de cuanto he expuesto, parece evidente que la libertad de los padres conciliares estuvo mermada. Lo denunciaron varios obispos de la minoría. Al final y debido a esas protestas, los cinco presidentes excogitaron una maniobra. Pidieron a todos los padres conciliares la expresa adhesión escrita a una declaración que atestiguaba la libertad de la Asamblea. La firma no fue unánime y los obispos de la minoría no firmaron o lo hicieron con reserva. Un memorial de los obispos franceses empezaba con esta frase “Carecemos de libertad”. Varios obispos, entre ellos Strossmayer, Hefele, Schwarzenberg, Foster y el cardenal von Hohenlohe, sentenciaban que por su falta de libertad, no deberíamos hablar de un concilio auténtico y obligatorio. Y apostillaban que tampoco la mayoría disponía de libertad, dado que gran parte del episcopado dependía económicamente del Papa.

Según iba acercándose el final del Concilio, muchos obispos de la minoría dejaban de asistir a la Asamblea y otros se ausentaban definitivamente. Fueron vanas y contraproducentes las amenazas diplomáticas de los gobiernos francés y prusiano. Sirvieron para que el Papa se reafirmara en su empeño.

Mt 16,18s (“Tú eres la piedra…”), Lc 22-32 (“He rogado por tí…”), Jo 21,15ss (“Apacienta mis corderos…”). Son las citas bíblicas que se traían a la discusión dentro del Concilio. Los antiinfalibilistas negaban su fuerza probatoria. En particular, negaban que tales textos hubieran sido interpretados por la Tradición milenaria en el sentido del presente dogma. De entre los antiguos Padres, se discutía sobre los testimonios de Ireneo de Lyon, Ambrosio de Milán y Agustín de Hipona. La discusión se ampliaba a los diversos anteriores concilios y papas. Pero no nos engañemos. Lo duro de la discrepancia estaba en lo pasional, en la conveniencia, en la oportunidad. Los ánimos estaban caldeados a favor o en contra de la autoridad papal en sí. Los fundamentos doctrinales eran algo accesorio y pretestativo.

Votación final en el Concilio  y consecuencias

El 18 de julio de 1870 fue la votación solemne. Los votos afirmativos fueron 535, Pero en fecha 13 de julio, había votado placet menos de la mitad de los 1.084 con derecho a participar. Y menos de los dos tercios de los 700 que asistieron al inicio del Concilio. Al final, 88 obispos dieron voto negativo y 62 dieron voto condicionado. No tuvo éxito la esperanza de que el Papa transigiera en incluir en la definición el asentimiento de la Iglesia. En la víspera de la votación solemne se ausentaron muchos obispos manifestando su protesta. Otros ya habían abandonado. Algunos que votaron non placet se sometieron una vez dictado el dogma.

Las consecuencias de la definición fueron diversas. La minoría rompió su unidad. Varios obispos se sometieron finalmente al Papa. Los de Austria-Hungría se enfurecieron. Algunos de los que se sometieron consideraron la definición como un “accidente”. Sobre todo, temían y querían evitar un cisma. La guerra franco-alemana contribuyó a desviar la atención de los eclesiásticos rebeldes. Consecuencia intraeclesial del Concilio es el cisma de los “veterocatólicos”. Se trata de un reducido número de obispos e intelectuales de Austria, Hungría, Suiza y Alemania que reconocen la primacía papal, pero no su autoridad e infalibilidad como definida en el Vaticano I. Actualmente agrupa a casi tres millones de fieles.

En el campo político-diplomático, hay que destacar varios consecuentes desastres. Las potencias europeas temieron que la nueva doctrina aumentara la intromisión de la Iglesia en la esfera estatal. Los piamonteses tomaron Roma. Austria denunció el concordato de 1855. En Alemania surgió la Kulturkampf que modificaba las relaciones con Roma. Francia se alejó de la Iglesia produciendo la separación definitiva de Iglesia y Estado en 1906. En Italia los católicos se excluyeron de la vida política. En efecto Pío IX, con su decreto “non expedit“, prohibió su participación activa y pasiva en los comicios. La población romana exteriorizó su odio hacia Pío IX en ocasión de su sepelio.

Epílogo

El 3 de septiembre de 2000, Pío IX fue declarado beato por Juan Pablo II. En la misma ceremonia, con endogámica decisión, también Juan XXIII fue declarado beato. Se sabe que todo fue un equilibrio de fuerzas dentro del Vaticano. En la carrera por el podio de los altares, se ha adelantado Roncalli, canonizado el 27 de abril de 2014. No son numerosos, pero sí aguerridos, los que, desde 1906, vienen empujando a Mastai hacia la “Gloria del Bernini”.


