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Irán: tercer gran golpe al reformismo

Nazanin Armanian

www.publico.es/010316

 

La doble convocatoria de las elecciones en Irán es probablemente la más decisiva para el futuro de la República Islámica (RI). Se renueva la composición del Parlamento y lo más importante, la de la Asamblea de Expertos (Mayles-e Jobregán), una curia de la élite religiosa encargada de la crucial tarea de designar el segundo sucesor del difunto ayatola Jomeini, ya que el primero, Alí Jamenei de 76 años, está enfermo de cáncer.

 

Su cargo, Welayat-e Faghih (tutela del jurista islámico), inexistente en el chiismo y formulado por el fundador de la tardía y única teocracia chií de la historia, y del que están excluidos las mujeres, los no creyentes, los ateos, los no chiíes y aquellos que no han mostrado lealtad hacia los gobernantes, representa una especie de califato, vestido de jefe del Estado y del Ejército, con facultades tan amplias como poder vetar todas las decisiones de los órganos legislativo, ejecutivo y el judicial.

 

37 años después de su fundación, la RI se enfrenta a una nueva batalla entre sus distintas facciones que buscan salvarla, a su manera, de las amenazas internas y externas.

 

No habrá Perestroika

 

El primer ataque organizado del sector ultra a los moderados lo recibieron los votantes del presidente Mohamad Jatami. El castigo se llamó Mahmud Ahmadineyad, quien acabó con cualquier ilusión de una ‘democracia religiosa’. El segundo lo sufrió el Movimiento Verde por los Derechos Civiles durante las elecciones presidenciales del 2009: Hosein Musavi, un primer ministro de los años del ayatolá Jomeini, el agitador de trapo verde y posible ganador de aquellos comicios, acusó de fraude electoral a Jamanei-Ahmadineyad y hasta hoy sigue bajo arresto domiciliario.

 

Aquellas dos lecciones han servido al sector extremista para no cometer una tercera: ante el último esfuerzo de los ‘reformistas descafeinados’, que en realidad son conservadores pragmáticos, liderados por  el Ayatola Rafsenyani, el gran rival personal de Jamanei, y el presidente Hasan Rohani, el grupo ultra tomó dos decisiones vitales:

 

+Cortar por lo sano y eliminar a la mayoría de los candidatos rivales por “falta de idoneidad islámica”, y así monopolizar el Parlamento y la Asamblea de Expertos. Entre los denegados se encuentran personalidades de peso como Hassan Jomeini, el nietísimo del gran ayatola.

 

+Rechazar rotundamente la propuesta de la corriente reformista de formar un Concejo de Liderazgo en vez de designar otro ayatolá ultraconservador para el puesto que dejará vacante el ayatolá Jamenei. Rohani se equivocaba si pensaba que podría traducir los beneficios del acuerdo nuclear en ganancias electorales y reformar la estructura de una teocracia obsoleta, dirigida por los militares, respaldada por Alí Jamenei.  Y eso que Hasan Rohani no iba a jugar el papel de Gorbachov, ni pretendía lanzar una perestroika después de Jamenei.

 

Mientras, unos siguen discutiendo sobre cuántos ángeles pueden bailar en la punta de un alfiler, y otros venden parcelas del cielo a la casi mitad de la población que vive por debajo de la línea de pobreza, tachando de ‘Moharebeh’ (entrar en guerra contra Dios) y ‘agente del enemigo’ a cualquier protesta ciudadana por los derechos civiles, económicos y políticos, la sociedad iraní cada vez más secular camina hacia otra dirección.

 

Según Forbes (2015), después de Rusia y EEUU (y sin tener los datos de China e India), Irán ha producido el mayor número de graduados en ingeniería (¡y no de teología!): unos 233.700 hombres y mujeres. La fuga de casi la mitad de estos cerebros deja una pérdida anual de 150.000 millones de dólares para el Estado.

 

Se trata de una nueva ronda del juego de Risk, en el que lo importante no es la victoria final sino tener perspectiva para ganar partido a partido, donde una oligarquía militar, sin casi barba y cuasi moderna tendrá la última palabra.

El drama de la mujer

Nazanin Armanian


www.diario.es/220316


 


1. ¿Sabían que el suicidio es la primera causa de muerte de las muchachas de entre 15 y 19 años en todo el mundo salvo en África, donde el parto y el SIDA siguen siendo los principales factores? Sueños que se rompen con matrimonios forzados, como el de “cásate y sé sumisa”; los malos tratos; y la discriminación inherente al sistema patriarcal del mercado, empujan a miles de chicas de la clase media a acabar con sus vidas —a veces optan por una de las vías más terribles, como la de quemarse a lo bonzo—. En cambio, la muerte violenta de los varones de la misma edad se debe, en la mayoría de los casos, a accidentes de tráfico.


 


Por si no se han estremecido con esta información, escuchen esta otra: Amnistía Internacional ha pedido la legalización del negocio de las chicas desechables para las mafias, ahora que en el mercado mundial hay un excedente de cientos de miles de niñas huérfanas y secuestradas, provocado por las guerras e imposible de ocultarlo. Pronto pedirán a Boko Haram el carné de ‘trabajadora sexual’ para las niñas nigerianas prostituidas.


 


2. En Rusia, el país que tras la fundación del socialismo en 1917 fue el primero en reconocer amplios derechos de la mujer, nadie considera como un delito la violencia ejercida contra la mujer dentro del hogar, a pesar de que cientos de esposas son asesinadas en esta ‘Santa Rusia’ cada año. Este Estado, a pesar de contar con mujeres como Valentina Matvienko (presidenta del Consejo de la Federación de Rusia), o Elvira Nabiullina (la máxima responsable del Banco Central de Rusia y la primera mujer al frente de un organismo financiero del G8), ocupa el lugar 98 en el ranking mundial en cuanto a la participación de la mujer en la política.


 


3. En EEUU, las mujeres de la clase trabajadora temen a que el próximo representante de la Casa Blanca derogue la Ley de Asistencia Asequible, conocida como Obamacare, que garantiza la cobertura de los servicios básicos (mamografías, anticonceptivos de bajo coste o atención prenatal) y evita las dramáticas consecuencias de la ausencia de la atención médica en la vida de 45 millones de ciudadanos. Si un tal Donald Trump, que llamó a las mujeres —¡blancas!— “cerdas, perras, gordas y animales repugnantes” llegase a ser el presidente, sería una muestra más de la eficacia de los sofisticados mecanismos del lavado de cerebro del electorado femenino, enajenado y aliñado acorde a la religión y a la normalizada cultura machista. Las mujeres en las elecciones de EEUU carecen de voz propia, y por ello, Hillary Clinton no es más que otro rostro del capitalismo belicista más misógino.


 


4. En Afganistán, donde existe un infierno creado por la OTAN y los talibanes, la esperanza de vida de sus mujeres es de 45 años. El año pasado se registraron 5.132 casos de violencia machista, un 5% más que el año anterior: 826 mujeres asesinadas, 2.400 violaciones, 75 secuestros, 2.000 casos de golpes y patadas y unas mil jóvenes fugadas de sus hogares para convertirse en niñas-esposas —algunas terminaron subastadas en mercados públicos—. Ellas forman parte de las mil millones de mujeres del planeta que han vivido el maltrato y de las 120 millones de menores que han sido violadas y vendidas.


 


5. En el Sahara, debería de sorprender que ciertos clanes de un pueblo que lucha por su libertad sean capaces de privar de la misma a seres tan queridos como sus propias hijas: Koria Badbad, Darya Embarek, Maaluma Takya, o Nahjiba Mohamed son sólo cuatro casos conocidos de jóvenes secuestradas por sus familias biológicas, que han sido castigadas por rebelarse contra las tradiciones reaccionarias que consideran a la mujer objeto sin tener derecho a la autonomía física e intelectual. Hay quien defiende esta aberración bajo el pretexto de la ‘multiculturalidad’ o la ‘relatividad cultural’ ignorando que:


 


+La cultura del grupo está marcada por los intereses de las élites políticas y religiosas, el dominio de una clase sobre otra y el de los hombres sobre las mujeres; si no, lean los cuentos tradicionales.


 


+Una cultura que casa a las niñas de ocho años, o legitima la pena de muerte, obviamente, no tiene el mismo valor que aquel que protege a sus integrantes de abusos, violaciones y sufrimiento; proporcionándoles medios y recursos para defenderse.


 


+Las culturas están repletas de irracionalidades e incluso santifican el racismo, el machismo o el especismo.


+La cultura no es un ente hermético, inmóvil y uniforme. Tiene que evolucionar. Si no lo hace, debería hacerlo a través de las ‘leyes catalizadoras’.


 


+Las personas que nacen en una cultura deben tener libertad para cuestionarla. Es más, es su deber sacudirla de supersticiones, intereses infames, represiones, etc. ¿Hay que respetar a unos padres que intentan curar a sus hijos enfermos con el vudú en vez de utilizar la medicina científica?


 


+Hay unos valores comunes y absolutos compartidos por todas las sociedades que garantizan la supervivencia de la especie, como lo han sido el “no matarás al prójimo” y el “no mentirás”. Buscar el bienestar material y paz interior es instintivo; es propio del ser humano.


 


6. En Arabia Saudí, las mujeres son raptadas por los hombres y el Estado. El régimen fundamentalista ha intentado barnizar su sistema de ‘Apartheid de género’, autorizando a las mujeres a participar en las elecciones municipales. Con ello, se lavaba la cara ante la opinión pública mundial, introducía a varias integristas afines en los concejos municipales y estrenaba la perversa táctica de utilizar a la ‘mujer contra la mujer’. Allí, a las insumisas se les aplica la Ley Antiterrorista.


 


7. En Suecia, la ministra de Asuntos Exteriores Margot Wallström, sigue sonrojando a sus anclados colegas europeos. Convirtió a Suecia en el primer Estado de la Unión Europa en reconocer el Estado Palestino, y lanzó duras críticas al régimen de Arabia Saudí por pisotear los derechos humanos, suspendiendo la venta de armas a aquellos jeques. La promotora de la ‘Política Exterior Feminista’, busca una manera de prevenir las guerras, abolir los modelos sexistas de dominación entre los Estados, e incluir a las mujeres en los procesos de paz. Ella sabe que la relación entre la guerra y el afán de los Estados por controlar el cuerpo y la vida de la mujer es directa, y no sólo por la militarización de la violencia de género, sino también porque ambos nacen de la idea de concentrar el poder en manos de una élite, y su ejercicio contra los más ‘débiles’.