Condé, Outtara y Sassou, tres elecciones caóticas validadas por Francia

www.rebelion.org/141115

El referéndum constitucional del Congo, así como las elecciones presidenciales de Guinea y Costa de Marfil, son cualquier cosa menos democráticas. Y Francia se esfuerza por desmarcarse de esas derivas.

A priori no hay nada en común entre el referéndum del Congo del domingo 25 de octubre y las elecciones presidenciales celebradas recientemente en Guinea y Costa de Marfil. Pero si observamos de cerca cada una de esas tres experiencias “democráticas” en todas ellas tenemos la impresión de desorganización e incluso de una negación de la democracia.

Guinea lastrada por la tentación de la violencia

Examinemos en primer lugar el caso de Guinea, que abrió el 11 de octubre la serie de las citas electorales: el 57,85 % de los votos a favor del presidente saliente, Alpha Condé, una validación esperada de la Corte Constitucional. En primer lugar no hubo consenso respecto a la lista electoral, sobre la composición de la Comisión Electoral Nacional independiente (CENI) ni siquiera sobre el calendario electoral. Los candidatos de la oposición amenazaron con retirarse hasta la víspera de las elecciones.

Por otra parte hizo falta toda la carga de persuasión de una delegación de la comunidad internacional dirigida por el ghanés Mohamed Ibn Chambas, representante de Ban ki-Moon en el oeste de África, para que los principales candidatos de la oposición consintieran in extremis aspirar a los sufragios de los guineanos. El boicot habría hecho que encallara la naciente democracia guineana ya lastrada por la decena de muertos de la campaña electoral. «La violencia política es un poco la marca de Guinea, desde Sékou Touré a Daddis Camara», afirmó a Mondafrique el politólogo Michel Galy, «reaparece de tiempo en tiempo con ocasión de las consultas electorales».

El grado de violencia no es la única tara de la democracia guineana. El 11 de octubre la jornada electoral estuvo salpicada de numerosas irregularidades: apertura tardía de algunos colegios electorales, electores titulares de sus carnés que no encontraron sus nombres en las listas, falta de material en otros colegios… Por otra parte la oposición ha cuestionado la tasa de participación récord en los bastiones de la Unión del Pueblo Guineano (RPG), el partido del poder, con 20 puntos más que la media nacional, estimada alrededor del 68%.

Otras acusaciones de los candidatos de la oposición versan sobre el aumento de más del 15 % del número de electores inscritos en las listas entre 2013 y 2015 en las zonas consideradas feudos del presidente saliente. Recordemos que llegó a la presidencia a pesar de que en la elección de 2010 fue el segundo, con el 18 % de los votos, dejando con dos palmos de narices a su rival, Cellou Dalein Diallo, que consiguió el 44 %. La coalición Arco iris, que había apoyado al presidente, después perdió las elecciones legislativas de 2013.

El análisis de los datos de las anteriores elecciones presidenciales arroja hoy serias dudas sobre la amplia victoria del candidato Condé desde la primera vuelta. «Es difícil admitir que su victoria fuera cabal y transparente», señaló un observador extranjero citado en las columnas de nuestros colegas de Le Monde. En París ningún comentario oficial de momento.

El Congo con aires plebiscitarios

En el Congo el referéndum organizado el domingo 25 de octubre para dotar al país de una nueva constitución no provocó el menor consenso. Frente a lo que considera la voluntad del presidente Sassou de pasar por la fuerza para poder volver a presentarse en 2016, la oposición se agrupó en el Frente Republicano para el respeto del Orden Constitucional en el Congo (FROCAD) y organizó una serie de manifestaciones que causaron, según las fuentes, entre cuatro y 10 muertos. La falta de serenidad ha impedido a los congoleños conocer el contenido exacto del proyecto de constitución sobre el que debían pronunciarse.

Resultado, la consulta tenía más bien la forma de un plebiscito a favor o en contra de Sassou Nguesso. Como en Guinea, aquí también las elecciones fueron caóticas. En los colegios electorales la falta de aislamiento obligaba a los electores a cumplir su deber cívico sin la menor confidencialidad. Otros colegios tuvieron que cerrar antes de la hora para prevenir la violencia. Según varios testimonios la consulta no suscitó un especial desbordamiento de entusiasmo. «El único colegio electoral bien organizado fue el de la alcaldía de Ouenzé, donde Denis Sassou Nguesso vino a votar», dijo a las antenas de RFI el enviado especial de la radio en Brazzaville.

Sin embargo, contra toda evidencia, el poder anunció el martes 27 de octubre una tasa de participación del 72,44 % y una victoria del sí con el 92,96 %. Ciertamente el cómputo es bueno para Sassou, que podrá presentarse legalmente en 2010 gracias a la nueva constitución. Pero el referéndum no arregla la cuestión de fondo que trata de la urgencia de una alternancia democrática y pacífica en el Congo, país dirigido desde 1977 por el presidente Sassou, que acumula un total de 30 años en el poder.

«Desde el regreso del presidente Sassou al poder en 1997 no ha habido ninguna elección transparente en el Congo, declaró Brice Mzamba, presidente del Círculo de la Ruptura y portavoz del movimiento Ras-le-bol. La mascarada que acaba de organizar deja íntegro el problema político en el que su gobierno antidemocrático ha sumido al Congo». 

Tras la posición ambigua expresada por el presidente Hollande la víspera de la consulta, el Elíseo difundió el martes 27 de octubre un comunicado precisando que las condiciones en las que se organizó el referéndum «no permiten apreciar el resultado, especialmente en términos de participación».

Costa de Marfil empañada por la guerra de cifras

Como el socialista Condé y el marxista Sassou, el presidente marfileño Alassane Ouattara no ofreció a sus competidores las condiciones consensuales en las elecciones del domingo 25 de octubre. La composición de la Comisión Electoral Independiente (CEI) dirigida por Youssouf Bakayoko, que tenía ya ese puesto durante las elecciones presidenciales de 2010, no satisfizo a los adversarios del candidato de la Unión de los Houphouëtistes para la Democracia y la Paz (RHDP). La oposición era también crítica sobre el acceso igualitario a los medios de comunicación públicos, especialmente la radiotelevisión Marfileña (RTI) y el diario Fraternité Matin.

La salida del insigne profesor Francis Wodié de su puesto de presidente del Consejo Constitucional, según algunas fuentes por no respaldar un escrutinio sesgado, ya había arrojado una sombra sobre el proceso. Mucho tiempo después la retirada de los candidatos Amara Essy, Mamadou Koulibaly y Charles Konan Banny vinieron a mermar la imagen de una elección presidencial que parecía cerrada de antemano dada la gran desproporción entre los colosales medios humanos y financieros de Outtara y los de sus competidores. Y por si todo esto fuera poco, llegó la polémica sobre la tasa de participación. Fue del 60 % según la CEI, del 53 % según la sociedad civil y de menos del 30 % según una estimación de la oposición. Esta guerra de cifras empaña la victoria del presidente saliente.

Sin embargo, Alassane Ouattara tenía todos los triunfos en la mano para ganar la votación con la unción democrática. En primer lugar, en el plano político, el candidato del RDR contaba con el apoyo total del ala mayoritaria del Partido Democrático de Costa de Marfil (PDCI) del antiguo presidente Henri Konan Bédié. Muchos observadores sostienen incluso que fue esa unión del antiguo partido único la que permitió a Ouattara ganar las elecciones presidenciales de 2010 frente a Laurent Gbagbo.

La otra ventaja del ex primer ministro de Houphouët-Boigny en la carrera para la renovación de su mandato es su balance económico. Desde 2012 su país marca un crecimiento económico del 8 al 9%, ha logrado dotarle de nuevas infraestructuras al mismo tiempo que ha rehabilitado las universidades y se prepara para ofrecer a la capital económica marfileña un metro.

Señal de la buena salud económica del país, el sector del transporte aéreo se desarrolla a grandes pasos. El número de pasajeros en el aeropuerto Félix Houphouët-Boigny pasó de 640.000 en 2011 a 1,3 millones en 2014. En vez de aprovechar los dividendos políticos de su balance económico para asegurarse un éxito indiscutible, Alassane Ouattara ha elegido una estrategia que le garantiza una victoria sin brillo.

El modelo anglófono

Mientras los tres países francófonos luchaban contra las dificultades de la organización de sus elecciones, el domingo 25 de octubre Tanzania se preparaba para la alternancia democrática con un presidente saliente, Jakaya Kikwete, que no ha intentado en absoluto modificar la constitución para mantenerse en el poder. Nigeria, otro país anglófono, ya mostró el pasado mes de marzo que en África se pueden celebrar elecciones presidenciales de forma regular y transparente y además abrir el camino a la alternancia pacífica. Finalmente, lo mismo que en materia de desarrollo, el África anglófona ha avanzado ampliamente en el plano de la democracia con respecto a los países francófonos.

Seidik Abba es el jefe de redacción de Mondafrique tras haber sido jefe de la oficina de PANAPRESS en París y jefe de redacción de Jeune-Afrique.

Fuente: http://mondafrique.com/lire/international/2015/10/27/conde-ouattara-et-sassou-trois-scrutins-chaotiques-valides-par-la-france

Siete preguntas incómodas sobre ISIS y las guerras contra el terrorismo

Siete preguntas incómodas sobre ISIS y las guerras contra el terrorismo

www.rebelion.org/171115

¿Es el terrorismo yihadista el más peligroso?