 


8. Este año se inventó en Japón una nueva modalidad de pederastia: pasear con una colegiada. Cientos de niñas de entre 14 y 15 años, de la clase trabajadora, han sido reclutadas para acompañar a los hombres de mente pervertida —que pagan 37 euros a los chulos— durante una media hora de paseo con derecho a manosearlas.


 


9. En Emiratos Árabes Unidos, el auge de la industria petrolífera y la llegada de millones de hombres inmigrantes ha convertido al país en uno de los principales destinos y una de las principales rutas de tránsito de mujeres y niñas secuestradas y/o engañadas para su explotación en el negocio redondo de la prostitución; en vez de progresar como Estado.


 


10. En Irán, uno de los primeros países del mundo en celebrar el 8 de marzo, allá en 1911 —y prohibirlo, desde 1979—, las mujeres se han opuesto a las medidas pronatalistas del Gobierno e, incluso, a contraer matrimonio. Que la población envejezca no preocupa a aquellas que practican la ‘rebeldía de las solteras’, rompiendo con el ‘destino bilógico’ de la mujer que ha servido a los mandatarios para regular la población en función de las necesidades demográficas del poder. En otro país de Oriente Próximo, Israel, la esterilización forzosa de cientos de mujeres judías-negras cumplía las expectativas racistas de sus gobernantes.


 


11. En Asia Central, donde las repúblicas ex soviéticas fueron los primeros países “musulmanes” en legalizar los derechos políticos, económicos y sociales de la mujer, el 8 de marzo sigue siendo una fiesta nacional, en la que las mujeres reciben regalos, no sólo de los hombres, sino también del Estado: en Turkmenistán, cada mujer ha recibido 40 manat (equivalente a 11 euros) en reconocimiento a sus esfuerzos por mantener el funcionamiento del país ahora que miles de hombres han emigrado en busca de trabajo. La aparición del fenómeno de ‘Business lady’, gerentes de fábricas y talleres, no ha paralizado, por otro lado, la expulsión de las mujeres embarazadas de sus puestos de trabajo. Que no nos engañen si mañana la diseñadora de joyas Gulnara Karimova, hija del caudillo multimillonario de Turkmenistán, se convierte en la presidenta del país. En Uzbekistán y Tayikistán, desde el derrumbe de la URSS, la situación de las mujeres ha empeorado aun más y a todos los niveles: los maridos emigrados rehacen su vida en el país de acogida, las abandonan con los hijos, y éstas, sin embargo, no reciben ninguna ayuda del Estado.


 


12. En Turquía, país que ocupa el puesto 120 —de 136— en el Índice Global de Brecha de Género, brilla la diputada Figen Yüksekdağ Amento, copresidenta del Partido Democrático del Pueblo y editora de la revista Mujer Socialista. En medio del asalto de Erdogan a las fuerzas progresistas, ella proclama el fin de la intervención de Turquía en la guerra contra Siria y denuncia sus nefastas consecuencias sobre los derechos de la mujer en ambos países.


 


Panorama sin brillo por falta de una organización efectiva a nivel internacional, en defensa activa de los derechos de la mujer. Mientras tanto, que no nos arrebaten el derecho a patalear.



Las memorias de Fernando Cardenal

José Argüello Lacayo

www.confidencial.com.ni/230216

 

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Traté por primera vez a fondo a Fernando Cardenal en 1975, cuando coincidimos en la UNAN de Managua enseñando filosofía. Él irradiaba un entusiasmo contagioso, era tremendamente comunicativo y abierto; a su lado uno se sentía inspirado para las cosas más nobles. La represión del somocismo era ya omnipresente y pesaba como una losa sobre el corazón de Nicaragua.

 

En ese contexto sombrío desconcertaba el irrefrenable optimismo de Fernando, fruto de su esperanza cristiana, para quien la caída de Somoza constituía desde entonces una certeza; él se encontraba por entero consagrado a los jóvenes e impartía además charlas y retiros espirituales por toda Nicaragua. Escucharlo era afrontar el reto imperioso de cambio que planteaba la situación del país y recibir una sacudida evangélica. Su voz era una voz nueva y potente en la Iglesia, capaz de provocar genuinas conversiones y compromisos de vida.

 

Un capitán de la Guardia Nacional, tras un retiro suyo, acabó confesando: “Hasta ahora he sido un guardia de m…, pero de ahora en adelante seré soldado de Cristo”. Y cumplió. Más tarde, solicitado como médico militar para supervisar el estado de gravedad de David Tejada, torturado por el mayor del ejército que era jefe inmediato suyo, denunció los hechos y pagó con la vida su osadía. Su nombre era Fernando Cedeño.

 

Otros más, bajo el influjo de Fernando, renunciaron a sus patrimonios y privilegios de clase y se solidarizaron con los pobres. Jóvenes estudiantes empuñaron las armas e inmolaron sus vidas, incitados por aquel sombrío panorama que enfrentaban. “Les insistía yo mucho en los retiros –cuenta Fernando- que había que hacer todo con amor, que estábamos en una lucha que debía hacerse siempre por amor y con amor”.