Sí, para los musulmanes. Hace unos días, ISIS asesinó a 37 civiles en Beirut en una zona habitada en su mayoría por chiíes. En nuestros países, nadie puso en circulación hashtags o campañas de homenaje. Incluso muchos medios titularon que el atentado se había producido en una “zona controlada por Hizbolá”. No se hacen hashtags por Hizbolá.

En las guerras de Irak y Siria decenas o centenares de miles de musulmanes han muerto en esas guerras civiles cuyo punto de arranque fue la invasión norteamericana de Irak. No lo olvidemos. El derrocamiento de Sadam Hussein tenía como objetivo no ya acabar con una dictadura, sino rediseñar las fronteras políticas de Oriente Medio e iniciar una nueva era. “Seremos recibidos como libertadores”, dijo Cheney en marzo de 2003.

Fue uno de los grandes errores históricos de siempre, a la altura de la invasión soviética de Afganistán o la decisión de Hitler de lanzarse sobre la URSS. Reforzó a Irán al llevar a sus aliados al poder en Bagdad y alentó una paranoia creciente en los regímenes suníes sobre el creciente poder de los chiíes. La campaña de bombardeos saudíes en Yemen debe mucho, casi todo, a esa confrontación que se repite con distintas formas en varios puntos de Oriente Medio y ha creado suficientes monstruos como para que nos atormenten durante años. Siempre estamos a tiempo de crear más.

¿Es ISIS, como antes Al Qaeda, una amenaza real e inminente para los habitantes de Europa y EEUU?

La horrible carnicería de París nos lleva a pensar que el terror tiene en este planeta la forma de un joven musulmán fanático que hará lo que sea para matar a un europeo o norteamericano. La realidad indica que eso no es cierto. En EEUU, es más fácil acabar tiroteado por un compatriota.

Pero hay muertes que no exigen lanzar una guerra universal.
Evidentemente, si el que comete una matanza es un ultra cristiano, no hay que profundizar demasiado. Es sólo un loco. Su odio no representa a nadie y aquí no hay nada más que ver.

¿Nos enfrentamos a una guerra que hay que afrontar como tal y sin contemplaciones?

Ese es el punto de vista de los halcones y de los que piensan que no hay problema estratégico que no se pueda solucionar matando gente. Son los que creen que cada año nos enfrentamos al dilema de Neville Chamberlain y que ignoramos que siempre hay que luchar contra el mal absoluto con las armas en la mano.

Desde 2001, los países occidentales han invadido Afganistán e Irak. Han lanzando sus drones sobre Pakistán, Yemen y Somalia en una campaña permanente que nunca tendrá fin. Han impuesto en Libia una zona de exclusión aérea que propició el derrocamiento de Gadafi. Han tolerado la invasión saudí de Yemen. Han reconstruido ejércitos como el iraquí que se han revelado como una banda mediocre y corrompida. Han anunciado que el régimen sirio debía desaparecer, ayudado a algunos grupos insurgentes y tolerado que saudíes y turcos armen a los más peligrosos de los enemigos de Asad. Han lanzado una campaña de bombardeos contra ISIS que lleva ya 8.125 ataques aéreos hasta el 12 de noviembre (con un coste de 5.000 millones de dólares, una media de 11 millones diarios), a la que ahora se ha sumado Rusia.

No parece que en catorce años la ideología oficial de Occidente haya sido el pacifismo. Sarkozy ha dicho que “nada puede ser como antes, debe ser una guerra total”. Entonces, ¿cómo definiría lo que ya ha ocurrido desde 2001?

¿Es una guerra contra el Islam en la que todos los musulmanes son sospechosos?

Nada gustaría más a los yihadistas que se extendiera esa idea en Europa. No hay que negar que muchos europeos piensan así, de lo contrario Marine Le Pen no insistiría tanto en ello. Para ISIS, sí es una guerra de civilizaciones frente al Occidente de los “cruzados” en la que pretenden reclutar a los musulmanes para convencerles de que la “yihad” que les exige su religión no consiste en esforzarse en vivir bajo sus preceptos, sino embarcarse en una guerra permanente contra los infieles.

Precisamente, eso es lo que sostenía una y otra vez Al Qaeda. Pensemos en todos los artículos tras el 11S que nos alertaban de que la organización de Bin Laden pretendía llevar el Islam al corazón de Europa, recuperar “Al Andalus” y sus glorias del pasado. Era la guerra definitiva en la que la típica pusilanimidad europea hacía prever un futuro oscuro.

Nada de eso ocurrió. No hubo ningún Al Andalus yihadista. Los musulmanes de Francia, Reino Unido y España no se rebelaron contra sus amos paganos. Bin Laden acabó escondido en un chalé viendo cintas de vídeo, fue eliminado a sangre fría y su cuerpo, tirado al mar. Su organización en Irak fue aniquilada (aunque resucitaría con otro nombre, el de ISIS, gracias a ese Estado fallido que es Irak y a la guerra siria).

Hay otra forma de ver lo que Bin Laden consiguió por si nos da alguna pista sobre lo que pasará con ISIS. En una época en la que a los líderes europeos les cuesta dejar su huella, podríamos preguntar si no es cierto que Bin Laden tendría razones, si siguiera vivo, para presumir de sus logros.

En cierto modo, esa guerra permanente ha tenido en Occidente un precio terrible en términos políticos, económicos y morales. Nuestros inmaculados valores se defendieron en la prisión de Abú Ghraib desnudando a los presos y colocándoles una correa en el cuello; en Haditha, Irak, asesinando a sangre fría a hombres, mujeres y niños; y en las prisiones ocultas de la CIA aplicando el ‘waterboarding’ a los sospechosos de terrorismo.

Me pregunto de dónde sacarán algunos que la prosperidad de Occidente nos ha vuelto blandos.

¿Cómo se alimenta la base ideológica del yihadismo?

La superioridad racista y xenófoba que sienten los yihadistas tiene uno de sus principales orígenes contemporáneos en el wahabismo saudí. A partir de aquí, no es necesario escribir más. En estos momentos tan dolorosos sería de mal gusto destacar que los valores republicanos franceses tienen un precio, eso sí, muy alto. Francia venderá a Riad todas las armas que necesite, por ejemplo para sostener futuras guerras como la actual de Yemen. Quizá esas armas vuelvan para despertarnos de nuestros sueños dentro de unos años, aunque habrá quien diga que somos inocentes. Lo nuestro sólo eran negocios.

¿Existe una amenaza interior en Occidente, una quinta columna yihadista?

Si fuera así, hace tiempo que atentados como los de Madrid, Londres y París se habrían repetido con una frecuencia insoportable. Pero es cierto que Francia tiene un grave problema. Cualquiera que conozca Londres y París conoce las diferencias entre ambas ciudades, sabe que en la capital francesa una generación de jóvenes, hijos y nietos de inmigrantes, ha crecido en su rechazo al Estado y el odio al único organismo público con el que tienen relación, la Policía. No conocen nada de la égalité y fraternité que aparecen en las grandes declaraciones de los políticos.

Los poderes públicos sí hacen promesas, muchas, sobre la necesidad de que el Estado no abandone a las banlieues. Diez años después de los disturbios de 2005, “nada ha cambiado”.

Muchos de esos jóvenes se conforman con una cierta violencia de baja intensidad con la que responder a las injusticias, sean reales o exageradas. Algunos pueden ir más lejos y el Estado empieza a temer que sean demasiados como para controlarlos.

¿Significan los atentados de París que ISIS está más fuerte que nunca?

En los últimos días, los yihadistas han sufrido claras derrotas en la guerra siria. Una, ante los kurdos de las milicias del YPG, con el apoyo norteamericano, en la localidad de Sinjar, y la segunda en la provincia de Alepo, donde el Ejército ha levantado el sitio de la base de Kuweiris.

No está más fuerte que hace seis meses. No tiene ninguna posibilidad de avanzar hacia Damasco, mucho menos con el apoyo aéreo ruso a Asad. EEUU está aumentando sus suministros a los kurdos, su única manera de debilitar a ISIS sin fortalecer al mismo tiempo a Al Qaeda o Asad.

Pero hay que aceptar que mientras haya una guerra en Siria y el Estado iraquí sea incapaz de controlar su territorio, ISIS seguirá existiendo.

Cabe una posibilidad muy preocupante, que los yihadistas decidan que su “califato” no verá aumentar el territorio que controlan en Siria, y que su próximo campo de batalla está en Europa. Que quieran emular a la Al Qaeda de Bin Laden y su proyecto de atacar al “enemigo lejano”. Causarán mucho dolor, pero correrán el mismo destino.



Cómo surge el ISIS, cómo se financia, quiénes hacen la vista gorda

Cómo surge el ISIS, cómo se financia, quiénes hacen la vista gorda

Olga Rodríguez
www.atrio.org/171115

Los inicios de lo que después sería el ISIS

Los antecedentes que dieron lugar al ISIS surgen en el contexto de la ocupación de Irak. Tras la toma del país por las tropas británicas y estadounidenses (y españolas hasta 2004), se formaron diversos grupos armados para luchar contra los invasores. Entre ellos aparece la autodenominada organización de la base yihadista en Mesopotamia (procedente de Jamaa al Tawhid wal-Jihad, nacida en 1999), conocida en la prensa como Al Qaeda en Irak. Posteriormente se uniría a otros grupos bajo el nombre primero de Consejo de Muyaidines y después, en 2006, Estado Islámico de Irak. 