 

Volví a encontrarme con él en Alemania en 1981, donde le serví de intérprete durante un mes entero y juntos recorrimos aquel país. Ya la revolución había triunfado y él daba charlas ante miles de personas. Con la Campaña Nacional de Alfabetización su figura se había agigantado; era un personaje de fama internacional.

Conservaba sin embargo intacta su sencillez: en Tubinga, donde las más altas personalidades le hacían la corte y fue recibido con honores en la alcaldía y la universidad, dos jóvenes estudiantes se acercaron a conversar con él y les dedicó a ellos toda la noche, poniendo gran interés en su conversación. Esa capacidad suya de interesarse por los demás, en particular por los jóvenes y los pequeños, ha sido uno de los rasgos más atractivos y distintivos de su personalidad y una de las causas del enorme impacto que ha tenido como educador.

 

Bajo el título de Sacerdote en la revolución, “Ediciones Anamá” publicó en agosto pasado los dos volúmenes de sus Memorias, relato torrencial que desde los primeros párrafos sumerge al lector en un acelerado torbellino de vivencias personales que fluyen como río caudaloso cada vez más ancho y agitado: historia personal y colectiva de Nicaragua durante las últimas tres décadas; autobiografía en la que se refracta la gesta de todo un pueblo; memoria personal y múltiple, condensación de nuestra historia más reciente; lectura insoslayable en un país desmemoriado como el nuestro, apta particularmente para quienes no vivieron aquellos años y deseen escuchar a un testigo veraz y convincente, en orden a entender mejor la etapa actual.

 

En estilo llano y coloquial, con lenguaje eficaz y directo, Fernando Cardenal relata sus experiencias a partir de su inserción en una barriada marginal de Medellín, donde convive con sus habitantes durante la etapa final de su formación jesuítica en 1969. La cercanía humana, el amor y la amistad hacia aquellas personas desempleadas, hambrientas y enfermas, abren su corazón al drama y la tragedia de los pobres, con una intensidad nunca antes experimentada en su vida.

 

Hasta entonces había vivido encerrado en grandes casas de formación jesuíticas de México, Perú y Ecuador, sin tener siquiera la oportunidad de conversar con los indígenas, tan numerosos en aquellos países, a quienes veía como parte del paisaje, desconociendo por completo sus dramas y angustias.

 

Su perspectiva cambia ahora radicalmente: “Yo era encargado de comprar el pan, ya que en nuestro barrio no había panadería. Había que bajar la loma e ir a comprarlo a otro barrio. Cuando yo subía por la calle, con el gran paquete de pan en las manos, los niños me pedían pan, niños con el hambre en los rostros. Yo no les podía decir: ´Miren, este pan es para los padres jesuitas que estamos haciendo aquí la Tercera Probación, una cosa muy importante´. Yo hacía lo obvio, iba dando trozos de pan a cada uno de los niños. Al llegar arriba a nuestra comunidad, por supuesto, ya no había pan. Les dije a mis compañeros: `Ustedes se deciden a no comer pan o nombran otro comprador, yo no puedo traer pan en medio del hambre de los niños´. Ya no volvimos a comer pan”.

 

Antes de retornar a Nicaragua, jura solemnemente ante los pobres de aquel barrio, que esté donde esté, trabajará en adelante siempre por la justicia y la construcción de una nueva sociedad, sin importar la tarea que le encarguen sus superiores religiosos.

 

Ese juramento y su concreción a lo largo de toda una vida es la verdadera trama de fondo de estas Memorias, su columna vertebral, el aliento que infunde vigor a Fernando en medio de todas las pruebas y vicisitudes que atraviesa. El peligro y la muerte rondan continuamente su vida, estragando su salud y templando las debilidades de su temperamento, hasta esculpir en su carácter la solidez del acero. Así lo demuestra su valiente denuncia ante el congreso norteamericano de las violaciones de los derechos humanos cometidas por la Guardia Nacional de Somoza, en 1976.

 

Aparte de ser estas páginas una apasionante crónica política y social de los acontecimientos históricos dramáticos que desembocaron en el derrocamiento de Somoza, así como de los subsecuentes eventos que constituyeron la revolución sandinista y su epílogo, vistas en mayor profundidad, son también su autobiografía espiritual, cuyo vórtice es la búsqueda de la voluntad de Dios en la historia.

 

Fernando es jesuita e hijo espiritual de Ignacio de Loyola y su espiritualidad se orienta a discernir la voluntad divina, para en todo amar y servir. Cuando el Comandante Marcos (el famoso Eduardo Contreras, que tan honda impresión dejó en quienes le conocieron) le planteó en una entrevista clandestina integrarse al Frente Sandinista en 1973, Fernando resolvió sus dudas e incertidumbres recurriendo a la parábola del buen samaritano: “Los del Frente Sandinista eran despreciados por gentes que se tenían por buenos cristianos y les llamaban despreciativamente subversivos, materialistas, ateos y comunistas; pero ellos no siguieron de largo ante la Nicaragua herida y postrada en el camino y ahora eran los buenos samaritanos que me estaban diciendo: Fernando, ¿venís con nosotros a ayudar a este herido, a este pueblo? En esos segundos yo reflexionaba: Jesús me enseña en el Evangelio que no quiere que le diga a Marcos, mirá, yo no puedo ayudar porque soy sacerdote, yo tengo unas obligaciones en el culto…En esos momentos pensaba: no puede haber otro Dios que el que nos presentó Jesús en el Evangelio y, en consecuencia, inspirado en el mensaje de su palabra, le dije a Marcos que aceptaba, que contaran conmigo”.