El contexto en Irak

Miles de iraquíes fueron detenidos en cárceles secretas estadounidenses, donde recibieron torturas diarias. Algunos arrestados desaparecían para siempre. Otros reaparecían años después devastados por las torturas, y con una sobrevenida, inquebrantable y extremista fe religiosa. 

Tras la ocupación EEUU desarticuló inmediatamente las Fuerzas Armadas iraquíes, criminalizó el partido Baaz e integró a milicias sectarias en las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes para luchar contra la resistencia. Fomentó las divisiones y entrenó a integrantes de milicias policiales que sembraron el terror.

Fue lo que se llamó los escuadrones de la muerte, comandos que arrestaron a miles de jóvenes suníes, muchos de los cuales aparecían semanas después muertos en las calles de ciudades como Bagdad, con orificios de bala en la cabeza, pies o pulmones, con huesos rotos, cráneos aplastados, piel quemada o arrancada, signos de descargas eléctricas u ojos fuera de sus órbitas.

Cientos de miles de familias huyeron del país. En tan solo unos meses más de cinco millones de iraquíes se convirtieron en refugiados. Dos millones y medio de ellos se instalaron en Siria.

En poco tiempo Irak, que había sido un país donde muchos chiíes y suníes convivían juntos, donde un elevado porcentaje de los matrimonios eran mixtos, donde no había grandes tensiones sectarias, se convirtió en un infierno. Muchos antiguos integrantes de las Fuerzas Armadas desmanteladas compartieron celda con miembros de grupos religiosos que iban radicalizándose a medida que aumentaba la violencia y la represión.

El grupo de la cárcel de Camp Bucca

Abu Baker Al Bagdadi, que se convertiría en 2010 en el líder del Estado Islámico de Irak, fue arrestado por los estadounidenses en 2004 en la ciudad de Faluya, duramente golpeada por las fuerzas de ocupación, que bombardearon viviendas, mercados, escuelas, hospitales y emplearon fósforo blanco, un armamento letal que abrasa la piel de sus víctimas. El dolor provocado en aquella ciudad es recordado hasta día de hoy por sus habitantes.

Al Bagdadi fue enviado a la cárcel de Camp Bucca, donde las torturas estaban a la orden del día. Algunos se empaparon allí de las doctrinas más extremistas y desvirtuadas del Islam, como el wahabismo. De aquella prisión saldrían muchos hombres listos para integrar las filas del Estado Islámico (ISIS o Daesh).

Las revueltas en Irak

En 2010, en un Irak totalmente roto, irrumpió un movimiento pacífico de protesta contra el gobierno central, que tomó fuerza tras el estallido de las revueltas en Túnez o Egipto en 2011.

Entrevisté por aquel entonces a uno de los organizadores de aquellas manifestaciones iraquíes, Udai Al Zaidi, hermano del famoso periodista que arrojó un zapato a George Bush y fue encarcelado por ello. Al Zaidi, chií, se manifestaba en Irak con miles de suníes y chiíes más, contra un gobierno al que tachaban de corrupto y sectario.
El gobierno de Al Maliki, aferrado al poder, reprimió aquellas multitudinarias protestas empleando balas contra los manifestantes, y apoyado por el Ejército estadounidense. Murieron cientos de personas y miles fueron encarceladas.

El 'Estado Islámico' en Siria

La represión gubernamental iraquí contra todo tipo de queja o protesta aumentó y llevó al extremismo a algunos sectores de la oposición.

Lo mismo ocurrió en Siria, donde las revueltas habían estallado en marzo de 2011. El 'Estado Islámico' de Irak envió una delegación a Siria en agosto de 2011, cuando la guerra civil siria ya estaba en marcha, tras el aplastamiento de las revueltas por Bashar al Assad. 

El líder del 'Estado Islámico' de Irak, el clérigo Al Bagdadi, formateado tras su paso por la cárcel de Camp Bucca y la guerra, anunció en 2013 la creación del 'Estado Islámico' de Irak y Levante (Siria). 

El auge del ISIS 

En 2014 el 'Estado Islámico' se hizo fuerte en Siria e Irak. Miles de hombres del ISIS, armados y protegidos con humvees y tanques, tomaron varias ciudades iraquíes sin apenas resistencia.

Contacté entonces con algunos antiguos efectivos de las fuerzas armadas iraquíes desmanteladas por EEUU y de varios grupos de la resistencia iraquí. En un momento en el que ellos mismos habían ganado posiciones en territorio iraquí, se hacían la siguiente pregunta:

¿Interrumpimos nuestra lucha contra nuestro enemigo, el gobierno de Al Maliki [apoyado por EEUU], para luchar contra el Estado Islámico, superior en número y fuerza a nosotros, o nos unimos al Daesh, a pesar de nuestras diferencias, para evitar ser derrotados?