 

Y Fernando se hace militante clandestino del Frente Sandinista, a partir de su fe cristiana. Situación que tras el triunfo de la revolución le llevaría a aceptar grandes responsabilidades: la conducción de la Campaña Nacional de Alfabetización, la Comisión de Formación de Juventud Sandinista y finalmente el Ministerio de Educación. Ello le acarrearía la incomprensión y el rechazo de la Conferencia Episcopal de Nicaragua y su consiguiente expulsión de la Compañía de Jesús por voluntad de Juan Pablo II en 1984.

 

“Usted, querido Padre Fernando, es para muchos jesuitas un signo de credibilidad de la Compañía, en el campo de la promoción de la justicia, aunque también otros muchos jesuitas tratan de vivir integralmente esa vocación en plena armonía con la ley de la Iglesia”, admite benévolamente y pese a todo, su superior general, el Padre Peter Hans Kolvenbach, en el propio momento en que lo emplaza a abandonar su cargo de Ministro de Estado o dimitir de la Compañía. Las negociaciones se habían agotado: era la voluntad del Papa.

 

Fernando, ¿desobedeció entonces? Juzgando superficialmente, muchos así lo creen y proclaman, descalificando desde entonces, tanto su sacerdocio, como su adhesión eclesial; leyendo sus Memorias, podrán sin embargo penetrar finalmente con mayor hondura en su situación y sus razones.

 

Lo que verdaderamente sucedió fue que, tanto él como los demás sacerdotes Ministros, en aquella penosa situación de agresión militar y bloqueo económico que mantenía a Nicaragua acosada, día y noche, por el gobierno imperial de Ronald Reagan, se vieron constreñidos a actuar de forma diferente a como les exigía Juan Pablo II, porque captaban con todo su ser que Dios les pedía a ellos personalmente otra cosa. Tal es el caso límite y paradójico de la objeción de conciencia, donde se desobedece a la autoridad –incluso religiosa- para obedecer a Dios (Hch 4, 19); no se trata por tanto de una desobediencia cualquiera, sino de oposición en obediencia. En un plano superior, la persona obedece directamente a Dios a través del llamado de su conciencia (Rm 14, 23).

 

El mismo Padre Kolvenbach reconoció doce años después la validez de la objeción de conciencia de Fernando Cardenal a la luz de su límpido testimonio de vida sacerdotal y lo reincorporó –caso único en cuatro siglos y medio de historia- a la Compañía de Jesús. Junto a sus amistades y familiares acompañé a Fernando aquel 14 de junio de 1997, cuando volvió a hacer sus primeros votos en la capilla de la UCA: “Hacer hoy nuevamente mis votos en la Compañía de Jesús –nos anunció ese día- es obra de Jesús resucitado. Un muerto no es capaz de llenar de gozo un corazón que se vacía para entregarse a una misión. Un muerto no da fuerzas, no apoya, no llama a seguir con entusiasmo sus huellas y su ejemplo. Pero Jesús resucitó y actúa en nuestros corazones. Es cercano, es un amigo maravilloso, es el Señor”.

 

Sus Memorias concluyen narrando las circunstancias por las que en enero de 1995 finalmente renunció a su militancia en el Frente Sandinista. La debacle se titula el capítulo donde presenta su visión crítica de los errores cometidos por el sandinismo: “Oír hablar de la piñata nos ponía entristecidos de sólo pensar que fuera posible, pero nos fuimos dando cuenta de que había sido cierta, de que fue un hecho real, terrible, pero real” ; “Hoy la corrupción de los grandes es tan extensa y profunda que ha permeado hasta abajo y se encuentra a todo nivel. Es difícil construir un nuevo país si para esa nueva casa la madera que tenés a mano en una buena parte está podrida”.

 

Si el campesinado de Nueva Guinea, Mulukukú, Waslala o los misquitos del Río Coco narraran también sus memorias, ¿qué aspectos aportarían a la visión personal presentada por Fernando Cardenal desde Managua? ¿Le darían testimonio de la represión sufrida por ambos bandos del conflicto bélico como una de las causas principales de la debacle?

Al escribir la historia de nuestro país, esas otras voces hoy sumidas en el silencio también tendrán que ser escuchadas.

 

Como el mito de Sísifo, sus Memorias paradójicamente concluyen en el mismo punto donde comenzaron: compartiendo esta vez la miseria de una barriada marginal de Managua. Ríos de sangre han sido derramados, sin que todavía exista esperanza para esta pobre gente. ¿Y entonces?