La respuesta elegida por muchos fue la segunda. Prefirieron ser cómplices que enemigos.

Quién les iba a decir a algunos oficiales de las fuerzas del laico Baaz iraquí en 2003 que años después combatirían mano a mano con yihadistas extremos que proclamaban un califato y dictaban las normas más violentas y medievales en nombre de un distorsionado e instrumentalizado Islam.

La toma de más territorio

Grupos suníes de diversa procedencia, solo unidos por un enemigo común, terminaron integrando las filas del Daesh.  Tomaron varias ciudades iraquíes y llegaron  muy cerca de Bagdad. Apenas encontraron resistencia por parte del ejército iraquí, marcado por la corrupción:

“Los militares se fueron corriendo, no había aviones, no había nada que los parara. Para ser sincero, los únicos que hicieron algo para detener [al Daesh] fueron los militares iraníes y las milicias chiíes”, confesaba recientemente el exministro de Defensa iraquí Ali Allawi en un documental de Al Jazeera.

Desvincular Irak como contexto y desarrollo del Daesh sería hacer un análisis cojo de su evolución. En 2014, tras la toma de un amplio territorio en Irak, el Daesh proclamó el Califato del Estado Islámico de Irak y Siria, controlando un espacio similar al de Jordania. A sus filas se unieron chechenos, musulmanes procedentes de los Balcanes, del norte de África y de Asia. 

En agosto de 2014 llegó la respuesta internacional. Obama prometió acabar con el Daesh, y una alianza militar integrada por EEUU, Arabia Saudí, Emiratos o Jordania empezó a bombardear focos supuestamente controlados por el grupo terrorista.

La vista gorda y la financiación

El Daesh ha sido visto por algunos actores regionales -Israel, Turquía, Arabia Saudí, etc- como un arma potencial contra Irán. Ha mantenido débil al régimen chií de Irak y ha tenido ocupados a grupos enemigos de Israel, como Hezbolá, que lucha en Siria contra diversos grupos de la oposición, entre ellos el Daesh.

Turquía ha hecho la vista gorda ante el Daesh. El primer ministro Erdogan ha querido ver en movimientos islamistas radicales una forma de detener tanto la influencia chií en la zona como a los kurdos. Ha permitido el paso de yihadistas por su frontera, ha bombardeado a las YPG kurdas -unidades de protección popular- cuando se suponía que esos ataques tenían que dirigirse al Daesh, y ha permitido el flujo de camiones que cruzan la frontera cargados de petróleo procedente de los campos sirios controlados por el ISIS.

De ese modo cree evitar la posibilidad de una soberanía de los kurdos -que están luchando contra el Daesh- junto a su territorio.

La compra de petróleo en el mercado negro turco ha sido uno de los modos más eficaces de financiación para el Daesh, junto con el cobro de grandes sumas de dinero por el rescate de algunos secuestrados.

También recibe apoyo económico de individuos saudíes ante los que el régimen de Riad hace la vista gorda. Esas personas entregan dinero al Daesh y hacen lobby por él, presionando para que otros lo apoyen.

La guerra contra el terror

Los aliados de EEUU en Siria en la coalición que bombardea el país han sido entre otros la monarquía absolutista de Arabia Saudí, que sigue consintiendo el apoyo al Daesh desde su país.

Washington y los saudíes también operan juntos, con Emiratos, en la coalición que bombardea Yemen, donde están creando más caldo de cultivo para el terrorismo con ataques como el que el pasado septiembre mató a 131 personas e hirió a cientos más.

Las matanzas como la de París son habituales en Oriente Próximo y Medio, ya sea por ejércitos o por grupos terroristas. La llamada guerra contra el terror, la estrategia de las bombas y las intervenciones, se ha mostrado ineficaz: lejos de menguar, el terrorismo y la violencia crecen. 

François Hollande decía el sábado que la masacre de París es un acto de guerra. En realidad Occidente participa en una contienda desde que se involucró en Afganistán armando a los muyaidines que devinieron en los talibanes. Luego llegarían Irak, Libia, Siria, Yemen… Pero al ser guerras que se libran lejos de nuestras fronteras, solo nos acordamos de ellas cuando algún macabro eco llega a nuestros territorios.


París: la sombra de Argelia

París: la sombra de Argelia

Robert Fisk
www.jornada.unam.mx/171115

No sólo uno de los atacantes se esfumó después de la matanza en París. Tres naciones cuya historia, acción –e inacción– ayudan a entender la carnicería cometida por el Isis han escapado en gran medida a la atención entre la casi histérica respuesta a los crímenes de lesa humanidad en la capital francesa: Argelia, Arabia Saudita y Siria.