¿De dónde nos vendrá la esperanza, si no de personas coherentes, honestas y solidarias que aún quedan en Nicaragua? Para mí, semejan el pequeño resto de Israel, aquellos “siete mil cuyas rodillas no se doblaron ante Baal y cuyas bocas no le besaron” (1 Re 19,18), porque mantuvieron en alto su fidelidad a las promesas de Dios en tiempos del profeta Elías. Fernando Cardenal pertenece a ellas; en su vejez sigue dando frutos, mientras enarbola su viejo entusiasmo juvenil lleno de terca y tenaz esperanza. Leyendo su historia, comprenderemos mejor las palabras del poeta angoleño Agustín Neto: “No basta que sea pura y justa nuestra causa. Es necesario que la pureza y la justicia existan dentro de nosotros”.

La gira del patrón Obama...

 

Guillermo Almeyra

www.jornada.unam.mx/270316

 

La gira de Barack Obama a Cuba completa la del papa Bergoglio, que sin duda fue discutida largamente entre las diplomacias del Vaticano, Estados Unidos y al menos un sector de la burocracia reformista de Cuba, los cuales están buscando la forma más pacífica y menos traumática de favorecer una transición rápida y completa de Cuba hacia el capitalismo.

 

Con China en dificultades crecientes, el gobierno de Venezuela sobre la cuerda floja, el de Brasil al borde del impeachment –y ante una situación económica mundial que manda a un futuro lejano los proyectos del canal interoceánico por Nicaragua y de construcción por los capitales brasileños del megapuerto para los containers que esperarían en el Mariel su paso hacia el Pacífico y China–, Washington y el Vaticano se preparan para lo que consideran tiempos muy buenos para ellos y la burocracia que dirige el capitalismo de Estado en Cuba, que opta por soluciones inmediatas que le permitirían conservar el poder.

 

O sea, un acuerdo con Washington, una apertura comercial rápida y amplia que mejore el abastecimiento y permita tener un dólar único anclado sobre el de Estados Unidos y, como corolario, un simulacro de elecciones pluralistas en las que puedan participar los opositores presentables y menos dañinos (socialcristianos, socialdemócratas, liberales respaldados por la Iglesia).

 

Francisco preparó a la Iglesia cubana y acercó la tendencia Obama del imperialismo estadunidense a la nacionalista y pragmática encabezada por Raúl Castro. La presión de sectores medios del capital agrario y de los servicios –incluso de grupos republicanos– por hacer negocios inmediatamente en un mercado que ahora está en otras manos, y la lógica de que la venta de pasajes turísticos legitima cualquier otra venta (hasta una futura de cohetes) empujan a Obama por esa ruta en la que tiene todo para ganar porque ofrece una zanahoria que no tiene, ya que tanto el cierre de Guantánamo como el fin del bloqueo dependen no de él, sino del Congreso, donde no tiene mayoría. Obama expresa la tendencia imperialista que se opone al nacionalismo agresivo del Tea Parthy y de Trump, pero tiene los mismos objetivos: combatir la pérdida creciente de hegemonía que alimenta temores en Washington y recuperar posiciones con el menor costo posible.

 

El último presidente estadunidense que visitó Cuba lo hizo en 1928, pero desde entonces Washington la ocupó sucesivamente, le impuso dos dictaduras, la invadió en Playa Girón, mantuvo una guerrilla en el Escambray, sembró el dengue hemorrágico, entre otras enfermedades, impuso a los demás países el bloqueo que costó a Cuba 100 mil millones de dólares, pagó espías y contrarrevolucionarios a granel y da refugio a terroristas asesinos, además de organizar decenas de intentos de asesinatos de Fidel Castro. Obama apenas si se ha referido a ese pasado justificándolo y minimizándolo sin ninguna autocrítica.

 

Esa audacia arrogante basada en la seguridad de que le aceptarían cualquier actitud por ofensiva que fuese hace aún más atroz la pose sumisa de Raúl Castro, quien levantó la mano a Obama como si éste fuese un boxeador triunfante y ni siquiera hizo referencia al objetivo aún oficial del socialismo. Los cubanos y los latinoamericanos tuvieron la terrible sensación de que Cuba está condenada e indefensa, pues ni el cubano ni los demás gobiernos progresistas reaccionan y explican la gira de Obama.

 

La parte argentina de la misma fue simplemente un periodo de vacaciones para Obama. Éste llegó en efecto en medio de la pasividad de los peronistas (que antaño cantaban ni yanquis ni marxistas, peronistas y hoy se hacen invitar, como el presidente del Senado o los líderes de las tres CGT, a la cena de gala en honor de Obama) y del desinterés de los votantes macristas (que se fueron en masa a la costa aprovechando el feriado).

 

Los grupos trotskistas, los de la nueva izquierda y los organismos por los derechos humanos salvaron el honor con una manifestación, pero el patrón-huésped pudo dar su espaldarazo al pobre diablo que será su hombre fuerte, después de comprobar los efectos de la descomposición de los gobiernos progresistas tras la desaparición de Chávez y de Kirchner y la transformación del kirchnerismo y del PT brasileño en vulgar carne molida. Ya satisfecho, comió buena carne, bailó un tango y se fue a Bariloche, como un turista cualquiera…

El balance es claro: con México, desde hace rato en el saco, el Tío Sam está decidido a poner en orden el gallinero latinoamericano donde los gallos progresistas son muy flacos y escasean los huevos.

 

Lo primero es Cuba, que espera normalizar antes de que cumpla 57 años de independencia. Lo siguiente es la reintegración del peronismo de derecha a las relaciones carnales con Estados Unidos, de las que se enorgullecía el canciller de quien formó políticamente (es un modo de decir) a Menem, Cristina Fernández y tutti quanti en la política argentina. Lo tercero es derribar a Dilma Rousseff y devolver al país más poblado de América Latina el papel de algo parecido a un subimperialismo, como durante la dictadura militar. La presencia en la región de las economías china y rusa, en tales condiciones y con gobiernos tipo Peña o Macri, se reduciría a poco.

 

Pero esos planes, si se concretasen, a mediano plazo radicalizarían las reacciones populares, liberadas de los corruptos e impotentes y enfrentadas directamente con el enemigo de clase y nacional. Una vez más no hay alternativa: liberación nacional y social o colonia, socialismo o esclavitud y miseria crecientes.

¿Lula culpable?

Juan Agulló

www.rebelion.org/070316

 

Una inquietante pregunta recorre la izquierda ¿Es Lula culpable de los delitos que se le insinúan? ¿Es en definitiva, él, adalid del moderno posibilismo obrero, un corrupto?

 

Plantear la cuestión en esos términos, por común que suene, frisa el simplismo. De hecho, el problema no radica tanto en saber si Lula es culpable o inocente sino en entender el contexto en el que ha sido proyectada sobre él una sombra de duda que ha caído como un jarro de agua fría dentro y fuera de Brasil.

 

¿De dónde vienen estos lodos? Pues, básicamente, de los polvos con los que Lula (que, en portugués, significa “calamar”) adobó su Presidencia. Fue elegido al cuarto intento, en 2002. Antes, desde 1989, no solo había perdido elecciones sino que había sido ninguneado e incluso ridiculizado por la oligarquía brasileña: comicio tras comicio.

 

¿Qué cambió en 2002? Lula moderó su discurso e incluso suavizó su imagen. En circunstancias normales, ni con eso le hubiera bastado. Cuando ganó, sin embargo, el proyecto político neoliberal estaba agotado. Lula, de hecho, fue llevado en volandas a la presidencia (61% de los votos) no solo por las clases populares sino, también, por las aspiraciones de movilidad ascendente de unas clases medias urbanas hartas de tanta política de ajuste. Lula, por lo tanto, le debió el triunfo a la ayuda de unos sectores sociales, en principio, inesperados.

 

Segundo gran problema: el ex sindicalista arrasó en la elección presidencial pero el PT (Partido de los Trabajadores), su partido, quedó lejísimos de obtener la mayoría absoluta. Eso no tiene nada de raro pues Brasil tiene un régimen presidencialista en el que, 14 años después de su primera victoria, el PT sigue teniendo una implantación muy desigual en el territorio.

 

¿Cómo encaró Lula esas dificultades? Con su pragmatismo habitual: tejió una alianza (al principio, parlamentaria; posteriormente, electoral) con un partido (el Partido de Movimiento Democrático Brasileño, PMDB) que había formado parte de la coalición que había concurrido… ¡contra él! ¿Quiere eso decir que se alió con la derecha? Difícil de decir: el PMDB es un partido complicado de catalogar. Lo más correcto sería afirmar que, el PMDB, es un partido sistémico: nació como opción tolerada (y más que progresista, pro-democrática) bajo la dictadura militar, en 1964. Después, desde que terminó la dictadura -en 1985- hasta que se alió con Lula en 2003, formó parte de un bloque derechista (autoproclamado, eso sí, de “centro-izquierda”) que, a nivel regional, no llegó a abandonar nunca.

 

El PMDB, sin embargo, tampoco es un clásico Big Tent Party (‘partido atrapatodo’) sino, más bien, un partido al servicio del Estado, incluso del orden establecido. Un partido que no suele ganar pero sí suele ser necesario para ganar y que, precisamente por esa razón, suele estar repleto de oligarcas que nunca se sabe muy bien si se convirtieron en tales por militar en el PMDB o si, por el contrario, militan en el PMDB para proteger sus privilegios. Por si lo anterior fuera poco, las bases urbanas de ese partido (detalle no menor) suelen estar plagadas de funcionarios del Estado de rango medio.

 

Esa alianza y otras, más o menos coyunturales, que Lula se vio obligado a tejer para garantizarse una gobernabilidad que le permitiese sacar adelante su presidencia, fue el peaje que los poderes fácticos le impusieron y a la postre, el fantasma (político) que todavía le persigue. Hablar de peaje, por cierto, no es retórico: muchos diputados (¡de hasta siete partidos! incluyendo el PT) votaron durante años a favor de las propuestas legislativas de Lula a cambio de dinero. En algo así de ‘simple’ consistió el Mensal ã o, el gran escándalo de corrupción que azotó las presidencias de Lula (2003-2010).

 

Pero ¿de dónde salió tanta pasta en tan poco tiempo? Eso, en realidad, nunca estuvo muy claro. Parece que algo hubo de la privatización de antiguas empresas públicas pero ahora, el (nuevo) escándalo de corrupción, centrado en la empresa pública Petrobras (que se ha convertido en el gran azote de la actual presidenta y sucesora de Lula, Dilma Rousseff) parece que puede arrojar algo de luz al respecto.