La identidad franco-argelina de uno de los atacantes demuestra de qué modo la salvaje guerra francesa de 1956-62 en Argelia continúa infectando las atrocidades de hoy. La absoluta negativa a contemplar el papel de Arabia Saudita como proveedora de la forma más extrema del islam, la wahabita sunita, en la que cree el Isis, muestra de qué manera nuestros líderes aún rehúsan reconocer los vínculos entre el reino y la organización que atacó a París. Y nuestra falta total de voluntad de aceptar que la única fuerza militar regular en combate constante con el Isis es el ejército sirio –que lucha por el régimen que Francia desea destruir– nos impide aliarnos con los inmisericordes soldados que están en acción contra el Isis con mayor ferocidad aún que los kurdos.

Siempre que Occidente es atacado y nuestros inocentes perecen, caemos en borrar el banco de memoria. Por tanto, cuando los reporteros nos dijeron que los 129 muertos en París representaron la peor atrocidad perpetrada en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, omitieron mencionar la masacre en París de hasta 200 argelinos que participaban en una marcha ilegal contra la salvaje guerra colonial francesa en Argelia, en 1961. La mayoría fueron asesinados por la policía francesa; muchos fueron torturados en el Palais des Sports y sus cuerpos arrojados al Sena. Los franceses sólo reconocieron 40 muertos. El oficial de policía a cargo era Maurice Papon, quien trabajó para la policía colaboracionista de Petain en Vichy en la Segunda Guerra Mundial y deportó a más de mil judíos hacia su muerte.

Omar Ismail Mostafai, uno de los atacantes suicidas en París, era de origen argelino, y acaso también lo eran los otros sospechosos identificados. Said y Cherif Kouachi, los hermanos que asesinaron a los periodistas de Charlie Hebdo, eran descendientes de argelinos. Procedían de la comunidad argelina en Francia, integrada por más de 5 millones de personas, para muchas de los cuales la guerra en Argelia nunca terminó, y que hoy viven en los barrios bajos de Saint-Denis y otros enclaves argelinos en París. Sin embargo, el origen de los asesinos del 13 de noviembre –y la historia de la nación de la que proceden sus padres– ha sido casi borrado de la narrativa de los horribles sucesos del viernes. Un pasaporte sirio con un sello griego es más emocionante, por razones obvias.

Una guerra colonial de hace medio siglo no justifica un asesinato en masa, pero ofrece un contexto sin el cual cualquier explicación de por qué hoy Francia ha sido tomada de blanco tiene poco sentido. Al igual que la fe sunita-wahabita saudita, que es fundamento del califato islámico y sus asesinos, presuntos practicantes de ese culto.

Mohammed ibn Abdel al Wahab fue el clérigo y filósofo purista cuyo implacable deseo de purgar a los chiítas y otros infieles de Medio Oriente condujo a las masacres del siglo XVIII, en las que la dinastía original al Saud estuvo profundamente involucrada.

El actual reino saudita, que con regularidad decapita a supuestos criminales tras someterlos a juicios injustos, construye un museo en Riad dedicado a las enseñanzas de al Wahab, y la furia del viejo prelado hacia los idólatras y la inmoralidad ha encontrado expresión en la acusación del Isis contra París como centro de prostitución. Gran parte del financiamiento del Isis proviene de los sauditas, aunque, una vez más, este hecho ha sido borrado de la historia terrible de la matanza del viernes.

Y luego viene Siria, cuyo régimen Francia demanda destruir desde hace mucho tiempo. Sin embargo, el ejército de Assad, rebasado en número y armamento –aunque ha recapturado algún territorio con ayuda de los ataques aéreos rusos–, es la única fuerza militar entrenada que combate al Isis. Durante años, estadunidenses, británicos y franceses han dicho que los sirios no combaten al Isis. Pero esta es una falsedad palpable: en mayor, las fuerzas sirias fueron echadas de Palmira cuando intentaban evitar que los convoyes suicidas del Isis se abrieran paso hacia la ciudad... convoyes que podían haber sido atacados por aviones estadunidenses o franceses. Unos 60 mil soldados sirios han perecido en Siria, muchos a manos de islamitas del Isis y de Al Nusra, pero nuestro deseo de destruir el régimen de Assad tiene prioridad sobre nuestra necesidad de aplastar al Isis.

Ahora los franceses alardean de haber golpeado 20 veces la capital del Isis en Siria, Raqqa: un ataque de venganza por donde se le mire. Porque, si fue un asalto militar serio para liquidar la maquinaria del Isis en Siria, ¿por qué los franceses no lo hicieron hace dos semanas? ¿O dos meses? Una vez más, por desgracia, Occidente –y Francia en especial– responde al Isis con la emoción, más que con la razón, sin ningún contexto histórico, sin reconocer el sombrío papel que nuestros moderados y decapitadores hermanos sauditas representan en esta historia de horror.


Y así creemos que vamos a destruir al Isis...