 

Hasta prácticamente la llegada de Lula a la presidencia, Brasil no fue un país, técnicamente, productor de petróleo: compraba fuera más del que producía. A partir de 2003, sin embargo, esa relación comenzó a cambiar. La razón fue que el auge internacional de los precios del crudo convirtió en rentable la explotación de unas reservas que, no solo eran (y son) submarinas, sino que estaban (y están) bajo una capa salitrosa.

 

En otras palabras: una suma ingente de recursos nuevos (incluso podría decirse que, “vírgenes”) comenzaron a ingresar, prácticamente de la noche a la mañana, a las arcas públicas. En buena medida ahí y no en otros sesudos detalles -exceptuando la soja transgénica- radica la esencia del milagro económico y de la emergencia brasileñas.

 

Hay además, otra lectura aún menos edificante: se sospecha que el PT pudo parasitar parte de esos recursos con el objeto (político) de proporcionar el necesario combustible a la gobernabilidad del país. Por el camino, de paso, pudieron irse quedando unos cuantos billetes más. Este otro esquema de corrupción (llamado por la prensa brasileña Petrol ã o), es el que le ha causado tantos problemas a Dilma y el reciente interrogatorio a Lula.

 

Pero entonces, nuevamente ¿es Lula un corrupto?, ¿terminó corrompiéndose como le pasó a muchos compañeros de partido?

 

Una vez más, difícil de decir, entre otras cosas porque el esquema Mensal ã o-Petrol ã o se caracteriza, precisamente, por un reparto de roles que difumina aún más las cosas: al parecer, como en todo gran esquema de este tipo, no solo hubo corruptores y corrompidos sino que también fueron importantes los que miraron hacia otro lado, los que traficaron con influencias, los que prevaricaron…

 

Más allá de lo que salga a relucir durante los próximos meses la clave política real, ahora mismo, está en saber por qué el caso de Lula ha saltado a la palestra precisamente en este momento. La razón es simple y no tiene tanto que ver con las teorías conspiratorias que, desde el viernes pasado, circulan por la web. Se trata, simplemente, de la clásica combinación de suciedades políticas y movimientos de ajedrez (¿o de esgrima?) que podrían haber ocurrido casi en cualquier lugar del mundo (especialmente, en cualquier parte del mundo que viva de rentas).

 

En el Brasil contemporáneo el equilibrio de fuerzas entre derecha e izquierda es total. Eso está dando lugar a mucha negociación, bastantes movimientos calculados e incluso, algunos consensos negativos. A grandes rasgos, la oposición, hace tiempo que sabe que hay un montón de preguntas incómodas para Lula. El gobierno, también.

 

A la oposición, en principio, le hubiera gustado planteárselas desde el poder: quizás por eso, desde que estalló el caso, apretó sin ahogar, dijo sin decir, miró sin ver, etc. A la izquierda/PT, por el contrario, no le hubiera gustado que se incriminara nunca a uno de sus iconos. Pero querer no es poder y al final hubo que escoger un momento. El actual, para el PT (dentro de lo terrible que es ver cómo la policía interroga a su valor político más seguro) no es necesariamente tan ‘malo’: la izquierda sigue gobernando (sin la amenaza de impeachment que, durante meses, pendió sobre Dilma); estamos a mitad de mandato y lo más importante, a unos meses de los juegos olímpicos de Río de Janeiro, una cortina de humo perfecta…

 

Para la oposición derechista (en la que por cierto medio figura, rarezas de la política brasileña, un PMDB que, de todos modos, tampoco termina de abandonar una coalición gobernante en la que tiene cinco ministros) la situación actual tampoco es desdeñable: lleva año y medio chamuscando a fuego lento (de forma harto irresponsable) a una Dilma que pase lo que pase no volverá a ser candidata y en paralelo, el reciente interrogatorio a Lula, parece haber asestado (aunque en Brasil, nunca se sabe) el golpe definitivo a las aspiraciones del viejo sindicalista de volverse a presentar a las elecciones de 2018. Los “mercados”, en todo caso, ya parecen haber arrancado la fiesta de celebración: solamente el pasado viernes, el real, recuperó más de un 7% de su valor frente al dólar…

 

Pese a ello, para el PT, no todo son malas noticias: el interrogatorio a Lula le está brindando la posibilidad de promover una movilización política (con ramificaciones, incluso, globales) que de otra manera ya no lograría ni en sueños.

 

¿Qué quiere todo esto decir? Pues, por lo menos, un par de cosas. Por una parte que, las rentas suelen ser, casi siempre, garantía de hedor (incluso para la derecha brasileña, cuyo interés en sacar al PT-izquierda del poder parece radicar en el control de las mismas) y por la otra que lo que le está sucediendo a Lula (y al PT/izquierda brasileña) no es más que la consecuencia de la voluntad de “tocar poder” casi a cualquier precio (literal). Vistas así las cosas ¿es posible hablar de culpabilidades e inocencias? Complicado: de transformaciones estructurales, desde luego, no mucho. La vida, incluso en Brasil, sigue igual.

 

* Juan Agulló es sociólogo y periodista.